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[Fotografía] The Pinhole Gang

Fotografía

Esta entrada es una copia casi idéntica pero con diferencias de la que preparé para el blog de Fotógraf@s en Zaragoza sobre el mismo tema.

Coincidiendo casi, semana arriba o abajo, con el primer aniversario del primer taller de fotografía estenopeica que pudimos hacer bajo la dirección de la ya amiga Beatriz Aísa, que se bajó una vez más de los Pirineos para compartir con nosotros su pasión y sus ideas sobre una de las formas más esenciales de practicar la fotografía. Una vez más, fuimos acogidos en las aulas del Centro Joaquín Roncal.

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Si el año pasado fuimos Beatriz y “los ocho del estenopo”, en esta ocasión en la que íbamos a profundizar un poco más en las artes y las técnicas de la fotografía “unicórnica” fuimos diez quienes nos juntamos alrededor de una gran mesa con nuestras cajas, botes, tijeras, agujas, pinturas, cintas adhesivas y aislantes, y demás aparataje. Estuvimos diez, una panda de gángsters, “The Pinhole Gang”, con la pena de no poder contar entre nosotros algunos ausentes que nos acompañaron el año pasado, pero con la alegría de añadir a la banda caras nuevas. Algunas nuevas sólo en lo que se refiere a esta técnica… otras nuevas, nuevas, nuevas del todo. En todo caso, todos bienvenidos. Y a ver si pronto, en otras actividades se va sumando más gente al “gang”.

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Elemento importante en todo taller de Fotógraf@s en Zaragoza que se precie es la repostería de Carmina Andreu, Caramina; que en esta ocasión estuvo deliciosa como de costumbre. En cualquier caso, aquí tenemos a Carmina con una original lata en forma de zapato que creo que al final no usó, corrígeme si me equivoco Carmina, pero que desde luego sugiere mucho potencial y originalidad.

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Y ya al trabajo. Algunos, como Miguel Ángel, nos turnábamos con el taladro para disponer el futuro espacio de los estenopos. Anu Medina mostraba hasta que punto había convertido sus mágicas manos, en el instrumento ideal para horadar con delicadez las láminas de aluminio por donde tan apenas íbamos a dejar pasar unos rayos de luz. Carmina, esprai en mano, se aseguraba que no hubiese reflejos de luz indeseables en el interior de las futuras cámaras. Y todo el mundo se afanaba transformando sus cajas, botes y latas en futuros instrumentos artísticos.

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Finalmente, a la una de la tarde, ya estábamos en la calle todos, “cámaras” en mano, dispuestos a ir de caza de la escena y de la luz que se acomodase a la idea que nos habíamos hecho mientras construíamos las estenopeicas. Si el año pasado, con modestia, nos limitamos al concepto básico, una caja oscura, un estenopo, una hoja de papel sensible, en esta ocasión, teníamos cámaras con varios estenopos para una sola hoja, plana o envolventes, o dispositivos con varias hojas y distintas “focales” para tomar varias “instantáneas” de larga duración. La imaginación al poder.

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Aunque salimos todos juntos del Centro Joaquín Roncal, finalmente nos fuimos dispersando, cada uno buscando su mejor opción para aprovechar el único, o los poquitos “disparos” disponibles. Yo tuve la ocasión de acompañar a Emilio Molins, Triboniano, y Marco Evangelisti que, entre otras cosas, intentaron una panorámica de 360º en el Puente de Piedra.

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Tras el trabajo de campo, la hora de comer, alrededor de una mesa redonda, que se prestan mejor a la conversación y el intercambio, y que podemos ver a continuación en su integridad gracias al ojo de pez que me prestó José Miguel “Masjota”.

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Por la tarde, tocaba revelar y comprobar si nuestros esfuerzos habían tenido un desenlace feliz. En primer lugar, y con la única fotografía en color de este reportaje, el muestrario de cámaras antes de apagar la luz y extraer sus tesoros escondidos.

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Y luego ya, líquidos dispuestos, por turno fuimos pasando a revelar nuestros negativos fotográficos. Unos con más fortuna, otros con menos, pero todos con la sensación de que habíamos avanzado y aprendido cosas nuevas.

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Después, el laborioso proceso de lavado y secado de las hojas de papel sensible con los negativos de las fotografías. Una vez más, la tarde se nos hizo corta para lo que podría ser el último paso del proceso, el copiado y obtención del positivo por contacto. Pero las nociones estaban ahí, sembradas, para cualquiera que quiera seguirlas.

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Y ya sólo me queda una cosa… quizá una de las más importantes… compartir con todos vosotros el positivo que surgió de mi propio trabajo y del que ya os hablé hace unos días..

Como el año pasado, una jornada fenomenal, que nos permitió aprender, comunicarnos, convivir, conocer más la afición común a la fotografía y conocernos más entre nosotros. Y ya, poniéndonos a pensar qué nuevas técnicas queremos probar. ¿Alguien escuchó mencionar la palabra “cianotipia”? ¿Se oyó decir que nos íbamos ir a Ejea con Laura, “Lura Photos”, a hacer una jornada analógica? ¿Alguna idea más?

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[Fotografía] Recomendaciones semanales – del 22 al 29 de enero de 2017,… pero distinto – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

Después de cómo han ido las noticias en los últimos días, creo que había que hacer unas recomendaciones fotográficas semanales diferentes. El enlace a continuación. Las fotos, alusivas.

Origen: Recomendaciones semanales – del 22 al 29 de enero de 2017,… pero distinto – Fotografía y otras artes visuales.

 

 

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[Libro] 1177 A.C. El año del colapso de la civilización

Cultura, Historia

Hace unos años, ocho ya, tuve la ocasión de leer un libro que me regalaron que partía de un hipótesis que desde entonces he visto expresada de una forma u otra en una diversidad de artículos o textos.

