Ufff… además del de hoy tengo tres libros más para comentar… se me han acumulado. Voy a tener que hacer más de dos a la semana. En cualquier caso, el de hoy… será breve.
Lo mejor del libro es que, en un momento dado, me ha trasladado a Verona, ciudad de la que atesoro unos recuerdos como en pocas ciudades.
De vez en cuando me da por experimentar. Elijo un libro de estos que son poco menos que autopublicados y que se venden muy baratos en Amazon, especialmente si son una oferta flash. Siempre aparecen como muy vendidos… son tan baratos. Pero conozco a alguna gente que insiste que hay que dar una oportunidad a estos escritores, que las grandes editoriales se mueven por intereses económicos (como todas las empresas, no te jode), que hacen un gran esfuerzo… Así que de vez en cuando, pico. Y encima, con una pseudopolicíaca. Y claro,… luego pasa lo que pasa. Que la novela de este Jorge Magano, que es historiador del arte y que ganas concursos literarios de escritores indies, está sólo un poco por encima del concepto de bodrio. No es catastrófico… pero si mediocre… salvo…
Como digo, es una novela pseudopolicíaca. Porque el protagonista es como un Indiana Jones cañí, que no sabe disparar con pistolas. Es una trama de robos de obras de arte, mezclada con leyendas sobre maldiciones de alguna de estas obras de arte, y con un romance entre dos que se quisieron, se dejaron de querer, y a partir de ahora… ya veremos que dijo un ciego a otro ciego. Mézclese con malos malísimos que ríete tú del Falconetti aquel de Hombre rico, hombre pobre, y femme fatales que quieres ser amas de casa normales pero su padre no les deja… y muchos lugares comunes del género, muchos, y tenemos una novela.
El caso es que me falto un pelo para abandonar esta novela tras algunos capítulos, porque me resultaba algo indigesta, hasta que de repente… poco a poco… se fue convirtiendo en un guilty pleasure. Por algún motivo, te empiezas a enganchar. De repente la trama empieza a avanzar por elevación al exceso. Saltando de sucesos inverosímiles a otros. Te planteas si realmente el autor lo que quería no era hacer una policiaca al uso con el mundo del arte de fondo sino una parodia, cañí como ya he dicho, de Indiana Jones. Y acabas pasándotelo razonablemente bien. Y luego repaso el historial de compras, porque no recuerdo cuándo y cómo lo compré. Y me remonto a julio de 2015, momento en el que, de algún modo, lo regalaron. Porque parece que pagué… 0,00 euros. Y luego lo olvidé. Si lo miramos así la relación calidad precio de esta novela es infinita. Pues bien oye.
En fin. No nos engañemos. Terminándola de leer en mi viaje de ida a Oporto, me lo pasé bien. Pero es mala.
Llevo ya varias semanas sin recomendaciones fotográficas cuando llega el fin de semana. Entre mis vacaciones con el viaje a Oporto y otras circunstancias, así voy. Así que voy a intentar contaros algunas cosas interesantes que he descubierto en la red de redes en estas semanas.
He mencionado los paisajes volcánicos en el texto, y eso me ha llevado a mis fotografías con película negativa en blanco y negro de Islandia.
Desde que volví de mis vacaciones de agosto en la isla de la Palma, le he dado muchas vueltas a las oportunidades que ofrece el paisaje volcánico. También recordando mi estancia en Islandia. Me gustaría tener la oportunidad de poder dedicar tiempo a estos paisajes. En el blog de Leica Camera nos ofrecieron hace unas semanas el trabajo de Cris Toala Olivares (instagram) y sus fotografías aéreas de paisajes volcánicos en distintas partes del mundo.
En alguna publicación en Tumblr que no registré encontré unas fotos de la japonesa Ume Kayo. Me llamaron la atención y eso me llevo a un artículo en Pocko que hablaba algo más del trabajo de esta poco convencional fotógrafa documental callejera japonesa, con su Canon EOS 5 y mucho desparpajo y humor. Me gustaría tener alguno de sus libros. Para todos los listos… fotografía en modo Program, sin complejos.
