[TV] Animación japonesa para las vacaciones

Televisión

La rutina de estas vacaciones ha sido muy sencilla. Viajamos dos personas. Llevamos muchos viajes a cuestas juntos, y nos entendemos bien. Bien sea porque somos gente conformada y poco maniáticos cuando salimos de casa, bien sea porque nuestras manías se acoplan bien entre sí y viajamos con buen rollo. Pero eso sí, con el tiempo, sin hablarlo en exceso hemos establecido rutinas viajeras.

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El mundo de los «otaku» en Akihabara, Tokio.

Salvo algún día aislado, no nos vence la pereza. A las ocho de la mañana estamos en pie. A veces antes, si conviene para lo que queremos visitar. Nunca nos marcamos muchos objetivos para cada día. Una visita en la mañana, otra después de comer y otra para la tarde. A veces se resumen en dos. Solemos adaptarnos a las costumbres del país. Comemos y cenamos pronto. Comidas al mediodía ligeras, las cenas según toque. Después de cenar nos relajamos tomando algo donde nos pille, conversamos sobre el día y hablamos del día siguiente. Como solemos buscar algún lugar con acceso a internet, subo algunas fotos, que es mi forma de decir a mi gente que estoy bien. Y luego nos vamos a dormir, no muy tarde. Ahí ya, cada uno a su bola, mientras relajas los músculos para conciliar el sueño, vemos algún episodio de vídeo bajo demanda en las tabletas, en Netflix o Amazon Prime. Y para esto, la animación japonesa, con episodios de unos 22 minutos de duración es ideal. Duran poco, no te hacen pensar mucho, y cuando terminas, a dormir. A lo tonto modorro he visto unos cuantos.

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Ansatsu kyōshitsu [(暗殺教室] (Assassination Classroom) es una serie de animación de la que ya vi la primera temporada en Netflix hace un tiempo. La premisa es curiosa. Un alien amenaza con destruir el mundo en el plazo de un año. Mientras, se presta para ser el profesor de una clase de enseñanza secundaria a adolescentes de 15 años. Es la clase de los «torpes» de un elitista instituto privado. Pero el gobierno encarga a estos adolescentes que antes de que acabe el año tienen que asesinar a su profesor. La primera temporada me pareció muy divertida. Tenía algo de mala leche, e incluso algún puntito transgresor que me gustaron. Pero pasaba el tiempo y no aparecía la segunda temporada. Me enteré en junio, en Suiza, que en algunos países sí que estaba disponible. Pero en el país helvético estaba sólo en audio japonés o alemán, con la posibilidad de subtítulos en alemán. En Taiwán, la encontré con posibilidad de subtítulo de lo que llaman español latino… es decir con modismos propios de Centro y Sudamérica. Me vale. La descargué y la fui viendo. La segunda temporada no está mal, pero pierde esos puntos de mala leche y transgresión,… y ya no es lo mismo. Menos adulta, más para adolescentes. En fin… serie terminada. No está mal en su conjunto de todos modos.

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En Amazon Prime encontré Wotaku ni koi wa muzukashī [ヲタクに恋は難しい] (Wotakoi; el amor es difícil para un otaku). Está dirigida a un público más adulto. Y son poquitos episodios. La serie le da una vuelta al concepto de otaku, que es como se denomina a las personas que viven inmersas en sus aficiones como los videojuegos, la lectura de manga, de novelas rosas, el anime, el cosplay, u otras aficiones similares. Al sumergirse intensamente en su afición, se suele asumir que son personas con pocas relaciones sociales o con dificultad para las mismas. La serie explora dos parejas, compañeros de trabajo en una misma empresa, que intentan compaginar sus aficiones otaku con sus relaciones afectivas. La serie es simpática, no me parece que tenga excesivas pretensiones, pero consigues empatizar con algunos de sus personajes. Aunque otras cuestiones, culturalmente te suenan excesivamente extrañas. En cualquier caso, es entretenida y cumplió con su misión en el ámbito del viaje que he señalado. Esta la vi más, una vez descargada, en momentos muertos en aeropuertos y estas cosas.

Hubo otra serie a la que también le di alguna vuelta en Netflix… pero que no me parece que merezca la pena un comentario.

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[Libro] La biblioteca del capitán Nemo

Literatura

Adquirí este libro del sueco Per Olov Enquist a principios del mes de septiembre, y lo estuve leyendo durante la primera quincena de ese mes, con una pequeño interludio para «merendarme» el cuento de Auster que os comentaba la semana pasada. Está publicado por Nórdica Libros, una editorial de la que he leído en su momento a varios autores, con un nivel de satisfacción alto. Además, cumple con la misión de acercarnos literaturas del mundo que de otro modo tendrían difícil encajen en los intereses comerciales de los grandes grupos editoriales. Y para que quede claro, en la literatura de los países nórdicos hay mucho más que asesinatos y detectives en ambientes inhóspitos.

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La región donde transcurre la acción de la novela está más al norte que la universitaria ciudad de Upsala; pero yo no he ido más allá de esta, que me servirá para ilustrar la entrada.

Enquist es, además de novelista, periodista y dramaturgo. Es un autor muy premiado en su país y en los países nórdicos. Ha sido propuesto en alguna ocasión al Nobel, y en general está muy valorado. Por cierto, para que no nos líemos… Los países nórdicos incluyen a Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia, Islandia, Groenlandia y las islas Faroe, así como diversas dependencias más o menos autónomas de los anteriores. Los países escandinavos,… aquí hay menos coincidencias. En general, hay acuerdo en que son Suecia y Noruega, los dos países que forman la Península escandinava; muchos suman a estos Dinamarca, que aunque no está en dicha península, es un reino que tiene su origen en la misma, y mantiene unos lazos muy estrechos con los otros dos.

