[Nostalgia] Diversiones de posguerra

nostalgia

En el baúl de los recuerdos de mi madre no falta una especie muy curiosa; la de los programas de cine, postales de actores y actrices, u otras cuestiones relacionadas con el mundo del espectáculo y la diversión de la triste posguerra española. Pero ninguna sociedad, por triste que sea de forma intrínseca estructural, puede pasar sin sus momentos de evasión. Y el cine fue probablemente el medio de pasar alguna tarde de domingo escapándose de las realidades cotidianas. De forma no muy distinta a lo que sucede hoy en día, aunque los escapismos se hayan diversificado en forma de televisión, internet, deportes de masas y otros. Algunos de estos también existían o apuntaban maneras en los años 40 y 50 del siglo XX.

Lo que me llama la atención es la existencia en el baúl de fotografías de personas disfrutando de los placeres del esquí, hechas un pincel, con los estilizados modelos de la época. Aunque la familia de mi madre, antes de la guerra, tenía sus posibles y probablemente disfrutaban de cierto «nivel» en las relaciones sociales, lo cierto es que la salida del conflicto bélico (in)civil les dejó muy mal parados económicamente. No entraremos en ello, no merece la pena ahora. Así que lo de disfrutar del esquí en las estaciones catalanas más antiguas, como La Molina, donde parece estar hecha la foto de la señora o señorita desconocida, no entraba dentro de sus posibilidades. Hoy en día la práctica del esquí no es barata, pero se ha convertido en un entretenimiento invernal mucho más común. En aquella época estaba reservado a determinado nivel socioeconómico.

Tuve que asentarme yo profesional y económicamente para que alguien de la familia pudiera disfrutar de la nieve en los Pirineos o en los Alpes. Disfrute que ya no es posible por culpa de un fisura en mi menisco interno derecho. Que se le va a hacer.

[Libro] Los dieciséis árboles del Somme – Lars Mytting

Literatura, Sin categorizar

Tres elementos se dieron en su momento para que me decidiese a comprar este libro en formato electrónico y, eventualmente, a leerlo. Por un lado, las buenas experiencias en los últimos años en lo que se refiere a autores noruegos, siempre fuera del machacado y sobreabundante nordic noir. Que no va de eso la cosa. Por otro lado, la oferta para comprar el libro electrónico por menos de dos euros cuando normalmente se vende a casi diez euros. Y finalmente, que encontré bastantes referencias positivas en una revisión rápida sobre su autor, Lars Mytting, y en concreto sobre la novela que nos ocupa hoy.

La novela tiene un título en noruego totalmente distintos, Svøm med dem som drukner, que se traduciría por algo así como Nada con quienes se están ahogando. Nunca he sido partidario de los cambios en los títulos; por algo el autor les puso el que les puso a sus obras. Pero bueno, tampoco me voy a poner pesado en esta ocasión sobre el tema, y sobre las «ocurrencias» y «genialidades» de los editores y editoriales a la hora de poner títulos «adaptados» al lector de otros países. Como creo que ya comenté en algún momento respecto a la obra de otro nórdico, un sueco, no es lo mismo «odiar a las mujeres» que «no amar a las mujeres». Y sí… es una diferencia sustancial.

La Noruega que conocemos en la novela no es la más turística de paisajes con fiordos, nieves o montañas espectaculares. Es la interior, de granjas, bosques y salpicada de lagos, que tuvo tiempo de esbozar en mi mirada en el trayecto ferroviario entre Oslo y Bergen hace unos años.

En esta ocasión, nos trasladamos a los primeros años 90 del siglo XX, al interior de Noruega, a un ambiente rural y granjero, donde vive Edvard, un joven que vive marcado por una serie de hechos. Sus padres murieron prematuramente en Francia al explotar una bomba de gas de la Primera Guerra Mundial cuando él tenía sólo cuatro años. El estuvo desaparecido durante cuatro días cuando eso sucedió. Fue criado por su abuelo, que es odiado por sus vecinos por haber sido simpatizante de la Alemania nazi durante la guerra. Su abuelo vive extrañado de su hermano, que parece que luchó en el otro bando, y de quien le separan antagonismos no bien comprendidos. Y en estas estamos cuando la muerte repentina del abuelo, abre el camino a la posibilidad de desvelar las razones y los motivos de todas estas situaciones. Dando lugar a un recorrido que nos llevará de la Noruega interior a las islas Shetland, y de allí a los campos del valle del Somme. Y a la vez a las herencias que las tribulaciones históricas del siglo XX, especialmente sus dos guerras globales, dejó en las vidas de muchas personas.