Photography of China es una página web que nos trae con frecuencia trabajos muy interesantes de fotógrafos chinos o de fotógrafos que han trabajado en China. En los últimos días nos han proporcionado muestras de la visión de fotógrafos desde un punto de vista histórico. Como por ejemplo, la visión de Gan Fao de los convulsos tiempos entre la guerra contra los japoneses en los años 30 y hasta el triunfo de los comunistas en 1949 con la fundación de la República Popular China. O también la visión de Li Lang de la vida cotidiana en China en 1974, no a través de sus fotografías si no de las fotografías que ha coleccionado sobre una determinada época en su país.
Desde el mismo sitio, pero con una visión contemporánea, Wing Shya (instagram) reflexiona a través de sus retratos ambientales y psicológicos sobre las relaciones de intimidad entre las personas, especialmente entre quienes se aman. Wing ha trabajado en los rodajes de Wong Kar Wai, trasladando no poco del mundo visual del director de cine.
Antaño era tradicional cuando llegaba el otoño ir a ver la película de turno de Woody Allen. En los últimos años, y como consecuencia del #metoo, las acusaciones vertidas por miembros de su familia, temas que no son nuevos, de los que ya se habló e incluso se llevaron a los tribunales aunque nunca se demostrara nada, llevó a que determinadas empresas le volvieran la espalda y tuviera dificultades para producir sus películas. El caso más sonado, cuando Amazon le rescindió los compromisos de producción y distribución. No voy a entrar en el tema de las acusaciones. Pero como digo, no son nuevas, son antiguas, se llevaron ya a los tribunales y nunca hubo condenas. Y en otros aspectos que tiene que ver con prejuicios morales que conductas realmente punibles, no voy a entrar tampoco. El caso es que este año hemos vuelto a retomar esa tradición. Como el hombre no encuentra productores en su país, los encuentra en Europa. De hecho, en algún lugar he leído que esta película tendría «nacionalidad española». No lo sé. Varias productoras de distintos países han puesto dinero, alguna española.
El País Vasco tiene lugares muy bellos, San Sebastián incluido. Y sus gentes, a priori, son gente cordial. Pero el clima político del nacionalismo hizo que en mis últimas visitas me encontrara incómodo en ocasiones. Por lo que hace más de 20 años que no lo visito y no tengo muchas fotos.
La película fue rodada en San Sebastián en las semanas previas al festival internacional de cine de la ciudad vasca en 2019. Y tiene como marco dicho festival. Un profesor de teoría del cine, Rifkin (Wallace Shawn) con ínfulas de escritor, que nunca ha publicado, se desplaza a las orillas de la playa de la Concha acompañando a su esposa (Gina Gershon), publicista de un director de cine de fama con motivo del festival. Un matrimonio con problemas. Un poco abandonado por las obligaciones de su esposa, su hipocondría le lleva a visitar una guapa doctora (Elena Anaya), de la que acaba colgado. La cual tiene también problemas de relación con su marido, un temperamental pintor (Sergi López).
Una vez más, Allen da vueltas a los mismos temas que de costumbre, en esta ocasión con el inolvidable Vizzini de la Princesa Prometida (Shawn), impresionante robaescenas en aquella película y otras, como alter ego de los papeles que tantas veces a interpretado el propio Allen en persona. Sin embargo, la impresión que nos llevamos es que en esta ocasión, Allen se ríe más de sí mismo. Se autoparodia. Y si consideramos que ese elemento de autoparodia ya aparecía en el pasado, pues más. Y así, con la colaboración de unos competentes intérpretes, muy bien en especial Shawn y una madura pero muy atractiva Gershon, saca adelante una historia que tiene muy poco más que ofrecer y a ratos puede parecer un publirreportaje turístico de San Sebastián y alrededores. Salvo…
Salvo que también es un sentido y simpático homenaje al cine, y en especial a los directores que admira el propio Allen y a los que reconoce maestría. Con la inestimable colaboración de Vittorio Storaro, reproduce escenas de grandes películas de directores como Orson Wells, Truffaut, Godard y otros nouvelle vague, Bergman en un par de ocasiones, o Buñuel y su ángel exterminador. Pequeñas pildoras de cinefilia que nos regocijan y nos dejan encantados. Curiosamente, Storaro está estupendo reproduciendo el ambiente de aquellas joyas del séptimo arte, y sin embargo me deja la sensación de que su estilo de fotografía de colores saturados no le sienta bien a las escenas cotidianas de la película.