Enquist nos cuenta una historia compleja, contada por un adulto pero con los ojos y la mentalidad del niño que fue. Situada temporalmente en los años de la guerra mundial, que no afectó directamente al territorio sueco, país neutral, físicamente nos encontramos en una de las regiones en el norte del golfo de Botnia, en Suecia. En una comunidad pequeña, agrícola, fuertemente conservadora, muy dominada por la religión luterana que dicta los usos y costumbres de la comunidad. Allí, tras un proceso judicial, se dictamina que dos niños fueron intercambiados tras el nacimiento, y que deben ser reincorporados a sus familias de origen. Pero una familia es próspera, con una sólida presencia en la comunidad, y la otra muy pobre, y afectada por la condición mental de la madre. El niño protagonista es el que viviendo en la familia próspera, es desarraigado y llevado a vivir con los pobres. A partir de ahí se generará un drama entre los dos niños, y una joven que es acogida en la familia próspera, mayor que ellos, pero que ineludiblemente atraerá a los dos jovencitos.

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La novela es dura. La mente del narrador continuamente vuelve y regresa a los mismos conceptos y a situaciones similares, pero marcando pequeñas diferencias que permite que el lector poco a poco tome conciencia de lo sucedido en esa pequeña comunidad. Una serie de enigmas cuya raíz está en la hipocresía de la moral cristiana, intransigente y carente de piedad. Especialmente para aquellos con menos capacidad para defenderse por sí mismos, y que se ven obligados a vivir bajo las normas rígidas y arbitrarias de otros.

No es una lectura fácil, pero si apasionante si te dejas arrastrar por el ambiente. Un ambiente a veces opresivo, a veces abierto y liberador. Con una escritura llena de metáforas y referentes externos, que nos habla básicamente de la intransigencia ante la diversidad. A mí me vale.

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[Recomendación fotográfica] Vienen de Asia

Fotografía

Quizá no dedique mucho tiempo hoy a unas cuantas recomendaciones fotográficas que tengo recopiladas y que pueden venir bien para pasar un rato del domingo. Aunque si sigue mejorando el tiempo como ayer, lo mejor que se puede hacer este domingo es salir a disfrutar del día. Por lo menos aquí en Zaragoza. Con temperaturas máximas de 23 ºC y con un día fundamentalmente soleado… dime tú.

En cualquier caso, las recomendaciones de este domingo vienen principalmente de Asia. Así, por ejemplo, en Dazed nos presentaban hace unos días una lista de cinco fotógrafos chino del mundo de la moda que merecían que les prestásemos nuestra atención. La lista la conforma los siguientes, respetando el orden de los nombres chinos en los que el apellido va delante. Aunque en algún caso tienen nombres «artísticos» occidentalizados.

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Parece razonable ilustrar la entrada de hoy con imágenes de las populosas calles de Taipéi, la capital del país no oficial de la República de China, o Taiwán.

Zhang Jiachen (Leslie Zhang) (Instagram)

Wang Ziqian (Instagram)

Zeng Wu (Instagram)

Luo Yang (Instagram) Quizá el más interesante por su cuestionamiento, en trabajos más personales, de los estereotipos sobre la mujer china, proclamando la diversidad y la evolución de la sociedad y las mujeres chinas, incluida su sexualidad.

Jin Jiaji (Instagram) El más variado en su cuenta de Instagram, con naturalezas muertas y procesos mixtos, además de las fotografías de moda propiamente dichas.

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Cada uno de estos fotógrafos tiene su propio estilo, aunque se percibe rasgos comunes generacionales, especialmente en lo que se refiere a romper con los cánones tradicionales del género. Yo no soy muy aficionado a la fotografía de moda, pero cuando se sale de los esquemas más comerciales y ofrece algo más que chicas guapas y vestidos o accesorios bonitos, puede ser tan interesante como la que más. Ni qué decir tiene, como ya habréis deducido, que el que más me ha interesado es Luo Yang, que creo recordar que ya lo había mencionado en alguna ocasión.

Tengo también una fotógrafa japonesa, Sasaki Yukari (Instagram), también aquí respeto el orden oriental con el apellido delante, que me ha aparecido en pocos días en dos sitios. Por un lado en Cada día un fotógrafo/Fotógrafos en la red, y por otro lado en el hilo de noticias de la revista VoidTokyo, colectivo al que pertenece.

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Sasaki me ha llamado la atención más por algunas de sus fotografías que por la mayoría de ellas. Es una fotógrafa documental que se dedica a registrar lo que sucede en las calles de la capital nipona, como el conjunto de los miembros del colectivo al que pertenece.  Pero aquí y allá, entre las típicas instantáneas de gente con más o menos máscaras antipolución en las zonas más populares de Shibuya, Shinjuku, Ginza,… o en el metro o la línea Yamanote, encontramos alguna fotografía que destaca por su atención al detalle o por salirse de la corriente general. Trabaja con compactas digitales con objetivo de focal fija gran angular, cámaras discretas y eficaces para la fotografía documental callejera.

