[Libro] Nostalgie – Kanae Minato

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Otra isla del mar interior de Seto en las fotografías de hoy, Itsukushima, famosa por su santuario, su torii sumergida en la marea alta y su bosques primarios. No muy lejos de Hiroshima también.

Poco a poco me he ido aficionando a las historias que nos cuenta Kanae Minato. Con frecuencia, misterios o casos más o menos criminales cuyo desarrollo suele llevar una notable carga de crítica social. Referida a la sociedad de su país, Japón, en particular, pero que con facilidad se puede extrapolar a la de cualquier sociedad desarrollada en la que se combinen los egoísmos personales con las desigualdades sociales, en mayo o menor medida.

En esta ocasión me he ido a una colección de relatos cortos, que he leído en su versión traducida al francés, ya que no se encuentra traducida al castellano. Son seis narraciones con seis narradores. Seis personas que tienen algo en común, si bien los seis relatos son independientes unos de otros. Todos nacieron y crecieron en una isla ficticia del Mar Interior de Seto en Japón. Todos abandonaron el lugar al llegar a su juventud y rehicieron sus vidas en uno u otro lugar de la isla de Honsu, la principal del país. Y llegado cierto momento de su vida tienen que regresar a la isla, tienen que reencontrarse con sus familias, con sus compañeros de colegio, con su pasado. Que no fue fácil. Y comienza en proceso en el que, incluso a su pesar, habrán de reconciliarse con lo que dejaron atrás. A veces, descubriendo secretos que dan una nueva interpretación a los acontecimientos que les llevaron a escapar de la claustrofóbica vida isleña.

Minato nació en la isla de Innoshima, en la prefectura de Hiroshima, en el Mar Interior de Seto. Una isla que formaba un municipio, que con el tiempo se fusionó con otro municipio próximo en la isla principal, de la misma forma que sucede en la isla ficticia de los relatos de esta colección. Al igual que en el caso de alguno de los protagonistas de los relatos, su familia vivía de la agricultura, de los mandarineros. Por lo tanto, estamos en un medio que conoce. También ella se fue a estudiar a una universidad más o menos lejos de su isla. Y aprovecha con estos relatos a seguir con su análisis de las lacras de la sociedad japonesa. Los celos y envidias, los abusos al desfavorecido, la pobreza de las mujeres que viven solas o con algunas hijo, los ambientes opresivos, donde todos se conocen y los prejuicios se reproducen constantemente. En una mezcla de estilos. Desde una misterio criminal a los abusos escolares, las infidelidades, los abandonos, un poco de todo.

Quizá estos relatos no atrapen tanto como los misterios que se desarrollan en sus novelas más famosas. Pero volvemos, con una nueva fórmula, a una descripción de una realidad social desde distintos puntos de vista, desde el reencuentro con el pasado, desde el «regreso al país natal». Me sigue gustando bastante esta escritora. Incluso me atrevería a decir que cada vez más.

[Libro] El libro de la almohada – Sei Shōnagon

Sin categorizar

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Cuando Shōnagon escribió su diario, la corte del Mikado se encontraba en Kyoto. Acompañaremos la entrada con un paseo fotográfico por el santuario Yasaka de la antigua capital imperial japonesa, entonces llamada Heian-kyō 平安京, la ciudad de la paz.

La literatura japonesa avanzó muy deprisa durante el llamado periodo Heian, en el que el centro de poder y de influencia se encontraba en Kioto, donde residía el emperador. No siempre ha coincidido el lugar de residencia del emperador con el centro del poder en el País del Sol Naciente. Hasta la era Meiji el emperador residió principalmente en Kioto, y sin embargo, en los tres siglos anteriores, el centro del poder se encontraba en Edo, actualmente Tokio. También hubo ocasiones en los que estuvo en Kamakura, u otras ciudades, según el lugar de residencia del shogun de turno. Pero en torno al año 1000 de la era común, era Kioto el centro político del país. Y un lugar de ilustración y refinamiento cultural.

Ya he leído con interés alguna obra de aquel período, algo anterior a la que nos ocupa hoy. Y es ciertamente célebre el Genji Monogatari 源氏物語 de Murasaki Shikubu, la Historia de Genji, contemporánea de la obra que comento hoy, a caballo entre el siglo X y el siglo XI. Genji Monogatari es una novela, y es considerada la primera novela moderna, o una obra con muchas de las características de una obra moderna, con el permiso de algunos precursores en la época clásica, en Grecia y Roma. En occidente, en los siglos XI y XII, los relatos se escribían en verso, y no se considera que hasta el siglo XIII comienzan a encontrarse relatos en prosa precursores de la novela actual. Esto nos da una idea del nivel de ilustración cultural de la corte nipona de principios de milenio, muy superior a la que encontramos en aquel momento en las cortes y en los feudos de la Europa medieval. El libro que hoy comento se escribe en aquel momento de refinamiento cultural en la corte del Mikado.

La autora del libro de hoy, Sei Shōnagon… bueno,… no se llamaba así. Shōnagon haría referencia al cargo de su esposo en la corte, mientras que Sei sería una referencia indirecta al apellido de la autora que se supone se llamaba Kiyohara Nagiko. Kiyohara es el apellido. Y el carácter con el que se escribe Sei, 清, es el primero de los usados para escribir este apellido. Shōnagon, como es denominada a lo largo del libro, en boca de otras personas de la corte, y era dama de compañía de la emperatriz consorte Fujiwara no Sadako, o Fujiwara no Teishi, como también es conocida, esposa predilecta del emperador Ichijō, 66º emperador de Japón. La antes mencionada Murasaki Shikubu ocupó una posición similar con la primera emperatriz consorte del mismo emperado, Fujiwara no Shōshi, y parece que hubo cierta competitividad entre ambas damas de compañía y escritoras.

