Una nueva mañana de sábado en verano. Una caminata amplia y larga. Tres horas. Saliendo de casa antes de la salida del sol, que me sorprendió en el Tercer Cinturón de ronda de Zaragoza, próximo al cruce con la salida hacia Alcañiz y Castellón, hasta la Cartuja Baja, recorriendo las lindes del soto de Cantalobos, la huerta de las Fuentes y más allá por el camino de la Alfranca. Terminando la caminata antes de que el calor moleste en exceso.
Como de costumbre, con una cámara fotográfica como acompañante. También algún acompañante humano. Las cuestiones técnicas sobre las fotografías realizadas las podéis encontrar en la publicación correspondiente de Carlos en plata. Aquí os dejo algunas de las fotos más representativas de esa mañana.
De repente me encuentro con que tengo un montó de series acumuladas para comentar. No sé muy bien como ha sucedido esto. Y no sabía si seguir el orden de visualización, agrupadas como siempre por algún criterio de algo que tengan en común, o dar un poco de prioridad a lo que simplemente me apetecía comentar. Así que al final he optado por esto último, aunque la temporada segunda de una de las series terminé de verla justo ayer. Pero, realmente, es una de las mejores series del momento, bien hecha, bien interpretada, y con alma, y me apetecía hablar de ella. Ya.
La acción de la serie transcurre mayoritariamente en Japón. Entre Osaka y Tokio, con alguna otra localización como alguna zona rural y Nagasaki. Y Nagano en el último episodio. Por ello, fotográficamente nos trasladamos al parque Ueno en la capital nipona.
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Pero vamos primero con The perfect couple, una serie original de Netflix que vi antes de mis vacaciones. Seis episodios de una hora de duración para desentrañar el misterio de un asesinato, en una mansión de ricachones en la isla de Nantucket, en la costa atlántica de los Estados Unidos. Uno de los hijos (Billy Howle) de de una pareja «perfecta» formada por una escritora de superventas de fama (Nicole Kidman) y su marido (Liev Schreiber) se va a casar con una chica (Eve Hewson) de una familia normalita. Pero durante los festejos previos a la boda, la mejor amiga de esta (Meghann Fahy) y su dama de honor es encontrada muerta en la piscina de la mansión. Y pronto se sospechará un asesinato. Y también que la pareja «pefecta», y su «perfecta» familia, pueden no ser tan «perfectos».
Una adaptación de una novela reciente, realmente todos los elementos de este drama criminal suenan a vistos con anterioridad. Es curioso que poco después de ver la serie, preparando el viaje a Singapur, para ambientarme, vi de nuevo Crazy rich asians, que también va de la relación de una chica normal con un ricachón, en el ámbito de las fiestas por un bodorrio. Y salvando las distancias entre un drama criminal y una comedia sin crímenes notorios, los estereotipos son los mismos. Por lo que el principal aliciente es el reparto de campanillas, al menos a priori, y la esperanza de que, aunque no sea muy original, se deje ver. Al final te deja insatisfecho. No está mal, se deja ver. Tiene la virtud de ser sólo seis episodios, pero tienes la sensación de que podría haberse hecho mejor. El buen hacer de varios de sus intérpretes eleva el producto, pero no lo acaba de sacar de cierta mediocridad. Uno de los problemas es que es difícil empatizar con ninguno de los personajes. Ni puedes decir que haya un/a villano/a atractiva que te enganche. Na…
Pero tenemos como plato fuerte de esta semana la segunda temporada de Pachinko, la serie de Apple TV que también adapta una novela de éxito de una autora coreano-norteamericana. Recordemos que, a pesar de que la acción transcurre principalmente en Japón, y los diálogos son en coreano y japonés, con una minoría en inglés, la serie es una producción estadounidense. Y nos cuenta la peripecia de una familia de coreanos, que inmigraron a Japón antes de la guerra mundial, y permanecieron en el País del Sol Naciente tras la misma. La historia se nos cuenta en dos líneas temporales paralelas. La principal que es la historia de la vida de Kim Sunja (Kim Minha) desde que queda embarazada y se traslada con su marido a Osaka junto con el resto de su familiar. La secundaria es lo que sucede en los años setenta del siglo XX, con Sunja ya anciana, y su nieto Solomon (Jin Ha) luchando por ser alguien en un país donde los prejuicios siguen presentes, incluso siendo un joven nacido en Japón y educado en Japón. Los temas principales son el esfuerzo por sobrevivir y prosperar en circunstancias diversas, muy difíciles en ocasiones, de la familia, y la discriminación debida al racismo y la xenofobia que sus miembros sufren tanto por la población japonesa, como por los americanos cuando se relacionan con ellos.
