[TV] Cosas de series; pequeñas y grandes mentiras

Televisión

Dos interesantes series para esta semana, que he visto en las últimas. Ya me estoy poniendo al día con los comentarios de las series. Hace sólo 10 días que terminé de ver estas.

El concepto de héroe, de ser humano modelo, ha sido reflejado en el mundo del arte con frecuencia, incluso cuando los temas represente personas teóricamente comunes. Pondremos algunos ejemplos con las esculturas de Pablo Gargallo, del museo del mismo nombre en Zaragoza.

En primer lugar tenemos la segunda temporada de Big little lies, drama de HBO que comenzó con la idea de que fuese una miniserie de temporada única, pero que visto el éxito, decidieron intentar una segunda temporada. Este grupo de madres más o menos pijas, que viven en uno de los condados más acomodados de California, y que se vieron involucradas en la primera temporada en una trama que llevó a la muerte del marido de una de ellas. Un misterio que quedó aclarado para los espectadores, pero no resuelto a nivel policial. Pero la segunda temporada no se centra en esa trama policial, que permanece de fondo, pero como un macguffin más de la serie. Seguimos indagando en las dificultades de la vida en pareja y en familia, en los abusos de género, en los sentimientos de culpa por cosas de las que son otros responsables, en los sentimientos de culpa por cosas de las que sí que somos responsables, en cómo nos recuperamos de los traumas del pasado y en la hipocresía general de las relaciones sociales, que impide muchas veces la resolución práctica de muchos de esos problemas. Esta temporada no llega a tener el nivel de la primera, pero se deja ver bien de todas formas, destacando, como en la anterior, el buen nivel actoral de todos los participantes. Destacando el complejo y antipático personaje con el que ha de lidiar una impecable Meryl Streep, auténtica robaescenas, estrella de la temporada, por mucho que el rol principal esté destinado a Nicole Kidman.

La resolución de la temporada es buena, y vale perfectamente como resolución de la serie. Parece improbable una tercera temporada por la dificultad para encajar las agendas de todas las protagonistas, aunque probablemente HBO estaría encantada. Yo creo que ya está bien como está.

The boys es un estreno reciente de Amazon Prime Video, una cadena que no recibe tanta atención de los medios como otras en sus producciones originales. Se apunta a la moda de los superhéroes, pero desde un punto de vista distinto. Aquí no tenemos superhéroes dispuestos constantemente a salvar el mundo frente a supervillanos que quieren destruir o dominar el mundo. Aquí nos movemos en el terreno de lo gris del mercado capitalista, donde ser superhéroe es una marca, con un valor, es una forma de generar dinero, y conformar una plutocracia como poder fáctico detrás de los poderes legítimos del estado. «Superhéroes» engreídos, que se creen con derecho a cualquier cosa, cuando dejando de lado sus «poderes», sufren las mismas debilidades y tentaciones que cualquier hijo de vecino, con el añadido de su mayor capacidad de ejecutar acciones éticamente discutibles, si no simplemente condenables. Frente a ellos, el grupo de pirados que, agravados de una forma u otra, quieren desenmascarar la falsedad del negocio superheroico. Unos buenos guiones, una producción de buen nivel y unas interpretaciones más que convincentes nos llevan a una serie que tiene muchos valores para ser considerada como una de las más interesantes del momento. Y, por supuesto, muy por encima que cualquier tontada que venga de los universos de superhéroes tradicionales. Final notable, que deja descolocados a todo dios, con ese Homelander (Antony Starr) que se confirma como uno de los villanos más inquietantemente interesantes que ha surgido recientemente en la ficción televisiva. Ganas tengo ya de una segunda temporada.

[Libro] A Chain of Thunder

Literatura

Después de leer la novela que comenté hace unas semanas sobre los jóvenes soldados del ejército de los Estados Unidos que participan en las guerras indias y en la Guerra civil nortamericana, vino a mi memoria una serie de lecturas que realicé hace ya 13 años largos, en 2006. Os pongo en situación.

No he visitado los teatros de la guerra civil norteamericana, aunque alguna vez hemos hablado de que si visitamos Washington D.C. nos acercaríamos al Parque Militar Nacional de Gettysburg y algún otro. Pero de momento no ha habido ocasión. Pero en Europa, no nos faltan recordatorios de las consecuencias de las guerras. Especialmente en Berlín, donde estuvimos hace pocas semanas.

En algún momento de final de año de 2005 me hice con una copia de la película Gettysburg, una monumental producción pensada como una miniserie para una cadena de televisión de cable, pero que tuvo un estreno como largometraje en 1993 con una duración de 254 minutos, que es lo que yo vi en aquel momento que menciono. No me pareció una película con grandes virtudes cinematográficas, pero sí interesante desde el punto de vista histórico. Supe que estaba basada en una novela histórica de Michael Shaara, The Killer Angels, publicada en 1974, y me hice con aquel libro. Me pareció muy interesante. Y no paré ahí. Supe también que el hijo de este autor, que murió en 1988, Jeff Shaara, escribió dos novelas más, God and Generals, publicada en 1996, y The Last Full Measure, publicada en 2000. En la primera narraba los acontecimientos de la Guerra civil norteamericana en el teatro de operaciones de Virginia y Maryland hasta las vísperas de la batalla de Gettysburg, mientras que en el segundo continuaba con esta historia, con la guerra en Virginia, hasta el final del conflicto bélico. Lo cierto es que el conjunto de estos libros funcionaban mejor como divulgación histórica que como novelas en sí mismas. Dijeramos que no era muy consciente de estar leyendo algo «novelizado», sino una narración entretenida de unos acontecimientos históricos, razonablemente bien documentados y presentados.

Siempre me quedé con la sensación de que la visión sobre este conflicto bélico, muy interesante, quedaba coja por centrarse en el teatro de operaciones oriental y sin tener en cuenta lo que pasaba en otros teatros de operaciones. Por poner una caso, que viene a cuento en lo que hoy presento, no hablaba tan apenas de que un día después del final de la batalla de Gettysburg, mientras el Ejército del Potomac de la Unión y el Ejército del Norte de Virginia de los secesionistas se miraban frente a frente sin decidirse a retomar las hostilidades, el sitio de Vicksburg llegaba a su fin, y los estados secesionistas quedaba separados en dos, y bloqueados económicamente por el ejército y la marina de la Unión.

