Cuarto libro que leo del premio Nobel japonés Yasunari Kawabata. Previamente leí uno de sus relatos cortos más conocidos, con el que debutó como escritor publicado, una obra de madurez, tardía, y la novela probablemente más conocida en occidente. La cuestión es que para mí hay mucha diferencia en el tono y en la escritura entre ese primer relato corto y la crudeza y perturbación que suscitan las otras dos obras. Se cuenta que el escritor estuvo marcado siempre por la ruptura de su compromiso matrimonial con una joven de la que estuvo profundamente enamorado, y que marcó la forma en la que vio a las mujeres y la forma en que escribió sobre ellas. En cualquier caso, en un blog sobre literatura y cultura japonesa leí sobre el libro que traigo hoy. Siendo una obra también de juventud, decidí conocer otros aspectos de la compleja personalidad como escritor de Kawabata.
Tras la guerra, Asakusa, gravemente dañada por los bombardeos incendiarios de los norteamericanos, perdió su carácter de distrito del entretenimiento y del placer en favor de otros distritos de Tokio, como Shinjuku. Pero el templo de Sensō-ji sigue atrayendo a muchos visitantes, tanto turistas como locales. Lugar popular por excelencia.
He de decir que lo he leído en francés porque no encontré el libro en castellano. Pero no porque no esté disponible, sino porque lo está con otro título. El título original en japonés Asakusa kurenaidan 浅草紅團, sería La banda roja de Asakusa. Algunos de los personajes de la historia pertenecen a un pandilla juvenil que se identifican por un cinturón rojo, kurenai 紅 sería el rojo carmesí o rojo púrpura, frente a aka 赤 que sería el rojo vivo. Y en castellano el libro se titula La pandilla de Asakusa, y no Crónica de Asakusa como yo lo busqué, motivo por el que acabé comprando la versión electrónica en francés. Tampoco importa mucho, ambos son traducciones del original.
Más que una novela al uso, el libro es un conjunto de relatos basados en las vivencias del escritor cuando vivió en Asakusa en los años 20 del siglo XX. Un momento en el que la vida en Asakusa se desarrollaba entre la popularidad de Sensō-ji, el conocido templo budista dedicado a Kannon, uno de los más visitados de Tokio, y el ambiente en los límites de la sociedad, del tráfico de sustancias, el tráfico de personas, un momento en el que todavía se venden y se compran niños y niñas que no pueden ser mantenidos por sus padres, la prostitución adolescente, las bandas juveniles delincuentes y el mundo del espectáculo, o cierto espectáculo, también en el límite. Un mundo decadente y marginal. Se fija el escritor en varios personajes, casi siempre chicas adolescentes, como aquella que lidera la Banda de los Cinturones rojos que da nombre al libre, o, como contraste, guapa chica que vive de la prostitución, aspirando a que algún hombre se fije en ella y la saque de ese ambiente.
Un relato, o relatos, de un observador que va dando bandazos en su relato, como forma de expresar un mundo cambiante, nunca estático. Que nunca tenemos claro si lo que siente sobre esas jóvenes adolescentes marginales o delincuentes es compasión, atracción, admiración o mera curiosidad. Algo más que curiosidad. Un arco argumental nunca queda cerrado del todo. La historia que parece concluida, se reactiva unos capítulos más allá cuando su protagonista aparece de nuevo en escena. Descripciones vividas, pero sobretodo una serie de tipos humanos que parecen a veces inverosímiles desde nuestro punto de vista 100 años después y en otra cultura, pero que muestran las tensiones internas de la sociedad nipona entre las formas y costumbres tradicionales y las nuevas tendencias en vestido, peinado, música y actitudes, especialmente entre las chicas, unas chicas con ganas de ser las dueñas de sí mismas en una sociedad esencialmente patriarcal, a toda costa. Incluso si el precio puede ser la vida.
Kawabata es un escritor complejo en su fondo. Y eso se refleja en su escritura. Pero siempre recomendable. Muy recomendable.
Hace un par de meses o tres estaba yo leyendo un artículo sobre lo que ya se considera ciencia ficción clásica, aquella que se escribió en los años 60 y 70, en la que surgieron escritores que se bregaban en una ciencia ficción dura, en la que trataban de contar historias plausibles a la luz del conocimiento científico, y con mayor o menor éxito a la hora de crear al mismo tiempo un relato que entretuviera y que tuviese una suficiente profundidad para hacernos reflexionar sobre nosotros mismos. La mejor ciencia ficción siempre nos plantea escenarios futuristas y avanzados científicamente para hablar de nuestra identidad como seres humanos o de nuestros problemas actuales como sociedad o como especie. Véase al respecto la novela de Poul Anderson que comenté en septiembre de 2022, o la estupenda Cita con Rama de Clarke, un clásico entre los clásicos. Pero estos son sólo dos ejemplos que me han venido a la memoria sobre la marcha, sin pensarlo mucho, de los muchos que hubo. Coincidió que yo, a finales de los años 70 y principios de los 80, estaba en mi final de la adolescencia y principio de los años de universidad, y como buen chico de ciencias, me apasionaba este tipo de lecturas.
De los varios astros, planetas o satélites, que se mencionan en el libro, sólo dispongo fotos en detalle, realizadas por mí, de uno de ellos,… el planeta Tierra.
Sin embargo, había mucha oferta. Había una diversidad de colecciones de obras de ciencia ficción en varias editoriales que ofrecían abundancia de obras, muchas de ellas en formato de bolsillo, más económicas, y adecuadas a la pobre economía de un estudiante. Y hubo muchas cosas interesantes que se quedaron en el tintero. Es cierto que hoy en día, esas obras hay que leerlas con una cierta perspectiva y comprensión. Las ciencias han avanzado, y las propuestas de aquellos autores, entonces ingeniosas e innovadoras dentro de los paradigmas de la ciencia real, pueden resultar ingenuas o francamente descarriladas. Uno de estos autores, al que no accedí en aquella época, fue el británico James P. Hogan, un escritor relativamente prolífico, especialmente conocido por su serie de los Gigantes, y sobre el que no había leído. nada. En ese artículo que he mencionado al principio, y que soy incapaz de enlazar porque no recuerdo donde lo leí, recomendaba algunos libros de esta serie, y decidí leer al menos el primero de ellos, que os traigo hoy a comentario. En su original en inglés.
