Sigo acumulando estrenos, así que voy a intentar sacar comentarios cinematográficos cada vez que pueda. Aunque no sean con mucha profundidad, dependiendo de mi disponibilidad de tiempo. Como esta animación japonesa que acabó siendo estrenada directamente en plataforma digital, en Amazon Prime Video, hace unas semanas. Dirigida por Tomohiko Itō, que tiene experiencia dirigiendo sobretodo episodios de series de animación, aunque también ha trabajado en otras posiciones adjuntas a la dirección en algún largo de animación de cierto prestigio. Y aquí nos presenta una historia de romance entre estudiantes de secundaria con toques ciberfuturistas.
Fotos de Kioto para una película que transcurre en la antigua Miyako, capital imperial de Japón durante siglos.
HELLO WORLD (directamente en inglés en el original) es el típico «Hola mundo» que parece ser que es un tópico en todas partes cuando una persona da sus primeros pasos en el mundo de la programación de computadoras. Crear un programa que muestre en pantalla esa frase. Pero al mismo tiempo también orienta sobre la trama de la película. En un Kioto de un futuro no muy lejano pero más avanzado tecnológicamente, un jovencito y tímido estudiante de secundaria recibe la visita de un extraño individuo, que le confiesa que es un avatar de su realidad en el futuro y que está allí para salvar la vida de la compañera de clase de la que se va a enamorar, una guapa chica, un tanto reservada también y, como el protagonista, amante de los libros.
Al final todo va a resultar en una enmarañada historia de mundos reales y virtuales alternativos, en el que es fácil liarse sobre quien es un personaje real de carne y hueso y quien vive en un mundo virtual en un sistema «cuántico» de memoria ilimitada. Vamos… una película absolutamente fantástica, disfrazada de ciencia ficción, donde como en muchos producciones de este tipo se abusa del término «cuántico», aplicándolo a todo aquello que es fantástico y sin sentido.
La película está técnicamente bien realizada, pero tiene un argumento al mismo tiempo complicado en las interrelaciones entre «realidades virtuales o no virtuales», pero con un romance adolescente simplón y lleno de tópicos. Por alguna cosa que había leído por ahí de esta película, esperaba algo más, pero me dejó más bien frío. Y ya está. Pero sirvió para entretener un rato del frío fin de semana pasado.
Para esta semana traigo dos series que, sinceramente… no sé muy bien si se pueden recomendar o no. Probablemente la respuesta a este dilema es recomendarlas a sectores de espectadores específicos, pero no con carácter general. He de decir que una de ellas me venía generando bastante «ansiedad» desde que supe que se nos venía encima… Pero vayamos por partes, como dijo Jack the Ripper.
Buena parte de la acción de una de las series de hoy transcurre en Copenhague, y en el distrito gubernamental de la capital danesa, así que paisajes urbanos de esos barrios servirán de ilustración de la entrada de hoy. Es que no tengo fotos de Trantor o de Terminus.
Kastanjemanden (el hombre castaña), o como se ha denominado en España, El caso Hartung, es una serie de sólo seis episodios de ese género que se ha dado en llamar el nordic noir. Tiene todos los elementos clásicos. Ambiente frío, policías en conflicto con su vida y con el mundo, un asesino que parece un maniaco pero con una motivación desconocida detrás, y una resolución con sabor agridulce. Y en este caso… un final que resuelve, pero deja abierto a nuevas temporadas. Un mujer madre de familia es asesinada y junto a ella aparece un hombrecito hecho con castañas que contiene una huella dactilar de la hija de una ministra danesa, secuestrada un año antes y dada por muerta por las declaraciones del presunto secuestrador y asesino. Una policía (Danica Curcic) que ha pedido el traslado para poder dedicar más tiempo a su hija y un policía de Europol (Mikkel Boe Følsgaard), temporalmente destinado en Copenhague, tendrán que resolver el misterio. Pero con grandes costes. Para los amantes del género, una cita ineludible. Para quienes no lo sean tanto y no lo conozcan, hay otras que se deberían ver con preferencia, mejores. Para quienes conozcan el género y no les entusiasme… pueden pasar de ella. En Netflix.
Y por fin llegó a Apple TV la esperada/temida adaptación de la obra más conocida y famosa de Isaac Asimov, Foundation. Yo debía de tener 17 o 18 años cuando la leí por primera vez, en la primera traducción al castellano de la obra. Me refiero a los tres libros iniciales. Las secuelas y precuelas escritas en años muy posteriores… las voy a ignorar, porque creo que son superfluas y poco interesantes, y de inferior calidad conceptual y literaria. Aunque no son pocos quienes discrepan de mi opinión. La lectura de esta obra me impactó notablemente y siempre ha condicionado mis gustos dentro de la ciencia ficción. Y si sumamos esta obra literaria con el fenómeno Star Wars que surgió en mi adolescencia, más algunas películas como las odiseas espaciales de Kubrick o de Tarkovski, ambas las pude ver en aquella época en la breve etapa del cine Rialto de Zaragoza como cine de arte y ensayo, determinaron también para siempre mi afición a la space opera, las aventuras espaciales. Pero con algo más. Llevo cuarenta años fiel al género, que me ha deparado muy buenos momentos, pero también unas cuantas decepciones. También leí con el tiempo las nuevas traducciones de la trilogía original de Asimov… que me parece que no aportan nada. Tienen un lenguaje más actual, pero son literariamente inferiores. Y tengo pendiente leerlas en el original en inglés. Quizá me ponga a ello estas navidades.
Muchos han considerado la trilogía de Asimov como inadaptable a un formato audiovisual. Aunque muchos han tenido claro que de hacerse, tendría que ser en forma de serie. Bien una serie de largometrajes o, por la estructura del primero de los libros, una serie televisiva. Y así ha llegado a Apple TV. También estaba la cuestión de en qué medida se podía ser fiel a la historia original. Y qué modernizaciones razonables habría que plantear en la ambientación de una historia que empezó a escribirse en 1942, hace casi ochenta años, y a publicarse en 1951, hace setenta años. Y ya tenemos una propuesta. Una primera temporada que «adapta» dos capítulos, originalmente novelas cortas o relatos relacionados, del primero de los libros. Siempre había supuesto que cada uno de estos relatos del primer libro daban como mucho para un episodio o dos de una posible serie. Pues me quedé muy corto. La serie inventa mucho. Tramas que no existen en absoluto en la obra de Asimov. Y algunas de ellas rompen con la filosofía inicial de la obra, en mi opinión, especialmente aquellas que introducen elementos místicos o religiosos. Asimov imaginó una obra impulsada por propuestas científicas, aunque fueran altamente especulativas. Incluso sus denominaciones no son coherentes con lo que conocemos en la actualidad. Su «psicohistoria» no sería otra cosa que una disciplina de la sociología, una sociometría matemáticamente avanzada y con un asignación de probabilidades a determinados acontecimientos sociales con una precisión extremadamente superior a lo que en la actualidad se puede realizar. Por supuesto, los acontecimientos del individuo serían impredecibles. En aquellos momentos, las teorías del caos actualmente en vigor se habrían desarrollado con posterioridad a la escritura de la serie, y no hay que desdeñar una naturaleza caótica en los procesos causales sociales y las predicciones sobre la evolución de las poblaciones. Así que habría margen para jugar con una modernización de los conceptos de Asimov sin ser infiel a los mismos.
