[Libro] The Appointment – Katharina Volckmer

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Siendo la autora alemana y acabando de regresar de un viaje a Berlín, ya podréis suponer de donde son las fotos. Incluida una foto tomada en el campus de la Charité, un hospital berlinés de gran tradición en la historia de la medicina… y ya que estamos en la situación en que estamos en la novela…

A pocas semanas del viaje a Alemania de esta Semana de Pascua pasada, en plena preparación de los aspectos prácticos y logísticos del viaje, me llegó la recomendación, no de este libro, sino de la autora, Katharina Volckmer, alemana afincada en Londres, y que escribe en idioma inglés. Leí varios artículos alabándola mucho por su osadía, y por su incisiva forma de abordar los temas. Así que busqué a ver cuál podía ser el libro adecuado para iniciarme en esta escritora, y me decidí por esta «cita». En versión original, en inglés.

La protagonista de esta novela corta se encuentra en la consulta de un médico, en plena exploración, que por las descripciones que nos ofrece suponemos que tiene un carácter ginecológico. Aunque tendremos que llegar hasta casi el final de la narración para conocer la naturaleza exacta de la misma. Aparentemente, la paciente está hablándole al médico. Sobre si realmente lo esta haciendo o si lo que leemos es lo que pasa por su mente durante el procedimiento, sin que necesariamente verbalice lo que piensa… podéis suponer lo que queráis. Tiendo a opinar que sucede lo segundo. Y las ideas surgen desbordadas en su discurso, sea verbal o mental. La mujer vive en conflicto. Con su nacionalidad de origen, con su familia, con sus relaciones con los hombres, con su cuerpo, con su sexualidad, con su identidad personal. Y durante toda la extensión de la obra, ese discurso va saltando de unas ideas a otras, a veces avanzando en las mismas, otras retrocediendo, dejando entrever el conflicto permanente y personal en el que la persona ha vivido a lo largo de su vida.

Muy mordaz en el contenido, no deja títere con cabeza. La protagonista del libro no es lo que se llama precisamente «políticamente correcta». Nacismo, racismo, sexualidad en conflicto, adulterios, fracaso laboral y personal, con profunda autoacusación, pero también con acusaciones ácidas hacia la sociedad que le rodea, que le ha negado siempre la posibilidad de ser quien realmente es.

Cuando terminé el libro, hace ya cuatro semanas, mis sensaciones eran contradictorias. Dijéramos que el interés que sentí por lo que estaba leyendo tuvo oscilaciones. Y de hecho, dado que es una novela corta, tardé más de lo que hubiera supuesto en leerlo, porque en algún momento estuve a punto de desengancharme. Empecé con mucho interés, los temas iniciales son muy provocadores, especialmente en sus irónicas críticas hacia su propio país y nacionalidad, pero luego llegan los altibajos. Hasta un tramo final en el que el interés aumenta, conforme desvela lo que realmente está sucediendo en esa consulta médica.

No obstante, le daría un aprobado. Y en el recuerdo, el libro ha mejorado apreciablemente en mi consideración. Por su estilo, invita a ser leído de forma rápida. Estamos ante una verborrea mental en la que no hay interrupciones. Pero quizá merezca la pena no apresurarse. Y pararse de vez en cuando a asimilar lo que se acaba de leer. Integrar las ideas, someterlas a un proceso crítico, e intentar empatizar con una protagonista que pocos enganches de simpatía nos ofrece. Como contexto, dado que todo sucede en una consulta médica, la escritora se muestra muy crítica hacía la misoginia médica que ha padecido, siendo paciente por una endometriosis grave. Uno de los procesos ginecológicos peor comprendidos y peor tratados probablemente.

[TV] Cosas de series; cuando las parodias y las imitaciones me complacen más que el original

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Un clásico en Star Trek es que el cuartel general de la Flota esta en San Francisco, y las correspondientes vistas del Golden Gate.

