[Libro] La fórmula preferida del profesor – Yōko Ogawa

Literatura

Leer esta novela era jugar a carta ganadora. Hasta el momento de empezar a leerla, había leído tres novelas de Yōko Ogawa, muy distintas entre sí, y las tres me habían gustado bastante. O mucho. Y también he decir que el relato de hoy inspiró una película que vi en su momento, y que fue la que me hizo interesarme por la escritora. Es decir, que tenía unas referencias a priori muy buenas.

El libro nos habla de una joven madre soltera, calculo que de unos 28 años, con un hijo de 10, que entra a trabajar de asistenta doméstica para un profesor de matemáticas retirado que, como consecuencia de un accidente de tráfico, su memoria próxima no sobrepasa los 80 minutos, por lo que no recuerda a las personas que conoció el día anterior. O la mañana de ese día. A pesar de ello, Kyoko, que así se llama la joven, consigue crear una relación de afecto y solidaridad con el profesor en la que se incluye a su hijo, apodado Root.

La novela está contada en primera persona desde el punto de vista de Kyoko. Y trasciende mucho a lo que se nos cuenta en la película, por muy fiel que esta sea. Pero es difícil trasladar los pensamientos de una persona como Kyoko. Trabajadora, con un gran sentido ético de sus deberes, centrada y preocupada en mantener lo mejor que puede a su minúscula familia, pero con capacidad para desarrollar empatía y para que esta surja en las personas que con ella tratan. La novela tiene dos niveles de lectura. Por un lado, la peripecia que se desarrolla entre el trío protagonista. Por otro lado, la lectura social sobre la situación de las mujeres jóvenes solteras y madres y la complejidad para sacar adelante a sus hijos en una sociedad desarrollada como Japón, pero con gran distanciamiento social entre sus miembros. Pero en esta ocasión con una visión optimista, especialmente si la comparas con otras historias de madres solteras con hijos pequeños.

Leer a Ogawa es fácil. O sus traductores consiguen que sea fácil. No se anda por las ramas. Va al grano. Con descripciones de hechos y ambientes directas y claras. Y sus relatos, como he mencionado, siempre tienen capas de significado, son más profundas de lo que su apariencia indica. En este caso, da vida un trío de protagonistas que se quedan a vivir con el lector, y que generan una inmediata preocupación e interés por el devenir de sus vidas. Totalmente recomendable.

A por cierto, la fórmula preferida del profesor es…

mmm…. ¿será considerado espoiler? Pues nada… no la pongo.

[Libro] La exposición – Nathalie Léger

Literatura

Aunque la mayor parte de los libros que comento en estas páginas, que no sean de fotógrafos o fotografía, vengan ya en formato electrónico, por conveniencia, comodidad,… de vez en cuando cae en mis manos un libro en formato de árboles muertos. Papel. Hace unas semanas, mientras deambulaba entre las secciones de arte y fotografía de una librería, vi este librito de Nathalie Léger, me llamó la atención y lo compré.

Unas cuantas fotografías parisinas nos vendrán bien para ilustrar un libro sobre un personaje, internacional y cosmopolita, pero intrínsecamente asociada a la capital francesa.

Léger es mujer de letras, escritora, pero también trabaja en el ámbito del comisariado de exposiciones, de la conservación de colecciones de obras artísticas, principalmente literarias, y preside una institución para el estudio y conservación de archivos del mundo editorial francés. Y según varias referencias que he podido ver por ahí, Wikipedia incluida, califican este libro como su primera «novela». Me cuesta verla como tal… hasta que profundizo en el concepto de autoficción, género al que asignan esta obra.

Como autoficción, estaríamos con un relato en el que se mezclan hechos reales de la vida de la autora o de la realidad en general, con elementos ficticios de los que sería narradora en primera persona y protagonista. Y así, en esta autoficción, nos encontramos a la autora preparando una exposición con las muchas fotografías, y otros documentos, que la condesa de Castiglione, Virginia Oldoini, se hizo en el estudio de Pierre-Louis Pierson a lo largo de su vida. Una costumbre, la de fotografiarse en multitud de situaciones, poses y atuendos, que la hace de alguna forma precursora de las (y los) influencers de las redes sociales actuales. Y mientras la autora nos habla del personaje histórico, de sus vaivenes, reflexiona también sobre aspectos de su vida, en especialmente sobre su madre y su relación con ella, a la que compara con determinados aspectos del personalidad del personaje histórico.

Así pues, el libro funciona a dos niveles. Por un lado, parecería un ensayo sobre una mujer del siglo XIX, que tuvo gran influencia en asuntos políticos y sociales. Considerada la mujer más bellas de su época, a mí no me parece para tanto vistos los retratos que se conservan, pero el concepto de belleza es relativo a la época, definió modas, fue amantes de políticos y algún emperador que otro, influyó en acontecimientos históricos… y conoció épocas de declive y olvido. Por otro lado, funciona como reflexión personal sobre las relaciones maternofiliales de la escritora.

Me costó entrar en la dinámica del libro. No tenía yo mucha experiencia en este tipo de forma literaria. Y de hecho, hasta casi la mitad del libro, avancé muy despacio, siendo un volumen ligero de pocas páginas. Luego, en un momento dado, las piezas del puzzle hiciero click, encajaron, y empecé a cogerle el gusto… y se me terminó. No me arrepiento. Esta bien. Pero para quienes buscan mero entretenimiento y estructuras narrativas convencionales… casi mejor no.

[Libro] La posada del viajero – Armando Rodera

Literatura

No me voy a extender mucho con el libro de esta semana. Sólo diré que, sin ser tremendamente extenso, me casi tres semanas leerlo. Y es que una vez que empecé, pronto me desanimé. Y me obligué a terminarlo, aunque estuve a punto de dejarlo en varias ocasiones. Hacía mucho tiempo, un año como mínimo, que lo había adquirido en una oferta de mi tienda de libros electrónicos habitual, y no en estos momentos no recuerdo muy bien qué me indujo a comprarlo. No conocía nada de su autor, Armando Rodera. En ese momento no me di cuenta, pero parece de estos autores que publican por sí mismos a partir de las facilidades que otorgan ciertas plataformas en internet. Hoy en día estoy algo escamado con la calidad de estas vías de publicación, y sería bastante difícil que lo comprase. Muchos de estos libros se anuncian con grandes cifras de ventas en ejemplares… probablemente derivado del hecho de que están siendo vendidos a precios muy bajos comparados con los libros que siguen un proceso editorial tradicional.