La acción nos sitúa en el año 2027, cincuenta años después del año en el que se publicó, momento en el que el autor, ingenuamente, imaginaba que la guerra fría habría terminado y habría comenzado una colaboración internacional para el desarrollo de la ciencia y la exploración del espacio, al que habrían ido los presupuestos destinados a los ejércitos. Inspirada por el 2001, A Space Odissey de Kubrick, que Arthur C. Clark adaptó a una novela con una trama muy similar, aunque con algunas diferencias en el argumento, tras una introducción que nos habla de ciertos acontecimientos en un pasado remoto, se nos habla de un hallazgo en la luna. El cadáver momificado de un astronauta en la Luna, con miles de años de antigüedad, pero inequívocamente humano. Un equipo de científicos de lo que sería la sucesora multinacional de la NASA acomete la tarea de estudiar el hallazgo y darle un sentido, ante su improbabilidad. Un posterior hallazgo en Ganímedes, satélite de Júpiter, de una nave claramente alienígena, compleja la tarea de dar sentido al conjunto. [Obsérvese el paralelismo con 2001; en aquella, se encuentran dos monolitos, uno enterrado en el cráter Tycho de la luna, y el otro en órbita alrededor de Júpiter (versión cinematográfica) o en Iapeto, satélite de Saturno (versión literaria)]
La novela es en general muy entretenida. No hay acción propiamente dicha, más allá de alguna reconstrucción de lo sucedido en el pasado remoto del que proceden los restos del astronauta lunar. Lo que vamos siguiendo es el proceso científico de generación de hipótesis a partir de los restos encontrados y su análisis, contrastados con el conocimiento científico establecido, para proceder al proceso de contrastar la fortaleza de esas hipótesis, para sustituirlas por otras cuando no funcionan, o para modificar el paradigma científico cuando es necesario. Intervienen todo tipo de científicos, biólogos, químicos, físicos, geólogos, paleontólogos,… también lingüistas e historiadores que aportan sus métodos de estudio a los elementos culturales de los restos. No hay villanos. Aunque haya personajes que nos caigan mejor o peor, el biólogo es uno de ellos porque parece intransigente, pero todos aportan. Y al cabo, el biólogo acaba resultando un científico serio, de los de ante hipótesis extraordinarias, las pruebas han de ser también extraordinarias. Escrita con una prosa muy directa y funcional, se lee fácil, con interés, en más de un caso me encontré trasnochando más de la cuenta por culpa de ese querer saber qué es lo que van a deducir.
Al mismo tiempo, las hipótesis que plantea el escritor resultan un tanto ingenuas desde el punto de vista del conocimiento actual. Por ejemplo, volviendo a la biología evolutiva, frente al hecho de que en los años 70 del siglo XX el fuerte del análisis de los restos paleontológicos estaba en el estudio morfológico de los fósiles, poco a poco fueron sustituidos, cuando esto fue posible, con las técnicas de biología molecular, especialmente el de los ácidos nucleicos, sometidos a un cambio por mutaciones en el tiempo, marcados por un reloj evolutivo, que permite establecer las relaciones de parentesco entre especies. Con ese conocimiento, la hipótesis final del libro… resulta implausible en el año 2023, aunque lo fuera en 1977. Lo mismo sucede con el origen de la Luna, aunque la teoría del gran impacto, hoy la favorita de los científicos, ya había sido formulada en aquel momento, y hace que la hipótesis final del libro tampoco sea admisible. Con el cinturón de asteroides pasa algo parecido. Cuando leí mi primer libro de astronomía divulgativa que me compraron siendo un adolescentes, y que devoré numerosas veces hasta casi aprendérmelo de memoria, se hipotetizaba con el origen del cinturón de asteroides como la consecuencia de un planeta en órbita solar entre Marte y Júpiter que hubiese sido destruido. Hoy en día, sabiendo que la masa total de los millones de cuerpos del cinturón se estima en sólo un 4 % de la de la Luna, más bien se considera como un intento fallido de formación de un planeta durante los inicios del Sistema Solar por las perturbaciones gravitatorias introducidas por el gigante Júpiter. En fin… la hipótesis final del libro, ingeniosa, hoy en día también resulta ingenua e implausible.
Bueno… las cosas son así. Las ciencias adelantan. Toda obra de ciencia ficción, especialmente ciencia ficción dura, que parte del conocimiento científico real, o aunque se base en las hipótesis más especulativas, cuando pasa un cierto tiempo queda desfasada y pasa a ser ingenua o simplemente errónea. No quiero decir con esto que toda la ciencia especulativa se quede desfasada. La evolución de Darwin tuvo que esperar décadas para poder conocerse cuál era su base biológica molecular y terminar de confirmarse. O la deriva de los continentes de Wegener tardó mucho en poder medirse y que fuese una teoría plenamente aceptada. Pero la obra es notable en su planteamiento. Y yo me lo he pasado muy bien. Contemplo la posibilidad de seguir con alguno de los siguientes libros de la serie. A ver que nos tenía que contar Hogan sobre este universo alternativo que planteó.
Hayao Miyazaki no es conocido como escritor. Ni siquiera como ilustrador. Es conocido como director de cine de animación. En ese ámbito, no sólo es conocido. Es célebre. Y celebrado. Como una de las cabezas de Studio Ghibli, es responsable de algunas de las mejores películas de animación de la historia del género. Hay heroinas y héroes de la animación absolutamente geniales que han salido de su creatividad; Nausicaä, Chihiro, Ashitaka y San, Porco Rosso, Niki, Totoro, Sophie y Howl, Ponyo… Incluso si algunos de ellos son adaptados de obras literarias, les supo dar una impronta especial que los ha hecho especialmente queridos por muchos aficionados al cine de animación o al cine en general. Por supuesto, es escritor también, puesto que ha sido el guionista de sus películas, sean obras originales o sean obras adaptadas. Pero también se ha internado en el terreno del manga, del cómic.
