[¿Cine?] El fin de la prensa libre; sobre ‘Cahiers du Cinéma’

Cine, Cultura, Política y sociedad

En primer lugar, no, no leo ‘Cahiers du Cinéma’. Alguna vez lo hice. En tiempos. Cuando los quioscos de prensa, algunos de ellos, merecían la pena… cosa que ya… Esto de internet se está cargando muchas cosas. Y los quioscos es una de ellas. Una actividad favorita mía, la de pasear entre los quioscos los domingos por la mañana… adiós. El otro día contemplé con tristeza uno de los más emblemáticos de Zaragoza, ya cerrado. Pues eso. Que no leo ‘Cahiers du Cinéma’. Que se ponen muy exquisitos con frecuencia. Pero era bueno saber que estaba ahí. Que representaba el periodismo del cine considerado como una de las bellas artes, frente a la mayoría del resto de las publicaciones que lo ven más como un entretenimiento.

También suponía algo importante. La libertad de expresión, aunque fuese en algo tan sencillo como algo que, efectivamente, para la mayor parte de la población es un entretenimiento. Pero es que los entretenimientos no son banales. Suelen conllevar ideología. Y las que arrastran los entretenimientos de masas, no son precisamente los que arrastran las ideologías más positivas. Véase el fútbol, que suele acompañarse de manifestaciones de odios entre comunidades, de racismo, de sexismo, de xenofobias diversas. Alguien no habituado a los medios que tratan el deporte, y eso en buena parte de Occidente significa casi exclusivamente ‘fútbol’, se asoma a la prensa ‘especializada’, y a poco que cultive un mínimo de buen gusto queda horrorizado por la vulgaridad, por lo chabacano, por el mal gusto y por los valores tremendamente negativos que acompaña al deporte del pelotón. El cine también tiene ideología. Mucha más de la que nos creemos. También las producciones más taquilleras y aparentemente más orientadas al entretenimiento. Y generalmente también con valores muy cuestionables para las sociedades democráticas. Así que saber que existen algunos medio independientes y críticos, no sólo con los valores puramente cinematográficos sino con los contenidos de fondo, alivia.

Pero nos dicen que los redactores de ‘Cahiers du Cinéma’ han dimitido en masa. La revista es comprada por un grupo empresarial detrás del cual hay un buen número de productores ¡¡¡DE CINE!!!, los que ponen el dinero, que quieren hacer de ella una revista más comprensible y amable. Supongo que debemos entender que escasamente crítica, amable con las películas que esta gente produce. El problema es que esto no sólo pasa con una revista de cine que lee una ínfima proporción de la población. El problema es que eso ha venido sucediendo en las últimas décadas, especialmente en los últimos 20 años, con la mayor parte de los medios de comunicación, adquiridos por grupos empresariales con intereses muy distintos del de la libre información insesgada y objetiva a la población para que pueda ejercer con conocimiento de causa sus decisiones como miembros de una sociedad democrática. Uno de los principales reguladores de los tres poderes del estado de derecho moderno deja de actuar como tal. Y las partitocracias, y plutocracias que hay detrás, dejan de estar sometidas a críticas. El ciudadano deja de poder confiar en los medios. O simplemente es engañado por ellos. La regresión democrática es un hecho. No sólo por esto. Fíjense en el auge de los fascismos y otros populismos… Y la gente tan contenta. Al fin y al cabo, esto de ‘Cahiers du Cinéma’ es solo para pedantes que ven películas con subtítulos que hablan de temas oscuros y de nacionalidades rarísimas, ¿no? Como ‘Parásitos‘…

[Cine] Hauru no ugoku shiro [ハウルの動く城] (2004)

Cine

Hauru no ugoku shiro [ハウルの動く城] (2004; 14/20200220)

Seguimos acudiendo una vez al mes a las sesiones únicas del ciclo de animación japonesa que unos conocidos multicines de Zaragoza llevan programando desde hace un tiempo. Y tras la película de enero dedicada al cine de Kon Satoshi, volvemos al Studio Ghibli y a Miyazaki Hayao y sus maravillas con la película que en castellano recibió como título El castillo ambulante.

Las poblaciones típicas alsacianas, a caballo entre la cultura francesa y la germánica, como Colmar y Rikewir, y que sufrieron las consecuencias de las guerras entre Francia y Alemania, fueron la inspiración para el reino en guerra en el que transcurre la acción de la película de hoy.

Es adaptación de una novela de la británica Diana Wynne Jones del mismo título, pero en inglés, Howl’s moving castle (1986), aunque adaptación libre. Han sido varias las ocasiones en las que Ghibli ha encontrado inspiración en la literatura europea, aunque siempre con adaptaciones en las que han introducido cambios argumentales e incluso enfoques, pero sin desvirtuar nunca, como Disney, el original. Quizá el principal cambio entre la versión literaria y la cinematográfica es que esta última es vista como una película antibélica, estrenada en el marco de las convulsas relaciones internacionales con las aspiraciones guerreras de determinados líderes occidentales con el presidente norteamericano a la cabeza, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El ambiente es un reino imaginario en el que se combina el realismo, un poco steampunk, con la fantasía de convivir con hechiceros y brujas. Un reino en guerra, estilo guerra del 14-18, en el que Sophie, una modesta sombrerera de 17 años sufre una maldición que la convierte en una anciana de 90 años, y que habrá de aliarse con el misterioso, atractivo e inconsistente hechicero Howl para romper los hechizos que los atrapan a ambos y, quizá, detener la guerra sin sentido que se cierne sobre los reinos vecinos.

Miyazaki vuelve a presentarnos una vez más una heroína extraída de entre la gente común que, ante la adversidad, toma las riendas de su propio destino, y decide que hay que adaptarse a las circunstancias y luchar contra ese destino. Pero siempre sin perder la compasión, incluso hacia los responsables de su propia desgracia, cuando estos también caen.

Un radical no a la guerra y a la violencia, la autonomía de la persona ante su propia vida, la compasión y la solidaridad hacia los demás, unidos a un argumento con pocos peros que ponerle y un animación sin florituras pero ejemplar, hace de esta película un clásico más en la filmografía de Miyazaki. Totalmente recomendable.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] Kimi to, nami ni noretara [きみと、波にのれたら] (2019)

Cine

Kimi to, nami ni noretara [きみと、波にのれたら] (2019; 12/20200216)

Sinceramente, en las semanas anteriores a su estreno, tuvimos ocasión de ver el avance de esta película de animación japonesa dirigida por Yuasa Masaaki en un par de ocasiones. Y no nos entusiasmó precisamente. Estrenada en la víspera del 14 de febrero, con un empalagoso título en castellano como El amor está en el agua, que no tiene que ver con lo que podría ser una traducción del título original del tipo Si te montas en la (tu) ola o Cuando te montes en la (tu) ola, en el ámbito de la práctica del surf, amenazaba con ser un pastelón romántico para adolescentes, así que en principio… no. Pero cuando llegó el momento del estreno, aparecieron no pocas reseñas positivas, así que cuando me propusieron acompañar a un pequeño pero animado grupo de gente intergeneracional para verla, me apunté.