Hace mucho tiempo que visité y recorrí Cantabria. No tengo fotos muy actuales. Sólo diapositivas que pueden tener 25 años o más.

El libro nos transporta en el tiempo a la provincia de Santander, en la segunda mitad del siglo XIX. En aquellos momentos no había comunidades autónomas, nada de Cantabria; si no recuerdo mal, la provincia de Santander pertenecía a la región de Castilla la Vieja. Un joven irlandés es recogido del camino mal herido tras haber sido agredido por maleantes y es llevado a una posada en Suances, regentada por una viuda con dos hijas, una de veinte años y otra de trece, y con el abuelo paterno de las chicas. La acción es narrada por la chica de veinte. En paralelo, se nos narra la peripecia del irlandés en Cuba, antes del momento «actual» en Suances. Y ambas líneas convergerán para una intriga política mezclada con el romance de turno entre el irlandés y la veinteañera.

Sinceramente, no me ha gustado. El libro es una mezcla de géneros entre el romance más típico y tópico, sólo le falta que en vez de irlandés hubiese sido un highlander para haber generado fuertes carcajadas, y una intriga política con algún malo malísimo malo, donde se mezclan los intereses de los venidos a menos carlistas con las intrigas de un desalmado hijo mestizo de un indiano de la región. Extraordinariamente poco verosímil. Pero la suspensión voluntaria de la incredulidad del lector podría haber funcionado a favor del libro si hubiera estado correctamente planteado y, ante todo, escrito con un mínimo de coherencia. Porque de verdad, por poner un ejemplo, una joven de 20 años, de la España rural de 1880, con una instrucción básica, hablando en primera persona no habla de que las hormonas de su hermana,… especialmente porque el término hormona no se acuñó hasta 1905, y no se popularizó hasta bastante más tarde. ¿Qué tontada es esta de hacer hablar a personajes de novelas de época como si fueran adolescentes de hoy en día? Pues esto es un ejemplo. No voy a perder el tiempo con más. Simplemente, evitad este tipo de lecturas. Yo prometo hace examen de conciencia, propósito de enmienda,… y la penitencia ya la he cumplido leyendo hasta el final esta novela.

Seguramente, estoy convencido, el proceso editorial tradicional está lleno de problemas y los intereses económicos y de otro tipo lo envenenarán de muchas maneras. Pero un proceso editorial con un mínimo rigor, que cribe lo que se publica, debe existir.

[Libro] Momoko y la gata – Koike Mariko

Literatura

Este libro fue un prestamo, que leí sobre la marcha durante mi escapada a Andalucía en octubre. De hecho, antes de los dos libros que comenté la semana pasada. La amiga que me alojó en su casa en Sevilla tenía una versión en papel del libro y, como no es muy largo y me enganchó mucho, me lo leí en ratos muertos en esos días. Su autora Koike Mariko 小池 真理子 (os recuerdo que en Japón el apellido va delante; cuando me acuerdo, respeto esa convención) es más conocida por su condición de escritora dedicada al género policíaco y al terror.

Repito la selección de fotos representativas de mi viaje a Japón en 2014… fecha y país en el que ya se veían con frecuencia gente con mascarillas.

Definir si este libro pertenece a alguno de esos géneros,… en líneas generales,… las claves en las que está redactado no corresponden a ninguno de ellos. En algunos momentos, me ha recordado a Bonjour, tristesse de Françoise Sagan. Vagamente porque hace muchos años que leí el libro de Sagan. Pero ambos están ambientados en los años 50 del siglo XX, uno en Francia y otro en Japón, aunque el de Sagan fuese publicado en 1954 siendo una joven de sólo 18 años, mientras que Koike tenía 2 años en aquel momento y no escribió su «gato en el ataud», título original del libro [柩の中の猫, hitsugi no naka no neko] hasta 1990.

Mientras que Sagan escribe su «tristeza» a caballo entre el existencialismo y las ideas que harán surgir el movimiento de la «nouvelle vague», con un personaje adolescente víctima del desencanto y la melancolía, Koike recupera el ambiente del Japón vencido en la Segunda guerra mundial y del que empieza a recuperarse, recuperando también sus generaciones más jóvenes cierta alegría de vivir. Así, quien narra la acción es una joven de 20 años, de provincias, procedente de Hokkaido, aspirante a pintora, que entra a trabajar en casa de un pintor joven pero consagrado, viudo, para cuidar de su hija pequeña de nuevo años, Momoko, cuya mejor amiga es una gata. La vida es plácida, con el padre que adora a su hija, y con la joven que secretamente se enamora del padre, que vive una vida mundana, cosmopolita y despreocupada. Hasta que aparece una mujer joven, estilosa y bella en la vida de todos ellos. Y desestabiliza el equilibrio doméstico.

Reconozco que me enganché de inmediato. El tono de la escritura, la perspectiva en primera persona de quien no deja de ser un personaje secundario que recuerda desde el presente unos acontecimientos que le marcaron de por vida, la descripción del ambiente, la sospecha de que algo grave puede ocurrir, todo ello hace que el ritmo de lectura fuera agil. Y a pesar de todo, aunque constantemente Koike nos va dejando las pistas, los indicios de lo que va a suceder, nos llega a sorprender. Nos aterra, sin ser una novela de terror. ¿O sí? Me pareció una lectura imprevista, pero con un gran nivel. Lamentablemente, lo único traducido al castellano de esta autora. ¿Merecerá la pena pillar una traducción al inglés o al francés de alguna otra de sus obras? Me lo estoy pensando. Muy recomendable.

[Libros de fotografía] Postales, cuadernos, libros

Fotografía

En las últimas semanas me han llegado varias publicaciones para añadir a mi biblioteca fotográfica, así que las recomendaciones fotográficas de esta semana tendrán forma de libros… o cuadernos… o postales. Ahora os cuento.

