Parafraseando mi entrada de hace un años, es el 14º día de Nochevieja en el que presento mis 12 fotos para los 12 meses del año que se nos escapa para no volver. Y una más… suele haber siempre, por algún motivo, una más. Algunas más en esta ocasión… porque algunos meses tienen más de una fotografía.
Como de costumbre, no he buscado fotos representativas. Aunque alguna hay. Ni que fuesen las “mejores” fotos de cada mes, signifique lo que signifique eso. Simplemente, pequeños momentos, emociones, cosas que pasaron, o simplemente una foto que me había pasado desapercibida en su momento… Pero si en años anteriores se incluían fotografías de acontecimientos sociales en los que participé… eso ha desaparecido casi por completo. Y muchas de las fotos implican momentos personales, difíciles de explicar si no es con un exceso de palabras, cosa que no voy a a hacer
En fin, vamos a lo que vamos. En un momento en el que el modesto número de visitas que acuden a este Cuaderno de ruta se ha triplicado con respecto al año pasado y anteriores, sin que sepa muy bien los motivos. Sin pies de foto explicativos. Simplemente, el mes en que fueron hechas las fotos. Y con algún más con más de una foto…
Se repite lo que decía el año pasado. Y aumentado. Puede que el número disparos individuales, el número de fotos que he realizado en digital durante 2020 sea superior al de fotos procedentes de película tradicional; cualquiera que conozca la dinámica propia de ambos métodos entenderá que, dejando a un lado los viajes, he dedicado bastante más tiempo a las cámaras de antaño y a la película fotoquímica que los circuitos electrónicos que codifican las archivos binarios de las cámaras digitales. Y es que me lo paso mejor. Cierto es que este año vino marcado por mi decisión de que durante los meses de confinamiento, mis únicas cámaras, que me acompañaban todos los días de casa al trabajo y regreso, llevarían películas fotográfica.
Vamos por meses… 12 meses, 24 fotos en blanco y negro, en color o usando algún proceso alternativo, que muestran la variedad de este medio. Más rico creativamente que el digital. Aunque la calidad de una foto es indiferente, depende de otros factores.
01 – Enero marcó una tendencia. La llegada de mi Olympus Pen F supuso una reactivación de mi afición por el medio formato (que no el formato medio) y la histórica Canon EOS 650 se empezaba a confirmar como mi cámara preferida para pasear con película en color.
02 – Febrero conoció los dos extremos. Los pequeños negativos de 17 x 24 mm de la Pen F y los grandes negativos de la Holga Pinhole de 6 x 12 cm. Estos, por primera vez en mi experiencia, en color. Con buenos resultados.
03- Marzo, poco antes del confinamiento, iba a ser el mes donde experimentara con las sensibilidades altas. Como la Ilford FP4 Plus 125 en la Pentax MX, expuesta a IE 400 para aumentar el contraste, o el rendimiento de la Fujifilm Natura 1600, una película que es una pena que no se encuentre con facilidad, que puede estar incluso descatalogada.
04 – Abril probablemente fue el peor mes del año, con buena parte del mundo confinada. Dejando aparte mis fotos cotidianas en blanco y negro, comenzó mi experimentación con las cianotipias, con origen en fotografías tanto de película como digitales.Es una pena que entre octubre y marzo no tenga sol directo sobre mi balcón, porque tengo que concentrar la práctica de esta técnica en el resto del año.
05 – En mayo comenzamos a recuperar poco a poco la libertad de movimientos. Y yo lo dediqué a reencontrarme con paisajes urbanos perdidos durante los dos meses anteriores.
06 – En junio volvía a reencontrarme con una de mis películas favoritas, la Fujifilm Neopan 100 Acros, en su segunda y nueva versión. Cara, pero creo que merecerá la pena usar algún rollo de vez en cuando. Superior a sus equivalentes de Ilford, que uso habitualmente. Pero también, con el calor y el sol radiante, volvía a la fotografía infrarroja, que me gusta mucho practicar.
07 – Julio, con sus días soleados y sol implacable, invita a la fotografía infrarroja. Usé mi último rollo de Rollei Superpan 200. Voy a abandonar las películas de Rollei, por la irregularidad de su calidad de fabricación. De vez en cuando me dan un disgusto. Pero también madrugué de vez en cuando para comprobar la calidad de la pequeña Olympus Pen EE3, arrinconada por culpa de su hermana mayor, la Pen F, para hacer fotografía en color.