No tengo muchas fotos, ni muy interesantes, de playas japonesas. Aunque sí de otros paisajes marinos. Así que a ellos voy. En Kii-Katsuura.

La historia tiene dos partes. En la primera, una joven universitaria y aficionada al surf conoce a un joven bombero, empiezan a salir y se enamoran. Bien. Vale. Pero el bombero… ya sabéis, llega la tragedia. Así que nos encontramos con una segunda parte acompañando a la joven Hinako en su duelo.

Con un argumento de ese tipo, mil veces visto, se puede hacer de todo. Maravillas y pesadillas. Todo es cuestión de enfoque. También dependen del público al que se destine la ficción. Pero si la primera mitad me pareció aceptable, aunque empalagosa, con dos protagonistas y un par de secundarios que quienes un público juvenil adolescente puede empatizar, el toque de fantasía de la segunda mitad me sacó por completo de la película. Ni aun admitiendo y siendo comprensivo, que creo que lo soy, con las diferencias culturales y generacionales, soy capaz de no ver cierto ridículo en el planteamiento. No pude con ella. Por motivos distintos a los que imaginé al ver los avances. Y acabé, y creo que no fui el único, de la «cancioncilla»… hasta «allí».

La película es correcta, los japoneses tienen mucho oficio, en los apartados técnicos e interpretativos, pero creo que ni mis más idiotas versiones de mi yo adolescente hubieran digerido esa segunda parte de la película.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: *

[Cine] A Hidden Life (2019)

Cine

A Hidden Life (2019; 11/20200209)

Hacía años que no teníamos una película del inclasificable Terrence Malick, aunque hace unos años se dio prisa por rodar dos películas en relativa rápida sucesión. Pero habitualmente se lo piensa entre película y película. Nunca tanto como entre Days of Heaven y The Thin Red Line. Pero bueno… Sus últimas apuestas en 2012 y 2011 fueron realmente crípticas y muy incomprendidas por muchos. En algún momento… por mí mismo.

El lugar de origen de los protagonistas de esta historia no está muy lejos de la católica Salzburgo, gobernada hasta principios del siglo XIX por príncipes arzobispos.

En esta ocasión, contamos con una línea argumental mucho más convencional, pero inserta en su personal forma de entender el cine. Nos habla de la historia real del campesino austriaco Franz Jägerstätter (August Diehl) y su esposa Fani (Valerie Pachner). Franz era un hombre ya en sus treinta y tantos cuando empezó la Segunda guerra mundial. Estaba y casado y tenía tres niñas. En diversas ocasiones fue llamado a ejercicios de instrucción militar. Pero cuando fue llamado a filas, recordemos que en ese momento Austria formaba parte del reich alemán, se negó a prestar el obligatorio juramento de lealtad a Adolf Hitler. Fue hecho preso, fue llevado ante un tribunal militar (última aparición en la gran pantalla del gran Bruno Ganz) y fue guillotinado en Berlín en 1943.

No voy a entrar demasiado en los aspectos ideologicos. Se ha dicho que Jägerstätter adoptó esta posición por su profunda religiosidad católica. Pero también da la sensación, tal y como se puede leer en algunos textos, que tenía profundos sentimientos nacionalistas austriacos, no simpatizaba con Hitler y el partido nazi en absoluto, y esto tuvo también su influencia. La iglesia católica del momento no le apoyó, aunque recientemente fue beatificado. Pero esto no significa nada. La iglesia católica beatifica con la misma facilidad a antifascistas que a profascistas. Y tiene poca consideración con los mártires antifascistas cuando estos no son católicos, y beatifica en ocasiones a fascistas católicos. Lo que es cierto es que la tesis fundamental de Malick, donde se recrea en abundancia, es en la idílica vida, sencilla y familiar, de los campesinos austriacos en los Alpes, como paraíso ante la locura politicobélica en la que se sume Europa en esos momentos. Cierto es que para la familia del represaliado, la vida no fue fácil cuando este es apresado. Ni siquiera después de la guerra. No tan paradisiacos los conservadores pueblecitos alpinos.

La película no obstante tiene un rodaje magistral y unas interpretaciones conmovedoras. Que mezclan el inglés y el alemán de formas, aparentemente arbitrarias, todos los personajes y actores son germanoparlantes, aunque menos arbitraria conforme vas comprobando en qué ocasiones se usa uno u otro idioma. Y eso sí… la película dura casi tres horas para una historia que se puede contar en la mitad de tiempo. Pero Malick se recrea en sensaciones visuales y auditivas, y aquí, esto es marca de la casa, o lo compras o lo dejas. Yo en esta ocasión, lo compró. En otras, no.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine/cine en TV] Inclasificables tras la resaca de los Oscar

Cine

Hubo unos años en los que dedicaba un tiempo considerable al tema de los Oscar aquí en el Cuaderno de ruta. Hacíamos notables esfuerzos por ver todas las películas posibles de las candidatas antes de la ceremonia, hacíamos nuestras apuestas y comentaba, tras la ceremonia de los premios, mis siempre notables divergencias con el criterio de los académicos de Hollywood. Pero se me fue pasando. Cuantos más años pasaban, mis divergencias eran mayores. Mis criterios y prioridades se modificaban. Cada vez me apetecía menos ver algunas de las películas candidatas, este años hay varias que ni he visto ni pienso ver. Y sobre todo, cada vez soy más consciente que hay grandes películas que no merecen la consideración de la academia angelina, mientras que para mí pueden marcar un año de cine. No sé porque no aparece en ningún lado joyas como un viaje sentimental a las orígenes personales, o maravillas visuales que llegan también de Asia como la ganadora del premio gordo, y no menos profundas. Mucho del mejor cine que veo últimamente vine de Asia, así que no debería sorprendernos el triunfo de esos «parásitos» a los que tanto cariño cogimos en su momento. Miedo da que los yanquis quieran hacer ahora una nueva versión hablada en inglés… un sinsentido, vaya.

