[Cine] Alita: Ángel de combate (2019)

Cine

Alita: Ángel de combate (Alita: Battle Angel, 2019; 10/20190217)

Esta semana he dispuesto de muy poco tiempo libre, comparada con la mayoría. Lo de ir al cine se había puesto complicado, pero el domingo pasado me encontré a las once y media de la mañana con la mañana resuelta y cerca de unos multicines con sesiones matinales. Vista la cartelera, opté por meterme en esta película, que adapta los primeros volúmenes de una conocida historieta japonesa, y que coincide en líneas generales en su historia con dos vídeos que se lanzaron directamente al mercado de vídeo hace 25 años y de los que os hablé hace poco.

La versión actual la definen como de “acción real” que es el término usado para diferenciar las películas con actores de carne y hueso de las de animación. Pero el límite es muy impreciso. La mayor parte de lo que vemos en pantalla, dirigido por Robert Rodriguez, son gráficos generados por ordenador. E incluso para el personaje principal, Alita (Rosa Salazar), Gally o Garyi en el original japonés, es cuestionable su parecido real con la actriz que la interpreta.

En el ciberpunk es frecuente que los ambientes predominantes sean nocturnos e inspirados en las grandes urbes de extremo oriente. Pues aunque el ambiente no sea comparable, porque es mucho más apacible y pacífico, pasearemos por Kioto en la noche.

Historia claramente dentro del género ciberpunk, género distópico o postapocalíptico que combina tecnologías avanzadas con vidas muy arrastradas, nos cuenta la historia de una “joven” cyborg, de aspecto adolescente, que es rescatada por el “doctor” Dyson Ido (Christoph Waltz) de un vertedero, y que se irá desarrollando como paladina de la libertad entre los desfavorecidos en un mundo desequilibrado y lleno de desigualdades.

Aunque iba con los antecedentes de una serie de comentarios muy positivos en las semanas anteriores a su estreno, también iba con la prevención de que cuando se produjo el estreno, empezó a haber alguno no tan positivo e incluso bastante negativo. El reparto prometía ya que, además de los mencionados, encontramos nombres como Jennifer Connelly o Mahershala Ali. Pero ni esto, ni el extraordinario esfuerzo en efectos visuales de primer nivel sirven para sacar adelante una historia que es mucho ruido y pocas nueces.

Producto estándar de consumo rápido, comida basura como el género superheroico y otros similares, que es deglutido por numerosos espectadores, pero que no aporta nada e incluso tiene algún momento vergonzoso por sus planteamientos puerilmente maniqueos. Lo que en 1993, en dos vídeos de 25 minutos de bajo presupuesto tenia sentido, e incluso se presentaba con cierto estilo, aquí resulta absurdo. El guion, que es firmado entre otros por James Cameron, que también produce, es bastante bastante malo. Y con dos horas y dos minutos de duración, aburdamente largo, ya que la que es básicamente la misma historia, fue contada mediante animación en 54 minutos.

Lamentable decepción, de una historia que merecía un tratamiento con más profundidad y reflexión y menos preocupación por estúpidas carreras que no dejan de ser la eterna variación de las de Ben Hur, pero sin aportar un ápice de emoción e interés, así como otros artificios de escaso valor. No recomendable, en absoluto.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: **
  • Valoración subjetiva: **

[Fotos] Una cámara “de juguete” en Albarracín y los Montes Universales

Fotografía

Ya he comentado en un par de ocasiones que a finales de enero hicimos una excursión por Albarracín y los Montes Universales, al sur de la comunidad autónoma de Aragón. También llevé una pequeña cámara de plástico, de las que dicen “de juguete” o toy cameras, con un carrete de película en blanco y negro.

Los detalles técnicos os los dejo en el siguiente enlace: Una cámara “de juguete” en Albarracín y los Montes Universales – Lomography ActionSampler con Rollei Superpan 200.

Para quienes no estéis interesados en ellos, os dejo unas fotos.

[TV] Cosas de series; el día de tu muerte y melodramas históricos

Televisión

No me entretendré mucho con la entrada televisiva esta semana. No ando con mucho tiempo. Cosas de llevar coche al taller y esas tontadas que “tanto nos gusta” hacer al común de los mortales. Tres series.