Finalizaré recomendando un artículo que apareció recientemente en Magnum Photos en el que hace un repaso de los 80 años de actividad de los fotógrafos de la agencia en China. Desde los primeros reportajes de Capa o Cartier-Bresson, hasta los más recientes de Ian Berry, Olivia Arthur o Carolyn Drake, por mencionar algunos. Pero hay muchos entre medio, muy prestigiosos, y con fotografías de gran calidad. Y si alguien se quiere regalar con una copia en papel de calidad, lo puede hacer… por moderados precios que van de los 1.600 dólares por una fotografía de Ian Berry a los 5.500 por otra de Steve McCurry. Esta última es más espectacular, pero la de Berry me parece más auténtica.

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[Cine en el aire] Horas de avión y cine asíatico… y francés.

Cine

Esta semana teníamos que haber ido al cine a ver la enésima versión de una historia infinitas veces contada en cine y televisión. Sí, la de la estrella incipiente y el mentor alcoholizado. No es que me haga mucha ilusión, pero como auguran todo tipo de premios a una cantante metida a actriz, hay que comprobarlo. Pero me puse malito el único día que podíamos ir a verla. De hecho, hasta tenía la entrada comprada por internet, que perdí. Así que este sábado voy a hablar de cine pero de otra forma.

En mi reciente viaje a Taiwán, volamos con Emirates, con escala en Dubai. Lo que supone en total cuatro vuelos. Dos de siete horas entre Madrid y Dubai, o viceversa. Dos de ocho horas entre Dubai y el aeropuerto internacional de Taoyuan, y viceversa. Estos últimos fueron nocturnos y nos forzamos a dedicarlos a dormir para minimizar los efectos del jetlag o descompensación horaria. Pero por el mismo motivo, los vuelos diurnos nos obligamos a permanecer despiertos. Y qué mejor para ello que engancharse a la variada oferta de películas que ofrece la línea aérea. Yo opté por el cine asiático, salvo una excepción.

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El buen sabor que me dejó la película coreana me hace optar por fotografías de este país, de Busan, con bosques, para ilustrar esta entrada con cine predominantemente asiático.

Comenté hace unos días ya la película coreana, Little Forest, protagonizada por Kim Tae-Ri, dirigida por Soon-rye Yim, y que me dejó muy buen sabor de boca. Un encanto esta actriz, y muy majica esta adaptación de una historieta japonesa. Veamos que más… Me enterado que tiene versión anterior nipona, dividida en dos películas, pero de momento no me ha entrado la curiosidad. La película que vi ya me pareció bien tal cual.

Del resto, repartido entre la acción real en vivo y la animación.

Una película ya la había visto, Kono sekai no katasumi ni [この世界の片隅に] (En este rincón del mundo), y es una película que cada vez gana más en mi recuerdo y en mi valoración. Ese año tuvo que competir con el éxito de taquilla de Makoto Shinkai que acaparó la atención de la mayor parte del público, pero en estos momentos estoy convencido que este delicado drama de Sunao Katabuchi es superior.

Me interesó enseguida Summer Wars de Mamoru Hosoda. Este director es responsable de dos película que me gustan muchísimo, una fantastico-familiar y otra con viajes en el tiempo, muy dinámica y entretenida, así como de haber participado en una serie de animación para televisión que me parece buenísima, y de la que ya os hablé. Estas aventuras fantástico-cibernético-familiares no están a la misma altura, pero son muy entretenidas. Se dejan ver muy bien.

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Más frío me dejó Sayonara no asa ni yakusoku no hana o kazarō [さよならの朝に約束の花をかざろう] (Maquia: When the Promised Flower Blooms) de Mari Okada. Drama fantástico sobre las relaciones maternofiliales, que carga con un exceso de melodrama, y que entra directamente en la categoría de cine-cebolla, destinado a estimular los lagrimales del personal. No está mal… pero no es prescindible. Su directora es una de las guionistas más prolíficas en el cine de animación nipón. Pero claro,… cantidad no es lo mismo que calidad.

También procedente de una adaptación a una historieta está la última de las películas que vi. Buscando ya algo intrascendente, que si no me daba tiempo a terminar porque llegábamos a Madrid antes de que finalizase, no me importase. Y así me vi una película de acción real, con actores de carne y hueso, Tonari no kaibursu-kun [となりの怪物くん] (My little monster, en realidad se traduce, como «el monstruo a mi lado», porque se sienta junto a la protagonista en clase). Dirigida por Shō Tsukikawa, es un drama romántico de instituto como tantos muchos, aunque tiene bastante dignidad, y se deja ver sin que chirríe nada. Prescindible también, pero no molesta.

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También en acción real, Inori no maku ga oriru toki [祈りの幕が下りる時] (The Crimes that Bind, en realidad se traduce como «cuando cae el telón de la plegaria»). Dirigida por Katsuo Fukuzawa, es una entretenida película policiaca, razonablemente bien interpretada, a la que como principal problema se le puede poner que tiene unas cuantas trampas de guion, de esas que hacen que una película policiaca pasé de ser buena a normalita o del montón. No merece mucho más comentario.

Y terminaré con la única película que no venía de oriente. Se trata de la película francesa Madame Hyde de Serge Bozon, protagonizada por Isabelle Huppert. Recientemente estrenada en nuestro país, ha durado poco en cartelera, y la verdad es que no recibió buenas críticas. Pero tenía curiosidad por ver a la Huppert trabajando. Su papel es el de una profesora de un instituto de formación profesional que es una calamidad, y que no consigue hacerse con sus alumnos, un grupo complejo de los suburbios de una ciudad francesa no determinada (está rodada en Lyon). Un día, Madame Géguil (que se pronuncia como en inglés Jekyll) recibe una descarga eléctrica y su personalidad se desdoblará impulsando cambios en su docencia. La verdad… un poco tostón. Estuve a punto de abandonarla varias veces, y en alguna ocasión no me enteré bien de lo que pasaba porque es una película que tendía a expulsarme de la misma. ¿El peor trabajo que le he visto a la Huppert? Tal vez no sea culpa suya, pero sí.

