En los últimos años se ha venido convirtiendo en una costumbre el ver la dosis anual del cine del director surcoreano Hong Sang-soo. Si ya antes de la pandemia había entrada en contacto en varias ocasiones con la películas de este cineasta, muy querido por los ambientes festivaleros europeos, el repaso a buena parte de su filmografía durante los meses que estuve suscrito a Filmin durante la epidemia acabó por engancharme a estas pequeñas películas. Pequeñas en cuanto a duración, en cuanto a presupuesto, en cuanto a la sobriedad de medios y en cuanto a la amplitud de sus historias. Pero no tan pequeñas ni mucho menos en cuanto a reflexiones muy personales sobre la vida y las relaciones. No pocas veces con un tono surrealista e incluso ligeramente fantástico, en el que se desdibuja la realidad con lo imaginado o soñado.
Algunas vistas de Seúl para ilustrar la entrada de hoy.
La semana pasada asistimos a una de las proyecciones, todas en versión original, no ha sido doblada, de una de las últimas películas del director coreano. No es la última puesto que su ritmo de rodaje es alto, y a lo que llega a España una de sus películas ya ha estrenado o está a punto de estrena otra u otras en su país de origen. Y en esta ocasión acompañamos a una mujer de mediana edad (Lee Hye-yeong), que tras años de residir en Estados Unidos, ha vuelto a Corea del Sur, donde se aloja con su hermana y su sobrino, con quienes debate la idea de trasladarse definitivamente a su país natal. Con alguna experiencia como actriz antes de emigrar, va a reunirse con un director de cine (Kwon Hae-hyo) para discutir su posible vuelta a la interpretación. Aunque hay un hecho que no ha confesado a su familia que dificulta esa posibilidad.
El título de la película se traduce como frente a tu cara, de hecho su título en inglés es In front of your face, y en castellano la he visto titulada en algún sitio como Delante de tí. Y como de costumbre en este director, es un ejercicio de cine minimalista, que se apoya en tres personajes principales y unos cuantos diálogos, no muchos, entre ellos, y alguno secundario con algún otro personajes en los intervalos entre ellos. Diálogos que parte de lo banal, de lo cotidiano, de las cosas sobre cualquiera hablaría de forma habitual. Comprarse un apartamento, un parque agradable para caminar, un buen sitio para tomar un café contemplando un jardín, retomar un trabajo abandonado años antes, ganarse la vida con una tienda de licores… Pero todos estos diálogos esconden capas más profundas. ¿Por qué escapar de una posible vida de éxito hacia una más anodina en otro país? ¿Por qué siento que me abandonaste cuando te fuiste? ¿Dejaste cuentas pendientes y has venido a saldarlas? ¿Qué situación vital trascendente hace que des largas a todas las propuestas que te hacen? Y curiosamente, en medio del drama, no falta algún momento de ironía y humor.
Apoyada en unos diálogos sin desperdicio, en la sencilla pero eficaz puesta en escena del director, y en unos intérpretes no sólo eficaces sino brillantes en sus trabajos contenidos pero sentidos y transmisores de esas capas de significado, la película es una de las más redondas que le he visto al director en su sencillez. Y una de las más directas, en las que juega menos con el espectador y con los significados de lo que nos cuenta, y va al grano de lo que está mujer nos quiere contar. A mí me parece muy recomendable. Pero si, como digo muchas veces, lo tuyo es atiborrarte de palomitas y sodas azucaradas en la sala de cine mientras machotes vestidos de colorines, en medio de pirotecnias improbables, vociferan en la pantalla… pues a lo peor no.
Cuando hace algo más de tres años el Event Horizon Telescope EHT publicó la primera imagen de un agujero negro, un gigantesco, al menos en masa, objeto astronómico situado en el centro de la galaxia M87, tras una sesión de cine, tomando unos chismes en una cafetería, mantuvimos una conversación entre varios amigos y conocidos que devino en discusión. Uno de los presentes, poco dotado para las ciencias, no porque sea poco inteligente sino por su desinterés y actitud anticientífica, manifestaba indignado que las noticias eran falaces. Que aquello no era real, que era un invento, que eso que llamaban telescopio sabía de buena tinta que era antenas de radio y que aquella imagen no se podía ver.
Todos los intentos por explicarle la naturaleza de la luz, radiación electromágnética, indistinguible de las ondas de radio salvo por su longitud de onda… fueron total y absolutamente infructuosos. Una situación desalentadora en una reunión social de personas de un nivel sociocultural supuestamente alto.
Cuando el mismo telescopio reveló hace unos meses la primera imagen del agujero negro supermasivo que reside en el centro de nuestra galaxia… pues no debatimos el tema. Y menos con el individuo aquel, que después de los peores años de la pandemia ha dejado de relacionarse con nosotros. Sin que le echemos mucho en falta, he de decir. Pero ha resurgido el interés sobre la naturaleza de la luz y de lo que es una fotografía, una imagen escrita con luz, con motivo de las primeras imágenes obtenidas en color con el telescopio espacial James Webb. Un poco más cerca en el espectro radiomagnético de la luz visible, los instrumentos de este telescopio se manejan en la luz infrarroja. Que tampoco podemos ver. Aunque a veces la sentimos en nuestra piel, cuando nos transmite el calorcito que irradian otros cuerpos. Especialmente el sol, aunque no solamente. Y al fin y al cabo, ¿no soy yo mismo aficionado a obtener fotografías en el infrarrojo cercano. Como las que hoy traigo a estas páginas, realizadas este mismo fin de semana.