Y luego está la serie como divertimento en sí mismo. Aun considerando que la fidelidad al original es lo suficientemente baja como para considerarla «inspirada» y no «basada» en el mismo, la serie podría ser muy entretenida, divertida, emocionante, interesante, o lo que queráis, para perdonar las infidelidades. El cambio en el sexo de los personajes o en la diversidad étnica de los mismos me parece inconsecuente, no tiene la menor importancia en mi valoración. Que Salvor Hardin sea una mujer de piel negra, en lugar de un hombre cuya piel nunca se describe en el libro, si no recuerdo mal, me resulta indiferente o me parece bien, si la actriz lo hace bien. Pero que se cambie el carácter de Hardin, una persona inteligente que aborrece por sistema el uso de la violencia, y acabe siendo una soldado armada y que se ve envuelta en peleas con frecuencia… pues eso es ser infiel al original. Aunque supongo que han considerado que era más vistoso para los espectadores.
Desgraciadamente, a pesar de la enorme cantidad de medios puesta al servicio de la realización de la serie, las tramas dejan que desear. Y en algunos momentos las acciones presentadas resultan un tanto caricaturescas o ridículas. Es cierto que también tiene algunos momentos inspirados, el germen de una buena serie, fiel o infiel al original da igual, estaba ahí. Pero no acaba de germinar. Y la sensación al terminar el último episodio de la primera temporada es de insatisfacción. Que no mejora con el tiempo. Al contrario… vas viendo las incosecuencias internas de las tramas y lo forzado de las interacciones entre ellas. Seguiré viéndola… pero salvo a gentes como yo, que han bebido del género con avidez a lo largo de su vida, y quieren saber en qué resulta al final, me resulta difícil recomendarla en estos momentos. Es lo que hay.
Hoy voy a dedicar la entrada a la animación japonesa, o anime. Siempre me ha parecido un tontá mantener el término japonés, para referirnos a la animación que procede del País del Sol Naciente. Es evidente, que como sucede con otras cinematografías, tiene características específicas diferenciadas de lo que se hace en otros lugares. Pero esto es reflejo de su entorno social y cultural y de sus tradiciones artísticas, y no de que la esencia de los que es la animación sea radicalmente distinta del resto del mundo. Y además… la palabra anime アニメ no es una palabra japonesa en origen. Hay quien dice que procede del francés dessin animé (dibujo animado), y hay quien proclama su origen inglés animation → アニメーション animēshon (animación) → アニメ. Y en cualquier caso, procede del latín, animus -i o anima -ae, la fuerza que impulsa los seres en movimiento, en el caso de los seres vivos, el alma. Así que si hablamos un latín vulgar evolucionado, ¿por qué renunciar a nuestro propio léxico, dibujo animado o animación,… japonesa? En fin… vamos a ello.
Ilustro la entrada con algunas fotografías de nuestro segundo y último viaje, por el momento, al País del Sol Naciente.
En Netflix es posible ver las dos temporadas de GANTZ, una serie de animación de 2004, basada, como tantas otras, en una serie de historietas con el mismo título. Y en algunos lugares la he visto descrita como un clásico de la animación japonesa orientada a un público masculino, más bien adulto, aunque sus protagonistas principales estén en la adolescencia. La versión no censurada, que es la que se puede ver en la plataforma digital, tiene bastantes referencias o escenas con contenido sexual, más allá del fan service que se ofrece también en las series dedicada a los adolescentes masculinos. Sin embargo, lo característico de la serie es una trama con tintes muy oscuros, con bastante violencia y con poca complacencia con el destino de los personajes protagonistas. Lo de Game of Thrones no es algo original. Siempre hubo producciones cinematográficas o televisivas de acción que no daban por supuesto el final feliz de sus protagonistas, o aseguraban su supervivencia hasta el final, independientemente del destino que les depararan sus guionista.
En esta ocasión estamos ante dos jóvenes adolescentes, amigos de la infancia, que por salvar a un indigente alcoholizado que ha caído a las vías del metro, ante la indiferencia del resto de los presentes, mueren arrollados por uno tren metropolitano, despertando misteriosamente en una habitación con una misteriosa esfera, y otras gentes que también han tenido una muerte violenta reciente. Entre ellas una joven que ha intentado suicidarse, aunque en este caso, un error de quien esté detrás de las resurrecciones, ha generado una copia de la persona aunque el original no ha llegado a morir. A partir de entonces tienen que participar, necesariamente en una serie de misiones para matar alienígenas. Si lo consiguen en un plazo de tiempo determinado, sobreviven, si no… mueren definitivamente. Pero son muchos los que mueren en las misiones, incluso si estas tienen éxito. En los 26 episodios que en total componen la serie, no son muchas las misiones que presenciamos. Creo que dos, o como mucho tres, por cada una de las dos temporadas. Cada misión abarca varios episodios, y hay episodios intermedios que nos hablan de los problemas cotidianos de los protagonistas y los personajes secundarios. Se tratan temas complejos. Como la infidelidad, los problemas de relación de la adolescencia, la violación y el acoso sexual, los abusos violentos a personas vulnerables y otros temas claramente adultos. La serie me ha producido una apreciación global positiva, aunque es irregular, pero yendo de más a menos. La segunda temporada es claramente superior a la primera.
Violet Evergarden es una franquicia de animación que se ha ido emitiendo en Netflix con origen en una serie de novelas ligeras. Comenzó con una serie de televisión, motivo por el cual continúo comentando sus derivados en entradas televisivas, aunque después de la serie ha habido dos largometrajes, ambos estrenados en la misma plataforma digital, pero pensados para su estreno en salas de cine, por lo menos en su país de origen. El segundo de los cuales, el que ahora comento brevemente, Gekijouban Violet Evergarden [劇場版 ヴァイオレット・エヴァーガーデン, Violet Evergarden; versión cinematográfica; en español, directamente, Violet Evergarden: la película] tiene todas las pintas de dar cierre al ciclo de historias iniciado con la serie. Aunque… a saber. La serie me pareció interesante. Con elementos de estética steampunk, nos trasladaba a un lugar imaginario, con resonancias a la Europa de principios de finales del XIX o principios del XX, donde acaba de terminar un conflicto bélico que puede ser una mezcla de elementos de la Guerra francoprusiana con la Primera guerra mundial. Y en esta guerra, Violet es una niña soldado que terminó terriblemente mutilada, con pérdida de dos brazos y un fuerte impacto psicológico y emocional, que poco a poco va recuperandose gracias a unas prótesis, y un trabajo como redactora de cartas bajo encargo en un «servicio postal» con unas características no exactamente iguales a las de los reales.
