El libro que comento esta semana tiene algunas cosas en común con el de la semana pasada. Es una recomendación que he encontrado repetida en diversos sitios por internet. Me apareció de oferta, muy ventajosa en su momento. Me llamaron la atención las premisas de partida de la historia, lo que la sinopsis o presentación del libro proponía.
Las diferencias más notables con el anterior es que hace más de dos años que lo adquirí, y hasta ahora no había encontrado un momento adecuado para leerlo. Prácticamente se me había olvidado. Que es un autor español, Sergio Sánchez Morán. Y que su origen está en los blogs de internet. De hecho, su autor participa o participaba en El Vosque, una historieta en línea que seguí durante un tiempo, me hacía gracia, hasta que me cansé.
Esta novela de detectives es el primer libro de una serie sobre una detective privada que reside en Barcelona, de nombre Verónica Guerra, pero conocida en su mundillo como Parabellum. Y lo que tiene de particular es que se define como «detective paranormal». Es decir, que sus casos tienen que ver con fantasmas, vampiros, personajes de las distintas mitología,… seres sobrenaturales y preternaturales. En este primer caso que conocemos de ella, tiene que librarse del cadáver de un dios que ha aparecido muerto en el servicio de caballeros de un pub que frecuentan este tipo de criaturas. Pero que pronto se va a complicar de forma notable, como es propio y natural en el género detectivesco.
Pues sí… aunque hay un rato que rulan por Logroño o Burgos, ya no me acuerdo bien,.. casi todo pasa en Barcelona. Así que las fotos, de Barcelona.
Sánchez Morán intenta recuperar para su detective las claves habituales de los detectives más tradicionales y de rancio abolengo del género. Pero lo mezcla con un humor o comicidad de carácter costumbrista muy hispana. Y aquí comienzan los problemas del libro. El carácter principal puede valer y podrías llegar a empatizar con él. También con algunos de los secundarios. Pero lo que acaba cansando es el humor de chascarrillo, de símil o metáfora graciosetes, que te levanta una sonrisa, en los momentos más afortunados hasta una ligera carcajada, pero que cuando tiene una densidad de varios por página o por capítulo, acabas hasta allá. Y empiezas a pensar que el escritor no tiene recursos suficientes para mantener la comicidad que plantea sin recurrir constantemente a este recurso lingüístico. Y así, poco a poco la novela empieza a perder fuelle, se va diluyendo en los tópicos del género, comienza a ser previsible, y al final la terminas porque no es muy extensa y porque no hace falta hacer mucho esfuerzo para leer, incluso un poquito en diagonal, el fast food literario que te ofrecen.
Me podría dar por filosofar sobre si el papel de los editores es mucho más importante de lo que pensamos a la hora de cribar lo que se publica. Que internet tiene muchas cosas interesantes, pero tiene mucha más morralla y ruido de fondo. Pero unos cuantos se me ofenderían,… porque ya me ha pasado. Sólo diré, que una y no más. Que para mí se acabaron las aventuras de Verónica Guerra Parabellum, casi tan rápido como empezaron. Y que cada vez soy más reacio a atreverme con este tipo de literatura que tan espontáneamente surge de la red de redes. Porque acabo con una sensación de pérdida de tiempo tremenda. Y es una pena, porque seguro que por ahí hay alguien escribiendo cosas importantes y no consigue llegar al público que se merece.
Había visto recomendado este libro de Peter Tieryas en varios sitios. Inspirado, según dicen, por The Man in the High Castle de Philip K. Dick, y con la excelente serie que estamos viendo a partir de dicho libro, no dejaban de entrarme ganas de ver cómo este norteamericano de origen asiático, coreano según parece, orientaba la ucronía en la que los aliados perdían la guerra y el Eje la ganaba. A principios de enero, el libro apareció de oferta en mi tienda de libros electrónicos habitual,… y por un precio de 1,42 euros me pareció que merecía la pena el riesgo.
El relato comienza bien, con un primer capítulo, en el que nos encontramos con un campo de concentración para ciudadanos norteamericanos de origen japonés que es liberado por el vencedor ejército imperial japonés. Pero pronto nos percatamos que estamos ante un pastiche que mezcla el cyberpunk, la novela negra, el gore y la novela bélica con alegre despreocupación. A eso le añadimos los habituales elementos de la cultura japonesa en cualquiera de estos géneros como los videojuegos, los mekas (por favor, traductores, aunque sea muy frecuente entre la gente y los medios especializados, evitad la forma mecha, que fonéticamente sólo tiene sentido en los países anglosajones), los seppuku y otros suicidios rituales, unas gotas de terror biológico y personajes, por supuesto, muy torturados.
Algunos elementos de la cultura popular japonesa para ilustrar esta entrada, aunque su acción transcurre en una costa oeste de los EE.UU. de América reconvertidos y niponizados en EE.UU. de Japón.
El resultado me parece altamente irregular, dejándome una sabor más bien agrio. Es decir, no me ha convencido. La alternancia de géneros hace parecer que el escritor no sabe dónde quiere ir. Y que quiere montar más un espectáculo que hacer una reflexión sobre las consecuencias de una línea temporal alternativa en la historia del siglo XX. Desde ese punto de vista aporta más bien poquito. Muy poquito. Tiene sus momentos la novela, aquí y allí, al igual que esas prometedoras primeras páginas, que pronto quedan en agua de borrajas. Y viene lastrado de continuo por unos personajes protagonistas con los que me resulta imposible empatizar y que me importe un rábano lo que les pueda pasar, lo cual es relativamente imprevisibles. Especialmente, por la tendencia de huir hacia adelante en sus excesos que tiene el escritor. Si a eso sumas varios, deus ex machina, recurso argumental que odio, podréis entender mejor que la novela no me ha gustado, que si la he terminado es porque no es muy larga, y por cierta esperanza de que corrigiera el rumbo, vana esperanza, y que no la recomiendo.
Nada que ver con las sutilezas de The Man in the High Castle, ni sus trabajados personajes. Especialmente en la serie de televisión.
