En el mismo tono que la entrada de hace tres días, hasta que me lleguen los revelados de los rollos de película fotográfica del reciente viaje a Singapur, retrocedo hasta el mes de julio, cuando el único momento civilizado para salir a caminar y hacer algunas fotos era a primeras horas de la mañana. Que, como ya dije, tiene dos ventajas; no hace tanto calor y la luz es mucho más agradable para fotografiar.
En los últimos días de julio, seguí con una de las cámaras de formato medio, la más cómoda de usar cuando uno sale a caminar. Los detalles técnicos de las fotografías los encontraréis en la publicación correspondiente de Carlos en plata. Aquí os dejo algunas de las fotos.
No ando con mucho tiempo esta mañana de domingo, en la que arrastro cierto ánimo depresivo, porque se me han acabado las vacaciones. Mañana hay que volver a la dura realidad cotidiana. Que siempre lo he dicho… mi trabajo me gusta mucho,… aborrezco mi «empresa». En fin. Nada original al fin y al cabo. Vamos de forma rápida con algunas recomendaciones.
Un paseo fotográfico por el Ebro con la Fujifilm GFX 50R. La uso para retratos y esas cosas, pero debería usar más esta cámara, tan excelente desde muchos puntos de vista.
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Nos informan en diversos medios, extranjeros, del fallecimiento de Ramon Masats. Lo cual me confunde. Convencido de que murió hace un tiempo. Compruebo. Efectivamente, falleció este año, pero en marzo. Los medios españoles se enteraron a tiempo. Excelente fotógrafo español de la segunda mitad del siglo XX. Recuerdo que fui varias veces a ver la exposición que hicieron de su obra en la Lonja de Zaragoza. Reviso los obituarios de hace unos meses. Decir, como decían muchos, que fue una gran pérdida para la fotografía española… Hombre… que tenía 92 años y llevaba bastantes retirado. Eso sí, nos queda su excelente obra. Que no se pierda, ni se olvide. Un retrato de cierta España.
Lo que si es cierto como novedad, me enteré en Facebook porque lo comentaba la gente de Revela-t, es que han concedido el Premio Nacional de Fotografía a Jorge Ribalta. Fotógrafo fundamentalmente documental, conozco poco de su obra. Y no creas que parece fácil saber de ella. No parece tener actividad en internet o en redes sociales. Ha trabajado mucho como gestor cultural, comisario de exposiciones, editor de libros de fotografía…
En PhotoSnack nos recomiendan la obra de Charles Brooks. Realmente curiosa. Fotografía el interior de los instrumentos musicales. Y de repente te da la impresión de que estas ante fotografía de arquitectura de interiores. Como si fueran salas de edificios de formas diversas.
En NPR, la cadena de radios públicas de Estados Unidos, dos recopilatorios. Por un lado, las fotografías y los fotógrafos del premio Wildlife Photographer of the Year. Estupendas fotografía de vida salvaje, o relacionadas con la vida salvaje. Tengo la sensación de que los fotógrafos de este género van recuperando la naturalidad de sus fotos sin renunciar a realizar fotos impactantes. Durante unos años, se buscaba una espectacularidad, que a mí me resultaba artificial en muchas ocasiones. Por otro lado, una recopilación de fotografías con autores diversos de las afecciones causadas por el huracán Milton, que recientemente ha impactado con fuerza en Florida. Impresiona la fuerza de la naturaleza.
Estoy terminando las dos semanas de vacaciones que me quedaban. Me queda para más adelante algunos días de disposición personal que me servirán para alguna escapadilla breve, pero lo que son vacaciones reglamentarias… pues se acabaron hasta el año que viene. La cuestión es que los periodos vacacionales son especialmente fecundo para mi actividad lectora. Especialmente si incluye un viaje con desplazamientos en avión intercontinentales de horas y horas. Nuestra norma es que, si fuera (del avión) hay luz, se lee, se habla, se ve una película, lo que sea. Yo leo. Si fuera hay oscuridad, se intenta dormir. Es la forma que hemos encontrado para sobrellevar los desfases horarios de la mejor forma posible. Así que si sumas esos desplazamientos, más el relax vacacional que te permite concentrarte mejor en la lectura, más la disponibilidad de otros tiempos que cuando estoy en periodo laboral no existen… pues he acumulado cuatro libros de ficción, más los tankōbon que mencionaba ayer de manga.
