[Libro] La reina de picas

Literatura

Procedente de Editorial Nevsky, una editorial especializada en traducir y traer a España libros originalmente en ruso, me encuentro hace unas semanas este libro ilustrado en una de las cucas librerías que hay en el renovado entorno de la calle de las Armas de Zaragoza, un domingo de paseo por la «Placica Vintage», cuando a principio de mes se monta un mercadillo de tono añejo.

Alexander Pushkin es considerado como el precursor o uno de los precursores de la literatura rusa moderna. Es escritor romántico que tuvo inquietudes políticas liberales, incluso se le relacionó con el movimiento decembrista, aunque no está claro que estuviera involucrado en la revuelta de diciembre de 1825 que dio nombre al mismo. En cualquier caso, como buen romántico, tras una vida intensa murió relativamente joven en un duelo con armas de fuego.

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No he tenido ocasión de visitar Rusia todavía… aunque lo llegamos a planear cuando visitamos Finlandia y Tallín en Estonia. Por lo menos, acercarnos a San Petersburgo, aunque las cosas no son tan fáciles como parecen… El caso es que la ciudad con más influencias rusas del viaje pudo ser Tallín, donde vive una minoría de origen ruso, en aquel momento con sus derechos ciudadanos muy frágiles…

En el relato corto que ocupa este pequeño volumen ilustrado, traducido por Marta Sánchez-Nieves, conoceremos cómo un desesperado y pobre oficial del ejército ruso se ve inmerso en una espiral de misterio, crimen y pasiones cuando trata de obtener de una anciana aristócrata rusa, antaño «venus moscovita» en la corte francesa, un método infalible para ganar a apostando a las cartas, y así salir de la pobreza. E incluso casarse con su presunta amada, la dama de compañía de la vieja aristócrata. O por lo menos eso espera la joven. Pero las cosas no saldrán como el espera.

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Mezcla de cuento gótico con espíritus y fantasmas que hacen de las suyas y de fábula paródica de la aristocracia rusa de la época, este cuento, al mismo tiempo que nos lleva por un camino de fantasía misteriosa, nos divierte con los desatinos de esos aristócratas, bien por que no son capaces de renunciar a una juventud perdida, bien por su creencia en martingalas de jugador de todo punto imposibles, bien por los métodos de cortejo o de desenvolvimiento social en general. El cuento fue adaptado a una ópera por Piotr Ilich Chaikovski.

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Si el cuento ya es suficientemente entretenido y divertido para ser recomendado por sí mismo, el libro cuenta con el añadido de estar ilustrado de forma muy apropiada por la ilustradora Sandra Rilova, que con un apellido de terminación tan eslava, apropiada al libro, pues nos dice en su página que es de Burgos. Lo cierto es que sus ilustraciones que combinan exclusivamente los colores negro, blanco, rojo y tonos de gris, se acomodan muy bien al tono de la historia. Cada vez me gustan más estos libritos ilustrados. Muy recomendable.

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[Libro] De cómo nos casamos

Literatura

Hace unas semanas comentaba la lectura de un relato corto de Irène Némirovsky, que venía en un librito bolsillero, muy ligero, que se lee en cualquier sitio y de cualquier forma, y en un plazo breve de tiempo. En una tarde, por ejemplo. Fue una lectura sencilla, rápida y muy satisfactoria. Iniciativa de José J. de Olañeta, Editor, la colección Centellas me parece una curiosa e interesante, a la que se le podría poner en cuestión su precio, ligeramente elevado. Tampoco imagino que hagan unas ediciones con tiradas enormes que permitan ajustar el mismo.

Visitaremos París para ilustrar este opúsculo de Zola... aunque el autor se refiere a toda la Francia cuando habla de "cómo nos casamos".

Visitaremos París para ilustrar este opúsculo de Zola… aunque el autor se refiere a toda la Francia cuando habla de «cómo nos casamos».

Al mismo tiempo que el libro de Némirovsky, compré otro librito, en este caso de Émile Zola, que es el que os traigo hoy aquí. Un librito en el que el autor naturalista francés que se encuentra a caballo entre el ensayo y la sátira a la hora de analizar el fenómeno del matrimonio en la Francia del segundo imperio y principios de la tercera república, proponiendo cuatro historias más o menos ficticias del cortejo, ceremonia y vida de casados de cuatro parejas de distintas clases sociales: la aristocracia, la alta burguesía, los comerciantes y artesanos y la clase trabajadora. Todo ello tras una introducción en la que hace un breve recorrido histórico sobre las relaciones amorosas en Francia.

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Como digo, este opúsculo tiene un tono de sátira con fuerte crítica social que lo hace innegablemente divertido y corrosivo. Tres de las clases se casan sin amor, y el mantenimiento de la pareja en el tiempo tiene más que ver con las conveniencias sociales o financieras que con otra cosa. Son matrimonio infructuosos, no producen hijos, por lo cual, el acúmulo de riqueza, si se produce, tiene algo de banal. Sólo existe el amor en la clase trabajadora, que sí produce un grupito de retoños, una prole que sirve para dar nombre al «proletariado», aunque Zola no usa estos términos. Pero sí los conceptos. Sin embargo, las estrecheces económicas, el embrutecimiento del trabajo, el deterioro físico por la mala vida, la frecuencia caída en el alcoholismo, irá arruinando también lo que de bello tuvieron los sentimientos de este último matrimonio.

Obra que te deja oscilando entre el pesimismo sobre la especie humana y la diversión por la mordacidad de Zola, se lee también en un momento, y se disfruta. Muy recomendable esta colección, que puede servir como puerta de entrada a escritores que hoy en día se pueden considerar clásicos.

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[Libro] Alex

Literatura

En los últimos años he descubierto un escritor francés que realmente me gusta bastante. Se trata de Pierre Lemaitre, a quien descubrí leyendo su incisiva, mordaz y a ratos delirante novela sobre la posguerra de la Gran Guerra en la victoriosa Francia de principios de siglo. Me gustó tanto que decidí que tenía que conocer más de la obra de este escritor del país vecino. La sorpresa me la dio el hecho de que su carrera se había desarrollado en el ámbito de la novela de género, en concreto el «polar» que dicen los franceses, la novela negra policiaca. Género que consumo con mucha moderación, porque a lo largo de mi vida por cada novela del mismo que me gusta me he encontrado diez que me han dejado con una sensación de

«-¿Qué te ha parecido la novela?»

