Y es que, como digo en el título de la entrada, la estación de Canfranc ya no es la estación de Canfranc. Con dinero público se está rehabilitando el majestuoso y, quizá, excesivo en pretensiones edificio de la antigua estación internacional de Canfranc para su uso por una empresa privada como hotel. Hotel «de lujo», dicen. O de «alto standing«, que parece que les suena menos políticamente incorrecto a los políticos que decir «de lujo». Ahora la estación es un edificio construido con el dinero justo, todo materiales prefabricados, que ni siquiera tiene una estética acorde al entorno. Y para el que no encontré composición fotográfica que me apeteciera estampar en los fotogramas de la película negativa en color. Desconozco exactamente cómo se reparte los dineros de la rehabilitación del viejo edificio. Espero que, por un mínimo de decencia, la empresa que aspira a hacer negocio en el mismo este poniendo dinero. Pero seguro que de los impuestos de los aragoneses, o de los españoles en general, se pone buena parte de lo que cuesta esa rehabilitación. Hace tiempo que estamos en un país en el que se socializan las pérdidas y se privatizan los beneficios. Lo cual suele generar inequidades e injusticias. En fin… lo que no me acabo de creer es esa esperanza de apertura del túnel ferroviario al tráfico en un plazo relativamente corto, como algunos dicen.
En los próximos tiempos no se podrá subir a Canfranc en tren. Van a arreglar vía en algún tramo de la línea. A ver cuanto acortan los tiempos de viaje. Os dejo alguna foto más del entorno ferroviario de la estación.
No voy a perder mucho tiempo con esta película. Es una de las mayores calamidades que he visto en los últimos tiempos. Como ya vengo comentando en otras semanas, la cartelera en salas no está muy activa o atractiva. Se estrena mucho, llama la atención poco. Así que no quedamos para ir al cine la semana pasada, y decidí darle una oportunidad a los estrenos directos en plataforma en línea. Y esta película tenía un director con nombre en el ámbito de la comedia, Judd Apatow, y algunos nombres más o menos de moda en el reparto como Karen Gillan, David Duchovny, Pedro Pascal, Rob Delaney entre otros, muchos británicos, en un reparto muy coral y con abundantes cameos.
Algunas escenas tomadas en Inglaterra, donde parece que se hace el rodaje de la película, aunque según IMDb esta tenga nacionalidad nortamericana.
Pretende se una crítica o parodia de los rodajes de blockbusters de franquicias de acción, centrándose en concreto en los dinosaurios, pero en tiempos de pandemia. La «burbuja» del título hace referencia a la medida de contención en la transmisión de un patógeno, aislando entre sí a grupos de personas, cada uno de ellos una «burbuja», de otros grupos, permitiendo la realización de una actividad colectiva o productiva. La «burbuja» en este caso es el equipo de rodaje de la película ficticia Cliff Beasts 6 (Bestias del acantilado 6), con dinosaurios voladores… pero que no tienen nada que ver con los pterodactilos, sino como T. rex con alas. Pero en el rodaje todo va mal, todo está mal organizado, y lo que iba a ser una estancia en un hotel-mansión británico apartado del mundo durante unas pocas semanas se eterniza durante muuuuuuchas semanas.
El problema es que no sólo van las cosas mal en la película de ficción. El problema es que el guion de la película está lleno de lugares comunes, muy vulgares, muy manidos, con poco enlace entre sí y que hacen poca gracia y van cansando cada vez más durante la larga duración del largometraje. Y encima… los intérpretes no están a la altura. Recibiendo mucho peso en la película, muy coral por lo demás, Karen Gillan, quien, por buenos recuerdos que nos traiga por su Amelia Pond, no ha mostrado después una especial buena progresión como actriz, quedando en el grupo de las mediocridades capaces de destacar algo si hay un director que es capaz de exprimir sus limitadas capacidades.
Película que empieza con buenas premisas pero que acaba haciéndose larga, casi insoportable, estando a punto de apagar el televisor en varias ocasiones. Yo no la recomendaría ni a los abonados a Netflix insomnes.