Sin embargo, el libro de Shōnagon no fue escrito para ser publicado y leído. Era más bien una especie de diario en el que anotaba ideas o sucesos que le llamaban la atención, y que guardaba junto a su almohada, probablemente lo escribía cuando se retiraba a su alcoba antes de dormir. De ahí el nombre de Libro de la almohada (枕草子 Makura no Sōshi). No es un relato al uso. Aparece listas de cosas que le gustan, que no le gustan, que le desagradan, que considera encantadoras, que conviene hacer, o que no conviene hacer. También describe su entusiasmo por determinadas fiestas, o por la forma en que se comportan algunas personas que conoce. O también las que le desagradan. Hay frecuentes referencias a poemas de la época, y también más antiguos, tanto japoneses como chinos. Y no faltan descripciones más o menos veladas o claras sobre lances amorosos, o su atracción sobre tal o cual caballero de la corte. O las anécdotas que destaca en la vida cotidiana de la corte, en su relación con Sadako, la emperatriz o con otros cortesanos y cortesanas de cierto rango.

Se nos cuenta que el libro se escribió en hiragana, uno de los silabarios de la escritura japonesa, que en aquellos momentos se consideraba la escritura de las mujeres, utilizando kanji, los caracteres propios de la escritura china adoptados en Japón, para los nombres propios de personas o lugares. Pero hay coincidencia en considerar que era una mujer muy ilustrada y culta, y con gran sensibilidad poética. Esas sensaciones nos traslada la traducción al castellano realizada y comentada por Jorge Luis Borges y María Kodama, que seleccionaron los pasajes que forman parte de esta edición. Por supuesto, la autoría de la traducción nos garantiza que esta tiene un nivel literario de un nivel más que apropiado. De alto nivel.

Se lee bien. Se lee fácil. Es de gran belleza estilística y poética a pesar de estar escrito en prosa. Y no es muy extenso, por lo que es definitivamente una obra que se puede recomendar a cualquier lector, aunque especialmente a quienes se quieran adentrar en la cultura del País del Sol Naciente, sus orígenes y su historia.

[Viajes] Más de viajes en los últimos 20 años

Viajes

Las series de fotografías que ilustran las entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie.

En los dos últimos días he recibido algunas amables «quejas» sobre mi selección de viajes en los últimos 20 años, la que publiqué el sábado para celebrar el 20º aniversario de este Cuaderno de ruta. Son las consecuencias de no poder abarcar todas las experiencias, y todas las compañías que he tenido en estos últimos 20 años, cuando he colgado la cámara del hombro y me he dedicado a ver mundo. Para compensar, voy a hacer otra selección de 20 viajes. Seguro que me dejaré algunos en el tintero… pero ya no voy a poner más.

[TV] Cosas de series; buen rollo cafetero y una pequeña gema de Koreeda

Televisión

Las series de fotografías que ilustran las entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie.

Para terminar/empezar el año, surgió la posibilidad de ver dos series japonesas que prometían bastante por motivos diferentes. Ambas son originales de Netflix, es decir, no son adquisiciones a otras cadenas japonesas para su distribución en el resto del mundo. Y aunque tienen tonos y temas distintos, ambas comparten la simpatía y comprensión por el ser humano. Una es más bien buenista, mientras que la otra destila a ratos unas saludables dosis de ironía y mala baba… pero también congracia con la especie humana. Y esta última, nada más y nada menos, está dirigida por Hirokazu Koreeda.

Sayounara no tsuzuki (さよならのつづき, lo que sigue al adiós) es un drama romántico que en inglés/castellano encontramos bajo el título Beyond goodbye/Más allá del adiós, que por una vez son bastante aproximados. Es una serie sobre el duelo ante la pérdida del ser querido, con tonos fantásticos. En la serie seguimos a Saeko (Kasumi Arimura), una joven que trabaja en una empresa cafetera, que pierde a su prometido (Tōma Ikuta) cuando sufren un accidente en el autobús en el que viajaban, un día de invierno, en la isla de Hokkaido, donde viven. Saeko sufre un duelo profundo, con el único consuelo de que los órganos de su prometido han servido para salvar otras vidas. Una de esas vidas es la de Naruse (Kentarō Sakaguchi), casado con la fiel Miki (Yuri Nakamura), que recibe el corazón cuando ya estaba casi desahuciado. Y dos cosas pasarán que marcarán el destino de Naruse y Saeko. Naruse empezará a revivir las memorias del promedito de Saeko, y a adquirir rasgos de su carácter y, un día, en un aeropuerto en Hawái, ambos se encontrarán y comenzarán a relacionarse. La serie es fundamentalmente serie-cebolla, destinada al melodrama más o menos lacrimógeno, que se apoya sobretodo en el encanto de su actriz protagonista, que ya pudimos ver en una película original de Netflix. Pero aunque se deja ver con razonable agrado, sientes constantemente que le falta algo más de emoción y de empuje para que te interese más allá de la mera curiosidad. Sí que te deja con ganas de visitar Hokkaido. Y también Hawái.