A través de la página Photography of China, conocí la actividad como coleccionista de fotografía de esa nacionalidad de Thomas Sauvin, con su colección Beijin Silvermine, que sufraga con la comercialización en forma de libro u otros productos de lo más granado de su colección. Son productos de calidad… y por lo tanto caros. Y en su mayor parte es fotografía de la que llaman ahora vernácula. Es decir, fotos tomadas de la vida cotidiana con un fin distintos del de los tradicionales fotógrafos documentales o artistas. Puede ser las fotos de una abuela a sus nietos, de un médico a sus pacientes, las fotos de la NASA al universo, o las que sistematizan los «logros» del Partido Comunista Chino… por poner algunos ejemplos. De los productos más asequibles que tiene, están los desplegables de postales de la serie SIX, de los que hay publicados tres números, de los que he adquirido ejemplares.

Recibí recientemente mi libro de fotos del viaje a Oporto en septiembre. Y ahora estoy trabajando en el de Andalucía de octubre. En el que entrarán algunas fotografías de una tarde entre el Parque de María Luisa y la isla de la Cartuja.

El Six 01 es How I felt in love with my phisioterapist, y son una serie de fotos documentales de una modelo en mallas de gimnasia rojo comunista, con su fisioterapeuta, demostrando distintas técnicas de trabajo sobre articulaciones. Resultan hipnóticas. Realizadas en Pekín en agosto de 1988.

El Six 02 es Soldiers, en la que la serie de postales, una vez desplegadas, constituyen una única imagen de una multitud de jóvenes de ambos sexos, aunque predominan los hombres, en uniforme, posando para una foto colectiva. Dentro de la aparente uniformidad y despersonalización de la situación, sorprende comprobar cómo cada individuo tiene una expresión propia, singular. Unos sonríen, otros están serios, otros… simplemente aburridos. Realizada abril de 1950, poco después del final de la guerra civil china, no dice dónde.

El Six 03 es Space Beauties Calendar, y es la más divertida. Especialmente, porque es muy kitsch. U hortera, que diríamos en estos lares. Un conjunto de postales con modelos femeninas con unos vestidos pretendidamente futuristas, delante de unos fondos con planetas, estrellas y naves espaciales, todo muy colorido y chillón. Heroínas espaciales, de clara inspiración en las películas de aventuras espaciales, pero con un estilo… indefinible. Fechadas en Pekín en 1992.

Me han llegado tres nuevos cuadernos de la serie Field Notes de Another Place Press, los números 13, 14 y 15.

El número 013, está firmado por Andy Feltham (instagram), con el título Picture of Health. En él, el autor recorre los pasillos y salas abandonados de un hospital del National Health Service NHS inglés. Otrora «joya» de la corona del estado del bienestar británico, hoy en dia decadente por las políticas liberales que comenzaron ya en los años ochenta con Thatcher, y que no han parado ningún gobierno de ningún signo desde entonces.

El número 014 lo firma Frances Scott (instagram), y lleva el austero título de A9. Con fotografías en blanco y negro, la autora recorre la carretera más larga de Escocia, desde las Tierras Bajas hasta la costa norte escocesa. Unen las raíces de su madre en el sur de Escocia con las de su padre en el norte. Sumado a que la fotógrafa se afincó en un momento dado en las Orcadas hasta que ya independiente y adulta volvió al sur.

El número 015 es del fotógrafo Emile Holba, que presenta su trabajo Arktisk Grenseland. Fascinado por la esa zona del Ártico que es conocida como mar de Barents, lugar de encuentro nórdico entre Occidente y Rusia. Finalmente, su trabajo se centró en la península de Varenger, en el norte noruego, lejos de las rutas turísticas, escasamente poblado, próximo a las fronteras con Finlandia y Rusia, y al mismo tiempo, extrañamente tranquilo, pacífico y equilibrado.

En otro orden de cosas, encontré una referencia reciente a una colaboración entre el alemán Jürgen Teller y el japonés Nobuyoshi Araki. Ambos fotógrafos son amigos y se admiran mutuamente. Esta colaboración desembocó en una exposición y un libro, Leben und Tod 死生, vida y muerte, publicado por Steidl. Las fotografías de Teller están realizadas en su hogar familiar en Alemania, durante un invierno en el que murió un tío suyo, ya anciano, con quien estuvo muy unido, y que también sirvió para volver a conectar con su madre. También incluye elementos de su viaje por Bután, donde se sorprendió por la imaginería asociada a los ciclos vitales. Araki, por su parte, le pidió que le prestase objetos de su infancia y vida familiar, y con ellos, y sumados a sus propios fetiches, construye unas peculiares naturalezas muertas, que se intercalan entre las fotos de Teller. Un trabajo muy intimista, muy simbólico, para degustar muy despacio si se le quiere coger el tranquillo.

Finalmente, la edición blanca, más económica, del libro publicado por Eyeshot, Shin Noguchi in color in Japan. Hace tiempo que soy seguidor en instagram del fotógrafo japonés Shin Noguchi. Radicado entre Kamakura y Tokio, Noguchi hace una fotografía documental en la calle llena de humanismo y buen humor, con una gran dominio del color más natural. Particularmente cercano y empático resulta cuando se acerca al mundo de los niños, a quienes sabe mirar como adulto que no ha perdido ciertas virtudes de la mirada infantil. Perfectamente presentado, con fotografías que dialogan entre sí en páginas enfrentadas, y con dobles páginas para aquellas con valores estéticos más potentes, es un libro para hojear una y otra vez. Y también para soñar que pronto podamos volver a viajar y a visitar aquellas tierras que tan buenos momentos nos han deparado a alguno.

[Libros] Reinterpretar mitos gracias a Margaret Atwood y Natsuo Kirino

Literatura

Siguiendo el turno de riguroso orden de lectura, hoy tendría que estar hablándoos de un interesante libro de Mariko Koike. Pero lo dejaré para otro día. Me apetecía el doble comentario de dos novelas muy distintas, pero al mismo tiempo con importantes cosas en común. Estas son Penelope y las doce criadas de Margaret Atwood y Crónicas de una diosa de Natsuo Kirino.

Penélope y las doce criadas

La canadiense Márgaret Atwood hace tiempo que es una escritora muy respetada en lengua inglesa. Pero su popularidad en todo el mundo aumentó en los últimos años por la adaptación televisiva de su novela, de género distópico, más conocida. Mientras el mundo editorial anda fijándose en la relativamente reciente publicación de la segunda parte de esa historia, que no leeré puesto que no creo que necesitase segundas partes la novela original, a mí me llama la atención un libro suyo de 2005, cuyo título original se traduce como la Penelopiada, a imitación de obras clásicas como ilíadas, odiseas, eneidas y similares.

