[Libros] Reinterpretar mitos gracias a Margaret Atwood y Natsuo Kirino

Literatura

Siguiendo el turno de riguroso orden de lectura, hoy tendría que estar hablándoos de un interesante libro de Mariko Koike. Pero lo dejaré para otro día. Me apetecía el doble comentario de dos novelas muy distintas, pero al mismo tiempo con importantes cosas en común. Estas son Penelope y las doce criadas de Margaret Atwood y Crónicas de una diosa de Natsuo Kirino.

Penélope y las doce criadas

La canadiense Márgaret Atwood hace tiempo que es una escritora muy respetada en lengua inglesa. Pero su popularidad en todo el mundo aumentó en los últimos años por la adaptación televisiva de su novela, de género distópico, más conocida. Mientras el mundo editorial anda fijándose en la relativamente reciente publicación de la segunda parte de esa historia, que no leeré puesto que no creo que necesitase segundas partes la novela original, a mí me llama la atención un libro suyo de 2005, cuyo título original se traduce como la Penelopiada, a imitación de obras clásicas como ilíadas, odiseas, eneidas y similares.

Junto al santuario Okitama, se alzan las Meoto Iwa, las rocas desposadas, representación de las deidades masculina, Izanaki, y femenina, Izanami, unidas por un soga que representa la unión conyugal. Aunque el final del matrimonio entre estas deidades no fue especialmente feliz. Pero el lugar es estupendo. Y no se encuentra lejos del gran santuario de Ise, dedicado a la diosa Amaterasu, engendrada por Izanaki al regreso de su incursión en el mundo de las sombras, pero no de Izanami. La familia imperial japonesa sería descendiente de Amaterasu… por ende… de Izanaki. Pero no de Izanami.

Y la Penélope del título es la conocida esposa, fiel y responsable, del caradura y astuto aventurero por excelencia de los poemas épicos homéricos, Odiseo (o Ulises) de Ítaca. Por su capacidad para ser fiel a Odiseo durante los veinte años de ausencia, diez de la guerra de Troya y diez de aventuras por el Mediterráneo, ha sido siempre el símbolo de la fidelidad conyugal. Pero frente a una historia sobre hombres contada por hombres y desde el punto de vista de los hombres, Atwood decide contar la historia desde el punto de vista de Penélope. Y eso conlleva una relectura de los textos homéricos, y una crítica activa del papel de la mujer en la sociedad clásica y, por extensión, de las modernas sociedades occidentales que de ella descienden.

Tiene un tono irónico, paródico, en el que voluntariamente busca pensamientos y expresiones más propios de personas actuales. Y es contada desde el punto de vista de una Penélope ya muerta, viviendo en el Hades, en la pradera de los asfodelos, más allá del río Aqueronte. Por donde se pasea también su bella prima Helena, conocida como «de Troya», aunque también espartana de origen como Penélope.

Crónicas de una diosa

También en esta novela descenderemos al reino de los muertos. Los mitos en los que nos moveremos son los del shinto japonés. En concreto, los de la pareja de dioses formada por Izanami, la diosa del título, y su esposo Izanaki, a veces transcrito como Izanagi. Descendientes de los dioses primordiales del panteón shinto, son los dioses creadores del mundo por excelencia. Entendiendo como mundo el archipiélago japonés (que no incluía en origen la isla de Hokkaido). Pero Izanami murió al engendrar a la personificación del fuego y descendió al mundo de los muertos en las sombras. En un giro argumental con semejanzas con el de Orfeo y Eurídice, Izanaki baja el mundo de los muertos para recuperar a su esposa,… pero fracasa. Y encima se lleva consigo una maldición. Izanami matará cada día a 1000 seres humanos. Izanaki, como compensación, engendrará a un mayor número de los mismos.

El acercamiento de Kirino es a través de una joven sacerdotisa, en una bella pero pobre isla de las más pequeñas del archipiélago nipón, que no se resigna a su papel de guardiana de los muertos de la isla y a renunciar a su amor por un apuesto joven. Pero será traicionada y acabará muerta. Y por hacerlo con rencor, no podrá ascender al cielo, y acabará en el mundo de las sombras como sirvienta de Izanami.

Lejos del tono paródico, e incluso cómico, de Atwood a la hora de reinterpretar su mito, el tono de Kirino es triste e incluso trágico, aunque sin renunciar nunca a la esperanza. No sólo reinterpreta desde una luz y perspectiva femenina el mito de Izanami e Izanaki, si que además desmitifica el valor de la divinidad, abrazando la oportunidad de ser humano y estar vivo, y ser capaz de sentir, amar y dar vida.

Para ambos libros:

Ambos libros parten de tradiciones mitológica muy distintas. Si bien, en ambas encontramos arquetipos que se dan en muchas de las culturas que se han desarrollado en los numerosos grupos étnicos que surgen como consecuencia de la dispersión del ser humano por la faz de la Tierra. Ambas autoras parten de una sociedad patriarcal, todavía más fuertemente patriarcal en el Japón actual, pese al muy posible origen matriarcal de su cultura. Lo podemos ver en la estructura de poder de la isla de las Serpientes Marinas, origen de uno de los personajes protagonista, o en el hecho de que una de las deidades descendientes de Inazaki, y una de las principales del panteón japonés, Amaterasu, deidad solar, se represente como una deidad femenina. Y esta sociedad patriarcal interpreta los mitos para acomodar esta estructura. Ambas autoras se revelan y reinterpretan. Con mayor intensidad Atwood, con mayor sutileza Kirino.