La novela en la que se basa la serie tiene tres partes o tres libros. Y, como podíamos suponer, la segunda temporada adapta el segundo libro, con elementos del tercer libro en lo que se refiere a la línea argumental de Solomon. Abarca la época de la guerra mundial y la inmediata posguerra. Si los hilos conductores principales de la trama principal giran en torno a Sunja, y en torno al padre biológico (Lee Min-ho) de su primer hijo, Noa (Kim Kang-hoon). El centro de atención de esta segunda temporada, por decirlo de alguna forma, es la evolución de este, en su lucha por superarse y entrar en la universidad. En la época moderna, Solomon inicia una relación con una joven japonesa de buena familia (Anna Sawai), al mismo tiempo que intenta recuperarse de los reveses sufridos en su empresa y en sus negocios. Aunque eso le suponga vender su alma al diablo. La serie sigue con un nivel altísimo. Con interpretaciones excelentes y una cuidadísima producción, hay algunos episodios verdaderamente antológicos. Para mí es de lo mejor de la actualidad. Desde luego lo mejor que he visto yo en los últimos tiempos.
Termino con esta tercera entra la trilogía de La Interdependencia de John Scalzi. Tras un primer libro que me pareció ingenioso y divertido, pasamos a una segunda entrega que se quedó en entretenida, perdiendo en parte la gracia del factor novedad y en parte porque se centra en unas intrigas que se separan de lo importante del asunto, el análisis a través de la ficción de los sistemas plutocráticos, a veces falsamente democráticos, y los diversos ingenios que utilizan los escritores de ciencia ficción que se dedican a la aventura espacial, para resolver los «problemas» que genera para el ritmo narrativo el hecho de que la luz se arrastra por el Universo a la desesperantemente lenta velocidad de 299 792.458 kilómetros por segundo, en el mejor de los casos, es decir, en el vacío. Como ya comenté con la segunda parte, las traducciones al castellano de las obras de ciencia ficción, y otros géneros, últimamente son relativamente mediocres. Por ello, en esta última entrega, opté por la versión original en inglés, algo a lo que voy a tender cada vez más.
La dinastía reinante en «La interdependencia» es de origen chino, los Wu, por ello, para ilustrar esta entrada, me voy a uno de los impresionantes mausoleos de la dinastía Ming, en este caso en Nankín, antigua capital china. Nankín significa «capital del sur» (南京, Nánjīng), mientras que Pekín es «capital del norte» (北京, Běijīng).
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Habíamos dejado a la emperox Grayland II/Cardenia Wu de La Interdependencia resolviendo un intento de golpe de estado, que supuso la detención de la tercera parte de las personas influyentes en el sistema. Pero su principal rival, Nadashe Nohamapetan, escapó y sigue siendo peligrosa. Mientras, su científico preferido, y amante, sigue buscando una solución al colapso de las rutas que permiten el viaje interestelar y la supervivencia de esta civilización humana. Pero los peligros políticos existen. Una nueva conspiración para derrocarla está en marcha. Y parece una amenaza seria, aunque la dignataria no está indefensa ni mucho menos. Pero sabe que desenmascarar esta conspiración no servirá más que para poner en marcha la siguiente. Detener un intento de asesinato es poner la cuenta atrás para el siguiente. Y es necesario abrir el círculo vicioso. Aunque suponga hacer sacrificios. Hay que poner en marcha una solución definitiva a la inestabilidad, y dar garantías a la que realmente será la última emperox para que pueda gestionar la crisis.
No perderé mucho tiempo en el comentario. Porque sería repetirme sobre mis apreciaciones del segundo volumen. Aunque creo que este último volumen tiene algo más de ritmo y de interés que el anterior. Ciertamente, da más protagonismo a uno de los personajes secundarios, la malhablada y gran aficionada a los juegos de cama Kiva Lagos, que se ha convertido en una de sus personas de confianza. El capítulo de dedicado a la cautividad de esta en cierta nave espacial es realmente de lo más entretenido, me ha recordado a uno de los volúmenes más divertidos de la serie Astérix el Galo. En resumen, estamos ante una lectura entretenida, pero no tan brillante como prometía el primero de los libros de la trilogía. Incluso algunos aspectos del cierre de la crisis son cuestionables. Y no vamos a hablar de la existencia de un deus ex machina… porque el deus ex machina es parte del argumento desde el primer volumen, adquiriendo más importancia conforme avanza la trama, así que en realidad no se puede considerar un deus ex machina en el sentido de ser un malhadado recurso argumental, aunque casi.