Una serie de fotografías tomadas en distintos puntos de la geografía sueca y a lo largo de los años, me sirven para ilustrar el largometraje sueco que comento más abajo.

Quizá por todo ello, la entrada del día después a los Oscar la dedique a los inclasificables. O más bien a un par de inclasificables que he visto recientemente.

What did Jack do? – cortometraje en Netflix

En una estación de tren, bloqueada por la policía, se ha cometido un crimen. Y un policía (David Lynch) interroga a uno de los principales sospechosos, Jack, un mono. Parece un crimen pasional, y ese es uno de los principales motivos que inducen a pensar en Jack como el causante del crimen.

Este cortometraje dirigido por Lynch, de 17 minutos de duración, aparece en IMDb fechado en 2017. Pero ha sido recientemente cuando Netflix lo puesto a disposición del mundo entero en su plataforma de vídeo bajo demanda. Inclasificable es, como buena parte del cine y televisión que ha filmado hasta la fecha el excéntrico director norteamericano. Con una ambientación propia del cine negro americano, presenciamos un interrogatorio que tiene un carácter que muchos caracterizarían de surrealistas, pero que yo me atrevo, y es una osadía por mi parte, que nos soy tan listo sobre el tema, a incluirlo entre las obras puramente dadás. Con unos planteamientos inconoclastas sobre los tópicos del cine negro, el diálogo parece por momentos estar basado en una serie de frases hechas que le dan un sentido más aparente que real.

Como he dicho, inclasificable. Encantará a los partidarios y aficionados de Lynch, y dejará perplejos a muchos de los que no lo son. Bueno,… son 17 minutos. Tampoco cuesta tanto probar a ver que tal. No está incluido en mi base de datos cinéfila, que sólo incluye largometrajes.

Om det oändliga (2019; 10/20200205)

Un carácter muy diferente tiene el corto largometraje del sueco Roy Andersson, una película cuyo título en castellano es Sobre lo infinito. Parece que ese oändliga es una palabra cognada con la inglesa, endless, sin final, que no es exactamente infinito, pero se puede acercar al concepto. Se discutió un buen rato sobre los infinitos que no tienen ni principio ni final, y los que tienen un principio pero no un final. Si matemáticamente ambos son infinitos, filosóficamente había dudas… Yo, que soy más de ciencias, permanecí relativamente al margen de la discusión, sorprendido sobretodo por que se estuviese produciendo.

Pero nada de esto tiene que ver con la película, que no tiene una unidad argumental. En una muy limitada duración, para hablar de lo infinito, de sólo 78 minutos, Andersson nos plantea una serie de escenas que son más bien una serie de tableaux vivants, con la cámara muy estática, totalmente estática, con movimientos muy limitados y bien definidos en los actores, casi coreografiados, y breves diálogos con carices que van desde lo filosóficamente profundo o aparentemente profundo, hasta las más sutiles ironías o parodias de situaciones cotidianas o aparentemente cotidianas. Con personajes que van desde el tipo rencoroso por el compañero de clase al que despreciaba en su infancia ha tenido éxito, mientras que el vive una vida mediocre, hasta Hitler en sus últimos días en su búnker berlinés. Desde un matrimonio discutiendo en la cola de la verdulería, a la fila de soldados alemanes presos del ejército soviético camino de Siberia por la estepa helada.

Y es que en lo infinito, hay sitio para lo extremadamente banal y para lo extremadamente trascendental. Desde lo cotidiano a lo extraordinario. Desde lo material y terreno a lo fantástico y a la fábula. Leí en algún sitio antes de ver la película que esta estaba inspirada por los cuentos de las Mil y una noches. Especialmente en lo que se refiere a que hace un recorrido por las distintas etapas de la vida del ser humano y a los temas que le preocupan, no importa el lugar o las circunstancias de su nacimiento. Pues vale… me lo creo. Pero que nadie espere ver una versión nórdica de los cuentos de las Mil y una noches.

Quizá lo más extraordinario, en lo que la película brilla más es en su puesta en escena visual. Con una muy cuidada selección de localizaciones, con un trabajo de fotografía y coherencia visual notable. Aunque es difícil hablar del trabajo actoral por el gran número y variedad de intérpretes en los distintos cuadros que constituyen la película, también estamos ante un trabajo notable.

Y sin embargo, no me acaba de enganchar lo suficiente como para que tenga una apreciación incondicional de la película. Reconociendo sus virtudes, al final, las conclusiones que sacas… pues no las compras. No soy especialmente optimista hacia la naturaleza del ser humano, pero el escepticismo que yo profeso, en esta película va más allá, pudiendo hablar de cierto grado de cinismo, e incluso de nihilismo. La opción última sería más bien,… para esto, más valdría que la especie humano no existiese o se extinguiese. O he cogido mal el mensaje. No obstante, no descarto que mi apreciación por esta película no mejore con el tiempo. ¿La recomiendo? Como he dicho al principio, una inclasificable; allá cada cual.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Cine/cine en tv] Joe Hisaishi vuelve a las bandas sonoras de películas de animación

Cine

Joe Hisaishi es un compositor que ha trabajado en abundancia para el cine. Muchas y grandes bandas sonoras del cine japonés se deben a él. Mientras escribo esta entrada, escucho una lista de reproducción dedicada a las colaboraciones, maravillosas, que hizo con el Studio Ghibli. En concreto, suena una animada pieza de Sen to Chihiro no Kamikakushi [千と千尋の神隠し] (El viaje de Chihiro). La última banda sonora que había compuesto para una película de animación, hasta recientemente, fue Kaguya-hime no Monogatari [かぐや姫の物語] (El cuento de la princesa Kaguya). Pues bien, en las últimas semanas se han estrenado dos películas de animación japonesas que nos vuelven a traer la música de Hisaishi. Paso a comentarlas.

Dado el tema de una de las películas de hoy, nos daremos un paseo por las costas de Japón, en la península de Kii.

Ni no Kuni [二ノ国] (2019; 08/20200129)

Dirigida por Yoshiyuki Momose, esta película se ha estrenado internacionalmente en Netflix sin pasar por las pantallas de los cines, al contrario de lo que sucedió en su país de origen.

Está basada en un videojuego, cuya banda sonora también está compuesta por Hisaishi. Y nos presenta una situación de fantasía en la que existen dos mundos, uno de ellos que podemos considerar el nuestro, y el otro un mundo de fantasía mágica medieval. Unos adolescentes tienen la capacidad para viajar entre ambos, y deben encontrar un equilibrio entre lo que pasa en ambos mundos, puesto que lo que sucede en uno puede tener consecuencias negativas en el otro.

