[Fotos] Probando el estilo visual del Neuer Deutscher Film (o así) durante la fiestas

Fotografía

Tenía pendiente de probar unas películas que me regalaron hace unas semanas. Así que cogí un carrete, lo puse en la fiable Pentax MX, y salí a pasear durante las fiestas de Zaragoza. Dice el fabricante que esta película ofrece el aspectos visual del “Nuevo Cine Alemán” (nuevo en los años 70 del siglo XX, claro)… Pues vale. No está mal. Los detalles técnicos los podéis encontrar en Lomography Berlin Kino 400 de regalo con la Pentax MX.

[Cine] Di jiu tian chang [地久天长] (2019)

Cine

Di ji tian chang [地久天长] (2019; 49/20191015)

El martes pasado, sin mucho convencimiento por mi parte porque no me encontraba con la cabeza muy en mi sitio, nos fuimos a ver esta película china, que se ha titulado en la cartelera española Hasta siempre, hijo mío. La modificación respecto al original chino parece que es la referencia al hijo. Lo cierto es que la película llegaba tras el éxito alcanzado en la última Berlinale, donde se llevó los premios correspondientes a la interpretación para Yong Mei (actriz) y Wang Jingchun (actor). La película está dirigida por Wang Xiaoshuai, de quien no recuerdo haber visto nada previamente.

Wang se toma su tiempo para contar esta historia, un poquito más de tres horas, con un guion que abandona desde el primer momento la linealidad temporal para ir saltando entre las distintas épocas en las que desde los años 80 hasta la actualidad va contándonos la historia de dos familias, que se tratan como hermanos, tanto los adultos como los hijos, pero que se van distanciando por los eventos que llevan a la muerte de uno de los niños, con la imposibilidad añadida de la madre (Yong Mei) para engendrar otros hijos.

Estamos ante una historia triste, aunque al final el director trata de aportar un tinte de esperanza, en la que de fondo tenemos los cambios profundos que la sociedad china ha acometido en los últimos treinta o cuarenta años, desde la época donde quedan coletazos de la dialéctica de la Revolución cultural, aunque esta se haya dado por finiquitada, se implanta la política de un solo hijo, hasta el momento actual de país bajo una dictadura comunista con economía capitalista. Como sucede con frecuencia, los directores chinos tienen cierta libertad para criticar las cosas que no funcionan bien, especialmente si se encuentran en el pasado, siempre que no cuestionen el liderazgo del Partido Comunista Chino. Y eso es aprovechado contar simultáneamente la historia de estas familias y la historia de los cambios sociales de su país.

La película exige atención. La información sobre lo que realmente pasó en cada momento se nos va dando de forma dosificada a través de la película, aunque de forma muy inteligente, permitiendo combinar el ritmo tranquilo de la narración con una cierta tensión en el espectador, a la expectativa de lo que ha sucedido con esta gente. Y todo ello muy fortalecido por el impresionante nivel actoral de un elenco que, además, tiene que adaptarse a interpretar sus roles con el envejecimiento propio de las décadas que pasan desde el inicio de la acción hasta el final.

La película es buena, muy buena. Emociona. Y mucho. Hay pocas cosas criticables, puesto que las aparentes incoherencias que percibes durante el metraje, al final encajan como un guante, mostrando una planificación en el desarrollo argumental muy fino. Pero eso sí, quien busque el histrionismo en los planteamientos y en las interpretaciones que en estos momentos parecen de moda,… pues no. Porque la película no deja de hablarnos más que de las vidas con su alegrías, pocas en este caso, y tristezas, bastantes más, de gente normal, que tiene que vivirlas con duelo y sensación de pérdida en algunos casos, con remordimientos y sensación de culpa en otros. Aunque todos ellos, con sus aciertos y sus meteduras de pata, son esencialmente gente honesta.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Libro] Kim Jiyoung, nacida en 1982

Literatura

Quien siga este Cuaderno de ruta con cierta frecuencia, sabrá que tengo un placer culpable, un vicio televisivo, que data del momento en que me suscribí a Netflix. Ver teleseries surcoreanas de vez en cuando. Las teleseries surcoreanas son flojas. Sus guiones se suelen basar en personajes y situaciones muy estereotipadas. Son muy previsibles. Pero una cosa que me ha pasado con frecuencia, especialmente con las series ambientadas en la actualidad,… algunas de las costumbres, actitudes o comportamientos que describen me parecen marcianos. Dudo que sean conscientes que en determinados temas, ofrecen una imagen de su país bastante lamentable. Uno puede asumir que sea un país donde predominan las mentalidades conservadoras; pero en ocasiones llegan a situaciones absolutamente incomprensibles desde mi visión de ciudadano de la Europa occidental.

Esta sensación se agudizó cuando me puse a ver una serie que trataba sobre las desventuras de una mujer que decide ser madre soltera. No la he llegado a terminar de ver. Pero me parece una serie de terror. Si los comportamientos que ahí se muestran son reales, la situación de retraso social en Corea del Sur es mucho peor de lo que pensaba. Por poner un ejemplo, inconcebible en nuestro medio. Una mujer gestante empieza con la labores del parto y acude a la clínica para dar a luz. La enfermera de la admisión la rechaza porque no figura un padre en la hoja de admisión ¡¡¡???

Poco después de dejar de ver esta serie, leí una recomendación sobre el libro que nos ocupa hoy. Escrito por la surcoreana Cho Namju, nos habla de una mujer de treinta y pocos años, una mujer común, casada, titulada universitaria, que ha estado trabajando hasta que se casó y se quedó embarazada de su hija, momento en que se vio obligada a dejar el trabajo, y que en un momento dado empieza a tener comportamientos extraños, puesto que parece creer que es o adopta la personalidad de otras mujeres que ha conocido a lo largo de su vida. De forma retrospectiva, la novela hará un repaso retrospectivo de la vida de la protagonista hasta llegar a la situación actual.