08 – En agosto, más fotografía infrarroja. Incluso combinando esta técnica con la cianotipia.
09 – Septiembre fue un mes que dediqué a la fotografía digital en gran medida, por algunas novedades y recambios en mi parque de cámaras con esta tecnología. Pero también fue el mes en el que comprobé el rendimiento de la Olympus Pen F con película de ISO 400. Por el pequeño tamaño de sus negativos, el grano es mucho más aparente. Por eso suelo usar esta cámara con películas de ISO 50 a 125. Pero no quedaron mal…
10 – Cuando llega octubre, me apetece más fotografiar en color, como con la EOS 650 y un rollo de Kodak Portra 160. Pero también marcó la llegada de nuevo a mi actividad fotográfica de la fotografía instantánea. Pero dejando las irregularidades y la falta de fiabilidad de las Polaroid actuales, y adoptando el formato «square» de Fujifilm Instax.
11 – Más color de otoño en el mes de noviembre, con la Kodak Ektar 100 en la EOS 650 para fotografiar los ginkgos que encontré en el arbolado urbano de Zaragoza. Y también disfrutando con la versión monocroma de la Instax Square.
12 – Diciembre siempre está mal representado en estos resúmenes. Hago mucho color, pero no recibo los revelados hasta el mes de enero siguiente. Así que termino con los rollos de Fomapan 200 que tenía por casa, usados tanto con la Hasselblad 500CM para naturaleza muerta, como para pasear la ciudad con un filtro rojo en el frontal del objetivo de la fiel Fujifilm GS645S, mi cámara más usada en formato medio, por su ligereza y la calidad de su objetivo.
Como todos los años desde 2007, llega el momento de comenzar con el resumen del año. En aquel momento, era simplemente una entrada que publiqué el 31 de diciembre bajo el título «12 meses, 12 fotos». Y fue en 2012 cuando por primera vez extendí esa entrada a dos más; la dedicada a la fotografía con película tradicional y la dedicada a los viajes del año, grandes o pequeños. Y aquí estamos terminando este 2020,… que ha sido… bueno, que os voy a contar. Dejémoslo en «complejo».
En una entrada similar a esta hace un año anunciaba, mientras me preparaba a recordar los estupendos viajes de 2019, que ya teníamos billetes para un viaje a Extremo Oriente. Era a China. Viaje que nunca se pudo realizar… Ni otros que estaba previstos. Pero seamos positivos. Veamos lo que se ha podido viajar.
Excursiones, sólo o con amigos
No hay muchas, claro. Buena parte del año no nos han dejado salir de casa, de la ciudad o de la comunidad autónoma. Y eso que el principio de año iba bien…
Como venimos haciendo desde hace unos años, el día de mi cumpleaños me escapé en una excursión en el día, a pasar el día en contacto con la naturaleza y con algunos amigos. Este año fue a Galve, provincia de Teruel, al Parque natural del chopo cabecero del Alto Alfambra.
Y unos días más tarde, en febrero, hacíamos otra escapada con otro buen amigo, a los focinos del Alto Martín, cerca de Martín del Río, también en la provincia de Teruel, pasando la tarde en el bello paisaje en torno a Peñas Royas.
Pero desde marzo hasta bien entrado junio, ya no pudimos volver a salir por el mundo, salvo por motivos concretos y muy justificados.
Tuvo que ser en julio, con la excusa de la llegada del cometa C/2020 F3 (NEOWISE), cuando nos escapásemos una tarde hasta las primeras horas de la madrugada al embalse de la Sotonera en Tormos, con el fin de fotografiar el bello cometa. Después de esta excursión, ya no encontré ocasión para salir en excursiones cortas por el mundo. Desde el último tercio de octubre y hasta hace pocos días, hemos estado en confinamiento perimetral del municipio de Zaragoza. Menos mal que entre medias, pude viajar de verdad…
Viajes, grandes o pequeños
A finales de julio de este malhadado 2020, todavía no sabía dónde ir de vacaciones. Sabía que tenía dos períodos asignados, la segunda quincena de agosto y la segunda quincena de septiembre. Y bastantes días sueltos que podía agrupar como quisiese. Pero con la duda tremenda de dónde y cómo estaría permitido viajar en cada momento, si es que estaba permitido viajar.