Sigo con los tiempos justitos para ir actualizando el blog, aunque el fin de semana haya sido más relajado. Así que hoy voy con un breve comentario sobre este libro de National Geographic, en el que uno de los codirectores del programa de investigación de Atapuerca, Eudald Carbonell, junto con la periodista Rosa M. Tristán, dan un repaso a este interesante proyecto sobre la evolución humana, que ya tiene más de 40 años de recorrido.
Indudablemente, uno de los viajes donde más cerca me sentí de los temas relacionados con la evolución humana fue cuando recorrí en agosto de 2003 el Perigord. Nombres como Le Moustier, La Madeleine o las cuevas de Lascaux están muy ligados a este tema. Y término como «musteriense» o «magdaleniense» que suelen aparecer cuando se habla de las culturas de los hombres primitivos, tienen su origen en estos lugares perigordinos.
Eudald Carbonell i Roura es un investigador que siempre me ha parecido muy interesante. En primer lugar, por su multidisciplinaridad. Geólogo e historiador y arqueólogo, ha demostrado que lejos de estar enfrentadas, humanidades y ciencias son complementos necesarios en el saber humano, pero eso sí, ambas precisan de un rigor y un método en el estudio, que no es exclusivo ni a unas ni a otras. Y que sus métodos, aunque diferenciados, deben corresponder a principios filosóficos y éticos no tan apartados los de las unas de los de las otras. Había leído ya previamente algún ensayo de divulgación científica suyo que me había parecido sumamente interesante. Tanto por sus contenidos, como porque se moja en temas delicados o conflictivos. Pero con criterio. Rosa M. Tristán [Twitter] es una periodista especializada en ciencias, de la que no sé gran cosa. Pero ya os he puesto los enlaces correspondientes por si queréis saber algo más de lo que hace.
En el lado de los contras, normalmente no me siento atraído por los libros de divulgación de la National Geographic. Aunque bien ilustrados y muy bien presentados, en ocasiones he detectado cierta superficialidad en los planteamientos de sus publicaciones, y no dejan de presentar ciertos sesgos propios de cierto americanocentrismo en su visión del mundo. Pero en esta ocasión, el libro venía acompañada de una muy buena oferta en la plataforma de libros electrónicos, y el tema siempre me ha gustado. Especialmente cuando en los últimos años se han ido publicando hallazgos que están revolucionando la forma en que percibimos la evolución de nuestra especie. Y la de todas las especies… que no somos tan especiales.
El libro es irregular. A ratos, la minuciosa descripción de todos y cada uno de los yacimientos del programa de investigación se nos aparece un poco prolija y cansina, para luego emocionarnos con el relato de los descubrimientos y la interpretación de los mismos, cambiante en el tiempo conforme se acumulan nuevas pruebas y nuevos datos. Para luego volver a entrar en la monotonía derivada del evidente interés propagandístico del libro. Lo que los autores llaman «socializar» los frutos de la investigación del programa. Es comprensible que quieran comunicar al gran público lo que está pasando ahí, y es loable el esfuerzo, pero a ratos, cansino.
Globalmente es un libro razonablemente interesante si te gusta el tema, cuyos capítulo menos interesantes acabarás leyendo más en diagonal, mientras prestas atención a aquellos que destilan más jugo y enriquecen más tus conocimientos sobre el tema. Y el libro no deja de aportar, por lo tanto el balance final es razonablemente positivo, aunque no entusiasmante.
Tras el periodo navideño, llegó a las librerías, de las de papel de toda la vida o las virtuales, la segunda parte, el segundo libro, de la última novela de Haruki Murakami, cuyo primer volumen comenté ya en su momento.
Sobre el planteamiento de la novela, no hay mucho que añadir a lo que ya comenté en su momento. Como sucede en muchas de las novelas y relatos de Murakami, el protagonista es un hombre en situación de despiste vital absoluto, marcado por la ausencia de una o varias mujeres que han marcado su vida. En el caso de esta última novela, el protagonista, de nombre desconocido, todos los demás personajes tienen nombre salvo una amante circunstancial, ha sido recientemente abandonado por su esposa, que tiene un amante, y además arrastra desde su adolescencia el duelo por la muerte de su hermana más joven, con quien estaba muy unido. Refugiado en una casa de montaña, cedida por una amigo suyo, lo dejábamos rodeado de una serie de personajes, reales o fantásticos, desde el momento en que encuentra un cuadro desconocido del famoso pintor que ocupó la casa durante años. Un «gatsby» nipón, que espía a una adolescente que podría o no ser su hija, que además vive con una atractiva tía suya. El amigo que le presta la casa y su padre, el famoso pintor, y una amante eventual conforman el panorama de las personas de carne y hueso. Una idea encarnada en un «comendador» salido de un cuadro que recrea una escena del Don Giovanni de Mozart, forma parte del mundo fantástico que rodea al protagonista.
Una casa en la montaña, en un bosque, con un templete perdido en el mismo,… con senderos secretos que sólo conoce alguna gente, con misteriosas fosas ocultas en el suelo del bosque… Cosas que pasan en el Japón de las fantasías y los mitos.
En el segundo libro, hay una reducción de la trama a tres personajes que se confirman como principales, con destinos entrelazados, mientras que el resto son circunstanciales. El protagonista debe conjurar sus fantasmas, tanto los derivados de su divorcio como de la pérdida de su hermana. El viejo pintor ya demenciado debe alcanzar la paz que perdió en los convulsos tiempos de la guerra mundial y los años que la precedieron. La joven adolescente, Marie, es el factor femenino que de alguna forma desencadena el proceso de cambio y catarsis, al mismo tiempo que inicia su paso de la niñez a la madurez. No quiero entrar en detalles para no originar prejuicios, pero es un viaje que inician los tres personajes, cada uno a su estilo, que tiene su repercusión tanto el mundo físico como en el de las ideas y lo imaginado. De la realidad y de las metáforas.
