[Cine] Yǐn rù chényān [隐入尘烟] (El regreso de las golondrinas) (2022)

Cine

Yǐn rù chényān [隐入尘烟] (2022; 41/20230716)

Antes de la llegada de los vistosos estrenos de esta semana, la pasada llegaron otros menos interesantes, entre los que apareció una película china premiada en diversos festivales, entre ellos Valladolid, puesta en las nubes por la crítica occidental, y con una sesión muy conveniente en versión original para la matinal del domingo. Dirigida por Li Ruijun, con un reparto que mezcla intérpretes profesionales y bien conocidos en su país con actores improvisados, que nunca habían actuado, en seguida se mostró como una opción muy apetecible que refrescara las ideas de la anodina y vulgar cartelera del verano, inundada hasta ahora por producciones previsibles, no pocas de las cuales se están estrellando, porque para qué pagar por ellas si tantas y tantas similares se pueden ver cómodamente en casa. No aportan valor nuevo como esforzarse en el desplazamiento y pagar la entrada, con la industria del cine en modo «suicida». Por otra parte, me quejaré una vez más de los títulos en castellano de las películas de cinematografías diversas. El «poético» tirando a cursi título de la película en castellano no tiene que ver con el título original, que vendría a significar algo así como escondido en el polvo, o entre el polvo y el humo… haciendo referencia al retorno a lo ancestral en la supervivencia en relación con la tierra.

Li Ruijun nos lleva a un lugar ignoto para la mayoría de la humanidad en una región del centro de China, próxima al desierto del Gobi, a la meseta del Tibet y a Mongolia exterior, o más bien encajada entre estos lugares. Un entorno rural en el que hay unas vegas fértiles en torno a los ríos y acequias, pero vecino al desierto con sus dunas y sus pedregales. Un lugar muy diferente a las brillantes ciudades orientales de China, con sus rascacielos y sus millones de habitantes, donde todavía hay modos de vida rústicos, tradicionales, terratenientes, y pobreza en general. Allí, dos parias de sus propios familias, el cuarto hijo de una familia, solterón, Ma Youtie (Wu Renlin), y la marginada y maltratada por todos hija de otra familia, también en sus cuarenta, Cao Guiying (Hai Qing), son expulsados de sus familias mediante la fórmula de concertar un matrimonio entre ambos, y expulsarlos para que se busquen la vida. En la pobreza, a base de trabajar y de obtener préstamos insignificante, consiguen poner en marcha sus cultivos en tierras del terrateniente para quien el hombre es valioso porque tiene sangre del grupo rh negativo, la sangre del panda, necesaria para tratar su enfermedad. Viviendo de ocupas en casas abandonadas por los que han emigrado a las prósperas grandes ciudades del este del país, hasta que se construyen su propia casa de adobe, trabajando la tierra con un burro y arados y trillos tradicionales, de los de antes de la mecanización de las labores agrícolas, consiguen encontrar el cariño mutuo y una mísera prosperidad, pero que les satisface comparada con su situación anterior.

A pesar de las circunstancias de pobreza y de entorno de desestructuración de la sociedad rural tradicional china, la película está rodada con gran belleza, con un trabajo esmerado de puesta en escena, de iluminación y sonido. Trabajo técnico y de dirección que apoya en el gran activo de la película que es el trabajo de sus intérpretes, que se conectan entre sí de forma admirable, consiguiendo transmitir la humilde honestidad del pobre que mantiene su dignidad con su decisión de devolver todo lo que le es prestado, aunque no exigido por su escaso valor. La protagonista femenina es una actriz famosa, conocida y premiada en su país, que por lo que he podido ver por la red de redes, en la mitad de su cuarentena es una mujer hermosa y estilosa. Sin embargo, aparece desastrada, baqueteada por el tiempo y el maltrato, encorvada por una escoliosis, débil, temerosa, necesitada de afecto. Un trabajo fenomenal. El protagonista masculino es simplemente un agricultor del lugar, sin experiencia interpretativa, pero que pone la autenticidad de ser quien es, estableciendo un modelo de dignidad y honestidad en la pobreza. Un trabajo también espléndido.

En una época en la que los dirigentes del PCCh quieren demostrar al mundo que su dictadura es superior a las democracias liberales occidentales, sorprende una película que muestra lo que nunca se muestra en la actualidad de República Popular China. Al principio de la película resulta complejo establecer en qué año, en qué época estamos. Sólo cuando aparece el hijo del terrateniente con su coche alemán de importación comprendemos que estamos en la época actual. Que los hechos son contemporáneos a nuestras vidas. Y la película va oscilando entre las escenas de la sencilla vida de los protagonistas, con sus interacciones con el resto de su sociedad local, que parece que está en otro universo. El momento en el que les ofrece una vivienda en la ciudad por un pequeño precio en «la lucha de los responsables políticos contra la pobreza», con la funcionaria peripuesta, el hijo del cacique y un cámara para registra el acontecimiento, mientras los dos protagonistas se preguntan para qué quieren ese piso lejos de sus campos, donde no pueden poner su burro, sus gallinas y sus cerdos, que sirven para su sustento y trueques,… es casi antológica, entre el absurdo y la afilada crítica a la hipocresía social y política. Aunque inicialmente la película pareció sortear la censura de las autoridades autoritarias chinas, he sabido que finalmente el director se vio obligado a introducir algunos cambios, especialmente en el final, se notan mucho, porque chirrían, y que tras estrenarse en las plataformas de contenidos del país, fue retirada silenciosamente, y su mención censurada en las redes sociales del país. Una película de apariencia inofensiva, que parece destinada simplemente a narrar una peculiar historia de amor y dignidad humana, se convierte poco a poco en un verdadero alegato político y social.

