[Recomendaciones fotográficas] Clásicos y contemporáneos mezclados

Fotografía

Son ya las diez y media de la mañana. Hoy he dormido más de lo que pensaba, lo cual está muy bien para un domingo, pero también me hace ir muy justo de tiempo respecto a todo lo que quería hacer esta mañana. Así que intentaré contar mis recomendaciones fotográficas con cierta agilidad.

Inge Morath aparece con frecuencia en mis páginas. La austriaca es una de mis fotógrafas favoritas. Y además todo indica que fue una persona, una mujer, elegante e íntegra a nivel personal. El siempre interesante blog Cartier-Bresson no es un reloj le dedica un artículo. Con fotos suyas y con fotos de ella… es decir, donde sale ella. Me ha encantado. Y me gusta que observen que fue una pionera del color.

Sigo con fotos de la Olympus Pen F, con el carrete de Ilford Pan F Plus. Que me está gustando más de lo que pensaba, a pesar de que con sólo ISO 50, menos el paso que se come el filtro amarillo, es un poco precario para callejear. Pero a cambio, un grano finísimo, estupendo para un negativo que es ligeramente inferior a la mitad de un 24 x 36 mm.

Bruce Davidson es uno de los mejores fotógrafos documentalistas del siglo XX y uno de mis favoritos. Especialmente tras visitar la exposición que se le dedicó en Madrid hace poco más de tres años. Y en Magnum Photos nos comentan cómo se hizo unas de las fotografías que más me han atraído de este fotógrafo y que habla mucho de la naturaleza de la adolescencia.

Otro clásico de la fotografía documental, en esta ocasión japonés, es Daido Moriyama. Muy importante también. Y en Albedo Media nos cuentan que se ha abierto una exposición sobre él en Barcelona. Si estuviese o pasase por allí, no me la perdería.

Los de Fujifilm la han liado parda. La marca japonesa hace tiempo que me despierta sentimientos ambivalentes. Concibe algunas de las cámara más interesantes del mercado actual, aunque siempre con un puntito que ha impedido que me haya hecho pleno consumidor de la marca, y al mismo tiempo manifiesta ciertos modos empresariales bastante ariscos e inconsecuentes. Recientemente han presentado su quinta iteración de su X100, la X100V. Una bella cámara, casi «perfecta». Y para promocionarla, han filmado a varios de sus fotógrafos en nómina, X ambassadors les llaman, para promocionarla. Uno de ellos es Tatsuo Suzuki (instagram). Hace tiempo que conozco la obra de Suzuki. Visualmente heredero de Moriyama y otros fotógrafos de Provoke, aunque conceptualmente creo que no. Fotógrafo de calle, street photographer le llaman ahora a este tipo de fotógrafo documental, que es muy directo en su aproximación a la persona que va a la suya por la calle, provocando una reacción que es lo que aparece en sus fotografías, más que la propia naturaleza de la persona. Recuerda a Bruce Gilden. Pero al ver el vídeo, muchos han protestado. Y Fujifilm ha repudiado al fotógrafo y ha retirado el vídeo. Que se puede ver en otros sitios.

Lo de Fujifilm me parece pura hipocresía. Muchísima gente conocía como trabajaba. Y es como lo hacen muchos hoy en día, muy agresivos con el peatón. A mí mismo en Berlín me asaltó un tipo para hacerme una foto en los morros, de forma muy agresiva. No me atrae demasiado, aunque tiene fotos interesantes, y sigo su cuenta en instagram, pero es una opinión que formé y sostengo con razonable coherencia. Conozco su obra y no me llamo a engaño. Que después de haberlo aceptado y llevar bastante tiempo apoyándose mutuamente entre el fotógrafo y la marca, ahora lo pongo de vuelta y media por las quejas de los que no se coscan en las redes sociales, me parece una falta de criterio absoluta. Una falta de una línea y una ética empresarial definidas. Una hipocresía, porque uno de los argumentos de la marca para vender esta cámara, es que sirve para hacer este tipo de fotografía. Suzuki, independientemente de que nos guste o no su forma de hacer fotos, es un promotor activo de la fotografía, editando revistas y sosteniendo salas de exposiciones. Y muchos de los comentarios negativos incluían, de personas occidentales, incluían un trasfondo racista bastante clara, escondido en «lo políticamente correcto». Lo han comentado en 35mmc.

