Libro: La Alemania de Weimar

Literatura

Indudablemente, Alemania fue uno de los actores dominantes de la política y de la historia del mundo en la primera mitad del siglo XX. Protagonista de dos guerras mundiales, curiosamente es un país que no existió como tal hasta bien entrado el siglo XIX, cuando la belicosa Prusia unificó a todos los estados alemanes, salvo Austria y los cantones germanófonos de Suiza. Pero en el período de entreguerras hubo un período poco conocido, pero apasionante por muchos motivos que fue el régimen llamado la República de Weimar. Con este ensayo histórico, podremos aprender un poco más sobre este país, y probablemente más sobre todos nosotros.

La Alemania de Weimar: Presagio y tragedia
Eric D. Weitz
Turner, Madrid 2009
ISBN: 9788475068718

Reconozco que la historia de Alemania me fascina. Nunca existió como tal país hasta la creación del Deutches Reich, traducido incorrectamente como Imperio Alemán, en 1871. A partir ahora preferiremos la expresión Reich Alemán. Durante siglos existió el Sacro Imperio Romano Germánico, que en realidad fue más una unión de estados, muy diversos entre sí, con el denominador común de una relación directa o indirecta con los pueblos y la cultura germánica, que reconocían como cabeza visible a un emperador electo, y que sufrió muchas variaciones en su forma y contenidos entre el año 962 con la coronación de Otón I y su disolución en 1806 en las guerras napoleónicas. Sin embargo, entre 1871 y 1945, menos de un siglo, fue una potencia europea y mundial, actor principal en la I Guerra Mundial, y desencadenante absoluto de la II Guerra Mundial, poniendo en jaque el orden mundial.

El libro que nos ocupa analiza el estado que surge como consecuencia de la derrota en el primer conflicto bélico global, y de los procesos revolucionarios que acabaron con la monarquía de origen prusiano que gobernaba el país. Aunque formalmente parlamentario, el Reich Alemán de antes de 1919 difícilmente se podía considerar un régimen democrático, dados los amplios poderes que se reservaba el Kaiser, a la hora de nombrar gobierno o de tomar decisiones de gobierno. En 1919, aparece la que posteriormente se conoció como República de Weimar. El nombre oficial del país no se modificó, ni los alemanes de la época utilizaban dicho apelativo. Este deriva del hecho de que los trabajos de la asamblea constituyente se realizaron en la ciudad de Weimar, para evitar el difícil y conflictivo ambiente del Berlín de 1919. La elección de Weimar no fue al azar, ya que esta ciudad fue tradicionalmente una de las más cultivadas política, cultural y artísticamente del mundo germánico.

Bajo la Constitución de Weimar, el Reich Alemán se dotó de una de las constituciones más adelantadas en el reconocimiento de los derechos ciudadanos y sociales de las que existían en aquel momento, convirtiendo potencialmente al estado alemán en uno de los más democráticos.

Potencialmente. Todo terminó con la llegada al poder en 1933 de Adolf Hitler, que nunca derogó la Constitución de Weimar, pero que la despojó de todo contenido y sentido, creando un estado autoritario fascista de triste recuerdo.

Las secuelas y la desmoralización colectiva producidas por la guerra, la oposición de los extremismos de izquierda y derecha a la democracia, el rechazo de la derecha conservadora a las nuevas formas republicanas, la deslealtad de las iglesias luterana y católica, los tremendos altibajos en la economía que sucedieron, culminando con la terrible depresión que siguió al crack del 29, todos estos factores llevaron al derrumbe del régimen y a la catástrofe nazi. Todo ello se cuenta con todo detalle en el libro que nos ocupa.

Pero no sólo hubo cosas negativas en aquel período. Además del innegable adelanto que supuso el reconocimiento de los derechos sociales de los ciudadanos, algo que se extendería por toda la Europa Occidental después de 1945, creándose el llamado estado del bienestar, también fue un período de inmensa actividad cultural, artística y creativa. Términos como expresionismo, nueva objetividad, Bauhaus,… representan muchas de las inquietudes que surgieron y prosperaron en aquella época. El papel de las mujeres en las sociedad, en la cultura, en el trabajo y en la política, una nueva cultura sexual, la actividad física, los deportes, el aire libre, los espectáculos audiovisuales, la radio, la música,… todo fue nuevo y todo influyó en aquella contradictoria sociedad.

Todos esos elementos tienen su espacio en el libro que nos ocupa, y son tratados con bastante profundidad y abundancia de referencias. El capítulo final trata sobre el fin del régimen. El autor carga las tintas contra los sectores más conservadores de la sociedad, que se aliaron con la extrema derecha, dando lugar al régimen nazi. El partido nazi por sí sólo nunca consiguió la mayoría en ninguna elección. Necesitó la ayuda de otros sectores conservadores, de las iglesias, del ejército, para poder alzarse con el poder. Los partidos más partidarios de la república, la socialdemocracia o los moderados de centro cometieron muchos errores, pero el autor delimita bien las responsabilidades. En algunos puntos, a pesar de las notables diferencias sociales, culturales y económicas, me recuerda a algunos aspectos del final de la república en España. También fue el fascismo con la colaboración necesaria de las derechas conservadoras y la iglesia católica. Quizá venga bien leer estos ensayos. Quizá podríamos aprender algo.