Después de leer Días sin fin hace unas semanas, se me ocurrió volvió a repasar la película aquella, Gettysburg. Y encontré una copia de mejor calidad que la que vi hace 13 años; 1080p frente a VHS, nada menos. Y con más metraje, pues el el típico «montaje del director», que consiste en la mayor parte de los casos en introducir escenas descartadas en el primer montaje. Así, en lugar de 254 minutos, te tiene que merendar 271 minutos. De cuatro horas y cuarto a cuatro horas y media, aproximadamente todo, que sinceramente no aportan gran cosa. Pero también me entró la curiosidad por saber si Jeff Shaara había escrito algo más. Y me encontré con que había escrito mucho más. El hombre se ha especializado en contar guerras; la de la independencia americana, la agresión de Estados Unidos a Méjico, la Segunda guerra mundial, la de Corea, etcétera. Pero tardó bastante en retomar la Guerra civil. Y tiene cuatro libros publicados sobre el teatro de operaciones occidental, el que se desarrolló en el río Misisipí y los estados próximos al mismo y al Misuri. El libro de hoy es uno de ellos, el segundo, el que narra la campaña de U.S. Grant para la toma de Vicksburg y para conseguir entrar en control de todas las rutas fluviales dependientes del Misisipí, separando los estado secesionistas en dos partes, y cortando las rutas de suministro a los principales estados secesionistas y ahogarlos económicamente.

Contado en forma de vivencias de seis personajes, de los que sé que al menos cinco son reales. Por el lado secesionista, el general Pemberton, comandante del ejército en Vicksburg, el general Johnston, comandante de todo el ejercito del Misisipí, y Lucy Spence, una joven de Vicksburg, que acaba ejerciendo de enfermera en los hospitales de campaña. Por el lado unionista, el general Grant, comandante en jefe del ejército del Tennessee, el general Sherman, uno de los comandantes de uno de los cuerpo de ejército del mismo, y Bauer, un soldado de origen alemán integrado en una compañía predominantemente de origen irlandés de un regimiento de voluntarios de Wisconsin. Se narra el conjunto de la campaña, desde los preparativos para el cruce del Misisipí al sur de la ciudad, la campaña para limpiar la zona de posible apoyos secesionistas y el sitio propiamente dicho.

Al igual que en sus predecesores, es un libro entretenido. Pero cambia algo el enfoque. Hay una visión menos general, aunque esta se ofrece y se dan informaciones suficientes para cumplir la misión de divulgación histórica. Pero entra también a contar o especular sobre los sucesos a nivel micro, a nivel de lo que se vivía en una compañía del ejército, en cómo eran las relaciones entre generales y periodistas, cómo se gestionaban las frustraciones y las discrepancias entre los responsables de los ejércitos, o cómo sufría o se defendía la población civil de la catástrofe bélica. En su conjunto está bien, aunque no me ha enganchado tanto como los que leí en su momento. Siempre fue el libro de Michael Shaara el mejor de los que he leído y el más interesante, los de su hijo le han ido siempre a la zaga.

Ha estado bien, me he alegrado de haberlo leído. Pero no me han entrado ganas de completar el ciclo de cuatro libros que cubrirían la batalla de Shiloh, el primero, la batalla de Chattanooga y alguna cosa más, el tercero, y la marcha sobre Georgia y las Carolinas del ejército de Sherman. Puedo pasar sin ellos. He de decir que sobre el último de los hechos históricos, la marcha de Sherman, ya leí un libro de Doctorow,… y por lo que sé y he leído, dudo mucho que Jeff Shaara esté cerca del nivel y profundidad de la escritura de Doctorow. El libro de Doctorow también lo leí en 2006, y supuso mi introducción a la obra de ese autor americano, que ya no he abandonado.

[Recomendaciones fotográficas] Leopoldo Pomés y otras cosas

Fotografía

Una publicación en Instagram del museo Reina Sofía me avisó por primera vez de la noticia. El fotógrafo catalán Leopoldo Pomés (1931 – 2019) falleció hace pocos días. Es de estos fotógrafos que, a pesar de ser conocido y reconocido dentro del mundillo, ha tardado en recibir los reconocimientos oficiales. Premio Nacional de Fotografía 2018… sólo un año antes de morir, cuando ya contaba 87 años, cuando ya difícilmente se le podría contar como un fotógrafo en activo. Esos premios tardíos, por merecidos que sean, no me satisfacen. Creo que los reconocimientos hay que hacerlos cuando la persona que los merece está en activo y es un referente contemporáneo de quienes empiezan o están en el ajo. Si no, cuando llegan tarde, parece casi que nos están dando una clase de historia. Porque Pomés, que trabajó esencialmente en el sector de la publicidad, donde fue un creativo más allá de la fotografía, con una visión mucho más amplia, es historia, importante de la publicidad y la fotografía del país. Pero al mismo tiempo, muchas de sus obras o creaciones sea necesario interpretarlas ya en los términos del «aquí y ahora» propio de la historia de las artes. Algunas de sus creaciones, hoy en día no se sostendrían. Lo que no les quita valor, en absoluto. Simplemente, fueron productos de su tiempo. Es lo que tiene el mundo de la publicidad. Sus creaciones periclitan con mayor facilidad que las de otras disciplinas creativas o artísticas. Pero es recomendable, muy recomendable, conocer la obra de Pomés. Claro que sí.+

Las fotografías que acompañan esta entrada son de la mansión donde se celebro la infame Conferencia de Wannsee, donde se decidió el modo en se procedería al exterminio de los judíos de Europa. Tiene que ver con el contenido del artículo de hoy…

Un par de recomendaciones extraídas de Magnum Photos.

