[Cine] Sesión doble; The Gorge (2025), The Electric State (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. La garganta o cañón o desfiladero o barranco profundo que más cercana tengo en el tiempo es el Desfiladero de los Gaitanes en Andalucía, que me sirve para ilustrar la entrada.

En los últimos fines de semana he bajado mi ritmo de visualización de episodios de dramas coreanos. Por falta de interés en la oferta más actual. Así que he tenido ocasión de ver alguno de los largometrajes recientemente estrenados directamente en plataformas. Ya lo adelanto. No voy a dedicarles mucho espacio… un cine de razonable calidad media en las plataformas de contenidos en internet sigue siendo una asignatura pendiente. Es lo que hay.

The Gorge (2025; 14/202500314)

Conocida como El abismo secreto en su versión doblada al castellano, esta película de acción me atrajo por su reparto. La carrera de su director, Scott Derrickson, no me llamaba especialmente la atención. Pero con nombres como Anya Taylor-Joy, Sigourney Weaver y, en bastante menor medida, Miles Teller, que cosas del sexismo en el cine encabeza el reparto a pesar de que con Taylor-Joy están a la mano en protagonismo, y teniendo en cuenta que se estrenaba en Apple TV+, a la cual se le supone ambición de calidad, me pareció oportuno darle una oportunidad.

Una película de acción en la que dos tiradores, asesinos a sueldo, uno por el bloque occidental y otra por el oriental, son contratados por un año para vigilar lo que pueda salir de un misterioso cañón geológico, en algún lugar desconocido. Y bueno, a partir de ahí, un improbable romance y acción. No me enrollaré mucho, el guion deja bastante que desear, los intérpretes están correctos, la realización es correcta dentro de que el presupuesto debía ser menor que en otras producciones similares, y al final, todo pasa como un entretenimiento sin pena ni gloria, que aprueba muy por los pelos… que si me hubiera pillado de mal humor cuando la vi, igual hubiera suspendido. Si estas suscrito y la ves… pues pasas el rato. Y si no, no pasa nada. Trabajo alimenticio para sus intérpretes, perfectamente olvidable.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***

The Electric State (2025; 15/202500316)

La reina del entretenimiento de Netflix, Millie Bobby Brown, nos ofrece una película más en la que se intenta explotar su popularidad, y en la que podría tener una oportunidad más de demostrar que es algo más que un producto prefabricado de la plataforma. Acompañada de Chris Pratt y de las voces de Woody Harrelson y Ke Huy Quan, entre otros menos conocidos, no hubiese sido capaz de hacerme ver la película si no fuera porque está dirigida por los hermanos Russo, Anthony y Joe, responsables de aquel dislate estupendo y ganador de un Oscar.

Pero claro, tendría que haber sido consciente de que también son responsables de un montón de productos comerciales, palomiteros, inanes y sin mayor interés. Y este es uno de ellos. Una aventureta en la que en la posguerra de un conflicto entre humanos y robots, unos tipos que pasaban por allí acaban luchando para liberar a estos últimos encerrados en un gueto en algún lugar de los desiertos de Norteamérica. Esto es una especie de Terminator con ínfulas de cine familiar y simpaticón, en la que los malos son los humanos, algunos humanos, y el líder de los robots tiene forma de cacahuete. Este es el nivel. Mi recomendación… no ver.

Valoración

Dirección: **
Interpretación: **
Valoración subjetiva: **

[Recomendaciones fotográficas] Monstruos, diapositivas en color, técnicas mixtas y alguan cosa más

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. El casco antiguo de Utebo en formato medio digital.

El catalán Joan Fontcuberta es uno de los fotógrafos españoles que genera más controversia entre los amantes al medio. Creo que despierta admiración y rechazo a partes iguales, o eso deduzco de lo que los medios (más o menos) especializados escriben. Voy siguiendo las cosas que hace desde hace tres décadas. Y he leído alguno de sus ensayos sobre el arte y la práctica fotográfica. Algunas de sus cosas me gustan, otras no tanto. Recientemente nos recordaban su quehacer con motivo de una exposición en la que nos habla de los monstruos, Monstrorum historia, donde reúne fotografías de varias de sus series anteriores. Alguna de ellas, como Herbarium la conozco por haber visitado alguna exposición sobre ella. Fontcuberta juega mucho con los significados y los significantes de la imagen fotográfica. Y por lo tanto, para poder disfrutar de su obra hay que liberarse de prejuicios y acudir a la misma no con la idea de ver los que creemos ver, sino lo que el fotógrafo intenta que veamos. No confundamos el realismo con la realidad.

No conocía yo la obra de la japonesa Kunié Sugiura. Desconozco el porqué de la tilde en su nombre, habitual cuando los nombres japoneses se transcriben al francés, pero cuando lo hacen al inglés o al castellano, la autora reside en EE. UU. En fin, da igual. Sugiura lleva años en el panorama del arte contemporáneo. Y aunque utiliza la fotografía para sus obras, estar suelen invocar el auxilio de otras disciplinas artísticas, como la pintura y la escultura, por lo que suelen ser técnicas mixtas. Me llamó la atención en un artículo de Aperture, y me gusta bastante cómo a lo largo de su carrera ha jugado con la forma y la luz. Otra forma de entender la fotografía.