Y la que llegó por sorpresa, con poca publicidad, y me ha parecido de lo mejor que ha estrenado Netflix en los últimos tiempos es Ashura no gotoku (阿修羅のごとく, como asuras), en inglés/castellano simplemente Asura. Es una adaptación de una novela de una autora japonesa, la segunda en formato de serie, y la tercera si incluimos un largometraje. Y como ya he comentado, es una creación y está dirigida por Hirokazu Koreeda. La serie es del género de recuentos de la vida, en la que conocemos la vida cotidiana y las relaciones entre sí y con sus parejas de cuatro hermanas, interpretadas, de mayor a menor edad, por Rie Miyazawa, Machiko Ono, Yuu Aoi y Suzu Hirose. Cada una tiene sus problemas cotidianos. Y sus problemas con los hombres. La mayor vive sola y tiene un amante casado. La segunda, casada con dos hijos adolescentes, está convencida de que su marido la engaña (nunca se confirma esta sospecha). La tercera está soltera, es mojigata y conservadora, y reticente a las relaciones, aunque un investigador privado al que contrata para investigar a su padre está interesado en ella. Y la más joven es la novia de un boxeador prometedor, a quien quiere y apoya. Cuando empieza la serie, se reúnen porque han descubierto que su padre tiene una relación extramatrimonial con una mujer madre soltera. Y a partir de ahí seguimos a la familia durante varios años, pudiendo dividir la serie en dos partes, con una elipsis temporal de dos años entre ellas. Antes y después de la muerte de la madre de las hermanas.

Koreeda se ha especializado a lo largo de su carrera en hacer películas y series sobre la familia. Familias de todo tipo, convencionales y no convencionales. A mí, hace tiempo que me tiene enganchado, y varias de sus películas me parecen pequeñas o grandes maravillas. A veces subestimadas. Es la segunda serie que hace para Netflix, la primera sobre la vida de las maiko en Kioto ya me gustó mucho, y ya hizo una película hace años sobre cuatro hermanas, que también me gustó bastante. Y con alguna de las protagonistas de aquella película presente en la serie actual. La serie actual no deja de recordarme en todo momento a una de las mejores novelas que he leído de la literatura japonesa, que también nos hablaba de cuatro hermanas. En aquella ocasión situada la acción en los años previos a la Guerra del Pacífico, en la serie actual, en el final de los años 70 del siglo XX. Y ambas combinan el costumbrismo bien entendido, con la reflexión sobre las relaciones entre las hermanas y con un cierto humor irónico que permea toda la historia, incluso en sus momentos dramáticas, pero sin hacer nunca sangre, siempre con cariño hacia los personajes. La forma en que está rodada la serie sabe a buen cine. Y a cine clásico japonés, por la forma en que se mueve la cámara o se encuadran las conversaciones. Finalmente, explicar el título. Los asuras son semidioses del budismo que derivan de los seres míticos del mismo nombre del hinduismo y otras religiones similares. Entre los caracteres de los asuras budista están el orgullo, la belicosidad, la ira o la vanidad. Y para el marido de una de las protagonistas, comentando con el resto de los hombres de la familia, si bien no pueden dejar de quererlas, no pueden negar que en ocasiones son como asuras. Un momento más de ironía y humor en la historia.

[Fotos] El 2024 en fotos; de viaje con la cámara al hombro

Viajes

Llegamos al final de 2024. Un año… que, en lo que se refiere a viajes, no ha estado mal. Ya el 2023 marcó una recuperación muy clara a los niveles anteriores al nefasto 2020. Y comienza el repaso de fin de año, fundamentalmente un repaso fotográfico, que es lo que me apetece, como de costumbre desde hace ya un buen montón de años en este Cuaderno de ruta. En mi carpeta con fotografías de viaje he registrado dieciocho subcarpetas, es decir, dieciocho viajes de mayor o menor duración. Van desde la excursión en el día a algún pueblo aragonés, incluso de la propia provincia de Zaragoza, en cuya capital vivo, hasta algún viaje intercontinental saltando al otro extremo del continente euroasiático durante una o dos semanas. Así que mi concepto de lo que es viajar con la cámara al hombro es muy amplio. Así que sin más, vamos con el repaso. Con fotos.

Recordad que podéis ver regularmente fotografías de mis viajes, tanto actuales como de antaño, en mi cuenta de Instagram dedicada a ello.

29 de enero – Madrid

30 de enero – Tarragona

24 de febrero – Cedrillas y Gallocanta

5 de marzo – Barcelona y Sitges

28 de marzo a 1 de abril – Lago Constanza

16 a 28 de mayo – Japón

20 de junio – Madrid

21 de junio – Pamplona

15 a 19 de agosto – Norte de Alemania

6 de septiembre – Sigüenza

30 de septiembre a 7 de octubre – Singapur

20 de octubre – Pirineos franceses (Valle de Ossau)

24 a 27 de octubre – Andalucía

11 de noviembre – Valle de Nocito

23 y 24 de noviembre – Martín del Río

7 de diciembre – Comarca del Aranda

10 de diciembre – Barcelona

26 de diciembre – Morata de Jalón

[Cine] Sidonie au Japon (2023)

Cine

Sidonie au Japon (2023; 47/20240918)

Bajón tremendo en el interés de la cartelera de cine, cuando en septiembre uno esperaría que se fuese recuperando poco a poco del sopor veraniego. Y bajón todavía más acusado si tenemos en cuenta que la oferta en versión original ha sido la más escasa de lo que llevamos de año, si no recuerdo mal. Prácticamente nos habíamos hecho a la idea de que no íbamos a acudir a las salas de cine. Incluso había empezado a revisar los estrenos directos en plataforma en línea, por si podía encontrar algún sustituto digno allí. Sin muchas esperanzas por los antecedentes más recientes. Y en esto estábamos cuando alguien nos propuso una sesión restringida esta película francesa dirigida por Élise Girard y protagonizada por Isabelle Huppert. Eso sí… sólo apta para personas que comprendan el francés hablado, puesto que sólo había subtítulos para los diálogos en japonés que se producen en la película. La película está disponible para cualquier espectador en Zaragoza exclusivamente en versión doblada. La cual, tras ver la película, no tiene sentido. Salvo que el francés hablado sea jerga coloquial muy extrema, lo comprendo bastante bien. Así que me apunté a esta sesión especial y restringida.