«-¡Meh…!»

No en su totalidad, pero la mayor parte de la novela transcurre en las calles y los suburbios parisinos,... y allí me voy fotográficamente, entre la luz y los colores de la ciudad cosmopolita y la nostalgia de la ciudad milenaria.

No en su totalidad, pero la mayor parte de la novela transcurre en las calles y los suburbios parisinos,… y allí me voy fotográficamente, entre la luz y los colores de la ciudad cosmopolita y la nostalgia de la ciudad milenaria.

Por lo tanto, no me lancé inmediatamente a por nuevas novelas de Lemaitre. Tardé unos meses en animarme a lanzarme en la lectura de la primera de las novelas dedicadas a uno de sus personajes más característicos, el bajito comandante Camille Verhoeven. Y realmente me volvió a encantar. Novela con giros inesperados que nos sorprende, dura, bien escrita… El único «pero» que le pude poner es el título de la novela en su versión española.

Por lo tanto, no he tardado tanto en volver a reencontrarme con el peculiar comandante de la policía francesa en su «caso» «Alex», editado por Alfaguara en su serie Alfaguara Negra, y traducido al castellano por Artur Jordà.

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Novela que se desarrolla en tres actos bien diferenciados, el primero de los cuales comienza con el cruel secuestro de la mujer que da nombre a la protagonista del libro, secuestro cuya resolución se encomendará al comandante Verhoeven y a su peculiar equipo. Pero el final de cada acto, especialmente los dos primeros, supondrá un cambio de enfoque y de rumbo de la novela que finalmente tendrá una lectura muy distinta de la que imaginábamos al principio.

Nuevamente, Lemaitre hace habilidad de una capacidad notable para sorprender, para llevar la historia y con ella al lector por caminos absolutamente insospechados en un principio. Todo ello con un tono que no pocas veces sorprende por la crudeza de sus descripciones, por la «sangre fría» que demuestra el escritor a la hora de exponer la realidad de los hechos… cuando toca. No antes de que lo que conviene para mantener al lector absolutamente agarrado a la narración. Porque independientemente del género de la novela que tenemos entre manos, lo que es evidente es que Lemaitre es un narrador de primera, que domina las claves de la novela como pocos escritores actuales. A mi me encanta.

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[Libro] El camino

Literatura

Me encontré hace unos pocos meses a un clásico moderno de la literatura española entre las ofertas Flash de Amazon Kindle y lo cogí. Una de las novelas importantes en la narrativa de Miguel Delibes, es editada como es habitual en el autor ya fallecido por Editorial Destino, en esta ocasión en su versión electrónica.

Siendo una de las primeras obras del escritor, fue publicada cuando tenía 30 años, está cargada de una gran cantidad de nostalgia hacia un entorno rural, al mismo tiempo que no duda, con humor y sin hacer demasiada sangre, en hacer crítica de aquellos elementos culturales que no le gustan de ese mismo ambiente. Nos habla de las memorias de un niño, Daniel el Mochuelo, que siente que la niñez se le escapa. Tiene once años, y por el empeño de su padre que quiere algo más para su hijo que lo que él ha tenido, se prepara a pasar su última noche en el domicilio familiar en un pueblo que situamos fácilmente en uno de los valles interiores de Cantabria, antes de ir a la ciudad para estudiar el bachillerato. Aunque deja traslucir el miedo ante las incógnitas del futuro, su principales emociones tiene más que ver con la nostalgia por su vida infantil, feliz aun en las estrecheces de un pueblo en la España de la inmediata posguerra civil. Especialmente sus aventuras con sus inseparables amigos, Roque el Moñigo y Germán el Tiñoso.

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No tengo fotografías de los valles interiores de Cantabria; pero Delibes era un enamorado de Castilla en general, y usaré algunas fotografías del pueblo viejo de Medinaceli, en la provincia de Soria, para ilustrar este comentario.

 

En su conjunto, el libro es una reflexión sobre el ciclo de la vida y la muerte. Ambas son una constante tanto entre los habitantes del pueblo como en la naturaleza, animales y plantas, que crecen en el valle y son «acompañantes» habituales de los tres amigos que centran el relato. Me llama la atención que, dada la época y la España en la que surge la novela, el tratamiento que reciben las mujeres en la novela. Sean adultas, adolescentes o niñas. Mientras que los hombres están condicionados por la idea de hombría recia dominante, independientemente de que se ajusten o no a la misma los distintos personajes masculinos que se suceden, las mujeres presentan una variabilidad que representan los valores de la sociedad, desde los más nobles, asociados a las vida, a la compasión y a la solidaridad, hasta los que lastran el desarrollo de la misma, el conservadurismo carpetovetónico, la superstición, la intransigencia con la diversidad.

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Y luego está el lenguaje. Leer a Delibes me hace ser mucho más consciente de la sensación de que el idioma se nos está empobreciendo, se nos hace más pequeño constantemente. No voy a entrar en considerar todo ese léxico que está desapareciendo a marchas forzadas porque se correspondía con acciones u objetos asociados a la vida rural de antaño. Hoy en día estas palabras han quedado en desuso de la misma forma que las tareas, los conceptos o los utensilios a los que se referían. Pero más allá de esto, tengo la sensación de que un escritor como Delibes tiene una riqueza a la hora de expresar los conceptos, una variedad a la hora de construir las frases, es decir las ideas, que pocas veces me encuentro en la narrativa española hoy en día. O no española. A veces tengo la sensación, con obras contemporáneas, de que están compuestas por acumulación de unas frases hechas que se combinan entre sí, y que encontramos en cualquier obra. Que hay poco de pensamiento propio y de expresión escrita personal, rica y variada. Y os puedo asegurar que soy cualquier cosa menos una persona de pensamiento conservador.

