[Libro] Terminal boredom – Izumi Suzuki

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. ….

Último libro que leí en 2025. Y que me llevó más tiempo del que pensé cuando empecé a leerlo. Porque el primero de los siete relatos que componen esta colección de la japonesa Izumi Suzuki, me pareció bastante interesante. Suzuki fue una escritora y actriz de pinku eiga, películas eróticas en Japón que serían hasta cierto punto equivalentes de las «clasificadas S» de nuestra transición. A priori películas de contenido sexual, pero con sexo simulado, frente a las pornográficas en las que es explícito. Llevó una vida tormentosa, y se suicidó con 36 años. En cualquier caso, en los años 70 del siglo XX tuvo un cierto éxito con relatos de ciencia ficción que trataban de temas muy actuales sobre la identidad personal, la libertad y la alienación que la sociedad impone. Este último un tema muy apreciado por los escritores nipones. Con un estilo emparentado con las estética punk que se fue desarrollando en aquellos años, recientemente encontré la recomendación de este libro, como una colección de relatos muy actual, a pesar de los cincuenta años que han pasado desde que se concibieron.

El libro lo he leído en inglés, porque es lo que tenía disponible en mi tienda de libros electrónicos habitual. Pero por lo que veo a finales de diciembre de 2025, cuando ya llevaba yo muy avanzada su lectura, se publicó la versión electrónica del libro en castellano bajo el título Aburridísima. Me gusta más lo de Aburrimiento terminal, por la connotación de fatalidad que conlleva el término. Las historias son diversas, todas tienen un componente de ciencia ficción o anticipación, generalmente con tonos negativos. La hibernación masiva de la población en un mundo que se queda sin recursos, una sociedad femenina con los hombres viviendo en reclusión y mantenidos con fines reproductivos, una pareja cuya única ocupación y aliciente es ver la televisión en un estado de aburrimiento crónico (el que da título a la colección), relaciones con extraterrestres que pueden desembocar en una guerra interestelar como metáfora de las xenofobias y los racismos, la identidad sexual de una japonesa cuando no está en su represivo país natal… En fin, una variedad de temas, pero todos alrededor de lo que deshumaniza a la persona cuando vive en sociedad presuntamente avanzada y urbanizada.

Como ya he mencionado, las primeras historias que leí me atrajeron. Esa primer en la que se presenta la falacia que hibernar a gran parte de la población puede ser la solución a los problemas de recursos, como si estos fueran a mejorar en un futuro y con un número de personas todavía mayor al despertar… O quizá nunca despierten. Al mismo tiempo que reflexiona sobre el sentido de la amistad y de la proximidad entre personas distintas en carácter y aspiraciones. Pero luego la cosa se desinfló un poquito. La escritura de Suzuki, en lo que se pueda apreciar en una traducción del japonés al inglés, parece muy solvente. Pero los temas y los argumentos son irregulares, unos más interesantes que otros.

¿Se puede recomendar este libro? Creo que no con carácter general. Aunque es cierto que sus tema son plenamente actuales, su estilo es fruto de una época, y puede no atraer a muchos de los lectores actuales. Pero quien quiera arriesgar un poco leyendo otros estilos, otras culturas, otros momentos históricos, otros enfoques, sí que podrá encontrar cuestiones interesantes. Ya digo que algunos de los relatos son francamente interesantes. Aunque creo que también pudo influir en mi lenta progresión con el libro el que quizá mi estado de ánimo no estuviera en el lugar adecuado para leer este tipo de historias. Eso es algo que influye. Creo que tengo que acostumbrarme a dejarme para navidades lecturas más ligeras. Pero sinceramente pensé que lo terminaría antes de esas fiestas.

[Viaje] Ayer, escapada en el día a Calahorra en tren, y sobre la disfunción actual de la red ferroviaria

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Fotografías de la capital de la Rioja Baja con Fujifilm GFX 50R y Fujifilm X100VI.

Como suele suceder por estas fechas desde hace unos años, entre la fiesta de San Valero, festivo local en la ciudad de Zaragoza, y algún día más que me cojo por mi cuenta, es el momento de comenzar la actividad viajera del año, aunque sea en escapadas cortas de un día. Desgraciadamente, este año va a ser sólo una escapada, realmente próxima. El mal funcionamiento en estos días de la red ferroviaria, en general, y la de alta velocidad en particular, sumado al mal tiempo anunciado en el destino previsto, han hecho que suspendamos uno de los viajecitos en el día.

Pero ayer sí que hicimos una escapada corta a la ciudad riojana de Calahorra. Situada a 115 kilómetros de Zaragoza, con el tren más rápido disponible, los Alvias que conectan Barcelona con Bilbao, son aproximadamente entre 75 y 90 minutos entre las dos ciudades del valle del Ebro. Si todo va bien. Que no siempre es así. Los trenes con más paradas… pues tardan más. Claro. Por las incidencias en la circulación de estos tiempos, llegamos a Calahorra con 50 minutos de retraso a la ida, y con 40 minutos de retraso a Zaragoza a la vuelta.