En Photography of China (instagram), me ha gustado la obra de Cheng Huanfa (instagram). Habla sobre todo de su relación con su pareja, de su familia, que va documentando desde 2013, un año después de conocerla. E implica cambio y evolución. Y mucha devoción y ternura.

[Cine] Öndög (El huevo del dinosaurio) (2019)

Sin categorizar

Öndög (2019; 13/20200218)

En idioma mongol, uno de esos idiomas o familia de idiomas que nos parece remoto, y desde luego totalmente inescrutable, pero que luego resulta que hablan un buen puñado de gente, muchos más de los que creemos, öndög significa huevo. Sin dinosaurio. Lo del lagarto terrible es un añadido de la distribuidora porque los del huevo no les parecería comercial. Que conste que sale un huevo de dinosaurio. Fósil. Claro.

No he visitado Mongolia. Me gustaría. Tal vez saliendo desde Moscú, primero en el Transiberiano, hasta «poco» después de Irkutsk, y luego en el Transmongoliano hasta Ulán Bator, o quizá algo más allá. En fin… tierras elevadas, escasamente pobladas, frías en invierno y cálientes en verano, esteparias en ocasiones, y con dinosaurios… visite Teruel.

Hace unos meses, me dio por comentar aquí y allá, entre la familia, entre las compañeras de trabajo, entre diversos grupos de amigos, que había visto una película surcoreana en el cine que estaba muy bien. No la obra maestra que algunos dicen ahora ver, pero que realmente estaba muy bien. Se me quedaba la cara de haba viendo las caras de pena con las que me miraban pensando algo así como «pobre chico, no tendrá mejores cosas que hacer que ver una película coreana…» Ahora, muchos de esos, se han hecho expertos en cine coreano después de ver aquella película, porque en Hollywood le han dado un premio. Y me siguen mirando con cara de pena cuando les digo, lo que decía hace unos meses, que está muy bien, pero no que no me parece una obra maestra. Que en algunos puntos se le ven las costuras. Claro que es «una obra maestra». Si la han visto todos, en un alarde de intelectualismo cinematográfico… siendo coreana,… cómo no va a ser «una obra maestra». Entonces a mí se me ocurre decir que un año antes se pudo ver una película japonesa que discutía las consecuencias de la sociedad capitalista en determinados sectores de la sociedad a la vez que reflexionaba sobre el significado del concepto de familia, que estaba mejor. Y entonces, sus miradas de pena se dirigen hacia el teléfono, tentados de llamar a las urgencias de salud mental. Pero qué dice este… qué habla de una película japonesa. Si la buena es coreana.

Pues ahora imagino si cuento en voz alta que me he ido a ver, sin que nadie me obligue, una película mongola, dirigida por el chino Wang Quanan. Ya partimos de un hecho. En castellano, «mongol» suele ser usado más como insulto que como gentilicio. Aunque curiosamente, es el único gentilicio que recuerdo que rima con «español». Cosas extrañas de nuestro idioma. Luego viene el tema de los «listos». Y si son de internet, más «listos» todavía, que se entusiasman diciendo que es el «fargo» mongol. Sí, Fargo, como la de los hermanos Coen. Es que sale una pradera inabarcable, hace frío y hay un crimen. Hasta ahí, el parecido. No hay nieve. La protagonista no es policía. El crimen no supone ningún misterio ni importa un rábano. Lo que realmente es… pues es una película de amor y desamor, de crecimiento personal, y de mujeres… lo siento, voy a decir la palabra,… empoderadas. Aunque no bajo los cánones y los clichés del mundo occidental.

No os voy a resumir el argumento. Si os queréis enterar, os vais a verla. Que merece la pena. Que nadie se acordará del nombre de sus intérpretes, pero lo hacen también como los que sirven para vender entradas de cine o ropa del Corte Inglés. O mejor. Y está bellamente rodada. Aunque lo tengo que reconocer, el conjunto… me dejó un poco frío al final. Aun así, me parece muy recomendable. Eso sí, si no queréis que os miren con cara de pena, luego no contéis que la habéis visto. Salvo que le den un premio en forma de eunuco dorado. Entonces sí. Ya pasaréis a ser respetables.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Últimas fotos de Galve y algunas callejeras de Zaragoza

Fotografía

He seguido probando y analizando las posibilidades mi flamante recién adquirida Olympus Pen F. En esta ocasión con un carrete de negativos en blanco y negro distintos al que inicialmente le puse. Los resultados son igualmente satisfactorios. Los detalles técnicos en Olympus Pen F para película tradicional con Ilford Pan F Plus.

