No sé muy bien cómo se clasifica este relato. En algunos lugares lo he visto calificado como relato o cuento, incluido en alguna antología de estos, en otros aparece como novela corta. Ciértamente, no es largo este relato de la escritora china Hao Jingfang (respetamos el orden de los nombres en los países asiáticos, primero el apellido, luego el nombre de pila). Hao estudió física, pero luego se pasó a la economía, materia en la que se doctoró. Y en un momento dado decidió exponer en forma de relato de ficción algunas de sus reflexiones sobre las desigualdades sociales, que se observan en todas partes en la economía actual, basada en el capitalismo, incluso en un país gobernado por un partido comunista, y especialmente en las grandes ciudades y conurbaciones de aquella parte del mundo.
Hasta que no visitemos Shangái dentro de un par de meses y medio, Hong Kong y Macao son mis únicos referentes en lo que podemos considerar la China continental, aunque sean regiones autónomas especiales de la República Popular China. A partir de Junio, tendré más referencias fotográficas, si todo va bien.
Con estos antecedentes, hace mucho que me sentí interesado por el relato. En aquellos momentos, además de su idioma original, el mandarín, se podía encontrar en formato electrónico en inglés, traducido por Ken Liu, escritor chinoestadounidense que, además de sus propios relatos, también tradujo la obra más famosa de un escritor chino en el ámbito de la ciencia ficción y de la que hablábamos hace aproximadamente un año. Creo que ya es posible encontrar el relato que nos ocupa hoy traducido al castellano, incluido en alguna antología de relatos, con el título Entre los pliegues de Pekín.
Porque Hao Jianfang imagina un mundo en que la solución a muchos de los problemas derivados del incremento de la población, de las megaurbes y de la crisis del empleo por la automatización de los procesos productivos es construir un ciudad, Pekín, que se pliega sobre sí mismo. Y estratificando la población en tres capas, la superior que disfruta de un día entero de actividad, mientras permanece dormida otro día a continuación, en el que los otros dos estratos sociales, el intermedio y el inferior, se reparten el día, con 16 y 8 horas de actividad respectivamente. Una trama en la que un individuo del tercer estrato tiene que llevar un mensaje de un tipo del segundo estrato a un joven del primero, nos permite observar cómo funciona esta ciudad plegable y los motivos que se aducen para su existencia.
Ingeniosa distopía que nos hace pensar en las dificultades de sostenimiento de una sociedad capitalista en permenente crecimiento, con una población muy superior a la se pueda mantener o emplear con los criterios actuales, y la creciente automatización de los procesos productivos, en la que sólo los procesos creativos e intelectuales puedan necesitar la intervención humana. Una visión perturbadora de las decisiones necesarias para mantener el (ilusorio) pleno empleo de la población. Una reflexión inteligente e interesante que me parece realmente muy recomendable. Y se lee en poco tiempo.
Los museos de Zaragoza, los que pertenece al municipio, hay otros que pertenecen a otras entidades públicas o privadas, se han incorporado muy recientemente a las redes sociales. Demasiado recientemente; llevo siguiendo instituciones museísticas de todo el mundo en redes sociales desde hace mucho tiempo. Algunas, de carácter local; otras, de diversos puntos de la geografía mundial. Algunas de ellas son recursos de gran calidad pedagógica e informativa. Por ejemplo, a estas páginas traigo de vez en cuando vídeos del canal de Youtube del SFMoMA, y el domingo pasado hablé de las cuentas de algunos museos de fotografía en Instagram. Pero bueno, más vale tarde que nunca. Las cuentas de los museos de Zaragoza las encontraréis bajo el indicativo @ZMuseos, y yo las suelo seguir en Twitter y en Instagram.
El museo del Foro de Caesaraugusta, uno de los museos municipales de Zaragoza, y el que centrará la entrada de hoy.
Como son cuentas recientes, están intentando captar seguidores para poder realizar su función. A día de hoy, algo más de 700 seguidores en Instagram, y poco más de 600 seguidores en Twitter son muy pocos. Pero sé por experiencia que a las instituciones públicas les cuesta atraer seguidores. Puedo especular sobre los motivos, pero por miedo a errar, me abstendré. En cualquier caso, en vísperas de la Cincomarzada, fiesta local en Zaragoza, organizaron un sencillo concurso en redes sociales. Solicitaron del personal que subiera a redes sociales fotografías de los museos con la etiqueta #misitiofavoritodelmuseo. Luego seleccionaron cinco «ganadores» a los que invitaron a una visita guiada al mosaico de las Musas en el museo del Foro de Caesaraugusta. Como soy visitante habitual de uno de ellos, el museo Pablo Gargallo, que me parece el museo más bonito de Zaragoza, gratuito los primeros domingos de mes, subí a mi perfil de fotografía analógica en Instagram algunas fotos del busto de Kiki de Montparnasse (Alice Prin), mi obra favorita dentro de ese museo.
Kiki de Montparnasse en el museo Pablo Gargallo.
No tuvo mucho mérito. Las fotografías son correctas técnicamente, realizadas con cámaras analógicas y película de alta sensibilidad. Pero tampoco son nada del otro mundo. Lo que pasa es que parece que participó muy poquita gente. Quizá porque dieron muy poco tiempo, quizá porque la gente no visita muchos los museos y no tienen fotografías de ellos ni rincones favoritos, quizá por el escaso nivel de seguidores de estos perfiles en redes sociales. O una mezcla de todos ellos. El caso es que gané dos entradas para visitar el mosaico de las Musas el día de la Cincomarzada a las 11:30 de la mañana, acompañados de una guía del museo.
