[Libro] Territorio de luz – Tsushima Yūko

Literatura

Tsushima Yūko (recordemos, en japonés, primero el apellido) es una de las escritoras más reconocidas del siglo XX. Murió relativamente joven hace cuatro años, y hay quien ha comparado la profundidad de sus novelas y el tono de las mismas a las de Virginia Woolf. No me siento capacitado para saber si esto es así. No se me da bien leer a Woolf. Todos tenemos nuestros defectos. El caso es que hasta hace muy poquito no había nada traducido y publicado en castellano de Tsushima, según creo. No estoy seguro cien por cien de que no haya alguna obra publicada en castellano previamente y ya descatalogada, pero parece que no. Hasta que el año pasado Impedimenta nos trajo la que muchos consideran su obra más significativa.

Algunas escenas tokiotas, ciudad donde parece transcurrir la acción de la novela de hoy. Salvo una excursión de la protagonista a una ciudad cercana con puerto… que debe ser Yokohama.

En Territorio de luz, Tsushima nos habla de cómo una mujer joven, con una niña de dos años, vive el proceso de separación y divorcio de su marido, quien ha decidido unilateralmente romper la relación e irse a vivir con otra mujer, dejando a la protagonista del relato con la obligación de buscar dónde vivir y mantenerse a sí misma y a su hija con su magro sueldo, ya que el exmarido le anuncia que ni tiene dinero para ayudarle con la niña ni se prevé que lo vaya a tener y se desentiende de esas obligaciones, aunque es reacio a firmar los papeles del divorcio. Durante un año, acompañaremos las vivencias de esta bibliotecaria, con los vaivenes emocionales que la soledad, las dificultades de la maternidad monoparental, las dificultades de relación con otras personas y las estrecheces financieras imponen.

Escrita en 1979, el entorno en el que suceden los hechos es inequívocamente nipón. La gran urbe que es Tokio, con su vertiente deshumanizadora, con los lastres que imponen los precios y escasez de la vivienda, con los largos desplazamientos, con las dificultades de las mujeres en un país en el que, incluso cuarenta años más tarde se siguen manteniendo fuertes desequilibrios laborales y salariales entre hombres y mujeres. Pero al mismo tiempo, no deja de ser un tema absolutamente universal. El derecho al divorcio y a rehacer su propia vida, como un logro para las mujeres, se convierte también en un terreno minado por la precariedad económica, el riesgo de pobreza, los prejuicios de las sociedades más conservadoras, la atadura de los hijos que con en la mayor parte de los casos quedan bajo la responsabilidad de la madre, que recibe una ayuda limitada, muchas veces escasa o insuficiente, a veces nula, del padre de los mismos. Lo cual agrava los riesgos mencionados. Y el sufrimiento moral, por la sensación de fracaso ante un proyecto de vida que se viene abajo.

La heroína de esta novela, porque lo es, es una heroína con graves defectos. Si lo miramos desde el punto de vista de cómo nos presenta la ficción a los héroes/heroínas de las historias. Pero dicho de otra forma o visto desde otro punto de vista es una heroína que surge entre la gente común, como cada uno de nosotros, con sus miedos, sus inseguridades, sus pequeños defectos, sus momentos de debilidad, a los que tiene que sobreponerse constantemente. La novela tiene momentos duros, muy duros. Y quizá por eso, y porque a mi cabeza le cuesta concentrarse últimamente, me ha costado leerla mucho más de lo imaginable. No es muy larga. La comencé con ganas, pero luego se me vino un poco encima… hasta que pude retomarla y terminarla. Pero no es una historia desesperanzada ni mucho menos. Si la protagonista va buscando la luz constantemente en un mundo que percibe cada vez más oscuro, hasta físicamente en uno de los capítulos más terribles de la novela, la escritora ofrece al final del libro, con la llegada de una nueva primavera, una salid más luminosa.

A pesar de mis bloqueos lectores, considero que es una novela muy recomendable, y me gustaría que se publicasen más relatos de esta escritora. Creo que me apetecería mucho leerlos.

[TV] Cosas de series; animación occidental y espionaje oriental

Televisión

Si la semana pasada tocaba hablar de animación japonesa, hoy nos volvemos hacia la USAmérica. Otras dos series de animación, más o menos interesantes. Y si la semana complementaba la entrada con una serie documental, más bien de entrevistas, esta semana lo haré con otra. Curiosamente si la de la semana pasada se centraba en USAmérica, concretamente en Nueva York, la de esta semana se centrará en el Asia oriental.

Unas cuantas fotos de Dinamarca en honor a los infiltrados en Corea del Norte. Se lo merecen.