A finales de agosto, reservando vuelos y alojamiento con sólo tres días de antelación, tras ciertas tribulaciones e inseguridades, me escapaba yo solo a pasar ocho días a la isla de la Palma en las islas Canarias. La isla no me acogió en sus mejores momentos, con incendios forestales, calor y cálidas. Pero esos días me supieron a gloria. Pude disfrutar de bellos y variados paisajes, pude caminar algo, disfrutar de la naturaleza y relajarme contemplando volcanes y puestas del sol junto al mar. Primeros días en meses en los que mi cabeza se permitía divagar en cuestiones distintas de las que nos han afectado a todos este año.
A finales de septiembre, con unas tribulaciones similares en la reserva de vuelos y alojamiento, nuevamente con inseguridades, me iba una semana a la bella ciudad portuguesa de Oporto. Pocas posibilidades había de viajar al extranjero en esos momentos, con España como uno de los países con incidencias de casos de covid-19 más altas en Europa. Portugal, que es donde recalé, Francia, que también sufrían sus incertidumbres, o casos como el de Islandia, donde podías ir, pero sólo entrar si dabas positivo en una PCR que te hacían al llegar y cuyo resultado te comunicaban en pocas horas. Oporto fue. Que estaba extraordinariamente tranquilo. Con bellas excursiones a Guimaraes y Aveiro. La nota negativa… que extravié la cámara digital, por lo que las principales fotos fueron hechas con película en blanco y negro, con una cámara de 1973. Pero están muy bien. Y qué bien comí… qué pescado más rico.
Conforme avanzaba el mes de octubre, me di cuenta de que sí quería aprovechar días sueltos de los que me quedaba, bastantes, para ir a algún sitio, tenía que ser cuanto antes. Había pensado en el entorno del puente de Todos los Santos. Pero la desafortunada gestión que del puente del Pilar hicieron las administraciones públicas y el conjunto de los ciudadanos en sus actividades privadas, mano a mano entre todos, nos llevaron a que siete días más tarde repuntase la epidemia en lo que ha sido una fea ola de actividad con malos datos durante todo noviembre. Viéndola venir, me preparé un viaje a Andalucía, Sevilla, Doñana y Cádiz, para unos días de la tercera semana de octubre. Pude salir de Zaragoza sólo unas horas antes de que entrase en vigor el confinamiento perimetral de la ciudad por culpa de la epidemia. Estando Andalucía en un situación mucho más aliviada, sin turistas apenas, pude disfrutar de lugares habitualmente masificados, con una tranquilidad insospechada unos meses antes. Claro… la gente que vive del turismo, en número excesivo en nuestro país, estaba que echaba las muelas. Pero cuando volvía al domingo siguiente… ya no pude volver a salir a ninguna lado. Ya veremos cuándo es la próxima escapada o viaje. Y dónde.
Mañana lo dedicaré a hablar en exclusiva de la fotografía con película tradicional.
No ando con mucho tiempo, así que seré breve. Y por el contenido, ya podrán suponer los habituales que mañana domingo no habrá recomendaciones fotográficas. Hablaré de otra cosa. Otras cosas que se me acumulan de cara al fin de año. Pero vamos con cosas fotográficas.
Como ayer comentaba en un pie de foto en una entrada dedicada al cine, el jueves por la mañana, aprovechando que no tenía urgencias sobre compras navideñas, me di una vuelta amplia caminando por la mañana, con mi cámara Instax y también una de mis cámaras digitales más recientes, pero armada de un viejo objetivo de los años 50. Y había sensación de paz en las calles de Zaragoza. La cuestión es que, mientras me iba entreteniendo haciendo algunas fotografías con el viejo y comunista Triotar de 50 mm de Meyer-Optik-Görlitz montado sobre la Canon EOS RP, me llegué hasta la plaza de San Felipe de Zaragoza. Allí, me tentó entrar a ver una exposición de dibujo en el Museo Pablo Gargallo, pero vi que en la sala de exposiciones del Torreón Fortea, de dependencia municipal, una exposición fotográfica con muchas montañas. De Eduardo Marco Miranda. Algunas cosas de la exposición me gustaron más que otras. Pero no estuvo mal.
Algunas fotos más hechas con el Triotar. En el JPEG que hice en blanco y negro, acompañante del archivo principal.
En los últimos días me ha llegado algún libro de fotografía.