Desde hace unos días, está disponible en Netflix la séptima temporada de Black Mirror, una de las series de televisión de más éxito, y al mismo tiempo más valorada por la crítica, de los últimos quince años. Hasta la fecha, no me he perdido ningún episodio. Salvo por el hecho de que de esta séptima temporada sólo he visto dos de momento y me faltan cuatro. Es decir, voy a ponerme a comentar cosas sobre la misma sin haberla visto entera. Lo entenderéis, más adelante. No puedo negar que la serie tiene sus altibajos, dentro de su buena factura general. Y que suelo preferir cuando entra en modo comedia, parodia o exageración que cuando entra en modo terror. Pero es una serie imprescindible para ofrecer una mirada crítica a los adelantos que los avances en las tecnologías de la información nos han aportado a nuestras vidas en este primer cuarto del siglo XXI. Qué cosas… parece que hemos estrenado siglo hace nada, y ya nos hemos comido una cuarta parte. En fin.

El caso es que ayer mismo vi la primera continuación o segunda parte de un episodio dentro de la serie. Se sobrentiende que la mayor parte de los episodios transcurren en el mismo universo de ficción. Obsérvese la cantidad de San Juníperos (hospitales, escuelas, hoteles,…), que llevan este nombre dentro de la serie desde el exitoso episodio que llevaba ese título, uno de los mejores, que allá por la tercera temporada. Imprescindible y propio de una antología. Pero otro de los mejores, y que también puede entrar en una selección antológica, fue el dedicado a la nave espacial USS Callister. En esta séptima temporada podemos presenciar la continuación de aquella aventura protagonizada por Cristin Milioti, Jesse Plemons y Jimmi Simpson, entre otros. Como he dicho, la única clara continuación de la misma historia, aunque pueda haber guiños al hecho de que todo suceda en un mismo universo de ficción.

El hecho de que aquella historia haya merecido una segunda parte, no estrictamente necesaria en mi opinión, se puede deber a dos motivos. El primero es que es uno de los episodios más valorados de la serie, de más éxito. En lo que influye mucho el carisma de Milioti, una actriz que, en la práctica, no ha salido del ámbito televisivo, aunque cuando me la he encontrado por ahí me ha parecido siempre que tenía potencial para más cosas. O quizá simplemente hace papeles que le van a su forma de actuar y a su físico. A lo tonto modorro, cuando fui consciente de su existencia como la chica del paraguas amarillo en una divertida y entrañable serie, era todavía una veinteañera, cuando ahora ya se acerca ya a los cuarenta si no los tiene ya. Pero también influye, y es el segundo motivo, que además de los elementos de crítica que acarreaba aquel episodio, como todos los de la serie, era una parodia, al mismo tiempo que un homenaje, a una de las sagas/franquicias más celebradas de la ficción televisiva y cinematográfica, Star Trek.

A pesar de que siempre me han gustado las aventuras espaciales, literarias, televisivas o cinematográficas, que me han aportado muchos buenos momentos (y no pocas decepciones), Star Trek no ha formado pare de las que me hayan enganchado. Tengo recuerdos muy cariñosos de la serie original, que se emitió en España durante mi infancia bajo dos títulos diferentes, La conquista del espacio y Viaje a las estrellas. No creo que viese todos los episodios. Pero sí unos cuantos, que me gustaban bastante. Era antes de que llegase mi adolescencia en la que vi 2001: A Space Odissey, Star Wars y Solyaris, tres aventuras espaciales muy distintas, pero que definieron mi afinidad por el género. Las tres las vi en el cine entre los años 1977 y 1979. 2001 y Solyaris en el cine Rialto de Zaragoza, tradicionalmente cine de barrio en San José, en el breve periodo en que fue cine de arte y ensayo. Y la otra… como todo el mundo en algún popular cine de la ciudad. El Don Quijote creo que fue, uno de los más grandes y nuevos de aquella época. Ambos desaparecidos. Pero siguiendo con lo que estaba, siempre he tenido la consideración de que todo era muy cutre, desde el relanzamiento de la franquicia en cines en el año 79 con una película que me pareció horrenda, como todas las que siguieron en la década y media siguiente. El aumento del nivel en la producción que llegó con J. J. Abrams hizo que dejará de ser cutre, pero pasaron a ser películas efectistas, sin mucha sustancia real en sus historias. Hasta las narices de los flares originados en los objetivos anamórficos de los que abusa en sus producciones.