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[Recomendación fotográfica] Despidiendo a Ara Güler (1928-2018) e Inge Morath en España

Fotografía

Me percaté ayer del fallecimiento del fotógrafo turco de origen armenio Ara Güler (1928 – 2018) mientras me desplazaba por mis suscripciones en Tumblr. De repente, me encontré con una entrada de How to see without a camera con unos cuantos retratos del fotógrafo, a distintas edades, posando con sus Leicas. Bueno… también con un teléfono móvil moderno. Venían las fotos con un escueto «RIP Ara Güler»; desconozco si el «RIP» es por requiescat in pace o por rest in peace. Pero es lo mismo; sit tibi terra levis, que la sierra te sea leve, amigo Ara, epitafio tradicional de la Roma republicana y precristiana. Unas horas más tarde, Magnum Photos daba la noticia del fallecimiento de quien fue uno de sus más destacados miembros, aunque quizá no tan conocido como otros.

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Con un tono crepuscular y algo melancólico, unas cuantas fotos de hace unos días en el ocaso en Zaragoza.

Tengo un libro de Güler dedicado a Estambul, o más bien dicho a la vida en las calles de Estambul. Güler era un fino fotógrafo documental, con gran dominio de la luz y con gran capacidad para reflejar el detalle significativo en sus fotografías, despojándolas de lo superfluo. Siempre con un tono que nos lleva más a pensar en una ciudad laboriosa, pero melancólica, más que la ciudad luminosa y mediterránea que en otras ocasiones se nos quiere transmitir. También pude contemplar algunas de sus fotografías en el 2010 en la ciudad húngara de Pécs, en una exposición sobre fotógrafos turcos en el marco de la capitalidad cultural europea que esta ciudad ostentó durante aquel año. En cualquier caso, es uno de los fotógrafos que cualquier fotógrafo documentalista, de los que ahora un poco pedantemente se denominan así mismos siempre en inglés como street photographers, debiera conocer. Especialmente para que entiendan que uno puede reflejar la realidad de las calles y el espíritu de quienes las habitan sin ser intrusivo, sin soltar flashazos a diestro y siniestro y sin ir asustando al persona plantándole la cámara a un palmo de la nariz. Muy elegante en sus composiciones.

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Para que todo no sea fúnebre, aprovecharé para comentar otra publicación reciente en Magnum Photos, en esta ocasión dedicada a Inge Morath. También fotógrafa documental, también asociada a la famosa agencia de fotografía, es una de mis fotógrafas favoritas, por lo que la menciono frecuentemente en mis recomendaciones fotográficas. Y en esta ocasión, me viene al pelo porque es la primera vez que la menciono en relación con su trabajo en España. Aprendiz de Cartier-Bresson con quien mantuvo una relación que fue más allá de lo profesional hasta que la fotógrafa se casó con Arthur Miller en 1962. Y como aprendiz de Cartier-Bresson viajó con él por el mundo. También España, un país en el que ambos realizaron abundantes y significativas fotografías, que muestran la visión que los ajenos al país tenían de ese país gris que era el del franquismo de posguerra. Sin que eso signifique que la visión de Morath fuera pesimista o deprimente. Al contrario, no dudó en fotografiar los momentos de alegría, de fiesta, o a retratar personas dando lo mejor de sí mismas. Y no le faltaron pretendientes españoles a la fotógrafa austriaca, que aunque siempre la vemos austera y sencilla, no debía carecer de atractivo ni mucho menos. En cualquier caso, como he dicho, en 1962 se casó con Arthur Miller, tras el divorcio de este de Marilyn Monroe. Y si Miller estuvo algo más de cuatro años con Marilyn, lo estuvo después durante cuarenta con Morath… hasta el fallecimiento de esta. Ya lo decía la canción, «que no hay que llegar primero sino que hay que saber llegar«.

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[Cine] Cold War (2018)

Cine

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Cuando volví de viaje el miércoles de la semana pasada, al repasar algunas novedades y noticias del mundo del cine, caí en la cuenta de que se había producido el estreno de algunas películas altamente prometedoras. Es cierto que alguna, por bombo y platillo que se le esté dando, da un poco de pereza. Ver la «enésima» versión de una historia ya no-sé-cuántas veces contada, y encima a ritmo de música pop actual, no motiva en exceso. Aunque tarde o temprano habrá que ir a verla para certificar o criticar ese bombo y platillo. En cualquier caso, para el retorno a las salas de cine, elegimos una sesión tempranera, antes de que el paso de la tarde sufriera las consecuencias del jetlag, y volviendo al cine europeo en blanco y negro.

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Unas cuantas fotografías de los ferrocarriles polacos, en blanco y negro, claro, servirán para ilustrar la entrada. También los trenes tienen su protagonismo en la historia de hoy.

Pawel Pawlikowski sorprendió hace unos años con una película redonda ambientada en la Polonia de la posguerra mundial. Impresionó desde todos los puntos de vista. Y parece que vuelve con buena parte de los mismos ingredientes que aseguraron la calidad de aquella. Para empezar, primorosa cinematografía en blanco y negro firmada por el director de fotografía Lukasz Zal, volviendo al formato 1,37:1, con encuadres atrevidos y muy expresivos. Siguiendo por la época y el lugar, de nuevo la Polonia de la posguerra a caballo entre el recuerdo de los desastres de la guerra y los desastres del nuevo régimen comunista de posguerra. Y terminando por un personaje femenino complejo y potente, una joven que representa en sí misma muchas de las ambigüedades de un país, de una sociedad, de un continente.