La película nos narra el viaje de Sidonie (Huppert) a Japón para promocionar la reedición de su primer y exitoso libro, que publicó originalmente muchos años atrás. En su periplo japonés va acompañada por Kenzo (Tsuyoshi Ihara), su editor en japonés. Sus primeros días en el País del Sol Naciente están llenos de equívocos y situaciones de choque cultural. Pero cuando por fin se va acostumbrando, algo alterará profundamente su viaje. Se le empieza a aparecer el fantasma de su marido, Antoine (August Diehl), fallecido años atrás en un accidente de tráfico del que ella es superviviente, con sentido de culpa, por lo que dejó de escribir. Kenzo le dirá que es normal. Que Japón es el país de los fantasmas, y que si sigue con ella es porque tienen asuntos pendientes que resolver. Al mismo tiempo, la fría relación inicial con Kenzo, un hombre que arrastra cierta desilusión y cinismo en su vida, irá cambiando y haciéndose más cálida.

He de confesar que los primeros compases de este corto largometraje, sólo 95 minutos, de sencilla factura formal, no me convencieron mucho. Daba la sensación de que Girard y Huppert estaban jugando a un Lost in translation con toques de Nouvelle vague. Pero después de tres viajes a Japón, hay ciertos equívocos culturales y ciertas actitudes de los japoneses que atienden al viajero, generalmente en los servicios hosteleros, que ya no me creo. La mayor parte de los profesionales japoneses ya se han hecho hace tiempo a los visitantes extranjeros, y hay poquitos problemas de equívocos y malos entendidos, especialmente si ambas partes pone su granito de confianza y amabilidad entre sí. Y este es el ambiente en el que se mueve Sidonie. Aterriza en Kansai, con destino a Kioto, inicialmente, y de ahí nos lleva de paseo por Nara y otras localizaciones características, hasta acabar el periplo en Tokio. Pero poco a poco la película va entrando en materia. Especialmente conforme la presencia del fantasma de Antoine se va haciendo más manifiesta y comienzan las interacciones con Sidonie. En ese momento, la película coge profundidad. Y además, el humor que busca sazonar desde el principio la película, pero que en sus compases iniciales no me convence por los motivos que he dicho, de repente, en situaciones más personales, más íntimas, se hace más auténtico. Y gusta. Por lo menos a mí. A lo que hay que añadir que Huppert, una actriz por la que siento un enooooorme respeto e incluso admiración, tiene profesión y experiencia de sobras para sostener prácticamente cualquier situación cinematográfica.

No conocía el trabajo previo de Girard. No voy a decir que sus planteamientos me convenzan del todo. Pero el minimalismo y economía de medios, el realismo fantástico en el que se sumerge la historia, la intimidad de las cosas importantes que cuenta y la presencia de Huppert hacen que valore positivamente la película, que me dejó muy buen sabor de boca y que además ha crecido en el recuerdo. La pena… eso. Que no esté disponible para todo el mundo en versión original. Porque si ya soy nulo partidario del doblaje en general, cuando hay choque intercultural e idiomático en una película, me parece fundamental.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***

[Libro] Mil grullas – Yasunari Kawabata

Literatura

Yasunari Kawabata es uno de los dos premios Nobel de literatura japoneses, y el primero de ellos. Le concedieron el premio en 1968. El otro es Kenzaburō Ōe, de quien hablaré en la siguiente entrada sobre libros que redacte. Exite otro premio Nobel de literatura nacido en Japón, Kazuo Ishiguro, de quien hablé recientemente. Pero este último se crio en Inglaterra, es británico de nacionalidad y ha desarrollado su carrera literaria en inglés. No obstante, fue por casualidad el que leyese de forma consecutiva libros de estos tres autores entre finales de mayo, cuando estaba de viaje en el País del Sol Naciente, y principios de junio. El libro de Ishiguro lo terminé en el viaje de vuelta de Japón, el de Kawabata lo leí íntegramente en el viaje, y el de Ōe lo empecé a leer, tranquilamente, un par de días después de regresar.

Ya he leído varios libros de Kawabata. Cinco con el que ahora nos ocupa. Entre la novela, la novela corta y la crónica periodística, es un escritor versátil, pero que nos habla siempre desde sus experiencias personales, sin que quiera decir por ello que sean libros autobiográficos. Y siempre da un tratamiento especial, a veces misterioso, a las mujeres. Se dice que que su relación con las mujeres quedó marcada por uno de sus primeros amores, una joven con la que estuvo comprometido formalmente, pero que rompió su compromiso con él por razones que no están claras. Por ello, las mujeres tienen siempre una aura especial en sus escritos.