La visita guiada duró unos 25 minutos. Unos poquitos para la presentación de la guía y del museo, algo menos de 10 minutos para ver un audiovisual sobre el descubrimiento, la restauración, y la instalación en el museo del mosaico de la Caesaraugusta romana del siglo II. Tras esos 25 minutos, la guía salió disparada, supongo que para la siguiente visita guiada. Ese día había mucha afluencia en el museo. Pudimos quedarnos a visitar el resto del museo por nuestra cuenta.
Vista general del mosaico.
A continuación os dejo con algunas fotografías, tanto del mosaico, como del resto de las instalaciones del museo. Un lugar que todos los zaragozanos debería visitar al menos una vez. Siempre me lamento de que el ayuntamiento no haya sacado una iniciativa tipo «amigos de los museos municipales» que por un cuota anual puedas visitar los museos cuando lo creas conveniente. Creo que recaudarían más, aunque fuese una cuota modesta, y estimularían el conocimiento de los mismos entre los ciudadanos. También es recomendable para cualquier visitante foráneo que nos visite haciendo turismo o por cualquier otro motivo. No lleva mucho tiempo. Bueno… en un museo,… el que quieras dedicar.
Después de lo flojos que resultaron las dos novelas que he comentado en las últimas semanas, necesitaba refugiarme en algún valor seguro, alguien que me devolviera la fe en las capacidades de la narrativa contemporánea para contarnos historias que nos interesen y nos conmuevan. En su caso, que nos diviertan. Y como tengo varios títulos de Haruki Murakami pendientes, decidí optar por uno de ellos, de no excesiva extensión.
Sputnik, mi amor es una novela que tiene ya sus buenos 20 años, aunque yo la he sentido plenamente actual. Su título en japonés, スプートニクの恋人 [Supūtoniku no koibito], es uno de esos que no debe resultar fácil traducir. Koibito es una palabra japonesa relativamente popular en occidente, cuyos kanji son el de amor romántico [恋 – koi] y el de persona [人 – hito]. Habitualmente la encontramos traducida como el/la novio/a de alguien o como el/la amante de alguien. Pero, por lo que tengo entendido, no son pocas las trampas semánticas que tiene el japonés, donde el significado de las palabras depende mucho del contexto. Y ese koibito de Sputnik, puede ser tanto la persona a la que amaSputnik, como la persona que está enamorada deSputnik. Sin que necesariamente ambas sean la misma persona. Y sin que exista una correspondencia precisa en los sentimientos entre esas tres personas. No sé si la intención de Murakami con ese título habrá sido la de jugar con esa ambigüedad, pero a mí me parece que sí,… o que es un ambigüedad que vamos a encontrar a lo largo de la novela.
Pasearemos por distintos paisajes del archipiélago japonés para ilustrar esta historia, cuyos escenarios alternan Tokio con París, Italia, una ciudad suiza no mencionada, pero que parece Montreux (a orillas del Lemán y con un festival de jazz… dime tú), y las islas griegas del Egeo.
El Sputnik del título es Sumire, un joven veinteañera, que pretende ser escritora, de vida un tanto desastrada, que es amada sin ser correspondido más allá de una sincera amistad por el discreto K., otro joven algo mayor que ella. Pero Sumire, a su vez, se ve arrastrada sin remedio a una admiración y amor sin reservas hacia Myū, una mujer de mediana edad, cercana a los cuarenta años, muy atractiva (cada vez que pienso en el cabreo que se llevarían hoy en día, 20 años después, muchas personas de esa edad si les dijeran que son personas de mediana edad, en una época de adolescencia perpetua…). Pero tampoco queda claro que, más allá de ofrecerle un trabajo y una salida al mundo y una cierta amistad, que Myū corresponda a la joven Sumire. Un viaje a Europa de ambas mujeres romperá el precario equilibrio entre los tres protagonistas de esta historia.
Leí un comentario en Goodreads de una lectora de este libro en el que venía a decir que le había parecido una narración excelente, pero se quejaba de que Murakami contaba siempre la misma historia, lo cual disminuía notablemente su valoración del libro. ¡Cuántas veces he oído o leído expresiones semejantes de otros autores! Ciertamente, los elementos habituales de las novelas del japonés está presentes. Un hombre despistado, afectado por la ausencia de una mujer o por no ser correspondido en su amor. Mujeres interesantes, atractivas, con un halo de misterio, aparentemente inalcanzables. La música, la comida, la bebida. Y un entorno fantástico que se confunde con la realidad que nos rodea, que se funde con ella. Todo está ahí. Lo bueno está en cómo lo cuenta y cómo va presentando variaciones sobre un mismo tema, de modo que a mí no me cansan.
Este libro me sumergió inmediatamente en su historia. Las historias personales de los protagonistas, la descripción de sensaciones y ambientes, la existencia de mundos paralelos, multiverso literario que en esta ocasión es llevado hasta sus últimas consecuencias. Metáforas del hecho de que en la sociedad actual todos, o muchos de nosotros, andamos desubicados, con la sensación de que en alguna parte hay un lugar para nosotros, pero no en este mundo en el que vivimos. Y algo inapelable; siento que Murakami es de los escritores que entiende mejor que muchos el interior del hombre (masculino) moderno, con sus/nuestras inseguridades, su/nuestra desubicación en un mundo que marca unos estándares difíciles de alcanzar, y que llevan a una soledad que no siempre es aparente.