Lo de las empresas ferroviarias es de vergüenza. Hace unos meses, ante las quejas constantes por los retrasos de los trenes de alta velocidad de Renfe, se anunciaba por parte del ministerio de transportes que los trenes de alta velocidad de la empresa española ferroviaria por excelencia se habían quedado o se estaban quedando obsoletos. Y algunos de ellos especialmente, que llevó a la retirada temporal de los trenes que hacían los servicios (presuntamente) más económicos. No había que echarle mucha imaginación para deducir que a la antigüedad había que sumar un mantenimiento muy justito de los vehículo. La cosa del ahorro y el funcionamiento como empresa privada. Ahora, por el triste y desgraciado accidente de Adamuz y otros menores, pero alguno también triste por el costo en vidas, es el ADIF, la empresa pública gestora de la infraestructura ferroviaria la que se ha visto obligada a revisar los trazados y a realizar trabajos de mantenimiento que ya se deberían haber hecho. Como consecuencia, enoooooormes retrasos en casi todos los trenes, especialmente los que van por las vías de «alta velocidad». A pesar de ello, y sabiendo que no van a poder cumplir con los compromisos horarios, siguen cobrando como si fuera auténtica alta velocidad, no anuncia los nuevos horarios reales, nos los ficticios que publicitan, u ofrecen la posibilidad de anular sin coste el billete de unos viajes que se sabe positivamente que no va a cumplir con las condiciones previstas. Y esto vale para todas las empresas ferroviarias. Aunque no al mismo nivel que las pérdidas de vida, como es lógico y proporcionado, no deja de ser también, en su medida, triste y lamentable.

[Cine] If I had legs I’d kick you (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Un paseo por la High Line en Nueva York.

If I had legs I’d kick you (2025; 05/20260121)

Un comentario rápido de esta película que vimos la semana pasada. Será rápido porque tengo poco tiempo, pero no quiero dejar pasar la oportunidad, porque estos días corro el riesgo de dejar pendientes demasiadas cosas por comentar. Así que vamos con ella. Dirigida por Mary Bronstein, de quien no recuerdo haber visto nada, y protagonizada de forma casi absoluta por Rose Byrne, es una película que probablemente es mejor de lo que la disfruté. Quizá no la vi en el momento y con el estado de ánimo de ánimo.

Una mujer (Byrne) casada, con un marido que está siempre ausente, y con una hija enferma, se encuentra de repente en la situación de tener que abandonar su hogar cuando una inundación sucede en el piso de arriba y se hunde el techo y se inunda a su vez su piso. Alojada con la hija en un motel, se encuentra con la impotencia de que los contratistas que han de arreglar el piso no trabajan. Y psicóloga de profesión, atiende en su consulta a una serie de pacientes que le incrementan constantemente su nivel de estrés. Hasta tal punto que se encuentra en un momento al borde del pánico.

Bronstein plantea los retos de la mujer casada, madre de familia y profesional, actual, de este primer cuarto del siglo XXI, que se encuentra sometida a una serie de presiones constantes para desempeñar de forma correcta sus múltiples roles, con menor nivel de tolerancia al fallo que el que se permite a otras mujeres que no asumen los múltiples roles, o a los hombres en general. Tal es la tesis. Pero lo hace llevándola al extremo, cuando todos los problemas se exacerban y se convierten en una hipérbole. Alguien ha definido la película como Rose Byrne con una ataque de ansiedad crónico.

El principal triunfo de la película, que está correctamente realizada y dirigida con ritmo, porque la situación demanda además un ritmo rápido, es la interpretación de Byrne. Una actriz que en su momento pensé que iba a dar más de sí, pero que ha mantenido una carrera constante y consistente, pero más discreta de lo que yo hubiera imaginado. Realiza su labor con algo más que oficio y consistencia, es lo mejor del largometraje. No obstante, si se planteó la película como una plataforma para el Oscar como he leído por ahí, difícil lo va a tener tras la interpretación que vi en la película que comentaré dentro de pocos días.

Globalmente considerada, es una película correcta, pero que a mí me abrumó en el exceso. Quizá esa hiperbolización de los problemas «resta» validez al planteamiento de la historia. Entrecomillo el «resta» porque estoy de acuerdo que a la mujer que pretende mantener una actividad profesional y conciliarla con una vida familiar se le exige mucho más que a los hombres en la misma situación, o a las mujeres que optan por una cosa o la otra. Pero cuando llevas las cosas al extremo corres el riesgo de que parezca que las cosas no son así. Pasarse de frenada. De todos modos, es razonablemente recomendable.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[TV] Cosas de series; ninguna cultura está libre de estereotipos hacia las otras

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están, más completas y sin palabras, en Fotos en serie. Entre Londres y Japón, vuelvo a Londrés, por en la capital he estado y en Yokohama no.

Ya he comentado en alguna ocasión que estoy terminando mi suscripción a Netflix. Tengo pagado «el mes» hasta el 3 de febrero incluido. Luego, adiós a la primera plataforma a la que me suscribí, después de casi diez años. Y es que últimamente me costaba encontrar opciones. Es curioso que en este mes he encontrado algunas cosas majas que me han tenido muy entretenido. Y una de ellas ha sido el anime que comento hoy. Un anime que no entrará entre mis favoritos por diversos motivos. Algunos de los cuales los comprenderéis al leer esta entrada. La cosa es que el anime ha sido uno de los puntos fuertes de Netflix. Oye… que tiene todo el catálogo de Ghibli. En las fiestas de fin de año me vi varias de las películas del estudio. Las que no entran en el ámbito de la plataforma. Bueno, tres de ellas y Kiki… la brujita con su escoba y su gato.

Pero aquí y allí, Netflix ha querido jugar en la primera división de la liga de las series de animación japonesa, con producciones que a priori prometían mucho, a veces lo han conseguido y otras no, cuidadas en su realización, con una animación de buen nivel, sin cutredades, con buen desarrollo del diseño de caracteres, con cuidados fondos y ambientaciones, limitando las escenas estáticas, siempre más baratas de producir y que plagan otros productos menores. Vamos… que Netflix ha querido ir desde hace años a por lo bueno. Y estas cualidades las muestra también Prism Rondo [プリズム輪舞曲], conocida en inglés castellano como Love through a prism/El amor a través de un prisma. Las aventuras de una joven de veinte años japonesa, hija de una familia de comerciantes de Yokohama, que se va a Londres seis meses, quien sabe si prorrogables, a estudiar arte. Pintura al óleo. En una prestigiosa (y ficticia) academia de arte.

