[TV] Cosas de series; animación gamberra y animación de chicas

Televisión

Vamos con una ronda de animación. Dos series de animación japonesa, una actual y otra de hace una década, y una de animación norteamericana, una segunda temporada.

Kimi no todoke 君に届け [algo así como acercándome a tí, creo] es una serie que he visto como consecuencia de una provocación externa. Fui desafiado a tragarme una serie de chicas, puramente de chicas. Una de las estereotípicas de lo que en el anime se llama género shōjo 少女 (literalmente, chica, pero no niña; adolescente). Emitida originalmente en su país de origen entre 2009 y 2011, elegí esta por que está en Netflix, y es muy valorada. También porque me recordó a alguna serie actual que me parece simpática. Se basa en un manga, y ha tenido otras adaptaciones al cine o a la televisión de acción real. Esencialmente va sobre una joven de instituto que tiene dificultades para relacionarse con sus compañeros que además la apodan Sadako (su nombre es Sawako 爽子) por su parecido con un personaje de películas de terror. La primera temporada no está mal, porque narra el proceso por el que va aprendiendo a relacionarse con otros compañeros haciendo amistades. Pero la segunda se centra en un romance con un chico de clase… y es bastante enojoso. Además, odio el recurso constante a la voz en off, que parece propio del género, por ser translación de lo que en el manga sería la transcripción de los pensamientos de la chica. Sinceramente, al final, ni fu ni fa. Obviamente muy orientada a un grupo demográfico muy concreto. Y con unos valores muy determinados que, aunque bien intencionados, pueden resultar rancios. Reflejo de un conservadurismo profundo en la sociedad nipona. No se la recomendaría a chicas de mi entorno que preguntasen. Pero en su momento, a su público le encantó, por lo que se ve.

Coincidió que cuando empecé con la anterior entró en la parrilla de Netflix Romantic killer (título original en inglés aunque sea anime japonés). Su protagonista también es una chica de instituto. Pero esta no es retraída ni tiene problemas de comunicación, simplemente pasa de liarse con chicos, y prefiere ir a lo suyo estudiando, comiendo chocolatinas, jugando a videojuegos y en compañía de su gato. Hasta que una especia de hada interfiere obligándola a lidiar con posibles novios. Aunque tiene un destinatario demográfico similar a la anterior es mucho más moderna y divertida. En primer lugar porque la chica nunca renuncia a un papel activo en las relaciones, a mantener su personalidad o tomar iniciativas si lo cree conveniente. Y en segundo lugar porque es una serie mucho más dinámica y divertida, y en la que no tienen que recurrir a voces en off y vida interior para mostrar cómo es y como piensa la chica. En incluso tiene su trama de misterio y acción. Parece que no se ajusta al estereotipo. Supongo que tendrá temporadas posteriores que, si mantienen el tono, serán muy visibles. También basada en un manga.

Y finalmente vamos a una segunda temporada de una serie de animación adulta y gamberra, relativamente transgresora. Inside job, la serie sobre una agencia secreta que lleva a cabo en la realidad todas esas acciones que la gente considera delirios conspiranoicos. Saben quién mató a Kennedy y por qué, dónde está Elvis, quienes son y dónde están los reptilianos, cómo se engañó a la gente haciéndole creer que alguien ha ido en alguna ocasión a la Luna, y controlan los entresijos del poder. Y son rivales de los Illuminati. Lo que pasa es que, a pesar de ser tan poderosos, son tan desastrosos como la T.I.A. de Mortadelo y Filemón. Pero a lo grande. Y con estilo. Su protagonista es una mujer joven, Reagan (Lizzy Caplan, voz), probablemente la más inteligente de todos los personajes que salen, pero que sufre las consecuencias de su desastrosa familia, de su desastrosos entorno y de su errático comportamiento. Lo cierto es que me parece una serie divertidísima, salida de la cabeza de Shion Takeuchi (norteamericana, aunque tenga ascendencia japonesa; supongo que no es casual que Reagan tenga una madre japonesa), que, con menor responsabilidad, ha participado en los equipos de guionistas de otras series y largometrajes animados muy interesantes. Consideradme fijo a las futuras temporadas de la serie mientras se mantengan.

[Fotocomentario] El color de las estaciones y el cristal con que se mira

Fotografía

Decía Campoamor, un poeta realista del siglo XIX y hoy en día poco apreciado, aquello de que

«Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira:
todo es según el color
del cristal con que se mira.»

Ramón de Campoamor, Doloras, 1846.

