El relato gráfico, o novela gráfica, nunca me entero de si hay diferencias entre ambos conceptos, supongo que basados en la longitud, o si no las hay, es un género que puede dar grandes satisfacciones. Pero también hay veces que pincha. Que alguien acoge un proyecto y se lanza a contar una historia, utilizando la historieta como medio, y no funciona. Uno de los géneros que generalmente me dejan más fríos cuando son adoptados por los historietistas es la biografía. Por el motivo que sea, pocas veces me siento a gusto con el resultado de una biografía, especialmente de un personaje famoso o representativo, cuando es narrada en forma de cómic. No voy a ponerme ahora a analizar los porqués. Quizá el principal sea que no es fácil recoger todos los matices de una vida en este formato. Lo cual no quiere decir que sea imposible.
No he visitado Méjico todavía. Por razones que no vienen ahora al caso, es un país que me supone un tira y afloja emocional, y no acabo a sentirme cómodo con la decisión de viajar a él. Supongo que algún día. No sé. Por ello, sustituyo los agrestes paisajes de los desiertos mejicanos por la estepa de los Monegros, más cerca de casa. En un adecuado blanco y negro y formato cuadrado, con película tradicional, para homenajear la obra de Iturbide.
Esto lo demuestran la escritora Isabel Quintero y el ilustrador Zeke Peña, mejicanos en los Estados Unidos, cuando abordan la biografía de una de las grandes de la fotografía mundial, la mejicana Graciela Iturbide. La joven Graciela, de familia de clase media, relativamente acomodada, estaba destinada a llevar una vida tranquila y convencional. Casarse con un buen partido, tener hijos,… y reproducir los esquemas sociales en los que había nacido y crecido. Y todo ello lo empezó desde muy joven, hasta que las inquietudes por otras cosas, y especialmente por las artes visuales, descarrilaron su vida, afortunadamente para la historia del arte y la fotografía. Discípula de otro de los grandes de la fotografía mejicana y mundial, Manuel Álvarez Bravo, pronto orientó el objetivo de su cámara hacia el reportaje en profundidad, con una visión etnográfica, y con una mirada especial para las poblaciones indígenas y las mujeres de su país.
Quintero y Peña van contándonos su vida y sus proyectos apoyándose en las fotografías más representativas de su obras. Aquellas que han alcanzo un estatus de imágenes icónicas, representativas de su obra y de las realidades sociales a las que mira. Y de paso nos ofrecen una buena comprensión tanto de la fotógrafa como de la propia fotografía.
Un libro muy interesante, en cierta forma inacabado, porque inacabada está todavía la vida de Graciela Iturbide a sus 76 años. Recomendable para amantes de la fotografía, de la historieta, y en general de todas aquellas personas dispuestas a disfrutar de un buen relato, con fondo y trasfondo, y que invite a reflexionar un poco sobre las realidades sociales del mundo.
Quizá no haya mucho que comentar hoy. Hacia mediados de noviembre hice un comentario sobre el trabajo de la fotógrafa alemana Lena C. Emery, aunque establecida en Londres, a propósito de la publicación, en el número de diciembre de 2018 del British Journal of Photography, de un artículo sobre su último libro. Y desde luego, parece que es una favorita de la veteranísima revista británica de fotografía, porque ya fue portada de la misma en el número de enero de 2017.
El caso es que me gustó bastante lo que vi de ambos trabajos. Distintos, aunque evidentemente relacionados. Así que decidí comprarlos, y hago un comentario sobre ambos libros.
Las fotografías acompañantes de hoy están tomadas en el entorno del Monte Fuji. E intentan recoger los aspectos formales y los contenidos que se pueden ver en uno de los libros que nos ocupan hoy.
Ambos los encargué a través de internet más o menos en la misma fecha, alrededor de los 18 o 19 de noviembre. Rie 理絵 fue el primero de los libros. Lleva como título el nombre de Nakajima Rie, una de las mujeres jóvenes que posaron para la fotógrafa en su trabajo, y creo que es la joven de la fotografía de portada. El libro se encarga a la propia autora a través de su página web, y es una serie limitada de 750 ejemplares, numerados y firmados por la propia autora. A mí me llegó el 740/750… es decir, uno de los últimos. Y lo hizo con rapidez. En unos días lo tenía en casa, sin mayores problemas. No recuerdo, lo que tardó con precisión, pero creo que fue entre 7 y 10 días desde que lo encargué.
Como ya comenté en su momento, es un estudio de la femineidad a través de una serie de retratos de mujeres jóvenes japonesas en el interior de típicos domicilios del País del Sol Naciente. De esta forma, conjuga o contrasta la suavidad de las formas del cuerpo de la modelos, algunos de los retratos son desnudos, con las líneas rectas y la ortogonalidad de formas propias del interior de las casas japonesas. Consiguiendo, eso sí, una coherencia en los colores cálidos que ofrecen tanto el cuerpo de las modelos como los interiores en los que se fotografían. Las jóvenes no son al uso, de formas o proporciones ajustadas a los cánones de la moda. No son chicas altas, delgadas, con las facciones de muñeca, o exóticas según toque, de las modelos profesionales. Son mujeres jóvenes como las que podemos encontrar en nuestra vida cotidiana. Y sin embargo, posan con gracia, y no pocas de las fotografías desprenden dosis de sensualidad muy apreciables.
El segundo libro es Yuka & The Forest, y el segundo título de lo que va a ser una trilogía, cuyo tercer libro supongo que saldrá a la venta a lo largo de 2019, aunque las indicaciones en la página web de la autora me resultan confusas. La portada del libro también es un retrato de una joven japonesa. Supongo que la Yuka del título.