La historia de esta novela corta de Kawabata se desarrolla entre Kamakura y Tokio, y su protagonista es un joven pudiente, que trabaja en la administración de una empresa, cuyo padre ha fallecido, que lleva una vida libre de preocupaciones, y al que Chikako, una antigua amante de su padre, quiere comprometer con una bella joven, Yukiko. Pero a la ceremonia del té donde son presentados asisten también sin ser invitadas, la señora Ota, otra antigua amante de su padre en sus cuarenta y tantos, pero muy atractiva aún, y su hija de 20 años, Fumiko. A partir de ahí, el protagonista se debate entre las dos jóvenes con vistas al matrimonio, pero sobretodo atraído por la sensualidad y la experiencia de la señora Ota con la que pasan una noche de sexo. A partir de aquí, la confusión reina en la mente del joven, y entre las mujeres, especialmene por las malas artes de Chikako, y todo se encamina hacia un final potencialmente trágico.

A pesar de su corta longitud, el relato no es precipitado. Y se toma su tiempo en recrear con fidelidad las atmósferas adecuadas para reflejar las cualidades de unas y otras mujeres. La deformidad de la intrigante Chikako. La belleza de Yukiko, de la que poco más sabemos… porque tal vez no haya más. De la sensualidad y experiencia de la señora Ota. Y de la rabia subyacente a su relación final con Fumiko. Con las características de las mujeres y de sus relaciones simbolizadas por las tazas de té de su padre. A pesar de que las relaciones entre unos y otros con más frecuencia son carnales, productos del deseo, que auténticamente románticas, no falta la sensación de poesía. Y el conjunto de la historia tiene un aura de fatalidad envolviendo a todos los personajes.

Creo que es un magnífico relato, que he pensado en volver a leer, porque quizá el entorno en el que lo hice, la cabina de un avión intercontinental durante horas de viaje, no sea el más adecuado para apreciar a fondo las calidades del mismo. En cualquier caso, la lectura de los relatos de Kawabata es siempre recomendable. Sabiendo que hay que arriesgar y dejarse llevar por las virtudes literarias de una cultura que no necesariamente sigue las reglas de la narración tradicional occidental.

[Libro] Shogun – James Clavell

Literatura

Nuevamente me salto el orden de comentario de los libros que he leído en las últimas semanas, tengo nueve en espera incluyendo el de hoy. Los libros que tengo en espera fueron terminados de leer en el 14 de mayo y el 6 de julio, día en el que terminé de leer un libro de relatos gráficos, historietas, y una novela corta. Pero cuelo este de hoy porque es un comentario conjunto con una de las series que he visto y comentado en tiempos recientes. Un libro que no pensaba leer por diversos motivos. Porque no soy especialmente adepto a este tipo de best-sellers tan de moda en los años 70 y 80 del siglo pasado. Porque no suele apetecerme empujarme así por las buenas un novela de más de 1000 páginas salvo que este muy muy muy justificado. Pero me lo prestaron. Insistieron y me lo prestaron. Y así como sucede que aproximadamente un 10 % de los libros que me compró los abandono por diversos motivos sin terminar de leerlos, cuando me prestan un libro me lo leo hasta el final sí o sí. Me parece una desconsideración no hacerlo. Y nunca he olvidado devolver un libro… que yo recuerde.

En lo que mi memoria alcanza siempre ha habido best-sellers en las librerías. Superventas o mejor vendidos si hablásemos castellano habitualmente. En la Fundeu nos recomiendan usar el término superventas, que es muy usado en el mundo discográfico. Pero lo que he venido observando es que no necesariamente significa que realmente sean los más vendidos. Más bien parece que son libros que de entrada están pensado para ser vendidos como churros desde su lanzamiento, con abundancia de apoyo publicitario, con un lugar destacado en la librería, y que al final, en edición de bolsillo, acaban siendo los que se venden en los quioscos de prensa de los aeropuertos y las estaciones de tren. Son novelas formulaicas, que siguen un esquema más o menos similar, con una serie de elementos que parecen ser del gusto de ese lector medio, popular, que quiere leer… pero sin complicarse la vida. Que hay romance, intriga, hechos históricos cuya veracidad importa poco, buenos y malos… pues eso. Algunos pertenecen a géneros como podréis deducir; novela rosa o romántica, novela histórica, novela negra o detectivesca, fantasía,… Supongo que es lo que enseñan las universidades norteamericanas en sus cursos y seminarios de escritura creativa; la receta para escribir un superventas. En el mundo del cine, existe un libro de 2005 que explica como escribir un guion de cine con estas características. Un libro que ha ayudado mucho a degradar la calidad de las historias que se cuentan en el cine actual.

James Clavell, el autor del superventas que hoy nos ocupa, fue, además de novelista, guionista y director de cine. Incluso escribió y dirigió alguna película que en su momento me pareció relativamente notable, aunque hoy en día quizá la viese con ojos menos favorables, sin que me disgustase. Y que decir del guion de una de las más divertidas películas sobre la Segunda Guerra Mundial… escrito con otros dos guionistas. Por lo tanto, no podemos dudar de la capacidad de Clavell para escribir historias destinadas al gran público, con más tirón que profundidad, sin necesidad de leer ese libro que explica que para un espectador tonto y adocenado, el bueno de la película tiene que salvar al gatito de una niña para entender que es «el bueno». Frente al malo… que fuma. Esto no sé si lo dice el libro,… pero es algo que está ahí en los formulaicos guiones actuales. Suponiendo que dejen que aparezca alguien fumando en pantalla. Y Shogun es un producto de esa forma de escribir.