El nombre de la protagonista, Kim Jiyoung, está elegido por ser el más frecuente entre las niñas nacidas en 1982 en Corea del Sur. Un año en el que el país todavía estaba bajo una dictadura que no terminaría hasta las elecciones de 1987. Y por lo tanto, una mujer que ha vivido a lo largo de su vida los cambios de la sociedad del país asiático, actualmente uno de los países del mundo más tecnológicamente avanzados, con mayores índices de educación superior, tanto en hombres como en mujeres, pero que sigue siendo el país de la OCDE con una brecha de género más notable. La novela tiene su punto de “docudrama”. Vamos siguiendo las etapas de la vida de Jiyoung, constatando como el sistema patriarcal de origen confuciano, o sus residuos cuando se elimina legalmente en 2005, va minando las capacidades de desarrollo de la joven, la va colocando sistemáticamente en desventaja con respecto a sus coetáneos varones, incluso si sus méritos son manifiestamente superiores.

La novela está bien escrita. Es directa, concreta. Concisa, pero detallada. Y se complementa por notas bibliográfica al pie de página en la que la autora muestra que lo que que está contando no es opinión ni creencia, sino que está basado en datos e información publicada y que se pueden comprobar. Por lo tanto, es novela en cuanto ficción, pero es ensayo en cuanto desarrollo de un tema para su reflexión, el de la tremenda desigualdad de género que existe en un país que por nivel de desarrollo y por nivel educativo tendría que estar muy arriba en la corrección de estas desigualdades.

No me cabe la menor duda del rigor de la autora. Y su trabajo me parece encomiable. Su edad, algo mayor que la de la protagonista de su novela, la encuadra también en la misma generación no obstante, por lo que no deja de ser una reflexión sobre el entorno en el que le ha tocado vivir. Nos dicen que la novela ha tenido mucho impacto, transmitiéndose mucho por el boca a boca, en su país y en otros países asiáticos, donde la situación de la mujer es mala también. Pero no debemos olvidar algo; aunque en los países de la Europa occidental la situación sea mejor, no quiere decir que sea buena. No ha dejado de existir la brecha de género de la que se nos habla. Y de formas más solapadas, menos evidentes, se mantienen algunos de los comportamiento de los que se nos hablan en el libro. No podemos ser, ni de lejos, autocomplacientes. Sería un grave error. Por lo tanto, considero que el libro es muy recomendable, no importa en qué parte del mundo vivas.

[Fotos/viajes] Cámaras de un solo uso en Tokio

Fotografía, Viajes

Un despiste monumental hizo que olvidase mi cámara para película tradicional, y el cargamento correspondiente de estas, en Zaragoza antes de salir de viaje hacia Japón. Un poco mohíno por estas circunstancias, en los últimos días del viaje, en Tokio, me hice con un par de cámaras Harman de un solo uso, con película Ilford, en blanco y negro. Os presento algunas de las fotos. Y los detalles técnicos, para quienes este interesados, en Dos Harman de un solo uso con Ilford HP5 Plus en Tokio.

[Cine] Ad astra (2019)

Cine

Ad astra (2019; 48/20191010)

Al regreso de las vacaciones, recibí una llamada del grupo de amigos de ir al cine, aquellos que no habían venido con nosotros a Japón, proponiéndome salir el jueves a ver una película y tomar unos chismes para contarles el viaje. Me dijeron que la cartelera se había renovado, que parecía haber cosas interesantes y… que eligiera yo mismo. Grave responsabilidad. Porque ciertamente la cartelera se había renovado, había una serie películas que parecen de calidad… pero cuyos temas o planteamientos a priori no me resultaban nada motivadores. Reconozco que llevo una temporada en la que el tema de las películas me influye mucho para decidir qué quiero ver y qué no. Por buenas que sea las críticas de un largometraje, si de lo que habla no me interesa… pues me entra la desgana.

No sabía muy bien cómo ilustrar la entrada de hoy, hasta que he recordado los cosmonautas de madera que encontramos este verano cerca de la Berlinische Galerie… así que he tirado de fotografías de aquel viaje por Alemania.

Finalmente, opté, y se me aceptó, por las aventuras espaciales de Brad Pitt, dirigido por James Gray, reconvertido gracias a la magia del cine en un astronauta altamente motivado y competente, al que se le presenta la misión de recorrer el sistema solar con el fin de salvar a los mundos habitados de una catástrofe de dimensiones incalculables. Y con su padre, Tommy Lee Jones, del cual se encuentra separado desde hace décadas, antes incluso de que abandonase la Tierra en una misión a la búsqueda de vida extraterrestre, involucrado en el tema.

Realizaré la valoración de mis impresiones sobre esta película en dos partes.

En primer lugar, la inmediata tras la salida del cine. Nos resultó una película entretenida. En la moda de otras películas de ciencia ficción de los últimos tiempos que tratan de proponer una puesta en escena lo más realista posible, sin alegrías más propias de la fantasía que de la anticipación científica, se convierten en películas sobrias. Hay mucho homenaje a 2001, eso sí, incluso con cierto ironía sobre el contraste entre lo imaginado por Kubrick/Clarke y lo que probablemente deparará la realidad. Y cierta pretensión de película trascendente. La película, con dos horas de duración, se toma su tiempo para ir desarrollando toda la trama, pero tiene ritmo. Las interpretaciones son correctas, y a Brad Pitt, que no deja de ser un actor relativamente limitado que depende mucho del papel que se le otorgue y del trabajo del director, se amolda bien al que le ha tocado en suerte. Como digo, impresiones del primer momento.