Nos hablaban recientemente del esfuerzo que está realizando la agencia Magnum Photos para digitalizar su enoooooorme archivo fotográfico, en concreto su archivo de diapositivas en color. Dicen que disponen de aproximadamente 650 mil diapositivas. El artículo que lo contaba tenía lo suyo de propaganda ya que glosaba las virtudes de las cámaras de formato medio de Fujifilm con sensor de 100 megapíxeles para esta tarea. No sé. Creo que Hasselblad tiene un sistema de gestión del color más orientado a la fidelidad de los colores, mientras que Fujifilm fía más en su «simulaciones de películas fotográficas» como argumento de venta. Pero bueno… el cliente tipo de una cámara de formato medio digital creo que busca más la fidelidad que el truquillo de mercadotecnia. Digitalizar diapositivas en color no es fácil. Las antiguas Kodachrome aguantan bien el paso del tiempo, pero las Ektachrome y otras película para positivos en color similares basadas en el proceso E6 o precursores, suelen presentar una degradación de los tonos de color que es necesario corregir, tarea no sencilla en un medio que requiere tanto rigor como un archivo de estas características.

Por lo que nos cuentan, también van a intentar sacar un rendimiento económico de este esfuerzo, que no será barato, poniendo a la venta productos derivados, como libros o copias fotográficas de aquellas fotografías más destacadas que vayan digitalizando de este amplio archivo. El primer ejemplo de esta serie de obras, que van a denominar A world in color, está dedicado a la llamada Primavera de Praga, el intento democratizador de la sociedad checa en 1968 que se vio aplastado por la invasión de las tropas soviéticas y del Pacto de Varsovia. Los fotógrafos son diversos. Y muestran que, aunque la mayor parte de las imágenes que hemos visto de aquella intentona democrática nos han llegado en blanco y negro, el reportaje en color ya había avanzado mucho a esas alturas del siglo XX.

Termino con una fotógrafa actual, Katie Jo Small, que tal vez no está al mismo nivel de los anteriores, ni mucho menos, pero cuyos retratos realizados con película tradicional me han resultado simpáticos, y de ahí me he ido a revisar el resto de su obra, que me ha caído bastante bien también.

[TV] Cosas de series; chicas de institutos… «normales»

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Cuando visitas los templos y santuarios de Kioto, es frecuente que te encuentres con multitud de clases de secundaria e instituto de visita cultural. Y alguno intentan darte conversación.

Si por algo se caracterizan las series de anime que transcurren en un instituto con adolescentes como protagonistas es porque son ricas en estereotipos y topicazos, porque a pesar de ello son muy variadas, y porque los adolescentes que en esas series aparecen son del todo menos normal. Yo no sé cómo será la vida en un instituto actual, pero en mi adolescencia nunca fui consciente de que me rodearan tantos tipos raros a mi alrededor de mi edad. Digo «tipos» y no «tipos y tipas», porque me tocó colegio exclusivamente masculino… salvo en COU. Y las chicas de aquel curso, en general, también eran razonablemente normales. Signifique lo que signifique «normal» entre adolescentes.

Pero hete aquí que hace ya unas cuantas semanas me vi una serie de animación japonesa con adolescentes (femeninas) «normales». Razonablemente normales, si lo queréis ver de otra forma. Basada en un manga, Joshi Kōsei no Mudazukai [女子高生の無駄づかい, desechos de chicas de instituto] en inglés Wasteful days of high school girls, transcurre en un instituto privado de chicas, en el que una variopinta clase de adolescentes de lo que en España sería el bachillerato. Cuidado con las traducciones que hay por ahí, por algunos hablan de «chicas de secundaria», pero eso en España hace pensar en alumnas de ESO, que son algo más jóvenes.

La serie se centra en cuatro amigas,… que a veces no lo parecen. Una de ellas, especialmente torpe y floja en los estudios se pone a asignar motes a todas las compañeras de curso… las cuales a su vez la apodan a ella Baka バカ, que significa… tonta. Y con eso se queda. Y así, capítulo a capítulo van pasando los días del curso, dando cada episodio protagonismo a una chica distinta. No hay chicas monísimas, de pechos espectaculares, como en los animes destinados a los chicos, ni chicas calladitas y temerosas del apuesto galán con pensamientos en forma de voz en off, como en los animes destinados a las chicas. Nop. Aquí son chicas normales, de aspecto normal, más monas o menos monas, pero normales, que visten normales, que hablan normal, y que meten la pata lo normal. Obviamente, para dar un poco de sal y pimienta al asunto, los caracteres de cada chica están algo exagerados, generando estereotipos, pero no de caracteres de manga/anime, sino de adolescentes reales.

