[TV] Cosas de series; entre la utopía LGTB+ y la distopía tecnológica

Televisión

En primer lugar, mencionar una serie fallida. Habitualmente incluyo los dramas coreanos dentro de los guilty pleasures, placeres culpables, series francamente defectuosas pero que me entretienen y disfruto de ellas. Y Netflix tiene varias «originales», con las que lo paso bien. Pero recientemente incluyeron una House of Cards alrededor de la política parlamentaria coreana… llamada Chieff of Staff internacionalmente (original Bojwagwan: Sesangeul Woomjikineun [보좌관 – 세상을 움직이는 사람들]) que muestra que cuando se salen de determinadas fórmulas, estas series pueden ser un rollazo tremendo. No he pasado de la primera media hora del tercer episodio. No me voy a extender en porqué es un pestiño, pero lo es.

Vi estas series al poco de volver de China… y la verdad es que con esto de que todo el mundo tiene que estar representado en todo, no faltan los personajes de origen asiático. Aunque estén metidos con calzador. Como dos hermanos mellizos… en los que además de ser artistas conceptuales con base en las redes sociales… creo que su variante sexual era… ¿el incesto? Es que no me quedó claro… un ejemplo de personajes pensados como desahogo cómico y que están mal desarrollados.

Vamos a lo más sustancial. Cuando volví de vacaciones me encontré con un estreno en Netflix que me llamó la atención por su reparto; Laura Linney, Ellen Page, Olympia Dukakis… Se titula Tales of the City (reconvertido en Historias de San Francisco en castellano) y la verdad es que los primeros capítulos llevaban un camino que me desconcertaban un tanto… sentía que algo me estaba perdiendo en algo que parecía en un anuncio de Oliviero Toscani para cierta marca italiana de los años 90… un compendio de lo politicamente correcto tanto en la orientación/identidad sexual/de género, como étnica/racial… Así que al final del tercer episodio de diez que componen esta miniserie (como tal se ha vendido). Y comprobé que es una secuela de una serie de seis episodios de principios de los 90, del mismo título, que ya tuvo un par de secuelas en 1998 y en 2001. Claro… si no conoces algo de las series originales, hay guiños y referencias que te pierdes. Por lo demás, queda como una utopía en la que todo el mundo es bueno, con sus «defectillo», pero muy majos todos. La cuestión es que la serie llega a animarse y tiene unos episodios finales entretenidos. A mí me suena a que es un intento de resucitar de forma no confesada la serie, con una nueva generación de protagonistas. Que han estado demasiado eclipsados por los protagonistas de la antigua generación, como para haber empatizado con ellos. La serie original, que también he visto, la de 1993, no las otras, tiene su cosa, pero no ha envejecido bien. Y muestra discordancias con la actual. Aunque emitida en 1993, la acción de la misma transcurría en la mitad de los 70, lo que les permitió obviar la epidemia del sida que marcó a la comunidad LGTB+ en los 80 y los 90. El caso es que no ha envejecido bien. Y además genera incongruencia en lo que se refiere a las edades de los protagonistas. Lo que sí que es cierto es que aquella serie era más valiente que la excesivamente «correcta» actual. Lo que sí es cierto es que nos ha dejado con ganas de visitar San Francisco.

Y también afronté semanas atrás la quinta temporada de Black Mirror. A la que tuve que añadir el especial que emitieron hace unas semanas, Bandersnatch, en plan «elige tu propia aventura». Decir en primer lugar que el experimento de esta última no me convenció. Además de que te obliga a verlo en el ordenador o en la tablet, porque a través del Chromecast o del iTV la interactividad no funciona, esta no aporta gran cosa. De hecho, creo que la pusieron para jugar con la idea de «juego» y de «interactividad», pero en mi caso sin que me funciona ni me aporte nada. Lo considero el peor episodio de la serie. Los tres que forman la quinta temporada oficialmente se dejan ver, pero de alguna forma han perdido la capacidad de sorprender y de reflexionar en profundidad. Quizá la fórmula esté agotada, o quizá la idea siga siendo válida, pero necesita una renovación de ideas. Aunque como digo, se dejan ver sin problemas.

[Libro] Seda

Literatura

Hace mucho que había oído hablar de este libro de Alessandro Baricco. Siempre en términos elogiosos. Pero uno, a estas alturas de mi vida, desconfía de los best-sellers. Especialmente si se acompañan de una adaptación cinematográfica con pretensiones, pero que acaba siendo pretenciosa y fallida. Y justo el día que volvíamos de viaje, de China, surgió en conversación cuando vimos un edición de esta novela corta en neerlandés en el aeropuerto de Ámsterdam. Así que allí mismo, aprovechando la wifi gratis y competente de Schiphol, me lo compré en edición electrónica. En castellano, claro. Para leer en cuanto terminase el que tímidamente acababa de comenzar muy poquito antes, durante el viaje.

Viajemos por lo tanto a Japón. Y si es necesario, pongámonos románticos.

Baricco nos traslada al sur de Francia a mediados del siglo XIX, al negocio de los gusanos de sede, amenazados en ese instante en Europa por diversas enfermedades infecciosas no bien conocidas. Unos productores provenzales envían a uno de sus conciudadanos a una arriesgada misión a buscar huevos sanos a Japón, país que todavía no se había abierto al negocio exterior. Una misión arriesgada. Pero este comerciante, casado y enamorado de su esposa, se arriesga y tiene éxito, ante uno de los señores locales de una provincia del País del Sol Naciente. Pero también se encuentra con la misteriosa mujer, que no tiene los ojos sesgados de oriente, que acompaña a este caudillo local, y que se convertirá en una obsesión, durante los años en que arriesgue cada año su vida y su dinero en la lejana expedición.