Pero las características del trabajo es distinto. En primer lugar, Emery abandona el color por un blanco y negro de suaves contrastes, ligeramente virado en tonos cálidos. En las fotografías con las que acompaño esta entrada, he intentado reproducir el aspecto, con mayor o menor fortuna. Y aunque el contenido aparece salpicado por varios retrato de la joven Yuka, el cuerpo de la obra son paisajes. Paisajes alterados por el hombre, quizá en la tradición de Robert Adams y otros fotógrafos de la New Topographics, pero con la forma y las sensaciones que transmite determinado tipo de fotografía japonesa del siglo XX, que todavía es cultivada por fotógrafas actuales de aquel país. Realizadas en Nakanojō, en la región montañosa de la isla de Honsu, la principal del archipiélago nipón, nos muestra un entorno natural de suaves montañas y abundante bosque. Pero a la vez, las intervenciones que sobre el terreno realiza el ser humano, las cicatrices que deja en la tierra. O los árboles que son modelados y esculpidos para ornamentar los jardines y las calles de las poblaciones. Es un libro con una clara sensibilidad medioambiental, que viene a reivindicar la necesidad de una convivencia armónica entre el ser humano y el medio natural.
El libro se compra a través de Art Paper Editions, desde Bélgica. Y es una edición limitada de 500 ejemplares, que vienen acompañados por una lámina de una de las fotografías de la autora, a elegir entre tres, pero en color. No en blanco y negro. Mi copia es la 390/500, y elegí un paisaje cerrado de un bosque vestido con sus colores de otoño. Lo solicité al mismo tiempo que el otro y me llegó,… antes de ayer. Un mes y tres semanas después. Atentamente, desde la editorial me advirtieron que el servicio de correos belga estaba con una huelga de una semana… pero es que el retraso ha sido muy superior. El cartero que me lo trajo a casa me dijo que llevaban un retraso de dos o tres días en el reparto. Tres día, más una semana de huelga, más una semana de tardanza habitual… aunque me queda un mes en el que el libro ha estado pululando en el agujero negro de los lamentables servicios de correo actuales.
Oye,… pues aún me he extendido en esta entrada más de lo que pensaba…
Primera película del año que no viene de la gran pantalla, sino de las plataformas de vídeo bajo demanda. Netflix se ha buscado una directora de prestigio, Susanne Bier, y una actriz protagonista con presunto tirón «en taquilla», si es que se puede aplicar la expresión en este caso, Sandra Bullock. Incluso en el reparto encontramos algún otro nombre de prestigio, aunque con papeles mucho más secundarios, John Malkovich, o extremadamente reducidos, Sarah Paulson.
Ciudades para las aventuras pasadas, pero bosques y montañas para las presentes, con esquemas de iluminación distintos, como suele suceder últimamente; esa es la fotografía de la película que nos ocupa hoy. Cogeremos la parte de bosques y montañas y nos iremos a Taxeras para disfrutar de ellos.
He de decir que Bier me parece una directora interesante, pero irregular, al menos en su trayectoria internacional, y que Bullock nunca ha sido santa de mi devoción. Mucha mediocridad en su carrera. A eso hay que sumar que el género de «monstruos» que nunca se ven, no me ha convencido nunca demasiado. Creo que, aunque se hable mucho ahora del «terror psicológico» y los «simbolismos» diversos de estas amenazas invisibles, todo empezó cuando alguien quiso hacer una película de terror con monstruo pero no tenía dinero para el monstruo. Solución,… no enseñes al monstruo. Si se hace bien, perfecto. Si se hace normal, una más del género; olvidable. Si se hace mal, olvidada, salvo que sea capaz de convertirse en una comedia no buscada.
Esta no está mal hecha. La aventura de una madre con dos hijos en busca de refugio mientras evitan a los monstruos y, otras amenazas secundarias, pero con los ojos cerrados… está razonablemente bien hecha. La alternancia de dos líneas temporales, la actual, el viaje de 48 horas en busca de refugio, y la pretérita, lo que sucedió en los cinco años previos, otorga dinamismo a la película, da respiro a la angustia del viaje y va completando la información sobre quien es esa mujer y sus dos hijos, aparentemente mellizos. Pero tampoco aporta gran cosa de nuevo en realidad a lo que se haya podido ver previamente en el género. Cójasen los ingredientes habituales, mézclense con cierta sensatez y agítense en la coctelera del guionista,… para un resultado estándar. Bien hecho, pero… olvidable.
Bullock sigue sin convencerme mucho, pero no lo hace mal. Aunque arrastra un lastre… Las horribles intervenciones quirúrgicas que han transformado su cara y que hace que no sepas muy bien a quién estas viendo en pantalla. ¿Por qué se intervienen en operaciones de cirugía estética bajo el bisturí de su peor enemigo? Desde mi punto de vista, afecta negativamente a su trabajo. No puedo sustraerme al hecho de estar viendo un rostro artificial y con una expresividad modificada y, en ocasiones, limitada.
Conclusión, para quien interese el género, y por los datos distribuidos por Netflix parece que es a muchos, un pasatiempo razonable. Para los demás,… mejor buscar otra cosa.
La entrada de hoy es casi monográfica. Porque tenemos que volver a hablar del Doctor… Perdón. De la Doctora. Como en inglés es invariable, no tienen mayores problemas con los guiones… pero en castellano…
Digo casi monográfica porque también voy a hacer un pequeño comentario sobre el especial navideño de Neo Yokio, el psedoanime norteamericano sobre solteros jóvenes y pijos en una peculiar versión alternativa de la Gran Manzana. Sinceramente, esta serie cada vez me convence menos. Puede que los yanquis le encuentren la gracia en sus referencias a su cultura popular, pero a mí me deja un poquito frío. Pero bueno… vi este especial de una hora de duración, tiempo excesivo para lo que cuenta, y que no aporta más que mantener la expectación sobre la serie hasta que aparezca una nueva temporada. Que no sé si veré.
Os dejo con varias imágenes de diversos lugares del Reino Unido, un país que quienes lo hemos visitado y conocido sabemos que tiene cosas muy buenas e interesantes, pero cuyos mandatarios y algunas minorías se empeñan constantemente en aparecer como una panda de gilipollas.
