Tengo pendiente de comentar la adaptación de Netflix de la más famosa novela de Liu Cixin. La que le gustó a Obama, entre otros muchos. Que mira tú qué narices tendrá Obama, un abogado de Chicago, para que su opinión sobre una novela de ciencia ficción sea más importante o interesante que la de otros. En fin… la tontería del personal. El caso es que mientras iba viendo la serie, apareció en oferta esta colección de relatos cortos de Liu. Y la cosa es que con antelación, yo, había llegado a la conclusión que Liu es mejor cuentista que novelista. Así que me animé con ella, y me la leí durante las vacaciones de Pascua.
Démonos un paseo por China, para ilustrar la entrada. Por la bonita ciudad de Suzhou. Bonita por lo menos en su centro histórico. Que es una «pequeña» ciudad de diez millones de habitantes, que a saber cómo será en sus barrios más modernos.
Se trata de una colección de once cuentos. Y les voy a llamar cuentos en lugar de relatos cortos, para algunos son términos sinónimos, porque varios de ellos llevan consigo la sensación de ser, eso, como uno de los cuentos con más o menos moral añadida que nos contaban en la infancia. Hay contactos con extraterrestres más o menos avanzados, hay desastres naturales, hay guerras tecnológicas, pero con muertos de verdad con balas y bombas, y hay alguna que otra paja mental, elucubración más o menos tonta a partir de conceptos físicos. Como eso de que si estuviésemos en un universo con big bang y big crunch, en el momento en que se produjese el final de la expansión y comenzase la contracción… bueno, no lo voy a destripar. Además, parece que no este no acabará en un un big crunch, que parece que se morirá de aburrimiento y frío.
La cuestión es que me parece que es una colección hecha de retales. Relatos cortos que no fueron incluidos en colecciones anteriores. Muy diversos y de épocas diversas. Porque en algunos casos maneja o especula con conceptos científicos hoy en día poco considerados, aunque hace un tiempo tuvieran sus quince minutos de fama. Y que no son los relatos cortos más brillantes del autor. Alguno hay majete, o ingenioso. Pero también hay alguno que roza lo infumable. Te quedas con la sensación de que su editor le ha dicho, «mira majo, vendes; vamos a exprimir la gallina de los huevos de oro y vamos a publicar todo lo que has escrito».
Particularmente chirriante resultan aquellos en los que a Liu Cixin se le ve el plumero y se pone en plan «pelota» del Partido Comunista Chino. O del comunismo en general. La tesis habitual del todopoderoso PCCh que dice que puede haber algún corrupto en el partido, que recibirá su merecido, pero que el partido es sagrado y no se pueden decir sobre él nada más que alabanzas. Lo cual es falaz. Cualquier organización que adquiere un poder omnímodo en un determinado entorno social y político acaba siendo corrupta por definición, por no existir elementos de control reales. Eso se vislumbra en varios relatos, incluso si al mismo tiempo critica alguna de las situaciones sociales del gigante asiático. Y anda que no chirría ese relato en el que hay una guerra entre una hipotética Rusia renovadamente comunista que se defiende contra los malísimos capitalistas de la OTAN de forma heroica… Chirría especialmente cuando vemos la realidad sobre las guerras que impone la Rusia de Putin, que es de todo menos heroica y justa. Muy inoportuno… salvo que el escritor, como el PCCh, esté encantado del rifirrafe entre Rusia y el resto de Europa porque suponen que eso «les beneficia a ellos». Por estos detalles, esta colección no me ha dejado especial buen sabor de boca.
Ya he leído varias novelas de Ishiguro en el pasado. No hace mucho de la última. Y es un escritor que me gusta. Muy diverso en sus temas. Y en sus tonos. Aunque siempre con un cierto toque de melancolía. En esta ocasión me aproximé a su faceta como escritor de relatos cortos; cinco de ellos. Publicado originalmente en inglés, idioma en el que lo he leído, en 2009, desconozco en qué momento de la vida de Ishiguro fueron escritos cada uno de ellos.
Estos relatos empiezan y terminan en la piazza San Marco de Venecia al atardecer. Así que allí nos vamos.
Vuelvo a decir que aunque Ishiguro es muy diverso en sus temas y tonos, siempre le noto un toque de melancolía o nostalgia. Y ese toque es el tono general de esta colección cinco relatos. Todos ellos vinculados entre sí por la música. Y por el crepúsculo. Como el título nos avisa. Un matrimonio que se desmorona en los románticos canales de Venecia. Un profesor inglés de inglés en España vuelve a Londres a casa de unos amigos, y se encuentra en medio de una situación realmente incómoda. Un joven músico de rock que no atina con el tono recibe una lección de amor a la música de dos suizos de mediana edad en un café de una comarca rural inglesa. Un saxofonista se recupera de una cirugía estética y mantiene un extraño encuentro con una celebridad ya madura que ha ido a lo propio. Un joven violonchelista en Venecia se deja guiar por una peculiar «virtuosa» del instrumento. Los relatos son independientes, pero algunos de ellos tienen vidas cruzadas, personajes o escenarios comunes.
Sinceramente, no es mi obra favorita de Ishiguro, entre las que he leído. Pero los relatos tienen su intriga. Tienen corazón. Por supuesto, están bien escritos, que se nota la maestría del autor. Quizá no sea mi colección de relatos cortos favorita. Pero sin duda me parece recomendable. Me acompañaron bien durante una parte del viaje al lago Constanza durante mis cortas vacaciones de Pascua.
Esta es la segunda novela de la serie de los Gigantes de James P. Hogan. Recientemente leí la primera entrega y me resultó simpática. Por lo que he investigado, la serie consta de cinco novelas, y las tres primeras son majas. Las dos últimas no tienen tan buenas críticas o consideración. Así que decidí dar una oportunidad a esas dos novelas. Las características generales de estas novelas las podéis leer en mi reseña de la primera de ellas, así que aquí no me extenderé mucho. Es que además no tengo mucho tiempo hoy.
Durante un tiempo en la cronología interna de la novela, los gentiles gigantes de Ganímedes se establecen en una colonia especialmente diseñada para ellos a orillas del lago Lemán, cerca de la ciudad suiza de Lausana. Un sitio realmente muy agradable. Que he visitado un par de veces.