Novela corta. De pequeños capítulos, con un estilo de escritura peculiar, que nos transporta de forma fantasiosa a esos viajes imposibles, de miles de kilómetros atravesando Europa y Asia. De la misma forma que nos transporta a unos sentimientos y deseos basado en miradas, en breves encuentros, y más en las cosas que no se dicen ni se nos cuentan que en aquellas que se explicitan. En resumen, una historia de amor, cuyos protagonistas reales sólo al final serán descubiertos por el lector, en uno de los más bellos finales que he leído, en una de las más bellas de amor incondicional que he tenido entre las manos.

Teniendo en cuenta que esta novela tiene sólo algo más de 20 años, no parece un producto de nuestra época. Parece un producto atemporal, que de alguna forma se contagia de las formas literarias propias del país nipón imaginado, en las que tan importante es lo que se nos relata como lo que se nos oculta. Hasta tal punto disfruté que, en cuanto deje pasar un poquito de tiempo, que me sirva de reposo, la volveré a leer. Tentado estoy de buscar la versión original italiana. Absolutamente recomendable.

[Fotos] Paseando con cámara para película tradicional cuando el calor lo permite

Fotografía

Es un hecho que cuando vuelvo de un viaje, especialmente si es un viaje visualmente muy intenso y estimulante, durante una semanas permanezco en una especie de parálisis fotográfica. No veo nada, fotográficamente hablando. No se me ocurre nada. Es como si mi cerebro hubiese alcanzado un estado de saturación visual. Así que el fin de semana pasado cargué un par de carretes en sendas cámaras, uno de blanco y negro en la Pentax MX y otro de color en la Canon EOS 650 y me obligué a salir con ellas al mundo. Cuando el calor, muy intenso en los últimos días en Zaragoza lo permite. De momento con la MX… la otra todavía no se ha movido de casa.

Los detalles técnicos de la toma y el procesado de las fotos los encontraréis en el siguiente enlace: Un nueva mesa de luz, un carrete de HP5 Plus y la Pentax MX. Para los demás, para quienes no estéis interesado en la técnica, os dejo las fotos.

[Recomendaciones fotográficas] Una diversidad de recomendaciones, relativamente centradas, en fotógrafas

Fotografía

Comentaba recientemente la admisión como socia de Cristina de Middel en Magnum Photos. Pero no nos olvidemos que hace años que hay otra «Cristina» como socia de pleno derecho en la prestigiosa agencia. Recuerdo cuando hace ya sus buenos… ¿10 años?, sip… diez años,… me pasé por la galería que la agencia tiene, o tenía, cerca de Saint-Germain-des-Prés en París y tenían alguna copia de las fotografías de Cristina García Rodero a la venta. Mmmmm… no me decidía a comprar ninguna porque «no llevaba suelto en el bolsillo». En cualquier caso, en Hünter Art Magazine nos han recordado esta semana a esta excelente fotógrafa española, de mirada antropológica, que cualquier aficionado a la fotografía debe conocer y analizar.

Sigo explorando las posibilidades del blanco y negro en mis fotografías digitales de mi reciente viaje a China. En esta ocasión en las montañas de Huangshan.

En Feature Shoot han publicado un interesante ensayo sobre el impacto que unas fotografías publicitaria de moda tuvo en su momento, en los años sesenta. 1964 por ser precisos. William Claxton fotografió a la modelo, y su esposa, Peggy Moffit luciendo una de las recientes creaciones del diseñador Rudi Gernreich, el monokini. Un bañador de una pieza que dejaba los pechos al descubierto. No. No se parece a un bikini que se lleva sin la parte superior. Se parece más a un traje de baño tradicional de una pieza, pero que no cubría adecuadamente los pechos de la mujer. Causo sensación y escándalo. L’Osservatore Romano, periódico del Vaticano, a Izvestia, uno de los periódicos de mayor difusión en la Unión Soviética, el uno invocando a Cristo y el otro a Marx, enemigos naturales entre sí, se pusieron de acuerdo para condenar la pieza, la fotografía y a sus protagonistas. Sin embargo, esta impactó y es una de las referencias a la hora de establecer los cambios en la moda y en la percepción de las mujeres, de su libertad sexual, en los convulsos sesenta. No obstante, hoy en día siguen fuertes aquellos que odian los pezones de las mujeres. O simplemente a las mujeres. Con Zuckerberg y sus redes sociales a la cabeza… por ejemplo.

Photolari es un proyecto de un par de periodistas que tratan de salir adelante informando sobre fotografía. Son majetes, pero limitados en medios… y a veces, en visión. Pero bueno. No es de ellos de quienes quiero hablar. El caso es que esta semana publicaban un artículo con una anécdota bastante graciosa sobre cuando Diane Arbus fotografió a una ya septuagenaria Mae West… y a esta no le gustaron las fotos. Arbus tenía la manía de hacer unos retratos muy directos, que mostraban de forma a veces cruda la realidad física y psicológica del retratado. No voy a repetir la anécdota aquí, leedla en las páginas de Photolari. Me llamó la atención porque el estilo de la entrada no es el habitual en esas páginas. Luego vi al pie de la misma que es Leire Etxazarra, la redactora de Cartier-Bresson no es un reloj, un blog que no me cansaré nunca de recomendar. Son buenos; están documentados y escriben bien.

En Plataforma de Arte Contemporáneo nos hablaron esta semana de la artista china Cui Xiuwen. Una artista que comenzó como pintora, pero que acabó utilizando principalmente la fotografía y el vídeo como elementos de expresión. Yo recordaba de ella su obra Sanjie, una representación de la última cena de Da Vinci, una composición de fotografías de una adolescente china vestida con el uniforme de los pioneros. Sus obras son conceptuales, muy simbólicas, sobre la situación de la mujer y de la sociedad china. Y estoy de acuerdo con quienes opinan que fue una artista muy valiente. No olvidemos, parece que a muchos sectores de la sociedad, incluidos los políticos de todo signo, que China es una férrea dictadura, carente de libertades, cosa que parecen olvidar los representantes de las «democracias» a la hora de hacer negocios con el gobierno chino. Como veréis, he utilizado la forma verbal «fue», preterito perfecto simple, porque Cui Xiuwen falleció el año pasado. Una pena. Aun no había cumplido los cincuenta años, y podría haber aportado mucho más. Os dejo un vídeo muy interesante de la Schoeni Art Gallery (sí… la galería ha suspendido «temporalmente sus operaciones, físicamente se encuentra en Hong Kong, pero en la página web sigue habiendo contenidos), que nos ayudará a entender mejor a la artista.