Es un entretenimiento muy simplón para niños y adolescentes, que no supone un especial valor añadido para un adulto. No destaca por nada en especial, pero tampoco es especialmente malo en nada. Un argumento predicible y los tradicionales elementos de las historias de fantasía de este tipo; una película de animación de manual, sin riesgo de ningún tipo, para explotar como mercadería derivada del videojuego. No merece la pena más comentario.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

Kaijū no Kodomo [海獣の子供] (2019; 09/20200203)

Presentada en occidente como Children of the sea o Niños del mar, el título original de esta película de Ayumu Watanabe significaría más bien algo así como los niños mamíferos marinos. Por aclararnos, son niños de aspecto humano u originalmente humanos, criados por dugongos, que se han adaptado a la vida en el mar.

La película, adaptada de una serie de historietas del mismo título, nos habla de la alianza entre dos chicos con estas características que viven en un acuario con una joven adolescente con problemas de encaje en el mundo, tras la separación de sus padres, que trabajan o trabajaban (no tengo claro lo que sucede con la madre), en dicho acuario. En un momento dado, fenómenos extraños, tras la caída al océano de un meteorito, empiezan a suceder que parecen tener a estos tres jóvenes como centro de interés.

Es difícil valorar esta película. Lo que empieza como una película de aventuras entre adolescentes, entre los que no sabes nunca si puede surgir o no un interés romántico, con el trasfondo de los conflictos de la chica en su vida cotidiana, va evolucionando hacia una película de fantasía (hay quien diría ciencia ficción, pero yo me quedo con el concepto de fantasía), teóricamente llena de simbolismo, aunque algunos de estos símbolos a mí se me escapan, que culmina en un tramo final visualmente abrumador, a medio camino entre la genialidad y el delirio pastillero.

Aunque esos aspectos visuales, acompañados por la música de Hisaishi, son realmente muy interesantes y de primer nivel, lo cierto es que la evolución argumental de la película me expulsó de la película en varias ocasiones, al no existir una gran coherencia en el desarrollo de la misma. Queda más como una suma de ideas, pegadas entre sí de modo forzado, al servicio de la filigrana técnica, que como una historia armada y bien construida con un mensaje claro, especialmente dado el público juvenil al que parecería que va destinado.

¿Es recomendable o no? Pues es difícil de decir. Para los fans del género probablemente sí, pero para quienes no esté hechos a la animación japonesa, casi es mejor que se inicien con otras películas. A mí, al final, no me disgustó, pero tampoco me entusiasmó el resultado. Y me despido mientras suena un tema de Majo no Takkyūbin [魔女の宅急便] (Niki, aprendiz de bruja… en realidad se llama Kiki… pero bueno).

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Cine] Nanfang chezhan de juhui [南方车站的聚会] (2019)

Cine

Nanfang chezhan de juhui [南方车站的聚会] (2019; 07/20200128)

La crítica de cine, como la literaria o la teatral o la de distintas artes o diversos espectáculos, me parece necesaria. Siempre la veo, no como la opinión del listo de turno, que desgraciadamente en ocasiones quiere ser más protagonista que la obra que comenta, sino como el lógico ejercicio de lo que debería ser la prensa. Una guía razonada para la toma de decisiones. Si la información social y política en la prensa debería guiar, no condicionar o confundir o mentir como en la actualidad, al potencial votante en una democracia, la crítica de cine debería cumplir esa misión de guiar al espectador hacia las taquillas de las salas de cine. No estableciendo categorías absolutas, sino hablando de pros y contras, de temas, de lo que honestamente puede esperar el espectador. Que debe decidir por sí mismo si le interesa ver o no una película, asumiendo ciertos riesgos. Como si fuera parte de la vida. Lamentablemente, como la prensa en general, la crítica cinematográfica, salvo honrosas excepciones, es mediocre. Cuando no, como he dicho antes, falaz o realizada que busca ser el protagonista en una fiesta que no es la suya. En cualquier caso, intentamos semana a semana tomar decisiones informadas sobre qué películas vamos a ver. Y para alguno que se confunde, yo no hago críticas de las películas. Cuento lo que me han parecido y lo que valen para mí. Pero no me considero cualificado para guiar las decisiones de otros, salvo casos extremos de obras maestras obvias o bodrios infumables, también obvios, por mucho que suponga taquillas que aportan pingües beneficios a sus productores.

No he estado en Wuhan, ni tengo previsto próximamente. Aunque lo que allí sucede sí que puede afectar a lo que sí tenemos previsto. En cualquier caso, usaré Suzhou, próxima también al Yangtsé con canales y lagos, para representar a la ciudad china donde sucede la acción de la película de hoy.

Hoy comento una película china, dirigida por Yi’nan Diao, un director del que había oído hablar, pero del que no había visto nada. La crítica no ha hablado mucho de ella. Y los que han hablado, hablan de una película aceptable, visible, pero sin transmitir especial interés. En la mayor parte de los casos, cuando hacen el resumen sinóptico, ni siquiera cuentan bien de qué va. En principio, no tenía yo mucho interés en verla. Pero tras una dura «negociación» tripartita, optamos por ella como película de la semana. Afortunadamente.

Aunque no he encontrado confirmación documental sobre el hecho, todo indica que la película está rodada en Wuhan, tristemente célebre en estos días por ser el foco de la epidemia de neumonía por coronavirus que tantos quebraderos de cabeza empieza a provocar. Al menos, si en algún lugar leéis que está hablada en chino, no es el mandarín oficial, sino el hablado en Wuhan. Menos diferenciado del mandarín oficial que el cantonés u otros, pero como limitada inteligibilidad mutua. Wuhan, atravesada por el río Yangtsé, está salpicada de lagos. Y en torno a uno de estos lagos, y a una de sus estaciones de tren, está rodada esta película de cine negro. Que sepáis que el título original significa «Encuentro en la estación sur«. Lo cual es importante, porque la película parte del encuentro en una estación entre un mafiosillo (Hu Ge), líder de una banda que roba motos, y una prostituta (Kwei Lunmei) que ejerce en las playas del lago mencionado. En una serie de secuencias conoceremos que el gángster ha sido herido en una reyerta entre bandas, que es buscado afanosamente por la policía porque ha disparado a uno pensando que era otro gángster que le perseguía, y que el mayor deseo del gángster, que se sabe acabado, es proteger a su mujer y a su hijo, de quienes lleva extrañado varios años. Y debe colaborar con la prostituta, cuyos intereses y filiación entre todo este grupo de adversarios, es una incógnita.

