[Libro] Cantares de Ise

Literatura

Hace unas semanas, haciendo tiempo antes de acudir a un compromiso, estuve con unas amistades en una librería de viejo y ocasión. Compré alguna cosita. Pero una de estas amistades encontró un libro que compró y que le pedí prestado. Es el que traigo aquí hoy. Se trata de la edición de la traducción de Ise monogatari [伊勢物語], un anónimo japonés de relatos cortos del siglo IX, el periodo Heian, que parece tener una gran relevancia en la historia de la literatura japonesa… y que ha resultado ser una lectura muy entretenida.

Ya advierto que no soy un buen lector de poesía. La poesía es, evidentemente, como muchas otras formas artísticas, un gusto adquirido. No es un gusto innato. Necesita ser cultivado para ser correctamente apreciado y para que apetezca su consumo. Nuestras lecturas habituales son en prosa y prosaicas, y tanto las formas como los conceptos que maneja el arte poético precisan dedicación. Que no he tenido en grado suficiente. Eso no quiere decir que eventualmente no haya disfrutado de obras poéticas. Y este es uno de esos casos. Que debe tener una explicación previa.

Tuvimos ocasión de visitar Ise durante nuestro último viaje a Japón, y por supuesto, su antiquísimo santuario, que es derribado y reconstruido cada 20 años.

La edición que llegó a nuestras manos es la traducción de 1987 debida a Antonio Cabezas, a quien también debemos la presentación y el epílogo de la obra, que nos ayudan a entenderla mejor. No olvidemos que estamos hablando de fechas en las que en la Península Ibérica se estaba produciendo la transición desde el latín vulgar de la Hispania visigoda a los romances medievales de los cuales algunos como el castellano, el aragonés, el catalán, el asturleonés o el gallegoportugués estaban en sus fases iniciales en rincones del norte de la península, mientras que en la mayor parte de ella se usaba de forma cotidiana el árabe como lengua culta, con los dialectos mozárabes como continuación de la evolución de la lengua latina vulgar. Así que el japonés se encuentra también en proceso transformación lingüística hacia formas más tardías. Aunque uno se queda con la sensación de que aquel japonés sería más semejante al actual, que los romances de la época al castellano actual. No sé si es una conclusión acertada por mi parte.

La obra está formada por una serie de relatos, escritos por un autor anónimo, que narran sucesos diversos, aunque en una gran parte de ellos, el protagonista de los mismos es el que es llamado «un hombre», «el hombre» o «nuestro hombre». Este hombre, coinciden los estudiosos, que es Ariwara no Narihira. En castellano sería, Narihira de Ariwara. Nieto de emperadores, tanto por parte de su madre como de su padre, tuvo distintas posiciones en la corte de Kioto, aunque sin llegar a alcanzar especial prominencia política. Pero destacó por ser un consumado poeta y por sus amoríos. Parece que tuvo relaciones con damas prominentes como Fujiwara no Takaiko, hija de emperador, Fujiwara no Takako, que llegó a consorte principal del emperador Seiwa, y de la señora de Ise, la princesa Yasuko, sarcedotisa virgen del mencionado santuario, hija también de emperador. Y que puede ser el origen del nombre la compilación. Cada relato contiene uno o dos poemas, en ocasiones más, cuya autoría, en su mayor parte, se atribuye a Narihira. La relatos que los contienen, que serían del autor anónimo, mezclan lancen galantes, aventuras, historias sobrenaturales o reflexiones de carácter más o menos filosófico.

El traductor hace un esfuerzo por trasladar el espíritu de los poemas a la lengua castellana, advirtiendo en su presentación de las dificultades. Por las diferencias entre los dos idiomas, y por las diferencias entre las formas poéticas de los dos idiomas. La forma poética más habitual de los poemas japoneses sería el tanka, cuya métrica es 5-7-5-7-7, donde el número se refiere a las moras, algo parecido a las sílabas, pero no exactamente lo mismo. En japonés, la poesía no se rima. El autor opta, por una serie de razones que explica en la introducción, por trasladarlas a poemas de cinco versos también, del tipo 6-6a-5-6-6a. Es decir, hace rimar en asonante el segundo y el quinto. Un tipo de poema que tendría cierto parentesco con las seguidillas. No estoy cualificado para valorar esta decisión, pero el resultado no me disgusta. La forma más popular en nuestros días de la poesía japonesa es el haiku, de 17 moras repartidas en 5-7-5. Como se deduce, es un tanka sin los dos últimos versos de 7 moras cada uno. Son muchos los que intentan usarla en nuestro idioma, con resultados que pocas veces me resultan convincentes. No hay más que ver la escasez de verbos que suelen tener esos intentos.