Y me despido con el homenaje que aparece en Booooooom del fotógrafo Frédéric Tougas (instagram) a las 100 vistas de Edo de Hiroshige, pero en visión moderna y fotográfica. Porque a estas alturas todavía no hemos decidido las vacaciones de otoño. Y aunque Japón, y Tokio, actual nombre de Edo, parecía descartado, vuelve a estar entre las posibilidades.

[Cine en TV] Always be my maybe (2019) / Elisa y Marcela (2019)

Cine

En los últimos días, ni hemos tenido tiempo u ocasión para ir a las salas de cine, ni la cartelera ha estado lo suficientemente atractiva como para que nos esforzáramos en encontrar tiempo o buscar la ocasión. Si a eso sumamos la pereza que da salir de casa en determinados días por el excesivo calor que padecemos… pues la solución a la dosis semanal de cine de estreno puede pasar por los servicios de bajo demanda, por las producciones exclusivas de algunos de estos. Así que vamos con dos de ellas.

Always be my maybe (2019; 34/20190630)

La comedia romántica es, desde hace mucho más tiempo de lo que parece, un género en decadencia. Es cierto que las taquillas acompañaron durante unas década a estas películas. Pero no podían esconder que eran producciones estereotipadas, prefabricadas, que recurrían sistemáticamente a las mismas fórmulas. Previsibles, poco a poco han ido perdiendo el favor del público, aunque siempre haya espectadores dispuestos a merendarse una tontada romanticona mientras se empachan de palomitas. Hete aquí que Netflix empezó a nutrir su fondo de producciones originales propias con algunas de estas. Yo, remiso a tropezar de nuevo en la piedra de los caminos trillados, he evitado muchas de estas. Pero de repente empecé a leer hace unas semanas reseñas sobre esta comedia usamericana, firmada por Nahnatchka Khan (desconocida para mí), con un reparto donde predominan los intérpretes de origen asiático, como una película que tenía cierto interés. Así que cogí, y en la sobremesa del domingo, después de haber pedido para compartir una ración de yakisoba y sashimi, nos dispusimos divertirnos con ella.

Si la primera película va de asiáticos… pues viajaremos fotográficamente a Asia, a China. Si la segunda película está rodada en blanco y negro,… pues lo mismo.

La cosa va de una chica de origen vietnamita, Sasha Tran (Ali Wong), que se ha convertido en una chef de éxito, que se reencuentra con un viejo amigo de la infancia de origen coreano, Marcus Kim (Randall Park), cuando vuelve a San Francisco para abrir una sucursal de su cadena de restaurantes. De niños y adolescentes fueron inseparables, pero al llegar el final de la adolescencia, cuando decidieron dar un paso más en la relación, no funcionó. Y a partir de ahí llevaron vidas separadas. Obviamente… el reencuentro…

Bien. Escribir 1000 veces en la pizarra, «no te fíes de los listos que pontifican sobre cine actual en internet». Esta comedia romántica es de una mediocridad pasmosa. Los dos protagonistas no son desconocidos para mí, me los he encontrado aquí y allá en producciones televisivas, generalmente haciendo trabajos razonablemente competentes. Pero aquí no pueden superar la avalancha de lugares comunes y previsibilidad, con unos gags pretendidamente cómicos que no funcionan.

Un producto prefabricado más en el ámbito de la comedia romántica, que lo único que me despierta es las sospechas de que muchos de estos individuos o individuas que opinan por ahí estén untados por las cadenas. No recomendable salvo para partidarios acérrimos de este género que quizá se sientan a gusto viendo lo de siempre.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

Elisa y Marcela (2019; 35/20190704)

Si la anterior era una película claramente comercial, en la que habíamos puesto erróneamente cierta esperanza de encontrar algo de calidad, aquí nos encontramos con una propuesta muy diferente. Estamos ante la última película de Isabel Coixet, directora española que siempre ha aspirado a hacerse un hueco entre los más prestigiosos directores de esos que hacen el llamado «cine de autor». En sus inicios parecía que llevaba el buen camino, y tengo recuerdos de un par de sus películas que realmente me parecieron excelentes. Pero luego… tengo la sensación de que se esfuerza tanto de las formas, que olvida dotal de fondo y alma a sus películas. Me ha pasado con varias.

Y aquí la tenemos de pronto, estrenando en Netflix, en blanco y negro, a lo Cuarón, con una de las tantas producciones que se presentan en esta cadena sobre tema LGTBI+ (espero no dejarme ninguna palabra, no quiero excluir a nadie). Y lo hace rescatando una crónica de la sección de sucesos en el cambio del siglo XIX a XX, cuando la noticia de que dos mujeres se habían casado (por la iglesia, porque era la única forma en la práctica en aquellos momentos), haciéndose pasar una de ellas por un hombre. La película se «inspira» en hechos reales. Obviamente, ese «inspira» ya nos va a indicar que se va a tomar muchas libertades con lo que sucedió entre Elisa Sánchez Lóriga, alias Mario Sánchez (Natalia de Molina) y Marcela Gracia Ibeas (Greta Fernández) en un periodo más o menos conocido que abarcó desde que se conocieron en 1885 hasta que se les pierde el rastro en 1909. Como veis, un período de 24 años, que no se corresponde con el paso interno del tiempo de la película.