Aunque con una estética muy propia de las series de época destinadas al público adolescente femenino, la serie no dejaba de tener interés por el alegato antibélico que portaba, y por algunos temas de cierta profundidad que trataba sobre las consecuencias de las guerras en los supervivientes. Las dos películas posteriores… pues la primera era una mera historia de continuidad, un episodio largo, sobre la base de lo narrado en la serie, mientras que la segunda, la que hoy comento… pues bueno… la terminé por aquello de dejar cerrado el tema. Porque en esta ocasión nos «resucitan» al oficial del ejército junto a quien luchó en la guerra, y que la trató como un ser humano y no meramente como un arma más. Y montan una historia romántica, contada en flashback por la nieta de una clienta de Violet cuando trabajó en el «servicio postal». Me costó terminar de verla, y corres el riesgo de atragantarte de melodrama a la vez de sufrir una diabetes por el exceso de romance meloso y dramático. No ver,… salvo adolescentes femeninas, más bien jovencitas y romanticonas. Si me decidiese a incluirla en mi base de datos cinematográfica… al fin y al cabo, fue pensada para su exhibición en salas, mi valoración sería: Dirección ***, Interpretación ***, Subjetiva **.
Ya venía avisando en las últimas entradas sobre cine que estábamos a la espera del estreno de la película que nos ocupa hoy. Los motivos son diversos. Cierto es que cuando por primera vez leí que el canadiense Denis Villeneuve, director que sigo al detalle desde que vi por primera ver una película suya, que nada tiene que ver con lo que hace últimamente, las cosas de tener prestigio y presupuesto, han pasado diez años… ya me he líado. Como decía, cuando leí que el director iba a adaptar la más famosa novela de Frank Herbert, y una de las más celebradas de la ciencia ficción, al mismo tiempo me entró un tembleque de ilusión… y de miedo. Dune es una novela compleja, con temas diversos, difícil y tratados como quizá sólo se podían tratar en 1965. Y con algunas ironías a posteriori curiosas. ¿Quién iba a imaginar que el nombre del emperador galáctico, Shaddam IV, iba a tener tanta resonancia en el ámbito de los tiranos de carne y hueso en las últimas décadas del siglo XX y en la primera del XXI? A la hora de adaptar la novela ha habido fracasos sonados, que ni siquiera se empezaron a rodar, series de televisión relativamente olvidadas, y la adaptación de David Lynch, que no satisfizo a nadie, que también tuvo sus problemas de gestación, con unos efectos visuales que ya no eran presentables en la época en la que se estrenó, el distópico año de 1984 (imaginad ahora), y que curiosamente ahora tiene una facción de partidarios que hace que haya quien la considere una «película de culto». La he vuelto a ver en Filmin estos días… y es, simplemente, la peor película de Lynch, y en el mejor de los casos, una película regular regular regular. Os puedo asegurar que cuando la vi de estreno, a mis 22 añitos, tanto me había gustado la novela, tantas ganas tenía de que fuera buena, que casi me convencí a mí mismo de que era así… aunque,… no.
A falta de fotos de un desierto con montones de arenas en dunas, como debe ser, pongo unas cuantas fotos de los desolados paisajes volcánicos de la isla de la Palma, que están de moda.
En su sinopsis más elemental, la historia nos cuenta las manipulaciones de un tirano, el emperador galáctico Shaddam IV de la Casa Corrino, en un imperio gobernado por un sistema aristocrático de casas nobles, que quiere deshacerse de las dos casas que en un momento dado pueden disputarle el trono, y que además se odian entre sí, la del duque Leto Atreides (Oskar Isaac, Atreides por los átridas griegos, aunque van vestidos de militares prusianos), y la del barón Harkonen (Stellan Skarsgård, nunca se ha establecido su ascendencia a ninguna casa real de la realidad, y a pesar de su apellido, no van vestidos de militares prusianos). Y parece que lo va a conseguir si no fuese porque la concubina del Atreides, Lady Jessica (Rebecca Ferguson) y el hijo de ambos, Paul (Timothy Chalamet), se van a empeñar en no morirse y en refugiarse entre unos tipos, los fremen (por aquí aparece Javier Bardem y Zendaya, muy inspirados por los beduinos del Sahara, bastante brutos. En una sinopsis más compleja, que no haré, habría que hablar de política, luchas por el poder, religión, mesianismo, monopolios, plutocracias y otras oligarquías, y otras guerras santas… o jihads. Esa sinopsis la haré si algún día releo la novela y la comento.
Como dijo el Descuartizador del Támesis, que pudo ser o no ser la misma persona que Jack el Destripador, «vayamos por partes». Y no nos queda más remedio, porque de entrada, cuando se abren los títulos de crédito de entrada, en lugar de ver en grande la palabra «DUNE», vemos tres palabras «Dune Part One», cosa que no consta en la cartelería anunciadora, ni en la cartelera oficial de cine, quizá para no espantar a quienes no sepan que van a ver la mitad de la historia, y no la historia completa. Especialmente si llegas a sospechar que ni siquiera está confirmada la realización de «Dune Part Two». Esto hace de entrada que en mi valoración subjetiva de la película se haya caído una estrella. La película está inacabada, con sus 155 minutos de duración. Que no se hacen largos. Que la película está muy bien hecha, que tiene unos efectos visuales de los de «creérselo». Que comentaré después, los que salen actúan bien o muy bien. Que a pesar de contar una historia muy densa, el guion va (casi siempre) fluido. Que la banda sonora me gustó… aunque en esto no hubo acuerdo. Y que sólo hay dos pegas que se le pueden poner. Una, que yo juego con ventaja, porque al conocer la novela, a la que es relativamente fiel, sé de qué va la cosa; quien no la haya leído tal vez se pierda en algunas cuestiones. Dos, ¿lo he dicho ya?, que la película está incompleta. Que la han cerrado donde la han cerrado porque es un buen lugar, si fuera una teleserie, para cerrar un episodio y volver dentro de un rato o a la semana que viene con el siguiente episodio. Pero no hay un siguiente episodio. Al menos, todavía. Y nadie ha confirmado que lo vaya a haber. Esto es como la rotoscópica versión animada de The Lord of the Rings, de la que se hizo una primera parte, hasta la batalla del abismo de Helm, pero ni Aragorn llegó nunca a Gondor, ni Frodo al Monte del Destino, y mucho menos regresó a la Comarca.
El reparto está bastante acertado. Vamos a ver… el reparto que importa. La película está llena de nombres conocidos… aunque falta Sting ¿Por qué no está Sting-Feyd-Rautha Harkonen poniendo cara de cínico sádico? Pero la novela es tan coral, que la aparición en pantalla de muchos de esos nombres conocidos es cortita y no valorable en materia interpretativa. Por supuesto, en nombre de lo políticamente correcto, hay algunos cambios de color de piel y sexo entre personajes de la novela y la película actual, pero eso da igual. A la larga, las dos interpretaciones que realmente importan son las de Rebecca Ferguson y Timothy Chalamet. Este último está correcto, aunque creo que es un actor que todavía tiene que madurar, pero bien. Y la que es una roba escenas de mucho cuidado es la nueva Lady Jessica, que prácticamente se lleva, merecidamente, el protagonismo de la película. La sueca de apellido escocés me encanta como trabaja, en general, incluso cuando la mayor parte de su filmografía no me interesa mucho, realmente.