Lo he dicho un montón de veces ya. Inge Morath es una de mis fotógrafas favoritas. Por diversos motivos. Y una de los momentos que hicieron que mi mirada se desviara hacia el trabajo de Morath tiene que ver con mi afición al cine. El hecho de que formara parte del grupo de fotógrafos de Magnum Photos que documentó el rodaje de The Misfits (Vidas rebeldes en España) necesariamente me llamó la atención sobre sus fotos. El libro que narra visualmente el viaje en coche que hizo desde Nueva York a Reno, donde se rodó la película, en compañía de Cartier-Bresson, y que es uno de mis favoritos de mi biblioteca, afianzó mi querencia por el trabajo de la austriaca. El conocimiento del resto de su obra poco a poco la hizo imprescindible. Pero no sólo fue en The Misfits donde trabajó como fotógrafa de plató. En 1959 documentó el rodaje de The Unforgiven, donde orientó su cámara y su mirada especialmente hacia Audrey Hepburn. Uno de los pocos western clásicos que lanzaban un piedra contra el racismo y la intolerancia. ¡Y yo que no conocía estas fotos…!

Hice una escapada a Berlín y otras ciudades alemanas a mitad de agosto, de donde proceden las fotos de hoy. Un grupo numeroso. Viajamos juntos hasta la capital alemana ocho personas un sábado. Yo me volví a Zaragoza el jueves siguiente; el viernes trabajaba. No eran vacaciones, sino unos pocos días libres. Buena parte del resto del grupo siguió recorriendo Alemania durante dos semanas. Ocho personas es mucha gente, sobretodo a ciertas edades, en las que has consolidado tus gustos y tus formas de viajar. Por ello, y muy civilizadamente, nos dividíamos en grupos más pequeños para atender a nuestros centro de interés, para luego reunirnos para visitar determinados lugares o para cenar juntos y tomar unas cervezas. Resultó bien.

El pequeño grupo de tres personas en el que yo me integré decidimos visitar a orillas del lago de Wannsee la mansión donde se reunieron unos cuantos jerarcas de la administración alemana nazi para decidir el modo en que se realizaría el exterminio de los judíos en Europa. Si alguno accedéis a HBO, tienen en catálogo una excelente película que lo explica muy bien, y está rodada en esa misma mansión. En la cena de ese día, algunos de los miembros del gran grupo nos acusaron de ser adeptos al «dark tourism», concepto sobre el que se reflexiona en un reciente artículo de Magnum Photos. El placer que encuentra alguna gente en visitar y fotografiarse en lugares reconocidos por las atrocidades que en ellos se cometieron. Argumentamos contra esa acusación, por supuesto. En primer lugar, en Berlín es difícil no visitar lugares célebres por las atrocidades que se cometieron en ellos. El siglo XX está llena de negros borrones en la historia alemana y de la humanidad, que tuvieron su epicentro en la capital alemana. Pero es que además no podemos confundir la necesidad que podemos sentir algunos de respirar la trascendencia de algunos momentos de la historia de la humanidad, con el morbo y la frivolidad de hacerse un selfi haciendo el memo sobre las teselas del monumento a los judíos asesinados en Europa que hay en Berlín o haciendo equilibrios en las vías del tren de Auschwitz. En esos lugares y en otros muchos, me he sorprendido viendo como la gente no entiende nada de lo que allí se conmemora. Quizá el lugar donde más agradablemente me sorprendí por el respeto generalizado de los visitantes fuese el Parque de la Paz de Hiroshima. Pues así siempre.

Para finalizar, referirme a un artículo reciente en la versión en línea del British Journal of Photography, sobre qué hace de una fotografía una buena fotografía. En diálogo con Clément Chéroux, el conservador de fotografía del SFMoMA (Museo de Arte Moderno de San Francisco). Os dejo un vídeo con los puntos de vista de este experto.

[Cine] The Last Recipe: Kirin no shita no kioku [ラストレシピ ~麒麟の舌の記憶~] (2017)

Cine

The Last Recipe: Kirin no shita no kioku [ラストレシピ ~麒麟の舌の記憶~] (2019; 43/20190826)

Como ya he comentado en más de una ocasión últimamente, cada vez llegan con más frecuencia a nuestras carteleras las películas de Asia oriental, especialmente Japón, en menor grado Corea del Sur, y eventualmente, alguna China. Excepcionalmente, alguna de otro país. Pero sobre todo del País del Sol Naciente, como esta dirigida por Takita Yōjirō, director que tiene en su haber una de las películas más hermosas que he visto en lo que llevamos de siglo. Iba a decir que en los últimos diez años, pero resulta que la vi hace 10 años y un mes… así que he extendido un poquito el intervalo de tiempo, que también vale.

Creo que ya he comentado que volvemos a Japón. Dentro de tres semanas cojo vacaciones, y unos días más tarde volamos a Tokio. Aunque era tentador volver a visitar algunos de los estupendos lugares que ya conocimos, pero de los que siempre te quedas con ganas de más, en principio vamos a solapar poco el recorrido con respecto al viaje de 2014. No más del 10% será terreno ya conocido. Y sobre todo nos moveremos por la región de Kansai. Con unos poquitos días de repaso en Tokio.

En esta ocasión, nos cuenta la historia de un cocinero Sasaki Mitsuru (Ninomiya Kazunari), dotado con el don de un gusto a los sabores absoluto, aunque incapaz de realizar una adecuada gestión de los negocios, que lo arruina, y que se dedica a preparar para gente excéntrica y con mucho dinero un último plato exquisito antes de morir. De ahí el título en castellano, El cocinero de los últimos deseos, que no tiene nada ver con el título original, La última receta: la memoria de la lengua de la jirafa. El caso es que se ve involucrado en la búsqueda de las recetas de un cocinero activo en los años 30 del siglo XX en el estado títere de Manchukuo, Yamagata Naotaro (Nishijima Hidetoshi). Búsqueda detrás de la cual se esconde un importante secreto para Sasaki.