Así que vamos con la Doctora. Es algo que ya sabíamos, por fin el Doctor se ha reencarnado en una Doctora, interpretada por la simpática actriz británica Jodie Whittaker. Que como buena actriz británica tiene oficio y versatilidad para interpretar lo que haga falta. Pero el cambio de protagonista ha venido acompañado de cambios más profundos. Unos para bien… otros para menos bien.
En esta temporada que acabó con un especial de Año Nuevo, esto también es trascendente, se han abandonado los dramatismos o las aventuras épicas que acompañaron a las tres últimas reencarnaciones del protagonista de la serie. Aquí tenemos un esquema más procedimental y menos serializado. Cada episodio una aventura autónoma, no hay ni mucho menos tanta continuidad argumental. Y los compañeros de la Doctora son gente con tribulaciones, pero de las que te mantienen pegado a la tierra. Las aventuras han sido bastante entretenidas, y con alguna incursión por el espacio-tiempo, también han dado un repaso a algunos eventos de la historia británica. Significativos para los tiempos modernos. La desastrosa descolonización de la India-Paquistán, con los conflictos interétnicos y las muertes y sufrimiento humano derivados de esta operación, por ejemplo. O la caza de brujas en tiempos pretéritos. Que no es otra cosa que presentar un ejemplo de los vicios más lamentables de la sociedad patriarcal. Conflictos interétnicos, creación de fronteras, las políticas de género, cuestiones candentes, no sólo en el Reino Unido del Brexit, sino en cualquier parte. España, por ejemplo, si seguís las noticias de los últimos años-meses-semanas. Porque probablemente es la temporada más política y social de las que he visto en la serie.
Si bien es cierto que ya había aparecido algún ejemplo de diversidad sexual, como Jack Harkness (John Barrowman), o racial, como Martha Jones (Freema Agyeman), en temporadas pasadas, el compromiso por la paz, la convivencia y la tolerancia propuesto por la serie se desarrollaba a un nivel muy general. Pero en esta ocasión se ha movido a un nivel más terreno y comprometido.
El propio esquema patriarcal de la serie, Doctor masculino + compañera femenina, atractiva las más de las veces, y con eventuales tonteos de tensión sexual no resuelta entre ambos, se ha roto. Es cierto que hubo compañeros masculinos, pero eran de segunda fila. Rory (Arthur Darvill) estaba ahí porque estaba Amelia Pond (Karen Gillan). Y las compañeras de los últimos años han sido mujeres decididas y proactivas, pero salvo las brillantes apariciones de River Song (Alex Kingston), es el Doctor, masculino, quien salvaba la papeleta. Ahora tenemos un tripleta de acompañantes que representan una diversidad étnica y de género. Y las posibles tensiones sexuales han desaparecido por completo.
En el debe quizá debiera situar a los propios acompañantes. El hecho de que no haya uno especial, me da igual que sea hombre o mujer, que desarrolle una especial complicidad con la Doctora, lastra uno de los puntales de la serie. Ese/a compañero/a especial representa de forma clara a todos los espectadores, seres humanos, en esa especial relación con el alienígena amigo. Es más fácil la identificación y la empatía. Con los actuales, hemos alcanzado la simpatía, pero no la identificación. Y eso nos ha situado a más distancia de la acción.
Como digo hay muchas cosas positivas en los cambios. Yo así lo veo. Más que negativas. Pero también es cierto que falta profundizar en el modelo y conseguir que volvamos a estar más metidos dentro de la acción. No nos olvidemos que el mundo, nos guste o no, es un lugar muy sexista. Si no, comparen las puntuaciones medias que el público votante otorga a los episodios de la última temporada con Peter Capaldi, con las de la primera temporada de Whittaker. Sin duda, las diferencias son significativas. Así que… al tajo.
Reestreno con motivo del 30º aniversario de la película de uno de los largometrajes de animación más emblemáticos del director Hayao Miyazaki, del Studio Ghibli, del cine de animación japonés, y probablemente de la historia del cine de animación.
En esta ocasión no tiene especial gracia hacer el comentario. Es ir sobre seguro. Pero la incluyo aquí, entre las películas de estreno en pantalla grande, como hago habitualmente con estos reestrenos conmemorativos y porque, además, yo no llegué a ver nunca la película en pantalla grande. Sí que la había visto en varias ocasiones en mi televisor, pero no en pantalla grande. Y a pesar de que hubo que hacer un esfuerzo, porque el horario en que la proyectaban no era quizá el más apropiado, pues se hizo.
La naturaleza primordial, el mundo de las tradiciones mitológicas japonesas, jóvenes decididas y autónomas y los vaivenes de la vida contemporánea son ingredientes habituales en las películas de Studio Ghibli.
La historia es sencilla. De hecho, la película en sí misma apenas llega a la hora y media de duración. Un padre con dos hijas, una en educación primaria pero ya mayorcita, y otra de cuatro años, se traslada a una casa en el campo para estar más cerca del hospital donde está convaleciente la madre de una madre que se supone ha sido grave. Y todos los cambios son llevados a cabo con un optimismo vital notable que atrae incluso a los espíritus del bosque, los totoro de distinto tamaño que viven en un alcanforero cercano a la casa, y que se convierten en aliados de las niñas en sus inquietudes cotidianas.
Como en otras películas del Studio, Miyazaki combina los problemas de una realidad cotidiana con la fantasía y las leyendas que se extraen de la rica mitología nipona. Los totoro, son tres aunque el título siempre se ha traducido en singular y todo el mundo atribuye el nombre al grandote y más proactivo, son espíritus del bosque benevolentes. Y la actitud de las niñas, de cariño y respeto hacia los árboles y el bosque, cataliza la alianza entre ambos. Y marcan algunas de las constantes del cine del director; las niñas o jóvenes empoderadas y proactivas, heroínas de lo cotidiano, y el canto a la naturaleza, el mensaje ecologista que siempre destilan sus películas.