Pero la película soporta regular, casi tirando a mal, una reflexión posterior. Existen una serie de secuencias que no voy a desvelar que me chirrían. Cuya eliminación con pequeñas correcciones en el guion haría funcionar la película igual de bien o mejor. Cierta persecución, cierto abordaje a cierta nave, el propio McGuffin de la película, esa amenaza terrible a la humanidad,… o son superfluas, o ponen en grave riesgo la suspensión de la incredulidad del espectador, especialmente cuando se aspira a moverse en el terreno de la ciencia ficción dura, o ambas cosas. La película tiene cierta aspiración a la trascendencia, a hablar de temas importantes… y al final,… igual se queda en una aventureta más o menos conseguida pero con deficiencias. Demasiadas pretensiones para un mensaje final menos lúcido de lo que se nos quiere hacer creer. Las actrices participantes, prácticamente de floreros. Especialmente, Liv Tyler. La presencia de la interesante Ruth Negga sabe a poco.

Película por lo tanto con sabor agridulce, y que no sé muy bien como valorar. Ya la crítica se había mostrado dividida. Su paso por festivales había transmitido cierto descontento, aunque luego un número apreciable de críticos más o menos profesionales la hayan considerado bien, con alguna disidencia. Probablemente se le pueda dar un aprobado. Aunque los pocos fallos que le vi, me parecieron demasiado chirriantes. En fin, cada cual verá.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **/***

[TV] Cosas de series; un poco de animación

Televisión

Tengo varias cosas pendientes en materia televisiva desde antes de las vacaciones. Pero hoy no ando con mucho tiempo, así que dejaré las cosas de más calado para más adelante y hoy voy con el comentario de un par de series de animación, una que terminé de ver antes de salir de viaje hacia Japón y otra que terminé durante el viaje.

De todas las series mencionadas aquí, nuevas o pasadas, quizá la que más me guste, aparte de Futurama, sea Samurai Champloo. Por ello, me parece adecuado ilustrar con los tradicionales templos y santuarios del parque de Ueno, en Tokio. Tokio, Edo en aquel tiempo, es el punto de partida de los protagonistas en su camino al oeste…

Netflix está operativo en Japón. Y como sucede de costumbre cuando cambias de país, la oferta que aparece en tu tableta no es la que se corresponde al país donde te has suscrito sino al país en el que te encuentras, que puede variar. Por ejemplo, el programa japonés de telerrealidad Terrace House, en su actual edición de la que os hablé recientemente, allí se emite semana a semana y no poniendo a disposición del público bloques de entre 8 y 12 episodios como en España. Como en España hay disponibles los episodios 1 al 12 de la edición actual, en Japón, donde han ido avanzando, hemos podido ver hasta el 18. Porque evidentemente, cuando llegaba la noche y antes de conciliar el sueño, no podíamos evitar la tentación de, adictivamente, irlos viendo. El episodio 18, que se puso a disposición del público en Japón el 8 de octubre, lo descargamos a las cinco y media de la mañana mientras nos preparábamos para salir del ryokan en dirección al aeropuerto, y lo vimos en el Narita Express en el trayecto entre la estación de Tokyo y la de la terminal internacional del aeropuerto de Narita.

A punto estuve de poder dejarme descargada la segunda temporada de Carole & Tuesday, que recientemente se estrenó en Netflix España y pude ver justo antes de salir hacia Japón. En el país del sol naciente ya está disponible esa segunda temporada. La hubiéramos podido ver allí, si hubiésemos tenido tiempo suficiente, que no fue así, o dejarla descargada para verla desconectados después. En el momento que te conectas desde otro país te la invalida. Pero no lo hicimos,… porque sólo está en versión original en japonés,… con subtítulos en japonés. Y, por cierto, ¿de qué va esta serie? En principio, por sus premisas no es una serie de animación japonesa que me fuese a atraer. Las aventuras de dos adolescentes en Marte, de extracción social muy diferente, para salir adelante en el mundo de la música pop, me parecían más destinadas a otro tipo de público. Salvo que me enteré que el universo en el que transcurre la acción es el mismo que el de Cowboy Bebop, serie que me gustó mucho. Incluso algunos de los responsables de aquella, en concreto Shinichirō Watanabe, participan en la que hoy comento. Y se nota. La serie, aunque ciertamente destinada a un público adolescente, tiene calidad. Sus guiones son buenos y su historia no empalaga ni nada por el estilo. Una buena serie, superior a la media de las que está destinadas en el mundo de la animación a los/las adolescentes. Creo que incluso hay algún personaje común a las dos series… pero no recuerdo cual. Watanabe también está detrás de otras de mis series de animación japonesas favoretas, Samurai Champloo, aunque esta no comparte universo, aunque sí espíritu, con las anteriores.

Y seguimos con la animación, pero en esta ocasión procedente de los Estados Unidos. Se trata de la segunda temporada de (Dis)enchantment, con Matt Groening, ya sabéis, el de The Simpons y Futurama, como productor. Siempre he esperado, y creo que esa era la intención de sus responsables, que esta serie ambientada en una edad media mágica tuviera más que ver con Futurama que con la disfuncional familia de color amarillo. Y así es. Pero he de reconocer que la primera temporada me dejó un poco frío. Los elementos necesarios estaban ahí, pero por algún motivo no acababa de entusiasmar. Quizá porque para mí, Futurama es mucho Futurama. Pero en esta segunda temporada, las aventuras de la princesa Teabeanie, Elfo y Luci me han enganchado mucho más. No al nivel de sus referente mencionados, pero la verdad es que te permiten pasar un rato muy entretenido, con una animación adulta e inteligente. Que vengan más temporadas.