Por algún motivo, me ha parecido adecuado ilustrar la entrada con unas fotos de la isla de Itsukushima, también conocida como Mijajima. Tanto Shuna, como Ashitaka más tarde, usan como monturas animales herbívoros con cornamentas. Como también las tienen los ciervos shika de esta isla japonesa.
Tengo por casa la historieta gráfica Nausicaä del Valle del Viento, que publicó en 1982, dos años antes de estrenar la película que la adaptaba al cine de animación. Sinceramente, no la he leído entera de principio a fin, pero de vez en cuando repaso algún pasaje o algún detalle de la historia que me interesa. Podríamos decir que, de esta forma, la he ido leyendo a lo largo de los años, desde que la compré poco después de ver en la gran pantalla la versión restaurada de la película con motivo de su 25º aniversario. Muchos piensan que Nausicaä es la primera película de Studio Ghibli, pero no es así. Aunque el estudio de animación tenga o gestione los derechos de la misma, el estudio se constituyó como consecuencia del éxito de la película, para permitir un ámbito de creación dentro del mismo espíritu, como así fue.
Recientemente se publicó en español el libro que nos ocupa hoy y que recibí como regalo esta navidad. Su publicación original, en Japón, data de 1983. Generalmente suele encontrarse encuadrado entre el manga, cómic, historieta o relato gráfico. Y se podría incluir en este género… visto desde un punto de vista amplio. Basándose en una leyenda tibetana, Miyazaki nos cuenta las historia del príncipe Shuna, hijo del rey de un valle en las montañas, remoto, pobre, con problemas para alimentar con sus cosechas a su población, y que parte en un viaje hacia el oeste en busca de las semillas que pueden dar cosechas de grano mucho más ricas y fructíferas que acaben con la necesidad de su pueblo. Pero el viaje no será fácil. Tendrá que luchas con forajidos, con esclavistas… se involucrará en el destino de otras personas, e incluso tendrá que desafiar a los propios dioses. Y recibirá el castigo por ello, aunque las relaciones establecidas por el camino en su pelea con las injusticias darán su fruto y le abrirán el camino futuro.
No pensemos en el libro como un cómic o un manga al uso, en el que cada viñeta nos presenta una escena, con sus diálogos contenidos en los típicos bocadillos, y con la expresividad propia de la acción. Más bien es una sucesión de cuadros, realizados a la acuarela, que de forma ordenada, y con la ayuda de una escueta narración con palabras, nos va desarrollando la acción. Hasta cierto punto parece el esbozo de una futura película que nunca se realizó. Las historia como tal parece inacabada, con un final abierto a futuras aventuras de Shuna con las jóvenes a las que salva y que a su vez lo salvan. Deja con ganas de saber más.
No es difícil ver en Shuna características de otros personajes de Miyazaki. Como príncipe preocupado por su pueblo, vemos rasgo de este personaje tanto en Nausicaä como en Ashitaka. En este último, especialmente, su viaje voluntario alejándose de su pueblo, para el beneficio de este. Y desde luego, vemos los valores habituales que impregnan los personajes y las películas posteriores de Miyazaki. No son héroes/heroínas perfectos/as. Presentan dudas y debilidades. Necesitan crecer, mejorar. Su viaje tiene un fin, pero también es un vieja interior para madurar, para ser mejor, para cambiar. Y todo ello con unas ilustraciones absolutamente estupendas, que hacen que el libro sea imprescindible para el aficionado a la obra de Miyazaki. Desde ese punto de vista, total y absolutamente recomendable. Me gustaría conocer la historia completa, no me importaría nada haberla visto en el cine. Aunque de alguna forma, con el conjunto de sus películas, ya lo hemos hecho.
Hace tiempo que quería leer algo de David Foenkinos, escritor francés relativamente popular en los últimos tiempos. Algún corresponsal mío desde el país vecino me había hablado de él en buenos términos. O por lo menos de algunas de sus novelas. Cierto es que ese entusiasmo se apagaba en mí por el hecho de que la adaptación cinematográfica de su novela más alabada… no me gustó gran cosa. Pero claro, eso puede ser culpa de la adaptación, no del material original. ¡Como si no hubiera abundancia de películas mediocres a partir de excelentes relatos literarios! El caso es que hace unos meses apareció esta novela de Foenkinos de oferta, con un precio muy muy rebajado durante 24 horas en versión electrónica, y la compré para cuando le encontrara un hueco.
La novela transcurre entre París y Lyon. En Lyon sólo he visitado la estación de ferrocarril, creo que fue Lyon-Perrache, pero puedo equivocarme y quizá fuese Part-Dieu.
La comencé a leer durante el viaje en el día que hice a Barcelona a principios de diciembre. En el viaje de vuelta. Y le di un buen empujón. El misterio del prestigioso profesor de historia del arte en la escuela de bellas artes de Lyon que abandona su trabajo para acomodarse como vigilante de sala en el Museo de Orsay de París mientras se celebra una exposición dedicada a Amedeo Modigliani, y que parece salir de su evidente estado depresivo en contacto con las bellas obras del pintor italiano, y también con la atractiva directora de recursos humanos del museo, me pareció muy interesante. Pero tras esta primera parte introductoria, cuando vuelve a Lyon y en flashback se nos empiezan a desvelar las circunstancias que le llevaron a pedir la excedencia de su puesto como profesor, se me atascó. Durante las vacaciones de Navidad, estando relajado y centrado, volví a ella, y no me costó cogerle el ritmo y terminarla.
No quiero desvelar la trama de la novela. El evento que desencadena todo y que nos es desvelado hacia la tercera de las cuatro partes en que se divide el relato. Pero es que ahí está el motivo por el que esta novela, pareciéndome interesante y bien escrita, me haya causado cierto rechazo. Y es que hay un malo en esta novela. Y Foenkinos cae en todos los tópicos absurdos de la ficción comercial occidental, y probablemente de todo el mundo. Los buenos son guapos y bien vestidos. Los malos tienden a la obesidad, comen de forma compulsiva, van desaliñados y son físicamente anodinos o incluso desagradables. Una suma de estereotipos en los que incide el autor y de los que estoy hasta los mismísimos. Especialmente, porque en el tema que estamos, genera que en la vida cotidiana, las víctimas se fíen de determinados individuos que son potencialmente peligrosos, y rechacen o se burlen de gente normal y honesta, siempre por su apariencia física.