No obstante, es difícil que el libro interese al lector general sin especial interés por los temas históricos. Quien se sienta interesado por ellos, disfrutará.

Stadthaus

El Stadthaus (ayuntamiento) de Weimar en la actualidad - Panasonic Lumix LX3

Invictus (2009)

Cine

Invictus (2009), 1 de febrero de 2010.

Yo vi la Copa del Mundo de Rugby de 1995 por televisión en directo. Recuerdo que hacía dos años que vivía en mi piso, que un año antes aproximadamente me había dado de alta en Canal + para poder ver cine sin cortes y el entonces Cinco Naciones de rugby, y me encontré con las retransmisiones de la Copa del Mundo de Rugby de 1995. Entonces no lo sabía, porque el rugby es un deporte ignorado y minoritario en España, pero la Copa del Mundo de Rugby es el acontecimiento deportivo con más seguimiento televisivo después de los Juegos Olímpicos y del Mundial de Fútbol. Así que algunas de las cosas que acontecen en el nuevo filme de Clint Eastwood yo las viví en directo. Así que si a la calidad habitual del director le sumas una motivación personal, la visión de esa película era obligatoria.

Adaptación del libro El factor humano (Playing the Enemy) de John Carlin, que me apetece leer, la película nos cuenta como el recién elegido presidente Nelson Mandela utiliza el campeonato de rugby que se celebró en la Sudáfrica post-apartheid para aumentar la cohesión de un país altamente dividido racialmente, y con muchos odios y rencores en el ambiente, con una economía maltrecha, con una gran desigualdad social, con alta criminalidad, etc. Para ello, pide la colaboración de François Pienaar, capitán de los Springboks, la selección sudafricana de rugby, con el fin de intentar un éxito que ilusionase a todo el país en su conjunto. Hay que tener en cuenta que el rugby se consideraba un deporte de blancos, y la selección de rugby era odiada por el resto de los grupos étnicos. En aquella selección sólo había un jugador negro.

La película en su conjunto, dirigida con el habitual buen oficio del director, es un homenaje a Mandela. El entonces presidente sudafricano nos es presentado como una persona afable, muy cordial, con un intenso deseo de reconciliar a enemigos irreconciliables, entre el odio de los blancos y la incomprensión de los suyos. Con una voluntad férrea y la colaboración de otros, consiguen un éxito imprevisto en un acontecimiento deportivo de alcance mundial. La película nos cuenta los hechos fundamentales de la historia, centrándose sobretodo en los parlamentos de Mandela, tanto en público como en privado, salvo en la última parte del filme, cuando se nos narra el emocionante partido final contra los All Blacks de Nueva Zelanda, que llevaban al jugador revelación del momento, el aparentemente imparable Jonah Lomu, que había pasado por encima de todos sus rivales con autoridad, incluida una de las favoritas, Inglaterra, en semifinales. Yo recuerdo perfectamente aquellos partidos. Me gusta como se han rodado las secuencias del partido final.

Pero, pasándonos a lo que es la interpretación, la película es también un homenaje a ese íntimo amigo de Eastwood que es Morgan Freeman, a quien le regala un papel hecho a su medida, y en el que el actor demuestra que es uno de los grandes de la interpretación actual, aunque me gustaría haber visto la película en versión original. Todo llegará. Junto a él tenemos a un Matt Damon, interpretando a Pienaar, que aparece un poco hierático, no sé muy bien si debido a la personalidad/carencias del actor, o a que realmente el personaje real es así. Queda deslucido en comparación con el anterior, pero tampoco importa mucho, puesto que aunque el principal de los secundarios no deja de ser un secundario.

Probablemente por las circunstancias que rodean mis recuerdos personales y mi memoria histórica, esta película me ha llegado mucho más que si estas circunstancias no se hubieran dado. Evidentemente, no es una de las grandes obras del director; pero claro, volvemos a lo de siempre, una obra normalita de Eastwood está a la altura de las buenas de muchos otros. Mis notas son:

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva:
***

Trinity College

Campo de rugby en el Trinity College de Dublín; Irlanda es una de las favoritas para adjudicarse el Trofeo Seis Naciones que comienza este sábado que viene - Canon Powershot G6

Un tren moderno; una gestión antigua, absurda, surrealista,… la de Renfe

Política y sociedad

Me ha llamado la atención un incidente que ha sucedido este fin de semana en la estación de ferrocarril de Zaragoza-Delicias, en el AVE que por la tarde viene de Madrid con destino Huesca. Al parecer, al llegar a la moderna y fría estación de Zaragoza, en dos de los coches las puertas no se abrieron. Y el tren, pasado el tiempo determinado, arrancó llevandose a unos cuantos viajeros que querían y debían haberse apeado en Zaragoza. Que suceda esto, de por sí, ya es un despropósito.