Pero aun me quedaba por comentar una novela que terminé unas semanas antes de coger las vacaciones, y que leí entre finales de agosto y principios de septiembre. Una de las novelas más recientes de Joyce Carol Oates, una de las escritoras contemporáneas que más me ha atraído y he leído en los últimos años. Hacía ya bastante tiempo que lo tenía en lista de espera. Pero con lo que me cuesta leer últimamente, cuando no estoy de vacaciones, me da mucha pereza empezar con libros que tienen un número de más de 250 o 300 páginas. Y este que traigo hoy tiene más de 500 páginas. En sentido «figurado»,… porque lo he leído en formato electrónico, donde eso de las páginas tiene poco sentido. Pero bueno… la versión fabricada con árboles muertos tiene oficialmente 552 páginas. Siempre me entran muchas dudas de cómo cuentan las páginas de una novela. Pero no voy a entrar ahora en eso.
Oates nos traslada a los suburbios económicamente más adinerados de Detroit en los años 70. Han quedado atrás, pero se conservan en la memoria, los disturbios raciales que se produjeron en la ciudad en 1967. En cualquier caso, la población vive en guetos. Para blancos ricos en los suburbios, para negros y otras minorías pobres en la ciudad. La protagonista de la novela es una mujer a punto de cumplir los 40 años, blanca, acomodada, que quiere ser «alguien» socialmente hablando. Pero que en un fiesta benéfica que ayuda a organizar comienza una peligrosa relación con un individuo más bien desaprensivo y violento que pondrá patas arriba su mundo seguro y protegido. Al mismo tiempo, un asesino en serie, Babysitter está raptando, torturando y asesinando niños. Y de fondo, una red de pederastia en torno a un orfanato regido por un clérigo. Y el mundo de los sirvientes, los trabajadores, los sicarios… pertenecientes a las minorías étnicas más empobrecidas.
Como de costumbre, Oates presenta en su libro temas feministas, en este caso en relación con el papel de la mujer en la «buena sociedad», en los roles que debe representar, en el aspecto que debe tener, en cómo debe comportarse, en con quién tiene que relacionarse. Pero, como de costumbre, Oates no sitúa a las mujeres sólo como víctimas del patriarcado. También las sitúa como cómplices, como colaboradoras necesarias, estableciendo una doble crítica. A partir de ahí surgen otros temas como el maltrato o la violencia sexual hacia las mujeres. Pero en un entorno donde el conjunto de valores negativos es más amplio e interrelacionado. El racismo, la aporofobia, está presenta tradicionalmente en la sociedad norteamericana (y en otras). La complicidad entre instituciones para ocultar las miserias de la sociedad, como el abuso sexual de niños/menores. Oates presenta un fresco bastante sombrío de una sociedad que, aunque sea de hace más de cuarenta años, sigue vigente en la actualidad.
La lectura del libro es incómoda. No hay forma de empatizar, o siquiera sentir una mínima simpatía, por prácticamente ninguno de los personajes de la novela. La protagonista principal, que es tanto víctima como, en ocasiones, verdugo, es alguien con unos problemas de identidad que gestiona muy mal. Unos problemas de identidad y de construir para sí misma un personaje, más o menos artificial, que también se encuentran presentes en otras novelas de la autora. Creo que el personaje que más simpatías despierta es la criada filipina de la protagonista, que resuelve las consecuencias de sus errores con frecuencia, y al mismo tiempo desconfía de ella por la sensación de que la está juzgando moralmente de forma continuada. Los hechos que se narran son duros. Hay violencia. Dura. Injustificada. Como consecuencia de esos valores negativos mencionados. No obstante, Oates escribe bien, muy bien. Es una excelente narradora. Quizá el libro no tenga, para mí, el impacto de otros que he leído de la autora, pero indudablemente es un excelente libro.