La impresión global de la novela se resume en tres puntos. Primero, es muy entretenida de leer, más que otras de Murakami que resultan un poco más densas. Esta es dinámica e intrigante. Segundo, quizá por lo anterior, no tiene la misma profundidad o te deja la misma impresión que otras novelas anteriores; no me ha dejado el poso que otras novelas que fueron las que me engancharon al autor. Tercero, es banal buscar respuestas a todo lo que sucede. Lo importante es el camino, los procesos, no la resolución de los misterios. Como otras piezas de la literatura japonesa, sientes que te quedan lagunas que expliquen porqué los personajes han llegado a esa situación, y sientes que no has obtenido todas las respuestas. Pero yo ya he asumido esta situación hace tiempo, no me importa, me permite construir mi propia novela en mi cabeza, y disfruto igualmente de la lectura.
La novela ha sufrido un par de polémicas antes de llegar a nuestras librerías, que quizá merezcan un comentario, aunque no sean en absoluto esenciales en lo que es lo importante de la obra.
Cuando me enteré de la publicación en Japón de Kishidancho Goroshi [騎士団長殺し], que es el título original de la novela, hace ya casi dos años, se produjo una polémica por el reconocimiento explícito que hace de las matanzas y desmanes del Ejército imperial japonés en China, y especialmente en Nankín. Japón es una nación conservadora en política, y los principales partidos gobernantes desde la Segunda guerra mundial han tendido a minimizar las atrocidades causadas por su nación, y remisos a pedir perdón. Son los casos como el mencionado en China, la esclavitud de mujeres coreanas y de otros países prostituidas en contra de su voluntad a los soldados del ejército, o el infame comportamiento con los prisioneros de guerra. Murakami reconoce de forma explícita, y lo integra en la trama de la novela de forma importante, la existencia de las matanzas en Nankín, y la crudeza de las mismas, así como el ambiente en el que se movía el Ejército imperial japonés. Desde mi punto de vista, le honra; lo distancia de las posiciones nacionalistas y revisionistas que pretenden justificar las acciones criminales del militarismo nipón.
En algunos países, el caso más comentado fue Hong Kong, la novela ha sido calificada como pornográfica, por contener algún pasaje en el que es relativamente explícita en la descripción de las relaciones sexuales. A mí, esta posición me parece una exageración absoluta. Están ahí, pero no tienen ni mucho menos la intención de un libro pornográfico; suponen una descripción realista de una relación. Dejando aparte de cierta interpretación más o menos fantástica de determinados sueños o vivencias oníricas de carácter sexual que se producen. En el mundo hay una ola de conservadurismo que provoca actitudes censoras. Yo diría… no os preocupéis por el tema. Creo que no es lo más importante de la novela. Si sois mojigatos en estos temas… pues leed esos pasajes un poquito más deprisa y en diagonal, y a otra cosa. O hacéoslo mirar.
Por la complejidad de las traducciones del japonés al español, dos idiomas muy diferentes, creo que es obligatorio hablar del alto nivel de la que nos ofrecen los traductores de esta novela, Yoko Ogihara y Fernando Cordobés. Ya son diversas las obras japonesas que he leído traducidas por ambos, y tengo la sensación de que los hacen realmente muy bien. Coincidiendo con los días en que leía el libro, se lanzó una película documental, Dreaming Murakami, que estuvo disponible de forma gratuita durante 48 horas en internet para quien la quisiera ver. En ella se hablaba del proceso de traducción del autor desde el punto de vista o acompañando a Mette Holm en el proceso de traducción de una de las novelas del autor al idioma danés. El documental no es de una calidad extraordinaria, es más bien normalito, pero si que traslada muy bien las dificultades que presenta la traducción del japonés a un idioma indoeuropeo y la necesidad de que determinadas fases de la traducción sean contrastadas con otros traductores, así como la intensa labor de documentación necesaria para ser fiel a las intenciones del autor en la obra original.
El balance global de la novela. Primero, me fastidia considerable que no se publique las novelas de forma íntegra. Me refiero a que no se publique todo al mismo tiempo; me da igual si es en un libro o en dos. Hay elementos que pueden justificar que en la novela se establezca un «hasta aquí esto, a partir de aquí, es otra cosa». Pero no obligarme a esperar un arbitrario tiempo de tres meses para retomar la lectura. Soy ya mayorcito para tomar mis propias decisiones sobre cuando detener momentáneamente la lectura y digerir lo que he leído y cuando continuar. No sé si es una decisión de autor o editorial. Parece que lo segundo, porque en Japón se publicaron los dos libros al mismo tiempo. Pero me parece mal. Segundo, los temas de Murakami me siguen llegando. Como hombre, en el sentido de ser humano de sexo masculino, hay vivencias en los protagonistas de sus novelas que de una forma u otra resuenan en las mías o en mis recuerdos. No los hechos… ni de lejos. Sino los sentimientos. Tercero, quizá no pase a la historia como una de las novelas más emblemáticas de Murakami, pero yo he disfrutado de su lectura. Me ha parecido muy entretenida.
Hace tiempo que me hablaron ya, en buenos términos, de la escritora francesa Anna Gavalda. Pero no había encontrado momento, ocasión o excusa para enterarme un poquito más de su obra y saber si iba a leer algo o qué iba a leer. Amazon salió en mi ayuda hace unas semanas, en forma de oferta navideña, cuando apareció esta novela de la autora gala a un precio muy económico. Así que no lo dudé, la adquirí… y fue mi primera lectura de este año. A punto he estado de retrasar mi comentario sobre ella, porque mientras tanto terminé la segunda parte del «comendador» del que me apetece mucho hablar. Pero he decidido ser disciplinado, especialmente cuando casi se me olvidó reseñar el último relato gráfico que comenté.
La acción transcurre principalmente en París, aunque hacemos alguna excursión a provincias; un destino cada vez más probable para la próxima semana santa, el primer viaje de carácter familiar desde hace 15 años. En aquella ocasión, también fue París, y aquí os dejo algunas fotografía de aquel momento.