Son muchos los aspectos que se podrían comentar de este relato. A mí me ha sabido a poco. Cuando terminé, tenía ganas de más. De saber más de Sumire, de Myū, de K., de la novia de K, de Zanahoria, el hijo de esta,… del hombre que aterrorizó a Myū… O quizá le corresponda a cada cual el rellenar la incompletitud de las historias de Murakami. Muy recomendable.
El libro que comento esta semana tiene algunas cosas en común con el de la semana pasada. Es una recomendación que he encontrado repetida en diversos sitios por internet. Me apareció de oferta, muy ventajosa en su momento. Me llamaron la atención las premisas de partida de la historia, lo que la sinopsis o presentación del libro proponía.
Las diferencias más notables con el anterior es que hace más de dos años que lo adquirí, y hasta ahora no había encontrado un momento adecuado para leerlo. Prácticamente se me había olvidado. Que es un autor español, Sergio Sánchez Morán. Y que su origen está en los blogs de internet. De hecho, su autor participa o participaba en El Vosque, una historieta en línea que seguí durante un tiempo, me hacía gracia, hasta que me cansé.
Esta novela de detectives es el primer libro de una serie sobre una detective privada que reside en Barcelona, de nombre Verónica Guerra, pero conocida en su mundillo como Parabellum. Y lo que tiene de particular es que se define como «detective paranormal». Es decir, que sus casos tienen que ver con fantasmas, vampiros, personajes de las distintas mitología,… seres sobrenaturales y preternaturales. En este primer caso que conocemos de ella, tiene que librarse del cadáver de un dios que ha aparecido muerto en el servicio de caballeros de un pub que frecuentan este tipo de criaturas. Pero que pronto se va a complicar de forma notable, como es propio y natural en el género detectivesco.
Pues sí… aunque hay un rato que rulan por Logroño o Burgos, ya no me acuerdo bien,.. casi todo pasa en Barcelona. Así que las fotos, de Barcelona.
Sánchez Morán intenta recuperar para su detective las claves habituales de los detectives más tradicionales y de rancio abolengo del género. Pero lo mezcla con un humor o comicidad de carácter costumbrista muy hispana. Y aquí comienzan los problemas del libro. El carácter principal puede valer y podrías llegar a empatizar con él. También con algunos de los secundarios. Pero lo que acaba cansando es el humor de chascarrillo, de símil o metáfora graciosetes, que te levanta una sonrisa, en los momentos más afortunados hasta una ligera carcajada, pero que cuando tiene una densidad de varios por página o por capítulo, acabas hasta allá. Y empiezas a pensar que el escritor no tiene recursos suficientes para mantener la comicidad que plantea sin recurrir constantemente a este recurso lingüístico. Y así, poco a poco la novela empieza a perder fuelle, se va diluyendo en los tópicos del género, comienza a ser previsible, y al final la terminas porque no es muy extensa y porque no hace falta hacer mucho esfuerzo para leer, incluso un poquito en diagonal, el fast food literario que te ofrecen.
Me podría dar por filosofar sobre si el papel de los editores es mucho más importante de lo que pensamos a la hora de cribar lo que se publica. Que internet tiene muchas cosas interesantes, pero tiene mucha más morralla y ruido de fondo. Pero unos cuantos se me ofenderían,… porque ya me ha pasado. Sólo diré, que una y no más. Que para mí se acabaron las aventuras de Verónica Guerra Parabellum, casi tan rápido como empezaron. Y que cada vez soy más reacio a atreverme con este tipo de literatura que tan espontáneamente surge de la red de redes. Porque acabo con una sensación de pérdida de tiempo tremenda. Y es una pena, porque seguro que por ahí hay alguien escribiendo cosas importantes y no consigue llegar al público que se merece.
Había visto recomendado este libro de Peter Tieryas en varios sitios. Inspirado, según dicen, por The Man in the High Castle de Philip K. Dick, y con la excelente serie que estamos viendo a partir de dicho libro, no dejaban de entrarme ganas de ver cómo este norteamericano de origen asiático, coreano según parece, orientaba la ucronía en la que los aliados perdían la guerra y el Eje la ganaba. A principios de enero, el libro apareció de oferta en mi tienda de libros electrónicos habitual,… y por un precio de 1,42 euros me pareció que merecía la pena el riesgo.
El relato comienza bien, con un primer capítulo, en el que nos encontramos con un campo de concentración para ciudadanos norteamericanos de origen japonés que es liberado por el vencedor ejército imperial japonés. Pero pronto nos percatamos que estamos ante un pastiche que mezcla el cyberpunk, la novela negra, el gore y la novela bélica con alegre despreocupación. A eso le añadimos los habituales elementos de la cultura japonesa en cualquiera de estos géneros como los videojuegos, los mekas (por favor, traductores, aunque sea muy frecuente entre la gente y los medios especializados, evitad la forma mecha, que fonéticamente sólo tiene sentido en los países anglosajones), los seppuku y otros suicidios rituales, unas gotas de terror biológico y personajes, por supuesto, muy torturados.
Algunos elementos de la cultura popular japonesa para ilustrar esta entrada, aunque su acción transcurre en una costa oeste de los EE.UU. de América reconvertidos y niponizados en EE.UU. de Japón.