Llevado a otro orden de cosas, es la misma situación que cuando tanta gente identifica al negro como delincuente, mientras que el señor trajeado con corbata es respetable. Aunque el inmigrante africano sea un honrado trabajador que busca una oportunidad para salir adelante, y el señor trajeado sea un defraudador, un miserable acumulador de riqueza a costa de los otros, o simplemente… ¡un banquero! ¿Qué opinan los banqueros de los tópicos populares sobre su profesión? Pero bueno, tienen un «aspecto respetable». Creo que el tema que toca es serio. Importante. La reflexión es necesaria. Existen víctimas a nuestro alrededor que son silentes, que no cuentan su drama o nos hablan de sus secuelas. Y no las detectamos. Muchas veces incluso las ignoramos, porque en realidad somos egoístas y no queremos llevar a cuestas el sufrimiento de los demás. Bastante tenemos con nuestros problemas. Por eso todo el mundo dice que hay que sonreír siempre, que no hay que mostrar tristeza o enfado, aunque esté justificados. No es porque eso sea mejor para el que sufre. Es porque la apariencia de que todo va bien tranquiliza al personal. Si encima reducimos las agresiones a un tópico, a un lugar común injustificado… pues no. Una pena, porque el planteamiento general, el tema, y la forma de escribir de Foenkinos me han gustado. Y lo que más lamento es no haberme estirado en el gasto y haber cogido el original en francés.
Ayer me empané. Desde que abrí mi cuenta en Goodreads, a final de año realizo un resumen de mis lecturas durante la ronda solar que termina. Y lo suelo hacer el día de Reyes,… porque es un día tranquilo para escribir este tipo de entradas. Pero ayer… me puse a revisar un rollo de película fotográfica de noviembre, y se me fue el santo al cielo. En cualquier caso, para el año 2023, me dicen en GoodReads que son 51 los libros que he leído. Nada más y nada menos que 20 más que el año pasado. En el mismo orden de magnitudes que los 53 libros que registré en 2019. Pero… tiene truco hasta cierto punto. No son los mismos que el año 2019. Pero sí que he mejorado con respecto a estos últimos años en los que me ha costado concentrarme mucho en la lectura. No es que ahora no me cueste… pero voy algo mejor.
Ya que mis libros mejor puntuados han tenido un sabor nipón, ilustraré la entrada con unas fotografías en blanco y negro de nuestra estancia en Tokio en 2019. Nos gustaría volver este año… ya veremos.
En lugar de comparar con el año anterior, el 2022, compararé con ese 2019 que parece similar. En 2019, 53 libros frente a los 51 de este 2023 que acaba de terminar. Muy similar. Pero si este año han supuesto un total de 9538 páginas, 187 páginas por libro de promedio, en 2019 fueron un total de 15 435 páginas, con un promedio de 291 páginas por libro. Está clara la diferencia, no. En realidad he leído un 60 % de lo que leí cuatro años antes. Sin entrar a valorar otros factores, como el tipo de libros que configuran esos 51 libros. Ahora iré un poco con eso.
Quince de los libros que he leído son cómics, frente a seis en 2019. Esto es una diferencia apreciable. Todos los años leo varios relatos gráficos. Pero este año, esa cifra viene algo «alterada» por un hecho. En los primeros días del año, visitamos el Centro de Historias de Zaragoza, y había una pequeña exposición sobre el proceso de concepción y creación de una serie de manga japones, Dandadan de Yukinobo Tatsu. Ese día, un sábado, estábamos pensando en que regalar a un chaval de 13 años que cumplía años. En su momento, a su hermana mayor le regalamos unos cuantos números de la estupenda Paper Girls de Brian K. Vaughan. Así que, aprovechando que estaban ya a la venta los primeros tres números de Dandadan, se los regalamos, pero yo aproveché para leerlos. Muy divertidos. Así que conforme de una forma u otra el chaval ha ido puntualmente leyendo los que han ido saliendo de la serie durante el año… yo también los he leído. Nueve en total. Esto ya es una fuente de distorsión de mis estadísticas de lectura habituales.
En otro orden de cosas, en primavera me entró la curiosidad por un autor norteamericano del que había oído hablar mucho, Dr. Seuss, y me agencié dos de sus libros. Que son muy breves. Y eso altera también en cierta manera la estadística. No es que no pasen en otros años cosas similares… es que últimamente pasan más menudo. Y en general, precisamente por ser consciente de que me cuesta concentrarme en la lectura, tiendo a elegir libros con no demasiadas páginas. Menudean en mi listado de libros leídos durante el año las que pueden ser consideradas como novelas cortas. Aunque es un concepto cuya definición es algo imprecisa. El libro más largo que he leído en 2023 tiene 528 páginas, en 2019, el libro más largo tenía 912 páginas.
Libro más popular en Goodreads: Una de las aventuras de Dr. Seuss, que fue escogido por 1 202 772 personas en la plataforma.
Libro menos popular: El de Corto Maltés, sólo 8 personas, pero es una nueva edición de una vieja aventura. Si sumáramos los lectores de otras ediciones sería muchísimo más popular..
Curiosamente, este libro de Hugo Pratt es también el mejor considerado como promedio por esos lectores de Goodreads. Y es que es muy muy muy bueno.
En cualquier caso, he conseguido sobrepasar el reto de 30 libros que me había propuesto de forma muy sobrada. Como el año pasado los periodos vacacionales han sido fundamentales para dar un empuje a mi actividad lectora, ya que son momentos en los que me relajo y me animo con las lecturas. Que además me cunden mucho en los desplazamientos viajeros, si no me enredo a hablar demasiado con mis compañeros de viaje.. Para 2024… me he propuesto una meta un poco más ambiciosa. 35 libros. Parece que he terminado el año más animado en la lectura. Pero quien sabe lo que puede pasar a lo largo del año. Pero mucho me extrañaría que unos ocho de ellos fueran las siguientes aventuras de Momo Ayase y Okarun en Dandadan. De las que además nos adelantan que se viene una adaptación en anime. Aventuras que no falten.