La lectura me ha resultado amena. Y la única pega que le encuentro a la traducción, no quiero decir que no tenga más, es que yo no soy capaz de verlas, es que transcribe los nombres de personas y los topónimos con una aproximación fonética al castellano que… es, eso, una aproximación. Estoy acostumbrado a la transcripción más o menos oficial actual al romanji de los caracteres japoneses, y conozco sus valores fonéticos. Así que ver Fujiwara como Fuyiuara, o Yasuko como Iásuko, entre otras formas, me resulta raro. Por lo demás, la verdad es que he disfrutado más de lo que pensaba de las aventuras y lances galantes de Narihira. Y me ha sorprendido el obvio despendole sexual que había en el antiguo Yamato.

[Cine] Monos (2019)

Cine

Monos (2019; 15/20200225)

Película colombiana dirigida por Alejandro Landes, que venía precedida de cierta expectación por su amplio y exitoso recorrido por un sinnúmero de festivales de cine. El tema que trata es duro, los niños de la guerra, y por lo tanto de difícil abordaje. A nivel personal, me llamó la atención la presencia de una actriz norteamericana, Julianne Nicholson, que siempre me ha parecido muy sólida e interesante, aunque se haya movido más por la televisión que por la gran pantalla. Aunque le recuerdo alguna interpretación fenomenal. Ahora la podemos ver también en una serie de HBO, no terminada todavía, aunque en un papel con menos presencia del que prometía al principio.

Carezco de imágenes de las selvas de las regiones ecuatoriales, así que usaré para ilustrar la entrada los bosques pluviosos subtropicales de la península de Kii en Japón, en el santuario y la cascada de Nachi.

La acción nos lleva a las sierras y a las selvas próximas a las regiones ecuatoriales de Colombia, durante el conflicto entre grupos guerrilleros y el ejército del país, aunque no se identifica ninguna organización guerrillera en especial. Siempre se menciona, simplemente, la «Organización». Allí, un grupo de adolescentes y preadolescentes realizan su instrucción como guerrilleros mientras custodian a una «doctora», aparentemente un ingeniera (Nicholson). Pero cuando son dejados sin supervisión aparece su naturaleza inmadura, en la que se mezclan sus complejas interrelaciones sociales, su hedonismo (el grupo es mixto, con chicos y chicas) y su inconsciencia a caballo entre la edad infantil y la adulta.

Rodada en un medio natural apabullante, con una primera parte en lo alto de las sierras, brumosas, cálidas y frías a un tiempo, abierto, con sensación de libertad, para pasar después a lo profundo de la selva, al denso bosque pluvioso, que otorga a la continuación de la acción de un ambiente opresivo, encerrado, mientras la débil sociedad adolescente se degrada. Todo ello filmado con indudable maestría, en la que hay que reconocer el inmenso trabajo del director de fotografía (Jasper Wolf).

Aparte de la interpretación de Nicholson, que está, como de costumbre, muy bien, los jóvenes protagonistas de la película, con nulo recorrido previo, realizan un interpretación muy libre, muy espontánea, que otorga credibilidad a la acción. Los referentes están claros. Especialmente porque en algún momento se realiza una clara referencia y homenaje a Lord of the Flies, obra literaria a la que debe mucho.

Película muy recomendable, aunque compleja en diversos planos y no fácil de contemplar en algunas de sus fases. Desasosiega, al principio, durante y al final de la acción.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Viaje] Excursión en el día al alto Martín

Viajes

El río Martín nace en la provincia de Teruel, en la sierra de San Just, en la comarca de las Cuencas Mineras, en el término de Martín del Río, como confluencia de varios ríos y torrentes en dicho término municipal. Y en buena parte de su curso alto excava las sierras generando hoces o cañones más o menos profundos, más o menos vistosos, en muchos casos acompañados de un paisaje de interés geológico, de interés paleontológico, no es difícil encontrar algún lugar donde ver icnitas de dinosaurios, y de interés arqueológico, que van desde pinturas rupestres que forman parte del conjunto que se declaró Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995, a restos de poblados o necrópolis medievales.

Con un buen amigo que tiene casa en Martín del Río y que tenía que ir a dar vuelta por temas de mantenimiento de la misma, salimos a pasar una buena parte del sábado recorriendo algunos de los parajes del curso alto de río Martín.

