Parafraseando mi entrada de hace un años, es el 13º día de Nochevieja en el que presento mis 12 fotos para los 12 meses del año que se nos escapa para no volver. Y una más… suele haber siempre, por algún motivo, una más. En este caso, igual que algún año anterior, me presento a mí mismo en el encabezado, para desearos el mejor de los años para este que viene. Y espero que el que se va también allá sido bueno,… pero el que viene mejor.
Como de costumbre, no he buscado fotos representativas de acontecimientos de ningún tipo. Aunque alguna hay. Ni que fuesen las “mejores” fotos de cada mes, signifique lo que signifique eso. Simplemente, pequeños momentos, emociones, cosas que pasaron, o simplemente una foto que me había pasado desapercibida en su momento…
En fin, vamos a lo que vamos. Sin pies de foto explicativos. Simplemente, el mes en que fueron hechas las fotos.
Aunque en número de disparos individuales, el número de fotos que he realizado en digital durante 2019 sea superior al de fotos procedentes de película tradicional, cualquiera que conozca la dinámica propia de ambos métodos entenderá que, dejando a un lado los viajes, he dedicado bastante más tiempo a las cámaras de antaño y a la película fotoquímica que los circuitos electrónicos que codifican las archivos binarios de las cámaras digitales. Y es que me lo paso mejor. Además, este año tenía un propósito; soltarme más con la película negativa en color. E incluso con alguna diapositiva.
Vamos por meses… 12 meses, 12 fotos en blanco y negro, 12 fotos en color.
01 – Enero no fue muy movido, aunque tuvimos la primera #FP4Party y un «Clicks & Beers» de la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ. Blanco y negro y color.
02 – Febrero vio llegar la segunda #FP4Party de las tres del año, y que me dejó alguna alegría, ya que alguna foto quedó finalista. Por lo demás seguí «entrenandome» en la fotografía en color. En estos primeros meses, sobre todo con las películas de ISO 200 y 400 más populares y económicas del mercado, de Fujifilm y Kodak.
03- Marzo y la última #FP4Party del año, con una veterana cámara soviética, que da mejores resultados de lo que uno espera, y buenos resultados en el carnaval infantil con la difícil de encontrar Fujicolor Natura 1600. Quitándome el miedo a las altas sensibilidades.
04 – Abril trajo la floración de las «sakura» y la celebración del «hanami» en el Parque Grande de Zaragoza y una visita al museo que lleva el nombre de la ciudad me sirvieron de excusa para alternan con la nobleza de Kodak, la Portra 400 y la Ektar 100, respectivamente.
05 – Mayo llegó con la inauguración de la exposición de fotografía estenopeica que impulsada por la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ y dentro de las actividades culturales del Ayuntamiento de Zaragoza celebramos hasta principios de julio en la Casa de los Morlanes. En realidad, la foto de grupo está hecha en marzo, durante los preparativos, con película diapositiva Kodak Ektrachrome E100, la nueva emulsión que salió al mercado recientemente.
06 – Junio resultó ser un mes relativamente anodino. El viaje a China y otras contingencias hicieron que mi actividad fotográfica fuera mínima. Un Ilford HP5 Plus que llevaba habitualmente encima en la Pentax MX durante mis desplazamientos por la ciudad.
07 – Julio y los días soleados y calurosos son ideales para practicar la fotografía en el infrarrojo. Y empecé a desempolvar la Canon EOS 650 con el luminoso 50 mm f/1,4 para dar descanso a la Pentax MX. Con una de las visitas que en los primeros domingos de mes hicimos a nuestro museo favorito de la ciudad, el Pablo Gargallo.
08 – Agosto tampoco vio mucha actividad en fotografía con película tradicional. Estaba investigando los teleobjetivos para la Panasonic Lumix G9. Pero aún me dio para alguna doble exposición con la Holga 120N y algún amanecer con película en color.
09 – Septiembre fue parecido a agosto. Pero al menos utilicé la Hasselblad para probar con un rollo de Ilford Delta 100 mis nuevos filtro Lee que pocos días después me llevé a Japón.
10 – Octubre llegó cuando estábamos en el País del Sol Naciente. Y mientras viajábamos me llegó un paquete de regalo con algunas películas de Lomography. Como la Kino Berlín 400 y la Lomography Color 800, que me dispuse a probar en cuanto pude, porque nunca las había utilizado.