Y sin embargo, habitualmente asignamos determinados color a las estaciones del año. La primavera es la estación verde, puntuada aquí y allá por las notas de color de las flores. El verano es el amarillo de los trigales listos para la siega, del estío. El otoño son los colores cálidos, ocres, rojizos, de las hojas a punto de caer… incluso si este tipo de árboles son más propios de la América del norte o del Asia oriental que de la Europa occidental. El invierno es frío, azulado, o gris azulado. y con eso nos quedamos. Satisfechos de saber la estéticas del momento.

Sin embargo… eso no es necesariamente así. Ya he cuestionado los colores del otoño. Salvo que subamos a las montañas, a algún bosque de hoja caduca como un hayedo, en los valles, en las mesetas, donde dominan olmos, chopos, álamos,… rara vez estos adquieren esos colores ocres rojizos. Los vemos verdes, amarillean… y en cuanto llega noviembre con las lluvias y algún vendaval, caen y desaparecen. Esa es la realidad de los campos. Y no digamos ya si intentamos reflejar el paisaje con las limitaciones físicas de los sistemas ópticos y de registro de la luz.

En las fotografías que os traigo, y cuyo comentario podéis encontrar en Fotografía instantánea y dominantes de color (deseadas o no) – Fujifilm Instax SQ6 con Instax Square Black Frame, cualquier diría que reflejan unos paisajes propios de un frío invierno. Y sin embargo corresponden a un templado otoño… pero al caer la tarde, cuando ya el sol no tiene fuerza para imponer el color de su luz, y la bóveda azul del cielo impone sus tonos fríos. Engañándonos. Y engañando al medio fotográfico y al espectador. Es el cristal con el que miramos el que determina el color del mundo. Y muchas veces no lo elegimos, y así, no entendemos que el mundo lo vemos con colores equivocados. Y así, no distinguimos con precisión lo que es verdad y es mentira.

[Libro – historieta] Saga volumen 10 – Brian K. Vaughan y Fiona Staples

Literatura

Después de dejar saldada mis deudas con las Paper Girls y revisitar recientemente el universo de Valerian y Laureline, después de mis vacaciones de principios de otoño cogí carrerilla con la cosa de leer historietas, o cómics, como prefiráis llamarlos, para mí son lo mismo, y con gran ilusión me agencié el último volumen publicado de las aventuras de Hazel y su familia en Saga.

No sabía muy bien cómo ilustrar esta entrada… así que sigo con fotos del rollo de película que presenté ayer.

Esta serie de aventuras espaciales escrita por el notable Brian K. Vaughan y exquisitamente ilustrada por Fiona Staples, entró en pausa tras la publicación en 2018 del volumen 9, que daba por cerrado el gran arco argumental que comenzó con el nacimiento de la niña protagonista, y que terminó con… bueno, no lo voy a destripar por si estáis interesados, pero con algún triste acontecimiento. Probablemente entre lo más destacado de mis aventuras espaciales favoritas, este alegato antibélico y en pro de la convivencia y la diversidad, pero muy para adultos, y sin concesiones a la placidez argumental y a la autocomplacencia, ahora ya sabemos que el segundo gran arco argumental también será de nueve volúmenes, uno al año si no surgen inconvenientes, y que terminará por lo tanto en 2030. Buff,… Cuan largo me lo fiais, amigo Sancho.

Comparado con otros volúmenes de la serie, la trama argumental de este es relativamente tranquila, es decir, no es tranquila en absoluta, sólo lo parece, y nos sigue sumergiendo en un universo en el cual, como si se tratase del mismísimo planeta Tierra de nuestro universo, no te puedes fiar de casi nadie. Sean de la especie que sean los personajes de la historia, su comportamiento es tremendamente humano. Y tras un período de precariedad, pero de salir adelante, Hazel y su familia volverán a encontrarse en el punto de mira de muchas partes interesadas en que desaparezcan. Para siempre. De ese universo y de cualquier otro. Los temas no han cambiado. Y el tono se mantiene. Al igual que la excelencia en los guiones y en la ilustración. Definitivamente, se podría decir que en su conjunto, si no es una obra maestra, le falta poco.

[Fotocomentario] El futuro de la fotografía con película tradicional

Fotografía

Hoy en día, es fácil leer en diversos medios sobre el resurgimiento de la fotografía con película tradicional. «Fotografía analógica» como se le llama como contraposición a la fotografía digital. Pero nunca me ha gustado ese término. Creo que no es adecuado. La fotografía digital es una captura electrónica usando una señal digital para la información, y hubo una fotografía electrónica analógica en el pasado… esa fue la fotografía analógica real… Pero bueno, es batalla terminológica perdida. Lo dicho. El mercado de las cámaras de segunda mano para película tradicional ha visto como los precios subían mucho en los últimos años. Y los fabricantes de película, que habían reducido mucho su capacidad productiva, no dan abasto, y encima, por la ley de la oferta y la demanda, los precios de la película se han puesto en pocos años por las nubes.

