Vamos a ser sinceros. Esta película de animación realizada por la directora japonesa Naoko Yamada, y que se estrenó hace poquito más de una semana en España, algunos… ya la habíamos visto. Apareció hace ya tiempo en listados de películas de animación destacadas en el País del Sol Naciente, y ante la improbabilidad, en aquel momento, de un estreno en cines… buscamos la forma de verla. En cualquier caso, vamos con el comentario como estreno de la semana pasada.
Cuando viajamos a Japón, nos desplazamos desde el aeropuerto de Haneda en Tokio directamente hasta Kioto, y al día siguiente visitamos el santuario de Fushimi Inari. A primera hora de la mañana, turistas no había muchos, pero escolares visitando el santuario… por todas partes.
Basada, como mucha de la animación nipona, en una serie de historietas, la película trata sobre el acoso escolar. En concreto, el que los niños de unos diez u once años liderados por el muchacho Shōya Ishida en una escuela primaria perpetran sobre la joven discapacitada auditiva Shoko Nishimiya. La situación se concreta con el abandono de la niña de la escuela, un cierto escándalo… y el acosador se convierte en acosado ya que se convierte en el apestado de sus compañeros de clase, incluso para aquellos que participaron con él en el acoso a Shoko, hasta que llega a sus años finales de instituto. Pero he aquí que ya con diecisiete años volverá a encontrarse con la chica. Y con el encuentro, la posibilidad de poner paz en su vida.
Interesante película sobre un tema que cada vez está más en el candelero, con una mayor sensibilización por parte de la sociedad en general y de la comunidad escolar en particular. Realizada con las artes habituales de la animación nipona, escenarios muy cuidados y detallados y personajes dibujados de forma muy básica pero muy expresiva y con personalidad propia, tiene una factura técnica irreprochable, y la historia no carece de interés. Sin embargo, padece de algún problema que la pueden hacer un poquito indigesta. Es un poco demasiado larga, con casi dos horas y diez minutos de duración. Hay elementos de la trama que sólo se pueden explicar en el ámbito de la cultura japonesa, pero que probablemente serían situaciones no planteables en nuestro medio. Y en algunos momentos se excede en el tono melodrámatico. Por decirlo de alguna forma… hay demasiados intentos de suicidio.
No obstante, es una película bastante aceptable y visible, que se puede disfrutar siempre que se esté dispuesto a «perdonar» estos defectillos.
Jane Austen es una de las escritoras más adaptadas al cine. Esta inglesa que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX dejó una bibliografía a sus espaldas que si bien no es extraordinariamente extensa, hay que decir que murió con solo 41 años, ha sido y es muy leida en el mundo anglosajón.
Las seis novelas completas y terminadas por Austen han sido adaptadas al cine y a televisión, en forma de películas o series de ficción. Y varias de ellas en múltiples ocasiones. Lo cual da un idea de la popularidad continuada de esta escritora. La más popular, y la más adaptada, es Pride and Prejudice (Orgullo y prejuicio). También han recibido numerosas adaptaciones Emma y Sense and Sensibility (literalmente La razón y el sentimiento, pero se puede encontrar traducida Sentido y sensibilidad o Juicio y sentimiento). Pero el resto de las novelas también lo han sido aunque con menos frecuencia. Mi preferida, sin duda alguna, es la versión de Ang Lee de Sense and Sensibility.
Bath es la ciudad «austeniana» por excelencia; ciudad en la que la autora vivió y en la que situó la acción de algunas de sus novelas.
Pero hasta ahora no había leído nunca nada de Austen. Lo cierto es que, independientemente de la calidad de las adaptaciones cinematográficas o televisivas de sus obras, el contenido de las mismas lo percibo como poco interesante desde mi perspectiva. Y además percibo a la autora como más conservadora de lo que nos quieren convencer algunos de sus apologetas. Ciertamente, se suele quejar de que la mujer de su época depende en exceso del varón. Pero su solución parece pasar siempre por el matrimonio y no por la rebeldía contra el statu quo. Al fin y al cabo, su extración social es la llamada burguesía agraria, un término que me resulta un poco contradictorio, pero que nos permite hacernos a la idea. Y es una extracción social conservadora.
