[Cine] The Thursday Murder Club (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. La acción de la novela/película transcurre en la ciudad ficticia de Fairhaven, en el condado de Kent, Inglaterra. Obviamente, uno no puede visitar un lugar ficticio, pero Canterbury también está en el condado de Kent, como su propio nombre indica.

The Thursday Murder Club (2025; 38/20250828)

Recupero el comentario de la película que me salté hace unos días, una película de reciente estreno en Netflix, que adapta una famosa novela de este género que se ha puesto de moda y se ha dado en llamar «cozy crime» o «cozy mistery». Novelas detectivescas o policiacas que se caracterizan por un tono ligero, amable, con un tono de comedia, con protagonistas simpáticos, muchas veces no profesionales de la acción detectivesca. En realidad, es un género que tiene ya sus años, pero que parece que ha revivido últimamente. Incluso yo he leído la novela, tras la recomendación de una compañera de trabajo. Aunque la novela me entretuvo, no hubiera pensado yo que me fuese a interesar especialmente la película, porque tampoco es que acabara entusiasmado con la lectura. Simplemente, una lectura intrascendente y amable. Así que cuando me enteré que con Chris Columbus como director nos llegaba esta película…

… a pesar de que Columbus no me entusiasma, el reparto me parecía excepcional. Me parecía muy difícil que este grupo de veteranísimos intérpretes, la mayor parte de ellos británicos, no sacasen adelante la película. La trama… pues ya la comenté en su momento, cuando la novela. En una residencia para personas mayores de absoluto lujo en algún lugar del sur de Inglaterra, se comete un crimen, al mismo tiempo que los especuladores inmobiliarios amenazan con cargarse la residencia. Pero allí está el Club del Crimen de los Jueves (Helen Mirren, Pierce Brosnan, Ben Kingsley, Celia Imrie), dispuesto a resolver un crimen actual y no ha entretenerse con viejos casos sin resolver. Lo harán cola colaboración de una joven agente de policía (Naomi Ackie), poco valorada por sus jefes. Y enfrente tendrán a malvados como Tom Ellis o David Tennant. Y otros secundarios de ringo rango como Jonathan Pryce.

No perderé mucho tiempo en comentar una película que se defiende sola gracias al reparto, lleno de desparpajo, simpatía y oficio, en el que destaca especialmente Mirren, como de costumbre, pero sin desmerecer ni un pelo a cualquier de los demás. Columbus se limita a tirar de oficio para hacer una realización razonablemente adecuada para que el elenco se luzca, al mismo tiempo que, probablemente, se lo pasa de miedo con este trabajo, y el público se entretenga con espectáculo amable y palomitero. Ideal para familias que cenan en casa el fin de semana, piden comida a domicilio para no trabajar demasiado y se entretienen con ella.

¿Es recomendable? Sí, por qué no. Creo que ya lo he dejado claro. Esta no va a ser una película que opte a los Oscar ni nada por el estilo. No tiene mayores pretensiones. Al fin y al cabo, ese es el tipo de cine que ha hecho Columbus a lo largo de su carrera. Y si encima hay un buen trabajo actoral, y cuando termina te deja de buen humor, ¿qué más quieres pedir? Pues eso. Ahora bien, dentro de un tiempo no será más que un ligero recuerdo agradable… salvo que decidan que hay material para segundas partes y vuelvan por sus fueros. Pero, ¿es necesarios? Ya no lo tengo tan claro. Y me voy a tener que poner las pilas, porque aun tengo dos estrenos vistos pendientes de comentario… Tendré que seguir con dos entradas cinematográficas a la semana, en una segunda quincena de septiembre en la que probablemente me falte el tiempo para muchas cosas.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[Cine] Blue Sun Palace (2024)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Chinatown en Manhattan. Aunque creo que la acción de la película transcurre en Queens. Pero todo es Nueva York.

Blue Sun Palace (2025; 39/20250903)

Sinceramente, hoy no tocaba esta película. Pero como había preparado ya las fotografías de ilustración apropiadas para ella, pues ya volveré otro día a la que me he saltado. Así que nos vamos de la mano de la directora Constance Tsang, debutando en su primer largometraje, a los reales del cine independiente norteamericano, más independiente imposible, que ni siquiera sabe a cine norteamericano. Aunque llegó a la cartelera con muy pocas alharacas, lo cierto es que la crítica había vertido muchos elogios sobre esta película, lo que nos motivó a ir a verla.

Tsang nos sitúa durante la mayor parte de las casi dos horas que dura la película en un salón de masaje en algún lugar de Nueva York. Como ya he dicho, creo que en Queens. Allí trabajan Didi (Xu Haipeng) y Amy (Wu Kexi), dos inmigrantes chinas de Taiwán, que salen adelante lo mejor que pueden. Didi ha empezado una aventura con Cheung (Lee Kangsheng), un cliente habitual del salón. Aventura le llamo, porque nos enteraremos de que está casado y tiene algún hijo. Pero un día, una tragedia ocurre. Alguien morirá, y los supervivientes tendrán que salir adelante, encontrar apoyo, si ello es posible los unos en los otros, y encontrar su camino en una ciudad en la que no dejan de ser gente desarraigada.

Tsang nos invita a entrar en el mundo de los inmigrantes chinos, taiwaneses, en Estados Unidos. Un mundo marcado por el desarraigo, por la necesidad de ganar el dinero que se pueda, pero gastar lo mínimo, para poder enviar remesas a casa, a las familias que se han quedado en la isla en el otro extremo del mundo. Un mundo en el que cada cual encuentra afecto donde buenamente puede. Cualquier contacto humano parece bueno, en una situación de profunda alienación. También nos introduce en el mundo del duelo cuando estás lejos de quienes pueden ayudarte a superarlo. Y también en la fina finísima línea que separa a la persona de un degradación total. Pero no es una película pesimista. También se plantean oportunidades que pueden ayudarte a salir adelante. Pero tienes que encontrarlas. Y para encontrarlas, tendrás que buscarlas. Y para buscarlas, abandonar los lugares aparentemente seguros, sólo aparentemente, para buscar auténticos refugios en otro lado. También nos muestra el lado alienante de la gran ciudad, especialmente ante el extraño.

La puesta en escena y la cuidada dirección, encuadres, secuencias, luces y sombras, son de primer nivel a pesar de ser una película realizada con un evidentemente limitado presupuesto. Pero Tsang se maneja con una maestría que podría ser propia de directores más experimentados. O tal vez es la propia del director novel que tira de creatividad y desparpajo para sacar adelante su trabajo, muy meritorio. Pero sobretodo cuenta con la complicidad de un reparto en estado de gracia. Por lo que he averiguado, Wu Kexi, que interpreta el personaje principal, no es principal una novata en la interpretación, y en su país cuenta con prestigio y respeto. Y desde luego desprende oficio a raudales, dotando a Amy de una sensibilidad y una profundidad que cada vez es más difícil encontrar en las películas de cine. Sin que este comentario suponga desmerecer al resto del elenco.