La novela de hoy es continuación inmediata la anterior. Si habíamos dejado a los protagonistas investigando la misteriosa nave alienígena encontrada en Ganímedes, la luna de Júpiter, una nave con 25 millones de antigüedad, se van a llevar la sorpresa mayúscula de que mientras están en ello aparecerá en el Sistema Solar una nave de esta especie que intenta regresar a su planeta de origen tras un viaje con graves incidencias y a velocidades relativísticas. Si para esos gigantes gentiles su odisea ha durado algo más de 20 años, por los efectos de la relatividad, en el Sistema Solar han pasado esos 25 millones de años. La novela tiene poca acción, básicamente se dedica a describir, especular, el encuentro entre ambas especies.
La novela es simpática en general. Pero altamente inverosímil. Por la fuerte antropomorfización de los alienígenas, que facilita enormemente el contacto. Y la sorprendente analogía de sus biologías, que les permite compartir comida y bebida. Lo más curioso es la existencia de una inteligencia artificial, que no llama así, la novela es de 1978 y en aquel momento el estado de la informática no tenía nada que ver con el actual, que es capaz de realizar una diversidad de tareas. Y sí… de una forma u otra Hogan prevé internet. En 1978 había embriones de lo que sería la red de redes, pero nadie la imaginaba todavía, salvo unos poquitos enterados. No se hablaba de ello. Hubo que esperar a los principios de los años 90 del siglo XX.
Pero bueno, en general es una novela con fuerte sabor retro, un tipo de planteamientos muy optimistas que ya no se estilan en la ciencia ficción actual, que mezcla cuestiones de ciencia ficción dura con casualidades prácticamente imposibles y convergencias evolutivas difíciles de digerir. Me parece que la biología no es el fuerte de Hogan. Pero me ha parecido entretenida. Oye. Que no es poco.
El premio Nobel británico de origen japonés Kazuo Ishiguro es uno de los escritores que más me convencen habitualmente. Me suele gustar cómo escribe y me suele gustar sobre lo que escribe. Me parece un escritor sensible, de prosa clara pero no banal o simple. Sus temas son profundos. Y suelen tener no sólo un componente psicológico o ético, respecto a las reacciones o los comportamientos del individuo, sino que su reflexión ética alcanza el nivel de las decisiones o consecuencias políticas. No es un escritor muy prolífico. En 40 años de carrera sólo ha escrito ocho novelas de las que, con esta que comento hoy, he leído cinco. Pero ha diversificado su actividad literaria. Ha escrito cuentos y relatos cortos, ha escrito guiones de cine, ha escrito letras de canciones. Dos de sus novelas se han adaptado al cine, la que hoy voy a comentar, y la emotiva distopía que tanto me gustó en su momento. La versión literaria; la versión cinematográfica estuvo bien, pero un peldaño por debajo.
Las cortas vacaciones del mayordomo protagonista, Mr. Stevens, lo encaminan hacia Cornualles, donde pasé unos días hace casi 18 años.
Recuerdo muy claramente cuando vi la película que adaptaba la historia de la novela que traigo hoy, dirigida por James Ivory, especialista en rodar con elegancia películas de época, y con las impresionantes actuaciones de Anthony Hopkins y Emma Thompson demostrando que en ese momento ya eran de lo mejorcito que podíamos encontrar en la interpretación británica y mundial. La película, que recibió ocho candidaturas a los Oscar, aunque no ganó ninguno, adaptaba con fidelidad la novela de Ishiguro. Lo tuvo difícil… la del 93 fue una de las mejores cosechas cinematográficas que se puedan encontrar. Fue el año del triunfo de Belle epoque, que se las tuvo que ver con tres candidatas asiáticas (Hong Kong, Taiwan y Vietnam) absolutamente impresionantes. Quizá hoy en día, con unos votantes más sensibles hacia las cinematografías orientales, no hubiese tenido las mismas oportunidades. Estoy dispersándome de lo que quería contaros.
La historia nos lleva, en los años 50 del siglo XX, a una gran mansión aristocrática británica que ha conocido mejores días. En el momento presente de la narración, un adinerado americano es su propietario, y tiene a su servicio un reducido equipo de sirvientes, con un mayordomo que lleva décadas en la casa. Este sabe que los niveles de calidad del servicio no son los que fueron. Y una carta de la antigua ama de llaves, con quien coincidió antes de la guerra mundial durante bastantes años, le hace imaginar que tal vez pueda repescarla para el puesto. Para ello pide permiso para realizar unas cortas vacaciones en Cornualles. Durante el viaje, rememorará los años de gloria de la mansión, y los acontecimientos grandes, de la política mundial, que sucedieron en ella, así como las pequeñas alegrías o desdichas de los que trabajaron en ella en el servicio.
La novela nos cuenta, por lo tanto dos historias, la del presente, un mayordomo ya mayor, tremendamente nostálgico de unos tiempos que idealiza, y la de ese pasado idealizado. Y es un magnífico ejemplo de la narración en primera persona, que suele ser un indicador de un narrador poco fiable. Un narrador que quizá nos engaña, quizá se engaña a sí mismo. Y este segundo caso es el que afecta a la narración. El mayordomo protagonista, obsesionado por su sentido del deber y de la dignidad en el ejercicio de su trabajo, de mentalidad conservadora, incapaz de asumir el concepto que su noble empleador pudiera estar equivocado, tiene los valores sociales y políticos puestos del revés y anclados en un pasado, quizá el de la Inglaterra victoriana, cuando el mundo avanza por otros derroteros. No entiende la política, como tal vez no la entienda su aristocrático empleados,… o quizá sí y es todavía menos inocente de lo que sospechamos en sus flirteos con el fascismo. No entiende las relaciones humanas, y acaba alejando de sí aquellas persona, aquella mujer, que podría haber terminado por dar sentido a su vida. Pero cuando él se ha anclado voluntariamente en el pasado, y la mujer avanza con los tiempos… no pueden caminar juntos.
