Hoy comento en El viaje fotográfico de Carlos unas fotografías procedentes de un rollo de película que dejé olvidada en una cámara… y que a pesar de una sucesión de errores y malos entendidos conseguí salvar con cierta dignidad. Os dejo por aquí algunas de ellas.
La cuestión es que si con una cámara digital hubiera cometido el error de sobreexponer las fotos tres pasos, es decir, darle 8 veces más luz de la que necesitaba para formar correctamente la imagen, las fotografías se hubieran arruinado con seguridad. No se podrían haber salvado. Y es que en ocasiones, más de las que creemos, las viejas tecnologías nos salvan la cara. Por ello, aunque son partidario del progreso tecnológico, creo que conviene conservar las viejas tecnologías. Por si acaso.
No mucho que comentar aquí. Este conjunto de relatos interrelacionados es una continuación de una novela costumbrista japonesa que leí el año pasado, escrita por Shion Miura. Hace unas semanas apareció esta continuación de oferta, y la cogí. No es que la novela sobre la vida entre las gentes que se dedican a la explotación forestal en la península de Kii me entusiasmara, pero sí me entretuvo. Por lo tanto, como supuse que esta segunda parte tendría un tono similar, lo reservé para cuando decidiese hacer una lectura con poca preocupación, ligera.
Los bosques de la península de Kii, en la región de Kumano Kudo, el camino de peregrinación que atraviesa los montes y los bosques.
En aquella primera novela seguíamos a Yuki, un joven recién salido del instituto, forzado a ser aprendiz en la industria forestal en Kamusari, un lugar ficticio en el interior de la prefectura de Mie, próximo a la prefectura de Nara. Un lugar que como pude comprobar yo mismo es hogar de altos y rectos cedros y otros majestuosos árboles, que crecen favorecidos por las altas pluviosidades gracias a los vientos húmeros del Pacífico y al clima templado, aunque con inviernos potencialmente fríos, que trae la confluencia de la corriente marina cálida de Kuroshio con la más fría de Oyashio. Pues bien, tras pasar un año de aprendiz, Yuki decide quedarse en el lugar. Y en esta segunda entrega lo encontramos dedicándose a trabajar en los bosques, mientras de vez en cuando, por la noche, va escribiendo relatos que mezclan sus peripecias personales, especialemente su desesperación por ligar con la guapa Nao, profesora de primaria del lugar, algo mayor que él, con las leyendas, mitos, y acontecimientos del pasado que han marcado el presente del lugar. Sinceramente, tenía la curiosidad de si ligaría con Nao o no… a pesar de que sigo sin estar convencido de que no fuese un tensión romántica no resuelta un poco forzada.
Este libro tiene las mismas virtudes y los mismos defectos que su predecesor. Algunas de sus historias y relatos son muy entretenidos, enganchados en las tradiciones y los mitos nipones. Por lo que es una lectura ligera, pero no banal en este punto, que se sigue con agrado. Pero por el contrario, en otras ocasiones, esa idealización del vida rural en los bosques, la idealización de los habitantes del lugar… pues me resulta más inverosímil, y tensa más mi suspensión temporal de la incredulidad, que las leyendas sobre antiguos dioses serpientes de los que descienden las gentes de Kamusari. Pero bueno. Ya he dicho. Buscaba una lectura sencilla, fácil, sin complicaciones y entretenida. Y en eso, el libro, cumple. No disponible en castellano, he leído la traducción al inglés, que estaba tirada de precio. 0,95 euros más 0,04 euros de IVA. Su precio habitual está entre los cuatro y los cinco euros, que tampoco es para arruinarse.
Las series de animación japonesa, o anime アニメ que traigo hoy aquí forman parte de lo que podríamos llamar una experimentación que estoy haciendo desde hace un tiempo. Y supone presentar series que voy viendo a lo largo de meses, unas más rápidas y otras más lentas, porque veo los episodios de entre 22 y 30 minutos encajándolos en momentos tontos a lo largo del día si es que surgen. Y lo que estoy haciendo es intentar recorrer un número amplio de géneros de la animación japonesa. Ya adelanto que la mayor parte de estas series no son recomendaciones, porque se orientan a un público objetivo que no soy yo. Generalmente a un público adolescente o juvenil, con unas características demográficas muy concretas, más las distintas adjudicaciones a distintos subgéneros.
La moda y los estilos de Takeshita Dori en Harajuku, Tokio, se acomodan bien a los de las protagonistas de alguna de las series de animación de hoy.
Yakitori [ヤキトリ] es una aventura espacial bélica. Originalmente, yakitori 焼き鳥 es un plato japonés frecuente, unas brochetas de pollo a la parrilla. En la serie, de seis episodios de 45 minutos, que se puede ver en Netflix, es el mote que reciben una unidad de «marines» interestelares, humanos, que se supone son los más prescindibles, carne de cañón podríamos decir, de un ejército interestelar, en un futuro en el que la Tierra ha pasado a depender de una federación interestelar alienígena. En algunos aspectos recuerda a los Starship troopers de Robert A. Heinlein, pero sin el tufillo militarista fascista, ya se quiera entender en la obra de Heinlein como se quiera entender; como una apología del militarismo o como una parodia sutil de esta ideología. Lo mismo vale para la adaptación cinematográfica de Verhoeven… que expresamente dijo que quería hacer una parodia sarcástica… sin convencer a todo el mundo. En esta serie, está claro que los amos del asunto y del ejército son los malos, y por lo tanto plantea a sus protagonistas como rebeldes, que se rebelan negándose a ser simplemente carne de cañón en sus misiones. Mi opinión está en un… mmmmmmmm… no tengo muy claro si me gusta. De hecho, este género de acción bélica de carácter futurista en la literatura, el cine y el anime japonés no suele ser de mi gusto… aunque hay excepciones, así como su adaptación cinematográfica. Con seis episodios parece más corta que las habituales temporadas de animación japonesa, pero con 45 minutos por episodio, dura lo mismo que una de 12 episodios de 22 o 23 minutos de duración. Pero encaja peor en mi dinámica para ver estas series.