Visualmente es una película de gran virtuosismo, recordando a otras películas que hemos podido ver recientemente, en su iluminación y puesta en escena, como por ejemplo una de mis películas favoritas del año pasado. Pero si aquella era una obra maestra en su realización, la que comento hoy me parece sensacional en su interpretación. Porque poco a poco vamos descubriendo una de esas cosas que nadie te cuenta en sus críticas o comentarios de la película. Que la verdadera protagonista de la película, al menos en mi opinión, la que carga con la mayor parte de la carga dramática de la película, la que afronta los dilemas más complejos, es la prostituta del lago, excelentemente interpretada por una sobria Kwei Lunmei, a veces dura, a veces vulnerable, siempre compleja, siempre buscando una salida a los difíciles dilemas a los que se ve sometida. Sorprendentemente, porque nadie te ha avisado, de la película negra, de gángsteres y policías, surge una película de contenido social y feminista. Estamos ante una guerra entre múltiples bandos. Y como en muchas de las guerras, las víctimas son entre hombres, pero las sufren las mujeres. Y así, la película avanza hacia una conclusión prácticamente perfecta, y que proporciona cierta luz a la oscura opresión en la que nos ha mantenido encerrados durante la mayor parte del metraje.

Sobresaliente puesta en escena visual y técnica, sobresaliente guion, excelentes interpretaciones, para una película que tal vez no llegue al rango de obra maestra, pero que tiene una calidad poco habitual en el cine comercial y que me parece absolutamente recomendable, aunque no necesariamente de fácil digestión. Y que parece que a muchos críticos se les ha pasado por alto.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] Perfect Blue [パーフェクトブルー] (1997)

Cine

Perfect Blue [パーフェクトブルー] (1997; 06/20200123)

Seguimos acudiendo a las sesiones únicas en versión original que mensualmente programan unos multicines de Zaragoza dentro de un ciclo de animación japonesa. Un jueves al mes, podemos disfrutar de verdaderas joyas del género. Desde que empezó hemos tenido la oportunidad de ver en la gran pantalla un par de obras maestras de Studio Ghibli, en septiembre y en diciembre del año pasado. Pero en enero no ha sido el Studio Ghibli ni el maestro Miyazaki los que nos han llevado a esta sesión mensual. Es un estilo muy distinto, mucho más complejo, destinado a un público adulto, pero no menos magistral. Es el estilo de Satoshi Kon.

Nunca tuve la oportunidad de ver una película de Kon en pantalla grande hasta ahora. Aunque he visto la mayor parte de su obra en vídeo. Una obra muy valorada, aunque menos conocida que la de otros grandes animadores de Japón o del resto del mundo. La película que hoy nos ocupa fue su primer largometraje como director. Y según muchos sabios de la cosa cinematográfica, el mejor.

En nuestro último viaje a Japón, coincidimos en Osaka, a orillas del Dotonbori, con actividades de promoción de grupo de «pop idols». La gente pagaba una cierta cantidad por hacerse fotografías instantáneas con las chicas del grupo. De vez en cuando hacían alguna actuación, con temas pop, pegadizos y de escasa calidad.

Comprender del todo la película no es fácil. Para empezar, los doblajes o los subtítulos de la película no dejan claro al público no entendido en las peculiaridades del mundo de la música y el espectáculo en Japón sobre quién es Mimarin, Mima Kirigoe (actriz de voz, Junko Iwao; en Japón los actores y actrices de voz son tan considerados y populares como los que prestan también su imagen). Con frecuencia ves traducido que Mima es una «estrella del pop» que redirige su carrera hacia la interpretación. Y ahí tenemos el primer problema. No es una «estrella del pop». Es una «pop idol [aidoru; アイドル]», que es otra cosa. Unas poquitas «pop idols» en Japón llegan a ser estrellas del pop, pero la mayor parte, no. Intentaré explicar esto de las «idol».

Existe un mercado del entretenimiento en Japón en torno a las «idols». Aunque los hay también masculinos, me centraré en las chicas. Son chicas jóvenes, que muchas veces comienzan en su adolescencia e incluso en su preadolescencia, que se dedican al entretenimiento de masas. Las más populares son las que se dedican a cantar y bailar como integrantes de grupos de música pop, que pueden llegar a ser muy numerosos. Algunos de decenas o centenas de integrantes. Tienen unas fuertes exigencias laborales por parte de sus «managers» y productores. E incluso restricciones en sus vidas privadas, ya que se conocen casos de expulsiones, «degradaciones» o escándalos por el terrible hecho de que una chica de 19 o 20 años… se vea con su novio. No tienen porque cantar o bailar especialmente bien, o tener físicos espectaculares. Lo que han de ser es «kawaī [可愛い]»… monas. Porque su público principal van a ser hombres, muchas veces entre los 30 y los 50 años, casi siempre solteros y solitarios, que se encandilan con algunas de estas chicas. Parte de la rutina del trabajo, además de las actuaciones son las sesiones de dar la mano o la posibilidad de que los fans se hagan fotos con sus «idols» favoritas, a cambio de un pago o de demostrar que compran los discos del grupo. También generan mercaderías como ropa, muñecos o libros de fotos, donde suelen aparecer ligeras de ropa, aunque no desnudas. Una industria enorme que mueve mucho dinero, con una audiencia fiel dada la peculiar sociología y sexualidad del país nipón, y con una mano de obra ilusionada y numerosa, hay muchas jovencitas que quieren ser «idols» para saltar a la fama y al estrellato, y más que probablemente, salvo excepciones, mal pagada. Pocas triunfan realmente. Y muchas acaban en el olvido, o intentan permanecer un tiempo en el negocio como «gravure idols», jóvenes que se dedican a aparecen en revistas con reducidos bikinis o prendas de ropa interior, e incluso como «AV idols», es decir, «adult video idols»… actrices porno. Hay otras jóvenes que van directamente a estas categorías sin pasar previamente por la de «pop idols». Y también hay «underground idols» que se mueven en locales cutres, que se fabrican sus propios vestidos, que tienen pequeños grupos de admiradores y que sobreviven como pueden. Hay muchas cosas que me gustan de la cultura japonesa, pero entenderéis que esta no. Por las dosis de sexismo, explotación y… lo que queráis encontrar, y que son fáciles de deducir.