11 – Noviembre empezó con un tiempo más primaveral que otoñal, igual que diciembre está siendo más otoñal que invernal, y eso me animó a seguir usando la Kodak Ektar 100. Una película con personalidad, a la que hay que acostumbrarse. Pero también llegó el mes con una novedad en el catálogo de Ilford, las versiones para formatos 135 y 120 de la Ortho Plus, película ortocromática de sensibilidad ISO 80, que hubo que probar.
12 – Diciembre nos trae el final de la ronda solar. Habrá un par o tres de carretes en color que no están revelados todavía en el final de año. Pero pude probar mi nuevo Pentax SMC-M 50/1,4 en el Museo de Zaragoza, y celebrar, como a principio de año, un nuevo «Clicks & Beers» con la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ.
Llega el momento de comenzar con el resumen del año. Ya casi no puedo recordar cuando empecé con esta tradición. Lo tengo que buscar. Y compruebo que fue el 31 de diciembre de 2007 la primera vez que publiqué la entrada de fin de años bajo el título «12 meses, 12 fotos». Y fue en 2012 cuando por primera vez extendí esa entrada a dos más; la dedicada a la fotografía con película tradicional y la dedicada a los viajes del año, grandes o pequeños. Y aquí estamos terminando este 2019, que ha sido venturoso en viajes. Esperemos que sea así por mucho tiempo. Ya tenemos billetes de avión para un nuevo viaje al Asia oriental en primavera…
Excursiones o viajes cortos, sólo o con amigos
Este año no hay muchas. Porque me ha dado mucha pereza coger el coche yo sólo e irme a explorar el mundo. Así que, o he encontrado a alguien con quien compartir la ruta, o me he quedado en casa.
Empecé pasando el año con un pequeño grupo de amigos, aunque más numeroso que años atrás, en Albarracín y los Montes Universales. Tradicionalmente, en estos últimos años, el día de mi cumpleaños apuntábamos al norte y nos íbamos a los Pirineos. Pero una tremenda borrasca nos hice mirar al sur, donde el sol nos alegró el día. Las dos fotos están realizadas con película tradicional.
Me he escapado en un par de ocasiones a Madrid, donde tengo, también desde hace muchos años, buena gente a la que me gusta ver. En junio, a la izquierda, para visitar PhotoEspaña, y en diciembre, a la derecha, con película tradicional, con la excusa de otras exposiciones de interés. Y alguna compra.
Tras ayudar en una mudanza en un pueblecito del Serrablo, volvemos un sábado por la tarde hacia Zaragoza y decidimos parar a contemplar la puesta del sol desde el dolmen de Ibirque. Ambas fotografías, realizadas con película tradicional.
Excursiones con fotógrafos
He realizado un par de excursiones fuera de Zaragoza con la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ. Creo que me perdí alguna, como con ASAFONA, con quienes nunca he podido salir, porque siempre me pillan en malas fechas. Participo en otras actividades.
A la Bardena aragonesa o Bardena negra, me llevé cámara digital, película negativa en color y película negativa en blanco y negro. Con esta última fue con la que conseguí mejores resultados. El día no tenía la luz adecuada para el color. Demasiado intensa y dura.
Algo parecido me sucedió en la excursión al yacimiento arqueológico de Los Bañales y Ejea de los Caballeros. Aunque para la tarde en Ejea ya no me quedaban rollos de película negativa en blanco y negro y seguí con la cámara digital.
Viajes, grandes o pequeños
Generalmente mi propósito viajero para cada año es un par de escapadas por Europa, un viaje de siete u ocho día a algún sitio de interés, conocido o no, y un viaje de unas dos semanas a un sitio desconocido. Pero este año he tenido dos interesantes viajes a Asia oriental, un destino que cada vez nos gusta más.
Hacía tiempo que mi hermana quería que hiciésemos un viaje familiar a París, con nuestro primos en Saint-Denis, y llevando al pequeño de la familia a conocer Disneyland París. Y la Semana de Pascua de este año fue el momento adecuado. Fotografía sobre todo digital, también me llevé una pequeña cámara con película en blanco y negro.