El resultado me parece altamente irregular, dejándome una sabor más bien agrio. Es decir, no me ha convencido. La alternancia de géneros hace parecer que el escritor no sabe dónde quiere ir. Y que quiere montar más un espectáculo que hacer una reflexión sobre las consecuencias de una línea temporal alternativa en la historia del siglo XX. Desde ese punto de vista aporta más bien poquito. Muy poquito. Tiene sus momentos la novela, aquí y allí, al igual que esas prometedoras primeras páginas, que pronto quedan en agua de borrajas. Y viene lastrado de continuo por unos personajes protagonistas con los que me resulta imposible empatizar y que me importe un rábano lo que les pueda pasar, lo cual es relativamente imprevisibles. Especialmente, por la tendencia de huir hacia adelante en sus excesos que tiene el escritor. Si a eso sumas varios, deus ex machina, recurso argumental que odio, podréis entender mejor que la novela no me ha gustado, que si la he terminado es porque no es muy larga, y por cierta esperanza de que corrigiera el rumbo, vana esperanza, y que no la recomiendo.
Nada que ver con las sutilezas de The Man in the High Castle, ni sus trabajados personajes. Especialmente en la serie de televisión.
Sigo con los tiempos justitos para ir actualizando el blog, aunque el fin de semana haya sido más relajado. Así que hoy voy con un breve comentario sobre este libro de National Geographic, en el que uno de los codirectores del programa de investigación de Atapuerca, Eudald Carbonell, junto con la periodista Rosa M. Tristán, dan un repaso a este interesante proyecto sobre la evolución humana, que ya tiene más de 40 años de recorrido.
Indudablemente, uno de los viajes donde más cerca me sentí de los temas relacionados con la evolución humana fue cuando recorrí en agosto de 2003 el Perigord. Nombres como Le Moustier, La Madeleine o las cuevas de Lascaux están muy ligados a este tema. Y término como «musteriense» o «magdaleniense» que suelen aparecer cuando se habla de las culturas de los hombres primitivos, tienen su origen en estos lugares perigordinos.
Eudald Carbonell i Roura es un investigador que siempre me ha parecido muy interesante. En primer lugar, por su multidisciplinaridad. Geólogo e historiador y arqueólogo, ha demostrado que lejos de estar enfrentadas, humanidades y ciencias son complementos necesarios en el saber humano, pero eso sí, ambas precisan de un rigor y un método en el estudio, que no es exclusivo ni a unas ni a otras. Y que sus métodos, aunque diferenciados, deben corresponder a principios filosóficos y éticos no tan apartados los de las unas de los de las otras. Había leído ya previamente algún ensayo de divulgación científica suyo que me había parecido sumamente interesante. Tanto por sus contenidos, como porque se moja en temas delicados o conflictivos. Pero con criterio. Rosa M. Tristán [Twitter] es una periodista especializada en ciencias, de la que no sé gran cosa. Pero ya os he puesto los enlaces correspondientes por si queréis saber algo más de lo que hace.
En el lado de los contras, normalmente no me siento atraído por los libros de divulgación de la National Geographic. Aunque bien ilustrados y muy bien presentados, en ocasiones he detectado cierta superficialidad en los planteamientos de sus publicaciones, y no dejan de presentar ciertos sesgos propios de cierto americanocentrismo en su visión del mundo. Pero en esta ocasión, el libro venía acompañada de una muy buena oferta en la plataforma de libros electrónicos, y el tema siempre me ha gustado. Especialmente cuando en los últimos años se han ido publicando hallazgos que están revolucionando la forma en que percibimos la evolución de nuestra especie. Y la de todas las especies… que no somos tan especiales.
El libro es irregular. A ratos, la minuciosa descripción de todos y cada uno de los yacimientos del programa de investigación se nos aparece un poco prolija y cansina, para luego emocionarnos con el relato de los descubrimientos y la interpretación de los mismos, cambiante en el tiempo conforme se acumulan nuevas pruebas y nuevos datos. Para luego volver a entrar en la monotonía derivada del evidente interés propagandístico del libro. Lo que los autores llaman «socializar» los frutos de la investigación del programa. Es comprensible que quieran comunicar al gran público lo que está pasando ahí, y es loable el esfuerzo, pero a ratos, cansino.
Globalmente es un libro razonablemente interesante si te gusta el tema, cuyos capítulo menos interesantes acabarás leyendo más en diagonal, mientras prestas atención a aquellos que destilan más jugo y enriquecen más tus conocimientos sobre el tema. Y el libro no deja de aportar, por lo tanto el balance final es razonablemente positivo, aunque no entusiasmante.
Tras el periodo navideño, llegó a las librerías, de las de papel de toda la vida o las virtuales, la segunda parte, el segundo libro, de la última novela de Haruki Murakami, cuyo primer volumen comenté ya en su momento.
Sobre el planteamiento de la novela, no hay mucho que añadir a lo que ya comenté en su momento. Como sucede en muchas de las novelas y relatos de Murakami, el protagonista es un hombre en situación de despiste vital absoluto, marcado por la ausencia de una o varias mujeres que han marcado su vida. En el caso de esta última novela, el protagonista, de nombre desconocido, todos los demás personajes tienen nombre salvo una amante circunstancial, ha sido recientemente abandonado por su esposa, que tiene un amante, y además arrastra desde su adolescencia el duelo por la muerte de su hermana más joven, con quien estaba muy unido. Refugiado en una casa de montaña, cedida por una amigo suyo, lo dejábamos rodeado de una serie de personajes, reales o fantásticos, desde el momento en que encuentra un cuadro desconocido del famoso pintor que ocupó la casa durante años. Un «gatsby» nipón, que espía a una adolescente que podría o no ser su hija, que además vive con una atractiva tía suya. El amigo que le presta la casa y su padre, el famoso pintor, y una amante eventual conforman el panorama de las personas de carne y hueso. Una idea encarnada en un «comendador» salido de un cuadro que recrea una escena del Don Giovanni de Mozart, forma parte del mundo fantástico que rodea al protagonista.