La película es muy recomendable. Es una película que crece en el recuerdo a partir del momento en que sales de la sala de cine, conforme vas comprendiendo la hermosura de la propuesta y la profundidad del mensaje. Poco a poco se consolida en mi memoria como de lo mejor que he podido ver este año hasta el momento, y en los últimos años. Y sabiendo lo que ha escocido a los oligarcas chinos, verla se convierte en una obligación, tanto por sus valores cinematográficos como por la solidaridad con los que denuncian, de un modo u otro, el mundo horrible en el que nos estamos convirtiendo por el auge de los populismos, de todo signo. A estas alturas de mi vida las propuestas de la extrema derecha europea no me parecen distintas de las del partido comunista chino. Por mucho que ellos se sientan opuestos y enemigos. Son dos variantes de lo mismo. Por otro lado, muchos comentaristas y críticos han alabado el tono «optimista» del filme, por la «felicidad» que alcanzan los protagonistas, cuando el final de la película tiene no poco de desolador, de que no importan los esfuerzos que hagas por encontrar tu camino, al final o te integras, o desapareces, de una forma u otra. No encontré yo el tono optimista en ningún momento, aunque existan momentos felices en el año de la vida de los protagonistas del que somos testigos.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[TV] Cosas de series; experimentando con la animación japonesa (2)

Televisión

Sigo comentando las series de animación japonesa, o anime アニメ dentro de lo que podríamos llamar una experimentación como comentaba hace unas dos semanas. Como decía entonces, son series que voy viendo a lo largo de meses, unas más rápidas y otras más lentas, porque veo los episodios de entre 22 y 30 minutos encajándolos en momentos tontos a lo largo del día si es que surgen. E intento recorrer un número amplio de géneros de la animación japonesa. Ya adelanto que la mayor parte de estas series no son recomendaciones, porque se orientan a un público objetivo que no soy yo. Generalmente a un público adolescente o juvenil, con unas características demográficas muy concretas, más las distintas adjudicaciones a distintos subgéneros. Pero puede que alguna sea una recomendación efectiva. De hecho, hoy traigo algunas que me han parecido muy interesantes.

Una de las series está ambientada en Kamakura, uno de los lugares que más me gustó visitar en 2014. Y como algunas de las escenas más duras se dan en un tren, he decidido ambientar la entrada con fotos realizadas en la línea de tren que nos acercó al gran buda de Kamkura en el templo Kōtoku-in. Un lugar que soñé visitar desde que era un niño.

La primera es Elfen Lied, título en alemán para una serie de 2004, inspirada en un manga del mismo título, que se traduciría la castellano como la canción de los elfos, y que escogí por ser representativa de series de animación con temas duros y complejos, mucho más adultos que los habituales destinados al público adolescente o juvenil. La serie tuvo 13 episodios de 24 episodios de duración, que se emitieron por televisión, más un episodio especial posterior, que fue directo al vídeo, y que se intercalaría en la cronología de la serie como un episodio 10.5. Es decir, entre el episodio 10 y 11. Pero que no es necesario para el seguimiento de la secuencia original de 13 episodios. Ciencia ficción en la que en la especie humana están naciendo unas niñas mutadas, llamadas diclonius, con unas características que las hacen temibles, al mismo tiempo que susceptibles de experimentación o de uso como arma, de las que una de ellas se revela, huye, y se refugia en casa de dos estudiantes de una universidad local a orillas del mar. Un lugar que se identifica como Kamakura. La serie trata el tema tradicional de cómo se trata al diferente, especialmente si crece el miedo al diferente, potencialmente superior en capacidad. También la reflexión sobre lo que es ser humano o persona. Y sobre las relaciones de familia y amistad. Y es una serie dura. Se muestran cuerpos desnudos, maltratados, torturados o con experimentaciones. Se muestran abusos sexuales a una adolescente de 14 años. Y hay escenas de violencia con frecuencia. Por lo que la serie se califica como propia de personas ya adultos, por lo menos estudiantes universitarios, y menos apropiada para adolescentes. La serie oscila entre el aspecto o momentos kawaii (cucos, monos) de las diclonius, con aspecto de jovencitas adorables, y dos cuernitos en la cabeza, y las escenas de violencia a las que son sometidas, o que la violencia que comente sobre los seres humanos con sus habilidades especiales. Me parece una serie interesante, y no me extraña que para muchos haya adquirido el carácter ese tan difícil de definir de serie de culto.

Tengoku Daimakyō [天国大魔境, reino celestial reino diabólico o conceptos similares], titulada en inglés Heavenly delusion (engaño celestial), es una serie reciente, de este 2023, también basada en un manga, que se puede ver en Disney Plus. Y que me ha resultado muy interesante. En esta ocasión, género posapocalíptico. Quince años después de que una catástrofe devastara la civilización, dejando grupos de supervivientes por todo Japón, al mismo tiempo que surgen unas criaturas extrañas que atacan a los humanos. Dos líneas argumentales. Un lugar donde viven unos niños y adolescentes al cuidado de unos adultos; cuando los adolescentes preguntan qué hay más allá, la respuesta es el infierno. Por otro lado, un joven, que se parece mucho a una de las jóvenes del mencionado lugar, va buscando un lugar que llaman el cielo, protegido por una guardaespaldas, una chica que vive impulsada por el alma de su hermano varón. En un viaje que nos permite conocer cómo es ese Japón tras la caída de la civilización. Esta línea argumental es más aventurera, mientas que la del lugar especial es más misteriosa. En su conjunto en el que se plantean situaciones, nos familiarizamos con este universo, pero al final de la cual sabemos que la aventura apenas ha hecho que empezar, tras trece episodios de 24 minutos de duración. El tono general es apropiado para adolescentes y adultos jóvenes, aunque en los últimos episodios se viven algunas situaciones más duras, que implican una violación, que la convierten en una serie más adulta. También es cierto que la resolución de esa situación tampoco es la más satisfactoria que se me ocurre. Pero no empaña el balance final, muy positivo, hacia una serie muy recomendable. Disney Plus no tiene tanta oferta de anime como otras plataformas, pero por lo menos es interesante y de calidad.