El conjunto es realmente muy divertido, toda la serie está escrita en clave de comedia, y tiene momentos absolutamente sublimes en los que te ríes muy a gusto. Es una serie que no siendo de las más valoradas por los aficionados, está bastante bien considerada. Y yo creo que si no fuera de las que quizá se pierdan en el montón de series que se producen en Japón, si estuviese basada en un producto más de campanillas, estaría mejor valorada. A mí me ha parecido notable, y un soplo de aire fresco entre tanto tópico como circula en la animación japonesa, incluso entre las series más célebres.

Una pequeña mención especial para Boku no Kokoro no Yabai Yatsu [僕の心のヤバイやつ, mi corazón es un loco tonto] a veces acortada como BokuYaba, conocida en inglés/español como The dangers in my heart/Peligros en mi corazón. Más típica, en la que el asocial de la clase de secundaria se enamora de la chica más popular y guapa, esta vez con abundancia de curvas como manda el tópico, que, curiosamente, le corresponde. Tiene momentos muy simpáticos.

[Cine] A complete unknown (2024)

Cine

A complete unknown (2024; 12/202500309)

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. La carrera inicial de Bob Dylan se desarrollo principalmente en Nueva York. Pero la única música que he escuchado yo en directo en la Gran Manzana fue el jazz del Village Vanguard.

Tremendo despiste el lunes pasado a la hora de comentar el estreno de turno. Me salté uno. Aquella película y esta que comento hoy las vi en días consecutivos. Y por esas causas y azares, me olvidé de esta. Y esto ya va a dar una pista del impacto que me dejó. Escaso. Y sin embargo, es una película bien hecha. Muy cuidada en su atención al detalle. Candidata a 8 premios Oscar, incluidos los más prestigiosos, de los que ganó… ninguno. Estamos hablando de la película biográfica dirigida por James Mangold, sobre los primeros años de la carrera musical de Bob Dylan. El único cantautor que ha ganado el Premio Nobel de literatura. Y que conste que no me parece mal. Un buen cantautor, de los buenos de verdad, no deja de ser un poeta que le pone música a sus poemas. Y si estos son significativos…

Mi falta de sintonía con esta película me lleva incluso a opinar que si alguien hubiese merecido un premio, a la mejor actriz de reparto, tendría que haber sido Elle Fanning por interpretar a una ficticia alter ego de Suze Rotolo. Sin embargo, la que era candidata a esa categoría de los Oscar era Monica Barbaro por interpretar a una real Joan Baez. Qué cosas. Que conste que la que nos regala auténticas escenas de cierto nivel es Fanning. Sin duda. Pero la presunta alma de la fiesta es la alabada interpretación de Timothée Chalamet encarnando a Dylan. Muy alabada sí… pero que a mí no me acabó de convencer. Una repetitiva sucesión de poses similares, en el que me parece uno de los menos inspirados trabajos del francoestadounidense actor.

El largometraje, realmente largo con dos horas y veinte minutos de duración, nos guía por los años iniciales de la carrera de Dylan, desde su encuentro con Pete Seeger (Edward Norton) y un enfermo Woody Guthrie (Scoot McNairy), hasta que escandalizó al relativamente mohoso ambiente de la música folk conectando su guitarra y el resto de los instrumentos de su grupo a unos amplificadores. En medio, contado con trazos rápidos y poco detallados, sus relaciones con Rotolo y Baez, y detalles por aquí y por allí de algunos hechos destacados de esa etapa de su biografía.

Me pasó con esta película biografíca un poco lo mismo que con la dedicada a Lee Miller. Quiere abarcar mucho, pero concreta poco. Es un ejercicio formal de ambientación y caracterización de actores, pero con poca chicha por detrás. Algunos mensajes progresistas en lo político muy estereotipados, pero poca profundidad en el análisis de quien nos importa realmente en la historia. Ese joven músico y poeta que se quiere comer el mundo, que quiere encontrar su camino, pero cuyas reales motivaciones y pensamientos, al final de la película siguen siendo tan desconocidos como al principio.

Se deja ver. Pero me resultó francamente decepcionante. Y al final, pasa con esta película, lo mismo que le pasa al personaje principal en la película. Parece que lo único que interesa del músico, poeta y persona son aquellos primeros éxitos de sus primeros años, y poco más.

Valoración

Dirección: ****
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***

[Libro] Nostalgie – Kanae Minato

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Otra isla del mar interior de Seto en las fotografías de hoy, Itsukushima, famosa por su santuario, su torii sumergida en la marea alta y su bosques primarios. No muy lejos de Hiroshima también.

Poco a poco me he ido aficionando a las historias que nos cuenta Kanae Minato. Con frecuencia, misterios o casos más o menos criminales cuyo desarrollo suele llevar una notable carga de crítica social. Referida a la sociedad de su país, Japón, en particular, pero que con facilidad se puede extrapolar a la de cualquier sociedad desarrollada en la que se combinen los egoísmos personales con las desigualdades sociales, en mayo o menor medida.