No entraré en las discusiones que parece que tuvieron los viajeros con algún empleado de Renfe en el tren; hay elementos subjetivos difíciles de valorar en una noticia de presa. Pero lo sorprendente es cómo les arreglaron el desaguisado. Parece que les hicieron bajar en Tardienta, y allí esperar a que viniese un autobús desde Huesca, y llevarlos a Zaragoza de nuevo. Cualquiera que conozca la situación de estas poblaciones sabe que es una solución más rápida y mucho más eficiente que los viajeros se bajaran en Huesca, donde podría estar esperándoles en la estación intermodal ese autobús que se desplazó a Tardienta, y haber salido directamente a Zaragoza. Con toda seguridad, hubieran llegado antes a su destino original. Parece incluso que los viajeros, que se conocían la situación, así lo sugirieron. Pero nadie les hizo caso; aumentando el despropósito.

En la actualidad, Renfe, que pese a las directivas europeas de liberalización del transporte ferroviario sigue siendo un monopolio del estado, basa su propaganda de prestigio en lo modernos que son los trenes. Los más modernos de Europa. Pero no son conscientes de que su gestión es antigua. Porque sigue sin estar basada en las necesidades de los viajeros; está más basada en la esclavitud de las nuevas tecnologías que en dar un servicio humano y flexible a las eventualidades. No tienen capacidad de respuesta ante contingencias. Montar en tren ya tiene elementos surrealistas. Cuando uno está en Alemania, o en Bélgica, o en Francia, y va a coger un tren de alta velocidad, saca su billete, va al andén, se despide de sus familiares y monta. Como se ha hecho siempre. Y todos tan contentos. Aquí, hay que llegar con no sé cuanto tiempo, para pasar sucesivos controles de seguridad y billetes, impidiendo el acceso de los acompañantes, lo cual genera intranquilidad cuando los viajeros son personas mayores. Ha sucedido en más de una ocasión que un viajero discapacitado, no ha recibido ayuda adecuada porque no se había avisado con antelación. Claro… ¿tiene el viajero discapacitado obligación de saber que tiene que avisar con antelación? ¿No puede esperar que en una estación moderna y en un tren moderno la supresión de barreras va a estar constantemente prevista?

Y luego, cuando entras en el tren, estás preso. Cualquier contingencia obliga a permanecer horas sin salir, sin explicaciones, sin derechos…

No. Renfe no es una empresa moderna. Lo son sus trenes, pero no su gestión ni su filosofía. No se orientan al cliente. Tampoco se pueden considerar ya servicio público. Cada vez funcionan más mirando su cuenta de resultados y no la necesidad de vertebración del territorio y apoyo a la sociedad. Y cada vez circulan más autobuses por las carreteras. Por que son más baratos, por que son más flexibles… pero también son incómodos, y contaminan más…

Este país ha estado reñido de siempre con sus ferrocarriles. Y eso forma parte de nuestras desventajas competitivas. Alguien debería promover algún tipo de cambio.

Pasado Pamplona

Dos trenes Alvia se cruzan en algún lugar de Navarra entre Pamplona y San Sebastian; trenes modernos para un servicio anticuado - Panasonic Lumix LX3

Libro: El festín de Babette

Literatura

Creo que poca gente sabe quién es la escritora de este relato, novela corta o cuento largo, no sé muy bien. Sin embargo, si recordamos que Isak Dinesen es el pseudónimo bajo el cual firmaba sus novelas Karen Blixen, es posible que este último nombre suene más. Porque es el personaje principal de una afamada película, Memorias de África, que se llevó un Oscar, adaptación del libro de la misma escritora que narraba sus vivencias durante los dieciocho años que vivió en el continente cuna de la humanidad.

Pero nunca me atreví a leer estas memorias, porque nunca me interesaron mucho los amoríos de la pija danesa con un presuntamente apuesto aviador. Pero hace unos años se adaptó otro relato de la escritora al cine, que ganó también un Oscar, en este caso a la mejor película de lengua no inglesa, y que me encantó. Me pareció una delicia de filme. Así que viendo la esplendida edición que estaba a la venta hace unos días en una librería zaragozana, me decidí a leer este libro.

El festín de Babette (Babettes gæstebud)
Isak Dinesen (con ilustraciones de Noemí Villamuza)
Ediciones Nórdica, Madrid, 2007
ISBN: 9788493557898

El libro nos cuenta una historia cortita, que se puede leer en una tarde. No sé muy bien si entraría dentro de la denominación de novela corta, relato corto o cuento. Pero quizá esto sea lo de menos. Esta historia nos habla de un par de solteronas que viven en una pequeña comunidad de la costa noruega, hijas de un pastor protestante luterano, pertenecientes a una comunidad donde viven la religión con una especial integrismo. Austeridad, continencia, frialdad, y muchos rezos. De jóvenes, cuando no habían visto nunca a un católico romano, los imaginaban terribles… Ambas han dejado atrás en su juventud la posible felicidad con dos hombres que volverán a aparecer en su vida.

Uno de ellos les envía a una joven francesa, una comunard huída de la represión (estamos en el año 1871), a la que por piedad tomarán como críada y cocinera. 12 años pasará la mujer en esta nórdica comunidad protestante, durante los cuales se hará imprescindible por su buen hacer en la cocina y en la administración de la casa. Al cabo de esos 12 años, le tocará la lotería, y decidirá ofrecer un banquete de agradecimiento a sus anfitriones nórdicos. Y esto es lo que nos cuenta el relato, junto con la consecuencias que para estos austeros luteranos tendrá el enfrentarse a la voluptuosa cocina francesa.