[TV] Cosas de series; nueva ración de «guilty pleasures» coreanos

Televisión

Netflix sigue confiando en los dramas coreanos para rellenar su catálogo, sabiendo probablemente que hay un buen número de aficionados a estas producciones en todo el mundo, y que también estamos los que, conociendo sus debilidades, nos enganchamos a ellas como exótico guilty pleasure. Algunas cosas van cambiando. Cada vez potencia más los estrenos de producciones propias o en combinación con cadenas coreanas. Las primeras son estrenadas y difundidas por Netflix en todo el mundo. Las segundas son producidas por otra cadena, pero Netflix adquiere sus derechos de difusión mundial con el sello de «Netflix original». No siempre soy capaz de diferenciarlas. Y últimamente ha habido algún cambio en el modo de emisión. Si antes iban saliendo al catálogo los episodios al ritmo de uno o dos a la semana. Ahora ya ha habido alguna que se ha lanzado toda a la vez, propiciando el maratón de placer culpable. En las últimas semanas he terminado de ver o he visto un par de ellas. Suelo dejarlas para los fines de semana, días que destino a NO pensar en la medida de lo posible. Y estas series son ideales para ello.

Bueno… pues pasearemos fotográficamente por Corea del Sur, sea Seul, Busán o Gyeongjeon.

Chokolit [초콜릿], o sea Chocolate, es pura televisión «cebolla». Dos niños huérfanos o como si lo fueran, que se conocieron de niños, y que vuelven a coincidir de adultos, llevándose de pena. Ella, cocinera, muy simpática y cariñosa, a pesar de lo mucho que ha sufrido en la vida; el, neurocirujano, serio, un poco bastante sieso, también con su dosis de drama familiar. Y tras una serie de desencuentros, acaban trabajando juntos en una clínica de cuidados paliativos (imaginaos si hay para echar lágrimas), mientras son amenazados por malvados familiares. Pues eso, puro dramón, puro placer culpable, bastante previsible. 16 episodios que se fueron emitiendo semana a semana en Netflix, de dos en dos, tras su estreno en Corea del Sur. Ahora ya se puede ver todos en la plataforma de vídeo bajo demanda.

Na Hollo Geudae [나 홀로 그대], que significa Mi holo yo, donde «holo» es una abreviatura de «holograma», aunque internacionalmente se conoce como My Holo Love. Que quede claro que es un drama romántico. Esta es más animada, aunque con esquemas similares. Dos personas que se conocieron de niños, aunque no se recuerdan, cada una con sus problemas. Él, un genio de la informática, que ha creado una inteligencia artificial en forma de holograma que sólo se puede ver con unas gafas especiales. Ella, una discreta empleada, poco apreciada por sus compañeros, aunque es monísima, porque tiene un problema que guarda en secreto. Tras una serie de avatares, causados por unos malísimos rivales de la empresa de él, la chica pasa a ser la «beta tester» de las gafas y el holograma, del que se enamora. Ah… el holograma tiene la misma apariencia que él, claro. A partir de ahí… todo es previsible. Esta serie está «casi» bien. Aunque está muy lastrada por unos flojos intérpretes. Especialmente la chica, que como ya he dicho es monísima, pero más bien sosita. Producción exclusiva de Netflix, que subió los 12 episodios a la vez a su plataforma, así que ideal para un maratón desde el principio.

Ahora a esperar el próximo estreno, este fin de semana que viene, y que está muy valorado en IMDb, ya que se ha ido estrenando poco a poco en su país de origen. Parece que una damisela en apuros acabará aterrizando por accidente en Corea del Norte… esto parece una novedad…

[Cine] Kimi to, nami ni noretara [きみと、波にのれたら] (2019)

Cine

Kimi to, nami ni noretara [きみと、波にのれたら] (2019; 12/20200216)

Sinceramente, en las semanas anteriores a su estreno, tuvimos ocasión de ver el avance de esta película de animación japonesa dirigida por Yuasa Masaaki en un par de ocasiones. Y no nos entusiasmó precisamente. Estrenada en la víspera del 14 de febrero, con un empalagoso título en castellano como El amor está en el agua, que no tiene que ver con lo que podría ser una traducción del título original del tipo Si te montas en la (tu) ola o Cuando te montes en la (tu) ola, en el ámbito de la práctica del surf, amenazaba con ser un pastelón romántico para adolescentes, así que en principio… no. Pero cuando llegó el momento del estreno, aparecieron no pocas reseñas positivas, así que cuando me propusieron acompañar a un pequeño pero animado grupo de gente intergeneracional para verla, me apunté.