Anecdótica. Animación en coproducción chino-japonesa; idioma original, japonés. La típica de ambiente postapocalíptico con monstruos y robots tripulados gigantes. Pero entretenida y con algún detalle curioso. Viene en Netflix con el título de Last Hope, pero en japonés es Jūshinki Pandōra [重神機パンドーラ, algo así como Unidad celestial Pandora]. Y tiene un par de temporadas. Quizá lo más molesto es todo el palabrerío sobre lo “cuántico” y sobre la “evolución”. Pero eso pasa en tantas producciones de ciencia ficción… Intrascendente, de todas formas. Para rellenar algún rato muerto. Episodios de poco más de 20 minutos.

Como una de las series de hoy nos lleva al pasado de Corea, pasearemos por el barrio tradicional de Bukchon en Seúl.

Excesivamente melodramática. Miniserie coreana de época, de tres episodios de un poquito más de una hora cada una. Basada en hechos reales, aunque supongo que con muchas libertades en el argumento. Saui Chanmi [사의 찬미, con título internacional The Hymn of Death] Años 20 del siglo XX. Corea ocupada por Japón. Una aspirante a cantante soprano y el heredero de una familia bien aspirante a escritor se enamoran. Pero las cosas no irán bien… Buenas interpretaciones, especialmente por parte de su actriz protagonista (Hye-Sun Shin), que pude ver hace poco en otra serie; pero recargada con un exceso de melodrama resulta un poco indigesta. Notable esfuerzo de producción para reproducir el ambiente de la época. Un tanto decepcionante.

Muy interesante. Uno de los estrenos recientes en Netflix, una comedia dramática tipo “día de la Marmota”; Russian Doll. Una mujer, Nadia (Natasha Lyonne), se ve condenada a repetir en un bucle aparentemente sin fin el día de su muerte, que coincide con el de su 36º cumpleaños. Pero conservando los recuerdos de los días anteriores. Ahí comenzará su pelea por romper el bucle,… a ser posible sin resultado letal. Especialmente cuando descubra que hay un tipo por ahí, Alan (Charlie Barnett), que está en la misma situación. A pesar de las formas de comedia de situación, la serie de ocho episodios de poco menos de media hora de duración tiene mucha más enjundia de la que parece. Y creo que es una de esas pequeñas joyas inesperadas que de vez en cuando nos traen las plataformas de vídeo bajo demanda. Recomendable sin paliativos.

[Fotos] Albarracín con película fotográfica en color tradicional

Fotografía

Ya comenté en su momento que el día 30 de enero lo pasé de excursión por Albarracín y los Montes Universales. En Albarracín me dio para exponer un carrete de 36 exposiciones de película tradicional en color, y aquí os dejo unas muestras. Si queréis conocer los detalles técnicos podéis seguir el siguiente enlace: Canon EOS 650 y Fujicolor Superia X-tra 400 en Albarración – a propósito del EF 70-210/3,5-4,5 USM.

[Libro] Estados Unidos de Japón

Literatura

Había visto recomendado este libro de Peter Tieryas en varios sitios. Inspirado, según dicen, por The Man in the High Castle de Philip K. Dick, y con la excelente serie que estamos viendo a partir de dicho libro, no dejaban de entrarme ganas de ver cómo este norteamericano de origen asiático, coreano según parece, orientaba la ucronía en la que los aliados perdían la guerra y el Eje la ganaba. A principios de enero, el libro apareció de oferta en mi tienda de libros electrónicos habitual,… y por un precio de 1,42 euros me pareció que merecía la pena el riesgo.

El relato comienza bien, con un primer capítulo, en el que nos encontramos con un campo de concentración para ciudadanos norteamericanos de origen japonés que es liberado por el vencedor ejército imperial japonés. Pero pronto nos percatamos que estamos ante un pastiche que mezcla el cyberpunk, la novela negra, el gore y la novela bélica con alegre despreocupación. A eso le añadimos los habituales elementos de la cultura japonesa en cualquiera de estos géneros como los videojuegos, los mekas (por favor, traductores, aunque sea muy frecuente entre la gente y los medios especializados, evitad la forma mecha, que fonéticamente sólo tiene sentido en los países anglosajones), los seppuku y otros suicidios rituales, unas gotas de terror biológico y personajes, por supuesto, muy torturados.