Pero soy pesimista con el futuro de este tipo de fotografía a largo plazo. Esos precios del material sensible no me parecen sostenibles a la larga. La gente se cansa de pagar tanto dinero por la película. Cuando se pase la moda,… es fácil que volvamos a la situación de hace unos años, por una nueva contracción de la demanda. Pero puede darse un equilibrio en un futuro, que pudiera llevar a unos precios asumibles para una demanda estabilizada. Quiero pensar que tal cosa puede darse, aunque lo digo con no poca dosis de escepticismo. No confío en las empresas. Demasiado rapaces con el dinero, han perdido la visión del pasado de ganar dinero, pero también prestigio e influencia. Parecía que ahora van a hacer la caja rápidamente… sin preocuparse por el futuro. Es como las iniciativas de financiación colectiva. Desarrollar un producto, más o menos original, que se venda en un lote inicial, recaudando dinero que permita su fabricación y deje unos beneficios, pero abandonándolo después. Mejor sacar otra cosa repitiendo el ciclo. Nada queda de forma permanente.

Pero lo peor es que no se hacen cámaras decentes nuevas para la película tradicional. Hay algunos talleres más o menos artesanos, de más o menos nivel, haciendo cámaras de gran formato. Muy caras, salvo alguna iniciativa británica. Hay iniciativas diversas de cámaras de plástico de escasa calidad con colores llamativos para aprovechar la moda peliculera. Y como cuento en La nueva Leica M6 frente a la vieja M6 y lo que podría/debería haber sido – Leica M6 con Kodak Ektar 100, Leica saca modelos para los más adinerados. Pero no hay cámaras decentes, de nueva fabricación para el aficionado avanzado y para el nuevo aficionado que quiera ir más allá de los juguetes de plástico. Así que… soy pesimista. Es cierto que hay muchísimas cámaras fabricadas hasta hace quince o veinte años esperando que alguien les dé una segunda vida. Pero no tienen reparación, y se irán agotando o estropeando poco a poco. En fin. A lo que eso suceda… probablemente a mí ya no me importará. Pero me da pena.

[Cine] Armageddon Time (2022)

Cine

Armageddon Time (2022; 59/20221124)

Después de quejarme hace unos días de la falta de ocasiones para ver buen cine en las salas, va y acumulamos tres visitas a las mismas en diez días. Por lo que ahora llevo un retraso considerable en mis comentarios cinematográficos. Hace dos jueves, por poco nos quedamos sin ir a ver la versión original de esta película. Porque las versiones originales cada vez aguantan menos en cartelera. Y si lo hubiésemos dejado para el día siguiente, como pensábamos, no la hubiéramos visto. El caso es que el reparto era atractivo, las críticas leídas sobre ellas muy interesantes… y lo único que nos tiraba para atrás era el tema. Dirigida por James Gray, es la enésima película en los últimos tiempos en la que un director echa la vista atrás, a su infancia y adolescencia, para, en un ejercicio de nostalgia, contarnos sus cosas. Y aunque es cierto que las más de las veces son películas majas… empiezan a cansar un poquito.

Una visita escolar al Museo Solomon R. Guggenheim tiene una gran importancia en la vida del joven protagonista. Define su vocación artística latente en su inquieta personalidad.

Aunque se nos avisa que la historia es ficción, también se nos avisa que está directamente basada en las vivencias del director, por lo que asumimos que el chaval protagonista, Paul Graff (Banks Repeta), nacido en una familia judía que no son ricos, pero viven cómodamente en Queens, es el alter ego del director. Un chaval muy inquieto, muy movido, que escucha poco y hace mucho, con inquietudes artísticas, que tras meterse en varios líos en su escuela pública, especialmente en compañía de un alumno repetidor afroamericano (Jaylin Webb), es transferido a un colegio privado, muy elitista.

