[Cine en TV] Love Wedding Repeat (2020)

Cine

Love Wedding Repeat (2020; 21/20200418)

Podríamos decir, tomándonos la vida un poco más a la ligera por relajarnos, que uno de los «grandes afectados» por la epidemia en curso en la capacidad de ver buen cine. Lo podríamos decir si no supiéramos que habitualmente entre abril y junio la cartelera en salas de cines suele pegar un bajonazo considerable en interés y calidad, con pequeñas excepciones que uno busca como un loco. En eso estamos, intentando encontrar excepciones de calidad en la cartelera virtual de las cadenas de cine en línea. En esta ocasión, parecía sugerente esta comedia romántica dirigida por Dean Craig, que parecía una mezcla de las típicas comedias británicas de eventos sociales (bodas, funerales y demás) con el día de la Marmota.

Nos paseamos por Roma, que es la ciudad donde transcurre la acción de esta fallida comedia.

Reflexiona, creemos, el director sobre la influencia del azar en nuestras vidas. Y nos ofrece diversas versiones en lo que puede suceder en la celebración de una boda, según lo que pequeñas variaciones del azar puedan conllevar. Lo que pasa es que con el ganado de personajes que nos presenta, es obvio que nada puede salir bien si no es por casualidad, porque son todos una panda de negados, que no podemos considerar representativos de la especie humana salvo en nuestras peores pesadillas.

El problema es que la película hace agua por todas partes. Ni el ritmo, ni la presentación de personajes, ni la empatía que nos generan, ni el guion, ni los chascarrillos, nada hace que esta película funcione o tenga la menor oportunidad de funcionar. El reparto, en su mayor parte británico, hace lo que puede con el material que le han dado. Y la actriz más conocida, la norteamericana Olivia Munn, a la que le hemos visto cosas interesantes en el mundo de la comedia, aparte de su notable atractivo físico, se convierte lamentablemente en el florero de la película sin que pueda aportar nada realmente positivo.

Sabes lo que os digo. Mejor no. Mejor os buscáis otra cosa. Es mala. Parece que es una nueva versión de una película francesa que tampoco está muy bien valorada en IMDb. ¿Para que insistir? Y me cuesta creer que el director sea el guionista de una de las mejores películas del género.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

[Fotos] Menos fotos en la cuarta semana del estado de alarma, coincidió con Semana Santa y…

Fotografía

… por lo tanto, sólo salí a trabajar tres días. Y estuve cuatro días seguidos confinado en casa, el mayor número de días consecutivos hasta ahora. Yo sigo yendo a trabajar cotidianamente, a turnos semanales de mañana y tarde de lunes a viernes; escribo esto estando ya muy avanzada la sexta semana del estado de alarma. Pero en esos días sólo fui de lunes a miércoles. Por lo tanto, las 36 exposiciones de un rollo de 135 normal me parecía excesivas. Por ello, opté por el formato medio. Consideré que las 12 exposiciones que ofrece el formato medio en 6 x 6 cm serían suficientes. Tampoco sabía muy bien qué tiempo iba a hacer. Las predicciones del tiempo variaban con rapidez.

Puesto que todavía se percibía una necesidad de aislamiento extremos por la calle, ir por la misma cargado con una Hasselblad hubiese sido demasiado conspicuo. La mejor calidad, pero hacer números para que me parase la policía, y tener que dar explicaciones. Llevo mi «salvoconducto» oficial,… pero es un rollo tener que explicar que llevo encima la cámara para no morirme de asco el fin de semana y seguir teniendo cosas que hacer, que no es que me falten, además de tener un registro visual de mis vivencias de estos extraños tiempos. Así que opté por llevar una cámara retráctil. Después de darle vueltas al asunto, opté por la Agfa Isolette I, como la más razonable. Los detalles técnicos los podéis leer en Cuarta semana de aislamiento social – Agfa Isolette + Ilford FP4 Plus 125.

Una cuestión me queda clara ahora. Fueron los últimos días en los que realmente te sentías solo, aislado, por la calle. Iba a trabajar hacia las una de la tarde, para llegar a las dos, y salía del trabajo a las ocho y media de la tarde. Casi siempre caminando. En total, entre siete y ocho kilómetros al día, según cómo hiciese el recorrido. Esto me permite hacer un razonable tiempo de ejercicio incluso en estos días. Pero ahora ya está todo mucho más concurrido. Bastante menos que de costumbre, pero ya llevo unos cuantos días en los que no siento ir solo por el mundo.