Algunos elementos de la cultura popular japonesa para ilustrar esta entrada, aunque su acción transcurre en una costa oeste de los EE.UU. de América reconvertidos y niponizados en EE.UU. de Japón.

El resultado me parece altamente irregular, dejándome una sabor más bien agrio. Es decir, no me ha convencido. La alternancia de géneros hace parecer que el escritor no sabe dónde quiere ir. Y que quiere montar más un espectáculo que hacer una reflexión sobre las consecuencias de una línea temporal alternativa en la historia del siglo XX. Desde ese punto de vista aporta más bien poquito. Muy poquito. Tiene sus momentos la novela, aquí y allí, al igual que esas prometedoras primeras páginas, que pronto quedan en agua de borrajas. Y viene lastrado de continuo por unos personajes protagonistas con los que me resulta imposible empatizar y que me importe un rábano lo que les pueda pasar, lo cual es relativamente imprevisibles. Especialmente, por la tendencia de huir hacia adelante en sus excesos que tiene el escritor. Si a eso sumas varios, deus ex machina, recurso argumental que odio, podréis entender mejor que la novela no me ha gustado, que si la he terminado es porque no es muy larga, y por cierta esperanza de que corrigiera el rumbo, vana esperanza, y que no la recomiendo.

Nada que ver con las sutilezas de The Man in the High Castle, ni sus trabajados personajes. Especialmente en la serie de televisión.

[Cine – in memoriam] Un ángel vuelve al cielo; Bruno Ganz (1941 – 2019)

Cine

Este ha sido un fin de semana extraño. Lo quería haber dedicado a la fotografía. Tanto tomando fotografías, como comentando hoy algunas recomendaciones fotográficas. Pero una serie de factores se han conjurado en contra. Ayer… mi despiste. Por la mañana, quise capturar aves en el Ebro con una cámara digital, y me dejé la tarjeta de memoria de la cámara en casa. Por la tarde, quise fotografiar el paisaje del atardecer con película diapositiva, y el carrete desapareció del macuto. Literalmente. Lo introduje en su interior en casa, y cuando llegué al lugar previsto, al ir a ponerlo en la cámara, no estaba. Misterios de la vida.

El Berlín que sobrevolaba el ángel Damiel, y en el que se enamoraba de la trapecista Marion, ya ha desaparecido, su fisionomía ha cambiado en gran medida, aunque quedan restos aquí y allá de aquella ciudad dividida, en la que algunas de sus zonas más populosas en la actualidad se veían desoladas por la artificial separación provocada por las guerras y la política.

Lo que pensaba hacer hoy ya ni lo cuento. Pero desde que por la noche de ayer recibí una cierta noticia, nada ha sido como lo previsto. Eso sí. Me he escapado un momento al cine a una película matinal. Que una vez más confirma que Hollywood es un extraño rey Midas. Con una gran capacidad de convertir en excrementos cinematográficos lo que toca, mientras que cuando llegan a taquilla, estos se convierten en oro para los empresarios dele negocio. Ya os cuento otro día.

Porque a todo esta serie de catastróficas desdichas se suma la noticia de que ha fallecido Bruno Ganz (1941 – 2019). Un actor que me es familiar desde que vi mi primera película de Wim Wenders en un cineclub universitario. Pero que para buena parte de la prensa parece que sólo ha existido desde que encarnó a un odioso dictador hace quince años. Popular desde entonces por ese papel y por los memes sin mesura que han poblado y poblarán internet llenándolo de contenido sin sentido, para mí sin embargó será siempre el ángel que prefirió perder sus alas y su armadura a cambio de sufrir los pesares de la carne mortal y terrenal, pero también la dulzura del amor de una bella trapecista. Yo también me enamoré de aquella trapecista, que también abandonó este valle de lágrimas, demasiado joven.