A esta película le he dado el aprobado… porque debía de estar de buen humor cuando lo decidí, porque hay un esfuerzo sincero detrás de la realización de la misma, y porque me acordaba de aquella película que he mencionado al principio. Supongo. Porque tiene varios problemas. El primero es que es una película que no sabe lo que quiere de ser de mayor. Empieza siendo una película de misterio, ¿dónde están las recetas perdidas? Continua siendo una intriga política de época, con los tejemanejes del ejército de Kwantung en Manchuria. Y termina resultando una sesión de cine cebolla, a propósito de dramas familiares, no bien ligados, ya que el tramo final se resuelve de forma muy precipitada. Lo cual evita que los espectadores se pongan en situación de disfrutar del correspondiente llanto que debería acompañar los últimos compases del largo largometraje. La película busca cierto empaque en la producción como película de época, aunque nunca deja de sentirse una excesiva artificiosidad en la ambientación. Con un par de puestas de sol con colores tan saturados como para provocar un desprendimiento de retina y algunos decorados un tanto postizos representando la actual ciudad china de Changchún, entonces llamada Hsinking.

Los actores hacen lo que pueden, pero no pueden evitar que el conjunto resulte un tanto frío, sin que se transmita toda la emoción que debería desprenderse de la pasión del cocinero de época por la cocina, así como los sentimientos por su familia.

La película resulta entretenida, aunque demasiado larga y desequilibrada, con altibajos en el ritmo y en la narración. Quizá por eso, por ser entretenida, hago que llegue al aprobado. Pero todo lo demás la pone en el trance de suspender. No me atrevería a recomendarla con carácter general, pero si alguien le quiere dar una oportunidad… ahí está.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos/viajes] Viajando por Alemania con una cámara para película tradicional

Viajes

Ya he publicado en estas páginas una abundancia de fotografías de mi reciente escapada a Berlín, con excursiones a Weimar y Brunswick. Pero todas ellas estaban realizadas con una cámara digital, la Fujifilm XF10, que actuó como cámara de apoyo. En realidad, la fotografía principal del viaje la realicé con mi veterana Pentax MX cargada con película en blanco y negro tradicional. Fotos del viaje van apareciendo en mis dos cuentas de Instagram, tanto la dedicada a la fotografía con película tradicional como la dedicada a la fotografía de viaje. El resumen técnico sobre el viaje lo podéis encontrar en En Berlín, Weimar y Brunswick – Pentax MX + Ilford XP2 Super 400.

Aquí os dejo algunas fotografías de muestra. Quizá no las más características. Pero sí de las que ilustran la versatilidad de la película y el equipo elegidos.

[TV] Cosas de series; entre adolescentes y la peor tripulación espacial (de la historia de la TV) que ha existido

Televisión

Hace ya un tiempo que terminé de ver las series que comento esta semana. Sigo llevando cierto retraso. Todas las terminé de ver antes de mi escapada berlinesa, es decir, antes del 10 de agosto. Espero que mi memoria no esté muy alterada…

Dos de ellas se introducen en el mundo adolescente,… aunque se parecen lo que un huevo a un elefante.

Derry Girls ya es una vieja conocida, y recientemente nos hemos sumergido en la segunda temporada de este grupo de adolescentes norirlandesas en los tiempos de The Troubles. Con temporadas de seis episodios de media hora de duración, sabe a poco. Indudablemente, las aventuras de la pandilla de descerebradas de dieciséis años, sus no menos descerebradas familias, la peculiar monja que pretende educarlas y el primito inglés que puede ser o no ser gay, es una de las series más divertidas del panorama seriéfilo actual. Y casi me atrevería decir que es de obligatoria visión si se te pone a tiro. Por supuesto, en versión original. Es inevitable que muchos de los chascarrillos de la serie estén asociados al cerrado acento irlandés y su choque con la forma de hablar de los ingleses.

Sí… en honor a las chicas de Derry, visitamos fotográficamente la isla de Irlanda. Aunque no los condados británicos del Ulster, porque no he andado por allí.

Sin embargo, Euphoria nos sumerge en una de las visiones más pesimistas de la adolescencia, en términos de drama que bordea constantemente la tragedia, que nos puede ofrecer hoy en día la televisión. Esta serie de HBO que se estrenó hace unas semanas, de la mano de Rue Bennett (Zendaya) y ese gran hallazgo que es la Jules Vaughn interpretada por Hunter Schafer, uno de los personajes con más matices y complejidades que he visto en mucho tiempo en televisión. La serie nos traslada a un vecindario más de los Estados Unidos, con su instituto, donde los y las adolescentes sufren las consecuencias de su inmadurez y su desconcierto ante cuestiones como el sexo, su identidad personal, la presión del grupo, el consumo de drogas y la violencia latente o explícita que rodea sus vidas, muchas veces asociada a cuestiones de género. A la serie le cuesta arrancar un poquito, y en sus primeros pasos no acababa de atraparme, pero poco a poco se centra y, de hecho, ofrece algunos episodios que tienen carácter prácticamente antológico. Totalmente recomendable, salvo que andes en estado depresivo o todavía te creas que la juventud es una etapa de la vida de color de rosa.

