Hace unos días me puse a ver este estreno japonés en modo «reconvertido en serie». Es decir, cuando me voy a acostar, mientras cojo el sueño, veo un ratito de película. Y en cuatro o cinco días la he visto entera. Es un producto intrascendente, pero pensé que podría ser divertido. Obviamente, una comedia romántica. Pero con misterio. Sorprendentemente, en IMDb aparece como dirigida por DOS directores, no sé para qué tantos, Yūsuke Taki y alguien más. Luego deduces que el segundo, de nombre inglés, es simplemente el director del doblaje en inglés. Olvidémonos. Por otro lado, el lío de los títulos. En castellano ya sabemos que ponen el que les da la gana tenga o no tenga que ver… pues eso de Amor en aguas turbulentas. Eso que llaman el título internacional, es decir, el título en inglés, es In love and deep water. Pero lo curioso es que el título original en japonés también está en inglés o algo parecido, porque eso de Kuraiji Kuruzu [クレイジークルーズ], no deja de ser la transcripción fonética al idioma nipón de Crazy Cruise, es decir, Un loco crucero. Cosas del márquetin.
Un barco de cruceros vacacionales enorme sale de Japón con destino al mar Egeo… ahí es nada, para un viaje de 45 días. Toma crucero. Y en el encontramos a un empleado, el empleado ideal (Ryō Yoshizawa), que en el momento en el que el barco zarpa se topa con una pasajera no incluida en las listas (Aoi Miyazaki), que viene a advertirle de que sus respectivas parejas están liadas y les van a engañar, y hay que evitarlo… pero el crucero ha partido. Durante 45 días. Para colmo… se produce la muerte de un prestigioso y acaudalado médico en la piscina del barco. Y ellos sospechan que se trata de un asesinato. Mientras la familia del médico tiene intereses en evitar que se conozca la muerte para evitar que se haga público el testamento que los deshereda.
En fin… como veis, un enredo que mezcla el enredo romántico y el misterio detectivesco, en el que nada es lo que parece, aunque es fácil sospechar por donde van los tiros. Lo cierto es que estuve a punto de abandonarla tras los primeros quince o veinte minutos de visualización. Pero no lo hice… y resultó que hubo momentos en los que me divirtió. Los intérpretes no lo hacen mal, sin ser nada del otro mundo, y sacan adelante, hasta cierto punto, una película cuyo guion y realización hacen aguas, nunca mejor dicho ya que transcurre en alta mar, por todos lados. Es difícil decir si la película suspende o aprueba. Creo que es un aprobado más asociado a su condición de guilty pleasure que otra cosa. Así que avisados quedáis. Difícil de recomendar. Pero entre los que se arriesguen, igual a un cierto porcentaje se le queda una sonrisa tranquila en la cara después de ver la película. Es lo que hay.
Tras unas semanas en las que enlazamos varios fines de semana muy productivos en lo que a las visitas a las salas de cine se refiere, especialmente por la programación de sesiones en versión original en sesiones matinales, muy convenientes para nosotros, ahora, por diversos motivos, no hemos podido acercarnos a ellas durante un par de semanas. Por ello, he rescatado algunas películas de los estrenos directos en plataformas en línea, como la que comenté la semana pasada y esta que comento hoy. Habrá alguna más. Espero que este fin de semana tengamos alguna posibilidad de volver a la pantalla grande. El caso es que este estreno directo en Netflix, dirigido por Grant Singer, al menos en España, me interesó por su reparto, así que le dediqué el rato después de la cena hace una semana, más o menos.
Sausalito no está precisamente en Nueva Inglaterra, donde transcurre la acción de la película,… pero no se me ocurría nada mejor para incorporar a esta reseña.
Singer ha trabajado sobretodo en la dirección de vídeos musicales, aunque tiene en su haber algún documental, también sobre el mundo de la música. Así que creo que esta es su primera incursión en el largometraje de ficción. Una película policial, cine negro, que tiene como protagonista a un veterano policía de algún lugar de Nueva Inglaterra (Benicio Del Toro). Un policía íntegro aunque con pasado tormentoso, muy enamorado y apoyado por su esposa (Alicia Silverstone), y que se ve inmerso en la muerte de una mujer joven, en la que el principal sospechoso inicial es el novio (Justin Timberlake), o el hombre con el que todavía está casada, en un hipotético crimen pasional. Pero luego se irá desenmarañando una trama de corrupción a diversos niveles, incluido el policial, que pondrá patas arriba todo su mundo.
Película que si se salva es por poco, y por el trabajo actoral. Singer hace una labor correcta pero sin más, para una película de cine negro, que pretende mantener un equilibrio entre lo clásico y los temas modernos, pero que acaba siendo poco atractiva, sin encontrar del todo el ritmo adecuado, y sin aportar elementos que realmente atrapen al espectador en el misterio de la muerte de la mujer y en el desarrollo de la trama de corrupción. A salto de sorpresa «imprevista», pero relativamente previsible en más de una ocasión, es una de esas películas que cuando te planteas si merece la pena o no, puede que sí, ya llevas demasiado tiempo invertido en ella para no terminarla. ¿Es recomendable? Pues si estas suscrito a Netflix y realmente no tienes nada mejor que hacer… pero incluso en la misma plataforma seguro que hay alternativas mejores. Es lo que hay.
Cuando me enteré que en Apple TV se estrenaba una película con aire de cine independiente y que la protagonizaba Jessie Buckley, decidí que tenía que verla. Además, supe que aparecía también Jeremy Allen White, uno de los más apreciables hermanos de la disfuncional familia de Shameless. Rodada en Canadá y dirigida por el ateniense Christos Nikou, su premisa de mostrarnos una sociedad distópica, más sutil que las que suelen aparecer en las pantallas de cine y televisión habitualmente, aumentaba su interés. En español la han titulado Esto va a doler. Supongo que titularla Uñas les parecía poco comercial.
La película está rodada en Canadá. En Toronto, entre otras localizaciones. Así que es la segunda vez esta semana que la capital de Ontario se asoma a estas páginas.
En una ciudad indefinida, Anna (Jessie Buckley) y Ryan (Jeremy Allen White) son oficialmente felices. El descubrimiento que el amor se puede apreciar científicamente por un cambio de color en las uñas ha permitido comprobar a las parejas si están enamoradas o no. Se arrancan una uña de la mano de cada uno de los miembros de la pareja, esto va a doler, por algún motivo hay que hacerlo a lo bruto y sin anestesia, se analizan en un aparato que parece sacado de las películas de ciencia ficción de los 50 y 60 del siglo XX y… si la puntuación es 100 %, pareja perfecta, si es 50 %, hay uno que finge estar enamorado, pero no sabemos quien, y si es 0 %,… ¿por qué narices están juntos? Y esta pareja puntuó en su momento un 100 %. Anna, una profesora de instituto que está buscando trabajo, opta por entrar a trabajar en la empresa que hace los análisis, en la formación y asesoría de parejas previa al análisis. Hay que garantizar el amor perfecto. Y hace pareja con Amir (Riz Ahmed), un veterano de la empresa con excelentes resultados, con quien empieza a trabajar a gusto. Pero claro… como los epidemiólogos sabemos, los tests diagnósticos pueden dar falsos positivos y falsos negativos… Y ¿qué pasa entonces?