Junto al santuario Okitama, se alzan las Meoto Iwa, las rocas desposadas, representación de las deidades masculina, Izanaki, y femenina, Izanami, unidas por un soga que representa la unión conyugal. Aunque el final del matrimonio entre estas deidades no fue especialmente feliz. Pero el lugar es estupendo. Y no se encuentra lejos del gran santuario de Ise, dedicado a la diosa Amaterasu, engendrada por Izanaki al regreso de su incursión en el mundo de las sombras, pero no de Izanami. La familia imperial japonesa sería descendiente de Amaterasu… por ende… de Izanaki. Pero no de Izanami.

Y la Penélope del título es la conocida esposa, fiel y responsable, del caradura y astuto aventurero por excelencia de los poemas épicos homéricos, Odiseo (o Ulises) de Ítaca. Por su capacidad para ser fiel a Odiseo durante los veinte años de ausencia, diez de la guerra de Troya y diez de aventuras por el Mediterráneo, ha sido siempre el símbolo de la fidelidad conyugal. Pero frente a una historia sobre hombres contada por hombres y desde el punto de vista de los hombres, Atwood decide contar la historia desde el punto de vista de Penélope. Y eso conlleva una relectura de los textos homéricos, y una crítica activa del papel de la mujer en la sociedad clásica y, por extensión, de las modernas sociedades occidentales que de ella descienden.

Tiene un tono irónico, paródico, en el que voluntariamente busca pensamientos y expresiones más propios de personas actuales. Y es contada desde el punto de vista de una Penélope ya muerta, viviendo en el Hades, en la pradera de los asfodelos, más allá del río Aqueronte. Por donde se pasea también su bella prima Helena, conocida como «de Troya», aunque también espartana de origen como Penélope.

Crónicas de una diosa

También en esta novela descenderemos al reino de los muertos. Los mitos en los que nos moveremos son los del shinto japonés. En concreto, los de la pareja de dioses formada por Izanami, la diosa del título, y su esposo Izanaki, a veces transcrito como Izanagi. Descendientes de los dioses primordiales del panteón shinto, son los dioses creadores del mundo por excelencia. Entendiendo como mundo el archipiélago japonés (que no incluía en origen la isla de Hokkaido). Pero Izanami murió al engendrar a la personificación del fuego y descendió al mundo de los muertos en las sombras. En un giro argumental con semejanzas con el de Orfeo y Eurídice, Izanaki baja el mundo de los muertos para recuperar a su esposa,… pero fracasa. Y encima se lleva consigo una maldición. Izanami matará cada día a 1000 seres humanos. Izanaki, como compensación, engendrará a un mayor número de los mismos.

El acercamiento de Kirino es a través de una joven sacerdotisa, en una bella pero pobre isla de las más pequeñas del archipiélago nipón, que no se resigna a su papel de guardiana de los muertos de la isla y a renunciar a su amor por un apuesto joven. Pero será traicionada y acabará muerta. Y por hacerlo con rencor, no podrá ascender al cielo, y acabará en el mundo de las sombras como sirvienta de Izanami.

Lejos del tono paródico, e incluso cómico, de Atwood a la hora de reinterpretar su mito, el tono de Kirino es triste e incluso trágico, aunque sin renunciar nunca a la esperanza. No sólo reinterpreta desde una luz y perspectiva femenina el mito de Izanami e Izanaki, si que además desmitifica el valor de la divinidad, abrazando la oportunidad de ser humano y estar vivo, y ser capaz de sentir, amar y dar vida.

Para ambos libros:

Ambos libros parten de tradiciones mitológica muy distintas. Si bien, en ambas encontramos arquetipos que se dan en muchas de las culturas que se han desarrollado en los numerosos grupos étnicos que surgen como consecuencia de la dispersión del ser humano por la faz de la Tierra. Ambas autoras parten de una sociedad patriarcal, todavía más fuertemente patriarcal en el Japón actual, pese al muy posible origen matriarcal de su cultura. Lo podemos ver en la estructura de poder de la isla de las Serpientes Marinas, origen de uno de los personajes protagonista, o en el hecho de que una de las deidades descendientes de Inazaki, y una de las principales del panteón japonés, Amaterasu, deidad solar, se represente como una deidad femenina. Y esta sociedad patriarcal interpreta los mitos para acomodar esta estructura. Ambas autoras se revelan y reinterpretan. Con mayor intensidad Atwood, con mayor sutileza Kirino.

Ambos libros están contados, en todo o en parte, desde el mundo de las sombras, desde el mundo de los muertos. Donde encontramos a nuestras Penélope/Izanami (con su joven servidora). En ambos se cuestiona el matrimonio en su forma tradicional. El libro japonés tiene una visión de la solidaridad entre mujeres, entre hermanas, más optimista.

Y sobretodo, ambos libros son tremendamente amenos e interesantes de leer. Por el tono, la picardía y la astucia de una Penélope, a la par con la de su ilustre marido, aunque ambos acaben machándose con al tragedia de las doce jóvenes criadas. Por las aventuras que vivimos entre las islas del sur del archipiélago japonés y el reino de Yamato, origen del actual Japón, situado en la actual isla de Honshu. Ambas son muy muy recomendables. Y demuestran una cosa. Que una obra literaria tenga un valor universal depende más de lo que cuenta que del país o cultura de la que procede, o de la lengua en que fue escrita originalmente.

[Libro] La salvación de lo bello – Byung-Chul Han

Arte, Literatura

Que no nos confunda el nombre del escritor. Este libro de ensayo no nos va a hablar desde un punto de vista de la cultura asiática oriental. Byung-Chul Han es un surcoreano nacido en Seul, pero se estableció en Alemania cuando tenía 26 años, ahora estaría en los 61, no se conoce con exactitud su fecha de nacimiento, y ha desarrollado casi toda su carrera en Alemania. Por lo tanto, como filósofo, ensayista, escritor en general, hace tiempo que tiene un punto de vista que surge de las sociedades llamadas occidentales. O cuando menos, habría que considerarlo un filósofo de un mundo globalizado.