Go-Tōbun no Hanayome [五等分の花嫁, múltiples traducciones he encontrado… quizá una novia en cinco quintas partes, pero también una novia de quintillizas; no sé] es popularmente conocida fuera de Japón como The quintessential quintuplets. Y pertenece a un género que nunca había experimentado, y al que es extremadamente improbable que vuelva. Dirigido directa y claramente al adolescente varón y hormonado, se le ofrece una fantasía de manual; la posibilidad de relacionarse habitualmente con un grupo de quintillizas idénticas y monísimas, las cuales acaban enamorándose de él, y entre las cuales al final tendrá que elegir a una. Normalmente me parecería indigerible si no fuera porque la historia y sus guiones tienen su gracia, en muchas ocasiones digna heredera de la screwball comedy, que sí es un género que me divierte aunque ahora sea raro por lo políticamente correcto, lo cual es paradójico, porque fue la forma en que en los años 30 y 40 del siglo XX se reivindicó el papel de la mujer autónoma e independiente frente al varón. Eso es así al menos en la primera temporada. Y el cierre es una largometraje de más de dos horas de duración absolutamente prescindible, ya que lo que se cuenta se podría haber resumido en uno o dos episodios normales de 25 minutos de duración. La terminé, me costó un montón de meses, pero no es recomendable salvo para su población diana objetivo. Creo. Aunque tenga algún momento divertido. Creo que a muchos no gustó el desenlace,… que fue obvio desde el momento en que en algún momento de la segunda temporada desvelan uno de los misterios del pasado de los protagonistas. Así que no entiendo el posible barullo.
Yamada-kun to Lv999 no Koi wo Suru [山田くんとLv999の恋をする, Enamorarse de Yamada en el nivel 999], generalmente conocida en inglés como My love story with Yamada-kun at Lv999, o simplemente Loving Yamada. Si en la serie anterior predominaba el exceso de hormonas masculinas, esta está pensada para el otro bando, el de las femeninas. Y con grave riesgo de diabetes por exceso de glucosa en ocasiones. Y sin embargo no es una mala serie. Lo que pasa es que también… solo es recomendable para su público objetivo femenino y joven. Un chica universitaria de primer o segundo año se ve abandonada por su novio, que ha ligado con otra, y entra en un estado de depresión del que saldrá a través de un juego de ordenador multijugador, gracias a las interacciones en el juego y en la vida real con sus compañeros de juego. Ella entra en el nivel más bajo, Level 1 o Lv1… pero cuando conoce al joven Yamada, más joven, todavía en el instituto, retraído pero guapo y atento. Como vemos… también una fantasía de manual. Al máximo nivel, Level 999 o Lv999, como en el título. Pero esta vez para chicas. Volvemos a lo mismo, sólo recomendable para un segmento demográfico específico, que vive unas determinadas fantasías, pero que no puede resonar fuera de ahí. Y tan irreal como el anterior, si nos pusieramos un poco cínicos. Al mismo tiempo he de decir que sus creadores han desarrollado algunos caracteres muy notables, con quienes puedes generar empatía. Y no está mal hecho en absoluto. Lástima que no hayan abierto su presentación a un público más amplio. Pero no.
Esta es la primera ronda de experimentos. Bueno,… la primera serie es la típica de Netflix a la que me suelo apuntar, con mayor o menor éxito. Este deseo de conocer mejor el género y formar opinión viene de buenas experiencias del año pasado. Especialmente, cierta familia de espías, que sí resultaba disfrutable a cualquier edad y por cualquier género/sexo. Tengo varias series más en reserva para comentar. Poco a poco.
Una vez, una persona aficionada también a la fotografía, con quien coincidía de vez en cuando en grupos y asociaciones fotográficas, me manifestó que le sorprendía el planteamiento de muchas de mis fotografías. Decía que no les encontraba defectos,… pero que eran de cosas… poco llamativas. No eran de espectaculares paisajes marinos o montañosos, de vistosos amanecer o atardeceres. No lo dijo con estas palabras,… pero le parecían banales. Un poco como las que ilustran esta entrada, de las que hablo en Controlando los contrastes en blanco y negro – Plaubel Makina 67 con Ilford Delta 400 a IE 200 desde un punto de vista más técnico.
Es cierto. Los motivos de muchas de mis fotografías son aparentemente banales. Es el paisaje urbano o suburbano de Zaragoza y sus alrededores. Pero hay varios motivos para que me interese este tipo de fotografía, que ya he comentado previamente en alguna ocasión. En primer lugar, a un nivel práctico que muchos comprenden, es una forma de mantenerse entrenado, de ir observando desde un punto de vista fotográfico constantemente para que, cuando llegue la ocasión de tener delante un tema que no se considere «banal», tenga más facilidad para componer y extraer el potencial que ofrezca. En segundo lugar, porque a nivel personal, en cuanto ciudadano preocupado por mi comunidad, me interesa observar y analizar los cambios, las transformaciones del paisaje urbano y periurbano, consecuencia de la evolución de nuestra sociedad, no siempre para bien, y que reflejo en mis fotografías. Algún día reuniré y seleccionaré el material para conformar un trabajo coherente sobre el tema. Algún día… El interés me viene de cuando conocí el grupo de la New topographics y su interés por el paisaje alterado por el ser humano. En tercer lugar, porque creo que es interesante buscar la estética de los lugares o los paisajes que no son considerados «bellos». Al igual que se definen cánones de belleza humanos basados en estereotipos configurados sobre las preferencias impuestas por las modas o las ideologías de un momento, también sucede con los paisajes. Y siempre lo he dicho… se pueden hacer muchas fotografías banales o poco interesantes de lugares o paisajes espectaculares. Las vemos constantemente. Pero lo que en un momento puede ser meritorio, quizá alguna vez lo consiga, es hacer buenas fotografías, con sentido, que transmiten una historia o un concepto, a partir de lugares o paisajes… banales.