Me pasó una cosa cuando leí los primeros capítulos de este libro. Tenía la sensación de que esta historia ya la conocía. Desde luego no la había leído. Pero decidí comprobar si tenía versión cinematográfica. Y sí, la tiene. Pero no aparece en mi base de datos de las películas que he visto desde el 28 de diciembre de 1997 hasta la fecha. Puede haber olvidos… pero me extraña. Sólo he detectado olvidos en épocas en las que he frecuentado las salas de cine con mucha asiduidad, un par de veces a la semana, y tal cosa no sucedía en 2007 cuando se estrenó la película en España. Tal vez en algún momento apareciera en mi televisor… Quizá. El caso es que tampoco recordaba muchos de los detalles de la historia que eran nuevos para mí.
El caso es que, al investigar si existía una versión cinematográfica, cometí un error. En ningún momento se me había ocurrido asignar a Camille, la protagonista de la película, el físico de Audrey Tautou. Y al quedar asociadas, ha habido momentos que no me cuadraba la lectura. Es bueno dejar que tu imaginación construya el físico y los escenarios de la historia a partir de la información que te da la novela. El caso es que Camille es una pintora y dibujante de 27 años que, por motivos que desconocemos al principio de la novela, ha tocado fondo en su vida y está absolutamente perdida. Como lo están Philibert, un joven aristócrata patológicamente tímido, y Frank, un cocinero con ganas de convertirse en chef de cocina, pero que carga con dosis de violencia y autodestrucción. Los tres proceden de entornos familiares muy conflictivos y disfuncionales, y los tres, a pesar de sus caracteres opuestos, contradictorios casi, acaban viviendo juntos.
La novela tiene cosas buenas y cosas «menos buenas». Las cosas buenas es que se lee con agilidad y con interés, que está bastante bien escrita, o al menos la traducción al castellano está bastante bien, y que empatizas razonablemente bien con los personajes, llegas con facilidad a preocuparte por sus destinos. Como cosas menos buenas… la película deriva a un romanticismo simplón, rosa, menos profundo de lo que parece, hasta llegar a un final «peliculero», en un sentido poco positivo del término. Quizá la autora pensaba ya en una lucrativa adaptación al cine, que al final se hizo. Aunque no parece haber concitado muchos entusiasmos. Es una novela que va de más a menos. Sin llegar a una situación catastrófica. Que plantea conflictos personales profundos, complejos, pero que se va haciendo muy previsible y cada vez más complaciente. Por lo tanto, acaba dejándote con una sensación insatisfecha, que quizá no hace justicia a algunos de los mejores capítulos del libro, especialmente en la primera mitad del libro, que me parecen bastante inspirados. Para colmo se complace en un epílogo absolutamente superfluo que todavía te machaca más la coherencia de un drama con un final de comedia romántica del montón. Pero bueno, es entretenida de leer.
No es habitual que comente dos novelas gráficas o historietas en semanas seguidas. Pero es que esta que presento hoy en realidad la leí antes que la biografía de Graciela Iturbide que os comenté la semana pasada. Es de las pasadas navidades; pero se me había olvidado. Y no es porque no me gustase… es que llevo muchas cosas en la cabeza y se me pasó.
En esta ocasión estamos ante una obra inacabada del historietista japonés Kamimura Kazuo, con guion de Kajiwara Ikki. Inacabada hasta tal punto que, aunque el título de la obra nos habla de una mujer, en realidad lo que encontramos es la historia de una niña y adolescente que culmina cuando llega a la edad adulta. Una historia que nos traslada a los tiempos en los que el militarismo japonés había instaurado una dictadura nacionalista en el país y este se encaminaba hacia la catástrofe de la guerra, con fuertes represiones internas a los críticos y disidentes. La joven Shōko será hija de uno de estos disidentes, que huye de la persecución, y de una mujer que acabará muriendo como consecuencia de las torturas dispensadas por la policía política cuando buscan al padre. Por lo tanto, estamos ante una historia de crecimiento por libre de una niña y adolescente en el hostil ambiente de la guerra y la posguerra inmediata.
Unas cuantas estampas de Japón en sus aspectos más tradicionales, para ilustrar el comentario de este libro sobre las difíciles transiciones sociales de este país asiático.
Estamos ante una obra con un argumento intenso, un relato con un estilo y un argumento claramente adultos. Escenas de violencia y sexo, no precisamente con intención erotizante, salpican un mundo de policías corruptos, mafias, geishas y prostitutas (con límites muy imprecisos entre estas dos categorías, en ocasiones), el mundo de la calle o el de los orfanatos y centros de reforma juveniles. Una intensa crítica hacia los cimientos más podridos y menos confesables de la sociedad nipona.
Me ha parecido una obra notable, aunque su condición de inacabada es muy patente, y deja una insatisfacción por su cierre en falso. Porque sabes que no se ha contado todo lo que había que contar, y que el propio título del libro habla de un recorrido por una larga era de la historia reciente del País del Sol Naciente, de la que sólo se nos muestran algunos compases, pero no toda la melodía.
Nota: Para aquellos que no se cosquen con el tema de las eras japonesas, recordar que la era Shōwa es el nombre que recibe el tiempo del reinado del emperador que conocimos como Hirohito, y que ahora es conocido en Japón con su nombre póstumo, emperador Shōwa. Abarca desde 1926 hasta 1989. Un ejemplo de las eras más famosas de Japón es la era Meiji, en la que el país salió de su régimen feudal, de carácter medieval, para entrar en la revolución industrial de modo casi forzado. Pues bien, el emperador Meiji fue Matsuhito en vida, y la era Meiji abarca de 1867 hasta 1912, los años del reinado de Matsuhito.
El relato gráfico, o novela gráfica, nunca me entero de si hay diferencias entre ambos conceptos, supongo que basados en la longitud, o si no las hay, es un género que puede dar grandes satisfacciones. Pero también hay veces que pincha. Que alguien acoge un proyecto y se lanza a contar una historia, utilizando la historieta como medio, y no funciona. Uno de los géneros que generalmente me dejan más fríos cuando son adoptados por los historietistas es la biografía. Por el motivo que sea, pocas veces me siento a gusto con el resultado de una biografía, especialmente de un personaje famoso o representativo, cuando es narrada en forma de cómic. No voy a ponerme ahora a analizar los porqués. Quizá el principal sea que no es fácil recoger todos los matices de una vida en este formato. Lo cual no quiere decir que sea imposible.