Como sospechaba, el principal activo de la película está en las interpretaciones. Buckley es una actriz sumamente competente, con mucho oficio, que consigue que empaticemos con los caracteres que interpreta con sorprendente facilidad. Tiene una considerable naturalidad. Y el resto del reparto está muy bien también. Es a White al que le toca lidiar con el personaje menos agradecido, un tipo muy sieso, y hace que se diluya frente al resto del reparto. Pero bien. Y todo bien contado por un director con poco bagaje todavía como tal, ha sido segundo directo o ayudante de dirección con frecuencia, pero muy solvente, en una película muy bien ambientada en un tiempo indeterminado del pasado, ¿años 70, 80, 90? La banda sonora da una pista de que estamos en un pasado indefinido, al igual que los modelos de los coches, o los chismes electrónicos, de aspecto viejuno.
Ya digo que es una distopía. Nada de dictaduras, represiones policiales o cosas similares. Simplemente, un invento que se supone va a garantizar la felicidad en las relaciones de pareja. Y aquí es donde brilla el tono agridulce, de tragicomedia, de la propuesta de Nikou, más interesante como guionista junto a dos escritores más que como director, aunque no lo haga nada nada mal. Y es que no hay soluciones, ni mágicas ni científicas para las cosas del querer. La narración y los diálogos están llenos de sutiles ironías, que tanto podemos interpretar como historias con final triste como feliz, con ganadores y perdedores. Una película que crece en el recuerdo, y que igual habría merecido un estreno en la gran pantalla para permitir al espectador sumergirse con más intensidad en lo que sucede ante sus ojos. Muy recomendable.
Creo que el comentario de esta película va a ser uno de los más difíciles que he escrito en los últimos tiempos. No sé cómo me va a quedar, cuando un comentario me resulta complejo, siempre tengo la sensación de que me queda confuso. Quizá por ello intente ser breve, aunque no sé si lo conseguiré. Estamos ante la ópera prima de Celine Song, una dramaturga relativamente joven, pero con experiencia en los escenarios. Y cuando digo ópera prima, en esta ocasión lo es de forma absoluta, porque ni siquiera tiene en su currículum el fogueo en la realización de cortometrajes que presentan en sus currículos muchos directores cuando lanzan su primer largometraje. En esta ocasión, un primer largometraje con abundancia de elementos autobiográficos, aunque la directora ha dejado claro que la historia que cuenta es ficción basada en sucesos de su propia biografía.
Un niña de 12 años (Moon Seung-ah) se separa de su más que mejor amigo (Leem Seung-min) cuando su familia, una familia de artistas y autores, emigra a Canadá en busca de oportunidades. Recién acabada la universidad, a través de las redes sociales, ya una joven adulta (Greta Lee), vuelve a retomar contacto a distancia con el niño que ya no es un niño (Teo Yoo). Pero tras un tiempo de intercambios, estos cesan. Ya una mujer casada y establecida en Nueva York, dramaturga casada con un escritor (John Magaro), recibe la noticia de que su antiguo amor infantil va a visitar la Gran Manzana y deciden encontrarse. Lo que hará que salga a la superficie muchos sentimientos, sobre lo que fueron y sobre lo que son.
La circunstancia que motivó a Celine Song a plantearse esté proyecto es la escena inicial de la película. Un momento en un bar, una conversión entre tres personas, de los que sólo una ella, podía hablar con fluidez los idiomas de sus compañeros masculinos, el ingles y el coreano. A partir de ahí nos presenta una profunda historia a lo largo de más 20 años sobre la evolución de las personas y los sentimientos, y lo hace con maestría absoluta. Una putada para esta chica haber debutado de una forma tan absolutamente brillante; lo difícil que le va a resultar mantener el nivel a partir de ahora. Maestría a la hora de escribir y narrar la historia, ahí influye que no obviamente no es una escritora novel. Pero maestría a la hora de filmar, de dirigir la cámara, de buscar los encuadres, las localizaciones, de marcar el ritmo de la película, de gestionar las elipsis, de dirigir a los actores. Si a eso sumas una dirección de fotografía (Shabier Kirchner) de un enorme nivel, película rodada sobre película cinematográfica, Kodak Vision 3 500T forzada un paso o dos, para una imagen orgánica, granulosa y muy viva, y una banda sonora (Christopher Bear y Daniel Rossen) que encaja como una guante, la película, en su realización, prácticamente encaja a la perfección.
En otro orden de cosas, los intérpretes lo bordan. Personajes reales. Una auténtica reivindicación sin falsedades de una mujer fuerte, decidida lo que quiere en la vida, ganar el Nobel (12 años), ganar el Pulitzer (24 años), ganar un Tony (32 años), lo de menos es el nombre del premio, su objetivo es ser buena en lo que hace y para ello toma las decisiones que considera oportuna y gestiona sus cambios, moviéndose hacia adelante. Perfecta en esto Grace Park. Y en acompañándola en distintos momentos de su vida dos hombres muy alejados del macho alfa predominante en el mundo del cine. Inseguros, temerosos del cambio. O incapaz de seguir a la chica/mujer, o con miedo a no ser capaz. Fenomenal también los compañeros masculinos de reparto.
Y si bien todos los comentarios hacen hincapié en la historia de amor y desamor, la película es mucho más que eso. La película nos habla de las culturas y de los choques entre culturas. Nos habla de cuestiones de identidad personal, pero sin victimismos, asumiendo lo que eres y lo que quieres ser, adaptándose a lo que necesitas en función de donde quieres llegar. Y es una película profundamente feminista, sin aparentarlo, simplemente porque nos presenta la capacidad de una chica, de una mujer ,para tomar sus propias decisiones y seguir adelante. Es cierto, cabe la reflexión… ¿qué porcentaje de jóvenes en su misma situaciones pueden alcanzar sus mismos niveles de éxito? ¿Cuántas se quedan por el camino no importe la proactividad que manifiesten? ¿En qué medida no hay una elegía encubierta del mito del sueño americano de que cada cual puede ser lo que quiera ser si se esfuerza lo suficiente? Lo cual es esencialmente falso en un país, Estados Unidos, en el que la movilidad en la escala social es muy inferior al de otros países desarrollados. Este punto es el que le quita la estrella de obra maestra en mi valoración subjetiva global. Pero sin duda, entiendo que algunos hablen de ella como la mejor película del año. Puede. No creo que alcance un éxito total en la temporada de premios, aunque algunas cosas se llevará. Pero hay nombres más rimbombantes con propuestas interesantes este año. Pero oye,… es de A24, y fíjate lo que pasó el año pasado con aquello pasaba todo a la vez y en todas partes… ¿Dos años consecutivos de triunfos por parte de un asiaticoamericano? Difícil. Pero si sucediese, yo no me rasgaría las vestiduras. Me daría por contento.
