[Fotos y naturaleza] (Mal) preparando para la exposición anual de socios de Asafona

Fotografía, naturaleza

Desde hace unos años, participo en la exposición anual de los socios de Asafona (Asociación aragonesa de fotógrafos de naturaleza), que se suele celebrar todos los años en el mes de septiembre. Una exposición a la que los socios remitimos una fotografía, de tema libre, dentro de la fotografía de naturaleza, claro, y que se podrá ver en la sede de la asociación en los locales de la Agrupación artística aragonesa. Este año además es el 20º aniversario de la asociación, y además de las tradicionales jornadas con ponente diversos e interesantes, habrá una comida de celebración. Parece que este año las jornadas no coincidirán con mi segunda tanda de vacaciones, y podré participar en todo. Y cuando volví de viaje a principios de junio comencé el proceso de selección de la que podía ser mi fotografía para la exposición. Pero mi mala cabeza, junto con lo liado que he estado en junio, hizo que se me pasara la fecha y remitiera una foto, escogida con precipitación, tres días más tarde. Los pacientes y bondadosos organizadores la han aceptado y estará presente en la exposición.

Naturaleza en la ciudad o en el entorno periurbano.

Pero os voy a mostrar lo que he considerado este año, por temas y localizaciones. La foto remitida para la exposición,… tendréis que ir a visitarla para saber cuál es, pero es una de las que aquí muestro.

La mayor parte de las fotografías proceden de mis viajes. Pero alguna he considerado realizada en el entorno urbano o periurbano. Cierto es que generalmente mis paisajes urbanos se centran en la presencia del ser humano. Pero siempre hay algo de naturaleza presente, como las fotografías anteriores. El periodo que he incluido, desde julio del año pasado, después de remitir la foto para la exposición del año pasado, empezó con un viaje a Suiza y varias jornadas alpinas. Así que los paisajes de montaña han sido un fuerte posibilidad. Claro está. Tanto fotografía digital como con película tradicional.

Paisajes y flora alpina; el color, digital, el blanco y negro, con película tradicional.

En estos momentos, no es fácil encontrar paisajes puros, desprovistos de la presencia humana. Evidentemente, y la mayor parte de los fotógrafos, creo, lo hacen, podemos apuntar nuestras cámaras evitando esa presencia. Buscando el paisaje más puro posible. Sin embargo, si queremos ser testigos veraces de la realidad, tendríamos que incluir, integrar en nuestras fotografías, esa presencia humana. Son raros los rincones del mundo, y no digamos en Europa, en el que el paisaje no está alterado por la presencia del ser humano. Para bien o para mal.

Paisajes alpinos con figura.

Participo en las excursiones de la asociación con mucha menos frecuencia de la que me gustaría. Pero este año fui, y muy a gusto, lo pasé muy bien, a la excursión a Aínsa y al Geoparque mundial Unesco Sobrarbe-Pirineos. La posibilidad de remitir a la exposición las margas del Pueyo de Araguás fue una solidad posibilidad. También, tanto en versión digital como en película tradicional.

Texturas y patrones estratificados en las margas del Sobrarbe, en el Pueyo de Araguás.

Y si el periodo de selección de la foto había comenzado en los Alpes, también terminó en los Alpes. En esta ocasión en los Alpes Dolimitas en Italia, y también en el Tirol austriaco. No me faltan los paisajes de los imponentes macizos dolomíticos o de los densos bosques de las zonas más bajas de esos montes.

Alpes Dolomitas en el Tirol del Sur.

Y en este viaje le sacamos mucho partido a las aplicaciones de identificación de la flora alpina. Así, entre gencianas, calderones, y otras flores y plantas, fuimos disfrutando también del micropaisaje alpino.

Flora alpina en los Alpes Dolomitas.

Las medidas de la fotografía a exponer están predeterminadas con antelación. Con el fin de dar uniformidad, aprovechando adecuadamente los marcos que posee la asociación para estos eventos, las fotografías son reproducidas a una tamaño de 45 x 30 cm, por lo que se pide que tengan unas dimensiones adecuadas para una copia de buena calidad. Esto restringe algo los formatos. Y la verdad es que la mayor parte de mis fotografías digitales no son homotéticas con la razón 3:2 solicitada. Tengo que hacer reencuadres en mis originales, a veces posibles, a veces no. Incluso concebí la posibilidad de incluir un panorama, dejando un amplio espacio blanco a su alrededor. Un panorama no planificado a partir de dos negativos de película en blanco y negro.

Las montañas de la Nordkette, al norte de la ciudad austriaca de Innsbruck, capital del Tirol.

Pero todo este proceso de reflexión para la elección de la foto es un poco teórico. Porque como ya he dicho al principio, por mi mala cabeza, la foto la escogí al vuelo, pasado ya de plazo. En fin. Esperemos que haga un papel digno en el ámbito de la exposición. Los socios ya hemos podido ver las fotos, a la hora de votar las que formarán parte del calendario 2023 de la exposición, y algunas muy muy muy buenas.

[Libro] Antes de que se enfríe el café – Toshikazu Kawaguchi

Literatura

Hace un poco más de tres años, en aquellos momentos felices en los que podíamos hacer viajes intercontinentales sin muchos problemas, en el vuelo de ida a Shanghái desde Ámsterdam, escala intermedia, pude ver una amable película japonesa, Kohi ga samenai uchi ni [コーヒーが冷めないうちに], traducido como el título del libro en español, antes de que se enfríe el café]. En el mercado internacional, donde se haya estrenado, se suele conocer como Café Funiculi Funicula. La película estaba basada en la novela de Toshikazu Kawaguchi (sólo disponible en la versión italiana de la Wikipedia, de los idiomas que yo soy capaz de leer) que comentamos hoy. Y que encontré disponible en castellano en formato digital hace ya unos meses, aunque hasta recientemente no encontré el momento para leerla.