Star Trek: Lower decks es una serie de animación del universo Star Trek, como habréis podido suponer, en Amazon Prime Video. En principio, no me interesó. Aunque he ido viendo cosas de la franquicia, y Star Trek: Discovery tuvo una muy interesante primera temporada, bajando luego progresivamente este interés, tengo problemas para interesarme en ese universo. De hecho, creo que la primera temporada de Discovery me gustó porque era la menos trekkie de todas las que había visto. Y porque salía Michelle Yeoh. Y de hecho hubo quejas entre los fanáticos de la serie por los mismos motivos por los que a mí me gustó. Conforme han devuelto a la serie el «espiritu de la franquicia»… me ha ido pareciendo menos interesante, aunque no está mal. Bueno… el caso es que no contemplé verla, hasta que leí un par de artículo por ahí que la ponían bien. Tratándose de 10 episodios de unos 25 minutos de duración, me pareció poco riesgo, y me puse. Y me entretuvo. Se trata de las aventuras de una nave espacial que no está entre las punteras e importantes de la flota, y se centra en los tripulantes de las cubiertas inferiores, que se dedican a tareas de mantenimiento y otras poco glamurosas. Eso sí… parece que en el universo Star Trek no hay soldados rasos o marineros rasos o tripulantes rasos o como se llamen rasos. Todos son alféreces (ensign), aunque relativamente torpes, inexpertos e ineficaces. El tropo principal de la situación es que una de estas tripulantes es hija de la capitana y de un almirante, es muy inteligente y capaz, pero muy rebelde al sistema. La serie tiene una cierta dosis de parodia de la propia franquicia, pero sin perderle el respeto. Y eso hace que navegue entre dos aguas. Cuando asoma un poquito de mala baba paródica, la serie se alza un poco, pero nunca llega a despegar. Por lo que el balance final es de una serie que entretiene… pero relativamente insustancial. Siempre he dicho que la mejor serie de Star Trek, dejando el cariño que le tengo a los episodios de la serie original que vi en la infancia, es The Orville. Donde no sólo se parodia a saco, sino que además se abandona el buenismo de la franquicia para entrar en la crítica social y política de forma muy intencionada.

(Dis)enchantement, serie de Matt Groening y Josh Weinstein, el primero cocreador de The Simpsons y mi adorada Futurama, el segundo productor ejecutivo en ambas, alcanza su tercera temporada en Netflix, siguiendo las aventuras de la princesa Tiabeanie y sus compañeros Elfo y Luci. La serie, aunque comparte el ADN de sus predecesoras, nunca ha alcanzado los niveles de las mismas. Especialmente de Futurama, que considera superior a la familia de entes amarillos del medio oeste americano. Ha fluctuado entre momentos relativamente flojillos y momentos estupendos. Y sobretodo, siempre ha tenido un tono más melancólico que demencial, lo cual a veces le va bien y otras no. Al fin y al cabo, como de costumbre se trata de las aventuras de unos desarraigados, pero Bean tiene algo triste en su desarraigo. El caso es que en esta tercera temporada comenzó con un nivel relativamente plano… para luego ir mejorando, dejándonos algunos momentos muy buenos a partir de la mitad de la temporada, manteniéndose bien hasta el final. Nunca ha estado tan valorada como sus antecesoras, pero a mí me merece la pena. Simpatizo con Bean, Elfo y Luci.

Y termino con un curioso documental que se puede ver en Filmin, The Mole: Undercover in North Korea. El director danés de documentales Mads Brügger realizó un curioso experimento en los 2000, llevando un espectáculo a Corea del Norte que criticaba al propio sistema del país totalitario, sin que las autoridades fueran totalmente conscientes del hecho hasta después de sucedido. Por lo que no es muy bien recibido en aquel país. Pero en un momento dado, contacta con un cocinero danés, retirado por enfermedad, que por curiosidad se introduce en un asociación de amigos de Corea del Norte en Dinamarca, y poco a poco se va infiltrando, perteneciendo a la KFA (Asociación para la amistad con Corea) del infame Alejandro Cao de Benós, que ha sido investigado, entre otras cosas de tráfico de armas. Y al final, con una antiguo criminal reconvertido en empresario aventurero, inician una operación ficticia como inversores de la exportación clandestina de armas norcoreanas a distintos grupos violentos por el mundo. Y todo esto lo graban y los muestran en un documental con entrevistas a los protagonistas del asunto, en dos episodios de una hora de duración. El primero tiene un tono más bien chusco, presentando toda la organización de amigos del régimen totalitario como una banda de friquis más o menos pirados. Pero en el segundo, realmente documentan y muestran los entresijos de una trama de potencial tráfico de armas con gran descaro. Filmando reuniones en Corea del Norte, Oriente Medio, África central y otros lugares de estos peligrosos… como Barcelona. Me impresionó y me lo pasé bien. Aunque desconozco el alcance y la repercusión real que podría tener para los implicados. ¿Una curiosidad? ¿O un ejercicio de información que tendría que verse en este u otros temas con más frecuencia? Que cada cual juzgue.

[Fotos] mi ración de película negativa en color en la primera mitad de enero de 2021

Fotografía

Como viene siendo costumbre en los últimos tiempos, suelo llevar en el macuto o mochila de ir por la ciudad una cámara, compacta o no excesivamente voluminosa, para tomar apuntes fotográficos con película negativa en color. Y hoy os traigo las de la buena parte de la primera mitad, y algo más, de enero de 2021.

Los detalles técnicos en Usando la Leica Minilux como cámara de apuntes; a principios de enero con Kodak Ultramax 400.

Desde la gran nevada, para lo que se estila por estas latitudes, del 9 de enero, el río Ebro ha llevado una caudales enormes de forma constante. No se han informado de grandes avenidas con daños, o yo no me he enterado de ellas. Pero a su paso por Zaragoza a inundado alguno de los paseos habituales a sus orillas. Y lleva así ya varias semanas, con ligeros descensos, y luego nuevos ascensos.