Por la mañana, tras parar un momento en Martín del Río, con tiempo soleado y agradable, nos acercamos a los Hocinos del Pajazo, un cañón formado por el río de las Parras uno de los tributarios que forman el río Martín en el término municipal de Martín del Río. El cañón tiene un sendero, habitualmente mantenido para poder recorrerlo con cierta comodidad, pero que tras las inclemencias del tiempo invernal, precisa bastante mantenimiento. La corriente se ha llevado por delante bastantes necesarios puentes, y se han producido notables desprendimientos de rocas de las paredes que forman el cañón. No nos adentramos mucho, porque particularmente yo no soy muy hábil al cruzar haciendo equilibrios sobre estrechos troncos u otras incidencias. Siempre he tenido una estabilidad muy precaria, y la edad no mejora la cosa.

En la zona, también pudimos visitar unas tumbas de un necrópolis medieval cuya datación se estima entre finales del siglo XI y principios del XII, un momento en el que la zona todavía se encontraría bajo dominio musulmán, recordemos que Zaragoza es tomada por los cristianos en 1118, al final de la segunda década del siglo XII, pero no hay indicios de qué religión profesaban las personas allí sepultadas.

Tras comer un plato combinada en un restaurante de Martín del Río… Un inciso… para los que se lían con la toponimia. No confundir Martín del Río, en la comarca de las Cuencas Mineras de la provincia de Teruel, con San Martín del Río, en la comarca del Jiloca, también en la provincia de Teruel. No es que estén muy lejos uno de otro, unos 60 km por carretera, pero son distinto lugar. Bueno tras comer, nos dirigimos a Peñas Royas, un núcleo de población perteneciente a Montalbán, aguas abajo del río Martín, a cinco kilómetros y medio del núcleo principal del municipio.

Allí, el río Martín se vuelve a encañonar en medio de un notable paisaje de plegamientos de rocas de color rojizo que da nombre a la población y al paraje. Nos encaramamos a un mirador sobre el conjunto del paisaje, aunque dejamos para más adelante la exploración de las icnitas de dinosaurio y de las pinturas rupestres que se encuentran por el lugar. Desde el mediodía, las nubes se habían echado sobre la comarca y la luz, nunca especialmente buena durante todo el día, se había vuelto francamente modorra. Nos dejamos como deberes el volver con más tiempo y mejores condiciones para una exploración del lugar más a fondo y tranquila.

[¿Cine?] El fin de la prensa libre; sobre ‘Cahiers du Cinéma’

Cine, Cultura, Política y sociedad

En primer lugar, no, no leo ‘Cahiers du Cinéma’. Alguna vez lo hice. En tiempos. Cuando los quioscos de prensa, algunos de ellos, merecían la pena… cosa que ya… Esto de internet se está cargando muchas cosas. Y los quioscos es una de ellas. Una actividad favorita mía, la de pasear entre los quioscos los domingos por la mañana… adiós. El otro día contemplé con tristeza uno de los más emblemáticos de Zaragoza, ya cerrado. Pues eso. Que no leo ‘Cahiers du Cinéma’. Que se ponen muy exquisitos con frecuencia. Pero era bueno saber que estaba ahí. Que representaba el periodismo del cine considerado como una de las bellas artes, frente a la mayoría del resto de las publicaciones que lo ven más como un entretenimiento.

También suponía algo importante. La libertad de expresión, aunque fuese en algo tan sencillo como algo que, efectivamente, para la mayor parte de la población es un entretenimiento. Pero es que los entretenimientos no son banales. Suelen conllevar ideología. Y las que arrastran los entretenimientos de masas, no son precisamente los que arrastran las ideologías más positivas. Véase el fútbol, que suele acompañarse de manifestaciones de odios entre comunidades, de racismo, de sexismo, de xenofobias diversas. Alguien no habituado a los medios que tratan el deporte, y eso en buena parte de Occidente significa casi exclusivamente ‘fútbol’, se asoma a la prensa ‘especializada’, y a poco que cultive un mínimo de buen gusto queda horrorizado por la vulgaridad, por lo chabacano, por el mal gusto y por los valores tremendamente negativos que acompaña al deporte del pelotón. El cine también tiene ideología. Mucha más de la que nos creemos. También las producciones más taquilleras y aparentemente más orientadas al entretenimiento. Y generalmente también con valores muy cuestionables para las sociedades democráticas. Así que saber que existen algunos medio independientes y críticos, no sólo con los valores puramente cinematográficos sino con los contenidos de fondo, alivia.