No tengo muchas fotos, ni muy interesantes, de playas japonesas. Aunque sí de otros paisajes marinos. Así que a ellos voy. En Kii-Katsuura.

La historia tiene dos partes. En la primera, una joven universitaria y aficionada al surf conoce a un joven bombero, empiezan a salir y se enamoran. Bien. Vale. Pero el bombero… ya sabéis, llega la tragedia. Así que nos encontramos con una segunda parte acompañando a la joven Hinako en su duelo.

Con un argumento de ese tipo, mil veces visto, se puede hacer de todo. Maravillas y pesadillas. Todo es cuestión de enfoque. También dependen del público al que se destine la ficción. Pero si la primera mitad me pareció aceptable, aunque empalagosa, con dos protagonistas y un par de secundarios que quienes un público juvenil adolescente puede empatizar, el toque de fantasía de la segunda mitad me sacó por completo de la película. Ni aun admitiendo y siendo comprensivo, que creo que lo soy, con las diferencias culturales y generacionales, soy capaz de no ver cierto ridículo en el planteamiento. No pude con ella. Por motivos distintos a los que imaginé al ver los avances. Y acabé, y creo que no fui el único, de la «cancioncilla»… hasta «allí».

La película es correcta, los japoneses tienen mucho oficio, en los apartados técnicos e interpretativos, pero creo que ni mis más idiotas versiones de mi yo adolescente hubieran digerido esa segunda parte de la película.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: *

[Fotos] Paseando con un objetivo germano-oriental sobre una cámara japonesa

Fotografía

Durante el mes de enero, llevé encima como cámara de paseo la Canon EOS 650 con un objetivo de enfoque manual de fabricación en la antigua Alemania oriental con un carrete de película negativa en color. Lo terminé en Galve, cuando visitamos los chopos cabeceros del alto Alfambra. Los detalles técnicos en El Tessar de la DDR sobre la Canon EOS 650 y película Kodak ColorPlus 200.

[Recomendaciones fotográficas] Un variado en unos tiempo de poca atención

Sin categorizar

Que últimamente estoy muy liado y tengo mi cabeza muy dispersa, o muy concentrada en cosas que no son las que realmente me importan, se nota en muchas cosas. Que no me concentro en la lectura. Que veo menos series, o no me centro mucho en si mi interesan o no. Que hace 10 días que tengo un carrete para revelar y no encuentro tiempo para ello, incluso si ayer me pasé la mañana echando una mano en el revelado de carretes de otros. Que no encontramos un momento para suspender «oficialmente» nuestro programado viaje a China, no por miedo al coronavirus, sino por miedo a las restricciones de movimientos que se les ocurran a las autoridades chinas. Y porque no consigo hacer selecciones semanales de recomendaciones fotográficas tan coherentes como antes. Pero bueno, algo hay…

Otro signo de que voy poco centrado, es que hace ya unos días que tengo este carrete de Kodak ColorPlus 200 expuesto a través de un Carl Zeiss Jena Tessar 50/2,7 DDR y a aún no he encontrado momento para revisarlo a conciencia y comentarlo.

Francesca Woodman es una fotógrafa de la que he hablado en diversas ocasiones. E, independientemente de que esté de moda, lo cierto es que conforme voy entrando en su obra, cada vez me dice más cosas. Quizá por ello he seleccionado un artículo de Feature Shoot que nos habla de las fotografías de la fotógrafa que ayudan a conformar un retrato sobre la artista. Tanto las que ella dejó sobre sí misma, como las que el fotógrafo George Lange, amigo suyo y poseedor de obra de Woodman puede aportar. En un tiempo en el que abundan los autorretratos y retratos banales y vanidosos, resulta refrescante mirar a los años 70 y comprobar que es un género que puede adquirir notable profundidad e introspección.

La última versión de Little Women no ha rascado gran cosa en la temporada de premios. Vestuarios y esas cosas. Y lo cierto es que la película está bastante bien, tiene alguna gran interpretación que ha pasado más desapercibida de lo que sería justo, y lo único que le falta es un poco de atrevimiento de la directora para ser más rompedora y directa en su mensaje. No está mal fotografiada. En Emulsive publicaron hace unos días un artículo sobre el trabajo del fotógrafo Wilson Webb (instagram), fotógrafo de rodaje que, saliéndose de lo habitual, el uso de la fotografía digital, se lleva también sus Hasselblad XPan y Mamiya 7II con una provisión de películas Ilford al rodaje, y ha realizado una serie de retratos del reparto usando la técnica del colodión húmedo, devolviendo a los personajes a la época en la que se basan. Lo cual,… me parece estupendo.