[Libro] La sonrisa etrusca

Literatura

En los cuatro meses que llevamos de año, aun no se han cumplido, llevo dos bloqueos lectores. Cuando pensaba que estaba superando el primero que empezó a acontecerme hacia final de enero, llegó el nuevo coronavirus y puso mi cabeza en rompan filas con poca capacidad para concentrarme en la lectura. Y con mis tiempos habituales de lectura desordenados. Me pilló la cosa comenzando apenas la lectura de este conocido libro de José Luis Sampedro, un libro que data ya de hace más de 30 años, cosa que hay que tener en cuenta a la hora de valorarlo.

Sampedro nos habla de Salvatore Roncone, un sexagenario calabrés, diagnosticado de cáncer, cuyo hijo Renato se lo lleva a Milán para ser tratado, ciudad donde se ha casado con Andrea, profesora universitaria y hace poco ha tenido un niño, Brunettino. Comenzamos la novela con Salvatore, alias «Bruno» cuando fue partisano en la guerra mundial, contemplando el sarcófago de Los Amantes en el museo etrusco de Villa Giulia en Roma. Y a lo largo de la novela asistiremos a la transformación que se da en los últimos meses del anciano antes de que la Rusca, como llama a su enfermedad le lleve a su final.

Casi toda la novela de hoy transcurre en Milán, y allí me voy fotográficamente. A mi inolvidable primer viaje a la capital lombarda. Visita incluida a la Pietà Rondamini de Michelangelo en el palacio Sforzesco, que al igual que yo, admiró también el protagonista de la novela.

Adquirí el libro electrónico en una oferta de mi tienda habitual de los mismos. Por supuesto, había oído hablar mucho y bien tanto del autor como del libro, pero por motivos… los que sean, nunca se me había puesto a tiro un volumen de Sampedro. Salvo que he de decir, que según mis registros, muchos años ha intenté leer esta novela a partir de un ejemplar de una biblioteca pública y me atraganté. Comenté en su momento que empezaba a leer el libro, e inmediatamente recibí muchas opiniones positivas de diversas personas, casi todas algo mayores que yo, de forma muy entusiasta, lo que elevó mis expectativas. Que además se veían confirmadas por la trayectoria del primer tercio de la novela.

Sin embargo, poco a poco me di cuenta que mis sensaciones empezaban a divergir de las de quienes aplaudían mi elección. Primero, Sampedro cuenta desde la mirada del anciano, cuya «autenticidad» popular puede ser tan cuestionada como la presunta «maldad» de la urbanita de su nuera. Empecé a imagina la historia desde la mirada de Andrea, empecé a empatizar con ella, pese a que Sampedro lo pone difícil, y empecé a ver las cosas de una forma muy distinta a la de todos aquellos, especialmente aquellas, que entusiasmadas me alababan mi decisión de leer el libro. Segundo, cuando llegamos a un cierto punto de la novela y durante no pocas páginas… no aparecen ideas nuevas en ellas. Sampedro se dedica a dar vueltas una y otra vez a los mismos conceptos sin hacer avanzar la historia que, para lo que cuenta o lo que nos quiere hacer sentir, se hace innecesariamente prolongada. Y eso me lleva a que me descuelgue hasta cierto punto de la misma, contribuyendo a mi bloqueo lector. Aún se me hace más difícil seguir adelante con la lectura.

No creo que Sampedro sea honesto. En una recta final donde se vuelve a poner las pilar y a desgranar nuevas ideas y sensaciones, va poniendo en su sitio y haciendo justicia con los distintos personajes que pueblan las páginas del libro. No sé si con la debida intensidad, pero razonablemente. No podemos andar con falsos maniqueísmos a estas alturas. Y Salvatore Roncone, dejando a un lado la compasión que nos despierte o la simpatía por su evolución como abuelo y galán algo más que otoñal, no deja de ser un duro ejemplar de una cultura rica, pero también retrógrada, violenta, supersticiosa y bruta.

Sin duda un libro interesante, pero que hay que leer con mayor sentido crítico y con mayor perspectiva histórica y sociológica de lo que nos puede parecer sino queremos ser arrastrado a un simplismo en la interpretación de la historia, que no creo que sea lo que pretendía su autor.

[Nostalgia] El bául de los recuerdos de mi madre y las viejas cámaras familiares

Fotografía

En los días de Semana Santa decidí dedicar tiempo a realizar un ejercicio de nostalgia aprovechando los contenidos del baúl de los recuerdos que conservaba y mantenía mi madre. Muchos de ellos soy capaz de interpretar, pero otros lamentablemente no. Y hoy en día ya no queda nadie de esa generación que nos pueda ayudar. En fin. Los datos técnicos fotográficos de este ejercicio están en Buscando en el baúl de los recuerdos con la Hasselblad 500CM + Ilford Delta 400 Professional.