Muy recomendable. Aunque probablemente no atraerá a los devoradores de palomitas, de acción pirotécnica a cascaporrillo y otras tontás del cine actual más comercial. Es lo que hay. Sin embargo, es de lo mejor que he visto este año en las salas de cine, una película que crece en la memoria, se va haciendo más significativa poco a poco.

Valoración

Dirección: ****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ****

[Cine] The Return (2024)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Grecia es una de mis asignaturas pendientes viajeras. A cambio, os muestro el Valle de los Templos de Agrigento, isla de Sicilia, la Magna Grecia en tierras italianas.

The return (2025; 37/20250827)

En plena anemia cinematográfica del mes de agosto, apenas aliviada por algún hallazgo inesperado en la cartelera, nos encontramos con una curiosidad. Uberto Pasollini nos cuenta en poco menos de dos horas el regreso de Ulises (Ralph Fiennes), u Odiseo, como lo queráis llamar, a Ítaca, la isla de la que partió veinte años antes para luchar en la guerra de Troya. Y como la maldición le avisó, si partía a la guerra le sería difícil regresar a su hogar, si pasó diez años guerreando, pasó también diez años intentando volver a su esposa Penélope (Juliette Binoche), y a su hijo Telémaco (Charlie Plummer).

El final de la Odisea, tal y contó Homero, es conocido por todo aquel que se hay desasnado un poco a lo largo de su vida. Arruinado, náufrago, habiendo perdido a todos sus compañeros de aventura, Ulises llega a las costas de Ítaca sin que nadie lo reconozca. Mientras Penélope, fiel al marido, y aunque tal vez, probablemente, no lo merezca, se ha mantenido fiel a Ulises, y ha mantenido a raya a los pretendientes que quieren casarse con la que suponen viuda, y así hacerse con el reino y el poder en la pequeña isla griega. Ella ha prometido decidirse por uno de los pretendientes cuando termine de tejer la prenda en la que se afana durante el día. Y que desteje por las noches para nunca acabar su tarea. Ulises deberá recuperar su posición… pero se lo habrá de ganar, cuando todo el mundo lo toma por un pordiosero.

La película me parece interesante, digna de mención y bastante recomendable por diversos puntos de vista. Especialmente cuando está anunciada otra versión de la Odisea, que promete probablemente más espectáculo que reflexión, como sucede en esta. Pero habrá que darle un voto de confianza que viene avalada por director de prestigio. Se cree que el poema épico fue compuesto por quien fuera Homero en algún momento del siglo VIII antes de la era común en la costa occidental de Asia Menor. Pero se inspira en acontecimiento anteriores, puesto que Troya, la histórica, podría haber estado en guerra con los pueblos prehelénicos en algún momento de los siglos XIII al XII antes de la era común. Quizá un reflejo de los enfrentamientos entre los micénicos y los hititas. Aunque no existe acuerdo en identificar a Troya como una ciudad hitita. En cualquier caso, aunque Micenas alcanzó un desarrollo como civilización relativamente notable, aunque se derrumbó con la crisis del Mediterráneo oriental que se suele señalar con la aparición de los llamados Pueblos del Mar. En cualquier caso, su periferia, y más una pequeña como cualquiera de las que se presupone puede ser la Ítaca de Homero, sería poco más que el señorío de un caudillo sobre una población de características agrarias. Muy lejos de la magnificencia de los palacios y los ejércitos con los que se suelen representar tradicionalmente estas obras, más propias de la Hélade clásica, o aun de la época de Alejandro Magno o Roma. Passolini es fiel a ese ambiente que debería reinar en la época del conflicto que inspiró la Ilíada.

Y en este ambiente de una isla agrícola y ganadera, de reyes que son cacique locales, se desarrolla el drama en la que los protagonistas se preguntan y se cuestionan a sí mismo sobre cuestiones fundamentales de lo que ha sido su vida. Ulises y Penélope ya no son jóvenes, rondan los sesenta años, veinte años hace que no se ven. La una es fiel, pero no deja de reprochar al marido y amante su abandono para la conquista de la fama, fortuna y féminas que tradicionalmente han sido los objetivos de los hombres a lo largo de la historia. Y Ulises así mismo se pregunta que sentido ha tenido toda su peripecia, que tiene que no tuviera ya y que también puede haber perdido. Qué derecho tiene a reclamar lo que fue suyo, que puede estar en la ruina por su ausencia. Todo ello con las magníficas interpretaciones de unos protagonistas, y también secundarios, que muestran un oficio a raudales y que constituyen el principal aliciente de la obra.

Recuerdo que hace unos años di en leer un libro firmado por Margaret Atwood, la de la críada, en la que se revisaba también de forma muy interesante el mito, el final de aquella aventura fundamentalmente testosterónica, muy masculina, pero desde el punto de vista de la mujer que, como de costumbre, es la que acaba sufriendo en vida las consecuencias de las guerras que tanto gustan a los machos de la especie humana. Una reflexión interesante, a la que no le faltaba humor, contada por una Penélope ya fallecida, residente del Hades, acompañada por su hermana, Helena, la que montó el pifostio de la Troya legendaria, sobre el que se podría hablar mucho también, releyendo el texto de Homero desde una perspectiva más actual, en la que tantos señores de la guerra siguen envenenando la faz de la tierra. Reinterpretaciones y nuevas versiones, nuevas formas de acercarse a los mitos, que nos permiten releerlos de otra forma, y darles más contenido, y más valor, de acuerdo a lo que es nuestra sociedad moderna.

Valoración

Dirección: ****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[Cine] Materialists (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Conseguí una de mis cámaras de formato medio más queridas en Nueva York en 2013. Y esa tarde la estrené con dos rollo de película en blanco y negro en el entorno del puente de Brooklyn. Un éxito.

Materialists (2025; 36/20250820)

Cuando leímos unas críticas estupendas sobre esta película dirigida por Celine Song, una de cuyas películas tanto nos gustó hace no muchos años, y teniendo en cuenta que tenía un reparto (relativamente) prometedor, y con unos horarios decentes para la sesión en versión original, no hubo duda. Había que verla. Las expectativas eran altas, por el buen trabajo de la directora en la película cuya reseña he enlazado. Por lo tanto, había cierto riesgo de quedar defraudados. Ahora os lo cuento.