Por si alguien no se cosca lo suficiente, en estos mediados del mes de junio, cuando todavía no hemos llegado oficialmente al verano, hace calor. Pero mucho calor. Hasta tal punto que no apetece abandonar las razonables temperaturas de casa, mantenidas a costa del sablazo de las energéticas para mantener funcionando el aire acondicionado. Pero ayer quedamos a vernos un grupo de amigos y otros conocidos que no nos veíamos desde hacía un tiempo. Un brunch tempranero… siempre ha existido, antes le llamábamos el almuerzo del domingo,… y luego, ya en pequeño grupo, un paseo por algunas exposiciones antes de un aperitivo tempranero, para buscar refugio en el aire acondicionado doméstico antes de que arrecie demasiado el calor. Lo que yo no imaginaba es que la exposición más animada que íbamos a visitar fuera, en el Caixaforum Zaragoza, la dedicada a los mamuts.
Y es que, en torno a un gran esqueleto de Mammuthus primigenius, la especie de mamut, el mamut lanudo, que más se ha popularizado en el imaginario colectivo, se daban explicaciones de cómo había sido la evolución de este género del orden de los proboscidios, al que pertenecen también los elefantes actuales, que no descienden de ellos. Son un género distinto dentro de la misma familia. Y esto… pues es muy entretenido. Siempre he considerado que las exposiciones de Caixaforum tienen buenos materiales, pero no siempre están bien contadas, y lo mismo vale para esta… pero es aceptable. Y estando relativamente orientada a niños… creo que lo pasaban mejor los adultos. Y es que a los niños se les ha introducido constantemente en los dinosaurios, que parece que otras ramas de la evolución carecen de interés para ellos.
Previamente pasamos por el IAACC Pablo Serrano porque era el último día de la exposición Hacia poéticas de género, cuyo objetivo era sensibilizar y reconocer a numerosas mujeres artistas del siglo XIX y principios del siglo XX que no recibieron el reconocimiento y la atención que merecía por su condición de mujer. No estaba nada mal, aunque para interpretarla mejor merece la pena más repasar los hilos en twitter sobre la exposición que los textos que acompañaban las obras.
Sinceramente, tal y como veo el verano, dudo que este año me pase por Madrid para visitar las exposiciones de PhotoEspaña 2022 en su «nosecuantos» aniversario. Sale muy caro el viaje en tren de alta velocidad, hace un calor horrible, y tengo otros planes en los que dedicar el tiempo y el dinero. De hecho… por algún motivo… incluso desde la comodidad de mi casa y mi ordenador, últimamente me cuesta más encontrar temas fotográficos motivantes. Estoy en una especie de crisis creativa que las elevadas temperaturas, y la pereza que producen para salir de casa con una cámara, no hacen más que empeorar. Aunque ayer, como el fin de semana pasado, salí a caminar al amanecer, con una temperatura razonable, y me dio para hacer algunas fotos, que os muestro aquí. En cualquier caso, algunas recomendaciones fotográficas he acumulado en los últimos días.
En Blind nos hablaban recientemente de la obra de August Sander. Sander fue un fotógrafo alemán, asentado en Colonia, con éxito y reconocimiento profesional en su época, fue sobre todo un retratista con estudio, pero que brilló cuando se dedicó sistemáticamente a realizar retratos de personas de todos los estamentos sociales y profesionales de la sociedad alemana de la época. Los retratos son técnicamente irreprochables. Pero en contenido y planteamiento, conceptualmente, son mejores todavía. Una obra que sitúa a Sander como uno de los grandes de la historia de la fotografía. Uno de los más destacados ejemplo de la Nueva Objetividad alemana. No fue adepto al régimen nazi. Y el régimen nazi lo miró con malos ojos. Retrataba a todo el mundo, daba igual su origen étnico, con la misma mezcla de objetividad y empatía. Su hijo fue prisionero político, y su última obra de su proyecto de retratos de las gentes del siglo XX fue la máscara mortuoria de su hijo, fallecido en prisión en 1944. Prácticamente no ejerció la fotografía después.
Seguimos en Alemania. ASX American Suburb X nos traslada a los años 1979-1985, cuando el fotógrafo Ulrich Wüst realizó una serie de paisajes urbanos en la entonces República Democrática Alemana. Paisajes urbanos en los que las ciudades parecen prácticamente desprovistas de presencia humana, sólo aquí y allí se ve la pequeña figura de una persona perdida en los ordenados paisajes en los que se mezclan las arquitecturas tradicionales de las ciudades alemanas con el hormigón de la arquitectura del realismo socialista. Técnicamente impecables, nos llevan a ciudades deshumanizadas, a sensación de alienación, a despersonalización del lugar donde viven las personas. No conocía al fotógrafo y sus paisajes urbanos me han atraído poderosamente.