Creo recordar que el libro en algún momento da la localización aproximada de la cafería Funikuri Funikura, pero no me acuerdo dónde era. Casi seguro que no era en Ameyoko, popular área de mercadillo, tiendas y picoteo entre las estaciones de Nueno y Akihabara, en Tokio.

Como ya resumí en la entrada que le dediqué a esa y otras películas en el aire hace tres años, Funikuri, funikura [フニクリフニクラ] es el nombre de la cafetería donde transcurre la acción. Un lugar donde si te sirve el café de una determinada forma la joven propietaria de la cafetería, y sólo ella, puedes viajar a un momento de pasado e interaccionar con personas de aquel momento. Aunque nunca podrás cambiar la historia, hagas lo que hagas o digas lo que digas. Y te tienes que tomar el café que te sirven antes de que se enfríe, porque si no te conviertes en un fantasma. Y para sentarte en la silla y en la mesa adecuada del café, tienes que esperar a que la señora que la ocupa, un fantasma, se levante para ir al baño. Lo cual, afortunadamente hace oportunamente, y eso nos permite que se narren los cuatro episodios de los que se compone la novela. Una joven que quiere volver al momento en que se despidió de su antiguo novio, la esposa de un hombre con demencia que quiere volver a un momento donde este sea capaz de expresar lo que sentía por ella, una mujer que quisiera reencontrarse con su hermana muerta en accidente… y el encuentro en el futuro con la hija que no conocerás porque probablemente morirás como consecuencia del parto y tu enfermedad crónica.

Veía recientemente un vídeo en Youtube que hablaba sobre lo que era cursi o no. En música. Y el concepto que manejaban era el inglés cheesy. O corny. Que yo siempre he traducido por cursi, pero que quizá tenga algunos matices distintos. En cualquier caso, uno de los invitados de Nahre Sol, la pianista y compositora basada en Toronto, Canadá, en cuyo canal apareció el vídeo, hacía una interesante distinción entre obras sentimentales y emotivas. El sentimentalismo correspondería a obras que buscan provocar de forma descarada, y utilizando recursos convertidos ya en clichés, determinadas emociones en el oyente/espectador/lector. Lo emotivo correspondería a obras que de forma natural generan emociones potentes y auténticas en la persona que se acerca a ellas. Su exposición era un poco más amplia, pero esencialmente era esto, y me pareció una sistematización adecuada. Suelo rechazar el sentimentalismo, lo cursi, mientras que puedo disfrutar, incluso sufriendo, de lo emotivo o emocional. En el cine, no soporto Love story, que nunca fui capaz de terminar de ver, mientras que he visto un montón de veces The english patient.

¿A qué viene esta disgresión? Pues a que la novela de Kawaguchi camina durante buena parte del texto en el impreciso borde entre ambos conceptos, motivo por el cual en mi valoración final en Goodreads sólo le he dado tres estrellitas en lugar de cuatro. Está bien escrita, al menos la traducción de Marta Morros, y se lee fácil. Pero quizá las cuatro historias se basan en situaciones muy dirigidas a buscar unas determinadas emociones en el lector. Si bien es cierto que los relatos van de menos a más, y aunque no deja de tener notables dosis de «literatura cebolla», las emociones que suscitan los relatos progresivamente van siendo más auténticas. Más genuinas. Pero bueno… al final gana la valoración positiva por la mínima.

Parece que Kawaguchi se ha dedicado posteriormente a explotar el filón, habiendo sido el libro un éxito de ventas en su país, con varias secuelas. En castellano, sólo se ha publicado el primer libro de la serie. En italiano llevan varios disponibles. No obstante… no me ha gustado tanto, como habréis podido deducir para que en estos momentos piense en leer las secuelas. Aunque puede ser recomendable para cierto público, que no le importe recorrer esa fina e imprecisa línea entre lo cursi y lo emotivo, e incluso lo disfrute.

[Cine] Operation Mincemeat (2021)

Cine

Operation Mincemeat (2021; 35/20220701)

Me entero esta mañana que esta película bélica de espías que lleva en cartelera desde mayo va a estar disponible ya en alguna plataforma en línea de cine bajo demanda desde esta misma semana, coincidiendo todavía con su presencia en las carteleras. La vimos el pasado viernes, día en el que fuimos al cine sin muchas pretensiones, simplemente para vernos y entretenernos un rato en un lugar con aire acondicionado. Y una película británica de época, dirigida en esta ocasión por el veterano director inglés John Madden, parecía una apuesta segura. Incluso si al final no resultaba memorable.

La película gira entorno a los dos principales responsables, Ewen Montagu (Colin Firth) y Charles Cholmondeley (Matthew Macfadyen) [pronúnciese /ˈtʃʌmli/ chamli, más o menos; para qué querrán los británicos tantas letras si luego no las usan] de la operación de engaño que llevaron los servicios secretos británicos durante la Segunda Guerra Mundial en vísperas de la invasión aliada de la isla de Sicilia. Y que llevó el nombre que da título a la película, Operation Mincemeat, aunque en España se ha optado por el anodino título de El arte del engaño. En ella se cuenta toda la peripecia para convertir el cadáver de un hombre galés sin techo muerto por envenenamiento en las calles de Londres en el de un oficial de infantería de marina británico que aparece en las costas de Huelva portando unos documentos que dan fe de las pretensiones aliadas de desembarca en Grecia, y que deben llegar a manos del alto mando alemán. Entre medio, la película se entretiene con un ficticio romance no consumado entre los protagonistas y una funcionaria, Jean Leslie (Kelly Macdonald) cuya foto aparecería en los papeles del finado como su presunta novia. Jean Leslie existió. Tenía alrededor de 20 años,… la actriz que la interpreta tenía esa edad cuando saltó a la fama por su interpretación en Trainspotting en 1996,… así que bueno… aunque se conserva muy bien… pues no. Ficticia esa parte.