Pero nos dicen que los redactores de ‘Cahiers du Cinéma’ han dimitido en masa. La revista es comprada por un grupo empresarial detrás del cual hay un buen número de productores ¡¡¡DE CINE!!!, los que ponen el dinero, que quieren hacer de ella una revista más comprensible y amable. Supongo que debemos entender que escasamente crítica, amable con las películas que esta gente produce. El problema es que esto no sólo pasa con una revista de cine que lee una ínfima proporción de la población. El problema es que eso ha venido sucediendo en las últimas décadas, especialmente en los últimos 20 años, con la mayor parte de los medios de comunicación, adquiridos por grupos empresariales con intereses muy distintos del de la libre información insesgada y objetiva a la población para que pueda ejercer con conocimiento de causa sus decisiones como miembros de una sociedad democrática. Uno de los principales reguladores de los tres poderes del estado de derecho moderno deja de actuar como tal. Y las partitocracias, y plutocracias que hay detrás, dejan de estar sometidas a críticas. El ciudadano deja de poder confiar en los medios. O simplemente es engañado por ellos. La regresión democrática es un hecho. No sólo por esto. Fíjense en el auge de los fascismos y otros populismos… Y la gente tan contenta. Al fin y al cabo, esto de ‘Cahiers du Cinéma’ es solo para pedantes que ven películas con subtítulos que hablan de temas oscuros y de nacionalidades rarísimas, ¿no? Como ‘Parásitos‘…

[Fotos] Paisaje urbano y carnaval

Fotografía

Paseando con mi «nueva» Olympus Pen F y película de mayor sensibilidad, recogiendo en dípticos el paisaje urbano y «reportajeando» el carnaval infantil del pasado domingo. Los detalles técnicos en Más grano con ISO 400 – Olympus Pen F + Lomography Berlin Kino 400.

[Cine] Hauru no ugoku shiro [ハウルの動く城] (2004)

Cine

Hauru no ugoku shiro [ハウルの動く城] (2004; 14/20200220)

Seguimos acudiendo una vez al mes a las sesiones únicas del ciclo de animación japonesa que unos conocidos multicines de Zaragoza llevan programando desde hace un tiempo. Y tras la película de enero dedicada al cine de Kon Satoshi, volvemos al Studio Ghibli y a Miyazaki Hayao y sus maravillas con la película que en castellano recibió como título El castillo ambulante.

Las poblaciones típicas alsacianas, a caballo entre la cultura francesa y la germánica, como Colmar y Rikewir, y que sufrieron las consecuencias de las guerras entre Francia y Alemania, fueron la inspiración para el reino en guerra en el que transcurre la acción de la película de hoy.

Es adaptación de una novela de la británica Diana Wynne Jones del mismo título, pero en inglés, Howl’s moving castle (1986), aunque adaptación libre. Han sido varias las ocasiones en las que Ghibli ha encontrado inspiración en la literatura europea, aunque siempre con adaptaciones en las que han introducido cambios argumentales e incluso enfoques, pero sin desvirtuar nunca, como Disney, el original. Quizá el principal cambio entre la versión literaria y la cinematográfica es que esta última es vista como una película antibélica, estrenada en el marco de las convulsas relaciones internacionales con las aspiraciones guerreras de determinados líderes occidentales con el presidente norteamericano a la cabeza, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El ambiente es un reino imaginario en el que se combina el realismo, un poco steampunk, con la fantasía de convivir con hechiceros y brujas. Un reino en guerra, estilo guerra del 14-18, en el que Sophie, una modesta sombrerera de 17 años sufre una maldición que la convierte en una anciana de 90 años, y que habrá de aliarse con el misterioso, atractivo e inconsistente hechicero Howl para romper los hechizos que los atrapan a ambos y, quizá, detener la guerra sin sentido que se cierne sobre los reinos vecinos.

Miyazaki vuelve a presentarnos una vez más una heroína extraída de entre la gente común que, ante la adversidad, toma las riendas de su propio destino, y decide que hay que adaptarse a las circunstancias y luchar contra ese destino. Pero siempre sin perder la compasión, incluso hacia los responsables de su propia desgracia, cuando estos también caen.