El libro es de una lectura ágil y fácil. La descripción de los caracteres y ambientes está perfectamente conseguido, y te transmite los sentimientos que en cada momento aparecen en los personajes del relato.  Realmente, se hace corto; sabe a poco. No obstante, es una de esas raras ocasiones en las que piensas que el filme supera a la obra literaria de origen. Le saca más partido del que la lectura ofrece. Aunque esto habla también del interés del relato.

El libro está ilustrado con los dibujos de Noemí Villamuza, que desde mi punto de vista capta perfectamente la esencia de los personajes, y enriquece la edición.

En resumen, un libro altamente recomendable, y para un público muy amplio. A por él. Que sólo dura una tarde.

Opera

La Opera de París no está lejos del Boulevard des Italiens, donde estuvo el Café Anglais, en el que la protagonista del relato, Babette, ejerció como cocinera - Pentax P30N, objetivo desconocido

601 entradas, fotos de antaño y la afición a la GF1

Fotografía personal, Páginas personales

Hoy he tenido una mañana absolutamente caótica, que ha culminado llegando yo a casa  mucho antes de lo que suele ser habitual. Cansado, desmadejado,… así que me he tumbado a ver la televisión un rato antes de intentar reactivarme de nuevo. Que tengo mucho que hacer. Pero antes de ponerme a hacer cosas, he pensado en terminar de relajarme escribiendo algo por aquí.

Lo primero que me ha llamado la atención es que WordPress me dice que, con la de ayer, llevo 600 entradas en el Cuaderno de Ruta V.2. Y con la de hoy, 601. No esta mal la regularidad, teniendo en cuenta que mi segunda etapa como modesto blogger comenzó hace dos años y dos días. O sea, casi 300 entradas al año. No es que me siga mucha gente. Nunca lo he pretendido. El objetivo inicial era desacelerarme 20 o 3o minutos todos los días escribiendo sobre algo, y que algunos amigos perdidos por el mundo supieran qué era de mi vida. Pero alrededor de 100 personas me leen de promedio todos los días. Y yo no tengo tantos amigos fieles. Es más, la mayor parte de mis amigos no son fieles.

Autorretrato

Ahí abajo, ese soy yo, en la Plaza de San Felipe de Zaragoza - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

De entre la entradas, hay algunas que son especialmente visitadas, supongo que propuestas por los buscadores entre los temas que más interesan a la gente y sobre los que he escrito. La más visitada desde hace unas semanas, y con ventaja, es la entrada en la que comento cosas sobre la Panasonic Lumix GF1 que me agencié hace unos meses, y que tantas satisfacciones me está dando. Definitivamente, un cámara ligera que te apetezca llevar contigo a todas partes y con un objetivo fijo con el que te encuentres a gusto es más garantía de fotos que te satisfagan que las tremendas reflex con tremendos objetivos de focal variable que en un momento dado parece que nos encandilan a todos. Pues nada. Ánimo. El principal problema de la cámara es que es algo cara. Porque si aceptas lo que es y para lo que sirve, es estupenda.

Reflejo

Reflejo de una vieja farola en los charcos de la Calle Estébanes en el Tubo de Zaragoza - Panasonic Lumix GF1, Leica DG 45/2,8 Macro

Graffity

"Graffity" en el Tubo de Zaragoza - Panasonic Lumix GF1, Leica DG 45/2,8 Macro

Pero no hay que vivir sólo en el presente. O en el futuro. También hay que recordar de vez en cuando el pasado. Y por ello, desde principio de año estoy recuperando diapositivas digitalizadas desde que empecé con esto de la fotografía, para realizar pequeños libros de fotos que me permitan volver a recordar con más comodidad que montando el proyecto de diapositivas, que ha pasado a un tercer plano con el advenimiento de la fotografía digital. Ya tengo por ahí algo del año 89, y he comenzado con el 90; Lisboa, París,… los viajes que hacía yo por aquel entonces. Que no eran tan diferentes en las localizaciones que los que hago hoy en día, aunque sí que diferían en otras cosas. Pero todo está bien.

Madeleine

Días muy calurosos en agosto de 1990 en París; todos en bañador ante la Madelaine - Pentax P30N, probablemente con un Sigma 28-70/3,5-4,5

Torre Eiffel

Esta debe ser la foto más típica y tópica que he hecho de la Torre Eiffel a lo largo de mi vida - Pentax P30N, probablemente Sigma 28-70/3,5-4,5

Up in the Air (2009)

Cine

Up in the Air (2009), 25 de enero de 2010.

Tras el éxito de su pasada película sobre embarazos adolescentes, el director Jason Reitman vuelve con una película con un tono de filme independiente, aunque con cierto nivel en la factura y en el reparto. Veamos a ver cómo se ha comportado.