Como decía al principio, la elección de esta película era una apuesta segura. Las películas de Madden, alguna de las cuales ha ganado un discutido y discutible oscar, están bien hechas siempre, y son agradables de ver. Los británicos tienen oficio a raudales para hacer películas de época. El trabajo de los intérpretes en impecable desde cualquier punto de vista. Y la película tiene un ritmo razonable que la hace entretenida, aunque, para lo que cuenta, me sorprende que dure más de dos horas. Su rigor histórico también es razonable, aunque se invente alguna cosa, y parece que omita otras. De partida, no todo el mundo cree que esta operación fuera tan trascendente, ya que el plan de engaño era mucho más amplio y ambicioso, y es difícil saber con precisión en qué medida tuvo cada medida eficacia para que los alemanes dispersarsen sus fuerzas en lugar de fijarlas en Sicilia como lugar más probable del desembarco.

Pero el objetivo que nos propusimos se cumplió sin problemas. Un rato entretenido para una producción bien hecha… aunque probablemente olvidable, por ser un producto más que sale de la factoría británica de películas de época, sin más. Todavía está en el cine. Pero también se puede ver en línea, por lo que parece. En cualquier caso, adecuada para los calores veraniegos. Por cierto, según Wikipedia y otras fuentes, el ministro de Marina español en la época, el militar fascista Salvador Moreno, responsable de muchas muertes civiles en Andalucía por sus bombardeos indiscriminados desde el mar a las columnas de refugiados entre Málaga y Almería, ascendió a almirante en 1950, pero en la película se le da ese rango militar. Sería contraalmirante o vicealmirante, o algo parecido. Algunos políticos «democráticos» españoles lamentaron que su nombre desapareciera del callejero de alguna ciudad… Qué cosas.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Viajes] Venecia en blanco y negro… realmente no hace falta mucho más

Viajes

Las modernas tecnologías han complicado mucho nuestra vida, si lo pensamos bien. Nuestros padres y abuelos, cuando viajaban y querían traerse unas fotografías lo hacían de forma muy sencilla. Incluso si eran aficionados a la fotografía, que son a los que me voy a referir. A los que no y en la actualidad simplemente son felices con el móvil, dichosos ellos, no atañe lo que voy a decir.

Una cámara réflex para película de 35 mm con un objetivo de 50 mm (o parecido),… los más afortunados una reflex binocular de medio formato con su 75 mm u 80 mm,… los menos favorecidos una cámara óptica fija de 35 o 40 mm,… y con eso, y unos cuantos rollos de película, hacían todo el viaje. Pero desde que llegó la electrónica y los objetivos de focal variable, zooms, los aficionados a la fotografía tendemos a llevar un montón de trastos. Y peso. Y nuestras cervicales acaban quejándose.

Hoy, en mi web más dedicada a la técnica fotográfica, he hablado de un rollo de película en blanco y negro que usé en Venecia hace poco más de un mes. Y mientras revisaba las fotografías para ilustrar el artículo, me he dado cuenta que con esa pequeña cámara y un par de rollos de película hubiese sido suficiente para traer un más que digno recuerdo del viaje. Con fotos que podían ser perfectamente representativas y significativas. Y con menos carga y peso que la añadida del equipo digital, con varios objetivos, las baterías de reemplazo y demás parafernalia. Un pequeño bolso en bandolera, ligero, y una cámara que se puede llevar en el bolsillo. La vida puede ser sencilla. Somos nosotros los que nos la complicamos. Veremos qué me lleve a mi próximo viaje, en agosto, a Múnich.

[Recomendaciones semanales] De Middel presidenta y alguna cosa más

Fotografía

Una nueva semana en la que tengo poquitas recomendaciones fotográficas para el domingo. Me cuesta concentrarme en estos temas últimamente. Tengo muchas historias en la cabeza a la vez. Pero bueno, algo habrá que contar.

Voy avanzando muy poco a poco en mi repaso de las fotografías del viaje al Tirol y Venecia. Con algunas sorpresas, como este panorama no previsto ni planificado, pero que ha encajado, con algún defectillo, del Nordkette de Innsbruck. Quizá a lo largo de los próximos días tenga preparado mi libro de fotografías, tanto digitales como con película fotográfica en blanco y negro. Todas las fotos que ilustran esta entrada están tomadas en Innsbruck.

La conocida agencia cooperativa de fotógrafos Magnum Photos celebra su 75º aniversario. Caracterizada por la calidad e independencia de sus miembros, han definido en gran medida lo que ha sido el fotoperiodismo del siglo XX, sin que eso signifique despreciar, ni mucho menos, otros reporteros gráficos que no han sido miembros de la agencia y que han aportado otras visiones. En su 75º aniversario, han renovado cargos y la española Cristina de Middel (instagram) han sucedido a la británica Olivia Arthur (instagram). Ambas fotógrafas me parecen muy interesantes y cualquier aficionado a la fotografía debe acercarse a su obra. Hace 10 años, de Middel era escasamente conocida cuando publicó sus Afronautas, con su peculiar forma de acercarse fotográficamente a temas interesantes o de actualidad. Y desde entonces ha sido un valor constante en acceso. Aunque a mí lo que me acercó a la fotógrafa fue su visión de la sociedad china en Party. Su condición de miembro de pleno derecho es reciente. No hace tanto que leíamos de su condición de aspirante (2017) y de asociada (2019), pasos previos a ser miembro de pleno derecho. No todo el mundo comulga con las formas de de Middel, pero en mi opinión hay mucho conservadurismo en el sector.