Oscar en fotos siempre es una página interesante, inspiradora y altamente informativa. Y recientemente publicó una galería y minibiografía del fotógrafo fiestero por excelencia, aunque su mirada hacia las fiestas de las clases privilegiadas contengan no poco sentido crítico. Se trata de Larry Fink, y hace mucho tiempo que me gusta.

Y tres recomendaciones menores, pero interesantes:

[Cine] A Hidden Life (2019)

Cine

A Hidden Life (2019; 11/20200209)

Hacía años que no teníamos una película del inclasificable Terrence Malick, aunque hace unos años se dio prisa por rodar dos películas en relativa rápida sucesión. Pero habitualmente se lo piensa entre película y película. Nunca tanto como entre Days of Heaven y The Thin Red Line. Pero bueno… Sus últimas apuestas en 2012 y 2011 fueron realmente crípticas y muy incomprendidas por muchos. En algún momento… por mí mismo.

El lugar de origen de los protagonistas de esta historia no está muy lejos de la católica Salzburgo, gobernada hasta principios del siglo XIX por príncipes arzobispos.

En esta ocasión, contamos con una línea argumental mucho más convencional, pero inserta en su personal forma de entender el cine. Nos habla de la historia real del campesino austriaco Franz Jägerstätter (August Diehl) y su esposa Fani (Valerie Pachner). Franz era un hombre ya en sus treinta y tantos cuando empezó la Segunda guerra mundial. Estaba y casado y tenía tres niñas. En diversas ocasiones fue llamado a ejercicios de instrucción militar. Pero cuando fue llamado a filas, recordemos que en ese momento Austria formaba parte del reich alemán, se negó a prestar el obligatorio juramento de lealtad a Adolf Hitler. Fue hecho preso, fue llevado ante un tribunal militar (última aparición en la gran pantalla del gran Bruno Ganz) y fue guillotinado en Berlín en 1943.

No voy a entrar demasiado en los aspectos ideologicos. Se ha dicho que Jägerstätter adoptó esta posición por su profunda religiosidad católica. Pero también da la sensación, tal y como se puede leer en algunos textos, que tenía profundos sentimientos nacionalistas austriacos, no simpatizaba con Hitler y el partido nazi en absoluto, y esto tuvo también su influencia. La iglesia católica del momento no le apoyó, aunque recientemente fue beatificado. Pero esto no significa nada. La iglesia católica beatifica con la misma facilidad a antifascistas que a profascistas. Y tiene poca consideración con los mártires antifascistas cuando estos no son católicos, y beatifica en ocasiones a fascistas católicos. Lo que es cierto es que la tesis fundamental de Malick, donde se recrea en abundancia, es en la idílica vida, sencilla y familiar, de los campesinos austriacos en los Alpes, como paraíso ante la locura politicobélica en la que se sume Europa en esos momentos. Cierto es que para la familia del represaliado, la vida no fue fácil cuando este es apresado. Ni siquiera después de la guerra. No tan paradisiacos los conservadores pueblecitos alpinos.

La película no obstante tiene un rodaje magistral y unas interpretaciones conmovedoras. Que mezclan el inglés y el alemán de formas, aparentemente arbitrarias, todos los personajes y actores son germanoparlantes, aunque menos arbitraria conforme vas comprobando en qué ocasiones se usa uno u otro idioma. Y eso sí… la película dura casi tres horas para una historia que se puede contar en la mitad de tiempo. Pero Malick se recrea en sensaciones visuales y auditivas, y aquí, esto es marca de la casa, o lo compras o lo dejas. Yo en esta ocasión, lo compró. En otras, no.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Libro] Diez minutos antes de la medianoche

Literatura

Sigo con mi bloqueo lector. Y si llego a comentar un libro o una lectura a la semana,… pues porque tiro de títulos breves y no muy complejos que me permiten, trampeando, ir cubriendo mis objetivos de lectura. Pero sigo con dos títulos empezados y estancados…

En esta ocasión he trampeado con un título que apareció ofertado recientemente en las ofertas Flash de Amazon. Algo menos de un euro, aunque lo cierto es que dada la escasa extensión del mismo, apenas se puede considerar una oferta tan buena. Pero bueno, pensemos más en la cantidad que en la calidad.