Lucy (Dakota Johnson), la protagonista, es la casamentera estrella de la delegación en Nueva York de una empresa dedicada a emparejar gente con vistas a un matrimonio. Una casamentera, una agencia, que ve el matrimonio como un negocio a largo plazo entre dos personas que aportan un valor semejante al mismo. Un valor que se puede medir de forma efectiva en términos de edad, físico, estudios, nivel cultural, ingresos anuales, y una serie de parámetros bien definidos. Lucy tiene en su haber una relación rota con un aspirante a actor (Chris Evans) cuyo valor en este negocio tiende a cero. Y comienza una relación con un hombre (Pedro Pascal), el hermano de un cliente, cuyo valor tiende a ser de 100 sobre 100. Pero las cosas no salen como parecen. Y una mala experiencia de una de sus clientas más próximas (Zoe Winters) le hará empezar a plantearse muchas cosas. Sobre su negocio. Pero también sobre sus relaciones, teniendo que tanto el 100 sobre 100 como el cuasi cero siguen presentes en su vida.

La película tiene varias cosas a su favor. La factura de la misma, la realización a cargo de Song es impecable; tiene un estilo sobrio pero preciso y elegante, como ya demostró de sobra hace dos años, aunque esta película es más ligera, no tiene la profundidad de aquella. Otro punto a favor es la interpretación de sus protagonistas y secundarios. Incluso Johnson que hasta el momento no me había dicho nada, con películas infames y otras pasables, creo que es una actriz mucho más madura e interesante. Pero el conjunto está muy bien. Y luego está el propio planteamiento de la historia, que no deja de ser subversión del concepto de comedia romántica. Porque hay no poco de ironía e sátira encubierta en esta historia de relaciones materialistas, y romances submarinos. La crítica palmaria, que empieza por la declaración de principios que es el propio título de la película al definir el tipo de gente con el que nos vamos a encontrar, a lo superfluo, a la cultura de lo material, a los sentimientos como algo secundario que surge como consecuencia del interés personal convertido en interés común. El amor y la relación como negocio a largo plazo, inversión de por vida. Conocemos los éxitos de la agencia, pero no se nos habla de los fracasos a ese medio o largo plazo… por cierto.

Salimos del cine encantados. Las casi dos horas se nos pasaron en un vuelo, nos parecieron menos. Un estupendo entretenimiento que no deja de lanzar su mensaje, claro y concreto. Sin entrar tampoco en ponerse excesivamente trascendente. Ahora bien,… como podréis comprobar, la fecha de visualización está el subencabezado (en el que está el título de la película, el año de estreno, el número de orden dentro del 2025 (o el año que sea) y la fecha de visualización en formato AAAAMMDD) es de hace una semana casi. Nunca comento las películas que veo de inmediato. Las dejo reposar. Y me he dado cuenta que seis días más tarde, tan apenas he pensado en ella. No me ha dejado una huella fuerte. Está bien, entretiene mucho, es bastante recomendable… pero ya está. A otra cosa mariposa. No hay mucho más de lo que hablar. Nota aparte… Pedro Pascal… últimamente… ¿está en todas parte o me lo parece a mí?

Valoración

Dirección: ****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[Cine] On swift horses (2024)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. La película transcurre, en su mayor parte en la californiana ciudad de San Diego… donde no he estado. Nos conformaremos con Sausalito, también en California, para ilustrar la entrada.

On swift horses (2024; 35/20250813)

Seguimos en un verano con una pobre cartelera cinematográfica en Zaragoza, con especial sufrimiento para las versiones originales, no dobladas, no adulteradas, salvo que te gusten el cine de superhéroes o el terror moderno. Mala suerte para mí, que no soporto el cine adulterado, no soporto a los superhéroes, y el terror contemporáneo… bueno… hay excepciones, muy honrosas e interesantes… pero me cuesta. He visto tanta basurilla en ese género a lo largo de las décadas… Y me fio tan poco del criterio de los modernos críticos con referentes limitados a las últimas décadas… Pero en un momento dado pensamos que esta película dirigida por Daniel Minahan e interpretada por actores y actrices al alza podría ser interesante.

Está basada en una novela de una tal Shannon Pufahl, publicada en 2019, y que debió tener cierto éxito de ventas. Yo no había oído hablar de la autora, que ni siquiera tiene página en la Wikipedia en inglés. La historia nos lleva a los primeros años de la década de los cincuenta, a las vidas de los hermanos Julius (Jacob Elordi) y Lee (Will Poulter), y de la joven esposa de este último, Muriel (Daisy Edgar-Jones). Ambos han servido en la guerra de Corea, y una vez licenciados deciden mudarse a iniciar una nueva vida, a ser posible más prospera, en California, dejando su Kansas natal, donde Muriel tiene una casa heredada de su madre recientemente fallecida. Pero Julius no llegará a San Diego, se detendrá en Las Vegas. Muriel empezará una vida doble, en la que será una jugadora de apuestas hípicas, gracias a la información privilegiada que consigue como camarera. Y ambos, que no dejan de sentir cierta atracción mutua, se sentirán atraídos por otras personas. Un joven mejicano (Diego Calva) en el caso de Julius, y la independiente vecina (Sasha Calle) de Lee y Muriel en el caso de esta última.

Había muchos elementos para hacer de esta historia una película interesante. Los años 50 del siglo XX en Estados Unidos son «muy cinematográficos». La estética de los atuendos, de los edificios y establecimientos, muchos de ellos se conservan, del estilismo de las personas, suele producir historias visualmente atractivas. Estilizadas y elegantes, incluso si los temas son crudos o sórdidos. Que no es exactamente el caso, aunque sus momentos tiene. Por otro lado, los temas son modernos. La expresión de la identidad personal y de las preferencias sexuales, alejada de los binomios en los que muchas veces se encuadra a las personas, no sólo por los miembros más conservadores y reaccionarios de la sociedad, también ocasionalmente por los más progresistas o miembros de los colectivos discriminados, es un tema compleja. No pocas veces las personas bisexuales se han quejado de que aunque la B de LGBTQ+ es poco apreciada dentro de estos colectivos. Y sin embargo, los sentimientos y las emociones son menos polares de lo que se nos representa. Hay matices, tiempos y lugares. Y eso es algo que explora la historia… pero que en la película, no sé qué pasa con la novela, no siempre funciona con la fluidez debida.

Ciertamente, la película es visualmente atractiva. Ya he mencionado que al ser película de época, esos años 50 son visualmente muy agradecidos. Las interpretaciones tienen buen tono, buen nivel. Los personajes protagonistas están convincentes, y los secundarios invitarían a un desarrollo más profundo de su trasfondo y de la relación que entablan con los principales. Desde ese punto de vista, hay un desequilibrio en la forma de presentar la relación de Julius con su amante jugador, y la de Muriel con su amante vecina. Esta última es más superficial, más bien hilvanada que cosida. Y al final… no tienes claro del todo hacia donde se dirige cada cual. O si realmente han avanzado lo que deberían haber avanzado después de la peripecia.