Ishiguro, después de un par de novelas escritas en inglés, siempre ha escrito en inglés, pero sobre su Japón natal, con esta novela se hizo un puesto indudable entre los mejores de una generación de escritores británicos muy destacados. También he sido asiduo a la literatura de alguno de sus contemporáneos. Aunque algunos críticos lo han situado, aunque escriba en inglés, entre determinados autores japoneses que trasciende fronteras, como otro de mis habituales. La novela tiene un nivel literario alto; pero, como decía al principio, su prosa es clara. Lo he leído directamente en inglés. Y tengo otras novelas de Ishiguro en espera. También en su idioma original. Se confirma como uno de mis autores de referencia, y lo encuentro altamente recomendable.
Cuarto libro que leo del premio Nobel japonés Yasunari Kawabata. Previamente leí uno de sus relatos cortos más conocidos, con el que debutó como escritor publicado, una obra de madurez, tardía, y la novela probablemente más conocida en occidente. La cuestión es que para mí hay mucha diferencia en el tono y en la escritura entre ese primer relato corto y la crudeza y perturbación que suscitan las otras dos obras. Se cuenta que el escritor estuvo marcado siempre por la ruptura de su compromiso matrimonial con una joven de la que estuvo profundamente enamorado, y que marcó la forma en la que vio a las mujeres y la forma en que escribió sobre ellas. En cualquier caso, en un blog sobre literatura y cultura japonesa leí sobre el libro que traigo hoy. Siendo una obra también de juventud, decidí conocer otros aspectos de la compleja personalidad como escritor de Kawabata.
Tras la guerra, Asakusa, gravemente dañada por los bombardeos incendiarios de los norteamericanos, perdió su carácter de distrito del entretenimiento y del placer en favor de otros distritos de Tokio, como Shinjuku. Pero el templo de Sensō-ji sigue atrayendo a muchos visitantes, tanto turistas como locales. Lugar popular por excelencia.
He de decir que lo he leído en francés porque no encontré el libro en castellano. Pero no porque no esté disponible, sino porque lo está con otro título. El título original en japonés Asakusa kurenaidan 浅草紅團, sería La banda roja de Asakusa. Algunos de los personajes de la historia pertenecen a un pandilla juvenil que se identifican por un cinturón rojo, kurenai 紅 sería el rojo carmesí o rojo púrpura, frente a aka 赤 que sería el rojo vivo. Y en castellano el libro se titula La pandilla de Asakusa, y no Crónica de Asakusa como yo lo busqué, motivo por el que acabé comprando la versión electrónica en francés. Tampoco importa mucho, ambos son traducciones del original.
Más que una novela al uso, el libro es un conjunto de relatos basados en las vivencias del escritor cuando vivió en Asakusa en los años 20 del siglo XX. Un momento en el que la vida en Asakusa se desarrollaba entre la popularidad de Sensō-ji, el conocido templo budista dedicado a Kannon, uno de los más visitados de Tokio, y el ambiente en los límites de la sociedad, del tráfico de sustancias, el tráfico de personas, un momento en el que todavía se venden y se compran niños y niñas que no pueden ser mantenidos por sus padres, la prostitución adolescente, las bandas juveniles delincuentes y el mundo del espectáculo, o cierto espectáculo, también en el límite. Un mundo decadente y marginal. Se fija el escritor en varios personajes, casi siempre chicas adolescentes, como aquella que lidera la Banda de los Cinturones rojos que da nombre al libre, o, como contraste, guapa chica que vive de la prostitución, aspirando a que algún hombre se fije en ella y la saque de ese ambiente.
Un relato, o relatos, de un observador que va dando bandazos en su relato, como forma de expresar un mundo cambiante, nunca estático. Que nunca tenemos claro si lo que siente sobre esas jóvenes adolescentes marginales o delincuentes es compasión, atracción, admiración o mera curiosidad. Algo más que curiosidad. Un arco argumental nunca queda cerrado del todo. La historia que parece concluida, se reactiva unos capítulos más allá cuando su protagonista aparece de nuevo en escena. Descripciones vividas, pero sobretodo una serie de tipos humanos que parecen a veces inverosímiles desde nuestro punto de vista 100 años después y en otra cultura, pero que muestran las tensiones internas de la sociedad nipona entre las formas y costumbres tradicionales y las nuevas tendencias en vestido, peinado, música y actitudes, especialmente entre las chicas, unas chicas con ganas de ser las dueñas de sí mismas en una sociedad esencialmente patriarcal, a toda costa. Incluso si el precio puede ser la vida.
Kawabata es un escritor complejo en su fondo. Y eso se refleja en su escritura. Pero siempre recomendable. Muy recomendable.
Solía, hace unos años, comprar algún libro de fotografía, o de otras cosas, cuando visitaba Madrid. Aunque en Zaragoza hay alguna buena librería, no se da la abundancia de oferta que se da en Madrid o Barcelona, y menos aún la existencia de librerías especializadas. Y aun así, en esas grandes ciudades,… que mucho echamos de menos la desaparición de Kowasa en Barcelona. El caso es que después de unos años en los que no he hecho tal cosa, este lunes pasado en Madrid me pasé por La Fábrica. Una editorial, gestora de proyectos culturales y librería que ha hecho un viaje de ida y vuelta. Durante unos años aspiró a más, con una tienda más amplia y más variada, incluso con cafetería adjunta, pero ha vuelto a su local original. Supongo que las cuentas no les salieron. España es así. La cosa es que me traje un par de libros de fotografía. Y cuando volví a casa el martes después de la escapada a Tarragona, me encontré con que tenía a mi disposición en Librería Cálamo el número 93 de la revista Exit. Así pues… allá vamos.
Hablando de escultura y fotografía, como en la revista Exit, hace unos días, en el Museo Pablo Gargallo, en un paseo fotográfico con los miembros más «analógicos» de AFZ Asociación de fotógrafos de Zaragoza.