No sé muy bien porqué, pero siempre he asociado aquellas obras de Estudio 1 de autores españoles al Madrid más castizo. Creo que es porque mi primer viaje a Madrid, cuando era niño, fue tras presenciar una obra de Carlos Llopis, «Nosotros, ellas y el duende», que también fue representada en Estudio 1 en algún momento.

Soy «hijo» televisivo de los tiempos en que TVE era «la mejor televisión de España»… y la única. Incluso contando el UHF o, como luego se le llamó, segunda cadena o La 2. Era una televisión en blanco y negro. Quizá sea más correcto decir en escala de gris. Pues gris era también el país en el que nos tocó a muchos vivir la infancia. Gris mediocre. Pero entre la mediocridad de un régimen que nos quería mediocres, no tengo claro que esto último haya cambiado con el régimen actual, había algunos puntos de luz. Y uno de ellos era el Estudio 1. Representaciones teatrales en formato televisivo, que se emitían todas las semanas, los lunes si no recuerdo mal, aunque esto pudo variar con el tiempo. Las obras teatrales que se representaban, muchas de ellos clásicos, era de elevada calidad y muy variadas. Procedentes de diversas épocas y estilos. Algunas, muy innovadoras. Pero en el tardofranquismo era muy popular todavía un autor concreto, Enrique Jardiel Poncela.

No entraré a comentar las posibles filias o fobias políticas del autor. Alguna vez he leído su potencial afinidad por el franquismo. Pero su peripecia personal en la guerra civil fue compleja. Si bien la principal perjudicada de la guerra, además de las personas que la sufrieron directamente, claro, fue la democracia y la libertad, también hay que reconocer que en el bando repúblicano había de todo; desgraciadamente, también gente que tenía de demócrata lo que los sublevados fascistas. Y eso condicionó dónde buscó mucha gente su acomodo en tan incivil y cruento desencuentro. Lo cierto es que tras la contienda, tampoco le fue bien del todo, y murió relativamente joven, sin muchos amigos y con poco en su haber. Su epitafio es «Si buscáis los máximos elogios, moríos», que es muy apropiado para muchos autores hispanos de toda tendencia ideológica.

Recuerdo con simpatía varias de sus obras. Los ladrones somos gente honradaEloísa está debajo de un almendroAngelina o el honor de un brigadier, Cuatro corazones con freno y marcha atrás, y probablemente alguna otra que ahora no recuerdo. Creo que no todas han envejecido igual de bien. Que lo que pudo estar bien en su época, mantenerse en forma en el tardofranquismo, quedaría hoy totalmente periclitado. Pero en general queda bastante apreciable. En cualquier caso, aun habiendo presenciado representaciones de sus obras, nunca había leído nada de él.

La obra que aquí nos ocupa aparece en las bibliografías del autor como «novela corta». Si la consideramos novela, hemos de advertir que es una novela dialogada. Y quizá debiera considerarse como un pequeño entremés teatral. Que argumentalmente está relacionado, precediéndola a la obra Los ladrones somos gente honrada, convirtiéndose en el prólogo a los dos actos que constituyen esta última.

Lo mejor de esta obrita es que es una mezcla de frescura y humor con una cierta amargura y pesimismo vital. El pesimismo, cierto estar de vuelta de la vida, lo aporta el ladrón de guante blanco que lidera el golpe que está a punto de producirse en la mansión donde se celebra la puesta de largo de una joven. La imaginación, la alegría de vivir, la pone una dama que, justo diez minutos antes de la medianoche, cuando debe comenzar el golpe, sale a la terraza donde espera el ladrón y entablan conversación.

A mí me ha gustado. Y me han entrado ganas de ver el conjunto para reevaluar mis impresiones sobre esta obra de Jardiel Poncela.

[TV] Cosas de series; educación sexual para adolescentes, brujas y demonios

Televisión

Sí. Las dos series de esta semana tienen como protagonistas a los adolescentes. Al menos de forma simulada; porque probablemente los actores que los interpretan son relativamente talluditos y han pasado (o deberían) esta etapa de la vida del ser humano. Todos o casi todos veinteañeros.

Como con Sex Education, nos vamos por Inglaterra,… fotográficamente. Canterbury, en concreto.