Con posterioridad, alguna serie me ha parecido interesante y menos cutre, y alguna serie de animación me ha divertido… pero sin más. Y lo más curioso es que siempre me lo he pasado bien con las parodias/homenajes. La primera que me viene a la memoria fue la infravalorada Galaxy Quest (Héroes fuera de órbita), en la que lo que se parodia no es a la propia serie, sino a los actores y productores de la misma, cuando se ven en la obligación de llevar su simulación en la pantalla a la vida real ante una amenaza alienígena. Un cachondeo en la que sus prestigiosos intérpretes se lo debieron pasar muy bien, a la que quizá le faltó un poquito más de mala baba. Yo la recuerdo con cariño. Creo que me lo pasé muy bien. Quizá porque me parecía bien parodiar una serie que yo asociaba con cierto grado de cutredad a pesar de su popularidad, como sucedía con los protagonistas de la ficción en la película. La disfruté infinitamente más que cualquier largometraje de la franquicia original hasta ese momento. Creo que con el tiempo se le ha valorado mejor que lo que fue en su estreno.

Y la serie que también disfruté un montón, un plagio en las formas, consentido, sin duda, de la franquicia original, fue The Orville. En las formas, que no en el fondo y contenido. Si la franquicia original iba de «vamos a llevar por toda la galaxia el buen rollito, la paz y la amistad», cosa que han valorado mucho los trekkies por los «valores» que representa la serie, la serie de Seth MacFarlane era una respuesta directa clara y concreta al trumpismo. MacFarlane vio venir el triunfo del populismo del aprendiz de dictador, y sacó, coincidiendo con el comienzo del mandato de ese personaje, una serie que detrás de su aspecto paródico estaba llena de críticas sociales y políticas a los nefastos valores del populismo de derechas. Y además los personajes eran simpáticos, tenían carisma, estaban bien interpretados, y si la serie no tenía un nivel de efectos especiales de primera, maravillosos y pirotécnicos, daba igual porque no iba de eso. Y además, a pesar de ello, como no se avergonzaba de lo que quería ser, no resultaba cutre. Cutre no quiere decir sin recursos. Quiere decir «quiero y no puedo», pretendo ser lo que no soy.

Y antes y después, llegó la USS Callister de Black Mirror, que con una visión distinta, un buen nivel de producción, y un buen trabajo interpretativo, nos trajo también unas historias interesantes, necesarias y encomiables. Ambas, especialmente la segunda, con 90 minutos de duración, son prácticamente largometrajes, que cuentan su historia con competencia. Y que marcan definitivamente el hecho que me ha hecho escribir esta entrada como lo he hecho. Las parodias de Star Trek me gustan y me interesan mucho más que la franquicia original. Es lo que hay.

[Viajes] Resumen fotográfico de la escapada de Pascua a Berlín y otras ciudades alemanas

Viajes

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la fotografía digital del viaje a Alemania en esta pasada Semana de Pascua.

Acabo de regresar de una escapada a Berlín. Bueno, alojados en Berlín, hemos realizado excursiones en el día a otras ciudades alemanas, de lo que fue la antigua Alemania Oriental, como Naumburg, Erfurt, Lutherstadt Wittenberg y Dessau.

Berlín no era mi destino preferido para estos días de fiesta. Ya había estado en varias ocasiones con anterioridad. Creo que seis. Esta es la séptima. Y no había nada en concreto que me atrajese a una visita en este momento. Pero era el único plan disponible para viajar acompañado. Podía irme a otro sitio, pero solo. Las cosas viene así en ocasiones.

A cambio negocié la visita a otras ciudades, las que he nombrado más arriba. Lo de Naumburg era algo que teníamos entre ceja y ceja el grupito de tres personas que hemos viajado juntos. Y todo porque leímos hace unos meses cierta obra póstuma de Günter Grass, que tenía como protagonista una de las estatuas que aparecen en la catedral de la ciudad, patrimonio de la humanidad según la Unesco, Uta de Ballenstedt.

Aprovechamos para visitar la vecina ciudad de Erfurt, con un casco antiguo muy agradable y un tremendo catedralón católico en lo alto de un cerro, muy impresionante. La pena que este día salió frío y gris. En comparación con los buenos días que hizo en nuestra llegada, y en el día que pasamos en Berlín de forma integral. Y en la que aproveché a conocer la sede de Fotografiska en la capital alemana, y alguna otra exposición fotográfica.