Hace ya años que se anunció la que iba a ser la última película de Hayao Miyazaki, que se estrenó en 2013, y que a mí me gustó mucho, aunque comúnmente no se incluye entre sus grandes obras. Pero cuando un director está lúcido, «todavía» tiene 82 años, y en forma, y le quedan cosas que contar… pues a ello. Afortunadamente. Así que, con ilusión, en una matinal de domingo hace ya 10 días, nos fuimos a ver esta película, cuyo título original es una pregunta, ¿Cómo vives?, un homenaje a un libro de un autor japonés de 1937 que aparece en alguna secuencia. El título en inglés/español… no me convence. La garza es un personaje totalmente instrumental, secundario. Un macguffin destinado a introducir al protagonista en el camino del héroe que toda aventura desarrolla. La peripecia que le lleva a cambiar el mundo, o bien su mundo, o bien a sí mismo.
Y nuestro héroe particular es Mahito, un chaval de 12 años que, en tiempos de guerra, queda huérfano de madre, una madre a la que se encontraba muy unido, en el incendio del hospital donde trabajaba. Su padre, un industrial de la industria de armamentos, vuelve a casarse, con la hermana pequeña de la fallecida, y traslada su fábrica al campo para evitar los bombardeos. Y allí, doliente, desconcertado, desconfiado de su nueva madre, tan similar en aspecto a la fallecida, sintiéndose traicionado por el padre, comenzará un fantástica aventura para descubrirse a sí mismo y a su familia, cuando siga a una garza parlante a un mundo paralelo y peculiar, creado por uno de sus antepasados.
De toda la filmografía de Miyazaki, y de Studio Ghibli en general, el referente más próximo a esta película, sin duda, es Chihiro. El sentimiento de pérdida, el enfado con los padres, la necesidad de crecer, el paso por un mundo fantástico en paralelo, donde encontrará insospechados aliados en su recorrido de descubrimiento. Al igual que en aquella, Miyazaki hace desfilar ante nuestros ojos una maravillosa fantasía, una peculiar mitología llena de sensibilidad y significados, no siempre fáciles de descifrar, pero fascinantes para el espectador que se deja arrastrar por la historia y por el estilo. Una aventura algo más oscura que la de Chihiro. Si aquella pierde un entorno, pero recupera otros, Mahito no podrá recuperar definitivamente a su madre fallecida, aunque al final encuentre la paz en su nueva realidad, cuando salga al rescate de su nueva madre en ese mundo fantástico creado por el tío abuelo décadas atrás. Por otro lado, la historia recoge vivencias del propio Miyazaki. Su padre trabajó en una fábrica de componentes para aviación durante la guerra. Se sintió fuertemente apegado a su madre, cuyo carácter independiente y crítico con las normas sociales establecidas, a pesar de una larga enfermedad crónica, inspiró el carácter de muchas heroínas de la filmografía del director.
Para mí está claro. Las aventuras del joven Mahito [眞人, persona veraz, confiable] quizá no lleguen al nivel de las grandes heroínas de Miyazaki, como Nausikaa, Chihiro, San, Kiki,… o Ponyo, si nos trasladamos a un entorno más infantil,… pero le falta muy poquito y está en la misma onda. Es coherente en los mensajes, en los medios, y en la capacidad de crear mundos especiales, maravillosos, esa mezcla de lo fantástico con lo cotidiano, que invita a soñar a imaginar, pero que de alguna forma nos permite e invita a mantener los pies en el suelo y crecer. Quizá sea realmente la última película de Miyazaki. O quizá no. Si vienen más, bienvenidas serán.
Sinceramente, cuando tuve noticia de que esta película surcoreana dirigida por Lee Chung-Hyun se estrenaba en Netflix, no me entraron excesivas ganas de verla. Todo indicaba que era una más de las películas de acción del país asiático que la plataforma es trena periódicamente. Muy formulaicas. Todas cortadas por similares raseros. Imitadoras de otras películas de acción coreana más prestigiosas. Que no están mal. Pero te queda la sensación de que vista una… vistas todas. Sin embargo, vi que al frente del reparto estaba la joven actriz Jeon Jong-seo, y decidí darle una oportunidad.
Tarde y noche en Incheon.
Jeon Jong-seo aparecía en una excelente adaptación coreana de un relato de Murakami, que me encantó. Y aunque el papel de la actriz era breve por exigencias del guion, era fundamental, y dejó una agradable impresión en mí. En aquel momento era una actriz desconocida, incluso en su país. Se apartaba de los estereotipos de actrices jóvenes coreanas, que muchas veces parecen clones unas de otras, y tenía una personalidad propia más definida. Luego la pudimos ver en una de suspense fantástico en Netflix, con el mismo director que esta, que era aceptable, y encarnando la versión coreana de Tokyo en un famoso robo en una fábrica de moneda, donde competía con soltura, y yo creo que con ventaja, con su versión hispana. Como la mayor parte de las interpretaciones de esa serie. Así que me dispuse a ver esta (enésima) película de venganzas, cuanto le debe el cine coreano a Park Chan-wook a la hora de impulsar este género, en la que una joven (Jean Jong-seo) que trabaja como guardaespaldas de vez en cuando busca venganza por el suicidio de su mejor amiga, bailarina clásica, extorsionada por unos mafiosos para prostituirse tras obligarla a filmar una vídeo pornográfico como medio de chantaje.
La actriz protagonista es una mujer con oficio. Sin duda. Como muchos de los intérpretes que nos ofrece el reparto de esta película. Pero como sospechaba, e indicaba al principio, es una película que tira de manual, para una historia típica y tópica, a la que le falta desarrollo de caracteres, profundidad en las relaciones, mayor presencia de la chica por la que se inicia la venganza, y un poco de credibilidad. Porque cuesta creerse que una joven de 25 años, más bien delgadita, sea capaz de matar a una 20 de mafiosos, buena parte de ellos a bofetadas, y salir como si nada de la pelee a pesar de haberse llevado un buen montón de patadas y puñetazos. En fin… interés por la actriz protagonista, pero película, bien hecha, pero inane y totalmente prescindible. Es lo que hay.