Más detalles sobre ellas en Mirando en el infrarrojo (1) – Digital con Fujifilm GFX 50R. En fin… en realidad, lo que me pesa en el alma, no es la naturaleza de la luz, sino la ignorancia de la especie humana, más por su negativa a aprender que por su capacidad para ello.
Ya comenté hace unos días nuestra visita a las exposiciones de Caixaforum Zaragoza. Pero de esa visita salí con un par de libros extra para mi biblioteca, en estos momentos demasiado desordenada y caótica. Quizá por eso los compré chiquitos. Y este es el problema de Caixaforum. No pago la entrada por tener una tarjeta de crédito emitida por la entidad bancaria que promueve el centro. Pero si paro en la tienda… acabo gastándome con creces lo que he ahorrado. Un peligro. Uno de los libros era de fotografía. Las fotografías acompañantes proceden de mi paseo mañanero de ayer sábado, aunque no son las fundamentales del mismo. Pero de esas, hablaré otro raro. Mañana o pasado.
Tengo algunos libros de historia de la fotografía. Todo aficionado a la fotografía, al nivel que quiera situar esta afición, como fotógrafo aficionado, como aficionado a la fotografía artística, como visitante de exposiciones y museos de fotografía, como amante de los reportajes fotográficos, como apasionado de la fotografía conceptual… cualquiera que sea el nivel o aspecto que queráis considerar, debe tener en su biblioteca algún libro de fotografía. Tengo varios que pueden entrar en esta categoría. Aunque el más específico, y más querido por mí hasta el momento, es la Historia de la fotografía de Marie-Loup Sougez (1930 – 2019), parisina que acabo instalándose y viviendo en España, en Madrid, hija del fotógrafo Emmanuel Sougez.
Aun escrita con rigor académico, la historia de la fotografía de Sougez, publicada en 1981, pero que fue revisada hasta 2011, adoptó un formato de libro de bolsillo y un tono de redacción ameno que lo hace apto no sólo para el estudiante del arte sino para cualquier persona que quiera leer más sobre el tema. Funciona tanto como libro de texto como libro de divulgación, lo cual es un notable mérito. Pero a pesar de sus revisiones, como les pasa a muchos libros de historia (de lo que sea) corre el riesgo de perder parte de su validez con el tiempo por un problema de perspectiva. Y es que han pasado 40 años desde que se concibió. Y los potenciales lectores de 40 años después han crecido y se han formado en estilos de vida y valores diferentes, que no han de ser despreciados a la hora de valorar lo que es importante o no tanto en un libro de historia. Por mucho que nos gustaría considerar la historia como una ciencia contrastable con los datos que cualquier puede recoger, la subjetividad y los valores del momento influyen a la hora de entenderla. Más de los que nos gusta pensar. Por eso, aunque considero el libro de Sougez plenamente válido y recomendable, creo que conviene complementarlo con otros libros contemporáneos, que introduzcan los cambios en la perspectiva que el paso de los años conlleva.
David Bate es un fotógrafo inglés, y también historiador y teórico de la fotografía. Y uno de sus libros de divulgación sobre fotografía, el que compré en Caixaforum, publicado originalmente en el reino unido en octubre de 2021, ha sido traducido y publicado de modo fiel al original en castellano por Blume en su colección Esenciales del Arte, que parece réplica de una colección similar de la editorial británica. Es ameno, riguroso, moderno, no tiene la voluntad de abarcar el conjunto de la historia del arte, pero sí los conceptos y periodos más representativos, así como algunos de los artistas más reconocidos. Que en ocasiones son los de siempre, o extraídos entre los de siempre, pero otras veces no. Lo cual pone de relieve lo que he comentado de la perspectiva de los tiempos, en mi opinión. Y especialmente se nota a la hora de abordar la fotografía contemporánea. Así que considero este librito una buena incorporación a la biblioteca.
Nuevamente una película de época ambientada en Inglaterra. Aunque… no es una producción inglesa,… o británica siquiera. Siendo una Netflix original, es una película estadounidense. Dirigida por Carrie Cracknell, que sí es británica, es una incursión en el cine de esta realizadora que procede del teatro, con éxito por lo que se puede leer. Y a priori es una película que tiene todas las pintas de buscar ocupar un nicho conveniente para la plataforma en línea y para la actriz protagonista, Dakota Johnson. La de las adaptaciones de las novelas de Jane Austen. ¿Qué actriz con aspiraciones no ha buscado protagonizar a una de las románticas heroínas de Austen para afianzar o lanzar su carrera? Creo que la última que recuerdo estaba preparada para terminar de lanza a Anya Taylor-Joy. Y no estaba mal, aunque lo que dio el espaldarazo a la actriz fue una estupendísima serie de televisión.
Dakota Johnson era famosa por ser hija de famosos, tanto por parte de papá como de mamá. Y de abuelita. Y de padrastro. Pero cuando consiguió un protagonista en el cine, lo hizo en un subproducto cinematográfico del género erótico, que procedía de un subproducto literario, todo ello de ínfima calidad real, por mucho que se hay revestido de… lo que sea que se haya revestido. Así que va buscando producciones que den más prestigio y en las que pueda demostrar que vale. Y supongo que de aquí viene la conveniencia de protagonizar a esta Anne Elliot de Austen, la joven cada vez menos joven que vive con los remordimientos de haberse sacudido de encima a un pretendiente guapo y galante (Cosmo Jarvis), pero pobretón, tras ser persuadida por los miembros de su familia. Una panda de snobs absolutamente estomagante. Y de repente el guapo pero pobre reaparece en su vida, guapo… pero rico. ¡Qué tremendo conflicto!