En Oldskull he visto un trabajo, An incomplete Dictionary of Show Birds, de Luke Stephenson, que me ha encantado. Lo califican de retratos minimalistas de pájaro. Sobre un escenario mínimo, un sencillo lugar donde posarse, un fondo liso y uniforme de color que acompañe o complemente el color del plumaje del ave, busca acercarse a la esencia del carácter y comportamiento de la especie, y mostrar al mismo tiempo la diversidad entre estos dinosaurios volantes, sin renunciar ni un ápice a la vertiente estética y artística del proyecto. De tan sencillo, me encanta y me pasaría rato y rato contemplando estos retratos aviares.

Finalmente, en AnOther Magazine se han acordado de uno de los fotógrafos que más me influyen y al que vuelvo una y otra vez. Se trata de Stephen Shore, fotógrafo y teórico de la fotografía, práctico y académico. En este caso nos hablan de un trabajo suyo de los años 70 que hablaba de la decadencia de las acerías y otras grandes metalurgias del Medio Oeste americano, Steel Town, con el impacto correspondiente en el empleo y en la vida de las personas y las comunidades de aquellos lares. Como es habitual en él, fotografía de gran formato, con composiciones absolutamente impecables, en el estilo de la New Topographics, redefiniendo y actualizando el concepto de paisaje, siempre con el componente del ser humano o la actividad del ser humano en ese paisaje. Esta serie también contiene retratos y, al mismo tiempo, el sabor de los road trip, tan propios de la literatura, el cine y la fotografía en Estados Unidos.

[Fotocomentario] Las ausentes fotos en papel

Fotografía

Hoy, sábado, he quedado a cenar con unos amigos. Quedamos periódicamente. Ahora que ya tienen los hijos mayores, y están más libres, con más frecuencia que durante los tiempos en que eran niños o más jovencitos. Y está muy bien. Algunos de ellos los conozco desde hace cuatro décadas largas. Y entre ellos, aún más. La ultima vez que quedamos, un día antes de salir de viaje en vacaciones, hicimos unas risas con unos retratos sobre película Polaroid en blanco y negro.

Las fotos se las di a ellos. Sólo me quedé la mía… que evidentemente no hice yo. Hoy en día se hacen más fotos que nunca. Constantemente, millones de ellas, en todo el mundo. Pero son fotografías que se perderán. Casi nadie hace copias en papel, para los álbumes familiares, personales, de viaje o lo que sea, como hacíamos antes. Y toda esa riqueza documental se perderá. Bueno. Tampoco hay que dramatizar. Tantas se hacen, que el pequeño porcentaje que se convierte en objetos físicos en papel pueden bastar para que los historiadores, sociólogos, archivistas, conservadores de arte, etc… hagan su tarea en un futuro. Pero mucha gente se quedará sin recuerdos físicos con el tiempo. Yo intento pasar a papel fotos. En forma de libros. Ahora estoy elaborando el de las fotos del Tirol y Venecia. Nunca sabes cuando se va a estropear el ordenador y perder todas esas fotos. Aunque confío en que mi sistema de respaldo me permita recuperarlas. Espero.

Los datos técnicos de las fotos están en Retratos improvisados sobre Polaroid 600 blanco y negro – Polaroid Supercolor 635.

[TV] Cosas de series; animación japonesa con la que lo he pasado francamente bien

Televisión

Tenía varias posibilidades para la entrada televisiva de esta semana. También estoy en planteamiento de cómo evoluciona mi forma de responder a la oferta de series a través de las plataformas en línea. Porque las televisiones de toda la vida, con los anuncios y esas cosas, ya no entran en mis cálculos. Ni siquiera tengo el televisor conectado a la antena terrestre. Por ejemplo, he observado que la oferta de Netflix me empieza a interesar poco, salvo en lo que se refiere a series de animación y mi placer inconfesable favorito, los culebrones surcoreanos de los fines de semana. ¿Merece la pena pagar por eso? Mientras, cada vez encuentro más interesante la oferta de Apple TV+ por la que pago menos dinero, más reducida, pero más interesante para mí. Entre otras cosas que sería muy prolijo comentar. En fin… al final he decidido dedicar la entrada a la animación japonesa, con unas series con las que me he entretenido mucho, de menor a mayor interés.

De acuerdo a la serie que más me ha gustado de las que hablo esta semana, no sabía si traer motivos fotográficos berlineses o japoneses. Al final, he optado por estos últimos, con fotos de nuestra visita a Kamakura en 2014.

Hay una cosa de la que hay que partir. En general, la animación japonesa tiene una población objetivo muy definida, los adolescentes y jóvenes de uno u otro sexo, según la serie. A partir de ahí, algunas series son entretenidas para un adulto… otras… pues no. Y eso depende de factores diversos, como la calidad de la animación, los temas de fondo, o la calidad de los guiones.