El primero de los libros que elegí es un poco anecdótico si os he de ser sinceros. Como hago fotografías. 20 consejos de Joel Meyerowitz es uno de estos libros que intenta dar recetas al lector sobre como hacer mejores fotografías. Y son libros a los que no soy especialmente aficionado, porque creo que las cosas no se aprenden a base de recetas. Las cosas se aprenden cuando las interiorizas y aprendes a pensar en el ámbito de la disciplina en la que te quieres desenvolver. Pensar por ti mismo; no aplicar soluciones más o menos milagrosas. Pero es Joel Meyerowitz, uno de mis fotógrafos favoritos. Y las fotografías de demostración son del propio fotógrafo, que es otro nivel. Y después de todo, cuando lo vas hojeando y leyendo… pues no son recetas. En la misma onda que yo decía, son consejos para empezar a pensar y ver fotográficamente. Quizá no el mejor libro de o sobre Meyerowitz, pero un librito simpático que iré hojeando y leyendo poco a poco.
En la librería La Fábrica me encontré con una estantería dedicada casi por completo a los fotógrafos japoneses. Que realmente hay muchos y muy buenos. Allí, hojeé rápidamente varios de ellos, y me interesaron varios. Pero al final me traje uno de Akiko Kimura 木村朗子 sin más título que i. Creo que se trata del pronombre de primera persona singular inglés, aunque las normas ortográficas del idioma de Shakespeare indica que dicho pronombre, I, se escribe con mayúscula. Claro que en la contraportada del libro nos cuentan que ese pronombre inglés, I, es homófono con 愛 [ai], que en japonés significa amor. Pero me tengo que ir a su página web para descubrir un texto en el que nos cuenta que el título viene de 藍色 [aiiro], el color índigo, que también en inglés/castellano empieza por i.
Y eso tiene sentido, porque el motivo por el que me atrajo fue por su contenido y estilo. Fotografías en color, en muchas de ellas con los azules (¿índigo?) predominantes, paisajes de entornos diversos, muy minimalistas en la mayor parte de las ocasiones, en formato vertical, realizadas sobre película fotográfica tradicional en formato 35 mm, y que me parecieron muy inspiradores. Porque, salvando las distancias, paisajes, naturales o urbanos, en color y en formato vertical en la mayor parte de las ocasiones, intentando simplificar los más que puedo, o sé, su contenido es lo que más vengo haciendo recientemente. No sé. Conecté con las fotografías de Kimura. Y oye… que si nada lo impide, una pandemia por ejemplo, el 14 de mayo volvemos a Asia… a Japón. Aunque todavía no sé a qué parte de Japón.
Finalmente, el número 93 de la revista Exit. De esos 93 número tengo bastantes, una de las mejores revistas de fotografía que conozco y está en castellano. Bueno, es bilingüe, castellano e inglés. Y este último número, que tampoco me ha dado tiempo a revisar con calma en su integridad, está dedicado a la escultura. Escultura y fotografía son dos disciplinas que se llevan bien. La fotografía es un medio para hacer llegar a más personas la obra escultórica. Pero también porque la escultura es un sujeto fotográfico de máximo interés, por sus formas, por sus texturas, por la forma en que recibe la luz y la devuelve, por los significados que las esculturas pueden alcanzar a través de la fotografía. Como de costumbre, el punto de vista de los editores es amplio. Y no sólo hablamos de la escultura como arte formal. Hablamos de escultura como el estudio de las formas, volúmenes en el espacio tridimensional, sea una escultura clásica, sean las formas geométricas que en las ciudades encontramos en fachadas, postes, contenedores, sean los peinados de las mujeres, sean los objetos que pueblan nuestros hogares o las calles. Los números de la revista Exit exigen una ingestión y una digestión pausadas y prolongadas, para apreciar en su justa medida todo su contenido. Por ello, su periodicidad trimestral… es apropiada.
Hace un par de meses o tres estaba yo leyendo un artículo sobre lo que ya se considera ciencia ficción clásica, aquella que se escribió en los años 60 y 70, en la que surgieron escritores que se bregaban en una ciencia ficción dura, en la que trataban de contar historias plausibles a la luz del conocimiento científico, y con mayor o menor éxito a la hora de crear al mismo tiempo un relato que entretuviera y que tuviese una suficiente profundidad para hacernos reflexionar sobre nosotros mismos. La mejor ciencia ficción siempre nos plantea escenarios futuristas y avanzados científicamente para hablar de nuestra identidad como seres humanos o de nuestros problemas actuales como sociedad o como especie. Véase al respecto la novela de Poul Anderson que comenté en septiembre de 2022, o la estupenda Cita con Rama de Clarke, un clásico entre los clásicos. Pero estos son sólo dos ejemplos que me han venido a la memoria sobre la marcha, sin pensarlo mucho, de los muchos que hubo. Coincidió que yo, a finales de los años 70 y principios de los 80, estaba en mi final de la adolescencia y principio de los años de universidad, y como buen chico de ciencias, me apasionaba este tipo de lecturas.
De los varios astros, planetas o satélites, que se mencionan en el libro, sólo dispongo fotos en detalle, realizadas por mí, de uno de ellos,… el planeta Tierra.
Sin embargo, había mucha oferta. Había una diversidad de colecciones de obras de ciencia ficción en varias editoriales que ofrecían abundancia de obras, muchas de ellas en formato de bolsillo, más económicas, y adecuadas a la pobre economía de un estudiante. Y hubo muchas cosas interesantes que se quedaron en el tintero. Es cierto que hoy en día, esas obras hay que leerlas con una cierta perspectiva y comprensión. Las ciencias han avanzado, y las propuestas de aquellos autores, entonces ingeniosas e innovadoras dentro de los paradigmas de la ciencia real, pueden resultar ingenuas o francamente descarriladas. Uno de estos autores, al que no accedí en aquella época, fue el británico James P. Hogan, un escritor relativamente prolífico, especialmente conocido por su serie de los Gigantes, y sobre el que no había leído. nada. En ese artículo que he mencionado al principio, y que soy incapaz de enlazar porque no recuerdo donde lo leí, recomendaba algunos libros de esta serie, y decidí leer al menos el primero de ellos, que os traigo hoy a comentario. En su original en inglés.