También visitamos Lutherstadt Wallenberg, la ciudad en la que un cierto monje agustino, Martin Luther, decidió rebelarse, protestar sería la palabra adecuada, contra el Papa de Roma y sus enseñanzas. No el que acaba de palmar, sino contra cualquier Papa en general. También es patrimonio de la humanidad, y también tiene su interés, aunque menos.

Y de allí nos acercamos a Dessau, que dos de nosotros ya conocíamos, por haber visitado los lugares de la Bauhaus, otro patrimonio de la humanidad, en el año 2009, cuando se celebraba el 100º aniversario de aquella famosa escuela de arquitectura, diseño y artes decorativas. Y también nos acercamos al Georgium, uno de los lugares inscritos también como patrimonio de la humanidad en los Jardines de Dessau-Wörlitz. Pero algún día habremos de volver a ver el conjunto de estos jardines y palacios.

[TV] Cosas de series; matrimonios, suegras, amigos con hijos y otras tentaciones

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Visitando el templo de Lady Linshui en Tainan. Dedicado a la hija de la bodhisattva Guanyin, Lady Linshui, es protectora de las madres, especialmente de las gestantes. Lo cual pega mucho con la entrada de hoy, donde la maternidad/paternidad tiene su protagonismo en un momento dado. Dicen que es el templo más antiguo de la ciudad.

Visité Taiwán en el 2018. Un viaje un tanto improvisado, que no preparamos con suficiente antelación, pero del que, a pesar de todo, guardamos un excelente recuerdo. Aunque no estuvo exento de algún percance que otro, ninguno grave. La cuestión es que lo pasamos bien. Fue mi segundo contacto con la cultura china, después de Hong Kong. Después vino otro más, en la China continental, y se viene otro, dentro de pocas semanas, con el recorrido que tuvimos que cancelar por culpa de la pandemia de covid-19 en 2020. El caso es que Taiwán fue un lugar que me cayó bien. Simpático. De los países del Asia oriental que he visitado me gusta por dos motivos aparentemente contrapuestos. Por un lado es posible encontrar numerosos elementos de la cultura propia, fundamentalmente la cultura china, pudiendo aprender y disfrutar de los aspectos más lúdicos de la misma. Pero por otro lado es un país democrático, un estado de derecho, aunque no reconocido por el resto de la comunidad internacional como tal, que ha evolucionado a una sociedad respetuosa como en ningún otro lugar de esa parte del mundo. Taiwán es una democracia plena, con mejor puntuación que España, por ejemplo, que también está en la primera división de las democracias, aunque en nuestro caso por los pelos.

En Netflix hay una cierta oferta de películas y series taiwanesas. Pero hasta el momento la suerte que he tenido con ellas es diversa. Las hay que están muy bien, pero otras… pues no sé. Tengo que investigar mejor la oferta que ofrece el país, porque a lo peor me estoy perdiendo cosas interesantes. La cuestión es que, en este espíritu, decidí ver una serie de reciente estreno en la plataforma. Se trata de Tóng hùa gù shì xìa jí [童話故事下集, el próximo episodio del cuento de hadas], que en castellano/inglés se titula Casada, ¿pero a qué precio?/I am married… but!. A mí me hubiera gustado que en las versiones extranjeras hubieran conservado el sentido del título original chino. Es un título que nos viene a decir, «ahora os vamos a contar lo que viene después de la comedia romántica tradicional; cuando se casan».

Los protagonistas son I-ling (Ko Chia-Yen como Alice Ko) y Xue-you (Jasper Liu), un matrimonio que lleva tres años casados. Su noviazgo se nos resume brevemente. Dos jóvenes profesionales que se conocen, se caen bien, se van a la cama juntos, se lo pasan bien en esto y en otras cosas, y deciden casarse. Y tres años después los tienes viviendo con la suegra de I-ling, una señora tradicional, a quien su hijo, Xue-you, es incapaz de contrariar, y que está empezando a quebrar la confianza del matrimonio. I-ling quiere tener su propia casa, vivir su propia vida, con su marido, disfrutar de la vida, de su profesión. La suegra preferiría que estuviera en casa, que tuviera hijos, que la cuidase (no es que necesite cuidados en ese momento, precisamente, más bien es de cuidado)… y comienzan los pequeños roces cotidianos, con el desgaste del joven matrimonio. Si a eso añades que ambos son todavía lo suficientemente jóvenes y bien parecidos como para que les surjan tentaciones de diverso tipo por el camino…