Al terminar de leer la novela, esta me dejó un cúmulo de sensaciones. Mytting abre un pastel en los primeros capítulos que ofrece una infinidad de historias, todas ellas interesantes, todas ellas potencialmente trascendentes. Hay muchas posibles novelas en el universo que crea el autor. La de la reflexión sobre la sinrazón de las guerras. La del joven despistado que buscan encontrarse y saber quién es y con quién quiere estar. La de la historia del desarraigado, que cuando pierde su razón de ser principal, su pasión, pierde el rumbo y navega por su vida sin arribar a ninguno de los puertos que se le ofrecen. La del anciano que tiene que cuidar a su nieto, sufriendo por las consecuencias de sus decisiones de juventud. La de la mujer que nace en un infierno y en muere por las consecuencias de otro y cuya historia debe ser contada y recordada. La de una historia de amor, improbable, y tal vez, sólo tal vez, realmente imposible.

El problema es que muchas de estas historias quedan esbozadas, pero no bien desarrolladas, mientras vamos acompañando a un protagonista principal que carece de suficiente carisma como para que realmente nos importen sus cuitas. Nos interesan más todos aquellos que le rodean o con los que se encuentra, que él mismo. Y además, que la novela no encuentra un ritmo adecuado. Avanzando a trompicones, con distintas velocidades en cada momento, sin que encontremos un motivo para ello.

No os confundáis. No me parece una mala novela. Al contrario, globalmente me ha resultado muy interesante. El problema es que se queda en algo que está bien, cuando había material, ideas y posibilidades para ser apasionante. Y al final, no llega a tanto, ni mucho menos. De lo que más te quedan ganas es de visitar los lugares por donde pasa. Y de conocer a Gwen.

[TV] Cosas de series; comedia con crímenes, o más o menos

Televisión

Más o menos al mismo tiempo comenzaron a emitirse las dos comedias, o no tan comedias, de la entrada de hoy en este Cuaderno de Ruta. En HBO. Donde todavía van estrenando sus series semana a semana y no todos los episodios de golpe. En parte también porque algunas de ellas vienen de otras cadenas, y de las que tienen sus derechos de emisión en determinadas partes del mundo. Y más o menos al mismo tiempo han terminado. Veamos sus consecuencias.

Durante la tercera temporada de «Killing Eve» hemos «disfrutado» de la presencia de Villanelle en tierras españolas. En Granada, entre otras ciudades.

Killing Eve, de la cual he podido ver estas semanas atrás su tercera temporada, funciona mejor como serie maratón que con el enfriamiento de la trama semana a semana. Hay series que necesitan cierto reposo, y otras en el que el encadenamiento de la trama hace que funcionen mejor en plan maratón. Más o menos. Abogo por el ejercicio físico frecuente, por lo que para mí «maratón» televisivo significa dedicarle el rato de la comida o de la cena de unos cuantos días seguidos. Me parece aberrante lo de pegarse una sentada levantándose sólo para ir al baño o para abrirle la puerta al repartidor de Glovo. De verdad. Haced ejercicio, caminar. Y haceos vuestra propia comida. Sana. Nada de las porquerías llenas de grasas y sal de la comida a domicilio. Opine lo que opine la Comunidad Autónoma de Madrid, los menús de Telepizza son dietéticamente aberrantes. No sólo para los niños. A todas las edades. El caso es que las aventuras de Villanelle (Jodie Comer) [también Eve (Sandra Oh), pero yo soy más de Villanelle… y de Konstantin (Kim Bodnia)] se disfrutan más sin perder continuidad. No hay que paladearlas en exceso. No vaya a ser que descubramos las trampas o se resienta la suspensión temporal de la incredulidad. Hay que consumirlas con una gula moderada. Tampoco apresuradamente, que hay que estar atentos a los detalles. En esas condiciones, son uno de los platos más deliciosos de la televisión actual. Creo que voy a volver a ver la tercera temporada el próximo fin de semama.