Como comentaba cuando hablé de la serie, es una ficcionalización libre y no basada en hechos históricos constatados de los acontecimientos que llevaron a la muerte de una noble japonesa de casta samurai, y que fue el casus belli que llevó a la batalla de Sekigahara, en la que se impuso Ieyasu Tokugawa, convirtiéndose el primer shogun del llamado periodo Edo de la historia del País del Sol Naciente. Pero… es un superventas destinado al público occidental, predominantemente norteamericano, que es el mayor mercado del mundo anglófono. Por lo tanto, el protagonista tiene que ser un europeo, en aquellos tiempos América de Norte estaba en mantillas, predominantemente anglosajón y protestante. El precursor de los WASP norteamericanos, clase dominante en Estados Unidos. Creo que ya dije que la serie, que es bastante fiel al libro, pero que da más juego a los personajes japoneses, hubiera sido bastante mejor sin el personaje del inglés. Pero en el libro,… siempre vamos acompañando al inglés… que es un personaje que me parece un imbécil e insoportable. En el libro y en la serie. También tiene que haber romance y sexo, aunque sea descrito de forma discreta, no escandalosa. Da igual que sea una relación improbable y fuera de carácter. La cuestión es que satisfaga al lector simplón. Y tiene que haber abundancia de tópicos, a ser posible sangrientos. Abundancia de harakiri o seppuku, su ración de torturas y muertes de campesinos arbitrarias, el empeño en comer pescado crudo en lugar de los platos normales a base de carne del mundo anglosajón (¿os he contado alguna vez que como semanalmente cinco veces más pescado que carne, y que estoy encantado si es en forma de sashimi?), y mucho bushido… incluso si el concepto existía aunque el nombre del concepto sea algo relativamente moderno.

No me cabe la menor duda que el libro tiene, o tuvo, los elementos para atraer a un abundante grupo de lectores. Pero no es bueno. Como sucede con otros muchos superventas. ¿Os he contado que soy tan rarito que Los pilares de la Tierra me pareció de una mediocridad conceptual tremenda en contra de la opinión de la mayoría? ¿Poco más que un folletín de novela barata? Pues eso. No es difícil de leer, claro. Sería contrario al concepto de superventas. Y por eso, aunque su contenido me resulte estomagante en muchas ocasiones, puedo seguir adelante y llegar hasta el final. Pero quizá ahora entienda un poco mejor al excesivamente elitista C. S. Lewis cuando hablaba de distinto tipos de lectores y libros en un ensayo que leí y comenté recientemente. No obstante, sigo pensando que el superventas de buena calidad es posible. Pero tal y como está el mercado editorial, poco probable.

[Viajes] En Japón con película fotográfica

Viajes

Ayer adelante algunas fotos de los rollos de película en blanco y negro que hice en Japón. Pero hoy lunes he dedicado un tiempo a contar como fue la experiencia. Bien… hasta una sorpresa desagradable cuando se revelaron los rollos. Si queréis saber más, visitad Japón con película fotográfica en blanco y negro – Minox 35 GT-E con Ilford XP2 Super.

Pero a pesar de los problemas que comento en ese artículo, en general estoy contento con unas cuantas de las fotografías que hice. Japón es un país muy fotogénico. Harías muchas más de las fotos que haces. Pero tienes que ponerte un poco selectivo. Siempre, cuando salimos de nuestro medio habitual, y nos sentimos más estimulado, tendemos a pulsar el disparador de la cámara con más frecuencia. Pero recordemos que el buen fotógrafo no sólo sabe cuándo disparar, fundamentalmente sabe cuándo no disparar la cámara. En fin… aun estoy en proceso de selección de las mejores fotos. Pero os dejo unas cuantas por aquí.

[Viajes] Resumen del viaje a Japón – mayo de 2024

Viajes

Nuestro primer viaje a Japón fue en 2014. Iba a ser en 2011. Pero en aquel año, pasaron muchas cosas. En Japón, y en nuestras vidas privadas. Así que quedó demorado indefinidamente, hasta que la indefinición terminó tres años más tarde. Disfrutamos mucho de aquel viaje. Y nos propusimos seguir visitando Asia oriental y volver al País del Sol Naciente. Como objetivo,… cinco años más tarde. Y lo hicimos. En 2019. Y otros cinco años más tarde… y lo hemos hecho. Diez años después del primer viaje, hemos vuelto. Y ya hemos regresado. Por lo que voy a resumir el viaje de forma somera y con las cosas más destacable. Si queréis revisar el itinerario, en las dos últimas semanas he ido subiendo fotografías de los lugares visitados… así que esas entradas os remito. Si enlazáis en el mes de mayo de 2024 de este Cuaderno de ruta seguro que os aparecen al principio del todo. Como de costumbre también, acompaño el resumen del viaje con fotografías del mismo. Para saber más de las cuestiones técnicas fotográficas del viaje, os sugiero visitar Tercer viaje a Japón; fotografía digital – Panasonic Lumix G9 II con varias ópticas y Sony ZV-1. En unos 10 a 15 días, se verán las fotos hechas con película fotográfica tradicional.

Empecemos por lo importante. Como digo a muchos de mis amigos, el gatete regordete con la patita levantada que muchos llaman el gato de la suerte chino, no es chino. Es japonés. Se le llama manekineko 招き猫, y su aparición en el folclore japonés, desde donde se extendió a otros países del Asia oriental, y después al mundo, se atribuye a la ciudad de Edo. Hoy popularmente conocida como Tokio. Y una de las (diversas) teorías es que es surgió en el entorno de Gōtoku-ji, templo budista en Setagaya, uno de los distritos especiales de Tokio, donde el manekineko actúa como intermediario de la persona ante los dioses, budas, o seres preternaturales o sobrenaturales en los que que crea. Para dar fe, visitamos Gōtoku-ji y comprobamos la popularidad del bobtail japonés.