Como sucede muchos años, a mediados de diciembre, una semana antes de la Navidad, en una mañana de sábado, nos encaminamos al Salón del Cómic de Zaragoza. Tradicional en esas fechas. Hay que echar el anzuelo a los consumidores que compran regalos para esas fechas. Y nosotros… picamos. Pero con gusto. Siempre nos llevamos algún regalo, y alguna cosa para nosotros mismos. Cuando vamos, los sábados por la mañana, suele estar animado, pero faltan los visitantes más vistosos, los que acuden disfrazados de sus personajes favoritos; los cosplayers. Alguno hay. Pero no suelen madrugar; van más por la tarde. Pero odiamos las muchedumbres agobiantes. Y ya el sábado por la mañana hay mucha gente. No quiero ni pensar lo que puede haber seis o siete horas más tardes. Es barato. Un euro la entrada. Una forma de establecer un tíquet moderador. Los meramente curiosos, sin más interés por lo que se expone y vende, no se gastarán el euro.
Salgo de allí con un libro ilustrado. Una novela corta publicada por Nórdica Libros, escrita por Rudyard Kipling, ilustrada por Fernando Vicente, un clásico de la literatura en inglés, aunque lo que yo llevo es una traducción, que fue adaptada al cine por John Huston, y protagonizada por Sean Connery y Michael Caine, con Christopher Plummer como Kipling y narrador de la historia. En ella se nos habla de la peripecia de dos estrafalarios aventureros, suboficiales del ejército inglés en la India, que van por libre, y que deciden dirigirse al Kafiristan, región del Hindú Kush, montañas al norte de Afganistán y Pakistán, donde vivirían los descendientes de los griegos que acompañaron a Alejandro Magno en su expedición por Asia. Allí serán acogidos como dioses, formarán un ejército que les permitirá erigirse como reyes del lugar… hasta que las cosas se tuercen.
Existieron realmente colonias griegas en la Transoxiana, más allá del río Oxus, hoy en día conocido como Amu Daria, y que dan base a la elucubración de los personajes de Kipling sobre el origen europeo de los habitantes del lugar. Un reino de cultura griega más descendiente del imperio helenístico seléucida( de Seleuco, uno de los generales de Alejandro, que le sucedió en lo que se llamaba Persia en aquel momento). De ahí a pensar que los habitantes de los valles elevados y remotos del Hindú Kush sean de ascendencia europea… En cualquier caso, es una aventura propia de los tiempos coloniales, en los que además seguía la exploración del mundo, en el que seguían existiendo regiones ignotas… para la Europa occidental. Eran perfectamente conocidas para los locales. Para quienes un lugar ignoto sería… Londres. En fin. Se nos dice con frecuencia que los aventureros de esta historia estarían inspirados por el que fue rajá de Sarawak, James Brooke, que fue el malo en la literatura en la conocida novela de Emilio Salgari Los tigres de Mompracem, que dio comienzo al ciclo de novelas de los piratas de Malasia, protagonizados por Sandokán.
El libro se lee en poco tiempo. Es muy entretenido. Combina la ironía, casi la parodia, en la forma en que los dos aventureros se desenvuelven, con un tono melancólico, como adivinando que el mundo de los aventureros románticos está acabando en ese final del siglo XIX, con los avances del siglo XX, entonces en el futuro, llamando a la puerta. Ese tono se nota especialmente en la adaptación al cine de Huston. las ilustraciones de Fernando Vicente, creo que muy influidas por la película, están muy bien, y acompañan convenientemente al relato. Ilustraciones claras, limpias, pero expresivas, que hacen que el libro que presenta Nórdica pueda recibir una buena nota y ser muy recomendable. Tanto para quienes disfruten de un buen relato de aventuras, como para los que gusten de los libros ilustrados. Un buen regalo… de Navidad o en cualquier momento del año.
Comenté ya hace un tiempo que por una de esas causas y azares fui un adolescente español que conoció las aventuras de Valerian y Laureline en cómic mucho antes que cualquier otro, cuando sólo se podían leer en francés. También creo que comenté en su momento que, a mí, quien realmente me gustaba era Laureline. Que Valerian, las más de las veces me parecía un memo. Los 23 álbumes firmados por Pierre Christin, guionista, y Jean-Claude Mézières, dibujante, aparecieron entre 1970 y 2010. Yo leería algunos de los que aparecieran antes de 1980… después ya… ninguno. Pero recientemente descubrí, durante un viaje a Toulouse, una nueva serie, Valerian, vu par…, en la que escritores y dibujantes actuales reinterpretan las aventuras de Valerian y Laureline, adaptándolas a su propio estilo, y a los tiempos actuales. Es decir, no es como las aventuras de Astérix actuales, con autores distintos de Goscinny y Uderzo, pero que siguen el estilo de las aventuras de estos. En las nuevas aventuras de Valerian y Laureline, cada autor es libre de expresarse libremente, con su estilo y sus ideas. Y la solución me parece más rica y creativa.
La periferia parisina, donde puede que empiecen las aventuras de Valerian y Laureline que os traigo hoy a comentario.
La aventura que traigo hoy es la primera de las tres que componen la serie Valerian, vu par…. Publicado el original francés en 2011, paradójicamente es la última de las tres que he leído. Curiosamente, es la que más me ha gustado, ya adelanto. En ella, nos encontramos un día cualquiera del siglo XXI, en un bar cualquier de una ciudad cualquiera de Francia, quizá de la periferia parisina, con un grupo de parroquianos dedicándose a especular sobre cuestiones diversas mientras beben y haraganean. Cuando llega una nave espacial, con Laureline a bordo, y secuestra a uno de ellos de apariencia especialmente anodina asegurando que, aunque no lo recuerde, es Valerian, a quien un malvado jackolass ha transferido a ese cuerpo. Y que van a mandarlo de alguna forma al planeta prisión donde el malvado jackolass cumple pena de prisión duran «miles de años-luz» para que puedan revertirlo a su natural ser.