Cualquiera que conozca un poco las fotografías que hago cotidianamente, sabrá de mi preferencia por las líneas geométricas, por la ortogonalidad, por la limpieza de trazos en la medida de lo posible. ¿Son mis referentes estéticos adquiridos? ¿O es una preferencia establecida por mis genes? Aunque guste a pocos, cada vez hay más datos que hablan de lo segundo.

Cosa que no sé si a él le haría mucha gracia. Este es el primer libro que leo de este filósofo. Y desde las primeras páginas, desde las primeras líneas diría yo, pone en cuestión algunos de los valores más defendidos hoy en día en materia de estética y diseño. Han critica con contundencia la tendencia a lo pulido, lo impecable, lo carente de irregularidades en el diseño y en el arte actual. Con los teléfonos móviles actuales como punto de referencia, aunque también sacudiendo cera a artistas como Koons, o a la moda del «todo» depilado, se rebela contra la antisepsia visual de lo absolutamente suave, absolutamente irregular, absolutamente geométrico. Los minimalismos estéticos, la pureza de líneas, lo perfectamente regular vendría de la mano, da a entender, de un pensamiento único… pelígroso. Para él, el arte, bello o no bello, es irregular. Surge del conflicto, de la emoción intensa, y por lo tanto no puede ser meramente funcional y «perfecto».

He de decir que este libro, mientras lo leía durante mi escapada andaluza de octubre, me produjo cierto grado de shock. Una vez, alguien que bien me conoce, dijo de mí que era muy cartesiano. No se refería tanto al racionalismo filosófico de Descartes en su Discurso del método, al fin y al cabo, de lo que sigue al Cogito, ergo sum… poco favor le hace a la razón como herramienta del pensamiento. Sin observación y sin experimentación, si una base en la realidad, de poco sirve aplicar la razón. Nos dejamos llevar por nuestras tendencias y concepciones previas. Pero Descartes, anticientífico en su filosofía, fue científico en la práctica. También fue matemático, trabajó en la geometría analítica, y se bautizaron a los famosos ejes cartesianos en su honor. Y ahí parece que me sitúan quienes me conocen. En mi necesidad de encuadrar mis experiencias, mis vivencias o mis apetencias estéticas entre unos ejes cartesianos reales o ficticios. Geométricos o éticos. No me acusan de ser tan inflexible como para llamarme «cuadriculado», pero sí de precisar de puntos de referencia claros para aceptar cualquier supuesto. Y estéticamente, tiendo a encontrar agradables, desde mi tierna infancia, las geometrías más armoniosas. Así… preferiré las abstracciones geométricas de Mondrian al expresionismo abstracto de Pollock. O los ordenados hallazgos del renacimiento a los abigarramientos del barroco. O las composiciones fotográficas sencillas, minimalistas y ordenadas, a los imágenes complejas e intrincadas.

Sin embargo, reconozco sentirme atraído por algunas de las propuestas de Han, aunque no al cien por cien. Y es que soy de los que opinan que arte y diseño son disciplinas creativas, como muchas otras. Pero no hay una identidad entre ellas. Y que un diseño limpio y claro me hace sentir bien, mientras que la obra de arte ha de presentar algún reto, algún desafío, alguna tensión, por lo tanto irregularidad, para transmitirme un pensamiento o una emoción. También estoy de acuerdo en que existe un exceso de «positividad» en la sociedad actual. No se admite lo feo, lo triste, lo «negativo» en las comunicaciones actuales, especialmente en la era de las redes sociales. No interesa quien afirma estar deprimido o tener problemas. Se nos «obliga» a estar sonrientes, perpetuamente contentos. Obligatoriamente «optimistas». Incluso en unos tiempos como estos en los que tantos problemas agitan el mundo. Desde los desastres climáticos, a los ecológicos que nos traen nuevos y puñeteros virus a nuestras vidas, o al resurgimiento de las ideologías totalitarias… si es que alguna vez se fueron realmente.

En fin… ha sido una primera vez con la obra de este coreano relativamente germanizado. Ya veremos si hay segundas parte. Pero ha sido interesante.

[Libro] La detective miope – Rosa Ribas

Literatura

Llevo mucho retraso comentando libros. No mucho, mucho,… es que este año voy a saltos. Tan pronto me estanco en la lectura, en algún momento de forma preocupante, como me da por relajarme, vaciar mi cabeza (hasta cierto punto) de preocupaciones y enlazar una racha de libros leídos en sucesión. Y especialmente esto me ha pasado con la coincidencia de mis periodos vacacionales. En concreto de mis viajes. El libro de hoy lo leí a mediados de octubre, lo comencé en la idus de ese mes, y antes de terminar el décimo del año había leído cuatro libros más. En los once días que llevo de noviembre apenas he conseguido sobrepasar la tercera parte del libro que estoy leyendo… que ciertamente es más largo que los anteriores, pero aun así.

Algunas instantáneas barcelonesas para ilustrar una aventura barcelonesa.

Quien me siga en este Cuaderno de ruta, habrá comprobado que no soy buen lector del género policiaco/negro/detectivesco,… que muchas veces se confunden aunque para mí no son lo mismo y que depende mucho del tono a la hora de adjudicarles una etiqueta u otra. Pero cualquiera que sea… creo que son géneros muy prolíficos, en el sentido de que hay mucha oferta, porque son favoritos de muchos lectores, pero eso hace que haya mucha morralla, que me suele dejar insatisfecho y acabe cabreándome cuando pico en una tontería. En cualquier caso, cuando vi la sinopsis del libro, me pico la curiosidad. Investigué un poco sobre la escritora para intentar «no picar en una tontería» y me decidí.

El planteamiento del libro me gusta. Una detective privada, cuyo marido es asesinado, lo que la hace caer en una profunda depresión, de la que sale a duras penas, y con un curioso efecto secundario, que nunca me he encontrado en mis años de estudios y profesión médica, una miopía progresiva galopante, que la hace ir a casi a ciegas por el mundo. No le daré importancia a la escasa plausibilidad de esta situación, ya que la miopía magna o progresiva tiene su causa en elementos estructurales del ojo más que en la psicosomática de la persona. Lo asumiré como un recurso literario, como una metáfora del estado mental de la protagonista tras la tragedia y sus decisiones posteriores. Decisiones que la llevan a entrar a trabajar en una agencia de detectives con un único objetivo. Bajo la teoría de los «seis grados de separación«, la resolución de los distintos casos que lleguen a su mesa le llevará a resolver el caso del asesinato de su marido.