La película se nos presenta como una representación de la intolerancia ante el amor homosexual (estamos en Galicia en el salto del siglo XIX al XX,… ¡qué diablos se podía esperar!; si estaban en su conjunto como sociedad más para dar pena que para ser criticados), mezclada con una serie de escenas de cama que, dada la época, resultan algo inverosímiles o forzadas. El guion es flojo; con tendencia al aburrimiento. El blanco y negro apenas se justifica, no es la mejor fotografía en blanco y negro que te puedes encontrar y, como he leído por ahí, más parece propia de un anuncio de perfumes que de un intento de recuperar un ambiente histórico y social. Nuevamente, Coixet se pierde en las formas descuidando por completo el ritmo y la emoción de la historia, o definiendo un enfoque claro sobre lo que nos quiere hablar.

Dicho lo cual, nos quedaba la esperanza de que las dos actrices pudieran salvar la papeleta. Pero no funcionan. De Molina no acaba de convencerme en sus capacidades interpretativas, no es la primera vez que me pasa, más que interpretar parece que declama o recita sus papeles. Y Greta Fernández, una joven actriz con pedigree familiar, presenta mejores maneras, se le ve más natural en su papel, pero no basta para levantar el conjunto, ni de lejos.

Película con pretensiones, que fracasa, desde mi punto de vista estrepitosamente, en contar una historia que enganche al público. Coixet sigue fallando en lo básico. Era mucho más interesante cuando rodaba cutre, pero tenía algo que contar con sustancia. Una pena. Oportunidad perdida. Nop. Coixet no es Cuarón.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

[TV] Cosas de series; catástrofes diversas y Sherlock versión nipofemenina

Televisión

Esta semana vamos con dos (o tres cosas) muy distintas. Vamos por lo serio y trascendente. Pero vamos también por lo lúdico.

Estoy poniendo a prueba HBO más allá del mes de prueba que ofrecen. Si hay algo innegable es que esta cadena tiene un catálogo de producciones para televisión de altísima calidad, que van mucho más allá que las aventuras «tronadas» de moda en los últimos años. Y si dicen que como muestra basta un botón, expresión con la que sinceramente nunca he estado de acuerdo, hace un par de semanas me merendé Chernobyl. Miniserie que si bien está producida para la cadena americana, tiene un sabor muy europeo, con tres intérpretes principales de la talla de Jared Harris, Stellan Skarsgård y Emily Watson, acompañados de un reparto de secundarios poco conocidos pero de gran nivel actoral. Como su propio título sugieres, en cinco intensos capítulos nos narra la catástrofe nuclear de la llamada central nuclear de Chernóbil, gran desastre ambiental, económico y humano, que cobró un peaje en vidas humanas difícilmente evaluable, pero que superan las 31 víctimas reconocidas oficialmente por las autoridades soviéticas en varios órdenes de magnitud, hasta los varios miles. La serie no sólo está excelentemente interpretada y ambientada, sino que además explica de forma muy didáctica cómo se produjo la catástrofe. Dejando claro que la causa última de esta estuvo en el muy deficiente funcionamiento de la estructura burocrática estatal soviética, carente de mecanismos compensatorios por el hecho de ser un régimen dictatorial y, por lo tanto, con un nivel mayor o menos de corrupción global del sistema. No es que sea una serie recomendable. Es una serie IMPRESCINDIBLE.

Fotográficamente, dejaré de lado las tragedias, y pondremos unas cuantas potenciales «misu Shārokku», en un país tan tradicional como es Japón, donde el escalón social y económico entre hombres y mujeres es increible e injustificablemente alto para un país con su nivel de desarrollo.

Como consecuencia, me sentí atraído a volver a ver otra producción de la casa, también de gran influencia británica, que ya pude ver de estreno hace un buen montón de años en el extinto Canal Plus. Se trata de Conspiracy, titulado en español con el título más sensacionalista de La solución final. El que probablemente sea el mejor trabajo actoral de Kenneth Branagh reconstruye lo que pudo suceder en la llamada Conferencia de Wansee a partir de la única copia que se recuperó de las transcripciones de la reunión, en la que se discutieron los aspectos prácticos del exterminio de ciudadanos europeos judios en todo el continente sometido al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Otro ejemplo de burocracia dictatorial, en esta ocasión impulsada tristemente al «éxito» por la eficiencia en ingeniería de los alemanes, así como por el fanatismo de los mismos, que antepusieron el odio hacia determinados colectivos a su necesidad de ganar la guerra. Hay momentos que te ponen los pelos como escarpias. Altamente recomendable también.

Así que después de estas dos producciones, necesité algo más ligero. Y lo encontré dentro de la propia HBO, en la que deber ser la única producción de HBO Asia programada en las plataformas occidentales, Miss Sherlock [ミス・シャーロック ( Misu Shārokku)]. Encarnada por la actriz Takeuchi Yūko, encontramos a una versión femenina del clásico detective británico que, aunque manteniendo las características esenciales del mismo, su femineidad y su japonesidad le otorgan un carácter diferenciador y, desde mi punto de vista, refrescante. Es una detective excéntrica, ciertamente, pero que carece el envaramiento del tradicional que siempre me ha producido cierto rechazo hacia el personaje. Por su puesto, si el Holmes tradicional no tenía sentido sin su compañero «humano» el doctor Watson, su versión femenina y nipona tiene su propia compañera, Wato-san (Kanjiya Shihori), doctora en medicina que ha regresado de ejercer como voluntaria en el conflicto armado en Siria y afectada por un trastorno de estrés postraumático. Quizá no alcance al nivel de las recientes versiones televisivas modernizadas del personaje, pero como digo sí que tiene cierto interés y sí que aportar cosas nuevas al personaje, sobre todo en el ámbito de la compasión hacia sus semejantes, aunque se esconda bajo la fachada de alguien que lidia con el hecho de ser «diferente».