Finalmente, accedí a ver un estreno reciente de esta primavera, Oshi no ko [推しの子], que se muchos han considerado el mejor estreno de animación japonesa de este año hasta el momento. El título en japonés tiene una traducción ambigua, ya que lo mismo podría significar el niño/a favorito/a o sus plurales, como el/a niño/a de mi (idol) favorita, o sus plurales. Son 11 episodios de 24 minutos de duración, salvo el episodio inicial que es un largometraje de 82 minutos de duración, y que probablemente es el responsable de la elevada valoración de la serie. Yo creo que el resto de los episodios están lejos del nivel de ese episodio inicial prolongado. En el episodio inicial conocemos a una joven cantante y bailarina del género conocido habitualmente como idol [アイドル], muy propio de Japón, también en cierta medida de Corea del sur y quizá de otros países asiáticos, y que a mí me genera cierto repelús.

Generalmente, son chicas jóvenes, de aspecto muy mono, aniñado, con atuendos entre virginales y provocativos en ocasiones, que suelen atraer una audiencia de adultos varones por encima de los treinta años de edad y mediana edad, todo un poco baboso. Aunque juegan con la inocencia, no es infrecuente que acaben realizando sesiones de fotos de lencería y bikinis, que se publican en revistas o en libros monográficos, y alguna de ellas incluso acaban en el ámbito de la pornografía. Más raro es que alguna realmente tenga éxito a medio o largo plazo en la música o en la interpretación. Pues bien, la protagonista inicial es una de estas idol, mientras que en paralelo conocemos a una joven adolescente, fan de la idol, y al médico que la atiende de su enfermedad crónica y fatal. Ambos mueren y se reencarnan como los hijos mellizos secretos de la idol, que cuando parece que ya ha logrado el triunfo es asesinada por la misma persona que mató al médico. El resto de la serie sigue los esfuerzos de los mellizos adolescentes, que recuerdan su vida anterior, aunque entre ellos no comparten su secreto, para triunfar en el mundo del espectáculo. Aunque el objetivo principal del chico es encontrar al asesino. La intención de fondo de la serie parece que es la de mostrar las complejidades del mundo de los niños y adolescentes en el mundo del espectáculo. Pero para mí se desinfla con respecto al potente episodio largo inicial. Y no sé si veré la segunda temporada,… no estoy muy motivado. No entiendo muy bien porqué está tan bien considerada. Salvo el episodio inicial.

[Fotos] Tregua de calor al final de la primavera

Fotografía

Hoy no tengo mucho tiempo para acompañar de ningún tipo de comentario las fotos que técnicamente he presentado en Tregua en la luz inclemente del verano – Hasselblad 500CM con Lomography Potsdam Kino 100. Llevo un poco lío. Con las cosas que tengo que hacer. Y en mi cabeza. Así que nada. Simplemente, fotografías de un domingo por la mañana en el que las tormentas de la tarde anterior, la lluvia, nos dio una tregua del calor con el que se despidió este año la primavera en Zaragoza.

[Libro] Azami – Aki Shimazaki

Literatura

Ya comenté recientemente los cambios que se habían producido en la publicación de las obras de la canadiense nacida japonesa Aki Shimazaki en España. Como consecuencia, como ya anunciaba, he cambiado la forma de aproximarme a la obra de esta escritora. Sus dos primeros quintetos de novelas cortas relacionadas entre sí se habían publicado en España como obras únicas, lo cual ejercía un efecto beneficioso sobre el coste final para el lector. Pero ahora que se publican como obras individuales… ya no suponen ninguna ventaja sobre el original en francés, por lo que he decidido recuperar el tiempo perdido con el tercer quinteto de novelas cortas pasándome a los originales de Shimazaki. No tengo especial problema en leer en francés. Quizá un poquito más despacio, pero sin más. Así que esta primera novela corta de la serie La sombra del cardo, o debería decir ahora L’ombre du chardon, aunque la lea en «desorden», después de la que se publicó en segundo lugar, la he leído en francés.

Ambientada la novela, como la anterior, en Nagoya, y en ciudades cercanas, y no disponiendo fotos de esa populosa ciudad, opto por algunas instantáneas en la más tranquila Kamakura.

Azami, 薊, aunque también en katakana アザミ, así se presenta la entrada sobre estas plantas en la Wikipedia JA, es el nombre que recibe en japonés la planta del cardo, especialmente los del género Cirsium. Y es el apelativo poético con el que el protagonista de esta novela corta llamaba en secreto a la niña, compañera del último año de la escuela primera, que le gustaba. Y de la que no volvió a saber más. Ahora, adulto, felizmente casado con un esposa ejemplar y dos retoños,… bueno felizmente pero sin relaciones sexuales,… tras un encuentro casual con otro compañero de la época, acabará reencontrándose con Azami. Aunque esta no ha llevado precisamente la vida que imaginó para aquella niña despierta e inteligente. Azami es la protagonista de la novela corta que leí recientemente, la segunda de la serie, Mitsuko.