En el pequeño librito Wildfire de Arnaud Teicher, el fotógrafo francés nos hace un interesante estudio fotográfico de la recuperación del territorio tras un gran incendio forestal.
Y metido en una caja de madera… echa con paneles de 4 mm, nada complicado, me vino el libro The taste of the wind de Carlos Alba. Una reflexión fotográfica sobre la llegada masiva de refugiados a Europa durante la segunda década del siglo XXI. Específicamente a Suecia, el país que más refugiados acoge por mil habitantes, y todavía más específicamente a Landskrona, que se lleva la palma como ciudad que acoge a más refugiados dentro del país escandinavo. Alba es madrileño, pero nos hace llegar sus trabajos desde Londres, aunque esta es una colaboración con el museo de Landskrona. Lo de la cajita de madera es muy original… pero es un rollo para poner el libro en la estantería. Y encima la firma del autor está en la caja… no en el libro.
Finalmente, en Lenscratch, como habréis podido ver los habituales de mis recomendaciones semanales, últimamente es frecuente que cada semana lo dedique a un tema, a un grupo de fotógrafos o a los fotógrafos de un país determinado. Esta semana le ha tocado a Noruega. A falta de lo que publiquen mañana domingo, esto es lo que llevan en esta semana.
Desde hace un tiempo, cada mes suelo llevar alguna cámara para película tradicional en la mochila con un rollo de película en color, independientemente de que siga haciendo fotos en blanco y negro. En el mes de noviembre de 2020, la cámara que me acompañó en mis idas y venidas por la ciudad fue la Canon EOS 650, le puse el pequeño panqueque EF 40/2,8, y como material sensible, tenía que ser la Kodak Ektar 100.
Los detalles técnicos, en los que no hay mucho que contar, los encontraréis en En noviembre fue la Canon EOS 650 con un 40 mm y un rollo de Kodak Ektar 100. Para los demás os dejo algunas fotos de un mes de noviembre que, climatológicamente, fue muy agradable. Aunque… que los meses de noviembre sean agradables en Zaragoza no es muy halagüeño sobre la evolución del clima…
Hoy hubiese querido comentar algunos libros de fotografía que he recibido recientemente, pero no me da tiempo. A cambio… He estado probando un viejo objetivo con cincuenta años encima con una cámara digital reciente. Con resultados dispares. Algunos buenos y algunos no tan buenos. Los detalles técnicos están en Una nueva oportunidad para las ópticas M42 en la Canon EOS RP – Asahi Optical Takumar SMC 35/2.
Tres «series» de fotos… en la niebla ayer… pasadas a blanco y negro, porque el color no aportaba nada…
Algunas fotografías tomadas al vuelo por las calles mientras me dirigía al Museo de Zaragoza…
Y algunas en la recientemente reabierta sección de arqueología de la época romana en Zaragoza.
Nunca había usado la Zeiss Ikon Ikonta 521/16, un recuerdo que me traje de Londres en 2012, con película negativa en color. No está muy recomendado. Pero hay que «transgredir» los «dogmas» fotográficos de vez en cuando y ver a ver que pasa. Pero es divertido pasear con estas cámaras. Es entretenido, la gente se te queda mirando, alguno te pregunta… Está bien.
Mientras estoy a punto de acabar estas minivacaciones de principios de diciembre que he disfrutado, a dos semanas de la semana de minivacaciones de Navidad, más dedicado a los asuntos domésticos que al ocio, sorprendido por el hecho de que desde hace un mes y medio la afluencia de visitantes a este Cuaderno de ruta se multiplicado por más de dos, sin saber muy bien porqué, y con ganas de salir a dar un amplio paseo, quizá haciendo algunas fotos, para esta tarde terminar de maquetar mi libro de fotos de Andalucía, os voy a dejar algunas recomendaciones fotográficas, por si en vuestra ciudad o pueblo no hace un día agradable para salir al aire libre. Cosa que de momento, aquí en Zaragoza, si sucede.
Hablando de fotógrafos portugueses, justo es que desempolve algunas de mis más recientes fotografías en el país luso. Algunas de las que quedaron… claro,… tras extraviar una de mis cámaras.