Sería 1991 cuando conocí a Luis. Tenía tres perritas. Se llamaban Marion, Willie y Elsa. Y yo tenía el suficiente nivel de amor por el cine y por el buen cine de aventuras para coscarme de inmediato de cuál era la inspiración para los nombres de los animales de compañía de su familia. Un par de meses más tarde me enteré de que Luis iba a convertirse en el cuñado de una amiga de los tiempos de universidad, que con el tiempo regresaría a mi vida y se convertiría en una de mis mejores amistades, todos los tiempos incluidos. Pero siempre resultó raro incluir a las tres «chicas Indiana» en el mismo saco. Por que la última cruzada tenía una dinámica distinta. La cosa no iba de la dinámica entre el héroe y la chica, sino entre el héroe y su padre. Y Elsa Schneider no dejaba de estar del lado de los malos. Al menos una cosa estuvo clara desde el principio… nunca volvería a salir en una secuela. Algunos se han preguntado porqué es Marion Ravenwood (Karen Allen) y no Willie Scott la que permaneció en la saga. Olvidan que la acción del arca perdida es posterior en la cronología interna de la saga a la del templo maldito. Y al mismo tiempo, apareció antes en la vida del doctor Henry Jones Jr. (Harrison Ford)
Una de mis más graves carencias viajeras es no haber visitado todavía Sicilia. Así que para suplir los sitios arqueológico de la isla con presencia en la película de hoy, utilizaré los de Pompeya… que también tienen un volcán de fondo.
En la última entrega de las aventuras de Indiana Jones, se rompe también la dinámica entre el héroe y la chica, aunque haya chica. Porque Helena Shaw (Phoebe Waller-Bridge) es familia. Es la ahijada de Jones. Por lo tanto… no puede haber el mismo rollo. De hecho, si de algo va es de que parece que es el último tenue hilo que le queda al anciano profesor universitario para alejarse de la soledad en la vida. Un profesor que está retirándose de la docencia al mismo tiempo que los norteamericanos celebran la llegada a la luna, que ya no conecta con sus alumnos… y especialmente con sus alumnas,… y que ha perdido las ganas de vivir, el humor, la ilusión, y más cosas. Un Jones más cínico que nunca, pero además desencantado. Pero es Helena la que lo va a sacar de esa pendiente descendiente hacia la soledad, en la búsqueda de un nuevo macguffin con propiedades sobrenaturales, en esta ocasión el mecanismo de Anticitera. Este mecanismo, una calculadora mecánica para conocer las fechas de determinados eventos, se atribuye en la película a Arquímedes (Nasser Memarzia), que se convierte en un personaje más de la historia. Junto con un buzo español (Antonio Banderas) que se pasea por las islas griegas, y el malo de la película (Mads Mikkelsen, muy en su salsa), un nazi, conforman el conjunto de personajes de la aventura. Ah bueno,… y un adolescente marroquí (Ethann Isidore), que no sé si pretendían que fuese el nuevo Short round/Tapón, en lo que fracasan notablemente.
La historia… es lo de menos. Con las variaciones apropiadas a las circunstancias, no deja de ser la historia de siempre. Pero está bien contada. El director de la fiesta deja de ser Spielberg, supongo que precavido por si la cosa no funciona, para no manchar su prestigio como en la cuarta entrega (que hoy en día valoro con menos optimismo que cuando la vi). Así que la papeleta se la han encargado a James Mangold, lo que se llamaba antaño un artesano frente a los directores de cine que se consideraban autores. Que conste que no es mal director y que su filmografía tiene títulos interesantes. Para mí la cosa tiene sus aspectos buenos y sus aspectos menos buenos. Es entretenida, y aunque dura más de dos horas y media, se te pasa en un vuelo. Es digna en su guion y dinámica, aunque es muy convencional y… hasta cierto punto,…. previsible. Pero le falta más humor. Más cinismo. Más socarronería. Waller-Bridge hace lo que puede para ello, pero el pesimismo gruñón del protagonista no le sienta bien al carácter. Están a punto de desbarrar en algún momento cuando se introducen en el berenjenal de los viajes en el tiempo… pero creo que acierta al no profundizar, y dar una salida rápida al asunto sin preocuparse por las paradojas de los ciclos infinitos que pueden generarse. Están ahí… que se le va a hacer si se va al garete la cadena causal; esto es para entretenerse y no para divagar.
En fin. Película nada original, película que procura ser fiel a la saga. Con unas interpretaciones entre buenas y muy buenas, a la que falta un poco de desparpajo y buen humor, y que cierra de forma razonable las aventuras de Indiana. Por contra… no aporta nada especialmente nuevo; lo que ya le pasaba a la cuarta entrega. Porque no ha habido nunca ninguna necesidad de cerrar nada. Si se han hecho más películas más allá de las aventuras originales, es porque la gente se lo pasaba bien, iba al cine, producían dinero a los empresarios, y un héroe popular bastante simpático para la cultura popular. Pero quizá ya no tiene sentido. Y parece que las cifras de taquilla indican que las nuevas generaciones ya no sienten tanto apego al personaje, y menos si ya es un abuelete. Pero vamos. Que se puede recomendar sin problemas para pasar un buen rato en el cine sin más trascendencia. Mejor en pantalla grande que en pequeña, estoy seguro. Ahora… teniendo en cuenta que la cosa está en manos de Disney… temamos con horror por un hipotético reboot del personaje. Quizá los malos datos de taquilla sean una bendición después de todo, porque igual lo impiden.