Por ejemplo, un serie ya «viejuna», de 2013, que se puede ver en Netflix. Toaru Kagaku no Rērugan [とある科学の超電磁砲], A certain scientific Railgun, es una serie que a priori no me hubiera interesado nunca si no hubiera leído un comentario favorable. Tiene un aspecto de serie para chicas adolescentes o preadolescentes, salvo que en cuanto ves un poco y compruebas el fan service, entiendes que está pensada para chicos adolescentes… y de repente te encuentras que dejando de lado estas cuestiones, es una serie de aventuras con ritmo y muy entretenida, en una ciudad (más bien un distrito dentro de Tokio), diseñada para jóvenes con poderes especiales. No es que sea realmente recomendable de forma general salvo para su población diana, pero si le echas un vistazo, te entretiene mucho. Y eso que lo del fan service resulta en muchas series un tanto casposo/baboso. Por lo que sirve para rellenar tiempos muertos con episodios de poco más de 20 minutos de duración. Es un spin-off de otra serie de 2010, a la que le estoy echando un vistazo ahora, y tiene una segunda temporada que, si eso, ya llegará.

Con más interés, bastante más, tanto a nivel conceptual como de realización, tenemos BNA: Brand New Animal [BNA ビー・エヌ・エー], en Netflix, que se suma a la moda de los animales antropomorfizados, que tan buenos resultados da como por ejemplo en otra serie reciente. Estamos en una realidad alternativa en la que además de seres humanos existen los animanos [獣人, leído alternativamente como kemonobito o jūjin], gentes con una alteración genética que les permite alternar entre una forma animal y una forma humana. En Japón se han reunido para vivir en una ciudad propia, Animal City, pero con no pocos problemas de tolerancia entre humanos y animanos, y con problemas de coexistencia internos también. La protagonista es Michiru, una joven humana, estudiante de instituto, que tras un accidente con su mejor amiga del que se recupera en un hospital, se convierte en una animana con forma de tanuki [狸, y también en katakana, タヌキ], el perro mapache japonés (un cánido que en alguna ocasión se confunde con el auténtico mapache, no presente en el archipiélago nipón, que no es un cánido; una conocida película de Studio Ghibli tiene a los tanuki como protagonistas, pero es frecuente que en los doblajes occidentales se les llame mapaches). La joven Michiru se refugia en Animal City, donde no deja de meterse en líos por su sentido de la justicia, y donde se alía con un animano lobo, Shirō, aunque este al principio este no la acepta bien. Con los temas de aceptación de la diversidad de fondo, la serie es realmente muy entretenida. Y aunque enfocada a los jóvenes, la puede ver cualquiera sin desdoro.

Y finalmente tenemos la revelación de la temporada, Spy x family [léase como Spy family, la x no sería una letra en sí misma]. En una realidad alternativa inspirada por la Alemania de la guerra fría, tenemos dos países rivales, Westalis y Ostania, cuya capital es Berlint. Así… tal cual. Y un agente de los servicios de inteligencia de Westalis, el espía Tasogare [黄昏, Twilight en inglés], o Loid Forger, es encargado de una misión para lo cual tendrá que hacerse pasar por un médico psiquiatra de Ostania. Y tendrá que montarse una familia falsa. Para ello elige a Anya, una niña de un orfanato que, aunque nadie lo sabe, es telépata y escucha el pensamiento de los demás. Y se casa con una funcionaria discreta y tímida del ayuntamiento de Berlint, Yor Briar, cuyo alter ego es Ibara Hime [いばら姫, Thorn Princess], un peligrosa y letal asesina a sueldo, cuyo hermano, de incógnito, trabaja para los serivcios secretos de Ostania. La cuestión es que, por su naturaleza de telépata, la única que conoce todo el tinglado es Anya, los demás desconocen la real identidad de los otros. Y por añadidura, nadie tiene experiencia ni habilidades para ser padre/madre/hija de una familia, por su pasado y origen disfuncional. La serie va alternando las aventuras de intriga de espionaje, con las muy divertidas peripecias de querer pasar por una familia normal. Un trío de caracteres que, poco a poco, se van haciendo entrañables, porque, evidentemente, aunque son una familia falsa, van creando los lazos propios de una familia real. Su primera tanda de 12 episodios, está previsto que su primera temporada tenga otra tanda de 13 episodios en otoño, me ha sabido a poco. Es realmente muy divertida y muy recomendable.

[Fotocomentario] Coso de la Misericordia, ironías del pasado carpetovetónico

Cultura, Fotografía

Terminaba mi último fotocomentario, el lunes de esta misma semana, con una alusión al coso taurino de Zaragoza, llamado «de la Misericordia». Ironía en el nombre, los de la misericordia, cuando es un lugar destinado, por costumbres y festejos primitivos y ancestrales, en los que la hombría había que demostrarla a base de sangre, de los demás a ser posible, a hostigar, herir, maltratar y matar de forma inmisericorde a un animal herbívoro rumiante. Los herbívoros rumiante carecen de agresividad por naturaleza. No la necesitan para comerse a sus presas, los pastos que luego han de rumiar pacientemente durante horas para capacitar a sus bacterias simbiontes y sus tubos digestivos para digerir las duras fibras vegetales de las hierbas. Pero tienen el instinto de defenderse de quienes los acosan y los atacan, lo cual parece divertir a los machos ibéricos ancestrales.

En cualquier caso, el edificio es bello. Armonioso. Y capaz de albergar otros acontecimientos, propios de culturas más avanzadas y civilizadas, que pueden concitar el concurso y la aceptación de segmentos más amplios de la población. Esperemos que hacia ello evolucionen. Por cierto, la palabra coso se usa en algunos lugares, especialmente en Aragón, para denominar a la que era la calle principal y más animada de la población. Véase la calle del Coso de Zaragoza, o las calles del Coso alto y del Coso bajo de Huesca. Calles céntricas animadas y principales en ambas ciudades, con un mismo origen histórico, la ronda que rodeaba la ciudad en las murallas. La denominación coso comparte origen etimológico con la italiana corso, que suele indicar también vías públicas de importancia en las ciudades de aquella otra península mediterránea.