La idea es la siguiente. Periódicamente en la historia de la humanidad, civilizaciones florecientes y muy influyentes sufren un colapso que lleva a que la humanidad sufra un retroceso demográfico, cultural, social, político… de todo tipo. El ejemplo más claro de esto es la caída del Imperio Romano. Este supuso en el siglo V de la era común un derrumbe de buena parte de la civilización mediterránea surgida bajo el liderazgo de Roma. Y fue seguida de un periodo en el que la pobreza, las enfermedades, las hambrunas y la mortalidad aumentó, con la consecuente depresión demográfica, muchas ciudades decayeron, desaparecieron muchas estructuras políticas avanzadas en favor de un sistema feudal mucho más simple, desapareciendo el concepto de ciudadanía, hubo inestabilidad política con guerras, se perdió una gran parte del conocimiento científico y de ingeniería civil, hubo un aumento de las creencias supersticiosas. La recuperación fue lenta y desigual. Al final de la edad media se habían conseguido adelantos en algunas disciplinas que mejoraban los logros del mundo clásico; arquitectura, armamento, imprenta y difusión de libros, por poner algunos ejemplos. Pero otros no se recuperaron hasta el siglo XIX o más tarde, como por ejemplo los sistemas de alcantarillado y de suministro de agua potable que tanto hacen por el control de las enfermedades transmisibles.

Muchas de las excavaciones que descubrieron y estudiaron los sitios arqueológicos con las claves de lo que sucedió en el Mediterráneo Oriental hace entre 3000 y 3500 años fueron llevadas a cabo por arqueólogos alemanes. Y muchos tesoros arqueológicos los encontramos en los museos de Berlin Mitte. No entraré a debatir ahora si es ahí donde deben estar o si deben retornarse a los países donde se encontraron. La situación del mundo complica mucho el debate. Pero en fin, si queréis haceros una idea del mundo antiguo, Berlín es un buen destino.

Muchas de las excavaciones que descubrieron y estudiaron los sitios arqueológicos con las claves de lo que sucedió en el Mediterráneo Oriental hace entre 3000 y 3500 años fueron llevadas a cabo por arqueólogos alemanes. Y muchos tesoros arqueológicos los encontramos en los museos de Berlin Mitte. No entraré a debatir ahora si es ahí donde deben estar o si deben retornarse a los países donde se encontraron. La situación del mundo complica mucho el debate. Pero en fin, si queréis haceros una idea del mundo antiguo, Berlín es un buen destino.

Pero en aquel libro, se hablaban de otras situaciones similares que se habían producido a lo largo de la historia. Se comentaban algunas otras crisis, como la demográfica del paleolítico superior, el colapso del imperio maya o la crisis de los Pueblos del Mar en el Mediterráneo Oriental, en las que una constelación de causas diversas provocan un derrumbe del estado de la civilización y la cultura humana, provocando un fuerte retroceso en su condición. Y lo que es más preocupante. Se preguntaba si determinados síntomas que estamos percibiendo hoy en día como son la crisis medioambiental, determinadas tendencias políticas y sociales, y una potencial crisis de materias primas y el comercio, no podrían ser los anuncios de un potencial derrumbe de la civilización actual, con un terrible matiz añadido. Los ejemplos anteriores, salvo la crisis del paleolítico superior, no amenazaron al conjunto de la especie humana sino a civilizaciones locorregionales más o menos amplias en extensión. Pero un crisis actual de la civilización tendría unas consecuencias absolutamente imprevisibles por sus dimensiones globales. No se trata de temer un apocalipsis, salvo situaciones bélicas de carácter cataclísmico, no podemos olvidar que recientemente se ha adelantado medio minuto el reloj del fin del mundo, sino de un derrumbe profundo de la cultura, la demografía, las comunicaciones, la ciencia y la técnica que podría durar siglos.

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Todos los días recibo el boletín de Amazon Kindle Flash, en el que me proponen libros electrónicos a precios baratísimos, con descuentos de hasta el 80 %. Por menos de un euro o menos de un euro y medio puedes comprar un libro. Que muy muy muy muy de vez en cuando merecen la pena. Pero sucede. Habitualmente son libros de ficción o de autoayuda. Pero hubo un día hace unas semanas en las que propusieron una serie de libros de historia que tenían una pinta estupenda. Por ejemplo, Posguerra de Tony Judt, que ya he leído, pero que no tengo porque me lo prestaron. De repente se podía comprar por un precio ridículo, 0,94 euros, así que me lo agencié para consultarlo de vez en cuando. Y otro de los que aparecieron fue el libro que nos ocupa hoy, escrito por Eric H. Cline y traducido por Cecilia Belza. Que me costó el doble… 1,89 euros.

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Este arqueólogo norteamericano se centra en las causas y consecuencias de uno de los derrumbes de la civilización mencionado. En concreto, el de la civilización mediterránea oriental en el siglo XII antes de la era común, que popularmente se conoce en ocasiones como la crisis de los Pueblos del Mar. Por haber coincidido esta crisis con la aparición en la escena histórica de las migraciones de una serie de pueblos que se conocen con este apelativo.

Hacia el final de la edad de bronce se había constituido una civilización multicultural en el Mediterráneo Oriental, que involucraba con una red de relaciones comerciales y políticas a culturas diversas como Micenas y otras civilizaciones en la cuenca del Egeo, las culturas minoica y chipriota en Creta y Chipre, Hatti, el imperio de los hititas, en lo que es hoy Anatolia y zonas adyacentes, las ciudades estados y comerciales de Canaan, y la potencia más destacada cultural, política y militarmente, Egipto. Habría además relaciones con las culturas mesopotámicas, libias y de otros puntos próximos. Este libro parte de las fuentes arqueológicas para hacer un repaso primero de la profundidad de las interrelaciones entre estas culturas, para posteriormente hacer un análisis de las causas de su caída, con el profundo vacío que se produjo y que no se pudo cubrir hasta siglos más tarde, incluso si alguna de estas culturas, como Egipto, tuvo cierta resistencia al colapso.