Desde hace un tiempo, Lenscratch dedica sus páginas cada semana a un tema. Y esta semana han sido los fotógrafos contemporáneos, especialmente los emergente, de nuestro país vecino, Portugal. Quien siga estas páginas sabrá que este año, en septiembre, disfruté de unos días de vacaciones en Oporto y alrededores. Llevaba 11 años sin visitar el país luso, desde septiembre 2009 en Lisboa (y alrededores, también). El caso es que a mí… Portugal me gusta mucho. Y una cosa que cada vez me sorprende más es que, a pesar de esa mala costumbre de muchos de mis compatriotas de mirar un poco por debajo del hombro a nuestros vecinos, tengo la sensación de que conviven mejor entre sí, con menos acritud, y que poco a poco van adquiriendo niveles culturales muy interesantes. A veces más interesantes que en España.
Con estos datos, no voy a comentar cada fotógrafo o fotógrafa por separado porque no ando bien de tiempo, os voy a sugerir que visitéis las páginas de Lenscratch de esta semana que está terminando. No sé si hoy domingo habrá también un fotógrafo portugués más en la lista, pero de momento son…
Creo que comparandolos entre sí encontraréis comunalidades claras dentro de las diferencias y las distintas personalidades de cada uno.
Henri-Cartier no es un reloj tiene un canal de Youtube además de su interesantísimo blog fotográfico. Un canal que se central especialmente en el comentario de libros de fotografía. Y uno de los presentados más recientemente es Stranger de Olivia Arthur, actual presidenta de Magnum Photos, y una de las más interesantes fotógrafas documentales británicas del momento. Quizá uno de sus trabajos más personales. A mí me gustó mucho cuando participó en PHotoEspaña en un trabajo colectivo siguiendo las rutas de Inge Morath por el Danubio. Os dejo el vídeo.
Hace unos días se conmemoró, no se «celebró», el 40º aniversario de la muerte asesinado de John Lennon. 40 años ya… Tenía 40 años cuando murió… hoy tendría 80 años. Se han publicado muchas fotos en estos días recordándolo. Pero a mí me ha gustado la que publicaron en The Online Photographer, realizada por Lilo Raymond. Un retrato íntimo de Lennon y su esposa, Yoko Ono, compartiendo una comida. Sencillo. Pero convincente. Muchos fans de The Beatles odian a Ono. Lo que demuestra que son una panda de garrulos ignorantes, puesto que esta artista tenía una trayectoria y un nombre propio en el arte contemporáneo cuando se junto con el músico. Pero ya sabemos lo del sexismo… por muy «progre» que uno se crea.
Por cierto, ¿alguien recuerda como yo a Tierno Galván, alcalde de Madrid, inaugurando un paso dedicado al cantante, al que denominaba constantemente John Lennox? El profesor no estaba muy al tanto de la música popular…
Finalmente, un artículo que me ha hecho gracia. Cuando Fujifilm lanzó al mercado su X100V, hace unos meses, uno de los «embajadores» de la marca con los que grabaron un video usando la cámara fue el japonés Tatsuo Suzuki. Pero lo retiraron por las protestas de los youtubevidentes, que no les gustó el estilo de Suzuki de hacer fotografía documental en las calles de Tokio. No es que fuera una novedad. Y hasta prestigiosos fotógrafos de Magnum Photos son más agresivos con estilos similares. A Suzuki todo el trajo al pairo, siguió a lo suyo, y ahora podemos ver cómo tranquilamente sus nuevos libros son presentados, comentados y, frecuentemente, alabados en páginas especializadas. Pasado el barullo, la vida sigue. Realmente, las redes sociales en internet son mucho menos importantes de lo que creemos. Deberíamos resituarnos en nuestra forma de relacionarnos con nuestro semejantes, por difícil que sea en tiempo de pandemia.
Los detalles de estas fotos están en Iluminando sencillas naturalezas muertas con paneles LED – Hasselblad 500CM + Fomapan 200 Creative. Porque esta es una serie de fotos de prueba. El sábado pasado por la tarde, estuve comprobando las capacidades de los paneles con diodos LED para iluminar bodegones y naturalezas muertas. Nada especial, pero os dejo algunas fotos, muy sencillas, que de ahí salieron.
Hoy estaba convencido de que tendría tiempo de sobra para subir esta entrada de recomendaciones fotográficas y muchas otras cosas más. Pero he empezado un curso sobre un asunto de interés en mi trabajo y de poco interés aquí, que me ha tenido entretenido más tiempo del que pensaba. En fin… iré un poco rápido.