La película no tiene un especial recorrido. Y comparada con las grandes películas de Allen, es casi una anécdota. Pero es una anécdota simpática. Que en los tiempos que corren, ya nos viene bien. Yo me lo pasé bien. Sin más.
Trío de series que vi antes de irme de vacaciones a Portugal, o que terminé de ver durante ese viaje. Normalmente, cuando voy de viaje, me llevo episodios de series descargados en la tableta personal. Y antes de dormir veo un ratito. Si tengo poco sueño, un episodio. Si me entra más sueño,… a veces tengo que volver a verlo al día siguiente porque me quedé dormido viéndolo y no me acuerdo de nada… Pero en fin.
The Duchess es una comedia de situación británica en Netflix, razonablemente entretenida, aunque no tan brillante como otros productos similares que nos llegan desde las islas Británicas. Creada y protagonizada por la canadiense Katherine Ryan, nos habla de una madre soltera, que tuvo a su hija cuando era una groupie de un grupo de pop masculino, por sus relaciones con el líder del grupo, un destalentado informal de mucho cuidado. Educada de modo informal y con una relación especial con su madre, la niña va creciendo, tiene nueve años, y empieza a aspirar en una vida más convencional, lo cual no será fácil. En medio están el padre, el amante de la protagonista, y las amistades y relaciones que les rodean. Se deja ver bien. Son sólo 6 episodios de unos 25 minutos. Y… bueno… si no existiera tampoco pasaría nada. Curiosamente, en la versión doblada en castellano le cambian el título, y en lugar de duquesa la convierten en marquesa. Qué raros son los de los títulos en versión doblada.
Las novelas de Wallander suelen transcurrir en Ystad (foto del encabezado), a unos 60 km de Malmoe (resto de las fotos). Pero en esta aventura del joven Wallander es esta última ciudad la protagonista.
El detective Kurt Wallander de la policía sueca, personaje creado por el escritor ya fallecido Henning Mankell, ha sido ya objeto de adaptaciones televisivas, tanto en su país como en el Reino Unido, donde fue encarnado por Kenneth Branagh. Una serie que no estaba mal. A mí, el género negro nórdico no me entusiasma en exceso, aunque tiene obras interesantes. Como cualquier otro género. Y las novelas de Wallander no están mal, he leído algunas y no me arrepiento. Pero sin más entusiasmos. Ahora, tenemos una nueva versión del personaje en Netflix. También de factura británica. En el que conocemos un Wallander novato, cuando pasa de ser un agente uniformado a ser detective. No se basa en las novelas de Mankell. Se inspira en ellas. En las referencias que aparecen en ellas a su pasado. No es un procedimental en el que cada episodio es un caso. Toda la temporada es un único caso. Y hay una actualización cronológica del personaje. No se sitúa la acción en ningún momento hace treinta o cuarenta años, sino en el mundo actual, con problemas actuales, como el de los refugiados y la inmigración actual. Y las tecnologías actuales. Así que hasta cierto punto es una reinvención del personaje. Como venía diciendo, no está mal, son sólo seis episodios, está razonablemente bien producida e interpretada y entretiene. Pero a mí no me dice nada más. Lejos de otras propuestas televisivas realizadas por los propios nórdicos. Aunque la realización es británica,… el protagonista, Adam Pålsson, es realmente sueco.
Y finalmente tenemos Life [라이프, raipeu que sería la transcripción de la palabra inglesa directamente al coreano], drama «médico» surcoreano, que terminé de ver en mis vacaciones, aunque algún episodio «lo vi» dos veces… porque me acostaba cansado y me quedaba dormido a los cinco o diez minutos de empezar a verlo. No está mal, es entretenida. Aunque tampoco despierta grandes entusiasmos. Desde luego no tiene el factor guilty pleasure de las comedias románticas del mismo país. Es «seria». Transcurre en un gran hospital universitario de Seúl… pero no es el drama médico al uso. Va más sobre la transformación de los hospitales de estructuras puramente asistenciales dentro de un estado del bienestar a empresas que buscan beneficios, y la resistencia de algunos médicos a la comercialización de la salud. La intención es buena, como crítica social y política, pero ingenua. Pero se deja ver. No lo hacen del todo mal y tiene algún momento muy entretenido. Otras cosas, y lo hablo desde la perspectiva de quien durante 11 años se asomó modestamente a la gestión de los centros hospitalarios, son, como ya he dicho, de una ingenuidad tal… que parecen canelos. En fin… para alimentar mi vicio privado sobre las series surcoreanas. Sin más. Como siempre en las series de esta nacionalidad, los personajes femeninos están mejor interpretados y son potencialmente más interesantes que los masculinos, aunque tienen menos protagonismo en este caso.