Durante casi dos décadas seguimos la evolución en la relación entre el músico, Wiktor (Tomasz Kot), y la joven cantante y bailarina, Zula (Joanna Kulig). Una relación marcada por un atracción y un enamoramiento tan profundos como potencialmente destructivos, que les llevará a un vaivén de acercamientos y alejamientos por la Europa de la posguerra. Una relación de amor y odio que es una metáfora profunda de la propia Europa y sus gentes y su relación con los regímenes y los destinos que a sí mismos se buscan de forma infortunada en demasiadas ocasiones.

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La película no me resultó tan redonda como su predecesora. O el cansancio del viaje no me permitió apreciarla con todo merecimiento. Pero es una película para ver. Ambos protagonistas, y no pocos de los secundarios, están en absoluto estado de gracias. La «no tan joven» Kulig llena la pantalla con cada aparición siendo la representación por excelencia de una feminidad confusa y confundida. La contención de Kot viene que ni pintada para representar el conflicto del hombre que lucha entre su ansia de libertad y su amor por la mujer que es perfecta porque no lo es ni lo puede ser. Que más puedo decir, vayan y véanla.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

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[Libro] Auggie Wren’s Christmas Story

Literatura

Hace ya unas semanas, publicaba una entrada en este Cuaderno de ruta en la que sugería cómo aprender a leer fotos viendo la película Smoke, dirigida por Wayne Wang y Paul Auster, e interpretada por Harvey Keitel y William Hurt. Esta es una de mis películas favoritas, no sólo con temática fotográfica, sino de la historia del cine. Me conmueve de forma extraordinaria.

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Nueva York, cómo no, en una obra de Auster.

Al preparar la entrada, aprendí que esta película fue precedida por una cuento, un relato cortito de Auster titulado Auggie Wren’s Christmas Story, y existe traducido al castellano bajo el título literalmente traducido de El cuento de Navidad de Auggie Wren. Pero si os defendéis con el inglés, y dado que la extensión del cuento es muy pequeña, yo os recomiendo esta. La versión en castellano en formato electrónica está por encima de los nueve euros, mientras que la versión en inglés la podéis conseguir por algo más de seis euros. Ambas me parecen excesivas, porque realmente el cuento se lee en un ratito. Ni en una tarde; menos. Un caso claro de cómo se exceden las editoriales con sus políticas de precios, especialmente en un entorno especialmente protegido para estas empresas, pero que desprotege y desincentiva al lector, como el español y otros países europeos. O si incentiva algo es esa piratería de la que luego tanto protestan, porque hay gente a la que le gusta leer, pero para la que convierten la lectura en un lujo. Una demostración de lo poco que respetan la educación y la cultura la mayor parte de las opciones políticas que dicen representarnos, pero que no.

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El corto relato se divide en dos partes; básicamente reproduce las dos escenas que mencionaba en la entrada de principios del mes de septiembre. Cómo Auggie explica a Paul el porqué de sus fotografías y su significado, y finalmente la historia de cómo consiguió su cámara de fotos. Nada nuevo. Pero me ha agradado mucho leerlas. En ese estilo tranquilo y directo de Auster que cada vez me gusta más.

Consideraría totalmente recomendable la lectura de este cuento si no fuera por su desmesurado precio. Ahí, cada cual verá en qué gasta su dinero. Yo lo disfruté. Los personajes están basados en la realidad. El auténtico Auggie fue el dueño de un bar de jazz de Nueva York que ya cerró, y Paul no es más que un trasunto de ficción del propio escritor.

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[Viajes] Templos, templos, templos… y ritos

Viajes

Antes de entrar en tema de forma detallada, quisiera establecer una serie de hechos.

En primer lugar, las ciudades taiwanesas no son bonitas. Lo que no quiere decir que no sean interesantes. Tienden al caos. A la invasión perpetua del espacio público por la enormidad del número de vehículos, scooters y coches y por los negocios grandes o pequeños que pueblan sus calles. Las aceras han dejado de ser un lugar de paso para ser ocupadas con una serie de trampas constantes para el viandante. Y evidentemente la elevada densidad de población ha llevado a un especulación por el terreno edificable que no favorece la armonía de la ciudad. Pero aquí y allá encontramos los templos; algunos relativamente modernos, otros relativamente antiguos. Y muchos de gran belleza.

En segundo lugar, los viajeros, que somos nosotros, mi acompañante y yo, somos escépticos ante el hecho religioso. Mucho. Lejos de ver las distintas denominaciones religiosas como inspiración de un ser divino o una verdad revelada por un profeta o mesías, las vemos con constructos de la mente humana ante el miedo básico a no ser. A la muerte. A no trascender cuando se acaban nuestros días sobre la faz de la Tierra. Miedos que son aprovechados por una casta religiosa para su propia superviencia. Lo que William H. McNeill en su clásico de los años 70 del siglo XX «Plagas y pueblos» denominaba macroparasitismo de las poblaciones, frente a los microparasitismos de los microorganismos u otros parásitos biólogicos. A partir de ahí, aun con las rivalidades con las que se presentan históricamente, que llegan hasta el conflicto armado, en todas las religiones observamos más afinidades que diferencias.

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Templo de Confucio en Tainán.

Pero tomémonos la cuestión con un sentido lúdico. Porque pasear por los templos de las ciudades taiwanesas y observar las actitudes y las costumbres de las gentes es una lección de antropología en sí misma.