Buena parte de la acción en esta película transcurre en la muy «posh» y británica ciudad de Bath. Así que pondremos algunas fotos de esta bonita ciudad. Aunque mi visita a ella coincidiera con un día gris y poco vistoso.
Si hay películas que gustan más o menos, pero que luego crecen en la memoria, y al final las recuerdas como estupendas, esta película de Netflix… es todo lo contrario. Aunque cuando termina estás ya convencido de su mediocridad, la asumes como normalita y aceptable. Hasta que con el tiempo, la memoria de la misma te va convenciendo de una realidad incontestable. Es peor que mediocre. Es una película que nunca se debió haber filmado. Con interpretaciones mediocres, todo el mundo está de acuerdo en que la película transforma el carácter principal en otro personaje totalmente distinto, una cínica alcohólica que bebe tintorro a morro directamente de la botella… y que ni siquiera funciona como parodia de las novelas de Austen. Llena de incongruencias respecto al lugar y el tiempo en el que se sitúa la acción, parece más influida por los Bridgerton que por las reales novelas de la célebre escritora británica. Y encima… las constantes rupturas de la cuarta pared, en las que la protagonista se dirige a un público que supone idiota para explicarle lo que pasa. Y no vamos ya a hablar de qué narices habrán podido ver los dos protagonistas el uno en el otro para explicar ese amor incomprensible y que perdura tanto en el tiempo, cuando ambos son de lo más enojoso, cada uno a su manera.
En resumen… no la vean. De verdad. Que no merece la pena. Si les gusta el universo de Jane Austen, se van a cabrear. Si les da igual, la película no les va a decir nada. Y no lo conocen… seguirán sin conocerlo y sin entenderlo. Una oportunidad desperdiciada. Una película que no debería existir. Y luego los responsables de Netflix se preguntarán porqué la gente se da de baja de su plataforma. ¿No han pensado que su abundante oferta cada vez vale menos lo que se paga por ella?
Si entro a controlar mis ajustes de la cuenta de Netflix, me dice que estoy suscrito desde marzo de 2016. A lo tonto modorro, han pasado ya más de seis años. Creo que ya lo he comentado, o lo he dejado caer, en alguna ocasión, pero algunos de las motivaciones para suscribirme a esa cadena no existen. Sus series de producción propia y muy numerosas no tienen ya la misma presunción de calidad que hace unos años. En algunos momentos el ritmo de novedades ha sido tan elevado que muchas han pasado desapercibidas. Y las más publicitadas parecen dirigidas a un público que no soy yo. Según cómo evolucionen sus amenazas de cambios en los sistemas de tarifas, en estos momentos parece que les empiezan a fallar las cuentas y está perdiendo suscriptores… pues seré uno de los suscriptores que se pierda. De hecho… en la entrada de hoy… no hay series de Netflix.
Con dos de las series de hoy de ambiente británico, recupero algunas fotos realizadas con la vieja Zeiss Ikon Ikonta en 2012 sobre unos rollos de Ilford HP5 Plus.
Y es que, habiendo notado la calidad que suelen presentar las series de Apples TV+, he empezado a recuperar algunas de las ya emitidas. Una suscripción mucho más barata para mí que la de Netflix, con mucha menos oferta, pero de más calidad, y probablemente suficiente para mí, junto con algún otro suplemento. Una de las series recuperadas es Suspicion, que probablemente es la más floja de las series que he visto de esta cadena. El secuestro del hijo de una empresaria americana de gran influencia, que aspira a ser embajadora de los EE.UU. en Londres, amenaza con destapar escándalos económicos y políticos, mientras que cuatro ciudadanos británicos son puestos en el punto de mira de la policía británica y del FBI como sospechosos, y verán como sus vidas son puestas patas arriba por su relación directa o indirecta con el secuestrado en tiempos pasados. Tiene momentos en los que no está mal,… está bien interpretada,… pero al final tiene mucha menos miga de la que parecía.
En otra liga parece jugar Shining girls, un drama criminal con asesino en serie, y un componente fantástico por ser este asesino en serie un viajero en el tiempo. También en Apple TV+. Con la siempre interesante Elisabeth Moss como protagonista, una mujer que sobrevivió al brutal ataque del asesino, y Jamie Bell como el perturbado tal asesino, y con Chicago como escenario, no sólo debemos contar con el misterio a resolver, sino también con las consecuencias de las perturbaciones en el tiempo, pasado y futuro, causadas por las incursiones del asesino en el tiempo. Las paradojas de los viajes temporales no siempre están bien resueltas, siendo la más notable las de la persistencia en la memoria de algunos personajes de su «pasado» en otra realidad, pero la serie va subiendo de nivel conforme avanza en los episodios, siendo los últimos de gran intensidad y muy interesantes. Y todo ello, con un reparto en estado de gracia, como era previsible. Es curioso que el asunto del viaje en el tiempo haya estado tan presente en el mundo de las series, ya que hay que añadir este drama criminal a cierta comedia con tonos ácidos, y un drama romántico, ambos recientes. Y muy visibles.