No era alemán, como muchos pensaba. Suizo, de Zúrich, donde nació y murió. Trabajó en el teatro y en otras artes escénicas, prestando su buen hacer interpretativo al mundo de la música. Y en el cine, trabajó con algunos de los grandes directores europeos. También alguno americano. Trabajó mucho… y vano sería ahora enumerar sus interpretaciones. Pero ha estado activo hasta hace bien poco. Deja algún trabajo póstumo, todavía sin estrenar. Y en los últimos tiempos lo hemos podido ver en dos trabajos muy distintos. Tirando de vis cómica, en una farsa de carácter político y sobre las relaciones humanas, que siendo una película británica excelente pasó por las carteleras españolas sin hacer mucho ruido. Y recientemente, interpretando a un mefistofélico Virgilio, acompañando a los infiernos a un asesino en serie, en un desasosegante drama, poco comercial, pero que también atesora calidad, de un cierto director danés, siempre inquietante.

Es ley de vida que, cuando llegamos a ciertas edades, nuestra probabilidad de morir va siendo mayor, hasta que no podemos eludir los dados del destino y termina nuestra travesía por este mundo. Pero 77 años saben a poco hoy en día. En cualquier caso, Bruno, que la tierra te sea leve. Y como siempre digo, si ha de existir otra vida después de esta, la única que se me ocurre que me interese es aquella que nos reúna a todas las gentes del cine con los que amamos el séptimo arte. Todas las demás… cada vez me interesan menos.

[Cine] High Life (2018)

Cine

High Life (2018; 09/20190212)

Comentaba hace unos días la cantidad y variedad de space operas, aventuras espaciales en castellano, que salpican las plataformas de vídeo bajo demanda en forma de series. Unas más interesantes, otras menos. Y por sorprendente que parezca en mi caso, ya que es uno de mis géneros aventureros preferidos, alguna se ha caído de mi cartelera televisiva sin terminarla. Por lo menos de momento. Y aunque venga avalada por el señor de los tronos de hielo y fuego… Y de repente, sin hacer ruido, con muy poca publicidad previa, nos llega a la cartelera de cine otra aventura espacial, firmada por la francesa Claire Denis, de la que he de confesar he visto poco. Creo que alguna de sus películas la he visto en televisión, pero sin un recuerdo muy definido.

Toda odisea es por definición un viaje,… quizá todo viaje tiene su parte de odisea. Y algunas escenas de la película, muy probablemente rodadas en Polonia, me han recordado un viaje que ya tiene más de diez años en el recuerdo, por ese país eslavo de la Europa oriental.

Aquí nos lleva a una odisea espacial con un tono muy distinto de aquella que nos maravilló hace 50 años, pero con netas influencias de ella, al menos en el fondo, menos en la forma. También encontramos influencias de otras magníficas aventuras espaciales, como las hermosas cúpulas que nos mostraron el viaje por el espacio de otra forma a principio de los años 70. Aquí encontramos más parecidos tanto en el fondo como en la forma. En cualquier caso, una expedición científica de humanos, viajando a velocidades superlumínicas viaja entre las estrellas explorando agujeros negros. Con la peculiaridad de que sus tripulantes son convictos condenados a cadena perpetua o al corredor de la muerte, a los que se les ha dado la oportunidad de conmutar su pena por un viaje, probablemente sin retorno. Y en el que viaja una médica (Juliette Binoche) que conduce experimentos con los pasajeros sobre reproducción humana, hasta que nace la primera niña espacial, Willow (Scarlett Lindsey, bebé; Jessie Ross, adolescente), con un padre biológico (Robert Pattinson) y una madre biológica (Mia Goth) que nunca se prestaron a este experimento voluntariamente, nacimiento que traerá consecuencias imprevistas a la expedición.