Después de haber visitado Hong Kong y Taiwán, este ha sido nuestro primer viaje a la China continental. A final de la primavera. Shangái y sus alrededores con una extensión a las montañas Huangshan fue el destino. También me llevé la compacta con película en blanco y negro. Este año que viene repetiremos China, pero no destino dentro de este inmenso país.
Con la excusa del centenario de la Bauhaus, hicimos en agosto en Berlín una reunión de viejos amigos. Con excursiones a Weimar y Braunschweig. Y como el año pasado por las mismas fechas, con la cámara para película tradicional, blanco y negro, como cámara principal.
De forma un tanto improvisada, para lo que nos gusta, el viaje de principio de otoño lo hicimos en Japón. Nuestra segunda al País del Sol Naciente, que cada vez nos gusta más. Volveremos. Espero. Se me olvidó la compacta para película tradicional en casa, así que en los tres días que estuvimos en Tokio, compré un par de cámaras de un sólo uso de Ilford.
Mañana lo dedicaré a hablar en exclusiva de la fotografía con película tradicional.
Es curioso. Esta semana he estado de fiesta. El lunes próximo sí que trabajo. El último día laboral del año. Estaremos poca gente. Pero esta semana he podido dedicarme a muchas cosas. Por lo tanto,… he dispuesto de poco tiempo para casi todo. Es lo malo cuando haces excesivos planes. Acabas haciendo todo a medias. Y cuando pensaba que las recomendaciones fotográficas de esta semana podrían tener más calado, más cuando hace dos semanas que no hablo de ellas por dedicarme la pasada a los libros, resulta que la lista que había preparado me decía pocas cosas realmente.
Algunas de las últimas fotografías que he realizado en estos últimos días de 2019, paseando por la ciudad. En concreto, en la mañana del día de Navidad, con un sol y unas temperaturas que contradecían la fecha que indicaba el calendario.
Además, en estas fechas, la gente se dedica a hacer resúmenes; las fotografías del año, los libros de fotografía del año, los reportajes del año, los fotógrafos emergentes del año… esas cosas. Pero encima, como el tercer dígito del año cambia, del 1 al 2, todo lo anterior se multiplica por dos, cambiando «del año» por «de la década». Lo cual, para mí es absurdo. Soy un chico de ciencias, sé que, de forma lógica por la naturaleza del tiempo, no hubo año 0, y por lo tanto las décadas naturales empiezan con años que terminan en 1 y terminan en años que terminan en 0. Siempre considerando que el sistema de numeración en base diez es un puro arbitrio derivado del hecho de que tenemos diez dedos en las manos. Pero que en la realidad de las cosas, no tiene ningún otro significado. Bueno… no me hagáis muchos casos. Cuando llega la Navidad y hasta que llegan los días soleados y más tibios de febrero, entro siempre en un periodo de cierto pesimismo y depresión. Hace «décadas» que me sucede. Vamos con algunas recomendaciones que he seleccionado.
Maria Svarbova (instagram), una fotográfa eslovaca, se ha convertido en mi «fotógrafa de la década». No es que sea ni mejor ni peor que otros u otras. Simplemente que hace unos cuantos años me llamó la atención en 500px (hace meses que no se actualiza en esta red social), la empecé a seguir… y ahora me la encuentro por todas partes. La joven, y guapa, fotógrafa eslava a triunfado. Lo cierto es que sus coloridas imágenes llenas de simetrías y orden basadas en las construcciones del realismos socialista que quedan en su país me han generado siempre una extraña tranquilidad y relax. Veremos que pasa con sus fotos ahora que empiezan a rifársela las revistas de moda y parece que se ha convertido en «maestra» y «heroína» de una prestigiosa marca de aparatos fotográficos.
Dos artículos de Lensculture me han llamado la atención recientemente.
El primero de ellos está dedicado a la fotógrafa Liza Ambrossio (instagram). La todavía más joven fotógrafa mejicana instalada en París nos lleva a otros extremos estéticos, muy distintos a los de la eslovaca del párrafo anterior. Ambrossio abraza lo extraño, lo deforme, lo «bizarro» que dicen muchos, aunque no era este el concepto que aprendí en mi niñez que representaba esta palabra que aparecía con frecuencia en los tebeos de héroes franquistas,… Fotógrafa precoz, que cuenta en la actualidad con sólo 26 años, y ya lleva diez moviéndose en el medio. Habiendo despegado con fuerza en los dos últimos años. Sus fotografías son poderosas, tnato estética como éticamente hablando.