[Libros de fotografía] Desde Japón y desde “otro lugar”

Fotografía

Ayer por la tarde veía unas fotografías de la calles de Tokio tomadas ese mismo día en Takeshita-dori y otras calles de Harakuyu. Estaban vacías en un momento, entre la cinco y las seis de la tarde de un sábado, en las que no tendría que haber cabido ni un alfiler. Son los efectos del tifón Hagibis. Recordemos… huracán, tifón y ciclón son exactamente el mismo fenómeno. Huracán se suele usar para los que se forman en el Atlántico, tifón para los del Pacífico occidental y ciclón para los del Índica. Grosso modo, no pretendo ser exacto ni exhaustivo, sólo orientativo. Hay más nombres y otras regiones de los océanos.

Takeshita-dori el lunes de esta semana, cinco días antes del tifón del que os hablo.

El caso es que cuando planificamos el viaje a Japón que hemos realizado entre el 24 de septiembre y el 8 de octubre de este 2019, la idea inicial era salir el 1 de octubre para volar de regreso el 15 de octubre. De haber seguido esa idea, y suponiendo que la planificación del viaje hubiese sido la misma, ayer 12 de octubre tendríamos que habernos desplazado desde Ise-shi a Tokio. En tren. E Ise-shi es una ciudad que es prácticamente costera. O sea, mal. No hubiera podido ser. No habríamos tenido tren, y hubiéramos tenido un roto en el viaje, quizá no demoledor pero sí importante. Seguiremos confiando en el futuro en nuestra suerte. El motivo por el que adelantamos una semana el viaje, a pesar de que eso suponía probablemente temperaturas más altas, es que había más de 100 euros de diferencia en los vuelos. En septiembre, los vuelos a Japón son algo más baratos que en octubre. Alguién nos dijo que porque en ese mes hay más riesgo de tifones. ¿Captaís la ironía?

Cerca de Ise-shi, visitamos las isla-museo de las perlas Mikimoto en Toba, donde presenciamos una exhibición de las “ama”, las mujeres del mar, que recolectan sus “frutos” desde tiempos ancestrales.

Pero vamos al tema de hoy. Y ya que he empezado con una foto de una “ama” en su exhibición en la isla-museo Mikimoto, dedicada a las perlas cultivadas, he de comentar que en Tokio dedicamos una parte del último día, el anterior al regreso, a hacer compras. Y yo me dirigí a Jimbocho, una serie de calles en la capital nipona donde abundan las librerías. Llevaba referencias para saber donde encontrar las dedicadas a los libros de arte y fotografía. No estaba por cargar con muchos libros. Por coste y por peso. Pero pensé en conseguir algunos, de autores japoneses por supuesto, que fueran ligeritos y no muy caros. Soñé por un momento en encontrar alguna copia del trabajo del fotógrafo Yoshiyuki Iwase que dedicó a la “ama”. Siguiendo las tradiciones de la especie humana más ancestral, cuando en origen éramos cazadores-recolectores, en muchas sociedades hubo una división del trabajo por sexos; los hombres se desempeñaban como cazadores y las mujeres como recolectoras. Desconozco hasta que punto esto es una verdad establecida rigurosamente. Pero en cualquier caso, en la zona de Ise-Shima, los hombres se dedicaban a la pesca y las mujeres a la recolección de los productos del fondo del mar. Podéis encontrar fotografías de Yoshiyuki en Los grandes fotógrafos, introduciendo una palabra clave con su nombre en Instagram (o así), o buscando vídeos en Youtube. Os dejo uno de ellos.

Sí que encontré un libro de Ishiuchi Miyako, Time textured in monochrome, que me atrajo en seguida. Ya tengo un libro de Ishiuchi dedicado a los objetos encontrados entre las ruinas de Hiroshima tras el criminal bombardeo nuclear. Y me gusta esta fotógrafa. En esta ocasión nos ofrece fotografías de varias series que comparte la importancia de las texturas tanto en la materia fotografiada como de la propia fotografía, y su relación con el paso del tiempo. Una primera serie de fotografías callejeras, en las que apreciamos las texturas de las casas, de las calles, del grano de la película, otra segunda serie de interiores en estado de decadencia, y una tercera serie, la que más me gusta en la que fija su objetivo sobre la textura de la piel en las personas, marcando el paso del tiempo. Desde la piel tersa de los niños y las personas jóvenes, a las cicatrices que van quedando con el tiempo, con especial atención a las cicatrices de operaciones cesáreas, relacionadas con el nacimiento, y hasta las arrugas que aparecen en nuestra cara y nuestros miembros con la edad. Que elegante, sobria y profunda es esta fotógrafa.

El segundo libro que me interesó fue un pequeño catálogo de una exposición retrospectiva dedicada a un fotógrafo que me era desconocido, Gochō Shigeo. Fallecido en 1983, joven, con sólo 37 años, es poco conocido en occidente. Con fotografías en blanco y negro, las más tempranas, y en color, las más tardías, hace un repaso a las gentes del Japón que ha salido ya de la posguerra y ha entrado en ese periodo de prosperidad que parecía interminable, pero lo hace fijándose en las personas. La mayor parte son retratos sencillos, de gente en su entorno, que casi parecen las fotografías familiares. También las populosas calles de las muy pobladas ciudades japonesas.

Las gentes en el populoso y famoso cruce de Shibuya en Tokio.

El tercer libro se titula Photography Now! y es uno de estos libros que se publican en distintos países para intentar dar una visión global de cuál es el estado de situación de la fotografía en el mundo. Pues este es el punto de vista de los japoneses, con un listado de trece fotógrafos, entre los que figuran nombres más o menos conocidos, dos japoneses, Nishino Sohei (instagram) y Daifu Motoyuki (instagram), que tal vez no aparecerían en libros similares de otros países… bueno, Nishino sí, que me lo he encontrado ya en muchas ocasiones, y una española,… sí, la de Middel (instagram), que suele aparecer en este tipo de libros. Es majete. Y estaba a buen precio.