No sé muy bien que ha pasado o está pasando con la distribución de esta película. Aunque dirigida por la directora española Paula Ortiz, es una película británica. Entiendo por algunas cosas que he leído, que la adaptación de la novela homónima de Ernest Hemingway es un proyecto que viene de largo en el Reino Unido. Que se contemplaron varias opciones para su dirección, y que otros intérpretes aparecieron como posibles protagonistas, hasta que el proyecto recaló en Ortiz y se realizó una selección de reparto definitivo. La película se rodó en 2020. La ficha de la película en IMDb la data en 2022. Pero más allá de alguna exhibición en algún festival, su explotación comercial no ha comenzado hasta octubre de 2023 en España. Que es la nacionalidad de la directora, pero no de la película. Está rodada en inglés e italiano. En IMDb no aparecen fechas previstas de estreno en ningún otro país. Ni siquiera el Reino Unido. O Italia, de donde es buena parte del reparto y donde está rodada. Me tiene sorprendida la cosa.
No soy muy aficionado al cine de Paula Ortiz. Creo que es una directora que tiende a perderse en las formas, en un esteticismo exagerado, pero que no narra bien las historias. Y eso es importante. No me convenció su adaptación de Lorca, y de su primer largometraje, que son más bien tres cortos vinculados por algunos temas comunes, sólo me convenció una de sus historias. No es que sea ninguna catástrofe ni nada de eso… pero no me acaba de convencer. En cualquier caso, las críticas, pocas, que pudimos leer, la consideraban bastante bien. Y aunque su carrera en la cartelera zaragozana fue breve en lo que se refiere a la versión original, la que en mi opinión debiera ver todo el mundo, hubo un evento especial con la presencia de la directora, y con un precio más favorable, así que allí nos presentamos. No somos muy partidarios de estos eventos. Los debates que se configuran no tienen especial riqueza, muchas veces son un juego de lanzarse flores todos mutuamente con poco sentido crítico. Y teniendo en cuenta que Ortiz es de aquí, de Zaragoza, sospechábamos que el público, sería más un cla entregada que aficionados con sentido crítico. Buscamos unas butacas estratégicamente situadas, y durante los créditos finales abandonamos el local. Desconozco la naturaleza del debate. En una ocasión ya se me encaró alguien por comentar que su adaptación de Lorca no me convenció, acusándome de no apoyar «lo de aquí». Curiosamente, aquella persona no había ido al cine a ver la película. Siempre me ha parecido que la mejor manera de apoyar a un creador es pasar por taquilla, no aplaudir desde lejos incondicionalmente.
La película narra la peripecia de un coronel del ejército americano (Liev Schreiber) estacionado en Trieste, que ante la noticia de que padece una afección cardiaca potencialmente fatal, emprende una última búsqueda en su vida, aparentemente cazar patos en la laguna de Venecia, hay algo más, y se dirige a la capital de la Serenissima Repubblica, pocos meses después del final de la Segunda Guerra Mundial, en compañía de un sargento (Josh Hutcherson) que le coloca el capitán médico. En Venecia conocerá a una joven contessina (Matilda De Angelis) que con su vitalidad y optimismo atacará frontalmente la pesimista fortaleza existencial en la que se ha encerrado tras su participación en dos contiendas bélicas mundiales y la pérdida de su único hijo en la última.
Este tercer largometraje de Paula Ortiz es el primero en el que no escribe el guion. Ya he comentado que es un encargo. Desconozco en qué medida la adaptación cinematográfica es fiel al original de Hemingway, una novela que gozó en su momento de los favores del público, pero no de la crítica. La he buscado para leerla. En versión original. Pero lo cierto es que el guion es bueno. Los diálogos inspirados. Especialmente en su primera mitad. Tanto las interacciones del coronel con el sargento, que representa a la gente común, con una sabiduría primaria, como con la contessina tienen mucha chispa. Están muy bien. Formalmente, fotografiada por el experimentado y solvente Javier Aguirresarobe, en su mayor parte en blanco y negro y formato académico [1.37:1], está bien. Aunque en muchas ocasiones parece que es un publirreportaje turístico de la ciudad de Venecia, cosa que no me agrada. El trayecto en lancha en el que se conocen los dos protagonistas es absurdo en su recorrido, y parece más pensado para dar un paseo turístico por la ciudad que centrado en lo que pasa entre ambos. Pero esto, a lo peor, es un problema de quien conoce bien la ciudad y la hubiera retratado o integrado en la historia de una forma menos tópica. No me convence del todo las decisiones de ambientación… han emulado el blanco y negro de las películas clásicas de Hollywood de los años 40, y tal vez le hubiera sentado mejor emular el blanco y negro del neorrealismo italiano, con algo más de bullicio en la ciudad, italiana al fin y al cabo.
Donde creo que la película destaca más es en la interpretación. Schreiber es un intérprete muy sólido; creo que está mucho menos reconocido de lo que merece. Pero a mí me gusta mucho. Tanto en esta película como en otras que le he visto. De Angelis cumple con nota. Ya la conocí hace unos meses en una serie de Netflix. Y me parece una intérprete muy sólida. Además de tener una notable belleza muy italiana. Con los atuendos de señorita de la nobleza, aparece siempre deslumbrante. Un pero le pondría, que confirmaré o no cuando lea la novela. En esta, el personaje de la contessina es una adolescente de 18 años… y eso no es así en la película. No puede ser. De Angelis, aunque joven, tiene una presencia mucho más madura y sólida. Pero tampoco creo que sea un pero muy importante.
Globalmente considero que es una película recomendable, sin duda. Hay alguna otra historia o película que resuena al verla. La muerte en Venecia de Thomas Mann y su adaptación al cine, son referencias obvias. La obra de Mann es ampliamente anterior a la novela de Hemingway, desconozco que si influyó en este. Aunque los estilos son muy distintos. Y luego, aunque el tono sea también muy distinto, no puedo dejar de pensar en Ikiru de Kurosawa, o su reciente adaptación británica con guion de Ishiguro, en el que también hay una interacción, de naturaleza distinta, entre el enfermo terminal y la joven que empieza su vida. No adapta la novela como a mí me hubiera gustado verla, pero es un trabajo notable. Insisto en que debería ser vista en versión original, algo que considero para cualquier película, pero especialmente en las bilingües, donde los cambios entre idiomas son importantes y pueden tener un especial significado. Supongo que en la versión doblada habrán respetado de alguna forma el bilingüismo, pero no lo sé. Como curiosidad, Ortiz está a punto de estrenar en noviembre su siguiente película. Pero por su tema… no sé si me va a llevar a las salas de cine.