Las dos series anteriores, con sus más y sus menos, me han interesado bastante más que casi cualquier cosa que estrena Netflix últimamente. Y por fin, he visto los seis episodios de la segunda temporada de All creatures great and small. El caso es que poco hay que comentar de esta serie. Es una producción amable, buenista, buenrollista, con conflictos que se resuelven con razonable placidez, en esa campiña de Yorkshire donde, aparentemente, todo el mundo es bueno, y se preocupa mucho por sus vacas. Es un entretenimiento amable, bien realizado, pero sin mayor trascendencia.
Los años setenta del siglo XX son una década muy discutida en cuanto a las tendencias culturales, artísticas y estéticas. Siendo la década en la que podemos situar el arranque de la posmodernidad… me resulta difícil encontrarla simpática. Y con una España a caballo entre una dictadura trasnochada, pero tristemente activa y dura, y los principios de una democracia, deseada por una población que, como hemos podido comprobar después, no tenía nada clara en que consistía comportarse democráticamente… es difícil de valorar. También es un momento en el que la estética posmodernista irrumpe con resultados… no siempre acertados desde mi punto de vista. Y entra en escena la iglesia de Santa Mónica en el barrio de la Romareda… en aquel entonces todavía en desarrollo.
Por la peculiar «cúpula» que domina su tejado, la broma más habitual es que la gente la llame el OVNI, la iglesia de los alienígenas, marcianos o extraterrestres u otros conceptos similares. En un momento en el que la dictadura está en pleno vigor, la iglesia católica, uno de los pilares del fascismo español, recibe terrenos y prebendas con facilidad, y se puede permitir el lujo de construcciones a lo grande. Especialmente en un barrio nuevo que va a ser habitado por personas con un más que decente poder adquisitivo, y en el que menudean otros colectivos con prebendas en el régimen; viviendas para militares, policías y similares. Así que si hay que hacer una iglesia nueva, que sea a lo grande. Arquitectura brutalista que es lo propio de estos regímenes y sus apoyos, pero con el tono de «modernidad» que pretendía atribuirse la iglesia católica. Modernidad en las formas, no en el fondo como el tiempo se ha encargado de rubricar.
Un edificio que divide, como tantas cosas a los zaragozanos, como «buenos españoles» que son. Entre los que la admiran y los que la aborrecen. El brutalismo nunca ha sido una corriente arquitectónica y estética de mi gusto. Así que ya os podéis imaginar… En fin. La foto procede de un rollo de película cuya peripecia técnica podéis encontrar en Lo cotidiano del mes de junio – Nikon Nikomat FTn con Kodak Pro Image 100. Y del que os dejo alguna que otra muestra.
Nuevamente quedamos para ir al cine con una cartelera de verano que presenta pocos atractivos y, como en otras ocasiones, alguna bien reciente, nos decidimos por una película británica de época. Los británicos tienen buenos intérpretes y oficio para estas producciones, así que suelen ser una apuesta más o menos segura, aunque no siempre memorable. Dirigida por Terence Davies, muy especializado en películas de época, se trata de una película biográfica que, a priori, presentaba buenas oportunidades.
La persona histórica biografiada es el poeta inglés Siegfried Sassoon, interpretado en su juventud por Jack Lowden y en su últimos años de vida por Peter Capaldi, al que seguimos desde que es ingresado en un sanatorio psiquiátrico por negarse a volver al frente. Previamente considerado un oficial valeroso, casi temerario, en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial, afectado por la guerra se revolvió contra ella y escribió contra quienes la mantenían en lugar de buscar la paz con el diálogo. Las autoridades, por sus antecedentes, en lugar de juzgarlo decidieron atribuir esto a causas médicas y lo enviaron a un psiquiátrico en Escocia. Y es aquí donde comienza la película que seguirá al poeta durante unos quince o dieciséis años, principalmente en sus relaciones con diversos hombres, hasta su sorprendente matrimonio con una mujer bastante más joven. Intercalada con la biografía de esta parte de su vida, conoceremos a un Sassoon anciano, melancólico, convertido al catolicismo, su origen era una adinerada familia judía con la que no mantuvo relación al parecer, con una relación difícil con su hijo George, a quien quiso mucho.
Aprovecho unas fotos de Londres que seleccioné hace poco para mi Instagram viajero, y las uso para ilustrar esta tan británica entrada cinematográfica.
Como de costumbre en estas producciones, están hechas con oficio, tanto en la realización como en la interpretación. Como decía antes, en esto son una apuesta segura. Pero en esta ocasión, para mí, insuficiente. Aunque no se puede «suspender» a la película, no acabó de engancharnos el personaje. La película falla a la hora de centrarse, explorar y profundizar en cualquiera de los conflictos que plantea; el antibelicismo, sus relaciones románticas o sexuales con los hombres, algunas muy tormentosas, la relación con su mujer, o los motivos de su conversión al catolicismo, una religión que rechaza, y más en su momento, a los homosexuales declarados. Todo esto es presentado, mostrado… pero no debatido. No sabemos cuál es la tesis del autor sobre la vida de Sassoon. Y salimos del cine con la sensación de haber ingerido una cena muy bien presentada, pero sin un sabor definido que nos haga recordarla. En fin… cada cual verá si le interesa.
Esta entrada también podría haber ido en forma de Fotocomentario. Al fin y al cabo, las fotografías asociadas también son objeto de un análisis desde el punto de vista de la técnica/tecnología fotográfica en ISO invarianza del sensor de la Fujifilm GFX 50R – Exposición en CaixaForum Zaragoza. Pero nos centraremos en el arte y la cultura en esta ocasión.