Ambos libros están contados, en todo o en parte, desde el mundo de las sombras, desde el mundo de los muertos. Donde encontramos a nuestras Penélope/Izanami (con su joven servidora). En ambos se cuestiona el matrimonio en su forma tradicional. El libro japonés tiene una visión de la solidaridad entre mujeres, entre hermanas, más optimista.

Y sobretodo, ambos libros son tremendamente amenos e interesantes de leer. Por el tono, la picardía y la astucia de una Penélope, a la par con la de su ilustre marido, aunque ambos acaben machándose con al tragedia de las doce jóvenes criadas. Por las aventuras que vivimos entre las islas del sur del archipiélago japonés y el reino de Yamato, origen del actual Japón, situado en la actual isla de Honshu. Ambas son muy muy recomendables. Y demuestran una cosa. Que una obra literaria tenga un valor universal depende más de lo que cuenta que del país o cultura de la que procede, o de la lengua en que fue escrita originalmente.

[Recomendaciones fotográficas] Strand, el collage y otras cosas interesantes

Fotografía

Hoy puedo tomarme con tranquilidad la escritura de estas recomendaciones fotográficas. Estoy a la espera de un paquete, que llegará hoy, pero no sé a qué hora. Supongo que en algún momento antes de la hora de la comida o del café. Así que hoy saldré por la tarde, y dedicaré la mañana a asuntos más domésticos. O que se puedan hacer ante el ordenador. Por ejemplo, empezar en serio mi álbum de fotografías de Andalucía.

Voy a aprovechar para recordar que constantemente, cada tres días, actualizo mi Instagram viajero, revisando mi fototeca de viajes de 1989 a 2020, de más moderno a más antiguo. Tras terminar hace unas semanas mi primera vuelta, volví a empezar y ahora estoy revisando las fotos del otoño de 2018, que irán apareciendo en mi mural en los próximos días; Taiwán y los Pirineos aragoneses.

Pero antes de empezar me sorprende un dato que ya me estaba persiguiendo desde hace unas semanas. El momento en que más visitas recibió este Cuaderno de ruta fue entre los años 2011 y 2013, con su máximo en 2012. Nunca muchas puesto que sus pretensiones son muy limitadas. Estoy hablando de unos pocos cientos al día. Nada que ver con los blogs comerciales y sus miles o incluso millones de visitas diarias. Pero a partir de 2013, el auge de las redes sociales llevó el languidecimiento de muchos blogs. Y enlazar los blogs en las redes sociales tampoco ha servido nunca para atraer visitas. Ya digo que no es que me importe mucho. No es la pretensión de estas páginas ser popular. Siempre ha sido la de dedicar un tiempo a parar dentro de la vorágine cotidiana, hablar de otra cosa distinta de las preocupaciones de ese vida diaria y estimular mi capacidad de escribir y de tomar fotografías. Dos actividades que si no se entrenan, se oxidan. Pues bien… Después de languidecer hasta un punto en que raro era el día en los últimos años que mis páginas recibían las 100 visitas diarias, en las últimas semanas, desde mediados de octubre, he regresado a los niveles de 2013. Y no tengo ni idea de porqué. Ale. Vamos con la fotografía.

En Cartier-Bresson nos es un reloj nos hablan de una carta, escrita por un profesor de fotografía a sus alumnos en 1923, que pone las bases de la práctica moderna de la fotografía. Profesional o como afición. Y que es totalmente pertinente casi 100 años después. Quizá por la enorme cantidad de fotografías que se realizan cotidianamente en la actualidad. Que se olvidan a los minutos o a las horas de haber cumplido su misión de decir «estoy aquí, muérete de envidia» o «mira que guapo/a estoy, ¿a que tú no?» Por que básicamente estos son los mensajes de muchísimas fotos de las redes sociales. Quien escribió la carta fue Paul Strand, que revolucionó la fotografía, rechazando el pictorialismo, buscó la personalidad propia del medio frente a las de otras artes e inició un camino de exploración del medio, sus límites y sus reglas. Uno de los grandes de la historia de la fotografía.

Alessandra Sanguinetti es una muy respetada fotógrafa argentina que se dio a conocer con su trabajo sobre dos adolescentes de las áreas rurales de su país. Las conoció cuando tenían 9 años, y su trabajo trató de su paso a la y por la adolescencia. En Magnum Photos nos cuentan que tras el trabajo original publicado en 2010, con aquellas niñas ya en la juventud, ha seguido adelante con el proyecto y ahora ya nos presenta la visión de aquellas mujeres en las que se han convertido. Impresionante proyecto que lleva ya más de 20 años en marcha. Por poner las cosas en perspectiva. En 1999, la fotógrafa tenía 28 años. En 2020, las chicas, las mujeres, tiene 30 años.