En PAC Plataforma de Arte Contemporáneo nos hablan del trabajo Armonía de la fotógrafa Ana Palacios. En PAC y en muchos otros sitios han hablado en los últimos tiempos de sus exposiciones en PHotoEspaña 2022. Esta es una fotógrafa de «aquí», de Zaragoza, pero que como tantas otras personas que destacan en sus campos profesionales, artísticos o lo que sea, se ha desarrollado como fotógrafa «allí», es decir, fuera de Zaragoza. En cualquier caso, yo la conocí, literalmente, en el año 2016 cuando presentó su exposición Albino en el Paraninfo de Zaragoza, donde pudimos disfrutar de una visita guiada por la propia fotógrafa, en la que demostró su simpatía, cercanía, empatía con sus motivos y compromiso social. Como he ido siguiendo su trayectoria en los últimos años, me alegro que cada vez esté siendo más reconocida y valorada, en este país tan cainita, en el que se suele machacar el clavo que sobresale.
Desde que comenzó la absurda guerra en Ucrania, absurda por ser guerra no por ser en Ucrania, son frecuentes los artículos sobre fotógrafos o fotografías de el país agredido por el imperialismo fascista ruso. Y muchos son de obra realizada al vuelo en los últimos meses, reportajes que intentan, unos con más éxito que otros, mostrar la realidad de esa estúpida guerra. Pero en Booooooom nos han traído la obra de una fotógrafa ucraniana, Lisa Brukreyeva, sobre la visión que tiene de su propio país fuera de la guerra. Nos dicen que comenzó a fotografiar en 2019, hace sólo tres años. Y se centra en lo documental, en el reportaje. Pero su visión me parece mucho más madura, ya que en muchas de sus fotografías conecta la actualidad del país con su historia reciente, del último siglo. Me ha gustado su enfoque y su estética.
Los chinos sacan pecho cuando hablan de su gestión de la pandemia. A pesar de ser responsables de un intolerable rechazo en el reconocimiento del problema y de la emergencia que se estaba desarrollando en su propio país. Y como son una dictadura y no tienen que responder ante nada y ante nadie, presumen de su política de cero casos, con impresionantes confinamientos como los dos meses en los que recientemente Shangái estuvo con sus habitantes encerrados férreamente en su casa. En Photography of China nos han mostrado las calles vacías de la populosa ciudad china entre marzo y abril de este año vistas por el ingle´s Anthony Reed. No nos olvidemos nunca que no sabemos lo que realmente pasa en el país, por el control de su régimen de la información, los medios y la propaganda. Así que… mucha prudencia en las valoraciones sobre un régimen que no debería existir.
Recientemente. Puntuales como siempre desde el laboratorio, cuando te anuncia el día en que puedes esperar los resultados. Cuando les llegaron los rollos de película, tras abonar el revelado me anunciaron que el 15 de junio tendría las fotos, y ahí estaban a la una de la tarde en el correo electrónico. El enlace para descargarlas, quiero decir.
Sí. Después de 17 años o así, 18 temporadas, 400 episodios, más por costumbre, por hábito, que por interés intrínseco, sigo viendo Grey’s Anatomy. La serie que convertía un hospital de alta tecnología en algo muy similar a un drama de adolescentes de instituto, que siempre tenía alguna catástrofe insospechada y descomunal a mano para alterar la vida de los protagonistas, y en la que el ascensor se convierte en el lugar donde se producían los diálogos más interesantes, ahora es un muestrario de lo políticamente correcto, de forma simplona y simplista, con dramas forzados y sin mucho sentido… y que sigo viendo… lo dicho. Por hábito. Supongo que si la siguen haciendo es porque les da réditos. Pero no sé muy bien que pinta esta serie ya en la cartelera televisiva actual.
Aunque sea bajo la lluvia, hoy paseamos por Amsterdam, escenario de la que me parece la serie más interesante de las que traigo esta semana a consideración.