La narración se mueve por los terrenos de la intriga, pero también por los de cierto humor. Un humor sin estridencias, tranquilo, que señala las deficiencias de nuestra sociedad, representada por la Barcelona más castiza, con las ranciedumbres propias de la sociedad española, de la que la ciudad condal forma parte, guste o no guste a independentistas u otros fabuladores de la idea de los «hechos diferenciales». Pero al mismo tiempo con un tono triste, puesto que no dejamos de acompañar a una persona triste, que ha perdido la alegría de vivir, y que si sigue adelante es a base de una profunda alienación de sí misma. Volvemos a la miopía como metáfora, así como a otros detalles de la rutina vital de la protagonista.

El resultado es… razonable, aunque al mismo tiempo insuficiente. No he «picado en una tontería». La historia y el planteamiento no me parecen nada tontos, y encuentro ideas interesantes a lo largo de todo el libro. Quizá se deja llevar demasiado en la creación de personajes por los tópicos sobre esa «Barcelona castiza» que he mencionado, y no consigue sacar adelante todo el potencialidad que tiene el personaje protagonista y su entorno. Llegando a un desenlace que deja un poco frío. Aunque eso no tiene porque ser lo importante. Cada vez estoy más convencido de que juzgar la ficción por los desenlaces es un vicio en nuestra sociedad que parece negar constantemente el dicho, que a todo el mundo paradójicamente parece gustar, que afirma que lo «importante es el viaje (o el camino)». Se deja leer… pero tampoco creo que deje un recuerdo imborrable en mi memoria. De hecho ya me ha costado ponerme en situación de comentarlo sólo tres semanas después de leerlo.

[Libro] Música, sólo música – Haruki Murakami y Seiji Ozawa

Literatura, Música

Dos características de este ensayo… por llamarlo de alguna forma, me llevaron a leer este libro.

En primer lugar, es el libro más recientemente publicado de Haruki Murakami en castellano. De Murakami he leído todas sus novelas y bastantes relatos cortos. Pero hasta ahora no había leído ninguno de sus ensayos. O libros de «no ficción» como parece que se les llama ahora con frecuencia, supongo que para que no se despisten demasiado los ya habitualmente demasiado despistados lectores. Españoles y de otros países, porque parece que la tendencia es común a muchos países. No los había leído… porque los temas que trataba en ellos no me atraían lo suficiente. Quizá le de una oportunidad a alguno de ellos en algún momento, pero no por ahora. Siendo el tema de este nuevo libro la música,… pues me parecía más atractivo.

En segundo lugar, aunque le he llamado ensayo, en realidad es un libro de conversaciones. Entre Murakami y el director de orquesta Seiji Ozawa. Un tipo muy dinámico, muy animado, y que lleva tanto tiempo dirigiendo orquestas en occidente, que ya casi no parece japonés en sus comportamientos y modos. Aunque eso puede ser una opinión basada en aspectos muy superficiales de su apariencia pública y hay que cogerla con pinzas. Desde que leí las conversaciones de Truffaut con Hitchcock, este género me ha atraído mucho, especialmente si de lo que se habla me interesa. Y la música, quieras que no forma parte de nuestras vidas. Yo escucho música con mucha frecuencia. Mientras trabajo para aislarme del entorno. Mientras estoy en casa, haciendo otras cosas o simplemente descansando. En ocasiones, cuando salgo a caminar por caminar, suelo ir acompañado de la música. Y por las noches, cuando eventualmente me despierto a mitad del sueño y no consigo volver a conciliar el sueño porque pensamientos invasores me lo impiden, como esta misma noche pasada, poner música y centrarme en su escucha, ayuda a ahuyentar estos pensamientos impertinentes y me ayuda a volver a los brazos de Morfeo.

¿Escucho música clásica? A veces. No es infrecuente, pero tampoco es lo más frecuente. El jazz, alguna música brasileña y determinadas curiosidades de lo que ahora aparece en las tiendas de discos, reales o virtuales, como «músicas del mundo» son frecuentes. También cierto tipo de pop independiente, alejado de la música prefabricada de las corrientes principales del pop, que no suelo soportar. Tampoco soy rockero. El rock dejó de evolucionar realmente hace mucho tiempo, y con eso dejó de interesarme bastante, y las más de las veces no colabora bien en mi intención de ayudarme a relajarme y aislarme del mundo. También hay que decir que buena parte de lo que hoy en día se llama «rock» no es más que ciertas formas de pop. Es una opinión. Probablemente equivocada, pero es lo que hay.

Murakami es un conocido melómano. Sus novelas están llenas de referencias musicales, que muchas veces empiezan en el propio título de la novela. Recordemos que su novela más conocida, en España y otros países occidentales titulada Tokyo Blues, tiene como título original Norwegian wood, como la famosa canción de The Beatles. Por poner un ejemplo. Las más de las veces las referencias son jazzísticas. Recordemos también que durante unos años, el escritor junto a su esposa regentarón un café y club de jazz. Pero no son infrecuentes las referencias a la música clásica. De la que dice tener una extensa colección de discos.

Ozawa, por otra parte, fue diagnosticado de un cáncer esofágico en 2010 que le llevó a una larga y compleja convalecencia durante la cual, escritor y director concertaron una serie de encuentros, de entrevistas, que se realizaron en torno a la escucha de algunas de las piezas claves del repertorio del maestro. Estas se prolongaron hasta entrado ya el 2011. Y estas entrevistas son las que constituyen el núcleo principal de lo que se cuenta en este libro, en el que ambos intercambian puntos de vista que no dejan de ser instructivas y pueden ayudar a afrontar la escucha de la música clásica de otra forma.

¿Me parece recomendable? Si te gusta la música clásica y te sientes atraído por este tipo de conversaciones, puede resultarte bastante interesante. No creo que esté al nivel, ni de lejos, de aquellas conversaciones entre Truffaut y Hitchcock que eran un auténtico manual para entender el cine del director británico, o el cine en general. Pero permite conocer mejor cómo es la vida de un director de orquesta, cuáles sus responsabilidades, su forma de trabajar, las dinámicas del medio, y por qué una misma pieza interpretada por dos orquestas distintas y con distintos directores, puede realmente ser cosas distintas. Interesante. Aunque hay una cosa que recomendaría a quien tenga mucho tiempo y acceso a una enooooorme discoteca de música clásica. Yo no lo he hecho. Y eso es… escuchar la música de la que hablan mientras se leen las conversaciones.