Que a los aficionados al anime les ha gustado está claro. Puntuación de 8.3/10 en IMDb, 8.56/10 en MyAnimeList, la tercera más alta de las series y temporadas que se estrenaron en enero. Y es que, como ya he dicho, la serie está muy bien hecha. Tiene bastante ritmo. Tiene personajes que gustarán a su demográfico objetivo, las chicas. Tiene sus emociones. Claro. Yo no pertenezco a su demográfico objetivo. Y tengo la mala costumbre de sacarle punta a todo. La acción se sitúa en los primeros años del siglo XX, según se nos dice en el primer episodio. Por el aspecto de algunas indumentarias dirías que no muy al principio. En la segunda década, probablemente. Aunque la mezcolanza de indumentarias en algunos momentos resulta mareante. En algunos momentos muy concretos parece que están en la corte de Luis XIV, y en otros en la época de Jane Austen. Pero no. El devenir de la historia nos situará en 1914. Aunque en un Londres que parece estar en una perpetua primavera. Si el final de los seis meses de la chica en Londres coincide con el asesinato del archiduque austriaco en Sarajevo, que sucedió a finales de junio, cuando llega a Londres tiene que ser diciembre de 1913… pero hace buen tiempo. Durante los seis meses. Qué cosas. Londres. Un Londres completamente industrializado, el del smog. Y las feas fábricas. En perpetua y colorida primavera.

Sí. Ya podéis suponer que el rigor no es de rigor en esta producción. Porque lo que nos va a contar la serie es el romance de la joven burguesa japonesa con el hijo de un miembro de la alta aristocracia inglesa. El hijo joven y rebelde (pero no mucho), huérfano de madre desde la infancia, pero con un padre, un duque que, según la historia «hace honor a su rango poniéndose al servicio de su patria desde los más altos ideales como corresponde a la nobleza». Entrecomillo no porque sea una cita literal, sino porque me parece que es una estupidez como un piano de grande. Siempre se ha hablado de que la visión de los países del Asia oriental en Occidente está estereotipada y no se suele corresponder con la realidad, con visiones muy críticas en la actualidad por parte de muchos. Pero es que la visión de los nipones sobre determinados elementos de la cultura occidental no es menos estereotipada. Y a mí me ha estado chirriando constantemente, y hace que no pueda compartir esas magnas puntuaciones de los aficionados. Sí… un 8/10 en la realización… pero, ¿en el conjunto? ¿Un 6/10? Y sin embargo, tenía momentos en que me parecía muy entretenida. Simplemente conque hubiesen cuidado la verosimilitud de la historia, ya me merecería una valoración bastante alta. Otra cuestión. 1914. En Italia, los futuristas. En Alemania, los expresionistas. En Francia y en todas partes, los posimpresionistas hacen ya furor. Y estos aspirantes a artistas del momento, ¿pintando paisajitos, retratitos y bodegoncitos como si estuvieran en pleno neoclasicismo o principios del romanticismo? Inverosímil también.

Terminaré comentando una cuestión. Las historia, aunque original, no adapta ningún material previo, es de la creadora de una de las series de manga más conocidas de Japón, que ha sido adaptada en su país y a varios otros países asiáticos en forma de animación y series de acción real, y de la que yo vi, en Netflix, su versión de acción real surcoreana. La serie me pareció tremenda. En el mal sentido. Una chica de clase media que va a un colegio de élite donde es maltratada por un grupo de machotes de familias adineradas, con la aquiescencia y la admiración del resto del colegio. Y a pesar de todo la chica y el cabecilla de estos matones tienen un romance. Desde muchos punto de vista, nauseabundo. Quizá la versión original japonesa tenga matices que la adecenten. Pero, sinceramente, no me he atrevido a comprobarlo. Así que no se podría pedir mucho rigor en la creadora de este tipo de productos. Es lo que hay. Excelente producción, con problemas, que los más jóvenes y desconocedores de la historia y la realidad tal vez desconozcan, y acaben adquiriendo un mensaje sesgado, no fiable, y peligroso.

[Cine] À bout de souffle (1960)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. París en blanco y negro, con una sencilla cámara de formato medio de los años 50 del siglo XX, unos años anterior a la película que hoy traigo a estas páginas.

À bout de souffle (1960; 04/20260117)

Comentaba hace unos días la última película estrenada de Richar Linklater, en la que se nos cuenta cómo fue el rodaje de la ópera prima como largometraje de Jean-Luc Godard. Y una semana después del estreno de esa película se produce el reestreno en salas de cine de la película cuyo rodaje recreaba, y que inmediatamente, o cuando pudimos, fuimos a ver. Porque aunque es película que había visto varias veces en la pantalla del televisor de mi salón, o de algún que otro televisor, nunca había tenido ocasión de verla en pantalla grande, que yo recuerde. ¿Pude haberla visto en algún cineclub en mis años de universidad? E intentado hacer memoria,… pero no me viene ningún recuerdo. Motivo por el que la he incluido en mi base de datos de películas, con el número 4 de 2026.