[Cine] Chungking Express (Cunghing samlam 重慶森林) (1994)

Cine

Chungking Express [Cunghing samlam 重慶森林) (1994; 11/20210209)

La sexta película del ciclo dedicado a Wong Kar-wai llegó el martes pasado. Y era una de las que más me apetecía ver. El ciclo de películas restauradas a partir de los negativos originales y digitalizadas a una resolución de 4K llega a su fin mañana, con la… llamémosle secuela de In the mood for love, y también de, según algunos… Days of being wild. Por aquello de que el personaje femenino principal se llama Sou Laizan 蘇麗珍. El nombre en alfabeto latino del personaje varía de una lugar a otro según el proceso de conversión y según se convierta el nombre chino al mandarín o al cantonés. Yo prefiero alguna de las transcripciones al cantonés, puesto que es el idioma propio de Hong Kong, aunque por el elevado número de inmigrantes también sea frecuente el mandarín. Pero vamos con esa sexta película del ciclo que también tiene dos títulos diferentes, aunque parecidos, según sea en inglés o en cantonés.

«Central-Mid-Levels Escalators» y los mercadillos templos y tiendas colindantes; no se le puede llamar una zona bonita de Central Hong Kong. Pero entretenido e interesante, seguro. Y eso que lo visitamos un domingo, que estaba más modorro.

El título de la película en inglés es una mezcla de las dos localizaciones principales de la película. Por un lado, las Chungking Mansions, en Tsim Sha Tsui, al sur de la península de Kowloon, cerca de Victoria Harbour. Por otro lado, el Midnight Express, puesto de comida rápida en Central Hong Kong, cerca de las escaleras mecánicas de Central-Mid-Levels Escalators. Chungking Mansions es la localización principal de la primera parte o primera historia de la película. El Midnight Express y las Central-Mid-Levels Escalators serán la de la segunda.

Porque la película está conformada por dos historias que apenas se rozan la una con la otra, pero que parte de un hecho común o análogo. Dos policías que hacen sus rondas… el uno (Takeshi Kaneshiro), por la noche, en Tsim Sha Tsui, el otro (Tony Leung Chiu-Wai), por el día, en Central Hong Kong, han sido abandonados por sus respectivas parejas. La del primero, un mestizo de chino y japonesa que se crío en Taiwan, no aparece nunca. La del segundo (Valerie Chow), una espectacular azafata que un día se va de viaje, dejando parte de sus pertenencias en el pequeño apartamento del policía junto a las escaleras mecánicas antes comentadas, y ya no vuelve. Y ambos conocerá a nuevas mujeres de las que se enamorarán mientras se sufren el duelo por el abandono previo. El primero, de una misteriosa criminal (Brigitte Lin) que se mueve en el mundo del tráfico de drogas, y que se encuentra en problemas por una operación que salió mal, y que se mueve por el mundo enfundada en una gabardina, con una peluca rubia y unas grandes gafas de sol. El segundo, de una joven dependienta de un puesto de comida rápida (Faye Wong), dicharachera y alegre, que quiere viajar algún día por el mundo.

Como siempre, Wong cuenta con dos elementos que complementan sus historias y el excelente trabajo de sus intérpretes. Por un lado, la estupenda cinematografía de Christopher Doyle, un habitual en sus películas, afortunadamente, aunque no es inhabitual que también cuente para ello con la colaboración de Andrew Lau, como en esta película. Por otro lado, una banda sonora basada en temas del pop internacional, anglosajón, aunque muchas veces interpretados por cantantes pop del lugar. Como es el caso del Dreams de The Cranberries interpretado por la propia Faye Wong, que con el tiempo se convertiría, en aquel momento tenía solo 24 años, y es, en una diva del pop chino. Volveremos a ver a Faye Wong en la película de mañana, como otros intérpretes habituales de las películas del ciclo, algunos de los cuales repiten papel. La canción se titula Dream Lover, 夢中人, en su versión en cantonés. En realidad, sería El soñador (Dreamer), pero aparece como Dream Lover, amante de los sueños, en casi todas partes. El California Dreamin’ de The Mamas and The Papas también tiene mucha presencia. Y es emblemática del tema de la película la canción What a diference a day makes interpretada por Dinah Washington.

Por que la cuestión principal es la reflexión sobre las dos caras de una misma moneda, en este caso el enamoramiento tras un fracaso anterior, que puede llevar a que la cosa funcione o no, a que sean dos procesos como la noche (el primer episodio) y el día (el segundo episodio). Y que la posibilidad de enamorarse o entrar en contacto con la persona de la que uno puede enamorarse depende de los escasos centímetros que en un momento dado de nuestras vidas nos separan de ellas, aunque sea durante unos segundos.