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No voy a decir que este libro sea una recomendación de carácter general para todo el mundo. Pero si os interesa el tema… Y bueno, que si hubiera tenido que pagar los 13,29 euros que cuesta habitualmente me lo hubiera pensado dos veces. Pero, por un precio mucho más reducido, no era cuestión de pensárselo. Y se lee rápido.

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[Cine] Toni Erdmann (2016)

Cine

Toni Erdmann (2016; 052017-2201)

Ya conocemos las candidaturas a los oscars de este año. Y la cartelera española, que se ha movido dentro de cierta sosez durante semanas a finales de 2016, ahora acumula estrenos que hacen difícil hacer el seguimiento en pantalla grande a todas ellas. Se hará lo que se pueda. Y como tampoco ando muy sobrado de tiempo, tampoco puedo prometer comentarios muy extensos en los próximos días.

Hoy traigo una de las candidatas al premio a película en habla no inglesa, una película dirigida por Maren Ade, y que nos llega desde Alemania y Rumania, hablada en estos dos idiomas, preferentemente en alemán, con alguna conversación en inglés.

He visitado Bucarest, y Rumania, en dos ocasiones, en 1987 y 1995. Bajo la dictadura de Ceacescu y en su peculiar transición... en ambos casos los viajes tuvieron momentos absolutamente surrealistas o esperpénticos. Supongo que en estos últimos 20 años habrá cambiado... ¿a mejor? Espero.

He visitado Bucarest, y Rumania, en dos ocasiones, en 1987 y 1995. Bajo la dictadura de Ceacescu y en su peculiar transición… en ambos casos los viajes tuvieron momentos absolutamente surrealistas o esperpénticos. Supongo que en estos últimos 20 años habrá cambiado… ¿a mejor? Espero.

La historia nos habla de Winfried Conradi (Peter Simonischek), también conocido en algunos momentos del filme como el Toni Erdmann del título. Un hombre entrado en años, que parece que no se toma la vida muy en serio, que se cuida mal, con algún problema de salud, que vive extrañado de su familia, y especialmente de su hija Ines (Sandra Hüller), una consultora de prestigio en una multinacional, que en estos momentos está trabajando en Bucarest, como asesora de una petrolera local que quiere recortar gastos. Lo cual en el mundo de los negocios suele ser sinónimo de despedir trabajadores. Winfried se plantará en Bucarest para intentar reconectar con su hija. A la cual, por supuesto, nos presentan estirada como si fuera el día entero con el palo de una escoba metido por el… ejem.

La película venía precedida de críticas muy notables y de una gran aceptación en su país de origen. Es una película que mezcla temas. Tanto al nivel más personal, la familia y la relación paternofilial, como a nivel más social, el mundo de los negocios, de la empresa y de la economía globalizada. Siempre desde un punto de vista crítico. El problema es que aunque aprecié algunas de sus virtudes, especialmente el excelente trabajo de sus dos protagonistas, me pareció una película excesivamente larga, dos horas y tres cuartos, para un planteamiento que me parece que no da para tanto, y que incluso se hace relativamente previsible. Más que costarme entrar en el filme, lo que más esfuerzo me supuso fue no “salirme” de él en varios momentos.

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Como digo, a su favor sus dos protagonistas. Y entendámonos. El histrionismo del personaje masculino, el padre, hace que de alguna forma su protagonista pueda encauzar con facilidad su lucimiento interpretativo. Quien lo tiene más difícil es Hüller, un personaje a priori más antipático por varias de sus dimensiones, mucho más contenido en sus manifestaciones, y sin embargo la actriz alemana sorprende por la sutileza de su interpretación, por la variedad de registros que manifiesta a lo largo del metraje y por su capacidad de actuar sin palabras, diciéndolo todo sin decir nada, hasta su relativamente abierto plano final, que no deja de destilar cierta amargura.

No nos gustó tanto, especialmente tras las expectativas levantadas, y hubiéramos agradecido un metraje más contenido. Pero no está mal. He visto mejores cosas en los últimos meses en lengua no inglesa, que no son candidatos al “eunuco de oro”.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Fotografía] “Tetrapinhole Camera”,… ¿o tendría que haber sido “Hexapinhole Camera”? – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

El sábado pasado estuvimos en Fotógraf@s en Zaragoza (FeZ) de taller de fotografía estenopeica, al igual que el año pasado, nos juntamos un grupo de aficionados bajo el liderazgo de Beatriz Aísa. Si el año pasado buscábamos iniciarnos en estas técnicas. Dentro de unos días os contaré la crónica completa de la actividad, que he preparado para el blog de FeZ, pero de momento, en el siguiente enlace, podréis conocer mi experiencia personal desde un punto de vista más técnico.

Origen: “Tetrapinhole Camera”,… ¿o tendría que haber sido “Hexapinhole Camera”? – Fotografía y otras artes visuales.

Carlos Carreter

[Televisión] Cosas de series; lo más “british” de lo “bristish”

Televisión

¿Qué puede haber más británico que las aventuras de Sherlock Holmes y la reina de Inglaterra? ¿A alguien se le ocurre algo? “Objetos” incorporados en la cultura popular no ya del Reino Unido sino de todo el mundo, vendidos mil veces en sus diversas versiones y a través de miles de variantes de mercaderías, generalmente con la Union Jack como tercer gran símbolo, la logomarca que vende el concepto de lo británico. Y ambos “objetos” han sido recientemente objeto de translación a la ficción televisiva.