Dicho lo cual, el conjunto de la trilogía es entretenido. Y puede ser una lectura recomendable para una situación de relax, o para circunstancias en las que una lectura que exija más concentración y atención no sea posible. Por ejemplo, como ha sido el caso, para leerla en los trenes y aviones que en los últimos tiempos me han desplazado de un lugar a otro de la geografía nacional o mundial. Este libro lo leí entre el viaje de vuelta en tren desde Sigüenza a Zaragoza, y el viaje de ida a Singapur.
Otra película pendiente de comentario vista antes de salir de viaje de vacaciones, en una matinal de sábado. Una película que llegaba acompañada de polémica y división de opiniones, un proyecto muy personal de Francis Ford Coppola, que sufrió muchas vicisitudes hasta que se hizo realidad, en las cuales no voy a entrar, y que antes de estrenarse pasó por diversos festivales, generando una división de opiniones notable entre la crítica, y aventurando un posible pinchazo en la taquilla, como así parece que ha sucedido. Una película relativamente larga, de dos horas y cuarto algo largas, y que podría haber sido más larga todavía, dado que hubo mucho metraje rodado.
Coppola nos lleva a una Nueva York alternativa, bajo el nombre de Nueva Roma, inspirada por la inestabilidad de la Roma republicana en sus últimas décadas, en la que las instituciones republicanas fueron amenazadas constantemente por la corrupción, la crisis económica, y las amenazas golpistas de dictadores de origen militar o apoyados por los militares, tanto entre los patricios como entre los plebeyos, de tono más populista estos. En concreto, se inspira la historia en los enfrentamientos entre Cicerón y Catilina, aunque el argumento que plantea Coppola no reproduce la famosa conspiración de Catilina contra la República. Algo que hubiera sido muy complejo, ya que nunca tendremos certeza de los que sucedió por aquello de que la historia la escriben los vencedores, y todos los relatos fueron sesgados y afines a Cicerón, así que muy contrario a Catilina. Aquí nos encontramos que Cicerón (Giancarlo Esposito) es el alcalde de la ciudad, un pragmático dispuesto a hacer compromisos para que las cosas funcionen aunque sean con deficiencias, y con un cierto grado de corrupción. Mientras, un torturado Catilina (Adam Driver), por la muerte de su esposa de la que fue acusado por el primero, y con la capacidad para parar el tiempo, tiene visiones de una Roma distinta, más estética, más artística y más equitativa y pensada para sus gentes. Pero el entorno que les rodea es de intereses contrapuestos y corruptos, lo que amenaza el gobierno de uno y las visiones de futuro del otro. Un elemento, Julia (Nathalie Emmanuel), la hija de Cicerón, podrá servir de puente, cuando se enamore y se case con Catilina.
La película ha suscitado las reacciones tan contrapuestas, en mi humilde opinión, más por las polémicas que han rodeado su rodaje, su promoción y su distribución que por sus cualidades cinematográficas. Obviaré esas polémicas y me centraré en la historia que nos cuenta, la forma en que nos la cuenta y en el trabajo interpretativo.
Basar la historia en la República Romana tardía es complejo. Establecer paralelismos entre ese periodo de la historia en la que la pequeña y expansiva república mediterránea se transforma en un imperio de ámbito casi continental, y la evolución de los Estados Unidos que surge de la ilustración como una república con valores democráticos, pero que acaba convirtiéndose en una potencia global, con las dosis de corrupción moral y política que acompañan a ambos, es complejo. Los estadounidenses siempre han sentido una cierta fascinación por Roma, y son muchos los que se han comparado con las principales figuras de la Roma republicana. Pero es arriesgado. Las semejanzas me parecen cogidas por los pelos. Los Cicerón y Catilina históricos pueden tener muy poco que ver con los de la película. Más cuando el Catilina original pasó a la historia como un villano golpista (ya he mencionado lo de la historia escrita por los vencedores), mientras que el Cicerón original ha pasado a la historia como una figura de prestigio, de la élite de la República tardía. No son esos los papeles que representan sus alter ego de la ficción de Coppola. Es complicado. Y es complicada esa tesis de fondo de que el arte y la belleza acompañan los valores de equidad y justicia, tal y como las plantea Coppola a través de su Catilina de ficción. Por lo tanto, la tesis planteada por Coppola y su reflejo en el argumento de la película no me parece que quede totalmente resuelto, y presenta diversas goteras.