Finalmente, Netflix nos ha ofrecido una nueva serie en forma de primer contacto + aventura espacial. Y lo hacía con el aliciente de poner a Katee Sackhoff, la celebrada Kara Thrace «Starbuck«, al frente de una tripulación que debe recorrer a velocidades relativistas la distancia entre la Tierra y Pi Canis Majoris, una estrella a 96 años luz de distancia, de donde se supone que procede una nave alienígena que ha aterrizado en nuestro planeta, aunque muy poco comunicativa. El título de la serie es Another Life,… y hasta aquí todo lo positivo que se puede decir de la serie, que como veis son circunstancias a priori, antes de ver nada de la misma. A partir de ahí, todo es una absoluta catástrofe. To-do. En el plano de la producción, da la impresión de que el asesor científico de la serie es el profesor Bacterio. Sí. El de Mortadelo y Filemón y la T.I.A. La densidad de gilipolleces pseudocientíficas por hora que es capaz de producir esta serie avergonzaría hasta los terraplanistas. Ni siquiera voy a intentar recordar algunas de las muchas burradas que dicen o plantean relacionadas con conceptos físicos, astronómicos, biológicos, químicos,… plenamente asentados. Y todo ello enmarcado por los conflictos de una tripulación espacial que ha debido ser seleccionada entre la mayor panda de tarugos que jamás se haya visto sobre la faz de la Tierra, cuyas decisiones y comportamientos son siempre contrarios, no ya a los conocimientos científicos o de ingeniaría, sino al más básico sentido común, comportándose siempre como adolescentes. Adolescentes imbéciles, no como la mayor parte de los adolescentes, que seguro que tienen mucho más sentido común que estos personajes. Obviamente, la culpa no es de estos personajes, sino de los ineptos creadores y guionistas de la serie, que deberían ser juzgados ante el tribunal de la Haya por crímenes contra la humanidad. No creo que vuelva a ver un sólo minuto de esta serie, que aguanté hasta el final por ver si toda esa densidad de estupidez era fruto de un mal momento o era un mal crónico,… permanente. Lo que también me sorprendería es que Netflix, ante una serie que ha merecido una nota media en IMDb de 4,8, la renovase… pero cosas más raras se han visto en el mundo de la televisión. No ver. Bajo ningún concepto. Graves riesgos para la salud mental.

[Fotos] Paseando Zaragoza un tremendo teleobjetivo

Fotografía

No soy yo muy de usar objetivos con focales muy largas, salvo en algún espectáculo deportivo y en la naturaleza. Y aun así, no tengo muchos teleobjetivos largos. Recientemente me prestaron uno durante unos días, y he estado paseando por la ciudad, con madrugón para ver la salida del sol incluido, mientras los utilizaba.

Los detalles técnicos en Ensayando un teleobjetivo de focal variable para fotografía digital, montura micro cuatro tercios. Para quienes no os interesen, os dejo algunas fotos.

[Libro] Arenas movedizas

Literatura

Durante mucho tiempo escuché palabras elogiosas de Jun’ichirō Tanizaki. Pero la primera obra que leí de él, El elogio de la sombra, me dejó un regusto agridulce. Nunca me he sentido a gusto con los nacionalismos de ningún tipo, y este ensayo, más allá de su profundidad en cuestiones de estética, destila un cierto nacionalismo japonés… que dados los antecedentes de las actuaciones del Imperio del Japón en las primeras décadas del siglo XX no despierta mis simpatías.

Pero todo cambió cuando empecé a obra de ficción, tanto su novela más afamada, como sus colecciones de relatos cortos, me situaron ante un escritor magnífico y muy interesante. Era cuestión de tiempo que volviese a él.

Más allá de algún transbordo de tren en la estación de Shin-Ōsaka, no he visitado aún la populosa ciudad de la región de Kansai donde transcurre la acción de la novela de hoy. Algo que quedará subsanado dentro de cuatro semanas y un día, si todo va bien.

Había visto recomendaciones muy entusiastas de la novela que nos ocupa hoy. En Osaka, en algún momento del período de entreguerras, la novela se publicó entre 1928 y 1930, la narradora, dirigiéndose a una tercera persona, aparentemente el escritor, nos va contando las vicisitudes de su relación con una joven soltera de su misma edad. En torno a los 22 años cuando comienza el relato. La narradora, Sonoko, está casada, y ha tenido ya algún incidente escandaloso en su vida. Acude a una escuela de arte, donde se difunde el rumor, falso, de que mantiene una relación lesbiana con otra alumna, la bella joven Mitsuko. Pero esto desencadena la amistad entre las dos, y los rumores acaban tomando cuerpo y siendo ciertos, comenzando una apasionada y tormentosa relación en la que pronto se verán involucrados el marido de Sonoko, y otro hombre, un caradura con el que se ha relacionado Mitsuko.

El relato claramente tiene un componente provocador de las costumbres tradicionales y del patriarcado de la sociedad nipona, al hablar abiertamente de la relación entre las dos jóvenes. Más todavía estando una de ellas casada. Pero también va poniendo en solfa muchas otras convenciones de la sociedad japonesa de la época, que ponen de manifiesto las hipocresías de la misma. Sin dejar de considerar que no deja de ser un enredo en el que, sencillamente, nadie es fiable. Nadie puede confiar plenamente ni en los sentimientos ni en las intenciones del otro o la otra. Las traiciones llegan a tal nivel que el propio final de la novela es la última traición hacia la narradora, de cuya naturaleza no voy a hablar aquí y dejo que la descubra el posible lector de la novela.

He de decir que de lo que he leído en ficción hasta ahora de Tanizaki, es lo que menos que me ha convencido. Quizá por las elevadas expectativas que me había formado, dadas las reseñas elogiosas que previamente había leído sobre la novela. Pero me ha costado mantener el interés, fundamentalmente porque a partir de un determinado momento deja de importarme lo que suceda con estos personajes. Y la novela, más allá de la trama, casi detectivesca, más propia de una novela negra, para descubrir la sucesión de traiciones que los cuatro personajes principales se dedican entre ellos, carece de profundidad y más me ha parecido un producto para el entretenimiento, bien escrito, que una novela de fondo como otras novelas y relatos cortos del escritor. Pero que cada cual saque sus propias conclusiones leyéndola. Que tampoco es tan extensa.

[Cine] Once upon a time… in Hollywood (2019

Cine

Once upon a time… in Hollywood (2019; 42/20190819)

El comentario de esta película tendría que haber sido el sábado,… pero estuve muy liado. Y ayer me olvidé y me fui a las recomendaciones fotográficas. Así que va hoy, lunes. Pero había empezado ya a prepararla. Voy a adelantar algo. En mi comentario a la película que la precedió en este Cuaderno de ruta, sucedía que aunque aquella película nipona tenía un nivel de interpretación y realización normalitos, el conjunto era más que la suma de estas partes, y me parecía muy notable. En esta ocasión, con la última producción de Quentin Tarantino, me ha pasado totalmente al revés. Aunque es innegable la elevada calidad del realizador y de los intérpretes que participan en esta película, el conjunto me resulta… normalito. Nada que me lleve a recordarlo como esa obra maestra que algunos críticos y comentaristas nos habían anunciado. De verdad, que me resulta difícil pensar que la mayor parte de los críticos y comentaristas de cine profesionales, los que se ganan la vida con ello, no estén untados por las distribuidoras.