Película de buenos sentimientos, viene además salpicada de otros personajes entrañables, como puede ser la abuela entre los humanos, o los susuwatari, pelusas de polvo y hollín con vida propia, y el Nekobasu [ネコバス ] (Gatobús), el espíritu de un gran gato multípodo que toma la forma de un autobús y que se alía también para ayudar a las niñas.
Ya se puede deducir desde el principio. Recomendable, no. Yo diría que obligatoria. Por lo menos para todos aquellos que se digan amantes del séptimo arte. Y la figura y la silueta del gran Totoro se han convertido ya en un icono popular, no sólo del Studio, sino del mundo actual en general. Fijaos, incluso hay un asteroide que lleva oficialmente el nombre de Totoro…
Hace no mucho tiempo vi en casa la película japonesa Hakase no aishi ta sūshiki [博士の愛した数式 ], cuyo título en castellano es La fórmula preferida del profesor, bastante fiel al original. La encontré en Youtube en versión original subtitulada en inglés, aunque ahora no la localizo para enlazarla. Tal vez tuviera algún problema de derechos de exhibición y la han retirado. En cualquier caso, la película dirigida por Koizumi Takashi me gustó. Es una película de buenos sentimientos, con una historia sencilla, pero no simple, que te acaba dejando con buen rollo. Supe en ese momento que se basaba en una novela de Ogawa Yōko, una escritora de cierto prestigio en el País del Sol Naciente. Y pensé que igual sería buena idea leer algo de esta escritora, varias veces premiada en su país.
¿Qué puede haber más ilusionante que la llegada de un bebé a una familia? Mmmmm… parece que Ogawa piensa que en las circunstancias actuales, la alienación que las rutinas cotidianas que en las mujeres jóvenes produce la sociedad actual, la cosa puede ser otra cosa distinta de los «ilusionante»…
Pero no opté por leer la versión literaria de la historia del película; decidí leer algo distinto. Una pequeña novela en forma de diario. De hecho, el título original de esta novelita es Ninshin karendaa [妊娠 カレンダー], que se traduciría más bien como el diario de un embarazo o el calendario de un embarazo. En él, una mujer joven, que vive con su hermana mayor y su cuñado, va recogiendo los sentimientos y las reflexiones que surgen con motivo del embarazo de su hermana, pasando por las distintas fases del mismo. Los miedos iniciales, la mala época de las náuseas y los vómitos, el momento de comer y engordar, y los momentos finales… en los que la cosa termina…
Por lo que he leído, el título original de la novela indujo a muchas mujeres gestantes japonesas a leerlo… con ilusión. El problema es que, lejos del buen rollo y los buenos sentimientos que desprende la historia que he comentado al principio, en la narración de la protagonista hay una ausencia total de empatía hacia su hermana. Hermana que tampoco es precisamente un ejemplo de gestante «radiante» y feliz.
Los sentimientos positivos que rodean a una gestación están completamente ausentes, y estamos ante una actitud absolutamente cínica, e incluso nihilista, ante el hecho. Hay momentos en que la situación alcanza situaciones grotescas, como cuando empieza a nutrir a su hermana gestante a base de confitura de pomelo americano… que «según dicen» está contaminado con agentes potencialmente teratógenos. Es decir, aun en un ambiente de completa normalidad cotidiana, llega a haber un punto de terror y psicopatía mezcladas en las conductas de las protagonistas de esta historia.
Con un final abierto, y muy inquietante, o es difícil ver en esta historia de aparente banalidad cotidiana en su planteamiento, una crítica a la alienación de las mujeres jóvenes, con trabajos escasamente interesantes, poco estimulantes, con poco tiempo para la relación social, viviendo con la familia, la cual tampoco anda sobrada de alegrías reales, produciendo esa ausencia de sentimientos y ese nihilismo vital, que es tanto más llamativo cuanto más ilusionante es a priori las circunstancias que lo rodean. A mi me dejó relativamente impactado, porque no me lo esperaba así. Pero reconozco que me gustó, y me parece muy recomendable. Aunque no apto para gestantes ilusionadas y sus familias.
Sí, he puesto entre interrogaciones la palabra fotografía en el título. Puesto que los dos canales de vídeo que podéis encontrar en Youtube y que me parecen muy recomendables, puede que trate de fotografía,… pero puede que no.
Arte en las calles, Festival Asalto 2018, en el barrio Oliver de Zaragoza.
El primero de ellos lo he traído a colación en numerosas ocasiones ya. Se trata del canal en Youtube del Museo de Arte Moderno de San Francisco (SFMoMA). Pero una cosa debe quedar clara, no sólo trata de fotografía, aunque la presencia de esta disciplina artística, que la que más me suele interesar, es muy abundante. Sin ir más lejos, en una de sus últimas actualizaciones nos han presentado una interesante entrevista con el japones Daido Moriyama, en la que nos habla de sus inicios, con una actitud rebelde y rompedora de las tradiciones fotográficas hasta los convulsos años de finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo XX en el país nipón.
Pero existen vídeos muy interesantes sobre otras disciplinas artísticas que también son interesantes. Es un error que cualquier aficionado a una disciplina artística se centre en la misma e ignore otras. Las obras de arte dialoga entre sí constantemente, y las distintas disciplinas artísticas se influyen entre sí constantemente. Aunque ahora se utiliza para diversas cuestiones, Join the conversation es una de las frases más comúnmente utilizada en el mundo de las artes para animar a sumarse a este diálogo creativo. Un ejemplo reciente, un vídeo que me llamó la atención. Las reflexiones del afroamericano Fred Wilson sobre los objetos más o menos kitsch que desde hace décadas presentan una versión deformada sobre las personas y los comportamientos de su minoría étnica en los Estados Unidos.