La película se deja ver. Si quieres pasar un rato en el cine, y las alternativas son las que hemos sufrido durante este verano, es una propuesta adecuada. Pero que sabe a poco. Una ocasión perdida para haber filmado una historia con un tanto más de pasión, de calor, menos aséptica en ocasiones… o quizá para haber desmembrado la historia en varias con más profundidad. ¿En una serie de televisión tal vez? No sé. Últimamente, incluso yo me siento confuso a la hora de expresar mis opiniones sobre el cine que veo.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[Cine] Reading Lolita in Tehran (2024)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. No he visitado Teherán y no es algo probable para los próximos lustros. Pero la protagonista de la historia, en la vida real, está afincada en EE. UU. así que nos daremos un paseo en el ferry de Staten Island.

Staten Island (2024; 34/20250730)

He de confesar que me resulta difícil comentar esta película «no iraní» del director israelí Eran Riklis. He de decir que cuando decidimos ir a ver la película fue bajo la información, suministrada por alguien del grupo, sin contrastar, de que se trataba de un director iraní. Pero no es así, la película es una coproducción italo-israelí… y si lo hubiéramos sabido antes, es muy probable que no hubiésemos ido. En estos momentos, no siento ningún afecto por el Estado de Israel por motivos que muchos imaginaran. Todos aquellos que tengan un mínimo de sensibilidad humana. En cualquier caso, adapta las memorias de la autora norteamericana de origen iraní Azar Nafisi, correspondiente a los años que vivió en su país de origen desde el final de la revolución islámica y hasta muy avanzada la década de los noventa.

Nafisi (Golshifteh Farahani) se mudó con su marido a Teherán en 1979. Da la impresión en la película que confiando en que el nuevo régimen surgido tras la revolución islámica derrocando a la monarquía iraní, traería algún tipo de bonanza para el pueblo iraní. Lo cual, incluso desde mi adolescencia que fue el momento en qué viví aquellas noticias, siendo una teocracia, me resulta difícil de digerir. El caso es que es contratada por una universidad de Teherán como profesora de literatura inglesa. Su método de trabajo es comentando lecturas propuestas a sus alumnos para que reflexionen sobre su contenido. Pero poco a poco irá sufriendo la situación a la que el régimen teocrático someterá a las mujeres. Por lo que al final, se limitará a reunir a un grupo de mujeres en su casa para seguir leyendo y comentando. Siempre libros en habla inglesa. Entre ellos Lolita, de Nabokov, y de ahí el título.

La película se deja ver con facilidad, las interpretaciones son razonablemente competentes, un reparto de intérpretes iraníes que viven en el extranjero, y la realización es funcional. Y por eso, de entrada, le di un aprobado, que mantengo. Pero he de reconocer que pronto empezaron a surgir las dudas sobre lo que había visto. El mensaje es muy fácil. Los teócratas, los fanáticos, son machistas y perversos. Como cualquier dictadura, no importa a qué dios adore. Eso ya lo intuía yo en mi adolescencia, cuando se produjo la revolución islámica en Irán, y no he cambiado de opinión. Mira tú lo que está pasando en lo que está pasando en Israel, un país que se pretende homogéneo étnica y religiosamente, para mayor ironía del asunto teniendo en cuenta lo que les pasó a los judíos en Europa entre 1933 y 1945, frente a un país que también se pretendía homogéneo étnica e ideológicamente. Da igual el dios… el resultado es similar. Así que… ¿por qué estaba allí esta mujer? ¿qué esperaba? Nada de eso se explica.

Las diversas injusticias que desfilan ante la pantalla, como las detenciones y ejecuciones arbitrarias, las torturas, el maltrato doméstico, todas ellas tratadas sin demasiada profundidad, como tópicos que toca mencionar en una película de este tipo, se presentan de forma superficial. Sin que conozcamos qué es lo que realmente lo que piensan las mujeres que las sufren. Que son personajes secundarios al servicio del principal, Nafisi, que al fin y al cabo escribió la autobiografía en la que se basa el libro. ¿Y por qué plantear la reflexión a través de libros anglosajones y no a partir de una historia más enraizada en la cultura iraní, que es rica y antigua? En algún sitio he leído que se ha acusado a Nafisi de actitudes neocolonialistas, y entiendo, después de ver la película, por qué esto puede ser una opinión que esté ahí.

A esta película le falta profundidad. Y tiene defectos profundos de planteamiento. Especialmente al convertir en protagonista absoluta a una mujer que no es la que mayor sufrimiento padece de las que desfilan ante la pantalla, y que son las que realmente tienen historias más interesantes que deberían ser contadas. Por ello, me ha costado mantener ese aprobado. Conforma ha ido pasando el tiempo, esta película ha ido decayendo en mi apreciación. Quizá demasiado deprisa. Su mensaje es facilón. Pero superficial. Y la historia, en episodios separados por elipses temporales de varios años, carece de continuidad y ligazón. Incluso llama la atención que la protagonista, que se supone tiene 31 años en 1979, cuando empieza la acción, tiene el mismo aspecto que cuando se cierra en 1997 con casi 50 años. Ufff… si paso unos días más sin comentarla, igual la suspendo.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***

[TV] Cosas de series; el «nordic noir» a la escocesa, los casos del Departamento Q

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. En las fotos, Edimburgo, claro. En una estancia caracterizada por el buen tiempo y la falta de lluvia, durante una semana. Lo cual, a priori, no es habitual. Al menos en 2013. Hoy en día, con la crisis global climática, quién sabe.

El nordic noir, es decir, el género negro al estilo escandinavo es uno de los géneros de más éxito de ventas en las últimas décadas. Es lo que se dice una moda. De repente, se empieza a hablar de él, la gente empieza a leerlo, surgen verdaderos fanáticos, se adapta al cine y televisión, primero por los propios países de origen, pero pronto los avispados productores británicos y norteamericanos se apuntan al filón… y ahí está hasta que la gente se canse o surja otra moda. O quien sabe… igual queda como una endemia entre los aficionados a la lectura en general y al género negro en particular, con su nicho estable durante tiempo indefinido. Quizá estemos ya en esa situación. Pero no lo puedo asegurar. No soy un experto. Y no soy de los que se haya enganchado de forma notable al género. El género negro, nórdico o de cualquier otra latitud o longitud, tiene obras muy interesantes, incluso obras maestras, pero también tiene un porcentaje de astronómico de obras que me parecen absolutamente superfluas y todas más o menos iguales o muy similares. Como pasa en todos los géneros destinados más a la venta que al prestigio literario. Literatura de tienda de aeropuerto o estación de ferrocarril.