Bertrand Cavalier es un fotógrafo francés que se interroga por la interrelación entre las personas y su entorno. Y en American Suburb X nos hablan de uno de sus trabajo en los que dedica su mirada al impacto que los grandes conflictos bélicos en las ciudades europeas. En las que todavía es posible encontrar cicatrices de aquellas terribles guerras que asolaron el continente, pero también en las que encontramos construcciones y estilos arquitectónicos derivados o consecuencia de aquella, con el cemento como gran protagonista. Me ha parecido una reflexión interesante.

Más de una vez lo he dicho. Me encantaría tener habilidad para crear collages significativos. Pero cuando lo he intentado, nunca he quedado satisfecho. Pero me gusta el medio. Por lo menos, como espectador. Esta semana Lenscratch ha dedicado varios artículos a artistas que practican el collage fotográfico. Así nos han presentado los trabajos de Tya Alisa Anthony (web de la autora, Instagram), que investiga sobre el devenir de las comunidades negras en Estados Unidos tras la guerra civil; Daria Birang (web de la autora, Instagram), con temas tan variados como la lucha por los derechos civiles en EE.UU., el mundo de la moda o las revoluciones árabes; y Autumn Elizabeth Clark (web de la autora, Instagram), que utiliza sus collages para reflexionar sobre los condicionantes de género y el erotismo, revisando la imaginería de la públicaciones con desnudos femeninos, entre otras cosas. Necesariamente, además de mostrar la potencia del collage como forma de expresión, también suponen una reflexión sobre el apropiacionismo en el arte.

Desde hace unos días voy siguiendo una revista en línea Landscape Stories, aunque su último número data de diciembre de 2019. Pero tienen en sus páginas muchos trabajos de muchos fotógrafos interesantes, y publican cotidianamente recomendaciones, muchas de libros, en su Tumblr. Y publican interesantes fotografías de distintos autores en Instagram.

Y pasamos a temas más breves.

En Old Skull me han encantado las fotografías de ballenas en blanco y negro de Jem Creswell. Una maravilla.

En el panel de Instagram de la Maison Européenne de la Photographie, han mostrado el trabajo de la japonesa Mari Katayama, que ya me había llamado la atención con anterioridad. Con nueve años, una enfermedad rara forzó que le fueran amputadas parcialmente sus extremidades inferiores. Y su trabajo, en el que ella es sujeto y objeto, reflexiona sobre su relación con su cuerpo.

En Petapixel nos han hablado de un fotógrafo japonés, que responde en redes sociales bajo el identificador @wagoimages, que forzado por la recesión debida a la covid-19 a vender su cámara de gran formato, se ha construido una con piezas de LEGO. Y funciona razonablemente bien, al parecer. Como me gustaría ser hábil con las manos. No os perdáis su Instagram, en el que no sólo nos muestra las fotografías; también su proceso de toma de fotografías.

[Fotos] Paisajes suburbanos entre la niebla y el sol brumoso

Fotografía

En una serie de rollos de película que llevo haciendo desde el mes pasado, probando nuevas soluciones fotográficas con película tradicional, el domingo pasado mis paso me llevaron por ese lugar donde la ciudad deja de ser la ciudad y pasa a ser lo que llamamos «el campo». Un lugar impreciso, a veces extraño, que no sabe qué quiere ser. Más si la mañana no se decide si quiere ser tristona y gris bajo la niebla, o radiante y luminosa bajo el sol. Los detalles técnicos en Ilford FP4 Plus 125 a IE 400 – En Fujifilm GS645S Wide60.

[Cine] The trial of the Chicago 7 (2020)

Cine

The trial of the Chicago 7 (2020; 58/20201108)

En un año en el que «gracias» a nuestro «amigo» el nuevo coronavirus que acaba de cumplir un añito, aunque no fue presentado en sociedad hasta que no cumplió los dos mesecitos, no tenemos grandes taquillazos de cine, ni temporada de películas que aspiran a premios, en el que la taquilla languidece con sólo algún que otro título llamativo de vez en cuando, para bien o para mal, tenemos que mirar a las plataformas de cine en internet para encontrar… de todo. Pero esta vez… de lo mejor. Porque aunque las películas de juicios no es un género que me entusiasme, a pesar de algunos peliculones que se pueden ver sobre el tema, lo último de Aaron Sorkin realmente merece la pena.

Los disturbios de Chicago surgieron en los parques de dicha ciudad norteamericana. Pero como no he tenido ocasión de visitarla, habrá que contentarse con el parque neoyorquino por excelencia, Central Park.

Con un reparto coral y variado en el que no me voy a detener por no cometer la injusticia de dejarme a nadie, ni aburriros nombrando a todos, Sorkin recrea la histórica triste parodia de juicio que siguió a los graves altercados que acompañaron la convención demócrata de 1968, previa a la elección en la que los norteamericanos, en medio de lo peor de la guerra del Vietnam, tuvieron la ocurrencia de elegir al infame Richard Nixon. ¿De verdad alguien se cree que lo de Trump es una casualidad única? Porque un repaso a la historia de los Estados Unidos en los últimos 60 años muestra que la posibilidad de elegir a un indeseable como presidente es relativamente alta. No me voy a detener. Tampoco voy a comentar el mencionado juicio. Ved la película.