En esta ocasión me he ido a una colección de relatos cortos, que he leído en su versión traducida al francés, ya que no se encuentra traducida al castellano. Son seis narraciones con seis narradores. Seis personas que tienen algo en común, si bien los seis relatos son independientes unos de otros. Todos nacieron y crecieron en una isla ficticia del Mar Interior de Seto en Japón. Todos abandonaron el lugar al llegar a su juventud y rehicieron sus vidas en uno u otro lugar de la isla de Honsu, la principal del país. Y llegado cierto momento de su vida tienen que regresar a la isla, tienen que reencontrarse con sus familias, con sus compañeros de colegio, con su pasado. Que no fue fácil. Y comienza en proceso en el que, incluso a su pesar, habrán de reconciliarse con lo que dejaron atrás. A veces, descubriendo secretos que dan una nueva interpretación a los acontecimientos que les llevaron a escapar de la claustrofóbica vida isleña.

Minato nació en la isla de Innoshima, en la prefectura de Hiroshima, en el Mar Interior de Seto. Una isla que formaba un municipio, que con el tiempo se fusionó con otro municipio próximo en la isla principal, de la misma forma que sucede en la isla ficticia de los relatos de esta colección. Al igual que en el caso de alguno de los protagonistas de los relatos, su familia vivía de la agricultura, de los mandarineros. Por lo tanto, estamos en un medio que conoce. También ella se fue a estudiar a una universidad más o menos lejos de su isla. Y aprovecha con estos relatos a seguir con su análisis de las lacras de la sociedad japonesa. Los celos y envidias, los abusos al desfavorecido, la pobreza de las mujeres que viven solas o con algunas hijo, los ambientes opresivos, donde todos se conocen y los prejuicios se reproducen constantemente. En una mezcla de estilos. Desde una misterio criminal a los abusos escolares, las infidelidades, los abandonos, un poco de todo.

Quizá estos relatos no atrapen tanto como los misterios que se desarrollan en sus novelas más famosas. Pero volvemos, con una nueva fórmula, a una descripción de una realidad social desde distintos puntos de vista, desde el reencuentro con el pasado, desde el «regreso al país natal». Me sigue gustando bastante esta escritora. Incluso me atrevería a decir que cada vez más.

[Fotos] Último paseo (por ahora) con formato medio en la Cartuja Baja

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la Hasselblad 500CM con Ilford Delta 400.

Desde hace unas semanas, he ido mostrando imágenes de mi exploración fotográfica del barrio rural de la Cartuja Baja de Zaragoza. Unos paseos, realizados durante el mes de enero, en las tardes de los sábados, que fueron muy agradables durante ese mes. Nada que ver con la lluvia o el viento que tenemos en el mes de marzo. Habrá más en un futuro. En febrero hubo otro con un sistema fotográfico muy distinto, del que ya os hablaré en su momento.

La peculiaridad de este último paseo fotográfico del mes de enero es que usé película en blanco y negro. Con resultados que, no son exactamente lo que yo buscaba, pero que no están mal. Quizá hubo más nubes de las que esperaba, y eso modificó el contraste con el que yo imagen las fotografías. Pero podéis ver vosotros mismos el resultado.

[Cine] Lee (2023)

Cine

Lee (2023; 13/202500310)

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. El momento más notable de la película sucede en Múnich, y un paseo vespertino por la capital bávara haremos, fotográficamente hablando.

Esta es una de esas películas que, cuando las oyes anunciadas, cuando las ves venir, no sabes si ilusionarte o aterrarte. Las películas biográficas de personas históricas son complicadas. Especialmente si estás familiarizado con la biografía de esa persona y con su obra. Y esto es lo que me ha pasado con este largometraje dirigido por la británica Ellen Kuras.

Conocí la vida y la obra de la fotógrafa norteamericana Lee Miller allá por el año 2008, cuando en una estancia de unos días en París a principios de diciembre fui a visitar una exposición retrospectiva de su obra en el Jeu du Paume. Hasta ese momento, poco se hablaba de la obra de Miller. Nacida en una clase media relativamente acomodada del estado de Nueva York, si no recuerdo mal, empezó su carrera como modelo, hasta que se desplazó a París en los años 20 del siglo pasado. Siguió modelando hasta que conoció a Man Ray, de quien se convirtió en musa, amante y aprendiz. Integrándose de paso en los círculos intelectuales del París de entre guerras. Hasta que se independizó del maestro, trabajó por su cuenta, en la fotografía de modas, también la fotografía de viajes, y finalmente, durante el segundo conflicto mundial, como reportera de guerra para la revista Vogue de Londres. Tras la guerra fue dejando la actividad fotográfica, a pesar de ser relativamente joven todavía, estaba todavía en la treintena cuando terminó el conflicto, y cayó en un olvido relativo. A partir de aquella exposición en el Jeu de Paume se produjo un interés por la fotógrafa y por la mujer, y una recuperación de su obra.