Donde la película destaca, y a veces abruma, es en un representación visual. Coppola plantea un espectáculo visual llamado a impactar y a dejar una herencia de lo que es su visión artística y cinematográfica, que a veces acompaña bien, y otras no tan bien, a la historia. Es peligroso confiar en las formas y en el espectáculo lo que no está bien hilado en el concepto y la historia que estamos contando. Y eso que la película tiene un activo importante, y es el buen trabajo, en mi opinión de sus intérpretes. Incluso si en ocasiones no está claro el camino que llevan sus personajes. Pero me parece que el esfuerzo es destacable. El reparto es muy amplio para mencionar a todos los que participan de forma destacada. Pero el trío protagonista actúa con solvencia.
Globalmente creo que la película sólo puede merecer un juicio duro desde el punto de vista de las pretensiones con las que se presenta; un espectáculo magno con una tesis política, testamento de la visión de su director. Y no llega a cumplir con esa misión. El desequilibrio entre virtudes y defectos afecta a esas pretensiones de forma grave. Pero no podemos negar algunas cuestiones, sin esas elevadas expectativas, la película es una producción muy interesante. Tiene ideas interesantes, tiene momentos interesantes, tiene atractivo visual, tiene buenas interpretaciones. Lo que falla es la integración. Y en algunos momentos falla la metáfora. Pero no creo que sea la calamidad que muchos han visto ni mucho menos, al contrario, creo que es un producto cinematográfico que merece la pena contemplar, incluso si sus defectos puedan dar la sensación de que es un producto fallido, al menos hasta cierto punto.
En el mismo tono que la entrada de hace tres días, hasta que me lleguen los revelados de los rollos de película fotográfica del reciente viaje a Singapur, retrocedo hasta el mes de julio, cuando el único momento civilizado para salir a caminar y hacer algunas fotos era a primeras horas de la mañana. Que, como ya dije, tiene dos ventajas; no hace tanto calor y la luz es mucho más agradable para fotografiar.
En los últimos días de julio, seguí con una de las cámaras de formato medio, la más cómoda de usar cuando uno sale a caminar. Los detalles técnicos de las fotografías los encontraréis en la publicación correspondiente de Carlos en plata. Aquí os dejo algunas de las fotos.
No ando con mucho tiempo esta mañana de domingo, en la que arrastro cierto ánimo depresivo, porque se me han acabado las vacaciones. Mañana hay que volver a la dura realidad cotidiana. Que siempre lo he dicho… mi trabajo me gusta mucho,… aborrezco mi «empresa». En fin. Nada original al fin y al cabo. Vamos de forma rápida con algunas recomendaciones.
Un paseo fotográfico por el Ebro con la Fujifilm GFX 50R. La uso para retratos y esas cosas, pero debería usar más esta cámara, tan excelente desde muchos puntos de vista.
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Nos informan en diversos medios, extranjeros, del fallecimiento de Ramon Masats. Lo cual me confunde. Convencido de que murió hace un tiempo. Compruebo. Efectivamente, falleció este año, pero en marzo. Los medios españoles se enteraron a tiempo. Excelente fotógrafo español de la segunda mitad del siglo XX. Recuerdo que fui varias veces a ver la exposición que hicieron de su obra en la Lonja de Zaragoza. Reviso los obituarios de hace unos meses. Decir, como decían muchos, que fue una gran pérdida para la fotografía española… Hombre… que tenía 92 años y llevaba bastantes retirado. Eso sí, nos queda su excelente obra. Que no se pierda, ni se olvide. Un retrato de cierta España.