El día que yo dediqué a la compra de libros, colectivamente también lo dedicamos por la tarde al arte contemporáneo con visitas al National Center of Art y el Mori Art Museum (en la foto), ambos en la zona de Roppongi Hills.

Por último, decir que durante mi estancia en Japón me llegaron dos libros que adquirí con antelación a su publicación en la editorial Another Place Press (instagram). Esta editorial se ha especializado en pequeños libros de tiradas limitadas para fotógrafos que empiezan en sus aventuras de dar a conocer sus obras. Con frecuencia los libros están asociados con el paisaje, muchas veces alterado por el ser humano, que es un tema que me interesa bastante. Son libros sencillos pero bien presentados y relativamente económicos. En esta ocasión recibí River’s Edge de Missy Prince (instagram), con el paisaje y las gentes del Pacífico nororiental, y The Tide Goes North de Terry A. Ratzlaff (instagram), con el paisaje y las gentes de la bahía de Nushagak en Alaska.

Cierro con una fotografía de los pescadores preparándose para zarpar a faenar al caer la tarde en Nachikatsuura. Una fotografía que podría estar en el estilo o en los temas de estas últimas recomendaciones bibliográficas, y que me está planteando hacer un librito dedicado a esta población, aparte del álbum de fotos del viaje a Japón.

[Cine en el aire] Películas japonesas en vuelo

Cine

Ya lo he hecho en otras ocasiones en mis viajes al Asia oriental; aprovechar estos largos vuelos para ver películas asiáticas, que pueden estar bien, pero que difícilmente van a llegar a las carteleras españolas. Y teniendo en cuenta que los billetes de nuestro reciente viaje a Japón los compramos a ANA (All Nippon Airlines),… pues teníamos que hacer repaso a película japonesas. Los compramos a ANA… pero lo cierto es que de los cuatro vuelos, los dos de ida los hicimos con Lufthansa, y de los de vuelta, solo uno lo hicimos con ANA, el otro fue con Brussels Airlines.

Lo habitual es que en vuelos nocturnos veamos como mucho una película. Intentamos dormir todo lo que podemos para minimizar los efectos del desfase horario. Pero en los vuelos diurnos podemos llegar a ver tres películas; en estos, evitamos dormir también para combatir los efectos desagradables del llamado por muchos jet lag. Aunque en las más de once horas que dura el viaje de Tokio a Bruselas había tiempo para más largometrajes… tres es el tope que puede soportar mi capacidad de atención. Paso a comentar lo que vi… aunque adelante que fue bastante menos interesante que en otras ocasiones.

Un largo viaje hasta Japón, en el que hay que atravesar nueve usos horarios, aunque la diferencia horaria sea “sólo” de siete horas, por las modificaciones introducidas en nuestros horarios. Ellos llevan hacen coincidir la hora solar con la hora oficial.

En el viaje de ida, Lufthansa nos ofreció un menú más limitado en número de películas asiáticas. Pero como fue vuelo nocturno, con una que nos sirviera para dejar que la oscuridad nos alcanzase, o nosotros alcanzásemos a la oscuridad, era suficiente. Elegí Kugatsu no koi to deau made [九月の恋と出会うまで], que podría traducirse como Hasta que encuentre el amor en septiembre. Es una película romántica en la que una joven recibe mensajes del futuro cuando se traslada a un nuevo y agradable apartamento. Al mismo tiempo conoce a un inquilino vecino, con el que comienza una relación de amistad, algo más en el caso del chico, y al que confía el tema de los mensajes. Es una película “de buen rollo” y buenos sentimientos, bastante previsible, pero que maneja muy bien en su guion las posibles paradojas del viaje o la comunicación en el tiempo, con una resolución satisfactoria a todos los niveles. Está dirigida por Yamamoto Toru, y protagonizada por Kawaguchi Haruna y Takahashi Issei.

En el vuelo de vuelta, ANA tenía un menú un poquito más amplio de películas japonesas. Muy recientes. La primera que vi fue Diner, así, con el título en inglés. Una joven solitaria y desarraigada se ve obligada a trabajar para una organización criminal en un restaurante, cuyo chef es también un asesino profesional, y los clientes,… pues algo parecido. La esperanza de vida de las camareras en el restaurante es más bien,… escasa. Película de aspecto visual muy abigarrado, no especialmente gótico, porque tiene una estética más de neones y cyberpunk, aunque no pueda adscribirse a este género. Un exceso de esos que a veces se dan en el cine japonés y que a mí se me atragantan un poco. O bastante. Está dirigida por Ninagawa Mika, y protagonizada por Tamashiro Tina y Fujiwara Tatsuya.

Hace unos años, Yamada Yōji osó hacer una nueva versión de Tōkyō monogatari de Ozu Yasujiro, obra maestra del cine nipón en los años cincuenta del siglo XX. La vi. No estaba mal, pero me pareció innecesaria, no aportaba nada a la obra original. Pero no sólo fue eso,… hizo rodó una secuela, que también llegó a la cartelera española y que también vi. Y que se dejaba ver… pero realmente era como si ya no tuviese que ver con la película de Ozu… y casi tampoco con la primera de la serie de Yamada. Y me encuentro con que hay una tercera película, Tsuma yo bara no yō ni: Kazoku wa tsuraiyo III [妻よ薔薇のように: 家族はつらいよIII], que en inglés han traducido como What a wonderful family; my wife, my life. O sea, qué maravillosa familia; mi esposa, mi vida. Nuevamente una película costumbrista, que si no fuera porque es japonesa y actual, me sonaría a alguna de las películas españolas de hace un tiempo. Llevadera, sin más. Con un reparto coral, la protagonista, por decirlo de alguna manera, es Natsukawa Yui. Una actriz que creo que puede dar mucho más de lo que puede dar en una película de estas características.