Las fotografías proceden del mismo rollo que algunas de las que hice en Canfranc y que os comenté hace unos días. Os dejo alguna más de ese rollo realizadas ese mismo día, el del paseo fotográfico con la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ. En alguna de ellas se ve el principio de la calle del Coso de Zaragoza.

[Libro] El legado de Maude Donegal/El hijo superviviente – Joyce Carol Oates

Literatura

Vuelvo una vez más a una de mis autoras preferidas en habla inglesa, aunque sea un libro traducido al español. Es el noveno que leo de Joyce Carol Oates desde el primero en 2015. Y si algo caracteriza a la autora es que, conservando una gran coherencia en cuanto a los temas y los mensajes que nos lanza a través de sus obras, la forma de las mismas varía, mostrando diversidad y dominio de los géneros literarios. Uno de esos autores siempre candidatos al Nobel… que probablemente nunca recibirá. En cualquier caso, esta autora ya octogenaria se sigue mostrando perfectamente lúcida y capaz, con una carrera enormemente productiva. Mucho me tendría que espabilar para abarcar toda su extensa obra.

La escritora, Joyce Carol Oates, es nacida en el estado de Nueva York, donde ha localizado la acción de algunas de sus novelas. No necesariamente las que nos ocupan hoy.

En esta ocasión afronto un volumen con dos novelas cortas que cogí de oferta en mi tienda de libros electrónicos habitual. Por lo que he colegido, en el original inglés el volumen incluía cuatro novelas cortas o relatos. Quizá en castellano considerase que si lo dividía por dos igual aumentaban los beneficios. O algún otro razonamientos cuya lógica probablemente se me escape. En cualquier caso, el libro que yo adquirí incluye dos novelas cortas en las que la protagonista, femenina en ambos casos, distinta, son personajes distintos, se enfrenta a un misterio del pasado. Un misterio incluso de corte policiaco o criminal.

En el primero de los relatos, la protagonista es una académica e investigadora del ámbito de las letras y las humanidades, hija adoptiva de una pareja de profesores universitarios del medio oeste americano, que en torno a los treinta años de edad vive una vida tranquila, casi podríamos decir monótona y aburrida, hasta que le llega la noticia de que ha recibido una herencia de la que fue su abuela biológica. Lo que le permitirá conectar con la familia de sus padres biológicos, fallecidos en accidente en extrañas circunstancias. Una familia con misterios y personajes problemáticos, en la que comenzará a investigar quienes eran sus padres.

En el segundo de los relatos, Oates da una vuelta a algunos de los temas que Daphne du Maurier planteaba en su famosa Rebecca, cuando la protagonista, una estudiante de letras acabe casándose con un profesor universitario, viudo de una famosa poetisa, muy rompedora y excéntrica, que murió en extrañas circunstancias. Por lo tanto, tendrá que vivir en una casa en la que la sombra de la fallecida lo ocupa todo. Y además, la fallecida dejó un hijo, novedad clara con respecto a la historia de du Maurier.

Cuando Oates plantea los misterios de estos relatos, no busca tanto su resolución, como tratar los temas que son frecuentes en sus novelas. Los problemas de la identidad, del lugar en el mundo, de la complejidad de vivir a la sombra de un hombre con gran influencia sobre la protagonista femenina, la relación con la infancia y la maternidad, propia o delegada. Lo bueno es que en este caso, además del interés de los temas, te llevas añadida la intriga por saber qué pasó. Incluso si es algo que nunca acabas de aclarar. Porque incluso la realidad puede ser relativa.

Oates es una autora que siempre me interesa. Tengo algún otro libro suyo pendiente de lectura. Y se nos viene encima la adaptación al cine de una de sus novelas más famosas, que leí hace algo más de dos años, o al menos de una parte de ella, en la que veremos a una actriz en ascenso convertirse en uno de los mayores iconos del siglo XX.

[Cine] Tenéis que venir a verla (2022)

Cine

Tenéis que venir a verla (2022; 34/20220622)

Esta película de Jonás Trueba dura sólo 64 minutos. Te cobran lo mismo que si durase 150 minutos. Pero a mí, intuitivamente, me sale decir que es un mediometraje, no un largometraje. Me entra la duda y me intento informar. Parece que la Academia de las artes y las ciencias cinematográficas, en España, no tiene una definición oficial de lo que es un corto-, medio- o largometraje. El diccionario de la RAE nos dice que un largometraje tiene «una duración generalmente superior a los 60 minutos». Dentro de la habitual ambigüedad académica, que cada cual interprete ese adverbio infiltrado en la definición, y que elimina cualquier precisión de la misma. Porque… ¿cuando 60 minutos sería largometraje y cuando no? O quizá la cosa vaya por debajo,… ¿en ocasiones 55 minutos contaría como largometraje aunque «generalmente» no?.

Lo más próximo que tengo a mano sobre la periferia madrileña son las fotos que hice en la etapa prólogo de mis recientes vacaciones a Italia y Austria, que transcurrió en Alcalá de Henares. Con las cercanías de Madrid… en dirección opuesta a Alpedrete,… donde se pierden los urbanitas protagonistas de la película de hoy.