Un radical no a la guerra y a la violencia, la autonomía de la persona ante su propia vida, la compasión y la solidaridad hacia los demás, unidos a un argumento con pocos peros que ponerle y un animación sin florituras pero ejemplar, hace de esta película un clásico más en la filmografía de Miyazaki. Totalmente recomendable.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[TV] Cosas de series; los «nuevos» papas

Televisión

Cuando se estrenó en 2016 la serie The Young Pope, salida de la mente del director italiano Paolo Sorrentino, quedó claro que iba a entrar a formar parte del género de las «inclasificables». ¿Drama político? ¿Reflexión religiosa? ¿Comedia costumbrista en el Vaticano? ¿Crítica social? ¿Todo lo anterior es válido? ¿Nada de lo anterior puede asegurarse? Las aventuras del peculiar Pio XIII, o Lenny Belardo (Jude Law), un cardenal norteamericano, aparentemente ultraconservador, pero capaz de arrastrar tras de sí a gentes de todo tipo de ideologías, resultaron un indudable éxito. Aderezado además con un plantel de secundarios excelente en el que destaca ese impresionante cardenal Voiello (Silvio Orlando), camarlengo y secretario de estado, todopoderoso de la política vaticana, más compleja y renacentista que nunca. Todo ello aderezado con la moderna y personal estética que Sorrentino sabe imprimir a sus realizaciones. Hay que reconocerlo, nos dejo con ganas de más.

Paseemos por Roma y por el Vaticano, los museos al menos, como durante esta serie tan interesante y distinta.

Y han sido más de tres años los que hemos tenido que esperar para ver la continuación. Que no ha venido como una segunda temporada sino con un nuevo nombre, The New Pope. Pero desde ya hemos de decir que no hemos perdido al «papa joven», y que hemos tenido no uno sino dos «papas nuevos»… Uno breve, en el que se ironiza sobre el breve papado de Juan Pablo I, y otro, nuevo coprotagonista, Sir John Brannox, o Juan Pablo III (John Malkovich), que ha resultado en algún cambio de tono de la serie.

La serie ha entrado más de lleno a cuestionar o fabular sobre la realidad de las intrigas internas de la Santa Sede como peculiar organización política y económica. Se cuestionan en momentos dados, incluso las creencias. Personalmente, hace tiempo, en mi adolescencia haciendo el bachillerato unificado polivalente en un colegio católico, ya me empecé a plantear en qué medida muchos de los sacerdotes que por allí pululaban creían realmente en lo que predicaban. Mantengo la sospecha, indemostrable, de que varios de ellos, y no pocos, no creían en su propia religión. Pero en la serie, que adopta a ratos un tono más críptico y lleno de simbolismo, no siempre fácil de aprehender, aunque mantiene la excelencia formal de la anterior, vamos cuestionando muchos de los fundamentos de la organización religiosa más potente y estructurada sobre la faz de la Tierra.

Una empresa con demasiados intereses. Mucho más allá de la guía de sus fieles. Y al final, no estoy seguro de haberlo entendido bien, seamos sinceros, por lo que he comentado con otras personas, en medio de un batiburrillo en el que lo que es honesto y lo que no queda confundido o resulta sorprendente, la impresión que te queda es que Sorrentino «apuesta» por el gatopardismo de la Iglesia, en la que mucho han de cambiar las cosas,… para que todo siga igual. La tercera vía de Brannox. Que inglés tenía que ser como todos los inventores de malditas terceras vías que ha habido en las últimas decadas.

Lenny Belardo,… ¿santo, resucitado, cristo, anticristo, mesías,…? ¿O simplemente, un papa? No he oído nada sobre una tercera entrega. Yo creo que así está bien. Muy bien. No hace falta más.

[Recomendaciones fotográficas] Clásicos y contemporáneos mezclados

Fotografía

Son ya las diez y media de la mañana. Hoy he dormido más de lo que pensaba, lo cual está muy bien para un domingo, pero también me hace ir muy justo de tiempo respecto a todo lo que quería hacer esta mañana. Así que intentaré contar mis recomendaciones fotográficas con cierta agilidad.

Inge Morath aparece con frecuencia en mis páginas. La austriaca es una de mis fotógrafas favoritas. Y además todo indica que fue una persona, una mujer, elegante e íntegra a nivel personal. El siempre interesante blog Cartier-Bresson no es un reloj le dedica un artículo. Con fotos suyas y con fotos de ella… es decir, donde sale ella. Me ha encantado. Y me gusta que observen que fue una pionera del color.

Sigo con fotos de la Olympus Pen F, con el carrete de Ilford Pan F Plus. Que me está gustando más de lo que pensaba, a pesar de que con sólo ISO 50, menos el paso que se come el filtro amarillo, es un poco precario para callejear. Pero a cambio, un grano finísimo, estupendo para un negativo que es ligeramente inferior a la mitad de un 24 x 36 mm.