Como nota graciosa, la actriz que hace de casera de «Shārokku» y Wato-san, Itō Ran, formó parte de un trío femenino de música pop en los 70 que tienen algunos temas muy divertidos. O dejo con uno de sus vídeos. Es la cantante principal, la del centro. Hoy en día una señora de… bueno… 45 años más, claro.

[Libro] La dependienta

Literatura

Encontré este libro de Murata Sayaka recomendado mientras hojeaba algunas entradas de blogs diversos. Un libro que venía precedido de haber recibido algún que otro premio de cierto prestigio en su país de origen. Vi que no era muy extenso, lo cual me interesaba en ese momento y decidí adquirirlo.

Pasearemos por Kioto, para ilustrar una novela que transcurre en Japón… aunque probablemente sea Tokio la ciudad donde pasan las cosas. Es la ciudad más grande y, por lo tanto, la más deshumanizada y alienante.

Primero, una explicación. En Asia oriental, son frecuentes, muy frecuentes, las tiendas de conveniencia abiertas 24 horas al día, los 365 días del año. En España no son tan frecuentes. En mi ciudad, Zaragoza, tan apenas hay. Con esos horarios, prácticamente sólo están las tiendas de las gasolineras, que son lo más parecido que hay. Hay alguna otra tienda de alguna cadena, pero con horarios amplios pero no ininterrumpidos. Y en cualquier caso, carecen por completo de la omnipresencia que tienen en los países asiáticos. Cadenas como 7-eleven, Lawson, FamilyMart, y otras están por todos lados. Con algo de comida, bebida, revistas, productos para la higiene, cajero automático, y algunas otras cosas que en un momento dado son de utilidad, tienen gran éxito. Como viajero por aquellos lugares, son un verdadero alivio. Te sacan de cualquier apuro en un momento. En Japón son omnipresentes. Corea del Sur y Hong Kong también tienen redes muy amplias. Taiwan también está muy bien surtida. En la China continental son algo menos frecuentes, pero también hay bastantes.

En Japón se las conoce como konbini [de コンビニエンスストア konbiniensu sutoa, del inglés convenience store]. Y en ellas suelen trabajar chicos y chicas jóvenes, probablemente estudiantes que se ganan algún dinero trabajando a tiempo parcial en ellas, o a la espera de que les surja un empleo más interesante. La protagonista de la novela, Keiko, tuvo problemas de adaptación social desde niña. Excesivamente franca, directa y sincera, tuvo que aprender a disimular y, fijándose en la conducta de otros, ser «normal». A los 18 años, mientras estudiaba, entró a trabajar en una konbini a tiempo parcial, y ahí sigue otros 18 años más tarde. Pero lo que era normal en una chica universitaria, no se percibe como tal en una mujer hecha y derecha en la mitad de sus treintas.

Murata nos plantea una crítica profunda a una sociedad que prescribe y determina los roles sociales de las personas, especialmente de las mujeres, de quienes se espera unos comportamientos «acordes con su edad y condición», en cada momento. Ahora toca estudiar, ahora puedes sacarte unas perrillas en una konbini, ahora te buscas un trabajo serio, ahora un novio, dejas el trabajo y tienes hijos,… Quien se sale de este guion preestablecido acaba siendo visto como «no normal». Sus familias, sus amistades se extrañan. En un momento dado, si toca tener una familia, se sienten más aliviadas si la ven emparejada con un cretino que si mantiene su independencia haciendo lo que prefiere o lo que quiere. Y todo ello, planteado en un relato que tiene una precisión milimétrica, como la de la rutina de Keiko en la tienda. Relato que puede verse tanto como una comedia satírica o irónica, como un drama, en algún momento como una tragedia cotidiana. La inmersión en una soledad que nos aliena desde el mostrador de la caja de una tienda en un distrito de oficinas.

El libro se lee enseguida. Me hace gracia ver que en algún sitio la definen como «una crítica velada a la sociedad actual». De velada nada. Es una crítica directa y ácida. Y hasta cierto punto desesperanzada. Los nipones son especialistas en poner en solfa la sociedad alienante en la que viven utilizando cualquier género de relato. Esta novela corta deja un regusto amargo. No porque esté mal escrita, al contrario, es muy recomendable; mucho. Sino por la desesperanza que como digo te deja cuando la terminas.

[Recomendaciones fotográfica] Exposiciones en la Lonja, españolas en Magnum y otras cosas

Fotografía

Este jueves pasado, día 27 de junio, cuando ya asomaba la sofocante ola de calor que nos atenaza estos días, se inauguraba en la Lonja de Zaragoza la exposición Creadores de conciencia DKV, en la que la fundación destinada a gestionar las actividades de responsabilidad social de esta aseguradora, nos muestra una amplia selección de fotografías de sus fondos, dedicadas a los fotoperiodistas españoles, o que desarrollan su actividad en relación con nuestro país. Cuarenta fotógrafos y fotógrafas distintos, tres fotografías cada uno,… iba a decir aquellos de «una diversidad de estilos», pero la verdad es que aunque la hay, menos de lo que esperaba. Parece que para unos tiempos determinados los fotoperiodistas hace fotografías relativamente parecidas unos de otros, y ese es quizá el único pero de esta exposición, que por lo demás está muy bien. Por lo menos que sirva para concienciarnos de la necesidad de que alguien haga este trabajo. Y que no basta con que haya alguien por donde está sucediendo la noticia, con un móvil en la mano, que haga y mande un foto más o menos churrutera al medio de comunicación de turno, que se quiere ahorrar con la excusa los justos emolumentos del fotógrafo. Es triste ver cómo muchos de estos fotoperiodistas tienen que irse al extranjero para poder vender sus trabajos.