Y la última película que vimos fue The Fable, así con el título en inglés, una película en la que a un asesino a sueldo infalible se le ordena que se tome una “excedencia” de un año en Osaka, en la que no debe matar a nadie. Pero, por supuesto, las cosas se complicarán y acabará metido en complicaciones. Película de acción en tono de humor, que se deja ver, pero que flojea por varias costuras, y también es bastante previsible. Dirigida por Eguchi Kan, está protagonizada por Okada Junichi y Yamamoto Mizuki, muy sosita esta chica, con una divertida Kimura Fumino, en un papel secundario pero que es la que mejor la hace y la que nos sabe a poco.

No ha sido una gran cosecha. Qué se le va a hacer. Pero ayudó a hacer el viaje más llevadero. ¡Por Amaterasu y los ocho millones de kami, qué larga es Siberia!

[Fotos] Ciudad romana de Los Bañales con película tradicional en blanco y negro

Cultura, Fotografía

Justo el sábado antes de salir de viaje hacia Japón, hice una visita guiada al yacimiento arqueológico de la ciudad romana de Los Bañales, en el término municial de Uncastillo, comarca de las Cinco Villas, con la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ. Ese día disparé sobre un par de rollos de película en blanco y negro de formato medio, fotografías que no había tenido ocasión de presentaros. Aquí os las dejo. Quien tenga interés en los aspectos técnicos de la fotografía puede encontrarlos en Fomapan 100 Classic en la ciudad romana de Los Bañales.

[Libro] Tokyo Ueno Station

Literatura, Sin categorizar

Oí hablar de este libro hace unas semanas. Escrito en japonés por una zainichi, Yu Miri, una mujer nacida en Japón de nacionalidad coreana, surcoreana, también hay zainichi norcoreanos, muy complejo lo de los coreanos que estaban en Japón al final de la guerra mundial, que es escritora, y que se expresa en sus novelas en japonés. Lo normal si tienes 51 años y por mucho que tengas una nacionalidad llevas toda tu vida viviendo en un país con otro idioma que es el que utilizas todos los días desde que naciste. Supongo.

Fotos recientes, de hace cinco días, del parque Ueno y alrededores. Con muchos de los lugares descritos en la novela que os traigo hoy.

El caso es que leí hablar muy bien de esta novela, que no está publicada en castellano, por lo que me he ido directamente a la versión en inglés, cuya versión en libro electrónico tiene un precio muy asequible.

El protagonista de la novela es Kazu, un hombre japonés, que nació en 1933, el mismo año que el emperador Akihito, en el trono cuando se escribió la novela, ya no es así porque abdicó este mismo año en su hijo. Y que ahora, siendo ya un anciano, vive como una persona sin techo, sin domicilio fijo, en el Parque Ueno, al lado de la populosa estación de ferrocarril del mismo nombre.

La novela es una mezcla de pasajes sobre la vida cotidiana de las personas sin techo en el parque, con las tribulaciones propias de tal modo de vida, con los recuerdos que rememora, a lo largo de su vida. Su infancia, los años de la guerra, su matrimonio y su familia, que vive en la prefectura de Fukushima, su trabajo alejado de esta durante décadas, el nacimiento de su primer hijo, que nació el mismo día que el actual emperador Naruhito, los juegos olímpicos de 1964, las consecuencias para los sin techo de los que se aproximan en 2020, los tiempos de inestabilidad política, los de crisis financiera, las desgracias que suceden en la familia, como pueden suceder en otras, el tsunami de 2011, las circunstancias que le llevan a vivir sin hogar y desarraigado…

Cualquiera que visite este Cuaderno de ruta sabe que soy consumidor habitual de productos de la cultura japonesa, una cultura que me estimula mucho, un país que me fascina, como muestra que esté recién llegado del segundo viaje por el mismo. Y hay que estar muy motivado para chuparse las interminables horas de viaje en avión sobre Siberia. Pero no soy acrítico. Así como hay muchos “japonistas” que todo lo que viene del País del Sol Naciente les parece bien, yo encuentro elementos maravillosos en su cultura mezclados con otros que me producen repelús, estupor y, en algún caso horror. En Japón hay una de las brechas de género de las más amplias de los países desarrollados, probablemente superada sólo por Corea del Sur, y peor que algunas economía no desarrolladas o de países con bajo nivel democrático. Japón es uno de los países con mayor maltrato infantil. Hay fenómenos relacionados con el consumo de cultura que me horripilan en cuanto a la soledad de la gente, o la retorcida expresión de la sexualidad en la sociedad japonesa. Y bueno… otros aspectos que no sabría expresar muy bien aunque haya leído sobre ellos.

Yu Miri, recuerdo que en Asia lo habitual es que el apellido vaya delante, hace un repaso crítico de la historia de Japón en el siglo XX. Uno de los problemas que tradicionalmente ha tenido Japón ha sido su cerrazón al extranjero. Y las minorías dentro del país no suelen tener buenas perspectivas. Yu, como coreana, es conocedora de esa situación. No hace del protagonista de la novela uno de estas minoría, pero de alguna forma sí que habla del tema, al situarlo como descendiente de un grupo de inmigrantes 150 años atrás de una región japonesa a otra. Con creencias basadas en distintas sectas de las religiones que pulular por el país, específicamente del budismo, y que sufren cierta grado de discriminación en su destino, que se extiende durante décadas.