Bruce Davidson es uno de los mejores fotógrafos documentalistas del siglo XX y uno de mis favoritos. Especialmente tras visitar la exposición que se le dedicó en Madrid hace poco más de tres años. Y en Magnum Photos nos comentan cómo se hizo unas de las fotografías que más me han atraído de este fotógrafo y que habla mucho de la naturaleza de la adolescencia.

Otro clásico de la fotografía documental, en esta ocasión japonés, es Daido Moriyama. Muy importante también. Y en Albedo Media nos cuentan que se ha abierto una exposición sobre él en Barcelona. Si estuviese o pasase por allí, no me la perdería.

Los de Fujifilm la han liado parda. La marca japonesa hace tiempo que me despierta sentimientos ambivalentes. Concibe algunas de las cámara más interesantes del mercado actual, aunque siempre con un puntito que ha impedido que me haya hecho pleno consumidor de la marca, y al mismo tiempo manifiesta ciertos modos empresariales bastante ariscos e inconsecuentes. Recientemente han presentado su quinta iteración de su X100, la X100V. Una bella cámara, casi «perfecta». Y para promocionarla, han filmado a varios de sus fotógrafos en nómina, X ambassadors les llaman, para promocionarla. Uno de ellos es Tatsuo Suzuki (instagram). Hace tiempo que conozco la obra de Suzuki. Visualmente heredero de Moriyama y otros fotógrafos de Provoke, aunque conceptualmente creo que no. Fotógrafo de calle, street photographer le llaman ahora a este tipo de fotógrafo documental, que es muy directo en su aproximación a la persona que va a la suya por la calle, provocando una reacción que es lo que aparece en sus fotografías, más que la propia naturaleza de la persona. Recuerda a Bruce Gilden. Pero al ver el vídeo, muchos han protestado. Y Fujifilm ha repudiado al fotógrafo y ha retirado el vídeo. Que se puede ver en otros sitios.

Lo de Fujifilm me parece pura hipocresía. Muchísima gente conocía como trabajaba. Y es como lo hacen muchos hoy en día, muy agresivos con el peatón. A mí mismo en Berlín me asaltó un tipo para hacerme una foto en los morros, de forma muy agresiva. No me atrae demasiado, aunque tiene fotos interesantes, y sigo su cuenta en instagram, pero es una opinión que formé y sostengo con razonable coherencia. Conozco su obra y no me llamo a engaño. Que después de haberlo aceptado y llevar bastante tiempo apoyándose mutuamente entre el fotógrafo y la marca, ahora lo pongo de vuelta y media por las quejas de los que no se coscan en las redes sociales, me parece una falta de criterio absoluta. Una falta de una línea y una ética empresarial definidas. Una hipocresía, porque uno de los argumentos de la marca para vender esta cámara, es que sirve para hacer este tipo de fotografía. Suzuki, independientemente de que nos guste o no su forma de hacer fotos, es un promotor activo de la fotografía, editando revistas y sosteniendo salas de exposiciones. Y muchos de los comentarios negativos incluían, de personas occidentales, incluían un trasfondo racista bastante clara, escondido en «lo políticamente correcto». Lo han comentado en 35mmc.

En Photography of China (instagram), me ha gustado la obra de Cheng Huanfa (instagram). Habla sobre todo de su relación con su pareja, de su familia, que va documentando desde 2013, un año después de conocerla. E implica cambio y evolución. Y mucha devoción y ternura.

[Cine] Öndög (El huevo del dinosaurio) (2019)

Sin categorizar

Öndög (2019; 13/20200218)

En idioma mongol, uno de esos idiomas o familia de idiomas que nos parece remoto, y desde luego totalmente inescrutable, pero que luego resulta que hablan un buen puñado de gente, muchos más de los que creemos, öndög significa huevo. Sin dinosaurio. Lo del lagarto terrible es un añadido de la distribuidora porque los del huevo no les parecería comercial. Que conste que sale un huevo de dinosaurio. Fósil. Claro.

No he visitado Mongolia. Me gustaría. Tal vez saliendo desde Moscú, primero en el Transiberiano, hasta «poco» después de Irkutsk, y luego en el Transmongoliano hasta Ulán Bator, o quizá algo más allá. En fin… tierras elevadas, escasamente pobladas, frías en invierno y cálientes en verano, esteparias en ocasiones, y con dinosaurios… visite Teruel.