Mi relación con el cine de Martin Scorsese ha sido siempre compleja. El veteranísimo director me cae bien. No solo he visto sus películas, también he leído algún libro suyo, sobre cine, claro, y me han gustado. Me gustó su tono, sus ideas, lo que contaba… Y no cabe la menor duda de que habiendo sido uno de los directores de una generación que a partir de los años 70 del siglo XX hizo evolucionar al cine, hoy en día, cincuenta años más tarde, representa lo que podemos llamar un cine clásico, distinto del de décadas anteriores. Pero… siempre hay un pero,… muchas de sus películas, incluidas algunas de las más celebradas, no me interesaron. No me interesaron sus historias, sus personajes… producciones excelentes,… de las que me desenganchaba con facilidad. Es lo que hay. Para empezar, por ejemplo, porque las historias de mafiosos muy raramente me interesan, y les ha dedicado muchas horas de metraje. La película actual… no deja de ser una película de mafiosos. Pero tiene muchas otras cosas. Y ya adelanto, es una excepción a lo que acabo de comentar. Esta sí que me ha interesado. Y me ha gustado.
No tengo muchas fotografías relacionadas con los nativos americanos. Pero algunas hay, como estos lugares de mi reciente viaje a San Francisco y Yosemite Valley. Lugares muy distintos a las grandes llanuras del medio oeste americano.
La historia narra una parte de los hechos, más o menos ficcionalizada, de los asesinatos de miembros de la tribu de nativos americanos de los Osage en el estado de Oklahoma, Estados Unidos, durante los años 20. Un sistema demencial de gestión de derechos económicos por le petróleo hallado en las tierras asignadas a esta tribu, que no eran ciudadanos de pleno derecho y se encontraban tutelados por el gobierno, permitió que una serie de individuos de origen europeo se enriquecieran adquiriendo estos derechos mediante matrimonios y subsiguientes asesinatos de miembros de las familias de nativos para heredar esos derechos. El deficiente y corrupto sistema policial y judicial evitó las investigaciones de estos asesinatos, hasta que una denuncia llegó a la recién creada Oficina de Investigación, antecesora del FBI, que llevó a algunos perpetradores a la justicia. La película cuenta cómo se llegó hasta esta investigación, siguiendo los asesinatos de las mujeres de la familia Kyle, hasta que la superviviente Mollie (Lily Gladstone), denunció el intento de envenenamiento contra ella y los asesinatos de su familia, instigados por William Hale (Robert de Niro), y en los que participó su propio marido (Leonardo DiCaprio), sobrino de aquel.
La película es un ejemplo de la absoluta maestría de Scorsese detrás de las cámaras. Hoy en día se considera un ejemplo de clasicismo, y quizá se una excepción a otras formas de realizar actuales, pero en su momento supuso un cambio notable en la forma de hacer cine, que en muchas ocasiones sigue siendo perfectamente válida. Con una fotografía impecable (Rodrigo Prieto, muy de actualidad este año) y una banda sonora de Robbie Robertson, minimalista, pero impecable e implacable en su capacidad para reforzar el ominoso ambiente de la película, soy incapaz de poner pegas a este largometraje. Algunos han argumentado, levemente, contra su duración, de tres horas y media. Quizá podría haberse resumido algo, pero a pesar de ese exceso de metraje, la cosa funciona sin problema, y no te cansas en ningún momento, no pierdes la concentración y te mantienes atrapado a lo que está sucediendo en la pantalla.
Y hemos de hablar de uno de los grandes activos de la películas, el reparto. También me cuesta encontrar fallos en la interpretación de los tres papeles principales. Creo que Robert de Niro hace el mejor papel que le he visto en por lo menos un par de décadas, si no más. DiCaprio no es santo de mi devoción, pero tampoco le puedo poner pegas a su matizada interpretación del personaje más complejo, y a la vez más simple, el que mejor representa la hipocresía del hombre blanco común del pueblo llano de la época, incapaz de ver con claridad la inmoralidad de sus actos, o de responsabilizarse plenamente de ellos. Y la poco conocida Gladstone es la que se está llevando un mayor número de elogios, por una interpretación llena de matices, muy contenida, de más gestos que palabras.
La película está basada en un libro que, en realidad, por lo que tengo entendido, está más destinado a glosar los primeros y más sonados casos del embrión del FBI que a denunciar el racismo de la sociedad americana. Pero Scorsese le da la vuelta al tema para centrarlo en lo realmente importante. Se ha criticado que se vuelvan a presentar unos hechos denunciables desde la perspectiva del hombre blanco. Muchos hubieran abogado por que la narración se hubiera hecho desde el punto de vista de Mollie y no del de su marido. Pero no creo que ello invalide la película, puesto que al cabo es una película moral, ética, en la que se diseccionan las contradicciones de un tipo simple, como muchos de sus compatriotas en aquellos momentos, en un far west que está dejando de serlo, pero que todavía lo es, y que incluso en el momento definitivo, cuando finalmente entiende que debe hacer algo decente, también le falla a su esposa, de la que afirma estar muy enamorado. El «amor» del maltratador, siempre falso. El conjunto no es perfecto, como para calificarla de obra maestra indiscutible. Pero se acerca mucho, es una excelente película, imprescindible me atrevería a decir, que todavía crece más en el recuerdo cuando pasan unos días después de su visualización. Todos al cine. Por favor… en versión original. De verdad. Si no, pierde parte de su sentido. Y de sus cualidades artísticas. El doblaje en España no es algo de lo que debamos enorgullecernos, es una lacra para el arte cinematográfico.
Mi intención era haber redactado esta entrada con tranquilidad un domingo, que es cuando, al menos en teoría, más tiempo dispongo para redactar cosas con más profundidad y calma. Pero este último domingo dispuse de mucho menos tiempo del que pensaba. La mañana estuvo casi completamente dedicada a un paseo fotográfico con AFZ Asociación de Fotógrafos de Zaragoza, y por la tarde surgieron otras cuestiones, inesperadas, que me mantuvieron muy ocupado. Y como cada vez tiene menos sentido hablar del tema, por el alejamiento en el tiempo, por la oportunidad, voy a hacerlo hoy de forma más resumida.
Con la gente con al que viajo, visitar algún museo o centro cultural en los viajes es casi obligatorio. Especialmente, aunque no únicamente, cuando se trata de centros o museo de arte y cultura modernos o contemporáneos. Empezaremos por Italia, donde debemos considerar en primer lugar que en Turín y sus alrededores hay una serie de palacios, los de la Casa de Saboya, que están considerados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y varios de ellos están reconvertidos en museos. Como ejemplos más claros, y que visitamos, tenemos el Palacio Real de Turín, que incluye varios museos de bellas artes y arqueología, y el Palazzo Madama, muy próximo al anterior, con antigüedades y artes decorativas y aplicadas.