Con un guion en el que las narraciones de los testigos son la excusa para los flashbacks que no cuentan la historia de los tumultos violentos, a veces de forma coincidente, a veces de forma nada coincidente, tenemos un ejercicio de reflexión política en el cine brillante, acompañado de una serie de interpretaciones en estado de gracia. Venga, voy a mencionar a algunos. Frank Langella, por encima de todos, con el personaje más infame del tinglado. Sacha Baron Cohen, habitualmente demasiado histrión para mi gusto, en su punto. Michael Keaton, en una intervención breve, pero significativa. Hasta el soso de Eddie Redmayne nos ofrece momentos estupendos. Todos.

Esta película es una de las películas que hay que ver en este 2020. Hay que hacerlo en Netflix. Pero es de esas películas que aunque hubiese sido indudablemente mejor en el cine, se puede ver si menoscabo en la pantalla pequeña. A por ella.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Nostalgia] La fuente de la Caña y el abuelo Agustín

nostalgia

Desde julio no he publicado ninguna entrada basada en la serie de fotografías que realicé con la Hasselblad 500CM durante el periodo de confinamiento en Semana Santa de algunos objetos y documentos del «baúl de los recuerdos» familiar y que con tanto cariño cuidaba mi madre. Ocho de estos artículos publiqué entre abril y julio. Pero tengo material para cuatro más.

Hoy volveré a mi abuelo Agustín de quien ya os hablé. De todos mis abuelos y abuelas, fue al único al que conocí. Y lo recuerdo con cariño. Aunque la vida familiar no siempre fuera fácil en relación con él. Pero de eso no hablaré. Vivimos en el barrio de Torrero hasta pocos días de mi quinto cumpleaños; mis padres, mi abuelo y yo. En la calle López Landa, número 4. ¿Sabéis que no recuerdo haber vuelto a pasar por esa calle desde que nos mudamos? Cosas que pasan. Y no es porque no haya pasado cientos de veces por las proximidades.

De lo que recuerdo de aquella época, es que mi abuelo Agustín me llevaba a pasear por los pinares de Venecia con cierta frecuencia. Y mi recuerdo de aquellos paseos era bueno. Que mi abuelo me quería es algo que nunca he puesto en duda. Falleció con ochenta años cuando yo tenía diez. Como yo era muy pequeño en aquellos paseos, no era frecuente que llegásemos muy lejos. Pero en mi memoria se grabaron lugares «míticos» como la fuente de la Junquera y la fuente de la Caña. Surgimientos de agua en las proximidades del río Huerva, cuando este entra en la ciudad de Zaragoza, y que eran lugares frecuentes para ir a merendar o para que los jubilados se juntaran en su «mentideros». Según mis entendederas, la fuente de la Caña, más próxima al Parque Grande y al que en aquellos años era el casco urbano de Zaragoza, ya no es un paraje como tal. La fuente de la Junquera, más alejada, sí. Aunque está totalmente urbanizada a su alrededor.

Una cosa que le gustaba a mi madre era coleccionar recortes de prensa en los que por algún motivo apareciéramos alguien de la familia. Ahora sólo conservo uno de aquellos recortes. Porque el resto no los guardaba en el «baúl de los recuerdos» y no se dónde fueron a parar. El que conservo mencionaba a mi abuelo Agustín. El artículo, publicado por el Heraldo de Aragón, es muy gracioso de leer… por el provincianismo y el papanatismo propio de la mediocre España de la dictadura franquista. Un agua, la de la fuente de la Caña, «muy buena y recomendable para lavar ‘nylon'», según «una americana»… subtitulaba el articulista. Y es que mi abuelo Agustín, junto con otros seis jubilados, se dedicaron a adecentar altruistamente el entorno de aquella fuente, para el mejor disfrute de los zaragozanos que allí iban a merendar o a pasear.

[Fotos] Paseo con la cámara de fotos instantáneas

Fotografía

Este domingo fue un día interesante para caminar con alguna(s) cámara(s) de fotos. Amaneció con niebla. Llorona, de la que empapa el entorno. Pero a partir de las once y media de la mañana, fue levantándose, dejando algún banco aislado aquí y allá, generando un día agradable de sol, pero también una luz difusa o mezclada, que siempre es mejor para hacer fotos que el gris absoluto de la niebla sin detalle o que el sol radiante absoluto.

Me llevé un par de cámaras. Hoy os traigo las fotos que hice con la cámara instantánea. Explorando sus límites en la gestión de la luz. Los datos técnicos, no excesivos, en Explorando las capacidades de la Fujifilm Instax SQ6 – cuidado con quemar las luces. Para los demás, os dejo algunas fotos.

[Libro] La salvación de lo bello – Byung-Chul Han

Arte, Literatura

Que no nos confunda el nombre del escritor. Este libro de ensayo no nos va a hablar desde un punto de vista de la cultura asiática oriental. Byung-Chul Han es un surcoreano nacido en Seul, pero se estableció en Alemania cuando tenía 26 años, ahora estaría en los 61, no se conoce con exactitud su fecha de nacimiento, y ha desarrollado casi toda su carrera en Alemania. Por lo tanto, como filósofo, ensayista, escritor en general, hace tiempo que tiene un punto de vista que surge de las sociedades llamadas occidentales. O cuando menos, habría que considerarlo un filósofo de un mundo globalizado.