Lo que de ahí salió,… ya lo iré contando en estas páginas poco a poco.

El baúl de los recuerdos y dos de las cámaras familiares de mi infancia y adolescencia.

[TV] Cosas de series; universos paralelos y Meredith

Televisión

En la entrada televisiva de esta semana hablaré de tres series. Pero de una seré breve. O lo intentaré. Y me centraré más en dos series de ciencia ficción a propósito de historias alternativas y universos paralelos.

Terminó, prematuramente por culpa del covid-19, la 16ª temporada de Grey’s Anatomy, lo cual al parecer la convierte en el drama médico más longevo de la televisión o casi. E.R. tuvo quince, así que por ahí le debe ir el récord. Sigue siendo un guilty pleasure. Tiene defectos por todos los lados, pero algunos no podemos dejar de ver esta historia de amoríos de instituto en un hospital de alta tecnología en Seattle. Así que no merece la pena mucho más comentario. Quizá decir que el capítulo donde «explicaban» la ausencia de uno de sus más destacados protagonistas para siempre fue ab-so-lu-ta-men-te nefasto y vergonzoso. Una de las temporadas más flojas… dentro de lo que es.

Bosques y lagos predominan en los paisaje de algunas de las series de hoy. Y tal paisaje lo he ido a buscar a los lagos y bosques cerca Tampere (Finlandia)

Pero vamos a lo que interesa. Distopías, historias alternativas y universos paralelos. Tales from the loop es una interesante propuesta, a priori, basada en las pinturas del sueco Simon Stålenhag (instagram), en las que se muestra un presente/futuro tecnológicamente distópico. Situado en una población de algún lugar de Norteamérica, aunque con un ambiente muy nórdico, donde una instalación científica The Loop (El Bucle) ha dado lugar a una serie de dispositivos o fenómenos avanzados pero extraños. El ambiente es más bien setentero u ochentero, como en una historia alternativa, aunque hay saltos adelante y atrás en el tiempo, así como en universos paralelos. Y en este ambiente, vamos siguiendo a una serie de habitantes del lugar, relacionados todos ellos con la familia en la que residen los principales responsables de The Loop. Y asistiremos a una serie de historias que nos harán reflexionar sobre temas como la identidad, la familia, la maternidad, el amor, el ser distinto, las expectativas que tenemos depositadas en nosotros mismos o las que sentimos de los demás… temas profundamente cotidianos, en un entorno casi aburridamente cotidiano, salpicado de fenómenos u objetos extraños. La serie tiene una puesta en escena sobria, pero estéticamente muy conseguida, que nos traslada a un ambiente melancólico, decadente. Y algunos de los personajes tienen mucho interés intrínseco, interpretados por actores y actrices con buen quehacer. Pero el nivel de las historias, de los guiones, es desigual, tiene notables altibajos. Y habrá episodios que no podremos dejar de mirar, mientras que otros… son prescindibles. Creo que la idea era muy buena, pero la ejecución perfectible. No obstante, a mí me ha merecido la pena.

Y si la anterior se situaba en un pasado alternativo, la siguiente se sitúa en un futuro más o menos próximo y… más o menos plausible. Devs es una miniserie creada y dirigida por Alex Garland, director y guionista que se ha hecho un nombre por distintas producciones de ciencia ficción, donde especula con determinados conceptos en el borde de lo que podemos considerar ciencia y lo que no. En esta ocasión, seguimos las andanzas de Lily Chan, una ingeniera informática que trabaja para una empresa Amaya, donde su novio ha sido asesinado tras ser transferido al departamento DEVs. La chica protagonista está interpretada por Sonoya Mizuno, una británica nacida en Tokio, de padre japonés y madre británico-argentina. Una chica que hasta ahora había realizado papeles menores pero muy vistosos en algunas de las producciones de Garland, como Ex-Machina y Annihilation. Y también la habíamos visto cantando y bailando en Lalaland, y en un papel alocado en Crazy Rich Asians, una comedia romántica que no se llegó a estrenar en España, y extremadamente sobrevalorada en EE.UU. tanto por el público y la taquilla como por la crítica. Me detengo en esta actriz, porque desde mi punto de vista condiciona el resultado hasta cierto punto. Garland, en esta serie, trata sobre el conflicto en filosofía de la ciencia entre un universo determinista (visión mecánica desde Galileo a Einstein pasando por Newton) y un universo azaroso (visión probabilística de la mecánica cuántica). Los adversarios de Lily representan a la visión determinista, que implícitamente negaría la libertad del ser humano, condicionado por la mecánica universal, mientras que Lily representa el libre albedrío, que según algunos sólo se daría en universo azaroso. Error común en mucha gente confundir el azar con la libertad… y donde reside uno de las debilidades de la tesis de Garland, confundiendo conceptos que mucha gente y que no deberían ser confundidos. La cuestión es que Lily ha de ser un personaje que, de alguna forma, represente al ser humano común. Y debe generar empatía. Mizuno cambia notablemente de imagen en esta ocasión. Pasa de ser la vistosa bailarina y modelo de esbelta figura y notable sensualidad, a una joven de aspecto andrógino, reservada, aunque fuerte interiormente. Pero de alguna forma su interpretación no consigue tener la fuerza necesaria. A esta chica se le ven las goteras interpretativas; no acaba de dar el salto de presencia vistosa, en producciones anteriores, a punto de fijación y arrastre de la acción. Y la serie, aunque con momentos muy interesantes, especialmente gracias a algunos secundarios, acaba descarrilando, especialmente con un final que no me lo compro… que me parece una ida de olla a la que cada vez nos tiene más acostumbrados más Garland con sus producciones. Recordemos que Annihilation, que enamoró visualmente a muchos, tampoco me convenció. En fin, no me arrepiento de haberla visto, pero me ha decepcionado.