Yo salí encantado de la película. El conjunto me parece casi perfecto, y la segunda de las historias tiene uno tono romántico que te levanta el espíritu, después de la trepidante acción y la angustia que puede afectar en un momento dado al segmento nocturno de la película. Faye Wong y Tony Leung, con la participación de los secundarios, desde el encantador propietario del Midnight Express, hasta la escultural azafata, están absolutamente fantásticos. Y si eres una persona a la que te gustan las chicas… te enamorarás de Faye Wong en esta película. Y de casi cualquier mujer que salga en las películas de Wong Kar-wai… ya de paso. Ya haré un resumen en su momento de en qué orden me gusta más o menos las películas del director. Por estoy pensando en ver en casa en los próximos días los otros tres largometrajes que ha dirigido y que no forman parte del ciclo, dos de los cuales ya los he visto en pantalla grande.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: *****

[Recomendaciones fotográficas] Fotografía del Asia oriental… a la que echamos de menos

Fotografía

Cuando salimos del cine el martes después de ver la sexta de las siete películas del ciclo de cine de Wong Kar-Wai que termina dentro de dos días, caminábamos en dirección a nuestras casas. Tranquilamente, pero con el tiempo justo para llegar antes del toque de queda impuesto por la importante transmisión todavía del maldito coronavirus. Y decíamos algo… no lo comentábamos ni lo discutíamos. Sólo lo expresábamos en voz alta. Desde 2014 hemos ido visitando regularmente los países de Asia oriental. Sólo faltamos en 2015. Y echamos de menos estos viajes. De alguna forma, limpian nuestras mentes de la carbonilla y la borra de vivir todo el año y durante toda nuestra vidas en un mismo entorno. Quizá por ello esta semana he acumulado recomendaciones que vienen de Asia. De una forma u otra. Tenía también un par de libros para comentar… pero lo dejaré para más adelante. No he terminado de digerirlos.

En PhotoBook Journal nos hablaron de Yumiko Izu (instagram). Fotógrafa que nació en Osaka, Japón, pero reside en algún lugar del estado de Nueva York. Y que se reconoce muy influida por la estética de Saul Leiter. Que a mi me gusta un montón. Luego, cuando visito su sitio web, veo que es alguna de sus últimas series la que se ve inspirada por la obra de Leiter. Pero le dedico un buen rato a revisar toda su obra. O al menos la que nos presenta ella en sus páginas.

Me dicen en Clavoardiendo que la Fundación Mapfre de Madrid expone una retrospectiva de la obra de Tomoko Yoneda. Pero no nos dejan ir a visitarla, salvo que vivamos en la capital. Así que, recomendación vana para muchos de los lectores de esta revista en línea. Es una de las tristezas frecuentes de estos días extraños de libertades recortadas. Incluso si son por un bien común, no dejan de ser libertades recortadas. Nos lo ha recordado en The Economist Intelligency Unit en su informe anual sobre el estado de la democracia en el mundo… que va a peor… España todavía está entre las plenas democracias… pero sin mucho margen. Dos de los países que he visitado en Asia oriental estos años han subido de categoría. Japón y la República de Corea, la del sur, han remontado gracias a unas centésimas de ganancia. Están siempre ahí ahí. En el límite entre las democracias plenas y la democracias defectuosas. Y España ha quedado justo entre las dos. Los tres países cierran el grupo de las democracias plenas. Si fuese como en los deportes, estarían en los puestos en riesgo de descenso. Taiwan, un país que no existe formalmente, sin embargo, ha subido 20 puestos, está en el 11º puesto de la clasificación, y es el país más democrático de Asia. También es uno de los que está en riesgo en un futuro de ser absorbido por la República Popular China, régimen autoritario que está entre los 20 países que más maltratan la democracia. Miren lo que pasa con Hong Kong que año tras año pierde puestos en la clasificación, y este año ha pasado de ser una democracia defectuosa a un régimen híbrido a caballo entre el autoritarismo y una democracia limitada. Y no pasa nada, porque nadie quiere molestar al gigante chino. Incluso hay muchos, prensa «democrática» incluida que no oculta su admiración por este estado autoritario. Pero a lo que íbamos… me gustaría visitar la exposición de Yoneda. Me gustan sus fotos. Me gusta la melancolía que desprenden. Me gusta su sencillez.

Ya que me he metido el berenjenal de hablar de la China autoritaria, podemos repasar en Photography of China la obra de Chen Qiushi (instagram), que nos habla de los trabajadores de las fábricas de la industria militar que fueron instaladas en el interior del país, lejos de los objetivos militares extranjeros, y que ahora son abandonadas. Y también son abandonados los trabajadores. Y su familias. Y llega la pobreza. Y la depresión. Y los desequilibrios sociales, económicos y educativos. Y una nueva emigración. Si hace décadas fueron obligados a trasladarse allí, ahora se ven obligados a trasladarse de allí. Los marxistas nos decía que tras la revolución y la dictadura del proletariado se llegaría al paraíso comunista. Pero si uno visita China sabe que a lo que se llega es a un extraño paraíso del capitalismo. La enorme ironía de las revoluciones proletarias… Las fotos de Chen son estupendas.