El segundo día que dedicamos a la capital piamontesa pasamos, mientras continuábamos la visita, por centros dedicados con preferencias a artes o fenómenos culturales más modernos. Entramos brevemente en Camera – Centro Italiano para la Fotografía, con un par de exposiciones, una dedicada a artistas audiovisuales italianos contemporáneos y otra a Dorothea Lange, una fotógrafa clásica de la fotografía documental.
Muy llamativo resulta en el edificio de la Mole Antonelliana, un edificio enorme y cuya gracia todavía no hemos encontrado, un exceso monumental que ellos sabrá porqué la hicieron, pero que en estos momentos es sede del Museo Nazionale del Cinema, por lo que no viene mal pasarse un rato por su interior, aparte de subir a lo alto de la Mole por las vistas. He de decir ahora que existe una tarjeta que puedes obtener, válida para 24, 48, 72 o 96 horas, que te ahorra mucho dinero en entradas, siempre que sientas interés por visitar estos centros. Pero simplemente con los más destacados, sin contar los más monográficos o específicos, ya merece la pena.
Esa tarde dedicamos un rato a visitar la Galleria Civica d’Arte Moderna e Contemporanea, un museo de arte moderno en el centro de la ciudad. No es el único que hay en Turín, y teníamos intención de visitar también el Castello di Rivoli, uno de los palacios patrimonio de la humanidad, actualmente museo de arte contemporáneo, convencidos de que los lunes estaría cerrado como los demás, y lo reservamos para la última mañana aprovechable del viaje, que era martes. Para nuestra sorpresa, también estaba cerrado los martes.
Y vamos con el que creemos que es el museo más interesante e imprescindible de la capital piamontesa; el Museo Egipcio. Situado muy céntricamente en Via Lagrange, en el Palacio de la Academia de las Ciencias, aunque se entra por otra calle, recoge las colecciones obtenidas en las excavaciones de expediciones arqueológicas italianas al país del Nilo, impulsadas por la Casa de Saboya y la Universidad de Turín desde finales del siglo XVIII y hasta principios del siglo XX. Es uno de los principales museos de arqueología egipcia en el mundo, y está muy bien montado y organizado.
Pasamos ahora al País Vasco, o más concretamente a San Sebastián y alrededores. Quizá el museo más destacado de la capital guipuzcoana sea el Museo San Telmo, un museo de arte, etnología y cultura vasca situado en un antiguo convento, muy bien conservado y aprovechado. El museo es muy interesante, aunque la interpretación de las obras expuestas bien muy condicionada por los sesgos introducidos por el nacionalismo vasco. Como todos los nacionalismos, la deformación de los hechos y su interpretación histórica es una constante, que unas veces se nota más y otras menos, pero que a quienes nos gusta un análisis crítico y no condicionado ideológicamente de la historia nos desagrada mucho. No obstante, es una visita recomendada.
Otro día, visitamos en las afueras de Hernani el Chillida Leku, museo al aire libre de obras del escultor vasco. Las obras del escultor vasco se encuentran por muchos sitios, siendo de las más famosas el Peine del Viento, que he puesto en el encabezado de esta entrada. Pero en este agradable museo, si hace buen tiempo, podemos hacer un recorrido por su obra que le da más perspectiva. No es de mis escultores favoritos, pero me gustó la visita.
Finalmente, nos habían recomendado mucho la visita a Tabakalera, un centro de cultura contemporánea… pero nos dejó un poco fríos, aunque había un par de exposiciones con un cierto interés. Buenos, es lo que hay.
Víctor Erice tiene 83 años, y es un director de referencia, fundamental, del cine español. Uno de los maestros, de los imprescindibles. Ha llevado una vida aparentemente normal, discreta, dedicada sobretodo a la docencia. Sólo ha estrenado cuatro largometrajes a lo largo de su vida.
Woody Allen tiene 87 años, y también es un director de referencia, fundamental, del cine universal. También lo podríamos considerar magistral, y algunas de sus películas pueden figurar sin lugar a dudas entre las más estrictas y selectas listas de mejores películas de la historia. Aunque fíjate tú, no necesariamente mejor que Erice. Sus últimos años y su última etapa creativa ha venido salpicada por sus escándalos familiares y sobre su cuestionable ética en las relaciones con los miembros femeninos más jóvenes de su familia. Nunca ha sido condenado por ningún delito, y mi punto de vista es que el problema es más ético que delictivo. Lo cual no es banal. Esto ha afectado a su capacidad para producir en Estados Unidos, obligándose a buscar producciones desde Europa. No llevo la cuenta de sus películas; pero es muy probable que el número de largometrajes de ficción para la gran pantalla, no cuento los telefilmes y demás, sea 50.
Ha de ser París. Porque una de las dos películas transcurre íntegramente en París. Y la otra, parcialmente. O al menos en algún lugar de Francia.
Hay obvias diferencias entre ambos directores. Diferencias muy significativas que hacen, que a día de hoy, quien despierte nuestras simpatías sea Erice. Aunque no podemos negar que de Allen nos quedarán sus películas, aunque su persona haya quedado borrosa, desenfocada, como aquel Harry deconstruido, una de su mayores genialidades. Octogenarios ambos, han estrenado en la cartelera española prácticamente al mismo tiempo las que pueden ser con muy muy muy alta probabilidad sus últimas películas, sus despedidas. Y decidimos aceptar la «invitación» a estas despedidas, y en sendas matinales de fin de semana, en días consecutivos, las vimos antes de salir de viaje hacia San Sebastián.
Erice se despide por todo lo alto. Lo cual no quiere decir que su película vaya a ser un taquillazo, o tampoco que vaya a tener la repercusión o el reconocimiento que debería. Los temas por los que circula hoy en día el cine español son otros, a veces de forma cansina, o mal enfocada, por lo que el sabor a clasicismo, a referencias de largo recorrido a su propia obra o la de otros escritores y cineastas que Erice plantea puede pasar desapercibida. Pero hacía tiempo que una película española no me absorbía tanto. Simplemente con las primeras secuencias de la película filmadas en película de 16 mm y estupendamente iluminadas por el director de fotografía, Valentín Álvarez, la película ya me tuvo de su parte. ¿Quién lo dijo? ¿Lubitsch? ¿Más probablemente Wilder, su discípulo? En las primeras secuencias, sé contundente, deja al espectador bien pegado a su butaca, y luego tómate tu tiempo en contar tu historia. Pues eso. Pero con estilo, sin fuegos artificiales, a base de luz, granos de plata y José Coronado y José María Pou en un peculiar mano a mano homenajeando a Marsé. O recordando el intento de Erice de adaptar a Marsé, algo que al final haría Fernando Trueba, en una película que no me acabó de convencer en su momento.