Carlos Carreter

Os traigo acompañando la entrada algunas de las escenas más típicamente londinenses que he podido encontrar; de un viaje a la capital británica en diciembre de 1994. Pentax P30N, un par o tres de focales fijas y película Ektachrome… la que ahora dicen que quieren resucitar los de Kodak…

Si Downton Abbey se configuró durante unos años en un fenómeno televisivo internacional a costa de vendernos un culebrón de relumbrón, ahora las televisiones están atacando a sus reinas favoritas o menos favoritas. Estos meses atrás ya tuvimos la ocasión de ver cómo nos vendían la juventud de la reina Victoria, una señora que hasta hace unos años, la cosa cambió con una película que pasó con cierta discreción por las carteleras, daba la impresión de haber sido siempre mayor, grandona y sin ningún sentido del humor. Ahora nos quieren vender a una joven menuda, pizpireta, romántica, enamoradiza y sonriente… ¿Están en campaña de imagen los británicos, buscando renovar su imagen? Justo ahora que con su “brexit” están desempolvando lo más rancio y apolillado de su naturaleza “patria”.

Carlos Carreter

Es cierto que con su más famoso detective, de ficción, que algunos parecen que ya confunden lo que es real con lo que no lo es, ya habían iniciado hace unos años una operación de renovación, Sherlock, en la que el doctor Watson no escribe libros sino que es un bloguero, y las pistas para el televidente se suministran a base de mensajes de texto a través del móvil. Cierto es que esta serie fue recibida con entusiasmo. Pequeñas temporadas de tres largometrajes de 90 minutos en las que se recrean alguna de las más famosas aventuras del detective creado por Arthur Conan Doyle, o se inventan nuevas aventuras, más o menos en consonancia con el carácter del personaje, convenientemente actualizadas. Una combinación de saber hacer del equipo de guionistas, bastante tramposos, pero habilidosamente tramposos para hacernos tragar con gusto las marrullerías de los guiones, más dos protagonistas en estado de gracia y que se complementan perfectamente, dos de los mejores intérpretes británicos de la actualidad, consiguen hacer de esta serie un “must” del aficionado a la ficción televisiva.

1994, Londres, Inglaterra. Cuaderno de ruta: carloscarreter.com Paisajes sin figura: paisajessinfigura.wordpress.com Seguir en Twitter Los comentarios son bienvenidos. Los iconos llamativos, las animaciones chillonas y otras cosas de este tipo, no. Molestan y distraen la atención de lo importante; las fotos.

La cuarta temporada no ha cambiado gran cosa el panorama de las anteriores. Emitida ahora en combinación entre la BBC y Netflix, la distribución internacional está garantizada de forma inmediata en una jugada redonda para ambas entidades, rompiendo además con inteligencia el círculo vicioso de las descargas ilegales a un precio más que razonable. Como en las anteriores temporadas, hemos tenido momentos mejores y peores. En mi opinión dos episodios iniciales muy buenos, y un tercero, el de la hermana, más discutible. Pero como decía, obligatoria para el aficionado.

Carlos Carreter

Y la otra producción que traigo aquí también tiene que ver con la monarquía británica. Lo cierto es que ya hace unos meses que Netflix puso a disposición del público The Crown, una producción de época cuya primera temporada ha versado sobre los primeros años del reinado de Isabel II de Inglaterra, en la primera mitad de la década de los 50 del siglo XX. De entrada, no me interesó. Los Windsor me parecen y me han parecido siempre una panda de siesos de mucho cuidado, absolutos impresentables que me hacen plantearme que algo va mal en la mente de los británicos para no haberlos botado hace tiempo. Entiendo desde luego, que la monarquía británica forma parte del negocio. Y al fin y al cabo, la reina de Inglaterra es una de las principales terratenientes del país. Es decir, buena parte del país es literalmente suyo. Con estos antecedentes, no me atrajo la serie. Lo que pasa es que con posterioridad se han mostrado unas críticas buenísimas hacia esta producción propia de la cadena de vídeo bajo demanda, llegando al extremo de conseguir un éxito notable en los Globos de Oro recientemente concedidos, en los que resultó premiada como mejor serie dramática. Una recién llegada aupándose por encima de muchos pesos pesados con trayectoria.

Carlos Carreter

“Aprovechando” mi síndrome gripal o pseudogripal de hace unos días me la vi de tirón. Y puedo confirmar una cosa. Los Windsor son efectivamente un panda de siesos impresentables de mucho cuidado,… pero la serie es buenísima. Esta hecha con un tremendo esmero, los guiones son fenomenales, y las interpretaciones de primer nivel. Simplemente por ver el capítulo de John Lithgow como Winston Churchill interaccionando con Stephen Dillane en su papel del pintor modernista Graham Sutherland. De hecho… la serie es más interesante por el retrato que hace del viejo Churchill, un tipo que tuvo la suerte de que una atroz guerra mundial hiciera que pasase a la historia como una figura destacada, en lugar que como un político que cometió nos pocos errores, y que estaba mucho más cerca del fascismo que decía combatir de lo que él mismo podía reconocer.

Como dígo la serie es muy notable. De una calidad elevadísima. Aunque eso sí, no cambiará la percepción que de los personajes uno pueda tener. Al que le caigan simpáticos los Windsor, le seguirán cayendo bien. Quien opine que son unos pelmas… se mantendrá en su opinión también. Que anda que vaya panda de maulas que están hechos.