Compleja producción europea, con predominio de un equipo de realización francés, un equipo artístico polaco, la colaboración de algún artista contemporaneo de prestigio en el diseño artístico como es el danés de origen islandés Olafur Eliasson [Wikipedia, instagram], y un reparto basado sobre intérpretes británicos y alguna presencia francesa. Pero frente a la simétrica, limpia, aséptica, brillante imagen que la odisea de Kubrick transmitía, aquí nos encontramos en un entorno sucio, deteriorado, cutre, desesperanzado. Una visión poco optimista de las relaciones humanas, un acercamiento a una sexualidad triste y deshumanizada, un análisis de la capacidad autodestructiva de las comunidades humanas, y una cierta esperanza en las generaciones futuras, aunque con mensajes ética o moralmente perturbadores.

Acompañada de interpretaciones ásperas, pero sólidas y convincentes, no me atrevería a decir que es una película para todos los públicos. Con un argumento que va dando saltos entre diversos intervalos intemporales, sin seguir unas reglas definidas, es una película exigente para el espectador que activamente debe dar con las claves de una película de tono filosófico, y en esto más próxima a los planteamientos del Solyaris de Andrei Tarkovsky que de las influencias mencionadas anteriormente. A mí me ha merecido la pena… pero muchos espectadores acostumbrados a aventuras espaciales simplonas y concebidas como entretenimiento de acción, les puede resultar difícil de digerir.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[TV] Cosas de series; desdichas, sexo e intercambios de cuerpos

Televisión

Traigo hoy tres series muy diversas pero que ya tengo vistas desde hace días y no había encontrado momento para comentar. Quizá alguna se hubiera merecido una entrada específica. Y otra apenas un comentario. Pero las voy a agrupar.

Una anécdota más o menos divertida es cómo podemos calificar la miniserie coreana con formato de comedia de situación con el título en castellano de Pasarela (My Runway, en inglés, 마이 런웨이, en coreano, que es una transcripción fonética a la escritura de ese país del título inglés), donde una estudiante de instituto aspirante a modelo, algo tarambana, intercambia el cuerpo con un modelo masculino de alto nivel, y bastante engreído. Comedia simplona y simpática en seis episodios de apenas media hora, realizados a mayor lucimiento de alguna estrella del pop coreano. Para matar el rato sin romperse la cabeza.

Sex Education está localizada en un interminado lugar del Reino Unido… así que nos iremos a Inglaterra, al condado de Somerset, a las bonitas ciudades de Glastonbury, llena de leyendas artúricas, y a la city de Wells.

Mucha más chicha tiene la primera temporada de Sex Education, serie británica que me ha sorprendido muy gratamente, con Asa Butterfield y Gillian Anderson, haciendo de hijo y madre que viven solos, y una casi novata Emma Mackey, sorprendentemente sólida, como tercera pata de una comedia con tintes dramáticos de adolescentes,… pero no para adolescentes. A partir de dos consultorios sexológicos, una profesional y otro “amateur”, vamos a entrar en una disección muy entretenida y con mucha miga de las relaciones humanas. Muy muy recomendable, con excelentes interpretaciones, y con mucha más profundidad de lo que pueda parecer en un principio.

Y quizá habría que haberle dedicado más espacio a la temporada final de A Series of Unfortunate Events, que ha adaptado durante tres temporadas la serie de libros de Daniel Handler, escritos con el pseudónimo Lemony Snicket. Han adaptado los libros que escribió a un ritmo de un libro por cada dos capítulos. Y creo que ha sido un acierto en cuanto a ritmo y extensión. La serie está globalmente bien interpretada con una abundancia de actores y actrices relativamente conocidos en papeles de diversa entidad, destacando Neil Patrick Harris como el malvado conde Olaf. Aunque bien es cierto que no es su mejor papel. Quizá tira demasiado de un histrionismo que cansa. El diseño de producción es excelente y quienes realmente brillan son los jóvenes actores que interpretan a los hermanos Beaudelaire, que aguantan el tipo durante toda la series, la pequeñita y encantadora Presley Smith, Louis Hynes y la “madura” Malina Weissman. Los “libros” de la primera temporada y parte de la segunda resultan un tanto repetitivos en cuanto a su estructura argumental, pero luego la trama se va serializando y mejora. Un entretenimiento familiar que es ampliamente recomendable.

[Ciencia] En el autobús, ¡quítate la mochila, coño!