Nos dicen diversas fuentes que la película partió de un guion o de una historia de Claude Chabrol y François Truffaut, que Godard modificó. Los tres aparecen en los créditos en IMDb. Pero la película de Linklater nos dejaba claro que Godard no fue fiel a ningún texto, y que los propios autores o el equipo de rodaje no sabían muy bien qué iban a rodar en cada sesión. La historia, esa huida de un individuo que se mueve por los bajos fondos (Jean-Paul Belmondo) tras matar a uno de los policías que le iba a cuestionar por el exceso de velocidad, cuando se desplazaba de la Costa Azul a París en un coche robado. Y a su llegada a París, mientras la policía le busca y va cerrando el cerco, su relación con la joven aspirante a periodista neoyorquina (Jean Seberg), y la búsqueda de un dinero que le permita huir del lío en el que se ha metido.

El argumento, o similar, lo podemos encontrar a lo largo de la historia del cine en numerosos títulos, unos más afortunados que otros. La forma de trasladarlo a la pantalla, las formas, y los fondos, no. Obra personalísima y rompedora de Godard que en su primer largometraje rompe las reglas del juego cinematográfico. Cine guerrilla. Nada de permisos. Nada de ensayos. Improvisaciones, tanto propias del director como de los intérpretes. Nos contaba Linklater que el plano de Seberg con el que se cierra la película fue una improvisación que cambió por completo el final de la película. Y que Godard aceptó.

Sesenta y cinco años largos más tarde, no voy a decir que esta película sea para todos. El lenguaje del cine siguió evolucionando. Y en algunos momentos entró en regresión. Si esta y otras películas de la época, especialmente del cine europeo, aunque también en otras cinematográfias, incluso la USAmericana, fueron una cumbre de cine de autor y en libertad, estamos ahora en una época en que el dominio del cine comercial estadounidense ha roto con todo tipo de libertades, como sucede en otros campos distintos del cine, buscando fórmulas de generar dinero sin más interés que plantear una pirotecnia que lleve a la gente a consumir como descosidos palomitas adocenados ante una pantalla de cine llenas de explosiones y efectos visuales generados por ordenador, y con historias estándares que se repiten una y otra vez, sacadas de un manual que parece pensado para eliminar la originalidad, el pensamiento y la creatividad. Nunca tanta gente se ha llamado a sí misma creativos, mientras «crean» obras que son todas idénticas.

¿Es recomendable la película? Si sientes algo de respeto por el cine, es obligatoria. Incluso, como es mi caso, si no es una de tus favoritas. Porque si me obligasen a realizar una lista de mis 10 o 20 película favoritas, probablemente no estaría. Pero hay que verla. Incluso más de una vez. Incluso si no siempre se comprende. Si para ti el cine es una mera excusa para pasar el rato comiendo palomitas… mejor quédate en casa y ve cualquier tontada que programen en una plataforma de contenidos en línea. Lo que sea. Da igual. No importa una u otra cosas. Salvo excepciones honradas, todo da igual, todo es lo mismo. El capital manda.

Valoración

Dirección: ****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ****

[Fotografía] ¿Estamos de aniversario? ¿200 años de la fotografía?

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Fotografías de paisaje urbano con Plaubel Makina 67 y película Cinestill 400D.

Leía hace unos días que en Francia han decidido celebrar el 200º aniversario de la fotografía. La más antigua fotografía conservada, realizada por Nicéphore Niépce la datan circa 1826. En alguna página web han llegado a fecharla en un determinado día del mes de enero de ese año. Pero en algunas fuentes la fotografía se data en 1824. Y en otras en 1827. Sí que sabemos que Niépce se pegó varios años peleandose con el problema del fijado de la imagen tras el registro de la misma en el material sensible y el revelado. Si no se fija químicamente la imagen, es decir, si no se eliminan los restos de la sustancia sensible a la luz, esta se sigue activando, con el tiempo la imagen se degrada y desaparece. Para Niépce, la tarea no era fácil porque, además del problema científico y técnico que se le presentaba, tenía que pelear con la avaricia de monsieur Daguerre, el que ponía los dineros, que durante años intentó birlar el mérito de la invención a Niépce, y atribuírselo a sí mismo en exclusiva. Como así hizo a efectos legales durante tiempo.

Lo que inventó Niépce no fue denominado fotografía, sino heliografía. Y lo que patentó Daguerre, y comercializó, en 1839 lo denominó daguerrotipo, para dejar claras sus intneciones. Una publicación del hijo del fallecido Niépce aclaró las cosas. A Daguerre le vino bien que Niépce falleciera en 1833, probablemente de un accidente cerebrovascular. Las fuentes francesas, y en general las españolas y de otros países, dan a Niépce el mérito del invento de la fotografía. Pero no así las inglesas y las de influencia anglófona. Estas dan el mérito a William Fox Talbot, que en 1935 realizó lo que se llamó calotipo, que fijó y perduró. La cuestión es que ese calotipo es directo antecesor de los procesos fotográficos posteriores que han llegado hasta nosotros, mientras que los heliotipos y los daguerrotipos fueron una vía muerta que desapareció, salvo de los libros de historia y de algún aficionado que los ha reproducido de forma artesanal. También hay que considerar que los daguerrotipos fueron positivos de los que no era posible obtener copias, mientras que los calotipos eran negativos de los que se podían obtener indefinidas copias positivas.

Personalmente, creo que fue Niépce el que realmente consiguió las primeras impresiones fotográficas, por el proceso que fuera, permanentes en el tiempo. Y 1826 puede ser un año tan bueno como cualquier otro de esa época para considerar el año de invención, cuando en realidad la invención de la fotografía se puede considerar un proceso que duró un par de décadas, con distintos científicos e ingenieros dedicados a ello, si bien durante el siglo XVIII ya hubo quien se preocupó de tal cuestión. Y que Niépce fuera el primero no quita mérito a Talbot, al que hay que reconocer lo dicho. Fue el pionero de los procesos fotográficos que dominaron la ciencia y el arte fotográficos hasta la llegada de la imagen electrónica digital.