Japón es en estos momentos un destino popular en el mundo. Es bonito, diverso, distinto en muchos aspectos a las culturas occidentales, animado, técnicamente avanzado, conserva mucho de su patrimonio histórico y artístico, su cultura tiene una enorme proyección e influencia en el mundo,… y el yen se ha devaluado mucho y está barato. Como un 30 % más barato al cambio que hace cinco años. Por lo tanto, no sólo ha recuperado los visitantes que tenía antes de la pandemia, sino que los ha superado. Y por ello, algunos de sus destinos más significativos están sobresaturados. Verdaderas tourist traps, que pueden resultar muy agobiantes. Donde se forma filas y filas para hacerse el selfi que todo el mundo se hace, exactamente igual, porque lo han visto en las redes sociales. Por lo tanto, la experiencia puede ser decepcionante. Y además están surgiendo paquetes turísticos que abarcan mucho y aprietan poco. Trabé conocimiento en el avión de ida con dos mozas que iban en uno de estos paquetes. A la vuelta volvimos a coincidir. Estaban contentas. Pero se han chupado muchas horas de autobús. Y como detalle, visitaron Nara. Un lugar imprescindible. Patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Nosotros estuvimos durante todo un día en 2014, y nos dejamos algunos templos muy interesantes al sur de la ciudad. Estuvieron algo más de una hora ¡¡?? En mi opinión, eso no es visitar Japón.

En 2019, ya nos salimos de las rutas más densamente saturadas. Especialmente visitando las rutas de peregrinación de la península de Kii en Kansái, desde Kojasan hasta Ise. Y mereció mucho la pena. En esta ocasión hemos recorrido la región central de Japón. Entre Gifu y Kanazawa. Una región llena de sitios interesantes, en la que se puede optar entre la naturaleza, especialmente las montañas de los Alpes Japoneses, y el patrimonio histórico y artístico de esta región. Fundamentalmente, nos hemos centrado en la parte del patrimonio histórico y artístico, con las montañas de Hida y algunas otras como telón de fondo. Un par de castillos originales, no reconstruidos, el de Hikone y el de Matsumoto, y varios reconstruidos. La aldea de Shirakawa-go, patrimonio de la humanidad. Las ciudades de Gifu, Toyama, Takaoka, Kanazawa, y la mas destacable, Takayama. Los cascos históricos con edificios del periodo Edo y la era Meiji de algunas de estas ciudades, de Gujō-Hachiman y de Mino. Los templos y cementerios históricos de Higashiyama en Takayama. La pesca con cormorán en Gifu. El ferrocarril de la garganta de Kurobe. En fin… bien. Lugares muy interesantes de conocer y visitar, donde se come bien, y donde hay poca aglomeración turística. En algunos de estos sitios, ninguna. Algunos japoneses con días libres, pocos en esas fechas, y poco más.

Como en el viaje de 2019, terminamos el viaje en Tokio. De los sitios más populares, la tarde que llegamos, soleada y agradable, visitamos dos de nuestros lugares favoritos, el parque de Ueno y Asakusa, con Sensō-ji. Pero el día que en su integridad le dedicamos a la capital, también nos salimos de los caminos trillados. Y con la línea Chiyoda de metro como referencia, recorrimos Gōtoku-ji en Setagaya, que ya he mencionado, los santuarios sintoístas de Nogi y Hikawa en Akasaka, y el de Nezu en… Nezu. Por la tarde, los bellos jardines Kiyosumi en Fukagawa y el santuario sintoísta Hachiman-gu en Tomioka. Antes de dar un paseo por tiendas de fotografía y otras cosas en Ginza. El último día también recorrí tiendas de fotografía en Nakano y Shinjuku. Algunas de ellas, curiosísimas, caóticas, como para pasarse el día explorándolas a pesar de ser de reducido tamaño en un tercer piso o en un sótano.

Una de las compañeras de viaje no conocía Kamakura, y aunque no queríamos repetir visitas pasadas, accedimos a un compromiso. Por la mañana visitamos el santuario Hakone en las orillas del lago Ashi y el castillo de Odawara, y por la tarde fuimos a Kamakura, a saludar a su gran buda en Kotoku-in, y visitar Hase-dera y Tsurugaoka Hachiman-gu. A estas alturas ya nos habíamos vuelto expertos en localizar y disfrutar los pequeños izakaya donde podíamos cenar sashimi, buenísimo, especialmente el de pescado azul, a precios sorprendentemente económicos, para lo que suele ser la cosa en los restaurantes especializados, como tres veces más caros. Y el de Kamakura tenía un dueño especialmente simpático, con un salmón especialmente sabroso.

En cuestiones prácticas, los hoteles están a buenos precios, con habitaciones dobles más que decentes y servicios adecuados por entre 60 (Gifu) y 80 (Tokio) euros la noche, bastante más baratos que los equivalentes por Europa. El Japan Rail Pass para moverse en tren ha subido mucho de precio y sólo merece la pena si haces muchos desplazamientos en shinkansen, la alta velocidad japonesa. A nosotros no nos salió a cuenta. Ni de lejos. Gastamos como entre un 50-60% de lo que nos hubiera costado el pase de 15 días. Lo que viene muy bien es llevar la tarjeta SUICA o una similar del protocolo IC (integrated circuit card) para pagar en transportes públicos de todo el país. No es universal, pero la utilizamos en un 85 % de los desplazamientos en trenes locales, metros o autobuses urbanos. Y si tienes iPhone la llevas en la wallet, donde la recargas en el acto con alguna de tus tarjetas incorporadas. Muy cómoda. Los que usan Android, tienen que buscarse alguna alternativa de plástico, porque sólo son compatibles con los terminales japoneses. Las de plástico son convenientes también, pero es más engorroso el recargarlas. Tienes que ir a una estación, parada de metro o konbini de propio para ello. También puedes pagar con ella en los konbini, en algunas máquinas dispensadoras de bebidas y alimentos y en algunos restaurantes y tiendas.