La aventura escrita y dibujada por Manu Larcenet tiene un carácter claramente paródico de las aventuras originales. Pero respetando el espíritu de las mismas. Sus diálogos tienden al absurdo, sus dibujos tienen una estética que tiende al punk, a lo marginal, o lo underground. Y globalmente considerada es una aventura realmente divertida, la más divertida de las tres que componen esta serie, la más libre y menos acomplejada. La aventuras originales ya tendían en muchas ocasiones al absurdo. Recordemos que Valerian era en ocasiones un antihéroe, ya que la que en realidad resolvía las situaciones y salvaba la situación era Laureline. Y hasta cierto punto, volvemos a esa cuestión… la aventura de Valerian que nos propone Larcenet… tal vez no sea una aventura de Valerian. Pero para comprobarlos tendréis que leerla vosotros mismos. A mí me parece muy recomendable. Yo la he leído en el original en lengua francesa, pero podéis encontrarla traducida al castellano.
A pesar de que hace tiempo que las aventuras de Astérix no son lo que fueron en los buenos tiempos de René Goscinny, por aquello de que tengo todos los álbumes de las aventuras del pequeño galo en forma de historieta, no los relatos ilustrados, que no me suelen gustar, compré hace poco el que hace el número 40 desde que se iniciaron las aventuras de los irreductibles armoricanos. Cuando Albert Uderzo se quedó solo, ya se produjo un descenso en la calidad de los guiones. Desde el número 35, en 2013, con Uderzo retirado, los nuevos álbumes venían firmados por Jean-Yves Ferri en los guiones y Didier Conrad como ilustrador. Y los resultados habían venido siendo irregulares. Y en este último número ha habido cambio de escritor, siendo el encargado del nuevo guion Fabrice Caro, más conocido como Fabcaro. Un escritor respetado, reconocido y con experiencia, por lo que se habrían nuevas experiencias.
Lutecia en los tiempos actuales.
La nueva aventura nos lleva a un esquema clásico en las aventuras de Astérix. Un personaje más o menos estrafalario, Vicévertus, se acerca a Julio César para ofrecerle una solución respecto a los terribles galos de la aldea rebelde armoricana. Y César le asigna la misión de aplicar la solución y derrotar de una vez a su pesadilla particular. El esquema me recordó mucho inicialmente a La zizanie (La cizaña), lo cual me animó mucho, porque es uno de los mejores, en el que quedó constancia del genio de Goscinny y de su traductor al castellano en aquellos tiempos, El Perich. Geniales, ambos. El nuevo infiltrado en la aldea gala no busca sembrar la cizaña, la discordia, entre los galos. Al menos no directamente. Es miembro de una nueva escuela de pensamiento positivo, L’iris blanc (El lirio blanco), y esta es el arma que piensa utilizar, especialmente centrándose en Bonemine, la esposa del jefe Abraracúrcix, siempre celosa de la gran vida que su hermano se da en Lutecia, donde vive y prospera.
La aventura empieza bien. Ya digo. En sus fases iniciales, claramente me recuerda a esa genialidad que fue La zizanie. El conflicto está bien planteado y de forma divertida. Y sirve para poner en solfa estas «escuelas» del buen rollito, tan frecuentes en las redes, con sus filosofemas a base de frases hechas que «suenan bien», pero con poca profundidad y muchas veces con derivadas mucho menos positivas de lo que aparentan. Por supuesto, salpicando las viñetas aparecen otros motivos de inquietud social en la Francia contemporánea. Los retrasos de los TGV, las manifestaciones de los chalecos amarillos, el esnobismo y la hipocresía de intelectuales y de la alta burguesía… y otros. El problema es que el desarrollo de la aventura se va desinflando, perdiendo interés progresivamente, y haciéndose extremadamente previsible. Se deja leer, entretiene un rato. Pero esta aventura de Astérix es una pálida sombra de lo que fueron. Es lo que hay. Hace mucho que nos falta el genio de Goscinny.
Empecé a leer este libro cuando regresaba de mi viaje a San Sebastián, a mediados de octubre. Pero me estanqué. Sigo con la tónica de los últimos años. Cuando estoy de vacaciones me relajo y leo a buen ritmo, pero cuando no,… me estanco, no encuentro concentración para la lectura, y me cuesta terminar los libros. Así es que este libro de la surcoreana Shin Kyung-sook conseguí terminarlo durante los días de permiso que tomé al empezar diciembre, coincidiendo con las múltiples fiestas laborales que salpican esos días. Básicamente, en los trayectos en tren en los viajes en el día a Calatayud y Barcelona. El libro que traigo hoy se puede encontrar traducido al castellano como Por favor, cuida de mamá. Pero debe estar descatalogado, y no existe en versión electrónica que yo sepa. Sólo le he visto de segunda mano y con precios exorbitantes. En inglés existen dos versiones, una de una editorial inglesa que es el que yo he leído, y otra de una editorial americana, con un sutil cambio en el título, Please Look After Mom.
Shin Kyung-sook es una escritora nacida en 1963, en un entorno de familia humilde, en provincias, aunque se trasladó a Seúl a vivir con su hermano mayor cuando era una adolescente, donde, simultaneando trabajos y estudios consiguió una educación y llegar a convertirse en escritora. Pertenece a lo que se ha dado en llamar la generación 386, una generación de escritores que vivieron su juventud en los años 80 del siglo XX, que participaron en esa época en la transición democrática del país, y suponen el grupo calificado como de izquierda liberal, sea lo que sea eso en Corea del Sur. Me imagino que algo parecido a las posiciones más progresistas de los Demócratas americanos… o quizá haya alguna postura más a la izquierda, en un país fundamentalmente conservador. En cualquier caso, doy estos datos biográficos por ser importantes para la novela que nos ocupa.
