[Libro] Lagartija – Banana Yoshimoto

Literatura

Durante el mes de agosto me volvió a afectar uno de los bloqueos lectores que me vienen sucediendo desde que empezó el año. A finales de julio estaba contento porque parecía que había recuperado cierto ritmo de lectura, e incluso estaba dentro de mis objetivos de lectura para este año (no sé si podréis ver el enlace, o sólo lo veo yo porque estoy identificado en Goodreads) El caso es que como este año me he ido solo de vacaciones, cosas del coronavirus, a la isla de la Palma en Canarias, me fui pertrechado de unos cuantos libros, casi todos de autores nipones, no muy extensos, y que me pudieran interesar. A ver si rompía el maleficio. Y funcionó. Leí cuatro. Vuelvo a estar a tiro de mis objetivos anuales. Y os hablo del primero, una colección de relatos de Banana Yoshimoto, una autora que cada vez me interesa más.

Tokio… y gente en Tokio, lo más adecuado para la entrada literaria de hoy.

Son relatos cortos de «juventud», escritos en los años 90. Yoshimoto es un año más joven que yo. Por eso he entrecomillado la «juventud». Ciertamente estaría en sus veintimuchos o treintaypocos cuando los escribió, así que no me refiero a relatos de juventud adolescente o de su epoca universitaria. Eso se refleja en las edades y circunstancias de los protagonistas de los relatos. Las preocupaciones de un recién casado que no acierta a bajarse del tren de cercanías cuando iba a su casa. La conflictuada infancia de la «Lagartija» que da título al volumen. Una cita un domingo por la tarde entre dos jóvenes. Un matrimonio de dos personas que han sido amantes durante años antes de que el marido se divorciara de su primera mujer. Una joven que intenta descubrir sus valores y sus referencias en la vida después de haber vivido hasta los 18 años con sus padres en una comunidad religiosa. Y mi favorita, la mujer que habiendo vivido una juventud en una actividad sexual casi desenfrenada, afronta un matrimonio muy convencional, con un gran río como metáfora. Y todas ellas en Tokio, siendo la capital japonesa un personaje secundario pero fundamental en el desarrollo de las historias.

Son especialistas los japoneses, sea en literatura o en el cine, en hacer de las ciudades, de los lugares, un protagonista más de sus historias. Que no necesariamente tienen un principio nítido ni final claro. Todos los protagonistas de las historias de Yoshimoto viven en conflicto con su pasado. Pero para todos ellos también se abre una puerta de esperanza de cara al futuro. Lo que hace que finalmente te dejen de buen humor. Y me gusta cómo adopta el realismo fantástico, con historias muy cotidianas y contemporáneas, pero con esos puntos de fantasía y misterio que dan a las historias una sal y pimienta que las convierte en más sabrosas.

Como decía al principio, aunque es acusada por algunos de ser excesivamente comercial, a mí, Banana Yoshimoto cada vez me convence más.

[Arte y foto] Día mundial de la fotografía, como una de las bellas artes

Arte, Fotografía

En algún momento se decidió que el 19 de agosto fuese el día mundial de la fotografía. El motivo de elegir este día fue que coincide con el aniversario del día en 1839 en que Louis Daguerre presentó su invento, el daguerrotipo. Esto siempre me ha supuesto un problema… porque Daguerre no es un tipo que goce de mis simpatías. Aunque indudablemente contribuyó al nacimiento y divulgación de la técnica fotográfica, era más negociante que otra cosa y no tuvo muchos escrúpulos. Especialmente con uno de los pioneros importantes de la fotografía, Joseph Nicéphore Niépce, cuyos experiencias y conocimientos aprovechó para su propio beneficio. El otro gran pionero de la fotografía fue el británico William Henry Fox Talbot. Si Niépce fue primero, los procesos de Talbot fueron los que dejaron herederos y fueron realmente precursores de lo que vino después. A cada uno, lo suyo.

Las fotografía de la entrada de hoy proceden de la exposición de la Lonja, «El sueño de la razón».

Pero estos inventores y pioneros desarrollaron técnicas. Porque, en el debate sobre si la fotografía es una de las bellas artes o no, yo tengo una idea clara. En principio, la fotografía es una técnica que aprovecha determinadas leyes de la naturaleza, estudiadas por la física y la química, para la reproducción de imágenes tomadas de la realidad. Que sea un arte o no, no es algo intrínseco a la fotografía, sino a la intención del fotógrafo o del artista que adopta la fotografía como un medio de expresión principal o accesorio en su trabajo. Lo que define la obra de arte, en mi humilde opinión, es la intención del artista. Y no nos olvidemos de una cosa. Imagen bella no es igual a arte. Las fotografías astronómicas que vemos, tomadas por el telescopio espacia Hubble u otros, son de gran belleza. Pero su objetivo es la ciencia no el arte. Aunque sea como digo apabullantemente bellas. Y por el contrario, existen obras de arte, también mediante técnicas fotográficas, que no son bellas, pero son arte.

