Cine; Wuthering Heights (2026)

Cine

Fotografias de Durham y alrededores, en la región de Inglaterra próxima a las localizaciones de la novela/película de hoy… pero en una época nada borrascosa y tétrica. También en versión Substack.

Wuthering Heights (2026; 13/20260315)

Durante varias semanas me estuve resistiendo a ver esta película dirigida por Emerald Fennell y protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi. La nueva adaptación de la única novela que escribió Emily Brontë no pintaba bien. Una diversidad de críticos y sabelotodos cinematográficos lo venían anunciando. Y, sobre todo, se ha comentado muchas ocasiones que no se hacen versiones fieles al texto literario de esta compleja novela.

Como de costumbre en las adaptaciones de esta novela, la película se centra en el tortuoso y tormentoso romance entre Cathy (Robbie) y Heathcliff (Elordi), un romance que siempre se presenta como tóxico y con connotaciones cuasiincestuosas, por su relación como hermanos entre ambos desde la infancia, aunque no sea auténticos hermanos de sangre. Romance con final trágico como casi todo el mundo que lleva un tiempo sobre la faz de la Tierra cinematográfica y literaria sabe.

Como reclamo para la película, aparecieron muchas “críticas” anunciando el enfoque hacia lo sexual que Fennell había dado a esta nueva versión, hasta el punto que para muchos la expectativa era de una novela fuertemente erótica, cuasi pornográfica. Lo cual, dada la trayectoria de Robbie… me extrañaba. No estaba equivocado, hay mucho de gancho publicitario en esos comentarios “críticos”; el contenido auténticamente erótico de la película es mucho menor de lo que pareciera. Salvo que consideremos que haya en Hollywood una deriva conservadora que recoloque nuestra consideración sobre estos conceptos. Algo que no es de desdeñar. La industria se pone del lado del poderoso, y el poderoso actualmente es un señor sin escrúpulos sexuales, pero que vende una moralina conservadora muy hipócrita.

El texto literario va mucho más allá de este atormentado romance. Es un comentario social con muchas vertientes y matices. Que se suelen perder casi siempre en las adaptaciones cinematográficas, centradas en lo que se centran. Incluso la última versión cinematográfica que había visto, estrenada allá por 2011, filmada de forma sobria e interesante, con película cinematográfica y en formato académico, y protagonizada por la entonces jovencita e interesante Kaya Scodelario, se centraba en el romance. No fue muy apreciada por el público, pero a pesar de ello era desde muchos puntos de vista más interesante y fiel que la actual.

La película de Fennell, con unas interpretaciones que cumplen, pero que no tienen mayor interés, creo que es el peor papel que le he visto a Robbie, una actriz habitualmente interesante, en esta película, anodina, está en realidad sumamente vacía de contenido. Unas pasiones desatadas que surgen casi porque sí. Unos malos retorcidos, y en algún caso gratuitamente racializada, que son de opereta. Y un final excesivamente melodramático que te pilla ya ahíto de excesos dramáticos o trágicos. 

Sinceramente, la peor adaptación de la novela, y eso que la de Juliette Binoche tampoco era para tirar cohetes. ¿Algún día harán una versión que merezca la pena de esta interesante historia? Tal vez como serie de televisión, que también ha habido alguna, pero que no he visto… por la historia da para mucho.

Valoración:

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: **

Libro – A love story from the end of the world – Juhea Kim

Literatura

Fotos realizadas en Gamcheon Culture Village, Busán (Corea del Sur). Versión Substack de la entrada.

Me motivó a leer este libro una reseña que encontré en alguna parte por la red de redes. No guardé el marcador,… creo. Un momento… nop… no lo encuentro. El caso es aquella reseña me llevó a localizar el libro, en su versión original en inglés, creo que no está traducida al castellano. En inglés, a pesar del claro nombre coreano de su autora, Juhea Kim (Instagram), que efectivamente nació en Corea del Sur, pero se educó en Estados Unidos y escribe, mayormente, en inglés.

Una colección de relatos cortos, de temas diversos pero relacionados. El título del libro se corresponde con uno de los relatos, pero de alguna forma resume esos temas relacionados. En todos ellos hay alguna historia de amor, o de desamor, no necesariamente de amor romántico. También hay relaciones familiares y relaciones de amistad. Y todos ellos tienen lugar en distintos lugares del planeta Tierra, en algún futuro más o menos próximo, más o menos lejano, según los casos y el relato, en el que la crisis del clima y otras crisis medioambientales están afectando considerablemente al planeta. Algunos tienen escenarios prácticamente apocalípticos, otros se parece más a nuestro tiempo actual, pero un poco más desesperadamente sin vuelta atrás en el futuro.

Generalmente, además de esos dos temas principales, hay otros secundarios, como pueden ser las injusticias sociales, la avaricia de las grandes multinacionales, la irresponsabilidad de los políticos, o la ineptitud de los líderes que deberían conducir los cambios… a ser posible a mejor.

El libro me ha parecido… aceptable. De alguna forma, la calidad y el interés de los relatos es variable. En su conjunto no está mal. Pero en algunos casos las situaciones son muy tópicas, los personajes estereotipados, las conclusiones previsibles. Quizá aquellos con un tono más apocalíptico están mejor. Esa arca navegando por el estrecho de Gibraltar sobre aguas de color rojo, la península de Corea desértica con ciudades sobreviviendo en bajo cúpulas translúcidas, estos relatos y algún otro por el estilo son los que más han despertado mi atención.

En su conjunto, ¿es recomendable? Si te van mucho los temas medioambientales igual te parece bien todo lo que se escribe sobre ello, y te entusiasma. Pero en general es normalito. No llego a comprender del todo por qué aquella reseña era tan positiva. No es ninguna catástrofe literaria, al contrario, es correcto, no es ninguna pérdida de tiempo, pero tampoco es una maravilla que se te vaya a quedar guardada en la memoria.

[Libro] Comerás flores – Lucía Solla Sobral

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. No he visitado Vigo o Pontevedra que creo que son algunas de las ciudades gallegas que menciona la novela, así que nos tendremos que conformar con Santiago.

Libro recomendado por librería Cálamo, finalista de los premios que cada año otorgan por votación de sus clientes, si no recuerdo mal el proceso. Finalista en el momento en el que lo adquirí y lo comencé a leer. Porque, próximamente, su autora Lucía Solla Sobral, vendrá por Zaragoza (supongo) para recoger el premio correspondiente, ya que es la ganadora de este año. Me daba un poco de miedo cogerlo. El premiado del año pasado se me atascó y no lo llegué a terminar, y lo tengo abandonado por completo. Es la primera novela de la autora, y parece que ha tenido mucha repercusión mediática, porque la he visto mencionar en distintos medias, con cierta frecuencia.