Cualquiera que conozca un poco las fotografías que hago cotidianamente, sabrá de mi preferencia por las líneas geométricas, por la ortogonalidad, por la limpieza de trazos en la medida de lo posible. ¿Son mis referentes estéticos adquiridos? ¿O es una preferencia establecida por mis genes? Aunque guste a pocos, cada vez hay más datos que hablan de lo segundo.

Cosa que no sé si a él le haría mucha gracia. Este es el primer libro que leo de este filósofo. Y desde las primeras páginas, desde las primeras líneas diría yo, pone en cuestión algunos de los valores más defendidos hoy en día en materia de estética y diseño. Han critica con contundencia la tendencia a lo pulido, lo impecable, lo carente de irregularidades en el diseño y en el arte actual. Con los teléfonos móviles actuales como punto de referencia, aunque también sacudiendo cera a artistas como Koons, o a la moda del «todo» depilado, se rebela contra la antisepsia visual de lo absolutamente suave, absolutamente irregular, absolutamente geométrico. Los minimalismos estéticos, la pureza de líneas, lo perfectamente regular vendría de la mano, da a entender, de un pensamiento único… pelígroso. Para él, el arte, bello o no bello, es irregular. Surge del conflicto, de la emoción intensa, y por lo tanto no puede ser meramente funcional y «perfecto».

He de decir que este libro, mientras lo leía durante mi escapada andaluza de octubre, me produjo cierto grado de shock. Una vez, alguien que bien me conoce, dijo de mí que era muy cartesiano. No se refería tanto al racionalismo filosófico de Descartes en su Discurso del método, al fin y al cabo, de lo que sigue al Cogito, ergo sum… poco favor le hace a la razón como herramienta del pensamiento. Sin observación y sin experimentación, si una base en la realidad, de poco sirve aplicar la razón. Nos dejamos llevar por nuestras tendencias y concepciones previas. Pero Descartes, anticientífico en su filosofía, fue científico en la práctica. También fue matemático, trabajó en la geometría analítica, y se bautizaron a los famosos ejes cartesianos en su honor. Y ahí parece que me sitúan quienes me conocen. En mi necesidad de encuadrar mis experiencias, mis vivencias o mis apetencias estéticas entre unos ejes cartesianos reales o ficticios. Geométricos o éticos. No me acusan de ser tan inflexible como para llamarme «cuadriculado», pero sí de precisar de puntos de referencia claros para aceptar cualquier supuesto. Y estéticamente, tiendo a encontrar agradables, desde mi tierna infancia, las geometrías más armoniosas. Así… preferiré las abstracciones geométricas de Mondrian al expresionismo abstracto de Pollock. O los ordenados hallazgos del renacimiento a los abigarramientos del barroco. O las composiciones fotográficas sencillas, minimalistas y ordenadas, a los imágenes complejas e intrincadas.

Sin embargo, reconozco sentirme atraído por algunas de las propuestas de Han, aunque no al cien por cien. Y es que soy de los que opinan que arte y diseño son disciplinas creativas, como muchas otras. Pero no hay una identidad entre ellas. Y que un diseño limpio y claro me hace sentir bien, mientras que la obra de arte ha de presentar algún reto, algún desafío, alguna tensión, por lo tanto irregularidad, para transmitirme un pensamiento o una emoción. También estoy de acuerdo en que existe un exceso de «positividad» en la sociedad actual. No se admite lo feo, lo triste, lo «negativo» en las comunicaciones actuales, especialmente en la era de las redes sociales. No interesa quien afirma estar deprimido o tener problemas. Se nos «obliga» a estar sonrientes, perpetuamente contentos. Obligatoriamente «optimistas». Incluso en unos tiempos como estos en los que tantos problemas agitan el mundo. Desde los desastres climáticos, a los ecológicos que nos traen nuevos y puñeteros virus a nuestras vidas, o al resurgimiento de las ideologías totalitarias… si es que alguna vez se fueron realmente.

En fin… ha sido una primera vez con la obra de este coreano relativamente germanizado. Ya veremos si hay segundas parte. Pero ha sido interesante.

[TV] Cosas de series; crímenes y vacas en el Reino Unido

Televisión

La semana pasada me despisté y no publiqué ninguna entrada televisiva. A pesar de que tenía materia para ello. En concreto, un par de series británicas vistas en Filmin. Ambas empecé a verlas por curiosidad y ambas sobrepasaron mis expectativas. Aunque deberemos situarlas en su justa medida.