Pues bien, Mima es una «pop idol» de 21 años, edad en la que ya empieza a ser mayor para este negocio, cuyo sueño ha sido cantar, pero que se está planteando reconducir su carrera hacia la interpretación. Por ello, abandona el trío de «idols» al que pertenece, y guiada por sus representantes comienza su trabajo en una serie de televisión. Pero pronto se verá metida en una trama de inseguridades personales, de acosos, y de crímenes a su alrededor en la que, con la ayuda de la impresionante presentación visual de Kon, de un guion complejo pero ajustado a la perfección, y jugando con el equívoco y la confusión constante, se mezclará lo que es real y lo que es la ficción de la serie hasta un punto en que será difícil diferenciarlos. Incluso el final de la película está sujeto a interpretación.

Globalmente, es una obra maestra que funciona a varios niveles. Como dura crítica social del sistema de entretenimiento japonés, como introspección psicológica de una joven cuya identidad no está clara ni para ella ni para nadie, y como trama criminal. La película es dura, aunque esta dureza se matice por ser animación. El rodaje de algunas escenas con actrices reales hubiese sido compleja y más difícil de completar con éxito. Una película que no sé si es para todos los públicos, exige una predisposición activa del espectador para introducirse en el complejo mundo de Mima, y se aleja notablemente de lo que es la animación más convencional. Desde mi punto de vista, imprescindible para el auténtico aficionado al cine. Aunque sean necesarias más de una visualización para extraer todo el jugo a esta compleja obra.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: *****

[Cine] Jojo Rabbit (2019)

Cine

Jojo Rabbit (2019; 05/20200119)

El neozelandés Taika Waititi ha sido responsable de algunos de los productos audiovisuales para cine o televisión más creativos de los últimos años. Que luego gusten más o menos es otro problema. Aunque Waititi tiene bastantes partidarios. También ha tonteado con el dinero a espuertas de las superproducciones superheroícas, mucho más inanes desde el punto de vista creativo y cinematográfico. Pero eso es otro problema. O simplemente, aunque el dinero no dé la felicidad, se da buena maña para imitarla, como decía Mafalda. La de Quino. Y Marvel/Disney debe de pagar bien.

La película está rodada en localizaciones de la República Checa, mejor conservadas que la destrozada Alemania de finales de la guerra mundial. Aunque existan excepciones al destrozo general, como la fronteriza y hermosa ciudad de Constanza.

La película de hoy arrancó con cierta polémica. Y es que sale Hitler (interpretado por el propio Waititi) como amigo imaginario de un niño de diez años. Y los políticamente correctos se lanzaron al ataque. Es curioso que hay quienes empezamos a pensar que tan peligrosos para la libertad de expresión son los fascistas como los talibanes de la corrección política. Hay veces que dicen cosas sobre el humor, la parodia o la risa como crítica social y política que me recuerdan a las opiniones de cierto monje castellano que imaginó Umberto Eco en su novela más conocida. Pero en filosofía y pensamiento, siguiendo con la novela de Eco, yo soy más de la línea de Guillermo de Baskerville, hijo natural de Guillermo de Ockham y Sherlock Holmes.

La película se presenta como una comedia, y en no pocos momentos hace que nuestras caras se iluminen con sonrisas. E incluso esbocemos alguna carcajada. Que no acaban de ser francas, porque no hace falta ser un lumbreras para saber que dado el lugar y el tiempo de la película, la Alemania nazi en 1944-45, la probabilidad de que se convierta en un drama, si no en una tragedia, es alta. Jojo (Roman Griffin Davis) es un niño que vive con su madre (Scarlett Johansson), y cuyo padre está, supuestamente, en la guerra. El niño es un nazi convencido. Pero su mundo se desmorona cuando descubre que su madre esconde en casa a Elsa (Thomasin McKenzie), una resuelta adolescente judía.

La película bebe de los planteamientos de las películas de Roberto Begnini y Wes Anderson, conceptuales o formales. Y está notablemente bien planteada y rodada. Waititi sigue mostrando su capacidad creativa y su dominio de la puesta en escena con pocos momentos notables, aunque también con algún convencionalismo de libro para el tipo de película ante el que estamos. En el aspecto interpretativo, se apoya sobretodo en la omnipresencia del niño protagonista, que es un enorme acierto de reparto, y sus interacciones con una jóven pero sólida McKenzie. Scarlett Johansson está probablemente en su mejor papel en muchos años, aunque sabe a poco; es un personaje de quien nos gustaría saber más y de quien se podría hacer otra película. Lo mismo sucede con otro secundario, el capitán Klenzendorf, intepretado por el siempre solvente Sam Rockwell, y cuya disimulada pero obvia humanidad, también podrían ser merecedoras de una película propia.

¿Dónde están los defectos, si los hay, en esta película? Desde mi punto de vista, en la transición entre la comedia y el drama. Aunque sabíamos que vendría, no sabíamos qué forma tendría. Y aunque provoca que el cine se sobrecoja… luego se sigue de una fase en la historia que está contada de una forma muy sumaria, entrecortada y… bueno, es que daría para otra película. Como podéis ver, en mi opinión, el universo que Waititi crea en esa ficticia ciudad alemana es lo suficientemente rico para dos o tres películas más. Y eso nos deja con la sensación de que lo que se nos cuenta está bien, pero es insuficiente. En cualquier caso, una película bastante recomendable. Probablemente no como para darle ese Oscar a la mejor película al que es candidata, pero sí como para que cualquiera le merezca la pena acercarse a la sala de cine, a poco que le guste el séptimo arte. Eso sí, me sentiría cómodo con que se llevase alguna de las otras cinco estatuillas a las que es candidata.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine en TV] J’ai perdu mon corps

Cine

J’ai perdu mon corps (2019; 04/20200118)

Hacía ya un par de semanas que le había echado el ojo a este título que apareció de pronto en el catálogo de Netflix, sin mucha alharaca previa. Animación procedente del país galo, con una premisa fantástica curiosa, pero para la que no había encontrado un momento. Y eso que no es muy larga, con poco más de 80 minutos de duración. Pero su presencia entre la lista de candidatos al Oscar al mejor largometraje de animación, terminó de animarme.

Pues eso. Inevitablemente París. En un ambiente invernal. Apropiado a la película. Aunque al final sientas cierto calorcito en el corazón.

Dirigida por Jérémy Clapin, su primer largometraje de animación tras haberse fogueado con cuatro o cinco cortos, nos presenta dos historias en paralelo. En una, que podríamos decir se mueve en el terreno de la fantasía, una mano guardada en el frigorífico de un laboratorio forense se «escapa» del mismo y comienza un azaroso viaje por las calles de París en busca de su cuerpo. En la otra, mucho más engarzada en la realidad cotidiana, un niño inmigrante huérfano de padres se convierte en un joven inseguro, sin un camino definido hacia el futuro, y que en una noche desastrosa desde el punto de vista laboral encontrará y se sentirá atraído por una joven parisina.