No he visitado Méjico todavía. Por razones que no vienen ahora al caso, es un país que me supone un tira y afloja emocional, y no acabo a sentirme cómodo con la decisión de viajar a él. Supongo que algún día. No sé. Por ello, sustituyo los agrestes paisajes de los desiertos mejicanos por la estepa de los Monegros, más cerca de casa. En un adecuado blanco y negro y formato cuadrado, con película tradicional, para homenajear la obra de Iturbide.
Esto lo demuestran la escritora Isabel Quintero y el ilustrador Zeke Peña, mejicanos en los Estados Unidos, cuando abordan la biografía de una de las grandes de la fotografía mundial, la mejicana Graciela Iturbide. La joven Graciela, de familia de clase media, relativamente acomodada, estaba destinada a llevar una vida tranquila y convencional. Casarse con un buen partido, tener hijos,… y reproducir los esquemas sociales en los que había nacido y crecido. Y todo ello lo empezó desde muy joven, hasta que las inquietudes por otras cosas, y especialmente por las artes visuales, descarrilaron su vida, afortunadamente para la historia del arte y la fotografía. Discípula de otro de los grandes de la fotografía mejicana y mundial, Manuel Álvarez Bravo, pronto orientó el objetivo de su cámara hacia el reportaje en profundidad, con una visión etnográfica, y con una mirada especial para las poblaciones indígenas y las mujeres de su país.
Quintero y Peña van contándonos su vida y sus proyectos apoyándose en las fotografías más representativas de su obras. Aquellas que han alcanzo un estatus de imágenes icónicas, representativas de su obra y de las realidades sociales a las que mira. Y de paso nos ofrecen una buena comprensión tanto de la fotógrafa como de la propia fotografía.
Un libro muy interesante, en cierta forma inacabado, porque inacabada está todavía la vida de Graciela Iturbide a sus 76 años. Recomendable para amantes de la fotografía, de la historieta, y en general de todas aquellas personas dispuestas a disfrutar de un buen relato, con fondo y trasfondo, y que invite a reflexionar un poco sobre las realidades sociales del mundo.
Quizá no haya mucho que comentar hoy. Hacia mediados de noviembre hice un comentario sobre el trabajo de la fotógrafa alemana Lena C. Emery, aunque establecida en Londres, a propósito de la publicación, en el número de diciembre de 2018 del British Journal of Photography, de un artículo sobre su último libro. Y desde luego, parece que es una favorita de la veteranísima revista británica de fotografía, porque ya fue portada de la misma en el número de enero de 2017.
El caso es que me gustó bastante lo que vi de ambos trabajos. Distintos, aunque evidentemente relacionados. Así que decidí comprarlos, y hago un comentario sobre ambos libros.
Las fotografías acompañantes de hoy están tomadas en el entorno del Monte Fuji. E intentan recoger los aspectos formales y los contenidos que se pueden ver en uno de los libros que nos ocupan hoy.
Ambos los encargué a través de internet más o menos en la misma fecha, alrededor de los 18 o 19 de noviembre. Rie 理絵 fue el primero de los libros. Lleva como título el nombre de Nakajima Rie, una de las mujeres jóvenes que posaron para la fotógrafa en su trabajo, y creo que es la joven de la fotografía de portada. El libro se encarga a la propia autora a través de su página web, y es una serie limitada de 750 ejemplares, numerados y firmados por la propia autora. A mí me llegó el 740/750… es decir, uno de los últimos. Y lo hizo con rapidez. En unos días lo tenía en casa, sin mayores problemas. No recuerdo, lo que tardó con precisión, pero creo que fue entre 7 y 10 días desde que lo encargué.
Como ya comenté en su momento, es un estudio de la femineidad a través de una serie de retratos de mujeres jóvenes japonesas en el interior de típicos domicilios del País del Sol Naciente. De esta forma, conjuga o contrasta la suavidad de las formas del cuerpo de la modelos, algunos de los retratos son desnudos, con las líneas rectas y la ortogonalidad de formas propias del interior de las casas japonesas. Consiguiendo, eso sí, una coherencia en los colores cálidos que ofrecen tanto el cuerpo de las modelos como los interiores en los que se fotografían. Las jóvenes no son al uso, de formas o proporciones ajustadas a los cánones de la moda. No son chicas altas, delgadas, con las facciones de muñeca, o exóticas según toque, de las modelos profesionales. Son mujeres jóvenes como las que podemos encontrar en nuestra vida cotidiana. Y sin embargo, posan con gracia, y no pocas de las fotografías desprenden dosis de sensualidad muy apreciables.
El segundo libro es Yuka & The Forest, y el segundo título de lo que va a ser una trilogía, cuyo tercer libro supongo que saldrá a la venta a lo largo de 2019, aunque las indicaciones en la página web de la autora me resultan confusas. La portada del libro también es un retrato de una joven japonesa. Supongo que la Yuka del título.
Pero las características del trabajo es distinto. En primer lugar, Emery abandona el color por un blanco y negro de suaves contrastes, ligeramente virado en tonos cálidos. En las fotografías con las que acompaño esta entrada, he intentado reproducir el aspecto, con mayor o menor fortuna. Y aunque el contenido aparece salpicado por varios retrato de la joven Yuka, el cuerpo de la obra son paisajes. Paisajes alterados por el hombre, quizá en la tradición de Robert Adams y otros fotógrafos de la New Topographics, pero con la forma y las sensaciones que transmite determinado tipo de fotografía japonesa del siglo XX, que todavía es cultivada por fotógrafas actuales de aquel país. Realizadas en Nakanojō, en la región montañosa de la isla de Honsu, la principal del archipiélago nipón, nos muestra un entorno natural de suaves montañas y abundante bosque. Pero a la vez, las intervenciones que sobre el terreno realiza el ser humano, las cicatrices que deja en la tierra. O los árboles que son modelados y esculpidos para ornamentar los jardines y las calles de las poblaciones. Es un libro con una clara sensibilidad medioambiental, que viene a reivindicar la necesidad de una convivencia armónica entre el ser humano y el medio natural.