[Libro] Un hombre cualquiera – Giovanni Arpino

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Vistas de Turín en torno al río Po a su paso por la ciudad.

Encuentro hace unas semanas de oferta esta novela de italiano Giovanni Arpino, periodista y escritor, que desarrolló su actividad entre los años 50 y 80 del siglo XX. Una novela corta de la que leo varios comentarios elogiosos en fuentes fiables. Y que me retrotrae de alguna forma a las vacaciones de hace pocos años por Turín y algunas localidades del Piamonte, donde transcurre la novela. Arpino, aunque nacido en la ciudad croata de Pola cuando pertenecía a Italia, vivió en Bra y Turín la mayor parte de su vida.

La novela se titula La suora giovane en italiano; La joven monja. Y nos traslada al Turín de posguerra, en la que el protagonista, un oficinista del departamento de contabilidad de una empresa de unos cuarenta años, que vive una vida anodina, con una novia con la que se lleva bien, pero con la que puede haber afecto pero no amor apasionado. Y muchas costumbre y rutina. Cuando empieza el relato, este hombre ya está obsesionado por una joven novicia, una chica de unos 20 años, con la que coincide en el tranvía a determinadas horas. Y por la que se siente profundamente atraído, y con la que establece conversación en un momento dado, abriéndose a la posibilidad de una relación, a pesar de las diferentes edades y circunstancias en las que se encuentran.

La primera frase del libro ya es una declaración de intenciones. El protagonista declara ser un cobarde. Lleva una vida anodina y aburrida sin capacidad para cambiar nada. La propia atracción que siente por la joven, una atracción que no se consumará en nada físico, pero que no deja de percibirse como anómala, como ilícita, lo mantiene al mismo tiempo inmóvil. El relato es en primera persona, en forma de diario. Por lo que al mismo tiempo podemos sospechar que nos encontramos con una relator no fiable. En qué medida es sincero en sus reflexiones, en su interpretación de los hechos, queda a cada cual. Tampoco comprendemos muy bien cuales son las intenciones de la joven. Probablemente, que la saquen del convento. Vivir otra vida. Pero deja que la proactividad recaiga en otras personas.

La escritura de Arpino es directa. Sin circunloquios. Oraciones claras, explícitas. Que van al grano. Al fin y al cabo, transcribe los pensamientos de un hombre del común. Lenguaje natural. Por un momento pensé en dejar la lectura de mi copia en castellano y buscar una copia en italiano. Soy capaz de leerlo, aunque no con la soltura de otros idiomas, así que al final lo dejé estar. Mientras tanto, Arpino dibuja con ese lenguaje sencillo un paisaje social muy preciso de la capital piamontesa en los años 50 del siglo XX, al mismo tiempo que realiza un estudio psicológico de dos personas muy distintas. Una, la que escribe, de la que nos hacemos una idea relativamente clara. La otra, de la que se escribe, que se nos escapa por los resquicios de la incomprensión del protagonista, más motivado por el deseo que por la persona real que hay detrás de la novicia, y por la propia falta de claridad de esta. Al final reconocemos que sí, que el protagonista es un cobarde. Pero que hemos conocido mucho más de él de lo que pretendía. Bastante recomendable. Bastante. Tengo que pensar en leer alguna otra cosa de este escritor italiano. Incluso tal vez me atreva a leerlo en su lengua vernácula.

[Cine] Rental family (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. En las calles de Tokio.

Rental family (2025; 03/20260114)

Hace unos días me llamó la atención la llegada a la cartelera de esta película dirigida por la japonesa Hikari, con un reparto mayoritariamente japonés, salvo el protagonista… y en parte una de las actrices de reparto. Y cuya historia, por lo que se ve en el cartel anunciador transcurría en Tokio. No sabíamos gran cosa de este largometraje, pero nos picó la curiosidad. Y de lo que nos enteramos es que la acogida no había sido mala, ni por parte de la crítica, ni por parte del público. Aunque ya suponemos que no va a ser un fenómeno de masas precisamente.

Phillip (Brendan Fraser) es un actor norteamericano que lleva siete años viviendo en Tokio. Llegó para rodar unos comerciales y se quedó. Pero en los últimos tiempos le cuesta encontrar trabajo. Obviamente, para un actor caucásico las ofertas de trabajo en Japón son muy concretas y limitadas. En un momento dado le llega una oferta de parte del dueño (Takehiro Hira) de una empresa muy particular. Se dedican a impersonar familiares, novios, amantes, amigos, compañeros de trabajo… lo que sea,… ficticios en la vida de las personas con el fin que les convenga. Aunque a Phillip la cosa no le convence mucho, le parece mentir, accede a trabajar con ellos. Y dos de sus trabajos, el de padre de una niña de origen mixto (Shannon Mahina Gorman) que ha sido criada exclusivamente por su madre japonesa, y el de entrevistador de un viejo actor retirado (Akira Emoto), le llevarán a involucrarse en la vida de estas gentes más de lo que pensaba. Porque a veces es difícil separar ficción y realidad.

Irremediablemente, la película tiene un sabor que recuerda a las película de Hirokazu Koreeda. Koreeda ha realizado numerosas películas en las que ha reflexionado sobre el concepto de familia, y ha representado en sus películas todo tipo de familias, de muy distintos tipos. Algunas más «reales» que otras. Y un poco sobre eso va la cosa. Qué significan la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, los amantes. Cómo nos relacionamos. En qué medida somos honestos con ellos. Qué posición ocupan en nuestra vida. Cómo nos presentamos ante ellos, en qué medida nos escondemos de ellos. ¿Acaso no somos todos algo «actores» en nuestras relaciones con otras personas impersonando la persona que ellos creen que somos o quieren que seamos? Sobre ello nos habla la película. Pero también sobre la empatía y sobre la capacidad de relacionarnos de forma auténtica, incluso en situaciones de ficción.