Lo que si es cierto como novedad, me enteré en Facebook porque lo comentaba la gente de Revela-t, es que han concedido el Premio Nacional de Fotografía a Jorge Ribalta. Fotógrafo fundamentalmente documental, conozco poco de su obra. Y no creas que parece fácil saber de ella. No parece tener actividad en internet o en redes sociales. Ha trabajado mucho como gestor cultural, comisario de exposiciones, editor de libros de fotografía…
En PhotoSnack nos recomiendan la obra de Charles Brooks. Realmente curiosa. Fotografía el interior de los instrumentos musicales. Y de repente te da la impresión de que estas ante fotografía de arquitectura de interiores. Como si fueran salas de edificios de formas diversas.
En NPR, la cadena de radios públicas de Estados Unidos, dos recopilatorios. Por un lado, las fotografías y los fotógrafos del premio Wildlife Photographer of the Year. Estupendas fotografía de vida salvaje, o relacionadas con la vida salvaje. Tengo la sensación de que los fotógrafos de este género van recuperando la naturalidad de sus fotos sin renunciar a realizar fotos impactantes. Durante unos años, se buscaba una espectacularidad, que a mí me resultaba artificial en muchas ocasiones. Por otro lado, una recopilación de fotografías con autores diversos de las afecciones causadas por el huracán Milton, que recientemente ha impactado con fuerza en Florida. Impresiona la fuerza de la naturaleza.
Estoy terminando las dos semanas de vacaciones que me quedaban. Me queda para más adelante algunos días de disposición personal que me servirán para alguna escapadilla breve, pero lo que son vacaciones reglamentarias… pues se acabaron hasta el año que viene. La cuestión es que los periodos vacacionales son especialmente fecundo para mi actividad lectora. Especialmente si incluye un viaje con desplazamientos en avión intercontinentales de horas y horas. Nuestra norma es que, si fuera (del avión) hay luz, se lee, se habla, se ve una película, lo que sea. Yo leo. Si fuera hay oscuridad, se intenta dormir. Es la forma que hemos encontrado para sobrellevar los desfases horarios de la mejor forma posible. Así que si sumas esos desplazamientos, más el relax vacacional que te permite concentrarte mejor en la lectura, más la disponibilidad de otros tiempos que cuando estoy en periodo laboral no existen… pues he acumulado cuatro libros de ficción, más los tankōbon que mencionaba ayer de manga.
Pero aun me quedaba por comentar una novela que terminé unas semanas antes de coger las vacaciones, y que leí entre finales de agosto y principios de septiembre. Una de las novelas más recientes de Joyce Carol Oates, una de las escritoras contemporáneas que más me ha atraído y he leído en los últimos años. Hacía ya bastante tiempo que lo tenía en lista de espera. Pero con lo que me cuesta leer últimamente, cuando no estoy de vacaciones, me da mucha pereza empezar con libros que tienen un número de más de 250 o 300 páginas. Y este que traigo hoy tiene más de 500 páginas. En sentido «figurado»,… porque lo he leído en formato electrónico, donde eso de las páginas tiene poco sentido. Pero bueno… la versión fabricada con árboles muertos tiene oficialmente 552 páginas. Siempre me entran muchas dudas de cómo cuentan las páginas de una novela. Pero no voy a entrar ahora en eso.
Oates nos traslada a los suburbios económicamente más adinerados de Detroit en los años 70. Han quedado atrás, pero se conservan en la memoria, los disturbios raciales que se produjeron en la ciudad en 1967. En cualquier caso, la población vive en guetos. Para blancos ricos en los suburbios, para negros y otras minorías pobres en la ciudad. La protagonista de la novela es una mujer a punto de cumplir los 40 años, blanca, acomodada, que quiere ser «alguien» socialmente hablando. Pero que en un fiesta benéfica que ayuda a organizar comienza una peligrosa relación con un individuo más bien desaprensivo y violento que pondrá patas arriba su mundo seguro y protegido. Al mismo tiempo, un asesino en serie, Babysitter está raptando, torturando y asesinando niños. Y de fondo, una red de pederastia en torno a un orfanato regido por un clérigo. Y el mundo de los sirvientes, los trabajadores, los sicarios… pertenecientes a las minorías étnicas más empobrecidas.