El director tira de artillería pesada a la hora de configurar la familia del chaval. Con Anne Hathaway y Jeremy Strong como padres y Anthony Hopkins como abuelo materno, y con un excelente diseño de producción y fotografía, nos traslada con facilidad al Nueva York del cambio de década, en vísperas de la elección presidencial que llevó a Ronald Reagan al poder. Lo cual, para muchos supone el punto de inflexión hacia la deriva populista de los partidos conservadores. De todo el mundo, puesto que coincidió con la llegada de Thatcher al poder en el Reino Unido. Gray saca a la luz todo el abanico de prejuicios raciales, étnicos y sociales que arrastra la sociedad norteamericana, incluida la supuestamente más cosmopolita sociedad neoyorquina.

La película es bastante recomendable,… pero me ha pasado algo diferente a lo que me pasa habitualmente. Cuando salimos de las salas de cine, hay película que me han gustado y otras que no. Y otras indecisas. Y las indecisas suelen crecer en mi interior después con cierta frecuencia, para luego valorarlas mejor que cuando salí del cine. Por eso tardo unos días en comentar las películas en este Cuaderno de ruta. Pero es raro el movimiento contrario. Que una película que me haya gustado, luego disminuya en mi consideración. Y con esta película me ha pasado un poco. Y tiene que ver con lo que decía al principio. Estas películas nostálgicas, sobre los años mozos de los autores, están bien… pero empiezan a cansar. Y si no aportan algo realmente especial, se quedan en ejercicios de estilo y añoranza, que luego ya no se quedan con facilidad en la memoria. A pesar del buen hacer del estupendo reparto.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Cine (y fotos)] 30 años de «Jamón, Jamón» en el Parque Pignatelli

Cine, Fotografía

La oí anunciada hace unas semanas, pero me había olvidado de ella. Pero el viernes pasé por el Parque Pignatelli de Zaragoza, actualmente en obras de ampliación, y la vi en la sala de exposiciones Depósitos Pignatelli. Entre un ratito y me gustó. Ayer sábado volvía a pasar, pero esta vez con una cámara apropiada para guardarme algunos recuerdos visuales de la exposición, y tener material para volver a pensarla de nuevo. La exposición era un homenaje, recordatorio y reflexión en el 30º aniversario de la película Jamón Jamón, probablemente la más conocida del cineasta Bigas Luna, quizá la mejor, aunque eso puede ser opinable. También es cierto que la carrera del director catalán ya fallecido hace casi una década, fue importante, pero más irregular de lo deseable, en mi humilde opinión.

Pero Jamón Jamón llegó en un momento interesante en mi recorrido como aficionado al séptimo arte. Al contrario a mi situación actual, en la que siento un profundo desapego del cine español, cuyas causas hoy no me apetece comentar, aquel triunfal 1992 era un momento en el que el cine de este país me parecía importante. Que tenía mucho que decir, con muchas voces, especialmente directores, pero también actores, directores de fotografía, guionistas… que tenían mucho que decir y sobre temas muy variados. No faltarán las voces que digan que hoy también… y sin embargo yo no lo siento así. Y lo siento. Lo siento mucho. La película de Bigas Luna, rodada en las duras y áridas tierras monegrinas fue una de las importantes de aquel momento. Y si ahora me obligaran, a punta de pistola, porque no es algo que quiera o me apetezca hacer, a escribir mis diez películas favoritas del cine español, creo que Jamón Jamón estaría entre ellas.

Tengo la sensación que los directores de cine españoles de aquella época eran más libres. No me refiero a libertad social o política o cosas de esas. Me refiero a que eran más libres de imaginar. De crear. De innovar. Creo que se sentían menos obligados a hacer determinado tipo de cine o a demostrar nada. Creo que arriesgaban más. Y Bigas Luna siempre fue de los que fue por libre, y de los que nunca anduvo escaso de ideas o imaginación. En un año que se presentó tan política y socialmente trascendente, el famoso 1992 de expos, juegos olímpicos y quintocentenarios, el año que suponía la reválida como país de España entre las democracias occidentales europeas tras haber salido del oscurantismo de la dictadura militar, nacional y católica, Bigas Luna nos hablaba a través de dos triángulos de relaciones de la transición de la España bruta y profunda hacia la España europea y refinada. Pero sin conceder ventaja a ninguna de las dos. Cada una con sus defectos. Y con un enfrentamiento que siempre fue, es, y será inevitable. Porque aunque en aquel momento pareció que España superó aquella reválida, en los últimos años no siempre parece que fue así, o fue por la mínima, o por la autocomplacencia de quienes dictaron aquel aprobado. Aquel enfrentamiento no desapareció. Sólo se hizo inaparente, para volver 25 años más tarde renovado con brío. Para desgracia de todos nosotros.