El libro se compra a través de Art Paper Editions, desde Bélgica. Y es una edición limitada de 500 ejemplares, que vienen acompañados por una lámina de una de las fotografías de la autora, a elegir entre tres, pero en color. No en blanco y negro. Mi copia es la 390/500, y elegí un paisaje cerrado de un bosque vestido con sus colores de otoño. Lo solicité al mismo tiempo que el otro y me llegó,… antes de ayer. Un mes y tres semanas después. Atentamente, desde la editorial me advirtieron que el servicio de correos belga estaba con una huelga de una semana… pero es que el retraso ha sido muy superior. El cartero que me lo trajo a casa me dijo que llevaban un retraso de dos o tres días en el reparto. Tres día, más una semana de huelga, más una semana de tardanza habitual… aunque me queda un mes en el que el libro ha estado pululando en el agujero negro de los lamentables servicios de correo actuales.
Oye,… pues aún me he extendido en esta entrada más de lo que pensaba…
Hace no mucho tiempo vi en casa la película japonesa Hakase no aishi ta sūshiki [博士の愛した数式 ], cuyo título en castellano es La fórmula preferida del profesor, bastante fiel al original. La encontré en Youtube en versión original subtitulada en inglés, aunque ahora no la localizo para enlazarla. Tal vez tuviera algún problema de derechos de exhibición y la han retirado. En cualquier caso, la película dirigida por Koizumi Takashi me gustó. Es una película de buenos sentimientos, con una historia sencilla, pero no simple, que te acaba dejando con buen rollo. Supe en ese momento que se basaba en una novela de Ogawa Yōko, una escritora de cierto prestigio en el País del Sol Naciente. Y pensé que igual sería buena idea leer algo de esta escritora, varias veces premiada en su país.
¿Qué puede haber más ilusionante que la llegada de un bebé a una familia? Mmmmm… parece que Ogawa piensa que en las circunstancias actuales, la alienación que las rutinas cotidianas que en las mujeres jóvenes produce la sociedad actual, la cosa puede ser otra cosa distinta de los «ilusionante»…
Pero no opté por leer la versión literaria de la historia del película; decidí leer algo distinto. Una pequeña novela en forma de diario. De hecho, el título original de esta novelita es Ninshin karendaa [妊娠 カレンダー], que se traduciría más bien como el diario de un embarazo o el calendario de un embarazo. En él, una mujer joven, que vive con su hermana mayor y su cuñado, va recogiendo los sentimientos y las reflexiones que surgen con motivo del embarazo de su hermana, pasando por las distintas fases del mismo. Los miedos iniciales, la mala época de las náuseas y los vómitos, el momento de comer y engordar, y los momentos finales… en los que la cosa termina…
Por lo que he leído, el título original de la novela indujo a muchas mujeres gestantes japonesas a leerlo… con ilusión. El problema es que, lejos del buen rollo y los buenos sentimientos que desprende la historia que he comentado al principio, en la narración de la protagonista hay una ausencia total de empatía hacia su hermana. Hermana que tampoco es precisamente un ejemplo de gestante «radiante» y feliz.
Los sentimientos positivos que rodean a una gestación están completamente ausentes, y estamos ante una actitud absolutamente cínica, e incluso nihilista, ante el hecho. Hay momentos en que la situación alcanza situaciones grotescas, como cuando empieza a nutrir a su hermana gestante a base de confitura de pomelo americano… que «según dicen» está contaminado con agentes potencialmente teratógenos. Es decir, aun en un ambiente de completa normalidad cotidiana, llega a haber un punto de terror y psicopatía mezcladas en las conductas de las protagonistas de esta historia.
Con un final abierto, y muy inquietante, o es difícil ver en esta historia de aparente banalidad cotidiana en su planteamiento, una crítica a la alienación de las mujeres jóvenes, con trabajos escasamente interesantes, poco estimulantes, con poco tiempo para la relación social, viviendo con la familia, la cual tampoco anda sobrada de alegrías reales, produciendo esa ausencia de sentimientos y ese nihilismo vital, que es tanto más llamativo cuanto más ilusionante es a priori las circunstancias que lo rodean. A mi me dejó relativamente impactado, porque no me lo esperaba así. Pero reconozco que me gustó, y me parece muy recomendable. Aunque no apto para gestantes ilusionadas y sus familias.
Tengo pendiente de reclamar un par de libros de fotografía que me deberían haber llegado y no lo han hecho. Los servicios de correos son una lástima y una catástrofe en el mes de diciembre. Pero mientras tanto, vamos con un par de libros que he adquirido esta semana para regalarme por reyes. Empezaré por el más pequeñito.
A todos los efectos, para el libro de Magnum sobre China, Taiwán forma parte de la historia china del siglo XX. Así que nos daremos una vuelta por la capital de la isla Formosa, Taipéi, y sus alrededores.
… ismos para entender la fotografía
Publicado por Turner Libros y con la autoría de Emma Lewis, una de las conservadoras de la Tate Modern en Londres, este librito pretende ser un resumen organizado de las distintas tendencias que han surgido en la historia de la fotografía. Los «ismos» es un término que apareció en la historia del arte con las vanguardias de los siglos XIX y XX; véase impresionismo, expresionismo, cubismo, conceptualismo, surrealismo,… Y si bien nos hemos acostumbrado a su uso en otras disciplinas artísticas, no siempre han estado claros o correctamente usados en el mundo de la fotografía, especialmente por los diferentes usos de la misma, desde la llamada fotografía vernácula por los anglosajones, la de todos los días, la cotidiana, hasta la fotografía considerada como una de las bellas artes, pasando por su uso documental o testimonial. Usos no presentes en otras disciplinas artísticas y que han motivado el eterno debate sobre si la fotografía es o no una de las bellas artes.