Como todos los años, me enfrento a la tarea de seleccionar una fotografía. Pero este es un proceso que me cuesta horrores. Me llena de incertidumbres. ¿La fotografía que más puede gustar a los visitantes? ¿Qué tema? ¿Paisaje que es lo que más hago? ¿Aves ahora que uso de vez en cuando el 75-300 mm de Olympus? ¿De los viajes? ¿De algo próximo,… propio,… cercano? ¿Oso llevar una foto realizada con película fotográfica como ya he hecho en algún momento? ¿O elijo esa que me genera recuerdos o sentimientos especiales aunque se salga de lo que se muestra o se espera habitualmente en estas exposiciones? Dudas.
Sí que os puedo decir una cosa. La fotografía elegida está entre las que os muestro en esta entrada, pero la tendréis que ver en la exposición para saber cual es. Las que aquí os muestro son las que han ido al último corte antes de la decisión final. Tampoco es que hubiera muchas más que me parecieran dignas.
Tradicionalmente he llevado paisajes. En más de una ocasión en considerado la fotografía de aproximación, especialmente con plantas, pero si no recuerdo mal, de momento no me he decidido todavía. O tal vez sí. Tal vez sean los crocus dorados fotografiados después de la lluvia, a orillas del río Lot, bajo Saint-Cirq-Lapopie. O esa playa en el Golden Gate, con el majestuoso puente de fondo, medio oculto por la niebla. Habiendo considerado también los paisajes del País Vasco, incluso el blanco y negro con película fotográfica.
Pero desde que compré de oferta el sencillo pero razonablemente eficaz 75-300 mm de Olympus, he sumado muchos bichos, especialmente aves, a mi archivo fotográfico. Empezando por las gaviotas reidoras del río Ebro o la polla de agua que surca las aguas del Canal Imperial de Aragón a su paso por Zaragoza, que he situado en el encabezado. Pero hay más aves registradas en mis paseos por los cursos de agua que atraviesan Zaragoza. Como los cormoranes o las garcetas comunes.
Mucho ha pesado este año la abundante fauna avícola que encontré recientemente en el viaje a San Francisco. Y fue una casualidad que la pudiese registrar. Porque nunca estuvo en mis planes llevar el zoom teleobjetivo de Olympus. Pero lo confundí por el Lumix 35-100 mm de Panasonic, con el que no hubiese podido tomar estas fotografías. Como el pequeño cormorán orjudo y el estornino que encontré en las marinas de Sausalito.
Muchas fotografías tomé en la isla de Alcatraz, especialmente tras charlar con una naturalista aficionada que estaba instalada en la isla con un telescopio terrestre para ofrecer a los visitantes unas vistas del nido de la garza azul. Mi mejor foto, o eso pensaba yo, fue la de una garceta nivea… pero quedó algo desenfocada, así que preseleccioné otra,… menos interesante, pero que ha entrado fuerte en la selección final.
Y también me interesaron las gaviotas occidentales, que no vemos por las costas europeas. Y especialmente los escurridizos pelícanos pardos de California, que no paran quieto, son rápidos, y a pesar de su tamaño, no fueron fáciles para las modestas prestaciones del equipo Olympus, más pensado para el reportaje que para la acción. Pero ahí está, en Crissy Field, con el Golden Gate de fondo. Pues lo dicho. Una de estas catorce fotos será la que se exponga en el mes de septiembre en la calle Lagasca de Zaragoza.
Frank Horvat vivió durante 92 años, nació italiano de padre húngaro y madre vienesa en una población a orillas del Adriático con regusto a viejos imperios que hoy en día es Croacia, vivió países tan diversos como Suiza, India, Pakistán, Estados Unidos e Inglaterra, hasta que se asentó en Francia hasta su muerte. Un persona del mundo, supongo. Conocido como fotógrafo de moda, se mantuvo activo desde los años 40 hasta entrado el siglo XXI, ensayando muchos géneros fotográficos, y en todos fue excelente. En Blind Magazine nos han hablado de sus primeros quince años de trabajo como fotógrafo, en el mundo de la moda. Un fotógrafo elegante e imprescindible
Ian Berry retomó recientemente su trabajo sobre el agua después de visitar el retroceso de los glaciares en lugares como Islandia y Groenlandia. Démonos pues un paseo por Islandia para ilustrar la entrada de hoy.
También en Blind Magazine nos han hablado de otro excelente fotógrafo, Ian Berry, miembro de Magnum Photos, por lo que ya podréis supone que el reportaje era su ámbito principal. Siempre un reportaje comprometido. Y no pocas veces difíciles. En las fotografías que nos enseñan en el artículo, parten de su trabajo en los años 70 del siglo XX sobre el agua, y los problemas sociales y ambientales relacionadas con el líquido elemento. Pero también muestran algunas recientes, cuando el fotógrafo ha vuelto al tema por las consecuencias que la crisis climática global está teniendo para el agua y su disponibilidad.
Fotografía conceptual es un término que hoy en día se aplica a todo tipo de trabajos por parte de fotógrafos también muy diversos. Por ello, es un término a veces muy devaluado. Y sin embargo,… qué admiración siento ante los buenos fotógrafos conceptuales, cuya creatividad siempre he envidiado a rabiar. Y en F-Stop nos han hablado esta semana del italiano Gian Luca Groppi. Un narrador de historias a su modo, con mucho humor, ironía… pero también poesía. Tengo que bucear más en el trabajo de Groppi.