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Nunca he pensado que cualquier tiempo pasado fuera mejor, de hecho, a pesar de los problemas que nos rodean y del futuro incierto que se asoma a la civilización globalizada, nunca el nivel de bienestar promedio de la especia humana ha sido tan alto como en el presente. Aun con las notables y  tristes diferencias regionales que hay en el mundo, en su conjunto nunca ha habido una esperanza de vida mayor, una mortalidad infantil menor, una criminalidad menor, y otros indicadores de bienestar que podamos considerar. Pero sin embargo, no me siento cómodo con la capacidad de mis congéneres para expresar sus ideas de forma oral o escrita, lo que para mí es casi equivalente a la incapacidad para ejercer la libertad personal, que asocio en gran medida a la capacidad de pensar, de generar ideas propias y las acciones personales que conllevan. Lo que nos hace libre y diversos. La sensación de homogeneidad y de disminución de libertad a través de la estandarización de los gustos y el pensamiento único me agobian cada día un poquito más, cada año que pasa.

Por eso encuentro refrescante la lectura de ciertos clásicos. Aunque sean modernos. O porque son modernos. Porque nos recuerdan que el lenguaje es importante, es rico, es variado y debemos evitar que se empobrezca. Para no empobrecer nuestra capacidad de ser libres.

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[Libro] El elogio de la sombra

Literatura

Este va a ser un comentario breve sobre un libro que terminé de leer un poco antes de partir de vacaciones. Lo leí porque lo había visto recomendado en varios sitios, y porque desde que empecé a preparar el viaje que realicé a Japón hace dos años, he estado muy interesado por distintos aspectos de la cultura japonesa. Y la preparación empezó mucho antes del año 2014 que fue cuando hice el viaje, porque inicialmente estuvo previsto para la primavera de 2011. Sí, cuando el terremoto de Fukushima. Pero no lo suspendimos por esa razón.

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Nos vamos a Japón, como es lógico, con las fotos. A un lugar muy bello. Los templos y santuarios de Nikko.

También quiero aclarar algo. Interesarte por la cultura de un determinado país no te hacer ser un amante de ese país. De hecho, no tengo amores por ningún tipo de país. Los amores los reservo para las personas. Los países, todos, tiene puntos brillantes y claros en su historia y su cultura, y otros oscuros y tenebrosos. Demonizar Alemania porque se sumió en un momento dado en la oscuridad profunda del nazismo llevaría a ignorar los muchos logros en el campo de las artes, las letras, las ciencias y la técnica que se han alcanzado en el mundo germánico a lo largo de su historia. Babear por el Dalai Lama y el budismo por las cosas tan bonitas y bien intencionadas que nos dicen, no pude llevar a olvidar que buena parte de los militares japoneses que se comportaron como salvajes en la Segunda Guerra Mundial eran budistas. El hecho de que estos militares japones se comportaran como salvajes no quiere decir que en la historia y la cultura del Japón dejemos de encontrar verdaderas maravillas. Estas maravillas de la historia y la cultura del Japón no pueden ocultar que en Japón, la actitud de civilizado respeto hacia el foráneo, el gaijin, te hacen dudar si es por auténtico respeto o es una forma de levantar una barrera hacia un extraño al que en realidad no se le quiere. Sí, me interesan algunos aspectos de la cultura japonesa; no, no soy precisamente un fan del Japón como país o sociedad.

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Y todo esto viene a cuenta porque son algunas de las reflexiones que me suscita este libro escrito por Jun’ichirō Tanizaki. Tanizaki está considerado como uno de los escritores más importantes de Japón. Y también es frecuente ver escrito que es uno de los autores que más han hecho por conformar la forma de la novela contemporánea en el País del Sol Naciente. Es por lo tanto un autor de referencia. Este ensayo goza de gran popularidad y trata sobre las bases de la estética en las artes y en la vida cotidiana de Japón. La tesis que expresa Tanizaki es que mientras que en la cultura occidental la belleza ha estado asociada a lo luminoso, brillante o al color blanco, teniendo sus contrarios connotaciones negativa, el dominio de las sombras, lo oscuro o el color negro no tienen ese valor negativo en la cultura japonesa, y forma parte de lo que es bello.

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Lo cierto es que no me he sentido siempre cómodo en la lectura de este ensayo. Escrito en 1933, ya en pleno periodo Shōwa (paradójicamente, significa «periodo de la paz ilustrada» a pesar de que Japón desató numerosas y cruentas guerras al principio del mismo), deja traslucir un pensamiento de caracter nacionalista que se corresponde con esa duda que me queda siempre sobre el respeto real que el extraño, el extranjero, merece al japonés. No habla de las diferencias entre las concepciones estéticas de Occidente y Japón. Las opone, elogia la que considera que le es propia, y de alguna forma desprecia la foránea.

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No me considero un especialista en arte ni en estética, ni de lejos. Pero si un curioso. Conozco la capacidad de artistas europeos para utilizar las sombras con efectos maravillosos, y he admirado la luminosidad que pueden alcanzar las obras de algunos artistas japoneses como Utagawa Hiroshige o Katsushika Hokusai. Así que… para qué andar con categorizaciones contundentes. Y vuelvo a mis opiniones iniciales. Me parece banal defender una u otra cultura, cuando lo importante son las personas, en este caso los artistas que trabajan la belleza y el arte. Y estos, cuando son geniales, tienen muchas veces la extraña manía de contradecir los cánones que su sociedad les impone.

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[Libro] Fotorretórica de Hollywood, a propósito de Bob Dylan y su premio Nobel

Cultura, Fotografía, Literatura

No voy a hacer un comentario extenso de este libro de fotografía y poemas, que ya hice en su momento, hace ya casi siete años en este mismo Cuaderno de ruta. Pero me ha venido a la memoria y lo estuve hojeando ayer, y releyendo alguno de sus poemas. Quien lea mis comentarios de hace siete años podrá comprobar que las fotografías de Barry Feinstein me resultaron interesantes, los poemas acompañantes, no tanto. Esto puede deberse a dos causas…

La primera es que no soy buen lector de poesía. Leer poesía es una hábito que hay que cultivar, como tantos otros en el mundo de las artes y las letras. Salvo las formas más simples de poesía, no es un ámbito de la literatura fácil y no es un ámbito en el que se nos eduque adecuadamente. Por lo menos a mi generación. Observando las siguientes… no soy más optimista. Y mira que pocas veces opino que el refrán aquel sobre que «cualquier tiempo pasado fue mejor» sea cierto. No lo suele ser.

La segunda de las posibles causas es que realmente los poemas no acabasen de convencerme porque no eran para tanto. ¿Y de quién eran los poemas? De Robert Zimmerman, más conocido como Bob Dylan, que acaba de ser anunciado como el galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2016 por la Academia Sueca.