Carlos Carreter

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[Cine] La La Land (2016), y el cine considerado como una de las bellas artes…

Cine

La La Land (2016; 042017-1701)

Llevo unos días pensando en cómo iba a enfocar el comentario de esta película. Película que desde que inaguró la mostra de Venecia en 2016 ha estado en boca de muchos como la gran película del año. Toda una revelación para la crítica que iba a lanzar al estrellato a todos los que en ella intervienen de un modo u otro… Elevadas fueron las expectativas, lo cual hizo que durante muchos meses declinara la posibilidad las noticias que se generaban en torno a este musical, con el fin de llegar a su estreno en nuestro país con las neuronas lo menos “sucias” que fuese posible.

Como sucede cuando periódicamente llega un musical, generalmente con tono de gran producción, que va a recuperar el género, que “no está muerto” para algúnos,… o sí, para otros, te encuentras con la eterna expresión. Es mucha la gente que te dice… “a mí es que el musical no me va mucho”. Lo cual es casi como decir que el cine no te va mucho. Porque junto con el western son los eternos muertos, enterrados y periódicamente resucitados, pero fueron los géneros que hicieron en gran medida del cine lo que es.

Aunque es la ciudad de Los Ángeles la tercera protagonista de este drama musical, son numerosas las referencias a la ciudad de París. De la primera no tengo fotos, de la segunda, en abundancia.

Aunque es la ciudad de Los Ángeles la tercera protagonista de este drama musical, son numerosas las referencias a la ciudad de París. De la primera no tengo fotos, de la segunda, en abundancia.

No en vano la “primera” película sonora fue The Jazz Singer (El cantor de jazz)… un musical. Con el jazz como tema y con un aspirante a músico de jazz, anoten coincidencias,… y cuya línea inicial,

“Wait a minute, wait a minute. You ain’t heard nothing yet”

(Espera, espera un momento. No has oído nada todavía),

iba a revolucionar totalmente al que se iba a considerar el séptimo arte.

Pero en esas estamos, en que una mezcla de incultura musical y cinematográfica, prejuicios sobre lo que uno debe ver o no ver, sobre lo que es o no es un musical, el miedo “aterrador” del españolito medio a los idiomas ajenos y a los subtítulos en las película, el sexismo social que define lo que es apropiado para chicas y lo que es apropiado para machotes,… hace que mucha gente que no se cosca gran cosa de qué va la feria asegura muy seria… “a mí es que el musical no me va mucho”.

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Luego llega y Cabaret se lleva 8 de 10 candidaturas a los oscars, Chicago se lleva 6 de 13, Les Miserables se lleva 3 de 8, Moulin Rouge se lleva 2 de 8, All That Jazz se lleva 4 de 9, Fiddler on the Roof se lleva 3 de 8, Yentl se lleva 1 de 5,… y no me meto con los éxitos de las películas de animación de Disney que son en muchas ocasiones también películas de carácter musical, o al menos peliculas con canciones. Sólo he mencionado películas posteriores a 1970, cuando el musical era un género “muerto”. Y a la gente no le gusta el musical…

Luego está la otra. “Es que a mí no me gusta el jazz”, cuando el 90-95 % de la música pop/rock actual es hija más o menos bastarda del mismo, y los mismo memos que aseguran que el jazz es un rollo se entusiasman en los conciertos de “rock” cuando el guitarrista se marca un solo que no será probablemente más que una mera sombra, un pálido reflejo, de las improvisaciones esenciales en el jazz que dieron origen a lo que vino después. Y esta película no sólo es un musical, sino que además manifiesta una marcada nostalgia por el género musical probablemente más influyente del siglo XX.

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Otra cuestión. Antes hemos mencionado al cine como el “séptimo arte”. Mmmmmm… el cine puede ser arte, pero no todo lo que se hace en cine es arte.  Pero cuando lo es, necesariamente entra en diálogo con la historia del arte. En la historia del arte, muy de vez en cuando, nace un genio que lo revoluciona todo. Pero el estado esencial del arte es la inspiración, la copia descarada en ocasiones y la referencia a lo que se ha realizado previamente. Pocos artistas, casi ninguno, es genuinamente original. Y de algunos, por ejemplo Picasso, se dice que el mismo reconocía que no sólo copiaba,… robaba de las obras de los que le precedieron. Lo importante en el arte, y en otras disciplinas también, por ejemplo la ciencia, es la conversación global en la que se involucran los trabajos de los autores. Y son buenos aquellos autores, aquellos artistas que aportan algo nuevo a la conversación, aunque sea poco, aunque sean matices, aunque sean variaciones.

Para poder disfrutar plenamente de esa conversación, volvemos a hablar de cine, no podemos considerar la disciplina como un mero acto de entretenimiento aislado. Ha de ser un gusto cultivado e interiorizado. “Cultivado” y “cultura” tienen la misma raíz etimológica, una raíz que tiene su sentido original en labrar y hacer crecer en la tierra aquello que nos alimenta. Si nos alimentamos de comida basura, con abundancia de azúcares, grasas y salsas groseras, difícilmente apreciaremos los mejores platos de sabores sutiles, combinaciones a veces extrañas que nos resultan ajenas. Seremos siempre como esos niños de 6 años que se niegan a comer ciertos alimentos nuevos porque no los han probado y desconfían de todo aquello que han establecido como “lo que les gusta”. Con el cine, con la música, con la cultura en general nos pasa algo parecido. Nos acostumbramos en la infancia a unos “sabores”, productos de consumo rápido y fácil, y luego no salimos de ahí, salvo que crezcamos en un entorno cultural privilegiado, o realicemos un fuerte ejercicio de disciplina personal en abrirse a lo diferente y en comprender lo que no entendemos.