Hasta que me lleguen los revelados de los rollos de película fotográfica del reciente viaje a Singapur, tomo un descanso en las fotografías de viaje. Y retrocedo hasta el mes de julio, cuando el único momento civilizado para salir a caminar y hacer algunas fotos era el amanecer. Que tiene dos ventajas; no hace tanto calor y la luz es mucho más agradable para fotografiar. Y un gran inconveniente; hay que madrugar… bastante.
En cualquier caso, hacia mitad-finales de julio, rescaté del semiolvido en que la tenía últimamente relegada alguna de las cámaras de formato medio. Los detalles técnicos de las fotografías los encontraréis en la publicación correspondiente de Carlos en plata. Aquí os dejo algunas de las fotos.
A finales de septiembre terminó la temporada de verano de las series de animación japonesas. Esto va por trimestres, con temporadas de doce o trece episodios, aproximadamente, uno por semana, aunque algunas se prolonguen durante dos trimestres. O alguna comience a mitad de temporada y termine al final de la siguiente, como la que comentaré hoy. Ya comenté alguna de ellas, de las que terminaron antes. Y me quedan unas cuantas para ir comentando con el tiempo. Pero lo que sí que puedo decir es que hecho de menos la estupenda temporada de invierno, la del primer trimestre del año, en la que hubo algunas series realmente muy buenas. Ha habido muchas cositas muy entretenidas, majas, desde entonces,… pero nada como aquellas. Salvo quizá… la que comento hoy. Que sin embargo no parece haber tenido el impacto buscado en el público.
La serie en cuestión es Dead Dead Demon’s Dededede Destruction [デッドデッドデーモンズデデデデデストラクション], con el título original en «inglés». El que se atreva que lo traduzca; para entenderlo hay que ver la serie estando muy muy atento o, mejor todavía, leer el manga. El manga me lo han dejado. Y en el momento en el que escribo esto voy por la mitad; seis de los doce tankōbon (単行本) de los que consta. Así que mi comentario de hoy se centrará en la historia tal y como se cuenta en la serie de televisión. Que en lo que entiendo hasta el momento es muy fiel al manga. Aunque en lo que entiendo hasta el momento, siendo los dos muy muy buenos, el manga es superior. Pero eso ya lo comentaré en su momento.
¿A qué género pertenece la serie? ¿A la ciencia ficción? Al fin y al cabo, trata de lo que sucede cuando llega una «invasión» extraterrestre a la Tierra. Exactamente, a Tokio. O, ¿son recuentos de la vida cotidiana de sus protagonistas, las dos adolescentes Ōran Nakagawa, alias Ontan, y Kadode Koyama? Tal vez, si lo miramos de otra forma, es un canto a la amistad entre las dos protagonistas y las gentes que les rodean. ¿Una historia de amor encubierta… o no tan encubierta? O, quizá, todo esto es el envoltorio de una dura sátira contra los modos y las trazas de los seres humanos, de los políticos, de las empresas… de la civilización humana en general. En cualquier caso, lo que sabemos desde el episodio 0, es que un «buen» día, tras varios de años con una gigantesca nave alienígena de cinco kilómetros de diámetro flotando sobre Tokio… el apocalipsis llega. Y a continuación vienen diecisiete episodios más para contarnos como sucede la cosa.