Hace unos meses vi una oferta muy ventajosa de un ebook de esta obra que nos ocupa hoy. Se trata de los primeros capítulos de una novela que dejó inacabada, y que dada su limitada extensión, podía ser una oportunidad de comprobar el estilo de la escritora, sin atragantarme en caso de que no me convenciese.
La idea se ha mostrado correcta. Las peripecias de la joven de diecinueve años Emma Watson, que ha tenido la desgracia de tener que volver a vivir con su familia venida a menos, tras el matrimonio de su tía viuda y adinerada con un terrateniente irlandés. Al pasar los bienes de la tía a su marido, la potencial heredera se ha quedado a dos velas, y tendrá que conseguir un medio de vida, es decir, un marido, en su pueblo natal.
Mi idea fue buena. Me hecho una idea del estilo de Austen, pero sin atragantarme. Algo que muy probablemente hubiera sucedido si hubiera existido la novela completa. Soy incapaz de empatizar e interesarme por las peripecias de estos caciquillos rurales, sean prósperos o venidos a menos. Y el estilo literario de Austen tampoco me fascina precisamente. Pero había que probarlo. Pues ya está. Misión cumplida.
Después de seis años de fieles servicios, mi cámara más viajera estaba dando muestras de artrosis y otras senectudes. Con el miedo a que te deje tirado en medio del más bello paisaje urbano o natural en cualquier sitio a horas de distancia en avión de casa. Así que ha tocado buscarle un reemplazo, con el que he ido paseando y familiarizándome en los últimos días. Los detalles técnicos en Nueva cámara titular viajera – Panasonic Lumix G9. Aquí os dejo algunas de las fotografías que he hecho con ellas hasta el momento.
Hace unos días, con la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza (AFZ), hicimos una excursión a Fuendetodos donde algunos hicimos un divertido taller de grabado con punzón de punta dura. Que documenté convenientemente con mi cámara para película tradicional, en esta ocasión en blanco y negro. Los detalles técnicos fotográficos los encontraréis en Fuendetodos y taller de grabado en Fuendeverde – Kodak TMax 400. Para los demás, las fotos.
Hemos tenido un fin de semana muy ajetreado en lo cinematográfico, con cosas buenas, no tan buenas y francamente mediocre. Iremos comentándolo poco a poco. De momento, iremos con esta comedia coral por el escocés Armando Iannucci (no parece escocés con ese nombre, verdad), una sátira sobre el funcionamiento interno de los sistemas políticos autoritarios.
No he tenido ocasión de visitar Rusia. Y últimamente no me atrae mucho la idea de ir por allí. A punto estuvimos de visitar San Petersburgo en 2007, pero no pudo ser. De las ciudades de la Europa central y oriental que estuvieron marcadas por los regímenes prosoviéticos, la que más partido comercial saca al asunto probablemente sea Berlín. Y por allí recorremos lugares que nos lo recuerdan.
El escenario elegido es el de la muerte del dictador soviético Iosif Stalin (Adrian McLoughlin) que se produce en medio de un repunte del sistema de purgas más o menos indiscriminadas por las que se caracterizó, entre otras cosas, el gobierno de este nefasto dictador. Tras el accidente cerebrovascular que desencadenó la muerte del dictador, comienza el tira y afloja entre las figuras del gobierno soviético, tales como Kruschev (Steve Buscemi), Beria (Simon Russell Beale), Malenkov (Jeffrey Tambor) o Molotov (Michael Palin). Todo ello, como he mencionado, en clave de sátira.
La película tiene un carácter coral. No hay un protagonista definido, y al mismo tiempo cada personaje tiene su momento de protagonismo. Tampoco busca un rigor histórico, aunque se toma en serio la historia, tomando los elementos clave de lo que sucedió, o mejor dicho de los que se cree que sucedió, para combinarlos en un argumento razonablemente ágil.
