[Fotos] Caminata de 15 km hasta la Cartuja Baja

Fotografía

El día 1 de febrero me cogí fiesta. No se puede ir a ninguna parte todavía. Pero en los casi 1000 kilómetros cuadrados de término municipal que tiene Zaragoza, se puede dar uno buenas caminatas. Hasta la Cartuja Baja, barrio rural de la ciudad, desde mi casa, por la vía más corta, hay unos 8 kilómetros. Pero metiéndose por caminos diversos entre la huerta de las Fuentes y la pasarela del Bicentenario, hicimos prácticamente quince. Y me llevé alguna cámara que otra.

Los detalles técnicos de las fotos, que no son nada del otro mundo, en Hasselblad 500CM con el visor PM 51, esta vez con Fujifilm Neopan 100 Acros II.

[TV] Cosas de series; anime, anime en NYC y NYC

Televisión

Recientemente he vuelto a acumular bastantes series sin comentar. Me pasa de vez en cuando. Cuando pasan semanas, de repente, series que he ido viendo a poco, las termino todas a la vez o en pocos días. Y tengo acumuladas varias de animación. El buen sabor de boca que me dejó Dororo ha hecho que me interese de nuevo por la animación. No es que me haya dejado de interesar en ningún momentos… es que durante un tiempo no he encontrado nada que me llamase mucho la atención de la diversa oferta que existe en series. Tampoco te puedes tragar lo primero que te venga a mano.

A Beastars llegué a través de su banda sonora. Por una de esas causas y azares escuché un tema de una pareja de indie-pop japonés y me interesé por ellos, una cosa puntual sin más trascendencia. Pero una cosa me llevó a la otra, y acabé viendo esta serie de animación japonesa en Netflix, con una premisa curiosa. A priori… una serie de colegiales de instituto. Lo peculiar es que se trata de una sociedad de animales, en la que carnívoros y herbívoros sobreviven gracias a unas rígidas normas sociales sobre alimentación, y en la que un joven adolescente lobo, tras un dramático encuentro, acaba relacionándose con una pequeña coneja enana. Puede sonar un poco a chufla. Pero la serie es principalmente dramática y clasificada para mayores de 16 años, tratando temas como la violencia, la sexualidad y la violencia sexual. Sin dejar de pensar que tiene sus agujeros y alguna inconsistencia, es una producción curiosa e interesante que enseguida me engancho pese a sus defectos. Son ocho episodios y ya están previstos otros ocho que ya se han estrenado en Japón. Llegarán más adelante al resto del mundo a través de la conocida plataforma de vídeo bajo demanda.

Dos de las series de hoy tienen Nueva York como escenario global, y en las dos se detienen en la Biblioteca Central y otros lugares emblemáticos de la cultura. Así que empecemos por ahí a la hora de dar un paseo fotográfico por la «supongamos que es una ciudad».

Tampoco es precisamente un producto infantil Banana Fish, una serie de animación japonesa en Amazon Prime Video, pero que transcurre íntegramente en Estados Unidos y mayormente en Nueva York. Nos movemos en un mundo de bandas y mafias, con intereses en el mundo de las más sofisticadas drogas de diseño y como ramificaciones en la corrupción política, donde dos jóvenes de 17 y 18 años, uno nortemericano, que ha sobrevivido en un mundo de delincuencia y abusos (sexuales), y otro japonés, que ha vivido protegido y seguro en una sociedad tranquila, entablan una amistad especial. Y en la que a lo largo de los 24 episodios en temporada única se mueven en una línea mal definida sobre si esa amistad es algo más y es una relación homosexual. La serie, conceptualmente es muy interesante. Y quizá el manga en el que se basa tenga sentido la larga duración. Pero en animación, se vuelve excesivamente larga con situaciones repetitivas constantemente que hacen que llegue un momento todo suene a déjà vu. No está mal por eso. Tampoco hace concesiones a la amabilidad en su trama, donde la violencia y las agresiones sexuales están a la orden del día.

Finalmente, seguimos en Nueva York, con una serie de entrevistas de siete episodios, en las que Martin Scorsese, productor y director de la misma, conversa con la escritora, comentarista y actriz Fran Lebowitz. Pretend it’s a city es el título de la serie. Y viene de la frase, os la pongo traducida «supongamos que (Nueva York) es una ciudad». Supongo que la alternativa a que sea una ciudad, lo cual se discute en el primer episodio, es que sea otra cosa. Entre un mundo en sí mismo a un monstruo social. En cualquier caso, a lo largo de los episodios tratan la visión de Lebowitz (no confundir con la fotógrafa Annie Leibovitz) sobre la cultura, el transporte público, el dinero, la salud y el deporte, la idea de diversión, las nuevas tecnologías de la información, o los libros. No voy a decir que me identifique la protagonista de la función. Siempre he pensado que los intelectuales progresistas neoyorquinos a veces tiene cosas que son muy poco progresistas. Pero es muy divertida e invita a la reflexión. Y los episodios son cortos y ágiles. No cuesta nada ver la serie. Muy recomendable.