Hace unos meses, me dio por comentar aquí y allá, entre la familia, entre las compañeras de trabajo, entre diversos grupos de amigos, que había visto una película surcoreana en el cine que estaba muy bien. No la obra maestra que algunos dicen ahora ver, pero que realmente estaba muy bien. Se me quedaba la cara de haba viendo las caras de pena con las que me miraban pensando algo así como «pobre chico, no tendrá mejores cosas que hacer que ver una película coreana…» Ahora, muchos de esos, se han hecho expertos en cine coreano después de ver aquella película, porque en Hollywood le han dado un premio. Y me siguen mirando con cara de pena cuando les digo, lo que decía hace unos meses, que está muy bien, pero no que no me parece una obra maestra. Que en algunos puntos se le ven las costuras. Claro que es «una obra maestra». Si la han visto todos, en un alarde de intelectualismo cinematográfico… siendo coreana,… cómo no va a ser «una obra maestra». Entonces a mí se me ocurre decir que un año antes se pudo ver una película japonesa que discutía las consecuencias de la sociedad capitalista en determinados sectores de la sociedad a la vez que reflexionaba sobre el significado del concepto de familia, que estaba mejor. Y entonces, sus miradas de pena se dirigen hacia el teléfono, tentados de llamar a las urgencias de salud mental. Pero qué dice este… qué habla de una película japonesa. Si la buena es coreana.

Pues ahora imagino si cuento en voz alta que me he ido a ver, sin que nadie me obligue, una película mongola, dirigida por el chino Wang Quanan. Ya partimos de un hecho. En castellano, «mongol» suele ser usado más como insulto que como gentilicio. Aunque curiosamente, es el único gentilicio que recuerdo que rima con «español». Cosas extrañas de nuestro idioma. Luego viene el tema de los «listos». Y si son de internet, más «listos» todavía, que se entusiasman diciendo que es el «fargo» mongol. Sí, Fargo, como la de los hermanos Coen. Es que sale una pradera inabarcable, hace frío y hay un crimen. Hasta ahí, el parecido. No hay nieve. La protagonista no es policía. El crimen no supone ningún misterio ni importa un rábano. Lo que realmente es… pues es una película de amor y desamor, de crecimiento personal, y de mujeres… lo siento, voy a decir la palabra,… empoderadas. Aunque no bajo los cánones y los clichés del mundo occidental.

No os voy a resumir el argumento. Si os queréis enterar, os vais a verla. Que merece la pena. Que nadie se acordará del nombre de sus intérpretes, pero lo hacen también como los que sirven para vender entradas de cine o ropa del Corte Inglés. O mejor. Y está bellamente rodada. Aunque lo tengo que reconocer, el conjunto… me dejó un poco frío al final. Aun así, me parece muy recomendable. Eso sí, si no queréis que os miren con cara de pena, luego no contéis que la habéis visto. Salvo que le den un premio en forma de eunuco dorado. Entonces sí. Ya pasaréis a ser respetables.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Últimas fotos de Galve y algunas callejeras de Zaragoza

Fotografía

He seguido probando y analizando las posibilidades mi flamante recién adquirida Olympus Pen F. En esta ocasión con un carrete de negativos en blanco y negro distintos al que inicialmente le puse. Los resultados son igualmente satisfactorios. Los detalles técnicos en Olympus Pen F para película tradicional con Ilford Pan F Plus.

[TV] Cosas de series; nueva ración de «guilty pleasures» coreanos

Televisión

Netflix sigue confiando en los dramas coreanos para rellenar su catálogo, sabiendo probablemente que hay un buen número de aficionados a estas producciones en todo el mundo, y que también estamos los que, conociendo sus debilidades, nos enganchamos a ellas como exótico guilty pleasure. Algunas cosas van cambiando. Cada vez potencia más los estrenos de producciones propias o en combinación con cadenas coreanas. Las primeras son estrenadas y difundidas por Netflix en todo el mundo. Las segundas son producidas por otra cadena, pero Netflix adquiere sus derechos de difusión mundial con el sello de «Netflix original». No siempre soy capaz de diferenciarlas. Y últimamente ha habido algún cambio en el modo de emisión. Si antes iban saliendo al catálogo los episodios al ritmo de uno o dos a la semana. Ahora ya ha habido alguna que se ha lanzado toda a la vez, propiciando el maratón de placer culpable. En las últimas semanas he terminado de ver o he visto un par de ellas. Suelo dejarlas para los fines de semana, días que destino a NO pensar en la medida de lo posible. Y estas series son ideales para ello.

Bueno… pues pasearemos fotográficamente por Corea del Sur, sea Seul, Busán o Gyeongjeon.