Una casa en la montaña, en un bosque, con un templete perdido en el mismo,… con senderos secretos que sólo conoce alguna gente, con misteriosas fosas ocultas en el suelo del bosque… Cosas que pasan en el Japón de las fantasías y los mitos.
En el segundo libro, hay una reducción de la trama a tres personajes que se confirman como principales, con destinos entrelazados, mientras que el resto son circunstanciales. El protagonista debe conjurar sus fantasmas, tanto los derivados de su divorcio como de la pérdida de su hermana. El viejo pintor ya demenciado debe alcanzar la paz que perdió en los convulsos tiempos de la guerra mundial y los años que la precedieron. La joven adolescente, Marie, es el factor femenino que de alguna forma desencadena el proceso de cambio y catarsis, al mismo tiempo que inicia su paso de la niñez a la madurez. No quiero entrar en detalles para no originar prejuicios, pero es un viaje que inician los tres personajes, cada uno a su estilo, que tiene su repercusión tanto el mundo físico como en el de las ideas y lo imaginado. De la realidad y de las metáforas.
La impresión global de la novela se resume en tres puntos. Primero, es muy entretenida de leer, más que otras de Murakami que resultan un poco más densas. Esta es dinámica e intrigante. Segundo, quizá por lo anterior, no tiene la misma profundidad o te deja la misma impresión que otras novelas anteriores; no me ha dejado el poso que otras novelas que fueron las que me engancharon al autor. Tercero, es banal buscar respuestas a todo lo que sucede. Lo importante es el camino, los procesos, no la resolución de los misterios. Como otras piezas de la literatura japonesa, sientes que te quedan lagunas que expliquen porqué los personajes han llegado a esa situación, y sientes que no has obtenido todas las respuestas. Pero yo ya he asumido esta situación hace tiempo, no me importa, me permite construir mi propia novela en mi cabeza, y disfruto igualmente de la lectura.
La novela ha sufrido un par de polémicas antes de llegar a nuestras librerías, que quizá merezcan un comentario, aunque no sean en absoluto esenciales en lo que es lo importante de la obra.
Cuando me enteré de la publicación en Japón de Kishidancho Goroshi [騎士団長殺し], que es el título original de la novela, hace ya casi dos años, se produjo una polémica por el reconocimiento explícito que hace de las matanzas y desmanes del Ejército imperial japonés en China, y especialmente en Nankín. Japón es una nación conservadora en política, y los principales partidos gobernantes desde la Segunda guerra mundial han tendido a minimizar las atrocidades causadas por su nación, y remisos a pedir perdón. Son los casos como el mencionado en China, la esclavitud de mujeres coreanas y de otros países prostituidas en contra de su voluntad a los soldados del ejército, o el infame comportamiento con los prisioneros de guerra. Murakami reconoce de forma explícita, y lo integra en la trama de la novela de forma importante, la existencia de las matanzas en Nankín, y la crudeza de las mismas, así como el ambiente en el que se movía el Ejército imperial japonés. Desde mi punto de vista, le honra; lo distancia de las posiciones nacionalistas y revisionistas que pretenden justificar las acciones criminales del militarismo nipón.
En algunos países, el caso más comentado fue Hong Kong, la novela ha sido calificada como pornográfica, por contener algún pasaje en el que es relativamente explícita en la descripción de las relaciones sexuales. A mí, esta posición me parece una exageración absoluta. Están ahí, pero no tienen ni mucho menos la intención de un libro pornográfico; suponen una descripción realista de una relación. Dejando aparte de cierta interpretación más o menos fantástica de determinados sueños o vivencias oníricas de carácter sexual que se producen. En el mundo hay una ola de conservadurismo que provoca actitudes censoras. Yo diría… no os preocupéis por el tema. Creo que no es lo más importante de la novela. Si sois mojigatos en estos temas… pues leed esos pasajes un poquito más deprisa y en diagonal, y a otra cosa. O hacéoslo mirar.
Por la complejidad de las traducciones del japonés al español, dos idiomas muy diferentes, creo que es obligatorio hablar del alto nivel de la que nos ofrecen los traductores de esta novela, Yoko Ogihara y Fernando Cordobés. Ya son diversas las obras japonesas que he leído traducidas por ambos, y tengo la sensación de que los hacen realmente muy bien. Coincidiendo con los días en que leía el libro, se lanzó una película documental, Dreaming Murakami, que estuvo disponible de forma gratuita durante 48 horas en internet para quien la quisiera ver. En ella se hablaba del proceso de traducción del autor desde el punto de vista o acompañando a Mette Holm en el proceso de traducción de una de las novelas del autor al idioma danés. El documental no es de una calidad extraordinaria, es más bien normalito, pero si que traslada muy bien las dificultades que presenta la traducción del japonés a un idioma indoeuropeo y la necesidad de que determinadas fases de la traducción sean contrastadas con otros traductores, así como la intensa labor de documentación necesaria para ser fiel a las intenciones del autor en la obra original.