Aunque ya están abiertas las salas de cine, la oferta actual llega de forma irregular y con calidad irregular. Los estrenos más atractivos (a priori, que luego…) se están retrasando un año. Y aunque se recuperan cosas interesantes que no encontraron distribución en su momento, también llega mucha furrufalla. Mientras, las plaformas de contenidos audiovisuales van a la suya y siguen promoviendo estrenos. Netflix se ha confirmado como una plataforma que busca fundamentalmente entretenimiento puro, de las que cada vez paso más, como pasaría de ellas si se estrenasen en la gran pantalla. Pero de vez en cuando impulsa y estrena alguna película con más ambición artística o conceptual. La cuota de prestigio. En esta ocasión, de la mano de Charlie Kaufman, más valorado por su carrera como guionista, pero que ya ha dirigido alguna película interesante en el campo de la animación.
Más adelante hablaré del equipo con el que están hechas las fotos de hoy… pero como no sabía muy bien cómo ilustrar esta entrada cinematográfica,… pues me limito a poner fotos de mi último amplio paseo de sábado por la mañana, en gran medida por la ribera del Ebro a su paso por Zaragoza.
Veo la película con cierta prevención, pues no pocas críticas o reseñas han advertido de su naturaleza críptica, en incluso de marcianada. Protagonizada por la actriz irlandesa Jessie Buckley, un valor en aumento, y con razón, nos encontramos con una joven, cuyo nombre extrañamente varía durante la película que acompaña a su novio Jake (Jesse Plemons) a visitar a los padres de este, tras una relación no muy larga de ¿seis… siete semanas,… meses? Y eso a pesar de que está pensando en cortar la relación. La visita a los padres del novio, Toni Collette y David Thewlis, ya nos muestra que la película no es convencional ni con una trama espacio temporal al uso. Y hasta aquí puedo contar. Solo diré que quizá el personaje protagonista no sea la chica de nombre indeterminado que protagoniza Buckley, sino el anodino Jake.
Formalmente, la dirección de Kaufman es de gran nivel, casi diría excelente. Cuidada puesta en escena. Cuidados encuadres y selección de focales. Gran labor de iluminación y fotografía de la mano de Lukasz Zal, cuyo excelente oficio ya habíamos apreciado aquí y aquí. Y qué decir de la interpretación. De gran nivel por parte de todos, más vistosa la de Buckley que la de Plemons, pero no por ello a distinto nivel, y los recitales que ofrecen Collette y Thewlis. Y luego está el misterioso personaje que aparece de vez en cuando, el conserje de un instituto interpretado por Guy Boyd.
La película no tiene un argumento convencional. Y conforme avanza va entrando en un terreno que muchos calificarían, quizá con razón, de surrealista. Lleno de símbolos. Y al igual que el surrealismo, buscando bucear en el subconsciente del personaje principal de la película. Esto puede descabalgar a muchos espectadores. Pero si no sucede, si te dejas llevar y entrar ese simbolismo y ver más allá de la realidad aparente, la película se entiende. Y cuando la entiendes… te das cuenta que, quizá no llegue a nivel de obra maestra, pero es una propuesta muy interesante y atractiva. Aunque probablemente con esta afirmación no consiga convencer a mucha gente.
La película, en mi caso, crece en el recuerdo, conforme va dando paso en mi pensamiento de la extrañeza y la sorpresa a la comprensión y a la humanidad con la que Kaufman se acerca a un protagonista… que nunca es el protagonista de las películas. Cuando profundiza en el fenómeno de la soledad, del deseo de afecto insatisfecho, de la angustia que produce no ser nadie y ser olvidado con facilidad. Mucho más notable de la que esperaba.
Uno de los libros que más me han impresionado en los últimos tiempos fue el primero de los «quintetos» de la japonesa establecida en Canadá, Aki Shimazaki. Recordaremos que Shimazaki, aunque nacida en Japón, y con el japonés como lengua materna, escribe en francés. La fórmula para aquel libro que tanto me gustó y que leí aproximadamente hace un año es el de cinco relatos o novelas cortas, que leídos consecutivamente en el orden en que se publicaron, forman una gran novela, una historia única contada por partes y con distintos puntos de vista, según el protagonista de cada relato.