Lo primero en lo que hay que aclararse en la denominaciones religiosas que se dan en Taiwán y en general en China. Existe el budismo, como gran religión difundida por toda Asia. Templos con sus orondos budas, sus monjes pidiendo silencio, y una cierta tranquilidad. En algún caso son los más «fotohostiles», prohibiendo las fotografías de determinados lugares. Para una religión que no teísta, es notable el nivel de idolatría que presentan sus fieles ante las figuras de sus budas y bodhisattvas.

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Templo Fahua, budista, en Tainán.

Después tenemos un par de escuelas filosóficas que han dado lugar a sus versiones religiosas. Por un lado tenemos el confucianismo, con salones para el culto muy sobrio, muy tranquilos, con pocas o ninguna imagen, y abundancia de citas de las analectas de Confucio. Ya sabéis, aquello del «como dijo Confucio…».

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Templo de Confucio en Tainán.

Y luego está lo que las guías llaman templos taoístas. El taoísmo no era propiamente una religión. Impulsada por Lao Tse, es más bien una filosofía de vida. Pero que cuando se ha mezclado con las religiones tradicionales y populares, con el culto a los antepasados, y ha entrado en sincretismo con el confucianismo y el budismo, se ha convertido en un fenómeno religioso de carácter muy popular, donde los elementos de todos los anteriores valen y se integran, y donde gracias a la «inmortalidad» de figuras destacadas, va aumentando el panteón de dioses o inmortales a los que consultar y pedir favores. Sus templos son los más divertidos y animados, y al mismo tiempo, pueden ser muy abigarrados en su decoración. Tanto en sus esculturas, como en sus pinturas.

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Templo de la diosa Matsu en Dajia, un distrito de Taichung. Matsu es una diosa o inmortal, protectora de los marineros y otros gremios. «Cumple» un papel similar a la Virgen del Carmen en la religión católica. Hace tiempo que pienso que el catolicismo, a nivel popular, es un politeísmo disfrazado del monoteísmo que proclaman sus castas religiosas.

Los fieles acuden en gran número a los templos taoístas para perdir consejo o favores a sus dioses. Por ejemplo, en Tainán, donde realizamos la más entretenida, divertida e instructiva ruta por templos de todo el viaje, encontramos el templo de la Señora Linshui, una mujer legendaria que llegó a la inmortalidad, y es tradicional protectora de los niños y las madres. Allí encontramos abundancia de madres embarazadas, abuelas y parejas pidiendo por una maternidad sana y sin problemas. Como ofrendas, a veces, chucherías.

No muy lejos de allí, caminando un ratito, llegamos al templo de Dongyue, deidad a caballo entre la guerra y el ultramundo. Lugar donde hablar con los antepasados fallecidos, o de pedir favores al dios, de quien se dice que nunca los niega. Allí presenciamos todo tipo de ceremonias. Algunas parecidas a exorcismos. En otras, los fieles construyen maquetas de lo que piden al dios. Y luego las echan en unos hornos para que les lleguen en forma de humo y cenizas. Aquí fue cuando empezamos a reflexionar sobre la presunta «espiritualidad» de Oriente frente al «materialismo» de Occidente. Especialmente cuando vimos a unos padres pedir para sus hijas un marido rico, que les comprase una casa enorme y con un coche de lujo, a ser posible alemán, dado el anagrama que la maqueta lucía en el capó. Pura «espiritualidad». Como decía mi madre, «por la calle van diciendo que poco nos llevamos todos».

Llama la atención la convergencia en otros aspectos entre las distintas religiones. Los efigies que en determinado momento se convierten en los equivalentes a los gigantes de nuestras fiestas populares.

También la imaginería terrorífica de los castigos y penas infernales para los pecadores, llenas de torturas que harían las delicias de cualquier aficionado al Sado-Maso. Y que encontramos también en los martirios y en las representaciones del infierno de las iglesias cristianas.

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Interior del dragón en la Pagoda del Dragón en Lianchihtan (estanque del Loto) de Kaohsiung.

Y luego está lo de hablar con el dios y preguntarle por la buena suerte o por la conveniencia de establecer negocios, o emprender actividades, o casar con alguien, o lo que sea… a través de las varas de la suerte o de las piedras en forma de media luna. Si estas caen con las caras convexas enfrentadas, el dios dice sí, si aparecen con las partes cóncavas o rectas enfrentadas, el dios dice no, y si aparecen las caras convexas en el mismo sentido, el dios se río DD. Bueno… si no nos responde lo que nos gustaría, todo es cuestión de ir rezando más fuerte y volver a intentarlo hasta que salga lo que nos gustaría…

En fin. No me voy a extender más, que bastante llevo. Supongo que la visión de lo que uno percibe visitando estos templos es distinta según la forma de pensar de cada cual. Personas más religiosas o supersticiosas, más proclives al pensamiento mágico, lo vivirán de otra forma. Pero es así como lo vimos nosotros. Que como he dicho al principio, partimos de una visión escéptica del hecho religioso.20181006-1053495.jpg

[TV/Cine en el aire] Drama de época coreano combinado con drama rural buenrollista

Televisión

Ya he comentado en varias ocasiones que lo de ver dramas románticos coreanos era algo que ya me estaba cansando. Como curiosidad durante un tiempo ha sido curioso, pero son producciones lastradas por la repetición de estereotipos, unos guiones atroces, e interpretaciones poco cuidadas. Aunque eventualmente hay alguna excepción honrosa, especialmente a esto último.