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La La Land no es una película perfecta. Pero es una obra de arte. Es el fruto de la concepción y la creatividad de su director Damien Chazelle, que copia y roba a mansalva de un sinnúmero de referentes para contribuir a la conversación a través de un musical sumamente honesto y pensado. A través de la relación romántica entre Mia (Emma Stone) y Sebastian (Ryan Gosling), y en el marco del tercer protagonista de la historia, la Ciudad de Los Ángeles, es ciudad de estrellas que “todo venera y nada valora”, citando a uno de los protagonistas, hace un ejercicio de reflexión sobre el acto de convertirse en creador o artista, y los costes personales que tal cosa conlleva. Especialmente si creemos firmemente en lo que queremos ser y hacer, y le echamos a la tarea la pasión y la dedicación necesarias para tener una oportunidad de éxito. Lo cual lleva, inevitablemente, a una historia fundamentalmente agridulce.

Con la excelente música compuesta por Justin Hurwitz, la excelente iluminación y fotografía de Linus Sandgren, la colosal dirección de arte de Austin Gorg, y con dos protagonistas en estado de gracia absoluta, que para colmo de bienes se compenetran y complementan como si fueran un engranaje de precisión, la película es una producción notable, que merece un puesto destacado en la historia del séptimo arte.

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El entrar en el detalle de todas las referencias de las que bebe el filme,… sería extraordinariamente prolijo para una entrada que ya me está quedando muy extensa. Daría para un comentario muy largo en sí mismo. Desde las desdichas de una paragüera en Cherburgo, a un niño que recorre las calles de París tras un globo rojo, el musical clásico norteamericano, la Bergman,… infinitas.

Se habla de ella como la gran triunfadora del 2016, la que va arrasando en la temporada de premios. ¿Los merece? Merece muchos. ¿Todos? No. El mundo del cine está lleno de conversaciones de nivel, y han sido varias las que nos han tocado la fibra en este 2016, o las que están por venir por culpa de lo que tardan en estrenarse en nuestro país. La película no es perfecta. Sufre alguna ruptura de ritmo entre su primera mitad y su segunda mitad… Hay una transición, conformada alrededor de una serie de escenas clave, que no acaba de tener la suavidad debida. Pero son problemas menores que no empañan el buen tono general del filme, que nos regala un epílogo final, con mucha, mucha, mucha chicha tanto artística como conceptual y que nos pone en paz con el mundo. El real y el de “La la land”… Ese país de los sueños o de los soñadores, que siguiendo el juego de palabras implícito en el título de la película, alguien ha situado en L.A., en las colinas de Hollywood.

Nota: aunque era algo que se venía fraguando desde hace un tiempo, me considerado ya total e incondicionalmente enamorado de Emma Stone.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

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Recomendaciones semanales – del 15 al 22 de enero de 2017 – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

Una semana fea esta que ha pasado, probablemente debido a que he estado convaleciente de la infección vírica que padecí el último fin de semana. Ni he estado muy concentrado en la fotografía, ni en casi nada. En cualquier caso, traigo aquí mis recomendaciones semanales, junto con mi tablero en Pinterest dedicado a los paisajes con figura.

Y a continuación el enlace a las recomendaciones, con algunos paisajes urbanos recopilados ayer durante el taller de fotografía estenopeica del que hablaré más despacio otro día.

Origen: Recomendaciones semanales – del 15 al 22 de enero de 2017 – Fotografía y otras artes visuales.

Carlos Carreter

[Libro] El fantasma de Anil

Literatura

Durante los días de las navidades poco antes de fin de año, hubo una tarde, un viernes, en la que íbamos a ir al cine, fuimos, pero previamente tenía que recoger un paquete,… que no pude recoger, porque el comercio donde se recogía, con un horario de apertura hasta las 20:00 horas, consideró que no se estaba comiendo un rosco comercialmente hablando, que se aburría y que cerraban. Cuando yo pasé, a las 19:25… estaban cerrados, y de nada me sirvió el salir con adelanto de casa, con respecto a lo hora en la que empezaba la película. Así, en una tarde de niebla y frío tuve que hacer tiempo hasta la hora a la que habíamos quedado. O me metía en un bar a tomar algo, que no me apetecía mucho, o visitaba algún otro comercio. Entre un momento en Cálamo, donde tenían el último número de Exit… y luego descubrí en el Paseo Fernando el Católico una librería de segunda mano. Todos los precios al mismo precio, tratasen de lo que tratasen. Del volumen que tuviesen. 1 libro, 3 euros. 2 libros, 5 euros. 5 libros, 10 euros.

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No he tenido ocasión de viajar a Sri Lanka,… pero sí a Ginebra, y estar ante la sede europea de las Naciones Unidas, desde donde envían a la protagonista del libro a hacer su trabajo.

Tras pasear un buen rato por las extanterías comprendí dos cuestiones. La mayor parte de los libros son best-sellers o de colecciones muy populares, pero realmente poco interesantes en general. Y no siempre adecuadamente clasificados en el estante adecuado. Además… me he acostumbrado a leer la ficción en el lector de libros electrónica. Pero aun así decidí coger cinco libros por 10 euros. Porque entre tanto libro, alguno te tiene que interesar. Tres de ficción. Dos de arte. De estos, uno dedicado a Georgia O’Keefe y otro a los fauvistas. Y vamos a empezar a comentar el primero de los de ficción.

Se trata de una edición en libro de bolsillo de una novela de Michael Ondaatje. Ondaatje es un escritor canadiense nacido en Sri Lanka, de etnica cingalesa, que se hizo bastante conocido con motivo del éxito de su novela The English Patient (El paciente inglés), que fue adaptada al cine con gran éxito, siendo desde mi punto de vista una de las películas más interesantes de la década de los noventa, aunque el personal no la recuerda mucho. Y que me llevó a leer la novela en que se basaba. Que me gustó, al igual que la película. Siempre me quedé con las ganas de leer más de este autor. Pero supongo que sus libros no llegaban con facilidad a nuestro país cuando me interesé,… y ya lo olvidé.