[Recomendaciones fotográficas] Aislamientos y otras cosas

Fotografía

Voy a hacer una ronda de recomendaciones fotográficas. Si hace una semana me centraba mucho en revisar bibliografía sobre la pandemia y otras epidemias, acabé saturándome, y esta semana he vuelto a prestar atención a los artículos sobre fotografía. Pero no me extenderé mucho, porque lo cierto es que mi cabeza, aunque más despejada que la de otros porque salgo a trabajar todos los días de lunes a viernes, también se ha visto afectada en cierta medida por la anómala situación en la que nos encontramos. Y por mi naturaleza escéptica ante el mundo, no soy de los que se deje arrastrar fácilmente por ningún tipo de optimismo. Cosa que se acentúa con la edad. Tampoco por los pesimismos agoreros irracionales,… pero es que… Bueno vamos. A la fotografía.

Algunas fotografías más de la tercera semana del estado de alarma por el nuevo coronavirus.

Empiezan a verse buenos trabajos relacionados con la epidemia y el aislamiento. En The Picture Show (Photo Stories from NPR), dos fotógrafos documentales que son pareja, Kasia Strek (Instagram) y Pete Kiehart (Instagram), han documentado la enfermedad de este último, obligados a vivir en cercanía, pero sin contacto físico. Tanto los textos como las fotografías me resultan muy interesantes.

Lo de quedarse en casa y mirar por la ventana no es de los tiempos del coronavirus. Y si no comprobemos el trabajo de Gail Albert Halaban, tal y como nos lo cuentan en Cartier-Bresson no es un reloj. Ha habido torso fotógrafos que se dedicaron a fotografiar desde la ventana, como Ruth Orkin o Eugene Smith.

Una entrada en el instagram de Photography of China, me llamó la atención sobre el trabajo de la fotógrafa Li Lin acerca de una isla en el delta del Huáng Hé, antiguamente llamado el río Amarillo, donde llevaban a los prisioneros políticos para trabajos forzados. Lugar que el gobierno chino hizo desaparecer. La forma en la que la fotógrafa refleja el lugar me ha gustado mucho. Pero he encontrado poca información sobre esta fotógrafa.

Hace un par o tres de meses encontré que la editorial Aperture Foundation había publicado, o estaba a punto de publicar, un nuevo libro de la serie The Photography Workshop, de la cual tengo ya cuatro volúmenes. Lo dedicaban al fotógrafo afroamericano Dawoud Bey, y lo encargué. Pero no me lo pueden servir. A ver si cuando pase el follón de la pandemia mejora la cosa. Mientras, en la cuenta de Youtube del SFMOMA (San Francisco Museum of Modern Art) le dedican un vídeo muy interesante. Un lugar que me hubiera gustado visitar este año, pero que probablemente va a ser que no, por la maldita pandemia.

Me gusta mucho Alec Soth. Y tengo un facsimil en pequeño de uno de sus libros más famosos, Niagara. En Magnum Photo, dedican su tiempo a la explicación del cómo se hizo este libro y ayudan a interpretar el contenido del mismo.