Dicho lo cual, una de los grandes logros de la fotografía fue ayudar a la liberación de otras artes. No voy a decir que fuera la principal responsable, pero ayudó. Haciéndose cargo de la tarea de representar con más o menos fidelidad los acontecimientos y lo que hay en el mundo, permitió que otras artes se liberaran de esta función, especialmente la pintura y la escultura, que dejaron de tener como objetivo trasladar el mundo a un lienzo o una pieza del material escultórico que fuera con fidelidad. Y llegó el impresionismo, el fauvismo, el expresionismo, la abstracción, lo conceptual, el surrealismo, el dada,… y tantos otros. Hasta que la propia fotografía se liberó de su función documental inicial y recorrió libremente los caminos de la creatividad y de los conceptos.

El domingo pasado estuvimos visitando la exposición actual en la Lonja de Zaragoza, El sueño de la razón, en la que 53 artistas contemporáneos recogen el testigo de Francisco de Goya a la hora de tratar los temas, de recoger la visión del aragonés con técnicas modernas, o de homenajear la obra del ilustrado de Fuendetodos. Triste destino, ser ilustrado en la España de principios del XIX. Casi me atrevería decir que sigue siendo un triste destino, ser ilustrado en la España de principios del XXI. La fotografía ocupaba su lugar entre otras técnicas artísticas. Con bastante dignidad. Como técnica principal o auxiliar. En cualquier caso, esa madurez de la fotografía, que va mucho más allá del inmenso bombardeo de imágenes, todas iguales, todas repetidas, que sufrimos en las redes sociales, y que van justamente en dirección contraria de la fotografía como una de las bellas artes. Si esta última va de pensar, reflexionar, diferenciarnos en nuestra variedad, la de las redes sociales, si nos descuidamos, nos lleva a la homogeneización, a la pérdida de identidad, a ser igual a todo y a todos. Tenemos que tener cuidado con lo que celebramos hoy.

[Arte y cultura] Entre lujo y espejos

Arte, Cultura

Quedé con tres amistades el domingo por la mañana. Hacía mucho calor. No apetecía mucho caminar. El sábado por la mañana caminé, cámara en mano, un nuevo rollo de fotos expuestas en el infrarrojo pendientes de revelar todavía, hasta las esclusas de Valdegurriana. Ida y vuelta. Por el camino del canal, vienen a ser 4,4 km. Multiplicados por dos. Como me entretuve haciendo otras cosas, vine a caminar unos 10 kilómetros. Aunque el calor no había atacado plenamente, volví cansado. Más por la necesidad de rehidratación que por el esfuerzo físico, que no supuso mayor problema. Casi todo es recorrido llano. Así que el domingo,… aunque convenientemente rehidratado, todavía estaba con una sensación de cabeza «vacía». Lento. Por eso, cuando dijeron de pasar por Caixaforum, cosa que no hacíamos desde antes del confinamiento por la epidemia de covid-19, me pareció bien.

Como alguien dijo, «hay dos exposiciones, una buena y otra divertida». Y así fue.

Visitamos primero la exposición «Lujo. De los asirios a Alejandro Magno». Con fondos procedentes del British Museum, se centra principalmente en la importancia de los objetos de prestigio, de «lujo», en las relaciones de poder y comercio en las civilizaciones que se desarrollaron en el Levante mediterráneo y Mesopotamia, desde la cultura asiria hasta la desintegración del imperio de Alejandro Magno. Aunque no traigo aquí ninguna foto demostrativa, creo que los objetos que más me impresionaron son los documentos con escritura cuneiforme. Un escritura cuyo desarrollo estuvo muy íntimamente relacionada con el comercio y las primitivas formas de contabilidad. Lujo. Dinero. Comercio. Escritura. Todo está relacionado.

La segunda exposición disponible es «Espejos. Dentro y fuera de la realidad». Esta exposición entraría más bien dentro del terreno de la divulgación científica y de la curiosidad. Y su base está en las propiedades ópticas de los espejos y de los sistemas ópticos formados por estos. Lo engarzan un poquito en lo literario a través de las obras de Lewis Carroll. Pero… bueno. Aunque es muy entretenida. Y para un aficionado a la fotografía es de lo más divertida, quizá le falta un poquito de profundidad en sus explicaciones, quedando en ocasiones más en lo anecdótico que en lo divulgativo. Lo observé porque hubo varios experimentos que la gente no acaba de entender. Como el de la radiación infrarroja que concentrada por una lupa, quema el papel. Es la radiación infrarroja que no vemos y no la luz que sí vemos. O la confusión entre el movimiento de los fluidos, el aire, que rodea a una mano caliente, que la gente confundía con el calor en sí mismo. Y varias otras, esto sólo son ejemplos, obviamente no bien explicadas, porque la gente no se coscaba. Si te lo sabías de antemano, lo disfrutabas más. Pero bueno, todo el mundo se divertía. Tengo que volver con menos gente para hacer mis fotos a placer. Sin nadie dando prisas.

[Libro] Seins et oeufs – Mieko Kawakami

Literatura

La primera que soltará alguno es… ¿qué narices haces tú leyendo un libro de una autora japonesa en francés? Pues es exactamente lo mismo que haría leyendo el mismo libro de esa autora japonesa en español,… si existiese. Y tuviese un precio razonable. Al fin y al cabo, todo son traducciones. Y en la medida en que puedo leer en dos idiomas, quizá tres con un poco de osadía, además de mi idioma natal, aprovecho para acceder a lo que me interesa. Y más si es a un precio razonable. Quizá otro día me extienda algo sobre el tema de las traducciones… pero hoy no tengo ni ganas ni tiempo.