La exposición es muy maja. Y gustará no solo a los aficionados al cine, sino también a la fotografía. 1992 todavía estaba a una década de la explosión de la fotografía digital. Aunque había alguna cámara de captura electrónica en el mercado, pero no de captura digital sino analógica, el still video que se llamaba entonces, prácticamente todo absolutamente todo era fotografía con película tradicional. Y es una gozada ver las polaroid de las pruebas de vestuario de Penélope Cruz y Anna Galliena, hija y madre en la película, o las estupendas panorámicas realizadas con varias fotos impresas por el propio Bigas Luna. Una demostración más de que siempre ha sido posible hacer cosas creativas y significativas sin depender del ordenador. Seáis cinéfilos, seáis aficionados a la fotografía, si estáis o pasáis por Zaragoza, no os la perdáis. Y el público general también podrá disfrutar de la exposición. Recordando. Añorando, tal vez.

[Fotos] Bonsáis en el Museo de Zaragoza, en color

Fotografía

No me da tiempo ha redactar un fotocomentario como con las fotos en blanco y negro de la misma ocasión. Voy con mucha prisa, que tengo que salir de casa a las 19:00 horas y son las 18:59. Pero os dejo las fotos.

Para saber más sobre las cuestiones técnicas de las fotos podéis visitar Bonsáis con película de alta sensibilidad (II) – Hasselblad 500CM con Lomography Color Negative 800.

[TV] Cosas de series; tragicomedia estupenda y aventuras castizas decepcionantes

Televisión

Como las últimas semanas ha habido animación y placeres inconfesables surcoreanos… preocupado estaba de que esta semana no pudiera tener nada disponible para comentar distinto a esos géneros que hoy en día son los que más me ayudan a desconectar en mi tiempo libre. Pero esta semana he terminado dos series que puedo traer ahora. Una estupenda… La otra… hasta cierto punto, decepcionante.

En Madrid… como García… Aunque también sale Canfranc… y el pantano de Lanuza con Peña Foradada…

Dead to me ha llegado a su temporada final y tenemos que decir adiós a Jen (Christina Applegate) y Judy (Linda Cardellini), en su tragicómica peripecia que les ha llevado a ser un duo para recordar en la historia de la ficción audiovisual. El duelo, el romance, la familia y, sobre todo y ante todo, la amistad entre dos personas radicalmente distintas pero cuyos destinos se entrecruzan y saben afrontar su futuro, no siempre con talento, pero si con mucha solidaridad, estos son los temas y valores que nos han traído. La serie no ha perdido nunca comba. No ha tenido bajones. Bien concebida, ha sabido mantener y aumentar el nivel en la trama y en la definición de los personajes. Es difícil escoger preferencias, especialmente cuando uno lee que Applegate afrontó la última temporada con problemas de salud, pero siempre he tenido cierta debilidad por Cardellini, que me parece una actriz que podría haber dado más de sí en su carrera, con buena capacidad tanto para el drama como para la comedia. Muy recomendable, a veces me entran ganas de volver alguno de sus episodios más antológicos. Si tenéis Netflix, no os la perdáis por favor.

Y me entraron muchas dudas sobre lo que podía dar de si la serie española ¡García!. Las primeras impresiones, antes de ver nada, es que se trataba de un cruce entre el Capitán América, versión castiza, y Roberto Alcazar y Pedrín, desagradablemente castizos desde siempre. Sí… ya sé que ha habido quienes han querido reivindicar a estos últimos… pero no puedo… me huelen demasiado a fascismo. El caso es que decidí ver el primer episodio a ver que tal… y me lo pasé muy bien. Por lo que vi el segundo, y también bien. Efectivamente, me parecía una parodia suave de los dos anteriores, con puyas a la realidad sociopolítica actual, que no renunciaba a la aventura y a la acción bien dosificada. Sabiendo que eran seis episodios solamente, decidí terminarla, aunque algunos aspectos en la interpretación de los protagonistas no me convencían. Pero tampoco eran una catástrofe. La serie entró en un cierto bajón, a continuación, pero confíe en que se repusiera… pero no. La serie entró en bajón. Y si la terminé fue… porque solamente eran seis episodios. Incluso el final está más lleno de efectismo y simbología facilona, que de algo que sorprenda y entretenga. Todo muy previsible. Y el penúltimo episodio, para más inri, se aleja de los dos referentes mencionados, para convertir la Sección 9 en la T.I.A. de Mortadelo y Filemón… pero no especialmente bien. Dejan abierta la serie a futuras aventuras de García (Francisco Ortiz), no sé si con la compañía de Antonia (Veki Velilla), personaje que ha acabo por resultarme cargante. Pero en estos momentos, realmente… no me interesan.