Por lo demás, sin problemas en el viaje. Lo hemos disfrutado… y ¿volveremos? Pues si la salud y las finanzas lo permiten, nos hemos citado para dentro de otros cinco años, para no perder la tradición. En 2029. Esperemos que sea así.

[Libro] Círculos infinitos: Viajes a Japón – Cees Nooteboom

Literatura

Hace unos meses, a final de año, se jubiló un buen compañero de trabajo. Un tipo excelente. Y unas semanas más tarde, algunos de los que disfrutamos de su compañerismo, no muchos, pero selectos, nos reunimos a comer y a desearle toda clase de parabienes en «su nueva etapa» que se suele decir. Y le regalamos algunas cosas. Entre ellas un par de libros. Como en los meses previos surgió en conversación el tema de los viajes que le gustaría hacer en un futuro, uno de ellos era un viaje a Japón. Por ello, pareció apropiado regalarle este libro de viajes del neerlandés Cees Nooteboom, escritor del que he leído alguna cosa, y del que creo que debería leer alguna cosa más.

El caso es que unas semanas más tarde sucedieron dos cosas. Se confirmó que este año, cinco años después, volvíamos al País del Sol Naciente, a nuestro tercer viaje. Y en mi tienda de libros electrónicos habitual apareció de oferta el mencionado de Nooteboom. Y como me pareció que era una buena forma para ponerse en forma mental para el viaje, lo compré. Y lo empecé a leer unos días antes del viaje. No lo terminé antes de empezar el viaje… pero lo terminé en las muchas horas que dura el viaje hasta el otro extremo del continente eurasiático. Y más con la imposibilidad de sobrevolar territorio ruso los vuelos comerciales por culpa del conflicto bélico de este país con Ucrania.

He regresado del viaje. He llegado esta mañana mismo a casa, hacia el mediodía. Cansado. Somnoliento por el mal dormir en los red-eyes que nos han devuelto a casa vía Abu Dabi. Pero me niego a echar siesta por el riesgo de desvelarme cuando llegue la noche, y arrastrar un feo desfase horario durante unos días. Dicen que el desfase horario malo es el que se produce cuando viajas hacia el este, pero la verdad es que la llegada a Japón la llevé bien. Sin embargo, el regreso de Corea en 2017 lo llevé tan de pena, que me quedé dormido en el cine… en una película que me interesaba. Así que he decidido comentar el libro. Aunque saltándome la lista de espera de libros que tengo a la espera de comentario.

El libro es un conjunto de relatos de los viajes que realizó el autor entre la segunda mitad de los años 70 del siglo XX y el principio de los años 2010, si no recuerdo mal. Un período de tiempo en el que muchas cosas han cambiado. Y otras no. A través de estos relatos sobre sus propias experiencias, lo mismo nos movemos por la locura de Tokio, o asistiendo como muchos japoneses al parque del palacio imperial para el cumpleaños de Hiro Hito, como asistimos a una sesión de la Dieta, el parlamento japonés. O recorremos en peregrinación los templos budistas de Kansái. O nos alojamos en un modesto ryokan, perdiéndonos cuando nos acercamos al pueblo vecino caminando, porque las señales son siempre imprecisas para el occidental, que además no se defiende con la grafía de la escritura japonesa.

El tono y la profundidad de los diversos episodios varía. Y unos llegan más al lector que otros. Pero en general, creo que reflejan muy bien el impacto de la cultura nipona en el occidental. Siempre entre la admiración y el recelo hacia las «soluciones» cotidianas que los japoneses ofrecen a los problemas habituales. Refleja también la distancia en la comunicación, por la mutua incapacidad para hablar el idioma del otro. El japonés es un idioma difícil. Y para los japoneses, lo de hablar otros idiomas, no se les da bien. O probablemente, no se lo han propuesto en serio. Porque cuando adoptan algo de fuera, y les gusta les suele salir muy bien.

La forma en que se viaja hoy en día, en 2024, es muy distinta de la de 1974. Es más probable encontrar indicaciones en inglés, o algún japonés que se defienda mínimamente con algo que no sea su idioma natal. Y si a eso sumas que no hay mejor dinero gastado en uno de estos viajes que una eSIM que permita llevar el teléfono conectado a internet permanentemente, pues todo es más fácil. Te pierdes menos. Y es que, además, dejando de lado los problemas de comunicación, es un país civilizado, organizado, próspero, aunque parece que están de bajón, lo cual es un chollo para el viajero por el bajo valor del yen, y tecnológicamente avanzado. Y es un país de gente cortés, muy educada. Incluso los más jóvenes. Aunque siempre nos ha quedado una duda. Y esto es una cosa nuestra y no del escritor. Siempre nos hemos preguntado si tanta cortesía, más que para evitar los conflictos entre personas, que es una de las utilidades básicas de la cortesía y las buenas maneras, no servirá también para levantar barreras de impenetrabilidad para el extraño. Es algo que a veces hemos sentido en Japón. Que es un país que nos gusta para viajar. Que si podemos, volveremos. Pero eso no significa que seamos unos fans incondicionales del país. Lo pasamos bien. Es bonito. Aprendemos cosas. Pero a veces… lo dejo para otro rato que me muero de cansancio.