Alguna cosa he picado aquí y allá de la ficción criminal nórdica. Y eventualmente me ha entretenido. Pero escasamente me ha entusiasmado. Pero tengo un par de amigos/conocidos que llevan largo tiempo hablándome de las excelencias de una saga en concreto, la de los casos del Departamento Q del danés Jussi Adler-Olsen. Hasta el momento, no he sucumbido a estas tentaciones… porque en principio no me tientan en exceso. Y me extrañaba que no hubiese alguna serie sobre la cuestión… hasta que me enteré que se ha ido adaptando en los últimos doce o trece años en forma de largometrajes de producción danesa. Uno de esos amigos/conocidos dice que yo he visto alguna de esas adaptaciones. No me parecía probable, hasta que decidí hacer una búsqueda en este Cuaderno de ruta y resulta que… sí. Que en 2015 fuimos a una sesión doble de la que conservo escasa o nula memoria, y en la que vimos dos de las películas. Ese olvido mío tan característico de las producciones mediocres o anodinas, me acuerdo más de los bodrios rotundos que de lo que ni fu ni fa, ya os pueda dar una idea de lo que me parecieron. Películas vistas en el mes de julio de aquel 2015, en esa época del año en la que la cartelera suele dar pena, y acabas yendo a ver casi cualquier cosa si apetece quedar para ver algo de cine.

Hace unos meses, Netflix anunció la adaptación de la primera novela, del primero de los crímenes del Departamento Q en forma de serie televisiva. Pero con algunos cambios. El fundamental es que la acción se traslada de Dinamarca a Escocia. Se puede discutir si Escocia no debería ser considerado como una variante de los «nórdico»… habría que pensarse si en esas latitudes predomina más la britanicidad o la nordicidad. La segunda cuestión es que se adapta la historia. Y debemos recordar que cuando se adapta una historia, es susceptible de experimentar cambios, más o menos importantes en su narración o en el diseño de personajes. En cualquier caso, bajo el título, casi obvio, de Dept. Q, nos encontramos al grupo de improbables inadaptados, que cargan a cuestas con un bueno número de fantasmas propios, y a los que se les encarga lavar la cara del departamento de policía del lugar, que es Edimburgo, y que sufre la mala prensa de su elevado porcentaje de crímenes no resueltos. El elegido será el de una fiscal desaparecida cinco años atrás, no se sabe si asesinada o raptada, o quizá desaparecida por otros motivos, y que como es lógico tocará las narices de muchos.

No las tenía conmigo cuando decidí ver la serie. Pero con Matthew Goode al frente, y confiando en el buen quehacer de los intérpretes británicos, de la cual la única que me sonaba es Kelly Macdonald, una actriz muy solida a la que vemos mucho menos de lo que nos gustaría, aquí hace un papelito secundario, me animé. Y no me arrepiento. La serie está bien valorada por los votantes en IMDb y con razón. Está bien hecho y muy bien interpretada. Y no, no sabe a las frías y asépticas producciones nórdicas. Tiene las mañas de los británicos, que hace muchas décadas que han demostrado que saben hacer cine y televisión. Tiene mucho oficio. No sé cuanto durará esta serie. Da para bastantes temporadas, a caso policiaco por temporada. Pero todo dependerá de si a Netflix le salen las cuentas. Si sigo abonado a la plataforma, cosa que me estoy pensando, seguiré viéndola. Si no… probablemente no. Está bien hecha, es entretenida, pero, para mí, es prescindible. Como ya habréis deducido, el género negro… «no me mata».

[Cine] Kurenai no buta [紅の豚] (Porco Rosso) (1992)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Tenía varias posibilidades para mostrar el Adriático en esta entrada. He optado por fotos de Piran, Eslovenia, una de las diversas ciudades que son denominadas «la Perla del Adriático».

Kurenai no buta (紅の豚) (Porco Rosso) (1992; 32/20250725)

He visto en múltiples ocasiones esta película, pero siempre en pantalla pequeña. En vídeo o en plataforma de contenidos. Desde hace unos años, todo el catálogo de Studio Ghibli está disponible en Netflix. No sé cuanto durará… pero ya lleva un tiempo. Una de las grandes cosas de la plataforma. Una de la pocas grandes cosas que le van quedando, en una plataforma que ha ido derivando a marchas forzadas desde las series de prestigio iniciales a productos ultracomerciales, pero de calidad dudosa en el mejor de los casos. Eso sí… producen tanto, que siempre hay alguna cosa que rascar. Pero ya he comentado que estoy a un paso de darme de baja. Pero nunca había visto en pantalla grande las aventuras de Porco/Marco, Fio, Gina, Curtiss, los Mamma Aiuto y demás entrañables aventureros de las maravillosas costas del Adriático.

Desde la primera edición, hay tres elementos que me llamaron de las aventuras de aviador italiano. La primera es la poesía nostálgica que destila la película, eso sí salpicada por las trifulcas con los «piratas» del aire y con las autoridades fascistas de esa «nueva Italia». La segunda es Fio Piccolo, el enésimo homenaje o propuesta que Hayao Miyazaki hacia jóvenes féminas, resolutivas, justas, dispuestas a pelear por lo que quieren. Sí… ya sé que el personaje de Gina está ahí… quien no se enamoraría de Gina… Pero forma parte del primer punto, la poesía nostálgica. Y la tercera es esa escueta declaración de principios que Porco/Marco enuncia al Capitán Ferrarin en una sala de cine de Milán.

ファシストになるくらいなら、豚でいたほうがましだ

«Fashisuto ni naru kurainara, buta de itahō ga mashida»

«Prefiero ser un cerdo que un fascista»

Qué apropiado, incluso, o especialmente, para los tiempos que corren. La película, detrás de su fachada, divertidísima fachada, de películas de aventuras, con no pocos homenajes al cine mudo de los años 20, y al de otras épocas, y a los principios de la aviación, tema que siempre ha fascinado a Miyazaki, es un alegato antibélico y antifascista, a favor de la libertad muy notable. Entre su dimensión poético nostálgica hay que destacar esa magnífica visión que nos regala Miyazaki cuando Porco/Marco narra a Fio su brutal experiencia en la Gran Guerra, con esa estela que cruza el cielo, de aviadores de todos los países fallecidos en combate. Una estela que recuerda a la Vía Láctea. No sé si será casualidad o será intencional, pero no puedo evitar recordar con esa escena un libro muy emotivo, que leí hace un tiempo, en el que la Vía Láctea es una línea ferroviaria que transporta el alma de los fallecidos para cruzar al otro mundo. La novela de Kenji Miyazawa también tiene dos protagonistas, dos grandes amigos, con nombres italianos, Giovanni y Campanella. A la obra se la equipara con El principito, pero fue anterior a la obra de Saint-Exupéry.