Realizada de forma correctamente en lo técnico y en la dirección, la película se sostiene principalmente por la interpretación de los actores. Fraser está muy bien, emanando con su corpachón abundantes dosis de simpatía y empatía. Pero el resto también colaboran. La niña resulta bastante auténtica. El anciano actor tiene momentos entrañables. Y el conjunto del reparto está muy entonado. Pero la reflexión global que se nos propone se queda un poquito corta, un poco más superficial de lo que podría haber sido. Quizá por la dispersión de tramas. De las tramas de las personas que contratan a los peculiares actores de esta peculiar empresa. Que debe afrontarse a sus propios dilemas éticos.

Globalmente considerada, la película es recomendable. Se puede ver bien. Va un poquito de más a menos. Con un comienzo progresivo pero potente, pero para hacerse poco a poco previsible en su desarrollo y conclusiones. No obstante, yo lo pasé bien.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Mas blanco y negro, más días de niebla

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Fotografías de paisaje urbano con Hasselblad 500CM y película Ilford Delta 3200.

En los primeros días del año, continuó la tónica de los últimos, más o menos. Con días de niebla alternando con los días despejados, pero muy ventosos. En esta ocasión, dada la situación, decidí salirme de los materiales habituales. Aunque la cámara de formato medio utilizada es habitual en las fotos de estas páginas, el respaldo usado permite hacer 16 exposiciones en lugar de las 12 habituales, aunque un 40 % más pequeñas. Y la película de alta sensibilidad da una estética más granulosa y menos definida. Quizá le venga bien a los días de invierno.

[TV] Cosas de series; la persistencia de la «whodunit»

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están, más completas y sin palabras, en Fotos en serie. Hoy, o me tenía que ir a Nueva York o a Londres. Me he ido a Londres, al primer viaje que hice con una cámara digital.

La whodunit es un género que parece que no pasa de moda nunca. Utilizo el género femenino para un término de origen inglés, y por lo tanto sin género gramatical aparente, porque siempre lo he asociado a las novelas. La novela whodunit. Y por extensión también podría valer para la película whodunit o la serie de televisión whodunit. Por si alguien no se cosca, whodunit sería la contracción de la interrogativa inglesa Who has/had done it? ¿Quien lo ha hecho/lo hizo? No debe confundirse con el suspense, a veces conocido como thriller. Suspense está incorporado al castellano, vale decir también suspenso, aun siendo de origen inglés/francés; thriller no, aunque hay quien propone castellanizarlos como tríler. En el suspense, quién hizo lo que quiera que se hiciese importa mucho menos. A veces nada. A veces incluso lo sabemos desde el principio. Lo fundamental es acompañar al héroe (a veces antihéroe) en el camino tortuoso de las consecuencias de lo que se hizo, se hace o se hará. Eso lo explicaba muy bien Hitchcock en sus conversaciones con Truffaut.

La cuestión es que pareció a algunos que la whodunit era cosa del pasado, modas de antaño, representadas principalmente en la literatura más popular por las novelas de Agatha Christie. Novelas que en su mayor parte tenían/tienen estructuras muy similares, aunque hay honrosas excepciones que suelen ser las más interesantes. Existen otras variantes del género detectivesco que tienen otros objetivos. El género negro suele tener que ver más con el suspense y con poner de manifiesto las más bajas pasiones del ser humano que con el misterio detectivesco y la curiosidad por descubrir al asesino. Hercule Poirot se codea con la clase alta, muchas veces aristocráticos. Philip Marlowe se relacionaba con los gángsteres y las mujeres disipadas… eso sí, hermosas como Lauren Bacall. Bacall protagonizó películas tanto con Marlowe como con Poirot, por eso. El caso es que la whodunit sigue presente en el cine o en las series de televisión.

Una de las más divertidas whodunits que nos ofrece la televisión en estos tiempos es Only murders in the building. La comedia detectivesca que ha llegado a la quinta temporada, con el quinto asesinato/s, implicando en esta ocasión a peligrosos ricachones, y con pullas divertidas con las inteligencias artificiales, en forma de conserjes robotizados. La fórmula de la serie ya no sorprende como al principio. Ese trío de investigadores aficionados formado por Steve Martin, Martin Short y Selena Gomez, rodeados por una diversidad de secundarios y artistas invitados de gran solvencia, es una fórmula de garantía para pasar un rato agradable. Con humor, con alguna gotita de drama de vez en cuando, con su punto de crítica social, y con un edificio de apartamentos en Nueva York como cuarto protagonista, que a punto ha estado de desaparecer en esta ocasión para convertirse en… bueno… tendréis que verla vosotros. En cualquier caso, una agradable actualización moderna del género.

Mucho menos moderna y actualizada, salvo algún detalle que comentaré, es la versión televisiva de Agatha Christie’s Seven dials. Una más de las adaptaciones al cine o televisión de una de las novelas de la «Reina del Crimen» menos apreciada por la crítica. En origen, una novela perteneciente a la serie del superintendente Battle (Martin Freeman), una serie muy cortita, de sólo dos novelas, de las que esta historia es la segunda. Supongo que al ser poco apreciada en su momento y ser considerada un trabajo alimenticio por la propia escritora… no tuvo más recorrido. Anda… como si no tuvieran un carácter puramente alimenticio la mayor parte de las muchas obras de la británica. No he leído la novela original. Ni tengo la intención, si os he decir la verdad. Venía muy publicitada la serie, y a priori no me interesaba mucho. Pero siendo solo tres episodios, se ve en un pispás. Por lo que he comprobado, la serie tiene una premisa general y una serie de personajes en común con la novela, pero con algunos cambios.