Dylan es fundamentalmente por su faceta de cantante popular, dentro del genero folk o folk rock, fundamentalmente. Y parece ser que este es el motivo por el que en nuestro país, al menos en las redes sociales más usadas, la concesión del premio se ha acogido con un cierto nivel de cachondeo que no entiendo. O sí que entiendo, dado el bajo nivel cultural que sufrimos en España.

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En el encabezado y en esta fotografía, el ayuntamiento de Estocolmo, donde cada año se celebra el acto de entrega de los Premios Nobel.

Bob Dylan es conocido como cantante. Pero cualquiera que sepa un poquito de su historia, sabrá que es fundamentalmente un poeta, que ha utilizado la música como vector de transmisión de sus ideas y conceptos. Algo que no es nuevo ni mucho menos en la historia de las artes. Casi nadie lee poesía, casi todos escuchan música. No soy especialmente «dylaniano», pero tengo alguno de sus discos, y desde que estoy suscrito a un servicio de música con cuota mensual, no pasa un mes en que dedique una tarde, mientras hago otras tareas en el ordenador, a escuchar temas de Dylan. Y es que además siempre me ha gustado más como letrista que como músico.

La concesión de un premio como el Nobel de Literatura siempre estará sujeto a polémica. Tal y como los definió Alfred Nobel en su testamento, debían premiar a la persona más destacada de determinadas ciencias, de la literatura y en la consecución de la paz en el año anterior. Debía estar abierto a científicos, literatos y personas de todo el mundo. Y los jueces habían de ser la Academia Sueca o de Estocolmo (literatura), la Academia Sueca de las Ciencias (física, química, más tarde se añadió ciencias económicas), el Instituto Karolinska (medicina o fisiología) y el Storting (asamblea) noruego (paz, en aquellos momentos Noruega y Suecia estaban unidas en una unión personal monárquica).

Pero las cosas son muy diferentes en estos momentos y los premios de ciencias se suelen conceder a descubrimientos o trabajos que pueden tener décadas, pero que por la naturaleza del método científico necesitan de tiempo para ser sometidas al necesario escrutinio que afiance las teorías científicas. Por ejemplo, los científicos que desarrollaron la idea de que era necesaria una partícula esencia para explicar que algunas otras tuvieran masa, el llamado bosón de Higgs, lo hicieron en los años 60. Pero hasta que no entró en funcionamiento el Large Hadron Collider no pudo ser corroborada la idea, de gran importancia en el mundo de la física. Por lo tanto, hasta 2013 no les fue otorgado el premio.

De forma similar, los premios Nobel de Literatura y de la Paz se suelen otorgar a personas con una trayectoria personal en sus respectivos campos que les haga ser reconocidos plenamente como merecedores del premio. En su momento, al principio de los premios, se dieron premios a autores con presencia en aquel momento pero con posterioridad la historia no los ha reconocido. Los dos primeros premios Nobel de literatura españoles, José Echegaray y Jacinto Benavente, fueron autores de éxito en su momento, pero hoy en día carecen del reconocimiento que tuvieron en su momento y han sido sujetos a crítica. Por otro lado, se premian autores vivos. Probablemente el literato español de mayor prestigio internacional en el siglo XX, y que probablemente hubiera sido candidato al premio, terminó su vida prematuramente «gracias» a un pelotón de fascistas impulsados por el odio que los fusilaron durante la guerra civil. Hablo de Federico García Lorca, claro, que ha superado con creces la difícil prueba del paso de la historia. Difícil papeleta las de las academias suecas o la de la comisión de la asamblea noruega. Esta última, por ejemplo, se «lució» con su concesión del premio de la paz a Barack Obama, que con su elección levantó muchas expectativas, pero que realmente no había conseguido nada todavía. Y en este campo, en el de la paz, ahora al final de su mandato… tampoco.

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Es el Storting noruego, una comisión que es nombrada por esta asamblea suprema legislativa noruega elige al Premio Nobel de la Paz.

Se han dado una serie de motivos para la concesión del Nobel a Bob Dylan. Por «haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición norteamericana de la canción», podemos leer en los medios. Y probablemente es así. Sin embargo, en las últimas décadas la Academia Sueca ha tenido guiños a diversas consideraciones sociales o políticas. Lo que le ha llevado a conceder el premio a literatos poco conocidos, que se han expresados en idiomas de escasa difusión y poco traducidos. Pero es una forma de expresar la voluntad de Alfred Nobel de extender el premio a todas las nacionalidades. Y también es una forma de posicionarse social y políticamente. Probablemente el premio del año pasado a la bielorrusa Svetlana Aleksiévich, tenga también mucho que ver con la situación política de su país, residuo dictatorial de la antigua Unión Soviética. Pero he de advertir que el premio no es gratuito. Tuve ocasión de leer, como comenté en estas páginas, una obra de Aleksiévich y me pareció impresionante.

Estamos en año electoral para la presidencia de los Estados Unidos. Y uno de los candidatos se está caracterizando, más allá de que compartas o no sus ideas políticas, por un nivel de zafiedad y patanismo cultural que espanta. Especialmente porque no está descartado que gane el puesto, probablemente la posición política más influyente del mundo y de las que más poder acumula. Dylan se ha caracterizado por su compromiso con la paz, los derechos humanos y civiles y su compromiso social. Es una especulación mía que estos hechos hayan tenido su importancia a la hora de decantar la concesión del premio. Pero no me parece descabellada.

En cualquier caso, muchos medios en su país están celebrando la concesión. Aquí, en España, muchos, que seguramente ni escuchan sus canciones ni lee sus poemas se lo toman a cachondeo. Yo, aparte de escuchar sus canciones, he leído al menos un libro con sus poemas, el que me sirve de excusa para este artículo. Y no sé si es la persona que más se merece el premio. Pero sí sé que se merece el respeto y el reconocimiento debido. Y por eso este rollo.

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Bob Dylan nació en Duluth, en el estado de Minesota; pero fue en la ciudad de Nueva York donde lanzó su carrera como músico y poeta. Robert Zimmerman de nacimiento, cambió su apellido por el de Dylan, se supone que en homenaje al poeta galés Dylan Thomas.