Hablamos de otra cosa totalmente distinta, sin salirnos de Asia. A finales de los años 50, el paleoantropólogo Louis Leakey puso en marcha un plan de estudio de los primates más cercanos al ser humano, chimpancés, gorilas y orangutanes. Y para ello contó con tres mujeres; Jean Goodal para los chimpancés, Dian Fossey, ya fallecida, muy conocida por cierta película, para los gorilas, y Birutè Galdikas, para los orangutanes. Su trabajo fue y es muy importante para el conocimiento y supervivencia de nuestro amenazados primos hermanos en el árbol filogenético. Se ha hablado mucho de los porqués de Leakey para confiar en mujeres para estos trabajos, y no voy a entrar. Pero me llamó la atención hace unos días en una entrada en Feature Shoot que, en la actualidad, fuera de aquellas iniciativas, sea otra mujer, Mariani «Bam» Ramli, la que lidere a través de la Gibbon Conservation Society, en Malasia, el estudio y la protección de uno de nuestros parientes olvidado u omitido por Leaky, el Gibbon. Y el fotógrafo de naturaleza y fauna salvaje Justin Mott (instagram) le dedicó uno de sus trabajos. Lo cual me parece fenomenal, y por eso lo traigo a estas páginas. Mott tiene una orientación claramente conservacionista en sus trabajos, lo cual siempre es un añadido en los fotógrafos de naturaleza, en unos tiempos en los que tantos «fotógrafos de naturaleza» van simplemente a por la foto espectacular de la que alardear en las redes sociales.

[Libro] Nuestros inesperados hermanos – Amin Maalouf

Literatura

Empiezo a estar preocupado. He vuelto a tener un bloqueo lector que me ha durado casi tres semanas, incapaz de concentrarme en la lectura de un libro. Lo atribuyo a diversas causas que no voy a comentar para no aburrir… pero el caso es que el que traigo hoy a estas páginas es el último libro que he leído y lo terminé de leer el 22 de enero… En fin. Parece que desde ayer he vuelto a coger impulso… a ver si hay suerte y hacia el final de la semana que viene puedo comentar otro.

Lo más próximo a las ficticias de las Quirón son mis viajes por la Baja Normandía y Bretaña. Y de una variedad de lugares de Bretaña extraigo las fotografías para ilustrar esta entrada literaria.

Amin Maalouf es un escritor que me encandiló por sus novelas históricas en las que nos hablaba, de una forma u otra, del tradicional enfrentamiento entre occidente y oriente, en las que nos invitaba a visitar lugares históricos casi legendarios y a conocer personajes históricos también de carácter casi mítico. Buen escritor, ameno y que invita a soñar e imaginar. Qué más vas a pedir. En 1992 publicó su primer libro con un tono distópico, que yo leí años más tarde. En el expresaba ya algunas de sus preocupaciones por el mundo actual. Entre otras, la situación de las mujeres en muchas culturas desde la infancia [consideremos la política de hijo único en la República Popular China, con elevadas tasas de infanticidio y de abandono de niñas; pero no es el único lugar ni el único motivo por el que se generan esas prácticas]. Y también los desequilibrios económicos y políticos entre el sur empobrecido y el norte rico. Después ha escrito, y he leído alguno de ellos, 1 y 2, ensayos que muestran su preocupación sobre la actual situación del mundo.

En esta ocasión se trata de su última novela, de 2020, en la que volvemos de alguna forma a un mundo distópico. El protagonista de la novela es un caricaturista que se gana publicando tiras «cómicas» en la prensa, canadiense, pero que se ha refugiado en una casa en una isla del ficticio archipiélago de las Quirones, en la costa atlántica francesa. Una isla donde sólo vive otra persona, una novelista de un sólo éxito, que vive desilusionada, apartada de la sociedad. El mundo vive momentos de quebranto, por las amenazas terroristas, que pueden tomar forma en forma de atentados con artefactos explosivos nucleares. De repente todas las comunicaciones cesan y deja de fluir el suministro eléctrico. Temerosos los vecinos del archipiélago del estallido de un conflicto nuclear mundial de carácter apocalíptico, pronto se sabrá que unos misteriosos humanos, que han aparecido a bordo de barcos, descendientes de un antiguo grupo de seguidores de Empédocles, filósofo griego de la época clásica, presocrático, que han alcanzado un alto nivel de desarrollo ético y científico.

A pesar de las amenazas, reales, sobre las que habla en el libro, el arsenal nuclear en el mundo sigue siendo suficiente para destruir la civilización varias veces, y cada vez hay más grupos capaces de hacerse con armas de este tipo, esta novela de Maalouf no deja de tener un carácter ligero en ocasiones, ya que la acción no se mueve de ese entorno alejado del mundanal ruido que son esas islas inventadas, donde hay un vecindario con sus problemas cotidianos, y personas con sus inquietudes vitales más o menos representativas del resto de la humanidad, en ocasiones con cierto humor. Los temas son diversos. Los riesgos globales, la ética de las decisiones políticas, el riesgo de la eterna salud y la inmortalidad, los valores que deben regir las relaciones humanas o políticas… Y sin renunciar a incluir algo de romance en la historia. Y de trasfondo por lo que podría haber sido el desarrollo de la filosofía y la ética de la Grecia clásica de no haber sido… por los propios griegos y todos los demás que la llevaron al traste. Quizá una visión demasiado idealizada de la edad de oro ateniense.

No es, desde mi punto de vista, de los mejores relatos de ficción del escritor francolibanés. Escritor por el que sigo sintiendo profunda simpatía en la medida que he disfrutado con su obra y en la medida en la que coincido con algunos de sus puntos de vista. No con todos, pero sí con algunos de los importantes. Pero se deja leer con facilidad, y te acompaña a unas reflexiones, no extremadamente sesudas, al alcance de cualquiera, y sobre cuestiones importantes. Así que se puede recomendar sin mucho miedo a decepcionar.