[Cine] Seungriho [승리호] (Barrenderos espaciales) (2021)

Cine

Seungriho [승리호] (2021; 09/20210205)

Estamos ante una aventura espacial de factura surcoreana, cuyo título original sería el nombre de la nave espacial de los protagonistas, la Victoria. No obstante, para los títulos internacional y español se ha optado por Space Sweepers y Barrenderos espaciales. Que llamaron mi atención. Ahora cuento porqué. La otra cuestión que llamó mi atención es que en esta película dirigida por Jo Sung-hee, aparecía la actriz Kim Tae-ri, que me encanta a múltiples niveles, y a quién conocí en una celebrada película de época cargada de erotismo.

No tengo fotos del espacio. Pero sí de Seúl, que también sale en la película. Aunque sucia y mugrienta. Cuando en la realidad está bastante limpia y despejada.

Pero mi primera llamada de atención sobre la película fue porque el título en español… o en inglés, es lo mismo, me recordaba a un serie de breve existencia hace 40 años, que independientemente de su título en inglés, en castellano se llamó La escoba espacial. Y es que en ambas producciones, muy muy muy muy diferentes en tono y factura, los protagonistas son la tripulación de una nave espacial dedicada a la limpieza de desechos espaciales. Aquella de hace cuatro décadas, en tono de sátira, iba refundiendo temas y situaciones de las producciones espaciales de la época. Y esta de hoy en día, en tono de aventuras dramáticas, con algún toque de humor,… pues lo mismo.

Por que la película es un pastiche que bebe de diferentes éxitos (o no) comerciales en el ámbito de las aventuras espaciales y la ciencia ficción en las últimas tres o cuatro décadas. Constantemente vas pensando en «esto me recuerda a Blade runner«,… «esto parece sacado de Gravity«… «aquello parece una escena de Elysium«… «esta persecución recuerda a cuando el Halcón milenario recorría las entrañas de alguna de las diversas Estrellas de la muerte«. En este plan. Estamos ante un escenario apocalíptico, en el que el planeta Tierra se va, literalmente, a la mierda, y unos pocos privilegiados dirigidos por un visionario (Richard Armitage) que es un mix de Jobs/Musk/Bezos, viven en órbita en un entorno artificial utópico y que se van a ir a colonizar Marte. Y tenemos a Tae-ho (Song Joong-Ki) que trabaja en una nave de recogedores de basura espacial junto con la capitana Jang (Kim Tae-ri), un patibulario Tiger Park (Jin Seon-kyu) y un robot, intentando ganar dinero para rescatar a su hija adoptiva, perdida en algún lugar de la órbita terrestre. Y en estas están cuando se encuentran a un presunto androide, Dorothy (Park Ye-Rin), con la apariencia de una niña adorable, que puede ser un arma de destrucción masiva… u otra cosa.

La película fue producida pensando en el estreno de salas de cine y con vistas especialmente al mercado surcoreano y asiático. Desconozco que posibilidades había de que llegase a las salas de cine españolas; pero la película resultará vistosa en pantalla grande. Aunque lejos de las grandes producciones de Hollywood en cuanto a efectos especiales y gráficos generados por ordenador, la película está filmada en gran medida sobre pantalla verde, y el nivel de producción es razonablemente competente, de forma que no chirría y la decisión sobre si gusta o no descansa más en la historia y en los personajes.

La historia no tiene originalidad, pero la componenda está hecha con un mínimo de racionalidad que hace que las dos horas y veinte minutos de película no se hacen largos en absoluto. Es muy entretenida. Inverosímil hasta decir basta, pero muy entretenida. Y sobre todo, tiene algo que hace tiempo que perdieron las superproducciones norteamericanas. Tiene corazón. Los personajes principales de la película te caen bien, son simpáticos, empatizas con ellos y sirven de enganche fundamental con la películas, que tiene algunas peculiaridades. Algunos momentos de la misma son propios de una aventura de gran violencia, mientras que otros son propios de una película familiar de entretenimiento para todos los públicos… y sin embargo no chirrían unos con otros. Extraña… pero piensas que será cosa de la cultura coreana y no le das más vueltas.

Bajo ningún concepto se puede considerar que estemos ante una gran película. Como digo, es un pastiche. Abusa de algún que otro deus ex-machina y otras trampas del guion. Y en un momento dado es más una película de sobradas que otra cosa. Pero se ve con gusto como un entretenimiento con buenas intenciones. Y eso, es un valor en estos tiempos. Como en algún lugar he leído, estos cinco aventureros te generan más simpatía que todo el universo Star Wars comprendido entre el final del Retorno del Jedi y el principio de The Mandalorian. Si tenéis Netflix y ganas de evadiros un rato el fin de semana… no la despreciéis porque sea surcoreana. Y si sois aficionados a las aventuras espaciales, obligatoria.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

16 años de Cuaderno de ruta; un nuevo aniversario tras un año raro, raro, raro…

Páginas personales

Pues sí, como me gusta recordar todos los años cuando llega esta fecha, un 8 de febrero de 2005 escribí mi primera y simplona entrada en este Cuaderno de ruta, en aquellos momentos residente en la plataforma Blogger. Mi compromiso era escribir sobre algo,… lo que fuera, que me hubiese pasado o que pensara, e incluir una foto realizada por mí. Quería impulsar mi afición a la fotografía. La entrada se puede ver también en esta plataforma de WordPress, a la que cambié oficialmente en el tercer aniversario del Cuaderno de ruta. Pero no todas las fotos publicadas se pueden ver… cosas de la evolución de las plataformas en las que se encontraban subidas. No voy a dar estadísticas del blog como en otros aniversarios. Me dice WordPress que si llevo publicadas, antes de esta, 5876 entradas…. pues esas serán. Posiblemente algo menos de 200 no serán visibles… en su momento las hice privadas. Por motivos que no vienen ahora al cuento.