Y el segundo artículo está dedicado al último libro de uno de mis actores-fotógrafos favoritos, Jeff Bridges. También está en instagram, aunque sólo de vez en cuando publica una de sus fotografías. Que tienen de particular que son fotografías panorámicas, sobre soporte fotoquímico, la película tradicional, con una cámara de obturador de barrido, una Widelux. Lo que aprovecha para otorgarles una estética y unos efectos creativos muy especiales. Ofreciéndonos además un documento único de sus rodajes, y de las personas que le rodean en los mismos. Siempre me ha encantado.
Y ahora… los próximos días, los tres que nos quedan de este 2019 sin contar este sábado, los dedicaré a mi personal repaso del año.
Hoy ha sido día de cine familiar por la mañana (ya hablaré, ya, de lo último de Star Wars… ufffff) y de asuntos de amistades a primeras horas de la tarde. Así que se me ha echado el día encima sin poder abrir el editor de entradas de WordPress. Dejaré para otro rato mis recomendaciones fotográficas y hablaré brevemente de dos libros que me han llegado por correo estos días. Ambos son de la editorial Another Place Press, que ya he comentado en alguna ocasión. Es una pequeña editorial independiente, que publica pequeñas ediciones de libros sobre paisajes en el sentido amplio de la palabra (tierra, país, lugar, viaje, ciudad, entorno, medio ambiente,… ). Los libros son pequeños, asequibles, pero de buena calidad. Es lo que dicen ellos… y es verdad. Ya tengo unos cuantos, y me encantan.
Como he empezado a elegir mis fotos de resumen del año, también me he parado en unos dípticos que hice hace casi un año, a finales de enero, en Albarracín y los montes Universales, algunos de los cuales me parecen muy recuperables.
El primero de ellos es Inner/Visions de Robin Ek (instagram). Nos muestra una serie de dípticos, dos fotos en páginas contiguas, que combinan el retrato de una persona vuelta de espaldas con un paisaje desenfocado, onírico, difuso. Según el autor, tiene sueños recurrentes sobre el fin del mundo, y le ha llevado a preguntarse si otras personas sueñan lo mismo. Si no te lo explican, te quedas un poco perplejo. Aunque el conjunto es bello de contemplar.
El segundo es Far away but close de Jessica Backhaus (instagram). Backhaus se fija en el detalle del paisaje, generalmente urbano o suburbano. También en detalles de edificios, en objetos que pueblan ese paisaje. Todo muy cotidiano. Y al mismo tiempo evocador de sentimientos o recuerdos. Propios o ajenos. También está muy bellamente presentado. Con introducción del escritor chileno Antonio Skármeta.
Ya comenté hace unas semanas, que tengo un nuevo objetivo Pentax. Nuevo de segunda mano, claro. Que me llegó de Japón vía eBay, y que ya lo he probado para el uso para el que lo pensé. Con película fotográfica. Os dejo unas cuantas muestras, realizadas en algunos museos de Zaragoza, en Madrid y en un breve paseo en un día muy feo, gris, lluvioso…
La película que he utilizado en este paso, una tarde de principios de diciembre, ya la conocía. Fomapan 400 Ultra, de la República Checa. Pero he modificado sus condiciones de exposición y revelado para ver si encontraba una fórmula más óptimas para los resultados obtenidos con ella. Los detalles técnicos los podéis encontrar en Fomapan 400 Ultra expuesto a un índice de exposición 200. Aquí os dejo algunas fotos.
Como la semana pasada ni hice recomendaciones fotográficas porque dediqué el espacio a hablar de las exposiciones que visité en mi escapada a Madrid, se me habían acumulado muchas. He eliminado la mayoría y he dejado unas cuantas que me han parecido más interesantes por motivos diversos. Tampoco ando con mucho tiempo. Así que igual soy un poco esquemático.