Ciencia

Hoy voy a tirar de mis conocimientos profesionales para ilustrar un poquito al personal sobre algunos aspectos de la fisiología humana. Hay una falsedad científica que es comúnmente creída por parte de la mayor parte de la sociedad, como tantas otras que se transmite boca a boca de forma viral, desde mucho antes de que se utilizase este adjetivo en la época de internet. Pero es que esta falsedad de la que voy a hablar nos es transmitida desde nuestra más tierna infancia por esta tan respetable profesión que es la de maestro, aunque no siempre tan respetada como debería ser. ¿Cual es esa falsedad? Cinco sentidos tenemos, vista, oído, olfato, gusto y tacto.

Transportes públicos y museos… sitios de riesgo para el tema que trato hoy. En Londres,… o en cualquier otra parte.

Pues no, oye. Tenemos unos cuantos más. Si seguís el enlace anterior, podréis ver que para la especie humana se nos atribuyen algunos más. Los sentidos son receptores que recogen datos, que se convertirán en información gracias al gran procesador que es nuestro sistema nervioso central, especialmente aunque no exclusivamente el cerebro, sobre las condiciones de nuestro ambiente. Son estimulados por distintas fuentes de energía, por distintos campos de fuerza de los que nos habla la física. Ciertas longitudes de onda del espectro electromagnético estimulan nuestras retinas y nos permiten ver. Las ondas mecánicas transmitidas por la materia y que llegan a nuestros tímpanos nos permiten oír. Determinadas moléculas químicas, o combinaciones de ellas, estimulan células de nuestras fosas nasales o de nuestra lengua, y nos permiten oler o gustar. Lo de tener buen paladar es una memez… las papilas gustativas están en la lengua. Y la presión de la materia que nos rodea sobre nuestra piel nos permite tocar.

Pero hay más. Determinados receptores en la piel y en las mucosas nos permiten tener una idea sobre la temperatura de la materia, y tenemos sensaciones de frío o de calor. Y cuando determinados estímulos son excesivamente intensos, y nos pueden causar daño, aportan información a los receptores nociceptivos y sentimos dolor. Lo cual nos permite retirarnos de la fuente de peligro. Una piedrecitas sumergidas en determinadas estructuras del oído interno nos permiten recoger información sobre la posición de nuestra cabeza y nos permiten mantener el equilibrio.

Hay también unos cuantos sentidos que afectan al medio interno de nuestro organismo, en los que no me extenderé. Me limitaré a hablar de los que nos informan sobre el ambiente externo. De los cuales me he dejado uno. Se trata del sentido propioceptivo. Es poco conocido porque nos pasa desapercibido. La información que recibe se procesa automáticamente, con poco conocimiento consciente por nuestra parte y por ello se suele ignorar salvo que avances en el bachillerato, o incluso si llegas a las facultades que enseñan la anatomía y la fisiología en las profesiones relacionadas con la salud. Este sentido nos informa de la posición de nuestro cuerpo en el espacio. Y unido a la información que nos llega por otros sentidos como la vista, el oído, el tacto y el del equilibrio, hace que nos movamos por el mundo con cierta soltura sin darnos golpes constantemente contra los objetos que nos rodean, y que nos movamos con cierta gracia… unos con más gracia que otros, pero bueno. Es importante. Y estos receptores propioceptivos se encuentran distribuidos por todo nuestro organismo. ¿Por todo?

Pues no. Hay un órgano que les crece en la espalda a muchos humanos, especialmente urbanitas, que no se suele estudiar en las facultades de medicina, pero que es muy frecuente; la mochila. Hay no disponemos de receptores propioceptivos. Tal es así, que los conservadores de los museos, para cabreo de muchos visitantes, nos obligan a quitárnoslas y a dejarlas en la consignas dispuestas a tal efecto, para evitar que nuestros distraídos movimientos por las salas repletas de obras de arte, al no ser conscientes de la posición de nuestras mochilas, destrocen las maravillas allí expuestas.