Este año pasado ha sido extraño. Y diciendo esto supongo que pensaréis que me refiero a la pandemia. Pues no… no es ha eso a lo que me refería. Aunque también ha sido raro por eso, claro. Pero en lo que se refiere a los contenidos de este Cuaderno de ruta… pues básicamente hay mucho cine que se ha visto en la pantalla del televisor, porque no se podía ir a las salas con pantalla grande, u otros motivos asociados a la pandemia, y que hay menos actividades sociales y viajes, claro. Aunque ha habido más contenidos de viajes de los que (des)esperaba en el mes de abril, cuando había suspendido o me habían suspendido un viaje de semana santa a los Países Bajos y unas vacaciones en China que iban a ser a caballo entre abril y mayo. Obviamente, esos contenido que no se generaron nunca llegarán a este Cuaderno de ruta.

Pero lo raruno vino de otro lado. De las «estadísticas» del blog. Cuando entro en la plataforma de WordPress para editar una entrada, como estoy haciendo ahora, me informan de cómo van las visitas a las páginas de blog. Si este blog tuviera pretensiones de comercialidad o popularidad… van mal, muy mal. Nunca han ido bien. Porque nunca he buscado ser popular. Nunca me ha importado no tener muchos falsos «amigos» de los que se tienen en internet. Lo que buscaba era relajarme durante un rato cada día escribiendo sobre algo que no tuviera que ver con mis problemas cotidianos, y tener un medio de comunicación con algunos buenos amigos en la diáspora con los que me veo con muy poca frecuencia. Pero siempre he tenido mi curiosidad.

Mi tope de visitas cotidianas al blog sucedió allá por el año 2012. En 2013, pegó un importante bajón, como del 30 %. Y en 2014, otro, que dejó el número visitas a menos de la mitad de las que tenía dos años antes. Luego siguió un languidecer paulatino, que yo siempre he achacado a que la época de los blogs había terminado, y ahora la gente se encuentra enganchada e inmersa en la diversidad de redes sociales, de consumo más rápido y superficial. No me importó mucho. Para mis objetivos iniciales… seguía valiendo. Relajarme entre media hora y una hora al día escribiendo y organizando fotos, y que unos cuantos amigos que lo visitan de vez en cuando, se acuerden de mí y se cosquen de a qué me dedico al menos en el tiempo libre. Si luego he ido adquiriendo otros visitantes o habituales, pues estupendo. Todo el mundo es bienvenido menos los intolerantes, groseros, y similares.

Lo curioso es que en noviembre del año pasado, las estadísticas de visitantes se multiplicaron por dos. Algo más. Y en diciembre, casi por tres. Y así hasta el 11 de enero de este 2021, día en el que volvieron a los niveles que tenían en octubre de 2020. Tan bruscamente como empezó el aumento de actividad, disminuyó. Y no tengo ni idea de a qué se debe. ¿Algún error en WordPress a la hora de hacer las cuentas y las estadísticas? Puede. ¿Consecuencia de la pandemia y de que en todo el mundo había más gente confinada y con más tiempo? Tal vez… pero ¿por qué no se registró antes el aumento? ¿Y por qué ha cesado de repente en enero? No lo sé. Una rareza. Un misterio.

Una anomalía más a sumar a las del 16º año de existencia de este Cuaderno de ruta. Este año ilustro la entrada con unas cuantas fotos realizadas ayer con la Pentax K-x y el objetivo zoom de kit 18-55/3,5-5,6 que traía cuando la compré. Esta compra la hice hace más de 10 años, en el 2010. Y su fin era tener un cuerpo Pentax, compatible con la bayoneta K que creó esta marca en los años 70, y de la cual tengo una amplia colección de objetivos. Me costó muy barata. El objetivo zoom prácticamente no lo he usado. Pero la cámara, con distintos objetivos, ha paseado mucho conmigo por su escaso tamaño para ser una réflex digital. Y porque con sus 12 megapíxeles ofrecía una calidad de imagen muy notable. No solamente para aquel momento. Incluso hoy en día las fotografías que ofrecen son de muy buena calidad, aunque con las limitaciones de tamaño en píxeles comparado con lo actual y con las limitaciones en las sensibilidades superiores. Pero sigue siendo capaz de hacer el 90 % de las fotos que habitualmente hago con cámara digital.