El principal es que no es el mencionado Battle el protagonista de la fiesta, sino Lady Eileen «Bundle» Brent (Mia McKenna-Bruce), una dinámica veinteañera, heredera de un marquesado, pero marquesado venido a menos desde la muerte de su padre, y con el agravante de que el hermano mayor murió en la guerra. La Gran Guerra. La del 14-18. Que la trama sucede en los felices 20, en tiempos de charlestón. Y todo comienza cuando asesinan al simpático tipo que se le iba a declarar y con el que, probablemente, porque iba a contestar «sí», se iba a casar. Y así se convierte en una detective aficionada ante la indignación de que declaren la muerte como suicidio. Y no voy a contar mucho más. Otras diferencias es que en la novela la que está muerta es la madre, que aquí está bien viva (Helena Bonham Carter), y tiene un papel más destacado de lo que aparenta. Y que al final la protagonista no se compromete a casarse con nadie… porque el pretendiente en la novela es otro. Que no la palma.

Y… bueno. La serie está bien hecha, pero no tiene mucho interés ni mucha miga. El insistir como protagonista en la serie probablemente responde al deseo de alinearse con lo políticamente correcto. Hay cosas curiosas… parece ser que en la novela se describe a «Bundle» Brent como…

As a child she was «long-legged» and «impish», growing into a “tall, dark” adult with an “attractive boyish face”

Cuando era niña, era «de piernas largas» y «traviesa», y se convirtió en una adulta «alta y morena» con un «atractivo rostro infantil».

La actriz de la serie mide 1 metro 52 centímetros, no especialmente delgada, sí que puede tener un rostro juvenil, redondito, y sobre el color del pelo… más bien castaña. Aunque a saber. Con esto de los tintes… Vamos. Que se han tomado todo tipo de libertades. Y con un final que deja abierta la posibilidad de secuelas del personaje en un futuro, que ya no serían adaptaciones de novelas de Christie, porque esta no escribió ninguna secuela. Los dos personajes principales sí que aparecen en una novela previa, que queda fuera del canon de la serie televisiva, porque implicaría que han perdido la memoria o algo así, porque ya deberían conocerse. Y al menos la chica no tiene ni idea de quién es el policía. Todo esto es poco importante, porque dudo que vea ninguna secuela, incluso si Netflix la encarga. Porque esta es una de las series con las que estoy despidiendo mi suscripción a la plataforma. Además, parece que al público, ni a la crítica, les está entusiasmando esta miniserie, que es mucho ruido y pocas nueces.

[Recomendaciones fotográficas] Fotógrafas adolescentes, psiquiátricos, tigres y champaña

Fotografía

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, comentadas, en Carlos en plata. Agfa Synchro Box con Ilford Pan F Plus en revelado desatendido con Kodak HC-110.

Una pequeña ronda de recomendaciones fotográficas con cosas que he encontrado esta semana. Como podréis comprobar, esta sección, antaño fija los domingos, se ha convertido en algo más esporádico. Pero siempre que tenga un grupo de posibles recomendaciones que me apetezca compartir, aquí volverá.

Me llamó la atención un artículo en el blog de noticias de Magnum Photos. Agencia fotográfica prestigiosa, que siempre ha presumido de independiente y comprometida, gestionada por fotógrafos para fotógrafos, aunque no cualquiera puede apuntarse a la misma, presume de haber denunciado las calamidades del mundo y sido testimonio de las injusticias sociales. Pero supongo que son tiempos complejos, y no siempre, por mucho prestigio que tengas, las financias navegan a tu favor. Por ello hace «creative commisions«,… «encargos creativos» que no dejan de ser participaciones publicitarias con marcas de prestigio. Como la de hace unos días con el conocido champaña Veuve Clicquot. El que piden los «refugiados» más prestigiosos en Rick’s Café Americain en Casablanca. Los «refugiados» de entonces sí que tenían estilo, no como los depauperados de hoy en día. El caso es que las fotografías, obras de varios fotógrafos de la agencia en 2023, y en la que los tonos cálidos, dorados, de la luz solar tienen una predominancia, me gustaron mucho. Y por eso, traigo esta historia, que no deja de tener su punto de crítica ante la invasión publicitaria de todos los ámbitos de la creatividad y la comunicación.

Por diversas circunstancias, tanto familiares como profesionales, yo he visitado en innumerables ocasiones algún que otro hospital psiquiátrico. Desde mi infancia hasta los tiempos recientes. Bueno… últimamente, trabajo de vez en cuando con algún profesional de estos centros sanitarios, pero hace bastante que no pongo el pie en uno de ellos, a pesar de trabajar a unos cientos de metros de los límites de uno de ellos. La mayor parte de la población no sabe qué pasa dentro de estos centros. No sabe cómo son realmente sus pacientes. O sus profesionales. Tiene ideas preconcebidas sobre lo que pasa entre sus paredes. Y muchas de estas ideas preconcebidas proceden del cine americano. Y no son precisamente nada representativas de la realidad. Al menos de la realidad española. No pasan cosas tan tétricas. No son prisiones, ni centro de tortura como algunos imaginan, estúpidamente. Pero sí que tienen su punto de tristeza, como cualquier hospital, se dedique a lo que se dedique, cuando estamos trabajando con enfermos crónicos. Es la fragilidad y la finitud de la persona como ser vivo,… como ser pensante, como ser con una personalidad diferenciada,… tenga la enfermedad que tenga, del cerebro, del hígado, de las articulaciones o de donde sea. Nuestro destino lo marca, pienso desde hace tiempo, el segunda ley de la termodinámica. En Oldskull, hace unos días, se publicaban las fotografías que realizó en 1930 el fotógrafo Alfred Eisenstaedt para la revista Life, en un hospital pisquiátrico de Nueva York. Un momento en el que la atención a estos enfermos era nefasta, por los escasos recursos, los prejuicios y la falta de conocimiento científico. Ahora, las cosas no son así. Pero las fotos están muy bien. Y las cosas… pueden volver así. Ustedes sigan votando como votan en las elecciones y ya lo comprobarán. Que no les toque.