Todo el mundo alaba con enormes superlativos la serie documental Prehistoric Planet, producida por la productora de la BBC para Apple TV+. He de decir que la plataforma de la manzana mordida me parece una de las más interesantes en la actualidad. Especialmente porque está optando por la calidad más que por llegar a una enorme cantidad de público. No obstante, no tenía claro si me apetecía meterme entre pecho y espalda la enésima serie de dinosaurios. Considerando que sólo son cinco episodios… pues me animé a ello. Indudablemente, la serie tiene una gran calidad en sus gráficos y efectos visuales y sonoros. Pero si lo piensas bien, una vez que dejas de sorprenderte por las proezas tecnológicas de la serie a la hora de recrear los míticos dinosaurios, no deja de ser una serie interminable de escenas sobre a ver quien se beneficia a la hembra o a ver quién se come a quien. Eso sí… desde que ya se da por sabido y asumido que los dinosaurios son animales homeotermos, y que estaban recubiertos por algún aislante (pelo, plumas o similares), quedan mucho más monos y vistosos que cuando se representaban como lagartos gigantes y escamosos. Visible porque son solo cinco episodios, si fueran más… la hubiera abandonado por aburrimiento, no importa la calidad de su factura. Y no nos olvidemos… los dinosaurios no se extinguieron. Los vemos todos los días. Les llamamos pájaros. O aves. Sí, un gorrión es un dinosaurio. Un dinosaurio aviar.
Y vamos con la serie más interesante de esta semana, la holandesa Dirty lines. Bajo la mirada y el relato en primera persona de Marly (Joy Delima), una joven estudiante de psicología, interesada en la sexología, y que acaba entrando a trabajar en una de las primeras empresas de líneas eróticas de los Países Bajos, en un ambiente de absoluto caos y que sin embargo generaba abundancia de dinero. La serie alterna el análisis de la evolución de la sociedad ante diversos temas, con la sexualidad, claro está, como uno de los principales, con la peripecia personal de los protagonisitas, empezando por la protagonista una joven holandesa de color, por proceder sus padres de las colonias. La propia actriz es de origen caribeño, y se ha interesado en ocasiones por el tema de la esclavitud en las colonias neerlandesas. Es una serie dinámica, con una primera temporada de sólo seis episodios de 45 minutos que se puede ver en Netflix, y bastante divertida. Pues ya está.
Comentaba hace unas semanas la novela más reciente de Kazuo Ishiguro. Escritor de origen japonés y nacido en Japón, pero que lleva viviendo en el Reino Unido desde los cinco años de edad, tiene la nacionalidad británica y escribe en inglés. Y con ese motivo, recordaba que era mi segunda novela del autor en el ámbito del género distópico, mientras que la otra novela que había leído, dos veces, era un retorno a sus raíces niponas. En mis últimas vacaciones volví a una novela en la que Ishiguro retorna al Japón de posguerra, poniendo en la picota la actitud de los artistas e intelectuales del país ante la perniciosa ideología militarista y totalitaria que llevó al país al desastre de la guerra.
El Tokio contemporáneo es una metrópoli multicéntrica, donde el equivalente a ese mundo flotante de los artistas del periodo Edo se encuentra repartido por distintos distritos de la capital japonesa. Pero sin duda, el barrio de Kabukicho en Shinjuku es el más conocido y amplio de los barrios del placer y el entretenimiento para adultos (por decirlo eufemísticamente) de Tokio y de Japón.
En la novela, conocemos al señor Ono, un pintor retirado, narrador en primera persona del relato. Son los años inmediatos al final de la guerra mundial, entre 1948 y 1950. Ono se ve a sí mismo como un artista con prestigio e influencia social. Ha perdido a un hijo en Manchuria durante la guerra, y a su mujer en un bombardeo. Su hija mayor está casada, y su hija menor, con 26 años está en negociaciones con un pretendiente, a través de un omiai (お見合い), el proceso tradicional para los matrimonios concertados. Uno de estos omiai ha fracasado. Y aunque no se lo dicen con claridad, su yerno y sus hijas achacan el fracaso a su postura favorable al régimen militarista que llevó al país a la guerra y al desastre. Con el país bajo la ocupación y la administración de los Estados Unidos y con un revisionismo general de la historia reciente del país, el pasado y las opiniones de su padre son vistas como una amenaza por las hijas. Mientras, Ono recuerda episodios de su pasado, desde que era un joven artista hasta sus años de esplendor inmediatamente antes del conflicto bélico.