Pero esta cámara tan simpática no la uso desde principios de 2017, cuando en un outlet conseguí otro cuerpo de cámara Pentax, de similares prestaciones, más modernos y con mayor resolución espacial. 20 megapíxeles en lugar de 12 megapíxeles. Así que estando en excelente estado y en desuso, ayer se la regalé por su 12º cumpleaños a mi sobrino Diego. En principio le hizo ilusión. Si servirá o no para que le entre el gusanillo de la afición… quién sabe. En cualquier caso, las de hoy son mis últimas fotos con esa cámara.

[Recomendaciones fotográficas ] Un libro y otras cosas

Fotografía

Aunque soy bastante previsible sobre los temas que puedo hablar cada día de la semana en este Cuaderno de ruta, y más durante la pandemia en la que hay poco lugar a las sorpresas debido a las limitaciones de movilidad y a las rutinas que nos ha impuesto, me gusta sentirme libre sobre de lo que voy a hablar en estas páginas. Y hoy tenía varias opciones… pero me he liado haciendo cuentas y previsiones… porque justamente el 8 de febrero, mañana, es uno de los días donde me autoimpongo un tema. Después de darle vueltas sobre si hablar o no de una película, se me van a amontonar, he decidido que no, que ayer ya lo hice, y que ya veré como me organizo en la próxima semana.

Muy despacito, pero voy seleccionando y preparando las fotos para el mi volumen «2020 en fotos». Me cuesta. Son fotos significativas de alguna forma del año, descontando viajes. Y tal vez confinamientos, porque ya hice un libro sobre esos meses… poco a poco, supongo.

Así que voy con algunas recomendaciones fotográficas.

Primero, un libro que me llegó esta semana. Del fotógrafo británico Marc Wilson, Travelogue 1 es un libro de viajes. Pero no veremos las bellas fotografías al uso que la mayor parte de la gente asocia a los viajes. Esas de Instagram u otras redes sociales o sitios de compartir fotografía, tan espectaculares, llenas de un saturado colorido, y esas cosas. No. Son fotografías de países del este de Europa, restos de la antigua Unión Soviética, que tras 20 años del derrumbe del coloso siguen sin encontrar una estabilidad, siguen sin una transición razonable a la democracia o, algunos de ellos, incluso sin un reconocimiento internacional. Paisajes y gentes descarnados, melancólicos, que a veces nos parecen de otros tiempos. En lo que parece que va a ser el primero de una serie, visitamos Transnistria, la región de Moldavia de mayoría rusa, que es rebelde al gobierno del país, pero que cuya soberanía y estatus particular nadie reconoce. El libro viene con una fotografía firmada de ambiente ferroviario que me encantaría haber realizado yo mismo.

Hablando de libros, últimamente me han interesado un par de libros que se encuentran en la librería y editorial japonesa Shashasha (instagram). Esta librería tiene un amplio catálogo de libros de fotografía oriental muy interesantes. Y con precios muy variados, pero algunos bastante razonables. El problema es que los costes de envío son caros, y a veces duplican el precio de algunos libros. Y muchos de ellos no son fáciles de encontrar en librerías occidentales. Antaño tenía una aplicación para iPad donde los podías adquirir en forma virtual, pero desapareció. Por ejemplo, de los que he visto que tenían y que me gustaría comprar hay uno de Araki Nobuyoshi dedicado a su esposa Yoko, o el titulado Tiny Christs de Lin Yu-Chih, aunque este está editado por una editorial italiana y lo conseguiré por esa vía. En cualquier caso, muy interesante Lin Yu-Chih… fotógrafo taiwanés, de quien no he encontrado página web o presencia en redes sociales. Incluyo me ha costado saber si es hombre, que sí, o mujer, que no. Creo.

En estos momentos, en Shashasha están presentando la obra de Eiji Ohashi (instagram), fotógrafo japonés que ha convertido las ubicuas en Japón máquinas expendedoras de bebidas en un elemento fundamental de sus paisajes, algunos de gran belleza. Las fotografías más recientes son paisajes urbanos o semiurbanos, de la isla de Hokkaido, en la que las máquinas aparecen cubiertas, semicubiertas o rodeadas de nieve, creando un punto de color que destaca en el paisaje, muchas veces nocturno o crepuscular. El fotógrafo es de esta isla del norte de Japón. Hokkaidō, 北海道, el camino 道 de los mares 海 de los norte 北…

En otro orden de cosas y estilos, fotografías espaciales. Del espacio. O quizá deberíamos decir,… desde el espacio. Donald Pettit es ingeniero químico y astronauta de la NASA. Además de sus misiones en el espacio y en la Antártida, allí para buscar micrometeoritos, también le gusta la fotografía, y en sus «viajes» ha recopilado una interesante colección de fotografías que nos presentan en Lenscratch.

Y como hoy estoy muy «viajero», con la imaginación porque en la realidad ya veremos cuándo nos dejan viajar, apunto aquí una entrada en Photography of China dedicada a Marc Aziz Ressang (instagram) que nos lleva a la meseta tibetana, cuyo trabajo intenta reflexionar sobre la dureza de la vida a gran altura y su relación con la espiritualidad de las gentes del lugar. No está mal. Aunque yo siempre recuerdo que todos los datos indican que las fuertes creencias en lo sobrenatural están relacionadas sobretodo con bajos niveles de educación y con la pobreza. Quizá… independientemente de la altitud. Pero están bien, las fotos.