[Cine en TV] Curtiz (2018)

Cine

Curtiz (2018; 20/20200412)

Todos los años vuelvo a ver Casablanca al menos una vez. Es una de las grandes películas de la historia del cine, era una de las preferidas de mi madre, que me contagió el amor por el séptimo arte, está asociada a buenos momentos en mi historia personal, que no me importa, me gusta de hecho, rememorar, y el conjunto de valores que expone y representa superan con mucho los de su planteamiento inicial como película propagandística con la entrada en la contienda mundial de Estados Unidos en 1941. Y gran parte del mérito se ha adjudicado siempre a Michael Curtiz, su director, uno de tantos genios del séptimo arte europeos que se refugiaron en Norteamericana e hicieron posible que Hollywood fuera algo más que un negocio, y fuera también un fuente de creación artística. A pesar, incluso de la propia industria cinematográfica, siempre más interesada en el dinero que en el arte.

Curtiz era húngaro. Nació en tiempos de la biarquía de los últimos Habsburgo. Era de origen judío. Y en los primeros años 20, tras salir relativamente bien parado de la Gran Guerra, aprendió a hacer cine en Europa, para luego seguir una larga, variada e interesante carrera en Hollywood, con gran número de títulos emblemáticos de todo tipo de géneros en su cinematografía. Fue candidato a muchos precios, aunque recibió pocos. Esta película húngara, dirigida por Tamas Yvan Topolanszky, y estrenada en nuestro país en Netflix, se centra en los conflictos del director (Ferenc Lengyel) en la época del rodaje de Casablanca. Su preocupación por sacar adelante una película con muchos incidentes en su rodaje, su preocupación por su familia en una Hungría pro fascista, su relación con las mujeres, y su compleja relación con una de sus hijas naturales (Evelin Dobos). Desconozco en qué medida la película es fiel a la historia, o es una ficcionalización de lo que realmente sucedió en aquella época.

Algunas fotos tomadas en Budapest, la capital húngara, nos servirán para ilustrar una película donde este país está presente de fondo constantemente.

Rodada en blanco y negro,… mmmm… ejem. Rectifico. Rodada en color digital, pero presentada en blanco y negro, imitando a la escuela de los expresionistas alemanes, que influyeron mucho en los directores de fotografía norteamericanos, pero con algún toque de color aquí y allí, tiene más ambiente de película de cine negro que de otra cosa. Pero… eso, desde mi punto de vista, resulta más efectista que eficaz. Lo cierto es que creo que la película, correctamente hecha desde el punto de vista técnico, y correctamente interpretada por un elenco de intérpretes húngaros, con alguno que no lo es, que se desenvuelven bien en inglés, no acaba de enganchar. No acabamos de sentir una empatía o algo que nos haga preocuparnos en exceso de lo que sucedió en aquellos platós de la Warner durante aquel rodaje.

Película por lo tanto que se deja ver,… pero que no deja poso. No va más allá. Y podría haber tenido bastante más fondo del que nos muestra.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[FOTOS] Y llegamos a la tercera semana del estado de alarma

Fotografía, Política y sociedad

Hoy me voy a extender un poquito más sobre el comentario de las fotos de mis idas y venidas a trabajar durante el estado de alarma por la epidemia causada por el nuevo coronavirus de 2019. Como siempre podéis encontrar las cuestiones técnicas relacionadas con las fotos en mi página sobre técnica fotográfica, en Tercera semana de aislamiento social – Minox 35 GT-E + Ilford FP4 Plus 125.

Pero me ha parecido interesante hablar un poquito más de las fotografías.

Con la tercera semana, comenzó la primera prórroga del estado de alarma. Y se extremaron algunas medidas. Se suspendió la actividad laboral en todas las empresas no esenciales. Se clausuraron, se encintaron o vallaron, las entradas a los parques y jardines públicos. De repente, todo estaba realmente mucho más vacío.

También fue una semana en la que bajaron las temperaturas apreciablemente. Y llovió varios días. Esto generó que las calles aún se quedaran más vacías. Y nos desmoralizó un poquito a quienes trabajamos en sanidad. Todos los datos indican que el nuevo coronavirus se transmite con más facilidad en tiempo frío. Un tiempo cálido con una humedad ambiental elevada parece que limita la transmisibilidad. Pero frío, con lluvia,… mal rollito. Dos semanas más tarde no parece que haya afectado de forma importante a la curva epidémica.

También percibí fenómenos que me resultaban hasta cierto punto paradójicos o contradictorios. Los centros educativos, incluidos los universitarios, se encontraban cerrados para incrementar el aislamiento social y disminuir la transmisión del virus. Pero ver la facultad de Medicina cerrada y abandonada, cuando los alumnos de la misma deberían estar inmersos en el estudio y en el seguimiento de la pandemia, como una parte de su formación que en la que muchos de sus futuros compañeros, médicos, cojean. Porque ha habido poca sensación de riesgo de que surgiera una pandemia. A pesar de que en mi «corta» vida, me consta haber vivido ya cinco pandemias, incluida la presente.