Primero vi, y terminé de ver, Glue. Esta miniserie autolimitada a ocho episodios de unos 45 minutos de duración, aunque esta es variable, tiene ya unos años. Es de 2014. Se trata de un policiaco con trasfondo social. Una comunidad rural, agrícola, inglesa en la que encontramos un grupo de adolescentes a punto de transicionar a la edad juvenil adulta, y entre los que encontramos alguno procedentes de un grupo de etnia romaní. La denominación «gitano» es propia de España, y en algunos países, sus equivalentes se consideran peyorativas. En dicha comunidad, aparentemente idílica, tras una noche de juerga de ese grupo de jóvenes, se produce el asesinato de un joven romaní de 14 años. Entre los policías al cargo de la investigación hay una joven agente en prácticas de la misma étnia. Poco a poco, la investigación irá sacando a la luz las miserias de la comunidad. Tanto entre los romanís como entre los ingleses étnicos. Esta es una serie que va creciendo poco a poco, que va desvelando poco a poco las taras sociales del lugar, las hipocresías colectivas e individuales, y que pone a prueba las lealtades y las afiliaciones de cada cual. Es mejor de lo que aparenta. Y de hecho, por lo que he podido comprobar, tuvo más éxito en la crítica que en el público, aunque tampoco está mal valorada por este. No es una serie original, en los últimos tiempos hemos vistos producciones similares en tema y planteamiento, pero merece la pena recibir la atención del televidente. Como de costumbre en las series británicas, excelentemente interpretada.

En 1996 recorrí con un par de buenos amigos las tierras de York, algo de Yorkshire y Escocia.

Después, me asomé a una comedia amable, la segunda adaptación en forma serie de los libros de James Alfred Wight bajo el pseudónimo literario de James Herriot, un veterinario escocés que ejerció en el norte de Inglaterra. Estos libros, All creatures great and small, como el título de la serie, han sido objeto de adaptaciones al cine y a la televisión de todo tipo, siendo la de más éxito una serie de la BBC que se emitió entre 1978 y 1990. La serie actual no es de la BBC. Por el estilo de producción, por la forma en que se presenta, por los ritmos que lleva y el tono en general, pensaba que tendría un origen similar a Downton Abbey, aunque su cadena televisiva original es distinta. La historia va de un joven veterinario recién licenciado de Glasgow, que recibe una oferta de trabajo como ayudante de un excéntrico veterinario establecido en algún lugar de Yorkshire. Siendo ficción, la serie está basada en las vivencias del autor literario de la saga, y está escrita y rodada con un tono amable, dosificando con calma los momentos más cómicos y los más dramáticos. Los seis episodios que se pueden ver sirven para poner sobre el tablero a todos los personajes del microcosmos, y es de suponer que habrán de llegar nuevos episodios que desarrollen las distintas tramas planteadas. Especialmente, las románticas. La temporada tiene seis episodios, pero hay apuntado un séptimo… quizá, ¿un especial de navidad? En fin. Bien hecha, amable, relajante, con personajes simpáticos y empáticos… ¿qué más se puede pedir?

[Recomendaciones fotográficas] Obituarios, premios y otras cosas

Fotografía

Llevan todo el fin de semana anunciando buen tiempo, pero las nieblas se empeñan en impedirnos ver el sol en Zaragoza. Si por lo menos fueran lo suficientemente densas para tener interés fotográfico… En fin. Quizá ese tono gris mediocre que inunda el ambiente sea el que más esté de acuerdo con los tiempos. Vamos con algunas cosas de interés en el mundo de la fotografía de esta semana.

Desde Magnum Photos nos anuncian el fallecimiento del franco-suizo Bruno Barbey (1941 – 2020) a los 79 años. Uno de esos fotógrafos bregados, literalmente, en decenas de batallas. Recorriendo los conflictos que han salpicado el mundo en la segunda mitad del siglo XX. En el siglo XXI buscó otros temas, que reflejan los cambios en las sociedades modernas. Casi todo el mundo ha visto en algún momento una fotografía de Barbey, aunque pocos sabrían identificar su autor.

Por fin estoy terminando mi libro de fotografías de Oporto y alrededores, que me está costando más de lo habitual. Principalmente, sobre la base de ls fotografías en blanco y negro realizadas con película negativa tradicional, «gracias» al extravío de mi cámara digital.

Varios medios nacionales, como Clavoardiendo, se han hecho eco del fallecimiento de Miguel Oriola (1943 – 2020). Uno de los fotógrafos que indujo cambios en la fotografía española durante y tras la transición política. Tanto formales como de fondo, aunque no ha sido tan mediático y conocido por el gran público como otros. Quizá, como otros fotógrafos de la época, trabajó tanto y en tal variedad de ámbitos, que es difícil localizarlo con precisión. Pero merece la pena recorrer su obra.

También a través de Clavoardiendo me entero de que este año de actos virtuales se ha concedido el Premio Nacional de Fotografía 2020 a Ana Teresa Ortega. Y aquí me pilláis en un renuncio, por que no estoy al tanto de la obra de esta fotógrafa. Así que ya tengo que hacer en cuanto tenga un rato. Aunque lo poco que he visto me muestra una fotógrafa que supedita la forma al contenido, al concepto.

El domingo me fui a hacer algo de fotografía de aproximación y macrofotografía. Nada especial; probar cosas. Y poco después, en las vistosas galerías de In Focus de The Atlantic nos traen a los ganadores de la competición Close-Up Photographer of the Year (Fotógrafo de aproximación del año). Verdaderas maravillas que combinan ciencia, estética y habilidad técnica.