[Libro] Ordesa – Manuel Vilas

Literatura

Empecé a oír hablar de este libro ya hace tiempo. Parece que se ha vendido muy bien, y que ha recibido muy buenas críticas. Pero cuando leía las sinopsis del libro… no conseguía sentir atracción hacia el tema que trataba. A cualquier aragonés, el título le resultará sugestivo, ya que el cañón de Ordesa es uno de esos lugares que queda en la memoria de todos nosotros y que todos nosotros visitamos al menos una vez en la vida. Muchos de nosotros, varias veces. Y al igual que el autor del libro, Manuel Vilas, tenemos algún recuerdo asociado a nuestra infancia y nuestra familia relacionado con el lugar. No me ha dado tiempo a escanear ninguna de las fotos que tengo de cuando yo tenía, por el peinado que llevaba, seis años, y visité por primera vez el parque y vi por primera vez sus cascadas.

Originario de Barbastro, el protagonista del libro se nos presenta residiendo en Zaragoza, así que os pongo algunas fotos recientes de esta, mi ciudad natal.

Hace un año aproximadamente, en una visita a Barbastro con la asociación de fotógrafos para visitar las exposiciones de BFoto, salió a colación el libro en la comida, que el autor era barbastrense y que estudió en Zaragoza al mismo tiempo que yo, es unos meses mayor que yo. Y yo traté con un cierto número de estudiantes de esa ciudad del Somontano aragonés. Con buenos recuerdos. Y no pocos estudiaban en la Facultad de Filosofía y Letras. Pero si coincidí en algún momento con él, no lo recuerdo. Sinceramente. No sé porqué será, me acuerdo más de las chicas. El caso es que empecé a sentir curiosidad, y cuando surgió una oferta para el libro electrónico lo cogí. Aun así, con mi caótico estado mental para lectura que arrastro este año, hasta que no disfruté de la tranquilidad de las vacaciones de finales de septiembre no lo leí. Bien es cierto que me costó leerlo más de lo que pensaba.

El libro tiene un tono biográfico, aunque entiendo que es ficción basada en la realidad, no me ha quedado claro del todo. El relator, en primera persona, va desgranando sus recuerdos y sus acontecimientos vitales, con especial atención a las relaciones con sus padres. Muchas de las peripecias vitales resuenan en mis recuerdos… porque con edades muy similares vivimos en el mismo país y al mismo tiempo. Aunque el entorno tuviera sus diferencias. Barbastro no es Zaragoza y viceversa. Sin embargo, tras un comienzo de la lectura muy animado, empecé a despegarme de lo que me estaba contando y de sus vivencias. Una cuestión es que resuenen las anécdotas y otra es que resuene el fondo. Y creo que, para bien, en mi caso, mis vivencias con mis padres, con mi familia fue más tranquila y con las expresiones de afecto más claras y definidas. Nunca tuve dudas de los sentimientos de mis padres hacia mí y de su orientación al bienestar de sus hijos. Y por lo tanto… mi vivencia es poco literaria. Sin tensiones vitales, difícilmente podría interesar a nadie. Sin embargo, como digo, también establece un separación, una barrera entre la biografía del protagonista del relato de Vilas, sea el mismo o un alter ego de ficción, que me desconectó. Y eso hizo que me costase terminar de leerlo.

Es el primer libro que le leo. Y no me disgusta nada cómo escribe. Pero si el tono del resto de sus obras es similar, no me veo buscándolas en el futuro. Es lo que digo siempre, poniendo un ejemplo sacado del cine,… Scorsese me parece un director maravilloso, pero la mayor parte de sus películas no me interesan. Pues algo parecido. ¿Lo recomendaría a un amigo? Mmmmmm… creo que es un libro generacional. A personas de una cierto intervalo de edades les interesará. Lleva a una nostalgia, a unos tiempos, que si no se han vivido, todavía me parece más difícil entrar en lo que nos cuenta. A la mayor parte de mis amigos no se lo recomendaría. A alguno, sí. Aun a riesgo de equivocarme en ambas situaciones.

[Libro] Los años de espera – Enchi Fumiko

Literatura

La segunda de las novelas de autora japonesa que leí durante mis vacaciones en Oporto fue una auténtica sorpresa. En el sentido positivo. El libro me lo prestaron. Creo que no es posible encontrarlo nuevo en estos momentos, ni está disponible en formato digital. Al menos de forma legal. Todo lo que he mirado por ahí son de segunda mano.

Recorrido fotográfico por Tokio, con fotos realizadas con la Ilford desechable con película HP5 Plus 400.

Se ha dicho de Enchi Fumiko [円地文子] (1905 – 1986) que es una de las escritoras más relevantes de la literatura japonesa. Tanto desde el punto de vista miope, de los que separan por un lado hombres y mujeres, como de los que ven la literatura en su conjunto. En ambos casos, sería una de las plumas más destacadas del país nipón. Procedía de una familia culta, que trabajaba en el mundo académico, lo cual le permitió, a pesar de los problemas de salud que le impedía acudir regularmente a clase, alcanzar un alto nivel de formación, especialmente en el ámbito de las letras. La novela que hoy nos ocupa, y que me ha impactado mucho, fue escrita entre 1949 y 1956, después de los duros años 40, en los que sufrió mucho durante la guerra y posguerra inmediata. Y en japonés tiene un título que me parece más sugerente y apropiado, después de lo que he leído; Onna zaka [女坂], la cuesta, pendiente o subida de las mujeres. Especialmente relevante en el último capítulo de la novela que, en la traducción al castellano, se titula La cuesta de las mujeres, supongo que el Onna zaka del título general del libro.