Como de costumbre, Oates presenta en su libro temas feministas, en este caso en relación con el papel de la mujer en la «buena sociedad», en los roles que debe representar, en el aspecto que debe tener, en cómo debe comportarse, en con quién tiene que relacionarse. Pero, como de costumbre, Oates no sitúa a las mujeres sólo como víctimas del patriarcado. También las sitúa como cómplices, como colaboradoras necesarias, estableciendo una doble crítica. A partir de ahí surgen otros temas como el maltrato o la violencia sexual hacia las mujeres. Pero en un entorno donde el conjunto de valores negativos es más amplio e interrelacionado. El racismo, la aporofobia, está presenta tradicionalmente en la sociedad norteamericana (y en otras). La complicidad entre instituciones para ocultar las miserias de la sociedad, como el abuso sexual de niños/menores. Oates presenta un fresco bastante sombrío de una sociedad que, aunque sea de hace más de cuarenta años, sigue vigente en la actualidad.
La lectura del libro es incómoda. No hay forma de empatizar, o siquiera sentir una mínima simpatía, por prácticamente ninguno de los personajes de la novela. La protagonista principal, que es tanto víctima como, en ocasiones, verdugo, es alguien con unos problemas de identidad que gestiona muy mal. Unos problemas de identidad y de construir para sí misma un personaje, más o menos artificial, que también se encuentran presentes en otras novelas de la autora. Creo que el personaje que más simpatías despierta es la criada filipina de la protagonista, que resuelve las consecuencias de sus errores con frecuencia, y al mismo tiempo desconfía de ella por la sensación de que la está juzgando moralmente de forma continuada. Los hechos que se narran son duros. Hay violencia. Dura. Injustificada. Como consecuencia de esos valores negativos mencionados. No obstante, Oates escribe bien, muy bien. Es una excelente narradora. Quizá el libro no tenga, para mí, el impacto de otros que he leído de la autora, pero indudablemente es un excelente libro.
Hasta que me lleguen los revelados de los rollos de película fotográfica del reciente viaje a Singapur, tomo un descanso en las fotografías de viaje. Y retrocedo hasta el mes de julio, cuando el único momento civilizado para salir a caminar y hacer algunas fotos era el amanecer. Que tiene dos ventajas; no hace tanto calor y la luz es mucho más agradable para fotografiar. Y un gran inconveniente; hay que madrugar… bastante.
En cualquier caso, hacia mitad-finales de julio, rescaté del semiolvido en que la tenía últimamente relegada alguna de las cámaras de formato medio. Los detalles técnicos de las fotografías los encontraréis en la publicación correspondiente de Carlos en plata. Aquí os dejo algunas de las fotos.
A finales de septiembre terminó la temporada de verano de las series de animación japonesas. Esto va por trimestres, con temporadas de doce o trece episodios, aproximadamente, uno por semana, aunque algunas se prolonguen durante dos trimestres. O alguna comience a mitad de temporada y termine al final de la siguiente, como la que comentaré hoy. Ya comenté alguna de ellas, de las que terminaron antes. Y me quedan unas cuantas para ir comentando con el tiempo. Pero lo que sí que puedo decir es que hecho de menos la estupenda temporada de invierno, la del primer trimestre del año, en la que hubo algunas series realmente muy buenas. Ha habido muchas cositas muy entretenidas, majas, desde entonces,… pero nada como aquellas. Salvo quizá… la que comento hoy. Que sin embargo no parece haber tenido el impacto buscado en el público.
La serie en cuestión es Dead Dead Demon’s Dededede Destruction [デッドデッドデーモンズデデデデデストラクション], con el título original en «inglés». El que se atreva que lo traduzca; para entenderlo hay que ver la serie estando muy muy atento o, mejor todavía, leer el manga. El manga me lo han dejado. Y en el momento en el que escribo esto voy por la mitad; seis de los doce tankōbon (単行本) de los que consta. Así que mi comentario de hoy se centrará en la historia tal y como se cuenta en la serie de televisión. Que en lo que entiendo hasta el momento es muy fiel al manga. Aunque en lo que entiendo hasta el momento, siendo los dos muy muy buenos, el manga es superior. Pero eso ya lo comentaré en su momento.