Después de haber leído los dos primeros títulos del ciclo, parece que el hilo conductor, el elemento común o protagonista, es la atractiva y compleja mujer que conocí en la novela anterior. Pero centrémonos en el hecho de que el personaje principal en Azami es el hombre. Está redactada en primera persona, el punto de vista de lo que está sucediendo, de cómo se reencuentra con su ambiguo compañero de escuela, de cómo provoca el reencuentro con Mitsuko, de cómo inician una relación y cómo toma decisiones trascendentes en su vida, es el punto de vista del protagonista masculino. Y por lo tanto, un narrador no fiable; incluso si es una narrador honrado, no conoce toda la información. Una persona en una encrucijada. Entre un matrimonio presuntamente perfecto, pero con una importante vía de agua, la ausencia de relaciones físicas íntimas con su por lo demás perfecta esposa, y la poderosa atracción que siente hacia la antigua compañera, siempre misteriosa, con una vida compleja. Debemos tener en cuenta que, si se leen las novelas en el orden en que se publicaron, sabemos muy poco de Mitsuko. Mientras que tal y cómo las he leído yo, el punto de vista del lector es muy muy distinto. Se puede hacer, cada novela corta se puede leer de forma independiente, pero cambia mucho en la imaginación del lector.

Después de la potente y compleja historia que leíamos en Hōzuki, quizá este relato no tiene el mismo tirón, la misma contundencia en los sentimientos del lector. Pero estamos ante el mismo estilo de escritura, una literatura a la que no es difícil acceder, pero que tiene profundidad, y que transpira su origen asiático aunque esté escrita en francés, en sus ritmos, en sus puntos de vista, en las descripciones y en la presentación de sus personajes. Recomendable, como no podía esperar de otra forma, creo que hubiera sido bueno leer estas dos primera novelas de L’ombre du chardon en el orden en el que fueron publicadas.

[Recomendaciones fotográficas] De cine y otras cosas diversas

Fotografía

La relación entre fotografía y cinematógrafo es evidente. Parten de principios similares técnicos similares, de tecnologías compartidas, para llegar a formas de expresión distintas, pero con puntos en común; la imagen captada mediante la luz. Dejando a un lado animaciones generadas por ordenador y similares, en la que no hay proceso fotográfico de base. Pero bueno… en general. Así pues, no son raras las gentes de la fotografía que también han filmado, y menos en estos tiempos en que cualquier cámara fotográfica tiene también funciones de filmación, y tampoco son raras las gentes del cinematógrafo que han dedicada tiempo y esfuerzo a la fotografía fija, como la llaman ellos. Muchos de ellos son, entre los que conocemos, son directores. Por supuesto, directores de fotografía también. Y no son raros los intérpretes. Hoy hablaremos de Agnès Varda, que también se sirvió de la cámara fotográfica, tanto para preparar sus películas como para documentar aquello que le interesaba. Nos han hablado de ello en The New Yorker.

Mes y medio después de volver de San Francisco, y aún no he tenido tiempo de revisar todas las fotografías del viaje. Y apenas he empezado a pensar cómo lo reflejaré en mis álbumes fotográficos tradicionales tras cada viaje. Ayer encontré tiempo para repasar algunas fotografías del Palacio de las Bellas Artes, un lugar muy fotogénico. Incluso con una pequeña cámara compacta como la Sony ZV-1.

La pareja artística conocida como Albarrán Cabrera, Ángel Albarrán y Anna Cabrera, llevan años trabajando, y poco a poco, afortunado se han ido ganando el respeto de los conocedores y aficionados a la fotografía, por su expresivas imágenes en las que no dudan en experimentar y utilizar todo tipo de procesos, convencionales y alternativos. Auténticos artistas plásticas que trabajan la luz y los materiales en los que la recogen. Nos han hablado de sus últimos trabajos en Clavoardiendo Magazine.

35mmc es un sitio web dedicado originalmente a la fotografía con película tradicional, aunque si desdeñar hablar de fotografía digital, y que sólo muy de vez en cuando hablan de cuestiones que pueden trasladarse a estas líneas. Pero esta semana han hablado del proyecto The End of the Dream, una serie de instalaciones en grandes carteles publicitarios, en las que se reproducen a gran tamaño fotografías que pueden contemplar las gentes que pasan sobre los riesgos que amenazan el nivel de vida en California; la sequía, los incendios del medio natural y los problemas con la vivienda. El fotógrafo, Thomas Broening, usa para sus fotografías veteranas cámaras Leica de la serie M, para película fotográfica.

En Lensculture hemos podido ver algunas fotografías de la ucraniana Hanna Hrabarska, actualmente en los Países Bajos, que documentan su periplo huyendo con su madre desde su hogar en Ucrania hasta instalarse como refugiadas de guerra en el país occidental. El punto de vista de Hrabarska es el de dirigir el objetivo de su cámara hacia su madre, reflejando la tristeza del éxodo y la nostalgia del hogar. De los muchos trabajos que han surgido con motivo de la guerra en el este de Europa, este es uno de los que más me ha llamado la atención.

Finalmente, me ha llamado la atención en AnOther Magazine un artículo dedicado a cómo las fotógrafas ven y viven la maternidad. Especialmente la propia. Son muchas y muy diversas las fotógrafas que han seleccionado, así que no las voy a detallar todas. Pero me ha gustado el planteamiento de muchas de ellas.

[Fotocomentario] El horror del calor y la muchedumbre

sociedad

Cuando en la primeros años de los 2000 se empezó a popularizar el mercado de las Tres Culturas en Zaragoza, denominado así por la hipotética convivencia pacífica de judíos, musulmanes y cristianos… hipotética, como digo,… era razonablemente agradable bajarse al entorno de la plaza de la Seo, pasear entre los puestos de artesanos, ver alguna exhibición de cetrería y otras artes, y tirar algunas fotos. Pero en los últimos tiempos, para mí, se ha convertido en una actividad que no me planteo ni de borracho.