Hablando de fotógrafos españoles a los que les va bien en el extranjero. Diversos medios nos cuentan que Cristina de Middel ha subido un escalón den el escalafón de Magnum Photos. Por ejemplo, lo han contado en Clavoardiendo Magazine. Tras dos años como candidata, en la última reunión de socios de la agencia, tras presentar 65 imágenes realizadas en los dos últimos años, ha pasado a ser fotógrafa asociada. Dentro de dos años, podrá optar a ser miembro de pleno derecho. En la mayor parte de los países del mundo, sus compatriotas lo habrían celebrado de forma relativamente unánime. Pero Iberia la Vieja se ha caracterizado tradicionalmente por sus actitudes caínitas. Y los comentarios han sido para todos los gustos. Un cierto número son comentarios mesurados sobre los pros y los contras del trabajo de «la de Middel», como se llama así misma en su página web. Pero hay un número no desdeñable que abarcan desde «un nuevo triunfo para las mujeres española en la semana de la sentencia de la Manada» ¡¡¡qué tendrá que ver el tocino con la velociada???, hasta el crítico que tras desacalificar por completo el trabajo de la fotógrafa, critica hasta el dominio de su página web,… lademiddel.com. No le gustarán estas confianzas que se toman algunos con la peña… supongo. En fin, que un mesurado, «te podrá gustar más o menos su trabajo, pero alegrémonos de los éxitos de nuestros profesionales de la fotografía», parece lo menos frecuente. Y es donde estoy yo.

El San Francisco Museun of Modern Art (SFMoMA), un museo que tal vez visite en un futuro, más pronto de lo que imaginaba, ha subido a su canal de Youtube dos vídeos esta semana dedicado a Araki Nobuyoshi. Y digo yo… que podría haberse adelantado un poco, y hubieran encajado estupendamente en las recomendaciones de este jueves pasado, donde hablaba de fotografía japonesa o relacionada con Japón en general… por ejemplo este vídeo…

Por cierto que, no voy a visitar Japón de nuevo como pronto hasta la primavera que viene. Definitivamente, no este otoño. Pero también me hubieran venido bien estos vídeos para las recomendaciones del domingo pasado, en el que hablaba del libro que reúne dos de sus más célebres e interesantes trabajos, Sentimental Journey y Winter Journey. Como hace también este otro vídeo en el que el propio Araki nos habla de esos «viajes» con Yoko, su tempranamente fallecida esposa.

En Plataforma de Arte Contemporáneo dedicaron hace pocos días una entrada a Margaret Bourke-White, a la que definen como primera mujer correponsal de guerra, primera mujer fotógrafa que trabajo para la revista Life, primera mujer occidental a la que se permitió fotografiar la industria soviética… En fin, una mujer de récord. Y una excelente fotógrafa, que conviene conocer, como una de las figuras que es de la historia de la fotografía universal.

Por último, una historia que leí en Cartier-Bresson no es un reloj. Nos hablaron hace unos dáis del libro Alex & Me, un fotolibro de James Pfaff de un viaje por carretera que el fotógrafo realizó con la mujer de la que estaba enamorado, Alex, durante dos semanas, por Estados Unidos, poco después de conocerse. Pero el viaje terminó mal, se separaron en malos términos. Por lo tanto es una historia de amor y desamor, bajo la forma de cuaderno de apuntes de un viaje más que otra cosa. Me ha entrado ganas de tenerlo. Ya veremos. Nuevo está agotado, y de segunda mano no es barato. Este tipo de proyectos sencillos y muy personales me atraen más últimamente que los libracos dedicados a la obra de los autores consagrados, o simplemente presuntuosos. De alguna forma, veo paralelismos (y notables diferencias) con el Sentimental Journey de Araki.

[Cine] Tell it to the bees (2018)

Cine

Tell it tho the bees (2018; 33/20190627)

Estamos en el mes/semana/día del Orgullo. No sé exactamente el intervalo temporal que abarca esta celebración, todos ellos se pueden leer en las noticias, que comenzó como revuelta allá por 1969, hace 50 años, en el Greenwich Village de Nueva York, ante el acoso policial hacia el coletivo gai y otros colectivos relacionados con la diversidad en la orientación sexual y en la identidad del género que es propia del género humano, pese a lo que piensen aquellos sectores más conservadores de la sociedad. Como consecuencia de la progresiva liberalización del pensamiento, de las legislaciones y de las costumbres, cada vez hay más oportunidades para contar las historias de estos colectivos. En plural. Porque la diversidad humana se da en cualquier grupo, y las etiquetas cerradas corren el riesgo de poner siempre nuevas barreras. Nuevamente, los colectivos más conservadores de la sociedad se quejan de que en la actualidad los temas sobre la diversidad en la orientación sexual y la identidad de género están sobrerrepresentados. Bueno, no nos olvidemos que cuando se nos cuenta una historia de ficción, en los libros, en la televisión, en el cine, en el teatro, esta implica siempre un conflicto que desencadena el movimiento de esa historia de ficción. Y los colectivos de los que hablamos hoy no han andado escasos de conflictos; por lo tanto, probablemente no, no están excesivamente representados en la ficción cinematográfica.

La coqueta población de Culross, en el estuario del Forth, nos servirá para representar a la Escocia rural en la que transcurre la historia de la película de hoy.

Y en estas estamos con esta película británica firmada por Annabel Jankel, directora poco prolífica de la que yo no tenía referencias. Pero el reparto parecía razonablemente prometedor. Con Anna Paquin en el papel de la doctora Jean Markham, que vuelve a su pueblo natal en Escocia tras la muerte de su padre, para hacerse caso de su casa y de su consulta, y Holliday Grainger encarnando a Lydia, una joven madre de la posguerra mundial, con un hijo a su cargo (Gregor Selkirk), cuyo marido los ha abandonado para irse con otra mujer, ocasionando dificultades en su mantenimiento económico, y un cierto rechazo del resto del pueblo que ven en Lydia una extraña, alguien que no es del pueblo. Ambas mujeres se acercarán en sus dificultades, y entre ellas surgirá una atracción que complicará más la situación en una sociedad cerrada, rural, muy conservadora, en esa posguerra británica tintada de un horrible color gris mediocre.