The Art Assignment es uno de los canales del grupo PBS Digital que recientemente he conocido. El PBS es el Public Broadcasting Service, la red de televisión pública de los Estados Unidos, organización sin ánimo de lucro que coordina las emisoras públicas, generalmente de carácter educativo o para la información local o estatal. Recibe algún dinero del presupuesto federal, pero se financia fundamentalmente como una fundación, con aportaciones privadas. Sostiene en mayor o menor grado un conjunto de canales en Youtube, PBS Digital Studios, muy interesantes y de muy buen nivel.
Tradicionalmente he seguido algunos de carácter científico como Space-Time, Physics Girl o EONS. Pero recientemente me he suscrito a este de carácter artístico. Que empezó como una serie de propuestas relacionadas con el arte que las personas que visitaban el canal pudiesen realizar, pero que ahora funciona como un canal de difusión de arte. Fundamentalmente, moderno y contemporáneo, aunque no exclusivamente. Os propongo ver el dedicado al arte conceptual, uno de los temas menos comprendidos por el gran público, y que con frecuencia se apoya de una forma u otra en la fotografía.
Esta no suele aparece de forma exclusiva en los vídeos del canal, pero los distintos temas que se tratan, se ilustran con obras artísticas de todo tipo de disciplinas, incluidas la fotografía. Por ejemplo, en el siguiente vídeo, se hace referencia a la Suite Venitienne de Sophie Calle, de la que os hablé no hace mucho.
Primer película del año en la gran pantalla. Cuando llegó a las carteleras españolas esta película dirigida por el norteamericano David Robert Mitchell, nos quedamos sorprendidos por la tremenda diversidad en las opiniones. Entre quienes la consideraban una obra maestra y quienes pensaban que era una película confusa y absurda que no llevaba a ninguna parte. Estas divergencias se reflejaban en diversos sitios que agregan la opinión de distintos críticos, o entre el público votante en IMDb, por ejemplo. Aunque estos últimos no son muy fiables que digamos. Una transmisión de opinión menos «autorizada», pero probablemente más fiable, es decir unos buenos amigos, nos recomendaron verla vivamente y fuimos.
Recorrer la ciudad de un lado a otro,… en definitiva, eso es lo que hace el protagonista de la película de hoy. Como yo en ocasiones, con mi cámara de fotos, buscando la luz adecuada.
Lo primero que me sorprende es que algunos digan que no la entienden. La película se explica perfectamente a sí mismo. Un «nini«, Sam (Andrew Garfield), un apático con la vida, pero más salido que un conejo, se lanza en una búsqueda detectivesca, remedo del género negro con detectives privados como protagonistas, para localizar a su guapa vecina desaparecida, Sarah (Riley Keough). A partir de ahí, recorreremos con él Los Ángeles, Hollywood más bien, moviéndonos entre una peculiar fauna, que si hemos leído y visto el suficiente cine en esta vida, nos resultará extrañamente familiar.
Porque la película de Mitchell se mueve en dos planos simultáneamente. Por un lado, lo que mueve a Sam, lo que hace que se lance en una búsqueda de no sabemos muy bien qué. Lo que sea que represente Sarah para él, algo que quedará desvelado, claro y diáfano en su debido momento. Por otro lado, la película es un constante diálogo con la mitología moderna que rodea Hollywood y la ciudad de Los Ángeles, que ya en La La Land se planteaba como la ciudad de los sueños, donde todo es posible. Y en esa mitología, generada en torno al cine y la literatura del siglo XX, pero también a la crónica de sucesos, encontraremos referencias a un sin número de situaciones. Asesinatos, desapariciones, sectas, gente guapa, hippies, drogas, música, más gente guapa,… y un «detective», improvisado, que ha de navegar entre ellos, para resolver sus misterios.
En su conjunto, no deja de ser un proceso de superación de un duelo, de la pérdida del ser querido, y no quiero entrar en estos momentos en destripar las circunstancias y la naturaleza del ser querido. Pero todo ello está bien llevado por el buen hacer de su protagonista, rodeado de un reparto tremendamente variado y coral, cuya labor de conjunto es eficaz, aunque sea difícil evaluar las intervenciones individuales. Aunque sale mucha gente guapa; todas las chicas y las señoras salen muy guapas. Lo cual no deja de ser otro guiño a la mitología del lugar. Lolitas, mujeres fatales, hippies destalentadas, aspirantes a actriz que acaban en una agencia de chicas de compañía, cantantes,…
Rodada con un buen oficio lleno de referencias a otros maestros, la puesta en escena es un disfrute para el aficionado al cine. Y la continua referencia a otras obras, tanto cinematográficas como musicales o literarias, hace que incluso uno se pueda plantear un segundo visionado para identificarlas. Quizá cuando salga en vídeo. Incluso cuando la trama bordea con el absurdo, yo la he encontrado muy recomendable. E incluso el paso del tiempo, ha mejorado el recuerdo que me dejó al salir de la sala de cine. Así que ya veis; de la polarización que produce esta película entre quienes la ven, yo soy de los entusiastas. Y seguimos pasando olímpicamente de las película que compiten en la temporada de premios. De verdad, que no me voy a tragar hagiografía alguna de Queen y Mercury, por muchos premios que les den. Que los histriones nunca fueron santo de mi devoción.
Tengo pendiente de reclamar un par de libros de fotografía que me deberían haber llegado y no lo han hecho. Los servicios de correos son una lástima y una catástrofe en el mes de diciembre. Pero mientras tanto, vamos con un par de libros que he adquirido esta semana para regalarme por reyes. Empezaré por el más pequeñito.
A todos los efectos, para el libro de Magnum sobre China, Taiwán forma parte de la historia china del siglo XX. Así que nos daremos una vuelta por la capital de la isla Formosa, Taipéi, y sus alrededores.