Cuando leí la premisa de Run, y vi su reparto, encabezado por Merritt Wever y Domhnall Gleeson, me entraron muchas ganas. Pero no sé muy bien porqué, a pesar de que las expectativas aumentaron tras el primer episodio… hubo un momento… allá por Chicago… en el que empecé a despegarme de lo que les pudiese pasar a esta pareja de fugados. Entendámonos. Son dos excelentes intérpretes, especialmente Wever. Pero algo había en la historia que me hacía perder el pie, especialmente con el personaje de Gleeson. Al final, en sus episodios finales volvió a coger ritmo, aunque ya no fue lo mismo. La supongo cerrada. Para mí no tendría mucho sentido una continuación. Aunque estaría dispuesto a ver un spin off protagonizado por la taxidermista Laurel Halliday (Phoebe Waller-Bridge) y la policía Babe Cloud (Tamara Podemski). Lo digo en serio.

[Recomendaciones fotográficas] Algún obituario y algo de historia

Fotografía

No sé muy bien qué ha pasado en mis recorridos habituales por los sitios que hablan de fotografía, pero no he marcado muchas recomendaciones. Probablemente, muchos de los norteamericanos y de otras nacionalidades están muy centrados en el problema de la violencia policial en los Estados Unidos y otras manifestaciones del racismo intrínseco en aquella sociedad… y en el conjunto del género humano, sospecho. Pero yo quería dar un poco de variedad a las recomendaciones de este domingo. Algo habrá relacionado con el racismo… bastante,… pero… me hubiera gustado más variedad.

Empecemos con un obituario del que habla de forma extensa Cartier-Bresson no es un reloj. Ya hablé hace un tiempo de la fotógrafa Elsa Dorfman (1937 – 2020), que se dedicó buena parte de su vida a hacer retratos con una Polaroid gigantes que ofrecía fotografías de 20 x 24 pulgadas… esto es 50,8 x 61,0 cm. Lo hice a propósito de un documental en Netflix que hablaba de la obra y la personalidad de Dorfman. Sinceramente, me pareció curioso, pero la obra de Dorfman tampoco me enganchó en especial. En fin. Ha fallecido recientemente, y si alguien quiere conocer tanto a la persona como a su obra, ahí tenéis los enlaces.

Esta semana, en Lenscratch han dedicado varios de sus artículos al paisaje fotográfico, urbano o natural, con un sentido histórico. Y he recogido dos de ellos. En el primero, el fotógrafo Kwasi Boyd-Bouldin recoge el fenómeno de la gentrificación en sus New American Landscapes en Nueva Orleans. Fenómeno que siempre sirve para que unos pocos recojan beneficios y otros muchos queden todavía más pobres y marginalizados.

En un segundo artículo, encontramos un proyecto del fotógrafo Wendel A. White, en el que realiza un trabajo a partir del fotografías realizadas a las escuelas reservadas a los niños afroamericanos en la sociedad segregada americana. Y lo hace en varios estados que no pertenecen necesariamente a ese profundo sur norteamericano donde se supone que pasan todas esas maldades. Nop. Son estados «libres» limítrofes con estados esclavistas del sur… donde también se produjo segregación de iure o de facto.

Si una sociedad recibió el duro juicio de la historia por su aberrante política de segregación racial fue la de Sudáfrica. Pero todo tiene puntos de vistas. Y en un artículo de Feature Shoot nos encontramos fotografías, y una reflexión sobre ellas, de David Goldblatt. Este fue un fotógrafo judío de una familia que había huido del antisemitismo europeo… para encontrarse con el antisemitismo de los afrikáners racistas y segregacionistas. Acabó yéndose del país después de casarse. Pero nos dejó su visión del país. En este caso, con su visión del esa sociedad afrikáner, que generó tan aberrante régimen.