En un momento dado de la historia, e incluso después de perder su importancia política, Nara fue el «corazón» de Yamato, del Japón tradicional e histórico. Como otros lugares de la región de Kansai. Pues allí nos vamos.
Hace unas semanas decidí que era el momento de ir a por el segundo de sus «quintetos», el que hoy comento en estas líneas. Aparentemente, sigue la fórmula del anterior… aunque hay diferencias. Lo cierto es que he tardado demasiado en comentarlo. Algunas de las cosas que quería decir aquí se han diluido en mi memoria. Pero lo haré lo mejor posible.
En primer lugar, ¿qué es Yamato? Yamato es uno de los nombre que ha recibido Japón. Existe un período en su historia que es conocido como Período Yamato. También es el nombre que recibe la etnia predominante y mayoritaria en Japón, en contraposición con otras minoritarias como los ainu, o las etnias originadas en otros países como los coreanos o los chinos. También es una antigua provincia, en torno a la ciudad de Nara, que durante un breve tiempo fue la capital imperial de Japón, y a veces la región que la rodea, lo que hoy denominaríamos Kansai, que como nos dicen en la novela de hoy, tiene forma de corazón invertido. Pero obviamente, si recordamos que la palabra «corazón» tiene también significados en el ámbito de lo poético o lo simbólico, al hablar del «corazón de Yamato» nos podemos referir a la idiosincrasia más íntima, a los elementos culturales, sociales y éticos más profundos de Japón.
Lo que nos cuenta Shimazaki transcurre en un período que va desde la guerra mundial hasta la época contemporánea (los libros de este «quinteto» se publicaron entre 2006 y 2013). Y al contrario que en la obra que leí hace un año, las cinco historias que lo conforman no configuran una historia única y mayor. Más bien estamos ante una serie de vidas cruzadas, en las que cada una de los cinco relatos tiene como protagonistas a cinco personajes que nos son presentados de una forma directa o indirecta en el primero de ellos, una historia de amor frustrado en los años 70 del siglo XX entre un empleado de una gran compañía, y una OL (Office Lady) temporal de la misma. El ámbito en el que se desarrollan las historias está relacionado de forma directa o indirecta con estas grandes compañías japonesas que muchas veces han representado el resurgimiento nipón tras el desastre, admiradas en muchas ocasiones. Han llevado consigo muchos de los valores tradicionales de la cultura japonesa, pero no sólo los positivos, también los negativos. El sexismo, el papel secundario de las mujeres en las empresas y en la sociedad japonesa, la inflexibilidad de las jerarquías sociales y económicas, el sometimiento de los empleados a estas jerarquías, la capacidad de condicionar las decisiones de las personas y su futuro, incluso mediante prácticas que podríamos considerar mafiosas. Al igual que sucedía en su primer «quinteto», la impresión que te deja Shimazaki es que ama a su país de origen, pero es muy consciente de sus defectos, de sus problemas.
No voy a entrar en el detalle de cada una de las historias. Pero las hay muy buenas, excelentes. Todas ellas son buenas. Pero hay como un crescendo general en el que la emoción va subiendo hasta la excelente historia final, que te deja con el corazón encogido en un puño. Shimazaki es sobria en su escritura. No se anda por las ramas ni se detiene en florituras. Va al grano. Pero eso no le impide transmitir las emocionas de forma precisa, directas a afectar tanto la razón como la emoción del lector. Shimazaki me parece una autora altamente recomendable. Existe ya un tercer ciclo de cinco novelas cortas de la autora nipocanadiense, pero todavía no se ha publicado completa en España. Investigaré las posibilidades de leerla en su idioma original, el francés.
Estos días atrás, en mi blog dedicado a la técnica fotográfica he revisado el funcionamiento de una nueva cámara digital que salió al mercado en marzo de 2019 con distintas ópticas que tenía ya de tiempo atrás, más o menos compatibles, con adaptadores muchas de ellas, con la cámara. Ayer mismo probaba las ópticas con montura M de Leica, con fotos que también trasladé a este Cuaderno de ruta. La cámara es de la marca Canon. Y por algún motivo, no había dado en probarla con el objetivo más antiguo que tengo de esa marca japonesa, que salió al mercado 63 años y un mes antes, en febrero de 1956. Esta es la extraña combinación.