Por cierto, no sé muy bien qué islas inspiran al archipiélago ficticio de las Quiron. Supongo que son un refrito de las quince islas que forman las islas de Ponant en torno a la península de Armórica (Bretaña).

[Fotos] Caminata de 15 km hasta la Cartuja Baja

Fotografía

El día 1 de febrero me cogí fiesta. No se puede ir a ninguna parte todavía. Pero en los casi 1000 kilómetros cuadrados de término municipal que tiene Zaragoza, se puede dar uno buenas caminatas. Hasta la Cartuja Baja, barrio rural de la ciudad, desde mi casa, por la vía más corta, hay unos 8 kilómetros. Pero metiéndose por caminos diversos entre la huerta de las Fuentes y la pasarela del Bicentenario, hicimos prácticamente quince. Y me llevé alguna cámara que otra.

Los detalles técnicos de las fotos, que no son nada del otro mundo, en Hasselblad 500CM con el visor PM 51, esta vez con Fujifilm Neopan 100 Acros II.

[TV] Cosas de series; anime, anime en NYC y NYC

Televisión

Recientemente he vuelto a acumular bastantes series sin comentar. Me pasa de vez en cuando. Cuando pasan semanas, de repente, series que he ido viendo a poco, las termino todas a la vez o en pocos días. Y tengo acumuladas varias de animación. El buen sabor de boca que me dejó Dororo ha hecho que me interese de nuevo por la animación. No es que me haya dejado de interesar en ningún momentos… es que durante un tiempo no he encontrado nada que me llamase mucho la atención de la diversa oferta que existe en series. Tampoco te puedes tragar lo primero que te venga a mano.

A Beastars llegué a través de su banda sonora. Por una de esas causas y azares escuché un tema de una pareja de indie-pop japonés y me interesé por ellos, una cosa puntual sin más trascendencia. Pero una cosa me llevó a la otra, y acabé viendo esta serie de animación japonesa en Netflix, con una premisa curiosa. A priori… una serie de colegiales de instituto. Lo peculiar es que se trata de una sociedad de animales, en la que carnívoros y herbívoros sobreviven gracias a unas rígidas normas sociales sobre alimentación, y en la que un joven adolescente lobo, tras un dramático encuentro, acaba relacionándose con una pequeña coneja enana. Puede sonar un poco a chufla. Pero la serie es principalmente dramática y clasificada para mayores de 16 años, tratando temas como la violencia, la sexualidad y la violencia sexual. Sin dejar de pensar que tiene sus agujeros y alguna inconsistencia, es una producción curiosa e interesante que enseguida me engancho pese a sus defectos. Son ocho episodios y ya están previstos otros ocho que ya se han estrenado en Japón. Llegarán más adelante al resto del mundo a través de la conocida plataforma de vídeo bajo demanda.

Dos de las series de hoy tienen Nueva York como escenario global, y en las dos se detienen en la Biblioteca Central y otros lugares emblemáticos de la cultura. Así que empecemos por ahí a la hora de dar un paseo fotográfico por la «supongamos que es una ciudad».

Tampoco es precisamente un producto infantil Banana Fish, una serie de animación japonesa en Amazon Prime Video, pero que transcurre íntegramente en Estados Unidos y mayormente en Nueva York. Nos movemos en un mundo de bandas y mafias, con intereses en el mundo de las más sofisticadas drogas de diseño y como ramificaciones en la corrupción política, donde dos jóvenes de 17 y 18 años, uno nortemericano, que ha sobrevivido en un mundo de delincuencia y abusos (sexuales), y otro japonés, que ha vivido protegido y seguro en una sociedad tranquila, entablan una amistad especial. Y en la que a lo largo de los 24 episodios en temporada única se mueven en una línea mal definida sobre si esa amistad es algo más y es una relación homosexual. La serie, conceptualmente es muy interesante. Y quizá el manga en el que se basa tenga sentido la larga duración. Pero en animación, se vuelve excesivamente larga con situaciones repetitivas constantemente que hacen que llegue un momento todo suene a déjà vu. No está mal por eso. Tampoco hace concesiones a la amabilidad en su trama, donde la violencia y las agresiones sexuales están a la orden del día.

Finalmente, seguimos en Nueva York, con una serie de entrevistas de siete episodios, en las que Martin Scorsese, productor y director de la misma, conversa con la escritora, comentarista y actriz Fran Lebowitz. Pretend it’s a city es el título de la serie. Y viene de la frase, os la pongo traducida «supongamos que (Nueva York) es una ciudad». Supongo que la alternativa a que sea una ciudad, lo cual se discute en el primer episodio, es que sea otra cosa. Entre un mundo en sí mismo a un monstruo social. En cualquier caso, a lo largo de los episodios tratan la visión de Lebowitz (no confundir con la fotógrafa Annie Leibovitz) sobre la cultura, el transporte público, el dinero, la salud y el deporte, la idea de diversión, las nuevas tecnologías de la información, o los libros. No voy a decir que me identifique la protagonista de la función. Siempre he pensado que los intelectuales progresistas neoyorquinos a veces tiene cosas que son muy poco progresistas. Pero es muy divertida e invita a la reflexión. Y los episodios son cortos y ágiles. No cuesta nada ver la serie. Muy recomendable.