En estos momentos, en las fechas en las que se celebra, suele hacer un calor horrible. Las temperaturas del mes de junio en Zaragoza se parecen más a las de los julios de antaño que al final de la primavera. A lo que hay que sumar el calor que despiden los hornos y las brasas de las parrillas en los puestos de comida. Y por otro lado, va tanta gente, es tal la muchedumbre que se forma a las horas más civilizadas, por la tarde cuando hay más sombra y no pega el sol de canto… que se convierte en una actividad agobiante.

Este año pasé por allí circunstancialmente, mientras probaba un rollo de película fotográfica del que hablo en Hay una chica nueva en el vecindario – Fujifilm GS645S Wide 60 con Foma Ortho 400. Eran las 11 de la mañana, el calor no estaba en todo su apogeo, las muchedumbres no habían llegado… pero aun así no me apeteció quedarme mucho rato. Pasé, hice alguna foto, y seguí mi camino. Este tipo de eventos no son para mí.

[Cine] Vesper (2022)

Cine

Vesper (2022; 40/20230711)

Con esta película belga (y lituana, y como es una coproducción, de otros países), rodada en inglés por Kristina Buozyte y Bruno Samper inicio un cambio en mis comentarios cinematográficos. En los últimos tiempos están disminuyendo las oportunidades de ver películas en versión original en Zaragoza. Una vez que te acostumbras a ellas, el doblaje, si realmente te gusta el cine, se convierte en algo que debería ser considerado como crimen contra la humanidad. Y además, de los estrenos que semanalmente se producen en España, sólo llegan algunos. Cada vez queda más claro que el oligopolio de distribuidoras y exhibidoras son cualquier cosa menos agentes culturales. Van a a lo que van. Al dinero. No fomentan nada más. Al menos en mi ciudad. Así que hemos quedado en que cada semana, si hay oportunidad, iremos a las salas de cine. Pero si no, buscaremos la forma que sea de acceder a un estreno reciente y quedar a cenar en casa de alguien del grupo y verlo en conjunto. Y empezamos con esta película de 2022, pero estrenada esta pasada semana en España, aunque no en Zaragoza. Pero hay formas de ver acceder a ella.

El tiempo lluvioso y neblinosos de los bosques de Carezza en los Dolomitas nos servirán para ilustrar el ambiente de los bosques en los que está rodada la película, más que probablemente localizados en Lituania.

La película llega con buena opinión de los críticos, aunque con una recepción más fría por parte del (reducido) público que la ha visto. Es una película del género que se llama posapocalíptico, aunque no trate del fin del mundo, pero sí de una debacle de la civilización. En esta ocasión, los problemas que sean, ambientales y de distribución de la riqueza, intentaron ser resueltos con avances en la ingeniería genética. Pero los resultados se desmadraron y las consecuencias fueron el derrumbe de la civilización. En el momento en que comienza la acción, muchos seres humanos intentan sobrevivir como buenamente pueden en medio de la miseria, mientras unos pocos viven en ciudadelas donde monopolizan recursos de supervivencia. En este cuadro, seguiremos las aventuras de Vesper (Raffiella Chapman), una inteligente joven de 13 años, y Camellia (Rosy McEwen), una mujer joven creada por ingeniería genética, para sobrevivir. Tanto a los abusos de los privilegiados de las ciudadelas como a quienes entre la miseria tratan de parasitar a sus semejantes.

Esta película se cuece a fuego lento. Más allá de una presentación con un texto escrito en pantalla que te sitúa en el universo de la película, no da muchas explicaciones a mucho de lo que ves, propio de la ciencia ficción. Deja el margen de libertad suficiente y razonable a la inteligencia del espectador, frente a esas superproducciones que dan explicaciones largas, molesta y generalmente sin sentido a cosas que son meros macguffins de la historia. Está hecha con pocos medios, y sin embargo crea sin problemas un mundo distinto, razonablemente verosímil. Y a partir de ahí confía en una realización con suficiente oficio, en la historia y en el buen quehacer de sus intérpretes para sacar adelante el largometraje. Y lo consigue. No vamos a decir que sea el colmo de la originalidad. Pero sus tesis se mantienen sin problemas, plantea sus dilemas sin pretensiones pedantes y con claridad, aunque sólo profundice lo suficiente en los temas, consigue que empatices con las heroínas de la película, y acaba siendo una aventura difícil, dura en ocasiones, pero entretenida, con un final (por los pelos) optimista.

Con mucho mérito por parte de sus intérprete, seguramente no pase a la historia del cine como una película de referencia, o una película de culto, o esas cosas que a veces se suponen de este tipo de producciones, pero es digna y visible. Allá donde tengan el privilegio de que la película sea programada en condiciones adecuadas. Si no, en este mundo, formas hay de ver estas películas.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[TV] Cosas de series; reencarnaciones y terrores posmodernos

Televisión

Normalmente comento las series de televisión agrupadas por ciertos criterios. Series occidentales, series con un determinado tema, placeres inconfesables surcoreanos, animación japonesa (o de otros países)… lo que sea. Pero hoy, voy a mezclar. Porque aunque podría haber hecho una entrada dedicada a los placeres inconfesables surcoreanos, he decidido que agruparé varias series de este país que ya he visto con otra que estoy en proceso, por compartir protagonista femenina. Mientras, estoy muy interesado en una serie china que adapta una novela que me interesó mucho, siendo que la serie también tiene su punto, pero tiene 30 episodios. Y hay un par de series más en las que voy avanzando cuando encuentro tiempo. Que no siempre tengo tanto como les parece a algunos. Especialmente teniendo en cuenta que yo, a partir de las 9:30 de la noche, habiéndome despertado a las 6:30 de la mañana, y sin dormir nunca siesta… no valgo nada y estos pensando en que me quiero ir a dormir. Soy como los niños, si no duermo mis horas soy un zarrio. En fin vamos con una emblemática serie de este siglo XXI y con un placer inconfesable (o confesable) surcoreano.