La acción nos sitúa en el año 2027, cincuenta años después del año en el que se publicó, momento en el que el autor, ingenuamente, imaginaba que la guerra fría habría terminado y habría comenzado una colaboración internacional para el desarrollo de la ciencia y la exploración del espacio, al que habrían ido los presupuestos destinados a los ejércitos. Inspirada por el 2001, A Space Odissey de Kubrick, que Arthur C. Clark adaptó a una novela con una trama muy similar, aunque con algunas diferencias en el argumento, tras una introducción que nos habla de ciertos acontecimientos en un pasado remoto, se nos habla de un hallazgo en la luna. El cadáver momificado de un astronauta en la Luna, con miles de años de antigüedad, pero inequívocamente humano. Un equipo de científicos de lo que sería la sucesora multinacional de la NASA acomete la tarea de estudiar el hallazgo y darle un sentido, ante su improbabilidad. Un posterior hallazgo en Ganímedes, satélite de Júpiter, de una nave claramente alienígena, compleja la tarea de dar sentido al conjunto. [Obsérvese el paralelismo con 2001; en aquella, se encuentran dos monolitos, uno enterrado en el cráter Tycho de la luna, y el otro en órbita alrededor de Júpiter (versión cinematográfica) o en Iapeto, satélite de Saturno (versión literaria)]
La novela es en general muy entretenida. No hay acción propiamente dicha, más allá de alguna reconstrucción de lo sucedido en el pasado remoto del que proceden los restos del astronauta lunar. Lo que vamos siguiendo es el proceso científico de generación de hipótesis a partir de los restos encontrados y su análisis, contrastados con el conocimiento científico establecido, para proceder al proceso de contrastar la fortaleza de esas hipótesis, para sustituirlas por otras cuando no funcionan, o para modificar el paradigma científico cuando es necesario. Intervienen todo tipo de científicos, biólogos, químicos, físicos, geólogos, paleontólogos,… también lingüistas e historiadores que aportan sus métodos de estudio a los elementos culturales de los restos. No hay villanos. Aunque haya personajes que nos caigan mejor o peor, el biólogo es uno de ellos porque parece intransigente, pero todos aportan. Y al cabo, el biólogo acaba resultando un científico serio, de los de ante hipótesis extraordinarias, las pruebas han de ser también extraordinarias. Escrita con una prosa muy directa y funcional, se lee fácil, con interés, en más de un caso me encontré trasnochando más de la cuenta por culpa de ese querer saber qué es lo que van a deducir.
Al mismo tiempo, las hipótesis que plantea el escritor resultan un tanto ingenuas desde el punto de vista del conocimiento actual. Por ejemplo, volviendo a la biología evolutiva, frente al hecho de que en los años 70 del siglo XX el fuerte del análisis de los restos paleontológicos estaba en el estudio morfológico de los fósiles, poco a poco fueron sustituidos, cuando esto fue posible, con las técnicas de biología molecular, especialmente el de los ácidos nucleicos, sometidos a un cambio por mutaciones en el tiempo, marcados por un reloj evolutivo, que permite establecer las relaciones de parentesco entre especies. Con ese conocimiento, la hipótesis final del libro… resulta implausible en el año 2023, aunque lo fuera en 1977. Lo mismo sucede con el origen de la Luna, aunque la teoría del gran impacto, hoy la favorita de los científicos, ya había sido formulada en aquel momento, y hace que la hipótesis final del libro tampoco sea admisible. Con el cinturón de asteroides pasa algo parecido. Cuando leí mi primer libro de astronomía divulgativa que me compraron siendo un adolescentes, y que devoré numerosas veces hasta casi aprendérmelo de memoria, se hipotetizaba con el origen del cinturón de asteroides como la consecuencia de un planeta en órbita solar entre Marte y Júpiter que hubiese sido destruido. Hoy en día, sabiendo que la masa total de los millones de cuerpos del cinturón se estima en sólo un 4 % de la de la Luna, más bien se considera como un intento fallido de formación de un planeta durante los inicios del Sistema Solar por las perturbaciones gravitatorias introducidas por el gigante Júpiter. En fin… la hipótesis final del libro, ingeniosa, hoy en día también resulta ingenua e implausible.
Bueno… las cosas son así. Las ciencias adelantan. Toda obra de ciencia ficción, especialmente ciencia ficción dura, que parte del conocimiento científico real, o aunque se base en las hipótesis más especulativas, cuando pasa un cierto tiempo queda desfasada y pasa a ser ingenua o simplemente errónea. No quiero decir con esto que toda la ciencia especulativa se quede desfasada. La evolución de Darwin tuvo que esperar décadas para poder conocerse cuál era su base biológica molecular y terminar de confirmarse. O la deriva de los continentes de Wegener tardó mucho en poder medirse y que fuese una teoría plenamente aceptada. Pero la obra es notable en su planteamiento. Y yo me lo he pasado muy bien. Contemplo la posibilidad de seguir con alguno de los siguientes libros de la serie. A ver que nos tenía que contar Hogan sobre este universo alternativo que planteó.
Hayao Miyazaki no es conocido como escritor. Ni siquiera como ilustrador. Es conocido como director de cine de animación. En ese ámbito, no sólo es conocido. Es célebre. Y celebrado. Como una de las cabezas de Studio Ghibli, es responsable de algunas de las mejores películas de animación de la historia del género. Hay heroinas y héroes de la animación absolutamente geniales que han salido de su creatividad; Nausicaä, Chihiro, Ashitaka y San, Porco Rosso, Niki, Totoro, Sophie y Howl, Ponyo… Incluso si algunos de ellos son adaptados de obras literarias, les supo dar una impronta especial que los ha hecho especialmente queridos por muchos aficionados al cine de animación o al cine en general. Por supuesto, es escritor también, puesto que ha sido el guionista de sus películas, sean obras originales o sean obras adaptadas. Pero también se ha internado en el terreno del manga, del cómic.
Por algún motivo, me ha parecido adecuado ilustrar la entrada con unas fotos de la isla de Itsukushima, también conocida como Mijajima. Tanto Shuna, como Ashitaka más tarde, usan como monturas animales herbívoros con cornamentas. Como también las tienen los ciervos shika de esta isla japonesa.
Tengo por casa la historieta gráfica Nausicaä del Valle del Viento, que publicó en 1982, dos años antes de estrenar la película que la adaptaba al cine de animación. Sinceramente, no la he leído entera de principio a fin, pero de vez en cuando repaso algún pasaje o algún detalle de la historia que me interesa. Podríamos decir que, de esta forma, la he ido leyendo a lo largo de los años, desde que la compré poco después de ver en la gran pantalla la versión restaurada de la película con motivo de su 25º aniversario. Muchos piensan que Nausicaä es la primera película de Studio Ghibli, pero no es así. Aunque el estudio de animación tenga o gestione los derechos de la misma, el estudio se constituyó como consecuencia del éxito de la película, para permitir un ámbito de creación dentro del mismo espíritu, como así fue.