La exposición que con el título La imagen humana: arte, identidades y simbolismo se exhibe actualmente en CaixaForum Zaragoza es una de las que me ha gustado últimamente de las que ha programado este centro cultural promovido por cierta entidad bancaria. Como dice su página web, es un recorrido en el tiempo y en las distintas culturas de todo el mundo, no está centrada como otras en Europa y sus derivados, sobre la representación del cuerpo humano y de sus significados. Escultura, pintura, fotografía, numismática, joyería, grabados,… cualquier medio es válido para obras que abarcan desde los 7000 u 8000 años antes de la era común hasta los tiempos contemporáneos. Y todo ello bastante bien contado. Muy recomendable.
Desde hace ya varias semanas, comenzó a principios de junio, se viene celebrando el festival de fotografía anual PhotoEspaña en su edición correspondiente al año 2022. Creo que celebran ya 25 años desde la primera,… ¿siendo esta la edición 25? Alguien no sabe contar, porque si la primera edición es la de 1998, y es la 25ª edición, han pasado 24 años desde la primera. A lo mejor cuentan desde que empezaron a preparar la primera edición… claro. No sé. Siempre me lían con esto de los aniversarios. Como de costumbre, la mayor parte de las sedes, principales y secundarias, de las actividades del festival están en Madrid. Pero hay sedes oficiales en otras ciudades. Incluida Zaragoza. En la que hay disponibles tres exposiciones desde finales de junio. Este año no hay ninguna en la Lonja.
He acudido a Madrid a ver exposiciones en muchas ocasiones. Pero este año no va a ser así. El hecho de que sea en verano, con el calor que suele hacer… y más si te pilla una ola de calor como la de estos días… desmotiva a cualquiera. Y además, si quieres que te cunda tienes que tirar de AVE, para perder el menor tiempo posible en el desplazamiento si vas en el día. Y sale caro. Cada vez más. Y últimamente priorizo el gasto en otras cosas con más impacto personal. Con una Renfe más razonable y con un festival en primavera u otoño, seguro que me animaba.
Como he dicho tres exposiciones en Zaragoza. Una no la he podido ver. Está en la sede de una compañía de seguros en el Actur, que pilla ha desmano de mi casa y del centro. Aun así, me acerqué un sábado por la mañana, aprovechando mis caminatas de hacer kilómetros de esos días de la semana, en un horario en el que según la programación oficial la exposición estaría abierta… pero el edificio estaba cerrado. Y el vigilante del lugar al que le hice unas señas para preguntarle me ignoró supinamente. Pero sí que tengo cerca de casa, en la sala de exposiciones que ha abierto el Ayuntamiento de Zaragoza en los Antiguos depósito de agua del Parque Pignatelli, un interesante exposición de fotografía subacuática de Isabel Muñoz, veterana fotógrafa, que siempre me ha gustado mucho. Las plásticas fotografías y vídeos de la fotógrafa realizadas en el Oceanográfico de Valencia con unos apneistas japoneses, representan nuestra relación con el agua, pero los velos que los envuelven también nos hablan del maltrato a esas aguas oceánicas con la abundancia de plásticos nocivos en las mismas. Me ha gustado. Incluye obras de dos series, Agua (2017) y Somos agua (2021).
También me gustó bastante, y más cuanto más la pienso y repaso, la exposición de Marta Soul en el Centro de Historias de Zaragoza, un centro cultural muy vinculado desde hace años a PhotoEspaña. Con el título Tras las huellas de Corín, recupera y reinterpreta fotografías, viñetas, de las fotonovelas con textos de la escritora Corín Tellado. Un género que parece desaparecido, pero que en mi infancia y adolescencia pululaba entre las manos de las jóvenes, y menos jóvenes, con historias románticas tremendamente melodramáticas. También hay obra de fotografía escenificada en la que la autora reflexiona sobre los roles que marcaban a las mujeres aquellas obras, que vistas hoy en día, y probablemente en aquel entonces también, tengo la sensación de que nos parecerían retrógradas y patriarcales. No sé. Como curiosidad… Corín Tellado es la escritora en lengua española más leída en la historia después de Cervantes. Por lo menos en 1962. Vete tú a saber, igual con el tiempo superó al manco de Lepanto. Y así va la cultura de los españoles…
Finalmente, fuera de la programación de PhotoEspaña, desde hace unos días podemos visitar en el IAACC Pablo Serrano la exposición Terrenos baldío – comunicado urgente contra el despilfarro de Almalé y Bondía. Si Isabel Muñoz nos hablaba en su exposición de las agresiones al medio acuático por parte del ser humano, este dúo de fotógrafos nacidos en Zaragoza nos hablan de las agresiones al paisaje terrestre. Quien haya leído con cierta frecuencia mis recomendaciones fotográficas, habrá podido comprobar que hay un tema frecuente, el de los fotógrafos de la New Topographics, el paisaje alterado por el ser humano. Y de hecho, muchas de mis fotografías tienen que ver con el paisaje urbano, suburbano, y especialmente de esa zona periférica de las ciudades donde las estas dejan de ser una zona urbana para pasar a ser eso que llamamos el campo. Y que siempre está tremendamente alterado, y en constante transformación, por la acción antrópica. En este sentido, la pareja de fotógrafos miran a las cicatrices en el paisaje, mal gestionado y despreciado, y a los residuos, basura, que se acumula en los paisajes pretendidamente naturales. Creo que viene bien visitarla. Por muchos motivos. La exposición contiene elementos de diversos proyectos del dúo.