En estas estábamos cuando Netflix anuncia en verano la emisión de Mr. Sunshine, semana a semana, dos episodios por semana, aunque al final apretó el acelerador, de un drama de época ubicado entre finales del siglo XIX y el principio del siglo XX. Fue la decadencia del reino ermitaño de Joseon (léase, más o menos, «chosón»), que produjo un estancamiento en el país que lo dejó sometido a las agresiones colonialistas de otros países. Resumiendo, si la Primera guerra sino-japonesa conllevó que el país se convirtiera en un protectorado de Japón en 1895, la Guerra Ruso-japonesa acabó definitivamente con la poca independencia que le quedaba en 1905, cuando pasó a ser anexionado al Imperio del Sol Naciente como colonia, hasta 1945, periodo durante el cual sufrió todo tipo de abusos, de esos que hacen que a uno le pueda interesar la cultura japonesa, pero que se queda muy lejos de la admiración o de la simpatía. Por el bárbaro comportamiento con la población coreana, llena de racismo y xenofobia, y especialmente, porque nunca ha habido una disculpa clara y unas compensaciones claras por esos abusos. El pueblo japonés es muy cortés y educado. Pero eso lo mismo sirve para mantener relaciones civilizadas entre personas, como para mantener barreras que prevengan el conocimiento mutuo y el intercambio.

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La fortaleza y el palacio de Suwon es el entorno que me ha parecido más adecuado para ilustrar esta entrada sobre una serie de época coreana.

En este ambiente histórico se desarrolla el drama, en el que los protagonistas son una joven noble coreana que perdió a sus padres activistas por un país independiente asesinados en Japón, y que se ha unido al Ejército virtuoso, una guerrilla de resistencia a los invasores. Esta joven está interpretada por Kim Tae-Ri, una de las protagonistas de Ah-ga-ssi, excelente drama erótico que pudimos ver hace unos años. Y que realmente podemos decir que es una actriz, a pesar de su juventud, que está a un nivel superior a lo que se ve habitualmente en las series coreanas. Además de ser una chica realmente guapa.

Le da la réplica Byung-Hun Lee que interpreta a un oficial de infantería de marina estadounidense que es destinado al consulado de este país en Hanseong, nombre que recibía en ese momento la ciudad de Seul. Este oficial huyo de su país en su infancia habiendo nacido siervo, perseguido para ser asesinado junto a toda su familia. Y por las artes de un clérigo se integró y prospero en la sociedad norteamericana… improbable… pero bueno. Hay otros protagonistas un escalón por debajo de estos. Un cabecilla de la yakuza (Yoo Yeon-Seok), la dueña de un hotel viuda de un japonés (Kim Min-Jung, uno de los personajes más interesantes y atractivos) y el prometido de la joven noble (Byun Yo-han).

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He de decir que el nivel de la interpretación del drama es bastante bueno, sólo lastrado por las debilidades del guion; menores que en otros dramas coreanos, pero presentes. El diseño de producción de la serie es de buen nivel, aunque el nivel técnico del rodaje, especialmente en su iluminación y fotografía, es muy de televisión, más efectista que efectivo.

El principal problema de la serie es que, si conoces la historia real, no puede acabar con final feliz. Lo sabes desde un principio, salvo que se saquen de la manga alternativas históricas poco creíbles. Se portan. De los cinco protagonistas sólo se salva uno, que no diré quién es para dejar un poco de emoción. Otro problema es el de los maniqueísmos. Lo malos japoneses son malos de opereta. De los de serie B que se ríen haciendo «muaaajajaja» mientras ponen caras aviesas. Poca sutileza aquí.

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En su 24 episodios, la serie es bastante razonable,… pero con baches enormes debido a una excesiva duración y a unos guiones que no siempre están a la altura.

Como curiosidad, en el viaje de ida a Taiwán, encontré en la oferta de películas del avión una película protagonizada por Kim Tae-Ri, Little Forest, y me la vi. Es una película reciente, estrenada este año, aunque desconozco si existe alguna posibilidad de que llegue a las pantallas españolas. Probablemente ninguna. Está basada en un manga japonés, y la verdad es que es una película muy sencillita, un año en la vida de un joven en crisis, que realmente es muy agradable de ver. En un ambiente rural, es una película buenrollista, que trata al espectador con inteligencia, no suministrando respuesta a todas las preguntas, dejando que cada cual se forme su propia historia. Y sobretodo, realmente demuestra que esta chica, Kim Tae-Ri, es una actriz muy respetable… y está mona aun sin excesivos maquillajes ni perifollos.

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[Recomendación fotográfica] Premios, Niágara y vídeos del SfMOMA

Fotografía

Me enteraba durante mis viaje a Taiwán, no me acuerdo muy bien por qué vía, supongo que cuando entraba a Facebook para subir unas fotos del viaje, pero sí que me llegaba un enlace a Exit-Express que daba la noticia de que Leopoldo Pomés es el nuevo Premio Nacional de Fotografía, correspondiente al año 2018. Fotógrafo ya veterano que ha oscilado entre la fotografía documental, el retrato y la publicidad, sus fotografías, algunas realmente muy interesantes, tienen siempre un sabor añejo, a escenas y fotografía de otros tiempos. Esto no es bueno ni malo; desde mi punto de vista, es. Quizá, quien se quiera iniciar un poco más, además de acceder a algún libro de su obra o visitar alguna exposición si le pilla a mano, podrá descargarse el número 3 de Impresiones de Fotocolectania (PDF), dedicado a la obra de este fotógrafo.