Recientemente se publicó en español el libro que nos ocupa hoy y que recibí como regalo esta navidad. Su publicación original, en Japón, data de 1983. Generalmente suele encontrarse encuadrado entre el manga, cómic, historieta o relato gráfico. Y se podría incluir en este género… visto desde un punto de vista amplio. Basándose en una leyenda tibetana, Miyazaki nos cuenta las historia del príncipe Shuna, hijo del rey de un valle en las montañas, remoto, pobre, con problemas para alimentar con sus cosechas a su población, y que parte en un viaje hacia el oeste en busca de las semillas que pueden dar cosechas de grano mucho más ricas y fructíferas que acaben con la necesidad de su pueblo. Pero el viaje no será fácil. Tendrá que luchas con forajidos, con esclavistas… se involucrará en el destino de otras personas, e incluso tendrá que desafiar a los propios dioses. Y recibirá el castigo por ello, aunque las relaciones establecidas por el camino en su pelea con las injusticias darán su fruto y le abrirán el camino futuro.
No pensemos en el libro como un cómic o un manga al uso, en el que cada viñeta nos presenta una escena, con sus diálogos contenidos en los típicos bocadillos, y con la expresividad propia de la acción. Más bien es una sucesión de cuadros, realizados a la acuarela, que de forma ordenada, y con la ayuda de una escueta narración con palabras, nos va desarrollando la acción. Hasta cierto punto parece el esbozo de una futura película que nunca se realizó. Las historia como tal parece inacabada, con un final abierto a futuras aventuras de Shuna con las jóvenes a las que salva y que a su vez lo salvan. Deja con ganas de saber más.
No es difícil ver en Shuna características de otros personajes de Miyazaki. Como príncipe preocupado por su pueblo, vemos rasgo de este personaje tanto en Nausicaä como en Ashitaka. En este último, especialmente, su viaje voluntario alejándose de su pueblo, para el beneficio de este. Y desde luego, vemos los valores habituales que impregnan los personajes y las películas posteriores de Miyazaki. No son héroes/heroínas perfectos/as. Presentan dudas y debilidades. Necesitan crecer, mejorar. Su viaje tiene un fin, pero también es un vieja interior para madurar, para ser mejor, para cambiar. Y todo ello con unas ilustraciones absolutamente estupendas, que hacen que el libro sea imprescindible para el aficionado a la obra de Miyazaki. Desde ese punto de vista, total y absolutamente recomendable. Me gustaría conocer la historia completa, no me importaría nada haberla visto en el cine. Aunque de alguna forma, con el conjunto de sus películas, ya lo hemos hecho.
Hace tiempo que quería leer algo de David Foenkinos, escritor francés relativamente popular en los últimos tiempos. Algún corresponsal mío desde el país vecino me había hablado de él en buenos términos. O por lo menos de algunas de sus novelas. Cierto es que ese entusiasmo se apagaba en mí por el hecho de que la adaptación cinematográfica de su novela más alabada… no me gustó gran cosa. Pero claro, eso puede ser culpa de la adaptación, no del material original. ¡Como si no hubiera abundancia de películas mediocres a partir de excelentes relatos literarios! El caso es que hace unos meses apareció esta novela de Foenkinos de oferta, con un precio muy muy rebajado durante 24 horas en versión electrónica, y la compré para cuando le encontrara un hueco.
La novela transcurre entre París y Lyon. En Lyon sólo he visitado la estación de ferrocarril, creo que fue Lyon-Perrache, pero puedo equivocarme y quizá fuese Part-Dieu.
La comencé a leer durante el viaje en el día que hice a Barcelona a principios de diciembre. En el viaje de vuelta. Y le di un buen empujón. El misterio del prestigioso profesor de historia del arte en la escuela de bellas artes de Lyon que abandona su trabajo para acomodarse como vigilante de sala en el Museo de Orsay de París mientras se celebra una exposición dedicada a Amedeo Modigliani, y que parece salir de su evidente estado depresivo en contacto con las bellas obras del pintor italiano, y también con la atractiva directora de recursos humanos del museo, me pareció muy interesante. Pero tras esta primera parte introductoria, cuando vuelve a Lyon y en flashback se nos empiezan a desvelar las circunstancias que le llevaron a pedir la excedencia de su puesto como profesor, se me atascó. Durante las vacaciones de Navidad, estando relajado y centrado, volví a ella, y no me costó cogerle el ritmo y terminarla.
No quiero desvelar la trama de la novela. El evento que desencadena todo y que nos es desvelado hacia la tercera de las cuatro partes en que se divide el relato. Pero es que ahí está el motivo por el que esta novela, pareciéndome interesante y bien escrita, me haya causado cierto rechazo. Y es que hay un malo en esta novela. Y Foenkinos cae en todos los tópicos absurdos de la ficción comercial occidental, y probablemente de todo el mundo. Los buenos son guapos y bien vestidos. Los malos tienden a la obesidad, comen de forma compulsiva, van desaliñados y son físicamente anodinos o incluso desagradables. Una suma de estereotipos en los que incide el autor y de los que estoy hasta los mismísimos. Especialmente, porque en el tema que estamos, genera que en la vida cotidiana, las víctimas se fíen de determinados individuos que son potencialmente peligrosos, y rechacen o se burlen de gente normal y honesta, siempre por su apariencia física.