¿A qué género pertenece la serie? ¿A la ciencia ficción? Al fin y al cabo, trata de lo que sucede cuando llega una «invasión» extraterrestre a la Tierra. Exactamente, a Tokio. O, ¿son recuentos de la vida cotidiana de sus protagonistas, las dos adolescentes Ōran Nakagawa, alias Ontan, y Kadode Koyama? Tal vez, si lo miramos de otra forma, es un canto a la amistad entre las dos protagonistas y las gentes que les rodean. ¿Una historia de amor encubierta… o no tan encubierta? O, quizá, todo esto es el envoltorio de una dura sátira contra los modos y las trazas de los seres humanos, de los políticos, de las empresas… de la civilización humana en general. En cualquier caso, lo que sabemos desde el episodio 0, es que un «buen» día, tras varios de años con una gigantesca nave alienígena de cinco kilómetros de diámetro flotando sobre Tokio… el apocalipsis llega. Y a continuación vienen diecisiete episodios más para contarnos como sucede la cosa.
Me dicen que el autor del manga, Inio Asano, es un pesimista de mucho cuidado. Bueno… ya comentaré más despacio la cuestión cuando comente el manga. Lo que sí diré es que este es un ejemplo claro de por qué no hay que dar por supuestas ciertas cosas en el mundo de la animación japonesa. Con adolescentes con protagonistas, daría la impresión de que es el típico ejemplo de animación para un demográfico muy determinado. Pues bien, los temas que trata la serie son muy muy muy muy adultos, desde muchos puntos de vista. Eso sí, están tratados para «todos los públicos», para que los entiendan los adultos, los adolescentes, o quien sea. Realmente, muy recomendable.
Antes de irme de viaje a Singapur dejé pendientes de comentario dos películas de estreno. Curiosamente, de ninguna de las dos teníamos expectativas altas, y curiosamente las dos nos aportaron cosas. Y en concreto, la película de animación japonesa que nos ocupa hoy nos gustó bastante más de lo que pensábamos, ha ido creciendo en la memoria, y en estos momentos mi opinión es que está francamente infravalorada.
Dirigida por Yoshimi Itazu, está basada en el manga del mismo título. El título original en japonés se traduce como La conserje de los Grandes Almacenes del Polo Norte. Y nos habla de las peripecias de una nueva empleada de estos grandes almacenes, cuya inspiración clara son los primeros grandes almacenes parisinos del siglo XIX, de los que por ejemplo nos hablaba Zola en Au bonheur des dames, una novela que también trata de una joven que entra a trabajar en los grandes almacenes que dan nombre a la novela. Pero la historia de esta película se aparta pronto del naturalismo del escritor francés, y entra de lleno en el ámbito de la fantasía. Los clientes de estos grandes almacenes son animales… animales extinguidos principalmente. Muy torpe al principio, la bondad natural de Akino, la protagonista, la hará desvivirse por atender las necesidades de los clientes, y orientarlos hacia aquellas secciones del establecimiento que más les convienen
Película de muy buen rollo, en la que es muy fácil coger cariño a la protagonista, esa joven un tanto atolondrada de gran corazón, que acabará siendo querida por todos, compañeros y clientes. Pero las peripecias de la joven es un macguffin para trasladar los riesgos que la vida salvaje tiene ante la acción depredadora, invasiva y modificadora de los ecosistemas del ser humano. Durante buena parte de la historia de forma inconsciente, pero hoy en día de forma egoísta, codiciosa, y al mismo tiempo previsible. Con una animación totalmente basada en el manga de origen, de líneas claras, sencillas, pero muy expresivas, es una película que nos enganchó, y que como ya he dicho, en mi caso, ha ido creciendo en el recuerdo.
Por todo lo anterior, la encuentro muy recomendable. No obstante, está pasando relativamente desapercibida. Y quizá por la ausencia de espectacularidad en su planteamiento o en sus aventuras, está injustamente infravalorada por el público. Aunque el material de origen, el manga, fue muy apreciado y premiado en su momento, lo que debió influir para proceder a la adaptación a largometraje de animación. Que también goza de cierto aprecio por la crítica y por los festivales dedicados al género.
En primer lugar, los antecedentes. Cuando se acercaba el principio del otoño de 2016, con unos días de vacaciones disponibles, me encontraba más colgado que la moto de un hippie. Mis habituales acompañantes viajeros, no estaban disponibles. Y no tenía claro que hacer. Y en esas estaba cuando me ofrecieron ir unos días a Hong Kong. Apenas una semana. Una semana, contando con los desplazamientos en avión. Me parecía que desplazarse hasta allí, un viaje de casi 11 000 km para tan pocos días… Pero me animé, fui, me la pasé muy bien, y es uno de los viajes que con más cariño recuerdo. En julio me volvieron a proponer un plan similar, en muy similares circunstancias, la misma gente, pero a Singapur. Pero no lo tenía claro. Además el viaje era peor, y más caro. De entrada no. Pero a finales de agosto, sumándose mis dos compañeras de viaje habituales, volvió a despertarse el interés, comprobamos que había una opción de desplazamiento muy ventajosa, y nos animamos. A Singapur. De lunes a lunes, incluidos los desplazamientos. Y ya hemos vuelto.