El balance global de la novela. Primero, me fastidia considerable que no se publique las novelas de forma íntegra. Me refiero a que no se publique todo al mismo tiempo; me da igual si es en un libro o en dos. Hay elementos que pueden justificar que en la novela se establezca un «hasta aquí esto, a partir de aquí, es otra cosa». Pero no obligarme a esperar un arbitrario tiempo de tres meses para retomar la lectura. Soy ya mayorcito para tomar mis propias decisiones sobre cuando detener momentáneamente la lectura y digerir lo que he leído y cuando continuar. No sé si es una decisión de autor o editorial. Parece que lo segundo, porque en Japón se publicaron los dos libros al mismo tiempo. Pero me parece mal. Segundo, los temas de Murakami me siguen llegando. Como hombre, en el sentido de ser humano de sexo masculino, hay vivencias en los protagonistas de sus novelas que de una forma u otra resuenan en las mías o en mis recuerdos. No los hechos… ni de lejos. Sino los sentimientos. Tercero, quizá no pase a la historia como una de las novelas más emblemáticas de Murakami, pero yo he disfrutado de su lectura. Me ha parecido muy entretenida.
Hace tiempo que me hablaron ya, en buenos términos, de la escritora francesa Anna Gavalda. Pero no había encontrado momento, ocasión o excusa para enterarme un poquito más de su obra y saber si iba a leer algo o qué iba a leer. Amazon salió en mi ayuda hace unas semanas, en forma de oferta navideña, cuando apareció esta novela de la autora gala a un precio muy económico. Así que no lo dudé, la adquirí… y fue mi primera lectura de este año. A punto he estado de retrasar mi comentario sobre ella, porque mientras tanto terminé la segunda parte del «comendador» del que me apetece mucho hablar. Pero he decidido ser disciplinado, especialmente cuando casi se me olvidó reseñar el último relato gráfico que comenté.
La acción transcurre principalmente en París, aunque hacemos alguna excursión a provincias; un destino cada vez más probable para la próxima semana santa, el primer viaje de carácter familiar desde hace 15 años. En aquella ocasión, también fue París, y aquí os dejo algunas fotografía de aquel momento.
Me pasó una cosa cuando leí los primeros capítulos de este libro. Tenía la sensación de que esta historia ya la conocía. Desde luego no la había leído. Pero decidí comprobar si tenía versión cinematográfica. Y sí, la tiene. Pero no aparece en mi base de datos de las películas que he visto desde el 28 de diciembre de 1997 hasta la fecha. Puede haber olvidos… pero me extraña. Sólo he detectado olvidos en épocas en las que he frecuentado las salas de cine con mucha asiduidad, un par de veces a la semana, y tal cosa no sucedía en 2007 cuando se estrenó la película en España. Tal vez en algún momento apareciera en mi televisor… Quizá. El caso es que tampoco recordaba muchos de los detalles de la historia que eran nuevos para mí.
El caso es que, al investigar si existía una versión cinematográfica, cometí un error. En ningún momento se me había ocurrido asignar a Camille, la protagonista de la película, el físico de Audrey Tautou. Y al quedar asociadas, ha habido momentos que no me cuadraba la lectura. Es bueno dejar que tu imaginación construya el físico y los escenarios de la historia a partir de la información que te da la novela. El caso es que Camille es una pintora y dibujante de 27 años que, por motivos que desconocemos al principio de la novela, ha tocado fondo en su vida y está absolutamente perdida. Como lo están Philibert, un joven aristócrata patológicamente tímido, y Frank, un cocinero con ganas de convertirse en chef de cocina, pero que carga con dosis de violencia y autodestrucción. Los tres proceden de entornos familiares muy conflictivos y disfuncionales, y los tres, a pesar de sus caracteres opuestos, contradictorios casi, acaban viviendo juntos.
La novela tiene cosas buenas y cosas «menos buenas». Las cosas buenas es que se lee con agilidad y con interés, que está bastante bien escrita, o al menos la traducción al castellano está bastante bien, y que empatizas razonablemente bien con los personajes, llegas con facilidad a preocuparte por sus destinos. Como cosas menos buenas… la película deriva a un romanticismo simplón, rosa, menos profundo de lo que parece, hasta llegar a un final «peliculero», en un sentido poco positivo del término. Quizá la autora pensaba ya en una lucrativa adaptación al cine, que al final se hizo. Aunque no parece haber concitado muchos entusiasmos. Es una novela que va de más a menos. Sin llegar a una situación catastrófica. Que plantea conflictos personales profundos, complejos, pero que se va haciendo muy previsible y cada vez más complaciente. Por lo tanto, acaba dejándote con una sensación insatisfecha, que quizá no hace justicia a algunos de los mejores capítulos del libro, especialmente en la primera mitad del libro, que me parecen bastante inspirados. Para colmo se complace en un epílogo absolutamente superfluo que todavía te machaca más la coherencia de un drama con un final de comedia romántica del montón. Pero bueno, es entretenida de leer.
No es habitual que comente dos novelas gráficas o historietas en semanas seguidas. Pero es que esta que presento hoy en realidad la leí antes que la biografía de Graciela Iturbide que os comenté la semana pasada. Es de las pasadas navidades; pero se me había olvidado. Y no es porque no me gustase… es que llevo muchas cosas en la cabeza y se me pasó.
En esta ocasión estamos ante una obra inacabada del historietista japonés Kamimura Kazuo, con guion de Kajiwara Ikki. Inacabada hasta tal punto que, aunque el título de la obra nos habla de una mujer, en realidad lo que encontramos es la historia de una niña y adolescente que culmina cuando llega a la edad adulta. Una historia que nos traslada a los tiempos en los que el militarismo japonés había instaurado una dictadura nacionalista en el país y este se encaminaba hacia la catástrofe de la guerra, con fuertes represiones internas a los críticos y disidentes. La joven Shōko será hija de uno de estos disidentes, que huye de la persecución, y de una mujer que acabará muriendo como consecuencia de las torturas dispensadas por la policía política cuando buscan al padre. Por lo tanto, estamos ante una historia de crecimiento por libre de una niña y adolescente en el hostil ambiente de la guerra y la posguerra inmediata.