En ella, un matrimonio de personas mayores, que vive en una ciudad pequeña de provincias, que vivieron en su juventud la guerra contra la mitad norte comunista de la península, viajan a Seúl para pasar unos días. Y al ir a coger el metro en la estación central de trenes a la que han llegado, se separan. El esposo se introduce en el tren metropolitano, mientras la esposa se queda en el andén. Y desaparece, ya no la encuentran. Sabremos al ir leyendo que esta afectada de cierto grado de deterioro cognitivo. En cuatro partes, con distintos puntos de vista, vamos recorriendo los esfuerzos de la familia para encontrar a la mujer, pero sobretodo conoceremos su pasado y el pasado de la familia. La primera parte es narrada desde la perspectiva de la hija escritora, culta, viajada, que se curró los estudios viviendo en la capital con su hermano mayor (a que resuena con lo que he comentado en el párrafo anterior). La segunda parte es narrada desde la perspectiva del hijo mayor, el preferido de la madre, como era tradicional en la sociedad patriarcal coreana, tema que ya se exploró en otra novela coreana que me gustó mucho, un hombre de éxito profesional, aunque no al nivel que le hubiera gustado. La tercera es la perspectiva del marido, que se casó en matrimonio de conveniencia con la desaparecida cuando esta tenía 17 años, y vivía pobremente en una aldea de montaña. La cuarta mezcla el punto de vista de la hija pequeña, la que fue cariñosa y alegría de la madre, farmacéutica que despuntó y acabó yendo a Estados Unidos y teniendo tres hijos, por lo que ha renunciado a su carrera, con el hipotético punto de vista de la madre, que observa externamente a sus hijos que la buscan.
La novela, en principio de ficción, no sé hasta qué punto la autora se inspira en su propia biografía para escribirla, en parte sí, está claro, es una reivindicación de una generación de mujeres en un época difícil, en un país profundamente patriarcal y conservador. Mujeres que vivieron en su juventud una guerra durísima y cruel, una posguerra en pobreza y dictadura, incultas, analfabetas incluso, con complejas relaciones familiares por el patriarcado oficial del país, y que a pesar de ello engendraron la generación mucho más culta que ha dado lugar a la Corea del Sur actual, una democracia liberal entre las de mayor calidad del mundo, con altos niveles de educación y de desarrollo tecnológico. Es un cuestionamiento también sobre las actitudes que los hijos de esas mujeres han mantenido hacia esa generación, a la que le deben mucho, pero que también les avergüenza porque les recuerda las miserias y la incultura en las que vivió el país.
Es un libro duro. Sin una resolución satisfactoria, pero con unos personajes que a pesar de todo están obligados a seguir con su vida, siempre con la sombra amarga de dónde estará la madre perdida. Un libro muy recomendable, bien escrito, profundo, engarzado en la realidad, alejado del glamour que desprenden los productos habituales de la cultura popular que nos llegan del país asiático como son los dramas televisivos o la música pop, que habla de contradicciones y de patrones sociales profundamente negativos para las mujeres, que en mayor o menor medida se dan en muchos países del mundo. No siempre es fácil de leer. Obliga a hacer pausas, y quizá ese sea uno de los motivos por los que me ha costado encontrar los momentos de concentración para seguir adelante con él. Pero es un oportunidad innegable de acercarse con veracidad a una realidad que en nuestro país quizá resuene menos entre los lectores más jóvenes, pero que sonará más a los que tuvieron padres que vivieron la guerra civil española y la posguerra en dictadura posterior, especialmente si vivieron en medio rural.
Hacía tiempo que tenía ganas de volver a leer algo de Junichirō Tanizaki. Es curioso que lo primero que leí de Tanizaki, un famoso ensayo sobre estética, no me acabó de convencer. Y sin embargo, progresivamente, y especialmente desde que leí su más famosa novela, ha sido un autor que me suele enganchar mucho. En esta ocasión vamos con una novela corta suya, que ya adelanto que me ha parecido estupenda.
Una cuestión… una pequeña digresión… Es frecuente ver escrito el nombre de pila del escritor como Jun’ichirō , con un apóstrofo en medio. Pero no me parece bien. En japonés no se separan las palabras en sílabas sino en moras, que es algo distinto. La transcripción de los kanji del nombre en japonés, 潤一郎, en hiragana sería, じゅんいちろう, donde la n y la i contiguas del nombre son dos moras distintas, ん e い. Si formaran parte de la misma mora, sería ni (に). Pero en la práctica, cuando hablamo,s no hay diferencias, y al transcribir al castellano, adaptamos de acuerdo a como pronunciamos la palabra. Así que creo que Junichirō está bien, sin el apóstrofo, eso sí con el diacrítico en la rō para indicar que son dos moras, una o larga, si se prefiere.
Shunkin fue una mujer de la era Meiji, de buena cuna, culta y refinada, nacida en la burguesía comerciante de Osaka, maestra en el arte de los instrumentos de cuerda tradicionales como el koto y el samisén, que tuvo la desgracia de quedar ciega de niña, lo que frustró su afición a la danza, aunque no abandonó la música, optando por convertirse en virtuosa de los instrumentos mencionados. Y con ella, Sasuke, el criado que la acompañó desde que quedó ciega y durante toda su vida, que a su vez se convirtió también en maestro de estos instrumentos musicales. Y que la sirvió con fidelidad hasta la muerte de ella, incluso tras la desgracia de quedar desfigurada su belleza sin par en un episodio no bien aclarado.
Es una historia de ficción. Shunkin no existió. Sasuke, tampoco. Pero se escribe la narración como si así fuese, como un homenaje al virtuosismo y belleza de la mujer, y a la devoción del hombre. Pero hay algo más, detrás de esa devoción de criado al ama hay un amor dispuesto a soportar lo que haga falta por estar junto a la persona amada. Y por otro lado, la actitud de la mujer, que se sabe dependiente del hombre, primero niño y después joven, y que le ofrece su cuerpo y su intimidad, aunque nunca reconocerá su relación en público más allá de la que estable entre ama y criado, como corresponde al clasismo de la sociedad japonesa de la época, incluso si su familia está en decadencia. Una relación claramente romántica, pero con elementos morbosos, con una relación de dependencia mutua que bordea constantemente ciertos fetichismos, incluso algunos diría el sadomasoquismo, aunque la novela es extremadamente sutil y elegante comparado con la mayoría de las obras que suelen adquirir estas etiquetas.