Con la buena mano que tienen los británicos para las películas de época, con el buen oficio que tienen los intérpretes británicos, a poco que el guion estuviera un poco esmerado la película tenía que funcionar razonablemente bien. Sin embargo, no es así. La película es previsible, los personajes son superficiales, las situaciones son tópicas, y todo está tan milimétricamente organizado en el desarrollo de la historia, que falta corazón o hígados, según lo que toque en cada momento. No basta que haya una historia de amor entre dos mujeres, tiene que haber algo más a la hora de contarla para que interese, que una sucesión de lugares comunes, que tiene al final algo de pastiche, cuando se mezcla con una tremenda secuencia de un aborto provocado, que siendo de lo más interesante del filme, también se siente como forzado y un tanto sensacionalista. Ahí podría haber otra historia interesante, la de la joven Annie (Lauren Lyle), que se debería de contar con esmero y cuidado y no como oportuno (u oportunista) recurso argumental para ajustar el discutible final de la película por el lado de la doctora Markham.

Así pues, aunque correctamente interpretada, esta película está dirigida con oficio pero sin alma, y la historia acaba discurriendo sin pena ni gloria, con alguna escena de carácter preternatural con el tema de las abejitas, que te deja incómodo, ya que actúa prácticamente como un deus ex-machina que acaba por sacarte de la historia. Una historia que merecía mejor tratamiento.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

[Recomendaciones fotográficas] Chernobyl y fotografía japonesa

Fotografía

Normalmente suelo reservar mis recomendaciones fotográficas para la tranquilidad de los domingos por la mañana. Y de hecho, tengo algunos marcadores guardados que, tal vez, si no surge otra cuestión más interesante, sirvan para hablar de otras recomendaciones fotográficas al final de la semana. Pero un par de cuestiones me han impulsado a escribir las de hoy.

Terminada la maquetación de los libros de fotografía de mi reciente viaje a China, he empezado a investigar el rendimiento de algunas de las fotografías digitales reveladas en blanco y negro. Y lo cierto es que me parece un camino interesante para algunas de ellas.

Aunque no ha llegado todavía el momento de hablar sobre ella, estoy bastante impactado por la serie de HBO Chernobyl. Una serie superlativa. Una obra maestra del medio televisivo. Y al mismo tiempo, una obra maestra del medio cinematográfico, aunque este reservada a la pequeña pantalla. En las series televisivas, la autoría se la suele llevar un señor que no es el director de la serie, al contrario de lo que sucede en el cine. Es el creador de la serie, un señor que luego aparecerá en los créditos como productor ejecutivo o entre los guionistas, aunque cada vez con más frecuencia aparece bajo ese epígrafe de creador. Entre los angloparlantes es frecuente oír hablar de él como showrunner. El director de una serie suele ser múltiple; cada episodio puede tener un director distinto. Y es una labor más artesana que en las producciones para la gran pantalla. No se le reconoce la autoría de la producción. Aunque conforme aumenta la complejidad de las series de televisión, su papel se vuelve más importante. Los cinco episodios de esta serie han sido dirigidos por el mismo director, Johan Renck, un sueco que ha desarrollado su carrera en la televisión, los vídeos musicales y la publicidad. Pero Renck también es fotógrafo. Y recientemente, con motivo del lanzamiento al mercado de los nuevos productos de Hasselblad, esta marca ha publicado un artículo con fotografías de rodaje de Renck de la serie Chernobyl. Y están muy bien, y recogen perfectamente el ambiente de la serie, cuyo director de fotografía es Jakob Ihre. Otro sueco. En la página web de Renck encontramos más ejemplos de su trabajo fotográfico, que principalmente se desarrolla en el ámbito de la fotografía comercial de publicidad y moda. No soy muy dado a publicar recomendaciones procedentes de las páginas comerciales de las marcas de equipos, pero en esta ocasión… me parece oportuna la excepción.

Llevamos unos días debatiendo el segundo turno de vacaciones que disfrutaré a primeros de octubre. Hace tiempo que llevamos hablando de volver a Japón. Pero no lo tenía yo previsto para este año. Ya hemos viajado a Asia, a China. No tenemos una idea clara, al menos todavía, de qué haríamos, aunque por motivo que puedo comentar tendríamos que pasar algunos días en Osaka. Y también está la cuestión de que me desequilibra un poco el presupuesto personal destinado a viajes. China es bastante más barato que Japón. Pero el tema está encima de la mesa. Lo cual ha coincidido con el acceso a varios enlaces en los que se relaciona la fotografía y el país nipón, como para tentarme. Voy a comentar algunos.

En Feature Shoot nos hablan de la fotógrafa Michiko Chiyoda, tanto sus serenas series en blanco y negro, que aportan notables dosis de nostalgia hacia el Japón más tradicional, vemos fotografías en color, en una serie dedicada a la caligrafía tradicional. En cualquier caso, me parecen fotografías bellas, poéticas y una autora a seguir con atención.

Otra fotógrafa, que me llamó la atención en una entrada de Phases Magazine. Se trata de Mayumi Suzuki. Es hija y nieta de fotógrafos que mantuvieron durante décadas su estudio fotográfico en Onagawa, su ciudad natal. El tsunami de 2011 destruyó la ciudad y sus padres desaparecieron. Su fotografía, con cámara de campo de gran formato, está muy ligada al territorio y a las relaciones familiares.

Cuando fotografía y literatura se funden en una misma obra, generalmente, aunque no necesariamente, un libro, suelen salir trabajos muy interesante. Elizabeth Avedon nos habla en una entrada reciente de su blog de Kwaidan, en la que se combinan las historias fantasmales de los primeros años del siglo XX de Lafcadio Hearn con las fotografías del fotógrafo actual pero de estilo tradicional Hiroshi Watanabe. Un libro que no me importaría tener.