En cuanto a las fotografías acompañantes, esta semana recibí de Carmencita Film Lab unos cuantos carretes de Fujicolor Superia XTra 400 que fui haciendo durante el mes de noviembre y en mis escapada madrileña. De estos dos últimos carretes os dejo algunos ejemplos, utilizando ya a pleno rendimiento el SMC-M 50/1,4 que adquirí a un señor japonés a través de eBay por un precio mucho más razonable que lo que encontré en países más cercanos. Mucho más razonable. Y en perfecto estado. Como nuevo.
Irving Penn. Uno de los grandes de la historia de la fotografía, especialmente en la segunda mitad del siglo XX. Con un estilo inconfundible, se dedique al retrato, a la moda, al bodegón, al desnudo,… que ha creado escuela, aunque pocos de sus discípulos a alcanzado su nivel. ¿El mejor fotógrafo del siglo XX? ¿De la historia? Algunos lo creen así. Por supuesto, entra el juego el gusto de cada cual. Pero si hubiera que designar un nombre para este «título», habría de estar entre los finalistas. Para conocerlo mejor os sugiero que visitéis la entrada que le han dedicado en Cartier-Bresson es un reloj. Y luego le dediquéis tiempo a seguir conociendo su obra.
Muchas veces admiramos las fotografías de aquellos fotógrafos que nos gustan, pero es muy importante conocer también el proceso que llevó a su realización. No estoy hablando de los datos técnicos: cámara, objetivo, sensibilidad, velocidad, diafragma, material sensible… Nop. Me refiero al entorno, al ambiente, a los condicionantes, al sujeto, a las alternativas que se presentaron al fotógrafo. En la sección Theory & Practice de Magnum Photos nos muestran con frecuencia el cómo se llegó a la realización de una determinada fotografía por parte de uno de los muchos fotógrafos que han pasado por su nómina. Dos he seleccionado esta semana. La primera, una fotografía de Eve Arnold que siempre me ha parecido maravillosa a muchos niveles. Marilyn Monroe en medio del desierto de Nevada durante el rodaje de The Misfits (Vidas rebeldes). Si además cuentas que estoy leyendo una biografía novelada de la actriz escrita por Joyce Carol Oates… pues imagina. No era la primera vez que Arnold fotografiaba a Monroe.
La segunda es Mother and Daughter de Alec Soth. Perteneciente a una de sus series más importantes, Sleeping by the Mississippi, es uno de los retratos psicologicos y ambientados que realizó durante sus viajes a lo largo del curso del mítico río norteamericano. Y está realizada con las dos mujeres sentadas en un sofá de un burdel en Davenport, Iowa. Sólo con decir esto ya resulta evidente que existe una potente historia detrás de la fotografía. Y encima, en una situación así, fotografiaba con una cámara de gran formato de 8 x 10 pulgadas… El «ideal» de cámara de reportaje según los «listos», ¿no?
Sistemáticamente las nuevas generaciones adolescentes y jóvenes piensan que son distintas, más «modernas», más «avanzadas», que las de sus padres, sus abuelos… quienquiera que hubiese nacido veinte o más años antes. Luego… si observas la realidad te das cuenta que, influjos tecnológicos aparte, las diferencias son cosméticas, están en el exterior, o simplemente se adaptan a la sociedad del momento. Que las actitudes no han variado tanto, salvo que actualmente las etapas «adolescencia» y «juventud» se han prolongado en el tiempo. Estas reflexiones me han surgido contemplando una entrada en Instagram de Tokyo Camera Style, en la que se muestran fotografías de la serie Party 1970-1985, del japonés Alao Yokogi, que simplemente se acercaba calmadamente a estos jóvenes con su Hasselblad y les pedía posar para una foto. Lo que digo, diferencias más cosméticas que de profundidad con lo que sucedería si el trabajo se hiciera hoy, cuarenta años más tarde.
Finalmente, entre los fotógrafos cuya obra todos los días nos muestran en Booooooom, me han llamado la atención dos de ellos, por las semejanzas y por los contrastes que se muestran en las series presentadas. En See Shore de Mackenzie Walker (Instagram), realizamos el recorrido por la costa oriental de Canadá. Lugar de vacaciones y de relax, las fotografías son bellas, relajadas. Y la presencia humana es evidente, pero no vemos a las personas. Sin embargo, en la serie que presentan the Yosigo (José Javier Serrano, Instagram), encontramos también la costa como lugar de vacaciones (también otros lugares), pero en esta ocasión en su versión más de «veraneo», con sus bellezas, pero también con su kitsch, sus aberraciones urbanas/urbanísticas, y con más presencia de la figura humana. Dos visiones distintas de entornos a priori similares.