Clapin adapta una novela, Happy hand, de Guillaume Laurant, guionista habitual de las películas de Jean-Pierre Jeunot, entre ellas, la más famosa, no necesariamente la mejor, la dedicada a una joven que compartía nombre con mi madre. Y eso nos puede dar un poquito una idea del tono. Personajes solitarios, que sin ser marginados se mueven por los márgenes de una sociedad en la que no acaban de encajar, pero esencialmente buenos. La ciudad, tan mitificada en tantas ocasiones como la ciudad-luz, y otros epítetos rimbombantes, se nos presenta en esta ocasión oscura, llena de peligros, ayudados por la metáfora del viaje de la mano. Pero con puntos de luz que pueden ayudar a orientarse en un momento dado a la persona perdida. También funciona, sin ser agresiva, como comentario social a las dificultades de integración de personas que, pudiendo haber sido mucho, la desgracia y el desarraigo les lleva por callejones vitales sin salida. Por otro lado, también funciona como una bella película romántica, desprovista de empalago, pero sólidamente fundamentada.

La película crece con el tiempo. Si en el momento de verla sientes que simplemente te ha dejado buen sabor de boca, que han merecido la pena los 80 minutos de tu vida que le has dedicado, poco a poco vas tomando conciencia de los valores de la historia, de que tiene mucho más de lo que aparenta y que está muy bien. Muy alejada de la animación vistosa y chillona que nos llega de Hollywood, es más sutil, más cercana y más humana. Bien, oye.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] 1917 (2019)

Cine

1917 (2019; 02/20200110)

Tenía ganas de ver esta película por varios motivos. El primero, porque el periodo y los hechos históricos en los que se enmarca la acción de su argumento me interesan. Hubo quienes creyeron que la Primera Guerra Mundial era la guerra que iba a terminar con todas las guerras. Otros pensamos que es la madre de todas las que han venido después… incluso que, conceptualmente, no ha acabado y seguimos en ella. El segundo motivo, porque aunque Sam Mendes ha tenido una trayectoria con cierta irregularidad, tiene suficientes haberes en su cuenta como para que sea interesante lo que tiene que contar como director cinematográfico. Y el tercer motivo, porque al contrario de lo que sucede habitualmente, el avance de la película me resultó motivador. Habría que hacerse mirar este tema de los avances, los tráileres… qué poco me gusta esa palabra,… que engañan, destripan o desvirtúan la mayor parte de las películas, todo en nombre del dinero que quieren recaudar la industria. Y todo ello, tras unos meses en los que la mayor parte de las películas que compiten en las distintas convocatorias de premios cinematográficos que llegan entre el final del año y el principio del siguiente me han resultado más o menos decepcionantes. Hay mucho oficio en el cine actual, pero poca capacidad para contar historias. O pocas historias que me interesen.

Lieja, Namur, Dinant, Lovaina,… y tantas otras ciudades que sufrieron la rabia y la crueldad de un invasor alemán que perdió el norte en su deseo de llevar la «kultur» germánica a toda Europa, equivocando por completo los medios, y perdiendo las primeras batallas con sus primeros «éxitos» bélicos; la de la opinión pública histórica, y la entrada en guerra del Reino Unido, que cerró en gran medida, a pesar de sus derrotas, la posibilidad de una pinza con éxito, en las primeras semanas de conflicto.

Mendes nos traslada a la primavera de 1917, en un momento importante de la historia del conflicto. 1916 fue un año de batallas muy importante, que involucraron a una gran cantidad de hombres y recursos, con muchas bajas, pero escasos efectos aparentes sobre las posiciones en el frente de batalla. Pero sí que hubo efectos no aparentes en el conjunto. Verdun y el Somme dejaron ciertas ventajas del lado de la Entente. Pero sobretodo, fueron agotadoras para Alemania. Que seguía peleando en dos frentes. Y cuyos aliados, especialmente los austriacos, tenían un rendimiento que casi se podría calificar de deplorable. Económicamente, la situación de los germanos también era muy compleja. Sus recursos estaban muy limitados, y no podía soportar ni demográficamente ni industrialmente las necesidades de una guerra extenuante. Por ello decidieron hacer una retirada organizada entre el final del invierno y el principio de la primavera en los primeros meses de 1917, con el fin de reducir su línea del frente, de modo que pudiera ser más eficientemente sostenida con menos recursos. La operación, que conllevaba sus riesgos, especialmente si los anglofranceses explotaban el momento para lanzar una ofensiva, fue un éxito, y una demostración del genio alemán como planificadores e ingenieros. Una pena que no dedicaran este genio a temas más pacíficos. Cuando fue evidente que la retirada era un hecho, el desconcierto en las líneas de la Entente hizo que hubiera partidarios de la prudencia, mientras que otros interpretaran el hecho como una muestra de debilidad y de que había que actuar agresivamente, atacando a los alemanes. En ese momento no se conocían los detalles de la operación Alberich, que así se llamó la retirada a la línea Hindenburg de defensa.

En este entorno histórico, que es cierto y preciso, Mendes nos plantea una situación ficticia. Un batallón inglés va a atacar el frente alemán, bajo el supuesto de su supuesta debilidad. Pero al mando superior ha llegado información de que esta debilidad no es real, y probablemente van a ser aniquilados. Por lo que se encarga a dos cabos, Blake (Dean-Charles Chapman) y Schofield (George MacKay), la misión de llevar una orden escrita de un general (Colin Firth) al coronel al mando del batallón (Benedict Cumberbatch), para evitar el ataque y la masacre. A partir de ahí, comienza una misión contrarreloj en la que ambos cabos han de atravesar un territorio en el que no se sabe muy bien que pueden encontrar, con la angustia añadida de que el hermano de uno de ellos es oficial del batallón que va a lanzar el ataque en la madrugada del día siguiente.

La película está rodada como una falso largo plano secuencia, que supone una maravilla de planificación y técnica cinematográfica con Mendes como director y Roger Deakins como director de fotografía como principales artífices, aunque con el evidente mérito de todo el equipo de la película. Con catorce candidaturas a los Oscar para Deakins, pero sólo una estatuilla, reciente… en lo que a mí se refiere creo que es el trabajo con más mérito en el año 2019 de los que he visto. Así como lo es el de Mendes en lo que se refiere al suyo. Tanto a nivel conceptual, como a nivel de su realización técnica, estamos en la práctica ante una auténtica obra maestra, en el que claramente la peripecia de los cabos es el macguffin que nos permite tener un sobrecogedor panorama de la realidad de la guerra en esos momento del conflicto. Si algo se le puede reprochar a la película, al director en concreto, es su visión lógicamente probritánica, que quizá no plantee con la suficiente crudeza los errores que se cometieron por el lado británico. Como sucedía en otra película bélica reciente, el enemigo alemán aparece poco, muchas veces difuminado o como una presencia casi invisible, pero amenazadora. Solamente una escena presenta un rostro alemán relativamente iluminado y no enmascarado.