Así que esta mañana de primer domingo de mes, museos municipales gratuitos, me he ido con esta combinación al Museo Pablo Gargallo, donde además estaban ensayando una actuación de flamenco, y le he dado un poco de juego. Os dejo las fotos. Están sin retocar. A partir de los ficheros JPEG acompañantes del archivo bruto principal, que he configurado en blanco y negro.
A principios de esta semana, en mis últimos días de vacaciones, cogí mi nueva Canon EOS RP, le adapté algunos objetivos para Leica M y me fui a caminar largo rato, mientras probaba qué tal iban. Y bien, oye.
La entrada de hoy incluye dos estrenos recientes. Estrenos simultáneos en pantalla grande y en plataforma, Filmin. Y ambos son películas de Terrence Malick. Y ambas fueron rodadas con antelación a la última película de este particular director que pudimos ver. Una película que valoré muy bien, que me gustó mucho, que tenía mucha profundidad, acompañada por las singulares formas narrativas y visuales de este director americano, tan alejado de las convenciones.
Pero Malick no es un director comercial. Precisamente por ese alejamiento del cine más convencional. En su filmografía tiene grandes títulos, incluso obras maestras, pero también películas que pecan de excesivamente estilizadas, otras que están más vacías de mensaje de lo que aparentan y otras que son demasiado crípticas, salvo, supongo, para los iniciados en vaya usted a saber qué ciencias ocultas. Nunca sabes con qué te vas a encontrar. Por ello, hasta estas fechas, en la resaca de los confinamientos por la epidemia de covid-19, no han encontrado camino hasta las pantallas las dos películas que comento hoy.
No sabía muy bien cómo acompañar fotográficamente esta entrada, así que he optado por algunas de las fotos que he ido tomando últimamente por la ciudad con una de mis cámaras más recientes.
La película nos narra la vida y el entorno de un escritor, con amplios contactos en el mundo del cine y el espectáculo, principalmente a través de sus relaciones con una pléyade de mujeres, aunque también de su padre y de algún magnate del mundillo. Dividido en varios capítulos con títulos relacionados con las cartas del tarot, con localizaciones en Los Ángeles y Las Vegas, nos presenta un mundo de lujo y pretensiones, pero que constantemente deja un vacío existencial en el protagonista, que tampoco acaba de encontrar la forma adecuada de tratar con las mujeres con las que se topa, que son de lo más variadas. Desde una stripper a modelos y profesionales de fama y fortuna.
Rodada con el estilo habitual de Malick, grandes angulares, mucho movimiento de cámara en torno a los actores, diálogos a penas audibles, mucha improvisación y muchas horas de rodaje, para luego montar aquellos cortes que el director considera adecuados para contar su historia. Apenas se puede hablar de calidad de interpretación por la naturaleza de la forma de rodar, en los que los intérpretes son el objeto principal del encuadre, pero no podemos decir que existan unos diálogos realmente claros o unas direcciones claras de interpretación; prestan sus cuerpos y ademanes, son vestidos de una determinada forma… y a rodar.
Desde mi punto de vista está lejos de las mejores películas de Malick, pero al menos tiene un sentido, aprecias una evolución en la historia y en los personajes y tiene momentos interesantes en su excesivo metraje, para lo que cuenta. He de decir que los personajes de la película tampoco me interesaron mucho, sentí poca empatía por el protagonista y varios de los personajes secundarios, mientras que me hubiera gustado saber más de otros. Difícil de recomendar por las peculiaridades del cine de Malick.
Con menos retraso, pero aun así hace tres años desde que se estrenó en algún lugar del planeta, llega esta otra película de Malick. Mientras que la anterior la vi en las salas de cine, en esta estaba recién llegado de viaje, algo cansado y opté por verla en la plataforma de vídeo bajo demanda, en Filmin. Eso quizá sea un error con las cualidades visuales del cine de Malick.