Dicho todo lo cual, estamos ante una versión de la novela de Herbert muy digna, muy bien hecha, que hace lo mejor que se puede hacer para adaptar una novela compleja, sin perder mucho por el camino, que es una delicia para los sentidos, pero cuya valoración final tendrá que esperar a que alguien la termine. Porque no… no es lo mismo que el final en cliffhanger de The Empire Strikes Back. De hecho, aquella afortunada película, la mejor con ventaja de la saga galáctica, es una película muy distinta de la que le precedió y de la que le siguió (y no digamos ya del resto). ¿Qué pasará con Dune Part Two? Ya me lo preguntaréis dentro de unos años.
Antes de ver la película, temía que mi valoración final se viese afectada por las expectativas creadas hace un tiempo cuando oí hablar de ella por primera vez. Escrita y dirigida por Lisa Joy, cocreadora y guionista de una famosa serie que no he visto porque no me enganchó en sus primeros episodios, con un reparto suficientemente interesante para atraer público como son Hugh Jackman, Rebecca Ferguson y Thandiwe Newton (antes Thandie), y comparada a priori con el cine de Christopher Nolan, por temas e influencias… Pues eso, que las expectativas creadas en torno al primer largometraje de la realizadora, eran altas. Quizá, demasiado elevadas. Sin embargo… ese no es el problema.
Las fotos acompañantes… no tienen nada que ver con la película… porque nada tiene que ver con esta película. Simplemente JPEG directos de cámara de un día que di una caminata con cámara digital en lugar de mis habituales cámaras para película tradicional.
En cuando a la historia, en un mundo… en Miami (EE.UU.) tras una catástrofe climática que ha inundado las costas, incluidas las ciudades costeras, y tras una catástrofe bélica, la sociedad está muy desestructurada, las desigualdades sociales son importantes, y todo el mundo busca recordar los «tiempos mejores». Para lo cual hay una tecnología que lo permite. Nick (Jackman) junto a su antigua compañera de armas «Watts» (Newton) llevan un negocio mediante el cual puede permitir recordar y reproducir en los clientes experiencias agradables (o no) del pasado. Un día llama a su puerta un bella mujer, Mae (Ferguson), de la que se enamora Nick. Pero un día desaparece de la vida de este, sumiéndolo en una profunda depresión. Una serie de eventos llevarán a Nick a iniciar la búsqueda de su antigua amante, introduciéndolo en un mundo de corrupción y bajos fondos muy peligroso.
Bueno… la película tiene un problema fundamental. No sabe qué quiere ser de mayor. Si una ciencia ficción tipo Nolan, si un novela negra de detectives tipo Marlowe o Sam Spade, con la peculiaridad de que el personaje principal no es un detective, o una mezcla de todo, que no se mezcla bien. Constantemente provoca déjà vu a otras películas, todas ellas invariablemente muy superiores, carece por tanto de originalidad, y encima la historia no acaba de encajar, no acaba de alcanzar un ritmo adecuado, con una voz en off constante de la que acabas harto. Y con unos efectos visuales… que tienden a cantar en exceso. Me pregunto si esta directora no debería plantearse seguir con sus oficios anteriores, que parece que se le daban mejor.
Los intérpretes de la película hacen lo que pueden, que no es mucho, y el trío de «detective», «mujer fatal» y «colega fiel del detective», tradicional de la novela negra, acaba siendo casi una parodia sin gracia del esquema típico y tópico. Y para colmo, carece de un villano carismático definido que impulse la acción de los héroes… Si ni siquiera la «mujer fatal» es tan fatal… La película no es que quede por debajo de las expectativas; es que nunca nadie, siendo honestos, debió crear estas expectativas. Aunque sus estilos son muy distintos, a ratos me recordaba a aquel absurdo y desnortado remake de «Casablanca» que hizo Pamela Anderson. Floja, floja película que, por lo que leo, se está dando un soberano tortazo en las taquillas, apuntando la posibilidad de clasificarse entre los primeros lugares de los fiascos del año. No recomendable.
De los estrenos cinematográficos de esta semana pasada, el más interesante ya lo habíamos visto en un pase especial de preestreno unas semanas antes, y el siguiente en aparente interés… tenía unos horarios inconvenientes para sus pases en versión original. Y tampoco nos «mataba» tanto el ir a verlo. Por ello, nos limitamos a quedar para charrar un rato este miércoles pasado, y cuando volvía a casa, miré los estrenos en las plataformas de vídeo bajo demanda. Que tampoco son para «matarse» por verlos. A principio de año, Netflix anunció un ritmo frenético de estrenos, un promedio de más de uno a la semana. Pero pocos de ellos han resultado mínimamente atractivos. El caso es que mientras repasaba los últimos llegados a la plataforma, me fijé en esta animación japonesa dirigida por Hiroyasu Ishida, y decidí darle una oportunidad. El primer largometraje de animación del director y animador.
Los bosques del monte Kurama y del río Kibune, no lejos de Kioto, servirán para ilustrar los de la película de hoy.
No voy a contar mucho del argumento, que está basado en una novela del mismo título, que ha recibido algunos premios en su país de origen dentro del ámbito de la ciencia ficción. Hay que decir que el título original de la película está en inglés, aunque en japonés se pueda encontrar escrito en katakana, ペンギン・ハイウェイ, Pengin Haiwei. Diré simplemente que, en un suburbio de una gran ciudad, posiblemente Kioto, de donde procede el escritor, aunque no se explicita, cerca de los bosques y los montes, hay un escolar al que le encantan las ciencias que está colado por una joven ayudante del odontólogo local, y especialmente por sus おっぱい oppai. Y que un día una misteriosa bandada de pingüinos aparece en medio del lugar… que de alguna forma están relacionados con la chica. No necesariamente con sus oppai.
Si os he de reconocer las cosas como son, es una película de animación japonesa normalita. Las he visto más interesantes visualmente y con argumentos y temas más intensos y profundos. Pero lo cierto es que es una película que te deja un buen sabor de boca muy por encima de las expectativas depositadas en ella. Y creo que en gran medida es debido a un conjunto de caracteres bastante entrañables. Hay una evidente intención pedagógica para los más pequeños de las familias para animarles al estudio de las ciencia como algo que puede desencadenar aventuras más interesantes que la fantasía… aunque el tiempo de «ciencia ficción» del que tira la historia circula más cerca de esta última que de la ciencia propiamente dicha. Pero hay que tener en cuenta su vocación de película familiar.
La canción principal de la película está cantada por una de las cantantes más populares del País del Sol Naciente, auténtica superventas, y la película deja muy buen rollo, el curioso romance entre un shonen de cuarto de primaria y una guapa y bien dotada joven que viene de… otro lugar, y de edad indefinida.