Nos encontramos con un ejecutivo (George Clooney) de una empresa de recursos humanos especializado en despedir gente. Este hombre vive fuera de su casa, en los aviones y hoteles, en los que acumula todo tipo de puntos mediante la utilización de tarjetas de fidelidad. Business class, hoteles de cinco estrellas, y ningún compromiso ni atadura. En una primera parte, el filme nos muestra cómo vive. Organizado, sonriente, va por la vida con pocas preocupaciones. Eventualmente, encuentra a una mujer (Vera Farmiga), atractiva, con su mismo estilo de vida, con quien resulta fácil entablar una relación poco comprometida, pero aparentemente satisfactoria. En un momento dado, la empresa para la que trabaja, con el fin de recortar costes, asume la idea de una joven recién licenciada (Anna Kendrick) y nueva en la empresa, que permitirá realizar los despidos a través de vídeo-conferencia, recortando gastos de viajes y derivados. Una amenaza para su modo de vida. A partir de ahí, la relación con la atractiva mujer, la convivencia con la joven profesional, y la boda de una de sus hermanas a las que tan apenas ve, van a producir una alteración en su modo de vida y una potencial revolución en la mentalidad de nuestro protagonista.

Hay que decir que la película es esencialmente americana. Muchas de las situaciones que se suceden no son frecuentes fuera de los EE.UU., un país donde la movilidad profesional es mucho más elevada que en Europa, sin los programas de protección social, con sistemas de despido mucho menos restrictivos, y con relaciones familiares muy distintas de las que tenemos por aquí. Sin embargo, me parece que coge al vuelo con oportunidad las circunstancias económicas actuales, en las que se están produciendo tantos reajustes de plantillas y tantas personas quedan en el paro, creando un trasfondo social muy adecuado.  No obstante, el tema principal del filme es la soledad; una soledad elegida por la persona, cuando menos aparentemente, pero que finalmente pasa factura. Sobretodo, porque aunque sea una película con un ambiente típicamente americano, su desenlace no es necesariamente el de las comedias románticas, típicamente americanas. Y no diré más.

Correctamente realizada, es muy importante la labor de los tres principales intérpretes de la película. Clooney está sobrio, lo cuál le va bien siendo un actor que depende mucho de su físico en su trabajo, ya que sus cualidades interpretativas siempre me han parecido un poco justas. Pero lo hace bien. Tienen papeles más secundarios pero muy importantes las dos actrices antes mencionadas. Vera Farmiga aplica de forma muy interesante su estupendo físico a un personaje con una ambigüedad calculada, que nos dará alguna de las sorpresas del filme. La joven Kendrick se aplica con interés a un papel que en un análisis superficial parece más plano de lo que realmente es, aportando razonables dosis de matiz y personalidad. Bien también.

Resumiendo, estamos ante una película interesante, muy actual, que quizá no pase a la historia como un gran hito del séptimo arte, pero que nos ofrece algunas reflexiones interesantes sobre la geografía humana que nos rodea, apoyada en una realización y una interpretación con oficio.

Y la nota que recibe es:

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva:
***

Os dejo con unas vistas aéreas, frecuentes en el filme que hoy nos ocupa.

Aerogeneradores

Aerogeneradores cerca del aeropuerto de Zaragoza - Panasonic Lumix LX3

Visitando el Museo Pablo Gargallo

Arte

Ya hacía tiempo que quería volver a visitar el museo dedicado al escultor de Maella, Pablo Gargallo, instalado en el renacentista Palacio de los Condes de Argillo, en la Plaza de San Felipe de Zaragoza. Es un museo que ya había visitado en varias ocasiones desde su apertura en los años 80; pero todavía no había tenido ocasión de volver desde su reapertura en octubre de 2009, tras una remodelación y ampliación. Y ayer encontré el momento y la ocasión.

Escultura y Museo

El museo, en su localización de la Plaza de San Felipe en Zaragoza - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

He de decir que el edificio, con su patio central, siempre me ha parecido un lugar tremendamente agradable, y estéticamente muy atractivo. Es una pena que no dejen tomar fotografías, porque he tenido que improvisar algúnas imágenes tomadas con el iPhone, que no destaca precisamente por sus cualidades fotográficas. Pero en cualquier caso, ahí tenemos esa entrada al patio central, con la escultura de El Profeta en el centro dando la bienvenida al visitante y gobernando el conjunto.

Escultura

El Profeta en el patio interior del museo - iPhone

No obstante, es en las obras de la siguiente planta, algunas de ellas pequeñas y poco llamativas, pero llenas de gracia y belleza en su aparente sencillez. No soy entendido en escultura, pero las obras del autor bajoaragonés cada vez me gustan más.

Escultura

Máscara de mujer - iPhone

La visita incluya algunos dibujos, bocetos de sus obras, así como plantillas en cartón a partir de las cuales crearía posteriormente el escultor las diversas copias de sus obras. También son muy interesantes de visitar para una mejor comprensión del proceso creativo.

Finalmente, hay salas para exposiciones temporales, que en estos días ocupan las obras del pintor Anglada-Camarasa.

Jinete

Uno de los dos jinetes olímpicos que flanquean la entrada al museo - Panasonic Lumix GF1, Panasonic Leica DG 45/2,8 Macro

Cristina García Rodero, una española en Magnum Photos

Fotografía

Pensé en hablar de la fotógrafa Cristina García Rodero cuando visité París, hace mes y medio. Alguna de sus imágenes se encontraban expuestas en la galería de la agencia Magnum Photos cerca de Saint-Germain-des-Prés. Y cuando ya se me había olvidado, la gente de Street Photo, un interesante blog dedicado a la fotografía en la calle, me la ha recordado.