Sex Education – temporada 2

Esta serie británica es una de las más inteligentes, entretenidas y bien interpretadas del momento. Como leí en algún lugar, una serie sobre la adolescencia, no sólo sobre el sexo en la adolescencia, que deberían ver tanto padres como hijo… aunque quizá mejor que no la vean juntos.

Aunque los comienzos de esta segunda temporada parecían menos vistosos que los de la primera, lo cierto es que la trama ha ido creciendo en interés, intensidad y profundidad conforme avanzaban los episodios, para acabar con cierta brillantez. Tanto en el guion como en la interpretación y como la capacidad de ofrecer espectáculo televisivo.

Y esperemos que cuando esta serie se camina hacia su conclusión se apiaden de la buena de Maeve (Emma Mackey), para mí, el personaje con el que es más fácil empatizar, en parte por el buen trabajo de la actriz que lo interpreta.

Chilling Adventures of Sabrina – temporada 3

Sinceramente, las aventuras de la bruja del pelo blanco nunca me han entusiasmado en exceso. Pero reconozco que han acabado por entretenerme. Un entretenimiento que se acerca mucho al guilty pleasure, porque en ocasiones las situaciones era ridículas e incluso risibles. Por un momento pensé que todo el episodio de la palangana de Pilatos estaba sacado de un programa de los Monty Python. Lo cual no creo que fuera la intención de los responsables de la serie. Pero es lo que hay. Si lo quieres lo coges y si no lo dejas.

Por lo demás, las interpretaciones de la mayor parte del reparto son bastante planas e insustanciales. Incluso la protagonista (Kiernan Shipka), en recuerdo de su papel en alguna serie de bastante más prestigio, me había suscitado mayores expectativas, que no se cumplen. Esta serie es una de esas que vas viendo hasta que te cansas, lo cual puede suceder en cualquier momento.

Esta serie comparte universo de ficción con Riverdale y una nueva serie que se ha estrenado en HBO y de la que no pude pasar de los primeros quince minutos. Para empezar… la actriz protagonista me cae bastante mal.

[Fotos] Paseo estenopeico en color por el casco histórico de Zaragoza

Fotografía

Hacía días que no salía con una estenopeica. Y además hace tiempo que tenía clavada una espinita con el color. Que nunca me acaba de quedar bien. Con la ayuda de un «pequeño amigo fotógrafo» las cosas han mejorado mucho. El primer domingo de febrero, aprovechando que era una mañana agradable nos dimos un paseo por el casco histórico de Zaragoza. Los detalles técnicos en Mi «amigo» el fotógrafo, la Holga 120WPC y un rollo de Kodak Portra 400.

[Cine/cine en TV] Inclasificables tras la resaca de los Oscar

Cine

Hubo unos años en los que dedicaba un tiempo considerable al tema de los Oscar aquí en el Cuaderno de ruta. Hacíamos notables esfuerzos por ver todas las películas posibles de las candidatas antes de la ceremonia, hacíamos nuestras apuestas y comentaba, tras la ceremonia de los premios, mis siempre notables divergencias con el criterio de los académicos de Hollywood. Pero se me fue pasando. Cuantos más años pasaban, mis divergencias eran mayores. Mis criterios y prioridades se modificaban. Cada vez me apetecía menos ver algunas de las películas candidatas, este años hay varias que ni he visto ni pienso ver. Y sobre todo, cada vez soy más consciente que hay grandes películas que no merecen la consideración de la academia angelina, mientras que para mí pueden marcar un año de cine. No sé porque no aparece en ningún lado joyas como un viaje sentimental a las orígenes personales, o maravillas visuales que llegan también de Asia como la ganadora del premio gordo, y no menos profundas. Mucho del mejor cine que veo últimamente vine de Asia, así que no debería sorprendernos el triunfo de esos «parásitos» a los que tanto cariño cogimos en su momento. Miedo da que los yanquis quieran hacer ahora una nueva versión hablada en inglés… un sinsentido, vaya.

Una serie de fotografías tomadas en distintos puntos de la geografía sueca y a lo largo de los años, me sirven para ilustrar el largometraje sueco que comento más abajo.

Quizá por todo ello, la entrada del día después a los Oscar la dedique a los inclasificables. O más bien a un par de inclasificables que he visto recientemente.

What did Jack do? – cortometraje en Netflix

En una estación de tren, bloqueada por la policía, se ha cometido un crimen. Y un policía (David Lynch) interroga a uno de los principales sospechosos, Jack, un mono. Parece un crimen pasional, y ese es uno de los principales motivos que inducen a pensar en Jack como el causante del crimen.