… ismos para entender la fotografía
Publicado por Turner Libros y con la autoría de Emma Lewis, una de las conservadoras de la Tate Modern en Londres, este librito pretende ser un resumen organizado de las distintas tendencias que han surgido en la historia de la fotografía. Los «ismos» es un término que apareció en la historia del arte con las vanguardias de los siglos XIX y XX; véase impresionismo, expresionismo, cubismo, conceptualismo, surrealismo,… Y si bien nos hemos acostumbrado a su uso en otras disciplinas artísticas, no siempre han estado claros o correctamente usados en el mundo de la fotografía, especialmente por los diferentes usos de la misma, desde la llamada fotografía vernácula por los anglosajones, la de todos los días, la cotidiana, hasta la fotografía considerada como una de las bellas artes, pasando por su uso documental o testimonial. Usos no presentes en otras disciplinas artísticas y que han motivado el eterno debate sobre si la fotografía es o no una de las bellas artes.
Disponiendo como dispongo de una amplia biblioteca de libros sobre fotografía, no me aporta realmente conocimientos nuevos este libro. Pero sí me permite tener un librito de consulta rápida, que me puede venir bien para la redacción de textos u preparación de otras cuestiones. Y sí que será de gran utilidad para quien quiera iniciarse en la historia de la fotografía y quiera tener un texto por el que navegar por la misma con cierta facilidad.
Magnum China
Editorial Blume publica en castellano el nuevo tocho, porque es grandote y pesadote, que la agencia Magnum Photos ha comercializado sobre el trabajo de sus fotógrafos en China, a lo largo de toda la historia de la agencia e incluso antes, pues como indica el subtítulo Nueve décadas de su historia, las fotografías abarcan toda la época republicana del gigante asiático, que se remonta a 1912, aunque empieza con fotografías relacionadas con la Segunda Guerra Sinojaponesa, a partir de 1937 o 1938. Lo cierto es que eso son más bien ocho décadas… tendré que revisar bien el libro para ver si hay fotografías anteriores.
Los editores del libros son el fotógrafo británico Colin Pantall (instagram) y el editor chino Zheng Ziyu. Y el enfoque es cronológico. La nómina de fotógrafos cuyas imágenes forman parte del libro, demasiado extensa para relatarla aquí, aunque hay muchos ilustres de la agencia.
El libro da para muchas horas de contemplación y lectura, tanto de los textos como de las fotografías, por lo que apenas he empezado a escarbar. Indudablemente será una amplia fuente de conocimientos sobre fotografía y sobre la historia reciente de China, ayudándonos a comprender tan complejo país. Y sobretodo, levantará curiosidad e inquietudes para aprender en otros sitios las carencias que un libro orientado a la fotografía tenga.
Es muy recomendable, aunque es fácil comprender el principal debe de un libro de estas características. La visión será fundamentalmente occidental. Los fotógrafos chinos no han sido frecuentes en la agencia hasta recientemente. Y hubo fotógrafos que hicieron un trabajo importante hasta en los tiempos más difíciles de la Revolución Cultural. Siempre recordaré lo que me impresión allá por el 2005 la exposición que vimos en Zaragoza, en la Casa de los Morlanes, del fotógrafo Li Zhensheng. Y que pude volver a ver en Londres en 2012.
Es muy recomendable, aunque es fácil comprender el principal debe de un libro de estas características. La visión será fundamentalmente occidental. Los fotógrafos chinos no han sido frecuentes en la agencia hasta recientemente. Y hubo fotógrafos que hicieron un trabajo importante hasta en los tiempos más difíciles de la Revolución Cultural. Siempre recordaré lo que me impresión allá por el 2005 la exposición que vimos en Zaragoza, en la Casa de los Morlanes, del fotógrafo Li Zhensheng. Y que pude volver a ver en Londres en 2012.
Hoy voy en modo comparativo. En las últimas semanas he leído dos libros, una novela y una novela gráfica, que nos han llevado por las vivencias de dos niñas/adolescentes durante la Segunda Guerra Mundial. Su tono y consecuencias son muy diferentes, pero está bien comprobar las distintas visiones que se pueden plantear ante un mismo fenómeno. Tan diferentes como las vivencias de las personas que las sufren.
La ladrona de libros
Libro del australiano Markus Zusak, publicado originalmente en 2005 y que se convirtió en un éxito de ventas, que impulsó el estreno en 2013 de una película basada en él mismo. Que no he visto.
Múnich, culta, cosmopolita, católica, las esencias de Baviera, los Biergärten,… pero también la cuna del nazismo, o la de los parques en las colinas formadas por los escombros de los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. Lo ideal para ilustrar la entrada de hoy, una de cuyas historias transcurre a sus puertas.
Inspirada por las vivencias de sus padres durante el conflicto mundial, aunque entiendo que en modo alguno es biográfica, el libro nos cuenta los años de guerra de la joven Liesel Memminger, hija de un matrimonio de represaliados por motivos políticos en la Alemania nazi, y que es acogida por un matrimonio ya mayor en la población ficticia de Molching (hay un Olching en la zona, que cuadraría geográficamente con la ciudad ficticia), en las afueras de Múnich y cerca del infame campo de concentración de Dachau. No sólo es la historia de Liesel, sino también de todos aquellos que conviven con ella en el barrio pobre de la población. De sus padres adoptivos, de un refugiado judío, de sus mejores amigos,…
Uno de los aspectos más notables del libro es que está narrado por la Muerte. Un ente que hace su trabajo, que nos cuenta la historia como si la hubiera leído escrita por la propia Liesel, pero que no carece de sentimientos hacia las almas que se lleva. Por lo tanto, la Muerte no aparece como un ser deshumanizador. Este papel se lo llevan los fanáticos que llevan a su país y a Europa a la catástrofe. Y que están ahí presentes continuamente.