Esta semana terminé de ver la sexta temporada de la serie Black Mirror. De la serie hablaré otro día. Ha cambiado mucho y tengo que pensar en qué medida me gusta todavía… o no tanto. Creo que sí, pero… ya hablaré. El caso es que, como nos cuenta Magnum Photos en un tweet, Netflix invitó al veterano fotógrafo documental británico David Hurn (instagram) a fotografiar el rodaje del ultimo episodio de la temporada, Demon 79, que me gustó mucho aunque me parece más propio de otras series… me dejó sorprendido su inclusión en esta,… y en el que destaca sobremanera el trabajo de Anjana Vasan en el papel protagonista. Que conste que al público votante en IMDb no le ha entusiasmado; de los menos puntuados de la serie. El blanco y negro de las fotografías de Hurn contrasta con la colorida estética setentera del episodio.
Jennifer Lawrence llevaba varias semanas apareciendo en muchos medios hablando de su nueva película, esta que comento hoy, y que vimos el viernes de la semana pasada. He tenido tiempo de sobra para digerirla… porque no tenía muy claro que decir de ella cuando salimos de la sala de cine. Dirigida por Gene Stupnitsky, de quien no había vista nada como director, alguna cosa sí como guionista, Lawrence también produce la película. Película que parece estar hecha para lucimiento de la actriz como principal objetivo. Llegando desde el ámbito de la televisión, por donde pasó sin pena ni gloria, encadenó algunos resultados que la hicieron destacar siendo todavía muy jovencita en el ámbito del cine independiente, hasta que empezó a encadenar éxitos, con nominaciones a los Oscar, un total de cuatro, una de ellas con premio incluido. Y luego se adentró en el entorno de los blockbusters, cine superheroico, sagas para adolescentes, ciencia ficción, acción… donde debió de ganar un montón de pasta. Y donde algunos perdimos el interés por esta actriz. Porque alguno de esos productos fueron horrendos. O ésta.
No he estado en los Hamptons. El único lugar de turismo costero que he visitado en Estados Unidos es Sausalito. Así que con eso nos quedaremos.
Ahora vuelve al ámbito de la comedia, donde cosechó alguno de sus mejores éxitos dentro del cine comercial. De hacer dos o tres películas al año a mediados de los 2010s, en los últimos cuatro sólo dos, estrenados en plataformas en líneas. Que no están mal, especialmente uno de ellos, aunque en la práctica pasó desapercibido, algo menos el de Netflix, que no es que destacase por su excesiva calidad, sino por su oportunidad a la hora de denunciar el estado del mundo. Mi sensación fue que esta película ha sido preparada para demostrar al mundo que tras tomárselo con calma, ser madre y esas cosas, sigue en forma como actriz, y que, a su «avanzada edad» de 32 años sigue estando muy guapa y con un físico espectacular, para lo cual no duda incluso en desnudarse integralmente. Paso de debatir si de forma «necesaria» o no. Y se marca una película de «madurita¡?» seduciendo a un adolescente de clase alta (Andrew Barth Feldman) que va a empezar en la universidad, habiendo vivido muy retraído, por encargo de sus padres (Laura Benanti y Matthew Broderick, que ha conocido mejores tiempos). Aunque dejando claro que no es una prostituta… Habría que recordarle que prostituirse es practicar el sexo con otra persona a cambio de dinero. Y que tal vez el personaje de la película no lo haga de forma habitual, pero sí al aceptar el encargo. Porque para dar un toque de crítica social, la chica se ve en esas porque no gana el suficiente dinero para pagar los impuestos de su casa, heredada de su madre fallecida, porque la extrema gentrificación de los Hamptons ha hecho imposible a los pobretones vivir en Montauk.
Ya adelanto que le voy a dar un aprobado dudoso. No es ninguna catástrofe y se deja ver, pero tanto en su planteamiento como en su resolución la historia y el guion tiene serias goteras, por donde la película va haciendo agua poco a poco, dejando la sensación de que en algún momento se han equivocado los responsables de la cinta. Si pretendían hacer una película gamberra, con cierto grado de irreverencia, tratando con cierto desparpajo el tema de la sexualidad… pues la cosa no acaba de funcionar, y hay momentos en que la cosa chirría. Aunque no tanto como podría, porque ya se encargan de que el chaval haya cumplido los 19 años y la chica no pase de los 30 y muy pocos. E historietas de verano con estas edades… se dan. Sin que pase de eso, una historieta de verano. Por lo que a la larga… pues esto no son las relaciones entre Dustin Hoffman y Anne Bancroft. Que conste que Bancroft y Hoffman sólo se llevaban seis años en la vida real. Pero claro,… hacía de mujer casada y era la madre de la novia del chaval… Por lo menos daba unas cuantas buenas bofetadas a los convencionalismos.
Lo malo de levantar mucha expectación es que acabas defraudando con más fuerza. Como ya he dicho, no es una catástrofe… pero no me atrevería a recomendar pagar la entrada por ella. Ya llegará a la pequeña pantalla y la podréis ver con menos coste y esfuerzo. Y sí… Lawrence sigue estando atractiva. Pero oye… que tiene 32 añitos, tú. De qué va el mundo. Nota: Lo que más me chirría es que planteen que los padres del chaval sean ricos, pero progres y majos… cuando nunca he tenido nada contras las mujeres que se han visto en la necesidad de prostituirse, pero nunca me han caído bien los puteros y proxenetas. Nada bien. Pero nada. Y que no paguen en dinero sino con un coche… no cambia las cosas.