Me quedo con la idea en la cabeza de que el minúsculo apartamento de Natsu se encuentra en Ueno o Asakusa… Así que opto por ilustrar la entrada con algunas fotos del parque de Ueno, que ya fue protagonista de alguna novela que apareció en estas páginas.

Seins et oeufs en francés es traducción literal del original de Mieko Kawakami, Chichi to ran [乳と卵] (yo hubiera leído 卵 como tamago, pero la lectura de los kanji japoneses es todavía para mí un misterio inescrutable). [Mamas, pechos, senos, tetas, óptese por el que se prefiera] y huevos. Es una novela corta, contada desde dos perspectivas. Tenemos a Natsu, una mujer joven de 30 años, natural de Osaka pero viviendo en Tokio, y que sale a recibir a su hermana mayor, de 40 años, Makiko, con su hija de 11 años, Midoriko. Natsu va narrando en primera persona la visita durante dos días de sus dos parientes. La mayor, obsesionada con realizarse una operación de aumento de senos. La niña, que lleva varios meses sin querer hablar con nadie, comunicándose con las anotaciones que hace un cuaderno. La segunda perspectiva serán las reflexiones de la niña, que se intercalan a la narración de Natsu. Reflexiones en las que se muestra tremendamente angustiada por la previsible próxima llegada de su primera regla. Y por otras cosas…

Impresionante reflexión la que hace Kawakami sobre la situación de la mujer en su país, donde su capacidad adquisitiva y su riesgo de pobreza es acusada en caso de divorcio o en caso de tener que criar a sus hijos sola, donde el físico es importante para la posición social, donde muchos niños se las apañan solos ante las ocupaciones de sus padres durante muchas horas y durante horas intempestivas. Sólo por poner un ejemplo de algunos de los temas que afloran. No hablemos ya de los problemas de comunicación en una sociedad naturalmente reservada.

Aunque no faltan elementos de humor en la breve visita de las dos féminas de Osaka a la capital, la breve novela deja tras de sí un inevitable sinsabor a amargura, aun con la esperanza de que algo pueda haber cambiado tras la catarsis a base de huevos que en un momento dado se produce entre Makiko y su absolutamente adorable, en su vulnerabilidad, hija. Me ha gustado bastante. La autora empezó su carrera como contante en los años 2000, pero se pasó a la literatura, y hay quienes la consideran a la altura de algunas plumas consagradas del país nipón.

[Arte y salud] 34 ºC

Arte, Cultura

Desde hace unos años, los primeros domingos de mes, cuando los museos municipales son gratis, teníamos la costumbre de visitar uno de ellos por la mañana y luego tomar un aperitivo antes de volver a casa a comer. Eventualmente, algún pequeño grupo de amigos comíamos fuera. Bien porque el aperitivo contenía una suficiente cantidad de picoteo, que hacía innecesaria una comida formal al mediodía, bien porque nos buscábamos algún sitio tranquilo para comer mientras conversábamos.

La última vez que lo hicimos fue el domingo 1 de marzo, día en el que, como teníamos visitantes de fuera de la ciudad con niños, escogimos el Museo del Fuego y los Bomberos, también aquí. Pero no habíamos vuelto. Primero por el confinamiento impuesto por la epidemia de covid-19. Luego,… porque no hemos vuelto a coincidir en la posibilidad de retomar nuestras agradables rutinas del pasado. Una pena.

Ayer me di una buena caminata en compañía de una buena amiga. Como hice fotos, ya os contaré. Pero a lo tonto modorro, caminamos durante más de 18 kilometros, según he calculado en Google Maps. Así que hoy me lo iba a tomar con tranquilidad. No obstante, no quería apoltronarme en casa. Así que he pensado en bajar al Museo Pablo Gargallo, que abre los domingos a las 10 de la mañana. Bajando pronto, caminando, sin calor, te evitas el encontrarte mucha gente. En los domingo de entrada gratis, solía acudir bastante gente, pero para mí es una incertidumbre lo que hace esa gente ahora. Y el museo ha establecido un límite en el tercio del aforo habitual autorizado. Así que yendo pronto, para llegar poco después de la hora de apertura, suponía que no tendría ningún problema de acceso.

Efectivamente. He llegado poco antes de las diez y cuarto de la mañana. Y aunque las terrazas cercanas estaban muy concurridas de gente desayunando, en el museo, sin contarme a mí, he visto a cuatro empleadas municipales y una visitante. Nada más. Al llegar, una de las empleadas se ha acercado con una «pistola»… que he supuesto era un termómetro. Me ha sorprendido esta práctica como control de acceso de personas infectadas; yo la suponía totalmente desacreditada. Pero parece que está en vigor en las instalaciones municipales. Con un tono cordial, he supuesto que con una sonrisa por la expresión de los ojos, por la mascarilla no veía el gesto en la boca del a empleada, me ha dicho: «34 ºC». He tenido que contenerme para no echarme a reír. Le hecho un comentario sobre la inutilidad de la medida, aunque sin extenderme mucho; aunque también le hecho comprender que ella estaba haciendo el trabajo que le habían encomendado y mi respeto hacia ella.