[Cine] Seungriho [승리호] (Barrenderos espaciales) (2021)

Cine

Seungriho [승리호] (2021; 09/20210205)

Estamos ante una aventura espacial de factura surcoreana, cuyo título original sería el nombre de la nave espacial de los protagonistas, la Victoria. No obstante, para los títulos internacional y español se ha optado por Space Sweepers y Barrenderos espaciales. Que llamaron mi atención. Ahora cuento porqué. La otra cuestión que llamó mi atención es que en esta película dirigida por Jo Sung-hee, aparecía la actriz Kim Tae-ri, que me encanta a múltiples niveles, y a quién conocí en una celebrada película de época cargada de erotismo.

No tengo fotos del espacio. Pero sí de Seúl, que también sale en la película. Aunque sucia y mugrienta. Cuando en la realidad está bastante limpia y despejada.

Pero mi primera llamada de atención sobre la película fue porque el título en español… o en inglés, es lo mismo, me recordaba a un serie de breve existencia hace 40 años, que independientemente de su título en inglés, en castellano se llamó La escoba espacial. Y es que en ambas producciones, muy muy muy muy diferentes en tono y factura, los protagonistas son la tripulación de una nave espacial dedicada a la limpieza de desechos espaciales. Aquella de hace cuatro décadas, en tono de sátira, iba refundiendo temas y situaciones de las producciones espaciales de la época. Y esta de hoy en día, en tono de aventuras dramáticas, con algún toque de humor,… pues lo mismo.

Por que la película es un pastiche que bebe de diferentes éxitos (o no) comerciales en el ámbito de las aventuras espaciales y la ciencia ficción en las últimas tres o cuatro décadas. Constantemente vas pensando en «esto me recuerda a Blade runner«,… «esto parece sacado de Gravity«… «aquello parece una escena de Elysium«… «esta persecución recuerda a cuando el Halcón milenario recorría las entrañas de alguna de las diversas Estrellas de la muerte«. En este plan. Estamos ante un escenario apocalíptico, en el que el planeta Tierra se va, literalmente, a la mierda, y unos pocos privilegiados dirigidos por un visionario (Richard Armitage) que es un mix de Jobs/Musk/Bezos, viven en órbita en un entorno artificial utópico y que se van a ir a colonizar Marte. Y tenemos a Tae-ho (Song Joong-Ki) que trabaja en una nave de recogedores de basura espacial junto con la capitana Jang (Kim Tae-ri), un patibulario Tiger Park (Jin Seon-kyu) y un robot, intentando ganar dinero para rescatar a su hija adoptiva, perdida en algún lugar de la órbita terrestre. Y en estas están cuando se encuentran a un presunto androide, Dorothy (Park Ye-Rin), con la apariencia de una niña adorable, que puede ser un arma de destrucción masiva… u otra cosa.

La película fue producida pensando en el estreno de salas de cine y con vistas especialmente al mercado surcoreano y asiático. Desconozco que posibilidades había de que llegase a las salas de cine españolas; pero la película resultará vistosa en pantalla grande. Aunque lejos de las grandes producciones de Hollywood en cuanto a efectos especiales y gráficos generados por ordenador, la película está filmada en gran medida sobre pantalla verde, y el nivel de producción es razonablemente competente, de forma que no chirría y la decisión sobre si gusta o no descansa más en la historia y en los personajes.

La historia no tiene originalidad, pero la componenda está hecha con un mínimo de racionalidad que hace que las dos horas y veinte minutos de película no se hacen largos en absoluto. Es muy entretenida. Inverosímil hasta decir basta, pero muy entretenida. Y sobre todo, tiene algo que hace tiempo que perdieron las superproducciones norteamericanas. Tiene corazón. Los personajes principales de la película te caen bien, son simpáticos, empatizas con ellos y sirven de enganche fundamental con la películas, que tiene algunas peculiaridades. Algunos momentos de la misma son propios de una aventura de gran violencia, mientras que otros son propios de una película familiar de entretenimiento para todos los públicos… y sin embargo no chirrían unos con otros. Extraña… pero piensas que será cosa de la cultura coreana y no le das más vueltas.

Bajo ningún concepto se puede considerar que estemos ante una gran película. Como digo, es un pastiche. Abusa de algún que otro deus ex-machina y otras trampas del guion. Y en un momento dado es más una película de sobradas que otra cosa. Pero se ve con gusto como un entretenimiento con buenas intenciones. Y eso, es un valor en estos tiempos. Como en algún lugar he leído, estos cinco aventureros te generan más simpatía que todo el universo Star Wars comprendido entre el final del Retorno del Jedi y el principio de The Mandalorian. Si tenéis Netflix y ganas de evadiros un rato el fin de semana… no la despreciéis porque sea surcoreana. Y si sois aficionados a las aventuras espaciales, obligatoria.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

16 años de Cuaderno de ruta; un nuevo aniversario tras un año raro, raro, raro…

Páginas personales

Pues sí, como me gusta recordar todos los años cuando llega esta fecha, un 8 de febrero de 2005 escribí mi primera y simplona entrada en este Cuaderno de ruta, en aquellos momentos residente en la plataforma Blogger. Mi compromiso era escribir sobre algo,… lo que fuera, que me hubiese pasado o que pensara, e incluir una foto realizada por mí. Quería impulsar mi afición a la fotografía. La entrada se puede ver también en esta plataforma de WordPress, a la que cambié oficialmente en el tercer aniversario del Cuaderno de ruta. Pero no todas las fotos publicadas se pueden ver… cosas de la evolución de las plataformas en las que se encontraban subidas. No voy a dar estadísticas del blog como en otros aniversarios. Me dice WordPress que si llevo publicadas, antes de esta, 5876 entradas…. pues esas serán. Posiblemente algo menos de 200 no serán visibles… en su momento las hice privadas. Por motivos que no vienen ahora al cuento.