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Hoy también acompaño la entrada con fotografías del carrete en color realizado con la Zenit 3M en el entorno del Tercer Cinturón y la huerta de las Fuentes de Zaragoza, mientras trabajaba con mis fotografías estenopeicas.

Me compré en Viena hace unos años una caja que contenía unas cuantas láminas con fotografías de Alec Soth, y los facsímiles a tamaño reducido de cuatro de sus libros más reconocidos. De ellos, los más interesantes me parecieron Sleeping by the Mississippi y Niagara. Ambos me he planteado comprarlos a su formato natural, pero hasta ahora no me he decidido. Recientemente, en Magnum Photos nos han recordado uno de estos trabajos, Niagara, y no vendrá mal un repaso al artículo para saber porque me interesó.

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El San Francisco Museum of Modern Arts (SfMOMA) sigue publicando excelentes vídeos sobre fotografía en su canal de Youtube. En las últimas semanas, dos de ellos:

Muy interesante por ser muy didáctico el dedicado a Abelardo Morell que trabaja con el principio de la cámara oscura, convirtiendo habitaciones de domicilios, oficinas u hoteles en cámaras que luego fotografía, generando un efecto particular. Ahora que estamos con un proyecto de fotografía estenopeica, no deja de ser un aporte conceptual interesante.

En otro vídeo, el japonés Eikō Hosoe nos habla de su colaboración con Kamaitachi, el danzante Tatsumi Hijikata, fundador de la danza butō, un performer; ya he comentado en otras ocasiones cómo la performance y la fotografía son aliados naturales, ya que esta última permite inmortalizar un evento artístico por lo demás efímero.

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[Fotos] Paisaje periurbano con una cámara soviética de hace 50 años

Fotografía

Tenía pendiente de mostrar resultados con película negativa en color de fotos realizadas con la cámara Zenit 3M y el objetivo MIR-1 37/2,8, ambos de fabricación soviética en los años sesenta. La cámara es de 1967; el objetivo, de 1965. Los aspectos técnicos los podéis encontrar en Zenit 3M + MIR-1 37/2,8 con película Fujifilm Superia XTra 400. Aquí os dejo unas fotos tomadas en el entorno del Tercer Cinturón y la huerta de Las Fuentes en Zaragoza, y algún otro lugar de la ciudad.

[Cine] Der Hauptmann (2017)

Cine

Der Hauptmann (2018; 45/20180925)

Vuelvo a comentar películas de cine vistas en la gran pantalla, aunque esta corresponde a lo último que vi antes de salir de viaje, hace ya más de dos semanas. No me he fijado bien, pero es posible que ya ni esté en cartelera. Pero sin embargo es una película que de antemano aviso que todo el mundo tendría que ver. Y entender. Aunque no sea fácil ni agradable.

En un mundo en el que cada vez proliferan más los populismos ultraconservadores y ultranacionalistas, no está de más echar la vista atrás y contemplar lo que sucedió en el mundo cuando opciones ideológicamente similares, aunque estéticamente diferentes en aquellos momentos, triunfaron en buena parte de Europa y otras partes del mundo. Esta película del alemán Robert Schwentke está basada en personajes y hechos reales a pesar de la sensación de demencia colectiva que nos invade durante toda la película, fotografiada en un primoroso, adecuado e impactante blanco y negro por Florian Ballhaus.

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Aunque los acontecimientos de la película transcurren en el norte de Alemania, en la zona que en un futuro próximo ocuparon los británicos, me parece más apropiado traer aquí fotos de mi visita a Berlín en 2013, donde había elementos conmemorativos de víctimas del nazismo, cuando se recordaba el 80º aniversario de su ascenso al poder. Impulsado por muchos partidos políticos presuntamente moderados. Porque nunca obtuvo una mayoría suficiente para gobernar sin la ayuda de otros.

En abril de 1945, cuando Alemania estaba siendo invadida por sus dos grandes frentes de guerra, pero se empeñaba estúpidamente en resistir en una guerra perdida, un joven desertor del ejército, Willi Herold (Max Hubacher), intenta salir con bien de su deserción vistiendo con un uniforme de capitán encontrado en un coche abandonado. Y junto con una banda de otros desertores, inicia una huída adelante que le lleva a impulsar matanzas colectivas de otros prisioneros y otras gentes, dentro del caos de la Alemania derrotada de facto. Con un lenguaje populista, plagada de eslóganes, de una naturaleza similar a los que sus compatriotas llevan escuchando durante más de una década, nadie discute su falsa autoridad ni sus acciones.

No hace falta mucha imaginación para comprender que Schwentke crea un microcosmos entorno a Herold que repite una vez más los errores que han llevado a Alemania a la catástrofe. Herold es un pequeño «führer», que con sus discursos vacuos consigue que los que le rodeen actúen, demencialmente, sin criterio y sin crítica. Exactamente lo que consiguió el auténtico Führer con toda Alemania. E igual que están consiguiendo en la actualidad muchos líderes populistas de extrema derecha, que se disfrazan de modernidad para defender unas ideas excesivamente similares a las de los fascismos de los años 20 y 30 del siglo XX. Y Schwentke lo sabe, y sabe muy bien porqué hace esta película hoy en día. Que luego no digan que no nos avisaron. Otra cosa es que nos queramos enterar.

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Con una producción impecable, un relato que se atasca ligeramente en algún momento, y muy buenas interpretaciones, estamos ante una película incómoda pero necesaria. Aunque muchos querrán interpretar que aquello fue el pasado y que no va con el presente. Y se equivocan. O no se equivocan; simplemente, mienten.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

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