Si realmente mi temperatura corporal hubiese sido en ese momento 34 ºC… hubiera significado que estaba en hipotermia. No grave. Pero probablemente con síntomas. Torpeza al hablar, escalofrío, cierta descoordinación en los movimientos. La realidad, supongo, es que mi temperatura corporal real estaría en algún punto algo por encima de los 36 ºC. Como venía de la calle, mi piel se encontraba refrescada por el viento fresco que soplaba a esas horas de la mañana. Como he bajado caminando a un ritmo garboso, una fina película de sudor cubría alguna partes de mi cuerpo, y al evaporarse, colaboraba a bajar más la temperatura de mi piel. Con un cierto impacto en mi temperatura corporal, lo cierto es que el paseo ha sido muy agradable, pero ni de lejos para llegar a la temperatura que la empleada municipal ha encontrado tan satisfactoria.

Vamos al mundo real. Si un enfermo de covid-19 está enfermo con fiebre… no tiene ganas para ir a visitar un museo. Nada le obliga y no va. Y si es asintomático, no tiene fiebre y la medida de control es absurda. Además, si suponemos esa diferencia de dos grados entre la temperatura interna de la persona y la de la piel de la frente… una persona con 38,5 ºC podría dar en la «pistola» sólo 36,5 ºC. Y si en lugar de ser un acto de ocio, fuese una obligación… pues es conocido que en los viajes a Asia, cuando se sabe que hay controles de temperatura en el aeropuerto, los viajeros experimentados se toman su comprimido de paracetamol o ibuprofeno 30 o 45 minutos antes del aterrizaje. Incluso lo ofrecen a otros viajeros, para evitar problemas a todos si uno sólo de ellos da una temperatura alta.

Como digo, una medida, la de tomar la temperatura con una de estas «pistolitas», que yo daba por totalmente desacreditada. Lo que no han hecho, algo que sí es una medida adecuada, es ofrecerme un gel o líquido hidroalcohólico para higienizar las manos. Y recordarme evitar tocar nada o acercarme a otros visitantes. Esas medidas sí que son correctas. Como no estábamos más que dos visitante, educados, que no hemos tocado nada… poco problema. Yo he disfrutado, como de costumbre, porque es un museo que me gusta mucho, de la cultura que hoy primer domingo de agosto me ofrece gratuitamente el ayuntamiento de Zaragoza. Y eso está muy bien.

En la plaza de San Felipe y adyacentes se pueden ver fotografías de la iniciativa #desdemibalcón de PhotoEspaña 2020.

[Libro] Tantos días felices – Laurie Colwin

Literatura

En las últimas semanas he recuperado, hasta cierto punto, no es lo que yo acostumbraba, el ritmo de lectura. Cuando llegó el 30 de junio, Goodreads me recordó que estaba un libro por debajo de mi compromiso de leer al menos 40 libros en 2020. O sea, a mitad de año, llevaba 19 libros leídos. Ahora ya me dice que estoy dos libros por encima de lo previsto… Pero a costa de seleccionar lecturas ágiles, de pocas páginas, y que no me atasquen porque su tema o naturaleza hagan que mi cabeza divague. Ahora, por ejemplo, estoy con una novela de Pierre Lemaitre, que normalmente hubiera devorado, pero con la que me atasqué el viernes, por lo que en el fin de semana he leído otra cosa. Ya he vuelto a la momentáneamente interrumpida.

El Nueva York más amable, intelectual y feliz… probablemente irreal, o casi.

Pero lo de hoy, fue una felicidad, como su título de lectura. No conocía yo a la autora. El libro lo compré en las ofertas diarias de mi tienda habitual de libros electrónicos por un precio muy muy razonable a principios de mayo. Y lo dejé ahí para cuando encontrara un hueco. Laurie Colwin fue una escritora malograda por una muerte prematura, con sólo 48 años. Y como tal cosa sucedió hace ya casi treinta años, ha quedado un tanto olvidada fuera de su país natal, Estados Unidos, donde tampoco es una escritora de actualidad. Sin embargo, todo indicaba que sus novelas eran interesantes y me animé. Rescatadas para su tradición al español por Libros del Asteroide, que siempre acogen autores menos conocidos pero interesantes.

Ciertamente, Colwin tiene una escritura amable. Con el Nueva York de los años 70 como escenario, la novela se publicó en 1978, nos presenta las historias y las relaciones, de dos buenos amigos, que se acercan a los 30 años, y que viven sin muchos problemas por tener sus familias una sobrada suficiencia económica y dedicarse ellos mismos a empleos intelectualmente estimulantes y bien remunerados, tras su paso por buenas universidades. Y en estas están cuando conocen cada uno por separado dos mujeres con las que iniciarán relaciones. El libro es el relato de cómo estas relaciones comienzan y se desarrollan en sus primeros tiempos, hasta que alcanzan un cierto grado de estabilidad.

Ciertamente, quien busque profundidad en el análisis de las relaciones sociales, en la complejidad de las relaciones humanas y otras cuestiones parecidas, este no es el tipo de libro. Hay algo de ello, pero desde un punto de vista muy optimista, con «buen rollo». El diseño de caracteres sigue una dirección clara. Dos hombres inteligentes, con una vida fácil, que viven sin preocupaciones, por lo que se comportan de una forma más bien simple. Casi infantil a veces. El problema de uno es que le da demasiadas vueltas a los problemas que no son problemas; el del otro, que está acostumbrado a relaciones muy superficiales con mujeres con las cuales no ha lugar a compromiso de futuro alguno. Y encuentran dos mujeres que cuestionan sus posiciones. Una es directa, franca, dirigida a la acción y a su independencia personal. La otra, procede de una familia judía, y lleva consigo el fatalismo de que «tarde o temprano llegarán los cosacos» y todo se estropeará, y que el hombre del que se enamora… es un idiota. O eso dice ella.