Pronto comentaré uno de los últimos libros que he leído, cuya acción se sitúa en los tiempos de la Revolución Cultural china. En unos días o pocas semanas a lo sumo. Pero si hay un régimen que se las ha apañado a lo largo de sus poco más de 70 años de existencia de degradar, deformar o tirar a la basura las ideas de justicia social y mejora de las condiciones de vida de los trabajadores, no es otro que el del Partido Comunista Chino, convertido en otro fascismo nacionalista más de los demasiados que han plagado la historia del mundo. El fotógrafo David Bart mezcla los paisajes fotográficos con la imaginería de la propaganda política en el entorno de la faraónica obra de la presa de las Tres Gargantas. Monstruo de la ingeniaría civil utilizada como gran elemento de propaganda por el régimen chino, y que probablemente generará tantos problemas o más como los que pudiera resolver. Lo hemos visto en Photography of China.

[Fotos] Recuperando los paseo en las mañanas de domingo soleadas

Fotografía

Si el mes de junio de 2020 está siendo bastante más fresquito de lo que esperábamos en Zaragoza, el último domingo de mayo fue un día soleado y agradable. Camisetas y pantalones cortos o bermudas para disfrutar de lo poco que nos queda de primavera en los tiempos del nuevo coronavirus. Así que cogí una cámara, algo de película y salí a pasear y hacer fotos. Por mis recorridos tradicionales de paseo en la ciudad, que en los tres últimos meses no he podido apenas visitar.

Las cuestiones técnicas de las fotos las podéis encontrar en Soleado fin de mayo con la Fujifilm GS645S Wide60 + Lomography Potsdam Kino 100.

[Cine en TV] Bad Education (2020)

Cine

Bad Education (2020; 29/202000606)
En esta ocasión nos vamos a una película estrenada recientemente en HBO. No creo que esta película hubiera llegado a la gran pantalla. Esta cadena televisiva lleva años haciendo excelentes largometrajes para su estreno dentro de la cadena, hoy en día en la plataforma de vídeo bajo demanda de la misma. Excelentes. Por lo tanto, independientemente de lo que digan los interesados «listos» de Hollywood y otras academias de cine, merecen la pena ser comentados estos estrenos en igualdad de condiciones con los que se estrenan en la gran pantalla o estaban pensados para ello, aunque luego las circunstancias los lleven a otros lugares.

Recupero algunas fotos de aquellos tiempos «lejanos» en los que la población estaba confinada por culpa de un virus, especialmente los escolares.

Supongo que esta película dirigida por Cory Finley debería haberse titulado Mala educación en castellano, pero como ya Almodóvar puso un título similar a una de sus películas, han optado por el anodino y poco sugestivo título de La estafa. Es cierto que se nos cuenta una… ¿estafa? Más bien es un caso de corrupción en organismos públicos. Una que fue real. El superintendente de un distrito escolar (Hugh Jackman) en una zona tremendamente pija de Long Island, que aspiraba a convertir sus escuelas e institutos en los más valorados del país, es descubierto por una estudiante con actividad extraescolar en el periódico escolar (Geraldine Viswanathan) como un malversador de fondos públicos de marca mayor, junto con su asistente principal (Allison Janney) y su familia.

Por lo que he podido deducir de lo que he leído sobre lo que sucedió realmente en Roslyn a principios de los 2000, la película se toma sus licencias sobre la forma en que sucedieron los hechos, con el fin de conseguir un relato dinámico y comprensible de lo que en esencia pasó. Pero sí que es fiel a la esencia del caso de corrupción en este acomodado distrito escolar norteamericano. Lo grandes aciertos de la película, de todos modos, son dos; el tono de comedia negra que recibe el conjunto de la historia, que la hace muy amena, y el absoluto estado de gracia en el que trabajan los dos personajes principales de la historia, Jackman y Janney. Ambos, pero especialmente el primero, en el que es probablemente el mejor trabajo que le he visto nunca.

Gran acierto de un director casi debutante, con un guion funcionalmente impecable, con un tono bien escogido, y con un reparto que justifica por sí solo el visionado de la película. Totalmente recomendable.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Nostalgia] Fotos del Pilar