Este cortometraje dirigido por Lynch, de 17 minutos de duración, aparece en IMDb fechado en 2017. Pero ha sido recientemente cuando Netflix lo puesto a disposición del mundo entero en su plataforma de vídeo bajo demanda. Inclasificable es, como buena parte del cine y televisión que ha filmado hasta la fecha el excéntrico director norteamericano. Con una ambientación propia del cine negro americano, presenciamos un interrogatorio que tiene un carácter que muchos caracterizarían de surrealistas, pero que yo me atrevo, y es una osadía por mi parte, que nos soy tan listo sobre el tema, a incluirlo entre las obras puramente dadás. Con unos planteamientos inconoclastas sobre los tópicos del cine negro, el diálogo parece por momentos estar basado en una serie de frases hechas que le dan un sentido más aparente que real.

Como he dicho, inclasificable. Encantará a los partidarios y aficionados de Lynch, y dejará perplejos a muchos de los que no lo son. Bueno,… son 17 minutos. Tampoco cuesta tanto probar a ver que tal. No está incluido en mi base de datos cinéfila, que sólo incluye largometrajes.

Om det oändliga (2019; 10/20200205)

Un carácter muy diferente tiene el corto largometraje del sueco Roy Andersson, una película cuyo título en castellano es Sobre lo infinito. Parece que ese oändliga es una palabra cognada con la inglesa, endless, sin final, que no es exactamente infinito, pero se puede acercar al concepto. Se discutió un buen rato sobre los infinitos que no tienen ni principio ni final, y los que tienen un principio pero no un final. Si matemáticamente ambos son infinitos, filosóficamente había dudas… Yo, que soy más de ciencias, permanecí relativamente al margen de la discusión, sorprendido sobretodo por que se estuviese produciendo.

Pero nada de esto tiene que ver con la película, que no tiene una unidad argumental. En una muy limitada duración, para hablar de lo infinito, de sólo 78 minutos, Andersson nos plantea una serie de escenas que son más bien una serie de tableaux vivants, con la cámara muy estática, totalmente estática, con movimientos muy limitados y bien definidos en los actores, casi coreografiados, y breves diálogos con carices que van desde lo filosóficamente profundo o aparentemente profundo, hasta las más sutiles ironías o parodias de situaciones cotidianas o aparentemente cotidianas. Con personajes que van desde el tipo rencoroso por el compañero de clase al que despreciaba en su infancia ha tenido éxito, mientras que el vive una vida mediocre, hasta Hitler en sus últimos días en su búnker berlinés. Desde un matrimonio discutiendo en la cola de la verdulería, a la fila de soldados alemanes presos del ejército soviético camino de Siberia por la estepa helada.

Y es que en lo infinito, hay sitio para lo extremadamente banal y para lo extremadamente trascendental. Desde lo cotidiano a lo extraordinario. Desde lo material y terreno a lo fantástico y a la fábula. Leí en algún sitio antes de ver la película que esta estaba inspirada por los cuentos de las Mil y una noches. Especialmente en lo que se refiere a que hace un recorrido por las distintas etapas de la vida del ser humano y a los temas que le preocupan, no importa el lugar o las circunstancias de su nacimiento. Pues vale… me lo creo. Pero que nadie espere ver una versión nórdica de los cuentos de las Mil y una noches.

Quizá lo más extraordinario, en lo que la película brilla más es en su puesta en escena visual. Con una muy cuidada selección de localizaciones, con un trabajo de fotografía y coherencia visual notable. Aunque es difícil hablar del trabajo actoral por el gran número y variedad de intérpretes en los distintos cuadros que constituyen la película, también estamos ante un trabajo notable.

Y sin embargo, no me acaba de enganchar lo suficiente como para que tenga una apreciación incondicional de la película. Reconociendo sus virtudes, al final, las conclusiones que sacas… pues no las compras. No soy especialmente optimista hacia la naturaleza del ser humano, pero el escepticismo que yo profeso, en esta película va más allá, pudiendo hablar de cierto grado de cinismo, e incluso de nihilismo. La opción última sería más bien,… para esto, más valdría que la especie humano no existiese o se extinguiese. O he cogido mal el mensaje. No obstante, no descarto que mi apreciación por esta película no mejore con el tiempo. ¿La recomiendo? Como he dicho al principio, una inclasificable; allá cada cual.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***