La calidad de las imágenes de la fotógrafa es reconocida internacionalmente. Es de esos artistas o profesionales de los que uno tiene la impresión de que están mejor reconocidos fuera de España que en nuestro propio país. Dentro de su obra, son especialmente conocidos los reportajes dedicados a explorar la relación de los seres humanos con las religiones y otras creencias en lo sobrenatural, incidiendo en las manifestaciones más o menos folclóricas que estas creencias producen en las comunidades humanas. Pero no se queda en lo superficial, hay notable profundidad y reflexión en las poderosas imágenes en blanco y negro que crea la fotógrafa. El reconocimiento profesional y artístico de la fotógrafa le ha llevado a ser admitida en la muy exclusiva agencia Magnum Photos, como se puede deducir de lo comentado anteriomente.

Para ver sus imágenes lo mejor será seguir el enlace anterior, visualizar el ensayo audiovisual sobre la fotógrafa que también podemos encontrar en las páginas de Magnum Photos, o hacer la tradicional búsqueda en Google Images. Yo dispongo en mi biblioteca de un libro de la fotógrafa que me gusta hojear de vez en cuando, Espagne Oculte (sí, tengo la versión en francés; cosas que pasan).

Os dejo una imagen apropiada a la situación…

Cementerio de Montparnasse

Los cementerios son un lugar donde se juntan, como en la obra de la fotógrafa, lo humano y lo presuntamente divino; aquí, el de Montparnasse, en París - Panasonic GF1, G 20/1,7 ASPH.

La banalidad de celebrar un nuevo año

Ciencia, Humor

Anoche estuve revisando algunos blogs que tenía abandonados por falta de tiempo en las últimas semanas. Y me encontré una entrada de Microsiervos que me hizo mucho gracia pero también me hizo pensar un poquito. La entrada reproducía una entrada de Twitter de un tal Justin, que publica como shitmydadsays:

Universe is 14 billion years old. Seems silly to celebrate one year. Be like having a fucking parade every time I take a piss.

Traduciendo…

El Universo tiene una edad de 14 mil millones de años. Parece tonto celebrar cada año. Es como organizar un jodido desfile cada vez que voy a mear.

Mmmmmmmm… Lo primero que se me ocurrió fue pensar que Justin no tiene claras las magnitudes. Un ser humano, a lo largo de toda la vida, no sé, con un cálculo grosero, tal vez llegue a orinar entre 140.000 y 150.000 meaditas. Una nadería, una diezmilésima de lo que lleva existiendo este Universo nuestro hasta el momento. Y probablemente apenas esté en la adolescencia o en la juventud,… al Universo me refiero.

He buscado algún otro acontecimiento fisiológico que se produzca con cierta regularidad, conocido del gran público y que se acercase a la escala de magnitudes que estamos manejando. El número de latidos del corazón a lo largo de una vida. Pero parece ser que el número de latidos previstos de un corazón humano, con las esperanzas de vida que actualmente se manejan en los países desarrollados con alto nivel de vida, podría estar en torno a los 3 mil millones de latidos. Mejor a la hora de establecer comparaciones…

Parece que podemos afirmar, que a las escalas temporales del Universo, un año es… poco más que nada. Así que celebramos con gran alharaca cada 365 días el cambio de… nada.

Como últimamente no tengo tiempo para hace fotos nuevas, tiro de archivo remoto…

Castelo San Jorge

12 de diciembre de 1990, Lisboa, tras un día de lluvia, unos rayos de sol iluminan el Castelo de Sao Jorge - Pentax P30N, objetivo desconocido, tal vez un Sigma 28-70/3,5-4,5,... bastante malo

La cinta blanca (2009)

Cine

La cinta blanca (Das weisse Band – Eine deutsche Kindergeschichte, 2009), 16 de enero de 2010.

Esta es la tercera película que veo del director austriaco, nacido en Munich (Alemania)Michael Haneke. Y las dos anteriores me sorprendieron por su crudeza, especialmente por su violencia. Una violencia que no se ve, o se ve poco. Pero que no la hace menos dura. El filme, además, ha llegado con cierta aura de obra especial, de alto nivel; pero también de difícil digestión. Veamos lo que ha dado de sí.

El subtítulo de la película en el idioma original, el alemán, nos informa de que se trata de una historia para niños alemana. En el comienzo de la acción, nos situamos en el verano de 1913, en algún lugar de Alemania. El ambiente es absolutamente prusiano. Una comunidad rural que vive y trabaja dependiente de un terrateniente noble, el típico junker prusiano, siendo la otra gran influencia de la localidad un rígido y riguroso pastor luterano. Por ahí he leído que se trata de Eichwald, pero desconozco si es un lugar real o imaginario (existe un Eichwalde en el lander de Brandeburgo, que perteneció al reino de Prusia). La historia nos la cuenta en flashback, con voz de anciano, el que fue maestro del lugar en el momento de la acción, cuando tenía 31 años. En la comunidad, comienzan a producirse una serie de accidentes provocados. Nadie sabe quién puede haberlos cometido. Paralelamente, vamos conociendo las historias de los principales elementos activos de la comunidad. El tímido maestro y su incipiente enamoramiento con una tímida institutriz, apenas una adolescente. El médico viudo, que vive con una hija adolescente y un hijo pequeño, y mantiene una relación clandestina con la comadrona del lugar. El pastor protestante y el rigor con el maneja sus asuntos familiares. El cinismo y la falta de escrúpulos del administrador del noble. El noble, su mujer y sus hijos, y la farsa que supone su vida de cara al exterior. Una familia campesina, pobre, dependiente del capricho del noble para sobrevivir. En todos los hogares viven niños y adolescentes, que aparentemente viven sin alegría, y siempre parecen rondar los lugares donde suceden los accidentes.