Unas cuantas estampas de Japón en sus aspectos más tradicionales, para ilustrar el comentario de este libro sobre las difíciles transiciones sociales de este país asiático.
Estamos ante una obra con un argumento intenso, un relato con un estilo y un argumento claramente adultos. Escenas de violencia y sexo, no precisamente con intención erotizante, salpican un mundo de policías corruptos, mafias, geishas y prostitutas (con límites muy imprecisos entre estas dos categorías, en ocasiones), el mundo de la calle o el de los orfanatos y centros de reforma juveniles. Una intensa crítica hacia los cimientos más podridos y menos confesables de la sociedad nipona.
Me ha parecido una obra notable, aunque su condición de inacabada es muy patente, y deja una insatisfacción por su cierre en falso. Porque sabes que no se ha contado todo lo que había que contar, y que el propio título del libro habla de un recorrido por una larga era de la historia reciente del País del Sol Naciente, de la que sólo se nos muestran algunos compases, pero no toda la melodía.
Nota: Para aquellos que no se cosquen con el tema de las eras japonesas, recordar que la era Shōwa es el nombre que recibe el tiempo del reinado del emperador que conocimos como Hirohito, y que ahora es conocido en Japón con su nombre póstumo, emperador Shōwa. Abarca desde 1926 hasta 1989. Un ejemplo de las eras más famosas de Japón es la era Meiji, en la que el país salió de su régimen feudal, de carácter medieval, para entrar en la revolución industrial de modo casi forzado. Pues bien, el emperador Meiji fue Matsuhito en vida, y la era Meiji abarca de 1867 hasta 1912, los años del reinado de Matsuhito.
Ayer por la tarde estuvimos en el cine. De la película ya os hablaré otro día. Además dará para extenderme si no tengo cuidado. Pero la cuestión que traigo hoy tiene que ver más con otros temas. Alguien comentó que una sobrina suya estaba con un trastorno de la conducta alimentaria. En la familia están preocupados; y no entienden nada. La chica es realmente un encanto, era un modelo de chica simpática, abierta y con problemas muy similares a los de cualquier adolescente o chica joven, nada que llamase la atención, y nada hacía presagiar que estuviera o fuese a sufrir un trastorno de este tipo. Nos pilló a contrapié. No he tratado mucho con ella, pero la conozco y la he tratado lo suficiente como para irme cariacontecido a casa. [Nota: que nadie conocido intente «reconocer» a la persona afectada entre mis conocidos, porque he cambiado cosas sobre cómo me llegó la noticia, con el fin de despistar. Respeto a la intimidad de las personas, ante todo]
Hoy me apetece trasladar la imagen de gente haciendo cosas alegres u optimistas. Aunque tengamos que volver para ello a las vísperas de las fiestas de final de año… que no siempre son motivo de alegría para todo el mundo, diga lo que diga la publicidad y el «pensamiento positivo».
Son muchos los fotógrafos y otros artistas que han tratado el tema de la imagen corporal en su obra. Desde distintos enfoques. Marina Markovic [instagram] probablemente no se pueda considerar estrictamente una fotógrafa. Pero la fotografía es esencial para reflejar el conjunto de su obra. Intervenciones sobre su propio cuerpo para utilizar sus performances, sus representaciones, y las imágenes que resultan de ellas con un objetivo terapéutico para afrontar sus propios problemas de conducta alimentaria. Lo he visto en PAC Plataforma de Arte Contemporáneo, y me ha parecido un buen enganche para este tema. Sobre el que siempre me quedaré muy corto en una entrada de un blog.
Pero quizá por eso, quiero seguir con otros fotógrafos y otras series que ofrezcan una imagen positiva de las personas. Hace unos días, en Petapixel nos ofrecieron el trabajo del fotógrafo Bruce Osborn [instagram], que en su serie OYAKO 親子 trae consigo fotografías de padres/madres con hijos/hijas, en los que se ponen de manifiesto las diferencias y los parecido entre las generaciones. Y en ocasiones la evolución, al comparar fotos separadas por años de diferencia. Con un planteamiento desenfadado, en un blanco y negro muy limpio, muy diáfano, nos ofrece retratos que transmiten una buena sensación y no poco optimismo. Está bien. Y parece que también va a hacer o ha realizado una película.
Por último, los retratos de Richard Learoyd, realizados en una cámara oscura. No son estenopeicos, utiliza un sistema de lentes para proyectar la imagen sobre la pared donde coloca el papel sensible, de gran formato, que permite escalas de reproducción que se acercan al tamaño natural. En retratos que tienen una sensación etérea, al mismo tiempo que una gran finura en la reproducción de los detalles. Nos lo han ofrecido en el canal de Youtube del SFMoMA (San Francisco Museum of Modern Art). También me transmiten una imagen muy positiva de las personas retratadas.
El relato gráfico, o novela gráfica, nunca me entero de si hay diferencias entre ambos conceptos, supongo que basados en la longitud, o si no las hay, es un género que puede dar grandes satisfacciones. Pero también hay veces que pincha. Que alguien acoge un proyecto y se lanza a contar una historia, utilizando la historieta como medio, y no funciona. Uno de los géneros que generalmente me dejan más fríos cuando son adoptados por los historietistas es la biografía. Por el motivo que sea, pocas veces me siento a gusto con el resultado de una biografía, especialmente de un personaje famoso o representativo, cuando es narrada en forma de cómic. No voy a ponerme ahora a analizar los porqués. Quizá el principal sea que no es fácil recoger todos los matices de una vida en este formato. Lo cual no quiere decir que sea imposible.