[Libro] El baile

Literatura

Hace unas pocas semanas, hojeando libros en una librería encontré unos volúmenes pequeñitos, relatos cortos de autores que podríamos considerar clásicos, de la colección Centellas de Olañeta Editor. Me parecieron tan monos e interesantes que cogí dos, se pueden llevar encima e ir leyéndolos en cualquier sitio, el autobús, una espera para una gestión, la cola del cine… y ya he leído uno.

Se trata de un relato corto, El baile, de Irène Némirovsky, una escritora desafortunada debido a su muerte precoz por culpa de la barbarie racista alemana en los años cuarenta, pero que en estos momentos está recibiendo la atención que mereció por la calidad de su literatura. Desde que leí su inacabada Suite francesa, es una de mis preferidas.

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El Marais parisino es el barrio de la capital francesa que se asocia con preferencia a la población de origen judío, y de allí proceden las fotografías de esta entrada literaria.

Esta novela corta o relato corto es una incisiva descripción, no carente de irónica crueldad y con mucho humor, de un cierto tipo de burguesía del tiempo de entreguerras en Francia. Una familia que ha ascendido económicamente gracias a los ciertos del padre de familia en sus especulaciones inversoras, pero que no se ha situado socialmente todavía, no son conocidos. Formada por el padre, un judío converso por su deseo de ascenso social, su mujer, una mujer ordinaria que lleva consigo el resquemor de que el posible ascenso social le llega cuando sus mejores años han pasado, la hija de catorce años, que mantiene una difícil relación con la madre que incluye cierta competencia entre juventud que llega y juventud que se pasa, y la institutriz inglesa que mantiene amoríos no conocidos por ahí.

La madre decide dar un baile, con invitaciones a lo más granado de la sociedad parisina, con el fin de dar el gran paso adelante que los sitúe entre la gente que importa, si no por maneras y educación, al menos por la ostentación y el dinero. Pero con los conflictos internos familiares, esas invitaciones quizá no lleven el camino que debieran…

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Némirovsky, de origen judío también, que en su momento se convirtió también al catolicismo, lo que no le sirvió para burlar el antisemitismo del invasor alemán y de la propia sociedad frnacesa, conoce bien el ambiente social que describe como hemos podido comprobar en otras lecturas, y no tiene piedad con la hipocresía que acompaña el comportamiento de estos nuevos ricos que reniegan de lo que son y de donde proceden.

El relato está escrito con la soltura y precisión que caracterizan otras obras de Némirovsky y se lee rápidamente, forzando en el lector una constante sonrisa irónica, con pocos momentos de compasión. Yo lo recomiendo vivamente.

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[Libro] Los cuerpos extraños

Literatura

Creo que lo que voy a decir ahora ya lo he comentado en alguna otra ocasión o algo parecido. Pero lo repetiré. Durante la enfermedad de mi madre antes de fallecer, tuvimos que pasar muchas horas en urgencias y en el hospital. Durante dos años, prácticamente todos los meses estuvo ingresada al menos una vez, y muchas de ellas entrando por urgencias. Por lo tanto, tuve que aprovisionarme de libros de bolsillo para llevar encima y pasar las horas muertas en salas de espera o acompañando a mi madre, que no siempre estaba para dar o recibir conversación. Y en aquella época, entre 2001 y 2003, conocí las novelas de Lorenzo Silva, y las leí casi todas. Entre ellas, por supuesto, las de la serie dedicada a los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro. En aquellos momentos, él era sargento y ella una recién llegada. El tenia ya cierta retranca de las de estar de vuelta de todo, ella era una chica joven y modosita que se parecía a Veronica Lake, aunque lista y despierta. Me cayeron simpáticos. Leí también otras novelas de Silva, fuera de esta serie, de las que lo primero que me encantaba eran los títulos. La capacidad de este escritor para poner títulos atractivos a sus novelas me parecía notable. Quizá fue eso lo que me llevara a leer sus obras. Les cogí cariño, tanto al escritor como a la ficticia pareja de «picoletos» que me acompañaron en tiempos difíciles.

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Aparte de las vacaciones en Benicarló en mi infancia, hasta que cumplí los ocho años, mi principal relación con el Levante fue la época en que mi hermana vivió y trabajó en Peñíscola. Época que ya nos hizo ver lo poco limpio que es el «trigo» de la zona. Eso y alguna visita, escasas, a la capital valenciana, que ilustro en esta entrada.

A los amigos no se los abandona fácilmente, aunque empiecen a decepcionarte eventualmente. Dice el refranero español que «de bien nacidos es ser agradecidos». Y seguí leyendo tras el 2003 algunas novelas de Silva. Pero he de decir que en la pareja de guardias civiles y sus aventuras cada vez me costaba más encontrar la frescura de sus primeras aventuras y cada vez más me daba la impresión de que Silva debía estar a sueldo de la Dirección de Comunicación (o como se llame el órgano de propaganda del instituto armado, así se llama el de la administración pública para la que trabajo) de la Dirección General de la Guardia Civil. Y encima con casos de narración rutinaria y con la mínima emoción. El escepticismo de Bevilacqua había pasado de ser interesante a convertirle en un cenizo de marca mayor. Y Chamorro, en algún momento, dejó de parecerse a Veronica Lake, y pasó a ser una funcionaria proba y eficiente, y más aburrida que contemplar crecer un cactus.

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Por lo tanto, tras leer la aburrida La estrategia del agua, dejé de comprar los libros del escritor madrileño, aunque aún leí una novela más de la saga, que me fue prestada por una amiga. Nunca he tenido claro si hoy en día es delito o no que te presten un libro y lo leas sin haber pagado por él… No mejoró la cosa, y eso que venía de ganar el Planeta… y olvidé la vieja amistad. Hasta hace unas semanas en que encontré la penúltima de la saga de oferta en Amazón. De estas ofertas en las que de repente todo esta baratísimo. Y como estaba sumido en cierto atasco lector, la cogí para ver si por lo menos la lectura fácil me reanimaba.