Me dicen que el autor del manga, Inio Asano, es un pesimista de mucho cuidado. Bueno… ya comentaré más despacio la cuestión cuando comente el manga. Lo que sí diré es que este es un ejemplo claro de por qué no hay que dar por supuestas ciertas cosas en el mundo de la animación japonesa. Con adolescentes con protagonistas, daría la impresión de que es el típico ejemplo de animación para un demográfico muy determinado. Pues bien, los temas que trata la serie son muy muy muy muy adultos, desde muchos puntos de vista. Eso sí, están tratados para «todos los públicos», para que los entiendan los adultos, los adolescentes, o quien sea. Realmente, muy recomendable.
Antes de irme de viaje a Singapur dejé pendientes de comentario dos películas de estreno. Curiosamente, de ninguna de las dos teníamos expectativas altas, y curiosamente las dos nos aportaron cosas. Y en concreto, la película de animación japonesa que nos ocupa hoy nos gustó bastante más de lo que pensábamos, ha ido creciendo en la memoria, y en estos momentos mi opinión es que está francamente infravalorada.
Dirigida por Yoshimi Itazu, está basada en el manga del mismo título. El título original en japonés se traduce como La conserje de los Grandes Almacenes del Polo Norte. Y nos habla de las peripecias de una nueva empleada de estos grandes almacenes, cuya inspiración clara son los primeros grandes almacenes parisinos del siglo XIX, de los que por ejemplo nos hablaba Zola en Au bonheur des dames, una novela que también trata de una joven que entra a trabajar en los grandes almacenes que dan nombre a la novela. Pero la historia de esta película se aparta pronto del naturalismo del escritor francés, y entra de lleno en el ámbito de la fantasía. Los clientes de estos grandes almacenes son animales… animales extinguidos principalmente. Muy torpe al principio, la bondad natural de Akino, la protagonista, la hará desvivirse por atender las necesidades de los clientes, y orientarlos hacia aquellas secciones del establecimiento que más les convienen
Película de muy buen rollo, en la que es muy fácil coger cariño a la protagonista, esa joven un tanto atolondrada de gran corazón, que acabará siendo querida por todos, compañeros y clientes. Pero las peripecias de la joven es un macguffin para trasladar los riesgos que la vida salvaje tiene ante la acción depredadora, invasiva y modificadora de los ecosistemas del ser humano. Durante buena parte de la historia de forma inconsciente, pero hoy en día de forma egoísta, codiciosa, y al mismo tiempo previsible. Con una animación totalmente basada en el manga de origen, de líneas claras, sencillas, pero muy expresivas, es una película que nos enganchó, y que como ya he dicho, en mi caso, ha ido creciendo en el recuerdo.
Por todo lo anterior, la encuentro muy recomendable. No obstante, está pasando relativamente desapercibida. Y quizá por la ausencia de espectacularidad en su planteamiento o en sus aventuras, está injustamente infravalorada por el público. Aunque el material de origen, el manga, fue muy apreciado y premiado en su momento, lo que debió influir para proceder a la adaptación a largometraje de animación. Que también goza de cierto aprecio por la crítica y por los festivales dedicados al género.
En primer lugar, los antecedentes. Cuando se acercaba el principio del otoño de 2016, con unos días de vacaciones disponibles, me encontraba más colgado que la moto de un hippie. Mis habituales acompañantes viajeros, no estaban disponibles. Y no tenía claro que hacer. Y en esas estaba cuando me ofrecieron ir unos días a Hong Kong. Apenas una semana. Una semana, contando con los desplazamientos en avión. Me parecía que desplazarse hasta allí, un viaje de casi 11 000 km para tan pocos días… Pero me animé, fui, me la pasé muy bien, y es uno de los viajes que con más cariño recuerdo. En julio me volvieron a proponer un plan similar, en muy similares circunstancias, la misma gente, pero a Singapur. Pero no lo tenía claro. Además el viaje era peor, y más caro. De entrada no. Pero a finales de agosto, sumándose mis dos compañeras de viaje habituales, volvió a despertarse el interés, comprobamos que había una opción de desplazamiento muy ventajosa, y nos animamos. A Singapur. De lunes a lunes, incluidos los desplazamientos. Y ya hemos vuelto.