La película está rodada en blanco y negro. Un blanco y negro de alta calidad, con una fotografía, una iluminación absolutamente ejemplar, de obligada visión para todo aficionado tanto a la cinematografía como a la fotografía tradicional. Paisajes luminosos en clave alta, interiores oscuros, en clave baja; una auténtica lección del uso de la imagen monocroma. La dirección es sobria, y pocas veces, como es habitual en el director, nos permite presenciar los actos violentos, tanto físicos como psicológicos o morales. Poco a poco, vamos descubriendo un mundo de hipocresía, de bajeza moral y personal, donde nada es lo que parece, donde nadie sostiene en su vida cotidiana los valores que se le atribuyen o de los que presume. Sólo la pareja conformada por el maestro y la institutriz arrojan un poco de luz ética sobre un desolador paisaje humano.

Al principio del filme, la voz en off, del maestro ya envejecido, nos avisa que lo que vamos a ver no es más que el preludio que nos permite comprender las barbaridades que más adelante se dieron en la historia de Alemania. Lo que claramente es una referencia al nazismo. Aunque creo que la idea del director no es centrarse en el nazismo sino en las «cualidades» que llevan a que de vez en cuando llevan al ser humano a lo peor, especialmente con sus semejantes.

La brillante realización está acompañada de sobrias interpretaciones de actores y actrices alemanes, y por lo tanto poco conocidos, pero que en su componen unos papeles excelentes. Los que más me han gustado han sido el maestro, Christian Friedel, el pastor protestante, Burghart Klaußner, la comadrona, Susanne Lothar, así como diversos personajes infantiles y adolescentes. Pero sin desmerecer al resto del extenso reparto.

Y ahora viene la parte más difícil. ¿Debo recomendar o no este filme? Lo cierto es que es un largometraje de difícil digestión, especialmente en un momento en el que la costumbre es tratar al espectador como tonto, dándole productos ya mascados y digeridos de antemano. Es un filme que utiliza profusamente las metáforas, y que exige del espectador una cierta comprensión de los períodos históricos y de las situaciones sociales de la Alemania de preguerras. Pero a pesar de ello, me atreveré a recomendarlos. Desde luego a los amantes al cine de autor, al cine como obra de arte, y al cine como forma de expresión de ideas sociales y políticas.

Y la nota que le pongo es:

Dirección: ****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva:
****

La imagen, un lugar típico, similar al de la película.

Nubes de tormenta

La campiña de lo que fue la Pomerania prusiana, actualmente en Polonia, muy similar a la que se nos muestra en el filme - Fujifilm Finepix F10

In memoriam: Dennis Stock (1928 – 2010)

Fotografía

La verdad es que hay una serie de fotografías muy conocidas para mí, quizá por su frecuente reproducción en medios de comunicación, en carteles, en postales, etc., y que desconocía que pertenecieran a este fotógrafo neoyorquino. Quizá dos de ellas especialmente significativas sean una imagen de James Dean paseando bajo la lluvia en Times Square y otra de Audrey Hepburn con su cara de eterna adolescente melancólica asomada por la ventanilla trasera de un coche.

Quien quiera conocer más de la fotografía de este autor, que tuvo la oportunidad de fotografiar a numerosos personajes famosos de una época, puede asomarse a las páginas de Magnum Photos, agencia a la que estuvo vinculado desde 1951 de una forma u otra. Allí descubrirá una fotografía optimista, espontánea, pero en absoluto descuidada, ya que creo que sus composiciones y su manejo de la luz es excelente, tanto en sus imágenes en blanco y negro como en algunas de las imágenes en color, especialmente en este último caso de sus motivos naturales.

Así que sirva esta breve entrada como recordatorio en memoria del fotógrafo y como invitación a conocer su obra. Por cierto, que tengo que buscar a ver si está disponible alguno de sus libros de fotografías de músicos de jazz. Porque creo que son de las fotografías que más me han gustado.

Grande Arche de la Defense

En sus últimos años, el Gran Arco de la Defense fue también un motivo que interesó al fotógrafo Dennis Stock - Panasonic Lumix LX3

Hermanos de sangre (TV)

Televisión

Hermanos de sangre (Band of Brothers, 2001). Serie de televisión.

Desde hace tiempo tenía pendiente de ver esta serie de 10 capítulos, que para muchos está considerada como una de las mejores de televisión de la historia, y del género bélico en particular. Bueno, tampoco es que haya muchas de este género, pero… Al mismo tiempo, sentía una cierta reticencia debida a los productores ejecutivos de la serie, Steven Spielberg y Tom Hanks. Este dúo fue clave en la película bélica por excelencia del director norteamericano, Salvar al soldado Ryan, que fue protagonizada por el oscarizado actor.