En la película, en la que Kate Winslet interpreta a Lee Miller, se nos cuenta los años que pasaron entre el momento en que conoce al que será su marido, en el verano de 1938, hasta el final de la guerra. La película empieza muy acelerada, dando sólo pinceladas de los primeros de esos siete años, para detenerse un poco más en algunos de los episodios que vivió desde el momento en que desembarca en Normandía hasta que se rinde Alemania, lo cual le pilla en Alemania. La película se narra en flashback, en la que una septuagenaria Miller es entrevistada por un hombre joven, interpretado por Josh O’Connor. Aunque es una entrevista que tiene truco, como descubriremos al final.

Siendo una película británica fundamentalmente, y dado el oficio de los británicos para el cine de época, la película esta correctamente realizada, técnicamente impecable. Pero yo salí insatisfecho de la misma. No es mala. Se deja ver sin problemas. Pero el caso es que es una película que «no sabe qué quiere ser de mayor». No se centra en un tema, y toca muchos. Que si la discriminación de la fotógrafa por ser mujer, que si lo malos que son los nazis y sus campos de concentración, que si mira lo que les pasa a las mujeres francesas que tuvieron amantes alemanes, que si mira las violaciones en tiempos de guerra. O de no guerra. Todo para desembocar en el famoso autorretrato dándose un baño en la bañera del apartamento de Hitler en Múnich. Sin embargo, para quien no conozca al personaje histórico, no se le desvelan las claves para entender por qué hizo determinadas fotografías y su significado. No queda claro que se trataba una fotógrafa muy influida por el surrealismo. Donde la imagen está llena de metáforas y símbolos de otras ideas o conceptos. «Ceci n’est pas une pipe», como declaró Magritte. «La traición de las imágenes».

Y luego está la elección de Winslet como protagonista. Entendámonos, catástrofes náuticas aparte, siempre he admirado y respetado a Kate Winslet como actriz, como mujer y como persona. A lo largo de su carrera ha hecho papeles muy interesantes y de calado. Y siempre es un tirón para mí, para ir a las salas de cine. Pero Miller, en aquella época, era una mujer joven, de treinta y tantos, veinte años más joven que lo que es Winslet. Y yo no me la imagino así. No me cuadra. Es buena, lo hace bien… pero me convence poco. Muchas veces nos quejamos que faltan papeles para las buenas actrices que han cumplido cierta edad. Y es cierto. Y es una pena. Pero la cosa no se solventa ofreciéndoles papeles de mujeres veinte años más jóvenes. Al cabo, lo que interesa es que se escriba de personajes de ficción, mujeres de esa edad, sobre las que hay cosas interesantes que contar. Supongo que se contó con ella por el posible tirón para la taquilla. No sé.

Una película que me ha dejado un sabor agridulce. Me hubiera gustado más profundidad en el desarrollo del carácter del personaje histórico. No una sucesión de situaciones tópicas. Y sobre todo, no se ajusta a lo que he leído sobre Lee Miller. De la que tengo varios libros, y algún ensayo sobre su vida y obra. El caso es que es difícil que vuelva a haber otra oportunidad semejante para hacerlo mejor.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***

[Recomendaciones fotográficas] Sociedades, familias, jóvenes, paisajes mínimos y trenes

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre las fotografías instantáneas realizadas con Fujifilm Instax SQ6 con película Instax Square Color. En incluyen algo de fotografía ferroviaria, sobre la que se habla en la entrada.

Tras dos domingos sin recomendaciones fotográficas por motivos diversos, voy con algunas que he ido recogiendo en estas tres últimas semanas. De forma un poco telegráfica, que este domingo por la mañana ando un poco liado. Sin saber todavía qué compromisos voy a cumplir, y con cuales voy a quedar mal.

Martin Parr es uno de los fotógrafos más reconocidos del Reino Unido. Y su fuerte es el retrato de la sociedad británica, con su punto de ironía, de humor, con cariño, pero sin ahorrar críticas. Con un estilo fotográfico muy directo, apoyado en la iluminación diurna con el flash, su fotos son fácilmente reconocibles. No son fotos «bonitas». Pero son indudablemente personales y siempre cuentan historias. La gente en su salsa. Empezó fotografiando en blanco y negro, pero evolucionó hacia la fotografía en color, como digo muy distintiva. A mí me cae muy simpático. Tiene cara de buena gente. Luego… vete tú a saber.

Issei Suda fue un fotógrafo japonés ya fallecido. Murió en 2019 a los 78 años. También fue un fotógrafo de lo cotidiano, aunque no dejó de fotografiar también en sus viajes, o las tradiciones de los pueblos y ciudades japoneses. Aunque su estilo visual es muy distinto al de Parr, no dejan de tener cosas en común. Pero casi siempre fotografió en blanco y negro, aunque no exclusivamente. Apoyándose también en el flash cuando convino. En Pen Magazine nos han llamado la atención sobre su trabajo de dos años, a principios de los años 90, en los que utilizando una cámara Minox, se dedicó a documentar la vida de su familia, esposa, hija y perro. No nos cuentan que tipo de Minox usó. Si algún modelo de Minox 35, similar a la que yo uso en mis viajes para el blanco y negro, o la pequeña cámara de espías. Tal vez esta última, por el aspecto de las fotografías que he podido ver.