La novela nos habla de una joven de unos 25 o 26 años que, todavía en duelo por la muerte de su padre, y después de volver a su ciudad gallega natal tras una relación con un chico en Andalucía, inicia una relación con un hombre 20 años mayor, divorciado, con una hija un poco más joven que ella, pero que la deslumbra con su conocimiento de la sociedad, con su prodigalidad, con sus numerosas y aparentemente importantes relaciones. Y con quien se irá a vivir. Para entrar en una espiral de dependencia, y de agresión verbal y psicológica, que la irá anulando, hasta que consiga encontrar el modo y manera de desenamorarse y salir de la pesadilla.

Soy consciente que no soy el público al que está dirigido esta novela. Sí… he leído que es conveniente para todo el mundo, que todos han de concienciarse de que las relaciones tóxicas no tienen porque adoptar siempre la forma de la violencia física, que hay otras formas de violencia que pasa desapercibidas… Lo cierto que ya era consciente. Las he visto. Y alguna más grave incluso de lo que en la novela se narra. Pero el caso es que no ha llegado a calarme. Probablemente porque no es la historia que me esperaba. Entendámonos, hay una historia interesante en el libro de Solla. Muy interesante. Pero es la última parte del libro, la que curiosamente me habían «vendido» a mí muchos de los comentaristas de la obra, pero que se resuelve de una formas más escueta y rápida de lo que esperaba.

Que las personas, con más frecuencia de lo que pensamos, nos enamoramos de la persona equivocada, es de lo que ya era consciente. Ciertamente, no siempre tiene las consecuencias nefastas de un maltrato, que maltrato es incluso si no es físico. Aunque la eventualidad de un maltrato físico siempre está presente, aunque no se materialice. Y la forma en que comienzan esas relaciones desafortunadas pueden parecer diversas, pero quizá no lo sean tanto. Una buena amiga mía, que sufrió una historia incluso peor que la de la protagonista de la novela dijo una vez tomando unos chismes a al salida del cine algo así como, «Nos enamoramos mirándonos al culo, y nos odiamos y nos separamos porque no soportamos mirarnos a la cara (o a los ojos, no recuerdo exactamente como lo dijo)». Se ha dicho en muchas ocasiones, nos enganchamos a otras personas muchas veces de forma muy rápida y por motivos muy superficiales. No voy a intentar psicoanalizar a la protagonista de la novela, incluso si la autora nos lo pone a tiro. Nop. Ya está. De vez en cuando la cagamos. O la hemos cagado. Yo también… aunque sin consecuencias tan graves, ni de lejos. Lo que quizá no se ha contado con detalle y con suficiente profundidad, y es lo que esperaba encontrar, es el difícil viaje de regreso. Cómo recuperar tu vida y volver a ser tú mismo/tú misma. Y por lo que había leído de la novela a priori, eso es lo que esperaba, y no es lo que he encontrado realmente.

Dicho lo cual, y dejando de lado que la satisfacción es un cociente entre las expectativas satisfechas y las expectativas depositadas, y por lo tanto no puede ser igual para todo el mundo, la novela tiene su punto. Se lee bien. Es la historia de una chica normal. Quizá el que no es normal es el «chico». Ahí sí que no tengo experiencia. En mi entorno, no hay hombres como este. Y los fracasos de las relaciones en mi entorno, o las propias, se han debido a factores distintos. El caso es que la narración está bien. Es fluida. Expone con claridad. Quizá avance más despacio de lo que quisiera; pero probablemente, como he dicho, porque esperaba que me contase otra cosa. A mí me ha parecido bien, pero me ha dejado un poco más frío de lo que pensaba. Pero sin duda satisfará a muchos lectores. Y sobretodo, porque creo que está demográficamente dirigida, a muchas lectoras. Por cierto… que pena que a la chica se le muriera el padre. Porque el resto de la familia son un poco superficiales, incluso tirando a bordes en algún caso. Y eso que salen poco.

La verdad es que he ido con prisa a la hora de redactar esto… y no sé si he expresado claramente lo que piensa. Que en esto siempre sale algún amigo de la escritora y te manda algún mensaje incendiario por no entender correctamente las cosas. Que me ha pasado con otros. Es el riesgo de leer novelas o ver películas… españolas y comentarlas. En fin, es lo que hay.

[Libro] El sentido de un final – Julian Barnes

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. La novela transcurre en ciudades no especificadas de Inglaterra; he elegido un día lluvioso en Bath para representarlas.

Libro electrónico que compré aprovechando una oferta de mi tienda de libros electrónicos habitual. Había oído hablar o leído sobre el escritor británico Julian Barnes en diversas ocasiones, generalmente de forma favorable. Hay varios escritores británicos que sigo habitualmente, por lo que hasta cierto punto atraía mi curiosidad y eso, sumado a la oferta, decidió la compra. Aunque no sea una novela corta, propiamente dicha, tampoco es muy extensa, 192 páginas en su versión de «árboles muertos», así que la pude encajar enseguida en mi actividad lectora, en las primeras semanas de este 2026.

Libro escrito en primera persona, con dos partes bien diferenciadas. En la primera, un jubilado nos habla de sus años de juventud, de su grupo de amigos y, especialmente de su relación, extraña desde el punto de vista de los años actuales, en los años 60 con una chica, una relación que finalmente fracasó, y que le dejó un sabor agrio en el recuerdo. Se cierra esa primera parte con un rápido repaso a lo que fue el resto de su vida hasta el momento; se casó, tuvo un hija, se divorció, mantiene una relación amistosa con su ex, se jubiló y, en general, ha llevado una vida anodina. En la segunda parte, recibe una herencia. O parte de una herencia. La madre de su antigua novia le deja un dinero y una carta de uno de sus antiguos amigos que se suicidó mientras mantenía una relación con aquella antigua novia. Pero la carta está en posesión de aquella y no parece dispuesta a cedérsela. Tendrán que volver a entrar en contacto, y eso supondrá desenterrar viejos recuerdos y revivir antiguos fantasmas, porque quizá el recuerdo de aquellos años no es precisamente fiable.

Uno de los temas fundamentales de esta novela es algo a lo que he dado vueltas personalmente en los últimos tiempos. No es que en mi vida haya tenido vivencias como las del protagonista de la novela. Pero sí que he comprendido que el tiempo y la distancia, y sobretodo las nuevas vivencias modifica el sentido de los acontecimientos del pasado. Lo que recordamos, o creemos recordar, no son necesariamente los hechos como fueron. Y especialmente, pueden no tener nada que ver a cómo los vivieron las personas que estaban allí con nosotros. Reinterpretamos el significado de las situaciones, los sentimientos, las relaciones que mantuvimos con otras personas. Y eso, en determinadas circunstancias, puede resultar perturbador.