Lectura amable. A veces me recordaba a las historias de Jardiel Poncela, con sus personajes despreocupados y alegres ante los enredos de la vida. Aunque obviamente, formalmente, y culturalmente, están en otro universo. A mí me ha resultado muy entretenida, me ha puesto de buen humor… y se notó porque la leí en pocos días.

[Libro] Los amores de Nishino – Hiromi Kawakami

Literatura

Antes de comenzar la lectura de esta novela o, más bien, conjunto de relatos cortos relacionados entre sí, con un mismo personaje central, dos eran las obras que había leído de la japonesa Hiromi Kawakami, una relación entre un hombre mayor y una mujer en sus treintaytantos, y el peculiar microscomos de una tienda de objetos usados. Ambas me gustaron mucho. Aunque por los motivos que sea, de la que conservo en recuerdo y una apreciación más nítida es de la segunda. En cualquier caso, me parecían buenos antecedentes para afrontar la lectura del libro que comento, un préstamos entre amigos, como se hacían antes. De esos que te da miedo que no te devuelvan el libro, cosa que ya he hecho, comportándome debidamente.

Paseemos por las calles de Tokio una vez más…

Los amores de Nishino es un conjunto de diez relatos con un denominador común. Nishino. Yukihiko Nishino. Sin embargo, el protagonista no este hombre del que a la larga no sabemos mucho más tras el décimo relato que tras el primero. Es atractivo para las mujeres, tiene buenas maneras y detalles, razonablemente hábil en la cama, y capaz de amar a más de una al mismo tiempo. O quizá, incapaz de amar sólo a una en cada momento. Pero hay muchos aspectos de Nishino que no conocemos bien, porque todos ellos están tamizados por la subjetividad de las mujeres que hablan de él. Estas van desde la escolar de 14 años que afronta sus primeras relaciones con los chicos de su edad, hasta la señora mayor, «señora en la flor de la vida» como ironiza con cariño la autora poniendo estas palabras en boca de su personaje, que siente un yo que sé que sé yo por Nishino. Pasando por mujeres de todo tipo que en un momento dado se sienten enamoradas, atraídas, y mantienen una relación, física también por el hombre. Todas son distintas, todas tienen una visión diferente del hombre, aunque haya coherencia entre las distintas versiones de Nishino. Y en realidad, todas nos están hablando más de sí mismas, de sus circunstancias y contigencias, a través de la relación con Nishino, que del propio personaje central. Así pues, ellas son las protagonistas.

No hay agresividades, ni desgarros, ni ira, ni enfados en ninguno de los relatos. Prácticamente todas cierran su etapa con Nishino con una mezcla de alivio y nostalgia. Algunas reconocen haberse enamorado en algún momento del hombre; otras son más reticentes en hablar de amor. Pero ninguna es indiferente. Pero en general, en todas ellas hay una sensación de buen rollo, de buenas sensaciones. Ni siquiera hay enfados por la consciencia de que Nishino, mujeriego impenitente, se vea o pueda estarse viendo con otras mujeres. Al final, sabemos qué piensan estas diez mujeres. Pero, como decía, sólo sabemos a medias lo que pensaba Nishino. Que desde los primeros relatos sabemos que no llega a viejo, y que arrastra desde su adolescencia un trauma familiar. Sabemos que se enamoraba de las mujeres, pero muy poquitas, quizá una de la que nos cuentan su historia pudo ser una posibilidad permanente en la vida de Nishino.

El libro se lee bien, con ganas. La prosa es fluida. Siempre debemos considerar que las traducciones del japonés al castellano son realmente complejas, pero nada chirría en lo que he leído. Transmite bien las sensaciones y los sentimientos de las mujeres. Una vez que empiezas cada uno de los diez relatos te cuesta dejarlo sin haberlo terminado. Con lo que se lee pronto, ya que el conjunto no es muy extenso. A mí me parece muy recomendable. Realmente, esta escritora me gusta bastante. En su tono y en lo que nos cuenta.

[Libro] El extranjero – Albert Camus

Literatura

En los primeros meses del año, enero y febrero, ya lo he comentado alguna vez, sufrí un bloqueo lector. No conseguí concentrarme en la lectura, no importa el libro, el tema, el escritor o las circunstancias. Mi cabeza iba por otros derroteros. Cuando parecía que me iba recuperando, los acontecimientos relacionados con la pandemia de covid-19 volvieron a llevar mi cabeza a otro sitio. Además de la necesidad de dedicar tiempo a la lectura de textos relacionados con mi profesión, soy médico especialista en salud pública, para mantenerme actualizado sobre la mencionada pandemia.

No es que la acción transcurra en París. Ni siquiera en la Francia metropolitana. Pero la capital francesa tendrá que valer para ilustrar una entrada sobre esta novela de autor francés.