La novela es un ejemplo brillante de un relato contado en primera persona por un narrador no fiable. Sea por la edad del narrador, sea por la deformación de la realidad que produce el paso del tiempo, sea por el desea de presentarse a sí mismo bajo una luz favorable hacia sus opiniones y sus actos en el pasado, constantemente nos surgen dudas sobre la realidad y la objetividad de lo que nos narra. Incluso el mismo introduce la duda cuando reconoce que las palabras que reproduce pueden ser o no las suyas… aunque según él sean adecuadas a lo sucedido. Sabremos, de todos modos, que fue un pintor adepto al régimen, y que colaboró en la creación de piezas propagandísticas de exaltación de las presuntas virtudes del pueblo y del régimen nipón.
El artista del mundo flotante al que alude el título no es el protagonista y narrador del libro. El mundo flotante, ukiyo (浮世), es el mundo de los barrios del entretenimiento y el placer de las ciudades, especialmente Edo (luego llamada Tokio), durante el periodo del shogunato anterior a la restauración Meiji. Una de las manifestaciones artísticas más conocidas de ese periodo fueron las estampas ukiyo-e (浮世絵), estampas del mundo flotante, que representaban imágenes fugaces de la vida cotidiana de las ciudades japonesas en ese periodo, así como retratos de geishas, cortesanas, actores de teatro y otras gentes de ese mundo flotante, fugaz, liviano. Aunque luego la denominación incluyó estampas con temas diversos, pero realizadas con las mismas técnicas de grabado en madera y estampado, como los paisajes de las vistas del monte Fuji o de las estaciones de la ruta Tokaido de artistas como Utamaro, Hiroshige o Hokusai. El maestro de Ono era el artista del mundo flotante, que se sintió traicionado por Ono cuando este comenzó a pintar los motivos de exaltación al régimen ultranacionalista, militarista y totalitario.
Por lo tanto, la novela de Ishiguro tiene dos vertientes, ambas interesantes; la privada del narrador, en la que no deja de percibirse el conflicto interno sobre su vida, aun con sus constantes intentos de autojustificación, y la censura ante los artistas e intelectuales que, por convicción o por conveniencia, se pliegan a los deseos, los temas o las ideologías dominantes, por injustas o perniciosas que estos sean. Es, por lo tanto, una reflexión sobre la responsabilidad colectiva sobre los momentos más oscuros de la historia de los países, las sociedades o las comunidades. Y con el paso del tiempo, el libro va creciendo en mi memoria y en mi consideración, por lo que me parece altamente recomendable, tanto por su tema como por la forma en que está presentado. Quizá, de lo único que me arrepienta, es de no haber optado por la versión original en inglés.
Yo os hablé de estos viajes cuando se produjeron. A principios de mayo, a Logroño, y recientemente, en el primer sábado del mes de junio, a Monzón, con motivo de ARTEria, feria de arte contemporáneo. Pero no sólo hice en estos viajes las fotos que pudisteis ver en color con la cámara digital. También llevé una camarita pequeña con algún rollo en blanco y negro.
Algunas de las fotografías realizadas el primer domingo de mayo en Logroño…
Digámoslo claro. Sin saber muy bien qué es lo que iba a ver, incluso con cierto reparo ante lo que había oído/leído, mi principal motivación para llegarme a las salas de cine por esta película era su protagonista, Michelle Yeoh (楊紫瓊, Yeoh Chukeng es su nombre real). No sé cómo será esta señora en la realidad, pero por algún motivo siempre me transmite buenas sensaciones, y por poco interesante que sea la película o serie de televisión en la que participa, su trabajo siempre me parece interesante. Fíjate que aguanté viendo cierta serie de la franquicia Star Trek mientras ella apareció en la misma. Así que nos dirigimos el jueves pasado a ver esta película dirigida y escrita por los Daniels, Dan Kwan y Daniel Scheinert, y que me ha resultado mucho más interesante y divertida de lo que pensaba.
De cuando visitamos Nueva York, de vez en cuando recuerdo el follón que montaban los visitantes chinos en torno al «Charging Bull» de Arturo di Modica en el Bajo Manhattan, entusiasmados por el bicho. Y no… no estábamos en el año del Buey del calendario chino.