Algunos me han preguntado cómo he visto algunas series coreanas que no aparecen en la oferta de Netflix España. Si las he pirateado, si he utilizado VPN… u otros métodos… bueno, hay diversos métodos de acceder a series sin romper con la legalidad o usando las zonas grises. Pero hoy comentaré una forma muy sencilla, perfectamente legal, que al menos vale para Netflix. Si vais a vuestras preferencias y en las de vuestro perfil seleccionáis como lenguaje el inglés, de repente veréis una oferta mucho mayor de series y películas. Eso sí, en su mayoría, de países asiáticos y poco habituales. ¿Por qué no aparecían antes? Pues parece ser que si seleccionáis el idioma español, desaparecen de la oferta todas aquellas series no dobladas al castellano o que no disponen de subtítulos en castellano. Obviamente, si este tonto detalle os da igual, os ponéis como idioma principal el inglés… y siendo una plataforma americana cómo no va a estar subtitulada al menos en inglés. Ya está. Eso sí, los títulos de películas y series serán distintos en no pocas ocasiones a los que aparecen en la versión española. Quedáis avisados.
Para ilustrar la entrada de hoy, un viaje a Busán, al templo Beomeosa [범어사], de Beom [梵], eo [魚] y sa [寺], el «templo del pez nirvana», sea lo que sea lo que signifique tal cosa, muy budista, claro.
Y de repente, a finales de junio, llegó a Netflix Jongi-ui jip: Gongdonggyeongjeguyeok [종이의 집: 공동경제구역], en inglés Money Heist: Korea: Joint Economic Area, que no es otra cosa que la versión surcoreana de la serie española La casa de papel. Serie que no terminé de ver, porque me cabreó en varios aspectos, principalmente por su populismo barato, digno más de los argumentos neofascistas que de otros antisistemas más solidarios, aunque puedan andar también despistados. No olvidemos que al final del primer gran arco argumental, el asalto a la Casa de la Moneda, glorificaba la figura de uno de los asaltantes, que hasta ese momento se había comportado como un asesino y violador bastante asqueroso. No contentos con eso, se habla de dedicarle una serie al personaje. El caso es que abandoné la serie al comienzo del segundo arco argumental, el asalto al Banco de España. Me asqueaba un poquito. Lo cual no quita que no tuviera curiosidad para ver cómo afrontaban la tarea los surcoreanos, capaces de lo mejor y de lo peor.
Lo que hemos podido ver es una primera temporada de sólo seis episodios de una hora de duración. Así que cayó en un fin de semana. Y tras verlo tuve la curiosidad de leer críticas diversas a esta primera tanda. Con una curiosa tendencia. La mayor parte de los medios españoles la trataban más bien mal, mientras que la mayor parte de los medios no españoles, especialmente americanos e ingleses, la trataban bastante bien. Volviendo a lo del párrafo anterior, apreciaban que no cayesen en la tentación de esa contradicción de presentar a los asaltantes como robinhoods, cuando todos tenían pasados y presentes bastante discutibles como criinales. Los personajes de la versión coreana son muy similares, pero tienen un pasado complejo, violento en muchas ocasiones, pero desde el punto de vista moral, más adecuado a su perfil de robinhoods. La serie está enmarcada en una ucronía alternativa en la que se está avanzando hacia la reunificación de Corea, con una zona económica conjunta, una cierta libertad de circulación de los ciudadanos y una ceca en esa zona conjunta, que es lo que es asaltado por los criminales de rojo, que en esta ocasión no llevan la máscara de Dalí, sino una hahoetal [하회탈, máscara hahoe], procedente del folclore coreano. Creo que la serie es entretenida y está bien hecha. A la par que la española. Pero evita algunos de los temas que generaron mi rechazo en la española, y además algunos de los personajes, especialmente Tokio y la que será Estocolmo me parecen más interesantes que en la española. No me importará seguir viendo su evolución… aunque en general… probablemente sea una serie prescindible. De todos modos no ha tenido una excesiva buena acogida entre el público. Probablemente cerrarán la peripecia actual, pero no creo que tenga más arcos argumentales.
Ya que estamos en Corea del Sur, Urideurui Beulluseu [우리들의 블루스], literalmente Our Blues, Nuestro horizonte azul en España, es una historia de vidas cruzadas en el entorno de una pequeña ciudad pesquera en la isla de Jeju. Drama costumbrista en la que los protagonistas de unos episodios son los secundarios de otros, y que trata temas de interés social como el embarazo adolescente, la negativa visión de la discapacidad cognitiva, las diferencias sociales, las sufridas vidas de mujeres que tienen que trabajar sumergidas en el mar hasta edades avanzadas, la maternidad y la enfermedad mental (depresión)… y otras. Con abundantes dosis de buenismo, en ocasiones abusa de situaciones excesivamente melodramáticas, lo cual desmerece una serie larga, 20 episodios de más de una hora de duración, que sin embargo tiene un buen reparto, con caras que serán familiares entre los aficionados a las series del país asiático. No me atrevo a recomendarla, pero si alguien le entra curiosidad, tampoco es una pérdida de tiempo. Está muy bien valorada en IMDb.