No hace tantos años que empecé a leer los libros de Aki Shimazaki. Japonesa de nacimiento, canadiense de adopción, vive en Montreal y escribe y publica sus novelas en francés. Escribe novelas cortas, que tienen sentido en sí mismas, de forma individual. Pero agrupadas de cinco en cinco, como quintetos, conforman historias más amplias, de vidas cruzadas, con tiempo que pueden abarcar décadas, más profundas, y con más sentido todavía. Inicialmente, los derechos de publicación de sus novelas en España lo tenía editorial Lumen, que las publicaba reunidas en dichos, por lo que sólo publicó dos libros, El quinteto de Nagasaki (2018), el primero, con novelas cortas que fueron publicadas originalmente por Shimazaki entre 1999 y 2005, y El corazón de Yamato (2019), el segundo, con historias publicadas originalmente entre 2006 y 2013. Leí el primero de ellos en 2019, y el segundo en 2020.
No he estado en Nagoya, la cuarta ciudad japonesa por población, tras Tokio, Yokohama y Osaka. Bueno… si he estado. En la estación, para cambiar de tren en el viaje entre Ise y Tokio. Pero no la he visitado. Así que os dejo algunas fotografías realizadas con película en blanco y negro, en los días que estuvimos en la capital nipona, tras ese desplazamiento en el que hicimos transbordo en Nagoya, donde transcurre buena parte de la novela de hoy.
Me gustaba leer sus novelas cortas así, como una novela más amplia y con más profundidad de contenido. Para mí tenía más sentido. Pero supongo que comercialmente será más rentable hacerlo como en su idioma original, en francés, donde siempre se han publicado cada novela por separado. El precio conjunto de las cinco novelas cortas por separado es 2,5 veces superior al de los libros que las reúnen. Los derechos de las siguientes novelas de Shimazaki en español han ido a parar a otras editoriales. Y por ello, paradójicamente, la siguiente que leí, Luna llena, que me gustó mucho, es la segunda novela corta de la cuarta serie, publicada por Tusquets en 2022. Pero con algún disgusto que otro. Por ejemplo, que no se han saltado la publicación de la primera novela corta de la serie. Y también porque han roto la tradición de conservar el título original de la novela corta en japonés, que hace referencia a algún animal o planta. El título de la novela original, el que esperaba que se conservase en la traducción, como había sucedido hasta el momento, o como sucede en las versiones originales en francés, pero con el título en japonés, es Semi 蝉, cigarra. Odio esta costumbre de las editoriales españolas de no respetar los título originales o de respetar su sentido. Como ese absurdo Tokio blues para el Norwegian Wood de Haruki Murakami, cuando la canción de los Beatles tiene tanta relevancia en la novela.
Con la novela de hoy, cuyo título original Hōzuki 鬼灯, se refiere a una planta del género Alkekengi, con frutos en forma de farolillo chino, y que encontré de oferta recientemente en versión electrónica, es la segunda novela corta de la tercera serie de cinco. Y esta serie está publicada por Nórdica… para acabar de complicar la cuestión editorial de la autora en español. Ya he decidido que voy a ignorar las traducciones y que iré poniéndome al día con la obra de Shimazaki con los originales en francés. Si no hay ventaja económica, como la publicación en conjunto que hacía Lumen, pues nos dejaremos de las tontadas con las que maltratan las editoriales españolas los libros traducido. En ello se nos habla de una mujer, que regenta una librería de lance, que vive con un hijo de siete años sordomudo y su madre anciana. Su vida no ha sido fácil. Cuando el niño era muy pequeño se vio obligada a prostituirse para salir adelante durante dos años, en una ciudad lejos de Nagoya, su ciudad de origen. Y ahora, para pagar la educación especial que necesita el pequeño, trabaja una noche a la semana en un hostess bar. No lo traduzco como bar de alterne, como en el libro, porque en español, la chica de alterne implica prostituta, y en Japón no. Dado que diferencia su actividad del pasado de la del presente, doy por descontado que en este momento no se prostituye. Un día entra en su librería una elegante mujer de buena posición, esposa de un diplomático, a comprar libros encargados por su marido. Con su hija de cuatro años. Los niños juega y se hacen amigos. La mujer del diplomático quiere entablar relación y amistad con la librera. Pero esta está reticente. Porque, quizá, algo del pasado las une.
Shimazaki vuelve a contarnos una historia con corazón y con profundidad, con personajes que nos enganchan, con los que empatizamos, a los que acabamos apreciando, en lo que se insinúa una continuación de su estilo de construir sus grandes historias a partir de las pequeñas (o no tan pequeñas) historias de algunas personas y de las vidas cruzadas de las mismas. No tardaré mucho en ponerme a la tarea de recuperar el resto de las historias de esta tercera serie. Ya las tengo localizadas y preparadas. Pero como ya he comentado, me he pasado al idioma original, el francés. Acabo de terminar un libro hoy mismo, continuación de una novela japonesa que leí el año pasado, algo ligero, y he comenzado una libro de relato cortos de una autora española, desconocida hasta ahora para mí, que espero no me dure mucho. Después, dedicaré una parte del verano a ese tercer quinteto de Shimazaki, L’ombre du chardon, la sombra del cardo.
Shimazaki se lee bien. Como he dicho, cuenta historias con sentimiento, y crea personajes que te interesan. A pesar de que escribe en francés, sus historias se enraízan con fuerza en su Japón natal y en su cultura de origen. Hoy en día, sin embargo, tiene la nacionalidad canadiense y esta establecida en el país norteamericano. Me parece curioso que no aprendió el francés hasta los cuarenta años, en 1994, cuando ya llevaba tres viviendo en Montreal. Ella se expresaba fluidamente en inglés hasta ese momento. Y que eligiese escribir sus novelas cortas en francés, publicando la primera en 1999. Por ello, realmente tengo curiosidad por leer a partir de ahora sus novelas en su versión original. Lo voy a hacer. Y como ya podéis suponer, sus libros me parecen muy recomendables.