Chokolit [초콜릿], o sea Chocolate, es pura televisión «cebolla». Dos niños huérfanos o como si lo fueran, que se conocieron de niños, y que vuelven a coincidir de adultos, llevándose de pena. Ella, cocinera, muy simpática y cariñosa, a pesar de lo mucho que ha sufrido en la vida; el, neurocirujano, serio, un poco bastante sieso, también con su dosis de drama familiar. Y tras una serie de desencuentros, acaban trabajando juntos en una clínica de cuidados paliativos (imaginaos si hay para echar lágrimas), mientras son amenazados por malvados familiares. Pues eso, puro dramón, puro placer culpable, bastante previsible. 16 episodios que se fueron emitiendo semana a semana en Netflix, de dos en dos, tras su estreno en Corea del Sur. Ahora ya se puede ver todos en la plataforma de vídeo bajo demanda.

Na Hollo Geudae [나 홀로 그대], que significa Mi holo yo, donde «holo» es una abreviatura de «holograma», aunque internacionalmente se conoce como My Holo Love. Que quede claro que es un drama romántico. Esta es más animada, aunque con esquemas similares. Dos personas que se conocieron de niños, aunque no se recuerdan, cada una con sus problemas. Él, un genio de la informática, que ha creado una inteligencia artificial en forma de holograma que sólo se puede ver con unas gafas especiales. Ella, una discreta empleada, poco apreciada por sus compañeros, aunque es monísima, porque tiene un problema que guarda en secreto. Tras una serie de avatares, causados por unos malísimos rivales de la empresa de él, la chica pasa a ser la «beta tester» de las gafas y el holograma, del que se enamora. Ah… el holograma tiene la misma apariencia que él, claro. A partir de ahí… todo es previsible. Esta serie está «casi» bien. Aunque está muy lastrada por unos flojos intérpretes. Especialmente la chica, que como ya he dicho es monísima, pero más bien sosita. Producción exclusiva de Netflix, que subió los 12 episodios a la vez a su plataforma, así que ideal para un maratón desde el principio.

Ahora a esperar el próximo estreno, este fin de semana que viene, y que está muy valorado en IMDb, ya que se ha ido estrenando poco a poco en su país de origen. Parece que una damisela en apuros acabará aterrizando por accidente en Corea del Norte… esto parece una novedad…

[Cine] Kimi to, nami ni noretara [きみと、波にのれたら] (2019)

Cine

Kimi to, nami ni noretara [きみと、波にのれたら] (2019; 12/20200216)

Sinceramente, en las semanas anteriores a su estreno, tuvimos ocasión de ver el avance de esta película de animación japonesa dirigida por Yuasa Masaaki en un par de ocasiones. Y no nos entusiasmó precisamente. Estrenada en la víspera del 14 de febrero, con un empalagoso título en castellano como El amor está en el agua, que no tiene que ver con lo que podría ser una traducción del título original del tipo Si te montas en la (tu) ola o Cuando te montes en la (tu) ola, en el ámbito de la práctica del surf, amenazaba con ser un pastelón romántico para adolescentes, así que en principio… no. Pero cuando llegó el momento del estreno, aparecieron no pocas reseñas positivas, así que cuando me propusieron acompañar a un pequeño pero animado grupo de gente intergeneracional para verla, me apunté.

No tengo muchas fotos, ni muy interesantes, de playas japonesas. Aunque sí de otros paisajes marinos. Así que a ellos voy. En Kii-Katsuura.

La historia tiene dos partes. En la primera, una joven universitaria y aficionada al surf conoce a un joven bombero, empiezan a salir y se enamoran. Bien. Vale. Pero el bombero… ya sabéis, llega la tragedia. Así que nos encontramos con una segunda parte acompañando a la joven Hinako en su duelo.

Con un argumento de ese tipo, mil veces visto, se puede hacer de todo. Maravillas y pesadillas. Todo es cuestión de enfoque. También dependen del público al que se destine la ficción. Pero si la primera mitad me pareció aceptable, aunque empalagosa, con dos protagonistas y un par de secundarios que quienes un público juvenil adolescente puede empatizar, el toque de fantasía de la segunda mitad me sacó por completo de la película. Ni aun admitiendo y siendo comprensivo, que creo que lo soy, con las diferencias culturales y generacionales, soy capaz de no ver cierto ridículo en el planteamiento. No pude con ella. Por motivos distintos a los que imaginé al ver los avances. Y acabé, y creo que no fui el único, de la «cancioncilla»… hasta «allí».

La película es correcta, los japoneses tienen mucho oficio, en los apartados técnicos e interpretativos, pero creo que ni mis más idiotas versiones de mi yo adolescente hubieran digerido esa segunda parte de la película.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: *