[Cine] Happy Together [Ceongwong zasit 春光乍泄] (1997)

Cine

Happy Together [Ceongwong zasit 春光乍泄] (1997; 08/20210202)

Quinta del ciclo de películas restauradas de Wong Karwai, que abarca todos sus largometrajes de ficción realizados entre los años 1988 y 2004. Menos uno. Estamos también ante el único de ellos que trata de relaciones homosexuales entre hombres. También estamos ante una película no ambientada fundamentalmente en Hong Kong. Otras películas del ciclo recorren otras localizaciones distintas de la antigua colonia británica, pero siempre es esta la localización principal. Incluso si están rodadas en Tailandia. En esta nos vamos a mover en Argentina, principalmente en la Boca de Buenos Aires. En el mundo, la mayor parte de las antípodas de las tierras caen en el mar, pero una buena parte de China tiene sus antípodas en América del Sur; así que, de algún modo, Buenos Aires representaría las antípodas de Hong Kong… en realidad más las de Shanghai… pero no nos vamos a poner quisquillosos.

La película termina con Yiufai volviendo a Hong Kong. Aunque no lo vemos llegar. Antes se detiene en los «night markets» de Taipei, donde los padres del tranquilo Chang tienen su puesto de comida, y con un recorrido en un metro elevado por las calles de la capital taiwanesa. Así que nos trasladaremos a Taipei para ilustrar esta entrada.

La película acompaña las peripecias de dos hongkoneses, a mitad de los años 90 del siglo XX, que son pareja, y que se van a Argentina, el punto más lejano posible de su lugar de origen. Y mientras tratan de llegar a las cataratas de Iguazú, se pierden, discuten y se separan. Luego encontraremos a uno de ellos, Yiufai (Tony Leung Chiuwai), trabajando de portero en un bar de tangos de la Boca, mientras que el otro, Powing (Leslie Cheung), ejerce de acompañante para otros hombres en el mismo entorno. Cuando este recibe una paliza, Yiufai lo cuidará y volverá su tormentosa relación. Mientras, Chan (Chen Chang), un joven taiwanés se cruzará con Yiufai poniendo un contrapunto sereno a este ambiente tormentoso.

Rodada con párrafos visuales en blanco y negro y en color alternándose, con la magistral dirección de fotografía de Christopher Doyle, con una sobria pero acertada banda sonora con temas que nos llevan desde boleros entonados por Caetano Veloso, una variedad de tangos y milongas y temas procedentes del rock, estamos ante una intensa historia de relaciones, de amores y desamores, que componen una de las más potentes historias y una de las mejores películas del director chino. Me ha impresionado, mucho más de lo que pensaba. Y especialmente por las potentísimas interpretaciones de sus dos protagonistas, en definitivo estado de gracia actoral, como ya habían adelantado en anteriores películas con o sin el director.

Total y absolutamente recomendable, probablemente la mejor película del ciclo hasta el momento tras la inicial.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ***

[Libro] La mujer de la falda violeta – Imamura Natsuko

Literatura

Segundo libro del 2021. Un año en el que empecé fuerte las primeras semanas, pero que, siguiendo la tónica del año pasado, ya vuelvo a encontrar problemas para concentrarme en la lectura. Sin embargo, hace una semanas comencé con esta novela de la japonesa Imamura Natsuko, os recuerdo que en japonés el apellido va delante, en lo que es una historia de acosador(a) voyeur extrañamente fascinante.

Tanto la narradora de la historia, la mujer de la rebeca amarilla, como la protagonista de la misma, la mujer de la falda violeta, viven en el mismo barrio. La mujer de la falda violeta parece mayor de lo que es. Está desmejorada. Mantiene unas rutinas, pero tiene altibajos en su vida. No tiene trabajo. Y cuando le surge son trabajos cortos, a tiempo parcial y mal pagados. Y la gente la mira de reojo. Hasta que un día encuentra un trabajo mejor. Todavía modesto. De empleada en un hotel, limpiando y haciendo las habitaciones. Y pasa a tener relaciones, amigos, a estar integrada. Aunque no sabemos cuánto va a durar. Y uno sospecha que de alguna forma, todo se torcerá al final…

La novela funciona a dos niveles. Por un lado está el misterio de la mujer de la falda violeta, que progresivamente se va convirtiendo en el misterio de la narradora, de la que vamos descubriendo que no es una mera observadora, que va más allá, que acosa e interviene. Una línea narrativa que nos mantiene en vilo, y nos ofrece ese enganche a la historia que no podemos soltar hasta el desenlace.

Pero por otro lado, como muchas autoras japonesas, asiáticas en general, nos habla de la precariedad de muchas mujeres en las sociedades actuales. Sociedades en las que es demasiado fácil acabar viviendo en soledad. Sociedades prósperas, pero donde hay muchas personas al borde de la pobreza, muchas de ellas mujeres. Y sociedades donde además la homogeneidad se premia, pero la diferencia se castiga. El clavo que sobresale recibe el martillazo.