Hoy va a haber dos entradas en el Cuaderno de ruta porque… ayer no me dio tiempo a subir esta. Grupo de dípticos en blanco y negro que planeé y fotografié hace unas semanas, y cuyas características técnicas y avatares podéis leer en Dípticos: Pentax MX + Ilford FP4 Plus; el adiós al SMC-M 50/1,7. Quizá más adelante cuente… no sé cómo todavía, la naturaleza de las interrelaciones entre los pares de fotografías. Porque creo que muchas de ellas no van a ser evidentes, al tener un carácter muy personal.
Hacía tiempo que quería probar una determinada combinación de cámara, objetivo y película fotográfica. Lo único que necesitaba era tiempo y unas condiciones de luz y clima adecuadas. Por fin llegaron. Los detalles técnicos los podéis encontrar en Kodak Ektar 100 con una Hasselblad y un 150 mm.
Esta semana he estado de fiesta. Me quedaban días de libre disposición, de esos que te vas reservando por si pasa algo, pero de los que no puedes reservar más de cuatro a partir del quince de diciembre. Así que me he dejado tres días para los de Navidad, y me he gastado cuatro cogiéndome unas pequeñas vacaciones esta semana, unidas al fin de semana largo de la Inmaculada Constitución. No han sido para hacer nada en especial. Algunas cuestiones domésticas, más cine y poco más. Pero el martes aproveché para hacer una escapada a Madrid. Tenía algunos compromisos personales que atender. Y tiempo de sobra para, además, visitar algunas interesantes exposiciones.
Vi anunciada esta exposición hace ya un tiempo. Incluso había hojeado su catálogo, a la venta en una librería de Zaragoza. Pero no tenía muy claro si justificaba el desplazamiento a verla. Al fin y al cabo, el impresionismo me cansa ya un poquito, salvo excepciones. Y lo que había hojeado en el catálogo no me decía gran cosa sobre la fotografía… Pero como surgió el viaje por otros motivos, no había ninguna excusa para no aprovechar.
Decir que la entrada a la exposición es la misma que la entrada al museo, por lo que con ella puedes ver la exposición temporal mencionada, la exposición permanente y otra exposición temporal en la que se muestran las obras de la colección relacionadas con la Bauhaus, con motivo del 100º aniversario de la escuela.
Esta última está bien, pero es una única sala con unas cuantas pinturas, interesantes, pero que no te dan una idea real ni amplia de lo que fue la Bauhaus. La exposición permanente ya la conocíamos bien, pero aprovechando la posibilidad de revisitarla, lo hicimos dirigiéndonos directamente a aquellas obras que más nos interesaban. Curiosamente, algunas de las más antiguas, y las más modernas.
En cuanto a la exposición de interés… No está mal. Una selección curiosa e interesante de cuadros impresionistas, y también de pintores impresionistas cuando abandonaron este estilo, y otra selección en paralelo de fotografías de época, mostrando la influencia mutua entre ambas. Aunque lo cierto es que más habría que hablar de la influencia de la fotografía en la pintura impresionista. Muchas de las fotografías son albúminas y copias a la sal de los años 50 y 60 del siglo XIX, previas a la aparición del movimiento impresionista a principios de los 70 de ese mismo siglo. Se ha dicho que la aparición de la fotografía liberó a la pintura. Disponiendo de un medio que documenta con cierta fidelidad el mundo, la pintura se pudo dedicar a buscar otras formas de expresión.
También encontramos algunas fotografías más tardías, cuando algunos fotógrafos abandonaron el interés documental por el artístico, adoptando inicialmente el llamado pictorialismo, en el que buscaban emular las cualidades visuales de las pinturas, y estos sí fueron influídos notablemente por el movimiento impresionista.
No está mal. No dejan hacer fotos. Ni siquiera para tomar nota de las cartelas de las obras. Pero tampoco es una exposición de primera línea.