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Desde este punto de vista el objetivo se cumplió. La novela es fácil de leer, la escritura de Silva sigue siendo ágil. Y he de decir que sin alcanzar ni de lejos el interés de los tres primeros títulos de la saga, tiene algo más de chicha que los dos últimos que había leído. Muy coyuntural y oportunista. O para otros, «muy comprometido con la actual crisis económica y de valores de nuestro país». Para aclararnos, asesinato de una alcaldesa aparentemente honesta, que para eso era medio danesa porque la honestidad no debe expresarse a partir de los genes hispanos, en una población de la Comunidad Valenciana, para que no quepan dudas que corrupción, mafias y especulación urbanística no van a faltar, mezclado con unas gotas de posible escándalo sexual… y es que estas danesas son muy ligeras de cascos, si seguimos tirando de tópicos. Chamorro a pasado ya a tener un papel muy discreto, quedando en un plano muy secundario, y todo el caso se lo come casi entero Bevilacqua, junto con la aparición de otros personajes, que prometían pero no son aprovechados para poner un poco de salsa y picante en el asunto. La comandante picoleta prometía… pero no se le saca partido.

En resumen, con esta novela no vamos a enemistarnos, pero tampoco vamos a recuperar la amistad perdida. Desde luego no voy a salir corriendo a comprar el último libro de Silva, también de la serie de Bevilacqua. Quizá lo lea en un futuro… si me lo prestan, que me avisen si realmente esto constituye hoy en día una ilegalidad, o si tiene un precio ridículo en su versión electrónica, como en esta ocasión.

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[Libro] Cuadernos rusos

Literatura

Nueva ocasión de presentar una historieta. Aunque a ratos lo he sentido más como un libro ilustrado. Llega un momento en que ambas categorías son difusas. Trás los Cuadernos japoneses que ya comenté, del italiano Igort, encontré en librerías este volumen de título similar, también editado por Salamandra Graphic. Podría suponer por la similitud del título y el formato que se trata de dos productos similares. Pero aunque lo son en la forma, no lo son en cuanto a los temas que tratan.

No he visitado Rusia. Y el talante que se gastan por allí hace que no me apetezca en exceso. Pero tengo fotos de otros países que sufrieron el dominio ruso en la época soviética, y que presentan debilidades en sus democracias por causa de nacionalismos, religiones o corrupción. Aunque no en la medida de los rusos. Como por ejemplo pude observar en Rumania en 1995.

No he visitado Rusia. Y el talante que se gastan por allí hace que no me apetezca en exceso. Pero tengo fotos de otros países que sufrieron el dominio ruso en la época soviética, y que presentan debilidades en sus democracias por causa de nacionalismos, religiones o corrupción. Aunque no en la medida de los rusos. Como por ejemplo pude observar en Rumania en 1995.

Los «cuadernos japoneses» era un libro de corte biográfico, en el que el autor aprovechaba las peripecias de un periodo de su vida para traernos una impresión sobre la vida y la historia en el País del Sol Naciente. Estos «cuadernos rusos» nacen de otra realidad. Surgen como consecuencia del asesinato de la periodista rusa Anna Politkóvskaya, luchadora en pro de los derechos humanos en su país, contraria a la guerra de Chechenia y a los abusos del ejército ruso en esa región del Cáucaso, y contraria también a la política de falso demócrata de Vladímir Putin. Politkóvskaya fue asesinada en 2006 por unos pistoleros a sueldo. Aunque ha habido individuos juzgados como culpables por el asesinato, los auténticos instigadores se desconocen.

O la que era prometedora democracia húngara en 1997, pero que ha mostrado malas maneras con algunas normas xenófobas o algunos partidos en el gobierno con tendencias nacionalistas  extremas recientemente.

O la que era prometedora democracia húngara en 1997, pero que ha mostrado malas maneras con algunas normas xenófobas o algunos partidos en el gobierno con tendencias nacionalistas extremas recientemente.

Igort realiza una investigación sobre la vida de la periodista, sobre el conflicto checheno, sobre la dictadura disfrazada de democracia que es el régimen ruso actual, aderezado con apuntes sobre la historia y la cultura rusa que pretenden ayudar a entender al lector occidental las peculiaridades de esta sociedad.

Estos cuadernos me han enganchado todavía más que los «japoneses» y no tardé en «devorarlos» ya que la narración es ágil y apasionante. Al mismo tiempo, que estremecedora y cruel. Igort no se para en mientes y toma claramente partido, denunciando la brutalidad del ejército ruso y hipocresía del régimen de Putin. Yo lo encuentro muy recomendable. Sirve también de recordatorio de que las democracias son regímenes que hay que cuidar mucho. Que la demagogia que acompaña los nacionalismos, las religiones y otras ideología dogmáticas, se las pintan solas para acabar con ellas. Y eso nos puede pasar a cualquier país.

Y tampoco la católica Polonia, que visité en 2008, se ha librado de ramalazos ultranacionalistas, sin contar con el exceso de poder de la iglesia católica en el país.

Y tampoco la católica Polonia, que visité en 2008, se ha librado de ramalazos ultranacionalistas, sin contar con el exceso de poder de la iglesia católica en el país. Nada comparable a los excesos rusos,… pero cualquier situación puede ir a peor si no se tiene cuidado.

Por si se hieren susceptibilidades con mis apreciaciones, los tres países mencionados en las fotografías están dentro del grupo de las «democracias imperfectas» según el Índice de Democracia elaborado por la Unidad de Inteligencia de The Economist. De 167 países analizados, Polonia ocupa el lugar 44 (empatada con Brasil), Hungría el 49 y Polonia el 59. Sólo 25 países merecían el calificativo de «democracias plenas». España, a pesar de sus imperfecciones, ocupa el puesto 17 y es calificado como tal. Imaginad lo que puede estar pasando en los países por debajo. Rusia, a pesar de su apariencia formal de democracia es considerado «régimen autoritario» ocupando el puesto 122 de la lista.

[Libro] The Art of Space Travel

Literatura

En los tiempos que corren son diversos, muchos, demasiados quizá, los sitios en internet dónde podemos leer obras de escritores que normalmente no tendrían fácil o posible el publicar a través de los canales tradicionales de edición y publicación literaria. Siempre he sido un poco escéptico ante esa visión de que con internet todos lo tenemos más fácil para hacer llegar nuestra creatividad. Hay varias «malas noticias» al respecto.