Los temas que trata el libro son diversos. Las consecuencias de los fascismo, por supuesto, tan importante ahora que se ve un repunte preocupante de estas ideologías. Aunque muchos de sus votantes crean, puede que sinceramente, que son otra cosa distinta. Grave error que pueden sufrir algún día. Pero también habla del poder de las palabras, especialmente las escritas. De los pequeños (o grandes) actos de solidaridad. Y de la tremenda realidad de que las guerras nunca son justas y que en muchas veces castigan con más dureza a los inocentes, a quienes no las quisieron, ni las buscaron, a quienes se supone hay que liberar de la tiranía. No hay ejércitos buenos y malos. Perversos son los alemanes nazis. Pero perversos son los bombarderos aliados que matan a decenas de miles de personas en un ataque aéreo, la cuarta parte de ellas niños, como sucedió en Hamburgo, o que sueltan sus bombas indiscriminadamente sobre los hogares de quienes más sufren.
Clasificado habitualmente como literatura juvenil, por la edad de su protagonista probablemente y algún otro factor. No es una historia complaciente, y es perfectamente válida sin reparos para la lectura por adultos de cualquier edad. Aunque tiene ciertas miras en sus formas de los típicos productos prefabricados anglosajones, lo cierto es que consigue trascender a esto y configurarse con personalidad propia, siendo bastante recomendable.
La guerra de Catherine
Catherine se llama Rachel. Y es una niña/adolescente judía que es recogida tras la caída de Francia en 1940 en la Maison d’enfants de Sèvres al perder a sus padres, cuyo paradero se desconoce. Vemos paralelismos con el libro anterior. Allí se integrará en el ambiente abierto y cordial de la casa, y aprenderá ha realizar y procesar fotografías. Pero las políticas antisemitas obligarán a la joven a ser desplazada por toda Francia, de un hogar-refugio a otro, bajo una identidad encubierta. Acompañada eventualmente por otros refugiados y, siempre, por la Rolleiflex, la cámara que «Pingüino», uno de sus profesores en Sèvres le regala antes de irse.
Escrita por Julia Billet, basada en las vivencias de su madre, sin ser tampoco biográfica, es ficción, otra cosa en común con el libro anterior, e ilustrada por Claire Fauvel. Al contrario que en la anterior, aquí la propia protagonista es la narradora de la historia, y el enemigo aparece siempre como una amenaza que está cerca, pero pocas veces presente. Incluso cuando se materializa es para dar la visión optimista de que incluso entre los alemanes hay tipos decentes. El tono es en general más optimista, aunque no dejan de suceder pequeñas (o grandes) tragedias a lo largo de los años en los que se extiende el conflicto y la historia de Rachel/Catherine.
El tono es en general optimista, puesto que la historia resalta más la solidaridad de las gentes que van acogiendo y ayudando a Rachel/Catherine que las amenazas. Como ya he dicho, estas existen, sea bajo la forma de los propios alemanes, pero frecuentemente bajo la identidad de los propios colaboracionistas y fascistas antisemitas franceses, que delatan a los refugiados. Es tradición en la historiografía y en la ficción francesa el «vender» más su condición de resistentes, que la amplia colaboración de sectores de la población con el ocupante. Este es un debe de la cultura y la sociedad francesa, que se paga con el auge que también tienen en ese país las ideologías de extrema derecha xenófoba. Deberían hacer un poquito más de reflexión, reconocimiento de culpas y catarsis nacional, sobre el papel real de Francia a la hora de desencadenar las dos guerras mundiales y el papel dentro de las mismas.
En cualquier caso estamos ante una entretenida historieta, que se puede recomendar sin problemas. Especialmente a los que además sean amantes de la fotografía. Porque, ¿a quién no le gustaría tener la sensibilidad de Rachel/Catherine para encuadrar los importante con una Rolleiflex e época? ¿saber evaluar la luz sin necesidad de ayudas externas? ¿saber cuándo hacer la fotografía y cuando no? ¿saber cuáles son los motivo importantes cuáles los banales? Y la importancia de los reflejos y la luz reflejada.
Tengo un cierto acúmulo de series para comentar. Por diversas circunstancias, no he ido sacando adelante determinadas reseñas… y ahora no sé muy bien como organizarlas. Así que voy a ir con una de cosas diversas que vienen de extremos oriente.
De Japón nos llegó la quinta parte de Terrace House: Opening New Doors. En esta iteración del programa de telerrealidad tan resultón que emite Netflix, poco se puede añadir a lo que he comentado en otras ocasiones. Cotidianeidad, sin gritos, sin desplantes, con mucha educación, conflictos que se manifiestan a través de actitudes pasivo-agresivas que pueden resultar muy divertidas, y unos comentaristas que suelen ser muy divertidos. La serie tiene altibajos, dependiendo del juego que den la media docena de participantes de turno. Estos últimos ocho episodios han estado un poquito más bajos que otros ciclos. Parece que se despedirán definitivamente de las montañas del centro de Japón en el siguiente ciclo.
Ya que tenemos un ambiente postapocalíptico en una de las series, volaremos a Japón, y pasearemos por el parque de la Paz de Hiroshima, para recordar las cosas que nos pueden pasar si no tenemos cuidado…
La segunda temporada completa de la animación nipona de Nanatsu no taizai [七つの大罪 ] (Los Siete Pecados Capitales) pone de manifiesto una serie de cuestiones que ya veíamos en la primera parte; la peculiar y folclórica visión que tienen los japoneses de los mitos y las religiones orientales, su afición a los monstruos y a los combates épicos, y lo que les gusta el fan service, es decir, incluir momentos o escenas de carácter eróticofestivo para alegría de la audiencia masculina particularmente. Si a eso unes las habitualmente desproporcionadas glándulas mamarias de los personajes femeninos… Quizá este sea el puntito oscuro, por el sexismo implícito, incluso si luego los personajes femeninos pueden tener un desarrollo propio aceptable e incluso bueno. Pero bueno,… es lo que hay. Es una serie de aventuras entretenida. Sin más.