Digo razonablemente porque, aunque en su conjunto la película se sostiene bastante bien, tiene algún altibajo en su desarrollo. Lo esencial es que se realiza una crítica a los corruptos sistemas de decisión de cualquier régimen totalitario a través de la ridiculización y desmitificación de unos señores que la verdad es que dieron en su momento mucho miedo.
Una de las claves del buen resultado de la función es la enorme calidad que atesora el reparto. Formado por un número amplio de actores que muchas veces no alcanzan el carácter de protagonistas en las producciones donde participan, sí que son intérpretes de gran versatilidad y solidez. Probablente sean Buscemi y Tambor lo que tienen los papeles más golosos y de mejor lucimiento, pero todo el reparto está a buen nivel. A los mencionados podríamos añadir Olga Kurylenko (la pianista María Yudina), Paddy Considine (Andreyev), Andrea Riseborough (Svetlana Stalin), Jason Isaacs (mariscla Zhúkov) o Rupert Friend (Vasily Stalin), entre otros.
Hay momentos realmente muy divertidos. Y la película aprovechará más a quienes conozcan la historia y el significado de los distintos personajes que aparecen. Pero puede satisfacer a cualquiera. No es un producto perfecto, pero es más que razonable y razonablemente recomendable. Y si algo faltaba para tal recomendación, decir que no ha sido autorizada su distribución en Rusia, lo que en estos momentos de resaca de las plebiscitaria elecciones del gigante eslavo, indica lo que hay todavía en aquel peligroso país.
Las playas de vías de la estación de clasificación del Arrabal en Zaragoza y el paso del Canal Imperial de Aragón por la ciudad son las imágenes que ilustran mis recomendaciones fotográficas de este domingo que podréis encontrar en Recomendaciones semanales – del 11 al 18 de marzo de 2018.
Hace ya mes y medio desde que realicé estas fotografías en el museo Pablo Gargallo de Zaragoza durante la jornada de puertas abiertas, o sea, entrada gratis, de los museos municipales con motivo de la fiesta local de San Valero. Realizadas con el último rollo que me quedaba de determinado tipo de película. Los detalles técnicos aquí: Museo Pablo Gargallo – Hasselblad 500CM + Cinestill 800T.
Alex Garland se puso de moda hace tres años con una reflexión sobre el surgimiento de la inteligencia artificial y la singularidad tecnológica que tuvo un notable impacto. A mí aquella película no acabó de engancharme. Cuando repaso lo que escribí de ella tras verla, me llama la atención hasta que punto me dejó frío. Después he tenido ocasión de volver a verla en vídeo; probablemente hoy sería más benevolente en mis apreciaciones. Pero nunca me sentiría tan entusiasmado como muchos se han sentido hacia aquella película, que tenía muchos elementos positivos que por algún motivo a mí no me acabaron de cuajar. He de decir que un brevísimo pero claro análisis de José F. Ortuño me hizo entrar un poco mejor en la película cuando la volví a ver en casa. Recomiendo ver la película antes que este pequeño vídeo, que interpreta la película en clave religiosa. Algo de moda últimamente.
Garland lleva muchos años de todos modos en la cosa del cine, como guionista. Y de nuevo ahí tengo que decir que pocas de las películas en cuyo guion ha participado me han convencido. Quizá si me tuviese quedar con alguna sería con cierta adaptación de una novela del reciente premio Nobel Kazuo Ishiguro. De origen japonés, pero escritor en lengua inglesa. Pero es una película que se salvaba fundamentalmente por el buen material literario de origen y por las buenas interpretaciones de sus jóvenes protagonistas. La realización era mejorable, pero apañada. Y la adaptación, correcta.
Por algún motivo, el universo creado para esta película me recordó a los invernaderos tropicales de los jardines botánicos. Y para ilustrarlo me dirijo al de Aarhus, en Dinamarca.