No he visitado Méjico todavía. Por razones que no vienen ahora al caso, es un país que me supone un tira y afloja emocional, y no acabo a sentirme cómodo con la decisión de viajar a él. Supongo que algún día. No sé. Por ello, sustituyo los agrestes paisajes de los desiertos mejicanos por la estepa de los Monegros, más cerca de casa. En un adecuado blanco y negro y formato cuadrado, con película tradicional, para homenajear la obra de Iturbide.
Esto lo demuestran la escritora Isabel Quintero y el ilustrador Zeke Peña, mejicanos en los Estados Unidos, cuando abordan la biografía de una de las grandes de la fotografía mundial, la mejicana Graciela Iturbide. La joven Graciela, de familia de clase media, relativamente acomodada, estaba destinada a llevar una vida tranquila y convencional. Casarse con un buen partido, tener hijos,… y reproducir los esquemas sociales en los que había nacido y crecido. Y todo ello lo empezó desde muy joven, hasta que las inquietudes por otras cosas, y especialmente por las artes visuales, descarrilaron su vida, afortunadamente para la historia del arte y la fotografía. Discípula de otro de los grandes de la fotografía mejicana y mundial, Manuel Álvarez Bravo, pronto orientó el objetivo de su cámara hacia el reportaje en profundidad, con una visión etnográfica, y con una mirada especial para las poblaciones indígenas y las mujeres de su país.
Quintero y Peña van contándonos su vida y sus proyectos apoyándose en las fotografías más representativas de su obras. Aquellas que han alcanzo un estatus de imágenes icónicas, representativas de su obra y de las realidades sociales a las que mira. Y de paso nos ofrecen una buena comprensión tanto de la fotógrafa como de la propia fotografía.
Un libro muy interesante, en cierta forma inacabado, porque inacabada está todavía la vida de Graciela Iturbide a sus 76 años. Recomendable para amantes de la fotografía, de la historieta, y en general de todas aquellas personas dispuestas a disfrutar de un buen relato, con fondo y trasfondo, y que invite a reflexionar un poco sobre las realidades sociales del mundo.
Hace no mucho tiempo vi en casa la película japonesa Hakase no aishi ta sūshiki [博士の愛した数式 ], cuyo título en castellano es La fórmula preferida del profesor, bastante fiel al original. La encontré en Youtube en versión original subtitulada en inglés, aunque ahora no la localizo para enlazarla. Tal vez tuviera algún problema de derechos de exhibición y la han retirado. En cualquier caso, la película dirigida por Koizumi Takashi me gustó. Es una película de buenos sentimientos, con una historia sencilla, pero no simple, que te acaba dejando con buen rollo. Supe en ese momento que se basaba en una novela de Ogawa Yōko, una escritora de cierto prestigio en el País del Sol Naciente. Y pensé que igual sería buena idea leer algo de esta escritora, varias veces premiada en su país.
¿Qué puede haber más ilusionante que la llegada de un bebé a una familia? Mmmmm… parece que Ogawa piensa que en las circunstancias actuales, la alienación que las rutinas cotidianas que en las mujeres jóvenes produce la sociedad actual, la cosa puede ser otra cosa distinta de los «ilusionante»…
Pero no opté por leer la versión literaria de la historia del película; decidí leer algo distinto. Una pequeña novela en forma de diario. De hecho, el título original de esta novelita es Ninshin karendaa [妊娠 カレンダー], que se traduciría más bien como el diario de un embarazo o el calendario de un embarazo. En él, una mujer joven, que vive con su hermana mayor y su cuñado, va recogiendo los sentimientos y las reflexiones que surgen con motivo del embarazo de su hermana, pasando por las distintas fases del mismo. Los miedos iniciales, la mala época de las náuseas y los vómitos, el momento de comer y engordar, y los momentos finales… en los que la cosa termina…
Por lo que he leído, el título original de la novela indujo a muchas mujeres gestantes japonesas a leerlo… con ilusión. El problema es que, lejos del buen rollo y los buenos sentimientos que desprende la historia que he comentado al principio, en la narración de la protagonista hay una ausencia total de empatía hacia su hermana. Hermana que tampoco es precisamente un ejemplo de gestante «radiante» y feliz.
Los sentimientos positivos que rodean a una gestación están completamente ausentes, y estamos ante una actitud absolutamente cínica, e incluso nihilista, ante el hecho. Hay momentos en que la situación alcanza situaciones grotescas, como cuando empieza a nutrir a su hermana gestante a base de confitura de pomelo americano… que «según dicen» está contaminado con agentes potencialmente teratógenos. Es decir, aun en un ambiente de completa normalidad cotidiana, llega a haber un punto de terror y psicopatía mezcladas en las conductas de las protagonistas de esta historia.
Con un final abierto, y muy inquietante, o es difícil ver en esta historia de aparente banalidad cotidiana en su planteamiento, una crítica a la alienación de las mujeres jóvenes, con trabajos escasamente interesantes, poco estimulantes, con poco tiempo para la relación social, viviendo con la familia, la cual tampoco anda sobrada de alegrías reales, produciendo esa ausencia de sentimientos y ese nihilismo vital, que es tanto más llamativo cuanto más ilusionante es a priori las circunstancias que lo rodean. A mi me dejó relativamente impactado, porque no me lo esperaba así. Pero reconozco que me gustó, y me parece muy recomendable. Aunque no apto para gestantes ilusionadas y sus familias.