[Libro] Tus pasos en la escalera – Antonio Muñoz Molina

Literatura

Hacía mucho tiempo que no leía algo de Antonio Muñoz Molina, uno de los escritores españoles que más respeto, aunque no siempre me haya sentido atraído por lo que escribe. Pero siempre lo he dicho; no hay que ser tan presuntuoso como para identificar como de calidad lo que a uno le gusta, y falto de calidad lo que no. Todos tenemos algún placer inconfesable, gustándonos libros, películas, series de televisión o lo que sea, que sabemos que andan flojos de calidad, formal o conceptual. Y al contrario, no conseguimos acercarnos o que nos llegue la obra de artistas o literatos de primer nivel, por razones diversas. En mi caso, muchas veces, porque de lo que hablan no me interesa; incluso si está escrito de forma excelente. Pues eso me ha pasado en ocasiones con Muñoz Molina. Hace mucho tiempo que lo considero uno de los mejores escritores contemporáneos en español, pero no siempre me ha interesado lo que escribe.

No es la primera vez que Muñoz Molina nos lleva a Lisboa, y quizá por ello me animé a leer esta novela, la última que ha escrito, que apareció de oferta en mi tienda de libros en formato electrónico habitual. Y nos lleva de la mano de un hombre, un español, que tras vivir muchos años en Nueva York con su esposa Cecilia, una neurocientífica destacada, que trabaja sobre los mecanismos de la memoria. Más joven que él, trasladará sus investigaciones en Europa, mientras que él, jubilado, se retirará con ella a Lisboa, donde, adelantándose, comienza a preparar su nuevo domicilio. Con la colaboración de un «valgo para todo» lisboeta, irá organizando su nuevo hogar a imagen y semejanza del apartamento del que disfrutaban en Manhattan. Y en su deambular en los ratos de ocio por las calles lisboetas, irá desgranando sus recuerdos y sus nostalgias, mientras espera escuchar los pasos en la escalera de Cecilia cuando definitivamente llegue.

La novela de Muñoz Molina, en mi opinión, se mueve en dos planos. Dos planos cargados de nostalgia. Nostalgia por un mundo que cambia, señalando quizá el 11 de septiembre de 2001, que ambos cónyuges vivieron en Nueva York cuando aún vivían separados, y que ahora se encamina hacia un «apocalipsis» como reflexiona el protagonista, dominado por esas crisis climática cuyos efectos cada vez sentimos más encima. Y nostalgia por los recuerdos de un pasado feliz de la pareja, que sin hijos, vivían a gusto en la Gran Manzana, con un buen y estimulante círculos de la memoria. Pero al mismo tiempo, conforme vas leyendo la novela, vas poniendo en cuestión esos recuerdos. Pones en cuestión la credibilidad del narrador. Es típico de las novelas escritas en primera persona, encontrarnos ante un narrador poco fiable. Y Muñoz Molina utiliza con habilidad el recurso argumental, para ir progresando en la novela, no basándose en la acción, que apenas existe, sino en la evolución interior de ese narrador que nos cuenta su peripecia y sus recuerdos.

Buena novela. Pero, también, triste novela. No somos fiables. Ni el narrador, ni nosotros. O al menos nuestra memoria, nuestros recuerdos. Casi me atrevería a decir que nuestras percepciones. Pero esto último no sé si me viene de la lectura de la novela o si simplemente es algo que sé, incluso desde un punto de vista profesional, y que matiza la lectura del relato. En cualquier caso… hay un final ¿abierto a la esperanza? ¿o simplemente un reflejo más de la falta de fiabilidad del narrador, de sus percepciones, o de sus vivencias?

[Fotocomentario] Safari callejero

Fotografía

No. No voy a hablar de una de las historietas más divertidas de la historia del cómic español, protagonizada por Mortadelo y Filemón entre 1969 y 1970. Pero voy a hablar de «cazar» animales por la ciudad. En concreto, por las riberas de los ríos y canales. En Zaragoza, por la ribera del río Ebro, aunque quizá también por la del Huerva o del Gállego, o por la ribera del Canal Imperial de Aragón. No falta la fauna medio silvestre medio doméstica en las orillas de estos cursos de agua, especialmente las aves. Hace tiempo que me pica el gusanillo por ir registrando fotográficamente esta realidad.