Cuando empezamos a saber del estreno de esta segunda película como director de Garland sorprendió por dos noticias que implicaban cierta contradicción. Las primeras impresiones de la crítica eran muy buenas, pero Paramount Pictures había decidido estrenar la película en cines sólo en Estados Unidos. Para el resto del mundo, el estreno se produciría a través de la plataforma Netflix. Lo que muchos pensamos es que si la película era tan buena, lo lógico hubiese sido no desaprovechar su vida comercial en la gran pantalla, antes de pasar a la pequeña. Yo… me quedé con la mosca detrás de la oreja.
Finalmente, se ha producido el estreno en la plataforma de vídeo bajo suscripción, y tuve ocasión de verla hace unos días. Tras la llegada de un meteorito a la superficie de la tierra, se genera una alteración en el lugar del impacto. Los equipos enviados, fundamentalmente militares, a la zona desaparecen. Sólo reaparece un militar, Kane (Oscar Isaac), en grave estado, el marido de Lena (Natalie Portman), una bióloga celular que enseña en una facultad de medicina. Reclutada por la dra Ventress (Jennifer Jason Leigh), Lena pasará a formar parte de una nueva expedición, esta vez sólo científica, y sólo formada por mujeres, que se internará en la misteriosa y creciente zona del impacto.
En esta ocasión estamos ante una producción claramente ambiciosa, en la que se ha realizado un notable esfuezo en el apartado del diseño de producción, con la creación de un mundo nuevo, distinto e imaginativo. Pero al mismo tiempo, estamos una vez más ante una producción que no sabe qué quiere ser de mayor. A ratos estamos ante una película de terror alienígena (en algún momento resulta casi ridícula la copia/plagio de escenas procedentes de Alien), a ratos es una peculiar versión del mundo perdido, y de vez en cuando se nos aparecen las ínfulas filosóficas que parace que es de lo que realmente quiere ir la película. Pero el desconcierto ante lo que estamos viendo está ahí. Lo que a mí me provocó el levantamiento de una barrera de escepticismo que condicionó mi visión de la película hasta el final.
A esto hay que unir una interpretación que tampoco me acaba de convencer. Hace tiempo que Portman dejó de convencerme, y me parece una actriz sobrevalorada. Y el resto del reparto tiene poca chicha.
Habiendo deducido que la cosa finalmente iba por el lado filosófico, empecé a deducir sobre qué mensaje nos quería transmitir el autor. A posteriori volví a acudir a la opinión de José F. Ortuño. Yo no le había dado exactamente el mismo signficado, pero tampoco era muy divergente. Os dejo también el vídeo de Ortuño, pero recomendando siempre ver primero la película, ¿vale? Pero no lo inserto aquí, porque el fotograma de presentación es demasiado explícito sobre el tema. Y la película es demasiado reciente para dar pistas a la hora de destriparla.
Como su anterior película,… me dejó frío. Reconozco méritos como he dicho en la creatividad visual, en el diseño de producción de la película. Pero, si a las debilidades señaladas anteriormente, la forma en que saca de madre determinados hechos científicos, como la «inmortalidad» de la línea celular HeLa (un caso de ausencia de ética en la práctica médica y la investigación, a pesar de lo que debemos a la misma), a la que se refiere en un momento dado la bióloga Lena, pero que no es explícitamente mencionada, me causó también cierto rechazo a mi mente formada científicamente. Y es que, nuevamente, la película parece que se explica en clave religiosa. Cuanto místico hay últimamente por el mundo.
Hace unas semanas escribía mi reseña sobre uno de los libros de ciencia ficción más comentados y leídos en los últimos tiempos, ese problema de los tres cuerpos del chino Liu Cixin (nombre siguiendo la convención asiática, con el apellido en primer lugar).
Encuadrada dentro de la ciencia ficción dura, es decir aquella que se basa en el conocimiento científico establecido o en especulaciones plausibles de desarrollos futuros o alternativos de la ciencia o la tecnología. Para aquellos menos acostumbrados a estos términos, pondré dos ejemplos populares.