Y sobretodo, la extraña sensación de ver prácticamente vacías las calles y las avenidas de Zaragoza a horas en las que el bullicio y el tráfico las inunda. Una sensación que vivimos en esos días y que se ha ido perdiendo poco a poco. En estos momentos, todo está mucho más concurrido que hace dos semanas.

Son tiempos nuevos, son tiempos extraños. Pasarán. Pero no sabemos que repercusiones sociales, culturales o políticas llegarán. Están los optimistas que hablan de una mejora en las relaciones humanas y en la solidaridad… pero con los antecedentes de las dos últimas décadas es difícil ser optimista. Por ejemplo, me cuesta conciliar los «aplausos» de las ocho de la tarde hacia los profesionales esenciales, sanitarios y otros, y los casos de rechazo o miedo vecinal ante esos profesionales que se empiezan a detectar. Muchas de las máscaras que se ven en los rostros de la gente son más reflejo del miedo hacia el otro, que del deseo de proteger al conciudadano. Recordemos el ejemplo de los hoplitas griegos cuando entraban en batalla. Con la mano derecha blandían la espada y luchaban con el enemigo, con la mano izquierda sujetaban el escudo que protegía a su compañero, mientras eran protegidos por el escudo de otro compañero. Esa es la idea, no la del miedo y la protección egoista. Porque esa, no resulta.

Los tranvías de Zaragoza, en uno de sus sentidos, llevan a «Mago de Oz»; pero a los burócratas del ayuntamiento les faltó imaginación para tender las vías sobre un camino de baldosas amarillas…

[TV] Cosas de series; segunda ronda de aventuras espaciales,… o así

Televisión

Es irónico que en esta época donde pasamos más tiempo en casa que nunca, mi actividad en este Cuaderno de ruta haya bajado tanto. Cuando habitualmente escribo 6 o 7 entradas por semana, la pasada me quedé en tres. Pero claro… aunque tenemos el cine en las plataformas de vídeo bajo demanda, hace semanas que no vamos a un estreno en salas comme il faut. Y si ya, antes de las medidas de emergencia estaba en crisis lectora,… ahora no me concentro en la lectura ni por lo que se dijo. Si sumas que en estos días dedico más tiempo a refrescar mis conocimientos como especialista en medicina preventiva y salud pública en materia de epidemias, que a leer sobre mi afición a la fotografía, ahí se pierden varias oportunidades para escribir en estas páginas. Y no, no me siento tentado a escribir sobre LA epidemia. Aunque creo que mis palabras serían mesuradas y correctas en función de la ciencia conocida, a efectos prácticos lo único que sucedería es aumentar el ruido de fondo que ya existe sobre el tema. Conclusión, desde el viernes no he escrito nada.

Picard se asocia a su origen francés y a sus viñedos. Pues nada, viñedos en Alsacia, para ilustrar la entrada de hoy.

Hoy me dedicaré a la televisión, que eso no falla. Ya dije hace dos semanas que había visto unas cuantas series con aventuras espaciales, de las que ya adelante mi comentario sobre un par de ellas. Vamos ahora con las otras dos.

La primera de ella es la segunda temporada en Netflix de Altered Carbon. Ese futuro interestelar y distópico en el que es difícil morir si puedes trasladar tu conciencia y tu ser de un cuerpo a otro. Ha seguido en la línea de su primera temporada. Mucho protagonista musculado, bastante violencia, protagonistas conflictuados frente a los malvados tradicionales de este género de series. Tengo cierto límite de tolerancia hacia este tipo de productos, y creo que he llegado al mío. La serie no está mal, pero te tiene que gustar este tipo de series de ciencia ficción, más basadas en los excesos de testosterona que en tramas sutiles o en reflexiones sociopolíticas. No puedo asegurar si veré más temporadas, pero en estos momentos no me supondría ningún problema si desapareciera del futuro televisivo.