En los últimos años se ha hecho muy popular la fotografía de la serie Satellites del noruego Jonas Bendiksen. Una extraña escena en la que se mezclan unos chatarreros de basura espacial, un paisaje primaveral y una «nevada» de cientos de miles de mariposas blancas. Realmente, es una escena fascinante. En Cartier-Bresson no es un reloj han dedicado un interesante artículo a la fotografía de Bendiksen y a su trabajo en general. Por cierto, la serie se denomina así, satélites, no por los chismes espaciales sino por el recorrido del fotógrafo por los países o pseudopaíses que surgieron en la órbita rusa tras la caída de la Unión Soviética.

En otro orden de cosas, tres trabajos que me han llamado la atención:

En American Suburb X, el de Mimi Plumb, The White Sky, repasando el terreno social y piscológico del paisaje californiano, especialmente el más desértico, en los años 70 del siglo XX.

En LensCulture, el regreso de la fotógrafa Wang Lu (instagram) a su ciudad natal en China, ahora reside en Tokyo, registrando los muchos cambios que la ciudad ha sufrido, al igual que sucede en buena parte del gigante asiático.

Finalmente, en 35mmc, Sumaiya Tazin (instagram) nos trae las fotografías que reflejan su vida de adolescente y universitaria en un país complejo para las mujeres como es Bangladesh. Fotografías que no se tomaron para convertirse en un proyecto o en arte o en nada parecido, pero que en estos momentos constituyen un documento inapreciable sobre un tiempo, un lugar y unas personas. También ahora se encuentra residiendo en Japón… ¿Qué tendrá el país para el resto de los asiáticos, con el mal que les dio en un momento dado?

[Cine] On the rocks (2020)

Cine

On the rocks (2020; 57/20201108)

Otra semana sin visita a las salas de cine. Entre las consecuencias directas de la pandemia y las limitaciones en los estrenos debidas también a la misma, cuesta mucho hacer el esfuerzo de desplazarse hasta la gran pantalla. Más si tenemos en cuenta lo afectada que está la oferta de versiones originales. Y la cosa no mejora, por lo que he visto en los estrenos de esta semana. Nunca había visto estrenar tantos documentales.

En cualquier caso, tenemos las plataformas en internet para ver cine de estreno. No es lo mismo, pero menos da una piedra. Y en esta ocasión, en AppleTV+ nos encontramos con el estreno de lo último se Sofia Coppola, que actúa también como guionista, contando de nuevo, como en una de sus más célebres películas, la mejor en mi opinión, con Bill Murray como coprotagonista.

Al igual que la mayor parte de las comedias de Woody Allen, esta de Sofia Coppola transcurre, casi toda ella, en la Gran Manzana. Así que fotográficamente nos daremos un paseo por Central Park.

Y nuevamente en una relación entre hombre maduro y mujer más joven. Un hombre mucho más maduro, han pasado 17 años desde aquella estupenda película, con una mujer, interpretada por Rashida Jones, bastante menos joven. Esta interpreta a una mujer en sus treinta y muchos que de repente empieza a sospechar que su marido (Marlon Wayans) puede serle infiel con su socia en el trabajo, una mujer más joven y guapa (Jessica Henwick). Laura, es el nombre la protagonista, se confía a su padre, un vividor mujeriego y simpático, y esta la lleva en una espiral detectivesca para averiguar la verdad.

Aunque el planteamiento de la película puede recordar en algunos aspectos a Lost in translation, lo cierto es que el tono es muy distinto. Y a lo que realmente me recuerda es a algunas comedias de Woody Allen, algunas de las menos trascendentes, en los que los protagonistas se ven metidos en líos actuando bajo unas premisas,… que a veces pueden no ser muy acertadas.

Realizada con oficio, y con unos protagonistas que ponen de su parte para que todo salga adelante, lo cierto es que finalmente la película resulta bastante previsible. Como comedia, no llega a tener toda la comicidad necesaria. Como drama ligero sobre las relaciones entre un padre y una hija, no profundiza todo lo adecuado. Como reflexión sobre las crisis de pareja… la mencionada crisis es más un macguffin para desencadenar la acción que un tema importante en sí mismo. Y como reflexión sobre las crisis de las mujeres de cierta edad que se debaten entre su papel de amas de casa y profesionales independientes sin hallar el adecuado equilibrio, tampoco hay una especial profundidad en los planteamientos. Todo queda esbozado, nada es contado con detalle, y al final todo queda en una peripecia con tonos simpáticos, algún momento divertido y algún bajón más de la cuenta en una historia que sobrepasa por poco los 90 minutos de duración.

No llega a naufragar del todo esta película, pero casi. Coppola nos ofreció lo mejor de sí misma al principio de su carrera, y después me ha costado siempre conectar con ella. Y si hemos visto esta película ha sido gracias a una promoción,… porque dudo que si no hubiese pagado por ella. En fin. Vosotros veréis.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Un poco de fotografía de aproximación en un agradable domingo otoñal

Fotografía

Se nos acaban los días agradables para pasear. Salvo que volvamos a tener un otoño «anómalo» como los últimos años. Cosas del cambio climático, supongo. Pero en Zaragoza, cuando llegaba el mes de noviembre, las opciones eran claras. Si venían las bajas presiones, algo de lluvia y bastante viento. Y si llegaban las altas presiones, mientras el resto de España lucía el sol, aunque las temperaturas nocturnas fueran bajas, con días agradables, nosotros sufríamos las nieblas persistentes. Durante días y días.