Estos directores están especializados en la representación de la realidad a través del absurdo, de cierto dadaísmo. Y nos habla de una familia, la formada por Evelyn Wang (Yeoh) junto con su marido, Waymond (Ke Huy Quan), su hija lesbiana, Joy (Stephanie Hsu), y su temido padre, Gong Gong (James Hong), que está de visita en el momento en que son sometidos a una inspección de hacienda por parte de una estricta funcionaria (Jamie Lee Curtis). Y mientras esto sucede… Evelyn se verá sumida en una vorágine de aventuras cuando se vea mezclada con los alter ego de todos estos personajes procedentes de distintas versiones de sí mismos en un infinito multiverso, con viajes entre distintos universos, realidades alternativas, luchas de artes marciales, villanas que buscan destruir el universo con todo el mal concentrado en un baguel de choclate, o versiones evolutivas con salchichas de Fráncfort en lugar de dedos. ¿Conseguirá Evelyn salvar el multiverso? ¿Conseguirá Evelyn salvar a su familia? ¿Conseguirá Evelyn salvarse a sí misma?
Si lo anterior os ha parecido confuso… es que la película utiliza la confusión y el absurdo, y múltiples homenajes a múltiples géneros cinematográficos, para hablarnos de hechos muy cercanos, muy humanos y muy próximos. La Evelyn que protagoniza la película, inmigrante china en Estados Unidos, copropietaria de una lavandería, es definida en un momento dado de la película como la versión de sí misma que existe en un universo en el que sistemáticamente va tomando las peores decisiones posibles cada vez que le surge una disyuntiva. Y, por lo tanto, su vida, su familia, ella misma, acaban siendo unas catástrofes. Unas catástrofes que nos recuerdan demasiado a las vidas de muchas personas corrientes. Y como digo siempre, una buena película de ciencia ficción o fantasía siempre nos habla con claridad de nosotros mismos y de las cosas que suceden en el mundo real. En este caso, a través del absurdo.
Y como no, también entusiasmados con la genitalidad de la bestia de bronce.
La película es larga, y con cierta frecuencia cae en una confusión que me parece que no siempre es buscada o intencional. Quizá por eso no recibe una valoración subjetiva personal más alta. Pero deja buen sabor de boca, y lo que nos cuenta va creciendo en nuestro pensamiento incluso horas o días después de salir del cine. Pero si algo permite que tal cosa suceda es el estupendo trabajo de su reparto. Un reparto que recupera gente. Por supuesto, el buen hacer de Michelle Yeoh. Pero no deja de manejar enormes guiños cinéfilos y a la cultura popular a través de un reparto con mucho oficio. Cuanto tiempo hacía que no veíamos brillar, diviertiéndonos de paso, a Jamie Lee Curtis. Cuántos recuerdan que Ke Huy Quan es el Short Round (Tapón en la versión doblada al castellano de España) que recordamos con cariño en la segunda entrega de las aventuras de Indiana Jones. Cuántos identifican a James Hong con el fabricante de ojos para replicantes en Blade Runner. Y qué decir del excelente de la más joven del reparto, Stephanie Hsu, y el duelo interpretativo, y argumental, con Yeoh, interpretando el doble papel de hija incomprendida y cada vez más alejada de su madre, y de villana en su amenazante dominio de este peculiar multiverso. Muy recomendable. Francamente, poco convencional, dotada de abundante y desenfrenada acción, pero al servicio de muy interesantes reflexiones sobre nosotros mismos, nuestras decisiones y su repercusión sobre nuestras vidas y nuestro entorno social.
Sin embargo, estas chiquetas asiáticas no son escolares chinas mostrando, puño en alto, su fidelidad al PCCh, que gobierna dictatorialmente el gigante asiático. Son adolescentes japonesas imitando la pose de la Estatua de la Libertad, la única escultura que rivaliza en popularidad con el Toro de Wall Street en la ciudad de Nueva York.