Singapur es una ciudad-Estado, una de esas rarezas consecuencia de la descolonización británica. En principio destinada a integrarse en la Federación de Malasia, no se entendieron con los otros estados de esta federación. Mucho más multiétnicos, con mayoría de etnia china, frente a la mayoría de etnia malaya del resto, y con distintos puntos de vista en materia de organización del Estado… el caso es que los malasios «expulsaron» a Singapur. Sip… no solicitaron la independencia, se la dieron. Raro… ¿verdad? No conozco el detalle fino. El caso es que hoy en día es un estado multiétnico, con cuatro idiomas oficiales, inglés, mandarín, malayo y tamil, con el inglés como lengua franca, que vive razonablemente en paz internamente y con el mundo, es próspero, con indicadores de desarrollo social que muchos países más grandes y significativos querrían. En un territorio más pequeño que el término municipal de Zaragoza, donde vivo; unos 735 km2 para Singapur frente a los 974 km2 de mi ciudad natal. En su mayoría en una isla separado por un canal marino de la península de Malaca. Por cierto. Para los que se lían. Malasio es un ciudadano de la Federación de Malasia. Malayo es una persona de la etnia malaya. También es el nombre del idioma que hablan las personas de este etnia. En Indonesia, la variante principal de ese idioma es el indonesio… pero básicamente es el mismo idioma con variantes dialectales. La etnia más numerosa en Singapur son los chinos. Quizá eso influyó en la independencia, frente a la predominante etnia malaya, musulmanes, en la Federación de Malasia.
Qué cosas se ven en Singapur. Bueno… es una ciudad muy entretenida, en la que de haber tenido algún día más, podríamos haber visto alguna cosa más. Aunque creo que, comparando con Hong Kong, está un escaloncito por debajo… salvo en cuestiones de naturaleza, donde está por encima. En plan listado rápido.
El centro financiero y comercial y Marina Bay, las zonas más dinámicas de la ciudad y que configuran un paisaje típico de las modernas metrópolis asiáticas. Un verdadero monumento al capitalismo como sistema económico, social y cultural. Te guste más o te guste menos.
El paisaje urbano se ve complementado por aquellos barrios o distritos vinculados a las costumbres y arquitectura de las distintas etnias que conviven en la ciudad-Estado. Así, la islámica Kampong Glam, Little India, Chinatown o la mezclada cultura Peranakan en Katong y Joo Chiat Road.
Quizá uno de los atractivos más interesantes de Singapur sean sus zonas verdes. Bien las zonas boscosas al norte de la ciudad, que no tuvimos tiempo de explorar, como los modernos Gardens by the Bay, en terreno ganado al mar, como los tradicionales Botanic Gardens, que existen desde 1859, actualmente reconocidos como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Y quizá, lo más decepcionante fue la isla de Sentosa, según algunos el punto más al sur del Asia continental. No lo es… es una isla. Y si incluyes las islas en el «continente», tiene los archipiélagos indonesios más al sur. E incluso el punto donde dice estar, no es el que más al sur está dentro de la isla. Y además es un islote. En fin… reclamos diversos turísticos, para un lugar de entretenimiento local, donde el interés está en los antiguos fuertes defensivos británicos y en algún paseo por bosque lluvioso secundario. Y como anécdota, cercana a Sentosa, de forma relativa, los jardines de Haw Par Villa y sus figuras policromadas.
Pero bueno,… todo se acaba. Cierto es que el clima tropical, Singapur está a poco más de 130 kilómetros de la línea del Ecuador, a algunos nos agota bastante. Las temperaturas no han sido muy elevadas, entre los 25 y los 30 grados. Pero la humedad sí. Y eso cansa. En cualquier caso, lo hemos pasado muy bien. Los datos sobre las fotografías presentadas los encontraréis en la publicación correspondiente en Carlos en Plata. Así que, con una vista del aeropuerto de Barcelona a nuestra llegada al amanecer de este lunes pasado… me despido de momento.