Tal es así que, en muchos países civilizados, se advierte a los pasajeros de los transportes públicos que se quiten las mochilas y las coloquen entre los pies. Así se ocupa menos espacio y evitamos liarnos a mochilazos con el resto de los viajeros que distraídamente van pensando en sus cosas, hasta que un mocetón veinteañero de metro ochenta y cinco de estatura les deja noqueados con su mochila de moda. O una “quechua”, si su capacidad adquisitiva es limitada. Pero en mi querida ciudad, Zaragoza, tal advertencia no ha llegado a nuestros siempre agresivos transportes públicos. Y la mayor parte del público, ignorante de la existencia de este importante sentido, y de su carencia en las mochilas, pensando que con los cinco que les han contado en la escuela es suficiente para desenvolverse en el mundo, se mueve con su mochila cargada con piedras y yunques dando mamporros a diestro y siniestro.

Así que, por favor, cuando subáis al autobús, ¡QUITAOS LA MOCHILA, COÑO!

[Libro] Atapuerca – 40 años inmersos en el pasado

Ciencia, Historia, Literatura

Sigo con los tiempos justitos para ir actualizando el blog, aunque el fin de semana haya sido más relajado. Así que hoy voy con un breve comentario sobre este libro de National Geographic, en el que uno de los codirectores del programa de investigación de Atapuerca, Eudald Carbonell, junto con la periodista Rosa M. Tristán, dan un repaso a este interesante proyecto sobre la evolución humana, que ya tiene más de 40 años de recorrido.

Indudablemente, uno de los viajes donde más cerca me sentí de los temas relacionados con la evolución humana fue cuando recorrí en agosto de 2003 el Perigord. Nombres como Le Moustier, La Madeleine o las cuevas de Lascaux están muy ligados a este tema. Y término como “musteriense” o “magdaleniense” que suelen aparecer cuando se habla de las culturas de los hombres primitivos, tienen su origen en estos lugares perigordinos.

Eudald Carbonell i Roura es un investigador que siempre me ha parecido muy interesante. En primer lugar, por su multidisciplinaridad. Geólogo e historiador y arqueólogo, ha demostrado que lejos de estar enfrentadas, humanidades y ciencias son complementos necesarios en el saber humano, pero eso sí, ambas precisan de un rigor y un método en el estudio, que no es exclusivo ni a unas ni a otras. Y que sus métodos, aunque diferenciados, deben corresponder a principios filosóficos y éticos no tan apartados los de las unas de los de las otras. Había leído ya previamente algún ensayo de divulgación científica suyo que me había parecido sumamente interesante. Tanto por sus contenidos, como porque se moja en temas delicados o conflictivos. Pero con criterio. Rosa M. Tristán [Twitter] es una periodista especializada en ciencias, de la que no sé gran cosa. Pero ya os he puesto los enlaces correspondientes por si queréis saber algo más de lo que hace.

En el lado de los contras, normalmente no me siento atraído por los libros de divulgación de la National Geographic. Aunque bien ilustrados y muy bien presentados, en ocasiones he detectado cierta superficialidad en los planteamientos de sus publicaciones, y no dejan de presentar ciertos sesgos propios de cierto americanocentrismo en su visión del mundo. Pero en esta ocasión, el libro venía acompañada de una muy buena oferta en la plataforma de libros electrónicos, y el tema siempre me ha gustado. Especialmente cuando en los últimos años se han ido publicando hallazgos que están revolucionando la forma en que percibimos la evolución de nuestra especie. Y la de todas las especies… que no somos tan especiales.

El libro es irregular. A ratos, la minuciosa descripción de todos y cada uno de los yacimientos del programa de investigación se nos aparece un poco prolija y cansina, para luego emocionarnos con el relato de los descubrimientos y la interpretación de los mismos, cambiante en el tiempo conforme se acumulan nuevas pruebas y nuevos datos. Para luego volver a entrar en la monotonía derivada del evidente interés propagandístico del libro. Lo que los autores llaman “socializar” los frutos de la investigación del programa. Es comprensible que quieran comunicar al gran público lo que está pasando ahí, y es loable el esfuerzo, pero a ratos, cansino.