Está narrada en clave de comedia. Ella es dinámica, moderna, inteligente, rápida en sus ideas y en sus emociones, pero buena gente. Él es un niño de mamá, un buenazo que no quiere quedar mal con nadie, de reacciones más lentas, un tanto despistado y descuidado en el hogar,… aunque está total e irremediablemente enamorado de su esposa. De hecho, siempre tenemos en mente que es el más emocionalmente comprometido con la relación. Que I-ling es la que se plantea con más frecuencia si no debería acabar con ella para retomar su vida en libertad. Y así, a lo largo de 12 episodios no especialmente largos, entre los 30 y los 50 minutos, irán surgiendo los temas que ponen en riesgo las relaciones de pareja.

La cuestión es que los temas que van surgiendo, aunque aderezados con el contexto cultural y las tradiciones del país, no son esencialmente distintos de los que se podrían encontrar en cualquier pareja de muchos países del mundo con unas características similares de adelante tecnológico, sociocultural, educativo y económico. La historia general que se nos cuenta, con algunas diferencias cosméticas se podría trasladar a nuestro país sin problemas. Lo que pasa es que no transcurre en una ciudad española, sino en Tainán, una de las ciudades más grandes de Taiwán, y una de las que arrastran una historia más rica al haber sido capital de la isla en diversos momentos de la historia. «Capital del sur» frente a Taipéi, «Capital del norte». Con sus muy diversos templos, muy entretenidos de visitar, y otras atracciones. Los temas son universales, el contexto es particular.

La serie es muy disfrutable. Al hecho de que es fácil identificarse con los temas y las situaciones, la historia está bastante bien contada, los guiones son buenos, y los intérpretes están en estado de gracia y generan mucha empatía. La mayor parte del peso la llevan la pareja protagonista, especialmente ella, pero es imprescindible la presencia de una colección de secundarios a buen nivel para que la cosa funcione. Relaciones familiares complejas, maternidad/paternidad, infidelidades potenciales, malos entendidos… aunque contados en tono de comedia, son un muestrario de hechos reales que ponen a prueba un matrimonio, a lo que hay que sumar la vajilla sin fregar, el regalo que no llega, un día que uno bebe una copa de más, ¿quién es esa chica que trabaja contigo y te pone ojitos?,… etc. Me parece bastante recomendable.

[Libro] Microsiervos – Douglas Coupland

Literatura

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse tambien en Fotos en serie. Paseos en la tarde de San Francisco.

Cosas que pasan. Llevo más años de los que recuerdo siguiendo uno de los blogs más veterano en habla española de divulgación tecnológica, científica y otras cosas divertidas más años de los que soy capaz de recordar. Se trata de Microsiervos. Según ellos mismos nos recuerdan, llevan en activo desde 2003, con algunos escarceos que se remontan al año 2001. Mi propio Cuaderno de ruta, estas páginas, se remonta a 2005, con escarceos desde 2003. En aquellos momentos, los blogs me parecían lo más. Y a pesar de su caída en popularidad por el impacto de las redes sociales, me parece que a la hora de publicar noticias, novedades o comentarios sobre distintos temas, me parecen más interesantes, y permiten más profundidad, que una anotación o imagen en redes sociales. Y bueno… Microsiervos ha sido siempre bastante divertido. Especialmente, pero no únicamente, su sección WTF.

Los sigo probablemente desde que en el año 2005 Google abrió su agregador de noticias, Google Reader. Una herramienta utilísima, lo cual debió ser definitiva para que la cerrasen en 2013. Google siempre se ha dado buena maña en cerrar servicios que me parecía útiles, manteniendo otros un tanto estúpidos. Pero bueno, sin solución de continuidad, seguí con la misma dinámica en Feedly, y hasta ahora. También los he seguido habitualmente en Twitter hasta la deriva filofascista de esta red social, momento en que pasé a seguirlos en Bluesky. En cuanto a su nombre, Microsiervos, lo asumí de siempre como aquellos al servicio de los tecnológico-científicos en la era de la microinformática.