Singapur es una ciudad-Estado, una de esas rarezas consecuencia de la descolonización británica. En principio destinada a integrarse en la Federación de Malasia, no se entendieron con los otros estados de esta federación. Mucho más multiétnicos, con mayoría de etnia china, frente a la mayoría de etnia malaya del resto, y con distintos puntos de vista en materia de organización del Estado… el caso es que los malasios «expulsaron» a Singapur. Sip… no solicitaron la independencia, se la dieron. Raro… ¿verdad? No conozco el detalle fino. El caso es que hoy en día es un estado multiétnico, con cuatro idiomas oficiales, inglés, mandarín, malayo y tamil, con el inglés como lengua franca, que vive razonablemente en paz internamente y con el mundo, es próspero, con indicadores de desarrollo social que muchos países más grandes y significativos querrían. En un territorio más pequeño que el término municipal de Zaragoza, donde vivo; unos 735 km2 para Singapur frente a los 974 km2 de mi ciudad natal. En su mayoría en una isla separado por un canal marino de la península de Malaca. Por cierto. Para los que se lían. Malasio es un ciudadano de la Federación de Malasia. Malayo es una persona de la etnia malaya. También es el nombre del idioma que hablan las personas de este etnia. En Indonesia, la variante principal de ese idioma es el indonesio… pero básicamente es el mismo idioma con variantes dialectales. La etnia más numerosa en Singapur son los chinos. Quizá eso influyó en la independencia, frente a la predominante etnia malaya, musulmanes, en la Federación de Malasia.
Qué cosas se ven en Singapur. Bueno… es una ciudad muy entretenida, en la que de haber tenido algún día más, podríamos haber visto alguna cosa más. Aunque creo que, comparando con Hong Kong, está un escaloncito por debajo… salvo en cuestiones de naturaleza, donde está por encima. En plan listado rápido.
El centro financiero y comercial y Marina Bay, las zonas más dinámicas de la ciudad y que configuran un paisaje típico de las modernas metrópolis asiáticas. Un verdadero monumento al capitalismo como sistema económico, social y cultural. Te guste más o te guste menos.
El paisaje urbano se ve complementado por aquellos barrios o distritos vinculados a las costumbres y arquitectura de las distintas etnias que conviven en la ciudad-Estado. Así, la islámica Kampong Glam, Little India, Chinatown o la mezclada cultura Peranakan en Katong y Joo Chiat Road.
Quizá uno de los atractivos más interesantes de Singapur sean sus zonas verdes. Bien las zonas boscosas al norte de la ciudad, que no tuvimos tiempo de explorar, como los modernos Gardens by the Bay, en terreno ganado al mar, como los tradicionales Botanic Gardens, que existen desde 1859, actualmente reconocidos como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Y quizá, lo más decepcionante fue la isla de Sentosa, según algunos el punto más al sur del Asia continental. No lo es… es una isla. Y si incluyes las islas en el «continente», tiene los archipiélagos indonesios más al sur. E incluso el punto donde dice estar, no es el que más al sur está dentro de la isla. Y además es un islote. En fin… reclamos diversos turísticos, para un lugar de entretenimiento local, donde el interés está en los antiguos fuertes defensivos británicos y en algún paseo por bosque lluvioso secundario. Y como anécdota, cercana a Sentosa, de forma relativa, los jardines de Haw Par Villa y sus figuras policromadas.
Pero bueno,… todo se acaba. Cierto es que el clima tropical, Singapur está a poco más de 130 kilómetros de la línea del Ecuador, a algunos nos agota bastante. Las temperaturas no han sido muy elevadas, entre los 25 y los 30 grados. Pero la humedad sí. Y eso cansa. En cualquier caso, lo hemos pasado muy bien. Los datos sobre las fotografías presentadas los encontraréis en la publicación correspondiente en Carlos en Plata. Así que, con una vista del aeropuerto de Barcelona a nuestra llegada al amanecer de este lunes pasado… me despido de momento.