Lo comenté hace unos meses, a propósito de unas esculturas con la cabeza de Francisco de Goya, que habían sido pintadas por artistas contemporáneos con motivos diversos, en general muy coloridos. Hay personas que se indignan u ofenden por este tipo de intervenciones artísticas sobre el genio de Fuendetodos, o sobre cualquier otro símbolo cultural que consideren, de alguna forma, «tradicional» y «sagrado». Lo cual, para empezar, implica no entender quién era, o cómo pensaba, Francisco de Goya, que era cualquier cosa menos convencional y tradicional y se adelantó a algunas formas artísticas de las vanguardias y la modernidad, especialmente en sus aspectos más expresionistas.
Esta primavera fue una nueva edición de unas fiestas recientemente inventadas por el Ayuntamiento de Zaragoza, las «fiestas goyescas» en cuyo concepto en sí mismo no voy a entrar… porque me parece aburrido. Pero con el motivo de estas «fiestas goyescas», volvieron las «cabezas ilustradas» de Francisco de Goya a las calles de Zaragoza. En esta ocasión, a la plaza de la Seo. Afortunadamente, para la mayor parte de la gente, esto fue motivo de curiosidad y diversión, y los niños pudieron familiarizarse con esta forma lúdica de interpretación del arte y la cultura de forma lúdica y entretenida. Pero seguí percibiendo la presencia de la España carpetovetónica, que se resiste a cualquier innovación y cambio, y que tan caro nos puede salir como país en los próximos años, con lo necesario que va a ser en un futuro, por los retos sociales, políticos, ambientales que se nos vienen encima, un pensamiento lateral, alternativo e imaginativo, fuera de los caminos trillados, para superar esos difíciles retos. Porque si no, nos irá mal. Ya nos está yendo peor que a otros países, así que…
Sinceramente, salvo la entretenida serie sueca que comentaré dentro de unos párrafos, mi recorrido por estrenos de series de espías que he visto en las últimas semanas se podría considerar casi catastrófico. Vistas por los comentarios relativamente elogiosos de algunos artículos vistos por la red de redes, me ha sorprendido hasta que punto las plataformas de contenido en línea están rebajando sus niveles de exigencia últimamente. Han dejado de competir por la calidad o el prestigio. Ya no sé en qué compiten. En lo que a mí se refiere, tengo la sensación de que por muy abundante que sea actualmente la oferta de ficción televisiva, la llamada «edad de oro» de la televisión ha terminado. O lo parece.
Rincones y escenas captados por mi cámara fotográfica durante mi última visita a la capital sueca. Volveré a Estocolmo dentro de unas semanas. Por temas familiares, con cierto aire festivo; y aprovecharemos para hacer algo de turismo, claro, aunque ya conozco la capital sueca.
Citadel se puede ver en Amazon Prime Video, aunque no lo recomiendo. Ni siquiera los complacientes votantes de IMDb le otorgan su confianza, puesto que una puntuación de 6,1 en esta plataforma hay que considerarla baja. Ojo… no es que los votantes de IMDb tengan siempre el criterio afinado, que les he visto despreciar, sobre todo en el cine, cosas estupendas, mientras que babean ante la pirotécnica mediocridad de los productos superheroicos. Pero precisamente por eso, pensaba que esta serie de conspiraciones dentro de las conspiraciones entre organizaciones de espías, acompañada de acción en abundancia, les podría satisfacer. Pero ni esas. Y encima, la química entre los dos protagonistas interpretados por Richard Madden y Priyanka Chopra Jonas es floja floja floja. Con una trama típica de organización de espías «buenos», que solo asesinan a los malos, que se ve traicionada y mueren a capazos, aunque algunos sobreviven (esto lo utilizó hasta George Lucas para «deshacerse» de los jedis con su famosa orden 66). Y los que sobreviven… pues a buscar la verdad. Primero tienen que recuperar la memoria, porque se la borran y esas tontás… Nah… que es muy mala a pesar del entusiasmo de algunos plumillas de la red de redes, generación millenial que no ha visto de la misa la media y se creen que saben y les encanta cualquier cosa con algo de pirotecnia y una chica guapa. Evitar.
En algún momento leí que The Night Agent, un título que a priori no me atraía mucho, era uno de los estrenos más destacado en los últimos tiempos, y bien situado en general, dentro de Netflix. Y a este propósito, leí un par de artículos que se mostraban complacientes con la serie. Así que le di la oportunidad. Menos fantástica que en la anterior, mezcla la acción de los agentes secretos con las conspiraciones políticas en la Casa Blanca. La premisa también está vista mil veces. El típico agente del FBI que tiene que proteger a una chica, civil, que sabe algo que los malos no quieren que sepa, hay persecuciones, unos malos malísimos… y varios desenlaces muy previsibles. Aunque camine por caminos muy trillados, la cosa, si está bien hecha, podría funcionar. Pero no. Los diálogos del guion son espantosos. Los personajes protagonistas acaban importándote un rábano. Pero tampoco los malos te inspiran nada en ningún sentido. Frases hechas, escenas prefabricadas, actuaciones mediocres (el protagonista de la serie, Gabriel Basso, es casi catastrófico, aunque el resto del reparto no acompaña). Es cierto que entiendo que al principio de la serie los defectos no se notan. Comienza con las típicas situaciones de acción típicas para atrapar la atención del espectador, lo que puede explicar la audiencia destacada, y que el final arregla un poco lo que hay entre medias… pero bueno… Regular tirando a mala. Curiosamente esta sí que es aprobada por los votantes de IMDb, que se comportan como esperaba también en la anterior. Por cierto, si ayer comentaba que Hong Chau estaba últimamente en todas parte… también aquí. Aunque en esta ocasión, el nefasto guion hace que se sume a la mediocridad general. Las dos series parece que tendrán continuación. Qué se le va a hacer. En principio, que no cuenten conmigo.