Y la que me ha resultado decepcionante, porque empieza bastante bien pero un un momento dado se pierde en un drama excesivo que no es acorde al planteamiento inicial, es Gyeolhonbaekseo [결혼백서, el libro blanco del matrimonio], en inglés Welcome to the wedding hell, No hay boda sin caos en España. Se ve también en un fin de semana, porque son 12 episodios de solo media hora. Y es muy previsible. Una pareja de 36 años él, 32 años ella, ya suficientemente adultos, deciden casarse, muy enamorados y convencidos, pero se introducen en un caos de elecciones y malentendidos, especialmente con las madres de ambos novios, que ponen en riesgo la relación. Como digo… extraordinariamente previsible, pero que funciona muy bien mientras la mantienen en el terreno de la comedia romántica. Pero que flojea mucho, incluidas las interpretaciones, en el tramo de la serie en el que se ponen más serios y dramáticos. Las dos «suegras» están muy desaprovechadas, especialmente como contrapuntos cómicos. Al igual que las compañera de trabajo de ella. Me cuesta recomendarla, no obstante. Y ha recibido mucho palos, con cierta lógica, entre la opinión de la crítica y el público.
En los primeros meses del año llegaron series muy interesantes, divertidas y bien hechas a Netflix, pero en estos momentos han flojeado. Parece que llegan algunas nuevas… ya veremos que tal.
Sinceramente, espero que, con la mayor velocidad que sea posible, dentro de unos años las áreas de servicio basadas en el repostaje de gasolina y otros combustibles fósiles derivados del petróleo sean historia. Quizá sustituidas por otro tipo de instalaciones. Pero nunca más gasolineras. El daño que hace la quema de combustibles fósiles al medio ambiente es enorme. Y sin embargo, los intereses económicos en juego han bloqueado durante décadas la investigación y el desarrollo de alternativas, que ahora se ven como urgentes por la crisis climática en la que nos vemos inmersos.
Y sin embargo, en el arte fotográfico, podríamos considerar las estaciones de servicio como un símbolo y pistoletazo de salida de la postmodernidad. «Hay que fotografiar gasolineras», afirma quien esto escribe con un punto de ironía y retranca.
Una de las tendencias que más me han gustado en fotografía desde hace un tiempo es la derivada de una exposición colectiva muy influyente, New Topographics, en la que los autores se centraban en el concepto de paisaje alterado por el hombre. Hoy, menos patriarcales, hablaríamos de alterado por el ser humano en general. Y entre ellos, Stephen Shore, práctico y teórico de la fotografía, que impulsó la fotografía de las escenas y objetos aparentemente banales, así como el uso del color en la fotografía artística. Una de sus fotografías más conocidas y reconocidas es la de una estación de servicio Chevron en el cruce entre Beverly Boulevar y La Brea Avenue en Los Ángeles, California. Y tan influyente es… que en estos momentos es difícil encontrar a jóvenes fotógrafos entusiastas de la fotografía con película fotográfica tradicional que no se dediquen a fotografiar gasolineras de vez en cuando… o con frecuencia. El tema es tan así que da lugar a todo tipo de chistes e ironías. Y yo, de vez en cuando, fotografío también alguna gasolinera. Incluso tengo algunas cerca de casa que tengo fichadas como especialmente fotogénicas.
Antes de ayer, en un acto más político que otra cosa, un capitoste de la NASA acompañad por el presidente y la vicepresidenta de los Estados Unidos presentaba la primera fotografía/imagen realizada por el telescopio espacial James Webb. Recordemos para empezar que el esfuerzo de poner a disposición de la comunidad científica mundial un conjunto de instrumentos de la envergadura de los que alberga el James Web, es un esfuerzo conjunto de NASA, ESA y ASC-CSA, es decir, las agencias espaciales de Estados Unidos, Europa y Canadá. Y ya indico que, todas las imágenes procedentes del James Webb que voy a presentar aquí pertenecen a estas agencias, aunque son de libre uso para fines educativos, científicos y divulgativos.
Las imágenes proceden de la página ESA – Science & Exploration, de donde pueden descargarse en formato TIF o PNG de alta resolución, a partir de los cuales he generado unos modestos JPEG que no les hacen justicia, pero que hacen manejable la carga de esta página. Y la primera imagen mostrada fue…
Esta es una fotografía del espacio profundo en la que, ignorando las estrellas de nuestra propia galaxia que tienen los característicos picos de difracción (seis principales y otros más pequeños), en «primer plano» se ve un cúmulo de galaxias situado a una distancia de 4,6 miles de millones de años luz. Es decir, esa luz comenzó su viaje hacia nosotros cuando el Sol y la Tierra estaban naciendo o eran recién nacidos. Aproximadamente. Tienen tonos blancos o amarillentos. Y luego hay otras anaranjadas o rojizas, muchas de ellas distorsionadas con forma de arco, alrededor del cúmulo de galaxias mencionado, que hace un efecto de lente gravitacional, y que están más lejos. O deberíamos decir que son mucho más antiguas. Se habla de hace 13 miles de millones de años, cuando el universo era un «recién nacido» de «sólo» unos cientos millones de años. Se ha publicado también esta imagen comparándola con una similar de telescopio espacial Hubble. Atención… cuando en un texto en inglés hablan de «billions of years», la traducción correcta es «miles de millones de años». En español, y en la mayor parte de Europa, un billón de años son un millón de millones de años.