Libro escrito en primera persona, he mencionado antes. Y como ya he comentado en numerosas ocasiones, en literatura, las más de las veces implica un relator que no es de fiar. Bien sea porque directamente miente, bien sea porque quiere presentar las cosas desde una luz favorable a sí mismo, bien sea porque no entendió lo que le estaba pasando, bien sea porque los recuerdos se debilitan y se tergiversan. Sea de buena o mala fe, tenemos que cuestionar si lo que pasó es lo que pasó. O más frecuentemente, si lo que pasó significó lo que paso. El protagonista de la novela va descubriendo poco a poco que su vida no ha sido como la ha vivido. Que se está quedando sólo. Que la visión que los demás tienen de él no se corresponde con la que tiene de sí mismo. Y que ya está mayor para rectificar los errores del pasado. Por lo tanto, en una persona que está llegando a la recta final de su vida, incluso si son 20 o 30 años, porque hablamos de alguien al principio de sus sesenta, las consecuencias pueden ser terribles.

Un libro notable, realmente bien escrito con un relato bien montado, de descubrimiento progresivo de la historia, que crece en la memoria después de finalizar su lectura. De lo que ya hace un mes. Y que al mismo tiempo te deja con una sensación de desasosiego. Aunque no sea más que porque uno está en edades similares, y va comprendiendo también, como antes decía, que las cosas del pasado, que vivimos de una determinada forma, quizá no fueron como fueron. Para bien, o para mal. La novela fue adaptada al cine hace unos años, con un reparto interesante. Pero no recuerdo haberla visto, ni la tengo registrada. No sé si me animaré a rescatarla. La recepción del público fue fría, la de la crítica, tibia.

[TV] Cosas de series; mi última serie surcoreana en Netflix,… con una de mis actrices favoritas de ese país

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están, más completas y sin palabras, en Fotos en serie. De mis localizaciones fuera de Corea en la serie de hoy, mi favorita es Kamakura, y allí nos vamos fotográficamente hablando.

Si cuando escribía mi anterior entrada televisiva en estas páginas comentaba que estaba en mis últimos días de suscripción a Netflix, en estos momentos ya hace una semana que vivo sin acceso a la mencionada plataforma de contenidos, y sin que la haya echado de menos en absoluto. Ni lo más mínimo. Pero es justo hacer un último recordatorio por uno de los fenómenos más curiosos que he vivido con ella. Se trata de las series surcoreanas. Esas series que empezaron siendo fundamentalmente guilty pleasures, placeres inconfesables, con argumentos y guiones bastante flojos, con interpretaciones irregulares, con personajes estereotipados, repletas de publicidad mediante emplazamiento de producto hasta resultar absolutamente ridículas y risibles, y que a pesar de todo me resultaban tremendamente divertidas, a ratos adictivas, especialmente para no pensar en nada y relajarme los fines de semana.

En honor a la verdad, ha habido algunas series que han merecido ser vistas por méritos propios. Que estaban bien hechas, bien interpretadas y con historias interesantes. He podido apreciar que, cuando se les da la oportunidad, muchos de esos actores y actrices pueden ser excelentes intérpretes, que los argumentos y los guiones no siempre se lo han permitido. Y además, la calidad de las series ha aumentado mucho desde que empecé a verlas en 2016, hasta la fecha. Pero también ha sucedido otra cosa. Y es que poco a poco me han ido cansando, y con frecuencia en el último año he visto algún episodio y luego las he abandonado por el déjà vu constante. Son cansinos a la hora de repetir argumentos, caracteres, situaciones, haciendo de estas series producciones muy predecibles. Uno de los motivos por los que al final tampoco han ayudado para mantener la suscripción. Especialmente, porque en otras plataformas han empezado a emitirse series similares que no están mal.

Pero aún hubo una última serie surcoreana que he podido ver. Una serie de 12 episodios que se estrenó el 16 de enero, y que me ha dado tiempo a ver completa antes de la finalización de la suscripción. Una serie que, podríamos decir, incluso me apetecía ver desde que la anunciaron, por su actriz protagonista, una de las que ha resultado ser de mis favoritas de las de esa nacionalidad. Quizá no sea la mejor, o la que tiene más oficio. Pero tiene su encanto propio. La serie es I sarang tongyeok doenayo? [이 사랑 통역 되나요?] frase en coreano que significa más o menos lo mismo que el título de la serie en inglés/castellano, Can this love be translated?/¿Cómo se traduce este amor?. Una serie con ciertas pretensiones, con rodaje en varios países fuera de Corea del Sur, como Canadá e Italia.

La serie es creación de dos hermanas, Hong Jeong-eun y Hong Mi-ran, que fueron también las responsables de otras tres series que pude ver en Netflix. Una de ellas, A korean odyssey, es una mera anécdota en lo que se refiere a mi apreciación. Entretenida, pero sin más. Uno de los muchos placeres culpables que he mencionado. Pero las otras dos me gustaron bastante y las disfruté, ambas con un tono sobrenatural, pero muy distintas. Una fue la romántica Hotel del Luna. A estas hermanas nadie les explicó que la Luna en español, portugués o italiano, posibles procedencias del título, tiene género gramatical femenino, y debería haberse titulado Hotel de la Luna. En catalán, además, es parecido, pero Luna es Lluna. Una de esas cutredades que están en todas las series surcoreanas y que forman parte de su «encanto»,… por llamarlo de alguna forma. Por lo demás, muy entretenida. Y otra fue la épica, y también romántica Alchemy of souls. Una de las más divertidas series surcoreanas que he visto. Y en cuya segunda temporada era protagonista femenina, en la primera sólo era un personaje recurrente, Go Youn-jung, que también es protagonista de la serie que traigo hoy aquí, y que fue el motivo por el que me apeteció verla.

Go Youn-jung fue también la protagonistas de Resident Playbook, la divertida dramedia médica, sobre cuatro residentes de primer año de obstetricia y ginecología, secuela de Hospital Playlist, series que estan entre mis favoritas de las producidas en el país asiático, y que he visto dos veces. Y me pareció que lo hacía muy bien, y que era una de las salsas de la serie, con la colaboración de los buenos guiones y el resto del reparto. El caso es que está al frente del reparto de la serie actual, en la que es una actriz con escasa fortuna en su trabajo y en las relaciones románticas, y que salta al estrellato cuando tiene un accidente que la deja en coma al final del rodaje de una película de zombis, película que tiene un gran éxito y que la catapulta a la fama cuando sale del coma. Esto la llevará a ser protagonista de un programa de telerrealidad con viajes y posibles romances con un actor japonés (Sôta Fukushi), mientras comienza una titubeante y compleja relación con el traductor de la serie (Kim Seon-ho), el otro protagonista de la serie.