Cuando vi este libro en ocasión recordé todo ello. Y tras las vacaciones, decidí afrontar con calma la lectura del mismo, aunque al final me costó mucho menos de lo que esperaba, porque como se dice coloquialmente, “me enganchó”.

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Anil es una antropóloga forense que dedica una buena parte de su vida profesional a identificar y descubrir las causas de la muerte de cadáveres de desaparecidos en zonas de conflicto. Cingalesa que lleva desde la niñez viviendo en Occidente, es enviada por las Naciones Unidas a Sri Lanka que sufre desde hace casi veinte años las consecuencias de una guerra civil, a la que se unen otras facciones con diversos intereses, y en la que se producen frecuente abusos contra la población civil, con asesinatos indiscriminados y desapariciones. Anil, junto con un arqueólogo puesto por el gobierno srilankés irá pasando por distintos escenarios del conflicto, conocerá distintas personas con distintas visiones del mismo, e incluso sufrirá ella misma el miedo, ante la actitud obstruccionista de ambas partes, especialmente del gobierno.

La novela, al igual que lo era The English Patient no deja de ser un alegato contra la violencia, la intolerancia étnica y el desprecio por el valor de la vida humana. Un alegato que no es nervioso y exaltado, sino tranquilo, reflexivo. En algunos pasajes del libro incluso poético. Muy enraizado con las tradiciones culturales del país. A mí me ha gustado bastante. Y por dos euros… ¿quién puede pedir más?

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Y dónde encontramos también “La Silla Rota”, un monumento en homenaje a las víctimas de las minas antipersona.

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[Cine] La tortue rouge (2016)

Cine

La tortue rouge (2016; 032017-1301)

Me tomaban el pelo el sábado unos amigos mientras dialogábamos a través del iPad/ordenador, estando yo malito con fiebre el sábado. La película de este fin de semana era un esperadísimo musical del que os hablaré pronto porque ya está visto, pero el viernes, que no había plan para juntarse el grupo de ir al cine, tomé la decisión de irme yo solito a ver la película de animación que nos ocupa hoy. Me tomaban el pelo porque yo les explicaba que había visto la versión original, pero no subtitulada,… porque es una película sin palabras. Que no muda, como he leído en algún sitio. Tiene sonido propio, los personajes emiten sonidos propios, y suponemos que entre ellos conversan. Pero no emiten durante la película palabra alguna en idioma alguno. Entonces sobran los subtítulos. Saben que el título que otorgo a las entradas sobre cine dependen de si la versión que hemos visto es la doblada o la original. Y por eso me decía que qué iba a hacer. Pues como no es versión doblada, sino original, conservar el título original. En castellano se ha presentado con el título literalmente traducido de La tortuga roja (a partir de hoy voy a intentar ceñirme lo más posible a la ortotipografía de títulos de publicaciones recomendada formalmente, que siempre he siso un poco caótico con las curisvas y las comillas,… o nada).

La isala

La isla donde transcurre la acción de la película se caracteriza por su frondoso bosque de bambú. Así que os traigo fotos del más notable que conozco en persona, el de Arashiyama en Kioto.

Lo cierto es que sabía que era difícil que nadie me acompañase a ver esta película de animación, a pesar de que representa un hecho importante. El regreso del Studio Ghibli a la producción de largometrajes de animación a pesar de su retirada anunciada hace unos años. Y de verdad que considero que esto es una gran noticia. Ghibli es la productora responsable de algunas de mis películas de animación favorita, de haberme ayudado a abrirme a otra cultura como es la nipona, lo que no siempre es fácil a pesar de la mucha información de la que disponemos hoy en días, y de haber defendido un estilo de animación diferente al de la todopoderosa Disney. Preocupación por la ecología, preferencia por personajes femeninos protagonistas, fuertes e independientes, respeto por las historias que adapta, manteniendo sus esencias, respeto por las culturas de las que proceden, incluso si sufren cierto tipo de japonización, opción por la elegancia y la sencillez en el dibujo, aunque vengan dotadas sus películas de gran riqueza visual, admisión de propuestas alternativas a las dominantes,… Como digo, un referente en este tipo de cine y en el cine en general. Y su regreso viene con un añadido. Por primera vez, coproduce un película de origen occidental. Director holandés, Michael Dudok de Wit, fuerte participación francesa, títulos de créditos con nombre y apellidos de todo el mundo, especialmente de la diversa Europa.

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Todo al servicio de lo que cada vez estoy más convencido de que es una sencilla pero destacable obra de arte de 80 minutos de duración. Una historia sencilla, pero llena de metáforas, con la aventura entre un náufrago e una isla perdida del Pacífico, y una tortuga marina roja, que se transformará en … el tema de la transformación de los seres marinos en otro tipo de seres es lago no vemos por  primera vez  en Ghibli, y que también aparece en la leyendas de todo el mundo. Pero todo ello, contribuye a un canto de integración en la naturaleza, en sus ciclos de vida y muerte, en lo que tiene de bello y de aterrador.

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Dibujos de trazo sencillo, muy limpio, muy claros, pero muy elegantes. Fiel hasta el extremo de que en el cine, si lo puedes contar con imágenes, sobra la verborrea. Obliga al espectador a mantener una conducta activa, expectante, no tanto porque sea compleja de entender la historia base, sino porque la comprensión total de la misma viene de los pequeños detalles. Del reconocimiento de los paisajes, del comportamiento de los seres vivos, de los ciclos de la luna… Una integración absoluta de la naturaleza como un personaje protagonista más de la acción. Absolutamente recomendable, aunque supongo que iremos cuatro gatos a verla. La gente se mueve con muchos prejuicios y todavía hay una mayoría que asocia animación con productos o subproductos infantiles. Desgraciadamente. Una forma como otra de desaprovechar un estilo de expresión artística y narrativa tan válido como cualquier otro.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: No aplicable
  • Valoración subjetiva: ****

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2014, Viaje a Japón.