Había oído hablar y visto alguna obra de Doyle con antelación, pero nunca me había detenido mucho en dicha obra. No obstante, parecía evidente que dado que desde el Thyssen hasta Bárbara de Braganza es un cómodo paseo, y que no quedaba lejos del lugar donde había quedado a comer, tocaba visitarla. Gratuita si eres cliente de Mapfre. Bien, pues.
Lo cierto es que me sorprendió muy gratamente. Basada en cuatro series, por un lado, i, End y ON, que reflexionan sobre las ciudades y la vida en el entorno urbano, y por otro lado K, más intimista, conceptual, asociada a la muerte de la madre, la exposición presenta copias de gran formato que llenan de forma amplia las paredes de los dos pisos que ocupa la exposición. Es difícil con esta presentación individualizar las imágenes individuales, por lo que la visita se hace contemplando el conjunto de fotografías como un todo, y no está mal. desde ese punto de vista.
Me gustó. Más de lo que esperaba. La impresión que deja la obra de un artista cambia mucho según cómo se presente, y en este caso gana mucho. Un sobresaliente a la amabilidad del personal de la sala de exposiciones que contrasta con la eficiente pero fría cordialidad del Thyssen.
Woodman es un fenómeno reciente. Una popularidad en diferido. La fotógrafa se suicidó joven con solo 22 años, tras haber dejado tras de sí un cuerpo de obra que aúna a la vez la frescura y la espontaneidad, las ganas de experimentar de la juventud, con una profundidad conceptual que normalmente se atribuye a artistas más granados y experimentados. La pena es que hace casi cuarenta años que nos falta, y que hasta hace poco poca gente se había preocupado por esta obra. Ahora se ha puesto de moda rescatar fotógrafos olvidados de todo género, y afortunadamente tenemos amplio acceso a la obra de Francesca Woodman.
Ya dispongo desde hace unos años de un libro sobre una parte amplia de la obra de Woodman y estoy familiarizado con ella. También había tenido ocasión de contemplar obra en algún museo de arte contemporáneo. No grandes series, muestras pequeñas de su obra. Pero en esta ocasión, la exposición que viene de la mano de una comisaria del Moderna Museet de Estocolmo, presenta de una forma muy sistemática y didáctica las distintas series que han sido seleccionadas para la exposición. Esta no es exhaustiva, pero sí que es representativa, incluyendo unos cortos vídeos grabados por la fotógrafa y que permiten comprender mejor el proceso creativo de la joven. Quitado algún «error» en la traducción al español de las cartelas y de los comentarios de la comisaria, lo cierto es que la labor de esta me parece encomiable a la hora de disfrutar de la exposición. Muy recomendable.
Pues sí… ha sido extraña. Fotográficamente hablando, en lo que se refiere a mi afición por la fotografía en su conjunto. No sólo a hacer fotos. Me llegó un libro… que no recordaba muy claramente haber pedido… Y bueno, ya llegaré a eso.
En primer lugar tenemos que hablar del fallecimiento de Carlos Jurado (1927 o 1929 – 2019), un fotógrafo que probablemente sea muy poco conocido para la mayor parte de los aficionados. La noticia la proporcionó su compatriota Óscar Colorado, y pocos medios más se han hecho eco. Y ¿por qué destaco a un fotógrafo que parece haber tenido poca repercusión? Pues porque fue uno de los impulsores de la fotografía estenopeica, modalidad que practico con no demasiada frecuencia, pero que me ha dado algunas alegrías importantes. Para conocer un poco más a este fotógrafo, podemos acudir a un artículo del propio Óscar Colorado, de hace ocho años, nada menos. Y que además profundiza en las razones y los modos de este tipo de fotografía. Al mismo tiempo que nos muestra que la fotografía de Jurado fue algo más.
Tengo pendiente de publicar una comparación entre dos películas negativas en blanco y negro de sensibilidad ISO 80. De momento, os muestro algunas de ellas realizadas con mi Leica M2 calzada con el Zeiss ZM Biogon-C 35/2,8 y el carrete de Rollei Classic 80S, una película pancromática con sensibilidad extendida al infrarrojo cercano.