Sinceramente, no es una serie tan redonda como las que he mencionado con anterioridad salvo la tontá de la odisea coreana, que me pareció floja. Pero no está mal. Y sobretodo, tiene una virtud, y es que va de menos a más. Dijéramos que a los personajes les cuesta encontrar el tono y la química entre ellos. O a los creadores de la serie les costó encontrar el punto entre comedia, drama y romance adecuados para que la serie funcionara. Que conste que está muy bien valorada por los votantes de IMDb. En cualquier caso, una buena despedida para las series coreanas de Netflix, y una razonable recomendación para quienes sigan suscritos a la plataforma. Y hasta aquí os podía contar. Ya no tengo más series de Netflix que comentar. Al menos, por un tiempo que presumo laaaaaaargo.

[TV] Cosas de series; caos de asesinatos y detectives en Georgia

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están, más completas y sin palabras, en Fotos en serie. No he estado en ninguna ciudad pequeña en Georgia. Y con lo antipáticos que se están poniendo los USAmericanos, no me apetece viajar a ese país. Pero estuve en Sausalito. Una ciudad pequeña en California. Tendrá que valer para ilustrar esta entrada.

Hoy, o quizá mañana, es mi último día con acceso a Netflix. Curiosamente, en este último mes en el que ya había tomado la decisión de suspender mi suscripción de casi 10 años de duración a la plataforma de contenidos más exitosa, me he sentido interesado por algunas series… pero no han sido bastantes ni lo suficientemente interesantes para hacerme reconsiderar mi decisión. Pero más allá de eso, los seis episodios de la serie que os traigo hoy aquí, seis episodios que duran entre los 39 y los 47 minutos, muy asequibles, muy dinámica, reconozco que me divirtieron bastante. Fue una recomendación de una compañera de trabajo que fundamentalmente apreció su sorprendente final. Yo diría sin embargo que el final me parece lo de menos, aunque sí que es una sorpresa, sino que el ambiente y el recorrido, un tanto descacharrados, fueron lo que más me divirtió.

His & hers es una policiaca que se mueve entre la acción, el romance y la comedia negra. Nos traslada a una ciudad pequeña del estado de Georgia, donde la oficina del sheriff del condado descubre el cadáver de una mujer en el bosque. El caso lo llevará el detective más veterano de ese departamento policial (Jon Bernthal), junto con una detective novata más joven (Sunita Mani). Y para una cadena televisión de Atlanta cubrirá el caso su mujer (Tessa Thompson), desparecida durante un año tras la muerte de su hija. Pero la resolución del caso no será fácil. El detective y la periodista tienen muchas cuentas pendientes. La mujer asesinada formaba parte de las amigas de la periodista en el instituto. Un grupito de amigas con secretos que no han salido a la luz. Y en el que seguirán apareciendo víctimas, perpetradas por lo que parece un asesino en serie.

Lo mencionado antes. La resolución de la serie, que no del caso policial, es sorprendente; pero lo divertido es el camino. Porque en esta ciudad pequeña, que existe en realidad, al norte del estado de Georgia, todo el mundo parece una catástrofe. El detective está en conflicto de intereses constantemente por sus propios intereses, por su relación con su esposa, de la que lleva separado un año, pero todavía casado, por sus aventuras con algunas de las mujeres implicadas en el caso, por su relación con su hermana (Marin Ireland) y su suegra (Crystal Fox). Lo cual causará la desconfianza de su compañera, que empezará a investigar por su cuenta, generando de paso más caos. Y la compleja relación de la periodista con sus antiguas «amigas», y su rivalidad con la rubia «barbie» (Rebecca Rittenhouse) que la sustituyó en su ausencia y que se quedó su prestigioso puesto. Y cuyo marido, un mazas (Pablo Schreiber), será el cámara con el que la periodista se irá a cubrir la noticia, y la cama de la habitación del hotel.

Lo fundamental de la serie no es tanto la resolución del misterio, sino el caos que se irá generando como una bola de nieve conforme avanza el caso y se producen nuevas muertes. Queda claro que nada es lo que parece. Y lo bueno es que la serie se mueve con ritmo, y con un argumento y unos guiones que funcionan muy bien, aunque no pretendan nunca hacer de esta serie una obra de arte. Es divertimento puro y duro. Y bien interpretado. El reparto es muy coral, y su calidad es variable, pero los personajes fundamentales funcionan bien, hacen un buen trabajo. Fundamentalmente, a pesar de su discreta apariencia, me lo pasé muy bien con los mejores momentos de Sunita Mani, como esa detective joven e inexperta, pero muy inquisitiva y (quizá) rigurosa, frente al veterano superior, que se cree más importante porque una vez fue detective de homicidios en Atlanta, pero que no hace más que meter la pata constantemente. Yo me he divertido. Bastante. Probablemente, dentro de un tiempo me habré olvidado de la serie. Pero estuvo bien mientras duró. Y eso ya me vale.

[TV] Cosas de series; ninguna cultura está libre de estereotipos hacia las otras

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están, más completas y sin palabras, en Fotos en serie. Entre Londres y Japón, vuelvo a Londrés, por en la capital he estado y en Yokohama no.

Ya he comentado en alguna ocasión que estoy terminando mi suscripción a Netflix. Tengo pagado «el mes» hasta el 3 de febrero incluido. Luego, adiós a la primera plataforma a la que me suscribí, después de casi diez años. Y es que últimamente me costaba encontrar opciones. Es curioso que en este mes he encontrado algunas cosas majas que me han tenido muy entretenido. Y una de ellas ha sido el anime que comento hoy. Un anime que no entrará entre mis favoritos por diversos motivos. Algunos de los cuales los comprenderéis al leer esta entrada. La cosa es que el anime ha sido uno de los puntos fuertes de Netflix. Oye… que tiene todo el catálogo de Ghibli. En las fiestas de fin de año me vi varias de las películas del estudio. Las que no entran en el ámbito de la plataforma. Bueno, tres de ellas y Kiki… la brujita con su escoba y su gato.