Llevado a otro orden de cosas, es la misma situación que cuando tanta gente identifica al negro como delincuente, mientras que el señor trajeado con corbata es respetable. Aunque el inmigrante africano sea un honrado trabajador que busca una oportunidad para salir adelante, y el señor trajeado sea un defraudador, un miserable acumulador de riqueza a costa de los otros, o simplemente… ¡un banquero! ¿Qué opinan los banqueros de los tópicos populares sobre su profesión? Pero bueno, tienen un «aspecto respetable». Creo que el tema que toca es serio. Importante. La reflexión es necesaria. Existen víctimas a nuestro alrededor que son silentes, que no cuentan su drama o nos hablan de sus secuelas. Y no las detectamos. Muchas veces incluso las ignoramos, porque en realidad somos egoístas y no queremos llevar a cuestas el sufrimiento de los demás. Bastante tenemos con nuestros problemas. Por eso todo el mundo dice que hay que sonreír siempre, que no hay que mostrar tristeza o enfado, aunque esté justificados. No es porque eso sea mejor para el que sufre. Es porque la apariencia de que todo va bien tranquiliza al personal. Si encima reducimos las agresiones a un tópico, a un lugar común injustificado… pues no. Una pena, porque el planteamiento general, el tema, y la forma de escribir de Foenkinos me han gustado. Y lo que más lamento es no haberme estirado en el gasto y haber cogido el original en francés.
Ayer me empané. Desde que abrí mi cuenta en Goodreads, a final de año realizo un resumen de mis lecturas durante la ronda solar que termina. Y lo suelo hacer el día de Reyes,… porque es un día tranquilo para escribir este tipo de entradas. Pero ayer… me puse a revisar un rollo de película fotográfica de noviembre, y se me fue el santo al cielo. En cualquier caso, para el año 2023, me dicen en GoodReads que son 51 los libros que he leído. Nada más y nada menos que 20 más que el año pasado. En el mismo orden de magnitudes que los 53 libros que registré en 2019. Pero… tiene truco hasta cierto punto. No son los mismos que el año 2019. Pero sí que he mejorado con respecto a estos últimos años en los que me ha costado concentrarme mucho en la lectura. No es que ahora no me cueste… pero voy algo mejor.
Ya que mis libros mejor puntuados han tenido un sabor nipón, ilustraré la entrada con unas fotografías en blanco y negro de nuestra estancia en Tokio en 2019. Nos gustaría volver este año… ya veremos.
En lugar de comparar con el año anterior, el 2022, compararé con ese 2019 que parece similar. En 2019, 53 libros frente a los 51 de este 2023 que acaba de terminar. Muy similar. Pero si este año han supuesto un total de 9538 páginas, 187 páginas por libro de promedio, en 2019 fueron un total de 15 435 páginas, con un promedio de 291 páginas por libro. Está clara la diferencia, no. En realidad he leído un 60 % de lo que leí cuatro años antes. Sin entrar a valorar otros factores, como el tipo de libros que configuran esos 51 libros. Ahora iré un poco con eso.
Quince de los libros que he leído son cómics, frente a seis en 2019. Esto es una diferencia apreciable. Todos los años leo varios relatos gráficos. Pero este año, esa cifra viene algo «alterada» por un hecho. En los primeros días del año, visitamos el Centro de Historias de Zaragoza, y había una pequeña exposición sobre el proceso de concepción y creación de una serie de manga japones, Dandadan de Yukinobo Tatsu. Ese día, un sábado, estábamos pensando en que regalar a un chaval de 13 años que cumplía años. En su momento, a su hermana mayor le regalamos unos cuantos números de la estupenda Paper Girls de Brian K. Vaughan. Así que, aprovechando que estaban ya a la venta los primeros tres números de Dandadan, se los regalamos, pero yo aproveché para leerlos. Muy divertidos. Así que conforme de una forma u otra el chaval ha ido puntualmente leyendo los que han ido saliendo de la serie durante el año… yo también los he leído. Nueve en total. Esto ya es una fuente de distorsión de mis estadísticas de lectura habituales.
En otro orden de cosas, en primavera me entró la curiosidad por un autor norteamericano del que había oído hablar mucho, Dr. Seuss, y me agencié dos de sus libros. Que son muy breves. Y eso altera también en cierta manera la estadística. No es que no pasen en otros años cosas similares… es que últimamente pasan más menudo. Y en general, precisamente por ser consciente de que me cuesta concentrarme en la lectura, tiendo a elegir libros con no demasiadas páginas. Menudean en mi listado de libros leídos durante el año las que pueden ser consideradas como novelas cortas. Aunque es un concepto cuya definición es algo imprecisa. El libro más largo que he leído en 2023 tiene 528 páginas, en 2019, el libro más largo tenía 912 páginas.
Libro más popular en Goodreads: Una de las aventuras de Dr. Seuss, que fue escogido por 1 202 772 personas en la plataforma.
Libro menos popular: El de Corto Maltés, sólo 8 personas, pero es una nueva edición de una vieja aventura. Si sumáramos los lectores de otras ediciones sería muchísimo más popular..
Curiosamente, este libro de Hugo Pratt es también el mejor considerado como promedio por esos lectores de Goodreads. Y es que es muy muy muy bueno.
En cualquier caso, he conseguido sobrepasar el reto de 30 libros que me había propuesto de forma muy sobrada. Como el año pasado los periodos vacacionales han sido fundamentales para dar un empuje a mi actividad lectora, ya que son momentos en los que me relajo y me animo con las lecturas. Que además me cunden mucho en los desplazamientos viajeros, si no me enredo a hablar demasiado con mis compañeros de viaje.. Para 2024… me he propuesto una meta un poco más ambiciosa. 35 libros. Parece que he terminado el año más animado en la lectura. Pero quien sabe lo que puede pasar a lo largo del año. Pero mucho me extrañaría que unos ocho de ellos fueran las siguientes aventuras de Momo Ayase y Okarun en Dandadan. De las que además nos adelantan que se viene una adaptación en anime. Aventuras que no falten.
Como sucede muchos años, a mediados de diciembre, una semana antes de la Navidad, en una mañana de sábado, nos encaminamos al Salón del Cómic de Zaragoza. Tradicional en esas fechas. Hay que echar el anzuelo a los consumidores que compran regalos para esas fechas. Y nosotros… picamos. Pero con gusto. Siempre nos llevamos algún regalo, y alguna cosa para nosotros mismos. Cuando vamos, los sábados por la mañana, suele estar animado, pero faltan los visitantes más vistosos, los que acuden disfrazados de sus personajes favoritos; los cosplayers. Alguno hay. Pero no suelen madrugar; van más por la tarde. Pero odiamos las muchedumbres agobiantes. Y ya el sábado por la mañana hay mucha gente. No quiero ni pensar lo que puede haber seis o siete horas más tardes. Es barato. Un euro la entrada. Una forma de establecer un tíquet moderador. Los meramente curiosos, sin más interés por lo que se expone y vende, no se gastarán el euro.