La novela va desvelando las claves de quién es Kazu y porqué vive como vive muy parsimoniosamente. Durante buena parte de ella lo ves como un trabajador, sufrido, de los que a base de esfuerzo levantaron la economía japonesa de posguerra hasta niveles inesperados. Y no acabas de entender cómo acabó viviendo entre cartones en parque de Tokio. Pero poco a poco va desvelando los golpes que nos da la vida, y que en algunas personas son absolutamente devastadores. Hay momento duros en la novela, que sin ser larga, tarde mis días en leerla, porque sentía la necesidad de parar tras leer alguno de sus pasajes, que no voy a desvelar. Pero que nos habla de la capacidad o incapacidad para asumir o no asumir los infortunios personales de cada cual, y del apoyo o falta de apoyo que la sociedad aporta cuando estos llegan.

Cuando la leí, poco antes de viajar esta segunda vez a Japón, no recordaba si habíamos visitado en 2014 el parque Ueno, donde vive la comunidad de personas sin hogar en la que se encuentra Kazu. Yo pensaba que no. La amiga con la que visité Japón en 2014, y también ahora en 2019, me dijo que sí. Ella también leyó el libro más o menos al mismo tiempo. Comprobamos hace cinco días que sí, que habíamos estado. Que el Museo Nacional de Tokio está en el parque Ueno, pero en su parte norte. Y lo que describe la novela está en su parte sur. Estos días atrás hemos estado alojados en un ryokan en Akasuka, por lo que hemos pasado con frecuencia por la estación de Ueno, a sólo tres paradas de metro de la de Asakusa, y por la que pasa la línea JR Yamanote, línea de ferrocarril local que te distribuye por toda la ciudad y que está incluida en el Japan Rail Pass, por lo que es una opción popular para los turistas que tienen este documento, porque abarata los desplazamientos por la ciudad. Y uno de esos días, el primero que estuvimos en Tokio, al atardecer, visitamos el parque.

No se ve ninguna colonia de personas sin techo. Desconozco si forma parte de la ficción de la novela o si ha sido “limpiada” por las autoridades. Este tipo de colonias suelen ser “limpiadas” por los político en ocasiones especiales; hay un capítulo sobre eso en el libro. Y en este 2019, en estos momentos, se está disputando la Copa del Mundo de Rugby en Japón, y al año que viene los Juegos Olímpicos. Así que todo tiene que estar limpito y reluciente, como si no pasase nada. Guardemos las pelusas y el polvo debajo de la alfombra, donde siguen estando, pero no se ven. Por lo demás, reconocimos y visitamos muchos de los lugares descritos en el libro.

La novela es muy buena. Dura y triste en muchas ocasiones, pero muy buena. No está en castellano, pero si os defendéis con el inglés, creo que también está disponible en francés, os la recomiendo vivamente. Y espero que alguna editorial se anime a publicarla en castellano.

(Viajes) Japón 2019, a modo de resumen… o algo

Viajes

Cinco años después, semana arriba o abajo, volvemos a Japón. Esta vez con una compañera más de viaje. En 2014, las decisiones sobre el recorrido y las características del viaje fueron rápidas y concretas. Las dos personas que viajábamos juntas teníamos problemas familiares que condicionaban la estructura del viaje. En esta ocasión no ha sido así, lo que curiosamente nos llevó tener muchas más discusiones y desacuerdos sobre cuándo íbamos a viajar al País del Sol Naciente, y en qué iba a consistir el viaje. Y añadir una tercera persona, aunque ha sido muy divertido, no hizo más rápida la toma de decisiones. Seguro que no se enfada si digo que el nivel de caos aumentó en un primer momento varios enteros; luego ha sido un aporte valiosísimo durante la estancia en el país nipón.

El castillo de Ōsaka, muy bonito, muy pintoresco, muy fotografiado… pero muy reconstruido. La ciudad quedó planchada y destruida por los bombardeos norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial.

Voy a lo mío. Para mí, viajar siempre va unido al hecho fotográfico. Entendámonos, nunca he condicionado el viaje a la fotografía. No soy fotógrafo de viajes; si acaso un viajero o turista que hace fotos. Aunque intenta hacerlas lo mejor posible, dentro de mis capacidades. Mi cámara principal desde hace año y medio es la muy fiable Panasonic Lumix G9, con varias configuraciones de objetivos, que abultan relativamente poco, según las circunstancias. No llevo lo mismo en la bolsa o en la mochila si estamos en la naturaleza que si visitamos una ciudad. Si tenemos lluvia o si tenemos tiempo seco. Nunca llevo todos los objetivos encima… eso sería absurdo. Selecciono los que mejor van a ir.

Puerta de entrada al complejo monástico de Engyo-ji en Shoshazan (monte Shosha), en las afueras de Himeji. Aquí ruedan películas de Hollywood y todo, por lo bien que está conservado el ambiente tradicional. El bosque es magnífico.

Siempre llevo también una cámara de respaldo. Desde hace unos meses, la Fujifilm XF10, un cámara que da muy buena calidad de imagen por un precio muy ajustado, pero que tiene una ergonomía y una reactividad francamente muy mejorables. Pero tras unos primeros tiempos de cierto desacuerdo mutuo, ya le he cogido el tranquillo. No la uso mucho. Está ahí por si falla la otra. O para llevarla en el bolsillo del pantalón cuando estamos desplazándonos de una lado a otro. Todas las fotos que ilustran la entrada de hoy están realizadas con la XF10.

Subida en funicular a Koyasan (monte Koya). También son impresionantes los bosques de este lugar, con cedros japoneses multicentenarios, de más de 50 metros de altura.