Ya lo he dicho. Para que veáis como llevo la cabeza. Recibí esta semana un libro que no recordaba haber pedido. Se trata de Yumi and the Moon, de Alexandra Leese (instragram). Hace ya un tiempo que seguía la cuenta en instagram de esta fotógrafa sinobritánica. Supongo que la idea de comprar el libro vino de esta entrevista a la autora que publicaron en Dazed hace unas semanas. En ella nos explicaba cómo el libro venía inspirado por una antigua leyenda japonesa, Taketori Monogatari (El cuento del cortador de bambú), donde se nos habla de una niña que viene de la Luna a habitar en la Tierra y cuyos padres adoptivos llaman Kaguya-hime, la princesa resplandeciente. Esta historia fue adaptada por Isao Takahata, uno de los directores del Studio Ghibli, en una de las más bellas películas de la productora, llena de poesía, y con un estilo visual diferenciados, aunque también de las menos comerciales. El libro que recibí me sorprendió por su formato, obviamente no leí las especificaciones del mismo, ya que tiene un tamaño que está en el orden de una Din A3, aunque no tenga estas exactas proporciones. No tiene texto en la práctica, y es una serie de retratos, muchos de ellos desnudos, de Yumi Carter, la artista que le contó la historia a la fotógrafa y que acabó posando para este libro-revista. Se complementa con fotografías y vistas diversas de la luna, y alguna otra de paisajes o lugares, complementaria. Todavía no sé si me gusta o no… creo que esperaba algo más parecido a los trabajos de Lena C. Emery… Bueno, la verdad es que no está mal. No confundir la leyenda que he mencionado con el cuento de Jinichirō Tanizaki El cortador de cañas. Es también muy bello, pero no tiene nada que ver. Yo lo leí dentro de la colección Cuentos de amor, donde se denominaba El segador de cañas.
La lectura de otro artículo de Óscar Colorado me llevó a reflexionar y a interesarme por el concepto de autoría de una fotografía. Que no siempre está vinculada al hecho de pulsar el disparador de una cámara. Al igual que en el cine el autor de la película es el director y no el director de fotografía, también denominado antiguamente el operador de cámara, también es posible que el autor de la fotografía, quien la idea, de quien nace el concepto, y el operador de la cámara fotográfica, quien pulsa el disparador, no sean la misma persona. Y nos propone dos ejemplos muy distintos.
El primero de ellos es Gregory Crewdson, un fotógrafo bastante conocido hoy en día por sus espectaculares puestas en escena de aspecto muy cinematográfico. Y para cuya realización Crewdson dispone de un potente equipo de iluminadores y operadores, actuando él como la persona que idea la fotografía, que coordina la puesta en escena, que cuida hasta los más mínimos detalles de la misma en su composición y en su iluminación, aunque al final sea un operador quien dispare el obturador de la cámara. Por lo tanto, las fotografías de Crewdson se corresponde en gran medida con el concepto de tableau vivant, en cierta medida. Óscar Colorado también le dedicó un artículo hace cuatro años.
Pero por espectaculares y perfectas que me parezcan las puestas en escena de Crewdson, me interesó más las propuestas de la surcoreana Nikki S. Lee. Aunque la presentemos como fotógrafa, la surcoreana afincada en Estados Unidos, su nombre original es Lee Seung-hee, es más bien una artista conceptual que busca reflejar en una fotografía una performance o un happening. Su largo primer trabajo, Projects, la llevó a integrarse de forma secuencial en las distintas subculturas neoyorkinas, modificando su identidad, su estilismo, su forma de comportarse, incluso el color de su piel o su peso corporal. Una vez conseguida la integración, entregaba una sencialla cámara compacta para que un amigo suyo o alguien que estuviese por allí y realizase fotografías que poco se diferencia de las que cualquier grupo de amigos se hace eventualmente. Por lo tanto, estamos ante un trabajo complejo, un estudio sobre la identidad o la pluralidad de identidades, pero que no pasa por la meticulosa planificación de la toma de Crewdson, sino que no deja de otorgar un papel al azar a la hora de entregar su cámara a otra persona que puede incluso ser un desconocido. Fotografía que pueden ser defectuosas técnicamente, pero que en su conjunto conforma un cuerpo de obra potentísimo. A mí, este trabajo que Colorado comenta también en su blog, me parece impresionante, y con mucho más impacto y significación que el de Crewdson, que por sí, también es estupendo.