Hace un montón de años, cuando la principal red social para compartir fotografías era Flickr, seguí durante un tiempo a Olivia Bee. En aquellos momentos prácticamente una adolescente, a finales de la década de los 2000, su estilo era muy espontáneo, con película fotográfica, y sus motivos sus propios amigos adolescentes. Llamó la atención de las marcas, que entendieron que ese estilo podría atraer consumidores jóvenes, ya que hablaba mejor su lenguaje que otros fotógrafos más establecidos. Hoy en día la sigo todavía en Tumblr y en Instagram. Quizá por costumbre. No me gusta o me atrae todo lo que hace, pero de vez en cuando muestra obra muy conseguida. Aunque creo que está ya muy vendida a lo comercial. Pero oye… de vez en cuando, y con película fotográfica en color…

Conocí recientemente los paisajes minimalistas de Alon Koppel tomados en las orillas de los Grandes Lagos norteamericanos. Muy sencillos, en los que el color, y sus matices, es la base de la composición. Pero revisando su página web, la dedicada a la fotografía personal, no la dedicada a la fotografía comercial, he encontrado muchas cosas que me han interesado. En su fotografía comercial se dedica principalmente, aunque no exclusivamente, a la arquitectura.

Siempre me ha interesado la fotografía ferroviaria. Aunque últimamente la practico poco. Los trenes en España se han vuelto estéticamente muy aburridos. Hace poco más de una semana, me acercaba en Alcázar de San Juan al minúsculo museo ferroviario que tienen por allí. Dependiente del Museo Nacional del Ferrocarril, está mantenido por la asociación local de amigos del ferrocarril, pero sólo abren los domingos por la mañana, así que me tuve que conformar con lo que vi desde fuera. El caso es que recientemente conocí el trabajo de la argentina Mena Sambiasi, argentina radicada en Madrid, con fotografías realizadas en el Museo del Ferrocarril de Madrid, un lugar que he visitado varias veces. Me gusta cuando se fija en el detalle, más que en las vistas generales. Actualmente se pude ver este trabajo en el propio museo hasta el día 26 de marzo de este 2025.

[Fotos] Retratos en una exposición y más rincones de La Cartuja Baja

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la Hasselblad 500CM con Lomography Color Negative 800.

A mediados de enero, una compañera de afición fotográfica, Ana Cosculluela, inauguraba una exposición de fotografía estenopeica. De la que ya hablé en mi Cuaderno de ruta. Quise aprovechar esa mañana para probar hacer fotografías con flash usando una cámara para película de formato medio con el apoyo de una luz de flash. Pero no funcionó. Así que fueron sin flash, y quedaron un tanto subexpuestas.

Esa misma tarde, decidí terminar el rollo volviendo a La Cartuja Baja, como la semana anterior, aunque ya sólo me quedaban cuatro exposiciones de las 12 de un rollo de tipo formato 120 con negativos de 56 x 56 mm. Pero bueno, menos da una piedra. Y son válidas para añadir a la colección de fotografías que estoy reuniendo del lugar. Ahora estoy en un impasse, después de una incursión en febrero, pero volveré a La Cartuja para seguir explorando.

[TV] Cosas de series; prosopagnosias, insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis y sinestesias

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Si algo se hace en las series coreanas es comer. Y beber. Sobretodo beber. El alcoholismo debe ser un problema terrible en el país. En las fotos, el mercado del pescado de Noryangjin en Seul.

Voy a cambiar el formato de las entradas televisivas. Y en lugar de hacer un comentario, una breve reseña de cada serie que veo, y decir qué me gusta o no me gusta de la serie, voy a hablar de temas relacionados con lo que aparece en las series. Para bien o para mal. Me he cansado de cómo lo estaba haciendo. Me estaba aburriendo. Así que a ver si esto resulta más entretenido. Y quizá, ilustrativo. Ya veremos.

Ya he comentado muchas veces la condición de placeres inconfensables de las series surcoreanas que veo. Sí. Me entretienen. Me permiten pasar el rato, los fines de semana, sin pensar mucho. Relajado. Muchas veces me río. Las chicas son guapas. Pero tiene cosas que, normalmente, en otras cuestiones, me resultarían infumables. Guilty pleasures que dicen los anglófonos. Y uno de los tópicos sobre el que los creadores y guionistas de las series surcoreanas no sólo usan sino que abusan es el de las condiciones de salud raras. Enfermedades, discapacidades, raras per se… y que además sacan de quicio y de tiesto sin rigor científico o médico alguno. Lo de los asesores médicos se lo deben pasar por el arco del triunfo. Veamos tres ejemplos recientes.