El estilo de narración, rodaje, visual y sonoro de la película es totalmente similar al anterior. Sin embargo, en esta ocasión nos trasladamos a algún lugar de Tejas, Austin creo, en el ambiente de la música country del lugar, donde asistimos a una serie de relaciones, triángulo en algún caso entre varios personajes. También con un reparto de postín, con nombres como Rooney Mara, Ryan Gosling, Michael Fassbender, Natalie Portman, Cate Blanchett, y Holly Hunter, entre otros. Diría que el personaje central es el interpretado por Rooney Mara, aunque en los títulos de crédito, ya sabemos como van estas cosas en el mundo del cine, donde se negocia hasta el orden en que aperecen los intérpretes en los carteles, aparece en tercer lugar tras los dos machos. Qué sorpresa.
Cuando empecé a verla me vino a la memoria que hace unos años leí un artículo sobre el proyecto de esta película y el principio de su rodaje. Fue poco después de ver Carol, protagonizada por Blanchett y Mara, y pensé que me haría ilusión verla, después del buen trabajo y la buen química de ambas en aquella excelente película.
Pero nada en esta película funciona conmigo. No engancho ni con la historia, ni con los personajes, ni con nada. Conforme va pasando el rato me voy desenganchando, y al final, las algo más de dos horas que dura el largometraje se me hacen eternas. Salvo que se confirma que Mara y Blanchett son dos actrices elegantes que llenan la pantalla con facilidad… poco más saco en claro de la película, que me supera desde casi el principio.
Difícilmente la puedo recomendar. No sé. Tal vez si la hubiese visto en pantalla grande, el resultado pudiera ser distinto. Aunque lo dudo.
Una ronda de series que están vistas desde antes de mis vacaciones y viaje a Portugal. Son muy diversas. Vamos con ellas.
Lucifer, 5ª temporada,… no sé muy bien cuando saltó el tiburón esta serie que tan buenos momentos nos ha deparado. Pero lo ha saltado. En su segunda ronda de capítulos en Netflix, la serie ha perdido la frescura y el desparpajo que tenía. La ruptura de la tensión sexual no resuelta entre sus dos protagonistas también suele ser un problema; hay muchas series que lidian mal con esta situación. Supongo que seguiremos viendo la serie hasta que culmine. ¿Una temporada más? Supongo. Esperemos que al final le den un buen cierre.
Away, 1ª temporada… y quizá lo sensato es que fuera la última. Porque si algo tengo seguro es que si los miembros de una expedición tripulada a Marte se comportaran como los de esta serie, si los ingenieros de la nave espacial a Marte hicieran un nave como la de esta serie,… el fracaso sería absoluto. Más que ciencia ficción es ciencia aflicción. Nos aflige el bajo nivel científico y técnico de la serie, no voy a entrar en los detalles, nos aflige ver a los protagonistas constantemente afligidos por problemas familiares… ¿para qué coño se van a Marte si no pueden lidiar con lo que pasa en casa? Tripulación modelo «Benetton», de todos los colores, etnias y orientaciones sexuales, ante todo, todo políticamente correcto, con unas interacciones absolutamente ridiculas. Su única virtud es que entretiene un tanto… pero lo que queda en el recuerdo es catastrófico.
Memorias de Idhún, 1ª temporada, es una serie de animación basada en una saga literaria de fantasía con el mismo nombre. Tanto la saga literaria como la serie son de factura nacional, española. Pero las hechuras de la serie de animación se han acomodado al estilo de la animación japonesa… o anime. Palabra japonesa que viene del francés desin animé, por lo que me parece absurdo usarla… pero las cosas son como son. La serie llego a Netflix rodeada de una polémica sobre el nivel del doblaje en español. Al parece se han buscado para el mismo actores conocidos, pero que no son actores de doblaje especializado. Realmente, empecé a ver el primer episodio con el doblaje en castellano, pero inmediatamente cambié al inglés. Catastrófico. Por lo demás… es una serie aceptable, pero sin nada en especial. Entre los anime de verdad, los japoneses, hay productos con temáticas similares mucho más interesantes y mejor hechos.
Bueno, aquí y ahora, en Oporto. Porque las de los «alrededores» están reveladas pero todavía no están digitalizadas. En cualquier caso, quien quiera conocer los detalles y tribulaciones técnicas de la experiencia pueden dirigirse a En Oporto (y más) con Pentax MX + Ilford HP5 Plus 400.
Para los que pasáis de la técnica fotográfica y sólo os interesan las fotos, aquí las dejo.