Y la historia es una historia de nostalgia. El director de éxito fugaz (Manolo Solo), que terminó 30 años atrás cuando su mejor actor (Coronado) desapareció nada más comenzar el rodaje de su película en común, y que comienza una búsqueda de su antiguo amigo, una búsqueda que le llevará a reconectar con su antiguo ayudante (Mario Pardo), con la antigua amante de ambos (Soledad Villamil), o con la hija del desaparecido (Ana Torrent), hasta recalar en una residencia de ancianos del litoral andaluz, donde puede que se encuentre un hombre desmemoriado que podría ser el antiguo galán.
Más o menos, las cosas importante de esta película ya las he dicho. Obra de autor, clasicismo, buen hacer técnico, y excelentes interpretaciones, al servicio de un auténtico maestro del cine, del que sólo lamentaremos que no se haya prodigado más y nos haya ofrecido más ejemplos de su capacidad y sabiduría. Pero esta película es una excelente despedida, un auténtico testamento de una forma de entender el cine. Desgraciadamente, alejada de las tendencias actuales, en las que todo el mundo es un «creativo», pero pocos crean auténtico arte.
La que puede ser, muy probablemente, última película de Woody Allen tiene un tono muy distinto. Muy probablemente será calificada, como tantas otras, como una «obra menor» del director. Con una filmografía tan amplia, es difícil que todo sean obras maestras o grandes películas. Quizá por ello se ha inventado el término «obra menor» para hablar de obras que, denotando las capacidades de su autor, las buenas o excelentes capacidades de su autor, no alcanzan ese nivel de gran película u obra maestra. Heredera de Match Point, película que rodó casi 20 años antes en Londres, y que fue una gran película, se mezclan ciertas dosis de comedia, con el romance, con los celos y el crimen.
Con una encantadora Lou de Laâge al frente del reparto, encarnando a una mujer treintañera, profesional, casada con un hombre de éxito en los negocios (Melvil Poupaud), con la etiqueta de mujer florero, y que encuentra una salida a la monotonía de su vida burguesa y convencional en el reencuentro con un antiguo compañero de instituto (Niels Schneider), convertido en escritor, nos encontraremos con una historia de intriga y crímenes, siempre con un tono más ligero del esperado por el tema.
Con un crítica a la burguesía acomodada, monótona y esnob, Allen vuelve a reflexionar sobre el efecto del azar, de la suerte, en nuestras vidas, como ya sucedía en la película mencionada con antelación. La película es agradable de ver, las interpretaciones son correctas, y cuenta con la estupenda iluminación de Vittorio Storaro en la dirección de fotografía, más una banda sonora de jazz clásico, con especial presencia de los particulares ritmos de Dave Brubeck, entre otras grabaciones clásicas de jazz. En fin, una serie de elementos que han hecho que haya sido fiel al neoyorquino a lo largo de mi vida, incluso si hoy en día ya no lo miro con la misma simpatía que antaño. La película se ve con agrado, pero tampoco será de las que perduren de forma indeleble en nuestra memoria. Una pena que no hay encontrado un mejor para el final de su carrera, quien ha sido un excelente director, pero en el que han pesado demasiado sus propias contradicciones personales.
Después de volver de vacaciones, nos encontramos con una oferta cinematográfica en la cartelera zaragozana de lo más interesante. Así que trazamos un plan para olvidarnos de las fiestas del Pilar y ponernos al día en lo que se refiere a películas interesantes. Vamos con las dos primeras.
Hace menos de un año que pudimos ver la incursión en el cine coreano del japonés, Hirokazu Koreeda. Una película que nos dejó un excelente sabor de boca y que es confirmo el interés que el cineasta siente por el tema de la familia. Familia que no siempre es la convencional ni mucho menos. En esta nueva película que en castellano se ha traducido como Monstruo desciende a mirar de cerca a una niñez con sentimientos contradictorios y mal definidos.
Comienza la película siguiendo la vida cotidiana, de una mujer de 30 y tantos años (Sakura Ando), que cría en solitario a su hijo (Soya Kurokawa) en los últimos cursos de la escuela primaria. Sospechará que está siendo maltratado por su profesor (Eira Nagayama). Pero Conforme cambiemos el punto de vista de lo sucedido comprobaremos que nada es lo que parece.
Una película japonesa y otra con muchos elementos asiáticos en ella, así que la ilustrare con algunas fotos tomadas en Kioto.
En mi opinión, Koreeda está magistral en la realización. Realización sobria, cuidada, de una película que se cuece a fuego lento. narrando la misma historia desde distintos puntos de vista, nos recuerda que el narrador en primera persona no es fiable. Y que la verdad de lo que sucede muchas veces es difícil de apreender. No en vano, fue otro director japonés, Kurosawa, quien nos dió la referencia sobre cómo presentar una misma historia desde cuatro puntos de vista. Si eso añades una fotografía excelente, y uno de los últimos trabajos, si no el último, de Ryuichi Sakamoto, a quien está dedicada la película, como compositor de bandas sonoras, tenemos el producto casi perfecto.
Las interpretaciones son de primer nivel. Y la maestría en dirigir a los dos niños protagonistas es un punto más a favor de la película tanto el día mencionado, como ese frágil niño (Hinata Hiiragi) sometido a abusos que acabará siendo su mejor amigo. Están fenomenales. Expresivos. Entrañables.
La película trata temas complejos. la identidad afectiva, los problemas de la educación, las dificultades de una madre soltera, los prejuicios de una sociedad conservadora. Desde mi punto de vista, una película que, más que recomendable, es obligatoria.
Venía esta película anunciando fuerte desde hace unas semanas. Muchos voceros de la red de redes, listos en las cosas del cine, estaban creando importantes expectativas ante esta nueva película de Gareth Edwards, un especialista en cine de catástrofes, pero que para esta película venía promocionado como director de una de las películas colaterales de la saga Star Wars, una película interesante, como momentos muy inspirados, pero también con sus rémoras. Si queréis que os sea sincero, dada la evolución reciente del cine de acción… escéptico. Y sobretodo, por el oportunismo de rebautizar a los tradicionales robots o androides, como IA (Artificial intelligence), un concepto de moda, aunque mal comprendido. Para empezar, lo que en estos momentos se conoce como inteligencia artificial no lo es tal, es aprendizaje automatizado. O machine learning para los que lo prefieran en inglés, que no es un inteligencia artificial, por mucho que nos lo vendan así. No hay inteligencias artificiales a la vista en el mundo actual. Todavía.