Los franceses del Centre national de la cinématographie son más claros. No existen los mediometrajes. Cortometraje cuando durante entre 1 y 59 minutos, largometraje a partir de 60 minutos. Parece ser, no obstante, según nos dice la Wikipedia en francés, que François Truffaut, una autoridad muy respetable, sí que consideraría el mediometraje, entre los 30 y 65 minutos. Por razones de tradición histórica en el medio. Me gusta esta visión… supongo que porque se adapta a mi percepción absolutamente subjetiva de que esta película es un mediometraje.

No obstante, el mundo anglosajón, considera que los largometrajes (feature film) son cuando la duración de la película llega a los 40 minutos. O más. Claro. En fin… que esta película es cortita y se ve pronto. Y por supuesto, con ese título, es evidente que está haciendo un juego de palabras. Entre lo que sucede en el relato, en el que el pronombre la hace referencia a la casa de una pareja de protagonistas, y la invitación de los responsables de esta películita a verla.

Así que, peliculita de tono y ambiente postpandémico. Dos parejas jóvenes, pero no tanto, en sus treintaitantos. Clase media culta, con estudios universitarios, relacionados con el mundo de la cultura y el arte. Unos conservan todavía un punto de bohemia en su vida diaria, mientras que los otros anuncian que en el mundo pandémico se han instalado en una casa en la periferia madrileña, y van a tener un bebé. E invitan a su amigos a visitar su casa en esa periferia madrileña, cercana a las sierras. Lo cual hacen tras una minúscula odisea con las cercanías ferroviarias.

Trueba nos ofrece en esos 64 minutos una visión relativamente pesimista de unos tramos de edad en los que se supone que la persona tiene que estar en su plenitud personal, laboral o profesional. O por lo menos acercándose a ella. Aunque estamos en una sociedad en la que los tiempos se han ralentizado, y las personas «maduran» más tarde. Dos parejas de amigos. Una, que tiende a lo convencional. Casita en la periferia, que es más grande. Tener un bebé. Una vida tranquila, familiar. Pero, ¿lo hacen por convicción o porque toca? ¿O por resignación? La otra pareja, aferrándose a su estilo de vida urbanita, algo bohemio. Enganchados a sus artes y a sus lecturas… filosóficas, más o menos pretenciosas. La película se mueve, en lo que yo entiendo, entre la descripción de una realidad, más bien deprimente, y la parodia de esa realidad. Como en la lectura de ese tocho de Peter Sloterdijk, mal digerido por los protagonistas. Incluso por la entusiasta del texto, que se mueve entre las buenas intenciones y la más absoluta pedantería.

O eso me parece a mí, porque empieza a costarme entender las intenciones de algunos autores/directores. Nunca me he considerado el más listo de la clase, pero tampoco corto de entendederas. Pero empiezo a notar la distancia generacional. Y me cuesta comprender a los «jóvenes» maduros de esta película. Cuando dejé atrás mis años de universitario y de formación especializada, con 29 años y un trabajo estable, sentía la necesidad de reivindicar mi iniciativa, mi capacidad de aportar. Me sentía maduro y seguro. Incluso si me faltaba experiencia, me sentía seguro de mi formación. Y muchos de mis amigos y conocidos tenían ilusiones similares. Pero ahora siento que la gente de esas edades siente la necesidad de mantenerse en un estado de perpetua «juventud» irresponsable. Y soy consciente que me puedo estar equivocando. Pero obras como esta reafirman esta sensación.

La película se deja ver, por eso, pero no entusiasma. En los días entre su estreno en viernes y el miércoles cuando la vi, escuché muchos comentarios favorables, alguno incluso entusiasta, en diversos medios. Cada vez desconfío más de estos comentarios. Me da la sensación de que hay un intento de llevar al cine a la gente a ver la película que han hecho sus amigos, sobrevalorando producciones de cine nacional que no son malas, pero tampoco se elevan en exceso sobre la medianía. Y esto a la larga penaliza al cine español… porque dejas de confiar en él. Pocas cosas destacables en esta película, salvo algún parrafito puntual.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotocomentario] Un palacio, un castillo,… algo que me inspira sentimientos contrapuestos

Cultura, Fotografía

Muchos zaragozanos se siente orgullos de uno de los monumentos más destacados de la ciudad, el palacio de la Aljafería. Residencia de verano de los reyes hudíes de la taifa de Saraqusta. Fue un brillante reino musulmán, pero breve (1018 – 1110), en el que florecieron la cultura, las artes, las letras y las ciencias medievales, y en el que se construyó la Aljafería, que fue uno de los ejemplos más hermosos de la arquitectura palaciega de Al-Ándalus. Y digo fue. Porque aunque nos han llegado ejemplos hermosos de lo que pudo ser, lo cierto es que tras la conquista de la ciudad en 1118 por los (bastante menos cultivados e ilustrados) cristianos del reino de Aragón, aprovechando un vacío de poder en la ciudad bajo gobierno almorávide, el palacio sufrió vicisitudes de todo tipo. Por no decir maltrato generalizado.

Hoy en día es sede del parlamento autonómico, las Cortes de Aragón, por lo que el régimen de visitas está supeditado a las actividades de la institución. Y además, tengo la impresión que puede ser subjetiva, con el tiempo se ha rebajado el nivel de libertad con el que los zaragozanos podemos acceder a lo que deberíamos considerar un patrimonio común. Uno de esos lugares de los que todo el mundo presume, aunque durante la mayor parte de su historia ha sido maltratado; y originado por una cultura que, independientemente de las tribulaciones que actualmente pase el mundo islámico, en el momento de su construcción, era superior en cantidad y calidad a la de sus más bien bárbaros y fanáticos religiosos conquistadores. El mundo del revés casi 1000 años después. Nadie a celebrado el milenario de la taifa que durante menos de un siglo brilló. El palacio forma parte del conjunto del mudéjar aragonés, declarado Patrimonio del a Humanidad por la Unesco en 1986.