La novela transcurre en la era Meiji (1868 – 1912). En el primer capítulo, estamos en los primeros años del emperador Meiji, y en el último, hemos entrado en la primera década del siglo XX. La novela se puede considerar como tal, o también como una serie de relatos cortos, ordenados cronológicamente, en los que se nos van contando los eventos relevantes de una familia acomodada, de un antiguo samurai y alto funcionario del antiguo régimen del final del periodo Edo que, enriquecido, se retira de la vida pública cuando llega el nuevo régimen. El personaje central de la novela, no obstante, no es el patriarca, sino su esposa legal y principal. Esta, considerablemente más joven que su marido, sufre durante su vida las humillaciones de las aventuras y amoríos de este, que llegan al punto de tomar a varias de sus criadas como concubinas, o incluso mantener relaciones con otras mujeres de la familia. Se genera por lo tanto un peculiar universo en la familia en la que pocas de sus mujeres puede considerarse felices, ya que todas llevan a cabo su propia carga en el patriarcado tradicional de la familia japonesa.

Probablemente, cuando Enchi escribió esta novela nadie hablaba en Japón de feminismo. Ni en casi ninguna parte del mundo, ya que la palabra está en uso desde finales del siglo XIX, el concepto viene de antes, pero no se populariza hasta los años 60 del siglo XX. Pero es una novela que busca claramente denunciar la situación tradicional de las mujeres en la sociedad y en las familias del País del Sol Naciente. Enchi, con un estilo depurado y elegante, no deja de hablar de todos los temas, incluidos los más complejos. Como pueden ser las violaciones en el seno de la familia, el incesto, la degradación de la mujer sometida a concubinato, que no deja de ser una variante de la esclavitud sexual, si lo miramos bien, y otros elementos dentro de una familia respetada, y considerada respetable, en su entorno social. Al mismo tiempo que no deja de dignificar a las mujeres, representadas por esa esposa que, mil veces humilladas, es el soporte en la gestión de los bienes y el bienestar del resto de los miembros de la familia. Paralelamente, no deja de emitir críticas al papel alienante de otros elementos de la sociedad japonesa. Siendo especialmente crítica con la religión budista. Esa que tan buena prensa tiene en estos momentos en occidente y a la que, desde mi punto de vista, se le pueden achacar en Asia muchos de los problemas que las religiones cristianas han generado en eso que hemos dado en llamar Occidente.

La novela tiene momentos duros. Muy duros. Incluso si la forma en que Enchi cuenta los acontecimientos más ásperos permite mantener la elegancia en su prosa. La novela va poco a poco alzándose hasta llegar a su climax perfecto en el último capítulo. Donde Tomo, la sufrida esposa, deberá superar su ultima y difícil pendiente, metáfora perfecta de lo que ha sido su vida y la de muchas de las mujeres de la familia, y que en el título de las traducciones a las lenguas europeas se ha convertido en «años de espera». A mi, esta novela me ha impresionado. Me ha parecido de lo mejor que he leído. No digo ya en el año, o en los últimos años, sino en general. La recomendaría vivamente… pero no es fácil de encontrar. Tal vez si buscáis algún pirateo por ahí… No sé.

[Libro] Algo que brilla como el mar – Hiromi Kawakami

Literatura

Cuando estoy a punto de terminar el libro con el que estoy ahora, y viendo que tengo varios para comentar, se me han acumulado con las vacaciones, he decidido que esta semana, hasta que tenga nuevos contenidos en el ámbito de la fotografía o el cine, me vendrá bien hablar de uno de esos libros.

Esta novela de Hiromi Kawakami la leí durante mis vacaciones en Oporto. Este es mi cuarto libro de Kawakami. Reconozco que es una novelista que me gusta bastante, especialmente en la forma en que trata las relaciones humanas. El primer y el segundo libro que leí de Kawakami fueron novelas; el tercero, más bien un conjunto de relatos cortos con un protagonista en común. Como es frecuente en los novelistas orientales, más que una historia con la estructura clásica de la narración occidental, de presentación, nudo y desenlace, asistimos a un fragmento o fragmentos en la vida de los protagonistas de sus historias.

El mar, santuarios sintoistas, barcos que se escapan, las caóticas calles de una ciudad… todo en Japón. Como en la novela.

La novedad en este libro es que el protagonista es un adolescente. En los relatos de Los amores de Nishino ya había algunos en los que el personaje se encontraba en su adolescencia. Pero el punto de vista siempre era el de las chicas o las mujeres que con él trataban, o del que se enamoraban. Aquí el protagonista, cuyo punto de vista acompañamos, es Midori Edo(*), un chico adolescente de 17 años, en sus últimos cursos de instituto Vive con su madre, soltera, de unos 40 años, y su abuela. Pero su padre biológico no ha perdido contacto y se pasa de vez en cuando por la casa donde viven. Y tiene dos amigos, Hanada, un chaval que quiere vestirse de mujer por la calle, y Mizue, su novia. Quien le pide algo más, que no sabe lo que es y que no sabe cómo afrontar. Así, en este peculiar microcosmos, asistiremos a una transición, a una maduración del personaje, que llega a su climax con la excursión que hacen con Hanada durante las vacaciones de verano a una remota isla en los archipiélagos que rodean Nagasaki.

Volvemos a lo mismo que he comentado antes sobre los libros que antes he comentado de Kawakami. Es una maestra en desarrollar con sutileza los detalles más preciso e íntimos que pueblan y condicionan las relaciones humanas. Partimos de un adolescente en estado de perpetuo despiste, y a quien le cuesta entusiasmarse con nada. Bueno… con casi nada… porque Mizue le pone mucho. Aunque no la entienda. Pero es que todos los que le rodean, podrán parecer más o menos seguros o inseguros de sí mismos, pero lo cierto es que también acarrean su propio despiste vital. Es frecuente en la literatura japonesa contemporánea que venga reflejada la alienación de la persona en los entornos urbanos, megaurbanos a veces, donde encuentran difícilmente su lugar.

Me la leí en un periquete. Y sin embargo, se me quedaron muchos detalles. Muchos de ellos, emotivos. Porque acabas encariñándote, y mucho, de este pequeño microcosmos de familia y amigos en el que se mueve Midori. Muy recomendable.

(*)[Me desconciertan con frecuencia los nombres de pila japoneses; Midori puede ser nombre tanto de chico como de chica. De hecho, pensaba que era nombre sólo de chica. Pero no. También significa «verde» con el kanji 緑, que no siempre es el que aparece en el nombre. he averiguado que en el original de esta novela «Midori» se escribe con el kanji 翠, que también significaría «verde», pero sólo en nombres de persona. Creo.]