No sabía muy bien con qué fotos acompañar. Pero estos días estoy ultimando y afinando mi galería dentro de la página web de ASAFONA (Asociación aragonesa de fotógrafos de naturaleza), y he optado por adelantar algunas de las fotografías que contendrán, con escenarios muy cinematográficos por motivos muy diversos. Aunque no sea ese el motivo por el que las he elegido para la galería. Cuando la haga pública, ya os cuento.

Se supone que esta comedia más o menos disparatada, esta propuesta de historia alternativa al Hollywood del verano de 1969, es el homenaje definitivo de Tarantino al cine y a la capital del cine. Siguiendo las andanzas de un actor mediocre pero popular, venido a menos, (Leonardo DiCaprio) y su doble especialista en las escenas de riesgo, reconvertido en ayudante para todo (Brad Pitt), vamos recorriendo el ambiente de Hollywood al final de los años 60, con un punto de anclaje histórico como referencia principal, el asesinato de Sharon Tate (Margot Robbie) y otros de sus amigos a manos de Charles Manson (Damon Herriman) y su banda.

Construye Tarantino sobre esta base un retablo animado en el que los distintos cuadros son distintas situaciones que hacen referencia a aquella época y que andan plagadas de nombres ilustres de la interpretación en pequeños papeles, algunos prácticamente cameos. Es como si Tarantino hubiera llamado a todos sus amigos para echar unas risas y pasar un buen rato. Algunos de esos cuadros tienen más enjundia y otros menos, mezclando personajes y situaciones históricas con otras ficticias. Pero todos tienen en comun la presencia de los tres personajes en torno a los que pivota la acción, el actor, el especialista y Sharon Tate. Todo ello, hasta desembocar en un notable final, muy tarantinesco, que reconozco que ayuda a salvar la nota general de una película, que iba dando bandazos entre los interesante y lo inane, con un metraje que en un momento dado empieza a parecer claramente excesivo.

Las interpretaciones recaen sobre todo en los tres mencionados papeles principales, de los que DiCaprio y Robbie hacen interpretaciones suficientes y adecuadas pero no memorables, actuando Brad Pitt como auténtico robaescenas. Muy superior a su compañero de fatigas. Margot Robbie vale más de lo que muestra en esta película, que es de las que lastran su talento «por culpa» de su vistoso físico, que es lo que la película resalta. Entre todos los demás,… son papeles pequeñitos que apenas afectan al conjunto, quizá con la excepción de Margaret Qualley, una de las varias hijas de alguien famoso que participan en la película y que, puesto que le dan más minutos que a otros en la pantalla, los aprovecha apuntando muy buenas maneras. Esta chica es la hija de Andie MacDowell, quizá no tan guapa, pero mucho más expresiva e interesante como actriz.

En su conjunto, resulta entretenida, y se puede ver sin problema como un entretenimiento veraniego más que razonable. Pero todo el talento puesto en esta producción no suma ni produce las sinergias suficientes para producir esa película memorable, presunta obra maestra, que desde mi punto de vista no está por ahí ni por asomo.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Recomendaciones fotográficas] Restos de un desastre

Fotografía

Entre mi escapada berlinesa y las entradas que he dedicado después a las exposiciones y museos de fotógrafía que visité allí, o a los libros de fotografía que me traje del viaje, hace bastante tiempo que no redacto una entrada de recomendaciones fotográficas basada en los enlaces que recopilo en Pocket mientras buceo por la internet en la «fotosfera» (NO me refiero a esta fotosfera, claro; espero que hayáis entendido mi neologismo). El caso es que había acumulado un cierto número de enlaces en Pocket, y esta mañana mientras los revisaba y seleccionaba para comentarlos… no sé lo que he hecho… que se han borrado y perdido un montón. Cosas que pasan un domingo después de haber trasnochado más de lo habitual. Pero me han quedado algunos… así que aprovechémoslos.

Ayer madrugué… más bien me desvelé y decidí aprovechar la ocasión,… y me fui a fotografíar al alba en la zona del azud sobre el Ebro en Zaragoza. Probando un teleobjetivo de focal variable que me han prestado. Y aunque el amanecer no tenía la mejor de las luces, había un cierto grado de «mierdosfera» en el ambiente, tampoco me quejo mucho de no haber disfrutado del rato fotográfico.

De Cartier-Bresson no es un reloj, no me canso de recomendar este blog a los aficionados a la fotografía, tenía guardado un enlace desde finales de julio que nos hablaba de André Kertész y Brassaï, y de la relación entre ambos… que parece que fue un poquito de amor/odio. Ambos eran húngaros, ambos se establecieron en París en los años 20, como tantos otros artistas, y ambos fotografiaron como pocos lo han hecho la capital francesa, aunque con estilos, Brassaï más pájaro nocturno, más intimista, Kertész más abierto, mal cercano a las personas y al retrato. Pero ambos excelentes. Y probablemente se influyeron uno al otro. En cualquier caso, para conocer los detalles de la relación entre ambos, sus vaivenes, seguid el enlace que os he dejado al principio de este párrafo, merece la pena.

Jota Barros expuso hace un par de semanas su reivindicación sobre Bruce Gilden. Gilden es un fotógrafo documental, fundamentalmente callejero, que tiene una larga carrera a sus expaldas, siendo miembro de Magnum Photos. Pero se hizo famoso en eso que llamamos el «gran público», o por lo menos entre los adeptos al mundo de la fotografía, a consencuencia de un vídeo en Youtube que no os voy a poner aunque sí a enlazar, en el que mostraba un estilo de fotografía callejera extraordinariamente agresivo con las personas que transitaban por las aceras de Nueva York a las que literalmente asaltaba colocándose de cerca y soltándoles unos flashazos horribles. A mí me desagradó mucho esa forma de abordar a la gente. Y tampoco me gustan las fotografías resultantes, con gestos que son más propios de la sorpresa y el susto al ser abordados los sujetos, que de su propia vida interios mientras deambulan por la ciudad yendo a sus asuntos. Barros opina que eso a sesgado mucho la opinión sobre Gilden y por eso lo reivindica con otro vídeo, de la plataforma Nowness, que si voy a dejar aquí puesto, en el que podemos ver que la actividad fotográfica de Gilden va a más allá de lo que mostraba aquel que he mencionado antes.