Pero recientemente me enteré que tomaron el nombre de una novela de Douglas Coupland. Cuyo comentario traigo hoy a estas páginas. En su título original, Microserfs. Pero la he leído en versión traducida, porque me prestaron el libro en formato de árboles libros. Prestarse libros, eso que hacíamos tradicionalmente, y que permitía que leyéramos muchos más libros que los que comprábamos, y a nadie le parecía mal. Pero si te los prestan en formato electrónico, es pirateo. Curioso, ¿no? Y no estoy defendiendo la piratería, que conste. Que soy de los que opinan que los autores tienen derecho a ganarse la vida con dignidad y agradecimiento de sus lectores. Otra cosa son las absurdas políticas editoriales de las empresas del ramo en España… y probablemente en muchos países. Pero en España especialmente. Pero no quería hablar de eso. Simplemente que quizá debiera haberlo leído en su idioma original, como hago con más frecuencia. Porque es la obra original, siempre que tengas suficiente comprensión lectora en ese idioma, y porque suele ser apreciablemente más barato. Al menos en versión electrónica.

Coupland se hizo famoso, entre otras cosas, por acuñar para el título de uno de sus libros más famosos y apreciados el término Generación X. La Generación X es definida por algunos como las de aquellos nacidos entre 1965 y 1981, mientras que otros dicen que iría desde 1960 y 1985. Así que no sé si soy Generación X o babyboomer. Quizá por el retraso que llevó España en lo del baby boom, por aquello de posguerras y dictaduras, sería babyboomer. El problema es que el lío de las generaciones es una cosa que surgió en los EE. UU. y su sociedad no es equivalente al 100 % con la de otros países, más o menos desarrollados. Por haberme iniciado con rapidez en la microinformática y por mi afición a la tecnología y la ciencia, creo que tengo más afinidades con la Generación X que con los babyboomers, de todos modos.

Microsiervos también es un libro generacional. Sus protagonistas son un grupo de profesionales de la informática, nacidos más o menos al mismo tiempo que yo o algo más jóvenes la mayoría de ellos. Se conocen trabajando en las instalaciones de Microsoft en Redmon, cuando la empresa de Bill Gates, o simplemente Bill en la novela, se está comiendo el mundo. Pero deciden abandonar la empresa para trasladarse a California, en las cercanías de Silicon Valley, en la empresa emergente que monta uno de los más veteranos. El relato tiene forma de diario, y se cuenta desde el punto de vista de uno de ellos, en cuya casa familiar en California instalan provisionalmente la base de la empresa. Tiene dosis de humor por arrobas, es una de las responsables de que se vea a los profesionales de la informática como friquis, desde la acepción que la palabra ha tomado en castellano, no necesariamente equivalente a la que tiene freaks en inglés.

Tiene dosis de romance, relaciones de amistad, relaciones familiares, relaciones laborales,… de hecho, lo que más contrasta es que, desde el prejuicio del friqui como alguien sumido en sí mismo, en su trabajo y en sus aficiones, lo que Daniel nos narra en sus observaciones, en su diario, está lleno de humanismo, de relaciones interhumanas más profundas de lo que el aspecto externo de las mismas puede aparentar. Un sentimiento de solidaridad y proyecto común, no sólo empresarial, sino también vital, en el que hay una aceptación del otro con sus peculiaridades. También supone un análisis sociológico de la diversidad de la sociedad norteamericana de aquel momento. Lo curioso es que 30 años después, y a pesar de la evolución tecnológica que se ha producido, el libro sigue funcionando. Yo me lo he pasado bastante bien leyéndolo. Y en la medida en que, salvo las referencias más locales del libro, haya pillado la mayor parte de las referencias culturales que aparecen, me hace pensar que, sociológicamente, si no estrictamente por edad, estoy más cerca de la Generación X que de los babyboomers. No sé si es algo bueno o malo. Simplemente, es.

[Fotos] En Tudela con película fotografía en formato medio

Viajes

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la Hasselblad 500CM con Kodak Gold 200 en Tudela.

Cerramos trimestre viajero. El primer trimestre del año, desde el punto de vista de los viajes, siempre se ha caracterizado en mi caso por las escapadas en el día, generalmente a puntos de la geografía no muy lejos a Zaragoza. Aunque este año hice una un poquito más prolongada a La Mancha. En el segundo trimestre están planificados viajes con más entidad, de varios días, incluso de un par de semanas. Ya los iremos viendo.