La película está llena de referencias a hechos históricos. Ferrarin fue el apellido de un as de la aviación italiana durante la Primera Guerra Mundial. El nombre del estudio, Ghibli, aparece en un motor que se va a instalar en el deteriorado hidroavión de Porco/Marco, pero es que hubo un avión italiano que llevaba esta apodo, Caproni Ca.309 Ghibli, donde ghibli es el nombre con la ortografía italiana de un viento del desierto libio. Los USAmericanos suelen pronunciar mal ghibli; suelen usar la g de «gin tonic» en lugar de la de «giving» que es la que corresponde. Pero los USAmericanos casi nunca se han preocupado de entender al resto del mundo. Miyazaki era muy consciente y por eso nos regala el persona de Curtiss, un tontolaba mezcla de Errol Flynn y Ronald Reagan. Por cierto, Curtiss suele aparecer por ahí con solo una s, pero creo que hay que considerar que su nombre es un homenaje a un constructor americano de aviones, un precursor de la aviación. Pero también, detalles como la canción que canta Gina en varias ocasiones, Le temps de cerises (El tiempo de las cerezas), que fue dedicada por su escritor a una enfermera de la comuna de París, que se dedicó al cuidado de los heridos en la semana sangrienta por la represión del derrotado ejército francés en la reciente Guerra Francoprusiana.

Con hora y media de duración, sin necesitar los excesos visuales generados por ordenador que plagan la animación actual, Porco Rosso es uno de los títulos más destacados de la obra de Hayao Miyazaki. Que es lo mismo que decir que es uno de los títulos más destacados del cine de animación. O de la historia del cine. Punto. Aunque para muchos sea desconocido o minusvalorado porque «los dibujos animados son para niños y adolescentes» o alguna tontería por el estilo. Una animación elegante, bella, con grandes paisajes, unos personajes entrañables, que nos enganchan, a los que queremos y de los que nos gustaría saber más. Una historia con alma, con corazón. Una película de esas que sientes que son imprescindibles. Que si Miyazaki no la hubiese hecho, alguien debería de haberla hecho.

Valoración

Dirección: *****
Interpretación: *****
Valoración subjetiva: *****

[TV] Cosas de series; Nevertheless, aun así, 알고있지만,… わかっていても

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. La serie de hoy, la japonesa, transcurre en la ciudad de Kamakura, una de mis favoritas en el País del Sol Naciente, de importancia histórica, y que aparece con frecuencia en la literatura y en las producciones de cine y televisión del país asiático. Es que es maja.

El éxito de las series surcoreanas de televisión está provocando la producción de versiones de las mismas en otros países asiáticos. En Filipinas, en Indonesia, en Tailandia, en estos momentos me constan al menos dos japonesas en Netflix, incluyendo la que traigo a estas páginas en la entrada de hoy, e incluso en China. La continental, la del PCCh, no Taiwán… que parece más probable por las diferencias/semejanzas de regímenes políticos. Pero hasta la fecha no había visto ninguna de estas versiones. Nunca le he visto mucho el sentido a la cuestión. Sí que vi, no obstante, la versión surcoreana de una célebre teleserie española. Una teleserie española que me disgustó en no pocos de sus planteamientos, populistas e hipócritas, pero que estaban mucho mejor controlados en la versión surcoreana… por lo que acabó gustándome más… sin que sea como para lanzar las campanas al vuelo ni nada por el estilo.

De hecho, los surcoreanos son especialistas en sacar versiones de teleseries norteamericanas, pero sin reconocer que son versiones de estas series. Series médicas, de abogados, políticas… están claramente «inspiradas» en éxitos de la televisión USAmericana, hasta tal punto que uno se extraña por qué no se consideran ni se denuncian como plagios o versiones no autorizadas. E incluso varias series distintas a partir de una misma «inspiración», haciendo variaciones en sus argumentos, en sus localizaciones, en sus protagonistas… pero que no dejan de ser más de lo mismo. Hay que tener en cuenta que la televisión surcoreana es una fábrica de realizar constantemente las mismas series, con los mismos argumentos y los mismos tópicos, con variaciones cosméticas, que parecen justificar el decir que son cosas distintas. Que tengan más o menos éxito no depende de la originalidad, que es básicamente nula, sino en la habilidad de los guionistas para adaptar las mismas historias con más o menos gracias, y a la popularidad y la química de los intérpretes, especialmente si hay una pareja con interés romántica, más los colaterales correspondientes en los personajes secundarios.

Hace un tiempo, en 2021, Netflix emitió, y sigue emitiendo una serie «con pretensiones», Algoitjiman (알고있지만). Creo que es producción de una cadena generalista surcoreana, pero la plataforma tiene derechos adquiridos para su emisión fuera de su país de origen. No seguía el esquema habitual de 16 episodios de 70 minutos de duración, sino que se trataba de diez episodios, también de 70 minutos, en torno a las aventuras y desventuras románticas de los alumnos de una escuela universitaria de arte, centrada en una de las alumnas, que interpretaba una actriz que me parece interesante, Han So-hee, quizá porque se sale de algunos estereotipos de otras actrices de éxito del país asiático, que parecen todas clones unas de otras. La comenté en su momento. No me terminó de convencer. Me resultó fría, y más preocupada por las formas que por el fondo. Se difundió en la plataforma con el título internacional en inglés Nevertheless…, aunque en castellano también recibe el título Aun así… El original coreano se traduce como Lo sé, pero…

Y recientemente se estrenó en Netflix una versión japonesa de la serie, que por ser una versión no me interesó en principio, pero como vi una crítica positiva de la misma me puse a verla. Al fin y al cabo, tiene algunas ventajas claras sobre la coreana. Y es que en lugar de 10 episodios x 70 minutos cada uno, un total de 700 minutos de visualización, son 8 episodios x 30 minutos cada uno, un total de 240 minutos. Como si fueran dos películas de dos horas. Y pensé de inmediato que, efectivamente, si contaba la misma historia, basada en la misma historieta digital, no necesitaba mucho más. Incluso me atrevería a decir que se puede contar en lo que dura una película de largometraje. En esta ocasión, la escuela universitaria de arte está localizada en Kamakura en lugar de Seúl, los personajes son alumnos en últimos cursos o graduados recientes, frente a la coreana, en la que son alumnos de primeros cursos. Y hay diferencias notables en algunos de los personajes, llamando la atención la de la «rival» de la protagonista… que tiene un final mucho menos melodramático en la versión coreana.

El título es Wakatte itemo (わかっていても), con un significado similar, aunque la versión internacional pasa a ser Nevertheless: the shapes of love/Aun así: las formas del amor. Sus protagonistas son Sara Minami y Ryûsei Yokohama. Y al igual que sucedía en la versión surcoreana… el protagonista masculino es flojo, con mala definición y evolución de carácter, y, más allá del físico, es difícil de comprender que la chica se sienta atraída o fascinada por él. No obstante, el enfoque de la serie, sobre la misma historia, o parecida, es distinto. La realización es más naturalista, aprovecha el agradable paisaje urbano de Kamakura, y los personajes resultan más naturales y más creíbles. No voy a decir que me haya entusiasmado, pero desde luego refleja las tendencias sociales y culturales de ambos países. Incluso cuando hay (moderadas) escenas de cama, los personajes de la japonesa están menos sexualizados y más centrados en el desarrollo personal. Y como ya he dicho, tiene la ventaja de durar una tercera parte. Es mejor… desde luego. Como curiosidad, los votantes de IMDb les otorgan la misma votación promedio. Eso sí, con 12000 votantes en la coreana y 700 en la japonesa. Obviamente, las teleseries surcoreanas son mucho más populares a nivel mundial.