Primer domingo de mes, museos municipales gratuitos en Zaragoza, nos hemos paseado por un par de ellos. Aquí, fotos del Museo Pablo Gargallo. Blanco y negro directo de cámara digital, sin tratamiento posterior.
Hace unos días se conmemoró el día internacional contra la violencia de género (por favor, no digáis «se celebró el día» porque hay poco que celebrar en estos temas). Y en Cartier-Bresson no es un reloj lo hicieron trayéndonos a la memoria una de las más célebres fotografías de Nan Goldin, en la que la propia fotógrafa es víctima del maltrato. Corresponde al seminal trabajo The Ballad of Sexual Dependency.
En The Picture Show de la NPR nos hablaron de las fotografías de Mary Ellen Mark. Siempre una de mis favoritas. Y no sólo porque frecuentemente nos llevase y acompañándose al mundo del cine y a sus figuras más notables. No sólo por eso. Una de las fotógrafas imprescindibles del siglo XX.
Siempre se discute cuáles son los límites de lo que debe mostrar la fotografía documental, la fotografía de reportaje. En Albedo Media lo discuten sobre la base de una fotografía estéticamente bella en el horror que transmite. El fotógrafo Enrique Metinides retrato a la periodista Adela Legarreta después de haber fallecido atropellada en Ciudad de Méjico. Es una fotografía impresionante, casi irreal.
Los movimientos culturales o subculturales de la juventud siempre han atraído a muchos fotógrafos. Véase por ejemplo la obra de Miguel Trillo en España, que ya he comentado en estas páginas. En AnOther Magazine mostraron recientemente un trabajo similar de los años 50 del siglo XX, del fotógrafo Ken Russell (aunque es más conocido como cineasta), que enfocó su objetivo sobre las Teddy Girls londinenses de aquella época de la posguerra británica. Lo original es que se fijó en las «girls» y no en los «boys» como el resto del personal.
Me han parecido de lo más interesantes las fotografías del intercambio entre la fotógrafa Carissa Dorson (otra artista que le da más al vídeo/cine que a la foto fija) y su padre. Dorson siempre sintió que no había tenido mucha comunicación con su padre. Y viviendo alejados, uno en cada costa de los Estados Unidos, parecía difícil de remediar. Así que le propuso un intercambio fotográfico. Uno hacía una foto, y el otro le contestaba con otra relacionada… y así siguiendo la cadena. La cuestión es que le ha dado para un libro y, sobre todo, para experiencia creativa y comunicativa. Lo han contado en Lenscratch.
Con la película fotográfica, si la guardas convenientemente en nevera o congelador, que se pase la fecha de caducidad un tiempo no supone mayor problema. Como el rollo que usé en esta tarde de noviembre, soleada, aunque fresquita, por los caminos de Miraflores y de Enmedio, en las afueras de Zaragoza entre San José y Montemolín.
En las últimas semanas me han llegado varias publicaciones para añadir a mi biblioteca fotográfica, así que las recomendaciones fotográficas de esta semana tendrán forma de libros… o cuadernos… o postales. Ahora os cuento.
A través de la página Photography of China, conocí la actividad como coleccionista de fotografía de esa nacionalidad de Thomas Sauvin, con su colección Beijin Silvermine, que sufraga con la comercialización en forma de libro u otros productos de lo más granado de su colección. Son productos de calidad… y por lo tanto caros. Y en su mayor parte es fotografía de la que llaman ahora vernácula. Es decir, fotos tomadas de la vida cotidiana con un fin distintos del de los tradicionales fotógrafos documentales o artistas. Puede ser las fotos de una abuela a sus nietos, de un médico a sus pacientes, las fotos de la NASA al universo, o las que sistematizan los «logros» del Partido Comunista Chino… por poner algunos ejemplos. De los productos más asequibles que tiene, están los desplegables de postales de la serie SIX, de los que hay publicados tres números, de los que he adquirido ejemplares.
Recibí recientemente mi libro de fotos del viaje a Oporto en septiembre. Y ahora estoy trabajando en el de Andalucía de octubre. En el que entrarán algunas fotografías de una tarde entre el Parque de María Luisa y la isla de la Cartuja.