De momento, aunque normalmente no tocaba en un domingo hablar de uno de los viajes pasados, para cerrar los comentarios fotográficos sobre los realizados en los que llevamos de año, traigo aquí las fotografías realizadas con película de formato medio en la escapada que hicimos a Tudela hace unas semanas. En sentido estricto, aun quedan algunas fotografías por comentar de ese viaje… aunque ya veremos como lo hago. Porque son pocas y muy específicas.

[Fotos] Nuevo paseo por La Cartuja Baja con película fotográfica

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la Olympus Pen F con Kodak Ektar 100.

Hace unas semanas os fui mostrando imágenes de mi exploración fotográfica del barrio rural de la Cartuja Baja de Zaragoza. Unos paseos, realizados durante el mes de enero, en las tardes de los sábados, que fueron muy agradables durante ese mes. En el mes de febrero, en otra tarde sábado, con tiempo muy agradable, apuntando a lo primaveral, volví a acercarme al barrio rural de la ciudad con intención de seguir mi exploración fotográfica del lugar.

Ciertamente, no me dediqué tanto a los restos del antiguo monasterio cartujo que da nombre al barrio. Opté por buscar rincones más cotidianos del lugar. Que pongan además de manifiesto su naturaleza de pequeña población que, hasta hace bien poco y todavía, tiene su base en la actividad agrícola. Aunque ya disponga de zonas urbanizadas más concebidas como barrio dormitorio de la gran ciudad. Al fin y al cabo, muchos de sus jóvenes estudian en el núcleo urbano de Zaragoza, y no pocos de sus adultos trabajan también en el mismo. Pero no ha perdido su personalidad propia.

[TV] Cosas de series; el riesgo de «perderse»… o de «perdidos»

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Bosques en el valle de Funes, en los Dolomitas italianos. Representan los bosques y los lagos de uno de los episodios importantes de la serie que comento hoy.

Si hay algo que me aterra cuando se anuncia una nueva serie de televisión, es que nos «amenacen» con ser la nueva Perdidos, o la «sucesora» de Perdidos. Durante unos años fue frecuente… ahora no tanto, pero de vez en cuando se da. Y yo tiemblo de pavor. Pero echemos la vista atrás. Echemos la vista 20 años atrás. Ahí es nada. Parece que fue ayer.

Lost (Perdidos) fue una serie que impactó. Surgió en lo que se ha llamado la era de oro de las series de televisión. Esos años en los que la calidad de las series de televisión se incrementó notablemente, tanto en sus guiones, como en sus interpretaciones, como en su producción o su forma de rodar. Se acercaron muchísimo a ese concepto de cine en serie. Y además, con muchas series mejorando considerablemente la calidad de muchas películas cinematográficas de éxito, ya que coincidió con el auge de los superhéroes y las sagas interminables de franquicias llenas de secuelas, a cual menos original y con menos calidad. Ahí surgió Lost. Si la serie comenzó en septiembre de 2004, llegó a España en la primavera de 2005. Y tras los muchos comentarios de amigos y conocidos, me agencié aquella primera temporada, la fui viendo, y me encantó.

Hemos de recordar aquí un concepto importante en el cine, que popularizó Alfred Hitchcock, aunque lo formuló uno de sus guionistas británicos, Angus MacPhail, el macguffin (la Wikipedia española atribuye el término a Hitchcock, pero es errónea). El macguffin es un recurso argumental que nos sirve para poner en marcha la acción y el recorrido de los personajes en la obra de ficción. Pero que es intrascendente por sí mismo. Podría ser cambiado por otro, y la película, o la novela, o la serie, sería en esencia la misma. Porque lo que realmente importa es la peripecia. El suspense, la angustia, las dificultades, que sufren o han de superar los héroes de la acción, y que se trasladan al espectador. Yo me familiaricé con el término, y con su significado, al leer las El cine según Hitchcock de Truffaut. Uno de mis libros sobre cine favoritos.