Pero aquí y allí, Netflix ha querido jugar en la primera división de la liga de las series de animación japonesa, con producciones que a priori prometían mucho, a veces lo han conseguido y otras no, cuidadas en su realización, con una animación de buen nivel, sin cutredades, con buen desarrollo del diseño de caracteres, con cuidados fondos y ambientaciones, limitando las escenas estáticas, siempre más baratas de producir y que plagan otros productos menores. Vamos… que Netflix ha querido ir desde hace años a por lo bueno. Y estas cualidades las muestra también Prism Rondo [プリズム輪舞曲], conocida en inglés castellano como Love through a prism/El amor a través de un prisma. Las aventuras de una joven de veinte años japonesa, hija de una familia de comerciantes de Yokohama, que se va a Londres seis meses, quien sabe si prorrogables, a estudiar arte. Pintura al óleo. En una prestigiosa (y ficticia) academia de arte.

Que a los aficionados al anime les ha gustado está claro. Puntuación de 8.3/10 en IMDb, 8.56/10 en MyAnimeList, la tercera más alta de las series y temporadas que se estrenaron en enero. Y es que, como ya he dicho, la serie está muy bien hecha. Tiene bastante ritmo. Tiene personajes que gustarán a su demográfico objetivo, las chicas. Tiene sus emociones. Claro. Yo no pertenezco a su demográfico objetivo. Y tengo la mala costumbre de sacarle punta a todo. La acción se sitúa en los primeros años del siglo XX, según se nos dice en el primer episodio. Por el aspecto de algunas indumentarias dirías que no muy al principio. En la segunda década, probablemente. Aunque la mezcolanza de indumentarias en algunos momentos resulta mareante. En algunos momentos muy concretos parece que están en la corte de Luis XIV, y en otros en la época de Jane Austen. Pero no. El devenir de la historia nos situará en 1914. Aunque en un Londres que parece estar en una perpetua primavera. Si el final de los seis meses de la chica en Londres coincide con el asesinato del archiduque austriaco en Sarajevo, que sucedió a finales de junio, cuando llega a Londres tiene que ser diciembre de 1913… pero hace buen tiempo. Durante los seis meses. Qué cosas. Londres. Un Londres completamente industrializado, el del smog. Y las feas fábricas. En perpetua y colorida primavera.

Sí. Ya podéis suponer que el rigor no es de rigor en esta producción. Porque lo que nos va a contar la serie es el romance de la joven burguesa japonesa con el hijo de un miembro de la alta aristocracia inglesa. El hijo joven y rebelde (pero no mucho), huérfano de madre desde la infancia, pero con un padre, un duque que, según la historia «hace honor a su rango poniéndose al servicio de su patria desde los más altos ideales como corresponde a la nobleza». Entrecomillo no porque sea una cita literal, sino porque me parece que es una estupidez como un piano de grande. Siempre se ha hablado de que la visión de los países del Asia oriental en Occidente está estereotipada y no se suele corresponder con la realidad, con visiones muy críticas en la actualidad por parte de muchos. Pero es que la visión de los nipones sobre determinados elementos de la cultura occidental no es menos estereotipada. Y a mí me ha estado chirriando constantemente, y hace que no pueda compartir esas magnas puntuaciones de los aficionados. Sí… un 8/10 en la realización… pero, ¿en el conjunto? ¿Un 6/10? Y sin embargo, tenía momentos en que me parecía muy entretenida. Simplemente conque hubiesen cuidado la verosimilitud de la historia, ya me merecería una valoración bastante alta. Otra cuestión. 1914. En Italia, los futuristas. En Alemania, los expresionistas. En Francia y en todas partes, los posimpresionistas hacen ya furor. Y estos aspirantes a artistas del momento, ¿pintando paisajitos, retratitos y bodegoncitos como si estuvieran en pleno neoclasicismo o principios del romanticismo? Inverosímil también.

Terminaré comentando una cuestión. Las historia, aunque original, no adapta ningún material previo, es de la creadora de una de las series de manga más conocidas de Japón, que ha sido adaptada en su país y a varios otros países asiáticos en forma de animación y series de acción real, y de la que yo vi, en Netflix, su versión de acción real surcoreana. La serie me pareció tremenda. En el mal sentido. Una chica de clase media que va a un colegio de élite donde es maltratada por un grupo de machotes de familias adineradas, con la aquiescencia y la admiración del resto del colegio. Y a pesar de todo la chica y el cabecilla de estos matones tienen un romance. Desde muchos punto de vista, nauseabundo. Quizá la versión original japonesa tenga matices que la adecenten. Pero, sinceramente, no me he atrevido a comprobarlo. Así que no se podría pedir mucho rigor en la creadora de este tipo de productos. Es lo que hay. Excelente producción, con problemas, que los más jóvenes y desconocedores de la historia y la realidad tal vez desconozcan, y acaben adquiriendo un mensaje sesgado, no fiable, y peligroso.

[Libro] Un hombre cualquiera – Giovanni Arpino

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Vistas de Turín en torno al río Po a su paso por la ciudad.

Encuentro hace unas semanas de oferta esta novela de italiano Giovanni Arpino, periodista y escritor, que desarrolló su actividad entre los años 50 y 80 del siglo XX. Una novela corta de la que leo varios comentarios elogiosos en fuentes fiables. Y que me retrotrae de alguna forma a las vacaciones de hace pocos años por Turín y algunas localidades del Piamonte, donde transcurre la novela. Arpino, aunque nacido en la ciudad croata de Pola cuando pertenecía a Italia, vivió en Bra y Turín la mayor parte de su vida.

La novela se titula La suora giovane en italiano; La joven monja. Y nos traslada al Turín de posguerra, en la que el protagonista, un oficinista del departamento de contabilidad de una empresa de unos cuarenta años, que vive una vida anodina, con una novia con la que se lleva bien, pero con la que puede haber afecto pero no amor apasionado. Y muchas costumbre y rutina. Cuando empieza el relato, este hombre ya está obsesionado por una joven novicia, una chica de unos 20 años, con la que coincide en el tranvía a determinadas horas. Y por la que se siente profundamente atraído, y con la que establece conversación en un momento dado, abriéndose a la posibilidad de una relación, a pesar de las diferentes edades y circunstancias en las que se encuentran.

La primera frase del libro ya es una declaración de intenciones. El protagonista declara ser un cobarde. Lleva una vida anodina y aburrida sin capacidad para cambiar nada. La propia atracción que siente por la joven, una atracción que no se consumará en nada físico, pero que no deja de percibirse como anómala, como ilícita, lo mantiene al mismo tiempo inmóvil. El relato es en primera persona, en forma de diario. Por lo que al mismo tiempo podemos sospechar que nos encontramos con una relator no fiable. En qué medida es sincero en sus reflexiones, en su interpretación de los hechos, queda a cada cual. Tampoco comprendemos muy bien cuales son las intenciones de la joven. Probablemente, que la saquen del convento. Vivir otra vida. Pero deja que la proactividad recaiga en otras personas.