Este año pasado ha sido extraño. Y diciendo esto supongo que pensaréis que me refiero a la pandemia. Pues no… no es ha eso a lo que me refería. Aunque también ha sido raro por eso, claro. Pero en lo que se refiere a los contenidos de este Cuaderno de ruta… pues básicamente hay mucho cine que se ha visto en la pantalla del televisor, porque no se podía ir a las salas con pantalla grande, u otros motivos asociados a la pandemia, y que hay menos actividades sociales y viajes, claro. Aunque ha habido más contenidos de viajes de los que (des)esperaba en el mes de abril, cuando había suspendido o me habían suspendido un viaje de semana santa a los Países Bajos y unas vacaciones en China que iban a ser a caballo entre abril y mayo. Obviamente, esos contenido que no se generaron nunca llegarán a este Cuaderno de ruta.

Pero lo raruno vino de otro lado. De las «estadísticas» del blog. Cuando entro en la plataforma de WordPress para editar una entrada, como estoy haciendo ahora, me informan de cómo van las visitas a las páginas de blog. Si este blog tuviera pretensiones de comercialidad o popularidad… van mal, muy mal. Nunca han ido bien. Porque nunca he buscado ser popular. Nunca me ha importado no tener muchos falsos «amigos» de los que se tienen en internet. Lo que buscaba era relajarme durante un rato cada día escribiendo sobre algo que no tuviera que ver con mis problemas cotidianos, y tener un medio de comunicación con algunos buenos amigos en la diáspora con los que me veo con muy poca frecuencia. Pero siempre he tenido mi curiosidad.

Mi tope de visitas cotidianas al blog sucedió allá por el año 2012. En 2013, pegó un importante bajón, como del 30 %. Y en 2014, otro, que dejó el número visitas a menos de la mitad de las que tenía dos años antes. Luego siguió un languidecer paulatino, que yo siempre he achacado a que la época de los blogs había terminado, y ahora la gente se encuentra enganchada e inmersa en la diversidad de redes sociales, de consumo más rápido y superficial. No me importó mucho. Para mis objetivos iniciales… seguía valiendo. Relajarme entre media hora y una hora al día escribiendo y organizando fotos, y que unos cuantos amigos que lo visitan de vez en cuando, se acuerden de mí y se cosquen de a qué me dedico al menos en el tiempo libre. Si luego he ido adquiriendo otros visitantes o habituales, pues estupendo. Todo el mundo es bienvenido menos los intolerantes, groseros, y similares.

Lo curioso es que en noviembre del año pasado, las estadísticas de visitantes se multiplicaron por dos. Algo más. Y en diciembre, casi por tres. Y así hasta el 11 de enero de este 2021, día en el que volvieron a los niveles que tenían en octubre de 2020. Tan bruscamente como empezó el aumento de actividad, disminuyó. Y no tengo ni idea de a qué se debe. ¿Algún error en WordPress a la hora de hacer las cuentas y las estadísticas? Puede. ¿Consecuencia de la pandemia y de que en todo el mundo había más gente confinada y con más tiempo? Tal vez… pero ¿por qué no se registró antes el aumento? ¿Y por qué ha cesado de repente en enero? No lo sé. Una rareza. Un misterio.

Una anomalía más a sumar a las del 16º año de existencia de este Cuaderno de ruta. Este año ilustro la entrada con unas cuantas fotos realizadas ayer con la Pentax K-x y el objetivo zoom de kit 18-55/3,5-5,6 que traía cuando la compré. Esta compra la hice hace más de 10 años, en el 2010. Y su fin era tener un cuerpo Pentax, compatible con la bayoneta K que creó esta marca en los años 70, y de la cual tengo una amplia colección de objetivos. Me costó muy barata. El objetivo zoom prácticamente no lo he usado. Pero la cámara, con distintos objetivos, ha paseado mucho conmigo por su escaso tamaño para ser una réflex digital. Y porque con sus 12 megapíxeles ofrecía una calidad de imagen muy notable. No solamente para aquel momento. Incluso hoy en día las fotografías que ofrecen son de muy buena calidad, aunque con las limitaciones de tamaño en píxeles comparado con lo actual y con las limitaciones en las sensibilidades superiores. Pero sigue siendo capaz de hacer el 90 % de las fotos que habitualmente hago con cámara digital.

Pero esta cámara tan simpática no la uso desde principios de 2017, cuando en un outlet conseguí otro cuerpo de cámara Pentax, de similares prestaciones, más modernos y con mayor resolución espacial. 20 megapíxeles en lugar de 12 megapíxeles. Así que estando en excelente estado y en desuso, ayer se la regalé por su 12º cumpleaños a mi sobrino Diego. En principio le hizo ilusión. Si servirá o no para que le entre el gusanillo de la afición… quién sabe. En cualquier caso, las de hoy son mis últimas fotos con esa cámara.