The Art Assignment es un canal de vídeo en Youtube de la PBS, la televisión pública estadounidense. Y como la mayoría de los canales de esta entidad, tiene mucha calidad. Y en estos momentos ofrece unos análisis en profundidad de distintas obras de arte, estilos o géneros artísticos, o temas abordados por el arte que me parecen muy buenos. Como digo, en profundidad, y con un sentido crítico, documentando y ofreciendo diversos puntos de vista. Y comprometidos con los temas contemporáneos, incluso si las obras de arte que comentan no lo son. Son buenos.

Recientemente dedicaron un vídeo a la fotografía Migrant Mother de Dorothea Lange, una de las obras más famosas del siglo XX por lo que representa de símbolo de la Gran Depresión en los años 30. Pero lo hicieron desde el punto de vista de saber quién fue esa madre, esa mujer de 32 años, aunque nos parece bastante mayor, pobre, con sus hijos, y también desde el punto de vista de saber qué fue de esos hijos y qué opinaban o cómo veían a su madre. Y el vídeo no tiene desperdicio. Así que os lo dejo puesto, que es lo mejor.

Durante muchos años se debatió la cuestión sobre si la fotografía es un arte o no lo es, yo creo que este debate debería ya estar superado, simplemente, la fotografía puede ser un arte. Y como arte, es indudablemente una disciplina artística de la edad moderna y contemporánea. Pero puede no ser un arte, y tener un simple función documental, en ocasiones al servicio del resto de las artes. En Feature Shoot nos han hablado del trabajo de dos fotógrafos que de alguna forma fusionan ambas vertientes de la práctica fotográfica. La pareja de fotógrafos formada por el aleman Harry Alexander Shunk y el húngaro János Kender colaboraron con muchísimos artistas contemporáneos para documentar la práctica artística, y legando un cuerpo de obra que en sí mismo abunda en virtudes éticas y estéticas, por lo que podría ser calificado también como práctica artística, aunque el objetivo inicial fuese la práctica documental. A conocer, sin duda.

[Libros de fotografía] Comprados en agosto en Berlín, pero pensando en Japón para septiembre-octubre

Fotografía, Literatura

Una de las más «graves» tentaciones que sufro cuando visito Berlín es la de comprar libros. De todo tipo, pero de fotografía en general. Cualquier museo de fotografía o de arte en general, muchas galerías de arte,… tienen tiendas o librerías de las que me llevaría a casa… todo. Pero además encuentras estupendas librerías donde la cantidad y la calidad de sus fondos a la venta son abrumadoras, especialmente si lo comparas con lo que habitualmente te encuentras en nuestro país.

Pero en esta última ocasión me había autoimpuesto contención en las compras. Por dos razones. Porque hay que tener bajo control las finanzas personales, y no hacer más gastos de los debidos, y porque opté por llevar un equipaje mínimo, y los libros ocupan espacio y pesan. Pesan mucho. No obstante, tentaciones llegaron y alguna debilidad me permití. Fundamentalmente en forma de dos libros que aúnan fotografía y textos. Y ambos tienen que ver con la motivación y la inspiración que nos produce el futuro viaje a Japón, previsto entre el 24 de septiembre y el 8 de octubre. Un viaje que aún tenemos excesivamente verde en su planificación. Hemos de resolver eso cuanto antes.

Pronto tendré la posibilidad de aumentar y renovar mi fototeca de motivos japoneses. Ganas tengo aunque tengamos dudas todavía del recorrido que vamos a hacer por el país nipón.

El primer de los libros lo encontré en la librería del Museum für Fotografie – Helmut Newton Stiftung. Se trata de un libro en inglés que lleva el título Daido Moriyama: How I take Photographs. Voy a retrotraerme a otro fotógrafo para comentar este libro. Yo sigo habitualmente el canal de Youtube de Thomas Heaton, un fotógrafo de paisajes, cuyos vídeos son didácticos y entretenidos. Aunque quizá haya perdido cierta de la frescura de hace unos años, está bastante bien. Heaton hace con frecuencia diferencias entre realizar fotografías y tomar instantáneas (en el sentido de «snapshots» en inglés, no de fotografías tipo polaroid). Y claramente para él, las instantáneas son un tema menor. Cosa de llevarse un recuerdo o poco más. Me hizo gracia un vídeo suyo reciente en el que comentaba que para tomar sus «instantáneas» de un crucero por el Adriático se había llevado consigo una Hasselblad X-Pan que le habían prestado. La cosa no funcionó para él. Por algún motivo, el bueno de Heaton no supo adaptarse a las circunstancias. Y tengo la sensación de que más allá de la falta de familiaridad con la X-Pan, para mí la quisiera, también esta en la prevención hacia el tipo de fotografía que se hace en un viaje, muchas veces «instantáneas», pero que tienen un fin claramente documental. El libro de Moriyama precisamente viene a reivindicar la instantánea, «snapshot», con carácter documental, muchas veces realizada con cámaras muy sencillas, compactas, más o menos básicas o complejas, pero siempre discretas, que apunta hacia lo que encuentra por los barrio de Tokio, u otras ciudades japonesas, que se patea. Y que finalmente constituyen la base de la obra por la que es respetado y admirado. Este es un libro en el que tan importantes son las fotografías de Moriyama como sus textos, en los que nos guía en su forma de capturar imágenes de forma activa de lo que sucede a su alrededor. Y que indudablemente puede ser muy inspirador para ese viaje que ha de empeza dentro de poco más de un mes. No hay género fotográfico menor. La calidad de la fotografía está en otros aspectos. Un paisaje perfectamente planificado y ejecutado puede resultar en un aburrimiento, no los de Heaton, y una instantánea en las calles abarrotadas de una ciudad moderna puede resultar en una obra de museo… es la idea, la creatividad y el dominio del instrumento por parte del fotógrafo lo que definen la calidad de la obra.