Pero tengo carencias en este ámbito. Tanto en el conocimiento de las especies implicada como en mi equipo y habilidades fotográficos, más orientados a otros temas y estilos de fotografía. Pero esto último lo he paliado en parte con mi última adquisición a buen precio de una pieza óptica que me puede convenir para pasear por estos entornos verdes ciudadanos. Lo cuento con más detalle en Teleobjetivo largo para viajar y pasear – Olympus M.Zuiko Digital ED 75-300 mm 1:4,8-6,7 II. Aquí, simplemente, os dejo algunas fotos.

[Cine] The wonder (2022)

Cine

The wonder (2022; 58/20221122)

Tras un brevísimo paso en la pantalla grande con el fin de que la película optase a premios, nos llega a Netflix la última película, filmada en Irlanda, del chileno Sebastián Lelio. Un director que se ha ganado un justo prestigio en su país de origen y que parece dispuesto a dar el salto a la cinematografía internacional, como otros directores latinoamericanos. Y para esta película hablada en inglés se ha buscado un buen reparto, que la hacía muy interesante a priori.

Las ruinas del monasterio paleocristiano de Conmacnoise se encuentran en las Midlands irlandesas, la misma región en la que se desarrolla esta historia, en la que la religión católica tiene un papel tan tristemente importante.

La acción se sitúa en los años 60 del siglo XIX, en algún lugar de la isla de Irlanda, en aquel momento colonizada por el Reino Unido, y no muchos años después de la tremenda hambruna que asoló la isla a finales de los años 40 del mismo siglo, y que condicionó para siempre la relación de los irlandeses con los ingleses. Una enfermera inglesa (Florence Pugh) es llamada al lugar para dar fe de lo que está pasando con una niña de once años de edad (Kíla Lord Cassidy), que aparentemente lleva cuatro meses sin comer y sin que nada le suceda por ello. Un fiebre de exaltación religiosa de los católicos habitantes del lugar puede levantarse. Pero la enfermera, formada con Nightingale en el frente de Crimea, es racional y busca la verdad. Por lo cual tomará medidas, tras las cuales, la niña comenzará a deteriorarse de su ayuno. Con la ayuda de un periodista (Tom Burke), intentará desentrañar lo que pasa y salvar a la niña.

La película es un canto potente contra la sinrazón, contra la superstición y las creencias irracionales que surgen y derivan de la incultura y la pobreza. De los patriarcados religiosos, que prefieren sacrificar a las personas a dar su brazo a torcer, a reconocer que no son poseedores de verdades absolutas, a reconocer que están equivocados. En el frío y húmedo ambiente de la bella isla, pero con paisajes que se nos aparecen desolados en ocasiones, la principal fuente de desolación procede de los propios habitantes. La película está rodada austeridad, con economía de medios, pero sin perder expresividad y su capacidad en ningún momento.

A su favor cuenta con una protagonista en estado de gracia interpretativa. Pugh ha demostrado en varias ocasiones que es una excelente actriz, en alguna ocasión robando el protagonismo a sus protagonistas. Y aquí demuestra también que tiene oficio para dar y vender, siendo capaz de sostener por sí misma una película de por sí bien armada. Pero es que el resto del reparto, de sólidos intérpretes irlandeses y británicos, con oficio para dar y vender a sí mismo, apoyan con solidez el trabajo de la protagonista. No sólo los mencionados, también la madre de la niña, y su madre en la vida real, Elaine Cassidy, o gente bien conocida como Toby Jones, el médico, y Ciarán Hinds, el cura, estos últimos los principales representantes de la sinrazón.

Una película bien hecha que además se viene a más en la memoria una vez que han pasado unos días desde su visualización. Plenamente recomendable. Aunque quizá no sea cómoda para el público más palomitero, lo cual se aprecia en su modesta apreciación por parte del público votante en distintas plataformas en la red de redes. Pero en cuestión de grandeza cinematográfica, la democracia no siempre funciona, ni el público tiene siempre la razón. Allá ustedes.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Recomendaciones fotográficas] Fotógrafos clásicos, bellas artes, polaroids y otras cosas

Fotografía

Un domingo más, y una entretenida colección de recomendaciones fotográficas que paso a comentar sin mucha demora.

En Blind Magazine nos han refrescado la memoria en lo que se refiere a clásicos de la fotografía.

Nos han recordado la obra de David Seymour, conocido como Chim, uno de los miembros fundadores de la agencia Magnum Photos, quizá el menos conocido, el menos mediático. Pero probablemente también el más humanista, el más cálido en su acercamiento a los seres humanos. Especialmente a los niños. Creo que todos debemos adquirir una buena dosis de la empatía que mostraba Chim hacia el resto de la humanidad, especialmente en tan cínicos tiempos como los que nos toca vivir. Nacido polaco, murió joven, con sólo 44 años, uno de los motivos por los que en la actualidad no es tan conocido. Y al igual que Robert Capa, murió en una guerra. Una pena.