Otra cuestión es la interpretación. Es difícil valorar las interpretaciones de una cinta en la que, salvo el personaje principal interpretado por MacKay, es muy coral. Salen muchos, con pequeños o minúsculos papeles. Difícil valorar el trabajo de Firth o de Cumberbatch; dan muchas ganas de saber más del capitán Smith, interpretado por Mark Strong, en quien creemos entrever el punto medio entre el soldado, con poca información y sobre el que se carga gran parte del sufrimiento humano del conflicto, y los coroneles y generales, más alejados de la realidad y con intereses que van desde el estricto cumplimiento del deber al deseo de brillar sin importar el coste humano. Los oficiales intermedios siempre resultan un punto medio de interés entre ambos extremos, tuvieron más información, solían tener mejor formación y cualificación que la tropa, pero estuvieron también muy expuestos a ser bajas. De hecho, muchos de los mejores oficiales del tipo teniente o capitán fueron baja en ambos bandos. Pero MacKay, de 28 años, que ya me causó muy buena impresión en cierta simpática película con canciones, carga con valentía con un papel intenso emocionalmente y físicamente exigente. Y va a ser injustamente ninguneado en la temporada de premios.

Película que hay que ver. Si eres aficionado al cine, la tienes que ver. Necesariamente. Y si sólo vas al cine como divertimento,… pues también. Porque aúna en un mismo acto cine de alto nivel con entretenimiento… que no diversión. Porque el tema es serio. Y necesario. Un películón. Quizá no llegue al grado de «películón que te cagas», pero un películón.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: *****
2001. Viaje a Bélgica y París, París (Francia). carloscarreter.es | carloscarreter.com | Tumblr | Twitter | Facebook.. carloscarreter.com | Tumblr | Twitter | Facebook.. carloscarreter.com | Tumblr | Twitter | Facebook.

[Cine en TV] The Aeronauts (2019)

Cine

The Aeronauts (2019; 02/20200106)

Cuando incluyo alguna película en mi base de datos cuyo estreno he visto en el aparato de televisión suele ser de Netflix. Esta plataforma limita muchísimo sus estrenos en pantalla grande. Lo justo para entrar en competición de distintos premios. Pero no es la única plataforma que produce largometrajes. Amazon también lo hace, aunque es más fácil encontrarlos en la pantalla grande. Motivo por el cual, hasta ahora no han aparecido en mi base de datos. Pero hoy se abren paso con una película firmada por Tom Harper, a la que dediqué la sobremesa del día de Reyes.

Harper, un director con muy buenos resultados en el ámbito de las series de television, nos ofrece una entretenida visión de un viaje en globo aerostático del precursor de la meteorología como ciencia James Glaisher (Eddie Redmayne). La película esta basada en un viaje real, pero contiene abundantes elementos de ficción. El fundamental, que la aeronauta responsable de pilotar el viaje, Amelia Wren (Felicity Jones), es ficticia; el original fue Henry Tracey Coxwell, que le acompañó en varios viajes. La trama de la película está inspirada por el viaje que hicieron Glaisher y Coxwell el 5 de septiembre de 1862, en el que pudieron alcanzar una altitud de entre 10.700 y 11.300 metros, un impresionante record para la época. Es una estimación, porque la última altitud registrada fue de 8.800 metros. Todo esto sin oxígeno y sin conocer muy bien las condiciones de la atmosfera a esas altitudes.

Las fotografías de hoy, de diciembre de 1994, en Greenwich, el distrito de Londres dedicado a la ciencia y el progreso. Por lo menos, antaño.

Y aquí viene el principal punto negativo de una película que por lo demas es bastante entretenida. La aventura tal y como fue históricamente, aunque se ficcionalice lo que sucedio en ella, era suficientemente interesante. Pero supongo que por lo «políticamente correcto», se sustituye un personaje histórico real de gran mérito, por una aeronauta femenina.

Básicamente, estoy de acuerdo por completo en la necesidad de que el mundo del cine y la ficción en general cambie su visión de los papeles femeninos. Por el bien de las mujeres, pero también de los hombres. Es necesario, como el comer, generar modelos positivos de comportamientos femeninos, en los que se puedan fijar tanto chicas como chicos, alejados de los que convencionalmente se han atribuido a las mujeres, pero también alejados de los más nocivos comportamientos de muchos hombre, que algunas mujeres tienden a copiar. Un delicado equilibrio que no siempre funciona.

Obsérvese la última trilogía de Star Wars, donde han promocionado una nueva heroína femenina, así como otros personajes femeninos de mérito, pero que no han funcionado bien. En las tiendas Disney no se encuentran muchas mercaderías dedicadas a la protagonista. Obviamente, no se venden. Esta visto que los fans de Star Wars son más machistas de lo que creen. Las chicas, en ese entorno no venden. Incluso son atacadas. Véase lo sucedido con el personaje de Rose Tico (Kelly Marie Tran) en el episodio VIII, a pesar de que cumplía el muy necesario rol de ser conciencia moral de su compañero masculino, entusiasta, orientado a la accion, pero sin consideraciones éticas claras. Lo mismo que sucedía con la almirante Holdo (Laura Dern) respecto al destalentado Poe Dameron (Oscar Isaac). Los dos personajes femeninos fueron muy rechazados por los fans a los que tanto se han preocupado de contentar en el episodio IX. Con lo cual, los que no hemos quedado preocupados por el machismo de Disney somos otros, por mucho que lo disfracen.

Está claro. Son necesarios los roles femeninos en la ficción que proponga valores y modelos a los más jóvenes. Pero lo que no es necesario es darle de patadas a la historia, por mucho que sea una costumbre establecida en el mundo del cine. Oiga… invéntense una historia totalmente nueva, ponga el personaje femenino con el mensaje que quiera transmitir y hágalo bien. Pero no ningunee a un personaje histórico, hombre o mujer, que lo hizo bien. Y que efectivamente, es probable que con su pericia salvase la vida del científico, que así pudo vivir dedicado a la ciencia y al progreso durante casi 100 años.

La película es entretenida y de manufactura correcta. Aunque intrascendente. Para una sobremesa de un día de Reyes, perfecta.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***