Lo importante del concepto del macguffin es que rompe con muchos moldes sobre la forma en que vivimos y valoramos la obra de ficción. Deja de ser importante el objeto, y lo único importante es el sujeto; el camino del héroe. O, en ocasiones, el villano. Digamos héroe desde un punto de vista genérico, el protagonista de la acción y con el que el espectador se identifica. Con quien sufre… y de paso disfruta. Esto también hace que se rompa la importancia de la estructura de la narración, y esta admita estructuras diversas, ya que lo que nos atrapa es el estado emocional del héroe durante la aventura, sea cual sea esta. Si lo observamos bien, todas las películas de Indiana Jones son lo mismo, da igual que el macguffin sea el Arca de la Alianza, el Santo Grial, la Calavera de Cristal, la lanza de Longinos, o el mecanismo de Anticitera. Lo que nos divierte, cuando la película está bien engranada en su guion y en su desarrollo, es la peripecia de Indiana y sus relaciones con el resto de los personajes. Lo mismo podríamos decir de Bond, James Bond, de la Flota Estelar de la Federación, de la Alianza Rebelde, o del tostón de los superhéroes de Marvel. Estos últimos la cagan cuando dedican un porcentaje no despreciable del tiempo de la película a «explicar» qué puñetas es el teseracto cuando es algo que importa un rábano. Por cierto, en el mundo real, un teseracto es un hipercubo o cubo de cuatro dimensiones. A veces se denomina así a la proyección de esta figura geométrica en el espacio tridimensional, por ejemplo, el Gran Arco de la Defense en París.

En Lost hay un desencadenante inicial, el accidente el accidente del vuelo 815 de Oceanic Airlines, y un gran macguffin, la isla y sus misterios. Mientras que lo que importa en la serie es la peripecia de los náufragos del accidente, la serie es estupenda. Cuando de repente empieza a tener importancia lo que es la isla y sus misterios, desde mi humilde punto de vista, la serie se convierte en un tostón horrible, que llega a ser insoportable, y los personajes con los que sentía empatía y con quienes «sufría» empiezan a caerme mal y a importarme un rábano lo que les pase. El gran mal de tantas producciones de acción de Hollywood, cine o series de televisión, dar importancia a lo que es accesorio, y olvidarse de contar una buena historia, intentando disimular la ausencia de esta con paranoias y fuegos de artificio. Por ello, los candidatos a ser la nueva Perdidos… me aterran.

Algunos comentaristas han calificado una de las mejores series de Apple TV+, Severance, como una de las nuevas Perdidos, y quizá por ello no le presté atención al principio. Afortunadamente, tras leer numerosos artículos alabándola, procedentes de fuentes serias, le di una oportunidad a la primera temporada… y abrí los ojos. Por fin una serie que, conceptualmente, está construida sobre un fenomenal y enorme macguffin; la separación de una persona en dos personalidades distintas, una en el puesto de trabajo y otra fuera del puesto de trabajo. Con una puesta en escena absolutamente maravillosa desde el punto de vista conceptual y visual, con unas interpretaciones muy notables, y con unos guiones de una precisión milimétrica, nos encontramos con un mundo distópico digno heredero de las visiones de Orwell en 1984, o de Terry Gillian en la no suficientemente valorada Brazil. Una obra que nos sumerge en la alienación del ser humano como elemento productivo de las grandes empresas, convertido en una pieza más de una cadena a la que, en muchas ocasiones, no se le ve sentido, y con unas políticas laborales que tratar de anular la personalidad propia del individuo para asimilarlo al idea del trabajador, del miembro de una sociedad.

Al comenzar su segunda temporada es cuando temía que reventase la serie si sus creadores se dedicaban a «explicar» los elementos que rodean a los personajes, cuando esta «explicación» es superflua. Da igual. Lo que sigue importando es la peripecia de los personajes. Especialmente, cuando se rebelan contra la pérdida de la individualidad, especialmente acusado entre la personalidad que trabaja en la gran empresa. Esa rebelión, en la que reivindican su derecho a pensar, a amar, a decidir… de acuerdo o en contra de su personalidad exterior, e intentando superar la distopía empresarial, es lo importante. De momento, la serie no sólo no ha sufrido el sindrome de Perdidos, sino que nos ha ofrecido algunos episodios absolutamente absorbentes, de una calidad cinematográfica superior, con interpretaciones más que notables. Y, una vez más, con unos guiones y una realización milimétricamente planificadas, sin que nada falte ni nada sobre. Llega un momento en que sus episodios son dignos de verse, y disfrutarse, incluso aislados del resto de la serie. Son así de buenos. Que siga.