No sabía si dedicar la entrada televisiva de esta semana a los dramas médicos o a los misterios tecnológicos o «sobrenaturales-loquesea». Al final, como tenía a manos unos fotos apropiadas para esto último con ello iré.
Camino de acceso para visitar una de las lenguas del Mýrdalsjökull, glaciar bajo el cual encontramos el volcán Katla, que da título a una de las series de hoy.
Están de moda las erupciones volcánicas. Y últimamente uno de los sitios estrella para visitarlas es Islandia. Una erupción en la península de los Rejkjanes de las de tipo tranquilo, de lavas fluidas y vistosas coladas que se desparraman alrededor de la fisura que se abre en el suelo del área volcánica. Dicen que el volcán más activo de Islandia es el Hekla. Pero el más famoso de los últimos fue la que se produjo en el glaciar Eyjafjallajökull en 2021, que también fue de lava fluida, pero que se acompañó de la expulsión grandes cantidades de ceniza a la atmósfera, llevando al cierre del espacio aéreo en Europa, por los riesgos para las aeronaves. Recordar que el nombre ese tan complicado es el del glaciar; la erupción recibió ese nombre porque el volcán está bajo la masa de hielo de ese glaciar. Y no lejos del glaciar Eyjafjallajökkul, unos kilómetros hacia el este está el Katla, bajo el glaciar Mýrdalsjökull, alguna de cuyas lenguas pude visitar en 2016, y que también es uno de los más activos y potentes de la isla. La última erupción documentada es de 1918. Por lo que ahora lleva un tiempo largo de inactividad, ya que las erupciones históricas desde el año 930 han sido en intervalos de entre 20 y 90 años. En sus erupciones son muy peligrosos los lahares, por la fusión masiva del glaciar debido al calor emitido por la eurupción, lo cual lleva a enormes inundaciones que arrastran gran cantidad de sedimentos. Es uno de los riesgos más importantes para la población en caso de erupción de un volcán.
La serie de televisión del mismo nombre, Katla, transcurre durante una erupción ficticia actual. El volcán está muy próximo a la localidad de Vik i Mýrdal, en el sur de la isla, muy popular entre los turistas, por los espectaculares paisajes costeros alrededor de la península de Dyrhólaey, próxima a la población, o por la propia playa de arena negra de la misma. De esta zona son las fotografías que acompañan la entrada. Pues bien, encontramos Vik con los accesos cerrados y con la mayor parte de la población evacuada mientras el Katla erupciona, cuando empiezan a aparecer, cubiertos de cenizas, una serie de personas desnudas, algunas dadas por muertas o desaparecidas. Lo cual altera las vidas de los pocos habitantes que quedan en el lugar. No voy a decir más sobre el argumento, para no destripar las sorpresas. La serie va de menos a más. Yo estuve a riesgo de dejarla en los primeros episodios, pero conforme avanza se hace más interesante, más intensa y más sorprendente. No es para calificarla de excelente, pero sí de interesante, con buenos trabajos interpretativos. La veréis en Netflix, si os interesa.
Solos (el título original de la serie está en castellano aunque sea una serie estadounidense) es una serie que ha aparecido en Amazon Prime Video en las últimas semanas. Una miniserie de siete episodios de media hora de duración con unos protagonistas muy notables y conocidos ( Morgan Freeman, Anne Hathaway, Helen Mirren, Uzo Aduba, Anthony Mackie, Constance Wu, Dan Stevens y Nicole Beharie) Es una de las muchas series nacidas al hilo de los confinamientos debidos a la pandemia. La premisa es la de presenciar la peripecia de personas que viven solas o se encuentran solas. Una científica que quiere viajar al futuro para resolver sus problemas actuales, una mujer ya mayor que se presta voluntaria a una misión espacial sin retorno para encontrarse a sí misma, un hombre que ha de morir y busca un «sustituto» para su familia, un hombre al que sacan de su desmemoria debido a lo que parece un Alzheimer,… y otras situaciones en las que el protagonista se encuentra solo, con un tono futurista. De hecho, dejando al lado alguna voz por llamadas telefónicas o similares, creo que sólo en uno de los episodios hay dos intérpretes en pantalla. La serie es irregular. Algunos episodios son buenos, pero otros, no tanto. Los intérpretes están todos a buen nivel, aunque no siempre consiguen salvar su episodio. Cuesta poco darle una oportunidad, dada su corta duración, tanto en número de episodios como en el minutaje de los mismos.
Seguimos adaptando historietas con superhéroes de lo más variado. Algunas de estas aportan algo nuevo, otras… no tanto. Jupiter’s Legacy parece ser de estas últimas. Aunque también hay que decir que a lo largo de los ocho episodios de su primera temporada, que se puede ver en Netflix, ha ido más bien de menos a más. Como ya he empezado diciendo, es una adaptación de una historieta, que en su momento recibió buenas críticas. Y en esta primera temporada hemos ido viendo en paralelo dos líneas argumentales, una situada en los tiempos de la crisis bursátil de 1929 y que nos va a explicar el origen del grupo de superhéroes, y otra, en los tiempos actuales, en los cuales se produce una crisis de principios y de fines entre la primera generación de superhéroes y sus descendientes. Los elementos argumentales no son especialmente originales, y van desde una isla misteriosa y desconocida, tipo King Kong, a elementos mitológicos clásicos. Un poco… un refrito. Como mucho, conforme avanza la serie, alcanza el nivel de entretenida. Sin más. Sus muchos personajes y líneas argumentales son también muy diversos en interés o en la empatía que generan en el espectador.
Aunque predominan los episodios cortos de animación de una de las series de hoy orientados a la aventura y la acción, también los hay más contemplativos y filosóficos. Uno de ellos «The Drowned Giant» es de estos, y tiene como escenario una playa de las islas Británicas. Motivo por el que yo me voy fotográficamente a las costas irlandesas. Que aunque no sean la Gran Bretaña, es otra de las islas Británicas.
Love, Death and Robots es una antología de relatos cortos de animación en el ámbito de la ciencia ficción, la anticipación, la fantasía y el terror. O de todo un poco, mezclado. Frente a los 18 episodios que van entre menos de diez minutos a algo más de quince de los que constaba la primera temporada, esta segunda temporada sólo tiene 8 episodios. Pero yo diría que están mejor seleccionados, con más rigor. Y por ello, yo diría que, pese a la diversidad de temas y formatos, dentro de la animación, hay una calidad media superior. Yo los he visto todos con agrado, aunque siempre hay algunos que te gustan más que otros. Y se ve en seguida. Los encajas en cualquier hueco que tengas para ver la televisión, y en pocos días los ves los ocho. Me han divertido bastante. Más que la primera temporada en su conjunto. Me parecen recomendables para quienes gustan de estos temas. También en Netflix.