nostalgia

Llego al ecuador de esta serie de entradas nostálgicas, llego a la sexta de doce que tengo planificadas, todas ellas a partir de las fotos que hice con mi Hasselblad a una parte del contenido del baúl de los recuerdos familiar, que es lo mismo que decir el baúl de los recuerdos de mi madre, durante uno de los fines de semana del confinamiento por la covid-19. Ahora ya estamos mucho más libres. Todavía existen algunas restricciones y estamos obligados a llevar las mascarillas en determinados entornos y situaciones. La principal restricción ha sido siempre la movilidad, que ahora, en Aragón tenemos limitada a no poder salir de la comunidad autónoma. Pero paseamos libremente. Nos tomamos nuestras cervezas. Y quedamos incluso a cenar. Todavía no podemos ir al cine. O no como nos gustaría. Este sábado pasado quedé con unos amigos en una terraza en el parque lineal que recorre las orillas del Ebro en Zaragoza, a la altura de la avenida de Ranillas, a la que recientemente cambiaron el nombre por el de un político, ex-alcalde de la ciudad por un rebote, no especialmente brillante, pero que como ya ha muerto… pues ya no se puede criticar, parece. Qué manía la de ponerles nombre de político a las calles… no me gusta, da igual el signo político que representen. El caso es que cuando me dirigía hacía allí, hubo una tormenta, y al cruzar el punte de la Almozara, hubo esto.

Subí la foto a una red social, donde tuvo un cierto éxito. A pesar de que la subí con un texto que yo suponía irónico sobre los tópicos que hacen que una foto tenga éxito en las redes sociales. Y que la mayor parte de las ocasiones no tiene que ver con la calidad. Para quienes no conozcan Zaragoza, las vistas del río Ebro y la basílica del Pilar son dos tópico, topiquísimos, en las fotos y la imaginería de la ciudad. De esas imágenes que reconocemos inmediatamente, que algunos se les enternece el alma y se les elevan los sentimientos… y a otros nos resultan más cansinas y empalagosas. Y si ya tiene un arco iris… pues no te digo. Bueno,… la principal respuesta fue de quienes gustan de estos topicazos. Aunque la foto no es especialmente buena. Tiene claros problemas de equilibro en la composición.

Pero claro… a veces pensamos que esto es algo de ahora. Cuando en realidad llevamos haciendo lo mismo, con mayor o menor intensidad, con mayor o menor rapidez, dependiendo de los medio técnicos desde más de un siglo. No tienen tantos años las fotos que muestro a continuación. Ninguna de las dos fotos está claramente fechada. La del grupo de personas, a quienes no conozco, correspondería a los años 40. Mientras que la que es conceptualmente similar a mi foto, el río y la basílica con cielo nublado desde otro puente, podría ser de los años 30. Como se puede apreciar, faltan las dos torres traseras, y no se aprecian, es cierto que están muy lejos, las obras de las torres traseras, que no comenzaron hasta 1950, terminando en 1961. En Zaragoza, cuando algo tarda mucho en completarse es «la obra del Pilar», que transcurrieron desde 1681 a 1961… 280 años…

A las fotografías del Pilar desde el puente de Hierro o puente del Pilar, que es su nombre oficial, acompaña un fotografía de mi madre en una fiesta de disfraces en fecha no determinada. Es la tercera de pie, empezando por la izquierda… o por la derecha. Tampoco tengo referencias sobre el año de la foto, ni conocemos al resto de los que allí aparecen. Mi madre vivió durante bastantes años durante la posguerra inmediata en Barcelona, pero no podemos situar exactamente si la foto se hizo en la ciudad catalana, o si se hizo ya una vez de regreso en Zaragoza.

En fin, os dejo con otra foto tomada el sábado por la tarde, un poco mejor equilibrada en su composición, con mejor luz, y que recoge mejor la información de cómo era la tarde.

[Libro] El último verano – Ricarda Huch

Literatura

No puedo recordar en este momento dónde encontré recomendado este libro… espera que lo miro… Sip… este fue una recomendación Kindle Flash y me costó muy baratito. Después de hacer una breve investigación sobre quién fue Ricarda Huch, su autora, alemana, a la que le fue mal por la situación política tanto antes de la guerra mundial, la segunda, como después. Cosa más de estar en el sitio inadecuado en el momento inadecuado… aunque no vivió mucho tras el final de la contienda.

Sigo sin tener fotografías de Rusia, país que aún no he visitado, ni perspectivas que tengo en estos momentos. Así que lo sustituiremos por vistas de Tallin en Estonia, que en 1905 pertenecía al Imperio ruso.