La escritura de Arpino es directa. Sin circunloquios. Oraciones claras, explícitas. Que van al grano. Al fin y al cabo, transcribe los pensamientos de un hombre del común. Lenguaje natural. Por un momento pensé en dejar la lectura de mi copia en castellano y buscar una copia en italiano. Soy capaz de leerlo, aunque no con la soltura de otros idiomas, así que al final lo dejé estar. Mientras tanto, Arpino dibuja con ese lenguaje sencillo un paisaje social muy preciso de la capital piamontesa en los años 50 del siglo XX, al mismo tiempo que realiza un estudio psicológico de dos personas muy distintas. Una, la que escribe, de la que nos hacemos una idea relativamente clara. La otra, de la que se escribe, que se nos escapa por los resquicios de la incomprensión del protagonista, más motivado por el deseo que por la persona real que hay detrás de la novicia, y por la propia falta de claridad de esta. Al final reconocemos que sí, que el protagonista es un cobarde. Pero que hemos conocido mucho más de él de lo que pretendía. Bastante recomendable. Bastante. Tengo que pensar en leer alguna otra cosa de este escritor italiano. Incluso tal vez me atreva a leerlo en su lengua vernácula.

[TV] Cosas de series; segundas temporadas de comedias de episodio corto agradables de ver

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. En la bahía de San Francisco, una mañana con algo de niebla..

En estas últimas semanas he terminado de ver las segundas temporadas de dos comedias de Netflix, que me resultan agradables de ver. Aunque hay una que me gusta mucho más que la otra… que quizá está empezando a cargarme un poquito en algunas cuestiones, aunque sigo pasándolo bien. Son comedias que se ven rápido porque tienen unos 30 minutos por episodio. Algo más en alguna ocasión, ya que al no depender de los cortes publicitarios programados de las cadenas de televisión tradicionales, muestran cierta libertad con la duración de cada episodio. Es algo que se empieza a ver con frecuencia. Ya no sé si llamar a estas series comedias de situación. Los episodios tienden a ser cortos, pero creo que el espíritu de estas series no es el mismo que las sitcom clásicas. No sé. Creo que sí que son comedias de situación, pero actualizadas y modernas, alejándose de aquellas de realiza con múltiples cámaras y risas enlatadas.

La primera que vi fue la segunda temporada de Nobody wants this, protagonizada por Kristen Bell y Adam Brody, una podcaster sin religión alguna y un rabino judío, que ligan, y comienzan una relación en la que tendrán que salvar las diferencias entre sus muy distintos entornos y escalas de valores. En general, y en un tono de comedia, con algún toque de drama aquí y allá, vemos como progresa la relación y como van encajando una con el otro, llegan a términos medios o aceptación de las singularidades del otro. Recordemos que a su alrededor hay otros familiares o amistades, que tienen sus propios problemas de relaciones y parejas, que aportan o condicionan a la pareja principal. Si la primera temporada nos presentaba la situación y el comienzo de la relación, en esta segunda temporada los problemas van haciéndose más profundos, y las soluciones a los mismos no pueden ser de compromiso. En mi opinión ha estado un peldaño por debajo de la anterior, porque el desenlace a la crisis de final de temporada ha tenido una resolución excesivamente rápida y poco satisfactoria. Y porque queriéndose mover en lo políticamente correcto, comete errores típicos de lo políticamente correcto, como es la equidistancia entre valores distintos, que no siempre se pueden admitir como equidistantes.

En un tono muy distinto tenemos a un estupendo Ted Danson, representando a un profesor universitario jubilado en San Francisco que, triste y aburrido tras quedar viudo, empieza a colaborar como infiltrado con una agencia de detectives llevada por una inteligente y dedicada investigadora privada (Lilah Richcreek Estrada), en A man on the inside. En esta ocasión, en lugar de infiltrarse en una residencia de personas mayores, lo hace en una pequeña universidad privada, principalmente orientada hacia las letras y humanidades, con problemas de monetario, y que tiene miedo de perder la importante donación de un multimillonario (Gary Cole) por los ataques de agentes desconocidos, opuestos a los extremos capitalistas del individuo. En la serie se mantienen algunos fijos de la anterior, como la hija del protagonista (Mary Elizabeth Ellis), pero también la directora de la residencia de la primera temporada (Stephanie Beatriz), que tiene unos escarceos con la investigadora, de evidente resonancia romántica, pero que son desaprovechados en general, a pesar de la química que tienen en pantalla. Quizá en la tercera temporada. Y aparece un potencial interés romántico para el protagonista (Mary Steenburgen), que genera bastante diversión.

Esta serie me ha divertido más que la anterior, y de hecho me he visto su segunda temporada en pocas tardes. También es cierto que es mucho menos arriesgada en los temas que trata, y eso hace que lo tenga más fácil. Pero es de las que te pone de buen humor, de las que hasta el «culpable» es de los buenos, y hay sus motivos, y quien queda castigado es otro, realmente malo, aunque no sea el culpable. Pero lo que hace que la serie sea especialmente apreciable no está en las tramas sino en la simpatía del reparto, y el ingenio de los guiones, que hace que sea una serie dinámica y divertida.

[Libro] Les enfants de l’empire T01 y T02 – Yudori

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Jóvenes coreanas en un día de fiesta con vestido tradicional en el palacio de Gyeongbokgung en Seúl.

En los últimos tiempos he estado con mucho trabajo y con mucho lío en otras cuestiones. Se verá que hay más días en los que no publico nada en este Cuaderno de ruta que de costumbre. Esta semana me he saltado el martes y el jueves. Y casi el viernes, porque estoy cansado y me daba pereza. Y también ha influido en mi ritmo de lectura. Normalmente, el comentario de estos dos primeros volúmenes del relato gráfico de la coreana Yudori, pero que escribe en francés, lo tendría que haber escrito la semana pasada. Pero no terminé a tiempo el segundo volumen. Ahora explico lo de los volúmenes. Digamos que todo empezó un día que, haciendo tiempo, me metí en la FNAC a hojear libros. No con intención de comprar, hace tiempo que no compro libros en grandes superficies. Más bien con la curiosear novedades.