Desde ayer… nieblas. No hemos visto el sol. De momento con temperaturas moderadas. Sólo si entra nubosidad y algo de vientecillo nos libraremos de ellas. Como si lo intuyésemos, el domingo que fue un día de sol y temperaturas agradables tras las intensas lluvias del sábado por la mañana, la gente se echó a la calle. Y como lo de tomar el vermú con los amigos está complicado. Pues a pasear por las zonas verdes. Parques, jardines, riberas del Ebro y del Canal Imperial. A tope de gente.

Yo aproveché para hacer algunas pruebas con algunos objetivos y una cámara digital en fotografía de aproximación. No me atrevo a llamarla macrofotografía. Pero cerca. Nada extraordinario. Os dejo algunos ejemplos. Si alguien está interesado en datos técnicos… en Macrofotografía con la Canon EOS RP y EF 85/1,8 USM más tubos de extensión y multiplicadores de focal.

[Libro] La detective miope – Rosa Ribas

Literatura

Llevo mucho retraso comentando libros. No mucho, mucho,… es que este año voy a saltos. Tan pronto me estanco en la lectura, en algún momento de forma preocupante, como me da por relajarme, vaciar mi cabeza (hasta cierto punto) de preocupaciones y enlazar una racha de libros leídos en sucesión. Y especialmente esto me ha pasado con la coincidencia de mis periodos vacacionales. En concreto de mis viajes. El libro de hoy lo leí a mediados de octubre, lo comencé en la idus de ese mes, y antes de terminar el décimo del año había leído cuatro libros más. En los once días que llevo de noviembre apenas he conseguido sobrepasar la tercera parte del libro que estoy leyendo… que ciertamente es más largo que los anteriores, pero aun así.

Algunas instantáneas barcelonesas para ilustrar una aventura barcelonesa.

Quien me siga en este Cuaderno de ruta, habrá comprobado que no soy buen lector del género policiaco/negro/detectivesco,… que muchas veces se confunden aunque para mí no son lo mismo y que depende mucho del tono a la hora de adjudicarles una etiqueta u otra. Pero cualquiera que sea… creo que son géneros muy prolíficos, en el sentido de que hay mucha oferta, porque son favoritos de muchos lectores, pero eso hace que haya mucha morralla, que me suele dejar insatisfecho y acabe cabreándome cuando pico en una tontería. En cualquier caso, cuando vi la sinopsis del libro, me pico la curiosidad. Investigué un poco sobre la escritora para intentar «no picar en una tontería» y me decidí.

El planteamiento del libro me gusta. Una detective privada, cuyo marido es asesinado, lo que la hace caer en una profunda depresión, de la que sale a duras penas, y con un curioso efecto secundario, que nunca me he encontrado en mis años de estudios y profesión médica, una miopía progresiva galopante, que la hace ir a casi a ciegas por el mundo. No le daré importancia a la escasa plausibilidad de esta situación, ya que la miopía magna o progresiva tiene su causa en elementos estructurales del ojo más que en la psicosomática de la persona. Lo asumiré como un recurso literario, como una metáfora del estado mental de la protagonista tras la tragedia y sus decisiones posteriores. Decisiones que la llevan a entrar a trabajar en una agencia de detectives con un único objetivo. Bajo la teoría de los «seis grados de separación«, la resolución de los distintos casos que lleguen a su mesa le llevará a resolver el caso del asesinato de su marido.

La narración se mueve por los terrenos de la intriga, pero también por los de cierto humor. Un humor sin estridencias, tranquilo, que señala las deficiencias de nuestra sociedad, representada por la Barcelona más castiza, con las ranciedumbres propias de la sociedad española, de la que la ciudad condal forma parte, guste o no guste a independentistas u otros fabuladores de la idea de los «hechos diferenciales». Pero al mismo tiempo con un tono triste, puesto que no dejamos de acompañar a una persona triste, que ha perdido la alegría de vivir, y que si sigue adelante es a base de una profunda alienación de sí misma. Volvemos a la miopía como metáfora, así como a otros detalles de la rutina vital de la protagonista.

El resultado es… razonable, aunque al mismo tiempo insuficiente. No he «picado en una tontería». La historia y el planteamiento no me parecen nada tontos, y encuentro ideas interesantes a lo largo de todo el libro. Quizá se deja llevar demasiado en la creación de personajes por los tópicos sobre esa «Barcelona castiza» que he mencionado, y no consigue sacar adelante todo el potencialidad que tiene el personaje protagonista y su entorno. Llegando a un desenlace que deja un poco frío. Aunque eso no tiene porque ser lo importante. Cada vez estoy más convencido de que juzgar la ficción por los desenlaces es un vicio en nuestra sociedad que parece negar constantemente el dicho, que a todo el mundo paradójicamente parece gustar, que afirma que lo «importante es el viaje (o el camino)». Se deja leer… pero tampoco creo que deje un recuerdo imborrable en mi memoria. De hecho ya me ha costado ponerme en situación de comentarlo sólo tres semanas después de leerlo.