Fotográficamente, nos iremos a Inglaterra, país de origen de una de las series de hoy.

Mucho se ha hablado de Black Mirror desde su impactante estreno en la BBC allá por diciembre de 2011, y las obligaciones impuestas a un primer ministro británico por el secuestrador de una princesa. Actualmente una serie exclusiva de Netflix, en esta sexta temporada hemos percibido una deriva en el tono y en los temas. Originalmente, la serie estaba orientada hacia la reflexión sobre los retos y los peligros que imponen las nuevas tecnologías de la información, con mucha atención a los desarrollos de las redes sociales, los mundos y realidades virtuales y las (llamadas) inteligencias artificiales. Aunque de vez en cuando han flirteado con el género de terror, normalmente anclado en lo anterior. Pero si esta temporada comenzaba con un episodio claramente heredero de su tradición e intenciones iniciales, un fenomenal Joan is awful, poco a poco ha ido derivando a un predominio del género de terror, el cual ocupa por completo el último episodio de la temporada, Demon 79, homenaje al terror demoniaco de los años 70 y 80 del siglo XX, que no ha gustado mucho al público votante de IMDb, pero que a mí me ha parecido fenomenal, lo cual es notable dado que no soy especialmente aficionado al género de terror. Y con un episodio central, Beyond the sea, a caballo entre los dos géneros y la ucronía, con aventura espacial incluida, que también está muy bien, muy bien. Son los otros dos episodios de la temporada los que me resultan más de relleno. Quizá la serie esté lejos de sus mejores momentos, y no soy especialmente partidaria de la deriva hacia unos temas distintos de los que la inspiraron. Pero reconozco que hay buenos materiales en ella todavía. La duración de algunos episodios, más de 75 minutos, los convierte en pequeños largometrajes, mejores que mucho de lo que se estrena habitualmente en la pantalla grande. De momento, me seguiré apuntando a temporadas futuras.

Recientemente me he encontrado con un fenómeno curioso. Tres series surcoreanas. En dos de ellas, la protagonista recuerda sus vidas pasadas (eso de la reencarnación es muy propio de Asia en general, aunque pocos entiende bien cómo «funciona»). En dos de ellas, hay peleas entre familiares por el poder empresarial en un hotel de lujo y prestigio. O sea, hay una que mezcla las dos cosas. Por lo que hasta que me puse al día, nunca sabía cual estaba viendo. Bueno…. dos de ellas todavía están en marcha en Netflix, pero Geunomi geunomida [그놈이 그놈이다, ese tipo es el tipo], conocida internacionalmente por títulos en inglés como To all the guys who loved me o Men are men, entre otros, se puede ver entera porque es una serie de 2020. Es de esas series que sólo te aparecen en la oferta de Netflix en España si configuras la interfaz para el idioma inglés. Creo que si la configuras en español no aparece. El caso es que es un triángulo rectángulo amoroso, en la que la hipotenusa y uno de los catetos se han criado como hermanos, estando él colado por ella, mientras que el otro cateto y la hipotenusa fueron pareja/matrimonio/novios en sus tres vidas anteriores, con finales trágicos. Y ambos recuerdan (él) o han recordado pero olvidado (ella) esas vidas anteriores. Por otra parte, ella ha decidido no casarse nunca y ser una mujer profesional e independiente, editando o creando webtoons, un género muy pujante en Corea del sur. La mayor parte de la serie está en clave de comedia romántica, que es donde mejor funciona, especialmente por la buena química entre los protagonistas, liderados por la chica Hwang Jeong-eum. Pero también tiene su parte de drama e intriga… que funciona peor. Al final, podría haber terminado sin problemas en el episodio 14 de los 16… pero lo prolongan tontamente hasta ese número total en dos episodios sin interés. No es ninguna maravilla, pero entretiene. Y hay un tema que te mantiene intrigado. La chica, ya una mujer de 37 o 38 años, 32 para el personaje de la serie… pero constantemente te da la sensación de que ha pasado por una remodelación en profundidad de «chapa y pintura» en algún cirujano plástico… y no acabas de sentirte cómodo. No sé si es cierto o no. Es simplemente una sensación, que compartí con alguna que otra amistad que vio algún episodio de la serie. Estas coreanas se operan demasiado, de forma para mí totalmente incomprensible. Nota: No confundir la serie con un largometraje adolescente, también de Netflix, con un título similar, norteamericano, pero con protagonista de origen asiático.

[Fotocomentario] ¡No me gusta el verano!… (para hacer fotos)

Fotografía

No ando yo muy inspirado últimamente. Fotográficamente hablando. Es el verano. Muchas horas de luz. Pero luz que, aunque abundante, no inspira. Luz dura. Luz fría. con esos cielos azules monótonos, sin detalle. Y con calor. Mucho calor. Como bromean algunos, «disfrutad de este verano, que va a ser el más fresquito del resto de vuestras vidas». No me gusta el verano para hacer fotos. No me pasa a mí en exclusiva; les pasa a muchos aficionados a la fotografía.