Se nos viene para dentro de poco una adaptación de la historieta GUNNM, popularmente conocida en occidente como Alita, ángel de combate, o sus variantes en otros idiomas. En su momento, se intentó una adaptación a animación en Japón, pero sólo se hicieron dos episodios de unos 25 minutos, orientados al consumo doméstico en vídeo, lo que llaman OVA. Pues me los he visto, por si me da por ver la película, que vendrá firmada por Robert Rodriguez. Hecho todavía no decidido. En los países occidentales destrozaron en la traducción el original japonés. El nombre original de la ciberchica es Gally [ガリィ; dado que para los japones la «r» y la «l» es el mismo fonema, la transcripción del nombre también puede ser «garyi»], y no Alita. Y hay más cambios… la mala costumbre de ser irrespetuoso con las obras originales, que parece que continuará con la película anunciada. Bueno… estos dos episodios cortos saben a poco, pero están bien.
La serie coreana de intriga policia, política y judicial, Bimilui Sup [비밀의숲], que aparentemente quiere decir bosque secreto, pero que internacionalmente han «traducido» como Stranger. Cosas que pasan. Me interesó en su momento por la presencia en papel coprotagonista de la actriz coreana Bae Doona (se puede ver escrita de distintas forma, pero su nombre suena algo así como ‘pe duna’). Esta chica ha trascendido a occidente por su participación en distintas producciones, varias vinculadas a las Wachoski. A mí me parece que trabaja bien y, siendo mona, no es ya ninguna jovencita, se sale del estereotipo de actriz mona coreana. La cosa va de como esta, haciendo de inspectora de policía, y aliada con un extraño fiscal, carente por completo de empatía hacia el resto del mundo, que el auténtico protagonista de la serie (Cho Seung-woo), se dedican a luchar contra una trama de corrupción judicial, económica y política, a partir de unos asesinatos e intentos de asesinato. No está mal. Pero no acaba de ser un producto redondo. Por lo habitual de las series coreanas; excesiva duración de episodios y de la serie en general, buenas actuaciones limitadas a pocos personajes, y argumentos complejos pero mal pulidos. Pero se ve que le han puesto ganas en la producción y en hacerlo lo mejor posible.
Me queda en el tintero otra serie japonesa… pero la dejaré para otro día, emparejada con una británica…
Llevo unos cuantos días, demasiados, sin hacer recomendaciones fotográficas. Pero también es cierto que durante las fechas próximas al fin de años, los sitios dedicados a la fotografía, o a casi cualquier cosa, se dedican a hacer balance del año, y pocas novedades aportan. Pero algunas cosita he recogido, y voy a hacer un completo dedicado a los nuevos propósitos de año nuevo, que en fotografía suponen dos cosas; o aprendemos nuevas cosas, nuevas técnicas, o nos planteamos nuevos proyectos. O el más simple de practicar más a menudo la afición.
Años llevo documentando los límites entre la ciudad y el campo en el entorno de las huertas de Miraflores y Las Fuentes, en Zaragoza. Quizá algún día debería ordenar ese material, darle forma y exponerlo de alguna forma de un modo coherente. Transformación y paisaje alterado por el ser humano.
En primer lugar, podemos centrarnos en un proyecto sobre un color. Todos los años, Pantone nos habla de su propuesta como color del año, que para el 2019 es el llamado «living coral», coral viviente. A mí me gusta. No es extraño que en mis presentaciones profesionales, o en los álbumes de fotografías de los viajes, escoja para el texto resaltado un color similar, en lugar de usar negritas o cursivas. En Magnum Photos se han dedicado a buscar en su catálogo fotografías en las que este color o similar esté presente de forma significativa. Podéis hacer el mismo ejercicio con vuestros catálogos fotográficos. O plantearos como proyecto uno en el que este color sea predominante. U otro color de vuestro gusto. Que para gustos, los colores.
Pero si de proyectos nuevo estamos, los propios de Magnum han rescatado un texto de uno de sus más destacados y divertidos fotógrafos, Philippe Halsman, en el que nos propone una serie de claves para desarrollar nuevos proyectos fotográficos creativos. No estará de más echarle un vistazo. Y además las fotos de Halsman, que aparecen en el artículo, suelen poner de buen humor al contemplarlas.
Pero también viene bien el plantearse proyectos concretos. En varios sitios, por ejemplo en la NPR, ha aparecido estos días atrás el uso terapéutico de la fotografía. Y en particular nos han hablado del proyecto de la fotógrafa Tara Wray, que sufre episodios periódicos de depresión endógena, grave enfermedad mental que puede tenes consecuencias fatales. Su Too Tired Project, («Proyecto Demasiado Cansada»; el cansancio o sensación de fatiga permanente es uno de los síntomas de la depresión), es la consecuencia de este uso terapéutico de la fotografía para combatir la depresión. Que también se ha convertido en un libro.
Y si no queremos convertirnos en el objeto principal de nuestro propio trabajo, nos queremos fijar en un aspecto externo de la realidad, siempre podremos plantearnos realizar un ensayo fotográfico, un fotoensayo. Un ensayo, tradicionalmente una forma literaria diferente de la literatura de ficción, conlleva un análisis, una interpretación y una evaluación de los hallazgos realizados sobre un determinado tema. Cuando este análisis, esta presentación de hechos y esta interpretación y evaluación se realiza mediante fotografías, acompañadas o no de textos, estamos ante un fotoensayo. Y dicen en Magnum Photos que el maestro del fotoensayo por excelencia fue W. Eugene Smith. Y puede que no les falte algo de razón. Desde su visión de la realidad de la España rural de la dictadura en la posguerra, concretada en su visión de la población de Deleitosa en 1951, hasta las consecuencias del envenenamiento por mercuriales y otros metales pesados en la bahía de Minamata en 1971, pasando por otros ensayos célebres como Country Doctor, es desde luego una fuente de inspiración importante. Aunque no podemos olvidar que también se metió en algún proyecto que le sobrepasó… como el dedicado a su ciudad, Pitsburgh. Un proyecto de tres semanas al que al final dedicó un año, y consideró inacabado.