Disponiendo como dispongo de una amplia biblioteca de libros sobre fotografía, no me aporta realmente conocimientos nuevos este libro. Pero sí me permite tener un librito de consulta rápida, que me puede venir bien para la redacción de textos u preparación de otras cuestiones. Y sí que será de gran utilidad para quien quiera iniciarse en la historia de la fotografía y quiera tener un texto por el que navegar por la misma con cierta facilidad.
Magnum China
Editorial Blume publica en castellano el nuevo tocho, porque es grandote y pesadote, que la agencia Magnum Photos ha comercializado sobre el trabajo de sus fotógrafos en China, a lo largo de toda la historia de la agencia e incluso antes, pues como indica el subtítulo Nueve décadas de su historia, las fotografías abarcan toda la época republicana del gigante asiático, que se remonta a 1912, aunque empieza con fotografías relacionadas con la Segunda Guerra Sinojaponesa, a partir de 1937 o 1938. Lo cierto es que eso son más bien ocho décadas… tendré que revisar bien el libro para ver si hay fotografías anteriores.
Los editores del libros son el fotógrafo británico Colin Pantall (instagram) y el editor chino Zheng Ziyu. Y el enfoque es cronológico. La nómina de fotógrafos cuyas imágenes forman parte del libro, demasiado extensa para relatarla aquí, aunque hay muchos ilustres de la agencia.
El libro da para muchas horas de contemplación y lectura, tanto de los textos como de las fotografías, por lo que apenas he empezado a escarbar. Indudablemente será una amplia fuente de conocimientos sobre fotografía y sobre la historia reciente de China, ayudándonos a comprender tan complejo país. Y sobretodo, levantará curiosidad e inquietudes para aprender en otros sitios las carencias que un libro orientado a la fotografía tenga.
Es muy recomendable, aunque es fácil comprender el principal debe de un libro de estas características. La visión será fundamentalmente occidental. Los fotógrafos chinos no han sido frecuentes en la agencia hasta recientemente. Y hubo fotógrafos que hicieron un trabajo importante hasta en los tiempos más difíciles de la Revolución Cultural. Siempre recordaré lo que me impresión allá por el 2005 la exposición que vimos en Zaragoza, en la Casa de los Morlanes, del fotógrafo Li Zhensheng. Y que pude volver a ver en Londres en 2012.
Es muy recomendable, aunque es fácil comprender el principal debe de un libro de estas características. La visión será fundamentalmente occidental. Los fotógrafos chinos no han sido frecuentes en la agencia hasta recientemente. Y hubo fotógrafos que hicieron un trabajo importante hasta en los tiempos más difíciles de la Revolución Cultural. Siempre recordaré lo que me impresión allá por el 2005 la exposición que vimos en Zaragoza, en la Casa de los Morlanes, del fotógrafo Li Zhensheng. Y que pude volver a ver en Londres en 2012.
Hoy voy en modo comparativo. En las últimas semanas he leído dos libros, una novela y una novela gráfica, que nos han llevado por las vivencias de dos niñas/adolescentes durante la Segunda Guerra Mundial. Su tono y consecuencias son muy diferentes, pero está bien comprobar las distintas visiones que se pueden plantear ante un mismo fenómeno. Tan diferentes como las vivencias de las personas que las sufren.
La ladrona de libros
Libro del australiano Markus Zusak, publicado originalmente en 2005 y que se convirtió en un éxito de ventas, que impulsó el estreno en 2013 de una película basada en él mismo. Que no he visto.
Múnich, culta, cosmopolita, católica, las esencias de Baviera, los Biergärten,… pero también la cuna del nazismo, o la de los parques en las colinas formadas por los escombros de los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. Lo ideal para ilustrar la entrada de hoy, una de cuyas historias transcurre a sus puertas.
Inspirada por las vivencias de sus padres durante el conflicto mundial, aunque entiendo que en modo alguno es biográfica, el libro nos cuenta los años de guerra de la joven Liesel Memminger, hija de un matrimonio de represaliados por motivos políticos en la Alemania nazi, y que es acogida por un matrimonio ya mayor en la población ficticia de Molching (hay un Olching en la zona, que cuadraría geográficamente con la ciudad ficticia), en las afueras de Múnich y cerca del infame campo de concentración de Dachau. No sólo es la historia de Liesel, sino también de todos aquellos que conviven con ella en el barrio pobre de la población. De sus padres adoptivos, de un refugiado judío, de sus mejores amigos,…
Uno de los aspectos más notables del libro es que está narrado por la Muerte. Un ente que hace su trabajo, que nos cuenta la historia como si la hubiera leído escrita por la propia Liesel, pero que no carece de sentimientos hacia las almas que se lleva. Por lo tanto, la Muerte no aparece como un ser deshumanizador. Este papel se lo llevan los fanáticos que llevan a su país y a Europa a la catástrofe. Y que están ahí presentes continuamente.
Los temas que trata el libro son diversos. Las consecuencias de los fascismo, por supuesto, tan importante ahora que se ve un repunte preocupante de estas ideologías. Aunque muchos de sus votantes crean, puede que sinceramente, que son otra cosa distinta. Grave error que pueden sufrir algún día. Pero también habla del poder de las palabras, especialmente las escritas. De los pequeños (o grandes) actos de solidaridad. Y de la tremenda realidad de que las guerras nunca son justas y que en muchas veces castigan con más dureza a los inocentes, a quienes no las quisieron, ni las buscaron, a quienes se supone hay que liberar de la tiranía. No hay ejércitos buenos y malos. Perversos son los alemanes nazis. Pero perversos son los bombarderos aliados que matan a decenas de miles de personas en un ataque aéreo, la cuarta parte de ellas niños, como sucedió en Hamburgo, o que sueltan sus bombas indiscriminadamente sobre los hogares de quienes más sufren.
Clasificado habitualmente como literatura juvenil, por la edad de su protagonista probablemente y algún otro factor. No es una historia complaciente, y es perfectamente válida sin reparos para la lectura por adultos de cualquier edad. Aunque tiene ciertas miras en sus formas de los típicos productos prefabricados anglosajones, lo cierto es que consigue trascender a esto y configurarse con personalidad propia, siendo bastante recomendable.