Aun así, intento mantenerme entrenado. Unas vez con más éxito y otras con menos. En esta ocasión… con menos. Unas instantáneas intentando aprovechar la luz más civilizada de primeras horas de la mañana, cuando me dirijo a mi lugar de trabajo. Los detalles técnicos, pocos, en Instantáneas a primera hora de la mañana – Fujifilm Instax SQ6 con Instax Square color. Veremos que tal el rollo de blanco y negro en formato medio que hice el domingo. O el de color a primeras horas de la mañana del sábado, cuando intentaba que no se me comieran los muchos mosquitos de este año.

Cada vez me gusta menos el verano.

[Libro] Piscinas vacías – Laura Ferrero

Literatura

En las últimas semanas he roto en cierta medida el bloqueo lector que me atenazaba habitualmente en los últimos años. Y voy sacando adelante novelas cortas y libros de relatos con cierta fluidez. Me cuesta mucho más centrarme en novelas largas. Todo lo que pasa de 250-300 páginas en formato papel me da una pereza tremenda a pesar de qué tengo varios en reserva que me parecieron muy atractivos en su momento. Curiosamente, esta nueva concentración en la lectura, por modesta que sea, contrasta con la poco motivadora cartelera cinematográfica, que se agrava por el hecho de que hay muchos estrenos semanales que no llegan a Zaragoza, o no lo hacen en versión original. En estos momentos, de antes había una oferta de entre 7 y 10 películas en versión original, ahora hay sólo cuatro, y ya hemos visto tres. En fin… vamos con los libros, que es lo que toca.

Laura Ferrero es una editora, periodista y escritora española que hace unos años autoeditó esta colección de relatos cortos en una plataforma en línea. Red social literaria se autodenominan… Alguna vez me he acercado a estas plataformas, pero nunca me han atraído realmente. Por muchas imperfecciones que tenga el proceso editorial en los tiempos actuales, especialmente en las grandes editoriales o grupos editoriales, me gusta que un libro haya pasado por este proceso antes de llegar a mis manos. Mis experiencias hasta el momento con la autoedición no han sido positivas. Y además con métricas engañosas, como esas de «el libro más léido/descargado en la PlataformaX durante el años 20XX», en las que simplemente, cuando se vende por dos euros en formato electrónico frente a los diez euros, o algo así, de los libros con un proceso editorial tradicional… pues dijeramos que el precio sesga mucho la probabilidad de compra impulsiva, o de quien no tiene muchos recursos para gastar.

En cualquier caso, esta colección de relatos cortos que recibe el título prestado de uno de ellos, tras ese primer lanzamiento en autoedición, recibió el interés de Alfaguara que lo volvió a lanzar al mercado, con algunas modificaciones y algunos relatos añadidos. Esta es la edición que he leído. Alfaguara, antaño, fue una de mis editoriales de cabecera. Leí muchos libros de bolsillo de esta editorial en los años 90 del siglo XX. Pero luego ha ido sufriendo los vaivenes de las fusiones y adquisiciones del mundo editorial, perteneciendo ahora a un grupo multinacional, y no la percibo mal, pero no de la misma forma que antaño. Son 26 relatos cortos los que nos presenta esta colección. Realmente cortos. Algunos muy cortos. Se leen en pocos minutos. Y se centran en el sentimiento de pérdida, especialmente. Con frecuencia, la pérdida del ser amado, por lo tanto nos hablan del desamor. Pero también hay pérdida de las padre o la madre, de la familia, de los hijos, de los amigos, de un lugar… No necesariamente física.

Bien valorado en general, a mí me ha dejado un poco frío, aunque pueda reconocer buenas maneras en la escritura. Pero es que en algún momento he empezado a sentir que la autora se regodea de una forma extrañamente insistente en los mismos temas. Una especie de pornografía del duelo, el desamor y la soledad… temas que son muy habituales en la literatura, especialmente en la contemporánea, por la alienación que impone en muchas ocasiones la sociedad urbana actual, pero que han sido tratados por ello en profundidad con éxito por muchos escritores, sin necesidad de esta insistencia. En 26 relatos. Lo cual te da la sensación de que en ocasiones estás volviendo a leer un mismo relato, aunque no lo sea. Que estás dando vueltas en círculo constantemente. Y, lo que es peor, siempre sobre el mismo grupo social y cultural, esa clase media de treintaytantos, quizá cuarentaypoco, con estudios universitarios, generalmente de una carrera de letras y humanidades, que se dedican a cosas parecidas, en un ejercicio de umbilicoscopia constante, en la que no parece que haya mundo o gentes más allá. Por lo que, aunque estén razonablemente bien escritos, lo cierto es que al final,… cansan un poquito.

No está mal… pero no me han dejado con ganas de leer más de lo que escribe Ferrero. Demasiado miedo a seguir dándole vueltas a lo mismo. Y chicos y chicas… hay vida más allá de las pérdidas que todos experimentamos tarde o temprano a lo largo de nuestras vidas.

[Recomendaciones fotográficas] Poquita cosa, pero más interesante de lo que pensaba