Una de las consecuencias es que, salvo alguna excepción, he intentado ir seleccionando lectura de corta extensión para aumentar mi número de «éxitos» a la hora de culminar la lectura de las obras que voy seleccionando. Y así, animarme a mí mismo. Pero a pesar de eso, me está costando mucho. Hace unas semanas, apareció de oferta una de las novelas más más conocidas, la primera que publicó, del escritor y filósofo francés Albert Camus. El extranjero es una de las obras que aparecen entre las selecciones de obras importantes del siglo XX, porque más allá de la historia que cuenta, refleja un pensamiento filosófico que se denomina filosofía del absurdo, que surge cuando entra en conflicto dos conocimientos: a) existimos, b) nuestra existencia no parece responder a ningún propósito ni tener sentido en sí misma.

En esta novela acompañamos a Mersault, un francés que vive en Argelia. Cuando comienza la obra, acaba de morir su madre en una residencia. Luego, durante una primera parte del libro, conoceremos a la mujer con la que mantiene relaciones, a sus amigos, y cómo desarrolla su vida. Pero terminará con un acontecimiento que le llevará a matar a un hombre. La segunda parte del libro trata del juicio que le llevará a una condena.

Esa primera parte del libro, establece el desengaño vital del individuo, representado por Mersault. Nada tiene sentido. El trabajo, el amor, el sexo, los amigos, la familia… la vida en general. Nos dejamos llevar por la costumbre, por deseos y apetitos momentáneos, por que nos empujan los demás. El juicio de la segunda parte, desde los ojos escéptico y desencantados del reo, no deja de aparecer como una farsa sin sentido, en la que a quien realmente se juzga es al individuo que se sale de la norma social, más que la realidad y la gravedad del delito juzgado.

La obra es interesante y con mucha miga. La obra es corta. Debería haberla leído en un par de días,… pero me ha costado dos semanas. Quizá no la más apropiada para mi cabeza en estos momentos. Probablemente recomendable… pero no para gente como yo en estos momentos. Di que lo que he empezado a continuación sí que me ha enganchado y lo estoy leyendo con ganas.

[Libros de arte/exposición] El Gulag, Japón en grabados, y los campesinos y la madre tierra

Arte, Fotografía

Un repaso de novedades bibliográficas y expositivas, de lo que he visto o recibido en los últimos días.

Entré hace unos días en la FNAC… una de esas grandes superficies de las que a veces se dice que «ya no son lo que eran». No sé. Tal vez nunca «fueron lo que fueron», pero ahora tenemos más sentido crítico de lo que realmente nos pretenden vender. El caso es que a mí me viene bien para comprar algún tebeo de vez en cuando y los rollos de 24 exposiciones de Ilford HP5 Plus 400, que vienen bien para las Olympus Pen. Con esos rollos obtienes 48 fotos con estas cámaras. Mejor que esperar a las 72 que te dan los de 36 exposiciones. El caso es que me pasé por la sección de libros de arte y fotografía y encontré un libro «reversible», es decir que tiene dos portadas y no portada y contraportada. Por una de ellas encuentras los 100 aspectos de la luna [月百姿] de Yoshitoshi Taiso, o simplemente Yoshitoshi. Por la otra, las 53 estaciones de Tokaido [東海道五十三次] de Utagawa Hiroshige. Ambos fueron maestros del grabado ukiyo-e. Técnica y estética que cada vez me gusta más. De la editorial Galobart.

Comenté hace unos días que me impresión el trabajo conjunto de los fotógrafos Rafael Trapiello y Juan Manuel Castro Prieto bajo el título Solovki. Solovki era el nombre de lo campos de trabajo en las islas Solovetsky. Estas islas están situadas en el mar Blanco, un profundo golfo que desagua en el oceano ártico, con las costas de Carelia en su lado occidental y la ciudad de Arcánge en su lado oriental. Allí se instalaron durante varios siglos una serie de monasterios ortodoxos, en cuyos terrenos e instalaciones el régimen soviético abrió en los años 20 un campo de trabajo y prisión que dio comienzo al sistema Gulag, de infame recuerdo. Con textos de Antonio Muñoz Molina, ambos fotógrafos presentan una serie de fotografías actuales, en las que recorremos la geografía física, cultural y humana de tan remoto lugar, con un tono melancólico y evocador. Está muy bien.

Finalmente, se ha inaugurado en el IAACC (Instituto aragonés de arte y cultural contemporáneos) Pablo Serrano la exposición Matria de Judith Prat. La intrépida fotógrafa aragonesa, muy comprometida con las realidades sociales de los lugares más complejos del mundo para vivir y convivir, hace un repaso de la realidad de los campesinos, de las gentes que se encargan de cultivar la comida de las que nos alimentamos todos y que muchas veces son los primeros en pasar necesidad. Incluso, paradójicamente, hambre. Con una visión multidimensional y con fotografías de distintos lugares del mundo, la exposición estremece por su mensaje y contenido, al mismo que alegra la vista por la calidad fotográfica de la autora. Muy recomendable.