El recinto de lo que fue la Expo Zaragoza 2008 es estupendo para pasear con una cámara fotográfica al hombro. Especialmente al atardecer, durante los 45 o 60 minutos antes de la puesta de sol. La luz puede ser muy agradable, y el grafismo de la arquitectura de la exposición internacional, unido a la naturaleza de las riberas del río Ebro, abre muchas puertas a composiciones diversas. Pero también invita a la reflexión, como me sucedió a mí hace unas cuantas semanas, cuando dediqué varios fotogramas al hermoso Pabellón Puente diseñado por la ya fallecida arquitecta Zaha Hadid. Porque en estos momentos es frecuente ver operarios arreglando desperfectos, mientas que la obra permanece cerrada al tránsito de los peatones, y sin uso alguno para sus salas interiores.
La Exposición Universal de Sevilla 1992 ya nos mostró que era muy difícil rentabilizar y dar continuidad a muchas de las infraestructuras que genera uno de estos eventos. Especialmente si tras el periodo de bonanza y euforia económica que precede al mismo, sucede una crisis económica y financiera. Sucedió en 1993. Y sucedió todavía con más intensidad en 2008. Y no solo es el Pabellón Puente. Es la Torre del Agua, son los pabellones de la Expo, los llamados «cacahuetes»… muchos de ellos, 14 años después de la exposición internacional siguen sin uso. Y, probablemente, deteriorándose. Aquella exposición internacional de 2008 tuvo no pocos efectos positivos en la ciudad, pero también mostró la falta de realidad de los responsables políticos a la hora de gestionar sus legados. O simplemente su falta de capacidad para gestionar.
Aún no hemos llegado a la mitad del mes de junio, y ya estamos bajo la amenaza de una ola de calor con temperaturas máximas en el valle del Ebro de más de 40 ºC. Y ya es tópico común de conversación el «mira, fíjate tú, lo que está pasando con esto del cambio climático». Calentamiento global causado por el ser humano, se le ha llamado con más precisión durante mucho tiempo. Emergencia climática es la recomendación de estilo actual para precisar más la necesidad de tomar medidas con carácter urgente. Que nadie toma, realmente. Es curioso… en medios científicos se lleva hablando de un cambio climático impulsado por la actividad humana desde los años 50 del siglo XX, hace 70 años. Se siguió insistiendo desde los medios científicos en la cuestión durante décadas con escasa o nula repercusión. Pero realmente no fue hasta el cambio de siglo cuando la cuestión llegó realmente a los medios de forma habitual.
Mientras entre 2000 y 2010, los políticos y los medios de comunicación «jugaban» a discutir si el calentamiento global causado por el humano era o no era, hacia 2005 leí una comunicación que hablaba de que, en los artículos científicos sobre el tema, un 5 % de los estudios discutían si era o no era mientras que el 95 % restante se centraban ya en discutir a qué velocidad venía. Sólo en 2013, hace menos de 10 años, un comité intergubernamental de una agencia dependiente de las Naciones Unidas afirmó que había un cambio climático probablemente impulsado por el ser humano. Cierto es que el compromiso de Kioto para la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero databa de 1997,… pero como el incumplimiento ha sido sido sistemático, hemos de asumir que los gobiernos lo firmaron como acto de pura fachada cara al público, sin compromiso real. Pero como estos días hace mucho calor… parece que ahora ya la gente se cree las cosas. Si el fin de semana que viene refrescase el tiempo… con la misma rapidez afirmarían que los del calentamiento global no es para tanto. En fin… La cosa es que como hace mucho calor, pero pretendo seguir manteniendo un cierto nivel de ejercicio físico, estos días madrugo bastante para salir a caminar entre 10 y 15 kilómetro al día con una temperatura razonable y saludable. Y hago fotos, como las que muestro en esta entrada.