Una serie que me despertó cierta expectación, aunque un interés moderado, fue Star Trek: Picard, la última de la veterana franquicia de aventuras espaciales buenrollistas, que se puede ver en Amazon Prime Video. Nunca he sido un trekkie. Guardo un recuerdo cariñoso de los episodios que veía de la serie original en mi infancia, pero las película que empezaron a hacer a partir de 1979 y las series posteriores me han parecido siempre un tanto… cutres. Lo aceptable en los años 60 no me convenció tanto con posterioridad. Pero la penúltima serie de la franquicia sí que me gusto, especialmente en su primera temporada, gracias a una trama bastante interesante y a personajes más interesantes que los habituales, con más conflicto e imprecisión ética que el buenrollismo habitual de la serie. Y eso elevó mis expectativas por evoluciones futuras. Pero con un interés moderado, he dicho, puesto que Picard (Patrick Stewart) es un personaje que me cae… mal. Y especialmente, las películas que protagonizó en los años noventa eran malas de narices. La serie… con ese conflicto entre humanos (y otros alienígenas) y las inteligencias artificiales con aspecto antropomórfico… mucho mejor como producción que muchas series de la franquicia anteriores, pero con un interés limitado. A estas alturas, el tema de los androides con inteligencia artificial y aspecto humano se ha tratado un montón de veces mucho mejor que en esta ocasión. Las aventuretas son pasables. Y Picard,… sigue siendo un personaje que no me cae especialmente bien.

Y vale por hoy. Aunque según como evolucione la cosa, igual aumento el número de comentarios televisivos para que no se me acumulen las series interesantes que estoy viendo.

[Cine en TV] A dog barking at the moon (2019)

Cine

A dog barking at the moon (2019; 19/20200409)

Que no nos engañe el título oficial de la película en inglés. Estamos ante una película china, hablada en mandarín, con algunos pocos y pequeños diálogos en inglés, opera prima como directora de Lisa Zi Xiang, que ha llamado la atención en algunos festivales, especialmente por romper uno de los tabúes más poderosos de la República Popular China, el de la homosexualidad. La película se ha estrenado directamente en Filmin, recientemente.

Zi Xiang nos cuenta una historia familiar a través de tres momentos en la historia. En la época actual, cuando Xiaoyu (Nan Ji; conocida también como Gaowa Siqin; Zhang Yinyue, de joven), la hija del matrimonio formado por el Tao (Wu Renyuan), el marido, y Jiumei (Naren Hua, nombre mongol, conocida también por su nombre chino Renhua Na; Jiang Bing, de joven), la esposa, visita a sus padres en Pekín cuando está en avanzado estado de gestación en compañía de su marido occidental. Pero la visita no será fácil, porque la vida familiar ha venido marcada por dos hechos; la muerte del primogénito varón de la familia en la época del hijo único en China, seguida por el nacimiento de una niña, infausto para muchas familias, y por el descubrimiento de que el padre mantiene relaciones homosexuales con amantes masculinos. Para comprender la historia al completo, esta hace visitas al pasado, tanto al momento en que Xiaoyu era un joven despierta e inteligente en su edad escolar, como al momento en que Jiumei y Tao eran novios, y la Jiumei vivía en una residencia con su mejor amiga, Yuanyuan (Ming Xing).

La película, según leo, está rodada en Pekín, aunque se hacen menciones a la «Ciudad de Hielo», o sea, Harbin, en Manchuria. No conozco todavía Pekín, una omisión que se hubiera solucionado dentro de unas semanas si no se hubiera dado la inoportuna irrupción de un conocido virus que nos llegó… de China.

Con una realización sobria, de escasos movimientos de cámara, muy estática, muy austeramente pero correctamente iluminada, con una acción pausada, más basada en diálogos y en reflexiones silenciosas, Zi Xiang nos va descubriendo la historia detrás de las complejas relaciones entre los miembros de esta familia. Y trata al mismo tiempo diversos temas y sus implicaciones en la sociedad china, mucho más tradicional de lo que podríamos llegar a pensar en unos tiempos en los que sacan pecho por sus logros tecnológicos. La homosexualidad, por supuesto, es uno de ellos. Las consecuencias de la política de hijo único y el sexismo de la sociedad china, es otro. El rol de esposa de la mujer, la necesidad de transmitir el apellido a los descendientes, la aparición de sectas (sí, incluso ese budismo que tiene tan buenas relaciones públicas en occidente, aparecen nocivas sectas que buscan sangrar a sus fieles ofreciéndoles falsas esperanzas de salvación), y, en un momento dado, la homosexualidad femenina, todavía más oculta que la masculina.