Me encuentro con que, poco después de mi vuelta de viaje, entre la que vi antes del mismo y las que he visto después, tengo tres películas de estreno para comentar. Una es una aventureta ligera y las otras dos, dos estrenos tardíos de Terrence Malick. Como hoy no tengo la cabeza para comentar películas de Malick, voy con la aventureta ligera. Aunque no sea la película que tengo en espera desde hace más tiempo.
Desde su éxito en la primera temporada de Stranger Things, la adolescente Millie Bobby Brown se ha convertido en un valioso recurso para Netflix a la hora de atraer espectadores. Yo no tengo claro todavía que la niña de aquella primera temporada de la serie de éxito en la plataforma de vídeo bajo demanda se vaya a convertir en una gran actriz. Tampoco tengo claro que no vaya a ser así. Es cierto que aquella niña tenía presencia visual. Pero tampoco se le pedía mucho más desde el punto de vista interpretativo. El caso es que la niña, inglesita nacida en Málaga, y que con sus dieciséis añitos ya no es tan niña, parece que tiene vista para los negocios. Y se fijó en un pastiche literario, producto de una espabilada que se inventó una hermana de Sherlock Holmes para atraer a los lectores adolescentes y, como tantas sagas de libros para este público, susceptible de ser adaptada a la gran pantalla. Y ahí tenemos a la Brown. No sólo como protagonista absoluta del filme, sino como productora. Es decir. Se llevará un porcentaje de taquilla además de lo que haya cobrado. Pensada la película para su estreno en salas, gracias a la pandemia de marras, cayó inmediatamente en las garras de Netflix, ya que se ajusta como anillo al dedo a su estilo. Y ale… a presumir de taquillazo virtual.
Nos daremos un paseo por Londres con Enola, pasando por Baker Street, presunto hogar de su hermano Sherlock, aunque no sale. Parece que ni siquiera ha conocido todavía al Dr. Watson.
Y así tenemos la película dirigida por Harry Bradbeer, director que se mueve más por la televisión, en buenas series, que en las producciones para la gran pantalla. Enola (Brown) es la hermana pequeña de Sherlock (Henry Cavill) y Mycroft Holmes (Sam Claflin), que son mucho más mayores, y vive con su escéntrica madre (Helena Bonham Carter). La repentina desaparición de esta será el mcguffin que llevará a la jovencita a sus primeras aventuras, especialmente protegiendo a un joven lord (Louis Partridge) de un malo de opereta (Burn Gorman) que lo quiere apiolar.
No hagáis mucho caso de los nombre famosos en el reparto. Salen poco y con poca trascendencia. Su creadora decidió que fuese la hermana de Sherlock Holmes, pero lo mismo podría haber sido la hija de Oscar Wilde, la sobrina de Jack el Destripador, la bastarda del príncipe Eduardo o la nieta de las Brönte… cualquier personaje más o menos famoso de la segunda mitad del siglo XIX, cercano al XX. La cuestión era crear un pastiche con una chavalilla aventurera, darle un tono «progre» feminista con sufragistas por medio (lo justo para no molestar a los sectores más conservadores, aunque muy agresivas para el tono familiar de la película), generar un rollete entre adolescentes seudoromántico porque la cosa no pasa de posar una mano sobre otra, y «demostrar» que la chica es tan lista o más que cualquier hombre. Todo ello con una realización correcta, es lo que tienen los británicos, que las películas de época las hacen bien, y unas interpretaciones… normales. Sigo sin decantarme sobre la calidad interpretativa de la Brown. No lo hace mal. Pero tampoco lo hace tan bien. Normal.
¿Es recomendable? Pues oye… si estáis suscritos a Netflix, se deja ver con agrado. Es un poco larga. Más de 120 minutos para contar una historia muy básica en el género de aventuras. Pero siendo en Netflix, aunque suene a herejía a los cinéfilos más talibanes, se puede ver como una miniserie, dividiéndola más o menos en tres episodios de 40 minutos. En este caso, no pasa nada por ello. Y ahora,… temamos por posibles secuelas…
Nota: En los «carteles» virtuales que pone la plataforma para anunciar la película, el rostro de Millie Bobby Brown aparece muy retocado y «embellecido», hasta tal punto que casi no parece ella. Como si una adolescente de quince años necesitara tal cosa. Ahí se viene abajo todo el mensaje presuntamente feminista de la película.