[Libro] Una comida en invierno – Hubert Mingarelli

Literatura

Esta vez no es un libro que apareciera de oferta en mi tienda de libros «habitual». La entrecomillo porque, dado que las tiendas usan formatos propietarios para los libros que venden con sistemas de protección de derechos también exclusivos, si te regalan un lector determinado, estás abocado a comprar los libros en ese tienda. Y luego las otras se quejan… claro. No se quejarían si tuvieran una posición dominante… claro. Todos critican la ética de los demás aunque todos se comportan igual. El caso es que no era una oferta. Era una recomendación expresa… de no recuerdo quien, aunque me maten. Tengo que acostumbrarme a conservar mis marcadores/recordatorio después de usados…

Distintas vistas en Polonia, fundamentalmente Cracovia y la fortaleza de Malbork.

Hubert Mingarelli es un escritor y guionista francés cuya literatura suele hablar de las relaciones entre hombres principalmente. Entre compañeros, padres-hijos, camaradas en la guerra… este tipo de cuestiones. No parece excesivamente conocido fuera de su país. Pero la sinopsis de esta novela, corta, me interesó.

Mingarelli nos traslada a Polonia, durante la Segunda Guerra Mundial. Tres soldados alemanes se enteran de que ha llegado un grupo. De «gente». E inmediatamente buscan un excusa para salir de patrulla al día siguiente desde primera hora de la mañana. A pesar del tremendo frío y de las malas condiciones. A «cazar» más «gente». Buscan evadirse del trabajo cotidiano de la unidad. Fusilar a la «gente». Así salen y encuentran a un refugiado en los bosques, al que captura. De regreso paran a comer en una casa abandonada. Allí se les une un polaco, mientras intentan cocer un sopa en el gélido ambiente, con agua procedente de la nieve, y con los muebles de la casa como combustible.

Aunque lo supones, aunque lo sabes, hasta la mitad del libro no se menciona que la «gente» son judíos. Y los tres soldados deben de estar asignados a una unidad de los einsatzgruppen, los grupos militarizados de las SS, aunque también de la wehrmacht, encargados del exterminio de judíos y otras minorías. Por sus conversaciones, por sus edades, rondan los cuarenta, probablemente no son fanáticos enrolados para ello. Son reservistas destinados a ello mientras otras tropas más jóvenes están en el frente. Es la impresión que da. No es explícito el libro. El relato habla del agotamiento moral de estas personas, de su añoranza de la normalidad, de las familias. De su extraña relación, tanto con el prisionero judío como con el polaco. El polaco es tan despreciativo con el judío o más que los alemanes, que desprecian más al polaco que al judío. En cualquier caso, alrededor de esa cazuela donde cuece la sopa van surgiendo los dilemas éticos imposibles de una guerra inhumana y deshumanizante.

No son muchas páginas. No pueden ser. Muy bien escrito, pero muy complejo y difícil de leer. Por las implicaciones. Por lo que se cuenta y por lo que no se cuenta. Porque, al fin y al cabo, esos tres soldados, el polaco y el prisionero judío, no son monstruos. Son seres humanos corrientes en una situación monstruosa. Recomendable, sin lugar a dudas.

[Libro] La brigada de Anne Capestan – Sophie Hénaff

Literatura

Ya lo he comentado en otras ocasiones. Mantengo una difícil relación con el género policíaco o el género negro. Que a veces coinciden en un mismo relato, y otras no. Por ejemplo, la novela que traigo hoy me parece una novela de policías,… pero no con los elementos más propios del género negro. En la novela policíaca, lo importante es la resolución de los casos. En la novela negra, lo importante es la vivencia de los personajes que viven en un entorno donde el crimen o los crímenes se dan. Es mi apreciación, en grandes trazos, de la diferencia entre ambos géneros, que no obstante, en ocasiones se mezclan. El caso es que cuando alguna novela de estos géneros me gusta, me suele gustar mucho. Pero mucho mucho. Por contra, es algo que sucede en muy pocas ocasiones. La mayor parte de las novelas que leo con estos temas me dejan… muy frío. Claro. No las leo de seguido… sería masoquista. Pero de vez en cuando intento encontrar esa que me va a gustar… mucho mucho.

En los últimos tiempos he mantenido buenas relaciones con el policíaco/negro francés. El polar, que llaman ellos. Especialmente con determinadas novelas de Pierre Lemaitre, aquí y aquí. Y quizás aquí. Quizá por eso, cuando vi de oferta la primera novela policíaca de la francesa Sophie Hénaff, y leí algunas críticas alabándola, me animé con ella. La escritora sólo lleva en su haber tres novelas, las tres policíacas, y las tres con la misma protagonista, la comisaria caída en desgracia Anne Capestan, y su brigada de marginados de la policía. Una cosa me llamó la atención… el título original de la novela es Poulets grillés, pollos a la parrilla. Y creo que hubiera estado bien conservarlo en la traducción… pero bueno,… los editores piensan que los lectores son tontos y que hay que darles todo mascadito para que se enteren.

Como ya he dicho, los protagonistas son policías marginados por uno u otro motivo de la división de policía judicial de la policía nacional francesa en París (mi «nomenclatura» no pretende ser precisa, sólo orientativa; la organización de la policía francesa, teóricamente similar a la española y a otras de países occidentales, no deja de ser liosa en ocasiones). Son reunidos bajo el mando de Capestan, suspendida recientemente de funciones por haber matado a un delincuente a tiros, y se les encomiendan casos no resueltos y prácticamente abandonados. Pero dos de ellos llaman la atención de Capestan, resultarán relacionados, y constituyen la base del misterio a resolver. Así como el del porqué de la creación de esta peculiar brigada de policía.