El caso es que tenemos aquí una entretenida novela en forma de intercambios epistolares, cuya acción se desarrolla en la primavera y el verano de 1905, en la residencia de verano de quien sería gobernador de San Petersburgo, Imperio ruso, en medio de los movimientos revolucionarios que se dieron aquellos años en el gigante de la Europa oriental. Allí se ha refugiado el gobernador y su familia, esposa, hijo y dos hijas, todos ellos de poco más de veinte años, y un individuo contratado para proteger al gobernador, que ha ordenado el cierre de la universidad y otras medidas represivas, pero que en realidad está allí para asesinarlo. De lo que sucederá, nos enteraremos por el intercambio epistolar con otros familiares y amigos de la familia y con otros conspiradores.

Planteada como una obra menor, casi como un divertimento, la novela aparece como un interesante documento sobre el modo de vida y el modo de pensar de las clases altas europeas en los países más conservadores y autoritarios, y especialmente en Rusia. Y no deja de tener un tono ligero, tiene claramente forma de comedia, a pesar de la gravedad de los hechos históricos de fondo, así como de lo que puede suceder en la propia casa de campo en la que se mueven los personajes de la novela.

He de decir que me encantó, que la disfruté mucho. Que me parece una novela moderna, ingeniosa. Ágil. Como no tiene mucha extensión, no tardé mucho en leerla. E incluso el final, que no está claro durante el desarrollo de la trama, sorprende en su forma, aunque hay detalles en el desarrollo que lo avanzan. No por ello se disfruta menos. La novela no sólo es una comedia costumbrista, también implica un misterio. ¿Conseguirá el agitador asesinar al gobernador o será descubierto y capturado? Lo tendréis que leer. Algo que os recomiendo.

[TV] Cosas de series; ¿comedia negra?

Televisión

Hace tiempo que descubrí que la comedia pura cada vez se da menos en el cine y en la televisión. Que lo habitual es que se den mezclas de comedia y drama. Hasta el punto que los anglosajones ya hablan del género dramedy, dra(ma-co)media. Pero las series que hoy traigo aquí se han encuadrado de una forma u otra en otro género de la comedia, el de la comedia negra. El problema es que este apelativo, comedia negra, se otorga demasiado frecuentemente cuando hay una muerte en el argumento, sea importante, sea un mero macguffin, o sea accesoria. Pero no necesariamente es… como sucede con las dos series de esta semana.

No se me ocurrían fotos relacionadas con los temas de hoy, así que en lugar de los lugares idílicos en «la nube» de los cielos virtuales de una de los series de hoy, nos trasladaremos a lugares agradables, terrestres, de verdad, de materia y energía convencional.

Por un lado tenemos la segunda temporada de Dead to me, cuyo principal atractivo ha sido siempre la química entre sus dos protagonistas, Christina Applegate y Linda Cardellini, dos mujeres totalmente distintas entre sí, que en la primera temporada quedaban unidas en el duelo tras el fallecimiento del marido del personaje que interpreta la primera por… bueno, dejemos para otro rato lo de destripar la serie. La segunda temporada comienza también con otra muerte… «accidental» como la original, que lleva a dar nuevas energías a la extraña relación entre las dos mujeres, que a pesar de sus más y sus menos, siguen en un proceso de acercamiento personal. Realmente, la serie se ha lucido bastante cuando ha entrado en el género de la comedia negra, que ha sido a ratos, mientras desarrollaba otras líneas dramáticas relacionada con la maternidad, con las relaciones que acaban o empiezan, o con el sentimiento de culpa que muchos arrastran/arrastramos en algún u otro momento de su vida. Se ha mantenido a buen nivel; de hecho, creo que el guion y el ritmo de la serie incluso ha mejorado algo con respecto a la primera temporada. Bastante recomendable.