Tanizaki es un escritor excelente. Y en esta novela corta, disfrazada de texto con un cierto carácter elegíaco, y en ocasiones con un cierto tono poético, es un ejemplo de cómo transitar por una historia disfrazada de otra cosa. De cómo narrar la realidad de una intimidad entre dos amantes, bajo las apariencias adecuadas de una moral conservadora y, como consecuencia, hipócrita. Muy hipócrita. Uno de esos textos que crece con el recuerdo. Que tal vez mereciera una segunda lectura, para recuperar los detalles que puedan quedar perdidos en la primera, más cuando se hizo en el transcurso de un viaje, sometido a estímulos externos múltiples. No llevaría mucho tiempo. Una tarde dedicado a la lectura, no más. Tal vez lo haga.
Este libro llegó a mí de casualidad a través de una oferta enooooorme en formato electrónico. Una intriga de mafias y asesinos a sueldo por una especialista del género japonés, Kōtarō Isaka, que ha alcanzado cierta fama recientemente porque fue adaptada al cine con un reparto más o menos de campanillas, y que yo no vi. Porque no me interesó. De hecho, después de leer la novela, durante mis vacaciones en Italia, el sábado después de regresar del viaje, intenté ver la película,… y no pude pasar de los primeros 15 minutos.
El caso es que la novela no está mal. A mí me entretuvo. Su título original en japonés es María Beetle [マリアビートル], y en algún país de habla inglesa la novela ha mantenido ese título. Aunque en la mayo parte de los casos, película incluida, se ha optado por el título que hace referencia al apelativo que reciben los trenes de alta velocidad japonesa, que los nipones denominan shinkansen [新幹線], cuyo significado literal es nueva línea troncal. Aunque no sé hasta cuando será nueva, teniendo en cuenta que ya llevan circulando 59 años. Y es que la acción de la novela transcurre de forma casi integral en el interior de un Hayate [はやて], un tipo de servicio con pocas paradas, entre Tokio y Aomori en la línea Tōhoku, la que recorre el norte y nordeste de la isla de Honsu. O recorría, porque ahora esa denominación comercial creo que sólo se aplica a los trenes que unen Morioka y Aomori con Sapporo.
En uno de estos trenes, sorprendentemente medio vacío, ignorantes unos de otros, viaja una serie de asesinos a sueldo y sicarios de la yakuza, todos con misiones relacionadas entre sí, aunque ellos no lo saben. El personaje principal es un asesino a sueldo que se caracteriza por ser gafe, atraer la mala suerte. Su misión es sencilla. Subir al tren en Tokio, robar una maleta, y bajarse en la siguiente estación. Pero la fatalidad actuará y no podrá bajar del tren hasta su destino en Aomori. En ese trayecto, muchos encuentros, más o menos violentos, sucederán. Y no todos los viajeros llegarán a su destino. Vivos.
Entre la novela de acción y la comedia, humor negro, principalmente, estamos ante un producto de puro entretenimiento. No se un género que me vaya mucho. Pero reconozco que es una novela bastante entretenida, aunque no todas las situaciones y las subtramas tengan el mismo interés. Juega con el nada es lo que parece, y nadie es quien parece ser, y en general sale adelante con algo más que dignidad. No me veo leyendo más novelas de Isaka, pero ha estado bien la experiencia. En los cinco primeros minutos de la película, hacen volar por los aires el espíritu del libro y lo que lo hace interesante. Aparte del absurdo de poner a un grupo de asesinos no japoneses en un tren japonés.
Este tren lo cogimos en Kyoto para ir a Hiroshima. Por lo que sería un «Hikari». «Luz»
Este es el segundo de los fumetti que compré en La Feltrinelli de la estación de Torino Portanova el día que regresábamos a Zaragoza durante nuestras vacaciones, como os comenté hace unos días. Y lo compré tras un pique con mis compañeras de viaje que no voy a relatar. En cualquier caso, es más bien un manga que un fumetto, con guion e ilustraciones de Kazuo Kamimura, un mangaka que murió muy joven, demasiado tabaco, a partir de una historia del prolífico cineasta japonés Norifumi Suzuki.
Para mí, el parque de los ciervos por excelencia en Japón es el popular parque de Nara, al pie del Monte Kasuga.
Este relato gráfico pertenece al género del terror erótico, muy en línea que las abundantes películas de bajo presupuesto pinku eiga con toques de violencia y terror de la productora Toei en los años 70 del siglo XX, en la que estuvo encuadrado Suzuki. En esta ocasión nos movemos además en el entorno del mundo del cine. En una productora que puede ser una versión de ficción de la Toei, un veterano y ya anciano director está en sus horas bajas, pero todavía tiene poder, mientras que el protagonista de la historia es una ayudante de dirección con aspiraciones a algo más. La oportunidad surgirá cuando aparezca una adolescente, viva imagen de una estrella del pasado, que murió en extrañas circunstancias. Al parecer su hija. A partir de ahí se desata una intriga por ver quien dirigirá la primera película de la bella y misteriosa joven. Y algo más.
El relato es una historia de venganza con toques fantásticos. No es un género que a mí me vaya mucho, pero la historia está bien construida, y las ilustraciones son interesantes, aunque con un aspecto que resulta algo anticuado, lo cual no es de extrañar, puesto que el original debió de ser publicado hace como 50 años. En cualquier caso es entretenido. No apto para mojigatos, puesto que es bastante explícito tanto en sus escenas sexuales como en las de violencia. ¿Es recomendable? Exclusivamente para aficionados al género, entre los que no me encuentro a priori. Aunque en cualquier género se pueden encontrar obras notables. Pues eso. Sin más. Una lectura que quedará más que otra cosa como una curiosidad en mi historial lector. La próxima vez que entremos en un pique me pensaré si sigo la corriente o no. Aunque creo que las obligaciones contraídas por la contraparte del pique puede que lo tengan más difícil. Por cierto, el título de la obra es una clara referencia a The Deer Park de Norman Mailer.