Veía hace unos días un vídeo en Youtube sobre la fotógrafa japonesa Hiromix. Me pareció muy interesante. Os lo pongo aquí.

Hiromix, nacida Hiromi Tosikawa en 1976, sorprendió a mediados de los años 90, cuando era apenas una adolescente de 19 años, por su trabajo sobre la vida diaria de las chicas de diecisiete años. Un tema que luego se ha trillado mucho por fotógrafos adultos, en aquellos momentos suponía una mirada directa y desde dentro de lo que era ser una adolescente del Japón posterior a la burbuja financiera del País del Sol Naciente. En Japón, desde los años 70, había una generación muy potente de fotógrafos, que habían roto con muchas convenciones de la práctica fotográfica documental y artística, pero con una escasa presencia de mujeres entre sus filas. Hiromix rompió en gran medida esta situación y dio inicio a un impulso de las fotógrafas, chicas, mujeres, en la escena fotográfica nipona. Con una visión propia. Con unos temas propios. En mis recomendaciones fotográficas aparecen con frecuencia. Sin embargo, hoy en día, aparece poco con trabajo reciente. No he encontrado mucho.

Y la última recomendación de este domingo viene de una revista de fotografía de naturaleza en formato electrónico a la que estoy suscrito, Wild Eye. Se trata de un reportaje sobre la obra del fotógrafo ruso Sergey Gorshkov, que uriliza cámaras trampas para fotografiar a los grandes felinos del Asia Oriental, el tigre siberiano y el leopardo del Amur. Al borde de la extinción hasta hace unos años, hoy en día todavía no están fuera de peligro, el leopardo en peor situación que el tigre, su ámbito se encuentra en en el noreste de China, sudeste de Rusia y, antaño, la península de Corea. Ese rincón del mundo tan complejo, donde pasaban las cosas que nos contaba Kurosawa en Dersu Uzala. Probablemente no podáis acceder al artículo en Wild Eye Magazine, porque está reservado a suscriptores. Pero la cuenta en Instagram de Gorshkov presenta muchas de las fotos del artículo. Y esto es todo por hoy.

[Libro] Look Back – Tatsuki Fujimoto (manga)

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Paseando por la tranquilidad de Kibitsuhiko finja, cerca de Okayama.

Hacia finales de 2024, un domingo tras una excursión a Nocito, y sabiendo que al día siguiente tenía un día de fiesta, me relajé viendo un mediometraje de animación, un estreno en España, en Amazon Prime Video. Y a pesar de no tener grandes expectativas sobre la película, me llevé una agradable sorpresa. La película era una pequeña joya. Algo como lo que no veía desde que fui buscando los medio metrajes de Makoto Shinkai, aunque con un tono muy distinto. Y supe entonces que estaba basada en un manga de Tatsuki Fujimoto. Y hace unas semanas me enteré de que había una traducción al castellano. Frente a esa costumbre de la industria de la historieta japonesa de lanzar largas series por entregas en las revistas especializadas, agrupándolas luego en interminables series de tankobon, esta era un único volumen. Una historia cerrada en un solo libre, en la que se basaba una película que me gustó. La compre.

Al igual que sucedía con la película, conviene no extenderse en exceso sobre la trama de la historia para no destripar el final. Aunque puedo, sin mucho riesgo, que estamos ante «dos versiones» o «dos variantes» de una misma historia con distintos finales… y un desarrollo intermedio que las conecta, más o menos sorprendente. Dos niñas japoneses de los últimos años de educación primaria que empiezan a dibujar y escribir historietas, tiras cómicas, para el boletín escolar. Una es popular, está normalmente escolarizada y cuanta historias muy animadas. La otra es retraída, se refugia en su casa y dibuja bellísimas historias, muy adelantadas formalmente para su edad. La primera siente celos de la segunda… pero tardará años en comprender que la rivalidad que siente es unilateral, que la otra la admira también. Se harán amigas y colaborarán hasta un momento dado en que separan sus caminos. Y entonces pasará algo trágico.

Como ya conté al hablar de la película, y es aplicable al manga porque aquella era muy fiel en su adaptación de este, la principal virtud de la obra es que tiene corazón. Una obra con corazón que habla del trabajo y la dedicación, de la superación de las debilidades propias, del aprovechamiento. de las fortalezas, pero también de la amistad y la colaboración, de la preocupación por el otro, por su destino. Con un toque de fantasía, pequeño, lo justito, para contar lo que tiene que contar. Aunque ya sabia lo que iba a pasar, lo he disfrutado tanto como la película. Que me planteo volver a ver. La película sigue en Amazon Primer Video, y ahora que me quito la estúpida «presión» de la suscripción a Netflix, probablemente me sentiré más libre para ver lo que quiera, como quiera y cuantas veces quiera. El librito, totalmente recomendable para los adeptos al género.