Upload es una novedad en Prime Video de Amazon. Una sociedad en la que los muertos puede aspirar a la «vida» eterna descargando su personalidad y sus recuerdos en forma de software y trasladándolos a entornos de vida virtual, en la «nube», donde incluso tienen capacidad para comunicarse con el mundo real. La serie se mueve en tres dimensiones, que quedan bien conectadas entre sí. (1) Un misterio, el de la muerte prematura y por accidente del protagonista masculino, Nathan (Robbie Amell). (2) El triángulo amoroso entre Nathan, su novia en vida, que le paga la estancia en el cielo virtual, Ingrid (Allegra Edwards), y Nora (Andy Allo), su «ángel», la empleada de la empresa de software responsable de gestionar su estancia en el cielo virtual. (3) Un crítica al capitalismo y al consumismo imperante, donde tanto tienes (y eres capaz de gastar), tanto vales. La serie funciona bien. Los personajes generan mucha empatía. Y en lo referente a los misterios, son menos evidentes de lo que parece. También hay un proceso de crecimiento personal en los personajes, que hace que la serie adquiera más interés de lo que su premisa de partida sugeriría. Probablemente uno de los simpáticos hallazgos televisivos de la temporada.

[Recomendaciones fotográficas] … además del «Black Lives Matter»

Fotografía

Indudablemente, una de las cuestiones que más acaparado los espacios dedicados a la actualidad, y también en las páginas dedicadas a la fotografía, es el asesinato por parte de policías de otra persona afroamericana. Cuestión especialmente desagradable, más todavía de lo habitual, por la actitud de la policía ante las justificadas protestas y por el envalentonamiento de los grupos racistas en determinados lugares. Supongo que muchos policías americanos están con los grupos racistas y fascistas. Y me temo que no sólo en Estados Unidos. Pero muchas de las referencias históricas en fotografía en la lucha por el respeto, los derechos civiles y la igualdad jurídica y social ya han ido apareciendo en estas páginas, así que no me extenderé por todas ellas. Por cierto, hay quienes se quejan del uso y abuso de los términos «fascismo» y «fascista» para denominar a muchas derechas populistas. Yo sugiero acudir a este ensayo de Umberto Eco, sobre el ur-fascismo, y quizá comprobarán que desgraciadamente no se abusa de estos términos.

Ya tenemos libertad de caminar cuando y por dónde queramos. También, desde mañana, para movernos en coche por toda la comunidad autónoma de residencia. Por lo menos en Aragón. A ver si para el fin de semana que viene pienso algo, ahora que tengo el coche recién revisado, con ruedas y batería nuevas, y otras cositas.

De lo que ha aparecido en estos días en las redes me quedaré con un artículo de Feature Shoot sobre el trabajo de Dawoud Bey, que no hace mucho que apareció por estas páginas, pero como es un fotógrafo del que todavía sé poco, no me importa volver a recomendar.

Y ahora, vamos a otros temas. Por ejemplo, otra recurrente de estas páginas es Francesca Woodman. Tal es la popularidad que ha adquirido una fotógrafa que hace casi 40 años que falleció, que no dejo de volver a ella por dos motivos. Porque muchas de sus fotografías y series me gustan mucho y porque, a pesar de ello, no es fácil de comprender. La exposición que pudimos visitar el año pasado en Madrid puso su granito de arena en este proceso de comprensión de la obra fotográfica de Woodman. Y el reciente artículo de Cartier-Bresson no es un reloj, que es mi recomendación de hoy, también.

Todos los años a principios de junio se recuerda la masacre de Tiananmen en Pekín, deleznable y sangrienta demostración de la auténtica naturaleza del régimen de la República Popular China, que parece ser admirado por la gestión de la crisis epidémica reciente en su territorio, tan «buena» (espooooiler… no ha sido buena ni de lejos). En Magnum Photos le han dedicado un artículo estos días atrás, a través de las fotografías de Stuart Franklin, especialmente la del hombre solitario con una bolsas que detuvo, momentáneamente, la columna de carros blindados. Pero hubo muchas más fotos. Sirva para recordar que un fascismo no tiene porqué estar liderado sólo por las derechas populistas; los partidos comunistas también se las han apañado muy bien a lo largo de la historia para recoger las esencias de ese fascismo original del que hablaba Eco.

Por cierto, Magnum Photos ha iniciado estos días atrás algo que llama #Flow o #MagnumFlow… y que explica de formas complicadas y elevadas… Bueno, después de darle varias vueltas, parece más que nada un blog con noticias de actualidad, con la ilustración gráfica de los fotógrafos de la agencia. Eso sí, menciona a la covid-19 y otros términos de moda para explicar lo que es. Realmente parece que puede ser interesante de seguir.