Globalmente es un libro razonablemente interesante si te gusta el tema, cuyos capítulo menos interesantes acabarás leyendo más en diagonal, mientras prestas atención a aquellos que destilan más jugo y enriquecen más tus conocimientos sobre el tema. Y el libro no deja de aportar, por lo tanto el balance final es razonablemente positivo, aunque no entusiasmante.

[Recomendaciones fotográficas] Desde los libros de Rinko Kawauchi hasta la China de Lu Nan

Fotografía

Recibí hace unos días mi primer libro de la fotógrafa Rinko Kawauchi [川内倫子], Illuminance, Ametsuchi, Seeing Shadow [照度 あめつち 影を見る]. Esta fotógrafa japonesa nacida en Shiga, no lejos de Kioto, y establecida en Tokio, hace tiempo que abandonó cualquier intento de uso documental de la fotografía. Con sus paisajes, en el campo o en la ciudad, en los que inevitablemente percibimos la presencia o la acción del ser humano, busca más los significados que la descripción de la realidad. Y lo consigue. El libro agrupa fotografías de distintas series de la fotógrafa, muchas de ellas realizadas con la sencillez que proporciona el formato cuadrado de una Rolleiflex, y tiene muchas capas de significados. Para dedicar muchos ratos desentrañando el mensaje de la fotógrafa, una de las más significativas de la fotografía contemporánea nipona.

Para ilustrar la entrada de hoy, viajo en el tiempo, casi doce años, cuando mi primera cámara réflex digital, la Canon EOS D60 que compré de segunda mano, no habían entregado todavía el alma. Es decir, no había fallado su obturador.

Muchas veces he manifestado que Inge Morath es una de mis fotógrafas preferidas, una de las mujeres fotógrafas más importantes de las primeras épocas de Magnum Photos. Lo que muchos no saben es que Morath, en 1962, se casó con el escritor Arthur Miller, que no hacía mucho que se había divorciado de Marilyn Monroe, y con quienes coincidió en el rodaje de The Misfits (1961) cuando este divorcio no se había consumado. Y permanecieron casados durante 40 años. Y optaron por una vida tranquila, en una comarca rural de Connecticut. Que Morath documentó fotográficamente, y que Miller glosó con palabras. Y ahora Magnum nos habla de ello.

Siguiendo con la famosa hacienda, nos ha ofrecido un repaso a la obra del fotógrafo chino Lu Nan, que ha presentado recientemente un libro con la obra de quince años reflejando realidades diversas de Tibet y China. Tres realidades en concreto, la difícil vida de los pacientes psiquiátricos en China, la vida diaria de los católicos en China, y la crónica de los campesinos en el Tibet. Quien no sienta algo, quien no se emocione con las fotografía de Lu Nan… es que está hecho de piedra.

Conforme me voy poniendo en disposición mental de que el 28 de mayo volamos a Shangái, para visitar esa región china, me siento más interesado por la realidad del país vista por los fotógrafos. Uno de los fenómenos más marcados de la realidad del gigante asiático es la fuerte migración de personas del campo a la ciudad, de las provincias más excéntricas a las grandes ciudades de las regiones orientales. El fotógrafo Christopher Anderson busca reflejar a través de su trabajo Aproximate Joy, que también nos han mostrado en Magnum Photos, la melancolía, la sensación de soledad que asalta a las personas que viven en estas megaurbes, a través de retratos callejero llenos de melancolía.

Y termino con una de las fotógrafas que recientemente nos han recomendado en Cada día un fotógrafo/Fotógrafos en la red. Gema Polanco Asensi es un fotógrafo joven, muy joven teniendo en cuanta que hoy en día lo de “fotógrafo joven” es un concepto que se extiende hasta casi los cuarenta año de edad. Pues no Mucho más joven. Y todas las pintas tiene de ser niña de una familia bien. Pero dirigiendo su cámara hacia las personas que componen esa familia, compone una visión del mundo propia, particular, más generalizable en ciertos aspectos de lo que parece al común de las personas, que ha hecho que me llame la atención muy positivamente. También ha jugado con otros temas, y con otras técnicas como el collage. Supongo que es una de esas fotógrafas emergentes que habrá que ir observando.