El Six 01 es How I felt in love with my phisioterapist, y son una serie de fotos documentales de una modelo en mallas de gimnasia rojo comunista, con su fisioterapeuta, demostrando distintas técnicas de trabajo sobre articulaciones. Resultan hipnóticas. Realizadas en Pekín en agosto de 1988.
El Six 02 es Soldiers, en la que la serie de postales, una vez desplegadas, constituyen una única imagen de una multitud de jóvenes de ambos sexos, aunque predominan los hombres, en uniforme, posando para una foto colectiva. Dentro de la aparente uniformidad y despersonalización de la situación, sorprende comprobar cómo cada individuo tiene una expresión propia, singular. Unos sonríen, otros están serios, otros… simplemente aburridos. Realizada abril de 1950, poco después del final de la guerra civil china, no dice dónde.
El Six 03 es Space Beauties Calendar, y es la más divertida. Especialmente, porque es muy kitsch. U hortera, que diríamos en estos lares. Un conjunto de postales con modelos femeninas con unos vestidos pretendidamente futuristas, delante de unos fondos con planetas, estrellas y naves espaciales, todo muy colorido y chillón. Heroínas espaciales, de clara inspiración en las películas de aventuras espaciales, pero con un estilo… indefinible. Fechadas en Pekín en 1992.
El número 013, está firmado por Andy Feltham (instagram), con el título Picture of Health. En él, el autor recorre los pasillos y salas abandonados de un hospital del National Health Service NHS inglés. Otrora «joya» de la corona del estado del bienestar británico, hoy en dia decadente por las políticas liberales que comenzaron ya en los años ochenta con Thatcher, y que no han parado ningún gobierno de ningún signo desde entonces.
El número 014 lo firma Frances Scott (instagram), y lleva el austero título de A9. Con fotografías en blanco y negro, la autora recorre la carretera más larga de Escocia, desde las Tierras Bajas hasta la costa norte escocesa. Unen las raíces de su madre en el sur de Escocia con las de su padre en el norte. Sumado a que la fotógrafa se afincó en un momento dado en las Orcadas hasta que ya independiente y adulta volvió al sur.
El número 015 es del fotógrafo Emile Holba, que presenta su trabajo Arktisk Grenseland. Fascinado por la esa zona del Ártico que es conocida como mar de Barents, lugar de encuentro nórdico entre Occidente y Rusia. Finalmente, su trabajo se centró en la península de Varenger, en el norte noruego, lejos de las rutas turísticas, escasamente poblado, próximo a las fronteras con Finlandia y Rusia, y al mismo tiempo, extrañamente tranquilo, pacífico y equilibrado.
En otro orden de cosas, encontré una referencia reciente a una colaboración entre el alemán Jürgen Teller y el japonés Nobuyoshi Araki. Ambos fotógrafos son amigos y se admiran mutuamente. Esta colaboración desembocó en una exposición y un libro, Leben und Tod 死生, vida y muerte, publicado por Steidl. Las fotografías de Teller están realizadas en su hogar familiar en Alemania, durante un invierno en el que murió un tío suyo, ya anciano, con quien estuvo muy unido, y que también sirvió para volver a conectar con su madre. También incluye elementos de su viaje por Bután, donde se sorprendió por la imaginería asociada a los ciclos vitales. Araki, por su parte, le pidió que le prestase objetos de su infancia y vida familiar, y con ellos, y sumados a sus propios fetiches, construye unas peculiares naturalezas muertas, que se intercalan entre las fotos de Teller. Un trabajo muy intimista, muy simbólico, para degustar muy despacio si se le quiere coger el tranquillo.
Finalmente, la edición blanca, más económica, del libro publicado por Eyeshot, Shin Noguchi in color in Japan. Hace tiempo que soy seguidor en instagram del fotógrafo japonés Shin Noguchi. Radicado entre Kamakura y Tokio, Noguchi hace una fotografía documental en la calle llena de humanismo y buen humor, con una gran dominio del color más natural. Particularmente cercano y empático resulta cuando se acerca al mundo de los niños, a quienes sabe mirar como adulto que no ha perdido ciertas virtudes de la mirada infantil. Perfectamente presentado, con fotografías que dialogan entre sí en páginas enfrentadas, y con dobles páginas para aquellas con valores estéticos más potentes, es un libro para hojear una y otra vez. Y también para soñar que pronto podamos volver a viajar y a visitar aquellas tierras que tan buenos momentos nos han deparado a alguno.