Chomyeon-e Saranghamnida [초면에 사랑합니다, te quise desde el principio], titulada en inglés/español The secret life of my secretary/La vida secreta de mi secretaria. Un directivo de una empresa que tiraniza a sus secretarias, pero que, como consecuencia de una agresión, sufre prosopagnosia. También llamada ceguera para los rostros. Básicamente, una situación en la que la persona, aunque ve sin problemas, no puede reconocer los rostros habituales. No sabe a quien pertenecen. No percibe sus diferencias, y por lo tanto no puede identificar a las personas por sus caracteres faciales. Ni siquiera los suyos cuando se mira al espejo. Por supuesto, esto puede dar lugar a una serie de confusiones. Y es aprovechado especialmente en ficción criminal, cuando el testigo no reconoce al malo. En este caso, por supuesto, es capaz de reconocer a su secretaria, con quien acabará romanceando, claro, porque siempre viste con una chaqueta de punto roja.

Uisayohan [의사요한, Doctor John, que es título internacional], en la que un médico anestesista sufre una insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis. Drama médico con mucho melodrama. Porque además el protagonista fue condenado por practicar una eutanasia. Sobre eso se podría hacer otra entrada. Tal vez, la haga. La haré. El caso es que la gente con este problema suele tener un pronóstico malísimo, muchos fallecen en la infancia, y no suelen pasar de los veintitantos. Mucho menos llegar a médicos hasta los cuarenta y tantos. Muchas veces cursa con retraso en el desarrollo cognitivo.

Menos grave es el cuadro que se plantea en Naemsaereul Boneun Sonyeo [냄새를 보는 소녀, el amor es lo que importa], conocida internacionalmente como The girl who sees smells. Romance mezclado con drama policial y asesino en serie, en el que una adolescente es atropellada cuando huía el asesino de sus padres, cae en coma y cuando despierta tiene una sinestesia, por la que percibe los olores visualmente. Y acaba investigando con un policía que se ha metido a policía porque quiere encontrar al asesino de su hermana… que se llama como la chica, y a la que asesinaron porque creyeron que era la chica. Melodramón. Os puedo asegurar que las sinestesias no «funcionan» como se describe en la serie.

Que se utilicen determinadas situaciones más o menos patológicas para dar tensión, suspense, a una ficción audiovisual, es tan viejo como el cine. La típica situación de la mujer ciega o muda, siempre son mujeres, que es acechada por el malvado a quien no ve, o que no puede gritar para defenderse. La prosopagnosia se ha utilizado previamente en el cine… pero que ¡en pocos años haya visto por lo menos tres series en las que el protagonista padece prosopagnosia!… pues llega a ser absurdo. Y además, como ya he comentado, sin ningún respeto por la realidad científica o médica. Lo adaptan como les conviene. Como la «alergia a los seres humanos» de una serie que comentaba no hace mucho. La mayor parte de estas situaciones son ridículas o absurdas,… para alguien como yo que tiene formación médica. Son series que veo convertidas en comedia, incluso cuando no lo son. Y muestra además en qué consiste el concepto creativo de las series surcoreanas. Es ir combinando los tópicos muchas veces usados para repetir constantemente situaciones similares, pero con ciertas variaciones. Uno no ve estas series por su originalidad, desde luego. Lo que puede atraer es la dinámica entre los personajes, o la gracia que sean capaces de imprimir a los diálogos. Pero en sí mismo, las tramas son total y absolutamente absurdas. Por no decir ridículas.

[Libro] El libro de la almohada – Sei Shōnagon

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Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Cuando Shōnagon escribió su diario, la corte del Mikado se encontraba en Kyoto. Acompañaremos la entrada con un paseo fotográfico por el santuario Yasaka de la antigua capital imperial japonesa, entonces llamada Heian-kyō 平安京, la ciudad de la paz.

La literatura japonesa avanzó muy deprisa durante el llamado periodo Heian, en el que el centro de poder y de influencia se encontraba en Kioto, donde residía el emperador. No siempre ha coincidido el lugar de residencia del emperador con el centro del poder en el País del Sol Naciente. Hasta la era Meiji el emperador residió principalmente en Kioto, y sin embargo, en los tres siglos anteriores, el centro del poder se encontraba en Edo, actualmente Tokio. También hubo ocasiones en los que estuvo en Kamakura, u otras ciudades, según el lugar de residencia del shogun de turno. Pero en torno al año 1000 de la era común, era Kioto el centro político del país. Y un lugar de ilustración y refinamiento cultural.

Ya he leído con interés alguna obra de aquel período, algo anterior a la que nos ocupa hoy. Y es ciertamente célebre el Genji Monogatari 源氏物語 de Murasaki Shikubu, la Historia de Genji, contemporánea de la obra que comento hoy, a caballo entre el siglo X y el siglo XI. Genji Monogatari es una novela, y es considerada la primera novela moderna, o una obra con muchas de las características de una obra moderna, con el permiso de algunos precursores en la época clásica, en Grecia y Roma. En occidente, en los siglos XI y XII, los relatos se escribían en verso, y no se considera que hasta el siglo XIII comienzan a encontrarse relatos en prosa precursores de la novela actual. Esto nos da una idea del nivel de ilustración cultural de la corte nipona de principios de milenio, muy superior a la que encontramos en aquel momento en las cortes y en los feudos de la Europa medieval. El libro que hoy comento se escribe en aquel momento de refinamiento cultural en la corte del Mikado.