Masahisa Fukase fue un fotógrafo japonés conocido por su tendencia a la obsesión. Se obsesionó por los gatos. Se obsesionó por su segunda mujer, Yoko Wanibe (también aquí y aquí), que acabó abandonándolo harta de esa obsesión. Y como consecuencia del duelo por el abandono, se obsesionó por los cuervos, fotografías que constituyen su trabajo más celebre. Aunque también el que le llevó a un final trágico. De todo ello nos hablan, y lo explican muy bien, en Cartier-Bresson es un reloj.

Por último, me ha llamado el artículo que en Old Skull han dedicado a las fotografías que del viaje a Tokio hicieron Damjan Cvetkov Dimitrov y Nina Geometrieva. Alojados en un hotel cápsula, dedicaron su viaje al Tokio más futurista, a la arquitectura más moderna. Quizá también la más deshumanizada. País de contrastes se suele denominar a Japón (y a tantos otros). Pero esos contrastes quizá sean más notables en la capital.

[TV] Cosas de series; las series de vacaciones

Televisión

Una de las cuestiones que ha cambiado en las vacaciones y con los servicios de televisión de vídeo bajo demanda es que uno puede seguir viendo algunas series cuando está de viajes. Entendámonos. Cuando salgo de viaje me desentiendo mucho de mis actividades cotidianas. Pero en viajes largos hay muchas horas muertas. Y no siempre tienes ganas de conversar con las personas que te acompañan; también pasamos muchas horas juntos durante las vacaciones y tenemos necesidad de hacer algunos descansos unos de otros, por el bien del ambiente vacacional global. Y luego, a mí me pasa una cosa. Cuando llegas al alojamiento por la noche, especialmente si el día ha sido intenso, con abundantes estímulos, por muy cansado que esté, me cuesta conciliar el sueño. Aunque luego caiga en coma y duerma de tirón toda la noche. Para todos estos momentos que he descrito, viene bien poder disponer de episodios de series a mano.

Hoy viajaremos por Finlandia como en una de las series de hoy. Aunque en verano. Que las series nórdicas tienen tendencia a rodarlas en invierno… para acentuar la frialdad de la producción, supongo.

Netflix y Amazon Prime Video permiten llevarse episodios descargados. Aunque pueden no funcionar si la tableta está conectada a internet, si el país en el que te encuentras tiene una programación distinta para ese servicio. Por ello, cuando voy a ver uno de estos episodios, desconecto la conexión inalámbrica de la tableta. Dos series me he llevado. Una ya la había empezado antes de viajar. Las dos son europeas, una finesa y la otra francesa.

Deadwind

Serie finesa policiaca. La fórmula está vista. Una protagonista (Pihla Viitala), mujer, policía, que va un poco por libre, que se ha reincorporado a la policía de Helsinki después de vivir un tiempo con su marido en Hamburgo. Este murió en accidente de tráfico, y aquí se encuentra con el hijo que tuvo en común con el marido, y con la hija adolescente de este de una relación anterior. Y se le asigna el asesinato de una mujer, al mismo tiempo que un nuevo compañero (Lauri Tilkanen) previamente destinado en delitos de drogas. A partir de ahí, explorará la serie varias dimensiones. Las dificultades de gestión de su vida familiar, las de la relación con su nuevo compañero y el resto de los colegas de la policía, y la resolución del caso, que se complicará, por sus ramificaciones con otros sucesos y con otros intereses.

No está mal y se deja ver. Tiene la realización fría, algo distante, de las televisiones nórdicas. Pero no genera la sensación de sorpresa que otros productos en los que se inspira como la afamada Bron/Broen. Pasable. Entretenida. Sin más. La inspectora Karppi no es Saga Noren.

La Mante

La Mante [la Mantis] (Carole Bouquet) fue una asesina en serie en su momento, que mataba a sus víctimas, hombres, de forma extremadamente cruel; víctimas que se caracterizaban por sus conductas desaprensivas hacia sus entornos familiares, especialmente mujeres y menores. Una especie de (re)torcida justiciera. En la actualidad, 20 años después, un imitador ha aparecido. La asesina, secretamente en prisión cumpliendo cadena perpetua, se presta a colaborar con la policía. El secreto fue acordado para proteger a su hijo menor de entonces, cuya madre «oficialmente» murió en accidente aéreo en Francia. Pero actualmente es policía, y la asesina quiere que forma parte del equipo investigador. Obviamente, quiere reconectar con él. A partir de ahí se genera una trama en la que asistimos a la evolución de la trama policial, de la relación de la asesina con su hijo, y a la de este con su entorno, marcada por los secretos y mentiras.

A priori me pareció una serie entretenida e interesante. Me entraba curiosidad por saber que había sido de la Bouquet, de quien no había visto nada en mucho tiempo, desde los tiempos en que los mismo era chica-Bond que era un»oscuro objeto del deseo» para Buñuel. Luego me ha pasado como con la serie anterior. Aunque es una serie entretenida, no deja de ser un pastiche de conceptos, ideas y fórmulas ya utilizadas en otras producciones sobre asesinos en serie. En algunos momentos, recuerda mucho a Hannibal Lecter, pero sin las manías gastronómicas de este.

[Álbum de fotos] Probando a maquetar un álbum de fotos con Canva

Fotografía, Viajes

Hace unas semanas, hice con Asafona (Asociación de fotógrafos de naturaleza de Aragón) un taller para diseñar con Canva, una aplicación web fácil pero razonablemente potente para un aficionado. Ya tengo maquetado un álbum con fotos de los tres carretes de blanco y negro que expuse con mi Minox GT-E en China.

Y os dejo aquí unas cuantas fotos de las que aparecen el libro, realizadas en Hangzhou.