A la izquierda la imagen del Hubble, a la derecha la imagen del James Webb, podemos apreciar dos cosas. La cantidad de información del James Web es mucho mayor, se ven muchos más objetos. La calidad de información del James Web es mucho mayor. La resolución de la imagen es mucho mayor, con mucho más detalle fino. La imagen del Hubble precisó semanas de exposición y luz acumulada, la del James Webb, doce horas y media.
Pero ya se han ofrecido otras fotografías de objetos más vistosos, más espectaculares visualmente, aunque quizá no tan trascendentes como la anterior. Como esta bonita nebulosa planetaria, registrándola con distintas longitudes de onda dentro del espectro del infrarrojo.
Ya habíamos visto previamente fotografías tomadas por el James Webb, todas con tonos rojizos. Pero estas son las primeras que se anuncias «a todo color». Bien. Pero… ¿porque en las dos fotografías de la nebulosa planetaria los colores son distintos? Salvo por el fondo negro… da la impresión de que una es el negativo/positivo de la otra, con los colores invertidos. Y lo cierto es que los instrumentos del Hubble trabajan en el espectro del infrarrojo, como creo que ya he mencionado en alguna ocasión antes. Pero nuestros ojos no tienen sensores para las longitudes de onda del espectro, más largas que el rojo profundo que es nuestro límite por ese lado del espectro. Por lo tanto, para presentar imágenes visibles, lo que hacen estos instrumentos y el software asociado es asignar las distintas bandas de longitud de onda del infrarrojo a distintos colores visibles. Y así obtenemos una imagen visible «a todo color».
Pero esta nebulosa de emisión está aquí al lado. En el vecindario inmediato de nuestro sol, a una distancia estimada de entre 6500 y 10000 años luz, un lugar donde abundan estrellas jóvenes que irradian rabiosamente gran cantidad de radiación ultravioleta que ilumina todo ese polvo interestelar que es a materia prima de la que se forman las nuevas estrellas, y que al mismo tiempo procede de otras que murieron.
El interés de que el James Webb mira al infrarrojo en lugar de al espectro visible u otras regiones del espectro de radiación electromagnética es diverso. Por ejemplo, para poder «ver a través» de esas nubes de polvo que bloquean la luz visible pero dejan pasar la radiación infrarroja. O las lejanísimas galaxias que hemos comentado antes. Su luz ha viajado durante tanto tiempo, y a través de un espacio en expansión, que la longitud de onda inicial se ha ido desplazando hacia el rojo, y en la actualidad nos llega como radiación infrarroja, por lo que apenas las podíamos haber visto hasta ahora.
Pero no el James Webb no sólo lleva instrumentos para «ver» el universo. También lleva instrumentos para analizar de qué esta hecho. Como los espectroscopios que nos desentrañan la composición de las atmósferas de los exoplanetas, que en abundancia hemos ido descubriendo en estas últimas décadas.
Analizando la descomposición de la luz que atraviesa la atmósfera de un lejano planeta gigante, situado a 1150 años-luz de la Tierra, y que por lo que nos cuenta la espectroscopia del James Web, tiene agua en abundancia como para que haya nubes y brumas en la atmósfera de este planeta. Pensemos por un momento que Júpiter, que está a menos de una hora luz de distancia de la Tierra, se ve en el cielo como un punto brillante. Ahora… calculad el tamaño relativo de algo situado 10 000 000 de veces más lejos… y que tiene la mitad de su masa.
Finalmente, también nos han mostrado una imagen del enorme cataclismo cósmico que se está produciendo en un vistoso cúmulo galáctico.
Este vistoso quinteto de galaxias solo lo es aparentemente. Una de las galaxias, la situada en el centro más a la izquierda, esta mucho más cerca de nosotros, unos 39 millones de años-luz, que las otras cuatro situadas a una distancia entre 210 y 340 millones de años luz. Si alguien sólo ve cuatro mazacotes de luz, que piense que el mazacote central tiene dos núcleos luminosos próximos, son dos galaxias que han colisionado recientemente. Y así, tenemos las cinco galaxias del quinteto. En el cuadro se ven muchas mas, de tamaños aparentes mucho más reducidos, mucho más lejanas. No relacionadas ni visual ni gravitatoriamente. El James Webb nos permite, con su visión infrarroja apreciar las consecuencias de esa colisión, que modifica su forma y genera una explosión de neoformación estelar.
En fin… como podéis ver… nos esperan maravillas de este instrumento. Que no obstante tendrá mucho detractores por el gran coste que ha supuesto ponerlo en marcha y se argumentará que con las necesidades que hay en el mundo, es un gasto excesivo. Argumento típico de ignorantes. Lamentablemente, muchos de ellos, políticos ignorantes, demagogos y populistas. Lo que hace el James Webb es investigación básica para el conocimiento del universo y la realidad. Sin investigación básica, no puede llegar la investigación aplicada, mejor comprendida por la gente y más fácil de justificar. Imposible. Niente. Pese a todo, cada vez que llega una crisis, muchos gobiernos, especialmente en España, hacen lo contrario de lo que deberían hacer. Recortan gastos en investigación. Cuando lo que habría que hacer es aumentarlo para que en el futuro las crisis, que siempre habrá, nos pillen más preparados. Pero donde la incultura prevalece… poco hay que hacer.
Hoy, la mayor parte de las fotos son de las agencias espaciales mencionadas. Pero no dejaré de poner alguno de mis pinitos astrofotográficos en el encabezado y sobre estas líneas.