Quizá no sea una novela perfecta, pero sí que engancha e interesa. Más compleja de lo que inicialmente se nos presenta, es susceptible de lecturas e interpretaciones diversas. Me parece bastante recomendable.

[Cine en TV] The Dig (2021)

Cine

The Dig (2021; 07/20210131)

Netflix es consciente de que la pandemia llevará un tiempo. Que la vuelta a la normalidad de las salas cinematográficas no vendrá de la noche a la mañana. Que durante este tiempo nuestros hábitos cinéfilos van a variar, han cambiado ya de hecho. Y que es muy posible que algunos de esos cambios hayan venido para quedarse. Y va al ataque anunciando estrenos de largometrajes de producción propia o concertada prácticamente todas las semanas. ¿Cuántos van a merecer la pena? No sé. Ni siquiera creo que los veo todos. Ni siquiera la mayoría. No me basta tener la película disponible… tiene que haber algo en ella que me interese, que me lleve a darle una oportunidad. Como es el caso de esta película dirigida por el relativamente novel Simon Stone, que lleva en su reparto algunos pesos pesados de la interpretación británica como Ralph Fiennes, Carey Mulligan o Lily James.

Sólo tengo fotos de un sitio arqueológico importante en Inglaterra. Y no es Sutton Hoo. Es Stonehenge. Más antiguo, bastante más, que los túmulos anglosajones de East Anglia. Pero bueno… es lo que hay.

La película se fundamenta en una novela que ficcionaliza un hecho real, el descubrimiento de las tumbas de Sutton Hoo, uno de los principales yacimientos arqueológicos de la época inmediatamente posterior al derrumbe del Imperio romano y el establecimiento de los anglos, sajones y jutos, pueblos germánicos, en la isla de la Gran Bretaña. El acontecimiento real ofrece claramente dos líneas dramáticas engarzadas con la realidad y que merecen la pena ser exploradas, y así se hace en la película. Por un lado, el drama de la terrateniente, Edith Pretty (Mulligan), que enferma (de lo que en la película se dice que es una valvulopatía reumática, pero que en la realidad parece que fue una diabetes), busca dar sentido a sus últimos años de vida dejando algo al mundo que a la vez satisfaga su apetito intelectual. Por otro lado, el perfilado de carácter del excavador arqueológico sin formación académica, pero con mucha experiencia en el campo, Basil Brown (Fiennes), que se ha de mover en un mundo de inflados egos académicos entre los arqueólogos de universidad y los conservadores de los museos. Y esta alianza de caracteres distintivos bastaba para una película de época amable, con sus tonos dramáticos, muy bien y académicamente hecha.

Flojea en el momento en que se introduce con calzador una tercera línea dramática, el ficticio romance no consumado entre la joven arqueóloga Peggy Piggot (James) y el primo de la terrateniente, que hizo de fotógrafo de las excavaciones. Este último carácter es totalmente ficticio. Al igual que el presunto romance. Y no hay forma de explicar racionalmente qué pinta en la película. O en la novela original si es que se encuentra en ella también. Supongo que satisfacer el ego del novelista, John Preston, sobrino de la arqueóloga, de soltera Margaret Preston, a la que le apeteció dar protagonismo en una historia donde sólo era un personaje secundario.

Esta historia romántica lastra buena parte de la película, robando protagonismo al desarrollo de las historias importantes. Y da inconsistencia a la historia, que por otro lado está fenomenalmente bien ambientada, con el ambiente melancólico propio de la fatalidad de la guerra mundial que en el verano de 1939 se ve venir. Algunos de los planos y el tono de algunos párrafos de la película recuerdan a Terrence Malick, lo cual no le sienta mal a la película, en la cual destacan las contenidas interpretaciones de Carey Mulligan y Ralph Fiennes. Chirrían un poco las edades de los pesonajes, no tanto la de Fiennes, actor que acaba de cumplir los 58, mientras que el personaje tendría en 1939 unos 50 o 51 años, como la de Mulligan, actriz de 35 años, interpretando a una mujer que en el momento de la acción estaría en los 55 años o así. Tampoco entiendo muy bien por qué le modifican la enfermedad a Pretty, es raro que una valvulopatía reumática no se hubiera presentado antes en la vida de la mujer, impidiéndole llegar a esa edad (como le sucedió a mi abuela que murió en 1938 con menos de 40 años). Sin embargo, la diabetes que parece que padeció… tiene una historia lógica. Estos cambios de la realidad siempre me sorprenden y me extrañan.

Globalmente es una película correcta que se deja ver perfectamente y con agrado. Y perfectamente recomendable para todos aquellos que disfruten o sufran, según cada cual, de una suscripción a Netflix.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] El (pen)último rollo de película fotográfica de 2020

Fotografía

Es en realidad el penúltimo, porque el último lo terminé a caballo entre el 2020 y 2021 y fue en blanco y negro. Y ya os presenté algunas fotos de aquel… que fueron tomadas antes que las que hoy traigo aquí. Por lo que las fotos de hoy son las últimas del 2020. En película negativa.