Salvar al soldado Ryan siempre ha sido una película que ha generado en mí sensaciones contradictorias. Por un lado, es innegable que hay mucho, muchísimo cine en este filme, de una factura formal impecable, con una excelente dirección de actores, y elevando el cine bélico a un nivel no visto hasta ese momento, que ha marcado otras películas posteriores. Pero por otro lado, la ambigüedad ética de los planteamientos del director, a ratos parece que denosta la guerra por las atrocidades que se cometen, a ratos la glorifica y glorifica los comportamientos de los militares siempre que sean «los míos», los de su bando, me dejó un sabor de boca amargo, especialmente intensificado por el nefasto final de la película. En realidad, Spielberg es un gran director especializado en finales nefastos, desde mi humilde punto de vista. Y con estos prejuicios, me he enfrentado a esta serie de televisión tan prestigiada y ya convertida en un clásico.

Pues bien, muchos de los pros y muchos de los contras que le pongo a la película comentada en el párrafo anterior valen para la serie que nos ocupa. La factura de la serie es impecable. Estructurada en 10 episodios de gran coherencia interna y elevada (aunque no total) coherencia global, nos muestra las andanzas de la compañía E («easy») del 2º batallón del 506º regimiento de infantería paracaidista de la 101º división aerotransportada del ejército de tierra de los Estados Unidos durante la 2ª Guerra Mundial. Desde su formación y entrenamiento en los EE.UU. hasta el final de la guerra. Esta compañía era una unidad de infantería de asalto, lo que hizo que se viera metida en los ajos más gordos de las operaciones del ejercito norteamericano en el frente occidental del teatro europeo, desde el Desembarco en Normandía, pasando por la Operación Market-Garden y la Batalla de las Ardenas, hasta la toma de Berchtesgarden, y su actividad como unidad de ocupación en Zell am Zee (Austria).

Cada uno de los episodios narra una de las peripecias más importantes de la compañía, pero centrándose en alguno de los componentes. En una en el teniente que se ve obligado a tomar el mando de la compañía tras la desaparición del oficial al mando en el lanzamiento sobre Cotentin, en otra en las dificultades del sanitario para atender a los numerosos heridos en el cerco a Bastogne, en aquella en el oficial de inteligencia con problemas de alcoholismo cuando descubren los campos de exterminio alemanes, etc.

La realización es impecable. Los diversos directores de los 10 episodios, ninguno de ellos dirigido por Spielberg pero si por Tom Hanks, mantienen una coherencia visual y rítmica muy notable. El diseño de producción es perfecto, con una ambientación envidiable, y un realismo absoluto, que impacta pero no suscita rechazo en los momentos más sangrientos y más crudos gracias a la juiciosa fotografía, basada en tonos desaturados, siguiendo la estela de Salvar al Soldado Ryan.

Por supuesto, el problema me viene cuando me presentan la idea de un grupo humano como «hermanos de sangre», adaptación del inglés band of brothers, tomado del discurso de Enrique V en la obra del mismo título de Shakespeare, cuando arenga a las tropas británicas, aparentemente muy inferiores a las francesas, antes de la batalla de Agincourt, en plena Guerra de los 100 años. Esta serie es una glorificación de la vida y de la camaradería militar, apenas manchada por las ocasionales apariciones de ejecuciones de prisioneros arbitrarias, de la acumulación del botín de campaña, etc. Incluso las relaciones sexuales con las alemanas de los territorios tomados parecen consecuencia de lo majos que son los soldados, y no de la necesidad de las mujeres de obtener comida y protección, y del aprovechamiento por parte de los militares de esta necesidad. Parece que sólo violan y prostituyen los «malos». Los «buenos» son «tan majos» que «ligan» con cualquiera. Falta un sentido crítico hacia lo que es un militar en guerra, que hace que al final parece que te hayan contado un cuento de aventuras más que la realidad de una guerra, dura y cruel como fue la que nos presenta la serie. Volvemos a la ambigüedad moral de Spielberg y compañía. Volvemos a esa necesidad de los norteamericanos de idealizar a sus «héroes», en lugar de presentar el auténtico carácter del ser humano en guerra, que en contadas ocasiones está revestido de nobleza. Digan lo que digan. Yo es que lo de los héroes no me lo acabo de creer.

No obstante, la serie en su conjunto es un espectáculo televisivo de primer orden y digno de verse. Sin embargo, me quedo con la honestidad que han mostrado recientemente otros directores como Malick en La delgada línea roja, o Eastwood poniéndose en el lugar del enemigo en Cartas desde Iwo Jima. O en el campo de la televisión, la más reciente Generation Kill sobre la Guerra de Iraq.

Por cierto, que ante el éxito de la serie, ahora viene otra similar situada en el otro gran teatro de operaciones, El Pacífico.

Alpes

Paisajes alpinos en Baviera, cerca de Garmisch-Partenkirchen, como los que los soldados de la Compañía Easy encontraron en Berchtesgarden - Pentax K10D, SMC-DA 70/2,4