Mi intención era llevarme una cámara para película tradicional. En concreto, la Minox GT-E con unos cuantos carretes de Ilford HP5 Plus. Pero me la olvidé. La preparé, pero olvidé ponerla en la mochila con el equipo fotográfico. Lo he compensado un poquito. Cuando llegamos a Tokio para pasar los tres últimos días, me compré en Yodabashi dos cámaras de uno solo uso Harman, con carretes de 27 fotogramas de HP5 Plus incorporados. Los revelaré cuando se me pase un poco el desfase horario.

Simpáticos animalillos en el restaurante de “udon”, un tipo de fideos relativamente gruesos, donde comimos en Kifune, tras recorrer Kurama-yama (monte Kurama). El carácter 山, que significa monte o montaña, a veces se lee al estilo chino, “san” o “zan”, y a veces al estilo japones, “yama”. Por eso, en occidente hay que que al monte Fuji le llama “Fujiyama”, aunque los japoneses le denominan “Fujisan”. Llamándoles monte Fuji, no te equivocas.

Como novedad, en este viaje introdujimos un nuevo elemento tecnológico. Como éramos tres personas, llevábamos tres teléfonos móviles. Pues bien, decidimos que en dos de ellos pondríamos durante los días del viaje una tarjeta de datos, suministrada por Holafly (14 días, datos ilimitados), mientras que el tercer móvil iría con su tarjeta original por sí teníamos la necesidad de hablar por teléfono. Las tarjetas de Holafly permiten el acceso a datos a través de las redes de telefonía japonesas, pero no mantener conversaciones telefónicas. Van bien. En uno de los alojamientos, en los que la red Wi-Fi dejaba mucho que desear, podíamos ver episodios de series de Netflix con buena calidad a través de la conexión 4G que nos ofrecía la tarjeta. Es que allí, Netflix lleva más adelantados los nuevos episodios de Terrace House: Tokyo 2019-2020… así que nos hemos visto ya la mitad de la siguiente tanda… Yo tuve algún problema con la batería de mi móvil, pero eso es otra historia y será contada en otra ocasión. O no. Porque es un aburrimiento. La única cuestión es que aunque la gente de Holafly dicen que lo mejor es tirar de la red SoftBank, en nuestro caso, en alguna ocasión notábamos mejoras con DoCoMo. Pero no sé porqué sí o porqué no.

Un tren pasa por la estación de Kii-Katsura.

Uno de los temas importantes fue el recorrido que íbamos a hacer. A ver… constricciones. Una de mis compañeras de viaje, por “motivos de trabajo”, quería para algunos días en Ōsaka 大阪. No fuimos allí en el 2014,… no nos motivaba. Pero aceptamos porque sí que es un buen centro de operaciones para hacer excursiones en el día a otros sitios de interés, con amplia oferta de medios de transporte. Y probablemente más barata en alojamiento que otras ciudades más de campanillas para la cosa del turismo como Kyōto 京都 y no digamos Tōkyō 東京 (lo de usar las formas escritas oficiales de romanización japonesas de los nombres de las ciudades, en lugar de sus nombre en castellano es una pequeña coña con mis compañeras de viaje; no es que me haya vuelto tonto) Pero decidimos que, independientemente de que dedicáramos algún día o algún rato a estas ciudades significativas, el viaje tendría un tema coherente y razonable.

Cambio de trenes en la estación de Taki, prefectura de Mie, en nuestro desplazamiento desde Katuura hasta Ise.

Y lo encontramos en la región de Kansai, en la península de Kii, donde encontramos una de las denominaciones más interesantes de los lugares patrimonio de la humanidad según la Unesco en Japón; los sitios sagrados y rutas de peregrinación de los Montes Kii (Nara, Wakayama, Mie). O dicho de otra forma, porque no íbamos de peregrinación, visitar los templos y santuarios de Kōyasan, Kumano Kodo e Ise. Esto, redondeado con otros zonas de templos y santuarios no relacionados directamente, pero que también mezclan estética, historia y naturaleza, como el templo de Engyo-ji en Shoshazan, Himaji, y los santuarios y templos de Kifune y Kurama-yama, al norte de Kyōto.

Luchando contra el vendaval ante las famosas “rocas desposadas” de Futamiura, en la región de Ise-Shima. En esta región hay un parque temático español, al que no fuimos, claro.

Por supuesto, visitamos convenientemente Ōsaka, paramos un ratito en Kyōto, visitamos el castillo de Himeji, uno de los pocos originales conservados en Japón y que también es patrimonio de la humanidad según la Unesco, y terminamos con tres días en Tōkyō, donde nunca faltan cosas que hacer. Bien, muy completo.

En Tōkyō nos alojamos en un “ryokan” contiguo prácticamente a Senso-ji. Aquí vemos a una de las muchas y los muchos turistas que se hacen la foto ante la puerta Kaminarimon con esta postura.

Hemos quedado satisfechos. Yo sólo le encuentro una pega al viaje. Yo siempre defendí la necesidad de intentar encajarlo en primavera. Y a ser posible no muy tardía. Por el clima. En la región de Kansai, por la influencia de la corriente marina Kuroshio, las temperaturas rondan todavía los 29 y 30 grados en estas fechas de finales de septiembre y principios de octubre, pero con humedades del aire que se sitúan en el 90 %. Como hagas algo de ejercicio y rompas a sudar… ya no hay forma de que se te seque la ropa en todo el día. Puede llegar a agobiar. Pero bueno… lo hemos pasado muy bien.

El último día completo de estancia en Tōkyō nos dimos el tradiciona tiempo “libre” en el que cada cual se va a hacer lo que le apetezca. Yo me fui a ver las librerías en Jimbocho, donde además comí en una librería que incluye un café-restaurante, en el que te dejan hojear los libros de la librería mientras comes. Pero no te lo puedes llevar… sin pagarlos convenientemente claro. Y no los puedes estropear, claro. Así que cuidado a los que se les caen manchas en la camiseta con facilidad.