Entre las novedades de novela o relato gráfico, o cómic, como lo queráis llamar, vi el primer volumen de los dos que voy a comentar hoy. Traducido al castellano. Lo hojeé. Y así de entrada, me pareció que tenía unas ilustraciones muy bellas, muy estilizadas, muy limpias, pero también expresivas. Así que me interesé por la reseña argumental,… dos jóvenes coreanos a finales de los años 20 del siglo XX, o principio de los 30, en plena colonización de la península coreana, Chosón, por los japoneses. Inmediatamente supuse por dónde irían los tiros. Un mezcla de romance juvenil con mirada atrás a unos años conflictivos en todo el mundo, esos que precedieron a la sucesión de guerras que azotaron el mundo. Tiempos de inquietud política y social, de cambios profundos, especialmente en esas sociedades asiáticas, cerradas al cambio durante siglos, y que se enfrentaban a una modernización, no siempre bien digerida. No lo compré, porque miré el título original, y comprobé que el título original estaba en francés, no en coreano. El coreano no lo entiendo, pero el francés sí lo leo sin problemas. Así que me fui a casa y lo busqué en alguna tienda en línea. Lo encontré sin problemas, y ademas comprobé que estaba a punto de salir al mercado el segundo volumen. En octubre leí el primero, en noviembre el segundo. Ahora, lo que más lamento, es que hasta dentro de un año no podré seguir con la lectura, porque obviamente no ha terminado, y tengo la sensación de que va para largo. Y eso que son tomos de generoso grosor.

Los protagonistas son dos adolescentes, que viven bajo el mismo techo mientras estudian su bachillerato o equivalente. Ella es la hija mimada de un empresario, que juega a ser una chica moderna. Coqueta, consentida, inteligente, con ganas de una libertad que en principio no está al alcance de las mujeres. Él es el hijo de un noble o alto funcionario del antiguo régimen del país, muy venido a menos, su padre fallecido, y su madre y él mismo acogidos y protegidos por el padre de la chica. Entre los dos surgen disputas, y diferencias de visión de la vida y de la sociedad. Ella, moderna; él, tradicional. Ella adopta un nombre japonés; él es fiel a su nombre coreano. Ella es caprichosa y algo insolente, aunque buena chica; él es austero y moralista. Y sin embargo, es evidente un hecho, aunque no lo quieren reconocer, se atraen mutuamente y poderosamente.

El primer volumen actúa como presentación de los principales personajes, y de los secundarios habituales, así como del entorno social y político en el que se mueven. El segundo, todavía en el instituto, empiezan a tomar conciencia sobre las realidades de ese entorno. Él, hacia los movimientos izquierdistas que se mueven en la oposición nacionalista; ella, en el conformismo con el statu quo y con ganas con ir a estudia a Japón, como lugar que representa la modernidad para la tradicional sociedad coreana. Y de fondo, el colonizador. Opresor, y represor.

Yudori se lo toma con calma y presta atención al detalle. Procura constantemente ser fiel en sus ilustraciones a la época. Ilustraciones que como digo son limpias y elegantes. Y el nivel de los textos es bastante bueno también. No he conseguido conocer muchos detalles sobre la vida de la autora. Surcoreana. Pero que escribe en francés. Supongo que es en el país vecino donde ha estudiado y ha comenzado a desarrollar su trabajo. Desde luego, estoy muy interesado en seguir la lectura de esta saga. Y no descarto que, mientras tanto, busque alguna de las otras obras ya publicadas, por alguna de ellas tiene muy buena pinta.

[TV] Cosas de series; entretenida serie surcoreana, realmente peligrosa para la salud de los televidentes (de verdad)

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. Ingwangsan es una montaña que está en Seúl, y no en una provincia lejana a la capital surcoreana. Pero servirá de forma adecuada para ilustrar esta entrada.

En los últimos tiempos, creo que ya lo he comentado en alguna ocasión con anterioridad, me cuesta encontrar teleseries surcoreanas que me enganche. Ya he dicho muchas veces que, con frecuencia, son guilty pleasures que me entretienen los fines de semana. O sea que no se trata de calidad. Pero se trata de simpatía, a veces empatía, o simplemente diversión sencilla. Hasta tal punto es así que, en unas semanas en las que he estado un poquito abrumado con distintas cuestiones, y necesitaba algo de relax sin pensar al llegar a casa, he tirado de «archivo» y he vuelto a ver Resident Playbook, derivada de la excelente Hospital Playlist. La serie de los residentes de obstetricia y ginecología ha crecido en mi memoria. Y efectivamente la he disfrutado mucho, más, en su segunda visualización.

Pero previamente acabe de ver las dos temporadas de Sulkkundosiyeojadeul [술꾼도시여자들, mujeres bebedoras de ciudad], que en inglés/castellano la encontramos como Work later, drink now / Más beber y menos trabajo. Una serie que podemos encontrar en su primera temporada, de 2021, en Amazon Primer Video, pero cuya segunda temporada, de 2022-2023, hay que buscar en BiliBili, necesariamente en versión original subtitulada en inglés. Lo cual no me supone un problema, pero es un rollo para ver. Cada una de estas temporadas consta de 12 episodios de entre 30 y 45 minutos. Los primeros episodios de cada temporada son más cortitos, y se van alargando. De la misma forma que esos episodios cortitos tienen sabor a comedia de situación, mientras que conforme se alargan en la temporada adquieren más tono de drama.

La fórmula de la serie no es la primera vez que me la encuentro en las series surcoreanas. Tres amigas, de personalidades muy diferentes, pero muy unidas, que se llevan muy bien, confían unas en otras, mientras navegan por la vida con sus problemas laborales, familiares y algún romance que otro. Una es muy profesional y responsable, guionista de televisión, Lee Sun-bin, otra es muy atractiva físicamente, pero de carácter superficial, profesora de yoga, Han Sun-hwa, y la tercera, reservada y con un fracaso profesional como profesora de instituto, dedicándose a la papiroflexia en una canal de algo parecido a Youtube, Jung Eun-ji. El único fijo masculino es un colega de la primera, y principal interés romántico de esta, Choi Siwon. Las interpretaciones son bastante buenas, y es una serie bien hecha, con buenos guiones, muy entretenida, y cuyas protagonistas generan mucha empatía y simpatía. Pero…

Sí. Tiene algunos peros. Y es que la serie es aberrante en una serie de cuestiones que, si influyen en los telespectadores, especialmente en las telespectadoras, pueden influir muy negativamente en la salud de las mismas. Y lo digo en serio. Soy profesional de la salud, médico, y ha habido momentos en los que, sencillamente, me he horrorizado con la propuesta. Especialmente grave por la simpatía de la serie. La primera está ya en el título; la desmesura en la ingesta de bebidas alcohólicas, que en ningún momento se ve como un hábito tóxico de consecuencias nefastas, más allá de los chascarrillos cómicos asociados a la embriaguez. Con el ritmo de ingesta que muestran en la pantalla, estas mujeres de treinta años tienen que tener un alcoholismo implantado, alteraciones físicas y metabólicas importantes y descomposición del ambiente laboral y familiar. Y si no en ese momento de su vida, sucederá pronto. Y nada de eso se ve ni se plantea. Hay que considerar que por el metabolismo propio de la mujer, el impacto del alcohol y sus metabolitos en las mujeres es mayor que en los hombres. Esta glorificación del consumo de alcohol me ha parecido un horror. Y se da con frecuencia en las series surcoreanas, en las que los consumos desmesurados de soju y cerveza son frecuentes. Desconozco la realidad del alcoholismo en el país asiático, pero si las series son un reflejo de la realidad, será un problema importante.