Hoy vamos con dos series que se mueven en el ámbito de la fantasía y la ciencia ficción. Que con frecuencia se ven mezcladas en las clasificaciones por géneros de las obras de ficción, sean literarias o audiovisuales, y que para mí son dos cosas muy distintas. Cada uno de estos géneros debería estar claramente diferenciado del otro… aunque como todo, siempre hay zonas grises en la clasificación por géneros de la ficción.
Para representar a las fortalezas, castillos y palacios de los reinos de estilo eslavo que aparecen en un de las series de hoy, nos iremos a la fortaleza de Malbork en Polonia. Aunque originariamente fuera llamado Marienburg por la Orden de los Caballeros Teutónicos que lo construyó.
Shadow and bone es claramente una obra de fantasía. Netflix participa una vez más en la moda de adaptar sagas literarias destinadas al público adolescente o juvenil y que se mueven en mundos en los que conviven seres humanos… llamémosles «normales», con otros con capacidades o «poderes» «mágicos». Aunque a veces parece que quieran disfrazar la «magia» de «ciencia». La saga literaria que se adapta es obra de la escritora Leigh Bardugo, que ha escrito varias novelas y un cierto número de relatos con base en un mismo universo fantástico, inspirado de alguna forma en el Imperio Ruso. Tiene algún toque también de steampunk, y sus protagonistas son jóvenes, para que los adolescentes se identifiquen con los héroes. En lo que estamos viendo en esta primera temporada de la serie, la protagonista es la joven Alina Starkov (Jessie Mei Li), del cuerpo de cartógrafos del ejército de un reino que está dividido en dos por una extraña niebla negra de origen mágico, poblada por seres malignos. La joven Starkov, mestiza, con un progenitor de un reino vecino (si el uno está inspirado en Rusia, el otro en China o en la repúblicas centroasiáticas; la actriz protagonista tiene ascendencia británica y china), tiene unos poderes mágicos muy codiciados por el malo de la ficción y por otros antagonistas. En fin… nada realmente original. Una historia basada en un fórmula muchas veces conocidas del camino del héroe predestinado a salvar «el mundo» o algo así. Se deja ver. Pero también corre el riesgo de que si no aporta algo nuevo interesante en la segunda temporada, me olvide de ella. Las interpretaciones son manifiestamente mejorables.
Hace unas semanas os hablé de la primera temporada de For all mankind. Y como ya os decía entonces, se trata de una ucronía, una historia alternativa, en la que los soviéticos llegan a la Luna antes que los norteamericanos, y como consecuencia, todo cambia, y la carrera espacial se mantiene, y la exploración espacial avanza más deprisa que en la realidad. Si la primera temporada, la parte de ciencia ficción era relativamente plausible, determinados elementos sobre lo «políticamente correcto» chirriaban en exceso. El universo en el que se desarrolla se parece demasiado al nuestro como para que nos vendan según qué conceptos. Pero era entretenida, y la parte de acción que tenía era divertida. La segunda temporada es distinta. Se olvidan un poco de lo «políticamente correcto», son más osados en el ritmo de avances tecnológicos, y apuesta por la intriga política, con una guerra fría que se va a prolongar por una Unión Soviética que no entra en descomposición en los años 80 del siglo XX. Y con mayor elementos de acción en la base lunar. Sigue siendo una serie entretenida. Quizá un pelín más patriotera de lo que toca, y con conservadurismos que chirrían. Pero si te abstraes de ello, tiene un pase bastante amplio. Aunque corren el riesgo de errar el tiro por elevación, siendo demasiado osados en los desarrollos futuros de la exploración espacial. Si nos hemos de mover en lo verosímil, claro. Si no… pues tira para delante.
Hacía ya un tiempo que no leía una historieta. O novela gráfica, que me parece que es así como viene denominada la de hoy. El caso es que estos días atrás estaba atascado en mi lectura… han pasado muchas cosas y mi cabeza no me da para centrarme. Así que el jueves, que entré un momento a comprar un par de rollos de película en un comercio de la ciudad, vi este libro y me llamó la atención. En un principio, no iba a comprar. Pero mientras recorría el comercio, le iba dando vueltas al asunto, volví a pasar por el expositor… y cogí un ejemplar.
Esta novela gráfica está basada en el guion para un piloto de una serie que nunca se llegó a grabar, escrito por el «tronado» George R. R. Martin y adaptado e ilustrado por Raya Golden. Escrito en 1994, nada más y nada menos. En algún lugar lo han definido como una mezcla de Law & Order y Men in Black. No sé. Puede que tenga semejanzas con las dos. Nunca he visto la primera… hay tantas series de policías, que… La novela gráfica homenajea al mismo que satiriza una de ellas, muy popular. Y la verdad es que la segunda, mientras la leía, no me ha venido a la mente. En MIB, la base de la historia es que la presencia de alienígenas en la Tierra, así como la existencia de los MIB, es secreta. Pero en la historia que nos ocupa hoy, la esencia es que la llegada de los extraterrestres a la Tierra es un hecho público y manifiesto, y circulan entre nosotros. Al menos en las ciudades con las tres puertos estelares que hay en el planeta.
En algún momento de nuestra historia, no muy lejano en el tiempo, los extraterrestres, que nos llevan estudiando durante décadas, aterrizan en tres lugares distintos del mundo. La primera nave, en Singapur, durante la final del Campeonato de Fútbol de la ASEAN. La segunda, en Copenhague, durante el derbi futbolero entre el FC København y el Brøndby IF. La tercera, en Chicago, durante la Super Bowl. Y admitieron a los humanos como la especie 315 de la Armonía de los Mundos (notar estas ¿irónicas, paródicas, homenajeadas? referencias, 1 y 2). De inmediato se construyeron los puertos estelares de Singapur y Copenhague. Pero el de Chicago se retrasó… y las cosas no han sido tan sencillas como se esperaba. Estas son las aventuras de la comisaría de policía del distrito donde se encuentra el puerto estelar… y son muy muy divertidas.
Sinceramente, me lo he pasado pipa. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien con algo así. En realidad, a mí me parece una space opera, una aventura espacial, pero en la que no salimos de Chicago. Como si una película de Star Wars transcurriese toda ella en una desmadrada Mos Eisley. Incluida la taberna y su espaciopuerto. La aventura tiene ritmo, tiene argumento, tiene unos personajes con lo que empatizas, que te caen simpáticos y te importan, y está bien escrita y dibujada. Te da pena si tienes que dejar de leer, te ríes con frecuencia, y cuando terminas te preguntas cuándo vas a saber qué pasa después. No tengo ni idea si va a haber un después. Pero si lo hay, me apunto.
Hoy traigo dos series muy muy distintas. Una es documental y habla de la historia. La otra es ficción y habla de la historia… alternativa. Tras la excelente ucronía que nos ofreció Amazon Prime Video estos años atrás, ahora es Apple TV la que nos propone otra… cuando menos curiosa.