Star Wars sería ciencia ficción blanda. = directamente fantasía, olvidándonos del término ciencia. Se pasa las leyes de la física por el forro de la entrepierna e introduce en su trama elementos místicos más propios del ámbito religioso que del científico. Ya sabéis May the force… etc etc etc.
Veinte mil leguas de viaje submarino sería ciencia ficción dura. Se basaba en especulaciones plausibles sobre el desarrollo de barcos con capacidad de sumergirse durante amplios periodos de tiempo y capaces de recorrer el mundo. Cosa que no sucedía cuando se escribió, pero que sucede hoy.
Si con el volumen anterior visitábamos Hong Kong, con este será la otra ciudad china que conozco; Macao. Aunque no sean representativas del conjunto del país por su pasado reciente colonial.
Cuando la ciencia ficción, con mayor o menor grado de dureza, se trata con seriedad, es de buena calidad, suele reflexionar sobre aspectos importantes de la naturaleza del ser humano o de las sociedades humanas. Incluso si sus protagonistas son seres artificiales o alienígenas. Que quede claro. Si el cuento de Caperucita Roja y el Lobo feroz, no va de lobos realmente, pues las buenas historias de robots y de aliens no van de robots o aliens. Van de nosotros. La especie humana.
La predecesora de la novela que comento hoy, si bien tenía elementos argumentales muy interesantes, no dejaba clara cuál era su tesis de fondo. ¿Las nefastas consecuencias que un movimiento fanático como la revolución cultural pueden causar? ¿El problema del contacto con otras civilizaciones alienígenas? O si nos ponemos más pegados al suelo, ¿el problema del contacto entre civilizaciones con distino tipo de desarrollo social o tecnológico?
Su continuación, el libro que nos ocupa hoy presenta algunas paradojas. Pierde la originalidad de algunos de sus planteamientos, pero es mucho más clara en las cuestiones sobre las que quiere reflexionar. Y si el desarrollo de su argumento, qué pasa después de que la humanidad es consciente de que dentro de 400 años va a tener que afrontar la invasión de una civilización más adelantada tecnológicamente, no tiene elementos globalmente tan originales, sí que tiene elementos muy inspirados. Y otros menos. La batalla contra la sonda me parece que tiene algún elemente en su planteamiento bastante ridículo. La batalla de la Oscuridad me parece uno de los pasajes más brillantes que he leído en las últimas décadas.
En cualquier caso, van surgiendo a lo largo de las páginas de la novela elementos como la capacidad/incapacidad de la especia humana para coordinarse como una unidad dejando de lado los egoísmos o los intereses particulares, las distintas visiones que se pueden tener sobre la trascendencia de la especie humana en el devenir del universo, las consecuencias de un derrumbe parcial de la civilización acompañado de un grave deterioro medioambiental, la supervivencia del más fuerte o más adaptado en situaciones de escasez de recursos, la necesidad de sacrificar a una parte para la supervivencia del conjunto. Y para los más avanzados, el problema del contacto con civilizaciones extraterrestres.
Hoy nos hemos despertado con la noticia del fallecimiento del científico Stephen Hawkins, una de las figuras de la física más importantes de la segunda mitad del siglo XX, tanto por sus estudios como por su capacidad divulgativa. Y una de las tesis especulativas de Hawkins es que conviene no avisar al universo de que estamos aquí. Que mejor no hacernos notar. Que los choques entre civilizaciones suelen saldarse con la desaparición de la más primitiva. Y algo similar a esta idea permea la novela de hoy. Incluso es utilizada como elemento argumental. Al fin y al cabo, en nuestra experiencia histórica ha sido así en muchas ocasiones. Los choques entre civilizaciones suele significar malas noticias para una de ellas.
Estamos por lo tanto ante un libro que me ha costado más leer que su antecesor. Y que sin embargo me ha dejado más poso. Como la primera parte de esta trilogía, no me atrevería a recomendarlo con carácter general. Pero sí a los aficionados al género y a los temas. Y mañana sale la traducción de la tercera parte al mercado…
El motivo es mi reencuentro con un determinado tipo de película fotográfica en blanco y negro. Los detalles técnicos los podéis encontrar en Reencuentro con la película Ilford Delta 400. Pero aquí nos quedaremos con las fotos. Unas poquitas de hace poco más de 20 años cuando usaba esta película con mi cámara compacta viajera. El resto, de recorrer los alrededores de Zaragoza con una cámara de formato medio.