[Cine] La plus précieuse des marchandises (2024)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Tengo fotografías del campo de Auschwitz, pero en esta ocasión no las usaré. Me limitaré a presentar el paisaje ferroviario de la ciudad de Oświęcim, que es el nombre del lugar en polaco.

La plus précieuse des marchandises (2025; 31/20250715)

La semana pasada sí que encontramos un momento y ocasión para visitar las salas de cines. Una película de animación francesa, dirigida por uno de los directores contemporáneos galos más conocidos, Michel Hazanavicius, aunque no siempre sea santo de mi devoción. Pero reconozco que en su momento dio un pelotazo que llegó hasta Hollywood,… y ya, tal. La película venía precedida con algunas críticas muy elogiosas, con una razonablemente buena acogida en su país de origen. Y yo no suelo hacerle ascos a la animación, así que… allá que fuimos un día nada más salir de trabajar.

La película nos traslada a los fríos inviernos de Polonia, durante la Segunda Guerra Mundial. Una Polonia ocupada por la Alemania nazi, donde vive de forma precaria, todavía más empobrecidos todavía por el conflicto bélico, un matrimonio ya mayor, él es leñador, y que nunca tuvieron hijos a pesar de lo mucho que los desearon. La mujer, cada vez que pasa un tren por la línea ferroviaria cercana, reza al dios tren para que les deje algún presente con el que paliar su pobreza. Y un día, lo que es arrojado del tren, un tren de vagones mercantes cerrado, es un bebé cuya caída es amortiguada por el manto de nieve. La mujer, a pesar de las reticencias iniciales del marido querrá cuidar a la niña como si fuese propia. Pero la cosa no va a ser fácil. A las penalidades descritas hay que añadir los prejuicios hacia la etnia de la niña, no sólo de los invasores alemanes, sino de los propios locales polacos. Mientras, seguiremos la odisea del padre de la niña que es llevado al campo de exterminio de Auschwitz, donde intentará sobrevivir en medio del horror del trabajo de los Sonderkommando.

Me resulta extraño ver estas películas sobre los asesinatos nazis de judíos, gitanos, y otras personas con circunstancias personales que la Alemania nazi consideraba indeseables. Me resulta extraño porque 80 años después de que terminara aquel horror, se repite, quizá no en la misma escala, pero sí con la misma intención, siendo los asesinos actuales el Israel judío, que por lo que se ve no entendieron nada sobre lo que sufrieron sus antepasados. Pero a pesar de todos, tiene que seguir habiendo obras que denuncien estos hechos. Aunque empieza a ser necesario que se empiecen a hacer obras que narren los de hoy en día y no los de hace 80 años.

La película en sí misma es de buena factura, está bien hecha y se deja ver sin problemas… dentro de la tristeza y el horror que pueden causar los hechos narrados. La película intenta dar un tono de cierta esperanza al final de la historia. Una esperanza triste y llena de ironías, probablemente no buscadas, o quizá sí, no voy a destriparlas. Por otro lado, se atreve a plantear que el antisemitismo no fue una cosa de la Alemania nazi exclusivamente. Hace unos años ya pudimos ver una de las mejores películas de lo que llevamos de siglo en la que desde la propia Polonia se denuncia el antisemitismo o el oportunismo de la polacos étnicos, católicos, ante la desgracia de sus vecinos judíos. Se conoce por otro lado, aunque se ha hablado poco, de pogromos realizados por los polacos cuando los supervivientes judíos de los campos intentaban volver a sus casas. Ayer por la tarde-noche, volvía a ver una excelente película para televisión sobre la Conferencia de Wansee, en la que los jerarcas nazis que planificaron el asesinato en masa de los judíos, repasaban el nivel de colaboración de las poblaciones locales, que fue alta en lugares como los países eslavos, o la Francia ocupada y de Vichy, mientras que fue escasa en los países escandinavos.

La historia de la humanidad, especialmente cuando se ha recurrido a la guerra, está llena de horrores. Como alguien me dijo en una ocasión mientras analizaba una serie de hechos históricos y documentados, era doctor en historia, y generalmente muy mesurado, para que los soldados reclutados en los ejércitos en guerra hagan su «trabajo» deben sentir odio hacia quien tienen enfrente. Y que incluso los ejércitos que han luchado por defender los valores más positivos han asesinado, violado y destruido en exceso. No hay ningún ejército que no haya cometido lo que hoy se denominan «crímenes de guerra» pero que sólo lo son para los derrotados. Pero la historia del siglo XX es especialmente terrible por el nivel alcanzado gracias a la tecnología en esos horrores. Y el siglo XXI no ha empezado de una forma especialmente optimista. Más allá de lo que los intereses políticos de unos y otros intenten ocultar en los conflictos que vendrán, esperen nuevos horrores, porque parece que la humanidad ha aprendido poco o nada de su pasado. En las guerras no hay malos y buenos. Hay malos… y peores.

Valoración

Dirección: ****
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***

[TV] Cosas de series; Hollywood se mira al ombligo y se propone como candidata a premios

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. No he estado en Los Ángeles, y no se cuando iré. USAmérica no apetece últimamente.

Hace unos días se anunciaron los candidatos a premios en la próxima ceremonia de los premios Emmy, los premios dedicados a los programas de televisión por excelencia en el imperio USAmericano. El equivalente a los Oscar para la pequeña pantalla. Nunca han sido unos premios que me hayan llamado mucho la atención. Hay tantas y tantas categorías… que casi es difícil que de una u otra forma, las series de televisión más populares no se lleven uno u otro premio. Sí, me centraré en la ficción televisiva. No en otros programas. Y si ya los Oscar se centran principalmente en el cine USAmericano, por mucho que en los últimos tiempos, de vez en cuando, consideren las excelentes película que se hacen en otras cinematografías, en los Emmy todavía es mucho más acusado. Así que poco interés, más allá de uno anecdótico, despiertan en mí.

Este año, no obstante, me llamó la atención alguno de los titulares. Entre las tres series con más candidaturas a premios, luego ya veremos quien se lleva el gato al agua, hay dos de Apple TV+ y una de HBO. HBO ha tenido tradicionalmente un aura de calidad. Que no sé en qué medida mantiene. Y Apple TV+ sabemos desde hace tiempo que quiere competir más en calidad que en cantidad, frente a otras plataformas de contenidos en línea más populares. No veo HBO… uno no puede esta a todo, y es una plataforma que ha dado muchos bandazos en su organización y presentación de contenidos,… o esa es mi impresión. Apple TV+ sí. Como soy usuario de varios de su servicios, por un poquito más de dinero, comparado con el coste de otras plataformas, tengo también el acceso a sus series y películas originales. Y sí… tiene series muy interesantes. Muy probablemente me dé pronto de baja de alguna muy significativa y me centre en la más reducida oferta de esta plataforma, con un importante ahorro de dinero a la larga.