Por su exterior paseamos recientemente durante un paseo fotográfico de la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ. Los datos técnicos de las fotografías los podéis encontrar en Tengo que usar más la Leica CL – paisajes urbanitas sobre Kodak Pro Image 100. Ese mismo día, durante el paseo fotográfico pasamos junto al Coso de la Misericordia, coso taurino que, aunque mucho más reciente, refleja la influencia del estilo mudéjar incluso siglos después.

[Recomendaciones fotográficas] Poquitas,… esta semana, poquitas

Fotografía

En las dos últimas semanas he estado tan liado con varias cosas que he descuidado otras. Por ejemplo, he llegado tarde a presentar la foto para la exposición anual de socios de ASAFONA Asociación aragonesa de fotógrafos de naturaleza. La he mandado tres días tarde. No sé si la admitirán. Tan apenas he avanzado en el procesado de mis fotos tirolesas y venecianas. Por hablar de cosas que tienen que ver con al fotografía. Y tan apenas he revisado la red de redes para ilustrarme en nuevas cosas fotográficas. Y seleccionar algunas recomendaciones para todos vosotros. A cambio, lo pasé bien dando una charla sobre medir la luz y determinar la exposición fotográfica para compañeros de AFZ Asociación de fotógrafos de Zaragoza. Pero vamos con las poquitas recomendaciones de esta semana.

Nunca le había calzado el Pentax SMC-M 200 mm f4 a la Canon EOS RP, que yo recuerde. Así que ayer, aunque el objetivo era hacer fotos con la Hasselblad 500CM, me la llevé para hacer alguna foto con esta combinación. El contraste de este teleobjetivo Pentax no es muy alto. Y no es difícil ver que la aberración cromática penaliza algo la nitidez. Pero es mucho más usable de lo que yo pensaba. Mucho más.

No. No todos los alemanes eran nazis en los años 30 del siglo XX. El problema con los problemas es que, si aceptamos el principio de Pareto, estadísticamente hablando en una población hay un 20 % de personas que crean un problema grave, frente a un 80 % que no lo hacen. Pero también, hay un 20 % de personas que luchan para resolver ese problema grave, frente a un 80 % que no lo hacen. Y esa mayoría inerte, silenciosa, que no se mueve, es la que puede dar la victoria al 20 % problemático. Probablemente, algo así sucedió en la Alemania nazi. El problema con los que no se oponen a lo perverso, aunque no sean perversos ellos mismos. O como se dice de otra forma, si no eres parte de la solución… eres parte del problema. De los alemanes que se opusieron a Hitler, muchos acabaron exiliándose. Muchos de ellos en Francia. Hasta que en 1940, esta colapsó impotente ante la maquinaria de guerra nazi. Y aquellos exiliados, no sólo alemanes, sino también de otros países, que tenían mucho que temer de aquella tenebrosa Alemania, pero también de aquella tenebrosa Francia derrotada, hubieron de volver a huir. Opositores políticos, exiliados republicanos españoles, judíos, intelectuales y artistas,… Una de ellas fue la fotógrafa Germaine Krull que fotografió uno de aquellos viajes de exilio, desde la Francia de Petain hacia Sudamérica. y nos lo han contado en Plataforma de arte contemporáneo. Se puede ver en PhotoEspaña 2022.

En el informe de enero de este año, The Economist rebajó a España a la segunda división de los países democráticos, por la palmaria situación de falta de independencia del poder judicial, reflejada en los rifirrafes de los partidos políticos para controlar los órganos de gobierno de los jueces, el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo. Una situación absolutamente vergonzosa… pero que no avergüenza en absoluto a los líderes, afiliados y simpatizantes de los partidos políticos por lo que se ve. Pero no somos los únicos. Aunque mal de muchos… consuelo de tontos. En Estados Unidos, los jueces del Tribunal Supremo los propone el Presidente de la nación, y también lo hace con sentido ideológico partidista. Claro, Estados Unidos, a pesar de su autoproclamado papel de «vigilante de la democracia», también es una democracia de segunda división. Y ahora su Tribunal Supremo ha eliminado la protección constitucional de las mujeres que desean interrumpir su embarazo. Buena parte ese país, en términos de territorio, de superficie geográfica, son estados incultos, fanáticos religiosos, ultraconservadores, que dicen estar en contra de la intervención del estado en sus vidas,… salvo cuando conviene a sus intolerantes y fanáticas creencias, claro. Y entre ellos los estado de lo que se llama el Sur. En Booooooom, he visto las fotografías de Tema Stauffer (instagram), explorando el carácter y la historia de esa amplia región norteamericana con su cámara de gran formato. No sé si llega a triunfar del todo en su misión de mostrarnos esa realidad, pero las fotografías me parecen de gran calidad.

Me gustaría componer dípticos fotográficos significativos. Me gustan mucho cuando los veo. No digamos ya, si son trípticos. Pero quedémonos con los dípticos. Porque esta semana encontré los de la fotógrafa Jessica Uhler (instagram), en los que combina retratos ambientales, parciales, o ausentes, con escenas de la naturaleza, del paisaje, principalmente en entornos acuáticos, para reflexionar sobre sus experiencias personales más profundas conforme los años le van cayendo. Tienen un contenido claramente poético, metafórico. Y me han gustado y por ello los traigo aquí. Los he visto en Lenscratch.