Salgo de allí con un libro ilustrado. Una novela corta publicada por Nórdica Libros, escrita por Rudyard Kipling, ilustrada por Fernando Vicente, un clásico de la literatura en inglés, aunque lo que yo llevo es una traducción, que fue adaptada al cine por John Huston, y protagonizada por Sean Connery y Michael Caine, con Christopher Plummer como Kipling y narrador de la historia. En ella se nos habla de la peripecia de dos estrafalarios aventureros, suboficiales del ejército inglés en la India, que van por libre, y que deciden dirigirse al Kafiristan, región del Hindú Kush, montañas al norte de Afganistán y Pakistán, donde vivirían los descendientes de los griegos que acompañaron a Alejandro Magno en su expedición por Asia. Allí serán acogidos como dioses, formarán un ejército que les permitirá erigirse como reyes del lugar… hasta que las cosas se tuercen.
Existieron realmente colonias griegas en la Transoxiana, más allá del río Oxus, hoy en día conocido como Amu Daria, y que dan base a la elucubración de los personajes de Kipling sobre el origen europeo de los habitantes del lugar. Un reino de cultura griega más descendiente del imperio helenístico seléucida( de Seleuco, uno de los generales de Alejandro, que le sucedió en lo que se llamaba Persia en aquel momento). De ahí a pensar que los habitantes de los valles elevados y remotos del Hindú Kush sean de ascendencia europea… En cualquier caso, es una aventura propia de los tiempos coloniales, en los que además seguía la exploración del mundo, en el que seguían existiendo regiones ignotas… para la Europa occidental. Eran perfectamente conocidas para los locales. Para quienes un lugar ignoto sería… Londres. En fin. Se nos dice con frecuencia que los aventureros de esta historia estarían inspirados por el que fue rajá de Sarawak, James Brooke, que fue el malo en la literatura en la conocida novela de Emilio Salgari Los tigres de Mompracem, que dio comienzo al ciclo de novelas de los piratas de Malasia, protagonizados por Sandokán.
El libro se lee en poco tiempo. Es muy entretenido. Combina la ironía, casi la parodia, en la forma en que los dos aventureros se desenvuelven, con un tono melancólico, como adivinando que el mundo de los aventureros románticos está acabando en ese final del siglo XIX, con los avances del siglo XX, entonces en el futuro, llamando a la puerta. Ese tono se nota especialmente en la adaptación al cine de Huston. las ilustraciones de Fernando Vicente, creo que muy influidas por la película, están muy bien, y acompañan convenientemente al relato. Ilustraciones claras, limpias, pero expresivas, que hacen que el libro que presenta Nórdica pueda recibir una buena nota y ser muy recomendable. Tanto para quienes disfruten de un buen relato de aventuras, como para los que gusten de los libros ilustrados. Un buen regalo… de Navidad o en cualquier momento del año.
Comenté ya hace un tiempo que por una de esas causas y azares fui un adolescente español que conoció las aventuras de Valerian y Laureline en cómic mucho antes que cualquier otro, cuando sólo se podían leer en francés. También creo que comenté en su momento que, a mí, quien realmente me gustaba era Laureline. Que Valerian, las más de las veces me parecía un memo. Los 23 álbumes firmados por Pierre Christin, guionista, y Jean-Claude Mézières, dibujante, aparecieron entre 1970 y 2010. Yo leería algunos de los que aparecieran antes de 1980… después ya… ninguno. Pero recientemente descubrí, durante un viaje a Toulouse, una nueva serie, Valerian, vu par…, en la que escritores y dibujantes actuales reinterpretan las aventuras de Valerian y Laureline, adaptándolas a su propio estilo, y a los tiempos actuales. Es decir, no es como las aventuras de Astérix actuales, con autores distintos de Goscinny y Uderzo, pero que siguen el estilo de las aventuras de estos. En las nuevas aventuras de Valerian y Laureline, cada autor es libre de expresarse libremente, con su estilo y sus ideas. Y la solución me parece más rica y creativa.
La periferia parisina, donde puede que empiecen las aventuras de Valerian y Laureline que os traigo hoy a comentario.
La aventura que traigo hoy es la primera de las tres que componen la serie Valerian, vu par…. Publicado el original francés en 2011, paradójicamente es la última de las tres que he leído. Curiosamente, es la que más me ha gustado, ya adelanto. En ella, nos encontramos un día cualquiera del siglo XXI, en un bar cualquier de una ciudad cualquiera de Francia, quizá de la periferia parisina, con un grupo de parroquianos dedicándose a especular sobre cuestiones diversas mientras beben y haraganean. Cuando llega una nave espacial, con Laureline a bordo, y secuestra a uno de ellos de apariencia especialmente anodina asegurando que, aunque no lo recuerde, es Valerian, a quien un malvado jackolass ha transferido a ese cuerpo. Y que van a mandarlo de alguna forma al planeta prisión donde el malvado jackolass cumple pena de prisión duran «miles de años-luz» para que puedan revertirlo a su natural ser.
La aventura escrita y dibujada por Manu Larcenet tiene un carácter claramente paródico de las aventuras originales. Pero respetando el espíritu de las mismas. Sus diálogos tienden al absurdo, sus dibujos tienen una estética que tiende al punk, a lo marginal, o lo underground. Y globalmente considerada es una aventura realmente divertida, la más divertida de las tres que componen esta serie, la más libre y menos acomplejada. La aventuras originales ya tendían en muchas ocasiones al absurdo. Recordemos que Valerian era en ocasiones un antihéroe, ya que la que en realidad resolvía las situaciones y salvaba la situación era Laureline. Y hasta cierto punto, volvemos a esa cuestión… la aventura de Valerian que nos propone Larcenet… tal vez no sea una aventura de Valerian. Pero para comprobarlos tendréis que leerla vosotros mismos. A mí me parece muy recomendable. Yo la he leído en el original en lengua francesa, pero podéis encontrarla traducida al castellano.