La novela pretende tener un tono más bien humorístico y desenfadado. No profundiza en exceso en los dramas personales de los protagonistas, por lo que se convierte más bien en una whodunit policial, sin grandes rastros de lo que sería el género negro. Sin embargo, en mi caso por lo menos, fracasa muy pronto en tres grandes aspectos. Uno, no siento una especial empatía sobre esta banda de policías marginados, ni siquiera sobre su personaje principal, Anne Capestan. Dos, el caso sobre el que trabajan no despierta ningún interés intelectual por mi parte y me resulta rutinario. Tres, el humor que se supone que destila la novela no me alcanza,… y no añade ningún aliciente que haga que se sobreponga a los dos anteriores hándicaps. Por lo tanto… me he tenido que obligar a terminarla, porque he estado a punto de abandonarla varias veces. Y una novela que no me debería haber durado más que una semana o semana y media como mucho, se ha prolongado durante tres semanas, arruinándome el promedio que debería llevar para mis objetivos de lectura anual.

En Goodreads me propuse leer al menos 40 libros este año, siempre soy modesto en mis pretensiones, aunque en 2019 alcancé los 53; 46 en 2018. Hemos llegado a la mitad de 2020, y sólo llevo 19. Uno bajo par. Con 329 páginas por libro en 2018, 280 páginas por libro en 2019 y 219 páginas por libro en lo que va de 2020. No llevo un año muy brillante en la cosa lectora, no. Con varios bloqueos, algún abandono y algunas novelas que me han defraudado.

[Arte y fotografía] Revista «Exit» y exposición en la Lonja

Arte, Fotografía

Poco a poco se van normalizando las actividades cotidianas. También las culturales. Dentro de eso que llaman «nueva normalidad», que es bastante anormal, pero bueno… menos da una piedra.

Las fotos acompañantes están tomadas en la Lonja de Zaragoza y corresponden a las obras de Paloma Navares, allí expuestas.

En la vísperas del establecimiento del estado de alarma en todo el país, me llegó el mensaje de Librería Cálamo de que tenían disponible el número 77 de la revista Exit. Una revista que considero imprescindible para todos los amantes de la fotografía. Sus números son bilingües, español e inglés, son temáticos y suelen contener una cuidada selección de fotografías y autores. Clásicos y contemporáneos. Para mí es un acontecimiento necesario cada tres meses. Si llego a retrasarme un par de días a la hora de ir a recogerlo,… hubiera tardado un par de meses o algo más en poder hacerlo. Con el número 77, la revista estrenó un nuevo diseño, aunque su organización general no ha variado mucho. Es algo más ligera, más sobria de aspcto, lo que no me parece mal, pero su forma de presentar los contenidos es muy similar. Ese número 77 se dedicaba a las minorías en las comunidades. Minorías de todo tipo en comunidades de todo tipo. También incluye la sección Portfolio, destinada a exponer el trabajo de fotógrafos emergentes, aunque su trabajo no esté relacionado con el tema del número.

El destino ha querido que poco después de llegada la «nueva normalidad», es decir, tres meses después, me haya llegado un nuevo mensaje de Cálamo informándome de la disponibilidad del número 78, con el sugestivo tema Exploradores, aventureros y náufragos. Con este número se ha despertado el niño/adolescente que leía los libros de Verne, Salgari, Defoe o Stevenson, entre otros. Y cada día desde que la fui a buscar dedico un rato a repasar las fotografías que me llevan a todo tipo de lugares y aventuras, aunque con una mirada, obviamente, más adulta. Se está convirtiendo en poco tiempo en uno de mis números favoritos. Por cierto… mi obra favorita de Stevenson no es La isla del tesoro, que es la que todos conocen y suponen. Mi favorita es El diablo de la botella, un maravilloso cuento con viajes y aventuras y… mucho más. Y la que más me gustaba de jovencito, porque tuvo también una versión en forma de teleserie, La flecha negra.

Y este sábado nos hemos acercado a visitar una exposición. A la Lonja de Zaragoza. Donde nos tomaron la temperatura, medida que hace tiempo que se reveló inútil para controlar la difusión de enfermedades infecciosas. Anda que desde hace años no hay cantidad de gente que un ratito antes del aterrizaje en un aeropuerto asiático se toman su dosis de ibuprofeno o paracetamol, para evitar ser pillados en el control de temperatura en el aeropuerto. Yo lo he visto hacer en Tokio, Hong Kong, Seúl y Shanghái. En cualquier caso, pasamos, con nuestras mascarillas puestas y tomándonos un chupito de ginebra transdérmica gracias al correspondiente gel hidroalcohólico. En la actualidad hay una exposición retrospectiva de Paloma Navares bajo el título El vuelo 1978-2018. Es una colaboración con el Museo de Arte contemporáneo de Castilla y León. La programación de la Lonja suele pecar de ser un tanto clásica en sus contenidos, asomándose tímidamente de vez en cuando a la modernidad más contemporánea. Como en esta ocasión. El objeto de estudio artístico de Navares es la mujer, con un abordaje multidimensional y muldisciplinar. A mí me ha gustado. Y no me hubiera importado echarle otro vistazo si no fuera porque creo que este domingo pasado era el último en el que la exposición estaba abierta.