El otro tiene que ver con uno de los arcos dramáticos de la serie. Algunos podrían considerar espóiler lo que voy a comentar a continuación, quedáis avisados…

… … …

Al final de la primera temporada, e indicando por dónde va a empezar la segunda temporada, a una de las chicas, con treinta años, se le diagnostica de un cáncer de mama, que ha de ser operado y en el que se encuentra incluso alguna progresión del tumor a ganglios linfáticos. A la joven se le indica tratamiento quimioterápico, como es lógico. Por mucho tumor que se haya retirado en la intervención quirúrgica, el cáncer de mama es más agresivo y propenso a recidivas graves cuanto más joven es la mujer. Y treinta años de edad es ser muy joven. Pero la joven, con sus amigas, se retiran durante un año a vivir en la naturaleza, vida «sana», ambiente puro, en lugar de tratarse. Y hay final feliz. El tumor no reaparece. ¡¡¡ ESTE PLANTEAMIENTO ES UNA IMBECILIDAD !!! Podría admitir que la intervención quirúrgica elimina el tumor, sin que existan micrometástasis a distancia. Pero la chica quedaría curada yéndose a la montaña como en la serie, quedándose en Seúl trabajando o de viaje en las Chimbambas. Lo que no se da es que se cure precisamente por irse al monte a un tienda de campaña conviviendo con los insectos y los jabalíes. Este tipo promoción de las pseudoterapias ha producido, y me consta por he conocido a pacientes en situaciones similares, muertes que se podrían haber evitado. Las series de televisión, especialmente las que tienen un impacto, tienen una responsabilidad. Y esta es aberrante al respecto.

La serie… ¿es recomendable? Pues no sé qué decir. Es buena desde ciertos puntos de vista, pero nociva desde otros. Muy nociva.

[Libro] The Tatami Time Machine Blues – Tomihiko Morimi

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Las novelas de Morimi en el universo del Tatami y sus derivadas espirituales transcurren en Kioto, y allí nos vamos, a pasear por las típicas calles y santuarios en Higashiyama.

En la primavera de hace dos años pude ver en una plataforma de contenidos una serie de animación japonesa que me encantó. Me divertí mucho. Me lo pasé pipa. Y así descubrí al escritor Tomihiko Morimi y su Universo del Tatami. El autor es de Nara, y realizó sus estudios universitarios en Kioto, período de su vida que supongo inspiró las andanzas de los personajes de este peculiar universo de ficción. Universo que vio la luz con su novelaYojōhan Shinwa Taikei [四畳半神話大系, literalmente las crónicas míticas de los cuatro tatamis y medio], que con el tiempo fue adaptada a serie de animación, que con el tiempo vi, y la novela que nos ocupa hoy Yojōhan Taimu Mashin Burūsu [四畳半タイムマシンブルース, literalmente el ‘blues’ de la maquina del tiempo de los cuatro tatamis y medio]. Y hubo otra novela, adaptada a largometraje de animación, Yoru wa Mijikashi Aruke yo Otome [夜は短し歩けよ乙女, literalmente la noche es corta, camina, muchacha], que leí durante mi viaje a San Francisco. Esta última no es exactamente una historia perteneciente al Universo del Tatami, pero sus personajes y su espíritu tienen mucho que ver con este. Incluso la adaptación animada tiene un diseño de personajes claramente copiado de las series de animación mencionadas. Esta es mi favorita. La película ya la he visto en más de una ocasión, y cada vez le encuentra más miga.

Frente al complejo multiverso de la historia original, en el que una y otra vez regresamos cíclicamente a la repetición con variantes de la historia de watashi (yo, el protagonista de la historia), aquí estamos en una situación estable en cuanto a este multiverso. Es verano, y los habitantes de la residencia universitaria con habitaciones de cuatro tatamis y medio (algo más de siete metros cuadrados, de aquí viene el nombre del universo de ficción), al menos los afiliados al club de cine, está rodando una película, dirigida por Akashi, la joven que es el centro de atracción romántica de watashi, el protagonista. Pero dos situaciones llevan a esta microcomunidad al caos. Una botella de soda que se derrama sobre el mando a distancia del único aparato de aire acondicionado de la residencia, arruinando su funcionamiento en el agobiante calor del verano kiotense, y la aparición de una misteriosa máquina del tiempo y su «soso» viajero.

Estas novelas no están traducidas al castellano, por lo que las que he leído estaban en inglés. Pero tengo la sensación de que están bien traducida y trasladan con fidelidad el caos que nos quiere transmitir su autor. La historia no deja de ser un romance disfrazado de aventuras. Pero con las paradojas en el tiempo muy bien gestionadas. He de recordar que me encantan las historias de viaje en el tiempo, cuando están bien desarrolladas, porque son tremendamente divertidas e intelectualmente desafiantes. Aquí, salpicadas de aventuras absolutamente delirantes, que generan una notable hilaridad.

Con estas historias yo me lo paso muy bien. Quizá, esta sea la más ligera. La más casual. La más anecdótica. Pero recomendable. Muy recomendable, desde mi punto de vista. Aunque supongo que no atraerá a un público general. Sin duda puede atraer a un público joven, relativamente cultivado, y sin reparos a exponerse a otras culturas y situaciones. Aunque yo creo que es una exposición que debería promocionarse en todo tipo de gentes. Otome me resultó más entrañable. Trasunto de Akashi en esta historia, no son simplemente el mismo personaje; aquel era más profundo y empático. Akashi es más ligera… aunque también con mucho encanto. Y no he leído (todavía) la novela que comenzó todo esto. En algún momento. Por cierto, que del mismo autor es otra novela que también fue adaptada a largometraje de animación que vi hace unos años… quizá me anime a buscarla también.