La guerra de Catherine
Catherine se llama Rachel. Y es una niña/adolescente judía que es recogida tras la caída de Francia en 1940 en la Maison d’enfants de Sèvres al perder a sus padres, cuyo paradero se desconoce. Vemos paralelismos con el libro anterior. Allí se integrará en el ambiente abierto y cordial de la casa, y aprenderá ha realizar y procesar fotografías. Pero las políticas antisemitas obligarán a la joven a ser desplazada por toda Francia, de un hogar-refugio a otro, bajo una identidad encubierta. Acompañada eventualmente por otros refugiados y, siempre, por la Rolleiflex, la cámara que «Pingüino», uno de sus profesores en Sèvres le regala antes de irse.
Escrita por Julia Billet, basada en las vivencias de su madre, sin ser tampoco biográfica, es ficción, otra cosa en común con el libro anterior, e ilustrada por Claire Fauvel. Al contrario que en la anterior, aquí la propia protagonista es la narradora de la historia, y el enemigo aparece siempre como una amenaza que está cerca, pero pocas veces presente. Incluso cuando se materializa es para dar la visión optimista de que incluso entre los alemanes hay tipos decentes. El tono es en general más optimista, aunque no dejan de suceder pequeñas (o grandes) tragedias a lo largo de los años en los que se extiende el conflicto y la historia de Rachel/Catherine.
El tono es en general optimista, puesto que la historia resalta más la solidaridad de las gentes que van acogiendo y ayudando a Rachel/Catherine que las amenazas. Como ya he dicho, estas existen, sea bajo la forma de los propios alemanes, pero frecuentemente bajo la identidad de los propios colaboracionistas y fascistas antisemitas franceses, que delatan a los refugiados. Es tradición en la historiografía y en la ficción francesa el «vender» más su condición de resistentes, que la amplia colaboración de sectores de la población con el ocupante. Este es un debe de la cultura y la sociedad francesa, que se paga con el auge que también tienen en ese país las ideologías de extrema derecha xenófoba. Deberían hacer un poquito más de reflexión, reconocimiento de culpas y catarsis nacional, sobre el papel real de Francia a la hora de desencadenar las dos guerras mundiales y el papel dentro de las mismas.
En cualquier caso estamos ante una entretenida historieta, que se puede recomendar sin problemas. Especialmente a los que además sean amantes de la fotografía. Porque, ¿a quién no le gustaría tener la sensibilidad de Rachel/Catherine para encuadrar los importante con una Rolleiflex e época? ¿saber evaluar la luz sin necesidad de ayudas externas? ¿saber cuándo hacer la fotografía y cuando no? ¿saber cuáles son los motivo importantes cuáles los banales? Y la importancia de los reflejos y la luz reflejada.
Mmmmmmm… 🎼Noche de paz, noche de amor,… 🎹Es lo que toca hoy, ¿no? Pues entonces que mejor que comentar y recomendar un libro de cuentos «de amor». ¿De amor? Puede. Indudablemente, en alguno de ellos hay amor. O algo.
Quien imagine estos relatos de Jun’ichirō Tanizaki en clave de historias románticas, pues no va exactamente por ahí. Y menos de las romanticonas, con exceso de azúcar, propensas a la diabetes emocional. Tanizaki, en su juventud, fue un calavera. Le gustaban las mujeres más que a un tonto un caramelo. Frecuentaba la compañía de geishas y otras mujeres de compañía, más o menos depravada esta compañía. La primera de sus tres esposas fue una geisha. Y creo que no le fue especialmente fiel. No recuerdo ahora los detalles. Tanizaki fue el típico joven moderno y desmadrado que en su madurez tendió a lo tradicional y a la seriedad… dentro de unos límites. Que cierto gusto por la ironía y la transgresión le acompañó durante su vida. En cualquier caso, su vida juvenil y tokiota fue muy «entretenida» y moderna, mientras que en su madurez, desplazado a Kioto, optó por las tradiciones niponas. Pero sin abandonar su afición a lo escabroso.
Para ilustrar la entrada de hoy, nos daremos un paseo por las salas del Museo Nacional de Tokio; donde encontramos bellos ejemplos del arte tradicional nipón.
Y estos cuentos de amor, algunos de ellos por lo menos, han sido calificados por algunos como perversos. Lector y admirador de Sade, en ellos son frecuentes los hombres que se pierden por sus pasiones o las mujeres fatales que arrastran a los hombres a dicha perdición. No faltan la filias sexuales y transgresiones más diversas. Y también hay lugar a alguna historia de amor, que van desde las fatales hasta las costumbristas y cómicas. Siendo todos los cuentos de buen nivel, con ciertos altibajos como es de imaginar en toda recopilación, hay algunos de ellos muy bellos. Quizá el más notable sea El segador de cañas, que a mí me ha maravillado y me supo a poco. Y en el que realmente hay una historia de amor profundo, aunque retorcido. El más famoso, no obstante, es Los pies de Fumiko, que yo ya había leído y comentado en estas páginas. Uno de los relatos fetichistas más celebrados de la literatura universal.
Si ayer comentaba que en la película Roma, del mejicano Cuarón, la narración no se avenía al esquema de la narración tradicional occidental, con su presentación, nudo y desenlace, aun más se marca esta tendencia en no pocos de los cuentos de Tanizaki, puesto que es algo que se da en la literatura de las culturas orientales. Entramos directamente en situación desde la primera línea y, cuando termina el relato, se nos queda la sensación de historia inacabada. Pero yo siempre he encontrado esta forma de relatar muy estimulante. Queda abierta a la imaginación del lector el antes y el después. Cada lector puede generar en su mente su propio relato y, por lo tanto, el relato no será el mismo para dos personas que lo lean.
Seguiré leyendo a Tanizaki en un futuro. Me gusta. Me divierte. Me enseña su cultura y sus referentes. Puede trasladarnos pasajes de gran belleza. Y no carece de sentido del humor. Muy recomendable.