En un mundo tan patriarcal como el Japón tradicional, poco papel parecen tener las mujeres. Pero aun así, en los conflictos que narra la serie documental que traigo hoy, lo tuvieron y fue importante. Como la señora Nene [ねね], esposa principal de Toyotomi Hideyoshi, que sobrevivió a estos tiempos, se llevaba bien con Tokugawa Ieyasu. Y terminó en sus días en un templo en Kioto, que no pudimos visitar porque se nos hizo tarde y cerró, no lejos de donde está hecha la foto, por donde también está también la calle que lleva su nombre [ねねの道].
Empecemos por la serie documental de Netflix, Age of samurai: battle for Japan. Japón sufrió un amplio periodo de inestabilidad política y de numerosos conflictos bélicos entre señores feudales entre 1467 y 1615, denominado período Sengoku, o de los estados en guerra. La serie narra las fases finales de dicho período, entre 1560 cuando Oda Nobunaga se alza como un poder emergente, con la colaboración de Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu, hasta 1615, cuando muerto Hideyoshi, Ieayasu elimina a los últimos restos de su clan en el sitio al castillo de Osaka y deja pacificado el país durante 250 años, con la implantación del shogunato Tokugawa que da lugar al período Edo de la historia del país. La serie está realizada en forma de docudrama, en la que una serie de actores y extras encarnan a los personajes de la historia, en sus interacciones y batallas, mientras un locutor va narrando los hechos, con interrupciones de vez en cuando para que expertos en historia, tanto japoneses como occidentales, van dando su interpretación a los principales sucesos. En general, la serie es entretenida y, en lo que a mí se me alcanza, precisa, aunque uno percibe que hay partes de la historia que se soslayan, quizá por considerarlas secundarias a la historia central. Así los hechos narrados se centran en las acciones de los principales protagonistas de la historia, y en la invasión de Corea. Lo más criticable quizá sea el uso de un lenguaje sensacionalista a la hora de la narración, así como la constante repetición de decapitaciones, seppuku, y alguna escena de sexo con desnudos femeninos parciales que vienen poco al cuento. También faltan localizaciones reales. Se prefiere usar mucha escena en bosques y algunos interiores de construcciones de estilo japonés indefinida a mostrar las localizaciones tal y como se encuentran en la actualidad. Es muy entretenida, razonable precisa, aunque mejorable en su tono sensacionalista.
Pero también es importante el castillo de Osaka. Que en su versión de la época quedó destruido en el sitio que sufrió en 1516, con el que terminó la época de guerras, y en el que murieron el Hidetori, el hijo de Toyotomi Hideyoshi, y su madre, concubina del anterior, la señora Chacha [茶々]. Y es que esta, que conspiró a favor de su hijo… no se llevaba bien con el shogun Tokugawa como la señora Nene… y le costó la vida.
For all mankind es una ucronía que se puede ver en Apple TV. Ahora están emitiendo semana a semana la segunda temporada. Pero yo de momento he visto sólo la primera temporada. El punto en el que la historia que se cuenta diverge de la historia real de la segunda mitad del siglo XX es cuando en junio de 1969, un mes después de que el modulo lunar del Apollo 10 volase a algo más de 15 km sobre la superficie lunar, y un mes antes de que el Apollo 11 realizase el primer alunizaje sobre el satélite terrestre, una nave tripulada soviética toca tierra en la Luna y es un soviético el primer hombre en pisar la luna. La serie marca más diferencias todavía cuando poco después, una mujer soviética es la primera mujer en pisar la luna. A partir de ahí, se genera una historia alternativa en la que las prioridades políticas cambian, se inicia una carrera por establecer bases habitadas de forma permanente en la luna, y la NASA permite la entrada en el programa espacial de mujeres, con fines propagandísticos, unos cuantos años antes de que tal cosa sucedieran en realidad.
La serie no es perfecta en absoluto. Tiene algunas cosas excesivamente inverosímiles. Digamos que el universo alternativo es demasiado parecido al nuestro como para tragar determinadas cuestiones de los «políticamente correcto». Pero más allá de eso es una serie correctamente realizada, correctamente interpretada, con personajes suficientemente empáticos como para que te importe lo que pasa, y en suma… bastante entretenida. Con lo cual, para mí ya está bien.
Alguna vez he comentado lo que me gustan los relatos ilustrados de los Libros del Zorro Rojo, de los que tengo los que publicaron de Haruki Murakami, ilustrados por Ket Menschik. Aunque luego, los relatos ilustrado de Murakami cambiaron de editorial al menos en una ocasión. Relatos interesantes, ilustraciones de muy buen nivel, presentación del libro cuidada, moderna. El caso es que hace unas semanas leí que esta interesante editorial había publicado una versión de la famosa Guerra de los mundos de H. G. Wells, con las ilustraciones del brasileño Alvim Corrêa, de la edición en francés publicada en Bélgica en 1906, que probablemente fueron un hito de los más importantes en la ilustración de la ciencia ficción. El libro incluye enlaces en forma de códigos QR para las grabaciones originales de la adaptación radiofónica de Orson Welles, así como las transcripciones de esta. Vamos… todo un pequeño conjunto de pequeñas (o grandes maravillas) en torno a a la obra de Wells. Un autor mucho más importante de lo que a veces se piensa.
Pero vamos con la obra literaria. La novela de Wells fue publicada por primera vez en forma de serial de revista en Pearson’s Magazine en el Reino unido entre abril y diciembre de 1897. Y ese mismo año, se publicó también serializado, en Estados Unidos en Cosmopolitan. Sí… esa revista orientada a las mujeres, que he visto criticar tanto por las derechas cristianas, que consideran sus contenidos pecaminosos, como por feministas de izquierdas que consideran que «enseña» a las mujeres su lugar en la sociedad capitalista bajo un disfraz de liberal, en el sentido norteamericano de la palabra.
Por la zona donde «aterrizaron» los cilindros marcianos en los alrededores de Londres, doy por supuesto que Windsor y su castillo no sobrevivieron a la invasión. Pero en diciembre de 1994 se podían visitar con una agradable luz invernal.
Mi primer contacto con la obra fue en mi adolescencia. En 1978 apareció el albúm Jeff Wayne’s Musical Version of the War of the Worlds, una ópera rock a base de rock progresivo y rock sinfónico, que se hizo relativamente célebre en aquel momento y algunas de cuyas piezas sonaban en forma de sencillos en las radiofórmulas musicales. Supongo que para aprovechar esa celebridad, algún avispado distribuidor cinematográfico colocó en los cines la versión cinematográfica de 1953, donde los marcianos aterrizan en California, y que se aparta de diversas formas del original, convirtiéndose en una alegoría de una invasión soviética en la época de la guerra fría, con uso de bombas atómicas incluidas. Aunque creo que nunca se ha reconocido oficialmente este hecho. En cualquier caso, aprovechó en su estreno esa psicosis de invasión y guerra atómica de los años 50 en Estados Unidos. La película no se había estrenado previamente en España, según creo, y lo hizo en 1979 a rebufo del éxito discográfico. Fui con unos amigos a verla pensando que la banda sonora sería la música a la que nos habíamos acostumbrado… pero nos llevamos un chasco. Así que fui el único que salí relativamente satisfecho. Era el único realmente aficionado al cine y a la ciencia ficción, los otros dos compañeros de clase lo eran al rock.