Para finalizar, algo más relajante. En Photography of China nos han presentado los bellos paisajes de Mongolia del fotógrafo suizo Marc Progrin, en todo tipo de situaciones, de estaciones, y entorno, desde la estepa a las montañas. Me han gustado, oye. Que ganas de volver a viajar…

[Fotos] Al caminar, comprobando que una cámara funciona bien

Fotografía

Es simplemente eso. Lo que dice el título. Tenía que comprobar que una de mis cámaras más antiguas y queridas, una Leica IIIf de 1951, funcionaba correctamente. Así que una mañana de lluvia, camino del trabajo, le puse un rollo de película y fui haciendo fotos. Y la cámara funcionó correctamente. Los detalles técnicos los tenéis en Algún problema, ya resuelto, con Leica IIIf + Ilford FP4 Plus 125 a IE 400.

[Cine en TV] The song of names

Cine

The song of names (2020; 28/20200530)

Estamos ante otra película canadiense, o al menos de director canadiense, François Girard, que se puede ver en Netflix. Pero en esta ocasión no se trata de una producción de Netflix, sino de una película que probablemente podríamos haber visto en salas durante esta primavera. Creo. Y como eso no ha podido ser, pues supongo que han decidido estrenarla en una plataforma en línea. Y con un reparto a priori atractivo. Me parecía una propuesta distinta de lo que hemos ido viendo desde que cerraron las salas de cine. Desesperados por encontrar una mínima calidad en cine de estreno. En cine que no es de estreno… pues sí que es posible ver mucho cine bueno en las plataformas en línea. Pero de estreno…

Aunque el campo de exterminio mencionado en la película es Treblinka, de donde tengo fotografías es de Auschwitz, que servirán para ilustrar los pasajes más ominosos de la historia que nos cuenta esta película.

Estamos ante la historia de dos hermanos «adoptivos», por decirlo de alguna forma. Por un lado Dovidl (Clive Owen, adulto; Jonah Hauer-King, joven; Luke Doyle, niño), polaco judío, que en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, y siendo niño prodigio con el violín, es llevado a Londres por su familia y acogido en un familia como si fuera un hijo propio. Más cuando durante la guerra su familia, desaparece. Por otro lado Martin (Tim Roth, adulto; Gerran Howell, joven; Misha Handley, niño), el hijo de la familia de acogida, que tras un periodo de adaptación acaba aceptando a Dovidl como hermano. Ya en su juventud, Dovidl va a dar su gran concierto de presentación tras una grabación de un disco con gran éxito. Pero no se presenta al concierto, desaparece, al mismo tiempo que causa la ruina de la familia que lo ha acogido. Martin, ya adulto, decide que es hora de encontrar a Dovidl y aclarar las cosas. La película es la historia de su búsqueda.

No obstante, la película va moviéndose temporalmente hacia delante y atrás en el tiempo, entre la infancia, la juventud y la madurez de los personajes, hasta que vamos encajando las piezas de lo que sucede. Salvo la ausencia de linealidad temporal en el guion, la realización es relativamente académica. Con sabor más a película británica de época que otra cosa. Y podemos decir que su reparto tiene nivel suficiente para sacar adelante la historia sin problemas.

Otra cosa es si el director consigue un tono general que provoque una respuesta emocional en el espectador, y de qué tipo es esta respuesta. Con el tema central el olvido de las personas individuales, víctimas de los asesinatos masivos causados por los alemanes durante aquel triste período de la historia, la necesidad de recordar, obviamente se busca una respuesta emocional. Y a mí, por el contrario, me dejó un poco frío. Basada en una novela en la que se aventuró, con éxito por lo que se ve, el periodista comentarista musical Norman Lebrecht, no puedo juzgar en qué medida el material de origen puede ser responsable o no del resultado fílmico o si es que la adaptación no funciona. Como curiosidad, la única película del director tengo registrado haber visto me gustó tan poco como mucho me gustó el libro en el que se basaba.

Mi sensación general es que la película parte de una serie de premisas muy interesantes, incluso con subtramas paralelas muy interesantes, que podrían haber dado una historia muy interesante y se queda a medio camino. De hecho, el camino de Dovidl para llegar al final de la película, que se cuenta pero de forma colateral, me parece más interesante que el camino de Martin para llegar a Dovidl.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***