Barracuda Queens es una serie sueca con una primera temporada de sólo seis episodios que, basada en un caso real, nos habla de un grupo de cinco amigas, cuatro de ellas en sus 18 o 19 años, y la otra algo más joven, hermana de una de las anteriores, que tras una noche loca acumulan unas deudas que no saben como pagar. Aunque todas menos una pertenecen a familias pudientes, residentes en una de las ciudades dormitorio de mayor nivel en el área metropolitana de Estocolmo, no quiere que sus familias se enteren de esos y otros problemas que acumulan. Y para salir adelante, deciden comenzar a desvalijar algunas de las casas de su vecindario de familias con pastuza, aprovechando que conocen el percal. Pero claro, no son precisamente profesionales, opinen lo que opinen las despistadas policías que van tras ellas, y van dejando pistas y rastros por todas partes. Esta es una de esas series poco apreciada por los votantes de IMDb que, curiosamente, a mí me entretuvo bastante. Me parece bastante ágil y suelta en su desarrollo, las interpretaciones son razonables, y combina la acción derivada de la actividad delictiva de las chicas con la crítica con cierta dosis de mala leche hacia la alta burguesía sueca. Lo cual siempre tiene su punto de diversión. No porque sea sueca, sino porque es alta burguesía… que rima con hipocresía. Tiene pinta de prometer segunda temporada, que veré. Supongo.
Con mucha expectación se esperaba la nueva película de Wes Anderson, que se está convirtiendo, ¡oh, cielos, qué horror!, en un director «de culto». Sea lo que sea lo que signifique ser «de culto», porque os puedo asegurar que a estas alturas de mi vida he escuchado conversaciones absolutamente delirantes sobre este concepto. Y sobre todo da miedo porque cuando un director se considera «de culto» por lo que está haciendo «ahora»,… suele «estropearse». Además es un sentido. Para mí, en el sentido original del concepto, «el culto» surgía con el tiempo, cuando una creación que en su momento recibió un interés limitado por el público y la crítica, con el paso de los años es reconsiderada, aumenta el número de sus partidarios y empieza a ser objeto de debate, a veces apasionado, manteniéndose en el candelero, no «en el candelabro» como decía aquella «Miss», de forma continua. Anderson es un director personal, con un estilo y una estética muy definidas, que ha conquistado ya el éxito de público y de crítica por varias de sus obras. Es no es «ser de culto», eso es ser un director de éxito y respetado. Pero en fin,… es muy difícil razonar sobre determinados conceptos con los «millenials«, que por otro lado no son ni mejores ni peores que otras generaciones, y también tienen derecho a opinar.
Con la película que hoy nos ocupa, Anderson sigue a lo suyo. Adultos perdidos, adolescentes rarunos, niños listillos, más o menos impertinentes, mujeres híbridas entre lo normal y lo fatal, y una estética muy definida en sus composiciones simétricas y en sus colores, que en esta ocasión se acercan peligrosamente al pop chiclé, para mi gusto. O pop piruleta. Lo cual quizá sea apropiado, porque el pop piruleta o pop chiclé (bubblegum pop), un concepto más próximo a la música pop que a lo visual, pero creo que perfectamente aplicable, se enraíza en el optimismo y el colorido de la sociedad de los años 50, aunque apareciese más tarde. En Estados Unidos. En España, el color dominante de los años 50 del siglo XX fue el gris mediocre. En fin… la televisión también era en blanco y negro, pero no el cine…
En cualquier caso, también alterna esa colorida estética con un blanco y negro más expresionista, en formato académico, o sea, cuadradote en lugar de panorámico, porque la historia principal es una historia dentro de otra historia. Es una obra de teatro, entre cuyos creadores e intérpretes también existe un drama que ha de ser contado. Así pues, dos historias, la de los intervinientes en el drama teatral y la del drama teatral, en el que unos adolescentes superdotados se reúnen para optar a un premio de ciencias otorgado por los militares en un pueblo perdido en el desierto donde hay un cráter de impacto, y que da nombre a la película, Asteroid City, y donde se desarrolla el drama «de ciencia ficción», con los extraterrestres propios de las tradiciones del desierto de Nuevo Méjico, mezclado con los accidentes geológicos del desierto de Arizona.
A caballo entre la comedia y el drama, con un reparto muy coral en el que destacan nombres como los que tienen más presencia, Jason Schwartzman, Scarlett Johansson, Tom Hanks, los secundarios de lujo, Edward Norton, Liev Schreiber, Hope Davis, Margot Robbie, Matt Dillon, Steve Carell, Tilda Swinton, Jeff Goldblum, Adrien Brody, los protagonistas más jóvenes, Jake Ryan, Grace Edwards, o secundarios que hasta ahora pasaban desapercibidos pero que ahora vemos constantemente y que lo hacen bien, Hong Chau, gracias a los repartos inclusivos… vamos un montón de gente. Interesante de ver, o al menos de mirar, con un diseño de producción excelente, pero con un guion irregular, que parece abrir muchas vías de desarrollo para luego profundizar en pocas, o dejar insatisfechos con la forma en que lo hacen. Quien mucho abarca, poco aprieta. Tiene momentos que se acercan a la genialidad,… pero hay momento en los que decae, corriendo un cierto de riesgo de situarse en el nivel de los pestiños.
Recomendable para los aficionados al cine de Wes Anderson, puede atraer a algunos espectadores más con ganas de ver algo distinto, pero se queda muy lejos de los mejores momentos de su director. Y es que, como decía al principio, bajo esta nueva forma de conceptualizar el cine o los directores «de culto», el peligro de que estos descarrilen parecen que aumenta considerablemente.