La película gana con el recuerdo. Cuando han pasado unas horas eres consciente de la notable profundidad de sus propuestas, de la excelente interpretación de su reparto. Pero hechas de menos una realización menos fría, que te permita empatizar más y mejor con los personajes y sus motivaciones. Motivo por el que, aunque me parece recomendable, no pasa del aprobado.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Yendo y viniendo al trabajo en la segunda semana del estado de emergencia

Fotografía

Pues eso. Estando designado como servicio esencial en mi centro de trabajo, sigo yendo y viniendo a trabajar durante el estado de emergencia debido a la epidemia de enfermedad por el nuevo coronavirus. Y de acuerdo a lo que empecé a hacer desde que comenzó este estado de emergencia, llevo una cámara a cuestas con un rollo de película en blanco y negro. Os dejo con la cámara y con algunas fotos de la segunda semana. Aunque en el momento en que publico esto estamos a mitad de la cuarta semana. Los detalles técnicos, que en esta ocasión son muy sencillos, en Segunda semana de aislamiento social – Cámara Safari Indiana Jones + Ilford HP5 Plus 400.

[TV] Cosas de series; cómo he podido vivir sin Villanelle (y sin Eve) y algo más

Televisión

Cambio el orden previsto que tenía de comentarios televisivos. Dejo lo que me quedaba de aventuras espaciales y ciencia ficción para otra semana y hoy me centro en dos series que, por muy distintas razones, me han tenido de lo más entretenido. Lo cual ya está muy bien.

Lo primero. Lo más importante. No entiendo cómo he podido vivir hasta ahora sin Villanelle (Jodie Comer) y Eve Polastri (Sandra Oh). Killing Eve lleva ya dos años pululando por el mundo televisivo. Producido para la BBC América y distribuido mundialmente por HBO, ha recibido el aplauso prácticamente de la crítica y el público. Pero por algún motivo que no puedo entender, a mí no me había atraído. Hasta que hace menos de dos semanas le di una oportunidad al primer episodio. Y ya me enganche de forma que he visto los 16 episodios de 45 minutos que conforman las dos primeras temporadas en prácticamente diez días. O quizá menos. No sé. Muy deprisa. Bien hecha, bien interpretada, con un guion que en muchas ocasiones es un no parar, con humor, con personajes carismáticos. Tomando todos los tópicos del cine de espías y de asesinos, asesina en este caso, sociópatas, asumiéndolos y, al mismo tiempo, poniéndolos boca abajo. Espero con ansiedad la tercera temporada que se ha anunciado para dentro de una semana. Un par de semanas antes de lo previsto. Algo de bueno tenía que tener el coronavirus. Sólo encuentro un motivo de crítica, algo en lo que discrepo totalmente. ¿De dónde coño se sacan que Villanelle tiene las tetas pequeñas y está delgada? Que conste que yo no le pondría ni quitaría absolutamente nada, y que su principal atractivo está en otras cuestiones más importantes. Pero vamos… Se me olvidaba, menciones especiales para los secundarios, especialmente para el danés Kim Bodnia, cuyo buenhacer pudimos comprobar en las primeras temporadas de Bron/Broen.

La segunda temporada de «Killing Eve» termina con una dramática escena entre los monumentos de la Roma clásica que podemos suponer cómo se resuelve,… porque un rato antes nos han dado una pista para que nos cosquemos del asunto. Pero bueno, los que prefieran sentir que están en ascuas, mejor para ellos.

En otro orden de cosas, me he merendado las épicas aventuras de la surcoreana Naui Nara [나의 나라; mi país], conocida en Netflix con el título «internacional», o sea, en inglés, de My country; the new age. Situada la acción en la transición entre el reino o dinastía de Goryeo y el reino o dinastía de Joseon, a finales del siglo XIV. La trama sigue las aventuras y, sobre todo, desventuras de dos jóvenes. Uno, Seo Hwi (Yang Sejong), huérfano de un famoso general que fue acusado injustamente y obligado a suicidarse, quedando sus hijos en desgracia. El otro, Nam Seonho (Woo Dohwan), hijo bastardo de un intrigante ministro de la corte. Está la chica, Han Heejae (Kim Seolhyun), una muy guapa cantante pop reconvertida en actriz que, afortunadamente, es más que un florero en la trama. Todo ellos rodeados de unos malos muy malos, y de unos compañeros más o menos serios más o menos cómicos, para relax de las muchas tragedias y maldades que suceden. Con algunas cosas ridículas como… los extras y secundarios se mueren en cuanto les enseñas la espada, mientras que los principales pueden recibir infinidad de cuchilladas y atravesamientos de espada, incluso con veneno, y aun así sobrevivir, lo cierto es que es muy dinámica y entretenida. Y se nota que han echado el resto en el esfuerzo de producción. Bajo el sello de Netflix para el mundo mundial, es de lo mejor que ha impulsado esta cadena, aunque las interpretaciones, especialmente de los actores y actrices más jóvenes sean manifiestamente mejorables. De todos modos… está muy bien… para ser surcoreana. Que conste y que nadie se llame a engaño.