La serie con más candidaturas ya fue motivo de comentario en estas páginas. Y es que Severance es una serie excelente, tanto en su factura, como en sus interpretaciones. La segunda es The Penguin, que no he visto. Es de HBO y, además, su trama procede de un universo de superhéroes de esos. Que no me atrae en exceso. Aunque creo que en esta ocasión es más de supervillanos. No sé. Realmente está muy bien valorada, tanto por el público como por la crítica. Y la tercera, también de Apple TV+, y que terminé de ver, en su primera temporada, no hace muchas semanas, es The Studio, una comedia satírica y políticamente incorrecta, con episodios que duran entre 24 y 44 minutos, sobre un estudio de cine que pasa malos momentos, especialmente en su intento de combinar calidad y cine comercial, para no hundirse o ser absorbido por las nuevas empresas del mundo de las tecnologías de la información, tan ávidas de dinero.

Con Seth Rogen al frente del reparto, como el principal responsable del estudio, tiene un reparto muy coral, con abundancia de cameos y colaboraciones del famoseo hollywoodiense, haciendo de sí mismos o, más bien, de versiones autoparódicas de sí mismos. El siempre noble y sano ejercicio de saber reírse de sí mismos. El principio de la serie es básico, pero eficaz. Un equipo de profesionales en el estudio que se ven obligados a colaborar para sacar adelante los proyectos, pero que se coordinan de pena, hasta la hilaridad, y que además tienen una capacidad inmensa para meter la pata, para la ineptitud social. Se atribuye a Einstein, no está claro que realmente lo dijera o escribiera en realidad, aquello de que «Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y no estoy seguro de lo primero». Pues bien, la serie juega fundamentalmente con la infinitud de la estupidez humana. Pero también con aquella fase de la planificación de proyectos que se formula como «Consecución inexplicable de los objetivos del proyecto».

He de decir, que me costó un poco entrar en la serie. El desarrollo de los episodios es aparentemente caótico, y hay numerosos personajes, entre los que, si no estás muy atento a la pantalla, puedes perderte. Especialmente cuando estás en casa, y eventualmente surgen elementos de distracción que te hacen perder el hilo. Pero poco a poco fui cogiéndole el gustillo a estas historias sobre ejecutivos y productores de cine que tienen que navegar entre los dineros, el arte y los egos de los intérpretes y directores. Un cuadro general, satírico, una acto de autocrítica desde Hollywood, realizado con inteligencia, y desde una perspectiva actual, con los problemas actuales del llamado séptimo arte. No sé si es para que al final resulte muy premiada. No compite con las otras dos que he mencionado, están en distintas categorías. Ya he dicho que hay tantas, que la probabilidad que te caiga algún premio, aunque sea de la «pedrea» no es tan baja como parece. Pero sí que es recomendable.

[Cine] Fountain of Youth (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Entre las diversas ciudades que recorren los personajes de la acción he elegido Viena para ilustrar la entrada.

Fountain of Youth (2025; 31/20250710)

Nueva semana triste para la cartelera de Zaragoza, con poca oferta más allá del cine más comercial, y en general poco interesante, que nos llega de Estados Unidos y comedias chorras de origen nacional. Poca oferta en versión original o a horarios complejos para quien tiene que trabajar al día siguiente. Y estrenos de otras nacionalidades y cinematografías que no llegan, en un retroceso en la oferta cinematográfica y cultural a niveles de 20 o 25 años hacia atrás… o peor. Por ello, por una mezcla de falta de oportunidad y oferta, no acudimos a las salas de cine, y opto por rellenar el expediente buscando algún estreno más o menos reciente en las plataformas de contenidos en línea. Opto por buscarlo en Apple TV+, plataforma que, al menos en series de televisión, ofrece menos oferta que otras, pero de superior calidad. Eso sí, me mantengo dentro de lo que es el tipo de película propio del verano, y escojo una de aventuras y acción dirigida por Guy Ritchie, con un reparto más o menos vistoso.

Comenzamos la película con una persecución a un cazatesoros (John Krasinski) por parte de unos mafiosos por las calles de Bangkok, también parece ir tras el una misteriosa mujer no relacionada con los anteriores (Eiza González). Una vez de regreso en Londres con su botín, visita a su hermana (Natalie Portman), conservadora en un museo, mientras roba un retrato de Rembrandt, que luego resultará falso y devolverá. Está reuniendo una serie de obras que se supone contienen la clave para llegar a la mítica Fuente de la Eterna Juventud, empresa financiada por un megamillonario (Domhnall Gleeson), enfermo de cáncer que quiere evitar el fatal desenlace de la enfermedad. Ambos hermanos con el megamillonario iniciaran un periplo por el mundo, pero perseguidos por la policía, los mafiosos y la misteriosa mujer de Tailandia.

Con este resumen argumental, cualquiera que no haya estado encerrado en algún lugar sin acceso a ver películas en el cine o en la televisión, podrá imaginar que la película no es especialmente original en su planteamiento. Heredera de Indiana Jones, o remontándonos más atrás, del explorador Allan Quatermain, reúne los tópicos habituales de este tipo de cine que, cuando está bien hecho, es muy entretenido, sin necesidad de aspirar a los mejores momentos del personaje interpretado por Harrison Ford, que elevó el género en un momento en el que parecía que ya estaba trasnochado y superado, después del auge que tuvo en los años 50 del siglo XX, o incluso los 60, si incluimos las películas de bajo presupuesto rodadas en Italia o en España y de las que nadie se acuerda, pero que vimos muchos niños en los cines de barrio de la España del franquismo.

Pues bien, a pesar de un reparto con un gente con oficio y de los medios con los que se realiza el cine actual, Ritchie, sobre un guion absolutamente nefasto, se las apaña para realizar una malísima copia de Indiana Jones and the Last Crusade, que hará revolverse del disgusto a Sean Connery en su tumba. Porque ya he dicho que no es necesario que estas películas sean originales. Basta con un guion razonablemente bien hilvanado, unos personajes simpáticos con lo que el público empatice, y un reparto con oficio, para hacer una película que, aunque potencialmente olvidable, consiga hacer pasar un buen rato al espectador. Un entretenimiento palomitero, pero digno. Pues bien… Ritchie es incapaz de llegar a ese nivel, rueda una película mediocre, a la que le falta muy poquito para convertirse en infumable. Quizá debiera haberme dado cuenta antes de ponerme con la película de quién era el director y haberla evitado. Los intérpretes hacen lo que pueden, aunque el protagonista está ligeramente pasado de vueltas y penaliza el conjunto de la interpretación de la película.

Valoración

Dirección: **
Interpretación: **
Valoración subjetiva: **