La autora del libro de hoy, Sei Shōnagon… bueno,… no se llamaba así. Shōnagon haría referencia al cargo de su esposo en la corte, mientras que Sei sería una referencia indirecta al apellido de la autora que se supone se llamaba Kiyohara Nagiko. Kiyohara es el apellido. Y el carácter con el que se escribe Sei, 清, es el primero de los usados para escribir este apellido. Shōnagon, como es denominada a lo largo del libro, en boca de otras personas de la corte, y era dama de compañía de la emperatriz consorte Fujiwara no Sadako, o Fujiwara no Teishi, como también es conocida, esposa predilecta del emperador Ichijō, 66º emperador de Japón. La antes mencionada Murasaki Shikubu ocupó una posición similar con la primera emperatriz consorte del mismo emperado, Fujiwara no Shōshi, y parece que hubo cierta competitividad entre ambas damas de compañía y escritoras.

Sin embargo, el libro de Shōnagon no fue escrito para ser publicado y leído. Era más bien una especie de diario en el que anotaba ideas o sucesos que le llamaban la atención, y que guardaba junto a su almohada, probablemente lo escribía cuando se retiraba a su alcoba antes de dormir. De ahí el nombre de Libro de la almohada (枕草子 Makura no Sōshi). No es un relato al uso. Aparece listas de cosas que le gustan, que no le gustan, que le desagradan, que considera encantadoras, que conviene hacer, o que no conviene hacer. También describe su entusiasmo por determinadas fiestas, o por la forma en que se comportan algunas personas que conoce. O también las que le desagradan. Hay frecuentes referencias a poemas de la época, y también más antiguos, tanto japoneses como chinos. Y no faltan descripciones más o menos veladas o claras sobre lances amorosos, o su atracción sobre tal o cual caballero de la corte. O las anécdotas que destaca en la vida cotidiana de la corte, en su relación con Sadako, la emperatriz o con otros cortesanos y cortesanas de cierto rango.

Se nos cuenta que el libro se escribió en hiragana, uno de los silabarios de la escritura japonesa, que en aquellos momentos se consideraba la escritura de las mujeres, utilizando kanji, los caracteres propios de la escritura china adoptados en Japón, para los nombres propios de personas o lugares. Pero hay coincidencia en considerar que era una mujer muy ilustrada y culta, y con gran sensibilidad poética. Esas sensaciones nos traslada la traducción al castellano realizada y comentada por Jorge Luis Borges y María Kodama, que seleccionaron los pasajes que forman parte de esta edición. Por supuesto, la autoría de la traducción nos garantiza que esta tiene un nivel literario de un nivel más que apropiado. De alto nivel.

Se lee bien. Se lee fácil. Es de gran belleza estilística y poética a pesar de estar escrito en prosa. Y no es muy extenso, por lo que es definitivamente una obra que se puede recomendar a cualquier lector, aunque especialmente a quienes se quieran adentrar en la cultura del País del Sol Naciente, sus orígenes y su historia.

[Fotos] Un paseo más por la Cartuja Baja con película fotográfica

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la Hasselblad 500CM con Kodak Portra 800.

Hacia mediados del año 2024, durante los meses de verano, hice varias incursiones fotográficas a la Cartuja Baja. Bueno. En principio, eran caminatas realizadas a horas tempranas con el fin de hacer ejercicio. Pero empecé a ser consciente de las posibilidades que ofrece el lugar, en el que se combinan los hogares de los vecinos con los restos del antiguo monasterio cartujo que da nombre al barrio zaragozano.

Por ello, me propuse seguir explorando el lugar fotográficamente durante el otoño y el invierno. Con luz más adecuada a horas más adecuadas. Luego, por motivos que no vienen al caso, durante el otoño no surgió la ocasión. Pero no se me fue la idea de la cabeza. Hasta que llegó el mes de enero, en el que me hice el propósito de retomar con más frecuencia la fotografía con cámaras de formato medio. Y la Cartuja Baja me pareció un entorno adecuado para ello.

Durante tres sábados por la tarde en ese mes me desplace hasta el barrio con el autobús urbano que lo conecta con la casco urbano de la ciudad. Ya os hablé de uno de ellos, porque ya presenté algunas fotografías en blanco y negro recientes. La Cartuja Baja es lo que se llama un barrio rural. Fuera del casco urbano principal. Desde la plaza de España de la ciudad hasta la plaza de España del barrio hay 8.5 kilómetros. Algo menos, claro, si lo midiéramos en línea recta y no siguiendo los recorridos de las vías de circulación o de los caminos peatonales.