Los detalles técnicos los podéis encontrar en Los objetivos zoom no me entusiasman – Canon EOS 650 + Kodak Pro Image 100. Os dejo con las fotos.

[TV] Cosas de series; Lupin, Sabrina y Chiang Kaishek

Televisión

Esta semana voy a avanzar un poquito más deprisa mi comentario de series, con tres de ellas en lugar de las dos habituales. Son tres series que podrían haber sido más, que partían de premisas más o menos interesantes, pero que se han quedado cortas respecto a las expectativas. Aunque la valoración final es diversa.

Lupin es una serie de francesa que, como podemos deducir de su título, está inspirada por el aventurero Arsène Lupin, un ladrón de guante blanco creado por el escritor francés Maurice Leblanc a principios del siglo XX. Ambientada en la Francia actual, en el París actual, el protagonista de la acción es un inmigrante subsahariano de nombre Assane [cuasi homófono con Arsène], interpretado por Omar Sy. Convertido en ladrón de guante blanco como el personaje que le sirve de referencia, da un golpe en el Louvre, robando una joya que en su infancia desapareció de la mansión dónde trabajaba su padre de chofer, de la que fue acusado y condenado, suicidándose en prisión. Las historia del nuevo «Lupin» es más una historia de venganza que de aventuras osadas, rocambolescas y románticas. El problema es que cuanto más se aleja del encanto del personaje original y más entra en la oscuridad de los misterios que le llevan a la venganza, menos clara tiene la serie lo que quiere ser. Y la limitación de los cinco episodios de la primera temporada tampoco ayuda a un desarrollo pausado del personaje y sus motivaciones. No obstante, la podemos considerar como una serie entretenida e interesante, cuya primera termina con un enorme cliffhanger que prácticamente obliga una segunda temporada.

Taiwán, un país que no es un país, con un complejo pasado, un futuro incógnito, y un presente en el que es muy agradable de visitar.

Chilling adventures of Sabrina ha llegado a su cuarta y última temporada. Esta reinvención del cómic que ya fue llevado en su momento a una serie de dibujos animados y una serie de televisión de acción real, en aquella ocasión con carácter de comedia amable, ha optado por un mezcla de comedia y terror, con predominio de este progresivamente. Liderada la serie por la joven actriz que gustó encarnando a la niña, luego adolescente, Sally Draper en Mad Men, Kiernan Shipka, es una serie que prometía mucho y que empezó con mucha fuerza. Pero que por algún motivo se agotó muy pronto, entrando en una dinámica repetitiva, en la que la mayor parte de los personajes secundarios, teóricamente importantes para la protagonista, iban perdiendo su interés y su razón de ser. Sin encontrar del todo su tono, puesto que no acaba de decantarse por la comedia, buscando el lado terrorífico de la historia, pero con unos malos ultraterrenos que en no pocas ocasiones eran más bien ridículos y risibles. La última temporada ha confirmado esta tendencia a la baja. No me atrevería a recomendarla.

Y terminamos con Detention, una serie taiwanesa basada en un original juego que mezcla el comentario político con el terror sobrenatural, del que ya se hizo una película largometraje. Ambas producciones se basan en el mismo juego, pero siguen su propio camino argumental, nos advierten, pudiéndose ver independientemente. Y la premisa de partida es la misma. En un instituto taiwanés a principios de los 60, algunos de sus profesores y alumnos sufren la represión dentro de lo que se llamó el Terror blanco, en el régimen dictatorial que Chiang Kaishek impuso en la isla tras su huida de la China continental, derrotado la facción nacionalista del Kuomingtan por la comunista de Mao. En la serie, la acción principal sucede a principios de los años 90, con la isla en su transición a la democracia, cuando una nueva estudiante del instituto en el que sucedieron los hecho 30 años antes llega transferida al mismo. Y donde tras experimentar el extraño ambiente represivo del mismo, entra en contacto con el espíritu vengativo de una de las alumnas involucradas en los sucesos de los 60. Y donde parece condenada a revivir algunas de las experiencias de entonces. Así pues, terror fantasmagórico mezclado con denuncia o reflexión política, una premisa que podría ser interesante, pero que no se mantiene del todo, resultando en un balance final de… no está mal, pero podría haber sido mejor.

Viendo las cosas que pasan todavía en Asia…

[Libro de fotografía] Dawoud Bey en Aperture Photography Workshop Series

Fotografía

Cuando visité Viena en octubre de 2015, en pleno bajón personal por eventos laborales, que vistos en la distancia tenían una importancia relativa, me traje mi primer libro de la Photography Workshop Series de la editorial Aperture. Me encantó. Tanto así, que inmediatamente me dispuse a hacerme con el resto de los libros de la colección. Tres hasta ese momento aunque un cuarto no tardó en aparecer. Alex Webb y Rebecca Norris Webb, Todd Hido, Mary Ellen Mark y Larry Fink, fueron los fotógrafos que en aquellos libros nos mostraban sus fotografías y al mismo tiempo nos proporcionaban un taller práctico de cómo ver y fotografiar. Potentes libros con un contenido de calidad, tanto en lo que se refiere a las fotografías como a lo didáctico.