También nos han acercado a la obra de Ralph Gibson. Un fotógrafo muy personal, formado con gente tan potente como Dorothea Lange y Robert Frank. Muy introspectivo. En alguna ocasión se lo ha calificado como surrealista. Aunque siempre me da miedo la ligereza con la que se aplica esta etiqueta. En cualquier caso, un fotógrafo que necesariamente ha de conocer todo aficionado al arte de pintar con luz.

En los próximos días os contaré el origen de las fotografías que ilustran la entrada… consecuencia del «viernes negro».

Por terminar con las recomendaciones que nos llegan desde Blind-Magazine,… Últimamente me ha entrado cierta inquietud por explorar el ámbito de las bellas artes, especialmente el dibujo y la pintura. Pero de momento no me meto en ello. Mi vida ya se complica en ocasiones por las muchas cosas que me interesan y al final pierdo el objetivo, y acaba desorientado y sin resultados prácticos. Como para meterme en otras cosas. Pero quizá por este interés reciente, me interesó el artículo sobre las fotografías del francés Gérard Rondeau en el mundo de las bellas artes. Retratos de artistas y de sus estudios, los lugares donde crean. Pintores, escultores, músicos,… la plasticidad de las bellas artes trasladada a bellos negativos en blanco y negro. Rondeau ya falleció, en 2016.

Nobuyoshi Araki y Daido Moriyama son probablemente los dos fotógrafos japoneses más conocidos internacionalmente, los más citados y comentados en la red de redes. Aunque no necesariamente los que más me gusten del país nipón, siempre he encontrado en su obra cosas que me han atraído mucho. En AnOther Magazine nos han mostrado sus Polaroids. No es raro que ambos fotógrafos usen cámaras no profesionales, sencillas, compactas, populares para realizar sus fotografías. Y como no, la instantánea también les ha interesado y han aprovechado con ventaja.

El Instagram de Photography of China me lleva al trabajo retratista de Guoman Liao. Comentábamos recientemente con unos compañeros que últimamente se ven en las calles de Zaragoza mucho jóvenes, chicas en su mayoría, asiáticas, chinas, que en sus modos y apariencia difieren de las personas que han inmigrado habitualmente a nuestras ciudades y que trabajan en sus tiendas, en sus restaurantes especializados o, más recientemente, adquiriendo bares y cafeterías de las de toda la vida. Llaman la atención porque se nota que tienen un nivel socioeconómico más elevado. Nos confirmaban que últimamente viene muchos estudiantes, entre otras actividades para el aprendizaje de la cultura y el idioma. Y por eso me llamó la atención el trabajo de este fotógrafo chino, establecido en Canadá, que ha ido buscando y retratando a algunos de los cientos de miles de estudiantes chinos que se pueden encontrar en las ciudades occidentales. Y que muestran la variedad de estas personas, y hace saltar por los aires los estereotipos, no pocas veces racistas y xenófobos, que existen sobre los migrantes de esta nacionalidad. En su obra, también se refleja una mayor proporción de chicas que de chicos.

De vez en cuando, alguna página en Internet nos muestra el trabajo fotográfico de una persona que no es fotógrafo, pero que lleva consigo una cámara de fotos a su medio laboral habitual. Y gracias al profundo conocimiento de su entorno y a sus buenas habilidades fotográficas, acaba generando un cuerpo de trabajo interesantísimo que documenta ese entorno. En Oldskull nos han mostrado el trabajo paralelo del Corey Arnold (instagram), pescador profesional, que ha documentado con sus fotografías el mundo de la pesca, especialmente en las frías tierras de Alaska. Actualmente compagina estacionalmente su trabajo de pescador con el de fotógrafo. Ambos le apasionan. Me han gustado sus limpias fotografías.

Terminemos con un poco de humor, tal y como nos lo han mostrado también en Oldskull. El ucraniano Danilo Polevoy (instagram) juega con las imágenes históricas, fotografías antiguas, en las que sustituye elementos o rostros por los de objetos o personajes reales o de ficción, pero totalmente ucrónicos, dándoles un tono de humor. Incluso cuando se corresponden con momento tenebrosos de la historia. Sinceramente, merece la pena reírse un poco incluso sobre cuestiones tan serias.