Desde hace mucho tiempo estaba autoconvencido de que a final de mi adolescencia o en mis veintipocos leí la novela original de Wells. Que me dejaron el libro o lo saqué en préstamo de alguna biblioteca. Tenerlo, no lo tenía en casa con antelación a comprar la edición de los Libros del Zorro Rojo. Pero después de la lectura de esta, ya no lo tengo tan claro. Tengo la sensación ahora de que mis recuerdos de la obra proceden de sus adaptaciones cinematográficas y de alguna posible adaptación a historieta. Nada puedo asegurar. Me baila la memoria. Malditos falsos recuerdos, que todos sufrimos de una otra forma. En cualquier caso, adaptaciones cinematográficas sólo había visto una, hasta la de Spielberg de 2005. Que no me gustó gran cosa. En gran medida por uno de sus mayores defectos… su protagonista, Thomas C. Maphoter IV. Eso sí, tengo un recuerdo agradable de haber visto en televisión la película The night that panicked America, que ficcionaliza los terrores causados por la emisión radiofónica de Orson Welles. Fue una película realizada para su emisión directa en televisión, y ganó un Emmy de tres candidaturas que tenía.
Para quien no se haya enterado aún, la novela narra una invasión marciana. Marte se está convirtiendo en inhabitable, bajo la suposición de que Sol es cada vez más frío (es justo lo contrario), y sus habitantes deciden venirse a nuestro planeta, más cálido por estar más cerca de nuestra estrella. Y por ello lanzan, aparentemente a cañonazos, unos cilindros que contienen los pulposos marcianos y materiales para construir sus gigantescas y trípodes máquinas de guerra. Los primeros cilindros, que llegan a un ritmo de uno por día, caen en los alrededores de Londres, que al fin y al cabo, para la Inglaterra victoriana era la capital de la principal potencia y el principal imperio mundial. La novela está contada parcialmente en primera persona, por un innominado narrador, escritor interesado en diversos temas de actualidad tecnológica y científica, que nos cuenta su peripecia bajo la invasión, así como en tercera persona la de su hermano. Puesto que la narra desde un futuro tranquilo, desde el principio sabemos que la invasión marciana, de alguna forma, fracasará.
La novela es de una oportunidad tremenda, y demuestra que Wells tenía los pies bien puestos en la tierra y que era un observador de la actualidad. Muchas de las observaciones que realiza sobre los marcianos muestran que era un firme adepto de la teoría de la evolución. Obviamente, era uno de los que se había atraído por las especulaciones realizadas por Percival Lowell a partir de las observaciones realizadas en 1894, que a su ver fueron impulsadas por la descripción de los «canales» de Marte por Schiaparelli en 1877. También adelanta las consecuencias de las guerra que están por llegar. Y que en aquellos momentos, en plena Belle époque, parecen lejanas para tantos, aunque tras la muerte de la reina Victoria, escalarán rápidamente las tensiones de la Paz armada, periodo que ya había comenzado tras la derrota de Francia a manos de los prusianos en 1871, y que culminarán con la Primera guerra mundial en 1914. Las guerras previas, desde Crimea en los 1850 y tantos, pasando por las batallas de la unificación italiana o la Guerra civil americana, habían mostrado la cada vez más destructiva capacidad de las armas fruto de la revolución industrial y de que el paradigma de guerra llevado a su mayor exponente en las guerras napoleónicas estaba periclitado. Elementos como el atrincheramiento de tropas, las máquinas de guerra móviles con gran capacidad destructiva o la guerra química son adelantados en este libro. Y lanza previsiones sobre el uso futuro de máquinas voladoras. El fenómeno de los desplazados y los refugiados, el comportamiento rapaz de las poblaciones receptoras de los mismos, también está anticipado.
También lleva la historia implícito el mensaje de que las civilizaciones no son eternas. Y que los imperios se derrumban. Y hay quienes han señalado que Wells, que era un socialista no revolucionario, no marxista, critica a los imperios occidentales, superiores tecnológicamente, por usar esta mayor potencia tecnológica para subyugar a otras culturas del mundo. Si uno repasa bien, salvo las acciones del acorazado de guerra (ignorado en la mayor parte de las adaptaciones de la novela), no hay acciones heroicas. Hay acciones imprudentes de diversos personajes civiles y militares. Y el tono general de los personajes con los que se cruzan el protagonista y su hermano, es de egoísmo, cobardía y sálvese quien pueda. Por otro lado, hay que señalar que si la novela se publica en 1897, la acción se sitúa de forma imprecisa en los primeros años del siglo XX. En un futuro no muy lejano respecto al lector del momento.
Y además de todo lo anterior… es muy entretenida. La peripecia, no por conocida en sus diversas versiones, deja de ser adictiva, lo que hace que el libro se lee en un plis-plas. Lo que más chirría, no sé si para bien, para mal o para todo lo contrario, es la traducción del libro. La obra de Wells ha tenido distintas ediciones en español con diversos traductores. Pero el primer traductor de la obra fue Ramiro de Maeztu en 1902. No sé si este autor varió o realizó nuevas traducciones, o si sólo realizó aquella primera que ha sido utilizada en ediciones posteriores hasta la actualidad. El caso es que el castellano de 1902 es perfectamente comprensible por los lectores de 120 años más tarde, pero a veces es «raro». Lo cual es interesante o curioso en algunas ocasiones, pero resulta rancio o casposo en otras. No todas las «rarezas» suenan o se valoran igual. Hay diversas teorías sobre la cuestión de las traducciones. Pero yo soy de la opinión de que las traducciones hay que actualizarlas periódicamente, porque el idioma evoluciona, aunque deben ser fieles al sentido de la obra original en su idioma original. No se debe perder la ingenuidad del autor inglés sobre determinados conocimientos científicos, sociales o políticos de su época, pero debe hacerse con un lenguaje apropiado al lector al que se le ofrece la traducción, sin caer en la vulgarización que he observado en alguna ocasión en el ámbito de la ciencia ficción. Pero no me considero, ni de lejos lejísimos, alguien con autoridad en este tema. Simplemente un lector habitual que ha generado una opinión con el tiempo. En cualquier caso, supongo que la traducción de de Maeztu habrá pasado al dominio público puesto que el fallecimiento de este autor se produjo, en las tristes circunstancias de tantas muertes violentas de aquellos tiempos, en las primeras semanas de la guerra civil española en 1936. Y creo que en 2021 pasan a dominio público las obras de los autores fallecidos en 1941. Así que si está en dominio público, es la más barata de usar. Estoy suponiendo; no tengo certeza. Porque si buscas en Proyecto Gutenberg… no hay versiones de La guerra de los mundos en español.
En cualquier caso, la lectura de esta obra de ciencia ficción es altamente recomendable. Y yo me lo he pasado muy bien.