Un poquito de fotograf´ía urbana, con mi Olympus Pen F y un rollo de Fujifilm Neopan 100 Acros, durante el mes de diciembre.

Hace algo más de un año me enteré de que había salido un nuevo libro de la serie, casi cinco años después del primero. Yo ya la hacía como una serie muerta, limitada a los cuatro primeros volúmenes. Pero parecía que no, que la habían reactivado. El nuevo libro estaba dedicado a Dawoud Bey, un fotógrafo afroamericano que ha destacado por varias facetas. Como fotógrafo, ha sido un autor preocupado por las comunidades afroamericanas, y ha intentado trasladar el alma y el sentimiento de las mismas a través de proyectos de largo recorrido a base de retratos de personas y comunidades. Precisamente ese es el tema del libro-taller de Aperture. Como retratar personas y comunidades… o personas en sus comunidades. Hice un pedido del libro… pero no me llegó nunca, empezó a acumular retrasos hasta que me llegó una notificación de que no se podía entregar. Y ya… lo dejé estar.

Recientemente pude saber que Aperture tenía en marcha un sexto libro, dedicado a Richard Misrach, aunque todavía no está disponible. Volví a comprobar el estado de venta del libro de Bey y del de Misrach… y bueno, el jueves pasado recibí el libro de Bey. Y dentro de unas semanas espero el de Misrach.

Desde que recibí el libro de Bey, todos los días dedicó un rato a su lectura. Porque como ya podéis intuir de mis comentarios iniciales es un libro de fotografía en el que tanto hay que contemplar y analizar las fotografías como leer los textos en los que nos invitan a desarrollar nuestra mirada y nuestros proyectos. Como dije en algún momento, cursos avanzados de fotografía al alcance de todos. Siempre y cuando nos manejemos en inglés, claro. Es lo que hay.

Por lo que he visto, podría ver otros dos libros en preparación; uno dedicado a Catherine Opie (junio, 2021) y otro a Graciela Iturbide (octubre, 2021). Qué bien. Qué ganas.

[Cine] «Fallen Angels» o «Dolok tinsi 墮落天使» (1995)

Cine

Fallen Angels, también titulada, Dolok tinsi 墮落天使 (1995; 06/20210126)

Llega la cuarta película del ciclo de películas de Wong Karwai. Y aquí, en lo que a mí se refiere, entraba en terreno desconocido, en el ámbito de lo que no sabía muy bien qué iba a ver. Puesto que no había oído hablar de ella. Ni siquiera en los últimos días, previos a la sesión de cine, busqué a ver de que iba. En esta ocasión, el título en cantonés viene a significar lo mismo que el título internacional en inglés. Ángeles caídos.

Hong Kong de noche. No necesariamente los paisajes de la película… pero es que entre los más de 20 años entre la película y mis fotos, y los distintos ambientes que un turista visita, va un trecho muy amplio.

La película nos presenta dos historias paralelas, que tan apenas se mezclan entre sí. Un par de momentos, y la sospecha de que una Blondie mencionada en una de ellas es la prostituta teñida de rubio que aparece en la otra, interpretada por la cantante pop hongkonesa Karen Mok, una celebridad en China, que recibió algún que otro premio por su papel en esta película. En la primera historia que se nos presenta, se van entrecruzando ambas, conocemos de un asesino a sueldo (Leon Lai), cuyos trabajos son preparados y organizados por una joven secretamente enamorada de él, aunque nunca se ven (Michelle Reis). Para presentar la otra historia, conocemos a su protagonista, un joven expresidiario mudo (Takeshi Kaneshiro), porque vive en el mismo edificio que la anterior junto con su padre sexagenario. Se dedica a entrar en negocios ajenos por las noches y buscar clientes para los mismos. Así acabará relacionándose con una joven un tanto desequilibrada, que podría ser (o tal vez no, tal vez esté en su imaginación), su primer amor (Charlie Yeung)

Hay dos elementos que resaltan en la película. En primer lugar, no se puede decir que haya un argumento o una historia bien definidas. Más bien vamos contemplando momentos en las vidas de estos personajes, de los que al final podemos pensar que conocemos más o menos que al principio, o que lo que hemos visto es la realidad o lo que ellos imaginan su realidad. En segundo lugar, la potencia visual de la película. Rodada con grandes angulares, siempre de noche, colores muy saturados, encima del rostro de los personajes en muchas ocasiones,… algunos veo que la definen como «estilo videoclip».

Con buenas interpretaciones, quizá el que menos me llama la atención es el asesino a sueldo, Lai, y la que más la rubia prostituta, Mok, y esta fuerte impresión visual, sin embargo hasta ahora es la película del director que más frío me ha dejado. También es cierto que, dentro de que es un director poco convencional, es la menos convencional del ciclo hasta el momento. He leído que se pensó en ella como una misma película que Chunking Express, que se estrenó un año antes… tendré que ver esta otra película, mucho más célebre y valorada, para opinar.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***