En cualquier caso, estamos en la de siempre, se han desarrollado seres inteligentes artificiales, que ahora exigen su lugar en el mundo. Una explosión nuclear en Los Ángeles, de la que se culpa a estos seres, inicia una guerra entre Estados Unidos, como defensor de un mundo occidental libre de estos seres artificiales, frente a un país denominado Nueva Asia, en el que seres humanos y seres artificiales conviven. El protagonista (John David Washington), un militar de operaciones especiales desencantado por la muerte de su esposa (Gemma Chan) en una operación en la que esta encubierto, será reclutado para una operación en la que se acabe con el líder humano de las inteligencias artificiales, que ponga fin a la guerra y a estos seres. Pero las cosas no serán como parecen, sobre todo cuando aparezca un pequeño ser artificial (Madeleine Yuna Voyles), un arma que puede acabar con la estación aeroespacial que puede dar la ventaja a los norteamericanos.
Vamos a ver, porque esta película es valorable a dos niveles muy distintos. Como espectáculo de acción, como espectáculo visual, como entretenimiento palomitero, la película funciona de maravilla. Un espectáculo de primer nivel, que me parece superior a muchas de las cosas que se hacen en estos momentos, especialmente en las franquicias más populares, como las de superhéroes. Muy bien. Chula. Bonita en ocasiones. Bien rodada. Bien iluminada. Estupenda. Con unas interpretaciones funcionales, no es una película que se apoye en el trabajo actoral… así que no le daremos muchas mas vueltas a ese tema.
Sin embargo… a un nivel más profundo… es un pastiche. Si uno se va a la página de Wikipedia de la película, se nos cuentan cuales son los las influencias que Edwards tiene para realizar esta película. A ver. Para quien haya visto cine, no hace falta que te las cuenten. Se ven ahí. Porque es una mezcolanza de elementos sacado de un montón de películas. Desde Apocalipsis Now a Blade Runner, pasando por todas las que se ocurran. Lo que digo… no hay originalidad con influencias. Hay copia de elementos de unas y otras. Copia bien hecha, pero nada más. No hay profundidad. Con un planteamiento sensiblero, derivado de su elección como arma definitiva de una niña encantadora, esto ya se les ocurrió a los surcoreanos hace poco en una entretenida aventura espacial, hay muchas películas anteriores que plantean mejor los dilemas que se supone que acompañan al film. Es TOTALMENTE previsible, hay pocas sorpresas, y la única cuestión es que por una vez, los malos son los americanos.
Y a pesar de todo, si quieres pasar un rato entretenido, y teniendo en cuanta que está muy bien hecha, es recomendable.
Entrada «escoba» cinematográfica. Voy a pasar al modo «sólo foto» en breve y no quería dejar nada pendiente en comentarios de cine. Y ha coincidido que las dos películas pendiente son whodunits en las que dos detectives peculiares, Caperucita Roja a la japonesa y Hercule Poirot tienen que desentrañar un misterioso asesinato.
Con las dos películas que hay hoy… ¿qué podíais esperar en cuestión de fotos acompañantes? Pues eso. Venecia.
Tras el relativo éxito de ver una película de Netflix como si fuera una miniserie de cuatro episodios, repito la jugada con esta peculiar versión de la historia de Cenicienta, que no termina precisamente como la conocimos desde niño. Dirigida por Yūichi Fukuda, nos presenta a una aventurera Caperucita Roja (Kanna Hashimoto), Akazukin 赤ずきん en japonés, que sale de viaje a conocer el mundo, y se topa con Cenicienta y sus problemas familiares, y con un cadáver cuando se dirigía al famoso baile donde todo se esfuma a las 12 de la noche. Y todo indican que ha sido asesinado.
Los japoneses van a su aire e interpretan el mundo de los cuentos tradicionales como les pasa. Con un vestuario recargado propio de las tribus urbanas que van de compras a Harajuku en Tokio, nos proponen una historia alternativa, presuntamente para más gloria de su protagonista, una joven actriz que salió del mundo de las idol cantantes, y que parece que busca su camino a afianzarse en la interpretación. Ya vimos otra película suya en Netflix en el mismo sentido. La cuestión es que la cosa no funciona. Con una dirección muy estática en ocasiones, con unos diálogos poco brillantes, y con interpretaciones que poco pueden hacer con estos mimbres, el cuento de hadas reconvertido en whodunit no funciona. Mmmmm… esta vez el experimento de ver la película a trocitos no ha funcionado, aunque siempre he tenido la curiosidad de saber cómo acababa esta cosa. Si tenía curiosidad, la encontraré como Érase una vez una asesinato o Once upon a crime en la mencionada plataforma de contenidos.
Tercera entrega de la franquicia de Kenneth Branagh adaptando los casos del detective belga de Agatha Christie, Hercule Poirot. Nuevamente dirige y protagoniza. En esta ocasión adapta una novela que nunca leí cuando hace muuuuuuchos años leí algunas de las novelas de Christie, hasta que decidí que no era lo mío, y que su calidad literaria, en la mayor parte de sus obras, era muy discutible. No tenía muy claro ir a verla. Pero cuando me propusieron la matinal, y teniendo en cuenta que nos ofrecen algunas vistas de Venecia, decidí que no habría graves daños por acudir a la sala de cine.
En esta ocasión, el crimen se disfraza de misterio sobrenatural, cuando unos cuantos se reúnen en un palazzo veneciano a orillas del Gran Canal para invocar en una sesión de espiritismo dirigida por una famosa médium (Michelle Yeoh) a una joven muerta. Una escritora de novelas detectivescas (Tina Fey) convence a Poirot de acudir a la sesión para desentrañar la impostura. Pero la muerte de la médium y una tormenta que encierra a los asistentes en el palazzo nos lleva a un misterio que parece que se mueve más en el terreno de los preternatural.
Bien dirigida en los aspectos visuales, como sus antecesoras, la propuesta no me convence. La seguridad de que todo acabará con Poirot deduciendo lo que detrás de los misterios se esconden, la previsibilidad de algunas situaciones, nos llevan a una sensación de dejar vu, que hace que la película pierda interés en el momento en el que quedamos encerrados en el palazzo y no podemos disfrutar del paseo visual por Venecia que nos apetecía. Esta película tendrá sus fans. Y no han faltado los comentarios más o menos elogiosos. Dicen que es la mejor de las tres. Pero a nosotros no nos convenció. Aunque sin ser ninguna catástrofe. A ver, se deja ver perfectamente, entretiene,…. pero a las dos horas ya te has olvidado de ella. Es lo que hay.