Pasando a las cosas fotográficas, durante los días que estuve de viaje en mis recientes vacaciones falleció Bárbara Allende Gil de Biedma, popularmente conocida como Ouka Leele (1957 – 2022). Era una persona con una formación artística bastante profunda. Y que coincidió su despertar a la actividad artística con los revueltos tiempos de la transición de la dictadura a la democracia, o lo que sea que tengamos ahora. Y por ello, inevitablemente se le ha colgado la etiqueta de «fotógrafa de la movida». Porque claro, en España no hay más que Madrid. Y sólo lo que pasa en Madrid es importante. La cuestión es que durante aquel final de los setenta y durante los años ochenta del siglo XX hubo más fotógrafos, con diversos estilos, con diversas visiones y con diversas estéticas y filosofías como para meterlos a todos en un mismo saco. Y cada vez me molesta más esa etiqueta de «loquesea de la movida». Es reduccionista y prejuiciosa. Durante la mayor parte de aquellos años, su fotografía fue en blanco y negro, aunque solía colorear sus retratos monocromos con vistosos colores de acuarelas. Como ya he dicho, su formación artística era amplia, y sus habilidades como artista, diversas. Pero también he de decir que a mí, personalmente, me gusta más su fotografía en blanco y negro, que sus obras mas expresionistas llenas de chillones colores, pero que con frecuencia encuentro algo vacías de contenido. De tal forma, que el libro que más me gusta de ella es uno de obras inéditas que compré hace algunos años y donde abundan esas fotografías de juventud monocromas. Y lo hojeo con frecuencia. Realmente me gusta. Pero los coloricos chillones… ay, pues no mucho. En cualquier caso, que la tierra le sea leve.
Y retrocedemos también hasta los años 70 y 80 para hablar del último libro de fotografía que me ha llegado. Lo encargué en febrero, cuando todavía no se había publicado, pero ya se podía reservar. Pero no me ha llegado hasta principios de esta semana. Después de que haya ido y venido desde Alemania dos veces más. Porque la gente de FedEx decidió que lo quería pasear, pero no les apetecía traérmelo a casa. Durante semanas. Al final, el vendedor, gente seria y formal, se puso en contacto conmigo, le conté, cambió de empresa de mensajería… y me llegó en unos pocos días sin problemas. El libro es JAL 76 88 del fotógrafo canadiense Greg Girard también aquí (instagram). Girard ha vivido durante buena parte de su carrera en países del Asia más oriental, a cuyos paisajes urbanos y humanos ha orientado su cámara y su visión.
El libro que nos ocupa, y que me está encantando, como ya suponía, es una extensión de un trabajo previo del fotógrafo, Tokyo-Yokosuka 1976-1983, con nueva obra no publicada previamente añadida. No he encontrado una explicación concreta, pero quiero imaginar que JAL vendrá de una de las dos aerolíneas más importantes del país (Japan Airlines, que es considera la aerolínea de bandera del País del Sol Naciente), siendo la otra ANA (All Nippon Airways) que es la única de las dos en la que he viajado. El caso es que, con la extension del periodo de tiempo, de alguna forma es un testimonio del Tokio anterior al estallido de la burbuja inmobiliaria a final de la década de los 80. Un momento de crecimiento y actividad económica que parecía imparable, y que dio lugar a una metrópoli prototipo de las grandes ciudades globales que ahora pululan por el mundo, especialmente por Asia. Un conjunto amplio de fotografías, tanto en blanco y negro como en color. Las primeras más centradas en las personas, las segundas más en el paisaje urbano, y con unos tonos muy expresionistas, y con ambientes nocturnos, muy al «estilo Blade Runner» para que se me entienda. Tiene escaso texto. Sólo al final hay un indice de fotografías, con los pies de foto de cada una de las imágenes, muchas de las cuales se muestran a doble página. Da para mucho. El ir contemplando y destripando todas estas imágenes lleva tiempo y dedicación. Así que a pesar de la ausencia de texto, se tarda en leer. Muy recomendable.
Voy a cambiar la forma en que presento las fotografías de mis experiencias fotográficas habituales. Hasta ahora presentaba una selección de una sesión de fotos digitales, o de las fotos de uno o varios rollos de película. Voy a plantearlo de otra forma. Seleccionaré alguna o un par de las fotos de la serie y haré un comentario sobre lo que representan o pueden representar. Y si acaso, más pequeñitas, pondré algunas más de la serie. Vamos a ver como queda y si sigo con esta fórmula en un futuro.
Vuelven los paseos fotográficos. Los grupos de aficionados, las asociaciones, los amigos con interés común en la fotografía, tras dos años de alejamiento social, en los que nos alejábamos de unos, para juntarnos con la familia y los amigos más cercanos que son los que nos contagiaban, volvemos a salir a pasear en grupo con nuestras cámaras. De alguna forma, ahora estamos más interesados en reencontrarnos que en hacer fotos. Pero todo llegará. En uno que hicimos por el meandro de Ranillas y el Parque del Agua, me llevé la Fujifilm Instax SQ6 con película de revelado en dos minutos. Y estuvo bien.