La primera es la más políticamente incorrecta. Lo siento, pero no todo el mundo está cualificado para escribir y tener éxito. Hay mucha gente que escribe con ilusión, que incluso genera su cla de amigos y familiares, pero que escribe cosas infumables. Suponiendo un funcionamiento «perfecto» del mundo editorial, existen filtros que hacen que lo que no tiene calidad no llega al público. Pero los críticos dirán que las editoriales son empresas y que sus intereses están en hacer dinero y no en valorar calidad; publican lo que vende, aunque sea malo. Y cierta razón tiene. Hay superventas absulutamente nefastos… y son superventas. Pero eso no quiere decir que todos los damnificados del negocio editorial que no consiguen publicar sean buenos. De hecho, probablemente la mayor parte de ellos sean malos.

Nos vamos a Londres... porque Heathrow es uno de los principales aeropuertos de la capital británica... no precisamente al lado de la abadía de Westminster, aunque sobre la misma se ven pasar los vuelos con ese destino.

Nos vamos a Londres… porque Heathrow es uno de los principales aeropuertos de la capital británica… no precisamente al lado de la abadía de Westminster, aunque sobre la misma se ven pasar los vuelos con ese destino.

La segunda es que en la red de redes hay mucho «ruido» de fondo. Quizá lo que tienes que decir y cómo lo dices es muy interesante y muy bueno. Pero, ¿cómo llamar la atención ante la avalancha de información que llega a las redes? Puede ser más fácil publicar, pero eso no quiere decir que sea más fácil que te lean. Y mucho menos que te ganes la vida con dicha actividad. Comparemos el mundo editorial con otros maltratados por la sobreabundancia. El periodismo, la fotografía, la música,… todo el mundo puede dar su opinión, colgar y exhibir sus fotos, poner sus composiciones… Cada vez hay más periodistas en paro, la mayor parte de los fotógrafos profesionales lo pasan mal para llegar a final de mes… y los músicos… acaban yéndose con la música a otra parte.

No obstante, puede haber cosas interesantes por ahí… y a mí me llegó la noticia de esta novela corta en el campo de la ciencia ficción que he leido recientemente. Os lo cuento.

The Art of Space Travel
Nina Allan
http://www.tor.com/2016/07/27/the-art-of-space-travel
Último acceso: 22 de agosto de 2016

Solo en dos viajes en pasado por ese aeropuerto, un viaje a Londres en 2004... donde nos aburrimos de esperar la salida, y una escala camino de Escocia en 2013.

Solo en dos viajes en pasado por ese aeropuerto, un viaje a Londres en 2004… donde nos aburrimos de esperar la salida, y una escala camino de Escocia en 2013.

Emily tiene veintitantos años y trabaja en un hotel cerca del aeropuerto de Heathrow. En un futuro. No excesivamente distante. Su madre es científica. Y madre soltera. Está perdiendo la memoria y su intelecto se deteriora. Tiempo atrás, dentro de su campo de conocimiento, actúo como perito en un grave accidente aéreo con sustancias tóxicas. Quizá su enfermedad sea consecuencia de aquel incidente. En el hotel van a acoger a los miembros de una expedición a Marte. La segunda. La primera fracasó. Murieron todos los astronautas en Marte. La madre también trabajó con ellos en su juventud. Y uno de ellos puede ser el padre de Emily. O alguien del equipo que trabajó en aquel proyecto. Todo el movimento actual a su alrededor despiertan en Emily las inquietudes sobre quién es realmente.

Disfrazada de relato de ciencia ficción, nos encontramos ante un drama sobre las relaciones humanas. Sobre la familia, sobre la identidad personal, sobre dónde podemos encontrar la relación que nos colme… sobre muchas pequeñas cosas cotidianas que muchos damos por dadas, pero que añoraríamos notablemente si carecieramos de ellas. Todo ello planteado por la autora, Nina Allan, como una reflexión en primera persona de la protagonista del relato, que hace que sintamos empatía, que nos importe lo que piensa y lo que siente. Escrito con un estilo sencillo, que no simple, estamos ante un relato realmente agradable de leer. Y que casi nos sabe a poco.

Veis. También en este tipo de forma de publicar es posible encontrar cosas majas. Lo que pasa es que es más difícil.

Tampoco soy un entusiasta de hacer fotos en los aeropuertos... pero a veces las hago al aterrizar, o como en este caso al despegar, sobrevolando el Támesis.

Tampoco soy un entusiasta de hacer fotos en los aeropuertos… pero a veces las hago al aterrizar, o como en este caso al despegar, sobrevolando el Támesis.

[Libro] Descender 1. Estrellas de hojalata

Literatura

No he leído gran cosa en el reciente viaje a Escandinavia. Mezcla de dos situaciones; el viaje tenía pocos tiempos muertos para aprovechar leyendo y el libro con el que estoy ahora es interesante, pero denso de leer. Larguísimas frases llenas de subordinadas… Además, su idioma original es el alemán, que no leo ni entiendo, pero sólo lo he encontrado en versión electrónica en inglés y no en castellano… así que voy más despacito. Pero ya llegaré. Afortunadamente tengo pendientes algunos libros de antes del viaje. Y voy a empezar comentando este primer volumen, una historieta de una nueva saga que parece que nos va a mezclar tres de los temas más populares de la ciencia ficción; una civilización interestelar, las inteligencias artificiales (o sea los robots) y el contacto con civilizaciones alienígenas.

Descender 1. Estrellas de hojalata
Guion de Jeff Lemire; Dibujos de Dustin Nguyen
Editorial Astiberri, 2015

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En estos días atrás, hemos disfrutado tanto en Louisiana en Conpenhague como en el Moderna Museet de Estocolmo de los cuartos con espejos de Yayoi Kusama, que con sus esferas de luminosidades y colores cambiantes, nos trasladan a universos de extensión infinita por la acción de los espejos que nos rodean.

Esto parece que va a ser una saga; por lo tanto, leer un primer libro es una apuesta que no sabes cómo saldrá, porque si va mal es como pagar por parte de un libro que no te gusta. Como digo, mezcla géneros. Una civilización galáctica humana, en la que conviven humanos y robots a su servicio, se ve atacada repentinamente por una civilización alienígena de carácter robótico. No llega a ser exterminada, pero queda el miedo a una vuelta de los llamados «cosechadores». Parece que una clave para entender el origen de estos está en un determinado modelo robot, Tim-21, concebido con aspecto humanoide como un niño para ser compañero de niños humanos. Pero son muchas las partes en esta galaxia que parecen interesadas en el pequeño robot. Y más aún los misterios que esconde la existencia de este modelo de robot.