Sin categorizar

Teníamos una conversación curiosa hace unos días. Cuando yo era un adolescente o un joven de veintipocos, las personas con tatuajes no eran frecuentes. Y además, quienes los llevaban no eran precisamente aquellos a quienes las madres de la época querrían como yernos; legionarios, carcelarios, marineros… Era así la cosa. Simplemente, la generación de mi hermana, que es nueve años más joven, ya empezó a llevar tatuajes. Al principio, pequeños, discretos. Poco a poco más amplios y característicos, como cuando se pusieron de moda en las mujeres los de la zona lumbar, y luego llegaban los anestesistas y no querían poner la epidural en los partos para no arrastrar las partículas de tinta al líquido cefalorraquídeo en el espacio subaracnoideo junto con el anestésico, montándose el pollo con las quejas de las parturientas. Y hoy en día, lo raro es encontrar a una persona de ciertas edades, un amplio intervalo de edades, que no lleve uno, o varios, o muchos. Y no son distintos de cómo éramos nosotros cuando teníamos 20 años y mirábamos con aprensión a las personas tatuadas. Durante mi primer viaje a Japón no visitamos ningún onsen 温泉, típicos baños de aguas termales de origen volcánico, frecuentes en el país por la geología del archipiélago nipón. Durante el segundo sí, porque nos alojamos en algunos ryokan 旅館, alojamientos tradicionales japoneses, que incluían ondeen. Y allí nos encontramos con una norma frecuente en estos establecimientos… prohibidos los tatuajes. Y es que en Japón, los tatuajes se suelen asociar a la yakuza, el crimen organizado del lugar, y eso es así porque fueron prohibidos tras la restauración Meiji, por motivos de imagen nacional, y así fue durante años. Volvieron a estar permitidos tras la guerra mundial. Pero la consideración de mal gusto permanece en la mentalidad del país, por lo que hoy en día todavía son raros. En Another Magazine nos muestran el trabajo de Akimitsu Takagi, un escritor que escribió novela negra con personas tatuadas, pero que también se documentó fotográficamente, durante varias décadas del siglo XX, unas fotografías que no eran conocidas y que recientemente han visto la luz, mostrando ese mundo de bajos fondos donde sucedían los tatuajes en el País del Sol Naciente.

Llevo un tiempo enyando con el uso del flash en la fotografía de aproximación. En esta ocasión con un flash anular al que he podido acceder, un tipo de accesorio al que nunca había accedido. Y que puede ser muy interesante, aunque no en cualquier situación.

Como contraste a lo anterior, me han gustado los retratos del dúo de fotógrafos contemporáneos Fotómetro, Rona Bar y Ofez Avshalom, la mayor parte de ellos jóvenes, aunque no exclusivamente, en los que ponen de relieve aquellos detalles del atuendo, los complementos, o las alteraciones corporales, por ejemplo los tatuajes, que sirven para marcar la individualidad de cada una de las personas, en el entorno que constituye su espacio personal más íntimos, con los pequeños detalles que significan el ejercicio de la libertad personal del retratado. Los retratos me han resultado estéticamente interesantes y agradables, y en un plano más subjetivo, creo que resaltan la humanidad de aquellos que en ocasiones viven fuera de los cánones estéticos que las costumbres y las modas imponen. Lo hemos visto en Booooooom. Me quedo con las ganas de saber por que este duo de israelíes que vive y trabaja en Londres, usan un nombre para su dúo en castellano, con la tilde incluida.

Al igual que no soy muy partidario de enlazar recomendaciones de los sitios patrocinados por las marcas de cámaras, por su obvios sesgos, tampoco las recomendaciones de los medios oficiales de las redes sociales o de los servicios en internet, por idénticas razones. Promocionan a sus clientes principales. Pero curiosamente, Irene del Pino, protagonista de un artículo con entrevista en el blog de 100ASA, curiosamente trasnochado nombre, no parece ser cliente de este servicio de portafolios compartidos, al estilo de 500px, pero algo más serio. Aunque muy enojoso de usar. Ni siquiera tiene cómo buscar a un fotógrafo,… o yo no he encontrado la forma. De hecho, del Pino no parece tener presencia propia en internet, hay que encontrar su trabajo en otros lugares. El enlace que he puesto en su nombre corresponde a los Encuentro Fotográficos de Gijón, porque me ha parecido razonablemente completo. Del Pino se define como fotógrafa documental, que registra los cambios en el paisaje, natural o urbano, con o sin presencia de personas, aunque el factor humano está presente habitualmente. Su estilo me ha gustado. Obviamente es una fotógrafa reflexiva, que camina, que recorre, que regresa a los lugares, para encontrar el mejor ambiente, la luz adecuada, la forma en que refleja adecuadamente sus sentimientos sobre el lugar.

Finalmente, en Lenscratch nos han mostrado otro trabajo de una fotógrafo documental, la neoyorquina Sant Khalsa, pero criada en California, y que ha recorrido el sudoeste americano donde proliferan los establecimientos destinados… a vender agua. Sin más. Exclusivamente agua. Sin propiedades. Sólo, con adjetivo tipo «cristalina», «pura», «paradisiaca»… La mercantilización del bien común, sin más. Y que también refleja una realidad social. La deficiente calidad de los suministros de agua potable a través de los grifos de los hogares, especialmente en los lugares donde la pobreza es más rampante. Lo cual afecta todavía más a estas magras economías, con la curiosa paradoja de que muchos de estos establecimientos están regentados por inmigrantes, latinoamericanos, coreanos, chinos,… que de esta forma parasitan a sus propios congéneres. Un trabajo sencillo… y sin embargo notable en su profundidad.

[Fotocomentario] Cuando las viejas tecnologías van mejor…

Fotografía

Hoy comento en El viaje fotográfico de Carlos unas fotografías procedentes de un rollo de película que dejé olvidada en una cámara… y que a pesar de una sucesión de errores y malos entendidos conseguí salvar con cierta dignidad. Os dejo por aquí algunas de ellas.

La cuestión es que si con una cámara digital hubiera cometido el error de sobreexponer las fotos tres pasos, es decir, darle 8 veces más luz de la que necesitaba para formar correctamente la imagen, las fotografías se hubieran arruinado con seguridad. No se podrían haber salvado. Y es que en ocasiones, más de las que creemos, las viejas tecnologías nos salvan la cara. Por ello, aunque son partidario del progreso tecnológico, creo que conviene conservar las viejas tecnologías. Por si acaso.