Entre las librerías que pueblan las calles de Berlín, solemos dirigir nuestros pasos hacia la sucursal de la librería Walter König que encontramos frente al Museumsinsel y no lejos de la estación del S-Bahn en Hackescher Markt, en Burgstrasse 27. Dedicada a los libros y otras publicaciones de arte, esta librería cuya sede central está en Colonia, pero que se ha extendido por otras ciudades de Alemania y Europa, que muchas veces gestiona las librerías de prestigiosos museos, es para nosotros una atracción, una visita obligatoria más, en la capital alemana. Y allí adquirí un librito que aún literatura y fotografía. Se trata de Ikigai and Other Japanese Words to Live, con textos de Mari Fujimoto y fotografías de Michael Kenna (instagram) y aportaciones David Buchler (instagram). Kenna es uno de mis fotógrafos de paisaje favoritos, cuya obra está fundamentalmente realizada sobre cámaras Hasselblad de película tradicional, en formato cuadrado, blanco y negro, estilo minimalista en la composición y frecuentemente con largos tiempos de exposición. Kenna siempre se ha sentido atraído por Japón, son muy conocidas sus obras en los paisajes invernales de la isla de Hokkaidō, y otros países asiáticos. Pero las fotografías, mostradas en pequeño formato, el libro es muy ligero, son un parte más que acompaña a los textos, pequeños ensayos, poemas (haikus), reflexiones sobre palabras y sobre los conceptos que las acompañan. Es tanto un libro sobre esas palabras extraídas y escogidas del idioma japonés, como del estilo de vida que representan. Mari Fujimoto es una lingüista responsable de programas de enseñanza del japonés en el Queens College, en Nueva York. Buchler es un artista, coleccionista y experto sudafricano que vive en Tokio actualmente.

[TV] Cosas de series; de San Francisco a Seul pasando por Manchester

Televisión

Retomo las entradas televisivas. Durante mi escapada berlinesa no se me han acumulado más series, porque no hubo ocasión de entretenerse demasiado con los episodios que llevaba cargados en el iPad. Alguno cayó en los viajes largos, pero poco más. Lo que traigo hoy aquí lo vi con anterioridad. Y nos lleva a a cruzar el globo a través de algunas ciudades características.

Con un tono fundamentalmente urbano en las series de hoy, nos desplazaremos a una de las ciudades «protagonistas». La única que he visitado, Seul, concretamente en los alrededores de Dongdaemun y las riberas de Cheonggyecheon.

Del pasado nos llegan las secuelas de Tales of the city, cuyo original y secuela original ya comenté. Ambas se pueden encontrar junto con otras dos secuelas del original de 1998, More tales of the city, y de 2001, Further tales of the city, en Netflix. Estas dos últimas son las que vi recientemente. Son dos miniseries de dos y tres episodios respectivamente, de hora y media de duración cada uno, en la que se mantienen buena parte de los personajes de la serie original, y se desarrollan tramas más o menos conseguidas de sus amoríos, mezclados con intrigas más (o más bien menos) inverosímiles. Son entretenidas, pero ningúna me ha parecido que tenga tantas virtudes como para que hayan arrastrado la secuela moderna. Más allá de ciertas provocaciones, para la época y para la mentalidad norteamericana, en las costumbres sexuales de sus protagonistas no hay grandes cosas que destacar. Se mantiene la discrepancia entre las edades de los protagonistas en la secuela de 2019 y la de los mismos en aquellas producciones. La acción en aquellas se situaba en los años 70, lo que hace inverosímiles las edades de la secuela de los años 2019 situada en la actualidad.

En el recorrido por las ciudades del mundo nos pararemos en Manchester, donde encontramos a la familia Lyons, que inicia su andadura en una fiesta familiar en 2019 y a la que seguimos durante una década (y más) en el futuro próximo, en la que en Years and Years especulan con la evolución política, social y económica del Reino Unido a partir de las tendencias actuales. Fundamentalmente, una extrapolación de las consecuencias del populismo político y social y las nefastas consecuencias que puede conllevar en pérdida de derechos individuales, en desigualdades y en catástrofes de distinto tipo. Producida por la BBC pero emitida por HBO en el resto del mundo, está bastante bien, con muy notables interpretaciones. Te pone los pelos como escarpias por las consecuencias posibles, y plausibles, de lo que está pasando en el mundo de la posverdad y del populismo político, aunque al final dejan un final con un tono relativamente optimista. Y muy ingeniosamente abierto en cuanto al destino de una de las protagonistas. Me parece muy recomendable.

Y llegamos hasta Seul, donde hemos llegado al final de una de las producciones coreanas para Netflix, My First First Love, en su título internacional. Cheossarangeun Cheoeumiraseo [첫사랑은 처음이라서], es su título original, que vendría a significar algo así como «porque es mi primer amor» o «la primera vez de mi primer amor». Así como la mayor parte de estas producciones se emiten durante ocho semanas en tandas de dos episodios de una hora de duración para cumplir los dieciséis típicos (en Corea se emiten en tandas de cuatro semanales, de media hora de duración hasta los 32), esta ha venido en dos tandas de ocho episodios que se pusieron simultáneamente a disposición de los abonados con unos meses de diferencia. Los episodios han sido algo más corto de lo habitual. 50 minutos en lugar de los 60-70 minutos de otras series. Lo cual se agradece. Es una serie de la que ya comenté en su primera tanda, básicamente buen rollista, donde se pone de relieve la importancia de la amistad y la fidelidad entre amigos, en la que con un tono básicamente de comedia, hay un punto de drama en el triángulo amoroso entre los protagonistas y algún culebrón familiar. Es entretenida, más ágil que otras comedias/dramas románticos coreanos por el estilo, con un nivel de interpretación algo por encima de lo que nos tienen acostumbrados. Y como siempre son todos chicos y chicas muy guapos y guapas.