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Me gustó más por la delicadeza de sus esferas de colores cambiantes el de Louisiana, cerca de Copenhague; realmente te daba una sensación de maravilla ante un universo de límites incógnitos.

Siendo el primer volumen de la saga en realidad estamos ante una presentación del escenario y de los principales actores del drama. Es sólo la presentación. La pregunta que me hago por lo tanto es, ¿merece la pena seguir con el nudo para llegar al desenlace? Sin que me haya entusiasmado tanto como otras sagas en historieta comentadas en estos últimos años, probablemente sí. No es que me haya dejado con una gran ansiedad por saber qué va a pasar a continuación, pero sí con una razonable curiosidad. Quizá la principal pega es que nada resulta excesivamente original. Casi todos los elementos son reconocibles o parecen extraidos de otras obras de la ciencia ficción. Pero bueno, la combinación de todos ellos puede dar lugar a una obra muy entretenida. A ver si es verdad.

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Los pelotones con lunares de la exposición dedicada a la artista japonesa daban una sensación totalmente distinta.

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Artista, Yayoi Kusama, que podemos ver en este fotograma de una película sobre uno de sus «happenings» en los años 60 armada con una Canonet de la época. Fotografía y películas, bien sea las modestas de 8 mm o las más prestigiosas de 16 mm en la época, el vídeo en la actualidad, absolutamente necesarias para inmortalizar algunas formas de arte contemporáneo como las «performances» y los «happenings», de naturaleza efímera por sí mismas si no se graban para la posteridad.

 

[Libro] Escucha la canción del viento y Pingball 1973

Literatura

Quienes sean habituales de este Cuaderno de ruta sabrán que uno de los autores recurrentes en mis entradas dedicadas a libros es el japonés Haruki Murakami. La literatura del japonés, su forma de plantear los relatos y los temas comunes que se abordan en ellos hacen de él un autor bastante consistente, capaz de transportarte a mundos diversos. Que la mayor parte de las veces se encuentran en el interior de las personas, en lugar de ser los lugares que habitan. Poco a poco he ido recorriendo diversas etapas en la escritura de Murakami, no necesariamente, ni mucho menos, en el orden en que fueron escritas las obras que he leído. En esta ocasión, nos vamos a retrotraer en el tiempo a sus comienzos como escritor… a sus dos primeras novelas, novelas cortas, publicadas originalmente en 1979 y 1980, y que en castellano las encontramos publicadas en un único volumen.

Escucha la canción del viento y Pingball 1973
Haruki Murakami; traducción de Lourdes Porta
Tusquets editores, 2015
Edición electrónica

Las dos novelas se han publicado muy tardíamente en occidente, por las reticencias del propio autor a ello, ya que las considera como productos inmaduros, cuando estaba explorando la posibilidad de convertirse en escritor. Ambas están protagonizadas por los dos mismos personajes, un joven sin nombre, en el que creemos entrever un alter ego del propio Murakami. Por lo menos, las novelas están escritas en primera persona desde el punto de vista de este personaje. Y un amigo del primer, el Rata. Este último es de buena familia, no le falta el dinero.

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Nos trasladamos a Japón, claro, a los templos de Kioto, donde nació Murakami, aunque luego visiese en Kobe.

En la primera novela, tienen apenas 20 años, y están en su ciudad natal de vacaciones. El protagonista estudia en una universidad tokiota. Se ven habitualmente en el bar de J’s, un chino. La ciudad en que se encuentran recibe el nombre de Yamanote… pero parece una ciudad ficticia, con playa, tal vez una versión literaria de Kobe, donde se crio Murakami. El narrador de la historia rememora con frecuencia sus relaciones con las mujeres previas, especialmente con una joven que se ahorcó a sí misma unos meses antes. En el Bar de J’s conocerá a otra joven con la que mantendrá una breve relación. El Rata lo acompaña en las veladas en el bar y también parece preocupado por alguna mujer.

En la segunda novela, unos años más tarde, el narrador trabaja en un negocio propio que tiene con un socio de traducciones. Vive sólo en un apartamento de Tokio, aunque en el momento de la narración se han acoplado en su apartamento y en su cama un par de gemelas que no es capaz de distinguir. Mientras, en Yamanote, el Rata lleva una monotona existencia con visitas frecuentes al bar de J’s. En un momento dado, el narrador se verá inmerso en la necesidad de encontrar una máquina de «pinball» a la que jugó mucho unos años antes, iniciando una búsqueda de la misma.

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Murakami siempre juega en sus relatos entre la esencia del pensamiento mágico tradicional del Japón y elementos de la cultura pop actual.

Aunque ambas novelas cortas son independientes entre sí, también funcionan bien como díptico. Ambas novelas son realistas, Murakami no ha adoptado todavía el realismo mágico u otras formas de fantasía como forma de relatar. Pero vemos una evolución entre ambas que indica un camino hacia esa solución narrativa, ya que la segunda de ellas no carece de elementos de carácter casi surrealista, como pueden ser las situaciones con las gemelas, el funeral de un cuadro de conexiones telefónicas, o el simbolismo de la máquina de «pinball».

Por otra parte, ambas novelas comparten elementos que van a estar presentes a lo largo de la carrera de Murakami. Un protagonista masculino, apático, con poco interés por el mundo, mujeres jóvenes misteriosas, con pasados enigmáticos, referencias constantes a la cultura literaria y sobre todo a la música, de todo tipo pero con preferencia por el jazz y la música clásica. De las dos novelas cortas, la primera me ha parecido realmente un producto inmaduro, que probablemente se podría haber resuelto con un relato corto sin más problemas. Sin embargo, el carácter surrealista de la segunda le da un tono más interesante y realmente la sientes más como las novelas de Murakami que esperas.

Los aficionados al escritor japonés se verán interesados por ellas, y yo creo que les gustarán, especialmente «Pinball – 1973». El resto… siempre recomiendo empezar a leer a Murakami por alguna otra de sus novelas. Tal vez, «After dark»…

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En cualquier caso, ni es reconocido como un escritor típico japonés, ni como un escritor incluido en la tradición occidental literaria.