En esta ocasión voy un poquito rápido, porque se me acaba la tarde… Tengo varias cosas que he terminado de ver, pero repartiré un poco las calidades y consistencias. Hoy, como digo en el título, hablaré de dos tontadicas que vienen de lejano oriente y uno de los estrenos de ciencia ficción más notorios y recientes en Netflix. Para potenciales lectores procedentes del mundo anglosajón, «notorio» en castellano y «notorious» en inglés no significan lo mismo. Así que la valoración, a priori, no es negativa. Ya veremos si es positiva.
Al igual que los protagonistas de la miniserie coreana romántica de esta semana, nos iremos a la playa. No sé a cual van ellos. Está en Corea del Sur. Como esta de Haeundae en Busan.
Encontré por Netflix una de esas comedias románticas coreanas llenas de tópicos, que dan muuuuucha pereza ver a ver que tal. Pero en el caso de Love for Ten – Generation of Youth, tratándose de 13 episodios que como mucho duran 15 minutos cada uno… pues me animé a ver. De una ingenuidad total, esta historia de dos universitarios que se conocen haciendo un trabajo de clase y que acaban juntos en una obra de teatro para aficionados, y donde cada uno se enamora de la persona aparentemente equivocada, es relativamente digerible, al mismo tiempo que haces unas risas con los tópicos mencionados. No es una recomendación. Es una anécdota.
Mencioné hace pocas semanas un par de series japonesas que ha visto en los últimos meses. Una en Amazon Prime Video y la otra en Netflix. La primera, la de Prime Video, me pareció muy curiosa, original, y lo pasé bien. La segunda, me recordó a la primera y me la merendé. Pero era considerablemente más mediocre. Me enteré que ambas son productos para el lucimiento de unos grupos musicales de «idols» niponas. Ni molestarse en escuchar sus temas pop prefabricados… advierto. Aunque las sintonías de ambas proceden de ahí. El caso es que me enteré que este grupo había realizado una tercera serie. Y decidí buscarla y probar si estaba del lado de lo interesante o de los pestiños. Se trata de Zankoku na Kankyakutachi (La audiencia cruel), y su argumento parece sacado de Black Mirror. El resultado…. es inclasificable. Es la serie donde más se nota que estás chicas jovencitas y monas no tienen ni idea de lo que es actuar. Pero la rareza del planteamiento, y no digamos de su desenlace, la hacen extrañamente hipnotizante. Necesito visitar a un psicólogo. Tampoco es una recomendación… es… ni idea de lo que es. Rara, rara, rara,… En fin, que lo del difunto Daigoro fue una casualidad. Una feliz ocurrencia.
Y vamos con el último estreno de campanillas de Netflix en el campo de la ciencia ficción. Esa Altered Carbon que tanto ha dado que hablar a algunos. Claramente inspirada en Blade Runner, por no decir que ha ratos es una copia descarada, sustituye los replicantes por clones y por la capacidad de transpasar tu conciencia, psicología y personalidad de un cuerpo a otro, y alcanzar así cierto tipo de inmortalidad. Comienza como una trama policiaca en la que una atractiva policía latina de una ciudad, vaya usted a saber donde, se alía con un mercenario que han traspasado al cuerpo de… eso lo descubrís vosotros mismos. Y tienen que descubrir una trama… que… al final… Bueno. Al final, lo que hay es varios despelotes más o menos integrales, porque la serie tira de carnaza para atraer público, y mucho tortazo con abundancia de sangre y otras salpicaduras. Una serie que no sabe qué quiere ser de mayor, que a ratos entretiene, pero que al final de deja un poco… yo que sé, qué sé yo. ¿Es una recomendación? Yo que sé… Puede. O no.