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[Televisión] Cosas de series; fantasías y monstruos, en la tierra y en las estrellas

Televisión

Con este fin de semana que llevo de no poder salir de casa por culpa de un Malvirus febrilis (a todos que me acusáis de tener la gripe, no es algo que se pueda asegurar, estoy vacunado, y conociéndome, no me lo parece; en estas fechas hay muchos otros bichos que te hacen estar malito), estoy viendo episodios de series de televisión por un tubo. Largometrajes no. Los episodios de las series duran menos, en caso de desgana. Tal es la cuestión, que estoy casi seguro de que en los próximos días, podría escribir un par más de entradas seriéfilas. En fin… iré espaciándolas para no cansar con el tema.

Pero esta sí que toca. Por aquí voy a hablar de algunas series que han ocupado los momentos intrascendentes del periodo navideño y del fin de año. Esas series que no te hacen pensar mucho, entretienen… esas cosas. Pero en esta ocasión he decidido arriesgar un poco, conociendo otro mundo.

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Como es lógico, me voy fotográficamente a Japón… donde sinceramente, hay de todo… y para todos los gustos, por raros que sean.

Ese mundo es el de la animación japonesa, versión televisiva. Sinceramente, he probado varias y la mayor parte de ellas no han pasado del primer episodio. Pero ha habido dos que han llegado hasta el final. En cada una de ellas hablamos de entre 10 y 12 episodios de 20 minutos cada uno. La verdad es que ven en un momento. Al final te quedas con la idea general de que lo que cuentan no da para más allá de la duración de un largometraje de dos horas.

Uno de ellos es Sidonia no Kishi (シドニアの騎士, Caballeros de Sidonia) y es una “space opera”, género que algunos sabréis que me gusta bastante tanto en cine, como en televisión, como en literatura de ciencia ficción. Plantea un futuro en el que la vida en la Tierra ha desaparecido por el ataque de una raza de monstruos alienígenas, y no consta que la especie humana exista fuera de una nave refugio, “Sidonia”, de carácter gigantesco, donde se han adaptado a vivir transitando por el espacio. Y desde la que se defienden de los gauna, estos terribles monstruos. Como la serie es japonesa, juegan con la idea de que se trata de la nave refugio que trataba de conservar la cultura nipona. Claro. Es tremendamente fantasiosa y melodramática, y pretende ofrecer abundante espectacularidad, y un cierto tono de seriedad, aunque tenga algún momento de relajo cómico. Pocos.

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El otro es Nanatsu no taizai (七つの大罪, Los siete pecados capitales) y nos lleva a una versión mágica de uno de los reinos de Britannia (si, bueno, parecido), llamado Liones. Una serie de caballeros mágicos proscritos tendrán que pelear para devolver la paz y restaurar en el trono al rey, teniendo en contra al resto de los caballeros mágicos y una buena porción de monstruos y demonios. Es menos intensa, más humorística, más pícara también (tendrías que ver los atuendos de la “princesa”, lo sobón que es el protagonista, y especialmente en lo que han transformado a Merlín el Mago, en este caso la Maga), tiene en general un tono más de divertimento.

Por lo que he visto, al menos en Netflix que es donde las he buscado, la ficción para adultos no se da. Y para adultos no quiero decir pornográfica, quiero decir con temas adultos. Estas dos series están dedicadas claramente al público adolescente masculino. Y ambas tienen tonos muy distintos, que ya he comentado, pero características similares. Personajes que, salvo casos puntuales, tienen un aspecto muy juvenil, especialmente los femeninos que son muy aniñados, aunque al mismo tiempo suelen estar hipersexualizados. No me voy a dar de entendido sobre cultura japonesa, ni de lejos. Pero por lo que he podido ver allí o desde aquí, a esta gente le pasa algo raro con su sexualidad, algo que dado que tiene que ver con su afición a las colegialas o a las chicas con aspecto de colegialas, me parece un poco grimoso. De todas formas, ambas son entretenidas, y la segunda, la de la “Britanni” mágica, muy divertida en ocasiones.

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También me he visto los diez episodios de una serie con personajes de carne y hueso, perteneciente asimismo al género fantástica. En realidad, hace ya tiempo vi los dos primeros capítulos que no me parecieron gran cosa. Se trata de The Shannara Chronicles (Las crónicas de Shannara). Nuevamente perteneciente al género medieval fantástico, aunque con tono apocalíptico, ya que sitúa la acción en un futuro indefinido en el que la civilización humana, la nuestra, se ha destruido, y de hay han surgido las estirpes de los elfos, los trolls, los gnomos y los hombres… Vamos, los sospechosos habituales en este tipo de cosas, siguiendo la línea que marcó Tolkien basándose en las antiguas sagas nórdicas y célticas. El problema es que la historia es en realidad una cagarriña… unos que van y vuelven a un sitio, para que al final pase lo que tenía que pasar si no se hubieran movido del lugar, y con menos esfuerzo. Una melonada de tomo y lomo vista en su conjunto. Y esto sin hablar de la lamentable calidad del reparto, donde predominan un grupo de jóvenes a los que les hacen comportarse como adolescentes de instituto vestidos para una fiesta de disfraces con la Tierra Media como tema. Sí, hay una españolita por ahí, que se dio a conocer hace unos años en una película notable, pero Ivana Baquero no levanta la media. Supongo que ganará más dinero que por aquí, pero no creo que aumente su prestigio como intérprete. Nop. Serie absolutamente prescindible y lamentable. Y si he visto toda su primera temporada es por dos motivos… porque es corta,… y porque puede ser un “guilty pleasure”.

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